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Colombia: La corrupción como freno estructural del desarrollo

Colombia no ha avanzado al ritmo que los colombianos esperan, y aunque existen múltiples factores que explican el lento desarrollodelpaís,unodelosmáspersistentes es la corrupción estructural dentro del sector público y la administración estatal. Este no se presentacomohechosaislados,sinocomouna práctica que afecta la eficiencia del país, debilitandolacredibilidaddelasinstituciones.

La corrupción se presenta en diversos niveles de gobierno, desde las altas esferas políticas hasta estructuras judiciales y administrativas, y su impacto se refleja en el bajo progreso del país.

Segúninformaciónrecopiladasobrela situación de la corrupción en Colombia, el problema ha sido constante a lo largo de las últimas décadas, presentándose en escándalos políticos, irregularidades en la contratación pública y vínculos indebidos entre el poder político y económico (Wikipedia, Corruption in Colombia). Demostrando quehalogradomantenersedentrodelgobierno y sus instituciones.

Las cifras recientes refuerzan esta preocupación. De acuerdo con lo reportado por El Tiempo, entre 2010 y 2023 se registraron miles de denuncias relacionadas

conhechosdecorrupción,yaproximadamente el 77 % de ellas permanece en indagación preliminar sin una decisión definitiva. Además, en la mayoría de los casos no se han generado órdenes de captura ni sanciones significativas. Esto evidencia un grave problema de impunidad que permite que gran parte de los casos queden sin resolución y facilita quelos recursospúblicos destinadosal desarrollo sean desviados de sus fines originales.

A esto se suma la percepción internacional.EnelÍndicedePercepcióndela Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, Colombia obtuvo un puntaje bajo (39 sobre 100 en la evaluación de 2024, donde0indicaaltacorrupción y100muy baja corrupción). Este resultado refleja que el país sigue enfrentando serios problemas de transparencia y control institucional. La percepción no solo afecta la imagen internacional, sino que también influye en la confianza ciudadana, la inversión extranjera y la estabilidad económica del país.

Estos datos muestran que la corrupción no es simplemente un problema moral o político, sino un obstáculo estructural para el desarrollo de Colombia. Cuando los recursos públicos se desvían, las investigaciones no avanzan y la percepción de

impunidad persiste, el crecimiento económico se debilita, la desigualdad aumenta y la confianza institucional se deteriora. Por ello, comprender la corrupción como un freno estructural es fundamental para entender por qué Colombia continúa enfrentando dificultades para alcanzar un desarrollo pleno y sostenible.

La impunidad el verdadero problema

He de afirmar que la corrupción es estructural,implicareconocerqueelproblema noselimitaaindividuosaislados,sinoqueestá arraigado en la forma en que operan ciertas dinámicas de poder, contratación y control estatal. Mientras estas dinámicas no se transformen de manera profunda y efectiva, cualquier intento de reforma será insuficiente y los avances en desarrollo seguirán siendo frágiles y temporales.

No obstante, si la corrupción logra mantenerse durante décadas, atravesando gobiernosyreformas,surgeunapregunta¿qué es lo que permite que este fenómeno continúe repitiéndose sin consecuencias que realmente lo detengan?

Por ejemplo: Si los recursos públicos noseadministrancontransparencia,losplanes de desarrollo se quedan en el papel y las promesas políticas no se materializan. Analizarlaestructuraesapenaselprimerpaso, también resulta necesario examinar qué mecanismos del sistema están fallando para

queestasprácticasnosoloocurran,sinoquese perpetúeneneltiempo.Esallídondeeldebate debe profundizarse.

La corrupción un freno al desarrollo

Cuando hablamos de corrupción, las molestias siempre se centran en los mismos escándalos: desvío de recursos, políticas irregulares, contratos inflados. Pero se está ignorando el espectáculo repetitivo del gobierno, donde nos falla y permite que la corrupción se incremente cada vez más.

Tomando en cuenta el reporte de El Tiempo, unaltoporcentajededenunciasporcorrupción permanecen congeladas sin una decisión definitiva. Esto nos deja más que claro la falla estructural gigantesca que termina alimentando lo que todo colombiano quiere combatir.

La impunidad que tienen estos actos soloda unincentivo a quese siga practicando.

¿Cómo queremos un cambio si no se da el castigo necesario? Prácticamente se usan las normas como un calmante para la comunidad colombiana, cuando la realidad es que la sanción es improbable o tarda años en llegar, cuando ya el país está en ruinas. El riesgo de cometer este acto tan inhumano no parece lo suficientemente alto como para disuadir la conducta.

Esto nos trae efectos que van más allá de los casos individuales. No castigar estos actos solo hace que se debilite la legitimidad

del Estado. Si Colombia no observa mejoras o que los responsables se enfrenten a consecuencias proporcionales, solo va a provocar que se pierda la confianza en las instituciones que nos prometen un futuro brillante. Poco a poco la comunidad se cansa, luego llega la indiferencia y finalmente el desinterés. ¿Para qué denunciar o exigir transparencia si no produce resultados reales? Esto nos trae malos gobiernos que seguirán permitiendo la corrupción, volviéndose el terreno perfecto para que los mismos de siempresiganhaciendolodesiempre,dejando a Colombia fuera del desarrollo.

La impunidad solo nos trae desconexión entre la comunidad, impactando directamente en el desarrollo del país. Menos inversión en salud, educación, infraestructura y ayudas a personas desprotegidas significa menos oportunidades para el colombiano honesto que quiere salir adelante, siendo este un obstáculo directo para nuestro futuro.

La percepción internacional afecta el desarrollo económico

Colombia mantiene un puntaje intermedio-bajo en el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional. Aunque este índice mide percepcionesynosecentraencasosjudiciales específicos, su impacto en el ámbito económico y político es real y significativo.

La percepción internacional influye directamente en la inversión extranjera.

Muchos inversionistas se muestran cautelosos o incluso deciden no invertir cuando no encuentran en el país condiciones como seguridad jurídica, reglas claras y procesos transparentes. Asimismo, esta percepción afecta la confianza de los organismos multilaterales y la competitividad global del país.Cuandounanaciónespercibidaconaltos niveles de corrupción, los inversionistas consideran queexistenmayoresriesgos,como inestabilidad normativa, falta de transparencia en los contratos y posibles sobrecostos. Esto puede reducir el flujo de capital extranjero y limitar las oportunidades de desarrollo y crecimiento económico.

Además, la corrupción incrementa los costos internos de hacer negocios. Las empresas pueden enfrentar trámites innecesarios, demoras injustificadas o procesos poco claros. Estas situaciones disminuyen la eficiencia económica y afectan la productividad nacional. Como consecuencia, el país pierde competitividad frente a otras economías que ofrecen mayor transparencia y estabilidad institucional.

Por otro lado, si no existen sanciones claras y efectivas contra los actos de corrupción, la percepción negativa se mantiene o incluso empeora. Esta mala imagen internacional limita las posibilidades de desarrollo económico sostenible. Por ello, la lucha contra la corrupción deja de ser únicamente un asunto moral o político y se

convierte en una estrategia fundamental para fortalecer la economía, atraer inversión y mejorar la posición del país en el escenario global.

La corrupción acentúa la desigualdad social

La corrupción no es solo un tema que apareceenlosperiódicos.Enlavidacotidiana, es algo que se siente y mucho. No es algo que afectaatodoelmundoporigual.Aquienesles tocamássonaaquellaspersonasquedependen plenamente de lo público.

Cuando se pierden recursos en un contrato o cuando alguien se queda con recursos que eran para la educación, eso no lo siente quien tiene la posibilidad de pagar una escuela privada. Lo siente el estudiante que se educa en una escuela en condiciones paupérrimas o sin los materiales necesarios.

En salud pasa algo parecido. Cuando faltan equiposomedicamentos,quientienedinerose va a una clínica privada. La persona que no tiene dinero tiene que esperar.

En Colombia, la diferencia ya es alta. Por lo tanto, cada casode corrupción hace que esa distancia sea un poco más grande. No es unacosaabstractaolejana.Sonoportunidades que no llegan, puestos de trabajo que no se crean, servicios que funcionan a medias.

También hay otro punto: cuando la gente ve que el dinero público no se gestiona bien, empieza a perder confianza.Ycuando la

confianza se pierde, se pierde un recurso importanteparaqueelpaísavance.Nosetrata solo de castigar a alguien, sino de entender

El problema también es cultural

La corrupción en Colombia casi siempre se centra en los políticos o en las entidades públicas, pero reducir el debate solo a lo institucional es quedarse corto. La corrupción no vive únicamente en las altas esferas del poder, también aparece en comportamientos diarios que como sociedad se han terminado viendo como normales. Es cierto que el Estado tiene una gran responsabilidad, aun así, la corrupción se mantiene porque encuentra un entorno que la tolera, y ahí es donde el problema deja de ser solo político y se vuelve cultural.

En el día a día hay ejemplos claros como, pagar para que un trámite no sea tan demorado, pedir un favor para evitar un proceso formal, usar contactos para obtener beneficios o justificar pequeñas trampas porque“todo el mundolo hace”. Estas pueden parecer acciones menores frente a los grandes escándalos políticos, pero en el fondo muestranunaformadepensardondelaventaja personal pesa más que las reglas. Con el tiempo esa forma de actuar se convierte en costumbreylomásgravenoessoloqueexista corrupción, sino que la sociedad se ha acostumbrado a convivir con ella. Se ha crecidooyendoqueelsistemaesasí,quenova a cambiar y que lo mejor es adaptarse al

entorno,yesaresignaciónterminaapagandola indignación y debilitando la exigencia del pueblo. Cuando algo deja de sorprender, deja también de incomodar.

Nosepuedepedirhonestidadabsoluta a los gobernantes si como ciudadanos se justifican faltas cuando convienen. La cultura del favor, del contacto y la ley “El vivo vive del bobo” alimenta la misma lógica que después se critica en el poder. Si se aplaude al que “es abeja” para sacar ventaja, el mensaje esclaro:cumplirlasleyesesopcional.Poreso el cambio no depende únicamente de nuevas leyes o reformas, también necesita una revisión de actitudes. Entender que lo público no es de nadie sino de todos es asumir responsabilidad, dejar de normalizar lo incorrecto y comprender que cada pequeño acto cuenta en la construcción del país que después se reclama.

No es solo hablar de cifras, índices internacionales o denuncias archivadas. Es hablar de hospitales que nunca se construyeron, de escuelas que quedaron en promesas, de carreteras que no conectan pueblos abandonados. Es hablar de las oportunidades que se quedaron en el papel mientras millones de personas siguen esperando un buen futuro.

Cuando el 77 % de las denuncias permanece en indagación y la percepción internacional nos ubica entre los países con mayores niveles de corrupción, no estamos

frente a un simple problema de mala administración. Estamos frente a una herida abierta que afecta la confianza de los colombianos, que desgasta la esperanza y que hace que muchos ciudadanos sientan que ser honestosnosiemprevalelapenaenunsistema que parece estar gobernado por oportunista.

Lo preocupante no es solo que exista corrupción, sino que poco a poco el colombiano aprende a convivir con ella. Que la escuchemos en las noticias y ya no nos sorprenda. Que la critiquemos en redes. Esa normalización es quizás el mayor obstáculo para el verdadero desarrollo.

Colombia tiene recursos, capacidad y una juventud que cuestiona. Pero ningún país puede avanzar cuando una parte de lo que se construye es debilitado por el mismo abandono del gobierno. El desarrollo no solo se mide en crecimiento económico, sino en ética, en confianza y en la sensación de que las reglas son iguales para todos.

¿seguiremos viendo la corrupción como un problema ajeno, o asumiremos que combatirla también es una responsabilidad colectiva?

Porque el futuro del país no se definesoloenlasurnasoenlostribunales, sino enladecisióndequétipodesociedad estamos dispuestos a construir.

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