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Cicatrices del alma

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Primera edición

CICATRICES

Heridas invisibles, memorias imborrables.

Cicatrices del alma

Colombia, una nación fragmentada por la guerra, se convirtió en el escenario de una lucha donde no había héroes ni villanos, solo intereses que chocaban con una violencia cruel. Lo que comenzó como un negocio ilícito terminó por crear la estructura del país, infiltrándose en su política, su economía y en la vida cotidiana de su gente. El narcotráfico no solo fue una fuente de riqueza descontrolada, sino una de guerra, una respuesta a la represión, una declaración de poder frente a un gobierno que pretendía erradicarlo, porque, en el fondo, también se alimentaba de él.

Cuando la represión se volvió intolerable, la violencia se convirtió en el único lenguaje posible. La extradición fue la gota que derramo, él basó creando una guerra sin reglas. La lucha ya no era solo por el control del negocio, sino por la supervivencia de un imperio construido con cocaína y sangre. La estrategia del terror nació como una advertencia, como una forma de mostrar que el poder no pertenecía solo a quienes gobernaban desde un escritorio.

Cada detalle de este pasaje está inspirado en la preocupación por las personas que fueron víctimas indirectas de la fatal guerra entre el narcotráfico y el gobierno colombiano. Esto gracias a que los familiares de las víctimas fatales, también fueron afectados Y también sufrieron de una forma desmedida, este texto tiene como objetivo reflexionar sobre como el conflicto en narcotráfico y gobierno, afecto al pueblo colombiano desde la visión de una chica de corta edad, por eso se eligió la época del narcotráfico. Además, se usó el evento histórico del avión de Avianca, ya que fue el accidente donde murieron más de 100 personas inocentes, que no tenían nada que ver con el conflicto.

El atentado al avión no fue un acto de locura ni un exceso de violencia sin sentido. Fue un mensaje, una sentencia de muerte para quienes desafiaran a los que realmente movían los hilos del país, el narcotráfico. Un solo avión, cientos de vidas, un solo objetivo: erradicar a quien representaba la amenaza más grande para el negocio. En una guerra donde la moral desapareció entre explosiones y disparos, cualquier acción se justificaba en nombre del control. Y cuando el cielo apareció con fuego y los restos del avión cayeron como cenizas sobre el suelo, quedó claro que en Colombia no se trataba de quién tenía la razón, sino de quién estaba dispuesto a ir más lejos para no perderlo todo.

Capítulo 1

Donde todo empezó

Antonella Davies, ese es el nombre que mis difuntos padres me dieron el día que nací y que, sin saber todo lo que iba a tener que experimentar hasta mis 22 años, en ese instante, con tan solo darme un nombre, me ayudaron a salir de la situación más dura de mi vida. Pero antes de contarles lo que me pasó, deben saber quién es Antonella Davies y cómo llegué a estar en el punto más bajo de mi vida.

Durante toda mi niñez, viví como una niña ordinaria y realmente fui feliz. Estudié en un colegio prestigioso de Bogotá y todo parecía normal, hasta el día de mi cumpleaños número 15, el 17 de febrero de 1982. Ese día, mis padres fallecieron en un accidente automovilístico.

Desde ese momento, realmente no me acuerdo de mucho, porque fue un evento en mi vida que lo cambió todo y realmente no me gusta recordarlo, prefiero quedarme con la viva imagen de sus dulces sonrisas, de cómo cantábamos juntos en el carro, de cuando reíamos a carcajadas cuando veíamos a mi primito Antonio jugar con mi perro Jack; incluso todavía me gusta recordar cómo todos los domingos, sin falta, íbamos a una cafetería solo a tomar café y charlar un rato, pero bueno… Les voy a contar cómo sucedió.

Aquel 17 de febrero me despertó el canto de mis papás, sonaba el happy birthday y me llevaron el desayuno a la cama como es tradición en mi familia. Luego de eso, pasé un día increíble en mi colegio: todas mis amigas me habían felicitado y muchas me llevaron regalo de cumpleaños, e incluso recuerdo que uno de ellos era un bono en una cafetería de la ciudad llamada Buke (era el emprendimiento de la mamá de una de mis amigas). Al finalizar la jornada, decidí ir con mi amiga Lucía a comer a dicha cafetería, antes de ir a cenar con mis padres en la noche, lo que

también es tradición en la casa. Ese fue el peor error que he cometido en mi vida. Todo parecía ir normal, disfruté un buen café con chisme y rollitos de canela durante toda la tarde, hasta que llegaron las 7:30 pm y me empecé a preocupar porque mis padres me habían dicho que me recogían a las 6 pm Ellos eran extremadamente puntuales, por lo que se me hizo súper raro que no llegaran a tiempo. Además, era mi cumpleaños, no se les pudo haber olvidado. Pasaron las horas y nunca llegaron. Mientras que pasaban los minutos yo sentía la desesperación, cada minuto que pasaba era un minuto más de sufrimiento, se hicieron las 9 pm y ya todas mis amigas se habían ido… menos yo, con cara de desesperación le digo a doña María (la mamá de mi amiga) que llame a mis papás por el teléfono de la cafetería al de mi casa Entretanto doña María marcaba el número, yo sentía como el sudor bajaba por mis manos, estaba demasiado preocupada por ellos. María me mira y me dice con cara de preocupación.

No hubo respuesta Anto. Ese fue el momento exacto donde supe que algo no estaba bien.

Doña María decidió llevarme a mi casa ella misma… era lo más racional

Me subí a su carro con una preocupación a mares, pero ahora solo debía esperar a llegar a mi casa. Mientras pasábamos por las calles, yo veía policías y ambulancias pasar rápidamente hace una de las calles principales. Cada vez que pasaban mi preocupación se hacía más grande, sentía un vacío en el estómago que me gustaría no volver a experimentar. Era una angustia que me comía por dentro, pasaba por todo mi cierto, pasaba por mis manos y causaba que me sudaran, luego iba por el estómago y hacía que me dieran náuseas, y así sucesivamente hasta que me provocó llanto.

Finalmente, llegamos a mi casa a las 10:30 pm y lo primero que veo es a mi tía tirada en el piso, esperando, después de decirle un sutil, pero fragmentado “muchísimas gracias” a la señora María, corrí hacia mi tía y apenas me vio me dijo…

¡Anto, estás bien! me dijo mi tía mientras me abrazaba y lloraba.

— Si tía, estaba en la casa de una amiga. ¿Qué pasó? ¿Por qué lloras? ¿Estás bien? ¿Has visto a mis papás? Le pregunté desesperada, mi mente estaba explotando.

Ella no respondió. La miré a los ojos y vi como su mirada se perdía: se veía demacrada, triste, vacía. Duró unos 5 minutos llorando mientras me abrazaba, y yo solo me limitaba a consolarla mientras me preguntaba qué había pasado. Hasta que me respondió.

— Anto, son tus padres — me dijo.

¿Les pasó algo? pregunté.

Sí, son ellos. Tuvieron un accidente yo no lo podía creer.

Durante los siguientes 10 minutos, cogimos un taxi hacia el hospital donde se encontraban, yo estaba llorando, esperando que no les hubiera pasado nada grave, ya que esas ambulancias seguramente los transportaba a ellos. Al llegar al hospital nos recibió una enfermera y nos dijo que mis padres estaban en cuidados intensivos, gracias a las múltiples heridas que habían tenido en el accidente de auto. Pasaron las horas y no nos daban nueva información, ya eran las 3:35 de la mañana del 18 de febrero de 1982 y ahí estaba yo, acostada sobre las piernas de mi tía en una sala de hospital, mientras mis padres estaban agonizando, justo en el mismo edificio donde yo me encontraba, yo

consumida por la impotencia de no poder hacer nada al respecto y ellos al borde de la muerte. A cabo de 3 horas más, es decir, a las 6:30 am, un doctor llegó y nos dijo después de hacernos unas preguntas.

Teniendo en cuenta las múltiples heridas que tuvieron sus familiares, es importante que sepan que hicimos todo lo que pudimos, y que gracias a que tenían varias fracturas y hemorragias internas para nosotros fue imposible salvar a sus familiares, tuvieron un accidente muy fuerte, lamentamos sus perdidas yo estaba en shock, no lo podía creer, desde ese momento todo se tornó borroso, ya que me desmaye y me desperté horas después en una camilla junto a mi tía.

Lo que paso los días siguientes fue muy raro, porque debía seguir mi vida, pero sin los seres a los que yo más amaba, debía seguir mi vida triste, y sin mentores, tenía que ser independiente, y a pesar de tener una tutora legal (mi tía) debía dirigir la empresa de mis padres, ya que ella estaba ocupada en sus asuntos personales. Desde ese día, deje el colegio atrás y me enfoque en la empresa de mis padres, ya era una compañía exitosa, pero sí quería mantener la estabilidad económica que mis papás me habían dado toda mi vida, pues tenía que trabajar tan duro como ellos. Evidentemente, no fue fácil, los primeros meses estaba perdida y tiste, realmente no sabía qué hace, deje de ir al colegio y muchas personas me llamaron, pero jamás conteste… realmente no lo quería hacer, ya no tenía ganas de hacer nada. Hasta que llego un día en el que decidí que debía organizar mi vida, y debía seguir adelante, acepte que ellos jamás iban a volver, y que lo único que podía hacer para mantener su memoria era seguir con la empresa y que su legado cada vez creciera

más. Y así fue como a mis 15 años empecé a trabajar como gerente de la empresa de mis papás, y a ganarme la vida yo sola. Realmente no sabía nada de como manejar una empresa, pero sabía lo que mi papá me había enseñado, el caso todos los sábados me llevaba a las oficinas y las fabricas para que conociera todo y me familiarizara con las cosas, es como si él hubiese sabido lo que iba a pasar.

Pasaron los meses y cumplí 16, realmente no me gustaba mi cumpleaños porque siempre me hacía recordar la muerte de mis padres, hasta que llego una persona que les voy a mencionar en un tiempo. Pero bueno, realmente aquel 17 de febrero de 1983 no paso nada fuera de lo común, lo que realmente tuvo un impacto en mi vida fue lo que paso el día siguiente. Antes de contarles quizá el evento más importante de mi historia deben saber que yo no soy una persona que ve a fiesta frecuentemente, y tampoco soy de las personas que beben alcohol. Realmente soy más de hacer cosas más tranquilas. Pero bueno, por alguna razón el día de mi cumpleaños número 16, mis amigas de cuando estaba en el colegio, me insistieron en hacer una fiesta en mi casa, y pues como vivía con mi tía, no había alguien que me dijera que no, En realidad a mi tía le gusto la idea, pero yo no estaba tan convencida.

La fiesta estaba organizada para el día siguiente, y mis amigas se encargaron de los invitados, mientras que mi tía y yo nos encargamos de toda la decoración y las cosas que iba a tener. La va no lo quise hacer tan lujoso, ya que no quería establecer una imagen equivocada de mí… Después de decorar todo, mis amigas llegar a eso de las 4 de la tarde para celebrar un poco antes de que llegaran

todos los invitados, yo la verdad la estaba pasando bien, pero en el fondo estaba muy triste, quería estar con mi familia. Mis amigas parecían no notar mi tristeza, porque yo siempre fui buena ocultándolo, ellas empezaron a tomar temprano, pero yo no tenía ganas de hacerlo, en primer lugar desde el inicio nunca estuve al cien por ciento convencida de esa fiesta. Los invitados empezaron a llegar a las 9 pm y la mayoría de personas las conocía del colegio, pero había algunas que no tenía ni idea de su existencia. Muchas personas estaban ebrias, pero yo no, yo estaba totalmente consciente, ya que, no tenía ni la más mínima intención de tocar una gota de alcohol, debía esta atenta por si había algún accidente. Pasaron las horas y casi a media noche decidí irme a la azotea de mi casa, donde hay un pequeño espacio para mirar las estrellas, y siempre que me siento mal o sola, suelo ir ahí, dure más o menos unos 15 minutos ahí, admirando el cielo frío y oscuro, mientras pensaba en todas aquellas cosas que hice con mis padres. Al final, cuando me iba a ir, llego un Man al cual nunca había visto antes, y antes de que le preguntara quién era y porque me estaba buscando, él dijo…

oye, ¿estás bien? ¿Qué haces aquí? No lo hagas, por favor. supongo que lo dijo porque estaba parada en un techo, al borde del vacío, pero no tenía ninguna intención de saltar o algo así. A lo que le respondí con una mini carcajada.

— ja, ja, ja, no te preocupes, solo estaba escapando de la realidad un rato, no tengo ninguna intención de hacerme daño, tranquilo. noté su cara de alivio,

¿Gracias a Dios, me llegué a asustar, que haces aquí

arriba? en ese momento dudé en sí debía contarle por qué era mi lugar especial y la verdad no quería compartirlo. Pero al final decidí hacerlo.

Es mi lugar especial, siempre vengo aquí cuando me siento mal, o cuando necesito respirar del resto del mundo, es como un escape

— Oye que chévere, tú eres Anto, ¿cierto? — asentí — Yo soy Juan David, Mucho gusto

Desde ese momento en él conocí a Juan da, sabía que iba a pasar algo más. Esa noche nos quedamos hablando unos 30 minutos de la vida y de que hacíamos, simplemente nos estábamos conociendo Cuando decidimos volver a entrar ya era la 1 de la mañana, y la fiesta seguía igual de animada, pero por alguna razón, Juan da y yo éramos los únicos sobrios. El resto de la fiesta lo perdí y no supe a donde se fue. La fiesta terminó a las 4 de la mañana y cuando todos se fueron a sus casas me quede sola con mis pensamientos, una casa desordenada, y una tía borracha que ahogaba sus penas en el alcohol. Me limité a organizar la casa y a pensar en lo lindo que fue conocer a Juan da, pero me sentía un poco mal. Ya que, Solo sabia su nombre, ni siquiera sabia como volver a contactarlo.

Pasaron los días y no supe nada de él, hasta que llego una carta a mi casa, la cual decía que fuera una cafetería cerca a donde yo vivía. Al principio desconfié de la carta, porque pudo haberla mandado cualquiera, pero cuando me percate que en la parte inferior de la carta decía “ATT: tu amigo Juan da del techo” supe que no había nada que temer, ya que era seguro que era de él. La carta me citaba

a las 5 de la tarde en una cafetería que queda casi a 5 cuadras de mi casa, o sea 20 minutos caminando lento. Cuando llego el día, dure casi medio día arreglando y el resto del tiempo, esperando ansiosa a que llegara la hora de verme con Juan da. Llegaron las cuatro y treinta minutos de la tarde y salí de mi casa, mientras caminaba empecé a ver a una niña jugando con sus padres, me acuerdo de que me puse muy triste y casi me pongo a llorar, pero recuerdo que me dije a mí misma que debía ser fuerte y seguí adelante sin mirar hacia atrás.

Cuando llegue a la cafetería vi a Juanda sentado en una mesa de dos, y lo primero que hice fue sentarme al lado y saludarlo, realmente nunca había salido con alguien, así que no sabía qué hacer, supuse que lo siguiente que debía hacer, era hacerle conversación, porque lo que, lo hice sin problemas. La cita sigue normal, hablamos y nos conocimos aún más, cada vez que él hablaba, yo me sentía segura, por alguna razón, él traía paz a mi vida, una paz que no había sentido en años, una paz que para mí ya había sido imposible de encontrar. Pero, él solo con una cita y con ver las estrellas en la noche, logro que la sintiera. Al final de la cita, él me acompañó a mi casa y luego se fue, yo quede encantada, lo único que quería hacer es verlo otra vez

Durante los siguientes meses, mi vida transcurrió normal, me sentía mal a ratos, y los problemas en la empresa nunca terminaban, mi vida se estaba volviendo un no parar, yo me sentía muy agobiada, a veces me sentía triste, la verdad no sabía como me sentía algunos días. Además, no sabía nada de Juan da, la cita había sido hace 4 meses, y yo no mejoraba emocionalmente. Decidí recurrir a una psicóloga que me ayudo bastante, pero me había diagnosticado depresión grado 2, lo cual fue bastante grave, yo no sabía que más hacer, y pues creo que era normal. Tan solo tenía 16 años.

grave, yo no sabía que más hacer, y pues creo que era normal. Tan solo tenía 16 años.

Unos días después de que hablara con mi psicóloga y me hicieran el diagnóstico, llego una llamada a mi casa, la verdad no tenía ganas de contestar. Pero, algo dentro de mí me dijo que lo hiciera. Y, así fue como me levante del sofá, con el cuerpo frío del cansancio mental que tenía, y con unos pasos silenciosos, que me dejaban sola con mis pensamientos, conteste el teléfono. Escuche una voz que no reconocí al principio, pero con el pasar de la conversación supe que era él.

Hola Anto, ¿Cómo estás? ¿Me recuerdas? Me dijo, y al instante, mi corazón empezó a latir con mucha intensidad.

¿Juan da? ¿Y ese milagro? Le contesté.

— Quería escucharte, he pensado mucho en ti. La verdad es que te había querido llamar antes, pero el colegio me tenía ocupado

— Ja, ja, ja, tranquilo. Yo estuve trabajando todo este tiempo, además tampoco tuve mucho tiempo — Le contesté, aunque sabía que no era cierto, sabía que si había tenido tiempo, y realmente me sentía demasiado mal.

Anto, salgamos mañana, nos vemos, ya sabes donde Me respondió, antes de colgarme.

Paso el día, y yo con ansias salí a verlo, en un pequeño parque donde habíamos pasado un rato en la primera cita. Apenas lo vi, mi corazón empezó a latir más rápido, corrí hacia él y después de darle un pequeño, pero intenso beso en la mejilla derecha, lo tomé de la mano y salimos rumbo a nuestra segunda cita

Y así fue como cita tras cita, nos fuimos enamorando. La verdad consideró que los mejores años de mi vida fueron cuando tenía 17 y 18 años, ya que fueron los años donde me hicieron las dos propuestas que más me habían impactado, la primera fue para una propuesta de matrimonio, y fue lo más hermoso que pude haber vivido. Y la segunda propuesta fue para tener hijos, que siendo sincera, no me la tome muy bien, pero al final le vi lo hermoso, ya que, tuve la posibilidad de ser madre, lo cual fue el regalo más hermoso que pudo darme la vida.

Y así fue como, bendición tras bendición, llego el año 1989, el año en el que aprendí mi lección de vida más grande, pero también el que me presento la segunda situación más difícil que tuve que enfrentar en toda mi vida hasta el momento.

Capítulo 2:

Donde todo colapso

A este punto de la historia les voy a contar como fue que la vida me arrebato lo que más amaba por segunda vez en mi vida, pero antes de eso debo contarles como estaba yo emocionalmente, ya que, es importante para que entiendan el motivo de mis acciones más adelante.

Realmente durante el transcurso de mi vida hasta 1988 la pasé bien, pero igualmente me faltaba algo. Cada vez que pasaba por alguna cafetería linda, o cuando tomaba café, siempre pensaba que me faltaba algo. Además, mi psicóloga nunca me dijo que ya me había curado la depresión, pero llegue al punto de pensar que realmente lo había superado. Pues, ya tengo un hijo y un esposo, no podía hacerlos saber que estaba mal. Mis sentimientos hacia Juan da son inmensos, pero aun así me sentía perdida, ya no sabía qué hacer. Sin embargo, fingí tanto que ya se me había olvidado que estaba mal, por lo que, por un pequeño momento, estaba convencida de que estaba bien. Hasta qué mi esposo falleció.

Me acuerdo perfectamente que el día anterior en que sucedió todo, mi esposo me despertó con el desayuno en la cama, me dijo que me amaba y pasamos la mañana junto con mi hijo Samuel. Tomamos café, vimos una película, y salimos hacia al aeropuerto la mañana siguiente. Mi esposo, tenía un vuelo hacia Cali, porque tenía que visitar a uno de sus familiares que estaba enfermo. Recuerdo que cuando estábamos en el aeropuerto yo le dije que quería pasar el resto de mi vida con él, y que cada minuto sin él iba a ser una tortura Después de dejar la maleta, nos dirigimos a donde nos íbamos a separar.

Me acuerdo de que sus últimas palabras fueron “Te amo linda, eres la mujer de mi vida, cada día te amo más”

Luego de eso se fue, y me quede yo con Samu, mirándolo de lejos, con ojos de amor, sin saber lo que iba a pasar. Luego de eso, me fui a mi casa y antes de que llegara, mientras escuchaba las noticias en la radio, suena un comunicado de emergencia, el cual decía. “Incidente. Nos comunican que acaba de explotar un avión en pleno vuelo, atención. Un ataque terrorista acaba de explotar un avión que iba rumbo a cali, nos comunican la tragedia los medios oficiales.” Yo en ese momento me preocupé un poco, pero no pensé que fuese el avión de Juan da, realmente pensé que él iba en otro vuelo, hasta que dijeron “Atención, se confirma que el número del avión es HK 1803, también se confirma que no hay ningún sobreviviente hasta ahora ” En ese momento, me paralicé, iba con Samu y quede fría cuando mencionaron el número de matrícula del avión en el que se transportaba mi Juan Da. Fue como si estuviera viviendo lo mismo otra vez, me sentía rara, vacía, mal, no sabía qué estaba pasando, mi mente se nubló y por un instante creí que estaba soñando. Hasta que, mi pequeño de 2 años empezó a llorar y debía hacer que parara. Apenas dejo de llorar, lo dejé con mi tía y rápidamente me dirigí al aeropuerto, realmente no sabía a donde ir, a donde buscarlo, pero para mí lo más lógico fue ir a donde despego el avión. Cuando llegue allá, me dijeron que Debía ir al lugar del accidente a buscar los restos, y eso fue lo que hice. Durante todo el viaje no pude parar de pensar en lo que había sucedido y en que acababa de perder lo que yo más amaba en el mundo por segunda vez.

Apenas llegue al lugar de los hechos, me fije en todos los detalles que había… El avión estaba partido en dos, había

restos de maletas en todas partes. Además, de la cantidad de humo que había no era normal, supongo que era porque el avión se estaba quemando, estaba segura de que mi Juan di estaba por ahí. Pero, me aseguré de que era cierto cuando me di cuenta de que había una maleta con una ropa que era de Juan di y una de las pulseras que le había regalado años anteriores. En ese instante, casi me desmayo si no es por una señora que se dio cuenta y me ayudo a sostenerme, ella también estaba buscando los restos de alguien, pero al parecer no los había encontrado, al igual que yo no encontré el cuerpo de mi esposo.

Me puse a pensar en todas las cosas que habíamos pasado juntos y todas aquellas cosas que habíamos planeado, pero que por obras del destino, no íbamos a lograr hacerlas, me puse a llorar, y empecé a hablar con los policías que estaban ahí, preguntándoles sobre qué había pasado. Ellos ahí mismo empezaron a explicarme todo lo que había pasado, y pues lo que ellos sabían era que una supuesta bomba había explotado en el avión, y que había sido obra de un ataque terrorista, por parte del cartel de Medellín, ya que una de las personas identificadas tenía conexiones con ellos. Pero, aun así, teniendo todo eso cuenta, yo solo me preguntaba ¿Por qué él? ¿Por qué a mí? Todavía seguía sin entender por qué me quitaron a lo que yo más amaba en el mundo, a la persona que logro sacarme un poco de la depresión, de la persona que me lo había dado todo. ¿Cómo una persona tan buena, podía morir de una forma tan trágica? Es algo que me pregunte en ese momento y nunca me lo dejaré de preguntar. Duramos en la escena, más o menos unas 7 horas esperando a que nos levantaran muchas cosas y que investigaran lo que había pasado Después de eso me fui a mi casa destrozada, sin aliento, y sin ganas de seguir viviendo.

Cuando llegue a mi casa, mi tía me estaba esperando con Samu, y me pregunto sobre qué había pasado, a lo que yo le respondí con lágrimas en los ojos y con un desaliento desmedido la historia de lo que ocurrió. Claramente, ella me ayudó a afrontarlo en ese momento. Pero, yo ya no estaba en condiciones de seguir adelante, mi mente me estaba diciendo que parara de luchar, pero al mismo tiempo me estaba diciendo que no debía rendirme, ya que es lo que Juan da hubiese querido, que yo luchara hasta el final.

Capítulo 3

Donde todo sé reconstruyó

Los días siguientes, yo estaba destrozada y no quería saber nada de nadie, nuevamente me sentía perdida, no sabía como afrontar la situación, ya que ya había vivido algo similar pero con mis padres. Evidentemente, ¿no había sanado lo de mis padres, y ahora debía sanar la muerte de mi esposo? Qué clase de tortura es esta Me desperté al día siguiente, y me dolió mucho no despertar con Juan di a mi lado, era muy duro saber que no lo iba a ver nunca más. Al cabo de unas horas, recibí una llamada de la policía. Me Informaron que habían encontrado una serie de cuerpos, y me llamaron para identificar el cuerpo. Yo no lo podía creer, Esa situación me estaba abrumando tanto física como mentalmente, no hallaba que hacer ni con mi vida, ni con mi hijo, ni con mi vida. Cuando porfín pensé que mi vida estaba mejorando, la vida me golpeo con el duro guante de la realidad colombiana. Un país inundado por el narcotráfico y por la violencia, me había quitado a mi esposo y no me parecía para nada justo. ¿El que le había hecho al mundo? ¿Le debía algo a alguien? ¿Fue mala suerte? O simplemente ya era su hora de morir. Este tipo de preguntas fueron las que inundaron mi cabeza por casi más de 3 meses, pero la frase que más estuvo dentro de mis pensamientos fue “yo de aquí, ya no logro salir”.

Durante el cuarto mes, después de que mi esposo pereciera, ya la gente había olvidado lo que paso, y lo que él había sembrado en las personas estaba desapareciendo. Pero no en mí, yo lo recordaba todo, desde lo que hacía por la mañana, hasta a donde me llevaba a comer todos los viernes, siento que eso me hacía extrañarlo aún más. Los días pasaban y yo seguía extrañando todo lo que hacíamos, nuevamente la vida me puso a superar la muerte de la persona que más amaba, y

yo sencillamente no sabía como. Pero, debía mostrarme fuerte, mi hijo Samu me necesita. Él muchas veces me pregunta por su papá, pero yo me limito a decirle que se fue al cielo y que nunca volverá, de la forma más sutilmente, ya que él no entiende qué le pasó. Fueron días oscuros, y hasta que no pasaron casi 6 meses del atentado yo no me atreví a investigar sobre la causa de todo, porque el gobierno ya había llegado conclusiones. Mientras leía los múltiples periódicos que llegaban a mi casa, me entere de que a ese avión iba a subir el presidente de la república, pero que al final no se subió; nadie sabía la razón por la cual no lo hizo, y eso provocó que me pusiera a pensar en ¿por qué mi esposo y no él? La verdad nuevamente me sentía perdida en el mundo, y no tenía ni una pizca de esperanza

Pasaron 8 meses y yo ya no aguantaba más mi situación, lo extrañaba cada día más, y mi hijo preguntaba mucho por él, y eso no me hacía sentir mejor. Decidí hacer un cambio, y reorganizar mi vida, tenía muy claro que no iba a ser fácil. Pero… tenía que intentarlo, empecé a ir al psicólogo nuevamente, porque no les conté que deje la psicología, apenas murió mi esposo, no tenía la energía para asistir a las sesiones, así que las dejé El caso es que empecé a ir a terapia otra vez, y empecé a organizar mi vida. Me obsesiona con el crecimiento personal para después enfocarme en reconstruir mi familia.

Y así fue como hoy, exactamente un año después del accidente, estoy viva y con ganas de vivir. Aun con muchas preguntas, porque el gobierno nunca procedió legalmente con la catástrofe y menos con los familiares de las víctimas Pero, a este punto, puedo decir que sané gran parte de mis heridas y logré superar las dos peores etapas

de mi vida. Ahora intento darle a mi hijo, lo que por situaciones de la vida, mis papás no me pudieron dar a mí.

Intento hacer que me vea como una mujer fuerte y trabajadora, para que el algún día sea un gran hombre como su difunto padre.

Hoy, 27 de noviembre de 1990, recuerdo a mi esposo en su misa de un año de muerto, con todos mis familiares.

Estoy curada, pero jamás voy a olvidar aquellas heridas. Que, a pesar de que con invisibles, hay veces que pueden llegar a doler, porque son memorias que se incrustan en el alma y que siempre van a estar presentes. No lo olvide, aprendí a vivir con eso y a ser una mejor versión de mí cada día que pasa, gracias a que entendí que debía vivir mi vida como yo soy, y no como los que amaban querían que lo hiciera. Porque, yo soy Antonella Davies, y les acabo de contar las situaciones que me ayudaron a encontrarme a mí misma. Pero, lo más importante, me ayudaron a encontrar el propósito de mi vida.

Nicolás Cañón

Gimnasio Los Caobos

Primera edición

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