MAESTRAS SE LLEVAN LA PEOR PARTE Mujeres docentes de diferentes latitudes, pueblos indígenas y periferias ingenian procedimientos con las herramientas que tienen para dar clases en el segundo periodo escolar, envuelto por la pandemia de Covid-19
3 LETRAS DE MAQUÍO Durante su trayectoria política y empresarial, Manuel “Maquío” Clouthier escribió numerosos artículos de opinión, que se publicaron en su momento en el diario El Universal y en los que vertió conceptos y reflexiones que continúan vigentes hoy más que nunca. Por eso en Noroeste iremos replicando algunos de esos escritos.
Violencia y más violencia
‘Algo está podrido en el Estado de Dinamarca’: Hamlet MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN
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l día último del año, los periódicos de mi tierra (Culiacán) anunciaron que, ante la incontenible ola de violencia, se castigaría con 15 días de cárcel y 300 mil pesos de multa a quienes dispararan armas de fuego con motivo de las festividades. Este primitivo impulso de darle vuelo al gatillo, no vayas a creer amable lector que se hace con pistolas. Esas ya pasaron de moda. La serenata a balazos que padecimos provino de metralletas que harían sentirse como niños de biberón a la mafia de Chicago de 1930. El día primero del año, los diarios anunciaron tres muertos a balazos y 12 heridos por las balas perdidas. Este es Culiacán. Sociedad enferma por el narcotráfico y la violencia, el dinero fácil y las autoridades incompetentes. El Presidente Miguel de la Madrid ha anunciado en sus dos últimas visitas a Sinaloa que se haría algo al respecto. El licenciado Pedro Ojeda Paullada, representante del Ejecutivo federal, en el pasado informe de gobierno del estado de Sinaloa, trató el tema con palabras vigorosas. El Procurador de Justicia de Sinaloa ha dicho que se proseguirá con los retenes y esculques para decomisar armas de fuego. Palabras, palabras y más palabras. Hechos son amores, señores, y la realidad sigue siendo que en Sinaloa se rapta y viola a niñas todos los días; se asesina impunemente en las calles hasta al propio jefe de Policía municipal. Las batallas o guerras entre gavilleros están a la orden del día y mientras estos se asesinan unos a otros, las moradas de pacíficos ciudadanos son invadidas porque el campo de batalla es toda la ciudad. Yo convoqué a mis hijos el día último para recomendarles gran prudencia al salir a festejar el Año Nuevo. Parecía como si los fuera a
mandar a la guerra o alguna misión peligrosa. Tenemos una hija que corre a distancias largas. Antes lo hacía en algún parque o en el malecón. Hoy se encierra en el club privado y se marea dando vueltas y vueltas, porque salir a la calle es asumir riesgos que harían temblar del temor al propio James Bond. Un amigo mío se comentaba que sus hijos le decían una mañana: “Llévanos a la escuela porque nuestro vecino está tomando y dispara su metralleta cada 15 minutos”. ¿Exagero?, pregúntele a cualquier ciudadano de Culiacán y verán si lo hago. Pregúntenle a los tres diputados federales de la región, quienes en un acto de “indisciplina” (así se le llama el defender al pueblo) publicaron un desplegado en la prensa local para denunciar este terrible mal que nos aqueja. Los organismos intermedios cuando hacen alguna tibia declaración al respecto son atacados y se dice que se están aliando con la reacción para minar al gobierno. Cuánta miopía, ¿cómo despertar a los que ya están despiertos? Cuánta impotencia de padres, cuyas hijas han sido violadas. Cuántos sinaloenses han sufrido en carne propia asesinatos de algún ser querido. La rabia y la impotencia se enseñorean en esta sociedad enferma que, entre la ignominia y la guerra, prefirió la ignominia y hoy tiene la ignominia y también la guerra. No señores que ostentan la autoridad en Culiacán, el débil grito (y digo débil por el temor de todos) que se escucha, no es cuestión de política de oposición. Tampoco es de búsqueda de posiciones para las próximas elecciones. Es una exclamación de angustia e impotencia, coraje y dolor. Por el amor de Dios hagan algo, el pueblo entero los apoyará y se los agradecerá. Martes 8 de enero, de 1985
MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN
“No señores que ostentan la autoridad en Culiacán, el débil grito (y digo débil por el temor de todos) que se escucha, no es cuestión de política de oposición. Tampoco es de búsqueda de posiciones para las próximas elecciones. Es una exclamación de angustia e impotencia, coraje y dolor. Por el amor de Dios hagan algo, el pueblo entero los apoyará y se los agradecerá”.
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l 2020 fue un año en el que la pandemia, las restricciones sanitarias y la crisis económica impusieron enormes retos al medio ambiente en América Latina. Los bosques, los océanos y en general, la biodiversidad, enfrentaron duras presiones y fueron víctimas de un aumento en la intensidad de actividades ilegales como la tala y la minería ilegal. A lo largo de su cobertura periodística durante el año, Mongabay Latam recogió cientos de testimonios que dan cuenta de los problemas ambientales de Latinoamérica. Esta es una selección de 12 frases que representan las luchas que se dieron y se siguen dando en la región.
1. La violencia
contra indígenas en Colombia La Guardia Indígena del Cauca recibió el Premio Internacional Front Line Defenders por un trabajo de casi dos décadas en defensa de las comunidades del norte de este departamento. A pesar del galardón, los indígenas enfrentan amenazas, hostigamientos y hasta asesinatos en sus territorios. La coca, la minería y la agroindustria avanzan en sus tierras, mientras se da una ola de violencia por los enfrentamientos entre grupos armados ilegales.
MEDIO AMBIENTE
12 voces que marcaron e La llegada de una pandemia, durante el año pasado, impuso grandes retos al mundo, y el medio ambiente no fue la excepción A N T O N I O
J O S É
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José Gregorio Díaz Mirabal Foto: COICA
El repudio al crimen de Samir Flores ha llegado a numerosos movimientos sociales que defienden el territorio en México. Foto: Animal Político
2. Acorralada
enDesde su propia casa que asesinaron a Samir
el 2020
Los indígenas del norte del Cauca han sido unos de los principales afectados por la violencia en Colombia. Foto: Front Line Defenders
Flores, defensor del territorio y esposo de Liliana Velásquez, la vida de esta activista mexicana y sus hijos cambió completamente. Si bien, lo mejor hubiera sido que se marcharan, decidieron quedarse en Amilcingo, municipio de Temoac (estado de Morelos) a pesar del peligro y vivir rodeados por un muro. Velásquez continúa apoyando la oposición al Plan Integral Morelos, un proyecto energético con presencia en los estados de Tlaxcala, Puebla y Morelos, al que Samir Flores enfrentó desde una radio comunitaria que creó para informar a la población.
3. Enfrentando la pandemia dentro de la selva La Coordinadora de las Organi-
zaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica enfrentó grandes retos en el primer semestre del año, cuando la pandemia del Covid-19 apenas llegaba al continente. En ese periodo, más de 600 indígenas perdieron la vida, y esa cifra solo se conocía por el esfuerzo de las organizaciones indígenas, de registrar el avance del virus en las comunidades nativas de la selva Sudamericana.
Milena Flórez, presidenta de la Asociación de Víctimas y Afectados por Megaproyectos y vicepresidenta de Ríos Vivos. Foto: Milena Flórez
4. El precio de defender
el Río Cauca en Colombia La oposición al proyecto hi-
droeléctrico más grande del país (Hidroituango) convirtió a una campesina, desplazada del departamento de Antioquia, en una de las figuras más relevantes de la organización Ríos Vivos, que se opone al funcionamiento de la represa. Aunque Milena Flórez no siempre se lleva los reconocimientos, la han amenazado más de una vez y se ha desplazado en varias ocasiones. Sin embargo, ella insiste en proteger su territorio.
6 Mongabay Latam mostró cómo muchos problemas se agravaron y cómo surgieron otros nuevos. Las voces de los protagonistas de estas historias reflejan un fiel panorama de lo que se vivió este año
6. Áreas protegidas
vulnerables en Bolivia
La quema de gas natural en los mecheros estaría causando afectaciones a la salud, en las comunidades que viven cerca de ellos. Algunas personas viven a tan solo 200 metros de distancia. Foto: José María León
Tala ilegal en los bosques de la comunidad de Bahuinocachi, en Chihuahua, México.
7. Crece la ola de asesinatos
deLas líderes en Colombia organizaciones de derechos
Foto: Ginnette Riquelme
5. La preocupación
porAlgunas la talaestimaciones ilegal en México señalan
que, por lo menos, la mitad de la madera que se comercializa en México tiene un origen ilícito. La presencia del crimen organizado, la impunidad, el exceso de trámites burocráticos y la falta de políticas y presupuesto para fortalecer la silvicultura han hecho aún más difícil el panorama para las comunidades que producen madera legal.
Foto: El Deber, Mongabay Latam
Los cultivos ilegales de coca, destinados al narcotráfico y la tala indiscriminada de la madera, no tienen freno en el Parque Nacional Amboró, que abastece de agua a la ciudad de Santa Cruz. Un equipo periodístico de Mongabay Latam y El Deber ingresó a esta área protegida y encontró cultivos de hoja de coca ilegal recientes y material escondido en el bosque para desarrollar esta actividad.
humanos en Colombia pensaron que las cuarentenas, durante la pandemia, ayudarían a disminuir las agresiones contra defensores sociales, indígenas y del ambiente, pero ocurrió todo lo contrario: los criminales aprovecharon las restricciones de movilidad para asesinarlos, incluso, en sus propias casas. Hasta el 5 de diciembre, según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, ocurrieron 79 masacres en el país, donde se asesinaron a 340 personas. Los departamentos más críticos son: Antioquia (18 masacres), Cauca (13 masacres) y Nariño (9 masacres); Lourdes Castro, coordinadora del programa Somos Defensores, asegura que las agresiones contra líderes sociales tuvieron un importante incremento en el 2020.
8. Nueve niñas
en contra de malas prácticas de la industria petrolera En la Amazonía ecuatoriana hay alrededor de 447 mecheros que queman gas natural todos los días, las 24 horas. La quema de gas emite millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y es uno de los mayores contribuyentes del cambio climático. Nueve niñas de entre 9 y 13 años interpusieron una acción de protección, esperando que se apaguen los mecheros y aseguran que también les están causando impactos negativos a la salud. La acción fue negada, pero están apelando la sentencia.
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Irma Lemus asegura que el amor por la tierra la llevó a poner en riesgo su vida, al denunciar de frente los abusos que cometen los terratenientes y empresarios. Foto: Radio Progreso
9. Líderes amenazados
enElHonduras Gobierno hondureño otorgó
una concesión minera para la extracción de óxido de hierro en el Parque Nacional Carlos Escaleras, en el departamento de Colón. Las comunidades organizadas en el Comité Municipal de Defensa de los Bienes Comunes y Públicos denuncian los daños ambientales, provocados en los ríos Guapinol y San Pedro, acarreando desplazamiento forzado, procesos de criminalización y muerte. Irma Andrea Lemus, una de sus líderes más visibles, fue desplazada y por poco secuestrada.
El líder mapuche Alberto Curamil, quien lideró protestas contra hidroeléctricas, se encuentra ahora mismo en una prisión en Temuco, una ciudad al sur de Chile, acusado de robo con porte de armas.
Efer Silvano Soria (34), actual jefe de la Comunidad Santa Clara de Uchunya, relata que vive constantemente con inseguridad por las amenazas que ha recibido contra su vida. Foto: Iván Flores
10. El avance violento
de la palma de aceite en comunidades de Perú Líderes indígenas shipibo relataron cómo es vivir bajo la amenaza de ataques de presuntos traficantes de tierras que continúan ingresando a sus territorios y, en agosto de este año, sorprendieron a un grupo cuando talaba árboles de propiedad de la comunidad. La comunidad nativa Santa Clara de Uchunya, Perú, ha denunciado que estas invasiones se han agravado, producto del avance de la palma aceitera en el distrito de Nueva Requena, en el departamento de Ucayali.
Juvencio Gómez está fuera de su comunidad desde hace más de ocho meses. No sabe cuándo podrá volver. Foto: Glorimar Fernández
11. Enfrentar a
la minería ilegal en las selvas de Venezuela Uno de los líderes de la etnia indígena pemón, Juvencio Gómez, lleva más de 10 meses lejos de su casa. Huyó no solo del peligro que representan los mineros para la comunidad y el Parque Nacional Canaima, sino de la criminalización de la cual es víctima. Detrás de él está el aparato gubernamental que lo culpa de un alzamiento militar en el que no participó.
Foto: Leonardo Toro Hernández
12. Encarcelado
por defender el territorio La Alianza Territorial Mapuche, liderada por Alberto Curamil, ha organizado varias movilizaciones para “reivindicar los territorios ancestrales” y se ha adjudicado ataques incendiarios a maquinaria privada de empresas forestales. El líder acusa a la expansión de la industria forestal que, en Chile, ocupa más de 3 millones de hectáreas con pinos y eucaliptos, especies exóticas para la producción de celulosa que, según estudios científicos, han disminuido la disponibilidad de agua en los territorios.
Mongabay es una página de información con noticias sobre conservación y ciencias ambientales. Gran parte de Mongabay funciona como parte de nuestra organización sin ánimo de lucroMongabay.org -desde 2012.
8 Jaguar captado en la zona de la Selva Lacandona, en Chiapas. Foto: Cortesía Rodrigo Medellín
PAC-MAN
El jaguar que delató a traficantes chinos en México
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HIAPAS._ Pac-man camina a paso corto, mueve la punta de su cola y jadea, mientras luce sus colmillos. De pronto se detiene y levanta ligeramente su pata izquierda trasera, sin tocar la hojarasca. Voltea y aparece Cam con un andar constante. El cortejo comienza. Ambos jaguares se pierden entre la vegetación de la Selva Lacandona, en el sureste de México. El único testigo de ese momento fue una cámara trampa, instalada en uno de los hogares del jaguar (Panthera onca) en México: el Área Natural Protegida de Yaxchilán, en Chiapas, localizada en la zona limítrofe con Guatemala. Ahí conviven alrededor de 115 jaguares. Por sus hábitos solitarios y nocturnos, es casi un golpe de suerte detectarlos. La escena se captó en enero de 2019, como parte de los monitoreos
La cacería de jaguares para vender sus colmillos y garras en el mercado asiático, actividad que ya se ha documentado en países como Bolivia y Perú, ya llegó a la frontera que comparten México y Guatemala A L E J A N D R O
M E L G O Z A
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D I Á L O G O
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M O N G A B A Y
Fotos: Mongabay a Pac-man, un jaguar juvenil de unos 5 años, 55 kilos de músculos y cuyo deambular se extendía a 400 kilómetros cuadrados -a través de Yaxchilán y Chan-Kin-, a veces cruzando el caudaloso Río Usumacinta. Esa fue la última vez que se grabó a Pac-man. Al jaguar lo mataron cazadores furtivos, a mediados de enero de 2019, convirtiéndose en el primer caso visible en México que podría relacionarse a una red de tráfico del
felino que opera en Centroamérica y tiene conexiones con el mercado chino. El particular modus operandi -que incluye el despojo de colmillos, garras, cabezas y genitales, cuyo costo alcanza de los 10 a los 20 mil dólares- ya se ha visto en países como Bolivia y Perú, donde pesquisas gubernamentales, investigaciones periodísticas y denuncias de organizaciones sociales han documentado que se trata de
tráfico destinado al mercado asiático.https://www.youtube.com/ embed/M1IudSLK-K0. Debido a su elevado costo, este tipo de subproductos para uso ornamental o medicinal es especialmente codiciado por algunos integrantes de la élite china, de acuerdo con exfuncionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. “Pac-man da la señal de banderazo del comercio ilegal chino en
9 búsqueda del jaguar en territorio mexicano. Estamos viendo este comercio ilegal en todo el Continente (Americano)… Evidentemente es el crimen organizado”, explica el doctor Rodrigo Medellín, cuyo Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados de la Universidad Nacional Autónoma de México estudia a los jaguares en la Selva Lacandona. Uno de los ejemplares a los que le hacían seguimiento era Pac-man.
De América para Asia
La investigación Illegal trade in wild cats and its link to Chinese‐led development in Central and South America, que por primera vez sistematiza el tráfico desde 19 países de Sur y Centroamérica a China, revela que las incautaciones de jaguares han incrementado con el tiempo y que la mayoría de las piezas de jaguar decomisadas fueron colmillos; el 34 por ciento de los informes estaban vinculados con China. Además, los decomisos realizados entre 2014 y 2018 sugieren que los traficantes comercian partes de jaguar -así como de puma (Puma concolor) y ocelote (Leopardus pardalis)- para sustituir la demanda del tigre, utilizado en la medicina tradicional asiática. “Los países de origen con niveles relativamente altos de corrupción e inversión privada china y bajos ingresos per cápita tuvieron de 10 a 50 veces más incautaciones de jaguar, que los países restantes incluidos en la muestra”, agrega el estudio científico publicado en junio del 2020. No es la primera vez que el tráfico chino acecha a la fauna mexicana. La ruta México-China lleva al menos dos décadas consolidándose con especies que son, sobre todo, marinas, entre ellas la totoaba (Totoaba macdonaldi), el pepino de mar, el caballito de mar y el tiburón, según informes oficiales de la Profepa. Por ello, Medellín considera que urge legislar para que se considere como “delito grave” el matar a un jaguar; una bandera que asumió la Profepa durante la Conferencia Regional de Alto Nivel de las Américas sobre el Comercio ilegal de Vida Silvestre, celebrada en Perú, en octubre de 2019. “Me preocuparía mucho que, en un país como México, en donde no es clara la reducción de la ilegalidad y el crimen organizado, empezara a crearse un mercado redituable
Ciudadanos chinos han sido detenidos y procesados en Bolivia por el delito de tráfico de partes de jaguar. Foto: El Deber
En China, los colmillos de jaguar suelen utilizarse como afrodisíacos y amuletos. Foto: Ecobol
para las partes de jaguar, porque ya vimos lo que sucedió con la totoaba y la vaquita marina (…) Se nos puede salir de las manos”, señala María José Villanueva, directora de conservación de WWF-México. La medicina tradicional china ha sido una de las principales propulsoras del tráfico de especies. En un nuevo informe del 2020
de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA por sus siglas en inglés) se demostró que 24 compañías farmacéuticas chinas incluían huesos de leopardo, felino que se encuentra en Asia y África, como ingrediente en sus medicinas tradicionales. “Esto es solo la punta del iceberg”, explicó Aron White, quien
forma parte de la organización EIA Wildlife y es especialista en China. “No se trata solo de leopardos. Desde septiembre de 2017, se han emitido al menos 46 permisos gubernamentales (a compañías farmacéuticas) para comerciar o usar partes de especies que se encuentran bajo los más altos niveles de protección”. Según White, el jaguar no aparece específicamente en textos de medicina tradicional china, dado que es una especie americana, pero cabe destacar que el término “hueso de leopardo”, utilizado tanto en documentos de política como en trabajos de referencia de medicina tradicional china, es ambiguo y posiblemente podría referirse a cualquier especie, cuyo nombre chino termine en el carácter de leopardo, como ocurre con el jaguar. Es decir, que un hueso de jaguar proveniente del Continente Americano podría pasar por un hueso de leopardo.
Escena del eco crimen
Los restos de Pac-man fueron hallados a unos 35 metros de la orilla del Río Usumacinta con zopilotes alrededor. En el lodo había evidencia de que lo arrastraron: no tenía cabeza, patas (a la altura de las muñecas), cola, ni genitales. Quedó reducido a un torso con la piel en las coordenadas 16.883218°
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En China son altamente demandados los colmillos de jaguar. Foto: Ecobol
nizaciones que vienen más allá de esas aldeas. Está más ligado a redes de tráfico”, señala un vigilante ambiental. Extensión de 40 kilómetros cuadrados que recorría Pac-man, entre las áreas naturales protegidas de Yaxchilán y Chan-Kin, en Chiapas. Imagen: Programa de Monitoreo de la UNAM, Jaguares de la Selva Maya y Conanp
N, -91.003076° O. A su alrededor había pisadas de los cazadores. Así lo encontraron los vigilantes comunitarios, quienes avisaron a funcionarios de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Diálogo Chino corroboró lo anterior a través de un informe de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de la Conanp. El hallazgo del cuerpo de Pacman no se reportó en un comunicado de alguna dependencia ambiental. La Profepa tampoco interpuso una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República, pese a que se trata de una especie en peligro de extinción en México y a que sí lo han realizado con otros casos. A pesar de que se buscó la versión de la Profepa, no se obtuvo respuesta hasta el cierre de edición. De acuerdo con el artículo 420 del Código Penal Federal: cazar, traficar, capturar, poseer y transportar especies de flora y fauna silvestre, consideradas endémicas, amenazadas o en peligro de extinción, amerita una pena de uno a
nueve años de prisión. Los vigilantes comunitarios creen que, debido a que en esa época del año desciende el nivel del agua, Pac-man bajó por la noche a beber agua y los traficantes le dispararon a la cabeza, desde una lancha cuando surcaban río abajo. “Por las huellas de dicho felino había bajado a tomar agua y ahí fue disparado por cazadores, supuestamente por gente de Guatemala (sic.)”, abona el documento, aunque no hallaron casquillos ni balazos en su cuerpo, por lo cual suponen que fue a la cabeza. Otra versión proporcionada por los vigilantes consultados sugiere que lo mataron en Guatemala y lanzaron los restos a México. Esta forma de operar es habitual en esa zona fronteriza. Los vigilantes comunitarios y guardaparques temen por sus vidas porque escuchan disparos todas las noches y como no tienen facultades legales para detener o portar armas, los traficantes pasan frente a sus narices. “De Guatemala salen en las
noches a cazar (…) Los compañeros llegan a escuchar disparos de escopeta, ya saben que de por sí entra gente a cazar en el mero campamento de vigilancia (…) los cazadores que se mueve a través del río van lampareando, muchos animales son nocturnos”, refieren las fuentes de la zona. Los vigilantes acusan que se trata de traficantes oriundos de las comunidades guatemaltecas de La Técnica, Arbolitos y La Esperancita. La cacería -dicen- no responde a sustento familiar, sino a redes criminales. “Dichos cazadores han estado cazando animales en la reserva, por mencionar algunas especies tales como son: venado temazate, cocodrilo y el más reciente un jaguar. Estas actividades son realizadas dentro de las reservas y por las orillas del Río Usumacinta”, refiere el informe. “Lo más fácil para ellos es cruzarse el río con su lancha y empiezan a depredar (…) Cabe aclarar que no todos los habitantes son personas ligadas con otras orga-
Tráfico que se extiende
La seña para identificar el cadáver de Pac-man fue una mancha, ubicada en su costado izquierdo, la cual se parecía al personaje del videojuego que se lanzó en la década de los 80. La bióloga Paulina Arroyo, encargada del Programa de Monitoreo Jaguares de la Selva Maya, fue quien lo bautizó. Ella también fue quien reconoció los restos. El equipo del doctor Rodrigo Medellín -conformado por el doctor Antonio de la Torre y las doctoras Arroyo e Ivonne Cassaigne- estaba consternado. Antes habían vivido ese amargo sabor de boca, pero era por muertes que ocurren cuando campesinos o ganaderos se “vengan” de los felinos que se alimentan de su ganado; un problema que los científicos buscan controlar, trabajando directamente con las comunidades, explicando la importancia de conservar al felino. El doctor de la Torre, quien coordina el estudio de jaguares en la Selva Lacandona, se preguntó: “¿Por qué no se lo llevaron completo? Ni siquiera la piel se la llevaron, ellos sabían lo que más valor tenía”. En Estados Unidos, un colmillo de jaguar puede llegar a costar
13 mil 500 dólares y 5 mil en China, al tiempo que el conjunto de piel, garras y genitales se pagan entre 2 mil y 3 mil dólares a nivel local, de acuerdo con una investigación periodística realizada en Bolivia, en 2018, y la información revelada a la prensa por la Policía Boliviana y el Ministerio de Medio Ambiente y Agua; en Shanghái, China, el costo alcanza de los 10 a los 20 mil dólares. “Este patrón de cortar la cabeza y las garras es parecido (…) Algunos reportes en Surinam nos hacen pensar que esté asociado”, explica de la Torre, en referencia al reporte Exploitation of the jaguar, Panthera onca and other large forest cats in Suriname, publicado por la organización ambiental WWF en 2010. Los entrevistados recuerdan que en el Río Belice, en el vecino país de Belice, apareció un jaguar decapitado en enero de 2018. La autoridad ofreció una recompensa por información que llevara a la captura de los culpables. La forma de operar en el tráfico de especies es subcontratar a traficantes de poblados cercanos a las áreas. Por ejemplo: los chinos contratan a los pescadores furtivos de la Península de Yucatán para extraer pepino de mar; lo mismo sucede en el noroeste con la totoaba. Esta mecánica la documenta el libro Tráfico de animales, comercio ilegal en México. De acuerdo con ex funcionarios de Profepa, la subcontratación la realizan intermediarios asiáticos -principalmente de China- que se camuflan como turistas. Una vez que tienen el producto, hay dos posibilidades: se traslada vía terrestre a Ciudad de México, para luego abordar el Aeropuerto Internacional capitalino, pues ahí es donde existe una red internacional hacia Shanghai, como ocurre con la totoaba. La segunda es el servicio postal o de mensajería, desde el país origen, como ha reportado Bolivia, a partir de un juicio a dos ciudadanos chinos por posesión de 185 colmillos, en 2018. O también es vía redes sociales: una investigación del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW, por sus siglas en inglés) revela que, con subproductos de jaguares, se venden en internet brazaletes, portacelulares, anillos, cinturones y licor medicinal.
Un felino en riesgo
Conocidos científicamente co-
Mapa con los ocho registros de cámaras trampa, durante los recorridos de Pac-man. La Cruz Roja indica las coordenadas donde apareció su cadáver. Imagen: Programa de Monitoreo de la UNAM, Jaguares de la Selva Maya y Conanp
Parte de animales analizados durante un peritaje, realizado por el Museo Boliviano de Historia Natural Noel Kempff Mercado. Foto: Damián I. Rumiz-Museo NKM
mo Panthera onca, los jaguares son el tercer felino más grande en el mundo, después del león y el tigre siberiano. Se distribuyen en 18 de los 21 países América Latina y, en toda la región, enfrentan las mismas amenazas: la reducción de su hábitat, la ganadería y la cacería ilegal. A nivel internacional, la especie está considerada como “Casi amenazada”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN); mientras que, en México, está en peligro de extinción y su cacería está prohibida. Para revertir este problema, se
lanzó el Plan Jaguar 2030, conformado por 18 naciones junto con las organizaciones WWF, PNUD, WCS y Panthera. Según Villanueva de WWF México, busca proteger las áreas naturales, fortalecer los corredores biológicos, desarrollar políticas públicas que coexistan con el entorno natural, trabajar con las comunidades y combatir la cacería ilegal. El Censo Nacional del Jaguar -a cargo del Instituto de Ecología de la UNAM, la Conanp y la Alianza WWF-Fundación Telmex Telcel- estimó que en 2018 había en México alrededor de 4 mil 800 jaguares. Cada uno de ellos brinda
“un equilibrio ecológico”, explica el doctor Heliot Zarza, vicepresidente de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar: “No solo se alimentan de animales enfermos, sino débiles, hacen esa limpieza sanitaria del ambiente”. Los pasos de Pac-man fueron documentados por los científicos entre octubre del 2015 a enero del 2019. De Cam se tienen imágenes desde junio de 2016 a la fecha. Ella y posiblemente las crías que tenga se enfrentarán a un nuevo problema en la frontera que comparten México y Guatemala: uno, encarnado por traficantes que rebasan en armamento a las autoridades, que operan a sus anchas sin que recaiga el peso judicial sobre ellos y sus financiadores, y que amenazan a guardaparques limitados por los recortes presupuestales que, en los últimos cinco años, han sufrido las áreas naturales en México. Este texto es parte de una colaboración periodística entre Mongabay Latam y Diálogo Chino y fue uno de los 10 más leídos de Mongabay durante 2020.
Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.
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MUJERES MAESTRAS ‘Nos llevamos siempre el mayor trabajo’, coinciden las docentes ‘Con mi quincena voy comprando los materiales’
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UERRERO._ Silvia Cirenio camina por la orilla del río. Piensa en lo que ha sucedido, durante la pandemia, con los estudiantes del preescolar Alfonso Caso. Es maestra con más de 33 años de servicio en Educación Indígena, en la Costa Chica de Guerrero, región de donde es originaria. Su pueblo natal es Cuanacaxtitlan, aunque da clases en otra comunidad ñuu savi del municipio de San Luis Acatlán cabecera, Colonia Bethel. Observa a su alrededor: las casas sencillas, algunas con milpas, un camino entre palmas y carrizos, parotas, cacahuananches o árboles frutales y medicinales. El clima es cálido, agradable. La maestra regresa de visitar a uno de sus alumnos que más le preocupa, quien vive cerca de la ribera. Recuerda que los padres y madres de familia son de escasos recursos económicos. Siempre se justifican que no tienen dinero. Eso desde antes de la pandemia. Ahora con ella, ha sido peor. Las niñas y niños menos tienen materiales para estudiar. Y a distancia… “Con mis recursos, con mi quincena, voy comprando materiales, por ejemplo, si hago un proyecto, debo llevar materiales impresos. Además, debo tener en el salón: colores, libros, lápices, materiales, porque la mayoría no lleva. Y con la pandemia, menos”. Como mujer, Silvia no solo aporta económicamente a su familia, sino al desempeño de su vocación como docente. “Tengo mucha inquietud de saber cuándo vamos a regresar a clases”, piensa la maestra. Sin embargo, han pasado 10 meses y aún no se ven condiciones para regresar
Maestras de diferentes latitudes, pueblos indígenas y periferias, ingenian procedimientos con las herramientas que tienen para dar clases durante el segundo periodo escolar, envuelto por la pandemia por Covid-19 D A L I R I
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Maestra Silvia Cirenio Foto: Cortesía
al salón de clases. Lo que reiteró el Secretario de Educación es que solo hay regreso en semáforo verde. “Tengo miedo de esta enfermedad. No se ha ido ni se va a ir. Les digo a los padres que se vayan adaptando con el cubrebocas”. Silvia sabe que es difícil adquirir todos esos aditamentos o geles para los hijos o para ellos mismos. Siempre está primero comer. Silvia prefiere ser sincera con la comunidad escolar, les explica en tu’un savi lo que vivió y cómo se recuperó de Covid 19: “Hemos visto cómo se ha muerto la gente. Inclusive yo me enfermé, estuve más de 14 días aislada, pero no me atacó fuerte. Me desmayé, me dio diarrea, me dio calentura muy fuerte, se me subió la presión, perdí el olfato, el gusto, me cansaba todo. Entonces, mi hijo me alcanzaba la comida, el desayuno. Siempre con distancia para no enfermarlo. A los adolescentes les da menos. Me
tuve que reponer para seguir con mi labor. Yo luchaba. No me voy a morir por esto. Mi familia me cuidó, mis hijos me recuerdan: llévate tu cubrebocas, toma distancia, no andes pegada con las personas”. Durante la pandemia, Silvia va a visitar a sus alumnos, pues le preocupa que con esta modalidad a distancia se atrasen. Siempre usa cubrebocas y a veces, guantes. La mayoría no tiene televisión, solo 3 de sus 30 alumnos. Pocos hablan español y no hay clases en tu’un savi (o mixteco). En la costa chica no solo se habla tuun savi, también náhuatl, tlapaneco, triqui. “¿Se imagina usted que si la televisión o el gobierno considerara eso para las clases en tele? Son muchos recursos. Además, aquí no funciona, no hay canales gratis”. Silvia es maestra multigrado y ha trabajado con niños de todas esas lenguas.
En el pasado ciclo escolar, Silvia iba a dejar los trabajos a las casas, luego los iba a recoger. Así se dio cuenta que muchos no logran el aprendizaje esperado, porque están haciendo labores en casa. Muchos otros se dedican a los mismos trabajos de las familias y no hacen los cuadernillos. Otros quedan en casa a cargo de los hermanos mayores, mientras las madres salen a lavar. Por eso ha decidido que al visitarlos, les da la clase, o incluso, los ha citado en la escuela para darles sesiones individuales o de tres en tres. Varias veces, las mamás han llegado a la escuela a venderle lo que cosechan en sus tierras. “No sé decirles de cuándo vamos a regresar. Si fuera por mí, mañana estoy en la escuela. Pero nosotras tenemos prohibido dar clase en el salón por oficio de la SEP. Veo que siempre los padres se quejan mucho. Dicen que las maestras están descansando. Pero no”.
13 Volver al pueblo para reforzar la identidad yaqui
SONORA._ La maestra María del Pilar Molina Ramírez es yoreme yaqui. Originaria de Potam, uno de los ocho pueblos yaquis de Sonora. Ahora es de noche y regresa en un camión, desde Ciudad Obregón a su casa, después de ir a hacer papeleo escolar. Es maestra en el pueblo de Huirivis. Junto con otra compañera, son maestras de multigrado en la Primaria Capitán Gabriel Zapajiza, ubicada en este pueblo yaqui, que es el más cercano al mar. Pilar da clases a los alumnos de cuarto a sexto grado. Le toca prepararlos para ir a la secundaria. Es por eso su mayor preocupación de este ciclo escolar a distancia, en donde ha tenido que realizar un esfuerzo doble con los alumnos, pues las clases con cuadernillos no son suficientes, a su sentir. Para ella, es un momento crucial en donde las y los jóvenes deben adquirir ciertos conocimientos, que maduren su formación. Sin embargo, la pandemia ha hecho más difícil la transmisión y la empatía. Además, esto puede evitar que se acerquen a las drogas, que en los últimos años, jóvenes las usan más frecuentemente en los pueblos yaquis. Desde que inició su carrera docente, Pilar disfruta dar clases en comunidades, a donde la mayoría de los maestros no llegan. Antes de regresar a dar clases a su territorio natal, dio clases por más de cuatro años en la primaria del pueblo Guarijío, municipio de Álamos. La escuela está enclavada, en la montaña que crece verdosa, a diferencia del arenoso desierto, con el que comparte sus faldas. Se tenía que quedar a vivir allá pues, por las horas de traslado, no es factible ni costeable, por las más de 6 horas de camino y a veces hasta días esperando un aventón a la comunidad más cercana. Aunado a eso el precio del transporte. Las mamás guarijías no querían que se fuera, porque es raro el maestro que quiere ocupar una plaza ahí. La maestra Pilar pidió su cambio a territorio yaqui. Insistió mucho, pues a su parecer, lo ideal es que
Maestra Pilar
las maestras puedan enseñar en su propia lengua a las personas más pequeñas, para fomentar el arraigo. De hecho, actualmente defiende que los maestros yaquis puedan tener una base en su propio territorio y que los estudiantes no tengan que lidiar con profesores externos, que no les enseñan en su lengua propia. Actualmente, por lo menos el 70 por ciento de sus más de 30 alumnos hablan la lengua jia aki. Pilar combina la enseñanza de los libros de texto con los ejercicios que ella les puede aplicar, para enfocarlos en su propia cultura. Ella misma ha creado los ejercicios, diseñados para que aprendan a través de lo propio. Lo mismo ha hecho durante la pandemia con los cuadernillos. Los enfoca para que puedan reforzar la identidad y al llegar al nuevo grado no desplacen el ser yoreme. En Huirivis, la mayoría de sus alumnos no cuentan con televisión. De hecho, cuenta que apenas una
maestra conocida de la región fue convocada por la SEP para grabar programas en lengua jia aki para programas educativos que implementaron como estrategia. Ve con tristeza que siga el esquema a distancia, aunque le parece un paso importante que consideren a su pueblo para grabar las clases por televisión. La electricidad es otro problema, en la Primaria Capitán Gabriel Zapajiza se baja mucho la corriente eléctrica, “no abastece suficiente”, describe la maestra, quien asegura que con algunos recursos gubernamentales que llegaron han mejorado ese aspecto de la escuela. Como mujer ha sido difícil lidiar con la enfermedad y el cuidado de su familia. Para ella es más fácil ahora que sus hijos son mayores, pero no se imagina si estuvieran pequeños. En el caso de las mamás de sus alumnos, muchas se van a trabajar a la maquila. Llegan los camiones
de madrugada y las regresan en la noche. Los avances han sido lentos en la mayoría. Ella no se da por vencida y, aunque la SEP no lo permite, ha hecho citas con los alumnos en la escuela. Cuenta que las familias se acercan a consultar y a pedirle información de lo que sucede. Ella porta cubrebocas, aunque asegura que no es muy común que las personas lo usen en su territorio. La maestra asegura que en 25 años de servicio, nunca había vivido algo que implicara el atraso escolar de una generación. De estos años de servicio, 23 ha sido directora con grupo, en los diferentes centros y niveles que ha atendido, como educación inicial, preescolar y, desde 1997, primaria, pues la cambiaron de clave. Última parada: Potam. La maestra baja del camión, camina un par de calles, atravesando el polvo que se levanta al caminar, de noche, para llegar a su casa.
14 ‘La pandemia nos encontró en la indefensión’ OAXACA._ María Teresa Yescas Navarro tuvo que idear un plan y reinventarse para dar clases, durante la pandemia, a los estudiantes de la Primaria Revolución Mexicana, ubicada en Colonia Unidad Habitacional Ricardo Flores Magón: la tercera zona más violenta en la periferia de la ciudad de Oaxaca. Ahí, la mayoría de los alumnos son de diferentes comunidades del interior del estado, son hijos de madres y padres subempleadas que tuvieron que continuar su trabajo, aún con la pandemia, o lo perdieron. “Nos encontró a todos, maestros, madres, padres, niños, autoridades, en la incertidumbre, indefensión, sin herramientas, en un primer momento, para enfrentar el confinamiento. Vivimos la dificultad para continuar el proceso educativo en condiciones distintas”, asegura la maestra, que en ese momento tenía un grupo de sexto de primaria. La ventaja que tuvimos, asegura María Teresa, es la propuesta Metodológica de Alfabetización Científica y Tecnológica que inició desde antes de que llegara la pandemia, la cual permite trabajar a distancia. Pero los alumnos ya salieron y ahora da clases en quinto grado. Con los 34 años que lleva como docente, María Teresa concluye que gracias a esta forma de compartir el conocimiento los alumnos le dan sentido vital a lo que aprenden. Son más reflexivos y críticos. Con el Covid-19, menciona como ejemplo, los problemas matemáticos que les aplicó sobre reproducción del virus Sars-cov2. O el experimento del uso de cubrebocas: soplar una vela a ver si se apaga. Hicieron una tabla y registraron lo sucedido con una capa de tela, si se apaga la velita, si salían gotas. O ver cómo, al echar detergente en aceite, explicamos a los niños que el Sars-cov2 tiene una capa, tiene grasa, por eso el virus ya no se pega y se rompe con el jabón o el alcohol. “Lo que recuerdan los niños son
María Teresa Yescas Navarro Foto: Cortesía
los aprendizajes significativos”, recalca. Ella es consciente de que muchas veces sus alumnos vienen de entornos violentos familiares. “Tengo que adaptarme a ellos, ser una ventana para romper el entorno de donde vienen. Y con la pandemia”, la maestra describe que su labor ha implicado una propuesta psicoemocional también prevista en la metodología científica que utiliza. Por ello, consiguió celulares para las familias que no contaban con la tecnología para que pudieran estar en comunicación con la maestra. “Busqué dos donaciones de celular y nosotros nos comprometimos que entre yo y una amiga psicóloga íbamos a dar la recarga”. La maestra se ha sentido muy vulnerable con la pandemia, pues padece de asma. Por ello, aunque quiera, prefiere no salir, ya que contagiarse sería fatal. Sin embargo, ha dejado de lado cualquier esquema
de trabajo hecho antes y se reinventó: dejó de lado el horario tradicional, para dar clases a la hora que sus alumnos tienen dudas y pueden estar en un teléfono celular o aparato electrónico o señal de internet. Asegura que para todos sus alumnos ha sido difícil hallarse dentro de la tecnología, acorde a la dinámica familiar. “Con los niños en tiempos normales no es solo de 8 a 1, y en pandemia mucho menos, yo debo estar casi 24 horas, en el momento que me requieran, es cierto, el gobierno me paga, pero este trabajo necesita pasión”, aseguró. Por más que ella quiera imponer un horario de clases, ha solucionado esta parte con videollamadas conjuntas o sesiones individuales. Se lamenta, pues asegura que los seres humanos aprendemos en colectivo y eso lo ha inhibido la enfermedad. Y sin embargo, aún hay modos de crear en colectividad. La maestra estudió en Canadá y
se pregunta cómo ha sido la educación en pandemia allá en el norte. Durante este segundo ciclo escolar enmarcado en la pandemia. Fue una de las 10 finalistas nacionales del Premio Docentes Extraordinarios: National Teacher Prize México. Reconocen el modo en que ha aplicado la propuesta Metodológica de Alfabetización Científica y Tecnológica, por varios años ya y ahora, durante la pandemia. “En el caso de las mujeres no es fácil”, dice resignada la maestra. Para ella, obtener este reconocimiento es muy importante, ya que mayormente reconocen a los maestros. Sin embargo, destaca que esa sensibilidad como mujer le permite identificar momentos catárticos de las y los alumnos, cómo se sienten con la pandemia, les invita a expresarlo con dibujos y sobre todo, entender que lo mejor es no sancionar a los niños, menos sin escuchar sus historias de vida y menos ahorita.
15 El reto de enseñar en la Alcaldía con más muertes por Covid IZTAPALAPA._ Manuelita de Jesús Armenta extraña la sonrisa al regresar a casa, después de un día arduo de dar clases en la Primaria Centauro del Norte en Iztapalapa. Este ciclo escolar tuvo que dar clases a un grupo nuevo y conocerles a través de internet. Asegura que la comunidad escolar es lo que ha permitido que las clases continúen y los maestros desarrollen estrategias. Esta alcaldía es la que más muertes registra por Covid 19 (2 mil 812 defunciones con 8 por ciento de la tasa de mortalidad). “Es más complicado porque no conoces a los niños, me dieron un grupo nuevo y ellos no tenían cercanía, ahí te llegan todas las dudas: ¿cómo le voy a hacer?, ¿cómo empezar a conocer las necesidades de los niños, cómo hacer el trabajo en grupo e individual?”. La pandemia no le ha quitado la sonrisa de satisfacción al dar clases. La maestra Manuelita Armenta encontró un modo de que la mayoría de los estudiantes atiendan, al tiempo y modo que lo permitan las condiciones familiares, la práctica escolar. Por eso sonríe al dar la entrevista. Primero abrió grupos de Whatsapp y de Facebook. En esta segunda plataforma hace transmisiones para dar la clase. Les pide a los alumnos que respondan o reaccionen en tiempo real. Si al final tienen dudas, abren una sala extra para conectarse en videollamada. Si los alumnos no se pudieron conectar en vivo, aún así pueden participar durante la transmisión y buscar una cita posterior con la maestra, si quedan dudas. “Al terminar la clase, entrábamos todos a la sala de videollamada y bailábamos de todo, era bien padre ver quienes se conectaban”, cuenta su experiencia. Comenzó con su grupo de 27 estudiantes y ahora ya son tres grupos que atienden esta dinámica, aproximadamente 81 alumnas. Armenta advierte: “ese es otro reto”. Aún con las clases por televisión, la brecha tecnológica es muy amplia y hay alumnos que no tienen acceso a estos dispositivos, a los cuales ha tenido que entregar cuadernillos de trabajo en casa. “Sabemos que ahorita los padres no están presentes todo el tiempo
con el niño, que su papá llegó a las 6 de la tarde y puede verlo hasta las 7, pues a esa hora se ponen a ver el video y está bien. A esa hora también interactúan con los comentarios”, explica. Además, los programas que pasan por la programación escolar se sienten lejanos de los estudiantes. “La persona que está es conductora, no tiene conocimiento de pedagogía. Atrae la atención de los niños, pues sí, son conductores, pero lo hacen bien por 5 minutos, después el niño se distrae”. La maestra vio con sus hijas de kínder y secundaria las clases en la televisión, pero pronto las dejaron. De hecho, ellas se convirtieron en sus cómplices para dar las clases y aprender junto con ella: “hacemos más de lo humanamente posible con lo poco que tenemos”, describe de su experiencia. “Las mujeres maestras nos llevamos siempre el mayor trabajo. Nosotras en casa somos cuatro mujeres y dos hombres, niño y esposo. Como mujeres tratamos de cobijar. Aunque a veces no nos corresponde. Pero tenemos muy anclada esa parte de sobreprotectoras y que todo lo podemos hacer por una familia, por un grupo escolar, una mujer difícilmente te dice ‘no puedo’”, afirma la maestra Manuelita. Desde antes de la pandemia, “las familias son muy unidas en el entorno escolar, se integra la comunidad. En ese sentido es muy bonito el trabajo, lo que necesitamos, siempre alguien ahí nos apoya”. Asegura que esto se refleja en los momentos más difíciles de este segundo ciclo escolar enmarcado por la pandemia de coronavirus. Varios maestros de la Centauro se han enfermado de Covid 19, incluido el director de la escuela primaria, el profesor Pedro Hernández. La comunidad de la escuela siempre estuvo al tanto. También lidiar con la muerte por Covid ha sido motivo de enseñanza para Manuelita de Jesús Armenta. “Piensas en cómo intentas alegrarles el día a los alumnos en pleno encierro. Y ves la otra cara de la moneda. Me tocó tranquilizar a una estudiante y a los ocho días muere su tío por Covid. No lo entienden. Los niños viven un encierro que les afecta psicológicamente y esto
Maestra Manuelita Armenta Foto: Cortesía
afecta también el aprendizaje”. La maestra estudió pedagogía en el sistema educativo finlandés y se pregunta qué estarán haciendo allá con la pandemia. Sin embargo, no se arrepiente de dar clases en la Primaria Centauro del Norte, la cual ella eligió por los comentarios que hacían sobre sus maestros.
DALIRI OROPEZA
Botas llenas de Tierra. Tejedora de relatos. Narro sublevaciones, grietas, sanaciones, Pueblos. #CaminamosPreguntando De oficio, periodista. Maestra en Comunicación y cambio social. #Edición #Crónica #Foto #Investigación
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COVID-19
La vida que nos cambió una pandemia Bodas frustradas, viajes cancelados, estudios suspendidos, negocios quebrados, amigos que no pudimos conocer. Palabras nuevas en nuestro vocabulario cotidiano: pandemia, antígenos, patógeno, inmunidad, carga viral, ARN mensajero. Son los saldos que ha dejado un microscópico virus que pasó como una tormenta a sacudir, barrer y borrar nuestros planes de vida A N D R O A G U I L A R , D A N I E L A R E A , D U I L I O R O D R Í G U E Z , J O S É I G N A C I O D E A L B A , I S A B E L B R I S E Ñ O , L Y D I E T T E C A R R I Ó N , M A R Í A R U I Z Y V A N I A P I G E O N U T T
Fotos: Cortesía
17 De DJs a chefs M A R Í A
‘El futuro es un volado’
A
mediados del 2019, Jorge de Alba dejó un buen trabajo para estudiar una maestría en China. También dejó a su familia, amigos y se fue con sus ahorros al otro lado del mundo, para estudiar negocios. Tenía 31 años. El 2020 inició con lo que parecía un sueño realizado: tenía una novia -estudiante de la misma universidad- y un montón de nuevos amigos. Cuando hablaba a su país, advertía su felicidad: “Yo creo que nunca voy a volver a México”. Pero en un par de meses todo cambió. Las noticias sobre un nuevo virus al sur del país -él estudiaba en Harbin, una ciudad al norte de China- provocaban zozobra. La universidad cerró y Jorge fue obligado a abandonar el país. Todavía no lo cree. “Dejé una forma de vida en México por ese proyecto. Así que ha sido muy desalentador volver en una situación así”. En México, Jorge intentó volver a su antiguo trabajo, pero se encon-
tró que la empresa estaba recortando plazas, debido a la crisis económica derivada de la pandemia. Él continuó sus clases en línea. “No sabemos cuándo vamos a regresar a la supuesta normalidad en que vivíamos, es una incertidumbre lo que va pasar. Yo no sé si voy a acabar la maestría en línea o allá, como lo tenía pensado”. ¿Te has adaptado a llevar tu vida en México? “Si te soy sincero, todavía no me adapto”. Estudiar chino en China, cuenta, le resultaba más fácil por la interacción con sus compañeros y su novia, que tuvo que dejar. Ahora, estudiar se convirtió en un acto muy solitario, para el que necesita mucha disciplina. “Me siento muy desmotivado con el tema de la maestría y con el idioma, ahora me parece que el futuro es un volado. Esto va para largo plazo, lo que me queda es seguir estudiando en línea. Por lo pronto, no tengo expectativas ni siquiera a corto plazo”.
R U I Z
“Desde finales del año pasado, casi diciembre, me despidieron del trabajo. La empresa quebró y recortaron personal. Por esto empecé a solventar mi vida con tocadas. Tocaba al menos cada 15 días. Entonces me ofrecieron una beca en una universidad de Argentina. Vendí mis muebles, vendí todo lo de mi departamento. Me iba en mayo, pero la pandemia empezó en marzo. Me cancelaron vuelo, estancia. La universidad hizo todo en línea. Lo cancelé. No quería tomar una maestría en línea. Después de perder el trabajo era mi ilusión estudiar de manera presencial en Argentina”. “Mi único apoyo económico eran las tocadas. Pero se empezaron a cerrar bares, clubes, las tocadas se cancelaron, evidentemente ya no había fiestas. Para mí, para muchos que estamos en la escena, fue un golpe muy duro. Aunque no todas vivimos al 100 de eso, es un fuerte apoyo económico, sobre todo para las que más se están desarrollando o que ya son productoras, que dedican su vida a presentarse, a tocar. Muchas de ellas tuvieron que ver otras posibilidades para sacar dinero: clases particulares o en línea. Otras definitivamente se metieron a otra cosa distinta, a preparar todo tipo de comida y hacer envíos a domicilio. Muchos en la escena están haciendo eso y les ha ayudado a solventar sus gastos. No conozco a uno solo que no la esté pasando súper mal. Sobre todo para los que tenían esa independencia de vivir solos, de rentar. Han tenido que regresar a casa de sus padres, como yo”. “Este año tuve dos fiestas privadas con 20 personas. Me arriesgué mucho, tuve miedo, pero también necesitaba ese extra y dije bueno, lo tomo. Me fui a León con algunas de las chicas de WOMXN, la colectiva de DJs de la que soy parte. También toqué en una fiesta privada en Morelos, para Pervert, la comunidad de fiestas queer. Muchos de los que siguen tratando de vivir de esto tienen que recurrir a este tipo de fiestas privadas, muchas veces clandestinas, para tener un poco de dinero. Por mucho que vayas protegido vas con el riesgo de contagiarte, porque no sabes ni quién tocó la cabina. Incluso en el transporte, muchos no tenemos
“Te comparto esta increíble foto que tomé del cielo luego de 3 meses de no haber salido de mi casa”. Foto: DJ NHAT
coche propio, nos movemos a las fiestas o lugares en transporte público, en autobuses, en el metro. El riesgo está y ha estado, pero como sea la hemos librado un poco. No te puedo decir que todos, pero en mi caso, ahí voy”. Natalia Treviño, conocida como DJ NHAT, es fundadora de la colectiva WOMXN. En julio consiguió un trabajo estable y ahora trabaja de manera remota desde la casa de su madre, en Cuernavaca. No es un trabajo de DJ, pero le permite tener independencia económica y ahorrar. Nos recomienda probar la comida de La Tradicional y de La cochinita del tío Fig para apoyar a la escena mexicana de DJs, durante esta pandemia.
18 ‘Siento que no tengo amigas’ D A N I E L A
Boda sin invitados D U I L I O
R O D R Í G U E Z
Hace un año, Fluorina, su novia, viajó a México desde Suiza y fueron unos días a Oaxaca. Ahí decidieron casarse. Kau avisó a su madre de sus planes de matrimonio, llevó a su novia a conocerla a su pueblo, en la costa chica de Guerrero. Y definieron la fecha: diciembre de 2020. Kau y su novia pensaron en hacer dos fiestas, una en la Ciudad de México, donde estuvieran los amigos y compañeros de trabajo, y la otra fiesta en Cuanacaxtitlán, Cuana, su pueblo natal, para estar con su familia. Pero todo cambió con la pandemia y por la emergencia sanitaria ninguna de las dos fiestas se pudo
realizar. La de la Ciudad de México estaba prevista para el 19 de diciembre. Como la ciudad estaba en semáforo naranja, los novios planearon tener un festejo sobrio, con apenas 20 invitados, divididos en dos días. Pero el 18 de diciembre, la ciudad entró en semáforo rojo, lo que obliga a los restaurantes a vender solo comida para llevar. Ya con sus ajuares listos, solo les quedó cambiar de sede y festejar, con tres compañeros, en una casa particular. Finalmente, Kau se casó en Acapulco, Guerrero, sin la presencia de su mamá.
R E A
Inés, de 6 años, apagó el micrófono y la cámara de su zoom y se puso a llorar. “Me siento muy sola mamá, siento que no tengo amigas”, dijo. Estaba tomando una de sus primeras clases de primero de primaria. De la emoción de una nueva escuela, de sentir que “ya era mayor” por ingresar a la primaria, de conocer y hacer nuevas amigas, de esa emoción que sentía meses atrás, mientras visitaba escuelas con sus papás para elegir una, quedaba casi nada: una pantalla con una maestra hablando hacia ella y sus compañeros, con micrófonos silenciados, sin posibilidad de relacionarse o platicar con las otras caritas que asomaban en la pantalla. Adaptarse estaba siendo difícil para ella, su mamá y su papá. Primero fue encontrar un lugar en el departamento. Comenzó tomando clases en la sala, pero la distraía el ruido de la cocina y de las juntas de su mamá; luego se fue a su cuarto, pero su hermana menor la interrumpía constantemente para que jugara con ella. Finalmente se instaló en el cuarto de sus papás, donde también, constantemente, tiene que apagar la cámara para que ellos se cambien de ropa. Luego fue entender el ritmo de la educación virtual. En los primeros cuatro meses, los horarios de las clases cambiaban, pues la maestra y directivos intentaban encontrar una fórmula que les permitiese mantener la atención: clases de una hora, de 40 minutos con 20 minutos de recreo; clases de 40 minutos con 20 minutos de convivio en la pantalla. Lo que fuera necesario para aprender y relacionarse con sus compañeros. Luego fue mantener la atención. La maestra a veces se disfrazaba, otras veces les permitía dibujar en la pantalla, les hacía jugar a las escondidas o a “el rey pide”: una escoba, un zapato de su mamá, una caja de cereal. La maestra se dio cuenta que Inés se distraía porque no entendía los ejercicios de matemáticas, apagaba la pantalla y se iba a jugar con su perro, así que ofreció conectarse media hora antes con ella para actualizarla. Ofrecía esa ayuda a costa de su propio tiempo y las necesidades de su propia hija, que también tomaba
clases en casa. El día que Inés apagó la pantalla y se puso a llorar por soledad, su mamá escribió un mensaje al grupo de whatsapp: casi todos ahí eran desconocidos por ser un grupo de nuevo ingreso, pero les contó lo sucedido. Las mamás y papás acordaron entonces reunirse en un parque para que los niños se conocieran en persona; luego acordaron reunirse un día a la semana. Luego dos. Para fin de año, la maestra organizó un intercambio entre estudiantes. A Inés le tocó su compañera Sara y junto con el peluche le mandó una carta: “Esta puede ser una oportunidad para que Sara sea mi amiga”, le dijo a su mamá. Poco a poco, maestras, madres, padres y niños intentan construir una comunidad que les acoja, que pueda subsanar lo más posible el impacto emocional y de aprendizaje que pueda tener en ellos el aislamiento y la falta de convivio. En México, la SEP estimó que un 10 por ciento de estudiantes de primaria y secundaria, (esto es 2.5 millones), dejaron la escuela -parcial o definitivamente- como consecuencia del cierre de clases presenciales, por la emergencia sanitaria de Covid-19. A ese impacto debe sumarse el incremento de la brecha de aprendizaje que habrá en quienes no tengan herramientas para conectarse a sus clases en línea o que, aún con clases, no haya el seguimiento necesario por parte de maestros y directivos.
19 ‘No aguantaría toda la secundaria así’ A N D R O
A G U I L A R
El principal propósito de Enid cuando inició el 2020, era cerrar la primaria con buenas calificaciones, para ingresar a la secundaria que quería. Pero sus expectativas cambiaron cuando el coronavirus acaparó todo. El año se fue transformando y todo comenzó a ser a distancia. Ella, de 12 años, empezó a resentir el peso de las tareas en línea. “Me emocionaba el hecho de pasar a la secundaria, porque conocería nuevas personas, nuevos amigos y maestras. Ha sido un poco triste. No pude conocer a mis compañeros y maestros. A mí se me dificulta un poco estudiar en casa, porque sí tengo la computadora, pero me cansa mucho. Tengo que estar varias horas editando PDFs, documentos de Google. Me tardo mucho haciendo mis tareas. Casi siempre estoy en la computadora, desde la mañana hasta la noche”. “No creo que aguantaría la secundaria así, porque la verdad no somos tan sociables. Lo que me gustaba de la escuela era que había momentos donde convivíamos y pues, ahorita no. Nada más es hacer trabajo, trabajo, tarea y entregar. No es tan divertido”. Fue un año un poco pesado porque en mi escuela nos daban muchas tareas para no atrasarnos. Y
también fue triste, porque no pude conocer tanto a mis compañeros y no poder salir. No pude reunirme con mis familiares en Navidad, solo lo pude hacer con mis papás y mi hermano. Si me reunía con mis abuelitos y mis tíos íbamos a ponernos en riesgo, porque ya estamos otra vez en semáforo rojo. Fue un año pesado y un poco triste”.
‘Me rompe el corazón ver que extraña a su escuelita’ L Y D I E T T E
C A R R I Ó N
De lo que yo sigo sin reponerme es de la escuela en línea. Mi hijo cumplirá 5 años en enero. Desde marzo no asiste a la escuela presencial. Cada día, de lunes a viernes nos sentamos a preescolar 2; está aprendiendo a leer y escribir de este modo. Ha tenido momentos bellos. Cuando logro conectar con él como mamá y asistente de la maestra. Pero por lo general me rompe el corazón ver la manera en que extraña a sus amigos y su escuelita.
‘Extraño todo de él’ I S A B E L
B R I S E Ñ O
Durante todo el año, los integrantes de la familia Dorado Padrón trabajan arduamente, incluso en cumpleaños y en fechas como la Navidad y el Año Nuevo. En sus fotos se ven trabajando, rodeados por todos sus clientes en la Plaza Pino Suárez y Plaza del Nuevo Volador. Pero este 2020 año cambió todo. Primero tuvieron que parar sus ventas porque la plaza cerró en la Jornada Nacional de Sana Distancia. Perdieron las temporadas más fuertes de venta: las de los útiles escolares y la de Navidad. Sus ingresos bajaron a la mitad y sus trabajadores pasaron de 15 a 4. Poco tiempo después atravesaron por la pérdida de Ángel Dorado, esposo y padre de esta familia, Al duelo se le sumó el enojo, pues les entregaron un cuerpo equivocado y solo pudieron recuperarlo en cenizas después de manifestarse en el Hospital General. “Yo extraño todo de él”, dice Teresa Padrón, su esposa. “Fue mi
compañero durante muchos años, pasábamos todo el día juntos en el trabajo, un día hasta me llevó mariachi al puesto. Era muy alegre y muy amiguero; en el trabajo se transformaba, era muy enojón, pero cuando llegábamos a casa nos decía: ya, olvídense del negocio, aquí ya es otra cosa”. Bety, Alfredo y Dulce son ahora el apoyo de la señora Padrón, ahora viven juntos y siguen muy unidos. “Extrañamos a nuestro papá, contarle nuestras cosas, cenar juntos y ver películas al llegar del trabajo”, dice Beatriz Dorado. La familia recuerda con nostalgia cada momento compartido, mientras observa las fotos de Ángel, a quien le gustaba la salsa y la música banda, pero sobre todo, salir de vacaciones en familia con su esposa e hijos. La pérdida es irreparable. Pero conservan las enseñanzas de un hombre que les dijo que tienen que luchar y trabajar honrada y dignamente.
20 ‘Tenemos incertidumbre de lo que va a pasar el próximo año’ D A N I E L A
R E A
Durante seis meses, las búsquedas de personas desaparecidas en el sur de Tamaulipas fueron suspendidas por la emergencia sanitaria de coronavirus. Graciela Pérez, integrante Colectivo Milynali Red Ciencia Forense Ciudadana, explica que año con año las familias del colectivo calendarizan búsquedas con las fiscalías Federal y Estatal, lo que considera un avance y logro de 8 años. Pero a partir de abril se suspendieron los rastreos de campos de secuestrados y fosas clandestinas. “La pandemia afectó mucho la búsqueda de desaparecidos. Más de seis meses estuvimos parados, sin búsqueda en campo. Tuvimos paciencia y aceptamos cuidarnos para que nadie se enfermara, porque las búsquedas organizadas con las fiscalías federal y estatal implicaba que la gente viajara en avión, en autobús y no queríamos que la gente se enfermara. Lo aceptamos”, dice Graciela, madre de Milynali, desaparecida en Tamaulipas. Sin embargo, aclara, “cuando
vimos que el Gobierno federal hace su vida normal y sigue saliendo y haciendo eventos ¿por qué nosotros no? Al final se decidió retomar las búsquedas, pero en la CEAV nos hicieron firmar de aceptar diligencias bajo nuestro riesgo”. En octubre se retomaron las búsquedas en el sur de Tamaulipas y se suspendieron durante la primera semana de diciembre, al entrar la entidad en semáforo naranja. Para Graciela y su colectivo es importante mantener el seguimiento de búsquedas vinculadas a carpetas de investigación y con la participación de las fiscalías federal y local. En otros estados se realizaron búsquedas sin la participación de autoridades o con alguna autoridad local. La pandemia hizo este año, prácticamente perdido para la búsqueda en terreno. Además, dejó acéfala a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Si bien es una autoridad federal, tuvo impacto en las comisiones locales. “La pandemia fue un arma de
doble filo, pues los funcionarios han aprovechado para dilatar el trabajo de coordinación y búsqueda. No vamos a dejar de buscar porque
es nuestro derecho. Tenemos incertidumbre de lo que va a pasar el próximo año”.
Lo más difícil es mantener la alegría V A N I A
P I G E O N U T T
En sus 23 años como payaso, Alberto Baena Flores, “Chay”, nunca había hecho tan pocos shows como este 2020: por la pandemia de Covid-19, logró hacer cinco con sana distancia. Fueron cumpleaños poco concurridos, de máximo 10 niños y en espacios al aire libre. Dice que la pandemia modificó sus ingresos, pero con lo que más ha batallado su gremio, es con no perder la alegría, una de sus herramientas de trabajo más importante. “Todo esto nos dio en la torre, así estamos animadores, imitadores, botargueros, personas que nos dedicamos al entretenimiento”. Su último show fue el 28 de noviembre en el municipio de Tecamac, Estado de México, en la comunidad de Reyes Acozac, a más de dos horas de la Ciudad de México. Se trasladó en su vochito, en compañía de su esposa, la payasita Pildorita. Chay, de 65 años, cobró mil 500 pesos por ese show. A nivel nacional calcula que son más de 6 mil payasos, pero tan solo en la Ciudad de México y el Estado, recuenta unos 400 que se quedaron sin ingresos. Algunos han colocado
puestos de comida afuera de sus casas, han buscado apoyos, por ejemplo, un tortillero les vende de 15 a 11 pesos el kilo. “Es una gran ayuda porque a veces hay compañeros que ni esos 11 pesos para sus tortillas completan”. Solo dos veces, el Gobierno que dirige Claudia Sheimbaum les apoyó con 3 mil pesos en dos exhibiciones, pero lo manejaron como seguro de desempleo. Dice que otro año así no resistiría. No solo es la carestía económica, que realmente ha padecido, sino la actividad misma que los mantenía con energía. “Hay un payaso que pone en su face que lo inviten a dar show, aunque no le paguen. Eso es nuestro motor”.
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COVID EN LA COMUNIDAD MAYA México subregistró más de 9 mil casos de indígenas contagiados por el virus Entre marzo y septiembre, los datos oficiales subestimaron a la población indígena con sospechas de haber sido infectada; las fallas en la contabilidad continúan, pues hay más de 3 mil contagiados que son ‘hablantes de lengua indígena’ y al mismo tiempo se les cataloga como ‘no indígenas’ y hay más de 100 mil casos, donde no se especifica su etnicidad G I B R Á N
L
M E N A
A G U I L A R
a mañana de abril, en que el enfermero maya Luis Cauich recibió la llamada de una amiga, pidiéndole que recibiera a su hija en el Hospital Integral de José María Morelos, Quintana Roo, el mundo sabía aún poco del virus SarsCov2 que se extendía sobre su superficie. Pero Cauich ya sabía esto: si la joven de 23 años padecía Covid-19, no había esperanza. Lleno de angustia, Cauich le tomó signos vitales y datos de registro para su expediente: tenía diabetes, inmunosupresión, enfermedad renal, neumonía, EPOC y una discapacidad. Además, era indígena, información que dejó registrada en el expediente junto con el resto de información sobre su caso. “Era maya, toda su familia es maya”, narra el enfermero. Dado su estado de salud, no había mucho qué hacer. Al otro día, el virus le quitó la vida, y su deceso en un hospital se añadió a la base de datos oficial de la Secretaría de Salud federal (SSA), pero con un faltante: no se informó que la joven era indígena. La columna que indica que ella se reconocía como mujer indígena fue añadida por la SSA a la base, seis
meses después de su muerte, hasta el 7 de octubre. Como este, la dependencia invisibilizó maś de 9 mil casos de Covid-19 entre personas pertenecientes a pueblos indígenas (sumando a quienes así se identificaron y a quienes hablan alguna lengua), con fechas de ingreso a hospitales entre enero y octubre de 2020, a pesar de haber contado con este dato, desde el inicio de la publicación de la base, revela el seguimiento continuo y análisis de los datos de los que hoy suman más de 2 millones 800 mil registros de pacientes en centros hospitalarios de todo el País. “Ahora resulta que una institución nos va a decir si somos indígenas. Si con el apellido basta”, dijo con rabia Cauich, al saber que no había en los datos oficiales registro de la etnicidad de su amiga en junio, a dos meses de su muerte. La variable omitida hasta octubre, bajo el nombre “Indígena” (sic) permite contrastar el número oficial de pacientes indígenas fallecidos por Covid-19, respecto al total de indígenas enfermos, una proporción conocida como letalidad y
compararla con la letalidad entre no indígenas. De las personas registradas como indígenas o hablantes de lenguas indígenas contagiadas, 15 por ciento murieron desde comienzos de la pandemia, frente al 10 por ciento de no indígenas, de acuerdo con un análisis de los datos abiertos de la SSA realizado para esta investigación. Es decir, la letalidad de Covid-19 para indígenas es 50 por ciento mayor que para el resto de la población, tomando en cuenta el promedio nacional. El hecho de que los indígenas tienen una letalidad mayor según los datos oficiales, no fue mencionado en alguna de las conferencias diarias sobre coronavirus, de acuerdo con su registro estenográfico. La disparidad en letalidad a escala municipal se dispara aún más. Hasta 7 de cada 10 indígenas contagiados murieron en Motul -una comunidad citricultora, ganadera y turística- a 40 kilómetros de la capital de Yucatán- frente a 2 de cada 10 no indígenas. Motul es apenas uno de los más de 40 municipios en el País que han registrado decesos de indígenas y donde encontraron
la muerte la mitad, o más, de indígenas contagiados por Covid-19.
Una omisión de siete meses
El seguimiento a la base de datos, sus registros y variables, permitió observar cómo el 7 de octubre se añadió la columna “Indígena” (sic) con una discreta nota en pdf en la que se lee: “Se incluye la variable ‘Indígena’, la descripción y su respectivo catálogo”, sin más explicación. En entrevista, la SSA argumenta que excluyó esta información, durante meses, para proteger la privacidad de los pacientes. “Esa variable se encuentra en todos los estudios epidemiológicos. Lo que nosotros debemos hacer siempre es la protección del dato, para que no puedan ser identificables las personas, porque los datos hablan de una condición de salud. Entonces hacemos la consulta de qué variables sí y de qué variables no se publican”, respondió Christian Zaragoza, director de información epidemiológica de la SSA. Pero esta justificación es inconsistente con la práctica de la Secretaría hasta entonces, ya que
publicó desde abril, sobre cada paciente, si habla alguna lengua indígena, su edad, sexo, entidad de nacimiento, entidad y municipio de residencia, si padece diabetes, EPOC, inmunosupresión, asma o tiene hábito de tabaquismo, entre otros datos. Entonces no aplicó el mismo criterio de “proteger el dato” sobre ninguna de estas variables. Antes, la SSA publicaba exclusivamente una columna que especificaba si el paciente ingresado al sistema hospitalario “habla una lengua indígena”. El universo de hablantes de lenguas indígenas es sustancialmente menor que el de personas que se reconocen como indígenas. De los alrededor de 21.5 millones de personas indígenas en México, solo cerca de 6.5 millones son hablantes de alguna lengua. Antes del cambio en la base de datos solo habían sido reconocidos 18 mil 262 hablantes de lengua indígenas con Covid-19. A partir del ajuste el número subió a 27 mil 611 indígenas -sumando hablantes y personas auto identificadas como indígenas- sin que sea requisito que hablen alguna lengua. Entre marzo y septiembre fueron subregistrados 9 mil 349 casos de indígenas con sospecha de haber contraído Covid-19. El funcionario de SSA, además, reconoció que los datos sobre indígenas que se integran a la base son deficientes. Hasta principios de diciembre existían 3 mil 447 casos de personas registradas como hablantes de alguna lengua indígena que, simultáneamente, están registradas en la categoría no indígena. Esta combinación de persona que habla lengua indígena, pero no es indígena, es inusual en México, donde la población no suele aprender las lenguas originarias, a menos que se hable en casa. Además, al 1 de diciembre, hay 107 mil 768 casos en los que se llenó la columna sobre identidad indígena con “No especificado”. “Existe un tema que se llama calidad del dato. Esto significa que el dato está mal llenado. Por eso insistimos siempre a las entidades federativas que hagan una revisión correcta de sus bases de datos y soliciten el apoyo para hacer una corrección”, apuntó Zaragoza, cuando le preguntamos en octubre sobre esa inconsistencia en los registros”. Durante los meses que omitió esta columna de la base pública, la propia SSA elaboró cuatro reportes fechados entre julio y octubre, donde admite la mayor letalidad entre esa población, pero comenzó a hacer públicos estos reportes solo hasta el 16 de octubre.
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La breve nota emitida por la Secretaría de Salud. Foto: Cortesía Megamedia
“Se observa una mayor letalidad, comparada con la población en general. La distribución de la letalidad corresponde con las mesorregiones, en donde se describe un mayor número de población indígena, tales como la región sureste, centro y noreste, por lo cual, es importante poner mayor atención en estos grupos”, describe el primero de estos reportes, fechado el 22 de julio. Y la tendencia no ha cambiado. Con los datos oficiales, incluidos apenas en octubre, es posible dibujar un mapa de cómo el virus ha diezmado a la población originaria: Hay registro de casi 2 mil personas que se reconocen indígenas o hablan una lengua indígena y murieron por Covid-19 al 1 de diciembre. Para encontrar los municipios más letales, en esta investigación se tomaron en cuenta aquellos donde han muerto 10 o más personas indígenas en datos oficiales. Estos son Motul, Yucatán, donde 64 por ciento (15 pacientes) de los 23 registrados, murieron; Puente de Ixtla, Morelos, (la mitad de los 22 indígenas con Covid-19 fallecieron); Cozumel, Quintana Roo, (48 por ciento con 14 muertes); Acanceh, Yucatán, (44 por ciento defunciones, equivalentes a 10 muertes); Ocosingo, Chiapas, (44 por ciento de 23 fallecimientos), y Benito Juárez, Quintana Roo, (34 por ciento,
equivalente a 59 muertes). A nivel entidad y ajustando por población, las mayores tasas de registros oficiales de muerte indígena están en Oaxaca (205 muertes y .17/100 mil habitantes), Tlaxcala (11 muertes y .16/100 mil hab.), Hidalgo (113 muertes y .10/100 mil hab.), Morelos (22 muertes, .10 muertes/100 mil hab.), Campeche (45 muertes, .09/ 100 mil hab.), Veracruz (63 muertes y .09/ 100 mil hab.), Guerrero (68 muertes, .05/100 mil hab.), Quintana Roo (128 muertes, .05/100 mil hab.) y Yucatán (261 muertes, .05/ 100 mil hab.). Entre estas entidades, los municipios con mayor muerte son Benito Juárez, Quintana Roo, (57 muertes en la zona, mejor conocida como Cancún); Mérida, Yucatán, (33), y Juchitán, Oaxaca (29). La SSA no hace pública la información sobre los pueblos indígenas a los que pertenecen los fallecidos, pero en el municipio de Benito Juárez -donde está Cancún y donde el Covid-19 ha sido más letal para la población indígena- habitan integrantes de los pueblos maya, tseltal, tsotsil, chol y tojolabal.
Cifras que no convencen
En conferencia de prensa por la ceremonia de Día de Muertos en Palacio Nacional, el titular del Ins-
tituto Nacional de los Pueblos Indígenas, Adelfo Regino Montes, reconoció la muerte de mil 494, pues excluyó a las personas hablantes de lenguas indígenas mal registradas como no indígenas. Una diferencia de 300 muertes si se contabiliza a hablantes de lenguas originarias que aunque fueron mal registrados, sí hablan lenguas indígenas y para esa fecha habían sido confirmados como fallecidos por Covid-19. Sin embargo, ambas cifras generan escepticismo entre expertos. “Es muy poco y ojalá que así lo fuera”, apuntó Arturo Erdely, doctor en matemáticas y especialista en estadística de la Universidad Nacional Autónoma de México en referencia a la proporción de indígenas contabilizados respecto del total de muertes en la base de datos. “Ese número de muertes no tiene sentido en México, donde la población indígena es tan alta (21.5 por ciento)”. Si uno de cada cinco habitantes del País son indígenas y solo hay registro de 2 mil muertes, no le cuadra la subrepresentación. De las 97 mil 200 muertes registradas en total, hasta el 1 de diciembre, un 21.5 por ciento corresponderían a alrededor de 20 mil decesos indígenas. “No estoy diciendo que necesariamente deba encontrarse esa cantidad”, explica el matemático, “porque la base de datos gubernamental no es representativa, no es una muestra aleatoria. Pero aún así, lo más lógico es que la gente más pobre estuviera más representada en la estadística de muertes”. El profesor Erdely propone un ejercicio para estimar una cifra que pueda acercarse más a la realidad y que se esquematiza así: hay municipios en que la población indígena es muy alta y hay decenas de muertes por Covid-19. Sin embargo, muy pocas de esas muertes están registradas como indígenas. En esos municipios, una cifra más “real” debería aproximarse al porcentaje de población indígena para ese tipo de municipios. Por ejemplo, un municipio clasificado “indígena” como Halachó, Yucatán, es 99.8 por ciento indígena. Pero en los datos de Covid-19 solo la mitad de las 20 muertes en Halachó están registradas como indígenas. El registro de muertes indígenas debería estar mucho más cerca del total de las muertes (19 o 20 muertes indígenas en un municipio casi 100 por ciento indígena sería mucho más creíble). “Es mejor ver el municipio de
23 residencia y se clasifican si es municipio indígena o no indígena y hay que hacer un cálculo, contrastar [contra datos oficiales] de esta manera. Si discrepan mucho estos cálculos yo le creería más al tema de municipio de residencia indígena”, explicó el matemático. Cada municipio tiene cierto porcentaje de población indígena de acuerdo con información censal. Si tiene más de 40 por ciento de población indígena se califica como indígena y si tiene menos de ese porcentaje pero más de 5 mil habitantes indígenas se cataloga como “municipio con presencia indígena”. Al replicar el ejercicio de Halachó para todos los municipios clasificados como indígenas y con presencia indígena se obtiene un estimado de 11 mil 622 defunciones indígenas, usando el método propuesto por el estadístico, una diferencia de 9 mil 913 con los registros oficiales. El subregistro de casos totales ha sido la norma en México y, en distintos grados, en todo el mundo. En México, la autoridad sanitaria ha dicho que deliberadamente se clasificó a enfermos como positivos a Covid-19, usando exclusivamente resultados de pruebas de laboratorio, que de por sí muestran altos índices de positividad, es decir, que son muy escasas. Además, hasta agosto, la estrategia federal consideraba muy pocos síntomas característicos de coronavirus, como reconoció el subsecretario de Prevención y Promoción de Salud, Hugo López Gatell. Hasta el 7 de octubre se comenzaron a incorporar en la base de datos algunos de los positivos hallados por métodos distintos a la prueba. Todos estos datos dependen, también, de quienes puedan llegar a un hospital Covid-19.
Otros datos
Mientras omitía la alta letalidad para indígenas de los datos públicos también la omitió en las conferencias verspertinas, el principal órgano de comunicación de gestión de la pandemia del gobierno federal. En una de las conferencias más recientes dedicadas al tema indígena, el 12 de septiembre, Jose Luis Alomía, director general de epidemiología de la SSA, omitió informar sobre la mayor letalidad, a pesar de que consta en los reportes elaborados por la Secretaría. “Finalmente, como un tercer componente informativo, vamos
Toma de temperatura entre la comunidad indígena que acude al mercado en el municipio yucateco de Oxkutzcab. a revisar la estadística de la afectación que en su momento se ha dado a la población indígena. Nos lo habían solicitado en algunas de estas conferencias”, dijo entonces Alomía. Pero en su revisión del tema solamente mencionó el número total de muertes y presentó estadística de enfermedades concurrentes de las muertes. No comparó la letalidad indígena contra la letalidad no indígena. En otra exposición, López Gatell usó el estadístico de incidencia (cuántos enferman) y no la letalidad (cuántos mueren de entre quienes enferman) para hablar de población indígena. “Afortunadamente hasta el momento, la proporción de enfermedad, digamos, la incidencia en poblaciones indígenas es sustancialmente menor que en poblaciones no indígenas”, dijo el funcionario en conferencia de prensa del 20 de julio, dos días antes de la fecha del primer reporte de letalidad que aunque confirma esa afirmación, también indica que a pesar de ser “pocos” los registros de indígenas fallecidos por Covid-19 respecto de no indígenas, es 50 por ciento más probable para indígenas morir que para no indígenas. Y aunque el número de casos totales de indígenas fallecidos (incidencia) sí era y sigue siendo menor que el de no indígenas, los funcionarios omitieron que la probabilidad de morir para un indígena contagiado era ya alrededor de 40 por ciento mayor que la de una persona no indígena para septiembre, probabilidad que hoy es 50 por ciento mayor a nivel nacional, como
se ha explicado antes. Consistentemente, en otras conferencias donde periodistas preguntaron sobre el tema, la secretaría lo evadió ofreciendo cifras convenientes. En la conferencia del 24 de junio, la titular del programa público IMSS-Bienestar, Gisela Lara respondió a dudas usando exclusivamente datos de su programa que atiende a muy pocas personas indígenas respecto del total nacional. “Si ustedes se fijan, la incidencia por cada 100 mil personas tampoco es cierto de que a los indígenas les va peor, déjenme decirles que no (...) Entonces, no es cierto que están mal atendidos; al contrario, creo que les está yendo mejor, son más cuidados los indígenas, los que se dicen indígenas”, manifestó en la conferencia del 24 de junio la titular del programa público IMSS-Bienestar, Gisela Lara. Aunque no hay ninguna evidencia de que los cuerpos indígenas sean menos resistentes a la enfermedad, la continua lucha para acceder a las condiciones de una vida digna y plena van desgastando el organismo y contribuyendo a producir las condiciones que son factores de riesgo en muchas enfermedades, de acuerdo con la doctora Leslie Korn, Phd en Medicina del Comportamiento y ex investigadora Fulbright en México. El Covid-19, según la especialista, opera a través de un conjunto de procesos inflamatorios de diversos órganos, contra los que finalmente el cuerpo puede perder la batalla. Diabetes, cáncer, enfermedad del corazón, incluso la depresión inicia con estrés e inflamación crónicos. “No olvidemos el efecto de la po-
breza y el estrés de la pobreza por no poder llevar alimentos o por no poder pagar tus gastos. También crearán un proceso inflamatorio en el cuerpo”, explicó Korn. Aquella joven maya, que el enfermero Luis Cauich vio morir en un hospital de Quintana Roo el pasado abril padecía diabetes, inmunosupresión y enfermedad renal. La diabetes, que en los años 30 era una “enfermedad de ricos”, hoy aqueja a quienes son obligados a optar por alimentación disponible de bajo costo, azúcares y harinas procesadas. Quienes viven con una costante tensión por la discriminación y el racismo terminan padeciendo hipertensión, la mayor comorbilidad entre indígenas de acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud. Es un círculo vicioso.
Este reportaje es parte de la serie #CrisisForense de Quinto Elemento Lab, que revela el colapso del sistema forense en México y las consecuencias para miles de familias que buscan a sus seres queridos y para los miles de cuerpos que siguen sin identidad. Visite www.quintoelab.org/crisis-forense