Skip to main content

Andean Explorer

Page 1

Andean Explorer Viaje en el tiempo por escenarios de la cultura andina. De la tierra caliente de Arequipa a Cusco, en menos de 48 horas y a todo lujo. PABLO CORSO.

46

revistalugares.com.ar

SEBASTIĂ N PANI.

lugares . Septiembre 2017

47


A

requipa vive bajo el perfil imponente

de los volcanes Pichu-Pichu, Chachani y Misti, con fumarolas kilométricas y temblores que de vez en cuando sacuden a un millón de peruanos. Aunque no tanto como en la época incaica. Cuando la Naturaleza inquietaba demasiado a los caciques, el sentimiento se saldaba ahí arriba, sacrificando lo más puro que se podía sacrificar: niños nobles inocentes. Para ellos, se cuenta hoy, morir así era un honor; la garantía del pasaje al Otro Mundo bajo un grado superior de pureza. Cuando los foráneos se espantan, los descendientes de los verdugos precolombinos apelan a las comparaciones con el Coliseo romano o el sacrificio divino de Isaac. En la “Ciudad Blanca”, la misma donde nació Mario Vargas Llosa, también se celebra la vida terrenal. Después del cruce del río Chili empieza una sucesión de curvas sinuosas, rotondas y túneles sólo apta para expertos, que derivan en la Plaza de Armas, idílica y personalísima. Hay que visitarla al atardecer, cuando las nubes fragmentadas en mil partes filtran un cielo rosado, mientras los faroles tiñen de dorado las palmeras a contraluz. La vida se abre paso alrededor de una gran fuente, donde los nenes alimentan a las palomas bajo la mirada atenta de sus madres. Hay un toque retro en los chalecos de los fotógrafos veteranos, en los predicadores que preguntan si estamos seguros de nuestra salvación, en las vendedoras de chupetines, rosas, café y chocolate. En el edificio de doble torre de la Catedral, con apóstoles de madera pintados como mármol, un organista inunda la nave con una melodía agridulce. Como la proyección de una fantasía reprimida

48

revistalugares.com.ar

por laicos y religiosos, un pasillo lateral de la iglesia sale directo a un bar. Más que eso: a un complejo de cafés, restaurantes y pizzerías que va creciendo por las calles internas de la ciudad. Son salones abiertos, con techos de piedra abovedada, que miran a las esquinas donde los artistas callejeros prueban suerte con los turistas. En la esquina de Santa Catalina con San Agustín, una mujer canta sobre el acordeón de su marido ciego. Un toque rioplatense bajo un cielo volcánico, que promete dulces despertares y nuevos amaneceres.

LAS VÍAS ABIERTAS

La estación de tren es elegante, sencilla y pulcra; reacondicionada para una inmersión vip con nombre de exportación: Andean Plains & Islands of Discovery. Nos acodamos en mesas redondas para tomar té negro con pisco y limón, mientras un dúo de guitarra y flauta empieza con el cancionero andino, para después ceder al catálogo de la world music. El pasaje está compuesto por cinco parejas: dos jóvenes estadounidenses, un compatriota suyo con una acompañante paulista, dos británicos veteranos, una pareja de jubilados de la misma tierra y dos brasileños en su primera adultez. Cada uno a su manera, espera vivir “una reingeniería del tiempo” y “explorar reinos antiguos y maravillas naturales”, como promete la empresa transportista Belmond. A las ocho, bajo una bruma leve, el Andean Explorer –un tren estilo siglo XIX, de azul imperial y blanco inmaculado– empieza a penetrar la atmósfera húmeda de la noche. Después de la bienvenida con champagne en el coche bar, el tour de force etílico sigue en un vagón alfombrado, con sillones grises e iluminación azulada, donde una cantante y pianista tocan un reper-

aquí La Catedral de

Arequipa es la estrella indiscutida de una plaza imperdible. enfrente Descanso y comodidad en un camarote con cama doble del Andean Explorer. EN LA APERTURA El viaje

sobre las vías propone una combinación de lujo europeo y autenticidad andina.

lugares . Septiembre 2017

49


torio de clásicos sutiles. El trago que combina maíz morado y espumante peruano viene acompañado de trucha en cono, hojaldre con champiñones y queso azul. Un momento de contemplación y satisfacción de placeres como anticipo de los próximos dos días y dos noches. Por las dudas, el supervisor Arnaldo Ponce de León avisa que la enfermera Romina está disponible para tratar el mal de altura con pastillas y tubos de oxígeno. Algunos la van a necesitar. El personal hace las presentaciones formales: Belmond, que también cubre el servicio de lujo a Machu Picchu, opera esta ruta con la mitad de capitales británicos y otra en joint venture con inversionistas peruanos. Sus trenes también viajan por Europa y Asia. Este trazado de 688 km se inauguró el 4 de mayo y está promocionado como el primer recorrido nocturno de lujo en Sudamérica, uno de los más altos de la Tierra. Para realzar la identidad local del “hotel rodante”, los colores y texturas están inspirados en la Naturaleza peruana. Hay tonos de alpaca, techos andinos y detalles artesanales. El equipo a bordo también nos aclara que una parte de los ingresos se destina a las comunidades instaladas cerca de la vía férrea: mejoramiento genético del camélido, reparto de chalecos para proteger a las crías del frío, enseñanza de técnicas ancestrales de tejido a las mujeres. Con capacidad para 48 pasajeros, el tren fue fabricado en 1994 en Australia, donde hizo la ruta KurandaSydney durante cuatro años. Los 16 vagones llegaron el año pasado, después de cuatro meses de viaje en barco. Los camarotes se dividen en 24 cabinas: dos deluxe, seis junior, 11 twin y 5 bunk. Para llegar a los vagones (dos para cenar, un lounge, uno de observación y un spa) se avanza por pasillos estrechos, entre empleados que se esfuerzan en regalar una bienvenida permanente. Son muchos, cálidos y bilingües. De camisa blanca y saco beige, siempre preguntan si uno está bien, si desea o necesita algo, cómo pueden ayudar. Con las luces de Arequipa perdiéndose sobre las vías, se sirve la cena: tortellini de alpaca en consomé (sabrosos y contundentes), pechuga de pato con remolacha del valle (contraste minimalista, pero exitoso) y arroz con leche con mazamorra morada, adaptación de un clásico limeño. Mientras avanzamos entre campos áridos y complejos mineros, Mercedes Sosa anuncia su caminata por la cintura cósmica del sur. Después de acomodar el equipaje en la cabina (tarea que requiere destreza, sobre todo en las habitaciones más chicas), nos vamos familiarizando con la cadencia del tren, sus curvas largas, su trayecto ascendente. Amanecemos en la Meseta del Collao, un contraste entre la figura azul del tren serpenteante y el amarillo de los arbustos que alimentan vicuñas, guanacos, llamas y alpacas. Cuando pasamos por los pueblos de la zona, los chicos quedan boquiabiertos y las cholas miran fijo desde los umbrales de sus casas. En Juliaca –“capital nacional de la integración andina”–, un gran mercado

50

revistalugares.com.ar

se extiende junto a la vía. De un lado de la ventanilla, el lujo europeo internándose en Latinoamérica. Del otro, Latinoamérica ofreciendo su materia prima: frutas y verduras, lanas y cueros, cuchillos y sogas. Estamos en la región de Puno, camino a la ciudad, y el paisaje empieza a mostrar vegetación más alta, colores más verdes y casas más frecuentes. Con las primeras lagunas y mallines, los conos de maíz –se almacena en pilas breves y cuantiosas– se vuelven más altos, los rebaños más numerosos y los pastores más felices. Entonces se revela un paisaje de casas escalonadas y barcos en el medio del llano que alguna vez fue costa del lago. Lo que había empezado como un humilde pueblito agrícola se revela como una metrópoli de 140 mil personas, con casas de ladrillo y vidrio que trepan por las colinas, antenas satelitales y templos pentecostales. Bajamos del tren y llegamos al puerto, donde tomamos un barco privado que pasará el día en el Titicaca.

enfrente En Taquile, los

hombres deben aprender a tejer para conseguir pareja. La música y el baile son fundamentales en su cultura. abajo El paisaje inmemorial de la Isla de los Uros, el pueblo preincaico que se abrazó a las propiedades de flotación de la totora para construir una vida idílica.

LAGO EN EL CIELO

A 3.810 metros sobre el nivel del mar, el lago navegable más alto del mundo se extiende por 8.562 km2: 56% peruanos y el resto bolivianos. Lo alimentan los ríos del Altiplano y es una cuenca cerrada a los dos océanos que rodean el continente. El relato del pueblo inca dice que acá se originó el imperio (más precisamente en la Isla del Sol, de donde salieron Manco Capac y Mama Ocllo para fundar el Tahuantinsuyo). El de la new age, que el lago inunda al visitante con su energía y fuerza vital. Al principio, no es distinto a los espejos patagónicos: gris azulado, oleaje leve, costas elevadas. Pero a medida que uno se interna en el gigante, la perspectiva se sacude. A través del aire puro y liviano surge un paisaje de nubes bajísimas, con el sol formando un mosaico plateado de olas y horizonte oceánicos. Como premio para los que aguantan el viento, las vistas en cubierta son insuperables. El Titicaca debería ser mucho más inhóspito. Pero como corre de norte a sur, recibe una buena cantidad de precipitaciones, a tal punto que algunas zonas generan un microclima de selva en montaña. Hay una alta cantidad de aves y 1.200 variedades de quinoa en la costa. Aunque quedan pocos peces. Cuatro de las siete especies cayeron extintas –cuándo no– ante la voracidad de la trucha, introducida en la tercera década del siglo XX, y que sin embargo no pudo con la rana-toro, un ejemplar que Jacques Cousteau catapultó a (cierta) fama en los 70. Con medidas que pueden llegar al kilo y al medio metro, sus facciones decididamente chocantes no impiden que los incas la consideren sagrada. Desembarcamos en Wiñay Totora, una de las 92 islas de los uros, el pueblo preincaico que se forjó una leyenda. A cambio del aislamiento, tuvieron la independencia: nunca los conquistó nadie. Hoy son 2.700 habitantes abrazados a las excelentes propiedades de flotación de esa planta –la totora– que les permite

lugares . Septiembre 2017

51


enfrente Los muros son todo lo que queda del templo de Raqchi, pero la leyenda del dios Wiraqocha persiste en las mujeres y los hombres del lugar. ABAJO El vagón comedor

se prepara para la cena.

52

revistalugares.com.ar

construir sus vidas sobre el lago. La familia anfitriona nos habla de los 15 bloques sostenidos por sogas y rematados por capas de totoras, y del año que tardaron en edificar su isla. El suelo es acolchado y enseguida se siente un movimiento lateral, al que es fácil acostumbrarse. Aunque sean una creación reciente, hay algo inmemorial en las embarcaciones que remiten al Nilo de los faraones. La integración silenciosa con el entorno le da a la escena un aire intenso y un poco irreal. Los isleños viven de la pesca (cocinan sobre un horno de piedras calientes), pero también del turismo, un ingreso complementario que según la época se convierte en dominante. La visita incluye la oferta comercial de tapices, silbatos y colgantes, además de la esperanza de María. Antes de despedirse, la dueña de casa pide que la ayudemos a traer gente a su lodge: tres habitaciones elevadas a las que se entra por una puerta cuadrada, con dos colchones con sábanas pulcras. Una oferta despojada que incluye desayuno y una comunión exprés con el estilo de vida local. La próxima parada –y la segunda isla– es Taquile: frente a los nevados de Bolivia, una conjunción improbable de arena fina, terrazas de cultivos y una bahía de aguas calmas. Sus 3.200 pobladores se mantienen bajo un sistema de rotación de cultivos y ganadería a escala pequeña. Una familia tiene una o dos vacas o toros, cinco o seis ovejas. Se gobierna bajo un sistema de patriarcado, aunque los hombres debieron arriar un par de banderas. Son los únicos que pueden tejer, pero el aprendizaje es obligatorio para conseguir pareja. Y antes de casarse deben probar que son buenos convivientes… a veces durante 20 años. Después del almuerzo a cargo de una familia isleña –sopa de vegetales, tortillas, trucha, pan frito y queso–, Dionisio Quispe cuenta que vende artesanías para mejorar su vida. Aprendió de su padre y hoy enseña en la comunidad. Los más chicos deben dominar la técnica del hilado fino, tanto como para que no pase el agua. A él le llevó ocho años. Dice que le gusta hacer gorros con la representación del sol y cintos con el calendario quechua, pero que los turistas quieren llamas y gatitos. Después se viste para la ocasión, saca un siku y se suma a un sexteto que toca y baila para los visitantes. En un clima que tensa lo autóctono con el exotismo, la única mujer del grupo se tienta de risa porque no logra sostener su tocado de plumas fluorescentes. Cuando el barco vuelve al puerto, los amabilísimos empleados del tren nos esperan con toallas húmedas para las manos y entramos a otra sala que la empresa acondicionó en la estación. Mientras un violinista se le anima a “La cumparsita” tomamos otro té, esta vez de hierbas y cítricos acompañado de terrinas y piezas de chocolate. De vuelta en el vagón, tras dos horas de descanso, recomienza la sucesión de cócteles y cena, ahora con amuse bouche de cappuccino de pallares (una crema sedosa de esos porotos); o copa de lan-

gostinos (salsa que remite a las papas a la huancaína); lomo de res con crema de zapallo y ajo (otra vez minimalista pero suculento); crema de limón, chocolate y avellana; y petit fours para cerrar.

TINTA ROJA

En mitad de la segunda noche atravesamos La Raya, a 4.338 metros, división exacta de los Andes del norte con el Altiplano. El día tres arranca en Maranganí, pueblo envuelto en un valle brumoso. El ánimo se contagia dentro del tren, donde las parejas mantienen conversaciones animadas, pero en voz baja. En los altoparlantes suena una orquesta de vientos con acordes místicos. Las vías corren paralelas al Willkamayu –nombre quechua del Vilcanota–, el río que pasa por el Valle Sagrado hasta convertirse en el Amazonas. En la orilla siguen en pie las casonas renacentistas donde vivían los dueños de la fábrica de frazadas y chales más importantes de la región, hoy en manos de los trabajadores de la lana de oveja y la fibra de alpaca. La próxima parada es Tinta, donde Tupac Amaru II inició la gesta de la liberación americana, antes que San Martín y Bolívar. Los borbones –recuerda el guía mestizo Luis Aragón– habían diagramado un recorte de derechos y una suba de impuestos que no cayó bien: el gobernador fue ejecutado en la plaza pública. Mientras surge otro mercado junto a los durmientes, el tren avanza junto a La Bombonera, el estadio local, y las calles bullen de motos tuneadas para el transporte de pasajeros y mercadería. Después del trazado urbano, los valles se abren y se cierran, descubriendo quebradas y llanuras luminosas. Un tramo decisivo para el Qhapaq Ñan o Camino del Inca, donde crecen desde hace siglos maíz, papa, quinoa, trigo y cebada. Autodefinida “cuna de la emancipación americana”, Tinta muestra algún grafiti del Che potenciando el reflejo rebelde sobre las casas de adobe, que también hacen caso al tradicionalismo: casi todos los techos están custodiados por las parejitas de toros que se usaban para las ceremonias de marcación de ganado y hoy se reproducen en todo el país como regalo de casamiento, un augurio de fuerza, trabajo, prosperidad y fertilidad. La visita del día es al Parque Arqueológico de Raqchi, 1.097 hectáreas que los incas usaron para dar esplendor a un santuario en honor a Wiraqocha: Dios creador del agua, la luna y las estrellas, mediador de crisis y héroe cultural. La deidad –representada como un hombre de rostro humano-felino y corona de sol con rayos como serpientes– tiene su propia parábola: cada tanto bajaba al llano para tocar la puerta de los pobladores y presentarse como un mendigo que necesitaba casa y comida. A veces lo recibían a piedrazos, un día casi lo matan. Fastidiado por el destrato, Wiraqocha levantó los brazos y detonó una lluvia de fuego. Los sobrevivientes entendieron que, por las dudas, siempre había que ser bueno y hospitalario con el recién

lugares . Septiembre 2017

53


aquí Una postal del

Mercado de San Pedro, un gran tinglado donde se venden frutas y verduras, carnes, chocolate, pan y hojas de coca. enfrente La Plaza de Armas de Cusco, “el ombligo del mundo”, donde convergían los cuatro trazados principales del Camino del Inca.

54

revistalugares.com.ar

llegado. Alguna vez Raqchi fue un templo con ídolos y revestimientos de oro y plata, convertidos por los españoles en lingotes que terminarían, en parte, decorando las iglesias católicas. Setecientos años después, lo primero que se ve es la iglesia de ladrillos, construida sobre una estructura antisísmica incaica, con cinco cruces chicas intentando marcar el territorio. Por dentro, el parque tiene una apariencia endeble, con sólo uno de sus cuatro muros de 15 metros en pie. Todavía conserva el trazado cuadrado de las ventanas y las columnas circulares de base de piedra volcánica, además de los caminos internos que van guiando por estructuras familiares: casas y depósitos, muros circulares, techos a dos aguas. Sobre los trazados geométricos impactantes y los vestigios de un sistema de irrigación avanzado, flota la incógnita acerca de lo que hubiera pasado si nadie derrotaba a este pueblo. Otra vez en el Andean Explorer, avanzamos hacia Cusco. El camino se estrecha y las montañas se elevan. Empezamos a despedirnos del vagón observatorio, asomando el torso para sentir el viento en la cara y escuchar el avance persistente del río. Estamos llegando a la capital ancestral del imperio, donde el Qhapaq Ñan mutó en una ruta de cuatro carriles que atraviesa una zona industrial en crecimiento. Ahí están, para recordarnos en qué clase de lugar estamos, el puente Tupac Amaru y el monumento a Pachacútec –hijo de Wiraqocha y artífice del gran imperio del Tahuantinsuyo– sobre una torre

de piedra que vigila todo lo que pasa alrededor, tan imponente y fuera de escala que mete miedo. El tren llega a la estación Wanchaq tocando bocina. Las cholas siguen mirando, los nenes siguen boquiabiertos y los pasajeros intercambian contactos para que no se corte. Pero enseguida se distraen: los espera una ciudad que reclama todos sus sentidos.

EL CORAZÓN DE UN IMPERIO

Cusco es una joya sudamericana, un enclave cosmopolita con tesoros tan irrepetibles como las Cataratas del Iguazú y las auroras de Laponia; la Piedra del Sol azteca y el reloj astronómico de Praga. En los hoteles, las calles y las plazas se escuchan palabras en alemán, japonés, portugués y ­–claro– español rioplatense. Son los visitantes al Valle Sagrado, en sus variantes mochilero o pasajero de tren de lujo, listos para empezar a recorrer este país inagotable. Se abren camino sobre empedrados en desnivel y entre puestos de pollo, chicharrón y salchipapa. Llevan chalinas de diseño andino y botellas de agua mineral para combatir una altura que hace doler la cabeza y acelerar el pulso. Avanzan siempre lentos, pero siempre atentos. La ciudad evidencia la huella de la dominación colonial en construcciones como el Palacio de Justicia, listo para sortear cualquier desafío de blancura. Pero la reivindicación indígena se potencia en la Plaza de Armas, “el ombligo del mundo”: un pantano secado por los incas, que lo transformaron en el centro del

lugares . Septiembre 2017

55


imperio. Era el punto de convergencia de los cuatro trazados principales del Qhapaq Ñan, vía crucial para la ganadería y la minería, que integraba los territorios serranos y costeros para lograr, por ejemplo, que el pescado fresco llegara desde la costa en apenas dos días. Es el momento perfecto para admirar al sol derramándose sobre la basílica de la Virgen de la Asunción y tomar un café desde alguno de los balcones con vista directa a la iglesia y a los protagonistas de una microeconomía pujante, con su oferta permanente de almuerzos, excursiones y masajes. En la calle Marqués, el empedrado va revelando más rastros del imperio: ex canales hidráulicos, portales inmemoriales, fragmentos de muros de piedra andesita. El mercado de San Pedro es un enorme tinglado de 1.135 puestos, la concentración de todo el olor, el sabor y el gusto local. Lleva casi un siglo funcionando en la esquina de Tupac Amaru y Cascaparo. Dos de los productos emblemáticos cuestan apenas cinco soles: la rueda de un kilo de pan y la barra de una libra de chocolate. Bajo banderines de papel glasé multicolor y globos azules, las vendedoras crían a sus hijos y los extranjeros aprenden a regatear. Las escenas pasan a ritmo vertiginoso, entre el aroma omnipresente de frutas, carnes, frituras y hojas de coca. La tarde avanza entre más calles angostas. Algunas

56

revistalugares.com.ar

derivan en plazoletas chic, como la de las Nazarenas, donde una pareja celebra su casamiento en la capilla San Antonio Abad. Mientras caminan sobre un lecho de pétalos de rosa, los espera una limusina cargada con un arsenal de copas de champagne. En la misma zona de hoteles y salones elegantes, el Museo de Arte Precolombino ayuda a entender por qué los incas se convirtieron en la sociedad dominante de Sudamérica. Impactan las ocarinas de cerámica con forma de caracol y las copas como gotas invertidas. El espacio destinado a la plata honra una tradición que supera los 500 años. Hay creatividad y detallismo en los utensilios y accesorios aplicados a usos rituales. En la sala dorada brillan las máscaras y las cabezas de arpón estrelladas, como para matar y morir con estilo. El atardecer cusqueño es recomendable pasarlo en la cuesta de San Blas, un empedrado ascendente que va achicando la vereda hasta hacerla inexistente. Mientras se busca la toma ideal de la ciudad inca, las vidrieras tientan con cuadros, vasijas y tejidos. Con una oferta creciente de pubs, bares y boliches, Cusco cobra una segunda vida de noche. Envueltos en la atmósfera cálida de los faroles amarillos, los jóvenes salen a las calles para improvisar bailes felices y circulares. Siempre lentos, pero siempre atentos, los visitantes miran y sonríen agradecidos.

aquí Invitadas a un

casamiento en la Plazoleta de las Nazarenas, un rincón chic de la sorprendente Cusco. enfrente Los vagones imperiales del Andean Explorer se internan en la montaña peruana.

lugares . Septiembre 2017

57


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook