

ABRIL 2026 Nº349 mondosonoro.com
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ABRIL 2026 Nº349 mondosonoro.com

El sol primaveral del abril invita al encuentro y en esta ocasión llega por partida doble. De un lado la décima edición de la MUM de Mérida del 15 al 17 con su habitual programa de showcases, charlas y encuentros de profesionales. De otro una nueva cita, Spain on Stage, que del 20 al 22 reunirá entre Cádiz y el Puerto Sta María a programadores de toda Europa para promocionar la música de raíz y el folclore de nuestro país. Este mes nos vamos de feria.
La décima edición de la MUM (Muestra de Música de Extremadura) volverá a convertir Mérida en punto neurálgico del sector entre el 15 y el 17 de abril. Concebida como un espacio de encuentro entre artistas y profesionales, la cita combina showcases, formación y networking en un formato ya consolidado. Escenarios patrimoniales como el Templo de Diana o el Teatro María Luisa acogerán actuaciones de perfiles diversos, desde propuestas emergentes hasta nombres ya
asentados como Chloé Bird, Gilipojazz, Carmencita Calavera, Juventude o Canastéreo. A ello se suman talleres especializados, mesas de debate sobre internacionalización y encuentros B2B que refuerzan su dimensión como mercado y plataforma de proyección. Como novedad, la MUM abre este año una nueva vía hacia el futuro con Youth MUM, una jornada previa (11 de abril) centrada en el impulso del talento joven extremeño. Concebida como un espacio formativo y experiencial, combinará encuentros con profe-
sionales, un taller de puesta en escena y showcases de artistas no profesionales, facilitando su primer contacto con la industria. Apenas unos días después, del 20 al 22 de abril, Spain On Stage tomará el relevo entre El Puerto de Santa María y Cádiz con una clara vocación exterior. Impulsado por el Ministerio de Cultura y en colaboración con Monkey Week, el evento busca posicionar la música de raíz española en circuitos internacionales. Para ello reunirá a programadores, bookers y agentes europeos en un entorno de intercambio profesional que se articulará en torno a showcases, sesiones de networking y reuniones estratégicas, con nombres como Rocío Márquez, Ángeles Toledano o Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Por supuesto MondoSonoro estará en ambas citas dando buena cuenta de ellas. MS



Diez años dan para mucho. Pero, sobre todo, la MUM ha servido para propiciar que artistas y profesionales extremeños y extremeñas, muchos de ellos obligados a mirar hacia las grandes capitales en busca de oportunidades, pudieran pegar su particular revolá y encontrar la certeza de que también era posible construir una carrera desde su propia tierra. La MUM ha sido, desde sus inicios, uno de esos espacios necesarios: un punto de encuentro donde lo artístico y lo profesional conviven sin jerarquías, con la cercanía como lenguaje común.
MondoSonoro ha estado presente en las Jornadas Profesionales de la Música en Extremadura desde aquellas primeras ediciones en Villafranca de los Barros, donde fuimos todos a ponernos caras y donde se creó ese molde de cerámica todavía frágil que hoy, ya en Mérida, se levanta como un foro sólido de encuentro. Lo que entonces era casi una intuición compartida es ahora una realidad consolidada, capaz de reunir a buena parte del sector sin perder su esencia.
En tierra de descubridores, no cabía duda de que la MUM iba a convertirse en ese aliado que, desde nuestra edición del Sur, nos acercara al talento que sabíamos que la escena extremeña guardaba. Y MUM: aparecieron en el Templo de Diana nombres como Sanguijuelas del Guadiana, confirmando que aquello no era solo una corazonada.
Porque si algo define a la MUM no son solo sus showcases o sus mesas de debate, sino todo lo que ocurre entre medias: los descubrimientos, los reencuentros, las conversaciones que abren caminos. Mérida se ha convertido en ese lugar donde la industria se detiene, escucha y conecta.
Celebrar esta décima edición es también celebrar una forma de hacer las cosas. Y, en ese camino, siempre nos hemos sentido parte de ella. Mérida Mon AMum. MS



ese territorio difuso, el grupo encuentra su lugar sin necesidad de elevar la voz más de lo necesario.
Musicalmente, Espejismo nº9 también funciona como síntesis. Hay espacio para la electricidad y para la melodía luminosa, como en “No tiene sentido escapar”, un tema que remite a referencias compartidas como The Jayhawks, pero que se sostiene sobre un mapa mucho más amplio: “Blues, soul, rock, psicodelia, garaje, punk… todo eso está ahí esperando para surgir en un arreglo”, explican. No hay ruptura generacional, porque, como apuntan, muchas bandas actuales “han bebido de las mismas referencias”.
“Nosotros vamos cambiando, pero los discos se quedan como testigos inmutables del paso del tiempo”
Hay discos que miran hacia atrás y otros que se enfrentan al presente sin red. Espejismo nº9 (Universal, 2026) pertenece claramente a los segundos. 091 no han regresado para recrearse en su leyenda, sino para reafirmar una forma de entender la música que sigue viva, incómoda y necesaria.
Granada sigue siendo el eje, pero no como un recurso estético sino como un territorio vital. José Ignacio Lapido lo deja claro cuando afirma que ellos no podrían cantar “tierra soñada”, sino “tierra vivida”, porque “cuando uno lleva viviendo más de sesenta años en la misma ciudad se crea un lazo indestructible”. No hay impostura ni reconstrucción: hay biografía.
Ese anclaje no implica nostalgia. Al contrario, el grupo insiste en la necesidad de avanzar. “No renegamos del pasado, pero tampoco queremos vivir de él”, señalan, reivindicando un presente construido sin mirar atrás. Incluso cuando aparece la metáfora del desguace, Lapido la reinterpreta como un espacio simbólico donde recuperar emociones útiles para el ahora, no reliquias. El corazón del disco son las canciones. No hay artificio que pueda sostener lo contrario. “Si no hay buenos temas no hay nada”, sentencia Tacho González, que no duda en
afirmar que “las canciones de este disco son incontestables”. Una declaración de intenciones que encuentra respaldo en la producción de Raúl Bernal, decisiva para depurar el discurso y llevar al grupo “al hueso de las canciones”.
En ese proceso, 091 afinan su mirada sobre el presente. Las letras se pueblan de personajes concretos, de historias fragmentadas que funcionan como espejo colectivo. Lapido habla de “gente que vive en los límites”, mientras la banda reconoce el contexto en el que nacen estas canciones: “Vivimos unos tiempos donde la mentira se ha convertido en verdad”.
La pregunta inevitable es cómo cantar ese mundo desde la vieja escuela. La respuesta no busca efectismos. Lapido recurre al estoicismo: “Con estoicismo, como Marco Aurelio nos enseñó”. Una idea que se completa con la sensación de desconcierto que describe Tacho: “Hemos llegado a un punto en que realidad y ficción son indistinguibles”. En
El tiempo, uno de los temas recurrentes en la trayectoria de 091, atraviesa el disco de forma inevitable. Lapido lo formula con claridad: “Nosotros vamos cambiando, pero los discos se quedan como testigos inmutables del paso del tiempo”. Una frase que resume no solo el espíritu del álbum, sino también la posición del grupo frente a su propia historia.
La imagen del disco, firmada por Miguel Navia, refuerza esa sensación de mundo en tensión. Una ciudad colapsada, en claroscuro, donde la belleza convive con la amenaza. Un escenario coherente con la lectura que hace la banda del momento actual. “Nuestras letras más pesimistas se han convertido en un retrato muy actual”, reconocen, señalando un contexto donde la distopía ya no parece una exageración. Y, sin embargo, no hay derrota. Hay vigilancia. Hay conciencia. Hay una forma de estar en el mundo que no pasa por la huida. “El mundo está al revés, hay demasiados locos con mucho poder”, afirman, pero lo hacen desde un lugar que no renuncia a la lucidez.
Quizá por eso, Espejismo nº9 no es un disco sobre el pasado ni sobre el futuro, sino sobre ese punto exacto en el que ambos se cruzan. Un lugar incómodo, pero necesario. Un lugar donde, como sugiere la propia banda, conviene seguir mirando con atención.
Porque, al final, la revelación es tan simple como inquietante: “Hoy en día no es difícil ver al mismísimo Diablo campando a sus anchas por el mundo”.
Y lo hace, además, “con un palo de golf en vez de tridente” ARTURO GARCÍA



“Cuando estás en tu mierda, pues ahí es cuando tienes que sacarlo”
Fausto Taranto regresan con Ruina, amor y navaja, un disco marcado por seis años de cambios y tormentas personales. Un trabajo visceral y sin concesiones que transforma la inestabilidad en motor creativo. La banda reafirma su identidad al margen de tendencias, fiel a su mezcla única sin etiquetas.
Fausto Taranto no navegan hacia aguas tranquilas en Ruina, amor y navaja. Su nuevo disco surge directamente de la tormenta, de un periodo largo de inestabilidad personal y emocional que, según explican, no fue tanto buscado como inevitable. Tras casi seis años desde La reina de las fatigas, reconocen haber atravesado “unos cuatro años y pico de bastantes nubarrones mentales”, un tiempo en el que escribir se convirtió más en una necesidad que en una elección. “Cuando estás en tu mierda pues ahí es cuando tienes que sacarlo”, confiesan. Ese proceso, vivido primero desde la rabia y después desde la distancia, ha permitido construir un disco que funciona casi como un cuaderno de bitácora emocional. No todo está escrito en caliente: algunas canciones nacen desde la herida abierta, mientras que otras se han terminado de entender con el paso del tiempo y la perspectiva. Esa dualidad atraviesa todo el álbum. En paralelo, el contexto musical ha cambiado. Durante ese silencio, ha emergido una nueva escena que mezcla tradición andaluza con otros lenguajes contemporáneos. Sin embargo, Fausto Taranto no terminan de reconocerse dentro de esa etiqueta. “No estamos dentro de ese territorio”, afirman, reivindicando que su camino viene de
mucho antes. De hecho, recuerdan cómo desde el inicio se les intentó encasillar: “La gente nos quería meter en el rock andaluz, pero somos mucho más brutos que el rock andaluz. Digamos que dimos un paso más arriesgado” Aunque ahora esa fusión sea tendencia, ellos ya estaban ahí, explorando esos márgenes cuando aún no había una escena definida. Eso sí, sin necesidad de subrayarlo: “Nosotros no tenemos que reivindicar lo andaluz pero está ahí en nuestra manera de cantar, de componer, de ser”. Esa relación con la tradición tampoco responde a una estrategia. No hay voluntad de imponer elementos identitarios, sino de dejar que las canciones los pidan. “No lo forzamos… si la canción lo pide, vamos más a lo tradicional… pero no porque queramos meterlo con embudo”, explican, dejando claro que su aproximación es orgánica y no discursiva. En este disco, de hecho, conviven temas más hondos con otros que se alejan completamente de ese registro. El arranque con Misa Negra funciona casi como una declaración de intenciones. La banda concibe el disco con cierto sentido narrativo, abriendo con una especie de invocación que presenta al propio Fausto Taranto como personaje. Una mitología propia en la que conviven referencias literarias, flamencas y me-
taleras. A nivel compositivo, el grupo sigue fiel a su forma de trabajar: estructuras abiertas, canciones que mutan y crecen, y un rechazo frontal a los formatos prefijados. Esa voluntad de romper expectativas también se traduce en el sonido. Temas como El color de tu sangre introducen registros inesperados que incluso han desconcertado a parte del público. Pero lejos de verlo como un problema, lo asumen como parte del juego, ofrecer algo nuevo, incluso a riesgo de generar rechazo. “Hemos hecho un disco para que nos critiquen”, dicen con ironía. Entre todos los cortes, Peleé ocupa un lugar especial por esa llamada a lucha por aquello en lo que crees, muy en le discurso de Fausto Taranto y de Ihmaele en particular, y porque cuenta con la colaboración de Miguel Campello, a quien Ihmaele considera un referente. La emoción al recibir su aportación fue inmediata: “Yo estaba llorando… al escuchar una canción mía con Migue a quien he seguido siempre. Es el mayor regalo que me ha dado el disco”, recuerda, destacando la autenticidad de una colaboración que surge desde la afinidad real y no desde el cálculo. En el fondo, todo el disco responde a esa misma lógica: autenticidad, riesgo y una negativa constante a adaptarse a lo que se espera de ellos. ARTURO GARCÍA

“Gelu se conecta con Carmencita Calavera o Lola Índigo. Tenemos que reivindicar los revelarlosantecedentes, y ponerlos en su sitio”.

El veterano periodista musical Juan Jesús García publica Zapatos de piel de caimán, la memoria de la Granada musical de la segunda mitad del siglo XX. Un libro esencial e infinito, porque solo él atesora toda esta información que alumbrará a generaciones futuras. Está casi todo: desde 1957, cuando llega la primera guitarra eléctrica a la ciudad, hasta el año 2000.
Un documento impagable. El patriarca del periodismo musical en Granada, Juan Jesús García, reúne cuatro décadas de investigación y trabajo al pie del cañón en Zapatos de piel de caimán. El subtítulo ahonda en detalles: Historias de música y músicos en Granada. 1957-2000. Desde el rocambolesco episodio de la llegada de la primera guitarra eléctrica a la ciudad hasta el efervescente final del siglo XX, el libro nace con vocación de perpetuidad. Un saber infinito que solo atesora “Juanje”. Condensar miles de referencias —incluso más allá del pop y del rock— en más de 550 páginas, en un robusto formato de tapa dura que emula un EP de diez pulgadas, ha sido un auténtico milagro. Si Joe Strummer se refirió a Jesús Arias como “el hombre de las ocho direcciones”, de Juan Jesús García se podría decir que es el periodista que apunta hacia todos los lados.
En alguna ocasión apunté que seguramente eres el periodista musical con más piezas publicadas de este país. Pura aritmética de periódico diario. ¿Te ha dolido dejar material fuera?
Lo primero pudiera ser cierto. No lo he contado, al menos en las décadas en las que la música era considerada parte importante de las secciones de Cultura. No es el caso actualmente. El original tenía unas 200 páginas más, pero hubiera sido inviable, así que tuve que comprimir. Sí, hay un paseo por la zona fronteriza entre rock y flamenco; quizá, el flamenco debiera haber estado en el libro, pero me siento muy ajeno a ese género y, por respeto, no estoy capacitado para escribir sobre ello. Y es un tema que sigue pendiente de relato en Granada... Ahí lo dejo para quien lo recoja.
Conoces el chascarrillo: “La única ciudad que entierra sus ríos y mata a sus poetas”. ¿Te ha sorprendido la elogiosa y efusiva acogida?
Mentiría si digo que no (carcajada). Estaba en
modo tortuga, por si acaso (risas), que Granada es mucho Granada y Caín seguro que fue de por aquí (más risas). Pero todo lo contrario: las críticas que ha habido, casi siempre con razón por errores, confusiones o ausencias, han sido muy respetuosas y hasta cariñosas. Estoy muy agradecido, por no decir abrumado, por las toneladas de afecto que he recibido.
La presentación en Granada tuvo lugar en el Teatro Municipal del barrio del Zaidín, que lleva un nombre tan sugerente en esta historia como el de Isidro Olgoso. Llenaste la mesa de músicos de los sesenta y, sobre todo, de la generación en la sombra de los setenta. De allí, solo Lapido, Antonio Arias y Nani Castañeda han gozado del reconociendo posterior de la escena. ¿Se sigue realizando una lectura desigual de la historia del pop y el rock en Granada?
No creo que sea un lectura desequilibrada. Es ley de vida que siempre lo contemporáneo parezca más relevante que lo olvidado, en muchos casos por desconocido. Los que pensamos que no existen los saltos generacionales sino que todo es un continuo, que Gelu se conecta con Carmencita Calavera o Lola Índigo, tenemos que reivindicar los antecedentes, revelarlos y ponerlos en su sitio. Esa está siendo la función del libro: descubrir a muchas personas que Granada ha tenido varias edades de oro en su música, y así me lo han hecho saber muchos lectores. ¡Ha habido quien se ha enterado por el libro de facetas que ignoraba de sus propios padres! (carcajea).
En su prólogo, Antonio Muñoz Molina observa con ojos de los ochenta una “nueva ciudad que nunca llegará a despertar del todo de su letargo”. Yo, en cambio, veo ahora mismo un panorama absolutamente reverdecido. ¿Ha mejorado la cosa en el siglo XXI? Sí, estoy completamente de acuerdo. En los ochenta estábamos aún en plena Transición. ¿Hay que recordar el 23F? Con posterioridad
El 25 de abril, Juan Jesús García estará en la Feria del Libro de Granada en un encuentro que reúne a autores de literatura musical vinculados a la escena local.
La particular enciclopedia de la música granadina de Juan Jesús García tendrá protagonismo este mes en la Feria del Libro de Granada. El próximo 25 de abril, a las 18:30 horas, el Centro Federico García Lorca acogerá un encuentro de autores de esta tierra que en algún momento han cultivado la literatura musical. Será el caso de Fernando Díaz de la Guardia, biógrafo de Los Ángeles, Eduardo Cruz, que recrea la escena de mediados de los setenta en Al coche, que nos vamos (día a día de una orquesta de baile), Alfonso Méndez, responsable de De viaje por Los Planetas, o Juanjo Ibáñez, que narra la historia de Niños Mutantes en Las noches de insomnio. La charla estará moderada por la periodista de Canal Sur Susana Escudero

hay muchas más posibilidades, más circuito, más profesionalidad, y sobre todo otro talante, corporativo y colaborativo. Un “todos para uno” muy estimulante, que tiene un buen ejemplo en el disco “El ombligo del mundo”. En las músicas urbanas, que se mueven en otros parámetros, sucede lo mismo.
El escenario con instrumentos de la portada es del Lemon Rock. Un guiño al “En directo” (1981) de Leño. Y supongo que también a tu origen madrileño. Siempre estás en todo, en una ciudad que ofrece unos 200 conciertos al mes. ¿Cuánto hay de compromiso ético con el oficio y cuánto de vicio de melómano curioso? Ya es por inercia (más risas). Me quedo con la primera opción. Actualmente la curiosidad melómana la puedes satisfacer sin moverte de tu mesa de trabajo o llevarla en tu móvil. Pero sí que hay algo de obligación moral de sacar a la luz lo que ocurre en Granada fuera de los grandes números, de los palacios y festivales. Esa es la sal de la música, tenerla a un metro, y Granada es un vivero de nuevas aventuras. Tú lo has dicho, hay 200 conciertos al mes y, como reconté para un reportaje, sale un álbum o EP cada cinco días. ¡Uf! EDUARDO TÉBAR
InfORmAcIón y vEnTA: lolalibrosgranada@ gmail.com


Con una propuesta tan radical como hipnótica, Kamer Twee debutan con un ejercicio de minimalismo oscuro y pulsión experimental que las sitúa en los márgenes más estimulantes de la escena murciana.
Kamer Twee son MJ Climent (Los Alambres) al bajo y Ana Lana (Listas Futuristas) a la batería. Ambas se encargan también de las voces, alternando entre canto, gritos y ecos de otro tiempo para construir una propuesta sonora intensa y poco convencional, con un aire solemne, lento y meditativo. Hace unos días presentaron su disco de debut; sin duda, uno de los más atrevidos e ilusionantes que ha salido de Murcia en los últimos tiempos.
“En esta ciudad es fácil que cualquier proyecto sea ilusionante, porque hay redes de buenos amigos en el mundo de la música y es por eso que se genera esta fuerza colectiva que apoya cualquier propuesta que sea diferente, como si de un reto u objetivo común se tratara. Estamos aprendiendo mucho de los amigos y las personas que vamos encontrando y que nos van acompañando en nuestro desarrollo”.
Su música se articula sobre estructuras repetitivas de base rítmica minimalista y primitiva, a las que se suman atmósferas densas y letras en latín. El resultado es un
“La idea de jugar con el concepto del casete viene de esa parte fantasmal y de añoranza hauntológica de nuestra música”.
sonido que puede situarse en los márgenes del postpunk, con un marcado toque retrofuturista. Únicas, pero no “perras verdes”. “Nos sentimos más invisibles que otra cosa, en realidad. Entendemos las peculiaridades de nuestro proyecto y suponemos que por ello muchos programadores de la Región no nos tienen en cuenta. Quizá no sea una casualidad que, de momento, solo hayamos tocado en espacios autogestionados como Rancho Rosa o Lonja Negra, o en eventos, como el Ruidismo de Bullas, donde la prioridad no es llegar al público generalista. No es algo intencionado o voluntario, hacemos lo que nos gusta y emociona y si ello implica pertenecer a la nación subterránea o escena underground, allá vamos. Un poco rarunas sí que somos. Pero es que somos cuarentonas, no es nuestro primer proyecto musical y es por eso que ahora podemos hacer lo que nos dé la gana”. Y eso es lo que hicieron, precisamente, para presentar su disco de forma oficial (ya estaba en plataformas digitales): una casete sin cinta dentro, pero con un fanzine y unos códigos de descarga para las cancio-
nes. Ellas lo llaman No-Tape, término que no puede ser más acertado. “Se trata de un cuestionamiento del formato de cualquier intervención artística. Debatimos cómo materializar físicamente nuestras grabaciones y la negación del vinilo y de la cinta (en este caso), sintetiza esta reflexión. La idea de combinar dibujos a mano, con geometrías abstractas realizadas con medios informáticos y los QR entendidos como un lenguaje que parte de conjuntos de píxeles gordos, nos parecía muy interesante. Del carboncillo al píxel, una mezcla interesante de vocabularios. La idea de jugar con el concepto casete viene de esa parte fantasmal y de añoranza hauntológica de nuestra música. Más que añorar un pasado mejor, añoramos un pasado en el que el futuro era más esperanzador y no tan apocalíptico como se percibe a día de hoy”.
Pese a todo, en sus composiciones, de vez en cuando, también se abre alguna grieta luminosa. Prueba de que incluso en la oscuridad más honda, persiste la promesa (o la condena) de la belleza.
vÍcTOR mARTÍnEZ






Lugar: Sala PlantaBaja. Granada Fecha: 30/01/26
La elección de Planta Baja no fue casual. Al haberse grabado su quinto trabajo de estudio, No sueltes lo efímero, en Granada (Estudios La Mina), la banda sentía este concierto como una “vuelta a casa” espiritual. Tras diez años de proceso desde su último larga duración, Justicia Poética (Jabalina, 15), nos traen este manifiesto de resistencia emocional que se ha colado entre los veinte mejores trabajos de nuestras listas del ejercicio pasado; ahora tocaba palparlo y sentirlo en directo.
En este último estertor de la gira andaluza, Pumuky ha tenido la suerte de ir de la mano de unos acertados anfitriones, I Am Dive, con los que han ejecutado un afín comisariado sonoro. Al subir a escena, mismas camisetas negras, gorras de visera, calzado cómodo... pero observamos una nueva cara junto a Esteban Ruiz. A la batería, el productor Mariano Torres, al que hemos visto colaborar con Marina Gallardo, The Baltic Sea, Kindata o Alar Dance Company. Problemas de oído de José A. Pérez han propiciado esta nueva asociación. El dúo ofreció una decena de cortes. Comenzó con un atropellado instrumental, “Halo”, debido a unos breves problemas técnicos que, una vez solventados, permitieron que llegara correctamente la secuencia a monitores y comenzara el disfrute. El grueso del concierto lo conformaron
temas de su último trabajo de estudio, Fear of Missing Out. Reseñables “Crooked Narrative”, “Anymore” y la misma “FOMO” que da título al disco. Es paradójica: un término que implica ansiedad y miedo a perderse algo, pero I Am Dive le da la vuelta y, en lugar de sonar ansiosa, la canción suena “anestesiada” por una batería contenida, unas texturas que buscan irrealidad y una voz que, pasada por reverb, nos aleja como si nos susurrase desde la habitación de al lado.
Fuera de la atmósfera FOMO, se sucedían clásicos como “Norman”, “The Lower You Fall” y una remozada “Mount Eerv”, que años después denota el viaje que ha realizado el grupo en su modo de explicar sus argumentos. Pasar de abrazar la introspección de la naturaleza a una soledad moderna, a pesar de toda la tecnología que puedes tener a mano. Turno del reencuentro. Los canarios (catorce años del primer directo suyo que tuve la suerte de presenciar en el extinto ciclo gaditano Mirador Pop) demostraron que, tras una década sin publicar (que no de tocar), los hermanos Ramírez, acompañados por Mariano Gracia y Albert Morales, regresan con un sonido que, aunque mantiene su esencia slowcore, se siente más orgánico y luminoso.
Pensaba que disfrutaríamos del típico concierto presentación de disco nuevo desfilando uno a uno los nuevos temas a claqueta. Claramente los subestimé. El setlist conformó un bonito ramillete seleccionado de lo mejor de su discografía,
conjugado con maestría con el nuevo material y ejecutado con muchas variantes que contentaron las expectativas de los más fieles y los nuevos allegados. Entre los clásicos, destacar el comienzo con “La venganza de Rubik”, “Quinta da Regaleira”, el EP Castillo interior y “Si desaparezco”, que fueron de las más aplaudidas.
El bloque central fue un despliegue de intensidad emocional, especialmente cuando abrieron dos perlas de su nuevo álbum: “El salitre de tus labios” y “La singularidad”, donde la voz de Jair suena más directa y desnuda, buscando una conexión honesta. Para el último tramo, Pumuky tiró de galones y nostalgia. “Los enamorados” fue coreada como el clásico que ya es, seguida por la pulsante “El eléctrico romance”, que no pudo evitar los abrazos de algunas parejas en la sala.
El broche de oro perfecto, que sí estaba en las quinielas para cerrar el repertorio, fue ‘No sueltes lo efímero’. La falta de la trompeta de Alejandro Padrón (GAF) que escuchamos en el disco fue más que suplida por una catarsis final de guitarrazos entre ellos y capas de distorsión para despertar, volver a la realidad y afirmar que lo efímero es eterno. Saludos y abrazos a su público, y un agradecimiento final a sus acompañantes de viaje, I Am Dive, y a la promotora Desirée Huete (“Distortiongirl”) por ser impermeables a las modas de una industria y hacerlo posible. Jm GRImALDI

Desde que apareció en escena, de porte algo ascético, su presencia, con esa mezcla de timidez y determinación que lo caracteriza, llenó la Sala Custom. La electricidad de su voz emergió cargada de una honestidad que parece nacer siempre en los márgenes, ahí donde se encuentran los desencantos humanos y las contradicciones del mundo. Abrió con “Alivio”. No hubo búsqueda de comodidad: su voz, quebrada y lúcida, empezó a tejer esa multitud de vidas semipreciosas con firmeza poética. Activó artefactos del pasado como “La plaza de la soledá” y “Nuevos planes, idénticas estrategias”. Con “Crujidos” y “El don de la ternura” mostró el amor como campo de batalla y refugio a la vez. La delicadeza, en su repertorio, no es debilidad: es resistencia. En “Deslenguarte”, la palabra continuó como herramienta de insumisión. Que no nos domestiquen el miedo. Apeló al reconocimiento de sus raíces en “Fíu” y a la dignidad de los oyentes en “Tiempos de lobos”. El poder cambia de máscara, pero rara vez de intención. Aceptadas las imperfecciones, cada frase tallada en el universo lírico de “La gran broma final” y “Morir o matar” acuerpó hondura en quienes eligieron no solo escuchar, sino reflexionar. Una de las mayores verdades afiladas llegó con “A ver la ballena”. En mitad del escenario colocó un atril. Sobre él, un ejemplar antiguo de La Razón, amarillento. Lo sostuvo como si fuera un texto sagrado que hubiera que someter a revisión. Respaldado por su banda, atenta a la ampliación del detalle de su cosmos, siguió desplegando un arsenal en el que no faltaron “Seis pardales”, “Mi pequeña bestia”, “Bravo” y “Ser árbol”. “Les ales” abrió una grieta luminosa melódica antes del golpe final. El concierto culminó con la forja de “La pena y la nada”. La detonación del de Xixón. El fulgor de un Nacho que aporreaba las baquetas con una intensidad casi ritual. No era un gesto ornamental: era físico, insistente, catártico. Cada golpe, crudo y sincopado, parecía expulsar algo acumulado durante toda la noche. Trazó un ambicioso plan. Consistía en sobrevivir.
Vibramos con su obstinación en hacer que la ironía conviva con la compasión y entendimos que la ternura también puede ser un arma. Combativa, como la que más. Una vez recibidos los aplausos y apagadas las luces, traté de encontrar una salida, pero no recordaba por dónde habíamos entrado aquí. BEATRIZ RODRÍGUEZ

Directos desde Córdoba, donde tocaron la noche anterior, pisaron el escenario de la Sala Custom Quique González y su banda, dispuestos a tomarle el pulso a 1973. El repertorio se movió entre el terreno de lo íntimo y lo eléctrico, presentando nuevas canciones como Flashes, Santos, Terciopelo azul o La caja de herramientas, sin renunciar al peso emocional de clásicos como Miss camiseta mojada, Salitre o Caminando en círculos. La voz de Toni Brunet, cómplice constante, reforzaba la sensación de cercanía al compartir su voz en De verdad lo siento y Charo. Predominaba una atmósfera de escucha, un clímax introspectivo. Impactaba la calidad del sonido, inmejorable. “Qué difícil es ver una sala llena en estos tiempos. Nuestro mejor momento de la semana sigue siendo salir a tocar”.
Se estrechó en su corazón el coro de quienes estaban allí, atentos y respetuosos, compartiendo vidas cruzadas mientras la voz se situaba en primer plano, sonaba la armónica de Preguntas sencillas, el teclado de Cheques falsos y la aparición emocional de lugares y recuerdos que nos hacen rastrear cuándo éramos reyes, cuándo se nos iba la vida por caminos raros. Nos ofreció un mapa conmovedor y nosotros seguimos el recorrido. Viajamos hasta el bar de Joe, en Cabo de Gata, con Raúl Bernal descosiendo milagros. Nadie podría con nosotros, aunque hubiera sangre en el marcador.
Tal vez porque era 14 de febrero, entre la multitud se intuían kamikazes enamorados. También algunos para los que estas más de dos horas de concierto en vena borrarían el trozo averiado de su sábado. Tras un bis impecable para la última generación de coleccionistas, cuando parecía que ya marchaban hacia el backstage, improvisó melancolía con Y los conserjes de noche. Todo se acaba, pero Quique sigue siendo el músico de guardia con el que nunca se frenan las ganas de volverlo a ver. BEATRIZ RODRÍGUEZ

Tras un año de crecimiento imparable, Barry B vuelve a la carretera con Infancia Mal Calibrada, un trabajo que revisa una juventud vivida a destiempo y que ahora encuentra su lugar sobre el escenario. La gira por el Sur llega con varios sold out y confirma lo que ya se intuía: su propuesta ha dejado de ser promesa para convertirse en presente. Entre salas llenas, nuevas canciones en proceso y un directo cada vez más sólido, hablamos con él sobre la vida en carretera, los rituales antes de salir a escena y ese equilibrio entre energía y emoción que define sus conciertos.
Cuando sales de gira, hay cosas que no pueden faltar en la maleta. ¿Qué es lo que nunca se te puede olvidar en casa antes de salir a la carretera?
Mis gafas de sol, los cascos para escuchar musiquita y, en esta gira, el ordenador, la tarjeta de sonido y el micrófono, para ir adelantando arreglos, voces y letras de las nuevas canciones.
Esta nueva gira por el Sur llega con varias salas llenas. Cuando empiezas a ver los carteles de sold out, ¿que sientes? Es un gustazo. Cuando la sala está llena para tu música la vibración es espectacular, la gente está entregada con las canciones y eso te sube todas las hormonas del cuerpo. Es una de las mejores sensaciones del mundo, sentirse uno con el público.
En tu última entrevista para MondoSonoro dijiste: “El primer bolo al que fueron a verme mis padres fue al Sonorama Ribera y tengo treinta palos”. Con
Infancia Mal Calibrada hablas de una juventud algo desajustada. ¿Piensas ahora, desde el escenario, que empiezas a recuperar ese tiempo?
Sí, totalmente. Es como si a un pez que le han tenido toda la vida en tierra le vuelven a meter al mar, su hábitat. Siento como estoy viviendo la vida que quiero con la gente que quiero. Eso provoca que la energía sea más positiva y que me tome todo con mayor efusividad.
¿Qué es lo primero que haces cuando llegas a una ciudad nueva: explorar un poco, descansar, probar algo típico o meterte directamente en la preparación del concierto?
Si vamos con tiempo descansamos un poco, duchita y a la prueba. Si no, directos a la prueba y al lío.
La vida en gira también tiene su parte física: viajes, horarios raros, conciertos… incluso algo tan básico como comer bien se complica. ¿Cómo llevas eso de cuidar-
te en la carretera?
Bueno… si hay tarta de queso, ya sabes jejeje. Lo llevamos muy bien, no hacemos muchas locuras, eso lo reservamos para el bolo y comemos bastante bien. Suelo ir a por el pollo de la carta.
En los trayectos entre ciudades se pasa mucho tiempo en furgonetas, trenes o aviones. ¿Qué suele sonar últimamente en la playlist de carretera?
Pues de todo, la verdad. Desde nuevos temas míos para retocarlos… y la playlist tiene de todo. Somos muchos en el equipo y cada uno pone un poco lo que le gusta, y descubrimos mucha música.
Antes de salir al escenario, ¿tienes alguna manía, ritual o pequeño protocolo que siempre repitas?
El saludo, darnos un abrazo y un beso todos, hacer piña y concentrarme un poquito calentando la voz.
En un concierto hay cosas muy medidas y otras que dependen de cómo vaya fluyendo el bolo. ¿Qué te gusta llevar más controlado y qué prefieres dejar abierto?
Pues las canciones están súper controladas y luego, leyendo al público, amoldo el discurso dependiendo del sitio, su cultura y su gente.
Tu directo mezcla momentos muy explosivos con otros más contenidos y hacia dentro. ¿Cómo trabajas ese
“Cada canción en el set tiene su papel. Unas son para cantar, otras para volarte la cabeza”

equilibrio cuando construyes el show?
Gracias a la dirección musical de José, el bajista y director musical, lo medimos muy bien en Madrid con los ensayos. Luego siempre hay un poco de prueba y error para mover canciones de lugar. Pero pienso que tenemos el bloque de temas muy bien afianzado para que la gente tenga todo tipo de sensaciones.
Sobre el escenario se nota que juegas mucho con la actitud y la estética —esa mezcla de chubasquero britpop, camiseta futbolera y energía rock—. ¿El personaje del directo lo tienes muy construido o va cambiando según la gira?
Pues no sé, va dependiendo. Me tengo que sentir con confianza, busco ropita chula y subo.
Cuando un concierto empieza a rodar, siempre hay canciones que se vuelven imprescindibles y ya no se pueden caer del repertorio. ¿Qué temas sientes ahora mismo que son intocables en tu set?
Si están en el set ahora mismo, son intocables. Cada una hace su papel, ya sea musical o más tirando al show. Otras para que todo el mundo cante, otras que te vuelan la cabeza por la energía. Cada una tiene su cosa.
Hay canciones que en directo crecen muchísimo respecto a la versión de estudio. ¿Te ha pasado con algún tema reciente?
“Gigante de cristal” en directo es algo digno de ver, la verdad.
En tu último concierto me hice con esa bufanda futbolera del merch. ¿Qué me tengo que pillar ahora?
Justo acabamos de hacer unas camis de “Victoria” con la frase de “hasta mis demonios tienen demonios”, que está muy bacana.
Para terminar: ¿alguna anécdota de esta gira que se pueda contar?
La verdad es que hay muchas. Siempre tengo guiños y cosas con el público y son muchas. Las internas no puedo contarlas.
17 abril – Aliatar – Granada
18 abril – Berlín Social Club – Almería
MARCAPASOS
Duquesa, 6 Granada
BORA BORA
Plaza Universidad 1 Granada
LOCOLOCO VINTAGE
San Carlos, 15 Murcia
S. TEATRO TRAJANO
Muza, 50 Mérida

FAROLES
Oviedo, 4
Talarrubias (Badajoz)
BAR MUTANTE
Fresa, 15 Sevilla

KAVKA LIBROS
Joaquín Ruano, 27 Linares
TEATRO Mª LUISA
Camilo José Cela, 9 Mérida
C. C.. ALCAZABA
John Lennon, 5 Mérida
MAPA TABERNA
Simón García, 57 Murcia
SALA MARTE
Nicolas, 2 Málaga

LA TÉRMICA
Avda de los Guindos, 48 Málaga
LA CAJA BLANCA
Editor Ángel Caffarena, 8 Málaga
SALA CONTACTO
Crta Jarandilla. Navalmoral de la Mata.
FUNCLUB
Alameda de Hércules, 61. Sevilla
SUBTERRÁNEA
Horno de Abad, 8 Granada

BOTÁNICO CAFÉ
Málaga, 3, Granada
ESPACIO
BELLEARTES
Donoso Cortés, 6 Cáceres
PLANTABAJA
Horno de Abad, 11 Granada
JAM
Obispo Hurtado, 11 Granada

DISCOS COMIX
Enrique Villar, 11 Murcia
CÍRCULO PACENSE
Ramón Albarrán, 24 Badajoz
LA GARRAPATA
Mariblanca, 9 Málaga
OFFCULTURA
Ricardo Carapeto Zambrano, 148 Badajoz
GRAN TEATRO
San Antón s/n Cáceres

TEATRO LÓPEZ DE AYALA
Plaza Minayo Badajoz

