Camino a la ciudadanía
Una historia de fe, pérdida y perseverancia hasta alcanzar la ciudadanía estadounidense.
Durante décadas, María Martínez vivió con el mismo temor que hoy acompaña a miles de familias inmigrantes: el miedo a ser detenida, a ser separada de sus hijos y a ver truncado el futuro por el que tanto había luchado. Sin embargo, después de años marcados por sacrifcios, pérdidas profundas y una lucha constante por salir adelante, hoy puede contar su historia desde otro lugar: el de una mujer que logró convertirse en ciudadana estadounidense y que ahora comparte su testimonio como un mensaje de esperanza para la comunidad.
Originaria de José Isabel Robles, Durango, María llegó a Estados Unidos en 1986, hace aproximadamente 40 años. Recuerda que en ese entonces el ambiente para los inmigrantes era muy parecido al que se vive actualmente: miedo, incertidumbre y la necesidad de vivir con cautela. Su esposo, quien ya había obtenido la residencia, fue quien la ayudó a venir al país y a comenzar el proceso migratorio para ella y sus hijos.
“Estábamos viviendo la misma historia de ahorita, con miedo, escondiéndonos, asustados”, relató. Aquellos primeros años en Oklahoma estuvieron marcados por la tensión constante. María recuerda una época en la que la comunidad hispana era mucho más pequeña, con pocos espacios en español y con una presencia migratoria que obligaba a muchos a correr y esconderse. Incluso cuenta que en una ocasión, mientras trabajaba en
una lavandería, al escuchar que “ahí venía la migra”, corrió a esconderse dentro de una secadora.
examen de ciudadanía.
Aunque esas memorias hoy las comparte con una sonrisa, reconoce que fueron años difíciles. Aun así, decidió quedarse. Su esposo ya tenía un estatus migratorio y sus trámites estaban en proceso, por lo que apostó por mantenerse frme y construir una vida junto a su familia.
Pero el camino estuvo lejos de ser sencillo. Con el paso de los años, María enfrentó una de las pruebas más dolorosas de su vida: la muerte de su esposo en un accidente en el que también viajaban otros familiares. Más adelante, también sufrió la pérdida de una de sus hijas, quien fue sepultada en este país. Lejos de derrumbarla por completo, esas experiencias se convirtieron en una fuerza interior que la empujó a seguir.
“Eso me dio más fuerza para decir: yo voy a poder, yo me voy a quedar aquí”, expresó. Su motivación, dice, siempre han sido sus hijos. Pensar en ellos, en su futuro y en el deseo de mantener unida a su familia fue lo que la sostuvo durante los momentos más duros.
Con el paso del tiempo, y ante el panorama actual en torno a inmigración, María tomó una decisión que por años había postergado: hacerse ciudadana. Reconoce que el miedo, los nervios y la inseguridad la hicieron dudar muchas veces, pero fnalmente encontró apoyo en el Centro Educativo Los Santos Ángeles, donde recibió clases de preparación para el
Allí, cuenta, no solo aprendió las preguntas y respuestas necesarias para su examen, sino que también encontró una comunidad que la acompañó en el proceso. “No éramos extraños, éramos una familia, participar del programa en el Centro Educativo Los Santos Ángeles fue lo mejor”, dijo al recordar el apoyo de sus maestros, en especial de la maestra Angélica Villalobos, a quien agradece profundamente por haberla ayudado a creer que sí podía lograrlo.
María tomó varios cursos antes de sentirse lista. Hubo momentos en que pensó que no podría memorizar la información o que los nervios la traicionarían. Sin embargo, persistió. Practicó intensamente durante semanas y, cuando fnalmente llegó el día de presentarse ante inmigración, decidió confar en sí misma.
“Cuando estaba sentada frente a la ofcial, me sentí con mucha confanza y dije: lo voy a hacer. Y lo hice”, recordó con orgullo.
Hace apenas unos días, María vivió uno de los momentos más signifcativos de su vida: su ceremonia de naturalización. La describe como una experiencia profundamente emotiva, no solo por lo que signifcaba en lo personal, sino por compartirla con personas de distintos países que, como ella, habían luchado por llegar hasta ese momento. “Me siento muy orgullosa y feliz, porque logré mi sueño
americano”, afrmó. Pero para María, ese “sueño americano” no se resume en un papel. Se refeja en la posibilidad de haber sacado adelante a sus hijos, de verlos convertidos en ciudadanos, de disfrutar a sus nietos y bisnietos, y de mirar una comunidad hispana que ha crecido, se ha fortalecido y hoy tiene una presencia mucho más visible en Oklahoma.
Su historia también es un mensaje para quienes todavía viven con temor o postergan decisiones importantes sobre su estatus migratorio. María anima a la comunidad a no dejar pasar las oportunidades, a no rendirse por miedo y a actuar cuando se presenta la posibilidad de avanzar.
“Siempre uno dice: ‘¿y si no puedo?’. Pero hay que decir: ‘¿y si sí?’”, expresó.
En tiempos en que muchas familias vuelven a sentir la angustia de redadas, operativos y discursos que generan incertidumbre, la historia de María Martínez cobra un valor especial. Su testimonio no borra el dolor ni las difcultades que ha vivido, pero sí confrma que, aun en medio del miedo, la pérdida y los obstáculos, es posible seguir adelante, aferrarse a la esperanza y construir un futuro para las nuevas generaciones.
JOSUE VICTOR
RODRIGO JAIME
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