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Faltarme el suelo

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RECORDAR ES RESISTIR

Ofelia Cardo

FALTARME EL SUELO

LIBRERร A CONTRABANDOS MADRID C/ Amparo nยบ 76 9 junio_15 julio_2018


MOTIVACIÓN Se trata de realizar un pequeño homenaje a mi abuelo en el 80 aniversario de su muerte, ocurrida en 1938 y a mi madre que nació pocos meses después. El trabajo se inicia al encontrar en la casa familiar unas camisas de mi abuelo, que murió en la Guerra Civil española y reflexionar sobre el silencio que hubo siempre al respecto, Era como si no hubiera existido, el tema resultaba conflictivo y se enterró. La naturalización de los hechos, pensar que es así, ha hecho que asumiéramos cuestiones que eran espinosas: ¿Quien era? ¿Cómo murió? ¿Cómo sintió mi abuela su perdida? ¿cómo fué su duelo?... Somos los nietos de la Guerra Civil y no conocemos nuestro pasado reciente. Ha sido al morir nuestros mayores cuando vamos encontrando las huellas del pasado escondidas en los cajones y nos asalta la duda de cómo hemos llegado a estar tan aislados de esa parte tan importante de nosotros. Esa desconexión entre el pasado y el presente, unida a lo no nombrado pero latente en nuestra historia, es lo que ha motivado este proyecto: FALTARME EL SUELO. En la líbrería Contrabandos se muestra una parte del proyecto. Unos textos del blog https://mimemoriafamiliar.wordpress.com nos sirve para engarzar imagen y palabra. Abordamos así, desde distintas formas de expresión, la recuperación de la memoria familiar tratando de desenterrar palabras e imágenes de nuestras familias que fueron cubiertas por décadas de silencio. Esta exposición es un humilde inventario para hacer presente nuestro pasado.


Confrontación, 2016 Fotografía en lona 53 x 100 cm

Pretende construir metafóricamente el conflicto, dos manos que se golpean. La foto está tomada en el momento en que se imprime fuerza, una contra la otra, para hacer retroceder a la opuesta. Un símil de guerra, dos manos de un mismo cuerpo que pugnan por imponerse de una manera violenta.


A la memoria de mi abuelo Escolástico Cañizares Gil muerto en la Guerra Civil en el verano de 1938.

TÍTULO Cerca de la casa familiar de mis abuelos maternos hay una “torca”, una depresión del terreno que se forman al filtrarse el agua de lluvia por entre los huecos e ir disolviendo las rocas. La acción de ir minando la tierra hace que se formen cuevas que con el tiempo acabaran desplomando el terreno. Este fenómeno kárstico establece un paralelismo con la vivencia de la guerra para los civiles. Faltarme el suelo es introducir la idea de caída y la falta del suelo, suelo sobre el que te construyes. Sentir que el suelo cede y que todo entramado que te hace estar erguido, se derrumbaba y caes y con ello forma de vida que llevabas, el sustento y la confianza como sujeto, desplome de tu dignidad.

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Es también faltarnos la zona de arraigo, las raíces, desconectarnos de nuestro pasado al habernos desarraigado por los silencios constituidos que han cortocircuitado nuestro presente, como bien nos explica Clara Valverde: “Lo que no se pudo hablar por el miedo, la represión o el desbordamiento psíquico, fue transmitido de nuestros abuelos a nuestros padres y a nosotros de forma no verbal y en gran parte a través del inconsciente. Hemos heredado, sin darnos cuenta y sin desearlo, aspectos nocivos del impacto emocional de lo que vivieron nuestros abuelos.”1

VALVERDE, Clara, Desterrar las palabras, Transmisión generacional del trauma de la violencia política del s.XX en el Estado español, Ed. Icaria, 2014, pág.16 1


Pendiente, 2016 Fotografía en lona 53 x 100 cm Una mano se agarra sobre la otra. Con fuerza se tensan y resisten los empujes, el tirón hacia arriba, sujetar, estar asiendo al que va a caer y la otra aguantando manteniéndose agarrada por las falanges. Se trata de un momento antes de un desenlace. Una mano colgada, suspendida desde la otra, subordinada y la otra sustenta y aguanta el empuje. Se está a a la espera de la resolución de una amenaza, de un peligro, el precipicio o la subordinación a la otra de la que pende. Algo se encuentra pendiente de resolución.


Abatida, 2016_18 Fotografía en lona 53 x 100 cm Foto de los brazos caídos sobre un fondo negro. Están en una posición de descuelgue, precipitadas a un vacío negro, abatidas, desanimadas, han perdido vigor y fuerza. La guerra, la pérdida del ser querido crea un estado de abatimiento, un desánimo por el desenlace negativo.


Olvidar hasta desvanecerse, 2016_18 Fotografía en lona 53 x 100 cm Mangas de la camisa de mi abuelo. Están cortadas y deshechas en una estela que acaba rematando en los puños. Con ese deshacerse la forma va perdiéndose la construcción de un cuerpo, desmantelándose y desvaneciéndose para hablar del silencio que han sepultado recuerdos que de no nombrarse se han perdido y que ahora son difíciles de evocar


Bombas, 2016 Cemento 27 x 9 x 9 cm cada una Vaciados de botellas de leche en hormigรณn. Simulan bombas y se establece una asociaciรณn formal que relaciona la destrucciรณn y el sustento, la leche como alimento bรกsico y la escasez de medios de susbsistencia que se produce en los conflictos armados para la poblaciรณn civil que sufre los bombardeos, la guerra.


FLOR FERNÁNDEZ: Mi memoria familiar Reproducimos aquí unos textos del blog https://mimemoriafamiliar.wordpress.com que hablan de la vida de José Martínez Calduch, un ejemplo de todo lo que el miedo y el silencio dejaron escondido durante décadas. CAJA DE PAÑUELOS Dentro de esta caja se desvaneció el silencio. Aquel cartón nacarado contenía la vida oculta de mi abuelo: sus años en la cárcel, la violencia política que le llevó hasta allí, la libreta que le salvó. Todo lo guardó. No sé si de forma deliberada o azarosa. Lo único que sé es que ochenta años después aquellos papeles frágiles que parecían peligrar al ser desdoblados, nos revelaron quién fue el abuelo que no conocimos, el que quedó ocultó tras las palabras enterradas de mi familia. Recordaba de él su fuerza, su mentón tembloroso cuando la vejez y la emoción le vencieron, sus cabezazos contra la pared, sus enormes manos… pero nada del anarquista, del apóstata, del preso, del perseguido que apareció en la caja de pañuelos. Todo ese pasado quedó como un arruga en una sábana, planchada con un poco de almidón. Hoy me detengo en el instante. Lo imagino doblando la sentencia, guardando la libreta de la cárcel… y trato de devolverle la vida a ese fugaz momento sabiendo que la única recompensa ya sólo es para conmigo. No hay marcha atrás. El nunca sabrá que le conocimos. Tampoco que intentamos retener el instante en que venció el silencio.


FLOR FERNÁNDEZ: Mi memoria familiar LA CÓMODA OLVIDADA Luché por no entrar a vaciar aquella casa. Bien lo sabe la espigadora. Me aterrorizaban mis fantasmas, mis deudas con ellos. El mundo de mi tía y mis abuelos había quedado definitivamente deshabitado y sólo mi hermana y yo podíamos hacernos cargo de darle un buen final a todos sus objetos. Despedirnos de sus cosas iba a ser nuestro último duelo, nuestro punto y final a su historia. Jamás pensé que esa tarea supondría renombrarlos a todos. Esta cómoda presidió siempre la habitación de los yayos y les acompañó desde que unieron sus vidas sin más testigos que un colchón de lana y su deseo de vivir juntos. En esta cómoda guardaron sus escasas pertenencias y también todo el silencio, el miedo y el olvido de una historia que quedó enterrada en estos cajones. En esta cómoda nos apareció oculta en una caja de pañuelos la vida de mi abuelo que nadie nos había contado, guardada durante ocho décadas, esperando que los pliegues del tiempo le devolvieran la luz. Junta a esa cómoda murió mi yayo, mientras dormía a sus 83 años, con el secreto escondido frente a sus pies. Quizá ya nos apuntaba hacía donde había que mirar para conocerle. Nadie lo hizo entonces. Ahora, treinta años después, lo hago yo; para saldar mi deuda con él y cambiar el relato de su vida; para que su secreto no siga en el olvido. Parece una broma, pero en esa cómoda encontré la materia de mis sueños.


FLOR FERNÁNDEZ: Mi memoria familiar LA LIBRETA Lo primero que escribió mi abuelo en esta libreta fue un número de expediente. El mismo que aparece en la sentencia que le condenaba a un año de prisión por un delito de auxilio a la rebelión. Pasó en la cárcel tres años y cuatro meses. La «comida recibida» ocupa gran parte del cuaderno. En aquellos momentos esa enumeración se convertía en alabanza hacia los cacahuetes, las naranjas, las botifarras o las vienas de pan que de vez en cuando le llevaba mi abuela. Ver su letra me conmueve. Pensar en él temiendo escuchar su nombre en las sacas semanales me aterra. Todos sabían que a los nombrados les esperaba la muerte. En medio de tanta oscuridad un destello igual al que brillaba en los ojos del abuelo que recuerdo. Un pensamiento datado un 11 de febrero. No pone el año. Pudo ser entre 1940 y 1943. «Cuando salga de donde estoy, comprar un camión, montar una fabrica de hielo…». A partir de ahí y a lo largo de varias hojas recrea con su precaria escritura una nueva vida. No nombra la cárcel. No nombra la derrota. Y finaliza así: «vivir con la mayor felicidad y armonía posibles, retirar todos lo odios y habladurías para que no nos podamos ofender unos a otros, que ya es hora que se acabe todo esto para siempre». Tal cual lo escribió mientras el hambre era su alimento y la muerte le rondaba. Ahora sé que esas letras fueron la última bengala de su naufragio. Ellas me han mostrado que los sueños siempre construyen vida. Pese a todo.


LibrerĂ­a Contrabandos


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OFELIA CARDO Estudios de Bellas Artes en las universidades de Valencia y Pontevedra. Beca 12miradas::Riverside, Taller con Joan Fontcuberta. Ha realizado diferentes exposiciones individuales como: Lastrar los ojos, Fundación Antonio Pérez, Cuenca, 2017. Soplo roto, Take Away Contemporany Art, Peñiscola, Castellón, 2015. A un lado e a outro, Museo Municipal de Ourense, 2013. Cuerpo domado, Centro Cultural Diputación de Ourense, 2009. Mostra joves creadors de L´horta, Quart de Poblet, Valencia, 2001, El árbol caído, Centro cultural de Mislata, Valencia 2000, Vegetando, Librería Eixo. Ourense, 2000. Entre las exposiciones colectivas destaca: Aoutorretrato, Centro Cultural Marcos Valcarcel, 2018, Fondos. Colección Permanente. Museo de Fotografía. Huete, 2017. XV Bienal Internacional de Arte, Vila Nova de Cerveira, Portugal, 2009, Cociñarte Casa da Xuventude, Ourense, 2009. Zona de Exclusión, Vila Nova de Cerveira y Oporto, Portugal, 2004, 3rd Internationl Student Trienal, Estambul, Turquía, 2003. Prefijo 96, Galería Edgar Neville, Alfafar, Valencia, 1994

Diseño de la exposición Ofelia Cardo Fotografías Ofelia Cardo Diseño gráfico Ofelia Cardo Coordinación Eva Lazcano Textos Flor Fernández _ Ofelia Cardo Agradecimientos a Alfonso Serrano http://ofeliacardo.com/ https://mimemoriafamiliar.wordpress. com


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