
FE EN EL FUEGO
La respuesta de la iglesia ente la crisis y los desplazamientos en la República Democrática del Congo
UNA
IGLESIA SIN PAREDES
Adoración, calidez y valor para los olvidados de Mongolia
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La respuesta de la iglesia ente la crisis y los desplazamientos en la República Democrática del Congo
Adoración, calidez y valor para los olvidados de Mongolia
Cómo la Iglesia del Nazareno en Myanmar se opone con esperanza a la guerra, los desastres y los desplazamientos.


La revista MNC tiene como objetivo contar historias de la iglesia que vive la compasión de Cristo. Nuestra esperanza es que todos escuchemos el llamado a la compasión como estilo de vida.
Siguiendo el ejemplo de Jesús, Ministerios Nazarenos de Compasión se asocia con congregaciones locales de todo el mundo para vestir, albergar, alimentar, sanar, educar y vivir en solidaridad con quienes sufren bajo opresión, injusticia, violencia, pobreza, hambre y enfermedades. MNC existe en y a través de la Iglesia del Nazareno para proclamar el evangelio a todas las personas en palabra y obra.
MINISTERIOS NAZARENOS DE COMPASIÓN
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A menos que se indique lo contrario, todas las citas de la Biblia son de la Nueva Versión Internacional (NVI), copyright 2022. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
En Armenia, el local del club de niños ha sido un lugar de crecimiento, apoyo y fe desde el año 2004.
En el corazón de África, las provincias orientales de la República Democrática del Congo se han visto envueltas en una crisis humanitaria de proporciones asombrosas.
Cómo la Iglesia del Nazareno en Myanmar se opone con esperanza a la guerra, los desastres y los desplazamientos.
En Ulán Bator, donde las temperaturas invernales pueden descender hasta los -40°C, se reúne un tipo diferente de iglesia, una que no se define por su arquitectura, sino por su calidez, compasión y puertas abiertas.





“ Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.”
- Jeremías 29:7
“ Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”
- Jeremías 29:11
Los planes de Dios van más allá de lo que podemos imaginar, comprender o esperar. En este sentido, tratar de entender los designios de Dios en el mundo parece un misterio, incluso algo imposible. Por otra parte, aceptar sus planes significa tener fe en la transformación de nuestro mundo por parte de Dios. Nos enfrentamos a una tarea imposible, que se hace posible en Cristo. Incluso cuando las acciones fieles parecen carecer de sentido según los estándares del mundo, seguimos siendo llamados a poner nuestra confianza en Dios.
El profeta Jeremías también exhorta a tener una visión más elevada. En lugar de reconstruir solo su propia nación, insta a Israel a tender la mano a sus vecinos, y a buscar la paz y el bienestar con aquellos que no eran del pueblo de Dios.

Esta edición de la revista de MNC destaca a cristianos que encarnan esta visión en situaciones de miedo, guerra y desesperación. Sus historias no presentan a santos separados del resto de nosotros, sino a personas comunes y corrientes repartidas por todo el mundo que llevan la luz a lugares difíciles. Aquí vemos a la iglesia tal y como está llamada a ser —personas conducidas a a una nueva forma de vida por su fe en Jesús. Walter Brueggemann escribe que abrazar la visión de Dios nos convierte en “hijos del octavo día”— seguidores de Jesús que eligen una forma de vida radical y alternativa.
Con demasiada frecuencia, el miedo y la escasez nos llevan a reducir la visión de Dios y a vivir de forma limitada. Dios nos llama a no quedarnos paralizados, sino a vivir según una regla diferente. Las historias que se recogen en estas páginas nos recuerdan que, incluso en tiempos de miedo, la iglesia aprende a servir y a amar. Cuando los recursos son escasos, los creyentes se reúnen para compartir con sus vecinos. En Armenia, Camerún, República Democrática del Congo, Italia, Irak, Mongolia, Myanmar y Ucrania, los cristianos hacen espacio para los demás, incluso en medio de la guerra, porque Jesús lo pide. Puede que
tengan miedo, pero no son prisioneros de él. Siguen sirviendo, confiando en el amor y el cuidado abundantes de Dios. El uso de “paz y bienestar” en Jeremías 29 no es casual. Esta paz— shalom—es la plenitud de la vida en la visión que Dios tiene para el mundo. Las palabras de Jeremías no son una promesa de mantener a salvo al pueblo de Dios, sino una invitación a participar en su obra renovadora. Vivir esta visión requiere fe, porque va más allá de nuestras circunstancias actuales. La iglesia está llamada a encarnar el reino de Dios, una alternativa a los reinos, poderes y principados de este mundo, una alternativa al miedo, la desesperación, la pobreza, el egoísmo y la soledad.
Brueggemann escribe:
“Shalom tiene sus raíces en una teología de la esperanza, en la convicción poderosa y optimista de que el mundo puede transformarse y renovarse, y de que así será; que la vida puede cambiar y cambiará, y que la novedad puede llegar y llegará”.
Esta visión toma forma cada semana cuando las congregaciones de todo el mundo hacen una pausa en agradecimiento durante la Cena del Señor. Nos formamos como el cuerpo de Cristo a través de la Palabra y la mesa. El camino de Jesús se resiste a la lógica de este mundo: perdonamos y buscamos la reconciliación, ayudamos a quienes “no merecen” ser ayudados, visitamos a los encarcelados, alimentamos a los hambrientos (Lucas 4:16-21). Nos unimos a la nueva creación de Dios, donde los lobos y los corderos yacen juntos (Isaías 11:6) y las espadas se convierten en rejas de arado (Isaías 2:4).
Estos son los planes de Dios para nosotros: una nueva realidad bajo el señorío de Cristo. Señor, danos ojos para ver y fe para vivir en “tu reino que viene a la tierra como en el cielo”.

Directora de MNC

Puntos


Por Simbarashe Kanenungo, Coordinador de Desarrollo Integral Infantil
La Iglesia del Nazareno es una presencia nueva pero creciente en Camerún. Para responder a las persistentes dificultades económicas del país que han afectado gravemente el bienestar de los niños, la iglesia ha dado un paso al frente con un enfoque holístico de alcance, orientado en atender a la población juvenil más vulnerable.
Camerún enfrenta una grave crisis económica desde 2018, debida en gran medida al conflicto en las regiones del suroeste y noroeste, así como a los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19. Muchos niños se ven obligados a valerse por sí mismos, vagando por las calles, a menudo explotados para vender comida o sometidos a abusos sexuales. La educación sigue estando fuera del alcance de muchos, especialmente de los huérfanos, las familias desplazadas y los rechazados por la sociedad.
Reconociendo que los niños ocupan un lugar fundamental en el reino de Dios, la Iglesia del Nazareno respondió a esta crisis creando una escuela en la localidad de Galim.
El Centro de Desarrollo Infantil “École Primaire
Bilingue de Galim” ofrece a los niños vulnerables la oportunidad de recibir educación y de aspirar a un futuro mejor. Con 72 alumnos matriculados desde
primero hasta séptimo grado, la escuela cuenta con el apoyo de siete voluntarios comprometidos, entre los que se incluyen profesores y cocineros, que sirven fielmente a los niños cada semana.
En mayo, la escuela celebró una fiesta en honor a los alumnos que completaron su primer año de jardín de infancia, entregándoles certificados para conmemorar sus logros. Una madre compartió su más sincero agradecimiento. “Incluso cuando la escuela termina, este programa sigue bendiciendo a nuestros hijos”, explicó.
“Ahora, mi hijo da gracias en casa antes de las comidas”.
Más allá de la educación, el ministerio fomenta el crecimiento espiritual. Los niños no solo participan en estudios bíblicos, apoyo en sus tareas escolares, deportes y juegos, sino que también asisten a la iglesia con sus familias, lo que enriquece a la congregación local.
El equipo local ha participado en un entrenamiento dirigido por el coordinador de Desarrollo Integral Infantil, con el fin de mejorar su capacidad de realizar un ministerio eficaz. Desde que recibió el apoyo de Ministerios Nazarenos de Compasión a principios de marzo de 2025, la escuela ha logrado un progreso notable y ahora está oficialmente registrada en el Ministerio de Educación.

Por Krystle Bowen
El peso del dolor del mundo puede resultar devastador: desastres, conflictos y luchas nos rodean a diario. En medio de todo esto, Dios no nos pide que apartemos la mirada, sino que caminemos con compasión. A través de las Escrituras, aprendemos a ver con los ojos abiertos, a responder con amor y a practicar la misericordia con fidelidad.
El sufrimiento no es nada nuevo, pero hoy somos más conscientes que nunca. Una notificación nos avisa y sabemos al instante que ha ocurrido un desastre. En cuestión de segundos, las noticias y las redes sociales traen a nuestros hogares historias de guerras, hambrunas y crisis en todo el mundo. Más cerca de nosotros, las comunidades luchan con problemas de vivienda, sistemas quebrados y dificultades de salud mental. Incluso dentro de nuestras propias familias, sentimos el peso de las enfermedades, los conflictos y las pérdidas. A veces, quisiéramos tener un botón de pausa, y usarlo solo un momento para recuperar el aliento. Pero no hay pausa. Como seguidores de Jesús, estamos llamados a ser las manos y los pies de Cristo, acercándonos al sufrimiento en lugar de alejarnos de él. La pregunta, entonces, es: ¿cómo podemos cumplir este llamado cuando las necesidades que nos rodean nos agobian tanto?
Pídale a Dios que abra sus ojos para ver las necesidades de los demás (Lucas 10:25-37).
En la parábola del buen samaritano, la primera cosa “buena” que hace este hombre es ver. Otros pasan de largo, demasiado ocupados o asustados para reconocer el sufrimiento que tienen ante ellos. El samaritano no tiene que viajar muy lejos; simplemente abre los ojos para ver a alguien en su camino. ¿Quién está en su camino? ¿Quién necesita su compasión, en su familia, su vecindario, su ciudad? Si aún no lo ve, acérquese. La proximidad es importante. Sea voluntario en una escuela local, un comedor social o un programa de acogimiento familiar. Los pequeños gestos —escuchar, satisfacer una necesidad, dedicar tiempo— pueden reportar beneficios eternos.
Elija estar presente en lugar de evitar la situación.
El samaritano actuó según lo que vio. Se preocupó por el hombre herido. Ver es el principio, pero no el final. Al igual que Jesús, debemos estar dispuestos a intervenir incluso cuando nos resulte incómodo.
Cuando Jesús vino, trajo consigo el reino de Dios, una promesa de paz tanto presente como futura. Como discípulos, mostramos a las personas esta realidad: Dios ha venido y vendrá de nuevo. Cada comida compartida, cada visita a los solitarios, cada acto de compasión nos permite vislumbrar la llegada de ese Reino.
(Miqueas 6:8)
La compasión es más que un simple acto, es una actitud del corazón. A través de la oración y las Escrituras, nos convertimos en personas que se fijan en los demás. El Espíritu nos da fuerzas para actuar y, cuando nos sentimos abrumados, nos anima a practicar la misericordia una y otra vez. La compasión no consiste en arreglarlo todo. Consiste en ser fiel a lo que Dios ha puesto justo delante de usted. Vea, actúe, practique — y



“Significa aferrarse firmemente a las enseñanzas y al ejemplo [de Dios], incluso cuando el miedo, la ira y el odio parecen naturales. Significa elegir el perdón en lugar de la venganza, mostrar compasión por los que sufren, incluso por los que están en el bando contrario, y orar por los enemigos en lugar de desearles daño. Es confiar en las promesas de Dios cuando el futuro es incierto y encontrar la paz [en Dios] cuando todo a nuestro alrededor parece inestable. También significa animar y apoyar a los demás, especialmente a los compañeros creyentes, compartiendo la esperanza que tenemos en Cristo”.
- Ram Tin Par, coordinadora de MNC para el Distrito Central de Myanmar.
“En primer lugar, a través de la oración. No somos nosotros quienes hacemos crecer la semilla, simplemente la sembramos, la cuidamos y la regamos — pero es el Espíritu Santo quien la hace crecer. La oración es la esencia de todo. Junto con la oración, debemos compartir la Palabra de Dios. También debemos ser un modelo. Deben ver a sus líderes no solo en la iglesia, sino también fuera de ella— en nuestras familias, en la forma en que interactuamos con los demás y en cómo mostramos el amor y la luz de Dios en cada aspecto de la vida y en nuestras comunidades. Así mismo, es esencial acompañarlos en su camino. Dios nos ha encomendado cada vida. Por eso caminamos con ellos incluso cuando se rinden o creen que no son dignos. En esos momentos, debemos ser nosotros quienes les recordemos que son valiosos, que Jesús fue crucificado por ellos y que su vida tiene un propósito y un valor.
Por último, crear oportunidades para que sirvan. Hay que dar a los jóvenes espacio para que utilicen sus talentos no solo dentro de la iglesia, sino también en la comunidad. Hay que involucrarlos en proyectos de servicio y evangelización en los que puedan compartir el amor de Dios con aquellos que aún no conocen a Jesús.
- Lusine Melkonyan, coordinadora de MNC para Eurasia Norte.

Por Lusine Melkonyan, coordinadora de MNC de Eurasia Norte
En Armenia, el club infantil local ha sido un lugar de crecimiento, apoyo y fe desde 2004. El programa se reúne en el edificio de la iglesia cada semana y atiende a 45 niños de entre seis y dieciocho años, llegando a un total de 70 familias, es decir, 225 personas de la comunidad. Más que una simple reunión extraescolar, el club infantil proporciona ropa, material educativo, artículos de higiene, alimentos e incluso asistencia médica a los niños y sus familias. Los campamentos, las visitas domiciliarias y una variedad de actividades semanales fomentan el desarrollo espiritual, intelectual, físico, emocional y social de los niños.
En una comunidad que enfrenta dificultades económicas y una emigración constante, un lugar como el club infantil es esencial. Ofrece estabilidad, enseña a los niños sobre el amor de Dios y les ayuda a convertirse en jóvenes seguros y capaces que pueden influir positivamente en su entorno. A lo largo de los años, las semillas plantadas en la vida de estos niños han dado frutos notables: muchos de los que alguna vez asistieron al club infantil ahora se han graduado y sirven fielmente en la iglesia y en el propio centro.
Imparten clases bíblicas, ayudan en la organización de eventos y se ocupan de la próxima generación, continuando así el ciclo de amor, fe y servicio que ha marcado sus propias vidas. A continuación se recogen historias de personas que han participado en el programa, en las que se destaca el impacto que estos centros están

P: ¿A qué edad fuiste a la escuela?
Empecé a asistir a nuestro club infantil cuando era
muy pequeña. No recuerdo exactamente cuántos años tenía—quizá unos siete u ocho—porque me parece que lo conozco desde siempre.
P: ¿Cuál es tu recuerdo favorito de la escuela?
Liana: Hubo un día especial dedicado a España, y nuestro pastor Trino preparó unos deliciosos espaguetis con salsa. Todavía recuerdo ese sabor increíble —¡el mejor que había probado en mi vida! También hicimos unos campamentos estupendos, y guardo con mucho cariño todos los recuerdos de aquellos días. Otro gran recuerdo son las clases de adoración en un pequeño apartamento—era muy divertido, y todavía cantamos esa canción juntos en nuestro club infantil.
P: ¿Quién fue la persona de la escuela que más influyó en ti?
Liana: En realidad, no hay una sola persona que me haya influido más que otra. Más bien, todas las personas que me han guiado han dejado una huella especial en mí. De cada una de ellas he aprendido algo valioso y he tomado lo mejor de su ejemplo. Lo que más me llama la atención es que vi a Jesús reflejado en todos ellos: su amabilidad, paciencia y amor me mostraron lo que realmente significa seguirlo. Su ejemplo me ha inspirado a crecer en mi fe y a servir a los demás con el mismo corazón.
P: ¿Cómo influyó la escuela en tu fe?
Liana: Ese lugar realmente me formó como persona.


Sinceramente, no puedo imaginar mi vida si no hubiera ido allí. Allí fue donde aprendí por primera vez sobre Jesús y experimenté su amor de primera mano. Vi que realmente está cerca, y descubrí una forma de comunicarme personalmente con él. Comprendí que no está lejos, sino aquí mismo, conmigo. Esa experiencia no solo formó mi fe, sino que me formó como persona.
P: ¿Cómo te preparó la escuela para servir?
Liana: Este lugar me enseñó lo que realmente significa servir, y cómo reflejar a Jesús en cada paso que doy. Al crecer aquí, no solo aprendí lo que significa servir a los niños, sino que también lo experimenté de primera mano. Vi muchos ejemplos cuando era niña, algunos maravillosos y otros que no me gustaban. Ahora, como adulta, evito pensar en aquellas cosas que no me gustaban, y me centro en lo positivo y significativo.
P: ¿Dónde o cómo sirves ahora?
Liana: Sirvo en el ministerio infantil, que es algo muy cercano a mi corazón. Me encanta trabajar con los niños y ayudarlos a crecer. Además de eso, también ayudo durante los servicios dominicales y colaboro con el equipo de medios de comunicación. A veces, cuando es necesario, también apoyo a otros ministerios, pero trabajar con niños siempre es lo que más me gusta.
P: ¿Por qué sirves?
Liana: Sirvo para acercarme más a Jesús y profundizar mi fe. Creo sinceramente que quienes sirven son aún más bendecidos que aquellos a quienes sirven. A través de mi participación en el ministerio veo cómo crece mi fe y doy pasos importantes en mi camino espiritual. Servir también me da la oportunidad de compartir el amor de Dios, mostrar quién es y ayudar a otros a conocerlo mejor, porque eso es lo que Él nos ha llamado a hacer.
“No es solo un lugar—es familia.”



P: ¿A qué edad fuiste a la escuela?
Manvel: Creo que tenía alrededor de seis años cuando comencé a asistir al Centro de Desarrollo Infantil (CDI) y terminé a los dieciocho.


P: ¿Cuál es tu recuerdo favorito de la escuela?
Manvel: Mis recuerdos favoritos son de los campamentos cortos durante la época navideña. Nos divertíamos juntos y también crecíamos en conocimiento y fe
P: ¿Quién fue la persona de la escuela que más influyó en ti?
Manvel: Siempre fueron mis líderes, quienes estaban dispuestos a responder mis preguntas, apoyarme y orar por mí.
P: ¿Cómo influyó la escuela en tu fe?
Manvel: El centro tuvo un gran impacto en mi fe, con sus estudios bíblicos, momentos de adoración y disciplina espiritual, que ayudaron a que mi fe creciera.
P: ¿Cómo te preparó la escuela para servir?
Manvel: Tener la oportunidad de servir durante mi estancia en el centro fue importante, ya que pude compartir mi experiencia con mis líderes y recibir consejos para mejorar. También diría que Dios trabajó en mí para que me volviera más semejante a Cristo.
P: ¿Dónde o cómo sirves ahora?
Manvel: He tenido experiencia sirviendo en el ministerio infantil, pero ahora sirvo en el equipo de medios de comunicación de mi iglesia y ayudo a

“Siempre fueron mis líderes quienes me apoyaron y oraron por mi .”
mi pastor cuando me necesita.
P: ¿Por qué sirves?
Manvel: Tener la oportunidad de servir es una bendición de Dios porque te conviertes en parte de su obra. Este pensamiento me impulsa a seguir sirviendo en momentos en los que mi fe no está en su mejor momento.
P: ¿Hay algo más que te gustaría compartir sobre la iglesia, el servicio o la escuela?
Manvel: Es un trabajo duro, así que quiero dar las gracias a todos los que me han servido, ayudado, animado y orado por mí. También estoy muy agradecido con Dios, que me ha bendecido con la escuela.
TRANSMITIENDO EL AMOR QUE RECIBÍ
P: ¿A qué edad fuiste a la escuela?
Mariam: Tenía entre siete y ocho años cuando asistí al club infantil por primera vez.
P: ¿Cuál es tu recuerdo favorito de la escuela?
Mariam: Un día, en una clase de Biblia, la señorita Lucine, una de nuestras líderes, nos contó la historia de un hombre paralítico; me impresionó la bondad de Jesús y la disposición de los amigos del paralítico para ayudarlo a cualquier precio. Fui a casa y les conté esta historia a todos mis amigos, tanto en la calle como en la escuela. Otro recuerdo que nunca olvidaré: cuando recibí cartas de mi patrocinador, me sentí muy feliz. Al principio, mis líderes me las traducían, pero más tarde me sentí orgullosa cuando pude leerlas por mí misma. Una de las cartas incluso tenía unas pegatinas preciosas que utilicé para decorar mi cama.
P: ¿Quién fue la persona de la escuela que más influyó en ti?
Mariam: La señora Anna, una de las líderes, es la persona que más ha influido en mí. Cada
año organizábamos campamentos, y en uno de ellos, cuyo tema era “Jesús es mi amigo”, acepté al Señor en mi vida gracias a los líderes de la iglesia. Su ejemplo ha seguido influyendo en mi fe.
P: ¿Cómo influyó la escuela en tu fe?
Mariam: En mi niñez, aquí sentí el amor infinito del Señor, y eso moldeó mi fe. Seguí asistiendo a la iglesia a través de los grupos de adolescentes y jóvenes, y he permanecido en el Señor hasta el día de hoy.
P: ¿Cómo te preparó la escuela para servir?
Mariam: Recuerdo que mi primera acción de servicio fue durante un campamento, en un patio trasero. Tenía un grupo pequeño y estaba asustada, pero mis líderes siempre estuvieron a mi lado para ayudarme con todo. Incluso después de que el programa terminó, recibí un cuaderno azul con flores blancas como regalo, que se convirtió en mi primer diario de oración.
P: ¿Dónde o cómo sirves ahora?
Mariam: Sirvo en el club infantil como líder de un grupo pequeño, también en el grupo de adolescentes y en la escuela dominical.
P: ¿Por qué sirves?
Mariam: El ministerio es una forma de ser un instrumento del Señor, lo cual es muy importante para mí. De todos mis ministerios, el que más me gusta es el del club infantil, porque cuando era niña sentí el amor infinito del Señor. Y al servir, trato de hacer que los niños sientan el amor que yo sentí en aquel entonces.
“El ministerio es una forma de ser un instrumento del Señor.”




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CÓMO SE MANTIENE LA IGLESIA EN MEDIO DE LA GUERRA EN EL ESTE DE LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO


Por Pascal Balibanga, coordinador de MNC del Área Central de África, y Lyne Mendy, asesora regional para respuesta a desastres y crisis humanitarias.
En el corazón de África, las provincias orientales de la República Democrática del Congo se han visto envueltas en una crisis humanitaria de proporciones asombrosas. Desde principios de 2025, los conflictos incesantes, los robos a mano armada, los desplazamientos masivos y las violaciones generalizadas de los derechos humanos han devastado comunidades, especialmente en Kivu Norte y Kivu Sur, dejando a su paso una estela de destrucción.



Las ciudades de Goma y Bukavu están ahora bajo el control de los rebeldes, lo que ha creado un clima de miedo, inseguridad y creciente desesperación. En la comunidad de Karisimbi, en Goma, bandidos armados han atacado viviendas y negocios. En zonas como Katoyi y Katindo, la violencia es tan constante que el sonido de los disparos se ha convertido en algo habitual. Barrios enteros se han vaciado, ya que las familias buscan refugio al otro lado de la frontera o en campamentos para desplazados.
"No sabemos a qué velocidad están cambiando las cosas ni a quién acudir en busca de ayuda”, compartió un pastor local.

El conflicto ha tenido un profundo impacto en la Iglesia del Nazareno, particularmente en los distritos de Virunga, Kivu Norte, Kivu Central y Kivu Sur Tanganyika. En algunos casos, los feligreses se vieron obligados a huir de la noche a la mañana, abandonando sus hogares, granjas y medios de vida. El sonido de los disparos ha resonado en la iglesia francófona de Edén, situada en el corazón de la zona de conflicto de Goma. Con los bancos cerrados y los operadores de dinero móvil cobrando comisiones exorbitantes, incluso las transacciones económicas básicas se volvieron imposibles. Las familias no tenían acceso al dinero en efectivo. Los precios de los alimentos se dispararon. Aun así, la iglesia permaneció, solidaria con sus miembros, incluso cuando los edificios se vaciaron y los pueblos fueron invadidos. A finales de enero de 2025, después de que los rebeldes destruyeran los campamentos de desplazados, miles de familias se vieron obligadas a desplazarse de nuevo. Algunas regresaron a sus pueblos de origen, que no eran seguros, mientras que otras cruzaron a Burundi, Ruanda, Kenia y Tanzania; unas pocas huyeron a Kinshasa. El desplazamiento dejó a las familias en una situación de pobreza extrema, sin refugio, ropa o medicinas.
Los líderes religiosos, incluidos pastores y misioneros, han sufrido amenazas, persecución y desplazamiento, y no tienen acceso a recursos básicos. Las instalaciones sanitarias están desbordadas y carecen de suministros suficientes. Muchas personas están traumatizadas, especialmente mujeres y niños, tras sobrevivir a ataques directos o perder a seres queridos. Las comunidades cristianas se han visto profundamente sacudidas, con la vida espiritual interrumpida y los lugares de culto vacíos.
Cuando el conflicto se intensificó en enero de 2025, miles de familias en el este de la República Democrática del Congo se vieron obligadas a huir de sus hogares sin previo aviso y con pocas pertenencias. En los días siguientes, la Iglesia del Nazareno respondió rápidamente, liderada por pastores locales y voluntarios que se negaron a abandonar a sus comunidades en crisis. En colaboración con los Ministerios Nazarenos de Compasión (MNC), las iglesias locales comenzaron a distribuir alimentos básicos como arroz, frijoles, harina de maíz, aceite y sal, ingredientes fundamentales que ayudaron a las familias a preparar su primera comida caliente en días. Además de alimentos, las familias recibieron mantas, colchones, lonas, ollas y ropa. Se entregaron paquetes especiales de protección a las madres con recién nacidos, lo que supuso un apoyo fundamental en condiciones de gran vulnerabilidad.
“Mi hijo y yo pasamos días sin comer y dormimos en condiciones terribles”, explicó Natalie, una madre primeriza que se vio obligada a huir de su hogar. “Hoy hemos recibido comida para dos semanas y un paquete de protección. Estamos muy agradecidos con Dios y con la Iglesia del Nazareno”.
A medida que la situación comenzó a estabilizarse, los líderes locales comprendieron que la ayuda a corto plazo no sería suficiente.
La gente ansiaba volver a casa, pero se encontró con sus
comunidades en ruinas y sus medios de vida destruidos. En respuesta, las iglesias colaboraron con MNC para poner en marcha programas de reintegración social en las zonas más afectadas. En el distrito de Virunga, 600 personas recibieron herramientas agrícolas, semillas y formación en materia de educación financiera, ade-
“No esperábamos esta ayuda. Muchas personas con discapacidad han sido ignoradas. Los recursos como el arroz, los colchones y el azúcar nos proporcionan un verdadero alivio.”
más de pequeñas ayudas económicas para ayudarles a establecer negocios. En Kivu Sur, se prestó apoyo a 500 familias con alimentos, artículos de higiene y suministros básicos, para que pudieran comenzar la reconstrucción. En Kivu Norte, 1,800 personas recibieron ayuda para la reintegración.
“Nos preguntábamos cómo volver a nuestros pueblos”, dijo el señor Nzabonimpa, de Virunga. “Ahora, con herramientas, semillas y formación financiera, podemos volver a cultivar la tierra y abrir pequeños negocios”. Tras la destrucción de sus comunidades, muchos no disponían de los recursos necesarios para comenzar la reconstrucción. Sin herramientas ni tierras de cultivo aptas, la recuperación parecía imposible. Sin embargo, gracias al apoyo constante de la iglesia, las familias están recuperando poco a poco lo que perdieron.
Rafiki Bazira, del distrito de Tongo, y madre de cinco hijos, huyó a Rusayo con todos ellos. “Llegamos a Rusayo sin nada”, dijo. “Gracias a los alimentos, las mantas y los utensilios de cocina, pudimos sobrevivir”. El apoyo también se extiende a las personas que a menudo se pasan por alto durante las crisis. El señor Roxy, líder de una asociación local de personas con discapacidad, expresó su gratitud por la ayuda que llegó a algunas de las familias más marginadas de la región.
“No esperábamos esta ayuda”, dijo. “Muchas personas con discapacidad han sido ignoradas. Los recursos como el arroz, los colchones y el azúcar nos proporcionan un verdadero alivio”.
Pero el trauma, especialmente entre las mujeres y los líderes eclesiásticos, sigue siendo una herida profunda. En respuesta, las iglesias han puesto en marcha programas de atención a la salud mental y de superación del trauma. Los pastores que sufrieron
heridas físicas durante los actos violentos comenzaron a recibir atención continua, y una nueva iniciativa de capacitación de formadores en terapia del trauma está preparando a los líderes de las iglesias locales para acompañar a otras personas en su proceso de superación. “Desde la guerra, la vida ha sido insoportable”, dijo el pastor Edson. “Las herramientas y las semillas que recibimos nos permiten volver a cultivar y reintegrarnos poco a poco. Estoy profundamente agradecido por este apoyo; me da esperanza para el futuro”.
En una región marcada por la inestabilidad y el sufrimiento, la Iglesia del Nazareno ha permanecido presente, ofreciendo no solo recursos físicos, sino también atención emocional y espiritual. Con valentía y compasión, las iglesias han abierto sus puertas y sus corazones, recordando a las comunidades que no están solas.
A través del liderazgo local, la colaboración global y las fieles oraciones de la iglesia, Dios está trayendo sanidad a lugares marcados por el conflicto. Y la esperanza, como la luz en la oscuridad, está echando raíces una vez más.





Cómo la Iglesia del Nazareno en Myanmar se opone con esperanza a la guerra, los desastres y los desplazamientos


En una tarde calurosa y húmeda a finales de mayo de 2025, alrededor de una docena de nazarenos caminaban con cuidado por un camino lodoso y lleno de charcos en las afueras de Yangón, la capital de Myanmar. Algunos eran pastores y líderes locales, mientras que otros habían viajado desde fuera del país. Solo unos pocos habían recorrido ese camino antes, por lo que la mayoría miraba hacia adelante con expectación, anticipando lo que podría encontrarse tras la siguiente curva. La vegetación se adhería a los lados del camino, haciéndolo más angosto y ocultando su final.
Después de aproximadamente un kilómetro, y tras esquivar a una vaca reacia a moverse, el grupo se desvió del camino, cruzó un pequeño puente peatonal sobre un arroyo y llegó a un terreno despejado. Unas sencillas estructuras de madera comenzaban a tomar forma. Se estaban atando y clavando las esquinas y los soportes laterales de dos pequeños edificios.

El reverendo Saya Vula, pastor local y director del Chapman International College, al que asisten muchos nazarenos, se adelantó emocionado e invitó al grupo a reunirse alrededor de una pequeña mesa y un banquillo. “Bienvenidos a nuestras casas de oración. Cuando estos edificios estén terminados, estarán abiertos las veinticuatro horas del día para que la gente venga a orar”, dijo.
Hay una razón por la que estas casas de oración están literalmente fuera de los caminos transitados. Myanmar ha enfrentado conflictos casi constantes desde 1948, cuando logró su independencia de Gran Bretaña. Los grupos étnicos han buscado la autonomía, con enfrentamientos continuos contra los militares. El país ha tenido gobiernos civiles y militares de forma alternada, y el golpe de Estado más reciente, en 2021, consolidó el control del régimen actual
La Constitución de 2008 permitía el reparto del poder entre los líderes militares y civiles, pero el golpe de Estado desmanteló gran parte de ese
“Incluso en medio del conflicto, la guerra y las dificultades, Dios sigue obrando y está con nosotros. La historia de nuestro Salvador nos dice que Dios no ignora el dolor de nuestro pueblo. Dios ve cada lágrima y hará justicia a su debido tiempo. No podemos cambiar nuestra situación de repente, pero podemos confiar en que Dios está redimiendo hasta los momentos más oscuros y difíciles para cumplir su propósito”.
equilibrio. El ejército ha reprimido violentamente a los grupos de la oposición, ha limitado los partidos políticos y ha puesto bajo arresto domiciliario a la antigua líder Aung San Suu Kyi. Los cristianos, junto con otras minorías religiosas, sufren discriminación, mientras que grupos étnicos como los rohingya siguen padeciendo una violenta persecución
El pastor Tin Oo, que ha sido testigo directo de estos vuelcos y cambios, es el coordinador de MNC del Distrito Sur de Myanmar. “Desde que los militares tomaron el control, uno de los mayores desafíos espirituales a los que me he enfrentado es ayudar a las personas a lidiar con el miedo, la desesperanza y la ira”, explicó. “Muchos se sienten abandonados o confundidos acerca de dónde está Dios en medio de todo este dolor. Como pastor, ha sido difícil ver cómo las personas pierden la fe o se desaniman”.
Ram Thein, el superintendente del distrito, lo describe de manera sencilla: “Todo comienza con el miedo”.
A pesar de los riesgos, los pastores continúan sirviendo.
Como minorías religiosas, viven bajo la amenaza diaria de la persecución y la violencia. Los pastores llevan tarjetas de identificación clericales que pueden eximirlos del servicio militar obligatorio, aunque esas mismas identificaciones también pueden convertirlos en objetivos.
La pastora Sayama Thazin forma parte del Distrito Sureste, donde seguir a Jesús conlleva riesgos reales. “Ser un discípulo fiel de Jesús significa ahora elegir vivir según las enseñanzas de Cristo, obedeciendo sus mandamientos incluso cuando es difícil y peligroso”, explicó. “Significa amar a nuestro prójimo, orar por

Juntos, los niños están encontrando estabilidad y fidelidad en comunidades que se niegan a dejar que las dificultades tengan la última palabra.
aquellos que sufren y animarlos a vivir con fe. En estos tiempos de guerra y dificultades, la fidelidad significa mantenerse comprometido con la oración, servir a los necesitados y compartir el evangelio de la paz, aunque todo lo que nos rodea sea peligroso”.
Desde que la violencia se intensificó en los últimos cuatro años, el desplazamiento se ha disparado: más de tres millones de personas se encuentran ahora desplazadas en todo Myanmar. Muchos llegan a Yangón en busca de seguridad. El día que el grupo visitó las casas de oración, se detuvieron en cinco iglesias nazarenas, todas ellas sirviendo a los desplazados internos, es decir, aquellos que se vieron obligados a huir de sus hogares pero permanecen dentro de las fronteras del país, niños en su mayoría.

El reverendo Saya Adam es el superintendente del Distrito Central de Myanmar y ha sido testigo directo de esta respuesta. “Dios es fiel y poderoso”, afirmó. “Él abre muchas puertas nuevas de servicio y nos da más poder y autoridad. Por eso podemos seguir ampliando nuestro ministerio”.

A veces, los niños llegan solos o con acompañantes que pronto se marchan. Cuatro de las cinco iglesias que el grupo visitó, se habían convertido en hogares para ellos.
En una de ellas, dos niñas de 13 y 8 años y un niño de 12 contaron su historia:
“Nuestro padre se marchó a otro país para trabajar hace muchos años. Pero al poco tiempo dejó de enviarnos dinero. Mi madre nos cuidaba, pero había demasiados días en los que estallaban peleas y guerras cerca de nosotros. Así que decidió llevarnos a Yangón. Pero ella también enfermó y murió poco después de que llegamos aquí”.
Ahora huérfanos, viven con otros nueve niños en la iglesia. Una niña mostró con orgullo un premio académico que ganó en una escuela a la que la iglesia la ayudó a asistir.
“A estos niños, y a docenas más, se les brinda refugio, comida, atención para el trauma, apoyo educativo y un modelo de fidelidad”, dijo Ram Thein. “La fidelidad tiene sus raíces en el amor. Con un corazón que ama a Jesús, ofrecemos muchas oraciones con nuestras propias vidas”.
En marzo de 2025, Myanmar sufrió un terremoto de magnitud 7.7 (el segundo más mortífero de su historia moderna) que causó la muerte de más de
5,300 personas. Los líderes nazarenos se movilizaron rápidamente, a pesar del riesgo que suponían los controles militares.
“En ocasiones, he sentido una profunda ira hacia el dictador de nuestro país e incluso he deseado que su vida llegara a su fin. Pero al reflexionar sobre cómo Jesús respondió a los soldados romanos que lo oprimían—con perdón y amor—mi corazón comenzó a cambiar. Ya no esperaba la destrucción de mi enemigo, sino su transformación, y la reconciliación entre nuestros líderes nacionales, que ahora están en guerra”.
Llevaron comida, agua y atención espiritual, y elaboraron planes para proporcionar apoyo psicológico a los niños de las escuelas locales Jasmin Eugenio es la coordinadora de MNC del área de Sealands, y recuerda claramente la respuesta de la escuela.
“El director acogió con satisfacción esta iniciativa y comentó que, aunque muchos grupos habían proporcionado alimentos, ropa y medicamentos, nadie se había centrado aún en las necesidades emocionales de los niños”, afirmó.
Ram Tin Par es la coordinadora de MNC para el Distrito Central de Myanmar y ha sido testigo directo de la obra transformadora de Dios. “En ocasiones, he sentido una profunda ira hacia el dictador de nuestro país, e incluso he deseado que su vida llegara a su fin,” dijo. “Pero al reflexionar sobre cómo Jesús respondió a los soldados romanos que lo oprimían— con perdón y amor—mi corazón comenzó a cambiar. Ya no esperaba la destrucción de mi enemigo, sino su transformación, y la reconciliación entre nuestros líderes nacionales, que ahora están en guerra”.
Las casas de oración, las abarrotadas iglesias que acogen a niños desplazados y los pastores inquebrantables son signos fieles de la obra de Dios en Myanmar: renovar todas las cosas, reparar lo que está roto y restaurar lo que ha sido destruido.



En Myanmar, las iglesias se han convertido en refugios seguros para los niños separados de sus familias por el conflicto.
Cómo una Iglesia del Nazareno en Italia lleva esperanza a los vecinos necesitados

Es sábado por la mañana en Moncalieri, Italia, y el edificio de la Iglesia del Nazareno se llena de energía en esta ciudad situada a los pies de los pintorescos Alpes italianos.
El aroma del café recién hecho hace sonreír a muchos, mientras el pastor Matteo Ricciardi visita a los vecinos y a los participantes del programa de distribución de alimentos frente a la iglesia, en el lugar que se ha convertido en un punto de encuentro para el vecindario en los últimos años.
Justo al lado, ha llegado la nueva camioneta tipo van que compró la iglesia, llena de comida fresca que donaron los supermercados cercanos. Los voluntarios han formado una cadena para descargar y clasificar los alimentos para cada familia que vendrá hoy a recogerlos.
Y así es como este grupo funciona todos los sábados, compuesto tanto por feligreses como por trabajadores sociales, que colaboran en el marco del acuerdo de la iglesia con el sistema judicial local para ofrecer oportunidades de servicio comunitario
a quienes necesitan completar las horas requeridas.
Domenico es uno de los trabajadores que se enteró del programa a través del sistema judicial y se sintió atraído por la oportunidad después de hablar con el pastor Matteo. Aunque creció en Moncalieri, Domenico nunca había oído hablar de la iglesia nazarena; rápidamente se interesó en ayudar a las familias de su ciudad natal, utilizando algunos de sus contactos en la comunidad para conseguir más donaciones semanales de alimentos que él mismo recoge a lo largo de la semana.
Cuando se le preguntó qué era lo que más le gustaba de servir en el programa, respondió: “Me gusta la sensación al final del día. Soy jugador de golf y, normalmente, los sábados por la mañana me gusta ir a jugar, pero durante este tiempo, cuando vengo aquí y luego me voy a casa a la hora del almuerzo, tengo la sensación de que no he perdido el tiempo. Esa sensación permanece conmigo al final del día, y creo que es lo mejor”.
La rutina de los sábados por la mañana destaca el verdadero valor de este programa: crear comunidad. En un esfuerzo por cubrir las necesidades de aquellos que no pueden permitirse comprar comida suficiente de forma regular, ha surgido una red de personas de la iglesia, el vecindario, los supermercados locales, el banco nacional de alimentos y el sistema judicial.

barreras adicionales a la hora de acceder a los servicios sociales, y promueve la solidaridad comunitaria al unir a las personas y responder a las necesidades inmediatas”, explicó el pastor Matteo. Y continúa diciendo: “Aunque el problema principal que se aborda es el acceso limitado a alimentos básicos entre las familias vulnerables de la comunidad cercana a nuestra congregación... el programa se ha convertido en un recurso estable, que aborda tanto las necesidades alimentarias básicas como el aislamiento social, en un esfuerzo por construir relaciones dentro de la comunidad”.

Al igual que muchos lugares del mundo, Moncalieri tiene una mezcla de residentes de muchos años y familias inmigrantes. El aumento de las tasas de pobreza y desempleo a nivel nacional ha creado una mayor necesidad de ayuda alimentaria, especialmente entre los grupos más vulnerables. Luego, en abril de 2020, el confinamiento por la pandemia de COVID-19 agravó la situación, y muchas familias se vieron en dificultades económicas debido al cierre de empresas y a las restricciones. Fue entonces cuando la iglesia decidió que podía hacer algo para ayudar a sus vecinos.
Lo que comenzó como una pequeña iniciativa autofinanciada se ha convertido en un programa de apoyo estructurado, gracias a las asociaciones con las tiendas locales y con la red nacional de bancos de alimentos de Italia, gestionadas a través de la organización no gubernamental (ONG) Associazione Missione Nazarena Italiana (AMNI) de la Iglesia del Nazareno del Distrito de Italia. A medida que los servicios públicos sociales se enfrentan a una presión cada vez mayor, la iniciativa proporciona ayuda esencial a familias y personas necesitadas, y la congregación se ha convertido en un recurso vital para quienes se encuentran en situaciones vulnerables
“Nuestra congregación reconoció esta necesidad y decidió intervenir para ofrecer apoyo... lo cual resulta especialmente útil porque sirve de ayuda a las familias inmigrantes que pueden enfrentarse a
A través del programa, 98 personas de 44 familias reciben alimentos cada semana. Además, la iglesia recolecta y distribuye ropa, y organiza comidas comunitarias. Las relaciones se van desarrollando mientras se comparten las novedades semanales y se ora por las peticiones. Los miembros de esta comunidad han aprendido a celebrar y a llorar juntos, como hacen todas las buenas comunidades. A lo largo de los años, ha habido diagnósticos de cáncer y respuestas a las oraciones por sanidad. Pero también ha habido momentos difíciles. Domenico explicó que hay épocas difíciles para servir, sobre todo durante las vacaciones, cuando la iglesia organiza comidas e invita a todos los que participan en el programa de alguna manera a reunirse para una comida compartida. “La época navideña es la más difícil, porque las emociones de las personas se intensifican”, dijo. “Sé que en ese momento no puedo hacer nada por ellos, solo intento darles comida, y trato de decirles algunas


palabras para animarlos en ese momento”.
A medida que las relaciones continúan creciendo y desarrollándose, también lo hacen las operaciones. En colaboración con los Equipos de Misiones Nazarenas y un equipo del área de Chicago, la iglesia remodeló recientemente su santuario, creando más espacio para su almacén de distribución de alimentos. Además, en colaboración con los Ministerios Nazarenos de Compasión, se compraron estanterías de acero inoxidable y un refrigerador de gran capacidad.
La congregación también pudo comprar una camioneta que permite recoger y descargar los alimentos en el almacén, en lugar de que los voluntarios utilicen sus vehículos personales para hacerlo, lo que aumenta la facilidad y la eficiencia. “Con la personalización con letras (en la camioneta), el servicio está ganando una mayor visibilidad... dando testimonio de la presencia de la iglesia en el vecindario”, explicó el pastor Matteo.
Otro voluntario ha visto la oportunidad de

compartir su fe con la comunidad. “El buen testimonio que damos hace que algunas personas nos pregunten por qué participamos en este servicio”, dijo. “Se sienten fascinados por nuestra comunidad y, además, a través de otras reuniones, realmente conseguimos dar testimonio al vecindario”.
A medida que Dios sigue fortaleciendo y bendiciendo este ministerio, la iglesia espera ampliar su alcance. Gracias a la camioneta, ha aumentado su capacidad para recolectar y distribuir alimentos, y la iglesia espera poder atender a más personas cada semana, reduciendo el número de familias que actualmente están en lista de espera. El programa también espera fortalecer sus alianzas, colaborando con otros supermercados y organizaciones para garantizar un suministro de alimentos más constante y diverso.
Sin embargo, al final, el objetivo sigue siendo ser una presencia fiel en el vecindario y tener un impacto integral en la vida de quienes les rodean. El pastor Matteo dice: “Además de la distribución de alimentos, el programa tiene como objetivo dar a conocer la misión de la iglesia y fomentar conexiones más profundas con los vecinos, así como proporcionar apoyo espiritual y emocional a través de la comunidad”.


Comparta sus historias de compasión aquí
Por Purevtseren Khaltar, Coordinador de MNC para Mongolia

En Ulán Bator, donde las temperaturas invernales pueden descender hasta los -40°C, se reúne un tipo diferente de iglesia, una que no se define por su arquitectura, sino por su calidez, compasión y puertas abiertas. Los que la frecuentan la conocen cariñosamente como “la iglesia de los sin techo”.


Yno es una metáfora. La congregación está formada por hombres y mujeres que duermen en las calles, viven en túneles subterráneos con calefacción o se refugian en edificios abandonados. Sin embargo, cada semana, decenas de ellos se reúnen para adorar, comer, compartir y sanar.
Después de convertirse al cristianismo en 1993, un hombre mongol llamado Puje, ahora fundador y pastor de este ministerio único, comenzó a servir como líder de un grupo pequeño y miembro de la junta de la iglesia. Con el tiempo, sintió el llamado a servir a los más marginados. Durante diez años, ministró en prisiones, llevando el evangelio, aconsejando a los reclusos y defendiendo a aquellos que la sociedad había descartado. “Cuando se derrumbó el sistema comunista, nuestro país se enfrentó a una crisis. Las cárceles estaban superpobladas y carecían de recursos suficientes. La gente moría

de desnutrición y tuberculosis”, recuerda.
“Muchos presos liberados se encontraban sin hogar. Algunos no tenían familia a la cual volver. Otros estaban tan desesperados que no querían salir de la cárcel”, afirmó. “Vi a algunos reincidir solo para volver”. En 2010, alquiló un gran edificio y fundó una iglesia para exreclusos. Empezó con doce miembros. Pero pronto se fijó en otras personas que vivían en la calle, personas sin hogar que no habían salido de la prisión, pero que sufrían lo mismo. “Dios me volvió a romper el corazón”, dijo. “Me di cuenta de que también teníamos que servirles a ellos”.

Ulán Bator es la capital más fría del mundo, con inviernos brutales y una población sin hogar en aumento. Según un informe de 2018, había más de diez mil personas sin hogar en la ciudad, una cifra que probablemente haya aumentado debido a las dificultades económicas, los desastres naturales y el alcoholismo generalizado. La gente pobre de las zonas rurales suele


emigrar a la ciudad después de perder su ganado debido al clima severo, solo para encontrar oportunidades de trabajo limitadas y un costo de vida cada vez más alto. En este contexto, la iglesia de los sin techo se ha convertido en un santuario. Entre 50 y 70 personas, incluyendo a Puje y su familia, se reúnen todos los martes y viernes. Estudian la Biblia a través de las clases por correspondencia de Emaús, cantan canciones de adoración y reciben comidas calientes. También hay atención médica gratuita, cortes de cabello y ropa donada la mayor parte del tiempo. Para gestionar el creciente número de personas, se dividen en cuatro grupos. “Esta iglesia me salvó la vida”, dijo uno de los asistentes. “Llegué a la ciudad sin nada. Dormía en túneles subterráneos para mantenerme caliente. Era adicto al alcohol. Pero aquí encontré gente que no me juzgaba. Me dieron comida y me recordaron que sigo siendo un ser humano”. Puje trabaja intencionadamente con creyentes para que desempeñen diversas funciones: desde cocineros y limpiadores, hasta miembros del equipo de alabanza y evangelistas.
“Queremos que sepan que tienen valor, un propósito y dones que ofrecer”, explicó. “Esta es su iglesia”.
El servicio y el aprendizaje comunitario permite que los miembros de la iglesia recuerden el valor, la dignidad y la importancia que Dios les ha dado. El mensaje de esta iglesia es claro: Dios tiene buenos planes y propósitos para tu vida, y tú puedes vivir una vida que refleje ese propósito.
“Estuve sin hogar durante cinco años. Perdí a mi familia y vivía mendigando”, dijo una de las personas que forman parte de la iglesia. “Pero cuando vine aquí, me trataron como a una hermana. Ahora ayudo a cocinar durante el servicio. Incluso
canto en el equipo de adoración. Nunca pensé que podría volver a tener este tipo de vida”.
El trabajo de la iglesia de los sin techo no se reduce a simples reuniones semanales. Es un ministerio totalmente envolvente.
Los socios del ministerio llevan a los miembros a baños públicos y cubren los gastos. Regalan yurtas tradicionales mongolas a las familias gracias a donaciones. Ayudan a proporcionar mediación y reconciliación a personas con familiares distanciados, restaurando familias y trayendo sanidad. Y, cuando los fondos lo permiten, distribuyen comida y bebidas calientes en las calles.


Divididos en grupos para el estudio y el compañerismo, los miembros de la iglesia se apoyan mutuamente a través de la adoración, la oración y el servicio compartido.

Incluso las fiestas nacionales y los festivales se celebran juntos: la Navidad, la Pascua y los Días del Evangelio, se convierten en momentos de alegría para personas que sienten que la sociedad las ha olvidado hace tiempo. En los meses más fríos, muchas personas sin hogar buscan refugio en los conductos de calefacción subterráneos. ¡Pero es muy peligroso! Los sistemas están obsoletos —algunos datan de la década de 1950— y pueden tener fugas, provocar quemaduras o causar asfixia. El congelamiento es común, especialmente para quienes luchan contra el alcoholismo u otras adicciones. “Nuestro médico ha vendado innumerables heridas”, dijo Puje. “Hemos visto a personas perder dedos de las manos y los pies, incluso extremidades. Pero nunca las rechazamos. Cada cicatriz tiene una historia, y cada persona importa”.
La misión de la iglesia de los sin techo es clara: ayudar a las personas a recuperarse de la adicción, construir una comunidad espiritual y vivir una vida basada en los principios bíblicos. “La adicción no es solo un hábito, es una herida”, compartió el pastor. “Usamos la Palabra de Dios para sanar esas heridas”. Muchos de los miembros que antes eran personas sin hogar, ahora participan en la agricultura, la cosecha y otros trabajos significativos. Otros han regresado al campo, esta vez con esperanza y estabilidad. El sueño de este ministerio a largo plazo es tener un espacio permanente, un centro donde se pueda llevar a cabo el discipulado, el alojamiento, la rehabilitación y el desarrollo de habilidades bajo un mismo techo.


Por Brandon Sipes, Asesor de Crisis Humanitarias
Más de tres años después de que Rusia invadió Ucrania, la guerra continúa. Las noticias sobre violencia en los frentes, ataques con drones o maniobras políticas se han convertido en algo cotidiano.
Cuando se produce una invasión como esta, a menudo surge una esperanza temprana y sincera de que se alcance una solución rápida y se produzca una retirada inmediata de los ejércitos. Pero, a medida que pasa el tiempo, la esperanza puede ser cada vez más difícil de encontrar.
Para la Iglesia del Nazareno en Ucrania, el llamado a proclamar la esperanza y a servir a los más vulnerables sigue siendo el mismo.
Durante estos tres años, las iglesias han distribuido alimentos, proporcionado refugio, atendido a personas desplazadas por la guerra, ofrecido atención para traumas y salud mental, y han seguido anunciando las buenas nuevas—las buenas

nuevas de que Dios quiere que el mundo sea diferente, y de que algún día así será.
En abril, los pastores de cada una de las cinco iglesias activas, junto con otros líderes distritales y el superintendente de distrito, se reunieron en Kozyatyn para animarse mutuamente, evaluar la situación actual de la iglesia y visualizar el futuro. Juntos, hablaron sobre los desafíos que ha traído la guerra, la manera en que pueden continuar
sirviendo a sus comunidades y sobre cómo son formados al seguir a Jesús en medio de la violencia.
“El mayor desafío es responder a la pregunta ‘¿Dónde está Dios?’ que se hacen quienes han perdido sus hogares o seres queridos”, compartió Svetlana Kleschar, superintendente de distrito para Ucrania. “En tal caso, debemos tener especial cuidado al citar la Biblia. Al mismo tiempo, es necesario enfatizar el amor de Cristo. Esta guerra ha destrozado muchas familias. Uno de los desafíos es el gran número de divorcios en las familias, con niños que crecen sin padres y cuya educación a menudo se lleva a cabo en línea”.



Svetlana también reflexionó sobre cómo el evangelio nos habla en esta época: “Nuestra esperanza está en Jesús. La vida continúa incluso durante el conflicto. El Señor no nos abandona. Él nos da esperanza para el mañana. Creo que el concepto de sacrificio se vuelve más comprensible durante la guerra. Estamos agradecidos con nuestros defensores que nos protegen del enemigo en esta vida terrenal; cuánto más agradecidos debemos estar con el Señor que nos salva para la vida eterna. Esto no es el final, a pesar de todas las cargas que trae consigo la guerra”.
Para Serhii Akulenko, pastor de la iglesia Kiev Pozniaky y coordinador distrital de MNC en Ucrania, el camino pastoral comenzó de manera inesperada: “Me convertí en pastor por necesidad, simplemente porque no quedaba nadie más para hacerlo... Un desafío aún mayor era que no quedaban líderes espirituales maduros en la iglesia local, nadie que pudiera apoyar o guiar plenamente el ministerio. Al mismo tiempo, muchas personas que no conocían a Dios en absoluto comenzaron a venir a la iglesia en busca de ayuda... alrededor del 80% de las personas están en esa categoría”. Los que vienen suelen plantear preguntas difíciles y sinceras: “¿Por qué Dios permite que mueran civiles
inocentes? ¿Por qué permite que los más pequeños mueran dormidos por el impacto de un misil? ¿Por qué puede desaparecer toda una familia en una sola noche por el ataque de un dron contra su apartamento? Y estas son solo algunas de las centenas de preguntas que escuchamos. El mayor desafío es responder, mientras que al mismo tiempo damos testimonio de un Dios amoroso, un Dios que salva, que protege y que da esperanza”. Encuentra un gran consuelo al recordar que el propio Jesús conoció el sufrimiento: ”Algunos pueden creer erróneamente que Dios está lejos y que no comprende lo que estamos pasando. Pero cuando observamos detenidamente la vida de Jesucristo, vemos que él experimentó gran parte del



sabe lo que significa llevar una carga.
Eso significa que nos comprende profundamente. Él llora con nosotros. Y nos ofrece la esperanza de que este no es el final”.
En Kozyatyn, la pastora Irina describe el testimonio inquebrantable de la iglesia: "Ser fiel es mantener el rumbo y hacerlo con pasión... Desde el comienzo de la guerra, la iglesia se convirtió en el lugar donde la gente puede encontrar seguridad y estabilidad. No me refiero a la seguridad frente a los bombardeos con misiles, sino a la seguridad que Dios da”.
Su esperanza sigue anclada en la soberanía de Dios: ”Por supuesto que Dios me da esperanza... Tenemos que aceptar que será como Dios quiera que sea. Estamos aprendiendo esto. Es difícil y hay muchas cosas que no entendemos. Pero debemos mantener la esperanza. No podemos confiar en las personas. No ponemos nuestra confianza en nadie más que en Dios. Sabemos que Dios nos enviará a su gente”.
La guerra no ha terminado. La pérdida sigue siendo profunda. Sin embargo, a través de cada acto de compasión, cada oración elevada y cada palabra de esperanza pronunciada, la Iglesia del Nazareno en Ucrania sigue encarnando el amor de Cristo. Unámonos a ellos en oración constante, confiando en el Dios que no los ha abandonado y que sigue escribiendo la historia de la redención.







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Cómo una iglesia está reescribiendo la historia de Siloé
Por Nayara Silva, Coordinadora de Desarrollo Integral Infantil, para la Región América del Sur
Siloé es uno de los vecindarios más estigmatizados de la ciudad de Cali, Colombia. Se desarrolló como un vecindario para alojar a los trabajadores de las minas de carbón de la región. Conocido por su historia de violencia y pobreza, Siloé enfrentó conflictos entre grupos armados, y aun hoy carece de acceso a servicios públicos.
Amenudo descrito como «cerca del cielo» por sus vistas a las montañas, Siloé también alberga la Iglesia del Nazareno, nacida a raíz de la violencia que sufrió la familia del pastor local.
El pastor Steyner Pietro perdió a su hermano en esta comunidad cuando aún era un adolescente. El dolor del duelo lo llevó a rechazar el amor de Dios, pero, años más tarde, Dios utilizó ese momento de aflicción para llamarlo al ministerio pastoral. Steyner es ahora el pastor de la Iglesia del Nazareno en Siloé. “Ese momento fue muy doloroso para todos. Mi madre, mi padre, mi familia... Perder a mi hermano fue muy difícil para mí, porque era una persona muy especial; (pero a partir de esa pérdida) Dios me dio pasión por este vecindario”, dijo.
Después de un campamento juvenil, el pastor Steyner se reconcilió con Dios y decidió servir a su vecindario para evitar que otros jóvenes se convirtieran en víctimas de la violencia. Al principio, pensó que estudiar para ser policía era el camino a seguir. “Terminé la escuela secundaria y fui a hacer un curso de policía. Mi idea era: tengo que prepararme para ayudar; dentro de la institución policial, tendría la autoridad para ayudar a mi vecindario, a mi comunidad y a todo lo demás”, comentó.
Sin embargo, Dios lo llamó al ministerio. Hace dieciséis años, la iglesia comenzó con solo quince
personas. Desde el principio, sabían que además de compartir el mensaje de salvación, necesitaban servir a la comunidad y ayudar a transformar vidas. El trabajo comenzó en una casa y pronto se trasladó a un espacio alquilado que había sido utilizado durante más de veinte años como sitio de apuestas y escondite de contrabandistas. Dios transformó la historia de ese lugar y las vidas de las personas relacionadas con él. Inspirada por Mateo 9:36, la iglesia comenzó a servir desayunos a los niños del vecindario, y más tarde añadió el almuerzo. Aunque el grupo era pequeño, compartían lo que tenían. Pronto se unieron los vecinos, donando arroz, huevos y harina para hacer arepas, unas típicas tortitas colombianas de harina de maíz, que suelen prepararse a la plancha o fritas, y se disfrutan solas o rellenas de queso, carne u otros ingredientes.
El pastor Steyner ha sido testigo de la provisión de Dios una y otra vez. “Dios siempre actuó y nos ayudó de una forma u otra. Las personas de la iglesia que comenzaron a reunirse compartieron la visión entre ellas”, dijo.
El proyecto Feed My Sheep (Alimenta a mis ovejas) atiende a unos 40 niños de entre 9 y 13 años. Muchos pasan largas horas solos o al cuidado de familiares o hermanos. Dentro de la iglesia, encuentran un espacio seguro y acogedor donde se les acompaña, se les cuida y se les apoya académica y espiritualmente.


Los niños asisten a clases de literatura, ortografía y discipulado.

El año pasado estudiaron
Las crónicas de Narnia y representaron una obra de teatro para los padres y la comunidad, recibiendo diplomas por su participación. Este año están estudiando Pinocho, Proverbios y Salmos, explorando los valores de cada historia y las formas en que las Escrituras pueden moldear sus vidas.

Jesica Dorado es una de las maestras del programa y ha visto el impacto que el amor y el cuidado pueden tener en los niños. “Uno de los testimonios más hermosos fue el de un niño que, al principio, no saludaba a nadie”, explicó. “Venía de un entorno familiar muy complicado. Cuando llegó, estaba callado, se sentaba con los brazos cruzados, no hablaba y solo escuchaba la clase. No permitía que nadie le dijera nada”.
El cambio llega con la paciencia y el amor de Cristo. “Hoy, después de pasar bastante tiempo en el proyecto, ese mismo niño ha cambiado mucho. Ahora, cuando se va, se despide, abraza a los profesores y dice: ‘¡Profesor, muchas gracias!’. Estos pequeños gestos reflejan el gran impacto que el proyecto tiene en sus vidas”, afirmó.
“Transformers” es un proyecto que crea espacios para que los adolescentes y jóvenes adultos crezcan a imagen de Cristo. Alrededor de 80 jóvenes participan en el proyecto, que se reúne en lugares de toda la comunidad, desde aceras y hogares hasta campos de fútbol y el edificio de la iglesia.
Yuly Marian Cruz, una de las líderes, explicó: “Para abrir un nuevo punto, llevamos a cabo una campaña evangelística. Organizamos una actividad que llamamos ‘Sentarse a la mesa’, en la que invitamos a las personas a escuchar el evangelio y compartir un refrigerio, a menudo chocolate caliente”.
El ministerio también organiza torneos de fútbol y ofrece clases para padres, lo que ayuda a las familias a prosperar y hace que la comunidad imagine una nueva forma de vida. Para apoyar el desarrollo económico, la iglesia comenzó a ofrecer un curso de peluquería impartido de forma voluntaria por un barbero profesional. Ya ha habido dos generaciones, y está a punto de comenzar la tercera. Además de la formación técnica, los alumnos participan en devocionales para descubrir el propósito de Dios para sus vidas. Se han graduado unos 30 alumnos, algunos de los cuales han abierto sus propios negocios, mientras que otros trabajan desde casa o en peluquerías profesionales.
La guardería “El amor de Jesucristo” comenzó hace nueve años para ayudar a madres solteras jóvenes que necesitaban un servicio de cuidado infantil seguro, pero no podían pagarlo. Nelly Sogamoso es una de las fundadoras del proyecto y recuerda sus inicios. “Empezamos sin nada, solo con el espacio físico y el deseo de servir”.
El equipo llama a este proyecto como el “hogar infantil” donde los niños de uno a cuatro años reciben
“Todas las actividades están diseñadas para fortalecer su crecimiento y desarrollo general”.
cuidados, amor y protección como si fueran parte de una familia.
La profesora Janet Sánchez compartió: “Para mí, este trabajo significa mucho. Me dedico a ellos como si fueran mis propios hijos. Los cuido y me preocupo por ellos con todo mi corazón”.
Con el apoyo de Ministerios Nazarenos de Compasión, el proyecto ahora ofrece comidas nutritivas y un ambiente cálido y acogedor. La coordinadora, Marly Cerezo, y las maestras, Janet Sánchez, Nasly López y Gisela Parra, comparten un sueño común para el futuro.
“¿Por qué no duplicar el número de niños?”
Además de estos proyectos, la iglesia sirve alrededor de 150 almuerzos cada día laborable en su comedor comunitario.
La descripción de Siloé como «cerca del cielo» no solo se ajusta a su ubicación en la montaña, sino también a la forma en que los ministerios de la iglesia permiten a las personas experimentar la esperanza del cielo a través de actos tangibles de amor, trayendo la presencia de Dios a la vida cotidiana, aquí y ahora.

Relato y fotos proporcionados por la Región Eurasia

Para muchas familias iraquíes, el hogar ya no es un lugar seguro ni tranquilo. Años de conflicto han obligado a millones de personas a dejar atrás todo lo que conocieron: hogares, trabajos y comunidades que habían sido parte de sus vidas durante generaciones. Estas familias, desplazadas por la guerra y los conflictos, se encuentran en un nuevo país, no como visitantes, sino como personas que intentan reconstruir sus vidas desde cero.
En Jordania, nación que se ha convertido en refugio para muchos, las familias iraquíes luchan contra la incertidumbre y la pérdida. Esperan, a veces durante años, la oportunidad de reasentarse y empezar de nuevo. Pero, en medio de su espera, se desarrolla una historia silenciosa y poderosa,—una historia de fe, compasión y de la increíble fuerza de la comunidad.
En 2003, Irak era el hogar de aproximadamente 1.5 millones de cristianos; hoy en día, solo quedan unos 200,000. Los que se han ido siguen buscando mejores oportunidades en los países vecinos, siendo
Jordania uno de los principales destinos.
Se estima que 165,000 iraquíes residen actualmente en Jordania, una nación no más grande que el estado de Maine. Muchos se han establecido en Amán, la capital, mientras esperan la documentación adecuada para reasentarse de forma permanente en países como Australia, Canadá u otras naciones occidentales.
Una de estas comunidades en Amán, donde muchos iraquíes han decidido establecerse, se conoce como Gardens. Hace casi doce años, el pastor Zaki Kopti y su esposa, Fadia, comenzaron a visitar a estos recién llegados, ofreciéndoles hospitalidad

y compasión. A menudo escuchaban la misma frase mientras tomaban té y galletas: “Estamos perdiendo el tiempo aquí”. Su condición de refugiados les prohibía trabajar, lo que se sumaba a la abrumadora dificultad de tener que esperar indefinidamente, a veces durante años, para saber qué les depararía el futuro.Muchos de estos miembros de la comunidad que han sido
“Esta es nuestra oportunidad para mostrar el amor de Dios, no solo hablar de él. Es fácil hablar del amor, pero es mucho más difícil demostrarlo ”.
desplazados disfrutaban de negocios prósperos, y un alto porcentaje tiene un nivel educativo increíblemente alto. Antes podían mantener a sus familias y contribuir al desarrollo de sus comunidades. Sin embargo, ahora se encuentran sin nada que hacer.
Fadia, viendo la necesidad de algo más, sugirió: “¿Por qué no les enseñamos inglés?”. Dado que muchas personas desplazadas por el conflicto esperaban reasentarse en países de habla inglesa, la idea fue rápidamente aprobada y se envió un mensaje de texto anunciando la clase.
Los pastores Zaki y Fadia quedaron sorprendidos por la respuesta. “Nunca olvidaré ese número”, recuerda el pastor Zaki. “Fueron 178 (las personas que se inscribieron)”. Aunque lo vieron como un reto, también fue el comienzo de algo transformador.
DEL NAZARENO
GARDENS: UN CENTRO
COMUNITARIO DE ESPERANZA
El centro comunitario de la Iglesia del Nazareno Gardens surgió a raíz de este desafío. Con la ayuda de donantes y de los Ministerios Nazarenos de Compasión, se expandió a un espacio contiguo. Se reclutaron voluntarios y el centro se abrió a cualquier refugiado que quisiera enseñar o participar en actividades.
Con el tiempo, diversos programas comenzaron a tomar forma: clases de cocina, un salón de manicura que ofrece empleo y formación laboral, clases de nutrición, sesiones de entrenamiento personal, clases de informática y conferencias educativas. Una de las iniciativas más destacadas fue una guardería para niños con discapacidades que no eran aceptados en ningún otro sitio.
“Esta es nuestra oportunidad para mostrar el amor de Dios, y no solo hablar de Él”, dijo el pastor Zaki con una sonrisa. “Es fácil hablar del amor, pero es mucho más difícil demostrarlo”.
Su visión para el centro era clara: no solo predicar los domingos, sino demostrar el amor de Cristo a través de las acciones.
“Necesitan ver a Cristo en nosotros —su amor, sus misericordias, su gracia— cuando nos preocupamos por las personas, les mostramos amor y pasamos tiempo con ellas”.
El centro funciona de lunes a jueves, de nueve de la mañana a tres de la tarde, y cuenta con el apoyo

de cuatro dedicados miembros del personal: Marian, Lina, Ghassan y Omar. Lo más importante es que el centro ofrece un espacio seguro para aquellos que de otra manera nunca entrarían a una iglesia. A medida que surgen las necesidades y se forman amistades, se ofrecen oraciones y el centro se convierte en un lugar donde el amor de Dios se hace tangible.
Adel* y su hermano Rami* llegaron a la zona de Gardens desde el norte de Irak hace unos cuatro años. Después de conectarse con la iglesia, se acercaron al pastor Zaki ofreciéndose a servir. “¿Qué habilidades tienen?”, les preguntó el pastor. Adel y Rami respondieron que eran barberos expertos, y así, en colaboración con los Ministerios Nazarenos de Compasión, nació una nueva barbería en el centro comunitario de la iglesia.

Cada semana, Adel y Rami abren su local y ofrecen cortes de cabello gratuitos a más de 20 personas de diversas nacionalidades y religiones.
“Los cortes de cabello pueden resultar caros para los refugiados, por lo que cortarse el pelo de forma gratuita es una gran bendición”, afirma el pastor Zaki.
Además de ofrecer un servicio muy necesario, Adel y Rami han comenzado a enseñar a otros el arte de la barbería. Barberos de Egipto, Siria y Sudán han sido traídos para enseñar el oficio, lo que aumenta la confianza de los alumnos en sí mismos. Estas habilidades ayudarán a los refugiados a conseguir empleo una vez que se reasienten, lo que les proporcionará un activo inestimable para reconstruir sus vidas.
“Hace dos años, el pastor Zaki nos invitó a prestar este servicio, y muchas personas se han beneficiado de él”, dijo Adel. “Nos sentimos muy honrados de ofrecer este servicio y de poder devolver algo a la sociedad. Ayudar a los demás nos aporta muchas satisfacciones. Nos hemos acercado más al Señor y hemos aprendido mucho más a través de nuestros estudios bíblicos de discipulado. Es maravilloso tener la oportunidad de servir”.

Lo que comenzó como un simple acto de dar la bienvenida a personas a un edificio de la iglesia — personas obligadas a huir de todo lo que conocían, experimentando una nueva ciudad por primera vez— se ha convertido en un ministerio completo que no solo atiende las necesidades espirituales de los desplazados por la guerra, sino que también aborda sus necesidades prácticas.
El centro comunitario de la Iglesia del Nazareno Gardens es un faro de esperanza para las familias refugiadas que han perdido tanto. A través del amor, la gracia y el servicio ofrecidos por el pastor Zaki, Fadia y el resto del equipo, no solo están ofreciendo un refugio temporal, sino que están ayudando a reconstruir vidas, un corte de cabello, una lección y un acto de servicio a la vez.
*Los nombres han sido cambiados por motivos de seguridad.


Tú escuchas los gritos de los oprimidos, sanas a los quebrantados de corazón y liberas a los cautivos. Presentamos ante ti al pueblo de la República Democrática del Congo, Ucrania, Sudán, Oriente Medio, Myanmar y de todos los lugares donde los conflictos han robado la paz, donde el miedo oscurece la vida cotidiana y donde los más vulnerables sufren gran dolor.
Oramos por los niños y las familias que han conocido más los disparos que las risas; que han perdido sus hogares, a sus familiares o la oportunidad de vivir, trabajar y jugar sin miedo. Rodéalos de seguridad. Provéeles alimento, refugio, educación y la garantía de tu profundo amor. Moldea tu iglesia para que, en su espacio y con sus personas, los más vulnerables sean acogidos, protegidos y empoderados. Haz que nuestra fe cobre vida en el amor que actúa. Mueve a tu pueblo a responder, no solo con palabras, sino con manos dispuestas a servir, recursos dispuestos a compartir y voces dispuestas a hablar por la justicia. Que la iglesia sea una luz en la oscuridad, proclamando a Cristo como Señor a través de la compasión inquebrantable, tanto por los vecinos como por los enemigos.
Donde el odio ha echado raíces, planta semillas de reconciliación. Donde la violencia ha destrozado comunidades, levanta pacificadores. Donde la desesperación se ha instalado, renueva la esperanza a través de tu Espíritu. Fortalece a todos los que llevan cargas pesadas por los desplazados, los hambrientos, los heridos y los afligidos. Esperamos con ansias el día en que las espadas se conviertan en arados, en que los niños y las familias prosperen en la seguridad de sus comunidades, y en que tu paz cubra la tierra. Hasta entonces, haznos fieles para amarte con todo nuestro corazón y trabajar por lo que es justo en el mundo.
En el nombre de Jesucristo, nuestra paz,





JOURNEY TO THE COMMON GOOD (VIAJE HACIA EL BIEN COMÚN) por Walter Brueggemann
Journey to the Common Good, por Walter Brueggemann, explora cómo las historias bíblicas —especialmente las del Éxodo, Jeremías e Isaías— invitan al pueblo de Dios a pasar de sistemas de escasez e interés propio a comunidades moldeadas por la generosidad, la justicia y la compasión.
ESTE SANTO LLAMADO: SABIDURÍA DIARIA DE MUJERES EN EL MINISTERIO
(THIS HOLY CALLING: DAILY WISDOM FROM WOMEN IN MINISTRY)
“Este santo llamado: sabiduría diaria de mujeres en el ministerio” (This Holy Calling: Daily Wisdom from Women in Ministry ), es una colección devocional que reúne reflexiones, oraciones y perspectivas de mujeres que sirven en diversos contextos ministeriales. Cada entrada diaria ofrece aliento, sabiduría e inspiración, ayudando a los lectores a obtener fortaleza de las experiencias vividas por mujeres que siguen fielmente el llamado de Dios.
ESTUDIOS BÍBLICOS SOBRE EL CARÁCTER DE DIOS, POR PROYECTO BIBLIA
Esta serie profundiza en Éxodo 34:6-7, explorando lo que significa que Dios sea compasivo, misericordioso, lento para la ira, fiel y rebosante de amor leal.
Véalo aquí: www.bibleproject.com

"LA BELLEZA COMO DESORDEN "(BEAUTY AS DISORDER), EL PODCAST ECOCRISTIANO CON DEIRDRE BROWER-LATZ.
Deirdre Brower-Latz y Caleb Haynes reflexionan sobre el cuidado de la creación y muestran cómo la belleza y el desorden nos invitan a honrar el diseño de Dios. Basándose en la agricultura y el ministerio, Brower-Latz explora la mayordomía, el shalom y la vida con la creación.
Disponible en Apple podcasts
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construye una forma radical de crítica,
Ya
que anuncia que el daño debe tomarse en serio, QUE
EL DAÑO
NO DEBE
ACEPTARSE como algo normal y natural, sino como una condición anormal e inaceptable para la humanidad.


–– De La Imaginación Profética por Walter Brueggemann


. . . la labor de reconciliación no puede limitarse a intervenciones ocasionales durante los conflictos, sino que debe abarcar los patrones de la vida cotidiana. La reconciliación busca dotar a las prácticas de la vida cotidiana de un florecimiento que refleje más fielmente el plan de Dios de reconciliar todas las cosas en Cristo. Por supuesto, las formas concretas que adopta la lucha por el florecimiento humano varían en función de la historia y las necesidades de cada lugar. Para discernir estas cosas, tenemos que estar ahí.
Lo que estamos diciendo es que la encarnación fundamenta el ministerio de la reconciliación de tal manera que aprendemos a leer la historia, la geografía y las necesidades de un lugar. Al hacerlo en el contexto de la historia de Dios, nuestra imaginación se moldea para ver cómo podrían materializarse sus promesas en nuestros propios vecindarios. Sin la historia de Dios que señala la encarnación como modelo y patrón de la vida cristiana, nunca podremos desarrollar la paciencia ni las habilidades necesarias para el largo camino del viaje cristiano hacia la reconciliación”.
Un extracto de "Reconciliar todas las cosas: una visión cristiana de la justicia, la paz y la sanidad" ( Reconciling All things: A Christian Vision for Justice, Peace and Healing ), por Emmanuel Katongole y Chris Rice.

NAZARENOS DE COMPASIÓN
Iglesia del Nazareno 17001 Prairie Star Pkwy Lenexa, KS 66220
(800) 310-6362 info@ncm.org
