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CONTEXTO 181020

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ConTexto

Mares saqueados Un rastreo a las actividades sospechosas de pesca ilegal en รกreas marinas protegidas.


2 * Ilustración principal: equipo de ilustradores de Kipu Visual para Mongabay Latam

Series de Mongabay: ESPECIAL | Mares Saqueados

Pesca ilegal: la gran amenaza a los santuarios marinos de Latinoamérica P R I M E R O

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espués del tráfico de drogas y el de armas, la pesca ilegal es la tercera actividad ilícita más lucrativa del mundo. Se estima que alrededor de 26 millones de toneladas de pescados y otros recursos marinos son capturadas ilegalmente todos los años para abastecer un mercado negro que mueve hasta US$23 000 millones. La pesca ilegal puede cometerse de diferentes maneras y una de ellas consiste en pescar al interior de áreas marinas protegidas que han sido creadas para resguardar la biodiversidad que ahí habita. Un equipo periodístico de Mongabay Latam en alianza con Cuestión Pública de Colombia, El Universo de Ecuador y Ciper de Chile analizaron, con la asesoría de expertos en monitoreo satelital y científi cos, el movimiento de embarcaciones, por un período de cinco años, dentro de cuatro áreas marinas protegidas. Lo que se detectó en esta investigación es que la pesca ilegal acecha a santuarios marinos de Chile, Colom-

S E R I E

Esta investigación detectó actividades sospechosas de pesca ilegal en áreas marinas protegidas. Rastreó los antecedentes de esos barcos y sus compañías y descubrió que varios de ellos tienen prontuarios de pesca ilegal M I C H E L L E

C A R R E R E

MONGABAY

Esta publicación forma parte del Especial Pesca ilegal: la gran amenaza a los santuarios marinos de Latinoamérica coordinado por Mongabay Latam en alianza con Ciper de Chile, Cuestión Pública de Colombia y El Universo de Ecuador.

bia, Ecuador y México. Estos cuatro países están dentro de las primeras seis naciones de Latinoamérica que resguardan la mayor cantidad de te-

rritorio marítimo, pero ¿tienen estos países las herramientas para controlar, vigilar y frenar estas actividades ilícitas al interior de sus áreas marinas protegidas?

Lo que revelan las imágenes La posibilidad de rastrear en un mapa el movimiento de una embarcación en el océano depende de que esta lleve a bordo un dispositivo satelital que “básicamente es una caja que está en conexión con satélites en órbitas”, explica el científico Fabio Favoretto, miembro de DataMares, una organización civil que analiza datos sobre la pesca en México y que

colaboró con Mongabay Latam en el análisis de la información para esta investigación. Dicho dispositivo envía cada hora una señal a un satélite indicando la posición, velocidad y el rumbo del barco. Esa información le permite a investigadores como Favoretto ver luego, en una computadora, dónde está el barco, hacia dónde se mueve, a qué velocidad y cuánto tiempo tarda. Cuando una embarcación está pescando, “muchas veces, lo primero que hacen es disminuir la velocidad y empezar a hacer viradas o cambios de dirección”, explica Favoretto. El científico, quien también es profesor


3 de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, precisa que dependiendo del arte de pesca que se utiliza, el barco puede tener diferentes comportamientos. “Hay redes de cerco que tienen su característico movimiento circular. Otros que son de pesca de arrastre, simplemente disminuyen la velocidad, pero luego siguen una línea derecha. Básicamente con experiencia y conociendo todas estas artes se pueden reconocer estos patrones”, dice. Existen distintas plataformas web que permiten observar la posición y la ruta de los barcos en el mar. Una de ellas es Global Fishing Watch, cuyo algoritmo combina numerosas variables, entre ellas las descritas por Favoretto, para identificar cuando un barco posiblemente está pescando. A pesar de que el nivel de certeza que se puede obtener a partir de estas herramientas es alto, para poder afirmar que efectivamente un barco ha pescado es necesario confirmarlo presencialmente. Por eso, esta tecnología es utilizada por los países para movilizar a sus Armadas o autoridades de fiscalización pesquera hacia el lugar de los hechos y confirmar la actividad. “Nunca tenemos una certeza 100 por ciento. Siempre hay un pequeño porcentaje de error, pero no porque el modelo está mal”, dice Favoretto. “Este error podría ser porque ellos (los barcos) hicieron la maniobra, pero no pescaron…la red salió vacía. Lo que yo estoy seguro al 100 por ciento es que ellos hicieron algo que normalmente hacen cuando están pescando”, explica el estadístico. Las actividades sospechosas de pesca ilegal observadas en esta investigación a través del monitoreo satelital, han sido luego contrastadas con otras fuentes para conocer qué embarcaciones tienen antecedentes de pesca ilegal y qué compañías están detrás.

Los hallazgos

En México, observamos que 17 embarcaciones con bandera mexicana y una de Estados Unidos han realizado actividades sospechosas de pesca dentro del Parque Nacional Revillagigedo, donde abundan tiburones y mantarrayas en peligro de extinción, y donde la pesca está prohibida. A pesar de nuestros hallazgos, desde diciembre de 2018 sólo tres embarcaciones han sido denunciadas por presunta pesca ilegal en esta área protegida. En Colombia, pudimos observar que barcos de bandera panameña y la flota colombiana de la compañía Seatech -de la conocida marca de atún Van Camps- operan en el Distrito Nacional de Manejo Integrado

LA PROTECCIÓN DE LOS MARES EN EL PACÍFICO MEXICANO La Región Península de Baja California y Pacífico Norte está conformada por 19 Áreas Naturales Protegidas reconocidas a nivel mundial por su alto valor ambiental, las cuales suman 43 millones 471 mil 482 hectáreas. Diecisiete de ellas tienen zona marina y son los siguientes y en el año en fueron decretadas zonas protegidas: 1972 Reserva de la Biosfera Complejo Lagunar Ojo de Libre (BCS) 1988 El Vizcaíno (BCS) 2000 Parque Nacional Bahía de Loreto (BCS) Islas Marías (Pacífico Mexicano) Parque Nacional Cabo Pulmo (BCS) Área de protección de flora y fauna Cabo San Lucas (BCS) 2002 Isla de San Pedro Mártir, en el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir (Golfo de California) Yuruparí, colindante con el santuario Malpelo, y donde la pesca industrial no está permitida. Algunas de las embarcaciones tienen también antecedentes de pesca ilegal e incluso de aleteo, es decir que han cortado las aletas de los tiburones y luego han arrojado al mar el cuerpo de los animales. Un dato importante: Seatech fue beneficiada por la reforma tributaria después de que la empresa y sus directivos donaron 480 millones al uribismo en 2018. En todas las áreas marinas protegidas analizadas, la vigilancia y presupuesto destinados al control es insufi ciente y, en algunos casos, ni siquiera se han creado los planes de administración que definan una estrategia de monitoreo. Es decir, muchas de estas áreas son actualmente “parques de papel”, lo que las hace más vulnerables ante la pesca ilegal. Es en este contexto que las fl otas chinas se mueven en los límites del mar territorial de cuatro países de Sudamérica para pescar pota o calamar gigante (Dosidicus gigas) y que, en algunas ocasiones, atraviesan áreas marinas protegidas como parte de su recorrido. Sin ir muy lejos, a inicios de junio, una flota china compuesta por unos 260 barcos llegó hasta los límites de la zona económica exclusiva de Ga-

lápagos para pescar pota. Durante días, este grupo de embarcaciones, al que los pescadores artesanales describen como “una ciudad gigante” en medio del mar, mantuvo alerta a científicos y funcionarios de gobierno. Aunque no se reportó el ingreso de alguna de estas naves a territorio ecuatoriano para pescar ilegalmente, su presencia movilizó a autoridades pesqueras, fuerzas armadas y hasta el mismo presidente Lenin Moreno, quien ordenó la creación de un comité para diseñar una estrategia de protección para las Islas Galápagos. Los antecedentes de pesca ilegal de algunas de las embarcaciones chinas fueron clave en la decisión tomada por el Gobierno ecuatoriano. Además, durante ese periodo 149 buques apagaron su sistema satelital, dijo el comandante de la Marina, Darwin Jarrín quien también aseguró que “incluso algunos buques han cambiado de identificación”. Apagar la señal satelital es uno de los métodos que utilizan las embarcaciones para cometer ilícitos. En el caso de Chile, se detectó que las flotas chinas, en sus largas travesías por la región, atraviesan el Parque Marino Nazca Desventuradas, el más extenso de América Latina. Ahora mismo, estas embarcaciones se encuentran frente al mar territorial

2005 Reserva de la Biosfera Isla Guadalupe Parque Nacional Zona Marina del Archipiélago de San Lorenzo (BC) 2007 Parque Nacional Zona Marina del Archipiélago de Espíritu Santo (BCS) Reserva de la Biosfera Zona Marina Bahía de los Ángeles, Canales de Ballenas y de Salsipuedes (Golfo de California) 2009 Santuario Ventilas Hidrotermales de La Cuenca de Guaymas y de La Dorsal del Pacífico Oriental (Golfo de California) 2012 Área de protección de flora y fauna Balandra (BCS) 2016 Reserva de la Biosfera Islas del Pacífico de la Península de Baja California Parque Nacional Revillagigedo (Pacífico Mexicano) Reserva de la Biosfera Pacífico Mexicano Profundo


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Tiburones martillo en las aguas de Revillagigedo. Fotos: Conanp/Erick Higuera

del Perú y han comenzado a dirigirse hacia el Sur poniendo en alerta a las autoridades chilenas. ¿Qué compañías están detrás de esta controvertida flota? ¿Qué antecedentes de pesca ilegal arrastran algunas de estas embarcaciones? ¿Cuáles de ellas han atravesado áreas protegidas o se han movido en los límites territoriales de Ecuador y Chile? Identificamos las compañías a las que pertenecen al menos 140 de estos barcos y descubrimos que apenas 10 empresas operan 95 de estas naves. La mayoría de estas compañías tienen domicilio en la ciudad de Zhoushan, en el Mar de China Oriental. Este lugar hasta hace algunos años era uno de los puntos neurálgicos de la industria pesquera china, pero hoy sus recursos están agotados. Por lo menos tres barcos con antecedentes de pesca ilegal se han movido dentro o alrededor de Galápagos y de Nazca Desventuradas en los últimos cinco años.

Un delito difícil de rastrear La pesca ilegal no solamente tiene consecuencias devastadoras para la biodiversidad de los océanos, sino también para la economía de las comunidades costeras que viven de la

pesca y para la seguridad alimentaria de toda la humanidad. El problema mayor es que identificar pesca ilegal es difícil, asegura el investigador Juan Mayorga, quien lidera una alianza integrada por Sustainable Fisheries Group, la

Universidad de Santa Bárbara en California USA; el programa para la conservación marina Pristine Seas, de National Geographic, y la organización Global Fishing Watch, tres instituciones que buscan potenciar las tecnologías para avanzar en cien-

cia y en conservación marina. Los científicos que conforman esta alianza reconocen que proteger los mares de la ilegalidad es un reto. Al contrario de un bosque, donde la tala ilegal de árboles es evidente a simple vista, en el mar todo


5 ocurre bajo el agua y no es posible ver, después de cometido el delito, que se han extraído recursos marinos prohibidos. Además, “la gente que está haciendo las cosas mal no quiere que los vean”, dice Mayorga. “Entonces la gran mayoría de estos barcos van a apagar sus dispositivos de rastreamiento (para no ser identificados) si es que tienen uno”, agrega. En caso de que no sea así, y dicho dispositivo permanezca encendido, “la legislación y las leyes en muchos países están un par de pasos atrás de la tecnología y todavía no se acepta ese tipo de evidencia en casos legales. Entonces, hay que hacer la intercepción y ese tipo de operaciones mucho más costosas”, explica el científico. Al respecto, Alex Muñoz, director para América Latina del proyecto Pristine Seas de National Geographic Society, asegura que “junto con lo difícil que es detectar la actividad ilegal, está la debilidad de los sistemas legales y judiciales para poder perseguir en los tribunales los delitos cometidos en el mar”. Por eso, sostiene que “muchas veces los países han optado simplemente por disuadir a los barcos para que salgan de las aguas nacionales en vez de apresarlos e iniciar un procedimiento legal en su contra, ya que los sistemas probatorios están muy desactualizados”. Es decir, precisa, que “es muy difícil probar la existencia de delito y las multas u otras sanciones son muy débiles, y por lo tanto no vale la pena hacer tanto esfuerzo para una sanción que suele ser muy menor”. Hay que considerar, además, que aunque la FAO calcula que, “en 2018, el total mundial de embarcaciones pesqueras ascendía a 4,56 millones”, esa cifra es solo una estimación ya que no se sabe con certeza cuántos barcos hay en el mar, asegura Mayorga. La plataforma Global Fishing Watch tiene aproximadamente 80 mil barcos rastreados con el Sistema de Identificación Automática (AIS) y otros 5 mil barcos que utilizan otro sistema satelital, el Vessel Monitoring System (VMS). “Estamos hablando de unos ochenta y cinco mil barcos, pero no existe simplemente otra organización, otro grupo, que pueda darnos más. Es lo que hay, es lo que tenemos”, dice Mayorga. De hecho, según una publicación científica en la revista Science, solo podemos ver entre el 50 y el 75 por ciento de la actividad pesquera industrial.

La importancia de las áreas marinas protegidas Los océanos generan la mayor parte del oxígeno que respiramos, absorben una gran cantidad de emi-

Destrucción de la carga ilegal del Fu Yuan Yu Leng. Parque Nacional Galápagos siones de carbono, regulan el clima y alimentan a la población mundial. Además, el valor de los océanos como activo total asciende a 24 billones de dólares, asegura el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Sin embargo, la ciencia ya ha demostrado que el 66 por ciento de los océanos se encuentra deteriorado (PNUMA). El 31 por ciento de las poblaciones de peces están sobreexplotadas y en 40 años han desaparecido el 49 por ciento de las especies marinas. Y esta degradación va en ascenso a raíz de la contaminación, del aumento de la temperatura del agua causada por el cambio climático y de la acidificación del océano debido a que está absorbiendo, de la atmósfera, dióxido de carbono en exceso. Para revertir este problema, las áreas marinas protegidas son primordiales. De hecho, ya se ha demostrado que estas benefician también a la actividad pesquera, ya que funcionan como semilleros de biodiversidad. Por eso, la mayoría de los países se comprometieron a proteger al menos el 10 por ciento de su territorio marítimo para el 2020. Chile, Colombia, México y Ecuador son algunos de los países de la región que ya han cumplido con la meta. De

hecho, Latinoamérica ha avanzado notoriamente en proteger el océano, considerando que en 2000 apenas tenía el 1.43 por ciento de mar protegido y hoy ese porcentaje es del 23.6 por ciento, según la División de Estadísticas de las Naciones Unidas. “Sin embargo, la superficie física solo representa una parte del compromiso”, asegura un informe de PNUMA. “Para que las zonas marinas protegidas resulten verdaderamente eficaces se requiere una gobernanza sólida que influya en la conducta humana y reduzca el impacto sobre los ecosistemas”, precisa el documento. Parte de esa gobernanza implica que cada área protegida tenga su plan de manejo donde se establezca de qué modo se van a resguardar los recursos marinos que existen en el área. En Chile, 5 de las 28 áreas marinas con alguna categoría de protección tienen un plan de manejo. En Colombia, 13 de 18; en Ecuador, 8 de 11 y en México, de las 37 áreas que tienen superficie marina protegida; solo una no tiene programa de manejo. Los sistemas satelitales muestran que cuando un área marina se crea, inmediatamente la actividad pesquera cambia de comportamiento: los barcos salen del área -sobre todo cuando se trata de parques donde la protección es total- para permitir

que la vida se multiplique. Sin embargo, tal como demuestra esta investigación, hay excepciones a esta regla. Aunque Juan Mayorga asegura que es importante ser pacientes tanto con la elaboración de planes de manejo como con los beneficios biológicos, sociales y económicos que entregan las áreas marinas protegidas, resalta que no hay que olvidar que “un área marina protegida sin un plan de manejo no va a ser efectiva”. “Un área marina protegida tiene que ser bien defendida a través de mecanismos de monitoreo de la pesca y de procedimientos legales y judiciales que permitan sancionar a los infractores”, precisa Muñoz.

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Los áreas marinas protegidas son un refugio para garantizar la conservación de especies como las mantas gigantes. Foto: Octavio Aburto

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México: Parque Nacional Revillagigedo bajo el acoso de la pesca ilegal En noviembre de 2017, el Gobierno mexicano declaró al archipiélago de Revillagigedo como Parque Nacional y prohibió todo tipo de pesca en la zona, considerada un refugio para especies como mantas gigantes y tiburones. T H E L M A

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uando comenzaba a caer la tarde del viernes 25 de enero de 2019, el buque pesquero Benito García entró al Parque Nacional Revillagigedo, la reserva marina más grande de América del Norte, ubicada en el Pacífico mexicano y en donde está prohibido pescar. La embarcación ingresó por la zona norte, bajó su velocidad y cuando se encontraba a 33 millas náuticas de la isla Roca Partida, se detuvo. Ahí permaneció, por lo menos, nueve horas. La madrugada del sábado dejó el área natural protegida.

Su salida solo fue por algunas horas

La embarcación de bandera mexicana dedicada a la pesca de tiburón volvió a entrar al polígono del parque la tarde del sábado. Ese día se acercó aún más a Roca Partida, zona señalada por científicos como punto de concentración de tiburones, atunes y mantas gigantes. Ahí se instaló durante dos días. Fue hasta las 22:00 horas del lunes 28 de enero de 2019 que el barco salió del parque, de acuerdo con datos del Sistema de Monitoreo Satelital de Embarcaciones Pesqueras (SISMEP) y reportes de ruta que Mongabay Latam obtuvo a través de solicitudes de información realizadas a la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). El buque Benito García no es el único que ha realizado actividades sospechosas de pesca dentro de las 14 808 780 hectáreas del Parque Nacional Revillagigedo, reserva marina considerada por investigadores como un lugar “excepcional” porque, entre otras cosas, alberga las mayores agregaciones de mantas gigantes y de tiburones. Desde el 27 de noviembre de 2017, fecha en que el Gobierno mexicano declaró a Revillagigedo como Parque Nacional, y prohibió todo tipo de pesca en sus aguas, al menos 18 embarcaciones han realizado actividades sospechosas de pesca. Estas embarcaciones se identificaron al analizar los reportes de barcos que ingresaron a Revillagigedo -obtenidos a través de solicitudes de información-, así como los datos del SISMEP que la organización OceanaMéxico obtuvo desde 2018, gracias a la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública. También se consultó la plataforma Global Fishing Watch, que permite visualizar los trayectos de aquellos barcos pesqueros que cuentan con

En 2017, este barco, que pertenece a Pesca Azteca, fue retenido por realizar actividades de pesca comercial dentro de la Reserva de la Biósfera El Vizcaíno; la empresa pagó una multa equivalente a 3.6 millones de pesos. Foto: Tomada de un video de Profepa de 2017.

el Sistema de Identificación Automática (AIS, por sus siglas en inglés). Los buques que se identificaron disminuyeron su velocidad en forma considerable cuando se encontraban dentro del parque, cambiaron de trayectoria dentro del área y varios de ellos, incluso, permanecieron en un solo lugar durante varias horas. Pescar dentro del Parque Nacional Revillagigedo no solo es un delito ambiental. Científicos que realizan investigaciones en el área coinciden en que esta actividad compromete la población y el futuro de especies marinas, como los tiburones, vitales para mantener el equilibrio ecológico del océano.

Vulnerar un refugio

Si una característica tienen los archipiélagos es que son lugares donde la vida marina abunda. Son refugios naturales, sobre todo cuando se encuentran muy lejos de la costa. En México, el Archipiélago de Revillagigedo está a 540 kilómetros de Los Cabos, Baja California Sur, y a 890 kilómetros del puerto de Manzanillo, Colima. Las aguas que rodean sus cuatro islas -San Benedicto, Socorro, Roca Partida y Clarión- marcan la frontera del País en el Pacífico. Este archipiélago es clave para la reproducción y conservación de especies como la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), tortugas marinas, tiburones como el martillo (Sphyrna lewini) o el puntas plateadas (Carcharhinus albimarginatus). En un solo buceo, aseguran científicos marinos, es posible mirar hasta cinco diferentes especies de tiburón; en otros lugares como Galápagos

(Ecuador) o Isla del Coco (Costa Rica) normalmente se miran dos o tres especies, resalta el investigador James Ketchum, de la organización Pelagios Kakunjá. Además, es uno de los pocos sitios en donde se observa a la manta gigante (Mobula birostris). Por su importancia biológica, el Archipiélago de Revillagigedo se declaró Reserva de la Biósfera en 1994 y la Unesco lo inscribió en la lista de Patrimonio Mundial Natural en 2016. Estas declaratorias no fueron suficientes para evitar la presencia de buques pesqueros en sus aguas. En 2016, se registró la entrada de 60 barcos y para el 2017, la cifra se elevó a 123, de acuerdo con un análisis de los datos del Sistema Satelital de Monitoreo de Embarcaciones Pesqueras (VMS, por sus siglas en inglés), realizado por el doctor en ecología marina Fabio Favoretto, profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Octavio Aburto, investigador del Instituto de Oceanografía Scripps, de la Universidad de California, Estados Unidos, y uno de los científicos que impulsaron la creación del Parque Nacional Revillagigedo, recuerda el por qué de esta iniciativa: “Cada vez se veían más barcos atuneros pescando alrededor de las islas, dentro del área núcleo de la Reserva; también era común mirar barcos de pesca deportiva sacando muchos animales”. Hacer de Revillagigedo un lugar libre de pesca, para así garantizar su

futuro como un lugar excepcional para la vida marina, fue lo que llevó a que el 27 de noviembre de 2017 se elevara su categoría de protección y se le declarara parque nacional. Desde entonces, la presencia de barcos pesqueros disminuyó en forma considerable. Pero eso no significa que la actividad pesquera se haya desterrado. En el Parque Nacional de Revillagigedo, la pesca continúa. Los datos muestran que enero, marzo, abril y agosto son los meses que más registran actividades sospechosas de pesca dentro de Revillagigedo. De las 17 embarcaciones pesqueras que se identificaron, doce se dedican a la pesca de tiburón, tres son barcos atuneros y dos pescan calamar gigante y pez espada. Todas ellas tienen bandera mexicana. También se corroboró que una embarcación de pesca deportiva, de la flota de San Diego, Estados Unidos, realizó actividades de pesca dentro de Revillagigedo.

Tiburones a la vista

En enero de 2018, dos meses después de la creación del Parque Nacional Revillagigedo, el barco Propemex Y-5-A entró a la zona y realizó acciones sospechosas de pesca. Lo hizo en enero, pero también en febrero y marzo de ese año. En cada uno de sus ingresos cambió de dirección y se mantuvo varias horas navegando a velocidades de 0.87 y 0.00 nudos. El barco de bandera mexicana pertenece a Pesca Gagui, compañía que de acuerdo con el Registro Público de Comercio tiene entre sus accionistas a Guillermo Alonso Félix, quien también es dueño de Pesca Magui, empresa a la que pertenece el buque Memillo V, embarcación que a principios de enero de 2018 también realizó acciones sospechosas de pesca en Revillagigedo. En 2018, otras embarcaciones que registraron actividades similares fueron: Exmar II y Ali III (Pesquera Moneto), Pez de Acero VII, Pez de Acero XI y Don Agustín IV (Pesquera Jusajeli) y Crustáceos I, embarcación a nombre de Ranulfo García Aranda, con base en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca. La mayoría de estos barcos tienen permisos para pescar tiburón; solo Crustáceos I tiene para pez espada, de acuerdo con datos de la Conapesca. En 2019, el barco que inauguró el año realizando actividades sospechosas de pesca en Revillagigedo fue el Benito García, que pertenece a la Sociedad Cooperativa de Pro-


8 ducción Pesquera Sucett, de acuerdo con información pública de la Conapesca. Este buque no entró solo al parque. La noche del domingo 27 de enero del 2019 -cuando el Benito García permanecía a unas 30 millas náuticas de Isla Partida-, el barco El Panzas, también registrado como propiedad de Sucett, entró por el noroeste del parque. A las 20:19 horas bajó su velocidad a 0.87 nudos y se instaló durante 10 horas dentro de la reserva. En febrero de 2019, El Panzas regresó a Revillagigedo. Esta vez lo hizo por la zona sur y ahí se mantuvo 17 horas, a una velocidad de 6.95 a 0.85 nudos, a unas 30 millas náuticas de Clarión. Los alrededores de esta isla, así como los vértices y los límites del polígono, son las zonas “con mayor amenaza de pesca ilegal”, de acuerdo con el documento “Diagnóstico de la supervisión y vigilancia en el Parque Nacional Revillagigedo”, el cual se obtuvo a través de una solicitud de información. Semanas después de que ingresaron al parque, los buques Benito García y El Panzas arribaron al puerto de Mazatlán, donde desembarcaron su carga. En febrero de 2019, el buque Benito García declaró 3.8 toneladas de tiburón zorro, 16 toneladas de tiburón azul, 100 kilos de tiburón volador, 300 kilos de tiburón mako, 100 kilos de pez espada, 200 kilos de marlín y 100 kilos de atún aleta amarilla, de acuerdo con datos sobre desembarcos, obtenidos a través de una solicitud de información. A principios de marzo de 2019, El Panzas desembarcó 14 toneladas de tiburón azul, 1.83 toneladas de tiburón zorro, 290 kilos de tiburón mako y 200 kilos de marlín.

Desde que se declaró Parque Nacional Revillagigedo-México aumentó el número de turistas que visitan Revillagigedo para realizar buceo. Foto: Octavio Aburto

El ‘paso inocente’ de los atuneros esde hace 30 años, el investiD gador James Ketchum, de la organización Pelagios Kakunjá, visita Revillagigedo para estudiar los arrecifes y, en los últimos años, los trayectos de mantas gigantes y tiburones dentro y fuera del archipiélago. Los datos de sus investigaciones -así como de otros científicos- sirvieron para determinar el polígono de protección del Parque Nacional Revillagigedo. El investigador también ha documentado los altibajos en las poblaciones de tiburones y de otras especies de pelágicos, como los atunes. Desde la creación del parque, resalta el científico, “hemos visto un poco más de tiburones y atunes aleta amarilla, sobre todo atunes jóvenes. Lo que estamos esperando es que regresen los atunes gigantes de más de dos metros, que llegan a pesar hasta 200 kilos”. En 2017, cuando se discutía la posibilidad de crear el Parque Nacional Revillagigedo, las principales empre-

Los barcos pesqueros El Panzas y Benito García pertenecen a la misma compañía. Foto: Tomada de la página de internet de la Comisión Interamericana de Atún Tropical

sas atuneras del país se opusieron a que el archipiélago cambiara de categoría y se prohibiera la pesca dentro de su polígono; argumentaron que se afectaría en 20 por ciento

la pesca en aguas nacionales y en 8 por ciento la pesca de sus flotas. Desde que Revillagigedo se declaró parque nacional, en la zona se disminuyó la presencia de los atuneros


9 en forma considerable. Sin embargo, datos obtenidos por transparencia y Global Fishing Watch muestran que los barcos que aún siguen entrando son los de Pesca Azteca, empresa que posee la mayor flota atunera de América Latina. La mayoría de esos buques mantienen una velocidad constante (arriba de los 10 nudos), tienen una trayectoria lineal y no cambian de ruta. Tanto personal de la Conapesca, la Secretaría de Marina y la Conanp se refieren a estos trayectos como “pasos inocentes”; es decir, en teoría solo cruzan por la reserva. El director del Parque Nacional Revillagigedo, el oceanólogo Alejandro González Leija, recuerda que cuando se elaboraba el Programa de Manejo para el área -publicado en noviembre de 2018-, se intentó prohibir el tránsito de los barcos pesqueros dentro del polígono de la reserva: “Se dio una discusión grandísima sobre ese tema. Al final, no se logró tener esa regla”. En respuesta a preguntas enviadas por Mongabay Latam, personal de Pesca Azteca aseguró que cuando sus barcos regresan al puerto base, ubicado en Mazatlán, Sinaloa, requieren cruzar por el parque. Cuando esto sucede, “se da aviso al centro de monitoreo de Conapesca, quien autoriza la ruta de tránsito inocente”. No cruzar por el área natural protegida, argumenta la compañía, “implicaría de uno a dos días más de navegación”. Sin embargo, el análisis de los datos del Sistema de Monitoreo Satelital de Embarcaciones Pesqueras muestra que tres barcos de Pesca Azteca no cumplen con lo que se consideraría “un paso inocente”. El 12 de julio de 2019, por ejemplo, el barco Tamara se detuvo alrededor de una hora dentro del parque. Un mes después, el 15 de agosto, el buque Azteca 8 bajó su velocidad de 12.16 a 0.87 nudos, cambió de rumbo y registró una velocidad de 9.56 a 8.69 nudos durante poco más de una hora. El tercer barco es el Azteca 10. Desde las dos de la mañana del 27 de agosto de 2019 y hasta las seis de la mañana del día siguiente permaneció, con una velocidad promedio de 0.87 nudos, en la zona norte del parque. Un análisis realizado por expertos en visualización de datos satelitales de embarcaciones señala que el buque realizó un repentino cambio de rumbo, disminuyó su velocidad y, antes de salir del área, registró una maniobra parecida a la de

ZONA PROTEGIDA El Archipiélago de Revillagigedo se declaró Reserva de la Biósfera en 1994 y la Unesco lo inscribió en la lista de Patrimonio Mundial Natural en 2016.

Ignorar la presencia militar n febrero de 2018, el oceanóE logo Alejandro González Leija fue nombrado director del Parque un cerco de pesca. Mongabay Latam buscó la versión de Pesca Azteca. Sobre el buque Tamara respondió que fue un “paso inocente avisado a la Conapesca”; en el caso del Azteca 8 se trató “de un accidente con un colaborador dentro de la embarcación” y sobre el Azteca 10 informaron que “la embarcación sufrió una avería en la transmisión del motor principal de propulsión a su regreso a Mazatlán, quedando varado dentro de la zona por un transcurso de 4 a 5 horas hasta que otra de nuestras embarcaciones -Azteca 3- acudió a su auxilio para remolcarlo hasta Mazatlán”. Como prueba, presentaron copia de los correos de aviso que enviaron a la Conapesca. Los datos obtenidos por transparencia, así como de Global Fishing Watch, muestran que el Azteca 10 permaneció dentro del área protegida alrededor de 28 horas.

Nacional Revillagigedo; antes había estado al frente de los parques nacionales Cabo Pulmo y Bahía de Loreto. Ninguno de los dos se compara con el reto que implica estar al frente del área marina protegida más grande de México, zona que equivale al territorio de Coahuila, el tercer estado del país con mayor superficie. El mayor reto, acepta González, es la vigilancia en alta mar. Sobre todo porque depende de la Conapesca para tener los datos sobre entradas, alertas y rutas de los barcos pesqueros. Además, los recursos para monitoreo y vigilancia son mínimos: la reserva tiene una plantilla de diez personas, 58 710 pesos (2687 dólares) de presupuesto para estas acciones y una embarcación tipo dingui, con un motor de 150 caballos de fuerza. Los buques dedicados a la pesca comercial, como el Benito García, tienen motores con una potencia de 400 caballos de fuerza; los barcos

atuneros (como el Azteca 10) tienen motores de 3600 y 6000 caballos de fuerza. “Necesitamos tener capacidad en campo para interceptar a estos barcos y tener pruebas suficientes de que estaban pescando en ese momento”, señala el oceanólogo Alejandro González. Por su parte, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) solo realiza dos operativos de inspección y vigilancia en Revillagigedo, en abril y noviembre, de acuerdo con una respuesta a una solicitud de información. La presencia de personal militar en Revillagigedo tampoco ha sido una barrera para detener la pesca ilegal. En Socorro hay instalaciones de la Secretaría de Marina; mientras que en Clarión hay un pequeño destacamento. Los capitanes de los barcos pesqueros saben cuáles son las zonas más vulnerables en Revillagigedo: es común que muchas de las actividades sospechosas de pesca se realicen en los límites del parque.


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Roca Partida, una de las islas de Revillagigedo. Foto: Conanp/Eric Higuera.

Por ejemplo, en abril de 2019, el buque Zoe (de la empresa Pescamil) se ubicó en los límites de la zona norte de la reserva, a una velocidad de 8.69 a 0.87 nudos. Hay barcos que, incluso, entran y salen del parque. En octubre de 2019, el buque Thor registró varios ingresos; en tres de ellos cambió de rumbo, disminuyó de velocidad y se instaló durante 21 horas en la parte este de la reserva. En junio de 2020, la embarcación que pertenece a Pesquera Thor, con sede en Ensenada, Baja California, regresó a Revillagigedo. También en junio de 2020, el barco Yumano (Pesquera Thor) se mantuvo por ocho horas, a una velocidad de 5.21 nudos, dentro de la reserva. En 2020, otro barco que realizó actividades sospechosas de pesca en Revillagigedo fue Puerto Chale II, embarcación registrada a nombre de Sofía Bencomo Pérez y con un permiso para pescar calamar gigante. Mongabay Latam buscó a las empresas dueñas de todos los barcos que se mencionan en esta investigación. La única compañía que respondió a la solicitud de entrevista fue Pesca Azteca.

Denuncias que se hacen agua Desde diciembre de 2018, solo tres embarcaciones han sido de-

nunciadas por presunta pesca ilegal en Revillagigedo: Benito García, El Panzas y Royal Polaris, barco de San Diego, Estados Unidos, dedicado a la pesca deportiva y que, en abril de 2019, se le encontró in fraganti reali-

zando actividades de pesca de atún cerca de Clarión. El director del parque explica que solo se han denunciado esos barcos ante Profepa, “porque son de los únicos en donde contaba con elemen-

tos que sugieren que se realizaron faenas de pesca”. Sobre los otros barcos, el funcionario de la Conanp señala que, como el parque no cuenta con un sistema de monitoreo de embarcaciones en tiempo real, depende de la información y las alertas que le envíe el personal de la Conapesca: “La responsabilidad es mía, como director del parque. Pero sí creo que hay más corresponsables. Sobre todo, porque nosotros dependemos de la información y el trabajo de otras dependencias”. A una solicitud de información, la Profepa aseguró que su delegación en Colima presentó la denuncia penal en contra de Sucett y que el recurso legal se encuentra “en trámite” ante la Fiscalía General de la República. No se menciona que exista una denuncia penal en contra del barco Royal Polaris. Mongabay Latam también solicitó, en varias ocasiones, entrevista a Profepa para aclarar esta información, pero no tuvo respuesta. También se buscó la postura de la empresa dueña de Royal Polaris; no contestaron a la solicitud de entrevista. En el caso de los dos barcos de Sucett, estos siguieron activos y pese a las denuncias penales las embarcaciones regresaron a Revillagigedo y realizaron actividades sospechosas


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Revilllagigedo es un lugar clave para la reproducción y conservación de varias especies marinas, entre ellas diferentes tipos de tiburón. Foto: Octavio Aburto

de pesca: Benito García lo hizo en abril de 2019 y El Panzas, en agosto de 2019. Conocer una parte de la historia de Sucett permite tener una imagen de lo que sucede en la pesca mexicana. Sucett se presenta como una cooperativa, con sede en Mazatlán, Sinaloa; su administrador único es José Ángel García Astorga, de acuerdo con el Registro Público de Comercio. Como la mayoría de las compañías cuyos barcos han realizado actividades de pesca en Revillagigedo, entre 2012 y 2017, la cooperativa recibió subsidios del gobierno federal, como parte del programa de apoyos para la modernización de la flota pesquera. Durante ese periodo, a Sucett se le otorgaron alrededor de 3 millones 865 mil pesos (178 mil dólares). Mongabay Latam buscó a los dueños de Sucett. Rosa María García Astorga respondió a la llamada telefónica; confirmó que la empresa es una cooperativa familiar dirigida por su hermano y que conoce las denuncias que existen en su contra por presunta pesca ilegal. Pero aseguró que, hace dos años, José Ángel García vendió los buques Benito García y El Panzas a Ro’chi, empresa que “está incursionando en la pesca”. ¿Por qué los barcos siguen registrados a nombre de Sucett? Rosa María respondió que su hermano firmó “una especie de contrato ante un notario”, con los dueños de Ro’chi, para que las embarcaciones utilizaran los permisos de la cooperativa. - ¿Su hermano vendió los permisos de pesca que tenían los dos barcos? - Los estaba transfiriendo. Solo sé que estaba muy lento el trámite para hacer el cambio de titular del permiso.

Los acuerdos entre particulares, para transferir permisos de pesca, no se contemplan en la Ley General de Acuacultura y Pesca Sostenible. Esta legislación señala, en su artículo 132, que es una infracción “sustituir al titular de los derechos consignados en las concesiones o permisos sin autorización expresa de la Secretaría (Conapesca)”. La Conapesca no respondió a la solicitud de entrevista.

Solo una parte de la historia

El programa de Manejo de Revillagigedo establece que todas las embarcaciones que entren al área deben contar, y tener prendido, su sistema de monitoreo satelital. Pero esto tampoco se respeta.

Hay barcos que apagan sus sistemas de monitoreo antes de entrar a la reserva, uno de ellos fue el Royal Polaris: “Detectamos que estaba pescando, porque estábamos ahí, en la zona. Cuando pedimos sus datos de ruta, vimos que había apagado sus sistema de monitoreo muchas horas antes”, explica el director del parque. Otros barcos que apagaron sus sistemas de monitoreo dentro del parque, de acuerdo con los datos obtenidos por transparencia, son Propemex Y-5-A y El Panzas. Si se tomara una fotografía de todos los barcos sospechosos de realizar actividades de pesca en Revillagigedo, las 18 embarcaciones identificadas en esta investigación

solo ocuparían una parte de esa imagen. Sobre todo si se toma en cuenta que los barcos no solo apagan sus sistemas de monitoreo; hay algunos que ni siquiera tienen instalada esta tecnología. La organización Océana-México ha documentado que en el país están registradas cerca de 77 mi embarcaciones, de las cuales alrededor de 3500 son mayores (se clasifican así por su tamaño); de ellas solo cerca de 2000 tienen un sistema de monitoreo satelital (VMS, por sus siglas en inglés). Este universo se reduce aún más cuando se trata de barcos que, además del VMS, también cuentan con el Sistema de Identificación Automática (AIS, por sus siglas en inglés). En México, solo lo tienen cerca de 40 embarcaciones pesqueras, la mayoría son atuneros. Plataformas gratuitas como Global Fishing Watch solo permiten monitorear embarcaciones que cuentan con AIS o que llevan la bandera de algún país que ha compartido y aceptado que sean públicos los datos VMS de sus flotas pesqueras. Hasta ahora, México no lo ha hecho. Los países que sí han hecho públicos sus datos son Perú, Indonesia, Panamá, Chile y Costa Rica. Hay otras plataformas privadas, como Skylight, que también permiten hacer seguimiento de los barcos pesqueros que cuentan con AIS. Los científicos dedicados a la conservación de las especies marinas, así como el director del Parque Nacional Revillagigedo, coinciden en que además de un presupuesto mayor, de barcos que se muevan más rápido y una tripulación preparada, una de las alternativas para combatir la pesca ilegal es utilizar la tecnología de monitoreo satelital y, sobre todo, que México haga públicos sus datos VMS. A principios de septiembre de 2020, la empresa que desarrolla Skylight, la Fundación Vulcan, la Conanp, el programa para la conservación marina Pristine Seas, de National Geographic, y el Centro para la Biodiversidad Marina y la Conservación ajustaban los detalles para formalizar un convenio de colaboración para que el Parque Nacional Revillagigedo sea la primera área natural protegida del país en utilizar la herramienta de monitoreo satelital como parte de un programa piloto de vigilancia y combate a la pesca ilegal. * El análisis de todas las bases de datos obtenidas por transparencia, así como de la información del Sistema de Monitoreo Satelital de Embarcaciones Pesqueras (VMS) lo realizó el investigador Fabio Favoretto, quien colabora con el Programa Marino del Golfo de California.


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M

arcela Balderas llegó la mañana del 6 de mayo de 2011 al anfiteatro de Torreón. Desesperada y angustiada preguntó si ahí estaba su hijo, Cosme Humberto Alarcón Balderas, de 16 años, quien no había regresado a casa la noche anterior, después de terminar su trabajo como empacador en City Club. -Tiene 16 años. Llevaba camisa de manga larga blanca con letras rojas enfrente. Traía pantalón de mezclilla negrito y tenis blancos -describió la mamá con voz temblorosa. -¿16 años? -preguntó el funcionario del lugar. -Sí, 16 años -recalcó la madre y sintió como un galope en el pecho. -No hay con esas características -respondió y le dejó ver solo los cuerpos que consideró se asemejaban a la descripción. Marcela Balderas no lo halló entre aquellos cuerpos balaceados y tatuados. Aquel año, en Torreón morían violentamente entre dos y tres personas cada 24 horas, debido a la lucha por la plaza entre Los Zetas y el Cártel de Sinaloa. Cuatro días visitó el Servicio Médico Forense con el dolor punzándole el pecho. Ya no entre, jefecita, le decían a la entrada los trabajadores. Mire, mamita, ya no entre, se va a enfermar, repetían. Ella quería encontrar a su hijo, como fuera, pero encontrarlo. -¿Aquellos cuerpos? -preguntaba Balderas con la fotografía de su hijo en mano. -Son de más edad. Esos tienen tatuajes -era la repetida respuesta. Marcela Balderas se retiraba de la morgue con la esperanza de que, si su hijo no estaba entre aquellos cuerpos no identificados, en algún momento regresaría a casa. Un día ya no la dejaron entrar a revisar. Y no volvió a pisar el Semefo. El 5 de mayo de 2011 a las 3 de la tarde, Cosme Humberto Alarcón Balderas salió de su casa como todos los días. “Ya me voy. Te quiero mucho, mamasota”, le dijo a su madre después de embarrarla de besos. “Dios te bendiga y te acompañe”, respondió. Cosme caminaba hasta el City Club donde trabajaba como cerillito, cerca de la carretera TorreónMatamoros. A las 7:10 de la tarde, Cosme se comunicó con su mamá: “Acuérdate que no te voy a dar nada hoy. Me voy a comprar unos calcetines y una camisa”, recordó sobre el dinero que ganaba. Los hijos menores de Marcela, Leonardo y María Luisa, también trabajaban como empacadores en dos

#CrisisForense

Desaparecer dos veces: la burocracia que pierde cuerpos S E G U N D A

D E

D O S

P A R T E S

La misma noche que Cosmelín, de 16 años, desapareció, su cuerpo asesinado era llevado al Semefo, donde se le catalogó como no identificado. Siete años después, las autoridades reconocieron que aunque lo tenían, por un error dijeron que no era él y lo mandaron a una fosa común. Es uno más de los cuerpos en el País que se desconoce dónde está enterrado. F R A N C I S C O

R O D R Í G U E Z

QUINTO ELEMENTO LAB

Sorianas diferentes. Habían acordado de verse en Soriana Oriente para regresar juntos a casa. A las 7:50 de la noche las llamadas al celular de Cosme entraban a buzón. Su hijo no llegó al punto de reunión. La madre comenzó a desesperarse. El celular, como un eco que zumbaba la cabeza, seguía mandando a buzón. “A lo mejor se fue a la casa a ver la lucha libre americana”, pensó, porque su hijo era aficionado. Pero en el camino recordó que ese día no transmitían la lucha. Era jueves. Se apuró para llegar a la casa. No lo halló. Pasó al City Club y un vigilante le

contó que lo vio irse como a las 7:45 de la noche. “Andaba recogiendo carritos y se nos perdió de vista”, informó el guardia. Marcela Balderas habló a la policía, pero le explicaron que debía dejar pasar 72 horas para reportarlo como desaparecido. “Vaya primero a hospitales y al Semefo”, recomendaron. El viernes 6 de mayo, muy tempranito, ella comenzó a peregrinar por hospitales, por la cárcel municipal y el anfiteatro de la ciudad, ubicado entonces en el sótano del Hospital Universitario, un bodegón donde en la época más violenta de la ciudad hacinaban los cuerpos como bultos

de papa. Fue al Ejido Hormiguero porque allí vivía la novia. Fue a buscarlo a un templo cristiano donde su hijo solía reunirse con amigos. No encontró ni una señal. Ese viernes visitó la entonces Procuraduría de Justicia Estatal que encabezaba Jesús Torres Charles, quien 5 años después sería acusado por testigos en Estados Unidos de proteger a Los Zetas. La agente del Ministerio Público le echó en cara que seguramente su hijo andaba de vago. “Mi hijo no es así”, respondió la madre, segura y de frente. La pasaron con otra licenciada de la que ella no recuerda el cargo. ¿Qué ropa traía? –le preguntó la funcionaria con las palabras de concreto desde su escritorio. - Una camisa de manga larga blanca con letras rojas enfrente. Sin cuello. Traía pantalón de mezclilla negrito y tenis blancos. La licenciada se comunicó por teléfono al Semefo. -¿Tienes un cuerpo con estas señas: camisa blanca, pantalón negro, 16 años. Tenis blancos? –preguntó frente a ella. Un hormigueo le recorrió el pecho. -No, aquí hay uno, pero tiene tenis negros –alcanzó a escuchar que una mujer informó. -Ah, no es -decretó la licenciada sin más pruebas. Colgó y soltó: “No


13 se desespere, allí anda, esos muchachitos allí andan de vagos”, repitió sin empacho. Y Marcela Balderas se retiró con la desesperación cargada como losa en los hombros, pero con la esperanza de que su hijo regresaría a casa. La Fiscalía de Desaparecidos en Coahuila registra 2 mil 185 desaparecidos desde 2006, mientras que el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) 2 mil 884. Pese a las discrepancias, ambas dependencias coinciden en que 2011, el último año de la administración de Humberto Moreira, fue el año con más desaparecidos en el estado. Aun así tuvieron que pasar las 72 horas para que la policía investigadora se dispusiera a buscar a Cosme Humberto. “Anda con la novia, anda de vago”, era la respuesta de los oficiales. “Mi hijo no es así”, defendía Marcela Balderas como se defiende a un hijo. “Eso dicen todas las mamás”, escuchaba de respuesta. Pero Cosme nunca paseaba sin pedir permiso. Estudiaba el primer año en el Bachillerato Técnico La Laguna, en la especialidad de máquinas y herramientas, su pasión. Le gustaban la música cristiana y Los Temerarios. Deseaba ser futbolista profesional y estudiar una carrera técnica. Era portero y medía 1.89 metros. Era renegón. Soñaba con hacerle una casa a su mamá y no había día que por las noches no le dijera a ella antes de dormirse que la quería. Cada mañana, como ritual, le repetía las mismas palabras: te quiero mucho, mamá. “Todo el dinero que ganaba me lo daba. Yo le daba para lo que necesitara de la escuela, para el lonche, los camiones. Estábamos ahorrando también para hacerle su quinceañera a su hermana”, recuerda ella y cada que habla de los sueños rotos el sentimiento la desborda. Se le ahogan las palabras. Semanas después, la agente del Ministerio Público encargada de su caso informó que Cosmelín, el niño que gustaba de subir a la azotea a escribir, simplemente se había querido ir por gusto, porque vivía violencia en casa. “Decían que yo lo golpeaba, que le había intentado quitar un tatuaje con una plancha y que lo habían visto con la marca”. Platica Marcela Balderas desde su casa. Su casa son dos cuartos donde no hay puerta que los separe, tres camas, paredes de block sin enjarre ni pintura; una estufa, un tanque de gas, cajas con expedientes, dos guardarropas viejos. Muestra pertenencias de su hijo: un suéter, su pantalón de portero y su cuaderno de apuntes donde llenaba

Con la fotografía de su hijo, Marcela desfiló por Semefo, hospitales y cárceles, sin saber que su hijo había sido enviado por error a la fosa común. Fotos: Iván Gutiérrez

las hojas de citas o pensamientos bíblicos cuando subía a la azotea. Tomado del cuaderno de Cosme, tal cual lo plasmó: ¿Quién es bueno? “Como está escrito: no hay justo, ni siquiera uno a un uno”, Romanos 3:10. ¿Quién ha pecado? En 2018, el padre de Marcela, José Balderas Aguilar, rogaba a su hija antes de morir que investigara sobre una noticia que apareció en el periódico siete años atrás. En El Siglo de Torreón, el sábado 7 de mayo de 2011, se publicó una noticia con el titular: ENCUENTRAN CADÁVER CON IMPACTOS DE BALA EN LA CABEZA. Según la nota, el agente del Ministerio Público llegó al lugar de los hechos a las nueve de la noche del 5 de mayo. El occiso era de aproximadamente 25 años, vestía playera de manga larga color blanco, pantalón de mezclilla color negro, tenis negros. El cadáver fue trasladado al Semefo. La Averiguación Previa 98/2011 es más detallada: el cuerpo fue hallado a las 8:40 de la noche del 5 de mayo en la calle Múzquiz y Río Nazas, a 100 metros del Puente Plateado que une Torreón y Gómez Palacio. Fue levantado por los peritos a las 11 de la noche. Vestía mezclilla negra, calzón rojo, “camisa mangas blancas atrás hacia adelante”, tenis negros. Medía 1.70 centímetros, tenía complexión regular, moreno, pelo negro, frente

chica, ojos chicos, corte, nariz chica chata, boca grande, labios gruesos. En la escena fueron encontrados seis casquillos 7.62×39 (cuerno de chivo). Después de siete años de búsqueda, de tocar puertas, de unirse a otras madres con su misma pena en el colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec), de marchar en protestas, de gritar porque le devolvieran a su hijo; comenzó a exigir aquel expediente. Una y otra vez, la madre se aferró a esa averiguación. “Sí está el cuerpo, pero no es su hijo. Tiene 25 años ese muchacho y su hijo 16. Trae la misma ropa, pero no coincide con la edad”, afirmó César Castillo, el ministerio público, según ella recuerda. “El expediente lo traen extraviado”, aseguró después Roberto Solís, otro ministerio público. En abril de 2018, Marcela Balderas expuso su caso ante Amnistía Internacional. Funcionarios de Amnistía Internacional advirtieron que su queja podría desencadenar consecuencias porque había autoridades involucradas por omisión. Y así fue. Menos de un mes después, un sábado, afuera de su trabajo, en la Colonia Nueva California, Marcela Balderas vio rondar una patrulla del Grupo de Armas Tácticas y Especiales (GATE) de Coahuila, el grupo élite que formó el ex Gobernador Rubén Moreira (diciembre 2011-noviem-

bre 2017) para combatir el crimen organizado y que ha sido acusado de múltiples violaciones a derechos humanos. Cuando regresaba caminando a su casa se le acercó la patrulla y una mujer policía le aventó un vaso con alcohol. “Andas alcoholizada. Súbete”, ordenó. Ella se resistió y a golpes la esposaron y subieron. La llevaron al Municipio de Matamoros, a 15 kilómetros de Torreón. Comenzó a orar. A su mente solo llegaban sus hijos. En algún momento se le cayó el celular y se marcó el número de Claudia Soto, mujer que busca a su esposo desaparecido. “Claudia, Claudia, me quieren matar”, gritó desesperada. La policía le arrebató el celular y se lo apagó. En Matamoros la arrastraron como si fuera res y la tumbaron al piso de la cárcel municipal. Le quebraron el tabique de la nariz y le abrieron el labio a patadas. “Me van a matar”, pensó. Cuando la golpeaban, la policía le gritó “por andar de hocicona”. Los policías estatales la dejaron encerrada y se fueron. La liberaron hasta que sus compañeras de FUUNDEC abogaron por ella. Tres días después le avisaron que el expediente 98/2011 había aparecido. Sin embargo, Fernando González, coordinador del Plan Estatal de Exhumaciones e Identificación Forense de Coahuila, trató de convencerla por última vez: -¡Entiende! No es, este cuerpo es de 25 años. No es. -Quiero verlo -insistió Marcela Balderas, convencida que tenía el derecho de hacerlo. -Pero si no es el cuerpo ya no vamos a investigar más, ya nos esperaremos hasta que aparezca algo. ¿Aceptas? ¿Sí o no? -retó el funcionario estatal. -Acepto -respondió- como apostando su vida en ello. En una oficina de la Fiscalía le mostraron las fotografías del expediente. Marcela Balderas se queda callada unos segundos, extiende los brazos y se toma un dedo, frunce el ceño como si quisiera paralizar las lágrimas, toma aire y mira al piso. Entonces describe: “Su perfil de cara, acostado, se le mira su cara… igualita, su barba, no se había rasurado. Se le mira su cara… Me lo enseñaron sucio, lleno de sangre, hinchado… Pero era visible su rostro. Traía sus tenis negros, sus calcetines cafés, su pantalón negro. Su camisa blanca con letras rojas enfrente. Tenía un impacto en el pómulo izquierdo, otro en el ojo izquierdo… y en el labio superior derecho… y trae golpes en su cuerpo… como quemaduras de


14 cigarro… Me da mucho coraje porque su cara es de un niño de 16 años, no se mira grande. Traía su bóxer rojo con elástico gris”. El registro equivocado de la edad de Cosme, que le costó a la madre siete años de búsqueda, muestra otro grave problema que arrastran los servicios forenses de todo el País: la falta de especialistas para identificar a las personas, como antropólogos forenses, encargados de determinar la edad, la estatura y hasta el sexo en los casos de destrucción de los cuerpos más complejos. Al cierre de 2019, en los Semefo de todo el País apenas habían 52 antropólogos, sin precisar si contaban con la especialidad forense. En Coahuila son solo ocho. Anselmo Apodaca, el ex director de la Unidad de Servicios Periciales de FGR, ahora consultor independiente, menciona que “hay un problema de déficit de antropólogos en México, es un problema que la ENAH (Escuela de Antropología e Historia) debe resolver. (En) cada generación ingresan cuarenta a la carrera y sólo se gradúan dos (…) tendremos que conseguir a antropólogos expertos de otros lugares”. El especialista también advierte que muchos de los peritos que están trabajando en los servicios periciales en México no están especializados. Cuando identificó a su hijo, Marcela Balderas sintió tristeza y coraje. “Me hubieran evitado tanto tiempo de sufrimiento”, platica mientras se limpia la mejilla. “Nunca imaginé que lo habían matado ese mismo día. Ha sido un calvario, de volverme loca”, añade con coraje en sus palabras. Enseguida, repasa lo que ha vivido en nueve años: estuvo tres meses en estado de coma derivado de una taquicardia porque ya no podía con el dolor; perdió su casa porque la vendió para pagar un investigador privado que no le entregó ninguna pista; perdió trabajos porque no rendía; padece ansiedad y actualmente toma medicamento para poder dormir, pues en el sueño se le aparece la sonrisa de su hijo. Su “error”: haber pensado que su hijo se había llevado los tenis blancos y no unos negros “Ahí sí me equivoqué”, cuenta como si cargara con una culpa. Lo que debía de haber sido un final menos triste no ha ocurrido. Las autoridades desconocen dónde enterraron al cuerpo con los tenis negros. El único detalle que se conoce del destino del cuerpo Cosme, es que fue enviado a la Funeraria San Antonio y sacado de allí el 10 de mayo para ser llevado a la fosa común. Pero la funeraria ya no existe en Torreón y

solo se halla una sucursal en el municipio de Matamoros. “Investigaron y está un señor que se acuerda que sacaron un cuerpo de un joven con el físico parecido, pero dice que el panteonero no lo registró; que dejaron al muchacho y en el panteón se encargaron de enterrarlo porque había mucha gente y no tenían tiempo. Por eso no hay registro”, relata la madre. De eso hace dos años y Marcela Balderas siente que lo ha vuelto a perder. Como ocurrió con el cuerpo sin vida de Cosme Humberto Alarcón Balderas, las autoridades no tienen registro del destino final que dieron a cuando menos otros 999 cadáveres más que llegaron, entre 2006 y 2019, a los Semefo de Coahuila, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí, Tamaulipas, Tlaxcala y Zacatecas. Las autoridades los han desaparecido otra vez. ¿Dónde tienen a esos cuerpos ahora? Uno a uno, los Semefo respondieron que no saben en dónde están. Recuperar el cuerpo de Cosme ha sido otra peregrinación por los laberintos de la burocracia que extravía a personas. A Marcela Balderas le dijeron primero que habían donado el cuerpo a la Facultad de Medicina de Torreón, a donde según cifras oficiales la Fiscalía entregó 46 cuerpos no identificados de 2012 a 2017. Luego, que siempre no. En ninguno de los dos panteones municipales hay registros de la inhu-

mación de su hijo. Funcionarios de la Fiscalía de Desaparecidos le han dicho a la señora Balderas que creen, por recuerdos del panteonero, que su hijo podría estar en el cementerio número 2 de Torreón. Pero no hay dato que lleve a la fosa donde enterraron a su hijo. El sepulturero del Panteón 2 es Apolinar Pérez que arrastra 24 años caminando entre tumbas y fosas. Cuando le pido a Apolinar -hombre de gorra beisbolera y zapatos desgastados- me señale dónde están las fosas comunes, me lleva a la parte alta del cementerio. Entre las tumbas me dice: “aquí es donde hay más”, y extiende el brazo sobre los montones de tierra caliente sobre la que estamos parados y donde no hay ningún señalamiento. Solo Apolinar sabe dónde están, pero desconoce cuántas son. -Hay otras, pero esas están salteadas, refiere. -¿Cómo los enterraba? -Unos están en bolsas, otros en zíper, unos están a ‘rais’ y otros en sábanas. No había tiempo de nada, ‘vámonos, vámonos y fuga’. En este panteón, ubicado al sur de la ciudad, era común que los pistoleros del crimen organizado se metieran para practicar tiro al blanco con las lápidas. O que llegaran a disparar y balacear a los deudos durante un sepelio. En muchas fosas hay 4, 5, 6 cuerpos. “Como fuera los echábamos”, admite. Una respuesta de la dirección mu-

Apolinar Pérez, el único sepulturero del Panteón Municipal 2 de Torreón, enterró decenas de cuerpos no identificados en la fosa común, en el periodo de más violencia en esa ciudad. Quizá entre ellos, el cuerpo de Cosme Humberto Alarcón.

nicipal de panteones a una solicitud de Transparencia lo respalda: de 2005 a 2009 inhumaron 53 cuerpos, pero no saben en cuántas fosas porque no hay registro. De 2010 a 2012 hay registro de 119 cuerpos inhumados en 28 fosas, un promedio de 4 cuerpos por fosa. Y todo recae en la memoria de Apolinar. Además, el registro oficial de los cuerpos aquí enterrados se lleva en el cementerio número 1, al poniente de la ciudad. Ahí tienen constancia de la inhumación de un cuerpo no identificado el 4 de junio de ese año; es el entierro más próximo a la fecha del asesinato de Cosme Humberto, cuando en la práctica después de no identificarse un cuerpo en tres días, era enviado a la fosa. En este panteón, cuenta el sepulturero Ángel García -robusto y de andar cansado- comenzaron a traer los cuerpos no identificados en 2012, cuando ya no cabían en el otro. -Este cuate lo tiraron ahí en la Guerrero, en cachitos, y ahí está otro que tiraron, pero a ese le cortaron la cabeza -platica Ángel García con la tranquilidad de quien orienta a un turista, mientras camina entre las fosas comunes desperdigadas entre las tumbas. Fue hasta 2018 que por orden de la Fiscalía, los sepultureros comenzaron a clavar cruces de madera en las fosas comunes con el número de averiguación escrito con marcador negro. “Antes sí se metían 3, 4, 6, 8, de la escuela de Medicina también. Ahora con todos esos de los desaparecidos ya hay más cuidado”, menciona Ángel García. El sepulturero asegura que en las fosas de este panteón también enterraron botellas con papeles que contienen los números de averiguación. Hay también -explica- métodos que elaboraron para ubicar las fosas, como apuntar la tumba vecina o guiarse por la barda perimetral. “La barda tiene números, los agarramos por número de block, por decir la carpeta fulana está sobre el block 80 por 100”, explica y el método se escucha primitivo para ubicar 133 pozos donde hay 208 cuerpos inhumados de febrero de 2012 a junio de 2020, según la dirección de Panteones de Torreón. -¿Y hay espacio para más fosas? -preguntó al panteonero. -Estamos saturados, en esos cachitos es donde los metemos, ya no hay lugar. Y señala hacia los retazos de tierra libre entre tumbas. Según una respuesta de la Fiscalía de Coahuila, a una solicitud de información (folio 00558120), en el estado, hay 889 cuerpos que no fueron


15 identificados, la mayoría de ellos asesinados entre 2006 y los primeros cinco meses de 2020 por disparos de arma de fuego o estrangulados, principalmente. En 66 casos los cadáveres estaban “incompletos”, de 12 tenían solo restos calcinados, seis estaban desmembrados, de 88 cuerpos tenían solo restos óseos y había 17 esqueletos. La cifra de cuerpos enviados a la fosa común en los panteones de Torreón (380) no cuadra con el número de cuerpos no identificados hallados desde 2006 por la Fiscalía (492) en la ciudad. “Es una cochinada lo que se hizo”, critica Silvia Ortiz, representante del Grupo VIDA, y mamá de Stephanie Sánchez Viesca Ortiz, desaparecida el 5 de noviembre de 2004, en Torreón. Silvia Ortiz señala que la Fiscalía de Coahuila en muchos casos no recabó fotografías o huellas dactilares, y por la desorganización, dice, las autoridades se están topando con que los cuerpos enterrados en ciertas fosas, no están. “Es una doble desaparición”, añade molesta. La misma información que entregó la Fiscalía refleja las malas prácticas de registro que había todavía el año pasado. Hay, por ejemplo, un reporte de 20 cuerpos no identificados, pero se desconoce la fecha del hallazgo y en algunos casos hasta la ciudad donde fueron encontrados. Además, de 181 cadáveres no identificados, no se sabe la causa de muerte porque falta la necropsia en el expediente, sin contar los casos donde fueron hallados simplemente restos óseos y fue imposible realizar una necropsia. En enero de este año le avisaron a Marcela Balderas que tenía que esperar para la exhumación del cuerpo de su hijo Cosme, como si esperar nueve años no fuera suficiente. “Se siente dolor y temor de que no vaya a aparecer, que me digan que no lo encuentran, que se perdió”, comparte, y se estremece de solo pensar en aguantar más años. Nunca perdió la esperanza de ver a su hijo de vuelta. Esperaba que “Cosmelín”, como lo llamaba, aquel niño de 16 años que comía con tanto gusto la carnita con tomate y cebolla, se parara en la puerta y le dijera que había regresado. Y se fundieran en un abrazo profundo. Marcela Balderas explica que el dolor que siente es como una enfermedad crónica. Todavía no tiene descanso. Y ahora su angustia es encontrar los restos de su hijo entre fosas comunes. Le deprime pensar en el tiempo que se pueda llevar. Ya pasaron casi dos años desde

que identificó a su hijo en las fotografías. Las autoridades responden con lentitud pasmosa para sacar de las fosas los cuerpos ya reclamados por familiares. Está el caso de Cristian Daniel Mundo Vallejo, un joven de 18 años que desapareció en Piedras Negras, en 2011, el mismo año que Cosme. Tres meses después de la desaparición, Lorena Vallejo identificó por fotografías el cuerpo de su hijo en el Semefo de la entonces Procuraduría General de la República en Saltillo, a más de 400 kilómetros de Piedras Negras. Supo ahí que el cuerpo de Cristian Daniel llevaba 10 días sepultado en la fosa común del Panteón La Paz, en esa ciudad. Y pese a tener la orden de la PGR para que se lo entregaran, Lorena Vallejo tardó 8 años en lograr la exhumación. Apenas el 14 de agosto de 2020 llevó a casa los restos de su hijo. En el caso de Cristian Daniel, la PGR tenía registro del sitio donde habían enterrado el cuerpo. En contraste, las autoridades desconocen en qué fosa depositaron el cuerpo de Cosme Humberto. No es el único. Por lo menos hay otro caso del Grupo VIDA de Torreón en las mismas circunstancias. José Ángel Herrera, fiscal en Coahuila de Personas Desaparecidas, reconoce que antes de la Ley para la Localización, Recuperación e Identificación Forense, de 2016, no había información sistematizada de cuerpos y fosas y culpa de ello a los administradores de los panteones municipales. “Cuando acudes a registrar una averiguación previa penal te das cuenta que una persona no identificada puede estar inhumada en un lote, pero al llegar no solo hay una, sino dos o tres”, explica Herrera. En la entrevista descarta que la Fiscalía estatal pudiera tener un subregistro, pues dice que los cuerpos “extra” que han encontrado pudieron llegar “por otros medios”. -¿Como cuáles medios? -Se está trabajando para determinar qué tipo de situaciones pudieron haber pasado”. Pese a esta nueva cara de la crisis forense que enfrenta Coahuila, la de los cuerpos sin identificar perdidos en el enorme desierto de fosas comunes, este estado y Guerrero fueron elegidos para probar un Plan de Exhumación. Un gran reto de cara a la herencia de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, donde los servicios forenses de todo el País se convirtieron en maquinarias de entierros: Quinto Elemento Lab documentó que de la plancha del anfiteatro a la fosa común pasaron al menos 27 mil 271 cuerpos

Cosme Humberto tenía 16 años cuando murió, pero siempre aparentó más edad. Los peritos estimaron que tenía 25 años y así lo registraron. sin identidad, como el de Cosme, sin que haya certidumbre sobre si el registro de cada inhumación estuvo completo. Esa incertidumbre, dice Silvia Ortiz, de Grupo VIDA, se palpa en el hecho que las autoridades no han mostrado a los colectivos las carpetas de los cuerpos no identificados. “No tomaron ni siquiera una foto. ¡Cómo nos van a mostrar algo incompleto, tienen que resolver!”. Casos como el de Cosme Humberto, según Silvia Ortiz, reflejan las malas prácticas forenses: muchas familias sabían de cuerpos recuperados en las morgues y pedían saber si era su familiar, pero se les negaba el acceso por detalles nimios en las descripciones que hacían los familiares. Ortiz pide que acabe la práctica común entre peritos, de hacer una “estimación visual” que deja a su criterio hacer la descripción de los cadáveres y que lleva a errores graves. “¿Qué edad de su familiar?, ‘40 años’, ‘no, mire, la persona que tenemos aquí tiene entre 20 y 30 años’. ‘Ah pues no es’. Y se iban”. Y quizá esos errores forenses son responsables de haber enviado a la fosa común a decenas de cuerpos que no pudieron ser identificados por sus familias, como la de Marcela Balderas. También es causante de que ahora los cadáveres no identificados enviados a la fosa común, tengan que ser desenterrados como parte del Plan de Exhumaciones para obtener un correcto registro y que exista la posibilidad de identificación. El Plan de Exhumaciones está en vigor desde abril de 2017, pero en diciembre de 2019 se realizó el último trabajo. A casi un año, no hay fecha de reanudación. José Ángel Herrera, el fiscal estatal de Personas Desaparecidas, explica que el Plan establece un tiempo de 6 a 7 años para concluir con el desentierro de todos los cadáveres y restos enviados a fosas comunes, pero asegura que no han reanudado

porque los colectivos de víctimas solicitaron una revisión. Ariana García Bosque, asesora y representante legal de la asociación Familias Unidas en la Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas de Piedras Negras, dice que pese a la entrada en vigor de la Ley de Localización, Recuperación e Identificación Forense de Personas de Coahuila, se siguen presentando malas prácticas en el levantamiento de cuerpos, el registro y la identificación. Opina que si no hay sanciones a esas prácticas, de nada servirán las leyes pues al paso de los años se tendrán que volver a evaluar los procedimientos y será un doble trabajo, como el caso de los cuerpos desenterrados como parte del Plan Estatal de Exhumaciones y que, al no ser identificados por las familias, tuvieron que ser regresados al fondo de la tierra. En agosto se inauguró el Centro Regional de Identificación Humana, donde deberían resguardarse estos cuerpos para facilitar su localización en el futuro, pero todavía no está en funciones. Marcela Balderas siente tristeza y coraje de recordar cómo la victimizaron las autoridades por siete años y cómo ahora los ministeriales le aseguran con la mirada agachada que sí buscaron en su momento en el Semefo. Vive con miedo de que le pase algo a sus otros dos hijos. El miedo, enfatiza, la come día a día. Cada noche se lamenta que el mismo día que inició su búsqueda mataron a su hijo. Y se pregunta por qué no estaba el cuerpo cuando revisó en la morgue. Y todos los lamentos y cuestionamientos le provocan un llanto de rabia. También sabe que aunque encuentren a su Cosmelín, le entregarán unos restos. Tiene fe en que los tenis negros se hayan conservado. Le gustaría atesorarlos. Lo que más desea es tener a su hijo, tener sus huesos un día en casa para decirle que siempre lo buscó, que nunca se cansó de buscarlo.


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B

elisario Quintero Medina se mudó a Los Mochis dando su palabra de que regresaría a Témoris, Chihuahua, su pueblo, convertido en ingeniero civil. El joven volvió, pero dentro de un ataúd de madera pintado de color blanco. En Sinaloa lo asesinaron y sepultaron en una fosa clandestina. Aunque su cuerpo fue exhumado e identificado por sus familiares dos meses después del homicidio, la burocracia se empeñó en que siguiera desaparecido. Tuvieron que pasar 18 meses, tres pruebas de ADN, dos exhumaciones y la intervención de un desenterrador, para que su cuerpo fuera, finalmente, entregado a sus familiares. El de Belisario fue uno de los 2 mil 884 cuerpos desenterrados de las casi 2 mil fosas clandestinas encontradas en el país entre 2006 y 2016, de acuerdo con el registro de las procuradurías y fiscalías mexicanas obtenido vía transparencia. Más aún, el cuerpo del joven ni siquiera fue ingresado al servicio médico forense (Semefo) para ser correctamente identificado: de la fosa clandestina pasó a una funeraria privada como desconocido, y de ahí de nuevo bajo el suelo, a una fosa común. El largo camino que recorrió el cuerpo de Belisario Quintero para regresar a casa, y ser enterrado por los suyos, es sólo una muestra de la profunda crisis forense que se vive en México. Una investigación de Quinto Elemento Lab reveló que hasta el año pasado había 38 mil 891 cadáveres sin identificar que pasaron por los servicios médicos forenses en 14 años. De esos, 27 mil 271 habían sido enterrados en fosas comunes, 5 mil 783 se encontraban dentro de las cámaras frigoríficas de los servicios médicos forenses, y 2 mil 589 fueron donados a universidades. Las autoridades no proporcionaron información acerca del destino final que dieron a 2 mil 533 cuerpos y dijeron desconocer dónde quedaron 999 más. Además, las instituciones forenses dejaron al menos 53 cuerpos en funerarias de Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas.

Desaparecer en una fosa clandestina En el verano de 2010, al sureste de la Sierra Tarahumara, en el poblado de Témoris, municipio de Guazapares, el señor Belisario Quintero Pérez despidió a su hijo mayor, a quien bautizó con su mismo nombre. Belisario dejaba el pueblo para irse a estudiar a Sinaloa. Cuatro años después, el joven terminó la carrera en el Tecnológico de

#CrisisForense Cuando las funerarias suplieron al Semefo

En Sinaloa y otros 15 estados del País, las autoridades han delegado en funerarias privadas el trabajo de los servicios médicos forenses. La subrogación de esa labor ha puesto en riesgo la identificación de cadáveres sin nombre, como el del joven Belisario M A R C O S

V I Z C A R R A

ILUSTRACIÓN: ALEJANDRA SA AVEDRA

la ciudad de Los Mochis, el corazón agrícola y económico del Valle de El Fuerte. No tuvo fiesta de graduación: el 20 de mayo de 2014 lo desaparecieron. Fue víctima de ese crimen que se hizo común y que a esa fecha afectaba a 4 mil personas en Sinaloa. Hombres jóvenes en su mayoría. Dos meses más tarde, un grupo

de personas encontró su cuerpo, casi por accidente. Estaba dentro de una fosa clandestina en una zona arbolada -conocida como El Poblado- sobre la carretera que va de Los Mochis a El Fuerte. Ocurrió el 20 de julio de 2014. Era un día con lluvia, y un grupo de personas que buscaba a otro joven des-

aparecido exploraba la tierra pesada y pegajosa en un sitio que operaba ilegalmente como rastro. Ahí, entre huesos de caballo, encontraron los cuerpos de cinco personas: estaban casi irreconocibles, algunos con ropa, otros quemados. Los medios locales informaron sobre el hallazgo a partir del reporte de la Policía Ministerial. Estas cinco personas al menos fueron encontradas: de 2007 a 2019, en Sinaloa 4 mil 492 personas fueron desaparecidas y más de 500 cuerpos fueron encontrados en fosas clandestinas. Aunque son pocos los cadáveres desenterrados, no siempre se logra establecer su identidad. Los cinco cuerpos, que en un procedimiento adecuado debieron ser llevados al servicio médico forense (Semefo), llegaron a la funeraria Mo-


17 El 20 de julio del 2014, familias de personas desaparecidas encontraron cinco cuerpos en fosas clandestinas. Fotos: Luis Brito

reh Inhumaciones, en Los Mochis. En ese negocio los peritos del Semefo examinaron los cuerpos y les asignaron un número para identificar su expediente. Este procedimiento anormal en Sinaloa está permitido: todos los cuerpos de personas asesinadas o encontradas en fosas clandestinas en los municipios de Choix, El Fuerte y Ahome -en el norte del estado- son llevados a la misma funeraria: Moreh Inhumaciones donde se les practican exámenes forenses y periciales. Así es desde 2005, cuando la Fiscalía y las empresas funerarias llegaron a ese arreglo de palabra. Si hubiera sucedido en otros municipios de Sinaloa, el cuerpo de Belisario Quintero habría sido llevado a alguna otra funeraria como Comercializadora Vigón, Funeraria San Martín, Emaús Casa Funeraria, San Martín Grupo Desarrollador, Inhumaciones ABC, entre otras. Son las empresas mortuorias que en 16 municipios “prestan” sus instalaciones para la realización de los análisis que, en teoría, tendrían que hacerse en los Semefo. Además de Sinaloa, al menos en 15 entidades del país las funerarias particulares sustituyen algunas de las funciones de los anfiteatros gubernamentales. Es así en Baja California, Baja California Sur, Sonora, Coahuila, Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Nayarit, Jalisco, Hidalgo, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Quintana Roo según fuentes hemerográficas, expertos consultados y la confirmación directa con las propias fiscalías.

Funerarias convertidas en Semefo Con el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, la capacidad de las instalaciones forense fue rebasada una y otra vez debido a la llegada masiva de cuerpos. Ante la falta de instalaciones adecuadas las

autoridades, en casi la mitad de los estados del país, han recurrido a funerarias para realizar necropsias, hasta llegar al punto de permitir al personal de esas compañías realizar los levantamientos de cuerpos, las exhumaciones e, incluso, encargan a las empresas el resguardo de cadáveres a la espera de ser identificados o reclamados. En Tamaulipas, por ejemplo, las autoridades forenses anotaron que en las coordinaciones del Semefo las condiciones para realizar necropsias no son óptimas, por ello han recurrido a los “anfiteatros de funerarias”. En Quintana Roo, Oaxaca y Tamaulipas 53 cuerpos sin identificar tuvieron como destino final una funeraria, de acuerdo a solicitudes de información realizadas para esta investigación. En Coahuila y Sonora, aunque en sus respuestas no reconocieron en un primer momento esa información, en una solicitud distinta sobre lugares externos al Semefo en el que resguardaban cuerpos, sí reportaron haber dejado 13 cadáveres en las empresas privadas. Baja California, por su parte, respondió haber utilizado espacios de funerarias del DIF y una privada cuando se le pidió las direcciones de las unidades del Semefo del estado. La subrogación de servicios para la muerte no es una buena práctica para la identificación de cadáveres. El Comité Internacional de la Cruz Roja considera que aunque las funerarias son negocios especializados en ventas de cortejos fúnebres, carecen de equipo, material y expertos para hacer trabajo forense. “Como no ha habido un seguimiento puntual, los registros se han perdido. Hay vacío sobre quién era el responsable del cuerpo una vez que llega a los cementerios municipales”, señaló Hugo Soto Escutia, asesor forense del Comité Internacional de

la Cruz Roja (CICR) en México al ser entrevistado sobre la crisis forense mexicana. Al romperse la cadena de custodia de un cuerpo, y pasar por distintas manos e instalaciones, ocurre otra tragedia. “Como no va a haber registros, hay una pérdida administrativa que sería la segunda pérdida del cuerpo, pero esta vez en una fosa (común) con otras 40 o 50 personas sin que se sepa en qué posición quedó o en qué nivel”, decía. Según el médico Soto Escutia, del CICR, en las instalaciones forenses son necesarias personas expertas para documentar los rasgos y evidencias encontradas en los huesos, dientes, huellas dactilares y la piel que aún queda en los cadáveres y, cuando tienen, la ropa. La información debe quedar en un expediente que ayudará a identificar a cada persona. Sin infraestructura y personal médico especializado, las muestras que se tomen y queden en el registro para reconocer a las personas podrían no ser de calidad adecuada. “Esta tiene que ser una intervención multidisciplinaria y en estos lugares (las funerarias) no se realiza intervención de médico forense, odontólogo, lofoscopista, genetista, etcétera”, dijo Soto Escutia en la entrevista. “Esto hace que reconocerlas sea más difícil”. La fragmentada cadena de responsabilidades en la que participan personal público y privado provoca que un cuerpo levantado de una escena del crimen, o rescatado de una fosa clandestina, termine sin identidad en una fosa común. Anselmo Apodaca Sánchez, extitular de la Coordinación General de Servicios Periciales de la Fiscalía General de la República, dice que las funerarias se han convertido en una especie de mafia solapada desde las instituciones.

“Hay que romper un poco ese esquema, las funerarias no pertenecen a las fiscalías”, dijo. “No sé si te acuerdes, (en) Edomex hace muchos años una funeraria levantó un cadáver en la vía pública porque la familia fue por la funeraria, se levantó en la vía pública y el helicóptero del reportero lo va siguiendo. Los servicios periciales nunca llegaron. Imagínate a cuantas cosas se puede prestar esa falta de control. ¿Un homicidio planificado? Si tienes a la funeraria que lo levante y nadie se enteró de (que había) un cadáver”. “Da para un tema la intervención de las funerarias…”, dijo quien también fue Comisario y Director General de Criminalística de Campo en la División Científica de la Policía Federal en entrevista para esta investigación.

De la funeraria a la fosa común Por casualidad, el hermano menor de Belisario -que recién se había mudado a Los Mochis- se enteró de los cuerpos encontrados a 19 kilómetros de su casa, en la excavación en El Poblado. Cuando acudió a la exhumación reconoció los pantalones vaqueros que vestía su hermano cuando desapareció. Pidió ver todo el cuerpo desenterrado de la fosa y no se lo permitieron. Entonces llamó a su padre. Los cinco cuerpos localizados en El Poblado estaban atados de pies y manos, tenían quemaduras, y se encontraban dentro de bolsas negras usadas para depositar basura. Un par de policías de la fiscalía avisó a la funeraria. Cuando los empleados arribaron comenzaron la excavación, un trabajo que corresponde a peritos especializados de las propias fiscalías. Uno de esos hombres tenía en ese entonces más de una década trabajando en Moreh Inhumaciones. Pidió no ser nombrado en este reportaje para evitar represalias sobre lo que contó. Fue contratado por sus habilidades para recoger cuerpos y la recomendación de un familiar, otro empleado que le heredó sus conocimientos antes de retirarse. Su llegada a El Poblado no fue mero azar: es el empleado con más experiencia para desenterrar cuerpos de fosas en el norte de Sinaloa y uno de los principales ayudantes de los peritos. La tarde del 16 de octubre de 2015


18 en la funeraria donde el padre de Belisario esperaba los documentos para sacarlo de ese lugar, ese sepulturero habló detalles importantes de la exhumación: los policías estaban perplejos al ver cómo en un terreno con huesos de caballos amontonados como si fueran altares había también restos de personas. Era tal el impacto de los policías que desistieron de sacar los cuerpos y dejaron la tarea a los empleados de la funeraria. No es poco común. Ese, aunque debe ser el trabajo de peritos, médicos y antropólogos forenses, normalmente lo hacen esas personas mientras son supervisadas por agentes de la fiscalía. “A nosotros nos dan un aviso por la procuraduría de que hay un muerto”, narró un empleado de funeraria. “Nuestra forma de trabajo es hacer excavación, el levantamiento de cuerpo o depende de cómo sea la situación. Todos los casos son diferentes. -¿Cómo son las excavaciones? -Con pura mano y con mucho cuidado, que el cuerpo no se maltrate, para no dejar ninguna huella ni nada de eso”, dijo mientras revisaba una carpeta de cartón donde guardaba certificados de defunción. -¿Les dieron un entrenamiento para el tratamiento de cuerpos? -No. Con base a lo que ellos (hacen), los peritos o médicos forenses, que acuden a las fosas, nosotros lo hacemos. Ellos mismos nos van diciendo qué es lo que hagamos: ‘escarba aquí, escarba allá…’. Ellos nos están dando todos los pormenores de lo que hay que hacer. Explicó el desenterrador. Recordó otras exhumaciones, como aquella en junio de 2012, en Bacayopa, en Choix, en los límites de Sinaloa y Chihuahua, donde había seis cuerpos enterrados de hombres que murieron en un enfrentamiento contra militares. -La zona estaba “caliente” y la policía no quería llegar. Fuimos solos y los narcos nos llevaron hasta ese lugar, y con lo que ya sabíamos nos trajimos los cadáveres. Con lo que uno va aprendiendo de lo que le dicen que haga para desenterrarlos, pues. Sobre Belisario Quintero recuerda poco, pero algo esencial: cuando lo sacó de la tumba clandestina vio que en el lado izquierdo de su cabeza tenía una bola, del tamaño de una pelota de ping pong. Volvería a verla después, cuando examinaban el cuerpo en la funeraria.

‘Convenios’ de palabra Sinaloa lleva varios años batiendo

Los cuerpos de personas no identificadas han sido enviadas a fosas comunes de panteones municipales en Sinaloa.

Antes de 2016, Sinaloa se apoyó en la Procuraduría General de la República para hacer pruebas genéticas. el récord de uno de los estados con más homicidios por cada 100 mil habitantes. A pesar del gran número de cadáveres que llegan a las morgues, el estado tenía hasta 2017 contaba con 33 personas dedicadas a medicina forense; 105 a periciales, encargadas de acudir a los lugares donde se reportan los hallazgos; 32 a química forense, a cargo de analizar las evidencias, y una persona entrenada en antropología forense, dedicada a identificar restos humanos deteriorados, incompletos o fragmentados y en teoría, debe presentarse a todos los hallazgos de fosas clandestinas. Debido a la saturación de las morgues, desde 2005 las autoridades de Sinaloa realizaron un convenio de “palabra” con las empresas funera-

rias, como lo confirma Ireyda Paredes Leyva, encargada de la Dirección General de Investigación Pericial de la Fiscalía General. En una entrevista realizada en marzo de 2017, la funcionaria reconoció: “Lo ideal son los Semefo, pero recordemos que no hay otra opción, por eso es que se llegó a eso”. El mencionado acuerdo entre las autoridades estatales y las compañías consiste en que los empleados de las empresas van por el cuerpo al lugar donde es localizado y lo trasladan a las funerarias para que los médicos forenses y peritos oficiales le realicen la autopsia. Eso ocurre a pesar de que desde 2014 el gobierno gastó 12.3 millones de pesos en la construcción de tres

unidades más de Servicio Médico Forense que no son utilizadas y, en cambio, funcionan como bodegas. “Con la visita física se constató que los trabajos contratados fueron terminados; no obstante, la obra no se encontraba operando”, señaló la Auditoría Superior de la Federación en 2015 sobre el edificio que se construyó en Mazatlán. A mediados de 2020, este edificio era una bodega de cadáveres apilados de personas no identificadas, pero no funcionaba como anfiteatro, el Semefo construido en Angostura es utilizado como oficina del Ministerio Público y el de Los Mochis está vacío, sigue sin utilizarse. Al usar instalaciones ajenas a las gubernamentales, delegando a trabajadores de las funerarias obligaciones de las fiscalías, se pierden pertenencias y datos importantes para una eventual identificación de los cadáveres. -Por dejar que utilicen sus instalaciones ¿la empresa recibe algún pago del gobierno estatal?- se le pregunta a Jorge García, administrador de Grupo Funerario San Martín. -No. Nosotros prestamos las instalaciones porque ellos no cuentan con la infraestructura. A cambio, explica García, cuando un cadáver es identificado y se encuentra en sus instalaciones, a los familiares se les ofrece el servicio funerario que puede costar desde 15 mil hasta un millón de pesos, dependiendo de los servicios contratados. “Ellos son los que eligen si lo hacen


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Las fiscalías han delegado obligaciones sobre los cadáveres, entre ellos inhumar en fosas comunes. Fotos: Luis Brito

o no”, dice. En Sinaloa son 12 las empresas funerarias autorizadas para prestar sus cuartos fríos donde desenterradores depositan los cuerpos y sus pertenencias, y peritos y médicos forenses diseccionan, toman fotografías como evidencias y abren expedientes con posibles causas de muerte. Eso sucede en 16 de los 18 municipios del estado. Se salva Culiacán donde, desde el año 2000, funciona la única Unidad de Medicina Forense. Esta recibe también los cuerpos de personas encontradas en Navolato, un municipio a menos de 30 kilómetros de la capital. La unidad tiene capacidad para resguardar 124 cuerpos y ahí trabaja todo el personal contratado en Servicios Periciales. En Mazatlán, la segunda ciudad en importancia de Sinaloa, destino turístico del estado y la tercera con mayor índice de violencia, las funerarias se turnan para realizar el trabajo que debería estar a cargo del estado: una semana toca a la Funeraria San Martín recoger cadáveres, la siguiente a Moreh Inhumaciones, la próxima a Aeternus.

De la funeraria a la fosa común Don Belisario Quintero llegó a Los Mochis un día después de que el cuerpo de su hijo fue desenterrado, en el mes de julio de 2014. En la funeraria Moreh pidió que le permitieran mirar el cadáver; reconoció a su hijo por la complexión, la estatura, los pantalones vaqueros, las credenciales del Tecnológico y la de elector halladas en la ropa. No le quedó duda cuando en el lado izquierdo de la cabeza encontró aquella deformación de nacimiento: la bola de hueso del tamaño de una pelota de ping pong.

Personal de la funeraria le dijo que no podía llevarse el cuerpo hasta que la procuraduría lo autorizara. El señor Belisario fue a la procuraduría donde le dijeron que por el estado de putrefacción del cadáver era necesario realizarle exámenes de ADN y cotejarlos con la osamenta para corroborar su identidad. Y así lo hicieron. El padre desconfió. Regresó a la funeraria y le pidió un favor a un empleado: conseguir un hueso de aquel cuerpo que, él aseguraba, era de su hijo mayor. El trabajador funerario aceptó. Entró al cuarto frío, cortó un pedazo del cráneo del cuerpo que medía 1.75 metros y se lo entregó al padre. Los resultados de los exámenes oficiales tardaron en llegar. En 2015, la entonces Procuraduría General de Justicia de Sinaloa no contaba con un laboratorio de genética forense, apenas estaba en planes y sería inaugurada hasta el 8 de agosto de 2016, por lo que el Ministerio Público local solicitó a la Procuraduría General de la República (PGR) hacer las pruebas. Ocho meses después, en marzo de 2015, recibió los resultados: el cuerpo del expediente SDHPDSC/ UEBPD/M11/250/2015 no era el del estudiante Belisario Quintero Medina. Desde el primer momento, el señor Belisario siguió su instinto: a la par de dejar sus muestras en la procuraduría estatal contrató los servicios de un laboratorio privado de Monterrey para que confrontara el ADN del pedazo de cráneo con una muestra de su propia sangre. Los resultados contradecían el veredicto de la PGR. Con su propia evidencia, don Belisario exigió a la procuraduría estatal que repitiera los estudios al cuerpo.

En octubre de 2015, después de una tercera prueba, las autoridades locales informaron que el cuerpo identificado por don Belisario desde el principio -pero que clasificaron como desconocido-, siempre sí era de Belisario Quintero Medina. Cuando el papá se presentó a Moreh Inhumaciones para recoger el cadáver de su hijo recibió una nueva noticia: el cuerpo ya no estaba ahí. Sin esperar el resultado de las pruebas, el Ministerio Público de la procuraduría había etiquetado al cuerpo del peculiar cráneo como un NI (No Identificado, en la jerga forense) y el 4 de diciembre de 2014 lo envió, junto con otros nueve cadáveres, a la fosa común del cementerio municipal de Los Mochis. El agente y la funeraria no habían violado la ley. La regulación sanitaria permite que -con la venia del agenteuna funeraria envíe a fosa común los cuerpos que en tres días no hayan sido identificados. El espacio nunca sobra, hay que desalojar pronto. El 13 de octubre de 2015, trabajadores de la funeraria usaron una máquina retroexcavadora, palas y picos para abrir la fosa común del panteón Centenario de Los Mochis y exhumar una decena de bolsas negras que contenían cuerpos. El papá de Belisario, el hombre que lo despidió aquel verano de 2010, estaba presente durante la exhumación. Al abrir la bolsa que guardaba la osamenta de Belisario descubrieron el esqueleto de otra persona con un número de expediente distinto. Siguieron la búsqueda hasta que dieron con el que correspondía al número asignado a Belisario. Cuando lo sacaron y extrajeron de

la bolsa notaron que el cuerpo estaba incompleto. Le faltaba la cabeza. Los medios de Sinaloa difundieron la noticia de la pifia: El joven que será velado y enterrado tres veces. Por las noticias, un empleado de la funeraria que estaba en Mazatlán se enteró de lo ocurrido y viajó a Los Mochis. En la funeraria encontró al señor Belisario. El padre reconoció de inmediato al sepulturero y su rostro cambió, había alguien conocido que podía darle mayor esperanza. - Le pregunté que si me reconocía y me contestó que sí. Le dije que me aguantara un momento y me metí a la bodega. Ahí, estaba el cráneo en una bolsa -recuerda el funerario que un año y medio atrás había hecho el favor a don Belisario de entregarle una pieza de su hijo. “Hallan cráneo de Belisario”, informó el periódico El Debate el 14 de octubre de 2015: “estaba en la funeraria”. La Procuraduría General de Justicia de Sinaloa ofreció una disculpa a la familia y asumió los gastos de traslado del cuerpo del estudiante fallecido al poblado de Témoris, en Chihuahua. “Que les sirva de experiencia a las autoridades y no autoridades para que no vuelva a suceder”, dijo Don Belisario al entrar a la funeraria. “Yo creo que es bastante difícil aceptar que pasen estas cosas, porque estoy seguro que si les pasara a ellos, la cosa sería distinta, no se les hubiera perdido su hijo ni lo hubieran mandado a la fosa común”. Pidió ver el cuerpo antes de llevárselo a su tierra. “Confío en lo que he visto todo, en que todo coincide, y si existe Dios, voy a confiar en él”, dijo. Los empleados de la funeraria que no debía ser Semefo abrieron la bolsa de color blanco. El padre suspiró hondo. Sí, era su Belisario.

Este reportaje es parte de la serie #CrisisForense de Quinto Elemento Lab, que revela el colapso del sistema forense en México y las consecuencias para miles de familias que buscan a sus seres queridos y para los miles de cuerpos que siguen sin identidad. Visita www.quintoelab.org/ crisis-forense


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Si tu reto no te da MIEDO, no es suficientemente GRANDE

T

engo 38 raspaduras en mis piernas, 21 en los brazos, siete restos de espinas en mi mano izquierda y dos golpes en la tibia. Este es el resultado de subir una montaña de la Huasteca que se llama pico Horcones. No es que sea muy difícil, pero es una disciplina nueva para mí; soy senderista pandémico. Lo anterior, aunado a mis 54 años de edad (sin mencionar lo medio torpe natural), resulta una combinación no muy efectiva en la montaña con alta proclividad a salir raspado. Pero esta montaña no me da miedo. Fue solo una práctica para otra que sí me da, ya que he intentado dos veces subirla sin éxito. En una ocasión me perdí y en otra me andaba desbarrancando. La tercera espero que sea la vencida.

¿Qué podemos aprender de esta experiencia? Como podrás encontrar en mis artículos, hay lecciones de estrategia empresarial en la vida diaria y lecciones de vida en la estrategia. Cuando decidas a dónde dirigir tu empresa el reto debe darte miedo, debe parecer difícil; si no es así, estás en zona de confort y ésta te lleva a la mediocridad. El primer paso será preguntarte si ya tienes definido para tu empresa el reto a conseguir, o tu visión, meta, objetivo o como quieras decirle. No te sientas mal, la mayor

parte no lo tiene. Nunca es tarde; hazlo ya, pero encuentra uno que te dé miedo. Uno que saque lo mejor de ti y de tu equipo. Si como persona quieres superarte, lee el párrafo anterior y sustituye “tu empresa” por “tu vida”. Funciona igual y los conceptos de fondo se utilizan de la misma manera. La historia de la montaña la tengo presente porque hoy por la mañana, estando en sesión de estrategia con un cliente, llegamos a un punto en donde el ejemplo sirvió mucho. Una empresa grande en la producción de madera quiere lanzar una nueva empresa que fabrique y comercialice artículos para el consumidor final. Habían tenido éxito en una prueba de mercado, en su círculo de amigos, con un par de productos para la cocina. Ahora había que hacer el plan de crecimiento para la empresa. Siempre digo, y seguiré diciendo, que toda estrategia parte del mercado. Así que les pedí que lo definieran. “Ir al mercado del consumidor final, de todo el País”, fue la respuesta. Bueno, de entrada eso suena demasiado amplio, pero díganme: ¿Cuál es el beneficio que le darás a esa población? “Artículos para el hogar hechos de cualquier material, con amplio catálogo, y realizados con innovación así como con espíritu sustentable”. Pues ya valió, hacer de todo para todos es la peor postura estratégica que he escuchado en el año. ¿Dónde

quedó la experiencia en madera que te ha costado muchos años? ¿Por qué artículos de cualquier material? ¿Por qué artículos para cualquier uso desde oficina, campo y casa? Después de un ir y venir de ideas, acotamos su postura estratégica en: “Consumidor final. Productos innovadores especializados en madera para su uso en la cocina”. Eliminamos todos los materiales menos madera, y todos los usos menos cocina. Cuando defines tu mercado, debes cumplir la siguiente declaración: DEBE SER SUFICIENTEMENTE GRANDE PARA QUE TE PERMITA CRECER, PERO SUFICIENTEMENTE CHICO PARA QUE NO SEAS IRRELEVANTE. La empresa de madera tenía definido un mercado tan grande que estaba condenada a la irrelevancia; al acotarla, determinó un mercado que le permitirá crecer por varios años. Y, si lo ejecuta efectivamente, será el líder. Siguiendo con la analogía de las montañas, tal vez no debas de aspirar a subir el Everest (sobre todo si tienes mi edad…y peso), pero aún menos ponerte como reto subir pequeños cerros como el del Obispado (Mty.) o el de las Campanas (Qro.). Escoge una montaña, muy grande, lo más grande posible de acuerdo a tus capacidades; que te dé miedo intentarlo, pero que tampoco sea un sueño guajiro.

ALBERTO CÁRDENAS ALDRETE n Consultor en estrategia de ven-

tas, escritor, conferencista, empresario y filántropo. n Además de participar como

consejero en varias empresas, y escribir sobre conceptos en ventas y mercadotecnia, dirige la firma de consultoría Salexperts desde 2004. n Graduado de Ingeniería en Siste-

mas Electrónicos en Tecnológico de Monterrey en 1987.

Días difíciles

ALFONSO MENDOZA

ALFONSO MENDOZ A

n Disney institute, IPADE, Whar-

ton.

Poncho@infocusconsultores.com

n Inició su carrera como Con-

En los días complicados me acuerdo de esta historia y decido que todo va a salir bien. Hace algunos años fui por primera vez a Canaco. Estaba pasando por un periodo difícil, no tenía para pagar nóminas esa quincena y andaba buscando cómo resolverlo. Mientras esperaba a la directora me pasaron a la sala de juntas. Empecé a observar la sala, había en una pared de extremo a extremo tres filas de fotos de todos los presidentes que había tenido la cámara hasta el momento. Yo estaba sentado detrás de la mesa y me quedaba la visión completa de frente a esa pared. Veo cada foto de la primera fila y pensaba ¿por qué nadie sonríe?

Entonces hice un ejercicio visual de pasar la vista de lado a lado por cada fila para ver las fotos de golpe, primera fila nadie sonríe, segunda fila nadie sonríe, tercera fila me detuve en seco, una sonrisa me congeló, sentí cómo me recorrió una energía por mi cuerpo y se detuvo en mi garganta, se mojaron mis ojos, me levanté rápido y me acerqué a confirmar lo que estaba viendo, se me movía el piso, es una broma pensé, pero ¿cómo?, de pronto me invadió una calma diciéndome que iba a salir adelante. El de la foto era mi abuelo, mi tatita: Macario Armenta Soto. Todo va a estar bien, pero en el ínter, no dejes de hacer lo que tienes que hacer. ¡Diviértete!

sultor de Negocios en el 2003, fundador de Infocus Consultores ha contribuido a la simplicidad y crecimiento de más de 500 empresas. n Socio y fundador de Grupo

Merlin, participa en consejos de administración de diferentes industrias.


21 “Gilillo“ siendo entrevistado antes del comienzo del partido en el Estadio General Ángel Flores (ca. 2014). 13.

GILBERTO VILLARREAL SOLÍS

El ‘Gilillo”, un grande del beisbol culiacanense Los orígenes de la leyenda

Gilberto Villarreal Solís nació un 26 de diciembre de 1926 en Eldorado, Sinaloa, una ciudad perteneciente al municipio de Culiacán a 54 kilómetros de la capital del Estado1. Debido a que él era el chiquito de la familia, sus mismos familiares le pusieron el mote con el que lo conocerían en toda la República Mexicana: “Gilillo”. “Gilillo” nació en el seno de una familia muy humilde. Su padre, Manuel Solís, abandonó a su madre e hizo su vida con otra familia. No sabemos mucho de él. Su madre, la joven Guadalupe Villarreal (la “Nana Lupe”) se encargó de la crianza de Gilberto y de su hermano menor, Antonio, junto con su hermana, Georgina Villarreal (“La To”). “La Nana To”, como le decía mi mamá, nunca contrajo nupcias, esperando a su eterno enamorado, quien jamás volvió de donde quiera que estaba. Ambas mujeres pasaron muchas dificultades económicas en Eldorado, por lo cual decidieron mudarse con los dos infantes a Culiacán, en busca de mejores oportunidades. En aquel entonces, siendo únicamente la educación primaria obligatoria y la educación formal sólo para gente pudiente, “Gilillo” llegó

Fallecido el mes de agosto, a los 94 años de edad, el beisbolista, nacido en Eldorado, es recordado por su nieto, Enrique García Villarreal, quien escribe desde Alemania este texto para rendirle homenaje, a quien fue una leyenda del beisbol profesional sinaloense, que formó parte de los pioneros en institucionalizar este deporte en nuestra región en los años 40-50, entrenador deportivo de la UAS, de 1974 a 1994, y miembro del Salón de la Fama al Mérito Municipal desde 2002 a alcanzar a cursar hasta sexto grado, pues las necesidades económicas que sufría su familia le impidieron seguir con sus estudios. Es por ello que “Gilillo” se desempeñó en diversos trabajos para contribuir en el sustento familiar. Una de esas labores fue como asistente en un taller mecánico. “Gilillo” era un niño muy activo e inquieto, pasando su tiempo libre ya sea jugando en el monte o nadando en el Río Culiacán. Fue en este río donde se enseñó él solo a nadar, desarrollando esa habilidad hasta tal grado que se echaba clavados desde lo más alto del emblema de nuestra ciudad, el Puente Negro. Esta estructura, construida por encargo de la Southern Pacific para crear la Línea de Carga de Materiales y Pasajeros del Norte del Estado de Sinaloa, fue puesta en operación en el año de 1909, convirtiéndose en el primer

puente en unir las dos orillas de este río, contribuyendo así con ello al desarrollo económico de la región 3. Dicho puente también fue escenario del exitoso rescate por parte del joven “Gilillo” de una persona que se estaba ahogando en el río. Recuerda “Gilillo” que, siendo niño, ya mostraba interés por jugar beisbol. Estando en clases en la Escuela Primaria Álvaro Obregón, muy cerca del Estadio Universitario, él veía a otros niños más grandes jugar beisbol en el campo desde la ventana de su salón de clases. Es por ello que, tiempo más tarde, sus amigos y él se escaparían a hurtadillas de clase para jugar beisbol, para desmayo de su maestro, el licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna. La chamacada de distintas vecindades tenía la costumbre de jugar beisbol los sábados en “El Llanito”. “El Llanito” fue un terreno locali-

zado en lo que era entonces uno de los límites de aquel Culiacán viejo, donde más tarde la generación de mis padres vería erigirse “La Fuente de la Amistad” (mejor conocida como “La Canasta”), construida por el Club Rotario 5 y destruida por el Huracán Waldo en el año de 1985 6 y donde actualmente se encuentra firme el Cuauhtémoc de Rolando Arjona, monumento instalado en 1986 7. Fue en “El Llanito” donde el joven “Gilillo” afianzaría su amor por el llamado Rey de los Deportes. Tiempo más tarde se formó un equipo llamado Los Cuervos, bautizado de esa manera, pues “éramos puros chamacos prietitos y descalzos”, decía “Gilillo” 9 Los Cuervos eran los eternos rivales de “El Muralla”, que era el equipo de “los ricos”10. Su oficio como ayudante del taller mecánico pagaba muy poco. Cuenta “Gilillo” que el


22

“Gilillo” solía echarse clavados en el río desde el Puente Negro.4 dinero que recibía jugando beisbol en un fin de semana era mucho más que el sueldo mensual que percibía en el taller. Y eso que él sólo jugaba beisbol como un pasatiempo. ¿Qué clase de vida habría llevado mi “papá viejo” si no hubiera descubierto este deporte? ¿A qué se hubiera dedicado? ¿Quiénes hubieran sido entonces su esposa y sus hijos, de no haber conocido más tarde a su esposa en el puerto de Guaymas? ¿Dónde hubiera terminado? Por ello, imagino que desde muy joven mi “papá viejo” se dio cuenta de que el beisbol le ofrecería un destino más importante que cualquier otro oficio al cual él pudiera aspirar en aquel Culiacán tan limitado de los años 30. ¡Dichosos aquellos que escuchan y siguen, a pesar de la incertidumbre, el llamado de su destino! Friedrich Nietzsche escribió en el año 1888: “si tenemos nuestro propio por qué en la vida, podemos soportar casi cualquier cómo” 11. Tener un claro propósito, una razón de ser, hace que los seres humanos logren cosas extraordinarias y se trasciendan a sí mismos. Así, siendo solo un chamaco de muy pobres orígenes, con pocas oportunidades de desarrollo y sin una figura paterna durante sus años de formación, mi “papá viejo” encontró a muy temprana edad su vocación, su llamado, el sentido de su vida.

¡Abuelito, regáleme un boleto!

-¡Abuelito,... abuelito, regáleme un boleto!- se escuchaba a lo lejos a un joven , quien evidentemente

no había conseguido entrar a ver el primer juego de la temporada, cuyas entradas estaban ya agotadas. -¡Cállate, pendejo, ese es “El Gilillo”!- respondió su acompañante, más o menos de la misma edad, reprimiéndolo por su falta de respeto. Tenía razón. Su amigo no se estaba dirigiendo a cualquier “abuelito”. “Gilillo” y yo los ignoramos a ambos mientras nos dirigíamos a la entrada principal del Ángel Flores, donde nos esperaba mi hermano. Ni siquiera les regalamos una mirada de reojo. “Gilillo” nos enseñó a mi hermano y a mí que un tigre no se preocupa por lo que dicen las ovejas. Ir al beis con “Gilillo” tenía sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas. Una de las cosas no tan buenas es que a él le gustaba llegar al estadio demasiado temprano, cuando los peloteros ni siquiera se aparecían todavía para calentar y la puerta principal del estadio todavía no estaba abierta. -¿Ya están listos?- preguntaba dos horas antes de irnos. -¿Ya?- interrogaba un par de minutos después. -¿Ya nos vamos?- preguntaba 15 minutos antes de la hora acordada para irnos al estadio. -Hay que irnos de una vez para encontrar buenos lugares. Para “Gilillo”, encontrar un buen lugar en el estadio no era ningún problema. Desde que tengo memoria, mi “papá viejo” nunca tuvo necesidad de pagar por un solo boleto para ir al beisbol, debido a su elevado estatus en ese recinto. Para mi hermano y para mí (simples mortales), era necesario llegar

temprano con la esperanza de encontrar un asiento cerca del suyo (el número 85, cerca de la escalera, para poder salir rápido cuando se acabara el juego, para así evitar hacer cola en la salida). Otro típico dilema de ir al estadio con mi “papá viejo”, era que siempre le salía “sayo” para platicar. Lo cual quería decir que íbamos al juego a verlo platicar con otra gente (nosotros en silencio), en lugar de convivir con él. Si no se encontraba con su buen amigo, el legendario “Mú” Núñez, para platicar de sus viejas glorias, se encontraba con una amplia variedad de personas de diferentes posiciones sociales y ocupaciones. Hasta con el vendedor de los cacahuates tenía de qué platicar. Todas las conversaciones entre mi “papá viejo” y sus amigos invariablemente se convertían en cuestión de un par de minutos en un monólogo de “Gilillo”. Recuerdo cuando nos presentaba ante todas las personas que lo saludaban en el estadio: -Estos son mis dos hijos. -Mucho gusto– respondíamos nosotros, extendiendo tímidamente la mano y estrechando débilmente la de la contraparte, seguido de un torpe e incómodo silencio, característico de los adolescentes que aún no han aprendido el fino arte de ser un buen conversador. Un arte tan importante en la vida adulta de todo caballero, del cual “Gilillo” era uno de sus mayores exponentes. Pero “Gilillo” estaba en su ambiente, entre su gente, en el lugar que le había brindado tanto cariño y al cual él había entregado el suyo por igual medida. Cuando

estaba en el estadio, él dejaba de ser el “papá viejo” que conocíamos y se transformaba en algo más, en la Leyenda, en “Gilillo” Villarreal. Don Gil era como Fausto, con dos almas viviendo en su pecho12; y el alma del famoso beisbolista tomaba el control al visitar el Estadio Ángel Flores. ¡Cómo no ser respetuoso y dejarlo ser! -Vayan y compren salchichas asadas. Pónganle chile y limón... vayan por tacos de carne asada-. Una de las muchas razones por las que nos gustaba acompañarlo al estadio es que ahí siempre se come muy bien. Y ya mayores de edad nos gustaba tomarnos nuestras buenas cervezas con él. Al fin y al cabo mi mamá y mi papá nos llevaban y traían. Sin embargo, lo que más me gustaba de ir al estadio con él era el gran sentimiento de orgullo que me inspiraba el caminar al lado de una leyenda. “Gilillo” gozaba de mucho respeto en ese recinto. Caminar a su lado era como caminar con la realeza, como caminar por un lado del Sol, esperando con ello capturar y así reflejar algo del resplandor que irradiaba con cada paso. El terreno de juego y todo lo que ocurría en él pasaban a segundo plano y se convertían simplemente en el telón de fondo. Cuando me encontraba yo por casualidad con mis compañeros de la secundaria en el estadio, ellos, pensaba yo, sentían algo de envidia al verme tan orgulloso. Envidia de la buena. Incluso hasta los buscaba yo con la mirada para que me encontraran y me vieran con él (“¡mírennos, aquí estamos


23 los dos!”). A “Gilillo” siempre lo buscaba la prensa para entrevistarlo en el estadio, ya sea para solicitar su opinión sobre el desempeño de los Tomateros, para pedirle una anécdota de la época de oro del beisbol, o simplemente para saludarlo. Eso siempre me llenaba de admiración y de satisfacción. Fue en una de esas tantas ocasiones que lo entrevistaron en el estadio cuando Helen, mi mujer, se dio cuenta de la envergadura de ese gran hombre y de lo que él representaba para el beisbol de nuestra región. ¡Qué afortunados somos mi hermano y yo de tener un padre que ha inspirado tanto cariño y respeto! ¡Qué gran ejemplo a seguir! Y, a la vez, ¡qué estándar más alto y difícil de alcanzar! Pues toda imagen de lo ideal se convierte también en un implacable juez, advierte Jordan Peterson14. Ahora que tengo yo la edad que él tenía cuando se convirtió en una leyenda del deporte, no me queda más que sentir envidia, pues a mí me falta aún mucho, mucho camino por recorrer para alcanzar en mi ámbito profesional el cénit, el status, el respeto que él gozó durante su juventud. ¡Qué envidia! Envidia de la buena.

El gran romance

Durante la quinta edición de la Liga de la Costa del Pacífico (19491950), mi “Papá viejo”, Gilberto “Gilillo” Villarreal, jugaba con los Ostioneros de Guaymas en el viejo Estadio Abelardo L. Rodríguez, recinto que brindó muchas alegrías a los aficionados de este gran deporte y que ahora se encuentra en el más triste abandono. Fue gracias a su paso por este equipo, liderado primero por el mánager José Luis “Chile” Gómez y posteriormente por Clinton Courtney en aquella difícil temporada para los Ostioneros, que “Gilillo” conocería al amor de su vida en la llamada “Perla del Mar Cortés”. Bertha Ruedaflores Arvizu, “mi mamá chiquita”, apenas se estaba quitando el luto después de la irreparable pérdida de su querida abuela, cuando Conchita, una amiga de su trabajo en una compañía llamada Zaragoza, la invitó a una fiesta con motivo de su cumpleaños. -Ven a mi casa esta noche, Bertha. Vamos a tener un convivio. No te preocupes, no vamos a poner música ni nada. No quiero que faltes. Su cuñado, Adrián, estuvo muy contento al escuchar la noticia de que Bertha aceptaba asistir a la fiesta, pues esto significaba una oportunidad para salir con Alicia,

Estadio Abelardo L. Rodríguez de Guaymas, Sonora, México 15

su hermana. Además, Adrián había estado muy preocupado por Bertha, pues ya había sido mucho tiempo que ella estaba de luto. -Ya era hora, Bertha. Ya sabes que no me gusta de andes de “zopilota.” Así, dejando el negro atrás y vistiendo un elegante traje azul comprado en “La Francesa”, Bertha se dirigió con Adrián y Alicia a la fiesta de cumpleaños de Conchita. Llegando a la casa, se encontraron con sus amigas, con los novios de sus amigas, así como con otros invitados. Después de haber saludado a todos, Bertha y su grupo se retiraron de la sala, dirigiéndose a otra habitación. De repente llegaron a la fiesta tres peloteros, entre ellos “Gilillo” Villarreal. -Oye Conchita, pon música, sugirió “Gilillo”. -No puedo. Es que una de mis amigas, Bertha, apenas se está quitando el luto, respondió Conchita. -¡Bueno, pues pon la música quedito!, insistió él. Una vez comenzada la fiesta, Conchita pidió a todos sus invitados que pasaran a la sala. -Bertha, por favor, sal con los demás para convivir con mis invitados. -Sí, ahorita voy. Cuenta mi “mamá chiquita” que a mi “papá viejo” se le hicieron los ojos redondos al verla entrar en la habitación en su vestido azul. “Gilillo”, haciendo gala de su ingenio, ideó rápidamente un plan para poder acercarse a ella. -Pon una canción que se pueda bailar, le pidió a Conchita, y dirigiéndose a todos los invitados, dijo: -Ahora, todos vamos a formar un círculo. Agárrense de las manos y démos una vuelta en el círculo. El

joven que quede enfrente de una muchacha, entonces que baile con ella. Así lo hicieron. El plan funcionó. “Gilillo” quedó enfrente de Bertha. Bailaron juntos. -Disculpe, -mi mamá, sin conocerlo, le hablaba de “usted” -yo ni debería de estar en esta fiesta porque apenas me estoy quitando el luto de mi abuela. -Tu abuelita debe estar muy contenta porque estás aquí, respondió “Gilillo”. Después de aquella noche, “Gilillo” empezó a pasar a Zaragoza en una carcancha propiedad del “Chino” Abundio para visitar a Bertha y saludarla. Sus amigas en el trabajo, atentas a los intentos de “Gilillo” por conquistarla, le propusieron un buen día a Bertha: -Oye, Bertha, a que “Gilillo” no te invita al cine. -A que sí. ¿Cuánto apuestan? -La quincena. -Le respondieron. Bertha, decidida a ganar la apuesta, se le quedó viendo a “Gilillo”, quien estaba afuera de la tienda en la carcancha. “Gilillo”, al percatarse de que lo estaba viendo, le hizo una señal a la joven, apuntando con el índice al cine “Alameda”, que estaba a unos cuantos pasos de Zaragoza e indicando que a las seis de la tarde habría una función. Bertha asintió, aceptando la invitación. Dieron cerca de las seis de la tarde

y “Gilillo” llegó puntual a recoger a Bertha, de traje, perfumado, como él siempre vestía cuando no estaba jugando. Pero Bertha, cambiando súbitamente de opinión, le dijo: Fíjese que no voy a poder ir al cine hoy. -¿Por qué no? -Porque tengo un compromiso con una amiga, a quien le tengo que hacer una permanente y cortarle el pelo. -¡Ya sabía yo!, dijo “Gilillo” refunfuñando, mientras se iba. La lluvia cayó sobre la ciudad de Guaymas algunos días más tarde. Para resguardarse, Bertha se comunicó con su cuñado Adrián y le dijo que se iba a quedar a ver una función en el cine después del trabajo hasta que pasara la lluvia. -Cuando llegues a la casa y cenes, dile a Alicia que vengan por mí, los voy a esperar en el pórtico. Después de concluida su jornada laboral, Bertha cruzó la calle para ir al cine, caminando con cuidado para evitar pisar los grandes charcos de agua que se formaban en el suelo con la lluvia. -Por aquí está más seco. -Dijo “Gilillo”, apareciendo de repente y tomando a Bertha del brazo. Y así, llegando al cine, entraron los dos juntos a ver la función. Fue de esta manera cómo “Gilillo” Villarreal conoció a quien sería su fiel compañera de toda su vida.

1 (Meza Beltrán, 2020) 2 Foto: https://www.pinterest.com.mx/ pin/723672233847440400/visualsearch/? ropSource=6&h=334&w=544&x=10&y=10 3 (Arabuko News, 2017) 4 Foto: https://www.mexicoenfotos.com/ antiguas/sinaloa/culiacan/detalles-del-puenteMX15705443605421/1 5 (SN Noticias Culiacán, 2017) 6 (Iribe, 2019) 7 (Iribe, 2019) 8 Foto: https://www.facebook.com/LINKSinaloa/

posts/2240248242709955/ 9 (Bustillos, 1995) 10 (Bustillos, 1995) 11 (Nietzsche, 2005) 12 (Goethe, 2020) 13 Foto: (Tomateros de Culiacán, 2014) 14 (Peterson, Maps of Meaning: The Architecture of Belief, 1999) 15 Foto: https://es.slideshare.net/octaviovalle/ fotos-antiguas-de-guaymas 15 Foto: https://es.slideshare.net/octaviovalle/ fotos-antiguas-de-guaymas


LETRAS DE MAQUÍO

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Durante su trayectoria política y empresarial, Manuel “Maquío” Clouthier escribió numerosos artículos de opinión, que se publicaron en su momento en el diario El Universal, y en los que vertió conceptos y reflexiones que continúan vigentes hoy más que nunca. Por eso en Noroeste iremos replicando algunos de esos escritos, en un espacio al que hemos titulado Letras de Maquío.

Lo que no le dirán al Presidente MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

E

stoy escribiendo este artículo en vísperas de la llegada del señor Presidente Miguel de la Madrid a mi estado natal: Sinaloa. La efervescencia política en todos los medios es evidente. Todos los sectores se preparan para manifestarse de alguna forma ante la presencia de la máxima figura política en el País. Los agricultores, con justa razón, le piensan hacer saber sobre la descapitalización que sufre el sector agropecuario por los bajos precios de garantía de sus productos. Los funcionarios estatales se preparan para que la impresión que se lleve el señor Presidente sea buena, y para tal efecto se enseñarán algunos de los logros obtenidos por la administración. Los obreros le darán su apoyo incondicional y buscarán que nadie los supere en ese acto de fe. Los políticos que actualmente se encuentran en campaña, porque el próximo 6 de noviembre habrá elecciones, esperan recibir el respaldo de la figura presidencial para poder superar la oposición que día tras día acrecenta su fuerza por los enormes desaciertos del régimen y porque ofrece mejores candidatos en algunas partes. Algunas personas del sector privado se preparan a negociar su pasividad (déjame sobrevivir y yo a cambio no criticare tus faltas y corrupciones, tus arbitrariedades y tus derroches). Esto es México y mi querido Sinaloa no es la excepción. Lo grave, lo verdaderamente dramático, es que nadie, absolutamente nadie, le planteará al señor Presidente lo lacerante de nuestros dos ancestrales problemas en el estado: el narcotráfico y la violencia. Por eso salgo a la palestra, porque recuerdo que cuando el Presidente Echeverría vino a Sinaloa a mediados de su sexenio, me tocó, como presidente del Comité de Caminos Vecinales, hacerle una exposición al respecto y preparé otra ponencia donde pretendía hablar del narcotráfico y las secuelas de violencia y corrupción que conlleva esta nefasta actividad. Sabedor de que mi intención sería bloqueada, guardé silencio al respecto, y después de leer mi ponencia sobre Caminos Vecinales, al entregarle el escrito a Echeverría y, en presencia del entonces Gobernador del Estado, Alfonso Calderón, le pedí su autorización para hablar respecto al otro tema. Ambos funcionarios se pusieron muy nerviosos y el entonces Presidente me pidió mi escrito negando su anuencia a que se leyera. Nada hay que desagrade más a una sociedad que el tráfico de drogas y la inseparable violencia que acarrea; sin temor a equivocarme creo

que tenemos uno de los más altos índices de asesinatos de la República Mexicana. El andar armado es común en Sinaloa y sus funcionarios cuentan por decenas los guaruras a su servicio. El ciudadano común y corriente tiene que arriesgarse a salir a la calle y semicastrar a sus hijos para que no se los vayan a matar cuando salen a algún lugar público. Recuerdo que al licenciado López Portillo le entregué, cuando era candidato, un casete de 16 minutos de balazos que grabó un amigo mío un día último del año, cuando estaba en su apogeo disparar las metralletas y armas de fuego todas las noches. Ciertamente eso ha disminuido y hoy no escuchamos las balaceras nocturnas que antiguamente nos sobresaltaban, pero todo mundo comenta que las camionetas con vidrios oscuros y sin placas proliferan una vez más y que los gomeros vuelven a señorear sobre nuestra ciudad. Hace pocos días estuvo en mi oficina un minero que me platicaba cómo en todos los alrededores de la mina en que trabaja se encuentran amapolas y mariguana. Y cómo se descompuso un avión cargado de droga y en un santiamén llegó otro, transbordando la carga y desmantelando el primero, tras lo cual lo quemaron. Este es el Sinaloa que no va usted a ver, señor Presidente, pero es el que nos agobia y degrada, el que envilece y corrompe a nuestras autoridades. ¿Solución? Yo diría que todas las enfermedades del alma -y esta es una de ellas- solo se curan sacándolas a la luz pública, platicando sobre ellas sin temor y sin reserva. Así trabaja Alcohólicos Anónimos, la única forma real de curar el alcoholismo. Ojalá nuestros candidatos a elección popular hablaran sobre los múltiples asesinatos cometidos por policías o ex judiciales en nuestro estado, y de las infames torturas a que son sometidos algunos ciudadanos (ya se han muerto varios en las crujías de las autoridades) evidentemente que violencia genera violencia y por culpable que sea un individuo no excusa a la autoridad para que sea salvaje. Tenemos, pues, que convertirnos en una sociedad crítica en el buen sentido de la palabra, porque entre más lo seamos más democráticos y permeables al bien seremos. Pero para que se nos empiece a curar este mal tiene que permitirse el disentir y opinar de la ciudadanía y el respeto a la voluntad del pueblo para elegir a sus gobernantes, para que escoja a los mejores, los que apasionadamente saben que solo vale la pena vivir por aquello que se está dispuesto a morir. Miércoles 28 de septiembre de 1983

MANUEL CLOUTHIER DEL RINCÓN

“Esto es México y mi querido Sinaloa no es la excepción. Lo grave, lo verdaderamente dramático, es que nadie, absolutamente nadie, le planteará al señor Presidente lo lacerante de nuestros dos ancestrales problemas en el estado: el narcotráfico y la violencia”.


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