REVISTA SEMANAL DIRECTOR: A . V A L E R O DE BERNABÉ Año l l . - N ú m . 3 3 . - M a d r i d , 28 de Abril de 1935
Izn 4orno
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F.-Hernandez Cjírba
l-iiia \c<rrii^ \ Aiiluiii» l'tir(«){« en un» «-sri-iia Ar
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l>ieii |ia^a<lan. pro<lu<-<'i«ii ^- V: \ . , <liri|;ídH por Ku.irbio FtTiiández \ r d a v í i i
.Mar\ dni (.ariiicii. la nueva «rsln-lla> rspañula. y José Calle en un momenlo drl film narioiial «Rumbo al Cairo», realizado bajo la direcrión de Kenilo Perojo _ ^
TA hemos dicho en otra rtcafiión—y con niiichíi insistencia, jxir cierto—que si nuestra industria cinematográfica Huieie salvar la distancia que la separa de la [iroducción extranjera—movimiento indispeusaltle para cuajar en una realidad— ha (le apoyarse necesariiunente en elementos extraños. Lo que no liemos dicho jama» es que en sus manos haya de ponerse Pí»r entero el cine español, porque entonces, haciendo uu (;ine muy yauíjui, muy alemán *J uiuy friuicés, se alejarla nrás y más aún. con toda la perfección técnica imaginable, la posibilidad de una producción como todos la deseamos: española, pura y auténticamente española; respondiendo por entero a nuestro temperamento, a nuestras costumbres, a nuestra psicología. Nosotros hemos hecho muchos Uamalüientos en este sentido, porque entendimos que ello liabría de ser un bien para el cinema nacional; pero lo que hemos de combatir siempre es el snobismo injustificado de algunos directores, que empleando personal técnico e x t r a n j e r o rehuyen la <J|)ortunidiui de colocar a su lado a españo les, siquiera sea como ayudantes f>8egim(Íos. Rstü l o es amar a la producción na<;io-
nal, esto no es dft'sear su i!.splendor; asto es querer poner en manos extranjeras, de por vida, los destinos de nuestn) cine. Siempre estimaremos magnifico, y iiíu^ta digno de aplau.so, el traer eso.s elemeut<»s cuando los nuestro.s no respondan a las necesidades para las <|ue han de ser empleados; pero negarse a poner a su lado a muchos de lus que aquí desean aprender y perfeccionarse para con el tiempo y la práctica poder ser útiles, nos parece insensato. Todos, todos los directores españoles tienen el deber, la obligación de fomentar en lo posible la creación de técnicos, porque el film español se exhibirá con más orgullo el día que entre sus creadores no aparezca un solo nombre extraño. ¿Duda alguien ya de la perfección de dos in-
genieros de sonido como Lucas de la Peña y Marquina, de un operador como José Maria Beltrán, de un montador como Maroto y de otros cuantos que en estos momentos se escapan a los puntos de la pluma? Ellos hacen ima labor tan admirable eomo cualquier extranjero capacitado, pues no por el sólo hecho de hablar una lengua extraña se es un genio, como muchos aun creen; ellos trabajan en silencio, con entusiasmo, con fe. Pues bien: igual que estos hombres, de tanta utilidad para nuestro cine, pueden surgir muchos, porque, por suerte, nuestra raza es pródiga en inteligencia clara y en rápida asimilación. IM que hace falta es darles oportunidades de demostrar sus condiciones, no apartarles sin razón alguna, privándoles de manifestarse. Y lo simpático de estos hombres que desean trabajar perfeccionándose—ingenieros de sonido, operadores, electricistas, escenógrafos, etcétera—es que no van al cine ofuscados por su gloria estrepitosa, por el afán de ver brillar su nombre en los luminosos de los cinemas, por contemplar su imagen en todos los periódicos y su nombre en todas las bocas. No. I>a gloria del cine no existe para ellos; son los héroes anónimos, los que no aparecen en la pantalla, los que tras la cámara mueven los hÚos infinitos de este tinglado moderno para con su trabajo hacer brillar a los actores alrededor de cuyos nombres, mueve el éxito sus incensarios y voltea las campanas triunfales de una gloria que no sólo a ellos es corresponde, aunque sea en realidad los que la gocen. Ya hemos dicho que en algunos directores españoles existe una prevención injustificada sobre los técnicos españoles—los pocos que aun tenemos—y procuran por todos los medios no solamente prescindir en absoluto de su cooperación, sino que se resisten también a que trabajen al lado de los extranjeros que ellos imponen a los productores por no sabemos qué razones, privadas, sin duda, de toda razón. ¿Puede existir gesto más plausible en defensa del cine español que el de ir formando poco a poco los elementos técnicos sobre los que él ha de asentarse en lo futuro? ¿Puede haber para un direc-
tor español mayor satisfacción que la de mostraj' a todos un film debido únicamente al entusiasmo y al esfuerzo de hombres nuestros? Si para mayor garantía de la futura produclión creen indispensable la colaboración extranjera, siempre que sea superior a la que aquí pu >de ofrecérseles, ¿es tan difícil imponer, haciéndolo norma general, a un español como ayudante, para (jue así vaya adquiriendo los (íonociinientos y la práctica que necesita? No l<» <reem<»s. Todo es cuestión de buena voluntad. Claro está que por nuestra generosa hidalguía, cantada hasta el hartazgo a través de los siglos, l>or hacer honor a ella, siempre ofrecemos mayores resj»etos, mayores consideraciones y mayor ayuda a los extranjeros que a nosotros mismos, además de sujjonerles también- ¡W'HUO no!— gratuitamente una mayor cantidad de inteligencia. ¿Cuándo vamos a romper con esto, que ya se va convirtiendo en falsa superioridad indiscuti-
l>le? ¿Cuándo vamos a no dejamos ofuscar por apellidos de ortografía exótica, que aquí sieml)re se ha creído llevaban unida a ellos una superioridail técnica o artística? ¿Cuándo vamas a dar a los nuestros lo que en justicia les corresponde? Rs lamentable que .se les niegue hasta la posibilidad de aprender. Por todo lo expresado, nosotros, creyendo interpretar el sentir de muchos, pedimos desde aquí una mayor comprensión a directores y productores. Aprovechen todos, en beneficio de nuestra indu.stria, cuantos elementos españoles puedan; den oportunidades a los que se pasan la vida aguardándolas, y no les exijan, para ofrecérselas, recomendaciones ni apoyo de amistades; pídanles simplemente cupaiidtid, inteligencia, ansias de aprender. Si esto hacen, habrán preparado, para bien de toílos, la plataforma amplia y fuerte sobre la que se eleve en lo futuro con toda su pujanza el cinema na<ional.
KaqurI Kodripo. t^armen Pradillo, Gabriel Algara, Pedro Terol y Pepe Soria, en un momento del «8keleb« titulado «Ir por lana» y realizado por F e m a n a o Delgado para Cifesa
Fortunio Bonanova, Castro Blanco y Duarte, en «Poderoso caballero», gran película de Ibérica Film, e u y o rodaje finaliza en Barcelona
a IraG^comcdía
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ACB casi veinte años que Zasu Pitts se escapó de casa con la idea de eer artista de cine, tomando un tren para Loe Angeles. En aquellos dias conoció la tristeza y el encanto de andar. Pasó hambre. Como todavia era una chiquilla, cuando no tenia dinero se complacía en subir y bajar en los ascensores de los grandes almacenes. Cada dos días escribía una carta a su madre. Cuanto le decía estaba preñado de optimismo. Las lágrimas sólo ella las veía desliztu^e por sus mejillas. Al mes de hallarse en la ciudad del cine, a%uien se maravilló del trágico encanto de sus ojos y la instó a que se hiciera una prueba en un estudio cinematográfico. Pero lo curioso es que los directores la encon-
/ a t u Pilt., la (rágira y roja prinrrs» Ccrilia de • La laarcha nupciaU, inoxidable realización de kríc von Stroheim
^ Z a s u Pitts y Slinl.umervilleti en una esrena de la pelírula «Papá »e ratia»
Zasu Pitt» y Gloría Stuart de<M;anMindo «entre e»eena8>, en i los ¡aludios de iia Universal
ÍCasu PittH y Kmil Janninft» rn <KI perado dr log padres»
traron graciosa y no dramática, apareciendo por primera vez en una comedia, donde continuamente se hallaba por el suelo. Después..., otra vez la calle, esa dureza de los días sin sol metidos en su alma. Las esperas largas, el continuo repetir «¿Hay algo?», y el cuerpo muchas veces rendido sobre «el banco de la paciencia». Trabajaba pocas veces. En una ocasión permaneció tres meses sin hacer nada. Pen.só volver al hogar abandonado. No lo hizo. Cuando ya desesperaba de hallar alivio a su infortunio, Charlot se compadeció de ella y le contrató por un año. Más tarde, actiia en las tablas; luego hace otra película... Por fin consigue que el director Marshall Neilán le dé un importante en IM pequeña princesa, cuya protagonista es Mary Pickford... Pero el triunfo de Zasu Pitts no 11^6 hasta después de casada y ser madre, cuando el genial «desI>erdiciaceluloide» que es Eric von Stroheim la fué a buscar para que encamara a la trágica y coja princesa Cecilia de La marcha nupcial. Fué tan grande el triunfo dcanzado en esa película, que desde •ntonces está considerada como uua de las mejores trágicas de la pantalla. Si Eleonora Duse tuvo fama de poseer las manos más exquisitas y expresivas del mundu, no lo es menos Zasu Pitts, que sólo con raoverias refleja emociones. Además las tiene aseguradas en diez mil dólares. La gran actriz, cuyas caratíterizaciones cómicas la han hecho popular, ocupa con Charles Chaplin tm lugar aparte en la tragicomedia Su ct4)acidad de trabajo es asombrosa En un sólo año figuró en cincuenta y dos películas. Actualmente, en los Estudios de la Umversal, didfruta un sueldo de dos mil dólares semanales. ¿Cuál es el origen de su extraño nombre? La versión más exacta es que proviene de un capricho familiar. Sus tías Eliza y Susán, nada más nació, promovieron una disputa para ver quién de las dos seria su madrina Pero como arabas no podían serlo a la vez, tras una batalla de palabras, acordaron ponerla un nombre compuesto. Debidamente combinadas la última sílaba iel nombre de la primera y la primera del de la segunda, formaron el que ya conocemos. El Charlot femenino tiene una admirable biblioteca con libros científicos y filosóficos. Aunque 8u mucho trabajo en los í^studios apenas le permite leer, se las arregla de tal manera, que casi siempre se lo ve cou uu libro en las manos. l>ee «entre escenas», mientras se maquilla, cammo de Í^U casa, en la cama... Zasu Pitts gusta de la lectura cuando puede en todas partes. Al tener que suspenderla señala con ima horquilla el último renglón que ha leído y se humedece el índice de su mano derecha para pasárselo por las cejas. Esto le trae suerte, s ^ ú n dice. El arte ingenuamente gracioso de esta artista, cuya doble personalidad la hace merecedora de otros adjetivos, se manifiesta de igual manera en la vida real que en el mundo de las sombras. —¡Oh, es usted muy chistosa, Zasu!—exclamó una admiradora suya que cierto día se hallaba eon otras amigas. —^No lo creo—repuso ella haciendo uno de esos gestos en que las pestañas se abanican y sus manos son el verbo más elocuente de su personalidad—. Tampoco me reiría de mis palabras. Tal vez porque peco de tonta... Se oyó una risotada Tras la interrupción, volvió a decir: —¿Lo ve usted? ¿No le digo?... Si se la observa, puede uno darse perfecta cuenta de que la gracia no está en lo que expresa, sino en el modo que tiene de expresarla. M A N U E L P . DE SOMAÍ^ARKEKA
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ya otro, aun cuando fuera limitado el breve léxico que le enseñó su amada: Good moming. I love you. «Buenos días. Te quiero.» Muy cinemático todo ello. Muy visionable. Saturado de ese atractivo que entusiasma a las masas ingenuas. Ahora bien: Jonny Weissmuller, a pesar de su triunfo y de su éxito mundial; a pasar de haberse familiairizado su apellido en todos los ambientes, aunque tenga éste gran abundancia de consonantes dobles, es un actor víctima de su primitivismo, de su popularidad semi-nudista. A Weissmuller no ^ _ Contra lo que reiteradamente se ha insinuado, Maureen O'Sullivan no amó jamás a Weissmuller. Fuf simplemente una c o r d i a l amiga y la «partenaire» preferida de Tarzán
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AN intenso, tan penetrante como su grito, acjuel alarido estridente que h a rasgado los tímpanos de todo cineísta, es el atractivo de Tarzán en l a pantalla. Edgar Rice Borroughs, al escribir su novela Tarzán de los monos, creó un tipo humano, simiesco y selvático, que hemos visto humanizado en el lienzo por el actor campeón de natación Jormy Weissmuller. La figura jimdrá ser más o menos verosímil o quimérica. Es igual. liO importante es que Tarzán, fuerte eomo un hombre primitivo, h a sido el ídolo de centenares de mujeres. Ha podido más, mucho más, Jormy Weissmuller, con su figura de atleta salvaje, que la mayoría de los galanes del cinema, a pesar de su prestancia, de su smoking y de su cuello planchado. Tarzán ha creado en la pantalla una novedad que no logró imponer ningún actor. Ha creado un nuevo sistema amoroso. En Tarzán de los monos, el primer film que nos reveló a Weissmuller, inició éste el nuevo ritmo de la pasión en el lente. Platonismo. Ingenuidad. Ignorancia. Dasconocimiento. Asr)mbro. Todo lo expresaba en su gesto. Tarzán n o sabía ni besar. No enamoraba ni con palabras, ponpie Tarzán no sabía hablar. Ignoraba lo que era el amor. 1» sintió instintivamente por la muchachita audaz, por la inglesita que profanó la selva virgen con su silueta civilizada, y Tarzán, el hombre-mono, hombre al fin, se enamoró y la raptó, trepando hasta la copa de los árbolefl. En magníficos primeros planos y en ascenas ( o n d e micTÓfojio y objetivo ofrecían insospecharlas agilidades trepadoras, hemos saboreado el amor de l a inglesita y su héroe de l a selva. En Tarzán y su compañera les hemos visto correr, saltar, vivir en deliciosa inverosimilitud, solos y felices, rodeailos de fieras y [Híligros. El asj:)ecto del amor en Tarzán e r a
L'n b u e n d i a , mientras Weissmuller 4 rodaba», sintió posados sobre su ruerp o de atleta unos ojos grandes y negros. Kran los de l.upe Vélez. la mejicanita revolucionaria que perturbó la vida de Gary Cooper y de John (;ilbert...
hay quien le conciba enfundado en un traje de smoking. Nadie puede imaginarle seiita«lo noinuvlmente en una mesita dal damñng. El público le conoce encaramándose por los árboles. Está acostumbrado a la visión de su casta desnudez. Ko&ulttuía cómico y grotesco que la cámara nos brindara un Tarzán vestido. Esto ante el lente. Tras él debemos hacer justicia al actor. Jonny Weissmuller, el hombre que no sabía amar, el astro que ha creado en la pantalla la nueva escuela de un amor primitivo semi-saJvaje, tiene y ha tenido una privóte Ufe tan discutida y compleja como la de los galanes más célebres del cinema. Cuando este muchacho gigantesco y atlético llegó al lienzo de plata era tan sólo un admirable campeón olímpico que vivía muy feliz unido en matrimonio con Babbe Arust, deliciosa actriz de la escena norteamericana. Babbe, muy bonita, muy joven y muy simpática. Los dos se adoraban. Pero Hollywood tiene su contagio, su fuerza Jublicitaria. El actor sintió s^uidamente que a presunción se adueñaba de si mismo, y cuando en los Estudios Metro rodaba su primer Tarzán, adivinó el efecto tan perturbador y la admiración que despertaba entre el elemento femenino estelar. Babbe Arust, que se debía a la escena, descuidaba al héroe desnudo en los rincones del set, halagado por las estrellas. Weissmuller, un dia cualquiera, sintió, mientras rodaba y saltaba entre los trapecios hábilmente disimulados en la selva de cartón, quo los focos de luz del Estudio palidecían y que otros focos, dos ojos grandes y negros en un brevísimo cuerpo de mujer, le asaeteaban. Cuando cruzaron con los suyos comenzó el romance. Ella, Guadalupe Villalob(is. jjupe Vélez se permitía el lujo de robarle el corazón al hombre-mono. Pobre Babbe Arust. Noviembre de 1931. Divorcio en puerta. Después, reclame de ironía
Lupr, reloM siemprr de Weissmuller. no le deja en paz un «tolo momento. Hasta a coHarse el pelo le arompana. Y mientras el FÍPMRO yanqui rumple su misión, Lupita nace alicunati «monerías» a su ídolo, las cuales, a juzgar por lo ceñudo de su rostro, no le hacen maldita la gracia...
punzante llevada a cabo a través del lápiz audaz del caricaturista y de la pluma más o menos fácil «leí reportero. Se quieren mucho Jonny y Lupe. El amor loco de Weissmuller por la mejicana le lleva hasta desafiar la opinión, y el día 8 de Octubre de 1933 lleva al altar a Lupe Vélez y comienza para ellos esa vida inquieta, azarosa, que comentan los periódicos de América: una vida privada del dominio público. El eterno acuerdo y desacuerdo de Jonny y Lupe, y sus tres o cuatro actas de divorcio suspendidas. Lupe está, como es lógico, completamente celosa de su ídolo; no le deja en paz un solo momento. El, a su vez, teme nuevas veleidades en la alocada muñeca de la nariz respingona y los ojos negros. Lupita, por otra parte, ya no es aquel luminar que batallaba y—¿por qué no decirlo?—vencía a Ix)lita Martínez—Dolores del Kio—^. Hoy 1A yfe-. mos aparecer en la pantalla como obligado oponenmado, el preJonny Weissdilecto de las te de Jimmy Durante, el Narizotas, sin contrata muller, al haestrellas m i s fija y rodando de marca en marca productora. En eer su aparío menos reción en lot cuanto a Weissmuller, si no nos presenta el hijo fulgentes de «sets» de Hode Tarzán (piédanle ya muy pocos recursos cinemaCin e Ia n llywood, fué dia-. tográficos. ¿Influirá también la trage<lia pecuniaria el n i ñ o mi-; en ese desbarajuste de su pasión? Alguna Revista, como truco de gran rédame, o porque así lo (royera, ha lanzado no ha mucho la noticia de un idilio amoroso entre Jonny Weissmuller y Maureen O'Sullivan, la deliciosa irlandesa, su oponente, su compañera en los Tarzanes. Maureen O'Sullivan, la simpática actriz, es una mujer adorable que no ha tenido en Hollywood otras aventuras de amor que las captadas por el lente. Maureen no amó jamás a Jonny Wei.ssrauller. Ha sido únicamente una buena amiga para él y la compañera partetiaire que le siguió hasta las copas de los árboles en todas las pantallas del mundo. Tarzán ha tenido una inquieta vida amorosa. El cinema ha e;un!)iado el símbolo del lord en estado salvaje que creó Edgar Rice Borroughs, la simpática tendencia de su novela y el exclusivismo de Tarzán por una sola mujer. El Tarzán moderno es una parodia del otro. Este ha tenido aventuras, flirteos, bodas y divorcios. Una vez más el convencimiento. Hollywood todo lo puedu: hasta se permite el lujo de parodiar simbolismos. El mito Tarzán hoy está basado en un historial aventurero, digno casi de CKCILIA A MANTUA un Casanova. Sorpresas del acelerado movimiento del cinema. BARAKM. ATRA, ,9 s
taiuente, cuando menos debieran hacerlo, porque el reinado de la moda es efímero, y si una nueva orientación pierde su carácter de cosa privativa de la éHte y se vulgariza, su rhi-c, su personalidad, desaparecen, y as entoncas cuando una nueva orientación nace para señalar, para definir a la mujer verdaderamente elegante. No quiere esto deíir—en ninguno de nuestros trabajos de CINEORAMAS hemos propugnarlo tal desatino—que las modas, en cualquier sentido, deban .ser sumisamente adoptadas apenas nacen. Nada de eso. Hay, ante todo, que analizarlas, que estudiarlas con atención y comproliar su persistencia, porque en ocasiones ~ ¡cuántas!— una moda que parecía predestina<la a obtener un rotundo triunfo, no pasa de ser un a modo de «globo sonda» que los creadores de la moda lanzaron para ver si hallaba atmósfera |>rop¡cia. Y en muchos casos—¡cuántos l^^^^^tarobién!—el «globo-sonda» cae pesadamente a tierra cnajido apenas había iniciado su ascensión. Pero si una nueva nita que la moda
)<-án lliirlow. >iiili'>ii,. piTreilii ilc la iniijiT moderna, q u e pre<.lH a 'II lielle/a los iiiáxiinoN riitdndiis. .'e ba h e r b ó inxialar en K*liidios el i o r a d o r a n i e el cual aparece en nuestra folo
Max l'iM-liir. lililí l i e l o s iiiií» ex|MTti>s p r i i f i - t u r e s d e i-hiélira fem e n i n a , h u r e a t : a l a l l n a Barcen a alpiiiiMH oliM-rvai-ioiies para la |H-rfecla conservación del culis
¿lia ensayado usted. ><eriora. los niietOH peinados?
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A moda actual, que ptidióramos denominar revolucio_ J iiaria en jiunto a peinados, ya que junto a las tmlettes más nuevas, más audaces, ofrece la característica de haber buscado en las viejas modas de fin de siglo sus nuevas normas, tiende de un modo evidente a reducir las dimensiones de la cabeza femeninii. La ondulación, los bucles, van tollos emplazados- con arte indiscutible, eso sí—en la parte alta de la cabeza, lo cual contribuye a «lar al rostro una singular finura y un encanto atrayente y .sugestivo. Las sienes, libres de cabellos, permiten qiif el rostro nuiestre íntegramente la jierfección de su ova lo, y esta particnlarichul, que en determinados casos puede hallar detractoras, ha sido airogida con entusiasmo «in límites por toílas a<{uellas que pueden ufanarse de poseer un rostro perfecto. I Si nos fuere permitido, nos atreveríamos a a(;on1 sejar a cuantas aún no lian osado modificar su peí M nado con arreglo a las nuevas corrientes de la moU da que .se def;idan, cuando menos, a ensayarlas, rosiblemente, en la mayoría de UKS casos, la deH cisión les causará ia grata sorjiresa de advertir I^M que sus jiueriles temores <;are<'ian de fundamen*i to. Hay .siempre en la mujer una ingénita ten^ dencia a la rebeldía, a no adoy>tar iniciativas nuevas, so pretexto de hallarlas excéntricas y extravagantes, y sólo cuando otras, más au^íá da<'es o más comprensivas, se deíiden a incor/Jlj^L tioriirliLí a sw atavío, bis aceptan. Que es. jiis^I^H
señala halla en la mujer eco favorable y su persistencia revela que la iniciativa es feliz, se hace indispeasable a toda fómina cuidadosa de sus atractivos no se luartíiiiten ni que sus encantos se «pasen», ensayarla. Intentíw una prueba en la recóndita intimidad del houtknr, puede, en muchos casos, proporcionar sorpresas gratísimas a cambio de un remoto y problemático fracaso, que, por otra parte, nadie habría de conocer. Debe también tenerse en cuenta que existe siempre en las elegancias una indudalíle armonía, una evidente relación, en cada uno de sus detalles complementarios. Así, por ejemplo, cuando los modistos ca pmñtados p a r a «lanzar» la moda crean una nueva orientación, u n nuevo credo estético, los zapateros, los £U3cesoristas, los peluqueros, aprestiranse, a su vez, a complementar con sus creaciones las iniciativas de la haiite coulure. Es, pues, indudable, ciñéndonos al tema de esta croniquilla, que las a c t u a l e s normas del peinado femenil corresponden e x a c t a m e n t e , se a c o p l a n , complementan, por decirlo así, el mejor efecto del conjunto total de la si- G e n e v i e v e Tobin. lueta en boga. auténtica iielleza de No tenafa.s, pues, Cinelandia. y entupracticante lectora amiga, el siasta de toda nueva teomenor recelo en ría que tienda a la t r a n s f o r m a r t u conservación de sus encantos físicos peinado. Cierto que la evolución es acaso demasiado radical y que, en cierto modo, el lógico temor de malograr con el cambio la personalidad de tu rostro triunfante esté justificado. Haz, empero, un ensayo. ¿Quién te dice que en él no hallarás nuevos atractivos para tu hermosura? Sólo cuando hayas comprobado prácticamente ante el espejo—el amigo leal que nunca engaña cuando sinceramente se solicita su consejo—, en la íntima soledad de tu cuarto de toilette, que el nuevo peinado no presta a tu rostro, a tu figura, a tu continente, ningún encanto inédito, sino que, por el contrario, reduce o atenúa los que habías logrado obtener estudiando lo que mejor armoniza y complementa «tu tipo», deberás desistir del empeño. En tanto no realices la prueba, no debes sumarte al coro de detractoras de esa nueva orientación del peinado en boga, entre las cuales figura—está segura de ello—esa copiosa falange de escépticas sempiternas que todo lo encuentran mal porqtie nada puede sentarles bien.
M.
Jane Mamilloii. iiiiu de los último») «hallazgo»)» de Ilollywood, eon el xurinto atavío que viste durante sus diarios ejercicios de cultura física
Telma Tood, cuyo rostro « bien conocido de los amantvdel cinema, aparece en el centro de n u e s t r a fotografía, a c o m p a ñ a d a de dos bellas «girls», durante sus ejercicios de gimnasia
I I G A H RODUCCION
o
NACIONAL
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1
Antonio VICO* Piosita LACASA» iVIaado PAWS D'uvecclón de. JOSÉ LUIS SAENZ (¿e H E RE D lUfuu^áuximí BALLESTEROS TONA FILM. DISTRIBUIDA
" A T L A N T I C
POPí
F I LMS"
^ c o n cinco sec^undos d< p o r o d o en su dTvorcTo... fie colegiala («licienta; pero le fallaba ai'ui iiuuho <pie re«-«>rrer de «u caiaino de artista. No era la mejor actriz de Hollywood. Tenia «su público» y címtaba con una legión de admiradoras de HU elegante belleza: ma¡- no JXKÍÍH iniwft'iiir pjqjeles de protagonista dramática, a lo (Íreta Garbo... ¡Greta! He aqui el nombre mágico que espoleaba su ileseo de ser una intérprete romántica y perfecta, capaz de conmover a las muchedumbres del cine en primeros planos de larga duración, viviendo historia* lunorosax como Ana Karenina o MI denumio y Ui carne... Tales peasamientos »(.-omi>añaron a nuestra heroína en los días y meses d é l a luna de miel. Y nuestra*! lectora»; prtguntarán, sin poder contenerse: «¿Se port<') (X>m<) ima buena eSjwsa? ¿Hizo feliz a su nmrido?» Si. Suym ser cariñosa, solícita, amable
Me a q u í tre» expreNÍva» ÍU-ÍK»
de la vida de Jnán Oawford. Kn IOH día» felires de HU idilio con el hijo de OOU^UH. Sonrisa eocAplica de mujer que no cree en el amor... I^ágrímaH fingidas y falso gettto de amar){ura en rl erran»-.
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NA nueva vida comenzó para Joan. Se sintió ¡al fin!— en la meta, de cara a todas
las
hipcKírasias
y
ba-
jezas humanas. (!on im gesto de desdén en la boca, convertida de arriba abajo en una gran dama, asegurado cl porvenir... ¿Y su arte, por el que tanto habia luchado y resistido? Su arte lo guar«laria muy hondo, como algo que sólo a ella pertenecía e importaba No habian terminado allí, en el espectaiiular casamiento, sus ambiciones. Se hallaba, <íierto, en la meta de cuanto soñó para su cabrera de mujer^—un marido joven, no feo, amante, muy rico, de célebres apellidos ^iesde los días
y, sobre todo, femenina Sus tenues diurnas y sus deshahiUés en las noches de progresiva intimidad fueron renovadas contin u a y cuidadosamente, porque Joan sabia muy bien que el hombre es un animal egoísta e impresionable en el amor, que ha de entrarle por los ojos para no desear otras mujeres. Ella era, cada velada, una mujer nueva, de distinto peinado y de vestido que para nada recordaba al anterior... Anonadaba, confundía al joven e s p o s o enamorado, que no se cansaba de verla y de besarla, hallando en-
f.ttntop <l&sc<»íi<K'id(i,x en aqnel ener|H; ríe líneas nerviosas, y refinaruientos increíbles en aíjiiel espíritu que se habia templado en los peores ambientes de la vida. Durante algím tiempo, el nuitrimonio «que traía d»labeza a Hollywood» se refugió eu su nido, desarrollando un plan de alejamiento seasacional que dewwfieraba a l<is impaí-ientes y curioso.*. Ijas puertas de su casa tuvieron un hermetisnío inviolable, incluso para las amistades preferidas, l^a pareja de tórtolos fué cruel con el prójimo avariento de malsanas sensaciones. Hizo varias escapadas a las islas del Pacífico, c i m tan buena organización de «li.sinmlo, que na«iie pudo advertirlo ni aun sospecharlo. F J I fin. cuando .Joan creyó que era ya Of)ortuna la vuelta a su íunbiente social, aparecieron en los sitios de reunión, muy cogidos del brazo, repartiendo saludos y sonrisas. IJ& gentil casada, más juvenil y esbelta que nunca, se inclinaba graciosamente cada vez «fue oía exclamar: «¡Mistress Fairbanks!» Después seguía adelante, con su andar rítmico de danzarina, con las gr.mdes pupilas tan abiertas que parecían mirar a todos v no veían a nadie.
Fué admirado el tacto exquisito que .loan Crawford demostrí> en su matrimonio cuando tuvo que enfrentarse a ese monstruo de idiotez y de uialda^^I que es el vulgo. Nadie pudo hablar mal de ella, en cuanto a fidelidail, «antigua costuml)re» de la (pie se ha perdido la niK'ión en Hollywood. Podía criticársele el pasado y hacer vaticinios aviesos sobre su fufuro; {>ero en el |)resente no cabía una brizna de murnmración. Asi pasaron años. Años estériles de amor, (pie no dieron al hijo de Douglas un hijo de su ídolo de carne, el frnto esperado de sus nupcial&s (lelirios. Y esta contrariedad nada prevista originó los primeros disgustos en el seno del matrinumio, de aquel hogar frió, {>or<jue faltaba el calor de un cuerpecito iutn-ente y el eco de una v(K;e<;ita (jue gritara: «¡Papal, ¡Mamá!.,,», Como allí, en aquel suntuos(» tálamo .sólo habia uno—de dos—que estuviera realmente enamorado, la esterilidad descubrió (jue la dicha iiabia sido artificial y pasajera, ,loán d(H-idió hacer vida ap<irte.
IM pmH-u|Miri»ii (Ir Jnán <.rii«íord ha «id» !*icmprr tirria tiar h«, a «niirii ronníHcra la arlrí/ iiiáx Minlini<- ér tmloo Utf lieni-
poü, \ fdla aiiui, rn rotm rurrna rnn l-'ranrh»t Tonr, rónio rrrurrda rn la arlilud > rn rl alati» a la divina rsiingr dr Surria. Kn •-Manto a Kranrhol Tonr. rn rl próximo n ú m r r o rr\rlarrm»s |M>r <|nr Ita lirgado a M-r rl galio uni»ro»it dr la (>a«ford r n la «ida rral...
dentro del propio domicilio conyugal, y a ello no se opuso Douglas (Jr.), por«pie seguía tan enainorailo como en la noche célebre del baile. Nadie tampoco se apercibió del peligroso giro que tomaba aquel hogar sin retoños, pero aparentemente tran(juilo y feliz. Joan ajirovechó el divorcio moral con su marido para dedicarse con náás ardimiento (jue nunca al arte del cinema, que había evolucionado de modo radical con el ddvenifíiiento de la cámara sonora. Y aprendió a declamar, c o r r i g i e n d o con voluntaíl inflexible sus defectos de pronunciación. Sus apariciones de entonces en la pantalla marcaron éxitos de escándalo. Se atrevió a pulsar el cordaje dramático, y se vió alentada por (a critica Un día, a consecuencia de algo que no nos es posible revelar, Joan se sintió ofendida por su marido. Y la escena, sin violencia aparente, tuvo un carácter irrevocable de ruptura. Sin embargo, no se pidió el divorcio. Quizá él, ilusionado en el fondo todavía, confiara en un regreso a la dulce intimidad de antes. Pero Joan Crawford es una mujer que no perdona jamás una falta de delicadeza, que ella habia creiKiraido Otrtrz. <|ur fué rlrgido por Joan l>awford pa(io atlvertir en su ra Hu rxprrimrnio dr mujrr esposo, de conduct|ur ar (|uirrr divorciar dri ta irreprtx;hable hasm a r i d o , y ipir Hca éslr ta allí. Y quiso obliqnirn pida rl divorcio... garle a desligarse del imposible hogar usando de una libertad excesiva en sus costumbres, acudiendo a los sitios de diversión pública, abriendo una amistad sospechosa con Kicardo Cortez, el viudo de Alma Kubens, a quien eligió por pareja de baile y de paseos. Kicardo Cortez se dejó ganar j)or aquel interés de mujer tan famosa, influyente y codiciada Se hizo, (juizá, demasiadas ilusiones, como la gente, que ya pensaba en un divorcio escandaloso, s ^ u i d o de himeneo. Y la verdad de todo fué que, una vez divorciada, la Crawford se mostró fria e indiferente con Cortez, y se retiró nuevamente a una vida casera, en el biingalow de una amiga, veterana del séptimo arte y del amor de los hombre?. El (livorcio de .loan y Douglas, hijo, deji'i satisfechos a los «caimanes» de Cinelandia ¡Al fin se había desmoronado axjuel castillo de naipes que parecía invulnerable a sus feroces soplidos!... ¡Ja, ja, ja, ja!... Y reían, alegrándose de que la altiva no se llamara ya mistress Fairbanks, y enorgulleíñéndose de su sabiduría de profetas. Pero... (Y este «pero» merece capítulo aparte.) SANTIAGO A G U I L A K
no tardará en conocer, Patricio miró a una eglreUa. No hay en las escenas de esta p^cula los resabios de cintas anteriores, el sentido vulgar que muchas veces malogró el éxito artístico de muchas películas españolas. Espíritu de fina sensibilidad, José Luis Sáenz de Heredia ha aportado a su film su aguda visión cinematográfica, la humana calidad de su imaginación, su dinamismo ágil y moderno. Porque en Patricio miró a una estrella hay, sobre todo, un positivo triunfo de estos valores: modernidad, humanidad, sensibilidad. Tiene un profundo acento humano—de la burla al llanto y de Antonio Vico e n «u •fortunada creación del lo grotesco a lo conmovedor^—la fiprotagonista de «Patrigura central de Patricio, el procio miró a una estretagonista del film. Un hombrecillo lla», ia nueva cinta desm'edrado, tímido, ridiculo, obespañola sesionado por el cinema. El es dependiente en una tienda de telas; horas y horas tras el mostrador, elogiando los tejidos a las compradoras, trazando una y otra vez las mismas palabras sobre las mismas sedas o los mismos terciopelos. Pero de todo ese trabajo diario, vulgar y monótono, su corazón se escita hacia un mundo que es todo su sueño y toda su esperanza: el mundo maravilloso del cinema, con sus oros y sus glo-
dePat r i e i o , rvand* ve <|ue se han venido abaio sus sueños dr artojr 4« «"Mr
cos momentos de esta nueva produccióa española
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el anterior balbuceo, a xm lado la desorientación primera, el cinema español ha emprendido la ruta verdadera de sus destinos, con la conciencia exacta de sus posibilidades y la perfecta comprensión de sus medios. Puede decirse con total justicia que es ahora cuando empieza nuestro cinema y cuando éste puede y debe ser valorado. Cada nueva cinBANDONADO
ta española confirma esto. Ya no son los días de la españolada, que tantas veces cegó a los primitivos animadores de nuestro cinema. Hoy se ha impuesto un sentido nuevo y distinto de los temas, tma visión más europea y más cinematográfica de éstos. José Luis Sáenz de Heredia ha aplicado este nuevo concepto a su film, que ntieetro piíblico
ñas, sus mujeres inconiparables y sus galanes adorados por todos los paises. E3 alma tímida, candida e ilusionada de Patricio sólo vive para eee gran sueño de la pantalla. Horas y horas bajo la misma obsesión. Una obsesión que en loe deméfl— en los amigos, en los compañeros de tienda— sólo despierta soiuisas. Se burlan de él, de sus sueños, de su bondad, de sa timides. Tienen un gesto de irónica compasión para esos afanes de llegar alguna vez a ser un as de la pantalla. Un día—un dia entre los dias—el alma de Patricio sufre una violenta sacudida; a la tienda ha llegado una estrella famosa, a la que él vio
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vez. fase i nado, en >^ unos E.stu^ dios cinematográficos a los que el muchacho fué p a r a llevar unas tela.s encargadas. Patricio, ante ella, vive unos irustantes que son a la vez de estupor, de encogimiento y de alegría. Sus manos no aciertan a j»resentar ni ordenar las telas; s u palabra es entrecortada y balbuceante; sus ojos van del suelo al rostro bellísimo de la actriz, deslumhrados. Hay un momento en que el muchacho, azorado y nervioso, se inclina hac^ia el suelo para recoger algo (pie se le ha caído, y en ese instante van de su Itolsillo al suelo unas cuantas fotografías de la estrella. R s t a líis ve y sonríe, (\iando la mujer se ha marchado, los compañeros de Patricio escriben, a escondidade él, una carta finnada por la estrella, invitándide una cena que se (íelebra por el gran éxito de la fielicula interpretada El no cae en la burla, y to<lo su ciirazón es un temblor emocionado ante las p;dabra« que ella le escribe. Y allá va, por fin, venciendo timide<;es y desfa^ llecimientos, hacia el hotel en ([ue ella estará ve.sti(la c o n s u s mejores galas. .Vaturalment*, la fiesta no es para Patricio sino un desfile constante de fatigas, de malos momentos, de apuros. Su pobre alma sufre ante la indiferencia de rt<iuella mujer, (pie no reconoce, que sunríe y baila totalmente ajena a él. Venciendo toda su trágica timidez, Patricio la habla, intenta hacerla recordar. Tenía e n el bolsillo todavía aquella carta de ¡nvitaci(')n. \ la mujer le s a c a del engaño; ella no ascribi() atpiellas líneas; sin duda se trata de u n a burla. Mirando atentamente el pliegue('illo de papel, descubren e n él números de alguna factura de la tienda. Patricio siente que sobre él s e desploma el mundo, y que un abismo se abre ante sus pies. La sensa<i(')n del ridiculo hace lívido, de una grotesca tragedia, .su rostn>, en el que se funden ira y llanto. Vencido, abrumado, regresa al siguiente dia a la tienda. I n tropel de sueños rotos, de a l a r i a s teñidas con hiel de fracaso llenan su alma cándida, ineomprendida Hay en él un rencor sordo y fuerte, »pie p(me ideas rojas en su frente y ansias de venganza en sus puños, ('uando algún compañero le pregunta, irónico, {)Or la cena en el gran hotel, Patricio, transforma<lo. enloquecido, quiere matarlo. Por primera vez asoma en él, para sus compañeros, un odio y una fuerza desconocidos. Ya en su casa—el cuarto que ocupa a medias con un amigo—, el dolor le acobarda, le anula. Se siente más triste (pie n u n c a Cuando su amigo llega le .sorprende en esa actitud de vencimiento, de entrega absoluta al mal destinti. La vida es para él un horizonte angosto y obscuro, sin gracúas ni sonrisas. Ya se le olvidaba al amigo darle una carta que para él tenía. La lectura del membrete del sobre es para Patricio im salto en el asiento, un latido frenético en el corazón. ¡Carta de los Estudios! Nerviasamente la abre y la lee. Es aceptando la recomendación que el parlrino suyo había hecho para que trabajase en los Estudios. I J C dicen que se pase por éstos. Patricio se resiste a creer tanta ventura. La alegria le brinca en el alma, y saKosita l.acasa y Antonio Vico, protagonistas, e « B Manuel Paris, de «Patricio miró a una estrella-»
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escena de la nueva pelicula es|Miñola, que sr h a terminad» de rodar en lor l-jitudios Kallesteros Tona Film, bajo la dirección de José Ijiis Sáenz de Ileredia
le corriendo hacia la tienda, para reírse definitiva^ mente de los que tanto se habían burlaílo de él. Ya en la* tienda, dice que viene a despedirse porque se van a realizar sus sueños de trabajar en el cinema. En los Eistuilios y a Edmundo abigarrado y pintores(;o del cinema está ante él. Por fin, se encuentra ante el director. Palpita su corazón apresuradamente. Ante el director, que le contempla asombrado, luee algunas de sus habilidades de actor. Pero des[»ués, unas palabras e<'han por tierra todos sus sueños. -No. No le habíamos llamado a usted como artista para nuestros Estudios. Es que teníamos vacante una plaza de ebani.sta. . SíM-a la \nHn, encristalados de lágrimas los ojos, el rostro con una expresión entre dolorida y ridicula, I'atricio siente íuite si t(Hlo el inmenso y trágico fracaso de su vida y de sus ilusiímes. C o m o un autómata sale de la estancia, roto, desarticulado. \JAS horas desfilan ante él, en la calle, con una dramática angustia. Nada le importa ya. La muerte le .seria un bien. Y, al fin, su pobre cuerpo, roto, da otra vez en la tienda. Eu tanto, Fínima, la estrella, no deja de pedir al director de los Estudios un contrato para Patricio. Ve en éste, en su gesto y su actitud, en su voz y en su ademán, un excelente actor. El director accede a la apremiante solicitud de la estrella. Y un día, en la tienda - la hora de venta máxima—, aparece Emnia. Viene a ofre<'er un cimtrato a Patricio. Fjste duda; piensa si aquello será una bruma más. Pero esta vez, no. Y K-nnia, c(^iéndole de la mano, le lleva, entre la admiración de t(jdos, al coche que espera fuera. Después. la prueba en• el Estudio, cou excelente resultado. Patricio cree morir de felicidad. ¡T«MIO se lo debe a ella! Corre a buscarla, y cuando la encuentra, en un pa-^illo de los Estudios, su palabra temblorcjsa apenas acierta a expresar su gratitud. Ella comprende toda aquella emocionada timidez, tras la que se oculta un gran corazón. Y los labios de la mujer rozan con un beso de ternura aquella pobre frente cargada de sueños <pie ahora se están ha<;iendo carne de realidad. Esta es, esquemáticamente, la película que .José Luis Sáenz de Heredia ha realizailo. Un fondo muy humano, rico en matices, en finuras psicológicas, certeramente expresadas por la pantalla. Un film optimista, porque toda esa desventura de Patriííio—certeramente incorporado p o r Antonio Vico — se resuelve en un final amable. El m u c h a c h o debe su triunfo a la mujer con que soñó s i e m p r e — esa Emma Rivera, admirablem e n t e interpretada por Kosita Laca«a—. Y la películacierracon unaescenade ternura las horas de sueño, de zozobra y de ironía de la vida de este Patricio que un día miró a una estrella, poniendo en esa mirada todo 8U corazón grande y tímido.
B A Ñ O D M A W E S 1
El baño de la bellísima estrella de la Paramount no es un mero baño de placer, sino más bien un baño tónico, sedante y confortador. ¿Quiere usted que también lo sea el suyo? Vierta en él Colonia Añeja o úsela después para friccionarse. Esa precaución rejuvenece.
FRASCO, 2,50- LITRO, 15 PESETAS T
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De un supremo «ehie» y de una suprenaa elegancia ea esta «toilette» que ture aquí Wendy Barrie
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He aquí a Magde Kvans luriendo un 'grarioao y favorecedor traje de deporte
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en la bruma del tiempo comienzan a cobrar prestigios de vieja estampa los ai'in no lejanos dias en que nuestras abuelas hacían de su copiosa merienda el más grato momento de la jomada. Hín un plácidí) ambiente de trajes pomyíosos, suaves discreteos, miradas furtivas al galán predilect o y suaves melodías de músicas lánguidas y pausadas, >e desleían las horas fugaces del SfKíonusco, la clásica y tradicional merienda de nuestras damas mayores... .Más tarde, Inglaterra lanzó al mundo la moda del /tiw o'cíocfc ten, que no era, en realidad, sino un sutil pretexto para (jue las daraitas de entonces iniKRoinos
Carole l.ombard, la gran artríz dr la cleganria señorial y distinguida, con un atavío que revela su singular y arm¿nira belleza
ciaran sus /lirte a los melifluos acordes de algún boííon o al ritmo exacto, preciso e inconfundible del /ox, que por entonces inició su apogeo. Faldas enlravées, ambiente mundano, cosmopolitismo prematuro, primeros cigarrillos en labios femeninos. De pronto, el estampido de los disparos de Sarajevo invade el mundo y surge en todo su horror la gran tragedia... Duelo, desolación inacabables. Finalmente, tras de cuatro espantosos e interminables años, el armisticio. Luego, la jiaz... El mundo, y con él las costumbres, se transforma La mujer define de día en día su personalidad y va despojándose de vanos prejuicios y de convencionalismos estériles, y hace llegar sus sonrisas, sus sedvMXíiones y su inteligencia a todas las Híitividades (pie ftieron antes feudo exclusivo del homi)re. Sabe que la vida le ofrece bellos horizontes risueños y quiere conquistarla fK)r sí misma, aceptando al varón como un compañero, no como un tirano. Estima el apoyo, pero rechaza el yugo. Surge el csoncepto actual de la camaradería, que no excluye el auténtico ^ ñ p r . y se hace posible la convivencia cordial y mutuamente resfjetuosa del jPftmbre y la mujer. La vida femenina adquiere, a partir de entímces, inéditos perfiles. Al advenir la nueva etapa, todo ha de íicomodarse a la evolución, .\ctividades, costumbres.
MUMI a s
inolusive. La vida (iinñuúca y diversa que la mujer h a conquistada requiere atavíos provistos de mayor solfura . má^ l i g e r o s , de más cornudo llevar. Y es entímces cuando .surge, triunfador y d e l i c i c K s a m e n t e atractivo, el faiZícitr. Aun en sus balbuceos, este nuevo sentido de la indumentaria femenina es acogido con fervoroso entusiasmo. L«08 trois¡ñéres adquieren súbitamente una b o g a iasólita Boga, que no decrece, antes bien se intensifica, se acentúa, hasta el
jercitas de hoy—«luievos tiempos, nuevas costumbre-i»—, y con el que han sustituido el antañón y nutritivo soconusco de las antiguas merienda-* tradicionales y el más reciente five o'dock tea, ya casi en desuso. El clásico chocolate y el britanizante té, con sus aditamentos de pastelillos, emparedados y mer meladas, eran peligrosos para la «1 nea» y requerían demasiado tiempo El cock-tail, por el contrario, se bebe fácilmente, es grato al paladar tonificante al organismo y además—todo hay que decirlo—no engorda. Pero si cada actividad femenina requiee una indumentaria ad Aor, es evidente que también la «hora del cock-taü» precisaba la s u y a ¿Cuál sería ésta? I^a Moda, que siempre sigue de cerca las evoluciones de las costumbres, creyóse en la obligación de crear una tenue adecuada y «lanzó» infinitos modelos que denominó ro6c9 pour le cock-tail. En realidad, no estuvo muy afortunada I^as nuevas creaciones, si buscaban a la dama de hogar que gusta de reunir en su mansión a las amistades dilectas para ofrecerles la l)ebida de moda, eran, simplemente, una ligerísima variante de los trajes «para estar en casa», y si pretendían captar a la «muchachada» que toma el cock-tail en el bar, en el hotel o en el dancing, no le brindaban, ciertamente, otra cosa que el tailleur triunfante... Por eso la mujer, haciendo gala, una vez más, de su flamante independencia y de su libertad de iniciativas, ha resuelto la cuestión por sí misma, adoptando como atavio para todas las actividades del dia la del cock-tail inclusive—, si nos es permitido considerar como auténtica actividad los breves minutos que la mujer dedica a ingerir esos deliciosos brebajes multicolo es, el taiUeur, sin otras variaciones que las que acusa la diversidad encantadora de los modelos. Desde la chaqueta clásica, al bolero, pasando por la veste sera i corta, ofrécense a la insaciable avidez femenina todas las formas y todos los estilos. Y la misma diversidad se advierte en los tejidos a emplear. Todas las fantasías están permitidas, con la sola condición—inútil es decirlo—de que conserven cierta armonía en los coloridos y los dibujos. Predominan, preferentemente, las lanas ligeras y flexibles, de tonos neutros o rotundamente vibran-
lx>rr<ta Young vi»(icnHo un sugestivo y airoso Iraje, pleno de modernidad y de elegancia
Anna \jrt. la deliciosa y cxqniaita actria inglesa, víale en «rfa foto mmm elegantísima • toilette» primaveral...
Sólo (irela (iarbo. la incomparable actriz de la elegancia suprema \ personal, pvrér permitine excentricidades en el atavío, eomo la «jur muestra nuestra folo.„
tes; pero también están muy indicadas ciertas variaciones de sedas que afectando el aspecto de las lanas por la manera especial de estos tejidos, no tienen de éstas ni la ílensidad ni el espc-^or. ¡Boga del cock tail!... ¡Triunfo del tailleurHe aqui dos nuevos elementos que al incorporarse a la vida de la mujer actual son como triviales e intranscendentes símbolos de una existencia más alegre, más sincera, menos convencional. ¿Que «cualquier tiempo pasado fué mejor»? ¿Quién podria asegurarlo? Lo cierto es que la vida se transforma y con ella las costumbres. ¿Mejores aquéllas? ¿Estas, acaso? Tanto da unas a otras si, a la postre, la mujer sabe conservar indenme, en este peligroeo e incierto período evolutivo, su mías preciado encanto: la feminidad... MIOSOTYS
UN
DIVORUO
StNSACIONAL
E
N esta nuestra vida de tioy, tan inquieta y J varia, un divorcio es un hecho vulgar, un suceso sin importancia. Sin embargo, en ocasiones adquiere un singular relieve, y por la calidad de las personas que en él intervienen y las circunstancias que lo rodean entra de lleno en la esfera de lo sensacional. Y tal es el caso de un reciente divorcio, en el que los protagonistas son dos célebres actores de la pantalla europea: Gitta Alpar j Gustav Froelich. Si bien es cierto que no son ellos, pese a su reconocida personalidad artística, los que dan al hecho el, alto relieve de la actualidad, l^na tercera per-: sona, también de fuerte y acusada personalidad, ^ si bien lograda en otra muy distinta esfera, en i otro mundo social diferente, ha sido quien lo ha traído, con su intervención, a un primer plano y le ha dado categoría de suceso. Y esa tercera persona no es otra que el actual caudillo del pueblo alemán: Hitler. Hitler, que cruzándose en el camino de sus vidas, logró separarlas y variar el rumbo de cada una de ellas. ¿Con qué finalidad? ¿Con qué objeto? ¿Qué propósito perseguía? Veréis. Es una historia de unor que más parece una novela. Una de esas fiistorias que se dirían tejidas con los hilos maravillosos de la fantasía, y que tan bien cuadran a esos seres im poco fantásticos, un poco irreales, que son las estrellas del firmamento cinematográfico. Cuando la historia comienza, Gitta Alpar es ya célebre. Es ima magnífica soprano conocida en el mundo entero. Todo en la vida parece sonreírla Pero en su vida privada no es asi: Gitta no es feliz. Elstá casada con un abogado de Budapest. Pero son las suyas dos vidas totalmente distintas, que dificilmente pueden marchar juntas. Así lo comprenden ambos. Sus ideales, sus mundos, son tan opuestos que inclnso les obligan a vivir separados la mayor parte del tiempo. El, en su bufete, allá en Budapest, mientras ella, de triimfo en triunfo, recorre Alemania, Suiza, Austria, interpretando en escena el conocido personaje de la Dubarry, la célebre cortesana. En vista de ello, deciden separarse. Y lo hacen sin escándalo, amig a b l e m e n t e . Después, Gitta, libre de nuevo, marcha a Alemania. El cine sonoro ha p a r e c i do ya. Y su aparición la ofrece dentro del cinema alemán dilatados horizontes. Bien prtmto encuwtra un contrato. Un rote para debutar en la pantalla al lado de E m s Verebes, joven y célebre actor h ú n g a r o , como alia Fuera de los Estudios, continúan unidos por una cada vez mayor amistad. Sus caracteres 4on tan iguales, sus gustos e inclinaciones tan idénticos, que no tarda en nacer de esa amistad un nuevo amor. Amor que se acusa tan pujante qne deciden contraer matrimonio tan pronto puedan lograr unos días de libertad. Pero en el libro de sus destinos no Kste en «-I rostro dr (iilU Ai|iar. \iMr roHtro. r»|»rrit¡vo y candido, y cl excepcional temperamento artítttiro de estaba así escrito. • u poseedora, cautivaron al ^aUia eiaematográfico preUn nuevo y magnifi- dilecto de las damitaa de hoy. Guatav Froelich. y le llevó a dettpoMirse con la actria. Pero... co contrato ,se le ofrece
He aquí un retrato dr (^itta Alpar, en una «tenue» deportiva. Gitta Alpar, primero cantante rrlebrr y luego destacada actrix del film germano, es la protagonista de una historia de amor, que más parece una novela...
a (iitta por aquella época. Se trata nada menos que rodar un nuevo film como parterunre de Gustav Froelich, cuya fama de actor como de hombre guapo es tan grande entre las jóvenes alemanas. Para ellas, Gustav Froelich es, más <|ue un gran actor, un verdadero ídolo. La pelicula en que juntos van a aparecer en el lienzo iluminado tiene un titulo simbólico: Gitta descubre su corazón. Y, por lo visto, hace su {)apel de un modo tan perfecto, tan real, que el bello Gustav no tarda en enamorarse profundamente de su partenaire. Y Gitta tampoco es insensible a este nuevo amor. Pero entre ambos ae alza el ol>stáculo de E m s Verebes, el prometido de Gitta. Pero éste es un obstáculo sumamente pequeño para las dotes y habilidades diplomáticas de Gitta, la que no tarda en liquidar de un modo amistoso, y hasta cordial, aquel episodio, que |)ertenece y a a su |)asado amoro.so. Y de nuevo libie, puede convertirse en la mujer de Gustav Froelich. Y puede hacerlo sin pena ni remordimiento, pues que Verel>es va a casarse también con una gran figura femenina acariciada por las brisas de la popularidad: Idy Cohn, célebre campeona de natación, la que ha roto, a su vez, con su prumetido, el <;ampeón olímpico D'Arue Garg.
Y es entonces cuando aparece Hitler en estas vidas tan lejanas a la suya. Cuando se cruza en el camino de sus vidas, que, unidas, forman ya una .sola. El mundo del cinema que vive en los Estudios alemanes se agita nervioso e inquieto. Hitler acaba de dictar su famosa orden en contra de los no arios. Es entonces cuando numerosos e importantes elementos del cinema cruzan el Canal de la Mancha en busca de un refugio acogedor en los Estudios ingleses, faltos de elementos de calidad. Gitta y Gustav también sufren las consecuencias. Una gran cerrazón nubla el cielo de la feliz pareja. El origen de ella, poco grato, es la causa Hitler, por boca de suministro de propaganda, Goebbels, a comunica la prohibición de aparecer en lo sucesivo en ningún escenario ni pantalla a l e m a n a . Al mismo tiempo que hace saber a Froelich que debe elegir entre su carrera o su mujer. Pero la voz del amor es más fuerte que la orden del führpr. Al menos por esta vez. Sin embargo, Gitta se ve obligada a retomar a Budapest, mientras Gustav se queda en Berlín, r e t e n i d o aún por su trabajo. E^ta romántica actitud del gran actor aumenta su prestigio de hombre. Una aureola de mártir le rodea. Las margaritas a l e m a n a s suspiran a su paso y „. BrígiMr llelm, cuya elácoleccionan sus autó- gica belleza deslumhró al mundo en la Antinea de grafos y fotografías. En tanto, la gentil «AtUntida», se eruzó en la vida de Gitta .\lpar y estrella húngara, que Gustav Froelich, determial regresar a su patria nando el divorcio de ambos ha vuelto a renovar sus triunfos escénicos, estrena La reina enamorada, que la proporciona nuevos laureles de gloria Pero que también la trae un nuevo desengaño. La felicitación de su marido, que es siempre la prinaera en llegar, no llega en esta ocasión. Pasados irnos dias, es un frió y la<;ónico telegrama lo que viene a sustituir a aquélla. ¿Qué cambio se está operando o se ha operado en el ánimo de Froelich, antes tan enamorado, tan apasionado, y attora, por el ocmfcrario, tan Crío y tan indiferente? Indiferencia que en el correr de los días se acentúa hasta el punto de hacerle insensible a las nuevas noticias que le U^an de Budapest, y que hablan del amor que Gitta ha des[)ertado en su pareja artística, y también de que la maternidad ha aumentado los encantos fisic^os de su mujer. El hombre que sacrificó a la bella no aria un brillante porvenir alardea ahora de nna indiferencia casi ofensiva. ¿(íausas? Un famoso abogado frant^s decía, con una clara visión de la psicología de los hombres, con un pleno conocimiento de los mismos:
«buscad a la mujer». En todo asunto, por ajeno que pueda parecer, buscad a la mujer y hallaréis la causa. Y en efecto, la causa tenía nombre de mujer. Una mujer había pasado por su vida. Una mujer de fascinante belleza, una mujer interesante y sugestiva: nada más y nada menos que la famosa vampiresa de la pantalla alemana Brigitte Helm. Brigitte Helm, que, además, le ofrecía el risueño porvenir de poder reanudar su vida artística, interrumpida ahora por los lazos que le ligaban a la bella no aria, la que, menos insensible, menos indiferente, no bien tuvo conocimiento de la causa que le mantenía, lejos de su lado, se apresuró a decir: —Yo no quiero entorpecer la carrera artística de mi marido. Y ya que nuestro matrimonio le impide trabajar en Alemania, yo consiento voluntariamente en divorciamos. Tan sólo con una condición: que me deje a mi h i j a Yo, a cambio de ella, le devuelvo su libertad. Gustav FVoelich accedió, por lo visto, ya que el divorcio se efectuó en fecha aun no lejana. Hitler, con la indirecta mediación de Brigitte Helm, había ganado la partida al amor.
I'ero nuestra historia, como esas películas \ comedias que invariablemente terminan bien, y que tan del agrado son de cierto público, también tiene un epílogo con boda. Porque Gitta Alpar, a lo que parece, no se resigna i^lorar eternamente el amor perdido, y con el fin, sin duda, de tomar una revancha sobre el ingrato Froelich, ha anunciado su pró.\ima boda con un joven de rancia nobleza, perteneciente a una de las más aristocráticas familias de Europa. Y al decir de Gitta, el joven Antoine Szapary posee una sangre más pura que la del bello Gustav. Y he acpií, sin quitar ni añadir nada, la historia de amor que paret^e una novela. LUCIANO DK
ARKEDONIX)
Finalmente. conteni|*leii ustedes aquí la eligie del gran Froelich, del admirado Froelich, d e l - n o v i o ideal de tanta y tanta Itella muchachita... También él es protagonista de esta historia, que no nos atreveremos a llamar sentimental en homenaje al auténtico sentimentalismo,,.
Sirnn lie Simoii-hcUeza Jiiiu sifa\-e. (le linea a un mismo tiempo clásica y moderna-e.s ana actriz a la (¡ae al«riinas interpretaciones ina^i níjicas han situado en el primer plano de la pantalla. Sa <rran triunfo en ^ El lafr<t dé las damas'' reiteró, una vez más, ante el público cinematográfico, la calidad, ma<ristralmente fe menina, de su arte lleno de gracias y de seducciones, jufío.so y e.rpresi\'o. l.a pantalla francesa tiene ano de sus me/ores orgullos enla ^ran belleza y el admirable temperamento cinematofuráfico de esta encantadora Simone Simón.
n D ebisafo d9 artQ
Va lo lictiH».» (liclio <'ii otro número. INildicareriio* lo» "votos" Ac (-¿te pieliiscilo en |»ro del eiiieiiia iiaeionsil por urden riijuroso de roeept-íón. A n u e s tra <:iiii|i:ifKi liaii -i'-jtoiulido con ent i-iü^inii i-u.iiilo> «c (!-co«ii|»an |)«.r dotir a l'>pai*ia ilc un clniMna propio, lilirc de tralia> íi«^•al^'^. ipu' e n este ca*o vienen a ««T para la Hacienda lo que val(|arni<-iil<> m- llama ••«•liarle tierra f n lo> ojo». \ a i|ni' al iin|i(MÍir o . por lo menor*, düienllar el desarrollo de una yraii iiütii^iria c o m o la del cint'.n it«'>i}rafo. «c perjudica a la ecdiioniía nacional y. por con-ii(UÍ('iil<'. «c ciegan l'ucnio de riqueza que pudrían Iriliular en unji pnporrión iiiíinitnnirntr ma^ or que la i"viyitla a ir.ir«tra n a i i c n l e (-inein iloyrafí:;. VI uu «er fuinpren'tivu, rl Fiseo paya a u t o qne nadie la:* cousveueucia.- de »u ceij.iera, reali/ándo^c en él la nioraleia de aquella iáltula de Canipnamor: "Es el mundo, a mi ver, una caHena Ao, MHlando la bola, el nuil que liaeenius on calM-za ajena refluye en nuestro mal por caraniliola."
el reparto do mercedes, como si lo<los fueran unos: héroes y traidores, sabios e ignorantes..." Fotogramas y tapones de eoreho. añadimos nosotros. Pero volviendo a nuestra idea inicial, repetimo<4 que puhlÍ4-ainos por riguroso orden de recepción los "votos de productores, actuarios, artistas y escritores, que, cn verdadero torbellino de cuartillas, caen sobre nuestra encnesla. Y como no es posible insertar en cada número cuantas opiniones se'reeiben semanalmente, nos atenemos al registro de entrada, y sin otra clasificación, que sería impertinente, van saliendo en eada número de r.IXE(;R.\MAS ias que llegaron primero, hasta que se llena la estrecha urna de esfa plana. Mas no haya cuidado: todas las papeletas, unas antes, otras después, entrarán rn la urna. Porque sí a nuestros colaboradores en este plebiscito les svbra el enlusiastno. a nosotros nos asiste la tenacidad. O el Fisco entra en razón, o con nuestros clamores lo vamos a poner más sordo de lo que esté. A. G.
Mi opinión es q u e d e b e desaparecer por completo ese impuesto •leí 3,75 p o r ion.
Cualquier gravamen nuev(i sobre la CiJicmatografía
cn algunas de -ns ramificaciones es destruirla; pero considero que revocar lina ley es muy lal)orio,so para un ministro, y que, de intentarlo, aun consiguiéndolo, se tardaría lo suficiente para que los productores se diesen cuenta del desastre que se les avecina y paralizaran la producción. Como medida urgente para que esto no suceda es necesario exceptuar a la producción española de dicho impuesto, sin perjuicio de, cuando las circunstancias lo permitan, ampliar esa excepción a todo el materia. Mateo Notario. Para nuestros gobernantes ha sido más cómoda y de menos complicación adoptar la postura de apretar las clavijas a los industriales cinematográficos, en tal forma, que cada día se no» hace más difícil nuestn I doaeuvolvimiento, en lugar <le ocurrírseles algo que, beneficiando est a industria, la hubiese colorado a la altura en que otros países colocaron la s u y a Claro es que e s t o último h u b i e r a sido lo asombroso. Debe supri-
mirse de una vez y para siempre cualquier impuesto <l e excep<'ión que grave nuestra industria, y a que el Gobierno no debe de entoqiecer el desarrollo de la que, sin ayuda ni protección de ninguna clase, ha creado nuevas fuentes de riqueza. Fronctsco Puigr>ert Concesimtario en Madrid de Gaumont y de la Cam Enrique Huet.
Amigo Guzmán: La campaña que viene usted sosteniendo en pro de la supresión de impuestos a nuestra modestísima producción cinematográfica merece el aplauso de todos los que casi por romanticismo soñaluob .^ou un cineiua nacional digno de n u e s t r o idioma y tradición artística. En todas las naciones se presta a y u d a al cine, bien fijando porcentajes para la producción e x t r a n j era, b i e n con I a e x e n c i ó n de t r i b u t o s a la industria nacumal. En España nada se hace, ni lo uno, ni siquiera lo otro. Los Gobiernos prestan su ayuda al libro, como divulgación de la cultura hispana; bien está. Pero ¿es que el cine no divulga también dicha cultura? Presta el Gobierno ayuda a diversas industrias para remediar el problema del paro; también está bien. Pero se olvida de la industria cinematográfica, que, por su complejidad, daría trabajo a pintores, carpinteros, electricistas, decoradores, sastres, escultores, arquitectos e infinidad de oficios, sin contar con los ingresos que esta industria pro-
porciona a las Compañías de transportes, hospederías, etc. También seria una eficaz ayuda ])ara ¡diviar el paro en que están la mayoría de los actores, puesto que el cinema español .se nutre de .-^us filas. En resumen, serviría para que en el Extranjero empezaran a conocer nuestra España, para dar trabajo a tantos <|ue lo ne<;esitan y para dejar en nue.stra patria muchos millones que hoy vuelan fuera de ella Y natía más. Siga valiente en la brecha y forme una Comisión |)ara conseguir de los Poderes públicos lo que tanto beneficiaría a nuestro querido cinema. Suvo afectísimo, .intotiio
GU, uVarUlas»
Atravesamos un momento preciso y de probable progreso, en que al cinema hispano le hace falta una motorización industrinl. i m a abierta, decisiva y eficaz motorizac i ó n icdustnal. P o r lo t a n t o , cualquier traba impuesta por el Estatlo en el orden económico sería lo suficiente para anestesiar la f l a m a n t e vo1 u n t a d emprendedora de los financieros, que con tanto ahinco intensifican en la actualidad la producción cinematográfica. Es hora de preocuparse, de la forma que sea, del cinema como industria, puesto que sin esto último no podrítunos llegar nunca a verlo como arte, ni menos como manifestación humana y social de la vida. .4. del Amo Algara Estriior.
Encuentro absurdo el que a la industria cinenmtográfica todavía en embrión—se le ))ongan tributos, en lugar de protegerla, como se ha<e en otros países. La producción española no debe soportar ni el siete y motlio, ni el tres setenta y cinco, ni nada, sino todo lo contrario: h a de estar exenta de tributos, único medio de contribuir el Estado al engrandtvimiento de nuestro cinema, abandonando el suicida p r o c e d i m i e n t o de ponerle trabas e inconvenientes, ya que a este paso vamos derechos a la ruina de lo que todavía no se ha edificado. ¿Por qué dejar desamparados a un número considerable de directores, actores, escritores, músicos, electricistas, pintores, etc., componentes de esta industria artística, a los cuales se les pasan los años sin trabajar por falta da producción? ¿Por qué el Estado no funda una productora en gran escala para hacer un número de films al año —^trayendo técnicos extranjeros de (piienes aprendamos lo mucho que ignoramos—, logrando de esta forma dar trabajo a ese elenco técnicoartístico, al mismo tiempo que se logra im fin sencillamente patriótico y se evita ({ue sidga de Hispana un número considerable de mil (mes que se llevan los productores ext ranjeros? Msto y mucho más es lo que podía hacer el Pastado, en vez de complicar y entorpecer el desenvolvimiento de esta nueva industria con impuestos que, lo repito, acabarán |)ara siem[)re con el cinema nacional. Pepe Agüeras .•Ictor.
*'uiperador. Está dirigido por M. Forsano. La partida ^apole«')u a la isla de Elba, las escenas en el Golfo Juan, ilise.i de Grenoblc, el entasiasmo de las tropas, WaterJ'"'- e^tán cuidivlosamente concebidos en Los cien dias. "1 el .utor KíM-ca trabajan Emilia Varini, Rose StradHino I^Kclii, Bigliotti y Picas,so. El film ha sido muy I a«(»gid(i en Francia, anotemos que el (bmité Internacional de Difusión Ar'd y Literaria para el Cinema le ha concedido su Gran ilc lus I-lstudios europeos, los alemanes. La época de Joinville pasó. Como qui de desacreditar el mercado continental. \ escribía José Luis .Salado, aquello no había sido sino una manera muy yao- ' 'uio 11)35, premio que en anteriores años habian conquis'•«lü Cruces de madera, de Raymond Bemard; Cese d fuego, Lilián IIar\'ey y Hans .Alber, aprovecliando este apogeo consolador, han 'oseph Ke!<.-cl, y El [>an nuestro de caula dia, de King Vidor. de Neubabelsberg, convenció fácilmente a IJlián en un reciente viaje firmado nuevo contrato por Uf;;. Emst Hugo Correll, el jefe de producción • • por Inglaterra. Alenumia prepara grandes cosas, aupadas en ca.si su tot ^ i d j d en dos éxitos bien claros: El Congreso se dirierte y El desfile del .. I n (*f)erador francé.s de actualidades ha salvado el Atjiaraiso. Es decir, opereta, suntuosidad, lujo, grandes escenarios, masas !*ntic», a bordo del Santos-Dumont, realizando im reportamovida." con wicrto. uniformes, etc. ^ cinematográfico de tma importancia excepcional. Uta, que prepara Huelga conyugal, adaptación a la pantalla de la El cameraman ha hecho 28.000 kilómetros de vuelo y 2.000 obra del mismo nombre de Julius Polil, ha contratado también a George '^tro.s de pelii •ula. I<]n Junio o Julio será proyectado el reJacoby. ¿Algo por el estilo de Paprika esta nueva producción? ¿Algo l'Ortaje. ' l i a habido ocasiones—dicpel de<i(li(lo re,)ortero—• por el estilo de aquellas comedias con ribetes de vodevil que Harry ' ^ que he tenido ne<!esidad de realizar verdaderas acrobaLiedtke filmaba por montañas nevadas? Mitad y mitad. Dentro del para obtener vistas que tenían inenarrable interés. grupo de producción de Karl Ritier se ha comenzado ya el rodaje de ' irascLs de nieve, los Alpes, las selvas americanas, loe los exteriores en los Alpes bávaros. ^^ch(»s p.uuperos, la cordÜlera de los Andes, las plantaLa misma Casa productora ha terminado un film cultural, logrado 'i<>ne.s de café en el Brasil, etc., han pasado rápidamente con esa sensibilidad y ese detalle que concede a los germanos nn puesto epliil,,¡,le. Ustedes verán...» privilegiado en el mundo en cuanto a películas documentales se refiere. V el rameranurn se despide con un gesto despreocupado, De los incas, mayas y aztecas es el titulo de esta joya aun inédita. La darle mayor importancia a su o b r a cultura de ios pueblos indios, los restos de su antigua civilización, la vida actual de la población indígena, desfilan ante la cámara tomavistas. Ni exceso ni defecto en el metraje. Un gran film, al parecer, para t'artelera de última hora a través de los cinemas de Pauna primera parte de programa. I'.ii el Gaumont-Palace, .4 las puertas de Paris, de JoEn una palabra, Tempelhof y Neubabelsberg, los gigantescos Estudios Day. (Jaby Morlay y Georges Thill, dirigidos por de Berlín, son centro de plena actividad en estos momentos de alta coH.irrois: en el P^rmitage, Romance en el Manhattan: tización del mercado europeo. Mientras que en algunas partes de los EsI l'autheon, Regina, de Luise Ullrich y Adolf Wohltudios se levantan nuevos escenarios, los cameramn salen en busca de ''f'iek; en el Studio 28, Las aventuras extraordinarias dd exteriores, decididos a captar el mejor paisaje para sus producciones. En 9Kin Bamum, de Wallace Beery; en el Colisée, Matemiotros rincones se desarman decoraciones. Berlín prepara cuatro nue'^'*d. dirigido |)<»r .lean Choux; en el Studio de la Bohéme, vas cintas, de las cuales se ha n ^ a d o a facilitar su titulo; pero que serán—a su decir— . un a c o n t e c i m i e n t o en el
plena producci
rola y Henry Boae en «Kl barón gitano»
Uorit kreysler en «Viento fresco dei Canadá»
R a l b e Gold e • aAnfi.. trióni.
f
cinema nniversal. WUIy Fritsch, el Henry jirih^ Garat de Alemania, ha terminado de |)osar ante los tomavistas para la realización de Anfitrión, que dirige Keinhold Schünze). Te. ,.'r j niendo como partenaire a Adele Sandrock, '' i . aparece Willy como dios Júpiter ante el palacio '* ' de Alkmene en busca de gtdantes aventuras. Wi• / lly Fritsch se ha quejado varias veces ante el di' ' rector de las incomodidades que le supone la en' carnación de la figura que se le ha designado. Pero ^ ante la clara soiuisa de esta nueva alemanita que es ^ Adele Sandrock, Willy 33 encoge de hombros, ofrece un cigarrillo y termina por soru-eír también. Willy piensa, de seguro, en los millares de mujercitas que, como Adele, permanecerán durante hora y media en los patios de butacas de todos los cinemas del orbe, llamándole «cielo» al intérprete de Anfitrión. ^ • • I Films de guerra o alrededor de la guerra. E n el Olympia de París e» I acaba de proyectar una cinta, hablada en francés, bajo el titulo d6 ' Los hombres olvidaclos. Está realizada por los antiguos combatientes de las naciones beligerantes. Se han aprovechado escenas bélicaí» guardadas en archivos cinematográficos de varias naciones. I J O S «recortes» haO sido ordenados con perfecta lógica. Un comentario hablado por un antiguo combatiente ante sus camaradas de Inglaterra, Alemania, Itali«i Kusia, Estados Unidos y Bélgica recuerda los priikcipales hechos de guerra diu-ante los años 14 al 18. Los hombres olvidados, son, naturalmente, los antiguos combatientes. Ustedes sabrán deducir ya la tendencia de 1^ nueva producción. En el Cine-Opera se ha proyectado Los cien dias, hablado en italiano, según la obra de Mussolini. Conrado Kaeca encama prodigiosamente la figur»
^'fmtnce cienes, de .Magda Schneider y I^eo SIezak, con inúde Strauss; en el Cinintran, Tierras quemadas, reportade Dekeukeleire; en el cinema de L'Avenue, Little Mi '^^ler (tiMiavía sin titulo europeo), de Katharine Hepbum; r.¡' el M.vrignau. (¡ólgoUi, de Harry Baur; en el Wásnington, V Fountain, de -Vmi Hanling (también sin título franv en el Aubert-Palace, El hombre que sabia demasiaS de l'eter I-orre y El desfile blanctí, de Jhon Boles y '-"fetta Young. L n s i>K ALDAOIA
VngeU Solloker e a «iiMiM
de Arro.
CAPÍTOL MAÑANA LUNES ROBERT \{eito^l<Í%»¡i^n,'^^er /'^yi^ presenta:
=
PALA
oUloüNiU
SICA
MAUREEMí
O'SULLIVAN
MAÑANA LUNES ESTRENO cU
V.
.....^¿Sk'düi,
CHINA )
U N C U C I Í L L C L O Í A Y J C X /X B L L ^ IN FILM
M^^NAGyy%fWT5CH
P R EN S A J O A N
BLONDILL^PATOMlEIi^^^^
CON KxXM PP»ANCIS KícoAxloCOhTEZ QeruL PiAyMOND
P . E A L I Z A C I O N
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CÜ2. PiAy HENÍMCWT
Í^ObEftT FLOPiEy
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FINO. Q^NCUIO/^ 'Y.
P R O D U C C I Ó N
AK West tiene, según se ve, un nombre estadounidense cien por cien y, probablemente—ella, al parecer, es una mujer meticulosa—, una cédula o camet que la confiere categoría de ciudadana de los U. S. A.; pero, en realidad, en la realidad de su espíritu, Mae es, antes que nada, una francesita charmaníe, o, más exactamente, una encantadora parisién de ese París-p/aisir, nocturno, atrayente, frivolo y un poco perverso por el que suspiran todos los nostálgicos calaveras del planeta. Ella, como París, ese París de la si^;ría ultrarrefínada del vivir, tiene una terrible historia amorosa—¡oh, todo Hollywood, y especialmente la l i g a de la Decencia que allí actúa, se ha estremecido muchas veces con sus galanteos escandalosos!—; goza haciendo gozar a los demás—ella ha dicho al ref>ortero francés G. L. George: «Mi oficio es divertir a las gentes, a toda clase de gentes»—, y después de todo, de esos escándalos, de esa aureola de perversidad y de eso8 mundanos pasatiempos por alegrar la vida al mundo enten), quizá, como París, ella no es lo que parece. Pero lo s a l » aparentar tan bien, que es posible que causara al mundo una tremenda decepción si, en realidad, pareciese como es. Mae, como París, tiene su leyenda, y esta leyenda importa ya más en su vida que su vida misma. Ahora, por ejemplo, la encantadora parisién—de espíritu— Mae West acaba de filmar en Hollywood una última pelicula, cuyo titulo, ¿simbólico?, es en inglés Mote am I donig, y que en español podria traducirse, ateniéndose al espíritu general del film, por ¿Qué le parece a usted que parezco yo? Pirandeliano tema, que, como se ve, preocupa grandemente a esta hada «platinada» de los frivolos placeres. Sólo que en un sentido totalmante contrario a como mira este problema el serióte autor de los Seis personajes. No; Mae, la risueña desafiadora de la «Ligue de Decence» hoUywoodense, no busca—¡no, por Dios!—seriotas profundidades filosóficas, ni transcendentales complicaciones sentimentales, ni, mucho menos, nuevos descubrimientos psicológicos que obliguen a poner a sus admiradores una cara de asistentes a conferencias sobre metafísica. Ella, musa alegre del placer, tiene un concepto puramente pagánico de la vida, interpreta de un modo epicúreo el nvementó homo, sabe que el mundo actual está neurasténico de aburrimiento, y fiel a su generosa y ligera filosofía, no busca más que lo que ella misma ha dicho al reportero parisién: «Divertir a todo ei mundo». Así, cuando Mae West pregunta desde la cabecera de su nuevo
yo?, ella no aspcontesten que parece i., que aspira a parecer a cada Uu.. mismo quiere que le parezca. Al frivolo, i.. vola; al perverso, perv-ersa; al amoroso, amorosa; al divertido, divertida; y a todos, el símbolo alegre de la alegría del vivir, ^'^••aue esta moderna Friné del ecran, con un ^"ro del tiempo en que le ha tocado •'na individualista cortesana ^eauhamais o,
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bre todo—i».. CÍO;eno es otro que c. les ofrezc». acierto en lo que (Or ejemplo, intervienen seis perso.,.. males eomütuye un tipo de hombre diferente. cera a ustedes otro nuevo capricho de pretendo Mae, ¿verdaa> . e» ' "''n: no hay nada de eso. IM que yo con ello " -'na de las espectadoras de mi film pueda encon•^im seis masculinos su setipo "OS personajes he invertido tan sólo en -'^ estoy aeguTA de que " - de él. • . peto "V^YvoS quc de ft^e?; r.,at\s^e^'_« tr&T en uu^ estos )articular. Más de dos meses Ae he " i.. esto_). _ eceiouai- estos seis personajes; pero toda^ la« mujeres habrán de sfúir satiafeichas de ej. Ix>s invitados oyen estas teorías—ya realizadas—de .Miie West sin pestañear. Pero al llegar a este punto, imo de ellos se atreve a interrumpirla irónicamente: —Muy bien, Mae; muy bien. Con esos seis perorónos de tipos distintos, claro, es más que ^-o las mujeres salgan contentas. Pero ^«s mujeres de diversos tipos ^««^ que ellos se sonajes vm . ^"'u...ro hombres? que todas las ¿y muj_para van a intervenir¿Cuántas en su film, muestren encantados? Pero Mae West, ante esta irónica interroga' tenido una admiral>le respuesta de gran ^'^esana de multitudes: Ae í eí\cO* * Sí, solamente yo, por, ne , . vo sola me ha«to para, < ixe-tirles
Atoaos.
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la mujer que deanecesite. En tomo esta mujer, iinica misión ^'ar de sonrisas loscuya posibles ásperos - vidas humanas, todo es \>e
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.^(es—comentaba a raíi este suceso—esa frase inocentísima no la decía más que e»^ • 'm. Ahora, desde que la Liga me /a enorme perversidad de tal .tt repito en público a todr « e / a -«ues y a toda hora: «Venga uno de estos días...» Es lo más probable acabe ru-~ las -CÍOSA Mae West —si se lo propone • por completamente tonta, que ha a las puritanas de Hollywood, ellas abrán por qué. U) que, en cambio, quizá no llegue poner en moda esta deliciosa mujer ea su decidida H!»"-'' el trabajo y esa rigurosa abstinencia en ,.cis que SE impone voluntariamente para i ipierta la ima<^-^ ionpara el traba*
o a :'a8adena—co^ playas de moda >a propia Mae—, cuando nocotra-.^oas tan- terriblemente impertinentes ..iircí, de escribir los diálogoe de mis films, de havestidos. de ser interpretada en ellos; porfíeúltimo, -/cción de.,ae mis Y no;que no nadie es que yoque noy,me de de . tis, sencillamente, que yo sé mejor lo mtodos estos aspectos. Aunque, por lo demás, yo me «>^abierta siempre a todas las sugestiones, modr' siglo. No tengo amor propio. Si me f^-' todo lotodo quemi puedo por acert»»* sagro En Hollvw^tiempo
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a la pei'sonalidad pública de Alexander Kni da dos valores específicos: el valor intrínseco «. artista y el de animador cinematográfico. Artista n cineasta puro; como se quiera. Animador de espíritu fuerte, capaz de mover, no el teclado exclusivo del arte, «ino el tinglado absoluto y general del cinematógrafo, con sus ramas de industria matematequizada. Aqui a la palabra animador la hemos robatlo bu acepción usual. Se puede llamar propiamente animador, como se sobrentiende, a un director del cinema que anime imágenes; que cinoplásticamcnt realice muchos y muy bellos pensamientos. Alexander K o i da anima mucho más que imágenes: agita y maneja audaz y resueltamente todas las cuerdas del cinema. Al lado de un «guión» en preparación, al cual no deja de añadir notas y más notas hasta terminarlo, tiene un block emborronado con números y operaciones aritméticas. Nota.-* difusas y apuntaciones de todo género. A su espalda, enfrente o al costado, se haya, a fc mejor, una puerta que no dej a de abrirse y cerrarse, y sin dejar de salir y entrar, un ordenanza que pregunta y contesta cosas sin cesai- un momento. I J O S borrones y las cifras cabalísticas del block aumentan. El «guión», disperso en multitud de cuartillas pin encima de la mesa, ha sido re<;ogido y guardado. Alexaiv der Korda es solicitado para cosas que no le atañen direct i mente. Ahora reconstruye los borrones del hliu-k. Tien* . EKiNEN
Alexandrr Korda, el gran direrlor húngaro, que a sua tálenlos creadores y a su poderoso lemfteramcn(o excepcional u n e un entusiasmo sin límites' por su profesión, que él ha sahido elevar a la categoría de arte puro y limpio...
l'na escena, donde aparece Florelle. di-l film de^ Alexander K<M rodado e n {-.«tudí franceses, l.a dame «Ir »• che* Maxim.
un valor de toda una mañana o de toda una tarde. Son el resumen dt varias visitas, de varias preguntas, de varias interru[)CÍones por teléfono desde los cuatro ámgulos de los Estudios. Korda llega a ocuparse de cosas que no le importa En este momento ultima el plan de trabajo y de compras para presentarlo ante la Junta adrainústrativa. El «guión» para su nuevo film queda olvidado.... pero por unos solos momentos nada más. Alexander Korda vuelve enseguida y se pone a trabajar. Es un hombre envolvente, activo, fuerte y extraordinariamente impulsor. Es el artista y el organizador, con toda la sensibilidad del primero y con toda la ruda y autoritaria celeridad del segundo. Tal .se nos antoja Alexander Korda. Elevar una industria, sin jugo y seca como un ripio, lo puede hacer quien disfK)nga de millones para ello. Imprimir en todo esto una categoría superior, compatibilizando todo lo demás con el arte, ya es más difícil... Alexander Korda fundó en 1932 los Estudios Ix)ndon Film Productions. Por lo tanto, nos lo imaginamos como projiulsor colosal de la industria cinematográfica en Inglaterra y como artista creador de La vida irivada de Enrique VIII y El último amor de Don Juan.
• •
Alex»mder Korda nació en Hungría. Ignoramos su pueblo; pero sabemos que se crió y cursó sus primeros estudios en Budapest, Empezó a tra' :ijar como fotógrafo. E.sta profesión le sirvió para ingresar como reportero gráfico en una Agencia periodística, y con ello viajar por algunas ciudades de Europa En 1!)16 dirigió su primer film en Budapest. Después pasó a Viena, Roma y. finalmente, a Berlín. En Berlín realiza films tan importantes como La moderna Dubarry, piu-a la U. F. A., y con su entonces esposa María Korda al frente del reparto. La señora no quiere niños, también en Berlín, para la Fox alema
na, con Mari: Korda y Ilarrv Liedtke. En Alem a n i a permanece \M muchos año.s y su 1 estancia le sirve de perfeccionamiento técnico y artístico, para más tarde tomar nuevos r u m b o s . En 1926, diez años después de su salida de Budapest, marcha a 1 íolly wood contratado por la First National. Su primer film en la First National es mediocre y de muy poca transcendencia comercial. Dirige otras obrita-s más de muy jioca significación y hace un paréntesis en la P'irst Nationa por tres años. Trímscurrido este tiempo en un contrato hecho para la Fox, vuelve a la First Naticmal con todo preparado para realizar Pñrate Life of Halen of Troy. El argumento de Joluí Erskine, la interpretación de María Korda, Kicardo Cortez, I^wis Stone y Tom O'Brien, y su admirable trabajo personal en la dirección de los decorados de ambiente histórico, hacen a La vida pnvada de Helena de Troya una obra famosa y con ella a todos sus colaboradores artísticos dirigidos por ima capacidail como la de .Mexander Korda. Hasta aste momento, Alexander Korda había estado sometido en cierto modo a algunas exigencias de la vida artística y del temperamento (ÍL ^U mujer Main a. No es el primer director (pie sucumbía en muchas de sus intenciones ante los megos de su esposa. Tenemos directores de éstos en todos los países, incluso en España. Alexander Korda, tras de algunos años de limitar sus facultades artísticas y posponerlas en algunos puntos a las de María Korda, logra libertarse con FA amor y el diablo, (jue es como su broche definitivo... En El amor y el diablo, María Korda trabaja por última vez bajo la dirección de su divorciado esposo. La primera pro<hi(;ción «libre» de Alexander Korda es The stolen bride, o Lo.s húnares de la reina, hecha para la First National con Billie Dove y Lilyam Tashmann. Después de realizar muchas más del mismo corte que Sin escudo ni blasón, no vemos nada digno en Alexander Korda, htiísta el momento en que adapta a la
acostumbra a bus-
Ln momento de «La vida privada de F.nriqíir VIII., film realizado en lo<« Fjitudios ,„„d„„ por Alexander Korda, e lo-
carlo, y si no lo enciien-
lerprelado m a g i s t r a l -
ro, smo que
tra exige una concesión
pantalla la obra teatral de Marcel Pagnol, Marius, rodada en los Estudios franceses de la Paramount. Desde Francia se traslada a Inglaterra, para filmar Service for Ladies, Wedding Rehearsal y, sobre un escenario de Ilenry .íeanson, IM dame de chez Maxim, para la Pathé Consortium de Francia. Aquí cierra su serie de producciones aisladas en víuios Kstudios y varias naciones para consagrarse por completo a los Estudios IjOndon Film, creados por él en 1932.
•
•
Alexander Korda tiene un carácter perfectamente estable en la plataforma de los temas cinematográficos. El fondo argumental en sus obras es exactamente parecido o intenta serlo. Korda requiere la ayuda del argumentista, pero es a base de imponer condiciones. No suele realizar sus films sobre el primer argumento que se le pone a
,
mente por Charles l.auehton
exclusiva y en comunión con Sil temperamento. Alexander Korda se nos rcsnia en sus films como un tipo de Inimorista fino y puro. Humorismo tan ridiculizante (pie adquiere en infinidad de momentos las proporciones de la sátira traída a un primer término. Korda es, por lo tanto, un satírico suave, sin otra intención que la punxmente civil. A Korda le dijo im dia un gran amigo suyo: Ya que te interesan tanto los temas históricos, ¿por qué no llevas al cinema la vida pública y oficial de muchos de nuestros grandes reyes, héroes y colonizadores? —No me interesan. —En cambio, yo no veo el motivo. La historia de muchos reyes apasiona por su simple eco popular. La intervención del mismo Enrique VIII en la política del Estado; en ejecuciones famosas, como las de Empson, Dudley, sir Tomás Moro y Fisher, este último obispo de Winchester; en las negociaciones con Roma; en la guerra contra Francia, en multitud de ocasiones... —Este Enriíiue VIII no ejerce la menor atracción sobre mí. En la vida pública todo el mundo mecaniza sus movimientos y controla sus actos de tal suerte, que nos pueden parecer perfectos y, en con-secuencia, insípido. Mis fines no son éstos. Aspiro al humorismo y a la sátira, y esto sólo se puede arrancar de la vida privada de los hombres, que es donde su conducta aparece tal cual es en realidad. Sin afectación perfeccionista.. En La vida privada de Helena de Troya todo es una sátira, una ironía y una corriente general de humorismo, bien situado, sobre Helena, su esposo Menelao y sobre todos los devotos que consagraban el culto de la temida y divinizada hija de Zeus. En Enrique VIII, el humorismo sobre un rey que trata de pelear y de vencer sin fatigarse, se une al c(mtrast« triste y expresivo de su vejez; vejez de gran hombre, inválido y venerable. Alexander Korda es el mismo también en Lo dame de chez Maxim y en El últirm) amor de Don Jium. E& un gran humorista y un gran satírico. Humorismo y sátira que en sus obras son lanzados sobre los vicios y debilidades privadas de cada persona, sinceramente im}>erfecta para sí misAlexander Korda r a n i ma y ceremoniosamente biando i m p r e s i o n e s ron Douglas Fairbanks perfecta para los demás. acerca de unas rxrenas de 'Kl último amor de Don]uan>
A. DEI. AMO ALGARA
EhPPiODUCClÓN
can GARy COOPEP. ^FPiANCHOT TONE WCHAP»D CROMWELL ^SirOm STANDING ^ CAUBREU SflAITH MONTE BLUE ^KATHLEEN BURKE ^Direelor: H.HATHAWAH
FILM INSPIhADO EN LA NOVELA DE FRANCIS UEATÍ BROWN
IBÉKfGA FILMS ^/m¡üj^ el ?u)daj¿ de. La ^(ihíMmhj aocíoriaL,
UNA CARCAJADA CONTINUA HILVANADA EN UN ftEGOCUANTE ARGUMENTO
mTERPRETAOO P O R ^ ^ ^ , ^ , ^ ^
^ ^ ^ ^ ^
•CASTWTO- Haíadmmh ¡/il^mmO'Forluriw BONANOVA » GEBAUER • AnJmw PALACIOS • Ma/iü{x> PAWS • ¿m VILLA Áríuo DUAWE • ¿fljrfe-BLANCO • V\í(¡cjám,áe.Maxuno NOSS
I J Ü fütogiafia de Vuias rotas et* excelente. \ ' en la interpretación se distinguen, por orden de méritos, Pepe I.sbert. Lupita Tovar y Maruchi Fresno. Deducimo.* «jue en esta cinta nt) han dejado íM^tuar a Fernández .\rdavin. Falta»; de l«>s editores, <iuj' no se ptieden ¡ichiuar al joven realizador. C0IJ.SKV1M
•'Resta rn Palacio'' Opereta de Htrau.ss *1 último vals . adaptada con pleno acierto a la pantalla. Parece increíble que en este géneri), tan repetido en la producción centroeuropea, quepan aún aspecto> inéditos e interesantes. Y, sin embargo, este film, después de tantos precedentes, tiene una fisonomía propia y, .sobre todo, una agilidad cinematográfica que le permiten sostener la comparación con una opereta del propio VVilh Forst. Y a la habilidad narrativa del realizatloi Georg Jacoby -ni un momento de desmayo, ni una concesión a !a vulgaridad, ni una ctunplacencia con la monotonía—se unen las bellas páginas nuisicales del genial aut«>r de /Vr letze <»ary O o p c r . Kranrhol Tonr y Kathccn Burkr C B cTres lanceroA bcnfalícK», la fiU|icrproducción Paramount que proyecta con extraordinario fxito en el Cine f^allao i
AVKMI».\ "VWas rotan"
Í
i'SEBio Fernández Ardavín sigue siendo el j realizador de Agua en el suelo. F.sta baza menor de Vidm rotas no (piita la otra baza, si no mayor, considerable, al menos, <le .Agua en el suelo. Una realización modosa, sin asomos de inquietml ni originalidad, no ,se la })asauios sin censura a este joven dire<ítor, del que esperamos más, mucho más (jue ima sucesión de fotograma-* al servicio de una anéitlota ¡Y qué anécdota! Inverosimilitud sobre inverosimilitii<l y re<;ursos inadmisibles y sensiblevo.s. ¿Por <pié todo eso? ¿Apatía? No podemos atribuirlo a otra causa «¿Y cpié voy a hacer yo con todo esto? —diría Ardavín—. ¡Bah! Saldremos del past» sin prefícupamos excesivamente.» Y .se dejó ir por la línea de menos resistencia. No ha cometido el diret^tor grandes errores; pero tampoco se pretxup^) de buscar aciertos, mereciendo por esta indolencia que le recuerden - -a él que tiene talento -aipie la cáustica frase: «el mérito de las medianías (ionsiste en no haber cometido pwado». Y es preferible, en un joven, pecar por audacia a periuanefter en un estado «le tibieza espiritual como la <le Ardavin en la realización de Vidas rotas. «Ya que petjuéis, pecail enérgif!amente>, aconsejó Lvitero. Sí; antes que estos pecadillos veniales de una realización sin ))ulso, hubiéramos preferido el gesto audaz dei *jue intenta superarse, aunque no lo consiga. FJ lema de nuestros rcídizadonw, si es (pie hemos de (i-?»»- cinema en vez de jugar al cine, deberia ser el de Ivi. :*>sud: poll^wr dv leu.
.Lupe ^rirx.i>liver llardv j Stan laurel , n nna escena dr ta má< jurooa de sn» proilucrionc!.. I na fiesla rn Ilollywood^, que se e.«lrrnará en l»re*r rn el i'alaci» dr la Música
Waízer, \múáa» de ligereza c i n e m a t o g r á f i c a por Paul fíühn y enriquecidas wm melodías de Tschaikoski y deliciosas muestras del folklore ruso. Asunto a g r a d a b l e , sin la arbitrarietiad frecuente en las operetas; realización acertadísima y partitura valiosa, tiene, además. Fiesta en Palario, para que también sea fiesta tíompleta de arte, una interpretación excepcional, en la que, por fuero de belleza y .sensibilidad artística, «x^upa el primer puesto (!!amila Horn, s e g u i d a muy
de cerca fK»r
Iván Petrovich, el prestigio.so galán, y |K)r Krnst Duncke, inspirado de gesto. Seria una ingratitud no mencionar también con t<Klo elogio a la característica .Adele San<lrock. "V« soy uii señoril o" Kn la p r i m e r a parte del programa .se proye<"tó con este título un sketch de Florián Hey, interpretado |K»r Miguel Ligero e I s a b e l i t a Pradas, «Miss Voz 1935». La breve intervención de esta señorita, linda de cara, preciosa de figura y eS[>ontánea de gesto, nos incita a anunciar: ¡Estrella a la vista! Aumiue, por no parecer d e m a s i a d o optimistas, aguardaremos para ello a otra intervención de más eml>eño que este debut. Miguel Ligero, el mismo de siempre. ¡í>ii»lado, no valen e < | u í v o c o H ! Quiero decir que tan gracíioso como siempre.
Willv Sehaeffer», Kathe de Nagy, Inae Usl, Willy Frítaelí, Aríbert Waaeher y Paal Kemp, en una escena de «Turandot», pelicula de ambiente exóticn que se estrena mañana ei el Palacio de la Música
"Quinee niiiiuios en Flspaña"
Y auu hubo otro comple luento, titulado asi, con magnífica fotografía de Heinrich (lartner. Maravillosa colección de postales animadas. Sólo que estos reportajes, creo yo, debieran ser algo más que f<»tografías.
, Kobert .Monlgomerv v *~Maureen OSullivan eñ el film <KI refugio», que se estrena mañana lunes en Capítol
CAU>.\0
Los más notable» de los o t r o s estrenos— ¡nueve resurrecciones «le films el Sábado de Gloria!—son: en el Palacio de la Prensa, Hombres de presa, nueva *!reación de F'ermín Gemier, el inolvidable protagonista de Hombre sin nombre: an el ("apitol, Kncadenada, drama de amor, interp r e t ad o por .Joan Crawford y Clark Gable, y en el Rialto, Dedé, o p e r e t a francesa con ribetes de vixlevil, a cargo de Danielle Darrieux y Albert Préjean. ¡Ah!, en el Fígaro. Fl misterio del nmrtíi azul, espeluznante drama |.>uliciaco de los que convierten Iw latidos del corazón en el escarie de ima mot<KÚcletH.
•'Tres ItiiM'eros beii)|aiíes**
Cine auténtico, <;uyo último antecedente, c<m el que guarda cierta relación de tema, es IM patrulla perdida. Virtudes militares en un destacament<j de frontera expuesto a las ase<-hanzas de Iris
indígenas. Y ensand>la^la al tema heroico y f)rincipal, la vida íntima- -dep<»rtes, juegos, emulaiúón y canjaradería de los héroes. La realización <le l i e n r A Hathaway constituye una lec(íión continua de buen cinema, en la que no se rehuye ninguna dificultad, y en la <iue, sin esfuerzo aparente, se .somete a los fotogramas a un rendimiento máximo de belleza y emotñón, de sentido, ritmo y plasticidad cinemat<»gráfici)s. lx>8 hér«ies <le la farsa y de la interpretación son Carj' ('«M»per. Franchot
Tone, Ri-
chard Crouiwell y (¡uy Standing.
ANTONIO
(¡rZM.A.N MERINO
VA interés que ponen todos los paises en sele« cionar los mejores films de que disponen eu miras a adjudicarse el primer lugar, y eon ello el derecho de organizar en su patria el próximo ("oncurso. es evidente. I - na prueba de ello es el envío, en representación de los Rstados Unidos, del film en ocho milímetros que ganó el primer premio en el reciente ("oncurso de la American Cinematographers de 1IOIIVW(KK1, titulado Neir Horizín). de K. R. flardv.'
¿Y los films que han de representar a F>paña en el Concurso? La .selección está ya a<-ordada, pero no so ha hecho pública to<lavía. Una prueba del interés que en tan delicada labor han puesto lus delegados de los clubs es la decisión de no elegir ningiín film sin antes proyectar totlos los que aspiraban a ser seleccionados, lo (|ue dió lugar a una .sesión de cinema que duró «siete horas». Kué, sin duda alguna, la mejor sesión de cinema amateur realizada en la sala de proye*ciones del Centro Excursioni.sta de Cataluña. ¡Cuántos amateurs no hubieran pagado diez pesetas por verla! Pero era rigurosamente para los delgados de los clubs, y hasta el dia 2 de -Mayo nada podem<»s decir sobre h)s film.s selecci<ma<los. En próximas ediciones daremos cuenta de los films que están en camino, como representantes de los demás paises.
DKL l \ CONUIRSO INTKRN.XCIO.NAL DKL .MKJOK FILM • AMATKl R» 1935 Y DKL PKLMKR (X)NGRh>í() DK riNKISTAS «AMATKURS». RARCKIX)NA. 1935
E
"^ N la irónica pasada dimos menta de los j diez y nueve paí.se« que oficialmente participan al IV Concurso Internacional dei Mejor Film «Amateur» 1!>35, que, como saben nuestros lectores, se celebra e.ste año, y quizá por imica vez, en Ban;elona. Día tras dia van llegando a la Sección de Cinema del C-entro Excursionista <le Cataluña, club al que se ha confiado su organización, desde los más lejanos países, los nombres de los films que ca<la na<!Íón ha seleccionado para re|)resentarla en el Ccmcurso. Del Japón, el gran favorito de UMIOS los Concursos, viene completo el lote de films que como máximo admiten la.s bases: uno por fema y tam&ño de film. Estos son los siguientes: Argumentos: Sirrrowjuld aiitumn. de Tatuichi Okamoto, 8 nun.; Mes enfants, tle Ko Mori. 1>,5 mm.; fíad íheam, de Kititaro Tanaka. 16 mm. Docimientales: The Falling Dwik. de .lasuu Kancko, 8 nmi.; Fishing Villnge, de llarukt> Ishido, mm.; Bird's ¡Áfe ./« ./ap«n, ile Koji Tukamoto, 16 mm. Libres: HhyÜim, de Shigcji Ogino, H nun.; Propágate, de Shigcji Ogino, ít,') nun.; Cnuis, de Masaji Imaiilunú, 16 mm. Color: Kj-jwe.s-.sion, fie Shigeji Ogint), í>..") mm.; Wearing ./ajmnese Arrtun, de Hiktitaro .lasuda, 16 nun. Una ntita tÍH:n¡«-a a ha<rer resíiltar es el envío • le un film en ctthtr de paso t),.") nun.
aCniílM <!•• >-m%fr»rión». ritiiiNnrc t-ii imigfiM'ii Kokrr iiiol i v t M , saHeeiM. Reali/ni-ii>n tir Tony KoMllíll
I na «-Nrrna <li-l film t.l konilirr | ini|M»»<antri>. «le Domine» <-imé- ; nrz. i|nf fl ilia .11) »<• |irii\ri-lMrá, ron t>lros films ilrl C o n r u r s » ilc < línrma c Vniali-tti». <MI rl < Itnr . KrniiiiH. <l<- llnirrliiiia \
Sabemos de cineasta- am/üeurs de .Madrid que tienen el propósito de trasladarse a Barcelona ilurante los días 16 al 20 de Mayo, durante los cuales tendrán lugar el IV Cxmcurso Internacional y el Primer C/ongreso tle Cinea-*taK «.Ama-
liOS «Amics de l'Art Nou» (ADLAND) .le la GATEPAC, de Barcelona, celei)raron el pasado viernes una sesión intima, exclusivamente para sus asocia «ios, en la que se proyectó un reducido programa abase de films amateurs puramente subjetivos y de imágeA p o r o l c s S o n o r o s Klangfilm nes. poro lode> lot Cinai El p r o grama f u é ElECTÍlflCACIONES el siguienDESDE 3 . 9 0 0 PESETAS te: Aquesta nit no surto, de Juan L E. 6. Ibérica de Electricidad Prats; Reflejos, d e Modrid Poseo de Recoletos. I Domingo Jiménez; Memmortigo.', de Delmir de Caralt, y El hombre importante, de Domingo Jiménez. Este último film, premiado recientemente en el IV Concurso de Cinema «Amateur», figurará también en el programa del Cine Fémina.
teurs». Entre ellos no es indiscreto señalar al amateur Daniel Jorro, recientemente premiado con la Copa Generalidad de Cataluña por su conjunto de films Ciudades castellanas. Para detalles, deben dirigirse los interesados al Centro Excursionista de Cataluña, Sección de Cinema, calle Paradis, 10, principal, Barcelona.
WL&NGFIj:i»
D. G.
Í>E LA SESIÓN UNIÍ^A DEL DIA 30 EN EL CINE FÉMINA Resijondiendo a varias consultas hechas a la Sección de Cinema del Centro Ejccursionista de Cataluña, organizadores de la sesión del Cine Fémina, de Barcelona, a base de los mejores films premiado en el IV Concurso de ('inema «Amateur», sobre si esta sesión sería realmente única, [)odemos afirmarlo rotundamente. Es, por lo tanto, una ocasión que los organizadores brindan a todos los amantas del cinema, para que puedan apreciar el verdatlero valor de nuestros jóvenes cineastas independientes. Plácenos reproducir a continuación la nota que acompaña a los programas editadlos <;uriosamente para esta sesión. «Cinema por el cinema». lie aquí el lema de lo cineastas amateurs. La inquietud creailora como único impulso. El ínthno placer «le producir para uno mismo «!omo única finalidad. Ni ambiciones lucrativas ni de vanidad. «Por eso, al ofrecer a los entusiastas del cinema, igual que en años anteriores, después del IV Concurso de Cinema «Amateur», una selección de los mejores films presentados, desearíamos que más «le un acto de divulgación fuese una (wasión de estí-
DrI
niin
«Krfila iiiajttr . il<- Kiiücliin Krrr<-r
mulo hacia los cineastas que con tanta voluntad como acierto y dignidad trabajan [)ara uu einema libre que honra a nuestro país.»
l»el
fililí
«KoM-lló». dr Juan ROÍK
La reciente noticia de haber sido proyectado El hombre importante en sesión ADLAND, ha aumentado en los medios artísticos el interés por la sesión que por única vez la Sección de Cinema del Centro Excursionista de Cataluña celebrará, como clausura de su C«mcurso anual, en el citado Cine Fémina, el día 30 de Abrü. J. M. B.
S
Kulirbiu Krinindez Vritavín, rl joven director r»pañol, rxponente magnifíro de loK altos valoren l é r n i r o H y la* ilimitada* p o s i b i l i d a d e s de la cinematografía nacional, ^ue ba patentizado 8ii certera visión rreadora y sus esr e p r i o n a i e M dolew artístiras rn mantas pelírula» ha realizad» FOT. COtTtS
iEMPMsJ^emos diflho que la principa) cualidad <V*- todo artista joven ha d e ser la sincer forma d e conseguir una obra persqttiu, , . . « M - ^ Y hemos ilicho tautmén \r füms cxtri' uLu quizá más : , /lunca tan cálido y vibrante como cuando se exprese por cuenta propia. Perder en emoción personal para ganar en matstría imitada es engañarse a si mismo, í 11 se conseguirá, cuan-io más, ser un obrero , mas nunca im artista creador. Por eso ^laebio Fernández Ardavin—^juventud inqiii|fl||^^kción entusiasta, noble ambición a r t i f f i ^ l ^ B ^ , por encima de sus indiscutible^Mpndicl^M cinematográficas, esa tan preciada: la s i n f l P a d ; un deseo muy estimable de hacer el CÍ^MB ¿1 siente, el que él ve; no el de andar MbnUBTsAda en la que hay huellas de mil vimaB, sino ^ de intentar abrir tma nue_J¡ÉfÜI^ hacia un esplendor que . „ J l i p t t w - « » -adivina próximo. Todos l o ^ l m s molos de Kusebio F. Ardavin respondiaot a esta t ó A a . Habia en ell s las vaci- . liu:..<u.;o, . rr..re.- / los aeicMto.-, del que se es- : fuerza p^r hallarse a si mismo. Y hoy Ardavin se ha encontrado. Por esto en sos dos films so- ' noros El ugua en d sudo y Ftda< rotas—La bien pagada%í\m no la conocemos—^ha ganado en maestría, merced a la práctica y al estudio, no a la imitación, consiguiendo asi una mayor eficacia y im mayor arte en la expresión, sin perder ningtma de las esencias puras, indispensables en la obra artística: sinceridad y emoción. La viva simpatía que siempre nos ha inspirado este realizador ha hecho que esta vez nos acerquemos a él en demanda de imas opiniones que juzgamos interesantes. El cine español necesita de hombres jóvenes y entusiastas que le lleven por el camino que todos d«fnmo8. Ardavin es tmo de ellos. Oigámosle. í¿, ^ —Amigo Eusebio: ¿qué n ^ r e s i ó n tiene del momento cinematográfíco e ^ m o l ? —Que nos encontramos ante un periodo crítico y decisivo para él. —^¿De vida o muerte? —Quizá. Por eso merece tm cuidado extraordinario por parte de cuantos por elevtu'le trabajamos. Sin duda alguna, el público eetá muy bien dispuesto para nuestras pelicolas; pero es preciso no decepcionarlo. —Es decir, afianzándose por tm proceso normal de superación. —Elxactamente. Vea que de im par de años acá se h a empezado a producir técnicamente bien. Los films de ahora sólo por este esfuerzo son y a estimables. Sin embargo, hay que dar más, mucho más; que el público no vea un momento de estacionamiento y menos de retroceso, porque con la misma facilidad que acoge cariñoso, re-
J —No por entero. Yo de-1 seo que el cine tenga su expresión literaria propia, sin necesidad de apoyarse en estos géneros; pero no) los d e s d e ñ o en absoluto,! siempre que tengan posibiiidades cinematográficas, interés y emoción. Prefiero, no obstante, el argumento original, p e n s a d o y visto en cine. -¿Qué condiciones cree entonces precisas en un argumento ^ cinematográfico? W —Es difícil establecer una re• gla general. Ahora, si, lo que • lechazo en absoluto es el hacerI lo por fórmula: tanto de emoción ' dramática, tanto de sentimentalismo, tanto de comicidad y tanto de música. Esto me parece un rock-taU horrible. Yo pediría en un argumento trama sencilla, interés constante, sin desviarse en lo episódico; continuidad en la acción, pocos personajes y, ante todo y sobre todo, interés, mucho interés... —Dígame, Ardavín: ¿admite el divismo en el cine? ¿No.
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chaza disgustado. Que nos sirva de experiencia lo (Kurrido con nuestra producción m u d a . Pintonees también hubo un momento propicio para ella que se perdió por eso que dije antes: por falta de superación. —Y por exceso de comercio y de osadía. I ub(j bastantes fabricantes de películas, llamémosles así, y pocos artistas. —También; sí, señor. —Es que muchos no se han dado cuenta aún de que el cine, primero, ha de ser arte, y después, industria. ¿Está usted conforme con esto, Ardavin? -—De completo acuerdo. —Bien. Entonces, ¿bajo qué nonuas artísticas cree que debe orientarse nuestro cine? —-Bajo normas puramente raciales. Que sea un producto espontáneo de nuestro temperamento, de nuestia vida, de nuestras costumbres. La producción española tendró mayor amplitud universal cuanto más nacional sea. —El cine se alimenta generalmente de la novela y el teatro: ¿es usted partidario de esto?
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Arriba: E u s r b i o Fernández Ardavin, con todos los e l e mentos técnicos que ban intervenido en la filmación de tljí bien pagada», en los F.studios de la O a , y cuyo rodaje acaba de ser finalizado
En el círrulo: Fernández Ardavín conversando con nuestro c o m p a ñ e r o H e r n á n d e z Girbal en los jardines de los Estudios dr la Cea, en la Ciudad Lineal
Abajo: Ardavín. con el guión directivo a la vista, examina, a travos de un novísimo aparato, las bandas de <l.a bien pagada», antes de proceder al montaje definitivo de esta película rOTS. CORTÍS
cree que habiendo de sujetarse a una figura se le resta espontaneidad a la obra? —Efectivamente. No soy partidario de él. El divismo da obras decadentes, como usted ha dicho, y anula esa espontaneidad que h a de ser el principal encanto de toda obra artística. —Ahora que se pide con tanta insistencia la protección del Estado al cinema nacional, ¿en qué forma estima que puede hacerse? —Yo no pediré nunca que el Estado proteja nuestros films. Si las peliculas son buenas, ellas mismas se protejen y se imponen. I J O que sí pido, mejor dicho, pedimos todos, es que se les declare libres de impuestos. Esto es de justicia. Veremos si nos escuchan. —Quiere usted decirme, ya que de protección
He aqui rl rostro de iCusrbio Fernández .-\rdavín, raptado ron H U habitual maestría por el lápiz del aran rariraturtsla Uel Arco. F.n laa fotos, de arriba abajo, respectivamente, escenas de <l'>l agua en el suelo». «Vidas rotas> y «La bien pagada», las tres últimas realizaciones de Ardavin
hablamos, ¿cómo debe ayudarse a los nuevos elementos—directores, escritores, fotógrafos— que son tan necesarios para el logro completo del cine español? —La aportación de nuevos valores es necesaria e imprescindible, porque en sus manos está el futuro de nuestra industria. Yo deseo, ansio, que lleguen a ella; pero siempre como artistas, nunca como n^ociantes. De momento no veo otra ayuda para destacarlos que confiarles la dirección de películas de corto metraje. Un film corriente lleva consigo el riesgo de fuerte capital, y ponerlo en sus manos resulta, si no imposible, muy difícil. Por esto, adiestrándose en obras de menos gasto y colaborando en las otras, pueden muy bien ponerse en disposición de trabajai como ellos desean y nuestro cine necesita. No hay que olvidar que la dirección de una película tiene también mucho de oficio, cuyo dominio no se adquiere si no es con la práctica. —Y usted, ¿está c o n t e n t e de sus producciones? —No. Ninguna de ellas me satisface. Siempre he querido hacer mucho más de lo que ha recogido la cámara. —Que colme usted sus deseos en futuras obras, Ardavín. Después de nuestra breve conversación, recorremos juntos los Estudios de C. E. A . Su instalación &s magnífica. El personal—electricistas, fotógrafos, ingenieros, montadores—trabaja con un entusiasmo admirable. —Con todos estos elementos—digo a Ardavín—puede hacerse mucho. —Puede hacerse, y lo haremos—me contesta lleno de fe. Yo de todo corazón se lo deseo. .IOAQUIN
ZALDIVAU
JuMKR080s periódicos franceses iian anunciado estos días que los Estado.- rnid<is liaí)iaii ilc>ignii^ do los veinte filuLS galos cuya proyección sería permitida en las píUitaliu.-iuuericanas. M. I l i i m i i ! Smith, en representacíión de la industria y el comercio yanquis, ha rcititirado esta ii.fornuu ion. r la carta siguiente, que no han tenido más remedio que acoger los mismos periódicos france.-c.-: fin de evitar torcidas interpretaciones, debo comunicarles que los Estados l'nido.- no designan lo.filnk, franceses que deben .«íer importados, por la ¡rencilla razón de que q no exi.^tc en nuc-itro pai.- ninguna ^
THIU l i i r e l l i . I'.l iioiiihrr iu> nos liii'i* nailii. |)or(|ii<- «-sta j o v r i u ' i l a <•> u n a n i i o a a i i c|iiisii'i<Mi lie IH |iHiilulia ) carfi-t» «le hiüloria r i n e n i a loiírárirH: i-lla. en caniliio. r o n ese aire «falalole» y ese e e ñ o nialliiiniorado. ;«|iié (le rosas «lire!...
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restricción para la importación de films extranjeros, sean cuales sean. Todos los films francíeses pueden ser importados en los Estarlos Tenidos sin ninguna dificultad. El derecho de entrada de los films franceses importados para los Estados Tnidos .se eleva, para los positivos, al cincuenta por ciento, aproximadamente, de los derechos de adua. na franceses aplicados a los films americanos, y para los negativos, solamente al veinticinco por ciento del derecho francos. Además, el Gobierno de los Estados Unidos permite la entrada privisional de films extranjeros por un plazo de seis meses, lo que constituye u n a gran facilidad que se otorga a los importadores de films franceses.» Como ustedes pueden comprobar, no .se ' trata más que de una ligera mtificación. Ideemos en un querido ct)l^a, <>on el estupor consiguiente, que Bebé Daniels se piensa retirar del cine cuando termine su actual contrato. La vida nos reserva estas maravillosas sorpresas. Uno la creía y a retirada |)orque no ,lQuf tienen ustedes que derir de Patriéis Kllis en esta foto? \M de siempre, ¿verdad!^: que es muy guapa, que es mu) buena artriz, que tiene m u c h o s admiradores, etc.. etc.
no era otro que Michael Firmer. E inmediatamente Gl(»ria Swanson ha dado a la publicidad el nombre de su futuro y último marido por ahora. Herbert Marshall se va a casar con esta protectora de los abogados, cuya boda o divorcio venimos obligados a anuntñar en esta Sección cada semana. ¡Gloria! ¡Gloria! ¿Pero cómo te las arreglas?
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Mientras no se demuestre lo contrario, el ideal de todo hombre inteligente—^y aun el de muchos que no son—et< el de enctmtrar u n empleo dcmde cobrar sin trabajar. Por eso se extraña uno al saber ijue .Max Baer- -o el bo.xeador fotogénica — está enfadadisimo porque hace ya varios meses que la I'aramount no le emplea en ninguna pelicula, aunque le sigue pagando puntualmente su cheque semanal. Nuestros oficiales terceros, segimdos y primeros, se asombrarán mucho asimismo cuando lean este extraordinario caso.
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Pero es más extraordinario el caso de Clive Br(K)k. Masta ahora, ios artistas de Hollywood venian de vez en vez a Europa a desciansar. Clive Brook, que trabaja ahora en los Estudios ingleses, acaba de llegar a Hollywood para descansar. Vn .signo más de que la preponderancia de H o i l y w o o i i empieza a de<v\er.
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Pierre Benoit, el más joven de los académicos traiue.ses, v a [Kir |»rimera vez a asumir la responsabilidad de un film. Pero l'ierre Benoit no s e lanza a la aventura asi como asi. No. Antes de empezar s u película, Pierre Benoit terminará el libro que tiene que dar a la imprenta, dentro de varias semanas. Después hará un largo viaje por Jerusalén, para buscaí- alli el tema de la novela, de la cual s e propone extraer su obra cinematográfica. Más tarde irá a los E-stados l^nidos para estudiar los métodos de trabajo americanos. Y a su regreso comenzará la realización del film. Sus herederos ya saben, pues, cuál es el deseo frustrado de Pierre Benoit. Ellos deben hacer lo posible por que sus proyectos .se transmitan de generación en generación hasta llegar a un re^ultaflo definitivo.
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En el capitulo de bodas próximas hay (pie incluir la de la encantadora .\na Sothem con el apuesto galán Gene Kaymond. El primer rubio platino de la pantalla ha caído al fin como un moreno cualquiera. Para eso no valía la j)ena teñirse el pelo.
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Y Ix>uise Henry, que fué la estrella de .Alicia, en el pais de lat maramllas, se va a casar, si el tiempo no lo impide, <on Conrad, Nagel. Ksa bella mujer cuyo L'n nuevo fracaso de los hombres serios, una espléndido r u e r p o victima más de las mujeres frivolas. rmergr entre espumas de plumas, no es Venus Afrodita, rumo alguien pudiera creer. Se trata de Krancea Day, la escultural «vedette» de la pantalla Inglesa, ron el atuendo que luce en el film •¡.\y, papá! ...
\<|ui tiriK-ii ustedes a lleléii IlaypH, Kobert Montgomery ) Otto Kruger, «rrbando anao manilati'i entre esrena y esrena de HU nueva película. De los tres, la más tramposa e» ella, según malas lenguas. NosotrfM ni negamos ni afirmamos: Itero ron esa rara de falsa ingenua qur Dios le ba dado..., la rreemos rapaz de todo...
la veia en la pantalla, y reanlta que ellas no se deciden a re tirarse hasta que en el Estudio no se deciden a retirarles su cheque semanal. Estas retiradas voluntarias son las que llenan «le melancolia el corazón. Nadie está libre del matrimonit mientras exista Gloria Swanson. Gloria Swanson empalma un divorcio con una boda, del mismo modo sencillo con que uno deja el autobús para coger el Metro. (iloría Swanson, recordman actual del matrimonio, se acaba de divorciar de su marido número..., que
Aunque parezca mentira, no .se ha proyectado esta semana ningún documental de la pesca del atún.
N u e s t r o s l e c t o r e s p o d r á n p o s e e r los b u s t o s d e s u s a r t i s t a s f o v o r i t o s , t o m a n d o p a r t e e n los C o n c u r sos q u e C I N E G R A M A S o r g a n i z a r á m e n s u a i m e n t e En este Concurso se sortearán d o c e bustos d e la genial GRETA GARBO, d e b i d o s al cincel del ¡oven y n o t o b l e escultor Carlos MONTEVERDE, ol tomaño d e 27 ^ 34 centímetros, entre los lectores q u e adivinen el núnnero dei premio moyor a e ! s o r t í o d e lo Loterío Nocional del 2 d e Moyo d e 1 9 3 5 . Pora tomar porte en este Concurso D e s t a r e con remitir o e b i d a m e n t e llenado el odjunto cupón. Los d o c e premios se odiudicoran a los d o c e concursantes q u e acierten el número del premio mayor d e dicho sorteo, o, en su d e f e c t o , o los q u e mds se cproximen. Si hubiese más d e d o c e soluciones e x a c tas, los premios se sortearon entre todos los q u e h o y a n a c e t t o d o . Todos los b o l e t i n e s O e b e t á n estar en nuestro p o d e r antes d e los d o c e o e la noche del dio 30 d e Abrii. Los q u e lleguen d e s p u é s o e este piazo quedaron rigurosomenta excluidos. En el próximo d o ' e m c s lectores que
de CINEGRAMAS n o m b r e d e los ocertodo
|^^^SSSs]|yh^2lJBSII^S[S'
^P f^ •lM i nHVV^^ '^rV l^ HÉÉÍlÉÉHHÉ|pH^HJ|||Aí^H
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p a n a cdoad oo euno un de cupón como el q u e que publicamos. Estos cupones d e b e n e n viarse bajo sob-e, d e b i d a m e n t e franq u e a d o , o Prenso Grófico, Concurso d e C I N E G R A M A S , A p o r t a d o 571.
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Contribuyamos paro jugando la C i u d a d
a remediar e l a l a Lotería d e Universitaria
LA MOMIA (Madrid).—Comptenderá usted que solamente veinte días tardan en llegar las cartas a su destino, y otros tantos para el regreso, son cuarenta. Tal vez cuando vea publicado esto seguramente habrá recibido una respuesta satisfactoria. Las direcciones van bien puestas; pero recuerde que no es un sello de diez céntimos lo que yo digo que se envíe, sino de diez centavos, que los puede adquirir en una Central de Correos comprando vales internacionales y canjearlos por dichos sellos. MUCHACHO MALAGUESO (Má-
laga. — Escriba a Claudette Colbert a Paramount Studios, Hollywood (California), y a Elissa Landi. a la misma dirección. I..ea lo que contesto al anterior consultante. ARCE (Albacete).—Muy agradecido a sus ofrecimientos, qne le» tendré en cuenta. Diríjase, para po.seer esos datos con toda la amplitud posible, a C. E. A., Barquillo, lo, Madrid, y Orphea Films, Parque de Montjuich, Barcelona. PEQUEÑA (Santa Marta).— Ten la completa seguridad que es un placer para mí el contestar a tus fpelmadas», como dices. Efectivamente, son ciertos los rum jres de que Mojica vuelve al cine, y seguramente lo primero que realice será Caballería Rusticana. Es mejicano. No puedo decirte ese reparto porque no lo tengo. Escribe pronto, «curiosilla». L i n Á N (Madrid).—El reparto de El altar de la moda es
Hymie: William Pawlex; Comisionistas: Frederick Burton; Capitán: Harry Holman; Spud: George Pat Collins; Segundo comisionista: Morgan Wallace. Dirigida por John Adolfi. DOÑA
el siguiente: Sherwocd Nash: pondencia es lo mismo que esWiUiam Powell; Lynn: Bette tudiar una carrerita? No pueDavis; Snap: Frank Mac Hugh; den nunca hacerse artistas por La duquesa: Verree Teasdale; ese sistema. Baroque: Reginald OWen; M. MANUEL E . DONADERO (CáSautier: Hobart Cavanagh; Dudiz).—Agradecidos por sns eloryea: Heni'y O'Neill; Jimmy: gios. Las direcciones que me Phillip Reed; Joe Ward: Hugh Herbert; Harry; Gordón West- pide no se las puedo dar con cott; Glenda: Dorothy Buigess; seguridad, pues toda ellas son Glass: Etienne Girardot; Feld- de artistas que trabajan en disman: William Burress; Mrs. Van tintas Casas de Madrid y BarTyle: Nella Walker; Telefonis- celona. Indistintamente puede escrita: Spencer Charters; Caponelli: bir a Orphea Films, Parque de George Humbert; Jules: F"rank Darien; Mme. M.ui,ot: Helén Montjuich, Barcelona; C. E. A., Barquillo, lo, Madrid, o a F'reeman. Dirigida pjr William C, I. F. E. S. A., Avenida de Die ter le. La canción que desea de Eduardo Dato, 3 4 , Madrid, que con t o d a seguridad, al no Crisis mundial es: Ya suena del vals — el lánguido son,—como fonnar dichas artistas en su una canción de amor.—A mi el cuadro, las remitirán donde cogalán vendrá,—y entre sus bragas rresponda. Vuelva a escribir me llevará,—si sabe bailar.— cuando guste. Será lo mejor—versando de amor DESEAN CAMBIAR CORREShablar.—Y sin hablar,—podrá PONDENCIA: Señorita Pilar Fio decir,—podrá expresar—cuando sabrá sentir,—los ojos de él di- res. Paseo Delicias, 1 4 6 .segundo D . Madrid; don Joaquín rán—las palabras que abrasan— Rodríguez y don Jaime Rey saben a miel. (Estribillo.) Después me das un be o—sin dondo, San Javier, Murcia; chasquido, dulce amor,—porque don Pedro Rodríguez, .Alejanel besar sin ruido—es como sabe dro Saint Aubín, 2, Madrid; mejor.—Pues somos tan simpá- don Antonio García González, tico tú, romántica y>,—que si me cobeiti/.' Malaber, 7, Málaga, das un beso—te daré mi corazón. y don José .los Santos Stockeler, F^aro (Portugal); don J( sé J . R o s s o , R ú a Nova, 8, UN ESTUDIANTE AFICIONADO Faro, Poitugal; don Ma u I (Osuna¿Usted cree que haGarcía Espinosa, Gran Vía, 27, cerse artista de cine por corres-
Granada; don julio I< difguez, C'iiiillas, 2 3 , moder o, Pr speridad, Madiid. JULIO SUÁREZ AZNAR
(Bar-
celona ).—Los repartos que me piden son los siguientes: El hombre león: Ka.spa: Buster Grabbe; Anna Rogers: Francés Dee; Ed. Peters: Douglas Dumbrille; John C. Knolls: Robert Adair; Mrs. Knolls: Florence Britton; Soe Nolán: Robert Barrat; Gwana: Sam Baker; Kitty: Patricia F'arley; Forbes: Sidney Toler; Sue: Nydic West man; Corey: Irving Kchel; Gus; Wames Richmond. Dirigida por H. Bruce Humberstone. De Mi último amor: F"emando: José Mojica; Diana: Ana .María Custodio; Betty: Mimí .\gluglia; Tía Susaní: Elvira .Moría; Lupe: Nancy Torres; El Lord: .Andrés de Seguróla; I ^ abuelita: Carmen Rodríguez. Dirigida por Ix>uis Seiler. De Central Park: Dot: Blondell; Rick: Wallace Ford; Charlie: Guy Kibbec; Vivián: Patricia Ellis; Eby; Henry B. Walthall; Luke: CbarI s Sellan: Sargento Rihy: Spencer Charters; Nick: Harold Hubei; Smiley: Jahn Wray; Un gángster: Harry Seymour; Chairman And Casino: Holmes Herbert; Teniente: Dewitt Jennings; Tony: Henry Armetta; Bamey: Wade Boteler; Osear: Irving Bacón;
Joan
TERESA
(Sevilla).—
VA nombre del actorcito que trabaja con Mariéne Dietrich en La Venus rubia es Dickie Moore. Cuando interpretó la pelicula tenía poco más de cinco años. Ahora le doy el reparto de La Venus rubia: Helén Faraday: Mariéne Dietrich; Edward Faraday: Herbert Marshall; Nic Townsend; Cary Grant; Johnny Faraday: Dickie Moore; Charlie Blaine: Francis Sayles; Dan O'Connor: Robert Emmett O'Connor; Ben Smith:Gene Morgan; Taxi Belle Hope: Rita La Roy; Detective Wilson: Sidney Toler; lola: Evelyn PJreer; Otto: Serry Tucker; Norfolk Woman: Cecil Cunningham; Henry: F'erdinand S. Heink; Bob: Charles -Morton. R o H T S C H i L i ) ( Albacete ) .— Estimado «parroquiano». Escriba a Marta Eggerth y Franziska Gaal a Estudios Ufa. Nenbabelsberg Berlín (Alemania), qne aun cuando en la actualidad no estén trabajando para esos Estudios, con toda seguridad se lo enviarán donde residan. A Mary Glory. en Studios Waroline, 7 2 Rué du Rende-vous, Paiis (Francia). La dirección de Raqu 1 Rodrigo la puede saber preguntando a Orphea Films, Parque de Montjuich, Barcelona.
R. LIBRIS
MONUMENTAL C I N E M A L U N E S , lo obro maestro de lo cinemotogrofío fronceso
LOS MISERABLES I
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Genial realización de la inmortal no-
vela dé VÍCTOR HUCéí llevada con supremo alarde a l a pantalla sonora
r M A Ñ A N A LUNES LA
DELICIOSA
COMEDIA
POR
Cotolino BÉI!E£!1£ y Antonio Moreno
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SEÍSOff A C A S A D A K e C B S I T A AIARIDII
I Un nuevo triunfo de nuestra celebrada actrtz Gary < :o«|wr v Maurirr (Chevalier rouversaii eu un descanso de la Hlm•ción de las películas T.Norhe de nupcias» y «FJ hombre del Folies Bergí'ret, de laa que son protagonistas
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Lunes, l a r e a l i z a c i ó n m a e s t r a de CECIL B. DE MILLE
REY DE REYES La
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espectacular
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LAS PAREJAS EN LA
a
la
pantalla
PANTALLA
Francis Lederer y Steffi Duna
C
l'arojas. Enamorados de celuloide que se quieren detrás del celuloide. Francis Ijcderer y Steffi Duna son un ejemplo. Se c í m c H ' i e r o n durante el rodaje de feV hambre de dos mundos, film en el que Steffi Duna interpretaba el roí • <le una atlorable esquimal. Se (;onocieron y se amaron. Esas son, ¡xir lo menos, las noticias ipie nos mandan de Ilollywood; noticias que tienen frivolida<les do leyenda cineasta, temas biUatlies, ligeros, (pie llegan hasta ¡ nosotros a través de la quimérica ilusión del lente. Francis licderer y Steffi Duna se anianuí y se aman. Ilollywood lo comenta, y Joan ('rawford, la estrella sublime, dicen, sufre frunciendo sus maravilloso.s ojos trágicos. PVancis lje<lerer, el che<;oesIovaco que hoy domina el lienzo, es uu galán que a su llegada a California ha perturbado el corazón <le todas las mujeres, <le todas las actrices. Francis l>ederer, el protagonista de Romarue in Marüíattun y Kl hmibre de dos mundos, es el dueño absoluto de h>s corazones femeninos que pululan por HollywiMíd. El astro que no ha venido todavía a nuestras pantallas tiene una figura, en extremo intere.s^ite, de eslavo. Brillan sus ojos inteligentes bajo sy revuelta y eternamente enmarañada cabellera Ojos de artista, de visionario; figura de exaltación ro, lántica, colocada en nuestros días, |»ero que en la pantalla tiene suaves remembranzas de ayer... Steffi Duna, ella, «la chatita» inolvidable de ¡M cucararha, la deliciosa mujercita morena de carne ambarina y ojos brillantes.... la del cabello negro-azul, la de la figurilla de Tanagra... Steffi Duna no era tma estrella que gustaia de^ ONTRA8TK8.
amoríos. Esas forzadas pasiones de la ciudad bruja molestaban a la acítriz, que se negaba en absoluto a aceptar los galanteos de un conocido actor del lienzo, el que «liscretamente silenciamos, ya que goza univcrs>Uinonte de excepcional renombre como astro y (¡omo buen marido. Steffi Duna, la estrella juvenil, sonreía mostrando sus dientes con un destello de blancura; pero le rechazaba con mohines de fastidio, reflejados en su mirada negrísima. Hasta que un buen día llegó a los t^tudios Francis Lederer, y los pi-oductores les situaron uno frente al otro. Francis Lederer, en su obra cumbre El hínnbre de dos mutulos, junto a Steffi Duna y Elissa Landi. VXról d é l a joven e.s(piimal puso en sus brazos la muñeca ambarina. Steffi no pudo resistir a IVancis, ni éste a ella. .loan Crawford, abrumada j>or su < arrera estelar, no se dió cuenta del olvido de Francis, no comprendió que su alejamiento obedeí;ía a algún motivo superior que a las tareas de los Estudi<ís. (Xiando íHimprendió la \erdad, Steffi Duna había encadenado con su núratia ingenua iü che<;oeslovaco ídolo de IlollywíkxI. I x s dos actores nacidos en Europa (Steffi Duna, en Hungría) se comprendienm maravillosamente hal)lándo.se en su i<lioma. VM IM venganza dei rtuir Steffi Duna la |>ers(malidad de una hawaianu deliciosa, de tonali<lades <le bronce. Steffi y FriUicis Lederer siguen tuiiándo.se. ,;N«»viazgo? ¿Bo<lrt?... Hasta aliora uo ha llegado e s t a n u e v a que comuovería
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im Ml\ IIQ lOT[illl? 1 A ASTROLOGÍA U ofrfce la RIQUEZA Indique la Fecha de su nacimiento y recibirá ORA riS .EL SECRETO DE LA FORTUNA., le indicará los números de su suerte pa-a GANAR A LA LOTERÍA y otros iUEGOS triunfar en AMORES, NEGOCIOS y demas empresas de la vida. Miles de agradecimientos prueban mis palabras. Remita 0,50 .<>ntimos en sellos de correo de su país, a
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la ciuda«l loca. .Mas ellos saben burlai-sc de los conveiuíionali.smos: llevan en su sangre toda la bolioniia inolvidable que les m;unó. .\un(pic vivan en Arnéri(;a, im|>elidos |M)r la corriente del arte, les arrulla la cadencia de los violines y le> domin.^ el recuerd<i nunántico de su vieja patria. I'iliiis fraiiee<t«>s q u e se prnye«-laráii e s t e a ñ o e n l o s Ksladns I nidos
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ABUNDANCIA de amor, salud y riqueza por medio de la radiación cósmica. Pida informes: U T 11.1 D A I>. «panado IM. Vlao tP-spafta).
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de Ex|)ortación de los Estados l'nido.s acaba de designar los veinte films franceses que |K>dráu ser pn)yectados en la-^ jiautallas de todo el país durante este a/m. Entre estos films se encuentran los siguientes títulos: El ordenanza, ctuí Marcelle Chantal: Carlomagru), |H»r Kaimu; Los miserables, con Raymond Bemard y Harry Baur; El aventurero, de Marcel L'IIerbier, cou Víctor PVancen; El último millonariu, de Rene Clair, con Max Dearly; Tartarin de Tarasttm, <le Raymond Bemard, con Raimu: Safo, de lx?once Perret. con Mary Marquet.
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Cinelandia.
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desapa-
recen c o m o p o r a r t e d e m a g i a las p e c a s , granitos, arrugas, manc h a s , p o r o s d i l a t a d o s , etc., a p a r e c i e n d o u n a piel t e r s a , s u a v e y m a t e , ú n i c a m e n t e c o m p a r a b l e c o n el cutis fresco d e un niño. El g r a n e m b e l l e c e d o r q u e o b r a e s t o s m i l a g r o s e s c o n o c i d o b a j o el n o m b r e d e
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