LOS SECRETOS DEL RORSCHACH

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LOS SECRETOS DEL RORSCHACH Todo el mundo sabe, o al menos los mensistas deberíamos saber, que Rorschach es algo mas que una población suiza: es el apellido de un eminente psicólogo que diseñó un test de investigación de personalidad basado en la interpretación que el sujeto testado hace de unos dibujos simétricos, como producidos por una mancha de tinta al ser esparcida aleatoriamente sobre un papel doblándolo. El éxito del test de Hermann Rorschach (1884-1922) descansa, como en tantos otros casos, en el secretismo con que es mantenido y efectuado. En primer lugar, mucha gente cree que el entrevistador saca conclusiones de ADN2, 12.12.06 la interpretación que hace el entrevistado de una mancha hecha en el momento del test, pero en realidad ésta se hace siempre sobre una colección de diez manchas (precisamente diez), siempre las mismas y numeradas, construidas de una vez para siempre por el autor, aunque algunos psicólogos han elaborado por su cuenta variantes de éstas. Es comprensible por tanto el secreto con que son guardadas. El test es una continua sucesión de trampas contra el entrevistado. Al igual que en la mili, donde uno tenía una nota de 10 al empezar el campamento y se le iban restando fracciones de punto por cada falta cometida, usualmente en el Rorschach el entrevistador va tomando nota de todas las cosas negativas que hagamos, de acuerdo con unos códigos de interpretación mantenidos igualmente secretos. Por ejemplo, si uno pregunta si se puede girar la figura, el psicólogo responderá “Haga Vd. lo que quiera”; de ningún modo le dirá que muchas de los dibujos son más fáciles de interpretar cuando son vueltos boca abajo. El entrevistador, sentado junto al entrevistado y ligeramente por detrás, para que no pueda verse al mismo tiempo el dibujo y su cara, hará anotaciones cada vez que se hagan preguntas de ese tipo, y anotará cualquier comentario, cualquier acción, lo que redundará a menudo en contra del entrevistado. Por ejemplo, si uno dice: “Esto parece...”, ésta es una buena respuesta, pero “Esto es...” merecerá una sanción. Una respuesta demasiado literal, como “Esto es una mariposa” o (¡no digamos!) “Esto es una mancha de tinta” sufrirá su castigo, más grave cuanto mayor sea la evidencia (aunque no siempre). En efecto, tampoco hay que temer a la obviedad: ésta mostrará que uno es un buen muchacho. Tampoco hay que temer dar dos o más interpretaciones. Eso sí, hay que intentar ser lo más rápido posible. Una larga vacilación ante una figura, especialmente si va seguida de una respuesta obvia, le descalifica a uno. Las respuestas muy originales


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