Silo
La leyenda humanista
Gorbachov, el Indio Solari y López Rega se cruzan en la historia del predicador que, de la montaña mendocina a las calles de Bombay, fundó un silencioso movimiento espiritual sin fronteras
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l sol otoñal rebotaba en la nieve y las qué querían, respondieron: “La socialización de la adaptar el evangelio a los problemas de la gente. Lo piedras de Punta de Vacas, un valle circun- medicina y la educación, el reparto de las riquezas dejó cuando se dio cuenta de que “en verdad no estadado por ríos al pie de la cordillera. Eran las y la igualdad de prédica con la iglesia oficial”. En la ba haciendo nada”. Compitió en gimnasia deportiva 3 de la tarde del 4 de mayo de 1969 cuando doscien- calle y en la universidad habían difundido el encuen- y fue campeón cuyano en caballo con arcos. Por el tos jóvenes que habían desechado las dos opciones tro con volantes y pintadas: “Mi enseñanza no es largo de sus brazos lo bautizaron Araña. más convocantes de la época –el fusil o la guitarra– para los triunfadores sino para aquellos que llevan Cuando el pie plano lo salvó del servicio milivivieron el momento iniciático de sus vidas. Una el fracaso en su corazón”. “Cristo ha retornado y de tar, entró a la alcoholera familiar. Cursó Derecho y figura atlética bajó de la montaña. Vestía anorak y las naciones del mundo ha elegido a nuestra patria. Ciencia Política en la Universidad de Cuyo. En el pantalón blancos, llevaba una varilla metálica en la el estrés, ¿Lo crucificaremos nuevamente?” magna,divertirse. según la leyenda, Oficinistas ahogando rugbiers exaltados y chicas de 30 que sóloaula quieren Un sus exámenes tenían mano derecha. Se detuvo, miró alrededor, hizo un público, y llegó a dar clases magistrales. Sorprendía after office bajo las gradas del hipódromo de San Isidro es el magma del levante porteño. Por Juan Morris silencio de cinco segundos y habló. No fue el comien- mario luis rodriguez cobos habia nacido en por lo que sabía y por cómo lo decía; ayudaban sus zo esperado: “Si has venido a escuchar a un hombre Godoy Cruz, el día de Reyes de 1938. Su padre fue estudios de oratoria y ciertas experiencias teatrales. de quien se supone transmite la sabiduría, has equi- Rafael Rodríguez, enólogo y presidente de las bo- Después de dos años le dijo a los profesores: “Gravocado el camino. La real sabiduría no se transmite degas Giol. Su madre, la vasca María Luisa Cobos, cias, pero ya no pueden hacer nada”. por medio de los libros ni de arengas; está en el fondo profesora de piano. Militaba en la Acción Católica, A los 22 vendió sus libros y recorrió Sudamérica en de tu conciencia, como el amor verdadero está en el una organización reticular, que se movía en grupos moto. Empezó por Chile y por la puna de Atacama llegó fondo de tu corazón”. chicos y con jefes de conversación fácil. Marito no hasta Perú, donde se quedó a gamba. Llegó a dedo hasta Los militares habían sembrado el camino de ame- hablaba. A mamá le insistían con que lo internara, Colombia y conoció a los nadaístas, que protestaban tralladoras y se apostaban en cada rincón. Además pero ella fue paciente. El nene tenía 4 años cuando contra las instituciones tradicionales bajo el lema “no de los sub-25 devotos, escuchaban lisiados que se desataron las palabras. De vacaciones en Neco- dejar una fe intacta ni un ídolo en su sitio”. De vuelta querían creer en milagros y periodistas escépticos. chea, miraba absorto las técnicas de un mago al que en Mendoza, formó grupos de filosofía y política. Eran Acostumbrado a esas reacciones, Silo –flexionando le había descubierto el truco. Acto seguido, empezó estudiantes de humanidades tratando de descifrar por brazos y dedos en formas extrañas– planteó que el a explicarlo ante la palidez generalizada. qué el mundo se había deshumanizado. deseo de poder y el sufrimiento interno llevaban a la Enseguida asomó su perfil renacentista; parecía A los 24 pasó diez días en la escuela mística Tahaviolencia física, psicológica y económica. “La supe- que no iba a caber en un solo cuerpo. El diario lo gata, en Nápoles. “Allí aprendí a deshilar el ovillo de ración del sufrimiento mental –dijo en un momento consagró como el primer niño en subir el cerro El la vida, a saber por dónde tirar”, le contó a la revista de esos veinte minutos– es posible en la medida en Plata. Hizo primaria y secundaria con los hermanos Así. En esos rituales habría recibido el nombre inique se oriente la propia vida hacia acciones no con- maristas, que le inculcaron la misión pedagógica y ciático, inspirado en el capítulo 49 del Génesis: tradictorias.” A los 31 años, proponía a la sociedad cierto gusto por estudiar el comportamiento de la empezar de nuevo. curia. Su carisma y una temprana capacidad de moNo será quitado el cetro de Judá, Terminó de hablar, tomó su mochila y volvió a su vilización lo llevaron a presidir la Acción Católica Ni el legislador de entre sus pies, refugio. A la noche, los seguidores encendieron fo- de la Juventud. Pateó las villas mendocinas con su Hasta que venga Siloh; gatas celebratorias. Cuando la prensa les preguntó hermano Guillermo y un cura amigo. Intentaban Y a él se congregarán los pueblos.
Por Pablo Corso•Ilustración de Claudio Roncoli
FOTO DE EUGENIO MAZZINHI
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SILO•La leyenda humanista Con los años, sólo se hizo cargo de su parecido a un silo agrario, alto y alargado. En 1962 bautizó Kronos a los jóvenes de pasado marista y sensibilidad humanista que se reunían en casas y garajes. El punto de partida era directo: no hay cambio social sin cambio interno. La voz corría en el under, los fracasados se sumaban. “Era un muchacho raro: exoftálmico, muy delgado, las orejas apantalladas, los movimientos muy duros”, recuerda Daniel Zimmermann, entonces un estudiante de Bellas Artes en búsquedas espirituales, quien lo conoció en Jujuy. A los 65 y en un semipiso de Paternal con cuadros de lunas y madretierras, cuenta que Silo “hablaba de misticismo y de teoría cuántica. Las actitudes, la géstica y las palabras te hacían preguntar quién era. Sentí que había encontrado a un interlocutor”. Lo mismo creyeron otros jóvenes silenciosos, que siguieron adonde hubiera que seguir a ese pibe alto y de ojos saltones, con un discurso críptico, intimidante y seductor. Los estaba preparando para ser hombres nuevos bajo el principio rector del cambio simultáneo. Un estado que sólo podrían alcanzar unos pocos, decididos a disolver sus vidas anteriores en una ascética preparación integral. El proceso implicó campamentos en zonas inhóspitas, caminatas por la costa bonaerense y ascensos a la montaña. En el 66 hicieron un retiro en el paraje jujeño de El Arenal. En una casa de troncos, los primeros doce apóstoles del siloísmo (ocho hombres y cuatro mujeres) ayunaban y entrenaban a 45 grados. Estuvieron unos días en paz, hasta que la policía los tomó por guerrilleros: dos semanas detenidos. Aunque Kronos se definía como “una institución cristiana occidental que tiende al perfeccionamiento moral de la sociedad”, Carlos Alberto Vázquez –director de Informaciones de la gobernación de Buenos Aires– planteaba que “la finalidad de esta agrupación secreta es alcanzar una corrupción de todos los valores vigentes”. Los padres denunciaban la desaparición o el cambio de personalidad de sus hijos y la policía puso en marcha una cadena de allanamientos. En septiembre de 1967, irrumpió en la quinta Santa Ana, en Melchor Romero. Encontraron a veinte muchachos que comían galletas secas y hacían “intensos ejercicios gimnásticos en horas de la mañana, absorbiendo las de la tarde las meditaciones, el relajamiento muscular, la gimnasia yoga y la lectura de libros de integración espiritual”, según consignan los archivos desclasificados de la Dirección de Inteligencia de la Bonaerense, que siguió a los siloístas al menos durante ocho años. La prensa decía que la finca se parecía a la de Boris Karloff y que los jóvenes no eran barbudos. Los siloístas replicaban que estaban limpios por fuera y por dentro. La Bonaerense, que “el autor por quien todos se inclinan es Froit” (por Freud). Los textos del movimiento ordenaban buscar nuevos miembros entre los desencantados y convencerlos hasta que no quedara ninguna armazón en pie, sólo la profunda necesidad de cambio interior. Una vez dentro, se organizaban en criptas de seis, replicadas en progresión geométrica. Había que tener entre 18 y 30 años, porque “basta con que una generación despierte para que haya despertado el universo”. Las personas “están limitadas por sus cinco sentidos y por su desequilibrio mental –planteaba 86 rolling stone, agosto de 2011
Silo–. Trabajamos para romper esos límites y para desarrollar otros sentidos que la gente desconoce. A ese nuevo estado lo llamamos supraconciencia y a ese nuevo hombre, superhombre”. El Libro Rojo del siloísmo detalla los seis ciclos de entrenamiento. En los primeros cinco recorrían 40 kilómetros sin comida ni bebida, recitaban el alfabeto al revés e intentaban escribir una palabra con cada mano. El sexto daba miedo: destruían sus objetos más valiosos, se golpeaban, sumergían la cabeza hasta tener convulsiones. La policía se horrorizó; la prueba del balde podía ser peligrosa “aun considerando potable el agua en que se sumerge la cabeza”. El que no quería se iba; la mayoría se quedaba. En el 69, Sudamérica ya estaba sembrada de criptas. Silo regaló a sus compañeros las acciones de la alcoholera y el 15 de febrero llegó a Punta de Vacas. Quería meditar sobre el destino de su creación. En la ladera de una vertiente construyó una ermita de piedras de tres por tres, con techo bajo, una cama, dos cajones y una lámpara a querosén. Empezó a sistematizar sus consejos, a los que llamó, ocho años antes
“Dedicó su vida a una utopía”, dice su hijo. “Nunca nos contó por qué lo hacía.” que George Lucas, el trabajo con La Fuerza. En la soledad andina escribió La mirada interna, el libro que lo definiría. “Sé cómo te sientes porque a tu estado puedo experimentarlo, pero tú no sabes cómo se experimenta lo que digo –decían los versículos numerados–. Por consiguiente, si te hablo con desinterés de aquello que hace feliz y libre al ser humano, vale la pena que intentes comprender.” Cuando quiso tramitar una autorización para exteriorizar estas cuestiones, lo despacharon rápido. La administración de Onganía prohibía los actos públicos, en especial los que no entendía. “Si quiere”, le sugirieron con sorna, “háblele a las piedras”. Le habían dado la mejor idea de su vida. De vuelta en la montaña, fueron a buscarlo veinte gendarmes armados hasta los dientes. Lo escoltaron hasta Uspallata, donde se entrevistó con un coronel que le dijo que si insistía con el acto, metería a todos presos. Tras un largo silencio, Silo gritó preocupado: “Si detenemos a toda esa gente, ¡dígame usted qué les vamos a dar de comer!”. despues de la arenga historica, los siloistas, que ya no se pegaban, armaron Poder Joven. Promovía “un creciente sentimiento de repudio hacia los políticos que quieren usar al pueblo para su beneficio” y no participar en ese juego, denunciando la injusticia sin apelar a la violencia. La excepción era Perón; si se presentaba, lo votaban. Esa célula se vinculó en La Plata con La Cofradía de la Flor Solar, la comunidad de músicos y artesanos fundada en la década anterior. Estuvieron Ricardo Cohen (más conocido como Rocambole), Miguel Cantilo, Javier Martínez y Billy Bond, que
produjo a La Cofradía como banda, con la participación de Skay Beilinson. Eran un bocado ideal para la Bonaerense, que en 1971 siguió la pista y describió “dos fiestas que se prolongaron desde las 22.30 hasta las 3 horas, participando de las mismas gran cantidad de hippies, habiéndose escuchado durante su transcurso grabaciones musicales y canciones acompañados por instrumentos que ellos mismos ejecutaban”. Por ahí también pasó un adolescente Federico Moura, músico de Dulcemembriyo y militante del movimiento. El Indio Solari participó de operativos siloístas “para llamar la atención, como tirar algún combustible en la fuente de La Plata y que se prendiera fuego. Ese tipo de acciones que no eran cruentas, pero que seguían la idea –como uno fue descubriendo con el tiempo– de que es más fácil contaminar la cultura que tomar el poder”, según contó a esta revista en 2009. Hasta Sandro siguió las enseñanzas de Silo. Lector de La mirada interna, financió una edición para regalar a sus nenas. La organización ya tenía 15 mil miembros al momento en que la Brigada Contra el Vicio chilena detuvo a seis por “inducir a mujeres jóvenes a orgías de sexo y marihuana”. El diario comunista El Siglo acusó a Silo de generar “un movimiento de pervertidos” desde los liceos hasta los barrios populares, que se infiltraba en el país para destruir a la juventud y alejarla del compromiso con el pueblo. Cuando no corrompía almas puras, Mario tenía vida privada. En el mismo 71 se casó con la mendocina Ana Luisa Cremaschi, su novia desde hacía diez años. Primera figura en el ballet de Santiago de Chile, había heredado campos vitivinícolas. Construyeron su casa en Chacras de Coria, una zona rodeada de estancias. Durante esos años Silo privilegió al movimiento. En el 74, sintetizó disciplinas en un centro de trabajo de Salsipuedes. La mental se proponía tomar conciencia del condicionamiento de los sentidos. La material trabajaba con el fuego y la resonancia entre el operador y su insumo. La energética se inspiraba en el yoga, con ejercicios desde la base de la columna hasta la cabeza. La experiencia cordobesa terminó con encarcelados y deportados. Los siloístas denunciaron más tarde razzias masivas en conferencias en Mar del Plata (117 detenidos) y Córdoba (80). Cuando la policía detuvo a 450 personas tras una charla de Silo en la Sociedad Filantrópica Suiza, se presentó en Devoto y también lo encerraron durante tres días. La lupa de José López Rega, ministro de Bienestar Social del tercer peronismo, se había posado sobre ellos. Conformaban una de las organizaciones prohibidas durante la gestión de Isabel Perón. Mansos y desarmados, parecían un blanco fácil. El 23 de julio de 1975, Eduardo Lascano (estudiante de Derecho y amante de la fotografía) y Ricardo Carrera (bañero en Pinamar) salían de una reunión siloísta en La Plata. En la esquina de 39 y 7, dos hombres de Lorenzo Miguel, socio sindical de López Rega, bajaron del Falcon y les apuntaron. Empezaron a correr, pero una ráfaga de balas les entró por la espalda. Tenían 26 años y llevaban cinco en el movimiento. Fueron bajas de una guerra ajena. Miguel había mandado a matar a veinte personas al azar en La Plata, con la intención de desestabilizar a su enemigo, el gobernador Victorio Calabró. Así lo recuerda su amigo Roberto Rojas, que estuvo encerrado entre abril y octubre con otros cinco siloístas en el Chaco;
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eco de los andes Silo a los 31 años (1), el 4 de mayo de 1969, en su histórica arenga en Punta de Vacas, frente a 200 jóvenes (2); el 1 de noviembre de 1981, el siloísmo terminó de desembarcar en la India con un multitudinario acto de su líder, en el que pidió por la socialización de los recursos (3, 4, 5); Ricardo Carrera (6) y Eduardo Lascano (7), de 26 años, fueron asesinados a la salida de una reunión siloísta en 1975. El hijo menor de Silo, Federico, formó el dúo de cumbia digital Fauna (8). A poco menos de dos meses de la muerte de su padre, Fede (a la derecha en la foto 9) se suicidió en medio de una gira. rolling stone, agosto de 2011 87
SILO•La leyenda huma nista
el movimiento salio de los años de plomo con un nuevo envase, La Comunidad para el Desarrollo Humano. “Si hacemos una campaña en Africa –explicaba Silo–, llevamos fármacos y médicos, pero pedimos a la gente que se comprometa a hacer su pequeño dispensario, a colaborar en las campañas de vacunación.” El tour de 1981 incluyó fechas en Roma, Berlín, Sri Lanka, París, San Francisco y el D.F. Como en la arenga del 69, Silo llegaba al lugar del encuentro, hacía silencio y terminaba hechizando a una audiencia segura de haber encontrado respuestas simples a las preguntas profundas. 88 rolling stone, agosto de 2011
drogadicción, sin su locura, sin su violencia, su enfermedad y su muerte”. La identificación fue inmediata: los asistentes se le abalanzaron en un mar de abrazos y le rogaron que bendijera a sus niños.
El 27 de septiembre, en el Pabellón de los Deportes de Madrid, dijo que la clave era llevar a la vida cotidiana la regla de oro: “Tratar a los demás como queremos que nos traten”. Los marplatenses Fernando García y Cristina Bretta motorizaron el desembarco en Asia. Habían llegado a la India en diciembre del 80. Sin descuidar el núcleo espiritual del siloísmo, identificaron los problemas más urgentes en los barrios de Bombay y Chennai: falta de centros de salud, iluminación deficiente en la calle, mala recolección de residuos, focos descontrolados de malaria. Con el apoyo de voluntarios, levantaron locales, difundieron el mensaje de Silo en las estaciones de tren, con megáfono o a grito pelado. Las reuniones de trabajo interno se combinaban con la resolución de los conflictos de cada barrio. Montados sobre una red internacional cada vez más sólida, los militantes hicieron campañas que llegaron a 1.100 pueblos indios. Una semana antes de la llegada de Silo, Fernando y Cristina repartieron 300 mil invitaciones. “Decíamos que era una persona muy sabia y bondadosa, un iluminado que traía un mensaje bueno para todos”, cuenta Fernando, hoy arquitecto. Para el acto del 1º de noviembre de 1981 se anunciaba un gran ciclón y el gobierno había pedido que nadie saliera a la calle. “Vamos a hacerlo aunque vengan 500 personas”, dijo Silo cuando llegó. En su habitación de hotel practicó cómo ubicarse, con una rodilla en la tierra y otra en el aire, al borde del escenario y un poco inclinado hacia delante, como para rozar las manos del público sin que lo tironearan desde abajo. Aunque el ciclón pasó muy cerca, diez mil personas lo esperaron en la playa de Chowpatty. Desde un tablado a 140 centímetros de la arena, Silo deseó “la generación y distribución justa de los medios de subsistencia, la medicina, la educación, la formación de intelectuales con sensibilidad social” y pidió que todos se pusieran de pie para reflexionar sobre sus vidas. Elogió la reserva espiritual de la India y se enajenó de Occidente: “Queremos desarrollo y progreso sin su suicidio, sin su alcoholismo, sin su
En Jujuy, los primeros doce apóstoles del siloísmo ayunaban y entrenaban a 45°.
silo fue padre a los 41. alejandro (nacido en 1979) y Federico (en 1982) crecieron con el consejo de hacer lo que quisieran y de desarrollarse lo más posible. Para ellos, el humanismo estaba hecho de los cuentos que les contaba su viejo a la hora de dormir. Con él aprendieron a comer tomates sacados de la tierra y a tirar con un arco de poleas. Era una vida de trabajo rural y noches de taba. En 1986 se vendió la finca y la familia abandonó la agricultura. Compraron departamentos y una playa de estacionamiento que hoy administra Ana Luisa. Una economía media-alta sin apremios ni lujos; a lo largo de su vida Silo se movió en un Renault 4, un Citroën y un Spazio. Sinérgicos y complementarios, los hermanos escribieron de adolescentes el juego de rol Oniria y se obsesionaron con lo multimedia. Armaron Perla Marina, colectivo digital que en 2003 parió a Fauna, el dúo tropitrónico de Fede (aka Catar_sys) y Cristian Del Negro (Color Kit). Fueron los primeros artistas fichados por Zizek Records, tocaron en Roskilde y en Coachella. Si Alejandro se forjó cálido y apacible, Federico creció como un volcán hiperactivo, afiladísimo en el freestyle. De melena de dreadlocks y amante de la vida en tribu, sus letras son “un update de lo que dice Silo, una intencionalidad de mejorar el espíritu, el alma y el cuerpo por medio del baile y del disfrute musical”. Lo dice Diego Bulacio (Villa Diamante), que el año pasado giró con su amigo por Sudamérica sin saber que sería la última vez. Arquitecto y desarrollador de plataformas virtuales, Alejandro rearma en el Café de los Angelitos la historia de una filiación que vive con ambigüedad. Tiene la misma edad que su padre cuando arengó por primera vez en la Cordillera. Siente que todos los humanistas son sus tíos, aunque también está expuesto a las consecuencias de su obra. El día anterior a esta charla, por ejemplo, le juraron que Silo estaba en contacto con extraterrestres. ¿Quién fue tu viejo? Un entusiasta que estuvo toda la vida abocado a la construcción de una utopía. Un gran investigador, un autodidacta. Podía darte una clase sobre la fusión nuclear del deuterio y el tritio. Sabía de biología, fisiología, tecnología, electrónica, filosofía, arte. Muy zarpado, muy estudioso y muy místico. Nunca nos contó por qué hacía lo que hacía. Era tan punk que podía enojarse con Gorbachov y mandarlo a la mierda, pero siempre estaba rodeado de gente riéndose, muy cálido y abierto. Un tipazo. ¿Cómo era en tu casa? Muy práctico y ordenado, detestaba que le cambiaran las cosas de lugar. Tomaba café siempre en el mismo lugar, tenía rutinas muy establecidas. Pasaba mucho tiempo en el estudio: leía y escribía, miraba el noticiero. Con el tiempo, Alejandro se fue dando cuenta de que Silo “había planteado el tema del pacifismo de
la sede El siloísmo inauguró en La Reja un parque abierto al público. En la sala de meditación que se ve aquí se desarrolla, por ejemplo, la ceremonia del pedido (página opuesta).
forma combativa. Le resultaba ofensivo que viniera un hipposo a decir «todos nos amamos»”. Por eso le aconsejaba: “Cuando escuches hablar de amor, agarrate los bolsillos”.
FOTOS: javier heinzmann
seis mujeres en Devoto. Habían caído tras una razzia en una casa de Flores, donde se encontraron varios libros del movimiento. En Chile, la junta de Pinochet llevó al centro de detención de Pisagua a 38 siloístas por los “escándalos públicos” del 71. Se aceleró el exilio que, como en Argentina, llevaría el movimiento a gran parte del planeta. Hubo misiones para irradiar la doctrina en América latina, Europa y Asia. El fanzine humanista La Cosa contaba los avances de cada militante. En España imprimieron 4.000 copias del Manual del Poder Joven. En Inglaterra redactaron un panfleto basado en el Libro Rojo, pero “el escapismo y la dispersión se dan fuertemente y la vida es un deambular sin nunca encontrar sentido a nada”. Había bases de entrenamiento en Los Angeles, Seattle y San Diego. La Universidad de California dictaba clases sobre “Siloísmo y revolución total”. En Filipinas, “se captó una célula de siete marinos de un portaaviones yanqui y se trabajó con ellos durante tres días en estudio y práctica del siloísmo”. Adonde llegara, cada siloísta encontraría “coetáneos dispuestos a apoyarlo, lo conocieran o no personalmente”. El líder no estaba en el país cuando mataron a Eduardo y Ricardo. “Tuvo una actitud de repudio absoluto; se contactó con la familia y nos pidió que nos involucráramos, que contribuyéramos al esclarecimiento”, asegura Roberto, que acaba de vender su casa para investigar el chamanismo en América latina. Silo reinventó el movimiento en el paraíso. Descartado el Proyecto Lemuria (un barco que haría investigaciones navegando el Mediterráneo), viró hacia Corfú, una isla del mar Jónico. El grupo autofinanciado se quedó tres meses, en camadas rotativas de treinta personas. Todos los días se reunían con el maestro, que exponía hasta la noche sus teorías fenomenológicas sobre el aparato del psiquismo. Fue la etapa más Dharma del movimiento; barbudos setentistas aislados en el paraíso, explorando las fronteras del comportamiento humano. Seguían el rastro de los sueños, intentaban cambiar la memoria en cámaras de silencio, chequeaban avistajes de ovnis. Silo concluyó que “el fenómeno paranormal no aparecía nunca”, pero el militante Luis Ammann, que estuvo ahí, sospecha que vio algo más. En una prueba, “tenía un electroencefalógrafo conectado y a 14 kilómetros había otra persona, también conectada. En un momento dijo «voy a emitir unas imágenes». Se alteró su electro… y también el del otro. Eso pasó varias veces”.
en 1983, silo creo la estructura mas perdurable del movimiento. De abajo hacia arriba, y en grupos de diez o más, había delegados de grupo y de equipo, coordinadores locales y generales. Los requisitos eran practicar el trabajo personal, ir a las reuniones semanales y participar en la colecta semestral para el mantenimiento de locales, los viajes y la edición de materiales. Cada uno aportaba el equivalente al salario mínimo de un día en su país. El sistema, que se mantuvo por 26 años, generó algunas críticas: para ascender había que llevar nuevos miembros, el diálogo entre los diferentes niveles era tenso y –como en los 60– amigos y familiares temían por la salud mental de los incorporados. En democracia, el movimiento acentuó su formalización con el Partido Humanista, fundado el Día Internacional de la Mujer de 1984. La idea era meterse en el corazón del militante. Los humanistas políticos invitaban a reuniones del trabajo interno y promovían la unidad en el pensar, el hacer y el sentir. Impulsaron una campaña contra el servicio militar obligatorio, diez años antes del caso Carrasco. Se juntaron 1,2 millones de firmas en tres meses, pero nadie tomó el proyecto en el Congreso. Cuando Lía Méndez (una de las impulsoras del partido) viajó a Chacras, pensó que le iban a dar audiencia, pero un albañil la hizo entrar sin conocerla. Pasó al fondo y ahí estaba: vestido todo de blanco, de camisa y pantalón pescador, sacando las hojas de
adentro de la pileta seca. Miró hacia arriba y dijo: “A vos no te conozco”. Obnubilada, la joven abogada respondió que ella sí. La charla duró una hora y media. Hablaron de cuestiones pedestres: el sistema de la pileta, las acequias en Mendoza. El le preguntó cómo veía la realidad nacional, pero se cuidaba de opinar. “No lo podía creer –dice Lía–: era un señor que hacía las tareas de su casa y me servía café, tan igual a mí en su vida cotidiana.” Caído el Muro de Berlín, Silo vio una oportunidad para el partido. Se enamoró de la Perestroika y estaba convencido de que el desarme unilateral de Gorbachov había evitado la catástrofe nuclear. Viajó a Moscú para plantear la renovación de la Unión Soviética a través del Partido Humanista. Se le mataron de risa, pero algo pasó en aquel encuentro. En octubre de 1993 la Academia de Ciencias moscovita lo premió con un doctorado honoris causa. Cuatro años después, Gorbachov escribió Humanismo y nuevo pensamiento, donde comparaba sus ideas con las de Silo. Su influjo político también llegó al Africa. Kenneth Kaunda, el presidente de Zambia, se declaraba humanista, pero no permitía elecciones libres. Al poco tiempo de reunirse con su ídolo, abrió el juego democrático. Luego mantuvieron un entusiasta contacto por carta. Como no se sentía capacitado para ser candidato del PH, actuó como consejero. Proponía una dinámica asamblearia: volver a la base social, acordar entre vecinos, reconstruir lejos de las cúpulas. En 1996, visitó el estudio de Santo Biasatti. Había excitación detrás de la gélida fachada del periodista, quien confesó: “Llevo con usted un cuarto de siglo de fracasos para poder entrevistarlo”. Silo no se hizo
cargo y aprovechó el aire de TN para lanzar uno de los pedidos humanistas de la época: “Que el señor Presidente, dentro de los planteos que hace el gobierno, se acoja a los beneficios del retiro voluntario, porque no es suficientemente competente en su función”. Con el fin de los 90, llegaron buenas noticias desde Chile: Laura Rodríguez se transformó en la primera diputada humanista en el mundo. En un alto de la campaña porteña del Frente para la Victoria, Lía asegura que el PH logró instalar una mística y una estética. “¡Minga al Fondo!”, la consigna con que invadió las paredes en la primavera democrática, pareció inspirar el relato kirchnerista de ruptura con la banca global. Silo se reivindicaba de izquierda, “si consideramos a la izquierda como aquellos partidos o movimientos de sensibilidad social que luchan por la gente y no por la concentración del poder económico en manos de una minoría”. Más adelante declaró su simpatía por Lula, Chávez y el propio Kirchner,“esos que de algún modo están haciendo fuerza por lograr una cierta independencia”. En un foro del movimiento, Evo se definió “ni izquierdista ni derechista, sino humanista”. La tenaz candidata argentina sólo sería electa en el período de mayor descrédito de la política argentina. Entre 2000 y 2003 ocupó una banca en la Legislatura porteña. Presentó todos los proyectos de ley prometidos en campaña, como la educación en la no violencia (vigente en algunos municipios bonaerenses) y la equiparación de sueldos entre legisladores y docentes. Aunque jamás se trató la idea, declinó cobrar esos 6.400 pesos. Con los 5.380 de diferencia el partido compraba insumos para escuelas y hospitales. rolling stone, agosto de 2011 89
SILO•La leyenda humanista a treinta años de su primera arenga, silo volvió a treparse a una piedra de Punta de Vacas para exclamar con humor y severidad: “Hemos fracasado. Reconozco el triunfo provisorio del antihumanismo y el fracaso de nuestros valores”. Reapareció en 2002 para empezar a desaparecer. Delegó el liderazgo en una asamblea mundial y sin falsa modestia lanzó El mensaje de Silo, una biblia pagana que detalla ocho ceremonias de pasaje y reflexiona sobre las grandes preguntas: quién soy, qué quiero, adónde voy. Maestro de la ambigüedad, Silo desafiaba: “¿Qué importa si soy un profeta o no? El problema está en cómo se sale del sufrimiento. La ciencia y la justicia pueden mejorar el dolor. Pero el sufrimiento es mental. Es un esfuerzo que tiene que hacer el ser humano para entrar en otras regiones de la mente”. “Si todo termina con la muerte –planteaba–, no hay sentido en la vida. A menos que se encuentren otras posibilidades. La trascendencia más allá de la muerte es una posibilidad que la gente razonable debería explorar.” Siempre optimista y burlón de las convenciones sociales, tenía una relación extraña con la finitud. Alejandro encontró en Europa a una francesa que había conocido a Silo justo después de perder a su madre. “Mi viejo le empezó a hacer chistes de la muerte y a reírse de una manera tan estruendosa que la mujer se puso a pensar que necesitaba aprender a reírse así, y por eso decidió incorporarse al movimiento.” En 2005 llegó la materialización definitiva del humanismo. Inspirado en el diseño de un mandala, Silo proyectó una sala de meditación, donde daría conferencias sobre una plataforma giratoria. Un monolito expresaría la unión del cielo y la tierra; una fuente de cuenco y centro fálico, la del hombre y la mujer. La colecta de 150 mil dólares fue un éxito y en mayo se inauguró el Parque La Reja, en el partido bonaerense de Moreno. Siguieron los de Chaco y Manantiales, en Chile. Hoy hay treinta en cuatro continentes. Son espacios de retiro y esparcimiento, sede de las muchas ceremonias que se imponen los siloístas: pedidos y agradecimientos, bienvenida y protección a los niños, asistencia a los enfermos. En La Reja cantan los pájaros. Al atravesar el portal sintoísta, todos se saludan con beso y abrazo sentidos. Sentados en el pasto, un puñado de adolescentes leen las escrituras del maestro. Los adultos inflan globos y corren por el parque. En la sala (una estupa budista de doce metros), María Elena Balbontín oficia una ceremonia de pedidos con un hilito de voz y mohínes de conmoción. En medio de la circularidad blanca, los humanistas depositan sus deseos en una urna: “Que me ayuden en el nuevo proyecto de trabajo”. “Conectar con la luz total del universo y evolucionar sin límites.” “Por la paz en las zonas de conflicto.” Afuera queman los papeles y las cenizas se vuelcan alrededor del monolito. Hay aplausos y cae la noche. Veinte minutos después, María Elena cuenta su historia en la sala vacía. El 8 de septiembre de 2002 estuvo con Silo en un acto en Santiago de Chile. Resistente al principio (había leído unos textos escolares que lo describían como un gurú bizarro), terminó rendida. Hoy sólo dice que “el tipo era un grosso. Te hacía imposición a lo lejos y yo la sentí. Nadie me lo contó”. Al sábado siguiente, Corina y Martín se casan en la fe siloísta alrededor de la fuente. Ella dice que él 90 rolling stone, agosto de 2011
le permite conectarse con lo sagrado; él responde que ella le hace ver lo humano. Después de leer pasajes de El mensaje, reciben los abrazos humanistas, que gritan “¡vivan los novios!” y les tiran hojitas del otoño. A la misma hora y a cuarenta metros, en el centro de trabajo multiuso, un pibe de Villa Fiorito lanza un hip-hop que habla de la mente liberada para los humanistas 2.0. silo escribio catorce libros, cuentos, novelitas, mitología y teatro. El último censo humanista contó 100 mil miembros en 115 países. Es una estimación baja: sólo considera a los integrados en los cuatro organismos autárquicos, además del partido: La Comunidad, el Centro Mundial de Estudios Humanistas, Convergencia de las Culturas y Mundo sin Guerras. En la última década de su vida, la prensa empezó a mostrar a Silo como un señor que jugaba con su ovejero en el jardín. Alejandro recuerda incursiones surrealistas para encontrar el monolito adecuado en “un desarmadero atendido por señoras gordas. Caminaban por ahí eligiendo caños petroleros gigantes como si fueran caramelos”. La curiosidad de Silo por cualquier actividad humana era, en rigor, una excusa para comunicarse. “Ahí estaba él”, dice el hijo, “preguntando cosas bizantinas a cocineras, lustrabotas, soldadores, astrónomos o mormones”. Sabía que le quedaba poco tiempo y bromeó sobre la naturaleza trágica de la muerte hasta último momento. Como tenía presión alta, pedía a la familia un jamón serrano “para ir apurando el trámite”. La insuficiencia renal se agravaba, pero rechazó diálisis y trasplante. No le gustaban los hospitales. Hedonista al fin, nunca abandonó sus hábitos sagrados: el café y la tortita raspada. Se privaba del cerdo, pero no por la dieta que le celaba Ana Luisa; creía que era
“¿Qué importa si soy un profeta o no? El problema es cómo se sale del sufrimiento.”
un animal inteligente y suscribía al mito de que Buda había muerto por comer uno en mal estado. Flaco y débil, seguía convocando multitudes. En 2007 habló frente a 10 mil personas en Punta de Vacas: “Hemos peregrinado a este paraje desolado buscando la fuerza que alimente nuestra vida, alegría en el hacer y paz mental para progresar en este mundo alterado y violento”. Siloístas de todos los colores respondieron con el clásico grito: “¡Paz, fuerza y a-le-grí-a!”. Meditaban sobre una roca en posición de loto y lloraban de alegría al encontrarse. El sueño cumplido de la Nación Humana Universal. Su última aparición pública fue el 2 de enero de 2010. En el mismo valle recibió a la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, que cerraba un recorrido por 93 países con territorios devastados, fronteras conflictivas y familias rotas por la guerra. “Ustedes son los protagonistas y deben seguir marchando”, pidió a la multitud. Alejandro había aportado contenidos audiovisuales. Federico cerró la noche con un show de Fauna. Silo se mataba de risa con la escena: una Torre de Babel al pie de la Cordillera, un líder septuagenario, una marcha de idealistas, una banda de poseídos en uniformes arco iris.
mientras avanzaba la gira sudamericana de Fede y Villa Diamante, el 16 de septiembre a las 11 de la noche Silo murió en casa y sin dolor, junto a su mujer y Alejandro. El círculo íntimo ofició en la sala humanista de Don Bosco y Primitivo de la Reta la ceremonia de muerte que él mismo había escrito; un texto que habla de la separación del cuerpo y la conexión con otros tiempos y espacios. El 1º de octubre de 2010 se esparcieron sus restos en La Reja. Ana Luisa pidió frente a la urna circular “que esta pizca de ceniza, como una chispa luminosa, llegue suavemente a lo más profundo de nuestros corazones”. Cincuenta días después, la herida volvió a abrirse para siempre. En una tarde de Belo Horizonte –última parada de la gira–, Federico saltó de su habitación del piso 14. Tenía 28 años. Algunas de las cosas que pudieron haber influido: la muerte del padre, el posible final de Fauna y una crisis con su novia. “Sola Rosa”, uno de sus últimos tracks, había sonado a despedida: “En este viaje ando ligero de equipaje, un paisaje a otro pasaje”. Tocado pero no hundido, Alejandro esboza una explicación: “Fue un crack emocional, una pasión exacerbada”. Lo recuerda como “una persona increíble, un ángel. El pibe más sensible y entregado del mundo. Generaba links entre gente; heredó eso de mi viejo”. La imagen le da aire para cerrar la historia. ¿Qué aprendieron de tu padre? Que la violencia es el motor asqueroso que mueve nuestro mundo desde que agarramos un palo y una piedra. El luchó por que nuestra cultura fuera mutando hacia otra instancia. Eligió el camino más suave que puede elegir una persona. Casi un año después, intuye una clave en la partida de Silo. “Siempre me fue muy difícil entenderlo”, dice. “Pero cuando estaba a su lado y vi cómo se acababa su vida, me puse en ese lugar y me pregunté cómo hubiera hecho yo algo así. Lo agarramos de la mano, sonrió y cerró los ojos. Fue una experiencia mágica. No le tengo más miedo a la muerte.” rolling stone, julio de 2010 83