

CRISTINA MITTERMEIER
UNA CÁMARA, UNA CAUSA
"MITTY", LA fotógrafa mexicana QUE LE DA VOZ A LA naturaleza. BIÓLOGA MARINA, COFUNDADORA DE SeaLegacy Y EN COLABORACIÓN CON LA INICIATIVA Perpetual Planet DE Rolex, LLEVA MÁS DE TRES DÉCADAS CONVIRTIENDO LA imagen EN HERRAMIENTA DE conciencia Y acción.


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CRISTINA MITTERMEIER
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Es una producción de MOLA Media Group
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Edición N° 36 - Mayo 2026
CRISTINA MITTERMEIER
Interview 28
PABLO ATCHUGARRY
Art 40
DÓNDE COMER EN EL RÍO DE LA PLATA
Foodie 52
VDAMIANI
Interview 76
OSKAR METSAVAHT
Interview 86
BIENAL DE VENECIA
Arte, arquitectura y representación 106
GIGANTES OCULTOS EN LA BAHÍA
Lifestyle 130
ESPACIOS, OBJETOS Y NUEVAS FORMAS DE HABITAR
MOLA Deco 136
LIBRERÍA FELTRINELLI
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COLECCIÓN SUR
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EL VALOR DE PERMANECER
Vivimos en una época donde todo parece acelerarse . Las imágenes , la información , las opiniones , incluso la manera en que habitamos los vínculos , el trabajo y el tiempo . Todo circula rápido. Todo se consume rápido. Y, en ese movimiento constante , muchas veces dejamos de preguntarnos qué merece realmente ser sostenido .
Quizás por eso esta edición de Revista MOLA termina atravesada por una misma idea ; la importancia de construir desde la profundidad .
En el diálogo con Cristina Mittermeier, fotógrafa, activista y una de las voces más influyentes de la conversación contemporánea , aparece con fuerza una reflexión que atraviesa buena parte de este número. Su trabajo no se limita a documentar el planeta. Propone algo mucho más incómodo y necesario. Entender que no existe neutralidad posible frente a lo que está ocurriendo . En un momento donde las imágenes parecen durar apenas segundos , Mittermeier insiste en construir relatos capaces de permanecer , generar conciencia y sostener conversaciones que exceden esa urgencia del presente , involucrándonos también con la responsabilidad de nuestras acciones.
De alguna manera, esa misma noción atraviesa muchas de las historias de esta edición
Está en Ruralanas y su manera de sostener oficios y redes . En Pablo Atchugarry y su convicción de que los sueños también necesitan estructura, persistencia y visión para transformarse en algo real. En ciertos proyectos que entienden el lujo no como exceso, sino como experiencia , identidad , silencio y tiempo bien vivido. Y también en marcas, diseñadores y creadores que continúan apostando por construir desde la autenticidad y no desde el ruido .
Tal vez porque, en el fondo, todo se reduce a la forma en que elegimos estar en el mundo
Qué decidimos sostener | Qué dejamos caer | Qué miramos | Cómo nos involucramos | Y desde dónde lo hacemos.
La coherencia no admite atajos. La coherencia con uno mismo , con los otros y con el entorno que habitamos .

Por ANA MOLA




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CRISTINA MITTERMEIER Una cámara, una causa
Por ANA MOLA Fotos COLECCIÓN CRISTINA MITTERMEIER

Comprometida y profundamente sensible, Cristina Mittermeier construyó una obra donde la imagen deja de ser registro para convertirse en responsabilidad. Conocida como Mitty, bióloga marina y cofundadora de SeaLegacy, su práctica se mueve entre la ciencia, el arte y la incidencia pública, pero también está atravesada por una ética precisa: la de entender que no se trata de descubrir, sino de devolver. De amplificar las voces de quienes han sido, durante generaciones, los verdaderos guardianes de esos territorios. “La cámara me da un acceso que no siempre merezco”, afirma, y en esa frase se condensa una forma de mirar que define su trabajo.
Desde MOLA acompañamos a Mittermeier en México, en el marco de Zona Maco, durante la presentación de su muestra y de su libro Hope. Allí, su discurso se sostuvo en una idea que atraviesa toda su obra, “el océano no es un conjunto de datos, es un personaje. Antiguo, indiferente y asombroso.” Y su trabajo consiste en presentarlo como tal. Esa sensibilidad de Cristina le permite construir imágenes que no solo documentan, sino que interpelan y desplazan.
Hay en su mirada una conciencia constante de escala. La naturaleza no responde a nuestra urgencia, y sin embargo nos enfrenta a ella. En uno de sus relatos más íntimos, cuenta el encuentro con una cría de ballena franca austral en aguas del sur de Australia: la curiosidad del animal, la presencia imponente de la madre, la fragilidad del cuerpo humano frente a esa magnitud. Un instante que no se agota en la imagen, sino en lo que deja, la comprensión de lo poco que entendemos y de lo mucho que está en juego. La buena noticia es que ciertas batallas se ganan. La mala es que la lucha nunca termina.
Pero su sensibilidad no se detiene en la pérdida. En Hope, Mittermeier desplaza el foco hacia otra narrativa posible. “La esperanza no es optimismo”, advierte. No es una disposición, sino una práctica. Implica mirar de frente lo que está roto y elegir, activamente, creer en su reparación. Después de años documentando el deterioro (arrecifes blanqueados, glaciares que se desprenden, ecosistemas al límite) entendió que el dolor, por sí solo, paraliza. Y que la única forma de sostener el movimiento es ponerle rostro a la esperanza; los científicos que regeneran corales, las comunidades que devuelven territorio al océano, las nuevas generaciones que asumen el rol de guardianes. La esperanza, en su trabajo, deja de ser abstracta y se vuelve concreta, real, encarnada.
En colaboración con la iniciativa Perpetual Planet de Rolex, Mittermeier insiste en una idea que define su trayectoria, “la conservación no es una carrera corta, es un compromiso multigeneracional”. La narrativa se construye en capas, con paciencia, como el océano, una ola a la vez.
En un presente dominado por la inmediatez, su trabajo propone otra temporalidad. El planeta está perdiendo terreno. Pero también lo están perdiendo quienes intentan destruirlo. La diferencia está en sostener el tiempo, el compromiso y la convicción de que, si una imagen está hecha con honestidad y cuidado, alguien más la continuará.




«INTENTO RETRIBUIR A LOS LUGARES QUE FOTOGRAFÍO: TIEMPO, RECURSOS, ACTIVISMO, VISIBILIDAD. INTENTO AMPLIFICAR LAS VOCES DE LAS PERSONAS QUE HAN SIDO LAS VERDADERAS GUARDIANAS DE ESTOS LUGARES DURANTE GENERACIONES»

INTERVIEW / Cristina Mittermeier
CRISTINA, ACUÑASTE EL TÉRMINO “FOTOGRAFÍA DE CONSERVACIÓN”. EN UN MUNDO SATURADO DE IMÁGENES, ¿QUÉ HACE QUE UNA FOTOGRAFÍA REALMENTE TRANSFORME LA MANERA EN QUE VEMOS, EN LUGAR DE SIMPLEMENTE FUNCIONAR COMO DOCUMENTACIÓN?
Nunca me propuse nombrar una disciplina. Simplemente no podía encontrar una palabra para lo que estaba haciendo, que no era fotografía de vida silvestre, ni fotoperiodismo, ni exactamente arte, sino algo que exigía las tres y no respondía a ninguna de ellas. La distinción con la que me encontraba una y otra vez era esta: hacer la imagen no es suficiente. Un fotógrafo de naturaleza cataloga el mundo. Un fotógrafo de conservación utiliza la imagen como el movimiento inicial en una lucha mucho más larga. La fotografía es la diplomacia suave; lo que viene después es el trabajo duro. Comparecencias en tribunales. Artículos de opinión. Reuniones sobre políticas públicas. Sentarse frente a un ministro y saber lo suficiente sobre la legislación de áreas marinas protegidas como para mantener la propia posición. Dar la misma entrevista por centésima vez porque la historia aún necesita ser contada. La fotografía de conservación exige que la persona detrás de la cámara esté dispuesta a convertirse en portavoz, en defensora, en activista, incluso cuando eso resulta incómodo, incluso cuando la aleja de lo salvaje y la lleva a espacios donde la belleza es considerada secundaria. La imagen abre la puerta. Aún hay que atravesarla.
TU TRABAJO ABORDA PROFUNDAMENTE LA INTERDEPENDENCIA ENTRE LAS ESPECIES. ¿QUÉ SIENTES QUE LA NATURALEZA PUEDE ENSEÑARNOS HOY SOBRE CÓMO HABITAR EL TIEMPO Y EL FUTURO?
He pasado años observando cómo respira el océano. No el movimiento superficial que la mayoría de las personas ve, sino la respiración profunda y lenta de un sistema que ha estado vivo durante 4.000 millones de años. Cuando se flota sin peso sobre un arrecife de coral por la noche, observándolo pulsar y fluorescer sin tener ninguna conciencia de uno, se empieza a entender que la naturaleza no experimenta la urgencia de la misma manera que nosotros. No tiene prisa. Se construye en tiempo geológico: un arrecife crece un milímetro al año, una ballena azul alcanza la madurez sexual después de muchas décadas, un bosque de manglares captura carbono a lo largo de siglos. Lo que la naturaleza nos enseña, si estamos dispuestos a ser humildes ante ella, es que el futuro no es un destino. Es una responsabilidad que se cuida a diario, de forma invisible y, en su mayor parte, sin reconocimiento. El trabajo que más me importa es el que nadie notará durante 100 años.
TU PRÁCTICA SE MUEVE ENTRE MUSEOS, PLATAFORMAS EDITORIALES Y PROYECTOS CIENTÍFICOS. ¿CÓMO MANTIENES EL RIGOR SIN PERDER LA SENSIBILIDAD Y LA PROFUNDIDAD POÉTICA EN TUS IMÁGENES?
La ciencia me dio un marco para comprender lo que estaba viendo. El arte me dio una forma de hacer que otros lo sintieran. Ninguno es suficiente por sí solo. Una fotografía de un arrecife de coral blanqueado con un pie de foto lleno de datos en partes por millón no romperá el corazón de nadie. Pero una fotografía del mismo arrecife que haga sentir que se está perdiendo algo
precioso, algo que nunca fue propio para perderlo en primer lugar, esa es la imagen que cambia el comportamiento. Mantengo el rigor conociendo profundamente mis temas: la biología, la ecología, las fuerzas políticas y económicas que los presionan. Y mantengo lo poético recordando que siempre estoy haciendo un retrato, nunca un inventario. El océano no es un conjunto de datos. Es un personaje, antiguo e indiferente y asombroso, y mi trabajo es presentarlo adecuadamente.
A LO LARGO DE TU CARRERA, HAS CAPTURADO IMÁGENES QUE HAN RECORRIDO EL MUNDO. ¿HAY ALGUNA FOTOGRAFÍA EN PARTICULAR QUE HAYA CAMBIADO TU COMPRENSIÓN DE LA NATURALEZA O DE TU LUGAR DENTRO DE ELLA?
Paul y yo habíamos recibido un permiso poco común para entrar al agua con ballenas francas australes frente al sur de Australia. Muy pocas personas lo reciben. Estos son los cuartos animales más grandes de la Tierra, verdaderos nómadas del Océano Austral, y llevan consigo una historia que debería hacer humilde a cualquiera que entre al agua cerca de ellos. Fueron cazados casi hasta la extinción en el siglo XIX precisamente por las cualidades que los hacen extraordinarios: son lentos, flotan cuando mueren, se acercan a la costa para parir. Los balleneros los llamaban la ballena correcta para capturar. A principios del siglo XX, casi habían desaparecido por completo de las aguas australianas. El hecho de que hayan sobrevivido es uno de los milagros silenciosos del mar.
Paul y yo estábamos allí con SeaLegacy, promoviendo una mayor protección de sus zonas de cría frente a la exploración petrolera. Teníamos nuestra misión y nuestras cámaras y la seriedad de propósito que acompaña ese tipo de trabajo.
Entonces una cría se acercó a mí, curiosa como lo son los animales jóvenes, sin el conocimiento del peligro que la experiencia enseña. Su madre no era curiosa. Era un animal de 50 toneladas que había llevado a esa cría durante 12 meses y la había alimentado durante sus primeras semanas en la Tierra, y me golpeó con su aleta caudal como se espanta a una mosca. Si no hubiera estado flotando perfectamente horizontal en ese momento, me habría matado, aunque creo que simplemente me estaba dando una advertencia. Un recordatorio de los términos.
Lo que traje de vuelta de ese encuentro, temblando y lleno de adrenalina, fue una imagen del ojo de la cría mirando directamente a mi lente: curioso, consciente y completamente sin malicia. Ese ojo no veía a un fotógrafo ni a un activista ni a una amenaza. Veía algo vivo en el agua. Me resulta tan fascinante como devastador. He pensado en ese intercambio desde entonces. En lo frágil que es el cuerpo humano en el océano. En lo poco que realmente entendemos de las vidas interiores de los animales con los que compartimos este planeta. Entramos con permisos, propósitos y cámaras, y ellos nos miran como miran todo: con una paciencia tan antigua que hace que nuestra urgencia parezca muy pequeña. La buena noticia es que se logró una moratoria sobre la exploración petrolera en estas áreas frágiles. La mala noticia es que la lucha contra la expansión del petróleo nunca termina.
QUIENES DOCUMENTAN LA VIDA SILVESTRE A MENUDO ENFRENTAN LA TENSIÓN ENTRE OBSERVAR E INTERVENIR. ¿CÓMO NAVEGAS ESA
LÍNEA ENTRE LA FOTÓGRAFA Y EL SER HUMANO?
Yo era una persona joven cuando vi la fotografía de Kevin Carter en una revista: un niño desnutrido desplomado en el suelo en Sudán, un buitre esperando detrás con la paciencia de algo que nunca ha conocido la duda. La imagen ganó el Premio Pulitzer. También destruyó al hombre que la hizo. Carter fue acosado por personas que querían saber por qué no había dejado la cámara y recogido al niño, y ese peso, sumado a todo lo que había presenciado y cargado, puso fin a su vida. Él estaba haciendo su trabajo. Estaba trayendo la historia. Y la historia importaba. Realmente me conmovió.
Susan Sontag escribió que fotografiar es encuadrar, y encuadrar es excluir, y que todo acto de testimonio lleva dentro de sí un argumento moral sobre lo que merece ser visto. Robert Capa construyó toda su práctica sobre la creencia de que si tus fotografías no eran lo suficientemente buenas, no estabas lo suficientemente cerca. Ambos entendían que la incomodidad de la proximidad no es un defecto en el trabajo. Es el trabajo, y las personas solo se preocupan por la guerra porque los fotógrafos de guerra arriesgan sus vidas para asegurarse de que esas imágenes lleguen a la comodidad de nuestras salas de estar, para que no podamos ignorarlas.
Pienso en Carter con frecuencia cuando estoy en el campo. He observado animales sufrir y he mantenido mi cámara firme, porque la imagen perduraría más que el momento y tendría más peso que cualquier intervención mía. También he dejado la cámara y he actuado, porque hay momentos en los que ser humano tiene prioridad. No hay una regla para esto. Solo existe la propia conciencia y la disposición a vivir con la propia elección.
Lo que quiero que la gente entienda es que la guerra contra la biodiversidad no es diferente de cualquier otra guerra. Tiene víctimas, atrocidades y un conteo diario de muertes que supera a la mayoría de los conflictos humanos. Los fotógrafos que la documentan cargan con la misma responsabilidad moral que cualquier fotógrafo de guerra. No somos neutrales. No somos turistas. Somos testigos que han elegido hacer que ese testimonio signifique algo, y esa elección no termina cuando dejamos el campo. Nos sigue hasta casa.
TU TRABAJO ESTÁ ESTRECHAMENTE VINCULADO CON PAUL NICKLEN. ¿CÓMO EVOLUCIONA LA PERSPECTIVA CUANDO CONVERGEN LA VIDA, EL AMOR Y EL PROPÓSITO CREATIVO?
Paul y yo hemos creado imágenes juntos en condiciones que habrían quebrado a asociaciones más débiles: vientos huracanados en el Océano Austral, noches en una tienda sobre hielo marino escuchando a los osos polares merodear afuera, inmersiones en aguas tan frías que el dolor se convierte en algo que simplemente se acepta. El riesgo compartido hace algo a dos personas. Quita la apariencia y deja la versión esencial del otro.
Creativamente, somos diferentes, y hemos aprendido a tratar esa diferencia como el punto central. A menudo fotografiamos hombro con hombro, dos cámaras en la misma escena en el mismo momento, y lo que regresa nunca es la misma fotografía. Él ve en azul. Yo veo en dorado y ocre. Él se siente atraído por el encuadre épico, la criatura única contra un fondo infinito. Yo me siento atraída por lo íntimo, el detalle que contiene el todo.
Hemos hablado muchas veces de hacer un libro a partir de esto, dos personas, un mundo, dos maneras completamente distintas de verlo, y llamarlo exactamente así: shoulder to shoulder.
No resolvemos nuestras diferencias. Las utilizamos. Las imágenes que más han conmovido a las personas son a menudo aquellas en las que se puede sentir a ambos en el encuadre, incluso cuando solo uno de nosotros presionó el obturador.
ENTENDEMOS QUE ESTÁS ATRAVESANDO UNA TRANSICIÓN PERSONAL Y GEOGRÁFICA, CON TU ENFOQUE DESPLAZÁNDOSE HACIA MÉXICO. ¿QUÉ HISTORIAS SIENTES QUE ESTÁN COMENZANDO A EMERGER EN ESTE NUEVO CAPÍTULO DE TU VIDA?
México no es nuevo para mí. Es de donde soy, donde me siento en casa en todos los sentidos que importan: el olor de la tierra después de las lluvias de verano, la calidad de la luz de la tarde, el tono particular de turquesa en el Pacífico, o verde esmeralda en el Golfo de California, o aguamarina en el Caribe mexicano, los sonidos de la música y la forma en que sabe la comida. Lo que es nuevo es que regreso no como la joven que se fue para encontrar una carrera, sino como la mujer que ha viajado por el mundo con una cámara y que ahora vuelve a casa con la esperanza de un día unirse a las legiones de artistas mexicanos que han conmovido al mundo con su arte y su activismo. Ese linaje me humilla: Siqueiros, Kahlo, Rivera, Iturbide, y muchos más. Llevo su ejemplo como una aspiración, no como una credencial. Las historias que me atraen ahora son sobre la memoria, sobre la forma en que un paisaje contiene a las personas que han vivido en él durante generaciones, sobre las comunidades indígenas que han sido las verdaderas guardianas de la biodiversidad de este país, y sobre la injusticia entretejida en esa historia. También está emergiendo una historia más privada, una sobre lo que significa construir un hogar en el sentido literal, echar raíces en la tierra que me vio nacer después de décadas de vivir como expatriada. Dejar de lado la etiqueta de “inmigrante”. Simplemente estar en casa. Aún estoy aprendiendo a contarla.
EN HOPE, SURGE UNA IDEA PODEROSA: CONTAR HISTORIAS QUE MOVILICEN A LAS PERSONAS SIN PARALIZARLAS. CÓMO CONSTRUYES
UNA NARRATIVA AMBIENTAL BASADA EN LA ESPERANZA?
La esperanza no es optimismo. Quiero ser muy clara sobre eso. El optimismo es una disposición; se puede ser optimista frente a evidencias en contrario. La esperanza es una práctica. Requiere mirar directamente lo que está roto y elegir, activamente, creer en la reparación. Cuando hice Hope, venía de años fotografiando la pérdida: arrecifes blanqueados, morsas varadas, glaciares desprendiéndose en mares que se calientan. Estaba saturada de dolor, y sabía que ese dolor era necesario pero no suficiente. El dolor sin capacidad de acción se convierte en parálisis, y la parálisis es el enemigo del planeta vivo. Así que comencé a buscar deliberadamente historias de personas que estaban haciendo el trabajo de reparación: los biólogos marinos cultivando coral en viveros, los pescadores que habían devuelto voluntariamente vastas extensiones de océano, las mujeres jóvenes de comunidades costeras que se habían convertido en guardaparques, científicas y defensoras. La esperanza, descubrí, siempre

“ PAUL Y YO HEMOS CREADO imágenes JUNTOS EN condiciones QUE HABRÍAN QUEBRADO A ASOCIACIONES MÁS DÉBILES: vientos huracanados EN EL Océano Austral, NOCHES EN UNA TIENDA
SOBRE hielo marino ESCUCHANDO A LOS osos polares MERODEAR AFUERA, INMERSIONES EN aguas TAN FRÍAS QUE EL DOLOR SE CONVIERTE EN ALGO QUE SIMPLEMENTE SE ACEPTA ”

es una persona. Ponle un rostro, y deja de ser abstracta.
GRAN PARTE DE TU TRABAJO NOS INVITA A PENSAR EN ESCALAS DE TIEMPO QUE VAN MÁS ALLÁ DE LA VIDA HUMANA. ¿QUÉ CAMBIA CUANDO NOS ALEJAMOS DE LA INMEDIATEZ DEL PRESENTE Y COMENZAMOS A PENSAR EN TÉRMINOS DE LEGADO?
Todo se desacelera, de la mejor manera posible. Cuando hago una imagen con la comprensión de que puede importar más en 50 años que hoy, la hago de manera diferente. Me interesa menos el ciclo de noticias, me preocupa menos si encaja en el algoritmo, soy más paciente con la luz, más dispuesta a esperar el encuadre que diga toda la verdad en lugar de una versión rápida de ella. Pensar en términos de legado también cambia lo que uno está dispuesto a sacrificar. Si el trabajo es para el futuro, entonces mi comodidad en el presente es un precio pequeño. He dormido sobre hielo, en manglares y en cubiertas de barcos en mares que no deberían haber sido tan agitados. Haría todo de nuevo, porque creo que las imágenes que traje de esos lugares no son mías. Pertenecen a los niños que heredarán el mundo que estaba fotografiando.
FORMAS PARTE DE INICIATIVAS QUE PROMUEVEN UNA VISIÓN A LARGO PLAZO PARA EL PLANETA. COMO ARTISTA Y NARRADORA VISUAL, ¿CÓMO EXPERIMENTAS LA RESPONSABILIDAD DE REPRESENTAR ESA CONVERSACIÓN GLOBAL?
Es un peso que siento cada vez que presiono el obturador. Casi siempre estoy fotografiando mundos que no son míos: ecosistemas en los que no crecí, comunidades cuyos idiomas no hablo, animales que no consintieron ser mis sujetos. La responsabilidad de la representación es ser precisa, sí, pero más que eso, es ser responsable. La compasión es mi norte. Es lo que me mantiene honesta sobre de quién es la historia que estoy contando y si la estoy contando de una manera que les sirva a ellos y no solo a mi trabajo.
Intento retribuir a los lugares que fotografío: tiempo, recursos, activismo, visibilidad. Intento amplificar las voces de las personas que han sido las verdaderas guardianas de estos lugares durante generaciones, en lugar de posicionarme como quien los descubrió. La cámara me da un acceso que no siempre merezco. Intento estar a la altura de eso.
DESPUÉS DE TANTOS AÑOS OBSERVANDO DE CERCA EL OCÉANO, ¿QUÉ HA CAMBIADO MÁS: EL PROPIO PLANETA O NUESTRA SENSIBILIDAD HACIA ÉL?
Ambos han cambiado, y no siempre en la misma dirección. El planeta está mediblemente peor: más cálido, más ácido, menos biodiverso, con pesquerías colapsando, bosques reduciéndose y el hielo desapareciendo a ritmos que todavía me hacen contener la respiración cuando observo los datos. Y ahora enfrentamos algo que no anticipé: una ola de gobiernos de ultraderecha, en Estados Unidos, en Argentina, en partes de América Latina, desmantelando protecciones que tomaron generaciones construir, despojando leyes ambientales en nombre del beneficio económico, hipotecando el futuro de sus propios hijos por los retornos trimestrales de industrias que no existirán en cincuenta
años. Es un tipo particular de devastación, la política, porque es elegida.
Y sin embargo, nuestra sensibilidad colectiva, en algunos rincones del mundo, se ha profundizado de maneras que no esperaba ver en vida. Cuando comencé este trabajo, la fotografía de conservación no existía como concepto. Hoy observo a jóvenes fotógrafos, muchos de ellos mujeres, muchos del Sur Global, creando imágenes que son políticas, poéticas y científicamente rigurosas al mismo tiempo, y siento algo que solo puedo describir como una herencia que se mueve en la dirección correcta. El planeta está perdiendo terreno. Pero también lo están perdiendo quienes intentan destruirlo. Esa lucha no ha terminado.
HOY, LAS IMÁGENES MOLDEAN LA FORMA EN QUE IMAGINAMOS EL FUTURO. ¿QUÉ RESPONSABILIDAD TIENEN LOS NARRADORES VISUALES EN LA CONSTRUCCIÓN DE ESA VISIÓN COLECTIVA?
Estamos construyendo la imaginación de la especie. No es una exageración. Las imágenes que circulan en nuestra cultura moldean lo que las personas creen que es real, lo que creen que vale la pena salvar y el tipo de futuro que se permiten imaginar. Martin Luther King no se paró en esos escalones en Washington y dijo: “Tengo una pesadilla”. Expresó su aspiración en voz alta y pintó una imagen tan vívida y verdadera que comenzó a manifestar el mundo que describía. Eso es lo que hacen los narradores visuales. No documentamos el futuro. Ayudamos a conjurarlo. Si las únicas imágenes disponibles para la mayoría de las personas son imágenes de destrucción, entonces la destrucción se convierte en la historia inevitable. Pero si mostramos abundancia, misterio, la belleza casi insoportable de un planeta vivo, damos a las personas algo por lo cual luchar. El lente no es una herramienta neutral. Úsalo sabiendo eso.
COMO PARTE DE LA INICIATIVA ROLEX PERPETUAL PLANET, TU TRABAJO CONTRIBUYE A UN DIÁLOGO GLOBAL MÁS AMPLIO SOBRE LA CONSERVACIÓN Y EL IMPACTO A LARGO PLAZO. ¿CÓMO VES EL PAPEL DE LA NARRATIVA VISUAL NO SOLO EN LA GENERACIÓN DE CONCIENCIA, SINO TAMBIÉN EN LA PRODUCCIÓN DE CAMBIOS TANGIBLES A TRAVÉS DE LAS GENERACIONES?
Lo que Rolex entendió, y lo que me atrajo a esa colaboración, es que la conservación no es una carrera corta. Es un compromiso multigeneracional, y la narrativa que la sostiene tiene que coincidir con esa escala de tiempo. También entendieron algo que no todas las instituciones están dispuestas a decir con claridad: que cuanto mayor es mi estatura como artista, mayor se vuelve mi voz como defensora de un planeta vivo. Invierten en ambos porque saben que son inseparables. Una imagen viral puede cambiar un ciclo de noticias. Un cuerpo de trabajo, construido durante décadas, sostenido por instituciones que piensan en siglos, puede cambiar la relación de una civilización con el mundo vivo. Esa es la ambición. La fotografía individual es el comienzo de una conversación que no viviré para terminar. Pero confío en que, si está hecha con honestidad y cuidado, alguien más la retomará. Así es cómo funciona la cultura. Así es cómo funciona también el océano: una ola a la vez, paciente e implacable, transformando la costa.
“Yo era una persona joven cuando vi la fotografía de Kevin Carter en una revista: un niño desnutrido desplomado en el suelo en Sudán, un buitre esperando detrás con la paciencia de algo que nunca ha conocido la duda. La imagen ganó el Premio Pulitzer. También destruyó al hombre que la hizo. Carter fue acosado por personas que querían saber por qué no había dejado la cámara y recogido al niño, y ese peso, sumado a todo lo que había presenciado y cargado, puso fin a su vida. Él estaba haciendo su trabajo. Estaba trayendo la historia. Y la historia importaba. Realmente me conmovió.
Susan Sontag escribió que fotografiar es encuadrar, y encuadrar es excluir, y que todo acto de testimonio lleva dentro de sí un argumento moral sobre lo que merece ser visto. Robert Capa construyó toda su práctica sobre la creencia de que si tus fotografías no eran lo suficientemente buenas, no estabas lo suficientemente cerca. Ambos entendían que la incomodidad de la proximidad no es un defecto en el trabajo. Es el trabajo, y las personas solo se preocupan por la guerra porque los fotógrafos de guerra arriesgan sus vidas para asegurarse de que esas imágenes lleguen a la comodidad de nuestras salas de estar, para que no podamos ignorarlas.
Pienso en Carter con frecuencia cuando estoy en el campo. He observado animales sufrir y he mantenido mi cámara firme, porque la imagen perduraría más que el momento y tendría más peso que cualquier intervención mía. También he dejado la cámara y he actuado, porque hay momentos en los que ser humano tiene prioridad. No hay una regla para esto. Solo existe la propia conciencia y la disposición a vivir con la propia elección.
Lo que quiero que la gente entienda es que la guerra contra la biodiversidad no es diferente de cualquier otra guerra. Tiene víctimas, atrocidades y un conteo diario de muertes que supera a la mayoría de los conflictos humanos. Los fotógrafos que la documentan cargan con la misma responsabilidad moral que cualquier fotógrafo de guerra. No somos neutrales. No somos turistas. Somos testigos que han elegido hacer que ese testimonio signifique algo, y esa elección no termina cuando dejamos el campo. Nos sigue hasta casa.”
CRISTINA MITTERMEIER


Atchugarry y la expansión de su proyecto más ambicioso: “Los
sueños hacen vivir al ser humano”
Tras una temporada intensa en el MACA, Pablo
Atchugarry repasa las exposiciones que marcaron el verano , anticipa nuevos proyectos —incluida una ampliación junto a Carlos Ott— y reafirma su apuesta por posicionar a Uruguay en el circuito global del arte .
Por LAURA GARGANTA Fotos PABLO KREIMBUHL
El verano dejó en el MACA algo más que una agenda colmada y salas llenas. Para Pablo Atchugarry fue la confirmación de un proceso sostenido en el tiempo: consolidar un proyecto capaz de conectar a Uruguay con el circuito internacional del arte contemporáneo: “El balance es muy positivo, hemos tenido una agenda muy completa, con proyecciones de películas al aire libre, festivales de danza, literatura y cine”, dice, casi enumerando sin pausa. Y enseguida amplía: “El museo fue visitado por miles de personas de todo el mundo durante todo el verano, y eso también tiene que ver con una interacción muy fuerte con la gente”.
Entre las muestras que marcaron la temporada estuvo La razón y la existencia – El arte concreto y el informalismo en Uruguay (1947–1970), una exposición concebida especialmente para el museo y curada por Manuel Neves. El recorrido reunió obras de 26 artistas uruguayos pertenecientes a tres generaciones, abordando dos de las corrientes abstractas más significativas del siglo XX: el arte concreto y el informalismo. En ese cruce, la muestra revisó uno de los momentos más fértiles y complejos del arte moderno local, subrayando sus particularidades frente al escenario europeo y su vínculo con los procesos políticos, sociales y culturales del Uruguay de la posguerra. Desde las rigurosas estructuras geométricas del Grupo de Arte No Figurativo, con figuras como José Pedro Costigliolo, María Freire y Antonio Llorens, hasta las superficies matéricas y gestuales del informalismo, la exposición trazó un panorama en el que razón y existencia aparecían como fuerzas complementarias.
Otra de las apuestas centrales fue Lucio Fontana: genio de dos mundos, la primera exposición dedicada al artista en Uruguay. “Era una muestra muy querida por mí desde hace muchos años. Yo quería traer a Fontana desde antes de hacer el MACA”, explica. Nacido en Rosario, Santa Fe, y formado entre Argentina e Italia, Lucio Fontana transformó la historia del arte al introducir una nueva concepción del espacio, desafiando los límites tradicionales de la pintura y la escultura. Curada por Luca Massimo Barbero, la exposición reunió 72 obras que recorrieron todas las etapas de su trayectoria. “Es fácil reconocer al Fontana de los tajos, de los conceptos espaciales”, dice Atchugarry. “A través de esos tajos él hace participar el espacio en la pintura y la lleva a la tercera dimensión”. Pero detrás de esa potencia visual hay otra dimensión menos visible: “Nosotros vemos la muestra y es la punta del iceberg. Hay un trabajo enorme detrás, con aseguradoras, con equipos que empiezan allá en Europa y que continúan en el camino hacia Uruguay. Esta muestra, por ejemplo, estaba asegurada en 42 millones de euros”. Y agrega: “Es un gran estrés, pero también una gran alegría”.
El verano también propuso un cruce contemporáneo en Tres caminos, un horizonte, junto a Eva Claessens y Julian Lennon. “Esta muestra surge de encuentros”, cuenta. “Julian estuvo hace dos años acá en Uruguay, sacó fotos en José Ignacio, en Garzón, vino al taller, me fotografió trabajando y después lo encontré en Venecia, y ahí apareció la idea de hacer algo juntos”.
La exposición reunió fotografía, pintura y escultura en un diálogo entre tres trayectorias distintas. “Cada camino es diferente, cada ser humano es diferente y cada artista es diferente”, resume. Las imágenes de paisajes uruguayos captadas por Lennon, las obras de Claessens centradas en la figura humana y la conexión, y sus propias esculturas compartieron una misma sala, proponiendo una lectura sobre los vínculos en el mundo contemporáneo. Cuando esta nota vea la luz, esas exposiciones ya habrán quedado atrás, pero todas tienen sus propios catálogos, como siempre ha tenido costumbre el MACA, ya que Pablo refuerza la importancia que tiene para él el papel, que queden testimonios tangibles de los esfuerzos y que la gente pueda llevarlos a sus casas. Para Atchugarry todo forma parte de una misma dirección: “Yo creo mucho en este proyecto de insertar a Uruguay, a través del MACA, en el circuito internacional de las artes”.
UN ECOSISTEMA QUE
CRECE Y NO SE DETIENE
La actividad del museo durante el verano no se limitó a sus salas: “Ahora tenemos el cuarto festival de teatro, con invitados de Chile, Argentina, Uruguay y Perú, y ha venido también la comedia nacional de Portugal. Siempre es un momento de gran interés y de gran interacción con toda la población”, dice.
En paralelo, el predio sumó un nuevo punto clave: la apertura de la galería La Perla, impulsada por su hijo, Piero Atchugarry. Con una trayectoria consolidada en Miami y en Garzón, inauguró este nuevo espacio en el entorno del MACA. El nombre es un homenaje a Silvana, compañera de vida de Pablo. “Ella es la gran gestora de todo lo que sucede acá, de todas las locuras mías que trata de ir tejiendo para que no se deshilache la tela”, dice, con afecto. En ese entramado, donde lo artístico y lo personal se entrelazan, también aparece su nieto, Paul Alexander -hijo de Piero y la artista francesa Anne Cécile Surga-, a quien pudo disfrutar especialmente durante el verano.
«NOSOTROS VEMOS LA MUESTRA Y ES LA PUNTA DEL ICEBERG. HAY UN TRABAJO ENORME DETRÁS, CON ASEGURADORAS, CON EQUIPOS QUE EMPIEZAN ALLÁ EN EUROPA Y QUE CONTINÚAN EN EL CAMINO HACIA URUGUAY»



“ EL museo FUE VISITADO POR MILES DE personas DE todo el mundo DURANTE TODO EL verano, Y ESO
TAMBIÉN TIENE QUE VER CON UNA interacción MUY FUERTE CON LA gente. YO CREO MUCHO EN ESTE proyecto DE INSERTAR A Uruguay, A TRAVÉS DEL MACA, EN EL circuito internacional DE LAS artes ”
LA EXPANSIÓN DEL MACA
Entre proyectos y balances, Atchugarry comparte una primicia: junto al arquitecto Carlos Ott, está desarrollando un nuevo edificio que funcionará como contraparte del museo actual: “Va a ser una especie de pendant con el MACA”, explica. Es decir, un edificio pensado en diálogo directo con el existente. La iniciativa responde a una necesidad concreta: “El MACA se va expandiendo en cuanto a su colección y no tiene la capacidad de exponerlo todo ni de almacenarlo”. Por eso, el nuevo espacio incluirá salas de exposición y áreas de almacenamiento para su acervo personal. “Estamos recién en los proyectos, evaluando bien el posicionamiento del lugar”, dice. “Si todo avanza según lo previsto, la construcción podría comenzar el próximo año”.
LO QUE VIENE
Mientras las exposiciones del verano ya forman parte del pasado reciente, el calendario sigue en movimiento. En invierno llegará una de las muestras más esperadas: la del escultor brasileño Artur Lescher, quien a esta altura, es un amigo de la familia Atchugarry de larga data. Con más de tres décadas de trayectoria, Lescher ha desarrollado una obra centrada en la articulación entre materiales, pensamiento y forma, en diálogo constante con la arquitectura y el espacio. Sus esculturas, realizadas en metal, piedra, madera, fieltro o sales, combinan rigor técnico e investigación conceptual, en una práctica que trasciende la forma como fin en sí mismo.
En paralelo, Atchugarry se prepara para una gran exposición en Roma, en la Galería Nacional de Arte Moderno, que reunirá unas 50 obras. “Es una especie de antología”, explica. “Hay obras que salen de Uruguay, otras de Bélgica e Italia… Yo reagrupo todo en mi taller del Lago di Como y de ahí salen cinco camiones hacia Roma”. La logística es compleja y el tiempo escaso: “Como me quiero quedar más de lo usual acá en Uruguay, comprimo los tiempos de preparación de Roma. Lo tengo que preparar todo a punta de teléfono”, explica mientras se ríe, admitiendo su obsesión por el trabajo de toda su vida, algo que no cesa nunca, aunque los años pasen.
UN PROYECTO DE VIDA
En los últimos años, su vínculo con Uruguay también cambió. Hoy reparte su tiempo en partes iguales entre Manantiales e Italia. Pero hay algo que no varía: su rutina. Se levanta con el alba, todos los días, sin importar en qué parte del mundo esté, y trabaja en su taller hasta que cae la última luz. El mármol, la materia, la búsqueda constante. No hay idea de retiro. “Nunca me duermo en los laureles, jamás”, dice. Y esa frase no suena a declaración, sino a práctica diaria. En el centro de todo, sin embargo, hay una escena que resume el sentido del proyecto: los niños descubriendo el museo. “Cuando veo a las escuelas recorrer el Parque de Esculturas y las salas de exposición, a los miles de niños con sus moñas azules, entiendo que todo el esfuerzo valió la pena”, dice. Porque más allá de las exposiciones, la logística o la proyección internacional, lo que está en juego es algo más profundo: “Los sueños hacen vivir también al ser humano”, afirma. “Y este es mi sueño, mi proyecto de vida”.




Cuentos de Hernán Casciari
Un infarto en Montevideo , desconocidos que cambian una vida y una manera de contar que convierte toda escena cotidiana en un cuento .
Por ROSALÍA
LAROCCA
Fotos ANA LAROCCA
Escribir sobre Hernán Casciari tiene algo de trampa. Porque incluso cuando habla de la muerte, de un infarto o de la fragilidad humana, logra que todo parezca una sobremesa entre amigos. Como si las mejores historias no nacieran de grandes hazañas, sino de una conversación cualquiera, de una escena mínima o de un desconocido que aparece apenas unos minutos y deja una marca para siempre.
Casciari llegó a Montevideo invitado por Aprendemos Juntos, el proyecto global de BBVA que, desde hace años, reúne voces de distintas disciplinas para reflexionar sobre la vida contemporánea, los vínculos, la creatividad, la educación y las formas en que nos relacionamos con el mundo. Este año, por primera vez, la iniciativa desembarcó de manera presencial en Uruguay y el escritor argentino fue uno de los elegidos para inaugurar ese encuentro con su charla “Desconocidos que te cambian la vida”.
Entre el humor, la emoción y esa forma tan propia de hablar, Casciari cuenta tres historias reales de desconocidos que, sin proponérselo, terminan alterando la vida de otros para siempre. Y vaya si él puede confirmarlo. Mucho antes de subirse a ese escenario, en esta misma ciudad, pero en 2015, sufrió el infarto que casi termina con su vida y que, al mismo tiempo, modificó profundamente su manera de existir. La experiencia derivó después en un libro y en una se-
rie, atravesados por una certeza que todavía hoy repite con emoción: fueron desconocidos quienes le salvaron la vida. Personas anónimas que aparecieron en el instante exacto.
Tal vez por eso Casciari pertenece a esa especie de escritores que encuentran algo extraordinario en las escenas simples. De los que miran alrededor con una atención obsesiva y convierten lo cotidiano en un cuento que parece hablar de todos y de ninguno. Reconocido por una manera de narrar profundamente oral, cercana y emocional, lleva años transformando recuerdos familiares, conversaciones mínimas y episodios aparentemente insignificantes en historias capaces de conmover a millones de personas.
Pero esa sensibilidad empezó a formarse mucho antes de los libros, en Mercedes, el pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires donde creció rodeado de humor, sobremesas largas y relatos domésticos. De chico pedía que le leyeran los chistes del diario y encontraba en anécdotas familiares una forma temprana de entender el mundo. También algo de ese espíritu sobrevive en Orsai, la editorial y comunidad cultural que fundó para defender una manera más libre, cercana y artesanal de publicar historias. Al final, todo en Casciari parece volver siempre al mismo lugar: a las personas comunes, a los vínculos inesperados y a esas escenas que otros dejarían pasar de largo.

¿DE DÓNDE CREE QUE VIENE ESA CAPACIDAD PARA TRANSFORMAR LO COTIDIANO EN EXTRAORDINARIO?
No tengo claro si es una capacidad. Me parece que es una manera de defenderme de mis propias limitaciones. Yo tengo un oficio, que es el de escritor, en donde los mejores tienen una enorme imaginación y si no tienen un tremendo tesón, mucha perseverancia. El que tiene imaginación te hace una gran distopía. Te cuenta un mundo del año 2500. El que no, va a las hemerotecas y te cuenta una novela histórica sobre cómo fueron en el medioevo y no se qué. Yo no tengo nada más que las cosas que me pasaron, que fueron muy chiquititas y bastante pelotudas.
¿DE VERDAD CREE QUE NO TIENE IMAGINACIÓN?
Es que no es imaginación. La imaginación surge a partir de la nada misma hacia mundos nuevos. La imaginación es Harry Potter, un universo creado desde cero. Yo solamente puedo hablar de mis viejos, de mis amigos y de cosas que me pasaron. Lo que tengo, o por lo menos he sabido desarrollar, es una enorme capacidad de observación. Yo, en un lugar donde vos no ves un cuento, lo veo. Pero no porque el cuento no exista. El cuento está, lo que pasa es que jus-
tamente, por la limitación de mi falta de imaginación y de perseverancia, tuve que desarrollar la observación.
DENTRO DE ESA CANTIDAD DE HISTORIAS QUE ENCUENTRA EN SU DÍA A DÍA, ¿QUÉ DEBE TENER UNA PARA QUE MEREZCA SER CONTADA?
Que me haya emocionado. Porque si a mi no me emociona, no va a funcionar. Y si me emociona la primera vez que la recuerdo, pero la segunda no, tampoco. Ahora, si algo que pasó en mi vida, cada vez que lo refiero, lo cuento en una sobremesa o lo rememoro en la noche, siempre me emociona, entonces eso es un cuento. Generalmente conecto con una escena chiquitita, no con toda la anécdota. Pero si solo contara eso, a vos no te emocionaría, porque no tenés el contexto. Ese contexto es el cuento, la forma en que envuelvo esa emoción para contártela.
¿PREFIERE ESCRIBIR O HABLAR?
En mi vida tuve dos oficios y estuvieron muy bien delimitados. Durante mucho tiempo, más de 15 años, escribí sin jamás leer en voz alta. Después tuve un infarto acá en Montevideo y no pude escribir más. Tuve que dejar de fumar y

al hacerlo mi cerebro se puso en huelga de escritura. Así que en ese momento empecé a leer en voz alta. Fueron dos mundos completamente distintos, no sé si puedo elegir uno.
¿CÓMO SABE QUE UN CUENTO VA A FUNCIONAR EN EL PÚBLICO?
Elijo los que funcionaban a nivel literario y sé que tienen más posibilidades de andar desde lo interpretativo. Aun así, no todos funcionan. A esos los mejoro o los descarto. Pero, además, es algo que hago todo el tiempo. Esto que acabo de hacer en el escenario no lo hice por primera vez hoy. Trato de encontrar la manera de que parezca coloquial y espontáneo. Si bien hay muchos párrafos que los invento en el momento, porque me divierte mucho el desafío de no decir siempre lo mismo, la base está muy probada en muchos escenarios.
VOLVIENDO A ESA ÉPOCA EN LA QUE TUVO QUE DEJAR DE ESCRIBIR, ¿LO SORPRENDIÓ DESCUBRIRSE COMO ORADOR? PARECIERA QUE ES ALGO QUE LLEVA HACIENDO TODA SU VIDA.
Creo que más que descubrir fue algo que retomé. A los veintipico, antes de irme a vivir a España, era tremendamente locuaz y sociable. Tenía un germen parecido a este. Después dejé de hacerlo, me puse a escribir y lo perdí completamente. A mí me parece que lo más importante o lo que intento conseguir es que lo que cuento no parezca literatura. Que al otro le dé la sensación de que está escuchando a un amigo en una sobremesa. Juego mucho con esa convicción del otro. Es una actividad completamente actoral. Pero no es que soy un actor que quiere fingir ser otro, soy un actor que quiere fingir ser yo mismo.
¿PIENSA QUE LA ERA DIGITAL PODRÍA MATAR EL CUENTO?
Es imposible que algo o alguien pueda matar el cuento. El día que eso suceda nos quedaremos tan solos que volveremos a ser animales y no personas. Somos seres humanos porque nos contamos cosas. Nada más que por eso. Porque nos mentimos, porque nos enamoramos, porque cocinamos para otros, pero sobre todo y, exclusivamente, porque nos contamos cosas. A mí me da mucha risa cuando alguien viene a decir que tal cosa vino a matar otra anterior. La radio muere porque llega el cine, el cine muere porque llega el streaming. Nadie mata nada. Todas las cosas que llegan son una capa más de la cebolla. Y el corazón de la cebolla es que nos encanta que nos cuenten historias.
USTED HABLA MUCHO DE LOS DESCONOCIDOS QUE PUEDEN CAMBIARNOS LA VIDA. ¿CREE QUE HOY ESTAMOS DEMASIADO DISTRAÍDOS PARA ENCONTRARLOS?
Sí, en Aprendemos Juntos me refiero a esto. Yo sé que este aparatito, el teléfono, llega mucho más lejos de lo que llegábamos antes. Pero, al mismo tiempo, nos ofrece un fueguito permanente que hace que no podamos mirar arriba como antes. Recuerdo viajar siempre en el 152, en los años 80
y 90, me la pasaba mirando a todos lados. Éramos más o menos los mismos pasajeros. Mirábamos al otro y, a veces, hasta interactuábamos un poquito. Sin querer alguien nos podía cambiar la vida, y al revés también. Ahora estamos todos mirando mucho para abajo. ¡Ojo con eso! No solamente porque un desconocido nos puede cambiar la vida, sino, sobre todo, porque nosotros podemos ser los desconocidos que le cambien la vida a alguien.
TIENE UN AUDIOCUENTO EN EL QUE DICE SER UN URUGUAYO ENCERRADO EN EL CUERPO DE UN ARGENTINO. ¿POR QUÉ SE SIENTE ASÍ?
Por suerte escribí ese cuento en 2005, antes del infarto. Si no me parecería retribunero. Lo escribí mucho antes y es algo que me pasó toda la vida. De chiquitito tenía una fascinación por Montevideo, nunca supe realmente por qué. Pero cada vez que veía a un uruguayo en mi pueblo era como ver a un ídolo. Me gustaban muchísimo unos cómicos uruguayos que actuaban en la Argentina. Ustedes los conocen como Decalegrón y yo como Comicolor. Tenía ocho años y para mí eran unos genios. A veces, cuando en Mercedes, mi pueblo, las noches estaban muy claras, podía conectar Canal 12 en la televisión y era magia. ¡Inexplicable! Era una fascinación muy incomprensible con Uruguay. Como un amor desmedido y sin ningún asidero. A los 25 fue la primera vez que pisé Montevideo.
¿EN QUÉ SE IDENTIFICA CON UN URUGUAYO HOY?
En realidad, menos el porteño, todos los argentinos tenemos algo de uruguayés. Lo que pasa es que, ustedes los uruguayos, creen que el argentino es el porteño. Todos los que somos de lugares más tranquilos y serenos, donde existe la siesta, odiamos un poco al porteño. Pero, puntualmente, en lo que tiene que ver conmigo, hubo una fascinación inicial que no tenía una razón hasta que, al final, sucedió el infarto. Morí y renací en Uruguay.
LE CERRÓ EL CUENTO.
Me cerró completamente. No era que en el pasado fui uruguayo. Era que en el futuro iba a nacer de vuelta acá.
“ES imposible QUE algo O alguien PUEDA MATAR EL cuento. EL DÍA QUE ESO SUCEDA NOS QUEDAREMOS
TAN solos QUE VOLVEREMOS
A SER animales Y NO personas. SOMOS seres humanos
PORQUE NOS contamos cosas. NADA MÁS QUE POR ESO”


Montevideo, Punta del Este y Buenos Aires forman un mapa de sabores donde identidad, producto y visión se reflejan en cada plato.
Las mesas que delinean la cocina del Río de la Plata
Tres ciudades , quince experiencias y una misma búsqueda : la mesa como espacio de encuentro . Esta selección reúne algunos de los restaurantes que hoy moldean la escena gastronómica del Río de la Plata , entre brasas , técnica y una mirada cada vez más puesta en el detalle .
BUENOS AIRES





CASA CAVIA
NESS
GRAN DABBANG
DON JULIO
TRESCHA
DON JULIO
Carnes y vino en Palermo Viejo
En la esquina de Guatemala y Gurruchaga, en Palermo, Don Julio se consolidó como una de las parrillas más reconocidas del mundo. Fundado en 1999 y liderado por Pablo Rivero, el proyecto llevó la tradición cárnica argentina a otro nivel, con énfasis en la selección de la materia prima, la maduración de los cortes y el manejo preciso del fuego. El equipo ostenta desde hace tres años el primer puesto en el ranking de los mejores restaurantes de carne del mundo. Cuenta además con una estrella Michelin y una estrella verde Michelin, que reconocen tanto su excelencia gastronómica como su enfoque sustentable y de ganadería regenerativa. Conseguir reserva no es fácil ya que es un “must go” para quienes buscan una experiencia ligada a los productos del campo argentino.
TRESCHA
Fine dining contemporáneo
La alta cocina de Trescha se vive en formato íntimo. El restaurante se organiza en torno a una barra para apenas 10 comensales, donde cada paso se prepara a la vista y el vínculo con la cocina es directo. La propuesta de su chef y fundador, Tomás Treschanski, de impronta pluricultural, combina técnicas globales con producto argentino en un menú que cambia según la temporada y la investigación de su Test Kitchen. A menos de dos años de su apertura, obtuvo y revalidó una estrella Michelin, afirmando una trayectoria de rápido reconocimiento. La experiencia se completa con coctelería de alto nivel, con y sin alcohol, y una amplia selección de vinos.
GRAN DABBANGO
Sabores asiáticos con identidad propia
Detrás de un frente discreto sobre la Av. Scalabrini Ortiz, en Palermo, Gran Dabbang lleva más de una década como uno de los destacados de la escena gastronómica de Buenos Aires. El proyecto del chef Mariano Ramón combina influencias asiáticas con el mejor producto argentino en una cocina en constante evolución, donde el foco no está en el tamaño del
salón sino en el sabor y en el vínculo con los productores locales. “Pensamos que cuanto más personas tengan acceso a probar los productos, más fácil será popularizarlos y mostrar la diversidad que hay en Argentina”, señala Ramón. Inclusivo y cotidiano, el restaurante propone una experiencia cercana, pensada para compartir y volver. La variedad de influencias se traduce en una identidad sólida y reconocible dentro del circuito porteño.
NESS
Cocina de fuegos y producto
La cocina a leña define la experiencia en NESS, un proyecto donde todo sucede a la vista. Al frente está el chef Leo Lanussol, en sociedad con Esteban Cigliutti. El proyecto combina restaurante y un bar de vinos (para el que no hay que reservar) con música en vivo. La sustentabilidad atraviesa todo: trabajo con productores de cercanía, uso consciente de los recursos y una lógica de cocina que busca reducir el desperdicio. Ubicado en el barrio de Núñez, en Buenos Aires, la carta pone el acento en el producto y cambia según la temporada. Centrada en la cocción al fuego, con parrilla, plancha y horno de barro, propone platos en porciones enteras o medias, ideales para compartir.
CASA CAVIA
Gastronomía, diseño y arquitectura
En una residencia de 1927 restaurada a su esplendor original, Casa Cavia presenta una experiencia donde conviven gastronomía y diseño en un mismo espacio. Ubicada en Palermo Chico, la vivienda conserva su impronta original y despliega salones, jardín y cava que invitan a disfrutar una experiencia íntima y variada. La cocina, liderada por Julieta Caruso, combina una mirada de autor con influencias globales y producto local, en una propuesta que sigue las estaciones. La barra, dirigida por la bartender Flavia Arroyo, se distingue por el uso de la técnica del clarificado en sus cócteles, que se refleja, por ejemplo, en un Bloody Mary de un rojo intenso que da que hablar.
NORIMOTO
Pionero del hand roll en Uruguay
Norimoto nace con la idea de resignificar un clásico como el sushi y llevarlo hacia una experiencia más precisa y moderna. Fundado en Buenos Aires en 2022, el proyecto creció rápidamente y hoy tiene presencia también en Uruguay y Miami. Su propuesta combina técnica, producto y una estética minimalista para explorar la cocina japonesa desde una mirada actual, donde cada detalle, desde el arroz a la selección de pesca, es central. Además de sus reconocidos hand rolls, la carta incluye nigiris, gunkans y chirashis. El resultado es una experiencia ágil, marcada por la frescura y el cuidado en cada detalle.
CAFÉ MISTERIO
Un clásico de Carrasco
Con más de tres décadas de historia, Café Misterio es uno de los nombres clave de la gastronomía de Montevideo. Innovador para su tiempo, fue fundado en 1993 por Roberto Behrens y Juan Pablo Clerici, quienes incorporaron tempranamente influencias internacionales, como el sushi, y ampliaron el paladar local. Con el tiempo, pasó de bar a restaurante sin perder su espíritu festivo. Pioneros en trabajar con pesca artesanal y productos locales, mantienen una propuesta amplia y versátil, sostenida en el amor por el oficio, la intuición y una evolución permanente. Hoy combina platos clásicos con una mirada actual, en un espacio que sigue siendo punto de encuentro para distintas generaciones.
ESTRECHO
Cocina moderna en Ciudad Vieja
Desde 2003, Estrecho es un clásico de la Peatonal Sarandí, en Ciudad Vieja, Montevideo. El proyecto sigue evolucionando de la mano de los chefs Cali Diemarch y Jessica Franco, quienes sostienen una propuesta moderna, con base francesa y foco en el producto. La carta cambia con las estaciones,
pero mantiene algunos platos emblemáticos que definen su identidad, como el Pad Thai con fideos de arroz, brotes de soja, puerro, verde, maní y salsa de tamarindo. El formato ágil y cercano es parte de su sello. La mudanza de unos metros sobre la misma peatonal les permite operar ahora con mayor espacio y horario ampliado, y reafirmase como uno de los puntos más queridos del circuito montevideano.
MANZANAR
Fuegos y producto en Carrasco
En un antiguo supermercado reciclado en Carrasco, Manzanar funciona como un restaurante de impronta familiar, llevado adelante por Jimena y Victoria Barbero, con el apoyo de su padre, el empresario gastronómico Gustavo Barbero. Con el fuego como lenguaje central, su cocina se abre a influencias globales, en una propuesta donde el producto y la técnica conviven a diario. El restaurante mantiene un fuerte anclaje barrial, con mesas que miran a la plaza y una dinámica cotidiana muy ligada a su entorno, mientras en paralelo el proyecto se expande con eventos internacionales y colaboraciones con chefs de distintos países.
PLATO
Cocina cotidiana con criterio gourmet
Plato es un proyecto gastronómico en Montevideo liderado por los cocineros Nahuel Abelenda y Mateo Bardier. Con cocina abierta a la calle, propone una experiencia urbana donde el menú cambia todos los días según el producto de estación y las técnicas aplicadas. La idea central es cocinar lo cotidiano pero con criterio: sabores definidos, equilibrio y consistencia, priorizando el respeto por el producto por sobre la complejidad. El menú se organiza semanalmente con pastas, arroces, comidas de olla o platos rápidos, siempre con una lógica de rotación constante. El proyecto busca reinterpretar la cocina diaria montevideana en un formato ágil, pensado para comer en el lugar, llevar o pedir por delivery.
MONTEVIDEO





ESTRECHO
CAFÉ MISTERIO PLATO
NORIMOTO
MANZANAR
PUNTA DEL ESTE

BOULEVARD LAS PALMERAS




IMARANGATÚ LATE
LA HUELLA
CAFÉ DE LA MANSA
BOULEVARD DE LAS PALMERAS
Parrilla ampliada en la península
En la zona más antigua de Punta del Este, una casona recuperada vuelve a abrir sus puertas convertida en restaurante. Boulevard de las Palmeras es el nuevo proyecto del chef Marcelo Betancourt, que propone una parrilla que expande el repertorio tradicional. La carta se apoya en carnes locales, pesca fresca y vegetales de estación, con la parrilla como hilo conductor y algunos guiños mediterráneos. La cercanía con el puerto define un menú que se ajusta a la disponibilidad diaria. El espacio, completamente renovado, integra cocina abierta, barra central y áreas exteriores, además de una terraza destinada a eventos.
ZUNINO, CAFÉ DE LA MANSA
Pastelería y café frente al mar
En la parada 1 de Punta del Este, Café de la Mansa Zunino amplió el universo de la marca con un espacio que cruza pastelería, cafetería y una propuesta salada pensada para distintos momentos del día. El proyecto del pastelero Nicolás Zunino, en sociedad con Analía Suárez y Sebastián Freire, mantiene el foco en la calidad de la materia prima, con especial protagonismo de la pastelería. La oferta incluye desayunos y almuerzos, opciones sin gluten y una línea de productos frescos listos para llevar a la playa, en envases descartables y biodegradables pensados para el consumo al paso.
PARADOR LA HUELLA
Cocina en la playa
Hablar del Parador La Huella es hablar de una referencia de la gastronomía uruguaya. Impulsado por Martín Pittaluga, Guzmán Artagaveytia y Gustavo Barbero, el proyecto se sostiene desde hace 25 años sobre la playa de José Ignacio, con una identidad basada en el trabajo, la formación de equipo y el vínculo con el entorno. Su cocina se centra en el producto y el fuego, con una línea clara y sostenida en el tiempo. En constante movimiento, incorpora influencias y colaboraciones
y en 2025 volvió a figurar en la lista extendida de Latin America’s 50 Best Restaurants, ocupando el puesto 83 como el mejor posicionado entre los restaurantes uruguayos.
I’MARANGATÚ
Cocina frente al mar
En Playa Mansa de Punta del Este, I’marangatú propone una cocina de autor donde el producto fresco y el entorno costero definen la experiencia. El espacio es liderado por la propietaria Analía Suárez junto al chef Matías Sanjurjo. El parador trabaja con energía solar, movilidad eléctrica, reducción de consumo de agua mediante potabilización propia y reutilización de recursos en la operación diaria. La carta combina influencias contemporáneas con foco en el producto: asado de tira de wagyu, tagliatelle casero “inmigrante” con pesto genovés, burrata con tomate confitado y nueces, bifes con papas, bacon y huevo poché, chipirones, verduras al hierro, sopa de zucchini, almejas y sushi, entre otros. Desayunos, almuerzos livianos, tardes de té y coctelería al atardecer completan una experiencia que se extiende hasta la noche, en diálogo con el paisaje.
LATE
Sabores peruanos en Punta del Este
El restaurante trabaja sobre una cocina de base peruana y asiática con énfasis en el producto fresco y una mirada especialmente atenta al sushi. Su carta combina técnicas japonesas con sabores intensos de la cocina peruana. Incluye ceviches, nigiris, rolls clásicos y especiales, gyozas, dumplings, causas, croquetas de salmón, langostinos panko y crispy rice, junto a platos calientes como arroz con mariscos, curry, yakimeshi, chipirones, lomo salteado y pesca del día, entre otros. Astrid Acuña, la chef peruana responsable de este vuelco hacia lo nikkei, asumió la conducción previo a la temporada de verano 2026. Antes pasó por las cocinas de Gastón Acurio en Astrid & Gastón y La Mar Cebichería, además de ocupar la dirección de distintas marcas del grupo en Argentina, donde vivió por más de una década.

ALEJANDRO VIGIL
“Hoy el desafío no es hacer grandes vinos, sino evitar la repetición”
APODADO EL “MESSI DEL VINO”, EL enólogo mendocino QUE LLEVÓ A LA Argentina A LO MÁS ALTO DE LA CRÍTICA internacional, RESPONDE EN EXCLUSIVA PARA Revista Mola. ENTRE ciencia Y sensibilidad, HABLA DE suelo, cambio climático, identidad Y DEL desafío -CADA VEZ MÁS COMPLEJO- DE INTERPRETAR LO invisible.
Por LAURA GARGANTA
Nacido en Mendoza en 1973, Alejandro Vigil es una de las figuras más influyentes del vino a nivel global. Ingeniero agrónomo con formación en enología e irrigación, inició su carrera en el INTA y desde 2002 forma parte de Bodega Catena Zapata, donde asumió la dirección enológica en 2007. Bajo su liderazgo, la bodega alcanzó reconocimientos internacionales sin precedentes, con puntajes superiores a 95 en las principales publicaciones especializadas y distinciones como Winery of the Year.
Fue el primer enólogo latinoamericano en obtener 100 puntos del influyente crítico Robert Parker, un hito que consolidó la proyección internacional del vino argentino. Paralelamente, junto a su esposa, María Sance, desarrolló Casa Vigil (también conocida como El Enemigo) en Chachingo, Mendoza: un proyecto que nació en el quincho de su casa familiar y que hoy combina vino, gastronomía y literatura en una propuesta enoturística de referencia internacional, reconocida con una estrella Michelin.
Padre de Juan Cruz y Giuliana, Vigil también volcó esa construcción personal y profesional en sus libros. Es coautor, junto a Laura Catena, de Malbec Mon Amour, y escribió Casa Vigil junto a María Sance, una publicación que recorre la historia, el territorio y la identidad del proyecto, además de reunir algunas de las recetas más representativas de su restaurante.
Autor de una mirada que cruza ciencia, intuición y relato, su enfoque trasciende la técnica: entiende el vino como un lenguaje, una interpretación del territorio y del tiempo. En esta conversación, reflexiona sobre su filosofía, el impacto del cambio climático y el futuro de la vitivinicultura.

A LO LARGO DE TU TRAYECTORIA REPETÍS UNA IDEA MUY CLARA: QUE EL VINO SE HACE EN LA TIERRA. ¿CÓMO SE TRADUCE HOY ESA FILOSOFÍA EN TUS DECISIONES CONCRETAS COMO ENÓLOGO?
Se traduce, antes que nada, en diseñar sistemas que no tapen la diferencia. Para mí hoy el gran desafío no es hacer un gran vino, sino evitar que todo termine sabiendo parecido.
En concreto, implica trabajar con una lógica muy clara: misma variedad, mismo manejo, distintos suelos. No separo parcelas porque sean “mejores” o “peores”, sino que dejo que el mismo protocolo revele las diferencias. Si tengo un suelo más arenoso y otro con alta presencia de carbonato de calcio o piedra, los conduzco igual: mismo riego, mismo manejo de canopia, misma carga, mismo momento de cosecha dentro de un rango coherente.
Después, la lectura pasa a ser sensorial y estructural. ¿Dónde aparece la tensión? ¿Dónde aparece la verticalidad? ¿Dónde está la amplitud? Eso no lo genero yo, eso ya está en el suelo. En bodega, la intervención es mínima pero muy pensada. Extracciones suaves, muchas veces más cercanas al infusionado que a la extracción clásica. Evito sobremaduraciones porque ahí el suelo desaparece. Y la crianza, sobre todo, la uso como un elemento de contención, no de construcción. Si la madera se nota, algo está mal. La decisión más difícil no es qué hacer, sino qué no hacer.
VENÍS DE UNA FORMACIÓN CIENTÍFICA MUY FUERTE, PERO HABLÁS DEL VINO DESDE LA LITERATURA, LA EMOCIÓN Y LA INTERPRETACIÓN. ¿CÓMO CONVIVEN ESAS DOS DIMENSIONES EN TU MANERA DE TRABAJAR?
Conviven en una especie de doble lectura permanente. Yo puedo analizar un vino desde el ph, la acidez total, los índices de polifenoles, la cinética de fermentación. Todo eso lo manejo, lo entiendo y lo necesito. Pero eso no alcanza para tomar decisiones finas, porque dos vinos con números similares pueden ser completamente distintos en energía, en textura, en profundidad. La ciencia me da un marco de control: me permite no cometer errores graves, entender desvíos, anticipar problemas. Pero la decisión final siempre tiene algo de interpretación. Hay momentos donde el análisis te dice una cosa y el vino te dice otra. Y ahí hay que elegir.
Para mí el vino tiene más de lenguaje que de fórmula. Y como todo lenguaje, hay que aprender a leerlo más allá de lo evidente.
HAS DICHO QUE EN EL VINO “TODOS LOS SUPUESTOS CAMBIAN”. ¿QUÉ TAN DETERMINANTE FUE EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA FORMA EN QUE PENSÁS HOY LA VITIVINICULTURA?
Fue determinante porque rompió la linealidad. Antes uno trabajaba con cierta previsibilidad, sabías cómo iba a evolucionar un ciclo, qué esperar de una zona, incluso cómo se comportaban las variedades. Hoy todo eso se volvió mucho más inestable. Tenés acumulaciones de azúcar más rápidas, pero no siempre acompañadas de madurez fenólica. Tenés noches que ya no enfrían igual, o lluvias en momentos inesperados. Eso obliga a
ajustar todo. Por ejemplo, ya no podés esperar a que el azúcar te marque la cosecha, tenés que mirar mucho más la textura de la piel, la evolución de las semillas, la expresión aromática en campo. También cambia el diseño del viñedo: orientación de hileras, manejo de sombra, altura de canopia, incluso decisiones más estructurales como ir a zonas más frías o más altas. En conclusión, el cambio climático no es solo una variable más, es un cambio de paradigma.
FRENTE A ESE ESCENARIO CAMBIANTE, SOSTENÉS QUE SOBREVIVE EL QUE SE ADAPTA Y NO EL MÁS FUERTE. ¿CÓMO SE APLICA ESA LÓGICA EN EL DÍA A DÍA DE UNA BODEGA?
Se aplica en la flexibilidad operativa, en no tener procesos rígidos. Por ejemplo, la vendimia ya no es una fecha, es una ventana. Y dentro de esa ventana hay que tomar decisiones rápidas. Lo mismo con la fermentación: no todos los años podés trabajar con los mismos tiempos, las mismas temperaturas ni las mismas extracciones. También implica revisar decisiones estructurales: portainjertos, densidades de plantación, sistemas de conducción. Cosas que antes parecían inamovibles. Y hay algo más importante: el equipo. Adaptarse también es formar gente que entienda este dinamismo, que no trabaje en automático. La adaptación no es un acto puntual, es un estado permanente.
MENCIONÁS MUCHO LA IDEA DE HACER CINCO
VECES LA PREGUNTA “POR QUÉ”. ¿QUÉ PRÁCTICAS O PARADIGMAS SENTÍS QUE HOY ESTÁN EN REVISIÓN DENTRO DEL MUNDO DEL VINO?
Muchísimos, pero sobre todo los que estaban más naturalizados. La madera es uno, por supuesto. ¿Por qué usamos madera? ¿Para estabilizar, aromatizar, para dar estructura? Cuando empezás a desarmar esas respuestas, entendés que muchas veces era más una búsqueda estética que una necesidad.
La extracción es otra práctica. Durante años se buscó concentración como sinónimo de calidad, hoy entendemos que la sobre extracción puede matar la identidad del lugar, incluso el concepto de madurez está en revisión. Antes era azúcar, color, potencia. Hoy hablamos más de equilibrio, de energía, de tensión. Cuando preguntás “por qué” varias veces, terminás llegando a la base: muchas prácticas no responden al lugar, responden a un modelo.
DEFINÍS TU ENFOQUE COMO MÁS CERCANO A LO REGENERATIVO QUE A LO BIODINÁMICO. ¿QUÉ IMPLICA, EN TÉRMINOS CONCRETOS, TRABAJAR BAJO ESA MIRADA
Implica trabajar sobre el suelo como eje central. No como soporte, sino como sistema vivo. En la práctica significa aumentar materia orgánica, fomentar vida microbiana, trabajar con coberturas vegetales, reducir al mínimo las intervenciones químicas que rompen equilibrios. Pero también implica entender al agua de otra manera. No solo cuánto regar, sino cuándo y para
qué. En muchos casos, restringir riego en momentos clave para forzar raíces más profundas y una relación más directa con el perfil del suelo.
No es una receta cerrada. Es más bien una lógica: cada intervención tiene que mejorar el sistema, no solo sostenerlo.
TAMBIÉN HABLÁS DE SOSTENIBILIDAD SOCIAL, NO SOLO AMBIENTAL. ¿CÓMO SE ARTICULA ESA IDEA EN UN PROYECTO QUE HOY INVOLUCRA A CIENTOS DE PERSONAS?
Se articula en la coherencia. No podés hablar de equilibrio con la tierra si no hay equilibrio con las personas. En concreto, tiene que ver con generar equipos estables, con formación continua, con posibilidades reales de crecimiento. Pero también con algo más intangible: sentido de pertenencia. Cuando la gente entiende el por qué de lo que hace, el proyecto cambia, deja de ser un trabajo y pasa a ser parte de algo más grande. Y eso, en proyectos de esta magnitud, es probablemente lo más difícil de sostener.
“CUANDO
LA gente ENTIENDE EL POR QUÉ DE LO QUE HACE, EL proyecto
CAMBIA, DEJA DE SER UN trabajo Y PASA A ser parte DE ALGO MÁS grande
”
CASA VIGIL NACE CASI DE MANERA ESPONTÁNEA, DESDE ALGO MUY DOMÉSTICO. ¿EN QUÉ MOMENTO SENTISTE QUE ESE PROYECTO SE TRANSFORMABA EN ALGO MUCHO MÁS GRANDE QUE UN RESTAURANTE EN TU CASA?
Creo que el cambio se dio cuando dejó de ser un espacio íntimo para convertirse en un espacio interpretado por otros. Al principio era muy personal, muy mío, pero con el tiempo la gente empezó a apropiarse del lugar, a vivirlo a su manera. Y ahí entendí que el proyecto había crecido. Ya no era solo hospitalidad, era experiencia. Y una experiencia tiene otra responsabilidad.
LA PROPUESTA DE CASA VIGIL CRUZA VINO, GASTRONOMÍA Y LITERATURA. ¿CÓMO SURGE ESA NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA EXPERIENCIA MÁS ALLÁ DEL VINO?
Surge de una limitación del vino como objeto aislado. El vino necesita contexto para desplegar todo su potencial. La gastronomía lo complementa desde lo sensorial, la literatura desde lo

«DURANTE AÑOS SE BUSCÓ CONCENTRACIÓN COMO SINÓNIMO DE CALIDAD, HOY ENTENDEMOS QUE LA SOBREEXTRACCIÓN PUEDE MATAR LA IDENTIDAD DEL LUGAR, INCLUSO EL CONCEPTO DE MADUREZ ESTÁ EN REVISIÓN [...] HOY HABLAMOS MÁS DE EQUILIBRIO, DE ENERGÍA, DE TENSIÓN»

simbólico. La Divina Comedia aparece como una estructura narrativa, casi como un mapa emocional. El recorrido no es solo físico, es conceptual. El vino pasa a ser parte de esa historia, no el único protagonista.
HOY, DESPUÉS DE HABER SIDO CLAVE EN POSICIONAR AL VINO ARGENTINO, ¿QUÉ SENTÍS QUE FALTA O HACIA DÓNDE DEBERÍA EVOLUCIONAR?
Creo que el gran paso es profundizar en la identidad de lugar. Ya logramos visibilidad, ahora necesitamos precisión. Mostrar que dentro de Mendoza hay múltiples Mendoza. Que Gualtallary no es lo mismo que Agrelo, que Altamira no es lo mismo que Los Chacayes. El futuro está en la diferenciación, no en la masificación.
DECÍS QUE PASAMOS DE LAS BODEGAS A LOS VARIETALES, LUEGO A LOS ENÓLOGOS Y AHORA A LAS ZONAS. ¿QUÉ CAMBIA CUANDO EL FOCO ESTÁ EN EL TERRITORIO?
Cambia la narrativa y cambia la responsabilidad. Cuando el foco está en el territorio, el vino deja de ser un producto y pasa a ser una interpretación. Ya no hablás de “lo que hiciste”, hablás
de “lo que entendiste”. Eso exige mayor precisión técnica, pero también mayor honestidad.
TAMBIÉN HABLÁS DEL VINO COMO UNA FORMA DE VIDA. ¿EN QUÉ MOMENTOS ESA DEFINICIÓN SE VUELVE MÁS EVIDENTE?
En los momentos donde el resultado no depende de tu esfuerzo sino de factores externos. Pero también en los momentos donde todo fluye. Donde una cosecha te emociona, donde un vino evoluciona como esperabas. Ahí entendés que no es solo un trabajo. Es una relación.
VOLVIENDO AL INICIO DE TODO ESTE RECORRIDO ¿QUÉ ES LO QUE MÁS TE HA SORPRENDIDO?
La complejidad real del vino. Uno arranca pensando que es un sistema controlable, pero con el tiempo entendés que siempre hay algo que se escapa. Y en ese margen de incertidumbre está lo más interesante. También me sorprendió algo más humano: cómo el vino conecta. Cómo genera vínculos, historias y momentos. Eso, al principio, no lo veía. Hoy creo que es lo más importante.
“DONDE UNA cosecha TE emociona, DONDE UN vino evoluciona COMO
ESPERABAS. AHÍ ENTENDÉS QUE NO ES SOLO UN trabajo. ES UNA relación”


DOBLE 100
UN LOGRO POCO FRECUENTE EN LA CRÍTICA INTERNACIONAL
Alejandro Vigil vuelve a posicionarse en la cima: el crítico James Suckling otorgó 100 puntos a dos vinos de El Enemigo en un mismo reporte, una distinción excepcional incluso en los rankings más exigentes.
Los vinos reconocidos -El Enemigo Malbec Valle de Uco Gualtallary As Bravas 2018 y Gran Enemigo Single Vineyard Cabernet Franc Gualtallary 2023- provienen de Gualtallary, en el Valle de Uco, y confirman el nivel de excelencia alcanzado por el proyecto.
No es la primera vez, en 2018, Vigil ya había logrado una doble puntuación perfecta por parte de The Wine Advocate.
Más que un reconocimiento, se trata de una señal clara que el vino argentino no solo compite, marca estándar.

RAFA ZAFRA
El chef español pasó por Montevideo de la mano de Estrella Damm para cocinar en los restaurantes hermanos Manzanar y Río
Por ROSANA DECIMA
El nombre de Rafa Zafra suele asociarse a la idea de lujo cercano, una forma de entender la alta gastronomía lejos del protocolo rígido, con una cocina que "acaricia" el producto y apuesta a la memoria. Pero previo a ese concepto (y a los restaurantes, los viajes y el reconocimiento) hay una historia bastante más simple que explica de dónde viene todo.
Antes de las estrellas Michelin o del caviar, la historia de Zafra empieza en un lugar extraño. Extraño, al menos, para un cocinero. “Mi padre era camionero. Y mi madre me castigaba porque yo no estudiaba. Ella pensaba que me castigaba y me decía: ‘Hoy te vas a trabajar con tu padre’”, recuerda. Lo que parecía un castigo terminó siendo otra cosa. “Yo me lo pasaba de puta madre”, dice, sonriendo, sobre esos viajes en los que acompañaba a su padre en los repartos.
Pero no era el trayecto en las calles lo que lo marcaba, sino las paradas que hacían. “Mi momento mágico era cuando parábamos a comer”, sostiene. Restaurantes de ruta, bares, lugares sin pretensión en los que, sin embargo, ocurría algo revelador. “Tenías tres primeros platos para elegir, tres segundos y un carro
de postres. Para mí eso era un sueño”.
En su casa se comía bien, aclara, pero no había mucho lugar a la elección. “El día que no me gustaba, había lo que había y tenía que comer”. En cambio, en esos comedores de carretera aparecía la posibilidad de decidir, de comparar, de disfrutar. “Llegar a esos sitios, para mí, era un sueño, yo iba con una sonrisa”.
Esa relación con la comida (ligada al placer y a la experiencia) fue el germen de lo que vendría después, aunque en ese momento todavía no había una vocación clara. De hecho, todo lo contrario. “Yo no podía resolver problemas de matemáticas, no podía leer un libro, no podía tener capacidad de retención de nada”, recuerda.
El punto de quiebre llegó cuando entró a estudiar cocina. “Tuve un antes y un después”, resume. Por primera vez, algo le interesaba lo suficiente como para sostener la atención. “Encontré la motivación en la vida”. El cambio fue inmediato: de no rendir en el estudio, pasó a destacarse. “Todo era notable, sobresaliente”, recuerda.

Ese descubrimiento también trajo una transformación rápida en su vida profesional. “Con 16 o 17 años era el chef donde hacía las prácticas”, cuenta. En poco tiempo no solamente había encontrado su lugar, sino que ya ocupaba un rol de liderazgo.
Con los años, esa forma de vincularse con la cocina, desde la intuición más que desde la teoría, se mantuvo. Zafra lo explica de manera directa: “Yo cocino como me gusta comer”. Una idea que parece simple, pero que define buena parte de su recorrido.
Esa lógica también atraviesa su manera de entender el trabajo cotidiano. No habla de horarios ni de equilibrio, sino de una dedicación total. “Yo llevo dos meses sin tener un día libre. Pero no lo veo como un trabajo, es mi vida”, dice. Para él, la diferencia está en la pasión: “Las personas que son genias o apasionadas, no ven lo que hacen como un trabajo”.
En esa misma línea, su mirada sobre la gastronomía pone el foco en la experiencia del otro. “No vendemos comida, vendemos felicidad”, repite. Y esa felicidad también implica flexibilidad: entender al cliente, adaptarse, no imponer.
La relación con el producto, especialmente con el mar, es otro de los pilares que fue construyendo con el tiempo. Pero incluso ahí aparece la misma lógica: curiosidad y aprendizaje desde la práctica. “Nos montamos en las barcas, conocemos el arte de pesca, la estacionalidad”, explica. Ese trabajo incluye también una mirada más amplia: “Tenemos biólogos con nosotros y aprendemos de lo que vendemos”.
Detrás de esa aparente simpleza hay un trabajo profundo, aunque él lo describa de otra manera: “Parece que cocinamos como si fuéramos niños, pero con los conocimientos de un adulto”. Y en esa búsqueda, hay límites claros: “No ponerle más de cinco ingredientes a los platos”.
LA FILOSOFÍA DE “ACARICIAR” EL PRODUCTO
Su cocina no busca impresionar desde la complejidad, sino desde la precisión. “Nuestra manera de cocinar es no cocinar, sino acariciar”. La idea es intervenir lo mínimo posible para que el producto se exprese. Y, al mismo tiempo, lograr algo más difícil: conectar con quien come. “Es una cocina memorativa”, explica, en referencia a esos sabores que remiten a algo conocido, pero mejorado.
Esa combinación de la libertad del que descubre y la técnica del que ya sabe es la que atraviesa su cocina. Pero también hay otro elemento que considera fundamental: el equipo. “Sin equipo no somos nadie, somos un ingrediente más de una receta”, dice.
Quizás por eso, a pesar de los proyectos, los viajes y el crecimiento, su relato vuelve siempre a ese origen. A esa primera experiencia de felicidad vinculada a la comida, que no tenía que ver con la sofisticación, sino con algo mucho más básico.
A ese momento en el que todo empezó sin que nadie lo planeara. “Mi madre pensaba que enviarme con mi padre a trabajar era un castigo”, dice. Pero hoy todos los que conocemos algo de la cocina de Zafra sabemos que no funcionó como tal, sino todo lo contrario. FOODIE


«NO
VENDEMOS COMIDA, VENDEMOS FELICIDAD»

Nuestro Secreto y Manzanar unidos en el Four Seasons Buenos Aires
Por BAHÍA LANCESTREMERE
El celebrado restaurante uruguayo Manzanar comenzó el año cruzando el río en una noche especial: un exclusivo pop up junto a Nuestro Secreto, el restaurante del hotel Four Seasons Buenos Aires. Con el fuego como punto de partida, la chef Patricia Ramos junto a Juan Gaffuri al frente de Nuestro Secreto recibieron al equipo de Manzanar, las chefs Vanina Canteros, Natalia Suesca y Jimena Barberó, quienes cocinaron junto a los jardines del hotel y la majestuosa Mansión Álzaga Unzué. La experiencia celebró el espíritu culinario rioplatense, con el fuego, las brasas y los productos locales como protagonistas.
Cada paso de la propuesta fue pensada al detalle para capturar la esencia de los sabores tradicionales de ambas culturas: croquetas de ossobuco con alioli de ajo negro, molleja a la parrilla con salsa de ají, cordero en cocción lenta con puré de papas, asado con chimichurri, fueron algunos de los platos destacados de la noche, en la que el fuego logró ser el hilo conductor de la experiencia.
Esta actividad formó parte de los pop ups gastronómicos que realiza el icónico hotel Four Seasons Buenos Aires, una serie de experiencias promovidas por el hotel con el objetivo de fortalecer y dinamizar la escena culinaria de Buenos Aires. Los eventos se dan cada mes, alternando entre sus distintas propuestas: Nuestro Secreto, Elena y Pony Line Bar y en cada una participan destacadas propuestas de distintas regiones del mundo.
En abril, Elena recibió al premiado chef mexicano Roberto Solis del restaurante Huniik, reconocido por su enfoque vanguardista de la cocina regional mexicana; mientras que, en mayo, fue el turno de Perú, con un encuentro entre los chefs de Elena, La Mar y Maido, en una cena homenaje a la riqueza del país gastronómicamente más premiado de América Latina.
Four Seasons: Posadas 1086, Recoleta.



Vitaminas Café
Crecer desde la intuición, construir desde la comunidad
CON UN PRIMER local QUE YA SE VOLVIÓ PUNTO DE encuentro EN la península, VITAMINAS ABRE UNA NUEVA ETAPA EN Roosevelt. MÁS escala, OTRA energía Y UNA MISMA intención: HACER DE LO cotidiano ALGO QUE LA gente QUIERA repetir.
Desde Revista MOLA conversamos con Clo Dimet, una de las creadoras de Vitaminas, en un momento clave para el proyecto: la apertura de su segundo local en Punta del Este.
Lejos de pensar esta nueva etapa como una simple expansión, lo que aparece es algo más orgánico. Una evolución que tiene que ver con leer el entorno, entender los tiempos del lugar y animarse a apostar incluso cuando no todo está del todo definido.
Después de consolidarse en El Emir, con una propuesta muy atravesada por el mar y el ritmo de la playa, Vitaminas se mueve hacia Roosevelt, una zona más urbana, en crecimiento, donde todavía hay espacio para construir algo nuevo.
La conversación no gira solo en torno a un nuevo local, sino a una forma de hacer: equipo, constancia, intuición y una idea bastante clara de lo que quieren que pase cuando alguien entra.
¿CÓMO NACE VITAMINAS Y QUÉ BUSCABAS
CONSTRUIR DESDE EL INICIO?
Para mí, Vitaminas nace de una necesidad muy clara en la península: crear un espacio gastronómico que funcione como el corazón de un hotel boutique, y que el propio hotel se construya a partir de la comunidad que se genera en la cafetería.
Nos interesaba dar una vuelta al formato tradicional, repensar ese vínculo. No partir del hotel hacia el café, sino al revés. Desde ahí desarrollamos una propuesta con identidad, que no se quedara solo en lo gastronómico.
También había una intención de revalorizar Punta. Hace tres años, cuando muchos apostaban por José Ignacio o La Barra, nosotros decidimos venir hacia este lado. Yo soy de José Ignacio, pero imaginé un proyecto con funcionamiento anual y con potencial de expansión dentro de Maldonado. Nos interesa buscar nuevas fórmulas, y eso es lo que seguimos haciendo hoy.
¿EN QUÉ MOMENTO SENTISTE QUE EL PROYECTO ESTABA LISTO PARA EXPANDIRSE?
La verdad es que uno nunca está del todo preparado. Si esperás el momento ideal, no llega nunca.
Siempre pensamos Vitaminas desde ese lugar: no desde la certeza, sino desde la intuición. Íbamos a crecer cuando apareciera un espacio con el que realmente nos sintiéramos identificados y donde pudiéramos aportar algo.
Cuando surgió Roosevelt, lo vimos como un desafío interesante. Es una zona que está creciendo mucho, con una comunidad cada vez más consolidada, pero donde todavía hay espacio para nuevas propuestas. Nos interesa ser pioneros en lugares así.
¿QUÉ APRENDIZAJES DEL PRIMER LOCAL FUERON CLAVE PARA DAR ESTE PASO?
En estos dos años aprendí muchísimo, sobre todo en lo que tiene que ver con construir equipo y sostener una operación en el tiempo. El capital humano es lo más desafiante, pero también lo más importante. Si algo me dejó esta primera etapa es la importancia de la constancia y el compromiso.
En mi caso, no hay plan B. Quiero que Vitaminas sea un proyecto de calidad, y trabajamos todos los días para sostener eso.
¿POR QUÉ ROOSEVELT COMO UBICACIÓN PARA ESTA NUEVA ETAPA?
Fue una decisión bastante clara. Lo hablamos mucho con mi socio Otto Nan. Es una zona que viene creciendo sostenidamente, con residentes permanentes, familias y profesionales jóvenes, pero donde la oferta gastronómica todavía no acompaña ese crecimiento. Ahí vimos una oportunidad: no solo cubrir una necesidad, sino también elevar el estándar. La idea no es replicar lo que ya hicimos, sino integrarnos al barrio con una propuesta contemporánea, con identidad, que dialogue con ese nuevo público.
UN SEGUNDO ESPACIO, OTRA ESCALA
¿CÓMO DEFINIRÍAS EL CONCEPTO DE ESTE NUEVO LOCAL EN SEA GARDEN?
Es un espacio moderno, contemporáneo, joven. Muy en sintonía con la arquitectura del lugar. Desde el inicio nos interesó que la propuesta dialogue naturalmente con ese entorno.
¿QUÉ LO DIFERENCIA DEL PRIMER LOCAL?
El Emir está profundamente conectado con la playa, con el océano, con esa experiencia más relajada.
Este nuevo espacio tiene un carácter más citadino. Además, incorpora una planta de producción, que nos permite escalar, optimizar procesos y empezar a pensar en nuevas líneas, incluso hacia otros locales. Es una evolución bastante natural del proyecto.
¿QUÉ CAMBIA A NIVEL OPERATIVO TENER UNA PLANTA DE PRODUCCIÓN?
Cambia mucho. En El Emir trabajábamos con un espacio muy limitado, y necesitábamos crecer en ese sentido.
Este nuevo lugar nos da más comodidad, más escala y más proyección. Nos permite trabajar mejor y también desarrollar nuevos productos.
¿PENSÁS ESTE ESPACIO SOLO COMO CAFETERÍA?
No. Vitaminas no es solo una cafetería. Es un punto de encuentro, un lugar donde la gente puede quedarse, trabajar, compartir. Donde pasan cosas: conversaciones, vínculos, proyectos. Nos interesa que sea un espacio donde den ganas de quedarse.
¿CÓMO IMAGINÁS LA EXPERIENCIA DE QUIEN LLEGA?
Que se sienta cómodo, tranquilo, bien atendido. Y que tenga ganas de volver. La idea es que sea una experiencia que se repita.
¿HAY ALGO QUE TE INTERESE ESPECIALMENTE QUE EL PÚBLICO ENTIENDA DE ESTA NUEVA ETAPA?
Somos bastante low key. Nos interesa que la gente disfrute lo que hacemos y que, con el tiempo, Vitaminas se convierta en un clásico de Punta del Este.
CRECER SIN PERDER LA ESENCIA
¿CÓMO PROYECTÁS EL CRECIMIENTO DE LA MARCA?
De forma orgánica, ordenada y en función de las necesidades del lugar.
¿TE INTERESA EXPANDIRTE COMO RED DE LOCALES O COMO MARCA MÁS AMPLIA?
Más que multiplicar locales, nos interesa consolidar una marca sólida. Que tenga identidad, calidad y que pueda adaptarse sin perder su esencia.
¿CÓMO SE SOSTIENE ESA IDENTIDAD EN EL CRECIMIENTO?
La identidad no está solo en el espacio, sino en cómo hacemos las cosas todos los días. Mientras eso se mantenga, el crecimiento no la diluye, la potencia. Tiene que ver con cuidar los detalles y sostener ese hilo conductor, incluso cuando cada lugar tenga su propia personalidad.


¿QUÉ ES HOY VITAMINAS PARA VOS?
Un proyecto con bases sólidas, en pleno crecimiento y con mucho potencial, sin perder la esencia con la que nació.
¿Y EL PRÓXIMO CAPÍTULO?
Disfrutar el proceso. Que la energía siga siendo genuina, que todo lo que hacemos nazca desde el servicio. Eso es lo que queremos sostener a medida que crecemos.
Más que una apertura, lo de Vitaminas en Roosevelt parece un ajuste de escala. No hay un gesto de expansión acelerada, sino una forma bastante consciente de crecer: leer el lugar, entender a quién le hablás y sostener una identidad incluso cuando el contexto cambia.
En una ciudad que se transforma cada temporada, quizás ahí esté la diferencia. No en hacer más, sino en saber cómo hacerlo.

«ES UN ESPACIO MODERNO, CONTEMPORÁNEO, JOVEN. MUY EN SINTONÍA CON LA ARQUITECTURA DEL LUGAR. DESDE EL INICIO NOS INTERESÓ QUE LA PROPUESTA DIALOGUE NATURALMENTE CON ESE ENTORNO»

La fórmula Damiani
Hermanas, socias y madres , Victoria y Florencia
Damiani lideran VDamiani desde Uruguay hacia el exterior . Comparten una misma sensibilidad por la moda , aunque se mueven de forma distinta. Una más intuitiva , la otra más metódica , encuentran en esa diferencia el equilibrio que sostiene y define la marca .
Por ROSALÍA LAROCCA Fotos PICHU SALVO
Hay algo en la historia de Victoria y Florencia Damiani que se entiende mejor cuando se mira puertas adentro. Seis hermanas creciendo juntas, una dinámica atravesada por la ropa, el intercambio constante y una sensibilidad que se afina con el tiempo. La moda no era un tema lejano, estaba en lo cotidiano, en parte por la presencia de su abuela materna, profesora de corte y confección. Tenía una mirada adelantada para su época y trabajaba rodeada de moldes, telas y cuadernos de diseño. Las hermanas Damiani crecieron viendo ese hacer de cerca y el contacto temprano con el oficio dejó una marca que todavía hoy se reconoce en su forma de trabajar.
En 2009, mientras Victoria atravesaba un momento de búsqueda personal, decide empezar a diseñar. Lo hace desde un lugar íntimo, como una extensión de lo que estaba viviendo. Las primeras prendas se vendían de forma directa, en encuentros con clientas que poco a poco fueron haciendo una comunidad. Ese intercambio resultó fundamental para definir el carácter de la marca, que desde el comienzo se construye en diálogo con quienes la usan.
Con el paso del tiempo se suma Florencia y el proyecto empieza a tomar otra escala. La combinación entre la intuición de Victoria y la mirada más metódica de su hermana ordena el crecimiento y amplía las posibilidades. En una etapa donde el boca a boca tenía un rol central, sin la invasión de las redes sociales, VDamiani logra posicionarse en el mercado local con rapidez, apoyada en una identidad consistente y en una relación cálida con sus clientas.
Hoy, las prendas, accesorios y calzado de VDamiani llega a distintos mercados y propone colecciones que combinan piezas casuales y de fiesta. La inspiración se mantiene enfocada en el mismo propósito del primer día: pensar qué necesitan las mujeres y qué las hace sentirse bien. La ecuación del éxito parece ser esa sinergia tan propia de hermanas, una forma de trabajar muy propia, construida entre las dos, donde las diferencias no incomodan, más bien suman.

LA inspiración SE MANTIENE ENFOCADA EN



VICTORIA, ¿CÓMO EMPEZÓ VDAMIANI Y EN QUÉ ESTABA TU VIDA EN ESE MOMENTO?
VDamiani empezó desde un lugar muy personal. Estaba en un momento de mucha búsqueda, de preguntarme qué quería hacer con mi vida, qué me representaba de verdad. Y surgió la idea de emprender diseñando prendas y collares, como una forma de expresarme, de crear algo propio. No fue un plan estructurado, fue una intuición muy fuerte. Algo que sentía que tenía que hacer.
¿RECORDÁS LA PRIMERA PRENDA QUE DISEÑASTE? ¿CÓMO ERA?
Sí, la recuerdo con mucho cariño. Era simple, pero tenía mucha intención. Estaba llena de detalles, de tiempo, de dedicación. No pensaba en si se iba a vender o no… Pensaba en lo que quería transmitir. Era una prenda muy conectada conmigo; la diseñé y pensé para mí. Fue una camisa escocesa con diferentes telas que se interponían formando un collage en la parte trasera.
AL COMIENZO VENDÍAS DIRECTAMENTE A LAS CLIENTAS. ¿QUÉ TE GUSTABA DE ESE CONTACTO TAN CERCANO?
Ese contacto era todo. Mirarlas a los ojos, ver cómo se probaban la ropa, cómo se sentían, escuchar lo que les pasaba. Había algo muy real ahí. No era una transacción, era un vínculo. Creo que ahí se empezó a construir algo muy profundo de la marca.
¿CUÁNDO SE DA LA LLEGADA DE FLORENCIA AL PROYECTO Y QUÉ LE APORTÓ?
Popi llega en un momento clave. La marca ya existía, pero necesitaba otra energía, otra cabeza. Ella trajo eso y más, vino con una mirada más estructurada y un montón de ideas en cuanto a la imagen de la marca, diseños y paletas de colores diferentes a los que yo proponía, pero alineados con VDamiani. Creo que sobre todo trajo compañía, que para mí es lo más importante; el compartir con ella y disfrutar juntas de los desafíos.
FLORENCIA, ¿QUÉ LUGAR OCUPABA LA MODA EN TU VIDA DESDE ANTES DE LA MARCA?
Siempre amé la moda, lo tuve muy claro desde chica. En casa somos seis hermanas mujeres y lookearnos era parte de nuestra dinámica. Mi mamá fue una gran influencia, al igual que mi abuela materna que era profesora de corte y confección. Me fascinaba verla, su máquina,
sus carpetas con moldes y diseños. Fue muy adelantada en el diseño en general. Su casa era fiel reflejo de piezas modernas e irrepetibles. Hoy lo pienso y me hubiera encantado compartir más eso con ella de grande.
SI TUVIERAN QUE ELEGIR UN RECUERDO DE LOS PRIMEROS AÑOS DE VDAMIANI, ¿CUÁL APARECE PRIMERO?
Florencia: Siempre es muy especial ver a clientas usando la marca, y más en los comienzos. Pero hay un recuerdo puntual que me encanta: uno de los primeros casamientos de mis amigas, donde todas estaban usando los mismos zapatos, las “Charlotte”, en distintos tonos. Fue espectacular, muy espontáneo. Hay una foto de ese momento que siempre me queda.
Victoria: Me vienen imágenes muy simples: armando vestidos tirada en el piso, diseñando con retazos de telas que guardaba en mi baúl, juntando piezas de mercería que coleccionaba, quedándome tarde en la noche con música, nervios e ilusión. Cada venta era enorme y cada clienta era importante. Había mucha emoción en esos pequeños primeros pasos.
¿QUÉ FUE LO MÁS FÁCIL DE COORDINAR ENTRE USTEDES Y QUÉ LLEVÓ MÁS TIEMPO AJUSTAR?
Florencia: Lo más natural fue la mirada. Eso siempre estuvo. Compartimos el gusto, la intuición, y eso hace que muchas cosas fluyan sin demasiado esfuerzo. Lo más difícil fueron los tiempos, los horarios, el día a día. Sobre todo, cuando empezaron a aparecer las familias, los hijos, las rutinas. Ahí fue clave aprender a cortar en ciertos momentos, y a estar muy presentes cuando hay que estar full. En eso siento que crecimos muchísimo.
¿CUESTA SEPARAR LA VIDA FAMILIAR DEL TRABAJO DIARIO?
Victoria: Sí, es cierto que mejoramos, pero no siempre lo logramos. La marca es parte de nuestra vida, y con el tiempo aprendimos a cuidarnos un poco más y respetar ciertos espacios.
Florencia: Intentamos cortar, no tanto por nosotras, sino más por nuestras hermanas y nuestros maridos (ríe). Porque si fuera por Vic y por mí no tiene mucho fin. Siempre aparece algo para hablar, pensar o resolver. Fuimos aprendiendo a poner límites, más que nada para poder estar presentes también en lo familiar.




«SIEMPRE AMÉ LA MODA, LO TUVE MUY CLARO DESDE CHICA. EN CASA SOMOS SEIS HERMANAS MUJERES Y LOOKEARNOS ERA PARTE DE NUESTRA DINÁMICA. MI MAMÁ FUE UNA GRAN INFLUENCIA, AL IGUAL QUE MI ABUELA MATERNA QUE ERA PROFESORA DE CORTE Y CONFECCIÓN» FLORENCIA DAMIANI
¿QUÉ CREEN QUE HACE QUE LAS CLIENTAS VUELVAN A ELEGIR LA MARCA DESPUÉS DE TANTOS AÑOS?
Victoria: Creo que hay algo muy genuino y real. Las prendas tienen identidad, pero también hay una emoción detrás. Las clientas no solo compran ropa, conectan con esa pieza desde un lugar consciente y, cuando eso pasa, se genera un vínculo que es difícil de romper.
Florencia: También me parece que tiene que ver con la versatilidad y la calidad de las prendas. Vendemos piezas atemporales que perduran en el tiempo y no quedan atadas a una temporada. Son prendas pensadas para usarse mucho, en distintos momentos, y acompañar a la mujer en su día a día. Y creo que nuestras clientas valoran eso; que lo que compran tiene sentido, dura y se adapta a su vida.
¿CÓMO ES PARA USTEDES UN DÍA NORMAL DE TRABAJO EN VDAMIANI? ¿QUÉ TAREAS CUMPLEN CADA UNA?
Victoria: No hay mucha rutina, cada día es distinto. Ambas estamos muy metidas en lo creativo, en el diseño, en imaginar lo que viene. Otras semanas estamos más en la gestión, en ordenar, en hacer que todo funcione. Pero estamos en constante ida y vuelta. Es un trabajo muy compartido
¿EN QUÉ SIENTEN QUE SE COMPLEMENTAN MEJOR?
Florencia: A lo largo de todo el proceso nos complementamos mucho. Hay momentos donde una está más en el detalle y la otra en la mirada general, y eso hace que todo termine siendo más equilibrado. Es algo que se fue dando de manera bastante natural con el tiempo.
Victoria: Tenemos formas muy distintas de mirar el proceso creativo o incluso una prenda. Pero eso suma muchísimo. El ida y vuelta hace que todo se refine más. Nunca queda en una sola mirada, y esto enriquece el resultado.
TRABAJAR CON UNA HERMANA IMPLICA
CONOCERSE MUCHO: ¿ESO FACILITA TODO O A VECES LO VUELVE MÁS INTENSO?
Florencia: Para mí facilita muchísimo, sin dudas. Hay una confianza total y una forma de entendernos que ya viene de base. Me encanta trabajar con mi hermana. Sí es más intenso, porque las dos somos muy apasionadas. Cuan-

do hay que meterle, vamos con todo, y a veces cuesta frenar.
Victoria: Es muy intenso, pero también muy lindo. Hay una confianza que no se puede explicar. Nos conocemos tanto que a veces no hace falta ni hablar. Pero sí, también todo se vive más fuerte. Las emociones están muy a flor de piel. Igual, siento que eso también le da mucha verdad a lo que hacemos.
¿EN QUÉ DIRÍAN SON PARECIDAS Y EN QUÉ SON DISTINTAS?
Victoria: Somos muy parecidas en lo que sentimos, en los valores, en cómo vemos la marca. Y somos distintas en cómo hacemos las cosas. Yo soy más intuitiva, más de sentir; Popi es más ordenada, más estratégica.
Florencia: Coincido en que somos parecidas en los valores y en el nivel de exigencia. Las dos queremos que todo esté bien hecho y tenga sentido. Y a la vez somos distintas. Vic es muy intuitiva, y yo a veces tengo una mirada más comercial o de marketing. Ese equilibrio es lo que termina construyendo la marca.


OSKAR METSAVAHT PENSAR LA MODA DESDE OTRO LUGAR
Fundador DE Osklen, CONSTRUYÓ UNA marca QUE CRUZA diseño, naturaleza Y conciencia. EN ESTA CONVERSACIÓN, REFLEXIONA SOBRE SU RECORRIDO, EL presente DE LA moda sustentable Y SU VÍNCULO CON Uruguay.
Por FIORELLA BENAVIDES
Osklen no se construyó solo como una marca, sino como una manera de pensar el diseño. Desde sus inicios, Oskar Metsavaht trabajó con una idea de moda atravesada por la naturaleza, el arte y una noción de conciencia que hoy resulta inevitable. Su relación con Uruguay, especialmente con Manantiales y José Ignacio, se inscribe en esa misma línea: un territorio donde la estética se vuelve más esencial, más silenciosa.En esta conversación, habla sobre su recorrido, el lugar de la sustentabilidad y cómo entiende el lujo hoy.
OSKLEN NACE COMO UN PROYECTO A LARGO PLAZO, CASI COMO UNA FILOSOFÍA DE VIDA. ¿EN QUÉ MOMENTO SENTISTE QUE LA MARCA TRASCENDÍA LA MODA PARA CONVERTIRSE EN UNA FORMA DE PENSAR?
Creo que eso sucedió de forma muy orgánica. Osklen nunca nació solamente como una marca de ropa, sino como una visión de vida conectada con la naturaleza, el arte y la cultura. Con el tiempo entendí que las personas no buscaban solo consumir un producto, sino identificarse con una sensibilidad, con una manera de ver el mundo. Ahí percibí que Osklen trascendía la moda y se convertía en un lenguaje cultural. Esa transición no fue planificada, sino que se dio a partir de la conexión genuina con quienes comparten esa misma mirada.
TU RECORRIDO ESTÁ MUY LIGADO A LA NATURALEZA Y A EXPERIENCIAS EN CONTEXTOS EXTREMOS. ¿CÓMO INFLUYEN HOY ESAS VIVENCIAS EN TU PROCESO CREATIVO?
La naturaleza siempre fue mi mayor fuente de inspiración y aprendizaje. Las expediciones me enseñaron sobre silencio, resistencia y adaptación. En esos contextos uno entiende que el cuerpo y la naturaleza forman parte del mismo sistema, que no hay una separación real entre ambos. Eso influye profundamente en mi proceso creativo: pienso la ropa como una extensión del cuerpo, pero también como una interfaz entre el ser humano y el entorno. Esa relación aparece tanto en lo funcional como en lo simbólico.
MUCHAS MARCAS HABLAN DE SUSTENTABILIDAD, PERO EN TU CASO PARECE SER EL PUNTO DE PARTIDA. ¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE DISEÑAR DESDE ESE LUGAR?
Significa entender que crear también es un acto político y ético. Para mí nunca fue una estrategia de marketing, sino el punto de partida desde finales de los años 90. La verdadera sustentabilidad no es solo cambiar materiales, sino repensar la relación entre deseo, consumo, tiempo y naturaleza. Implica cuestionar el sistema en el que estamos insertos y proponer nuevas formas de producir y de consumir. Siempre hablo de la idea de “New Luxury”: un lujo conectado con significado, cultura y responsabilidad.
¿DÓNDE SENTÍS QUE HOY LA MODA SUSTENTABLE TODAVÍA FALLA O SE QUEDA CORTA?
Muchas veces se queda en la superficie. Existe una tendencia a simplificar un tema extremadamente complejo. La sustentabilidad no puede ser solo una narrativa estética o un “green label”. La industria todavía necesita cuestionar profundamente sus modelos de producción, el exceso de consumo y la velocidad impuesta por el sistema. El gran desafío es transformar conciencia en cultura, y no solamente en tendencia.
“LA VERDADERA sustentabilidad NO ES SOLO CAMBIAR materiales, SINO
REPENSAR LA RELACIÓN ENTRE deseo, consumo, tiempo Y naturaleza”



EN VARIAS COLECCIONES TRABAJÁS A PARTIR DE SENSACIONES O ELEMENTOS INVISIBLES, COMO EL VIENTO. ¿CÓMO TRADUCÍS UNA EXPERIENCIA EN UNA PRENDA?
Me interesa traducir emociones invisibles en formas tangibles. El viento, por ejemplo, no tiene forma, pero tiene movimiento, temperatura y ritmo. Intento llevar esas sensaciones a siluetas, texturas, volúmenes y materiales. Muchas veces una colección nace más de una atmósfera o de una percepción emocional que de una referencia literal. Es un proceso intuitivo, pero también muy consciente en términos de construcción.
¿TE INTERESA MÁS DISEÑAR DESDE LA IDEA O DESDE LA FORMA?
Las dos cosas son inseparables. La idea sin forma permanece abstracta; la forma sin idea puede volverse vacía. Me interesa esa tensión entre concepto y emoción, entre racionalidad y sensibilidad. En ese equilibrio es donde aparece algo auténtico.
EN LA HISTORIA DE LA COLECCIÓN FÉNIX
APARECE LA IDEA DE RECONSTRUCCIÓN DESPUÉS DEL FUEGO. ¿QUÉ LUGAR OCUPA EL ERROR O LA CRISIS EN TU PROCESO CREATIVO?
La crisis tiene un papel fundamental porque obliga a la transformación. El error, el caos y la fragilidad son parte esencial de la evolución. Muchas veces es en los momentos de ruptura donde aparecen nuevas posibilidades y nuevos lenguajes. La colección Fénix hablaba justamente de esa capacidad de reconstruirse, de entender la destrucción como parte de un ciclo.
¿HUBO ALGÚN MOMENTO O EXPERIENCIA QUE HAYA REDEFINIDO EL RUMBO DE OSKLEN?
Hubo varios, pero uno decisivo fue entender, todavía en los años 90, que la sustentabilidad sería uno de los grandes temas de nuestro tiempo. A partir de ahí, la creación del Instituto-E y el desarrollo de proyectos con comunidades y materiales vinculados a la biodiversidad brasileña redefinieron profundamente el rumbo de Osklen. Ahí entendí que la moda podía ser también una plataforma de transformación cultural y ambiental.
TENÉS UNA CONEXIÓN FUERTE CON URUGUAY, ESPECIALMENTE CON MANANTIALES Y JOSÉ IGNACIO. ¿QUÉ ENCONTRÁS EN ESTE TERRITORIO?
Uruguay tiene una energía muy especial para mí. Manantiales y José Ignacio tienen una sofisticación silenciosa, sin exceso. Hay una relación muy auténtica entre naturaleza, arquitectura y estilo de vida. Me gusta esa sensación de libertad, de contemplación, de escala humana.

¿CÓMO DIALOGA EL PAISAJE URUGUAYO CON EL UNIVERSO OSKLEN?
Dialoga de forma muy natural. El encuentro entre mar, viento, cielo y campos abiertos genera una estética esencial. Existe una elegancia despojada, algo sofisticado pero nunca ostentoso. Esa simplicidad refinada tiene mucha afinidad con nuestra idea de lujo contemporáneo.
¿QUÉ SIGNIFICA HOY EL CONCEPTO DE LUJO PARA VOS?
Hoy el lujo está más relacionado con tiempo, autenticidad y significado que con ostentación. Es poder vivir experiencias genuinas, tener conexión con la naturaleza, con la cultura y con aquello que tiene alma. Creo que estamos viviendo una transición hacia una idea de lujo más consciente, más emocional y más ligada a la experiencia.
PENSÁS OSKLEN COMO UN PROYECTO DE 100 AÑOS. ¿QUÉ TE GUSTARÍA QUE PERMANEZCA INTACTO EN ESE RECORRIDO?
Me gustaría que permanezca su esencia humanista: la idea de que la moda puede generar cultura, reflexión y transformación. Y también esa conexión entre naturaleza, arte y diseño contemporáneo que siempre estuvo en el corazón de Osklen. En un contexto donde la moda se acelera, su mirada propone ir en otra dirección: más lenta, más consciente, más conectada con lo esencial.

«ME
GUSTARÍA QUE PERMANEZCA SU ESENCIA HUMANISTA: LA IDEA DE QUE LA MODA PUEDE GENERAR CULTURA, REFLEXIÓN Y TRANSFORMACIÓN. Y TAMBIÉN ESA CONEXIÓN ENTRE NATURALEZA, ARTE Y DISEÑO CONTEMPORÁNEO»
Rediseña Nuevas formas para pensar el diseño sustentable

En un contexto donde lo nuevo parece imponerse como norma, existen iniciativas que proponen otro camino: detenerse, revisar y reinterpretar. En su 11ª edición, Rediseña (la propuesta impulsada por Montevideo Shopping) vuelve a poner el foco en una idea que atraviesa toda la experiencia: entender el diseño como un proceso en constante transformación. Este año, el eje conceptual toma como punto de partida la obra de Carmelo Arden Quin, figura fundamental del arte concreto rioplatense. Sus exploraciones sobre las formas irregulares y las estructuras no convencionales inspiran una serie de piezas que invitan a repensar los límites del objeto y las posibilidades de la materia.
La iniciativa reúne nuevamente a estudiantes de la Universidad ORT Uruguay, la Escuela Universitaria Centro de Diseño, la Universidad Católica del Uruguay e Integra Escuela Pablo Giménez, quienes desarrollan sus proyectos junto a referentes de la escena local como Lucía López, Carlos Menini, Inés Abal y Agustín Nicola, entre otros.
En ese intercambio entre estudiantes y mentores aparece uno de los aspectos más valiosos de Rediseña, la importancia del proceso creativo. Bocetos, pruebas, errores y decisiones forman parte de cada proyecto, dejando en evidencia que diseñar también implica revisar, descartar y volver a empezar hasta encontrar una nueva posibilidad.
La sustentabilidad ocupa un lugar central dentro de la propuesta. Rediseñar implica trabajar con materiales existentes, resignificarlos y proyectarlos hacia nuevos usos. Parte de las piezas se desarrollan a partir de materiales donados por locales del shopping que, de otro modo, terminarían descartados.
En esta edición, además, se incorporan gift cards en desuso como materia prima para distintos proyectos. Gracias al acompañamiento de la docente Silvia Ferrari, de UTU Melo, este material podrá transformarse e integrarse a nuevas piezas de diseño.
El recorrido culminará con un pop-up dentro del mall, donde los finalistas exhibirán y comercializarán sus creaciones. Allí, el público podrá descubrir piezas únicas de indumentaria, accesorios y objetos, al tiempo que los estudiantes tendrán la oportunidad de acercar su trabajo a miles de personas.
Con once ediciones, Rediseña se consolida como una plataforma que impulsa nuevas miradas dentro del diseño local. Un espacio donde lo existente no se descarta, sino que encuentra nuevas formas de permanecer.





JORGE LÓPEZ Y BEGOÑA VARGAS

RURALANAS
TEJER UNA RED,
SOSTENER UNA HISTORIA
DETRÁS DE CADA prenda HAY UN sistema QUE NO SIEMPRE SE VE: UNA red DE MÁS DE 150 artesanas, PROCESOS QUE SE ORGANIZAN EN FUNCIÓN DE LOS oficios Y UNA estructura QUE PERMITE producir A escala SIN ESTANDARIZARLO TODO. Ruralanas CRECIÓ DESDE AHÍ, SOSTENIENDO UNA lógica propia DENTRO DE LA industria.
Por FIORELLA BENAVIDES Fotos VIRGINIA ZABALETA
No todo lo que se hace en moda empieza en un tablero de tendencias. A veces empieza en otro lado: en una red, en un oficio, en una forma de sostenerse entre varias. Ruralanas funciona desde ahí. Y quizás por eso no es tan fácil de encasillar.
Desde Revista Mola conversamos con Virginia Montoro, directora ejecutiva de la marca, para entender cómo se construye un proyecto que une diseño, producción y territorio sin perder coherencia en el camino.
¿CÓMO DEFINIRÍAN HOY A RURALANAS: COMO MARCA, COMO PROYECTO SOCIAL O COMO UN CRUCE ENTRE AMBOS?
Es un cruce entre ambos enfoques. Nacimos con un propósito social muy claro: mejorar la calidad de vida de la mujer rural, y ese objetivo sigue siendo parte esencial de nuestro ADN.
Sin embargo, nos enorgullece que nuestros clientes elijan nuestras prendas por su calidad y diseño, más allá de ese propósito.
Con el tiempo, el fin social dejó de ocupar un lugar central en nuestra comunicación. No lo utilizamos como estrategia de marketing. Aun así, para nosotros sigue siendo fundamental, porque forma parte de nuestra manera de trabajar y de entender el negocio.
RURALANAS NACE CON UN PROPÓSITO MUY CLARO. ¿CÓMO SE TRADUCE HOY ESE OBJETIVO EN EL FUNCIONAMIENTO COTIDIANO DE LA MARCA?
Ruralanas fue creada originalmente por una fundación en 2003, con la que trabajé desde sus inicios como diseñadora. En 2009, cuando decidieron no continuar con el proyecto, me ofrecieron hacerme cargo.
En ese momento aún no era rentable, pero había 40 artesanas que se quedaban sin trabajo y un proyecto en el que yo creía profundamente.
Vivía en el campo con mi familia y estaba embarazada cuando asumí este desafío. Fueron años de viajes constantes, recorriendo talleres cada 15 días, generando cercanía en un momento en el que no existían las herramientas de comunicación actuales.
Hoy son más de 150 artesanas. Para muchas, Ruralanas significó la posibilidad de criar a sus hijos, desarrollarse y confiar en sí mismas.
¿CÓMO ESTÁ ESTRUCTURADA LA RED DE TRABAJO CON LAS ARTESANAS A LO LARGO DEL PAÍS?
Trabajamos en red y sin jerarquías rígidas. Existe un liderazgo, pero siempre desde un lugar horizontal.
La familia es un factor clave: si una artesana tiene un problema, otra puede suplirla, incluso desde otra parte del país. Eso garantiza continuidad sin perder lo humano. Nuestro sistema se basa en identificar qué sabe hacer mejor cada persona, potenciarlo y organizar la producción en función de eso. Así logramos eficiencia sin perder la esencia artesanal.

“DESARROLLAMOS UNA línea industrial EN 100% lana merino
EXTRAFINA, SIN FIBRAS SINTÉTICAS. ESO NOS PERMITIÓ LOGRAR
PRENDAS
livianas, suaves Y funcionales”

¿QUÉ IMPLICA PRODUCIR A ESCALA MANTENIENDO PROCESOS 100% ARTESANALES?
Implica una estructura muy sólida detrás. En nuestro centro logístico se organiza toda la producción: desde el diseño hasta el control de calidad. Cada pedido se distribuye entre distintos talleres según su especialidad, y luego vuelve para su revisión final.
Ese “detrás de escena” es tan importante como el trabajo artesanal. Sin esa organización, sería imposible sostener una producción a gran escala.
LA LANA ES EL MATERIAL CENTRAL. ¿QUÉ POSIBILIDADES OFRECE Y QUÉ DESAFÍOS PRESENTA?
Hace más de 25 años que trabajo con lana. Es una fibra que permite muchísimo, pero también exige conocimiento. Desarrollamos una línea industrial en 100% lana merino extrafina, sin fibras sintéticas. Eso nos permitió lograr prendas livianas, suaves y funcionales: no retienen olores, se pueden lavar a
máquina y sirven para todo el año. Es un material noble, pero también desafiante. Adaptamos maquinaria durante años para poder trabajarla de esta manera.
¿CÓMO SE DESARROLLA UNA COLECCIÓN DENTRO DE RURALANAS?
Trabajamos con tendencias, pero siempre desde nuestra identidad. Diseñamos productos clásicos y atemporales, y generamos fichas técnicas adaptadas a un lenguaje común con las artesanas. Después viene el proceso de prueba: muestras, ajustes, contramuestras. Es un ida y vuelta constante hasta llegar al resultado final.
RURALANAS FUNCIONA COMO UN PUENTE ENTRE EL CAMPO Y LA CIUDAD. ¿CÓMO SE MATERIALIZA ESO EN EL PRODUCTO?
Cada prenda refleja ese vínculo. Hay un origen rural, con tiempos, técnicas y saberes propios, que se combina con di-

“EN UN CONTEXTO DE moda acelerada, NUESTRAS piezas PROPONEN LO
tiempo,
seño contemporáneo y estándares de calidad actuales. Es un diálogo entre dos mundos. Y quien usa la prenda, de alguna manera, se lleva una parte de ese encuentro.
¿QUÉ ROL JUEGA LA SOSTENIBILIDAD DENTRO DEL PROYECTO?
Nacimos siendo sostenibles, antes de que el concepto se volviera tendencia. Nuestros procesos lo son en toda la cadena de valor. No es una decisión reciente, es parte de nuestro origen.
¿CÓMO FUE EL CRECIMIENTO HACIA OTROS PAÍSES?
Uruguay tiene un mercado limitado, y nuestros productos encuentran una gran valoración en el exterior. La pandemia fue un punto de inflexión: nos obligó a acelerar esa expansión y consolidar nuevos mercados.
¿QUÉ DIFERENCIA A UNA PIEZA DE RURALANAS DENTRO DEL UNIVERSO ACTUAL DE LA MODA?
El origen y el propósito. No partimos solo de una tendencia, sino de un sistema de trabajo humano, consciente y colectivo. En un contexto de moda acelerada, nuestras piezas proponen lo contrario: tiempo, permanencia y una identidad construida en red.
¿QUÉ BUSCAN QUE EXPERIMENTE ALGUIEN AL ENTRAR EN CONTACTO CON LA MARCA?
Buscamos que quien entra en contacto con Ruralanas perciba, en primer lugar, la autenticidad del proceso detrás de cada pieza. Que entienda que no se trata solo de una prenda, sino del resultado de un trabajo humano y consciente.
También nos interesa que experimente una sensación de calidad real, no solo desde lo estético, sino desde lo sensorial: la suavidad de la lana, la comodidad, la durabilidad y la funcionalidad en el uso cotidiano.
Creemos profundamente en nuestros productos y en su capacidad de mejorar la calidad de vida, no solo de quienes los tejen, sino también de quienes los usan.

“LA ARMONÍA EXTERIOR ES RESULTADO DE UN CUIDADO INTEGRAL”
DR. ISMAEL AGUIRRE
LIMPIEZA FACIAL CON DERMAPEN | BOTOX | HILOS TENSORES | PLASMA | PLASMA CAPILAR RELLENO CON HIALURÓNICO | SKINBOOSTER | RADIO FRECUENCIA CON MICROAGUJAS | SCULPTRA ESCLEROSANTE PARA VÁRICES | INYECCIONES LIPOLÍTICAS | MESOTERAPIA CAPILAR
RESIDENCIAS DE ARTISTAS
Otra cartografía de nuestro territorio
Por PÍA SUSAETA

En un entorno natural privilegiado y con una creciente infraestructura cultural, José Ignacio, Punta Ballena y Garzón se consolidan como destinos únicos para la creación contemporánea regional a través de las residencias de artistas.
Particularmente en los últimos años, la escena del arte ha cambiado mucho en la zona. Más allá de la cantidad de propuestas, se ha sumado una capa de profundidad que excede la exhibición en temporada: de a poco se va generando un laboratorio para artistas internacionales.
El formato de residencias viene creciendo sobre la base que contamos con infraestructura y una naturaleza que aporta mucho. Existen varias, de diferentes portes, formatos y propósitos. En este caso entrevistamos a cuatro residencias artísticas –cada una con su sello, su escala y su propuesta- entendiendo que son apuestas fuertes y sostenidas para que la zona se convierta en un nodo estratégico para la producción y la reflexión.
El paisaje, la calma, la cercanía con instituciones y coleccionistas, y una red de contactos internacionales convergen para ofrecer a los artistas seleccionados un entorno que no es solo un refugio, sino una plataforma de lanzamiento. A continuación, una rápida mirada a estos cuatro programas.
FAARA: NATURALEZA, ACOMPAÑAMIENTO Y PROYECCIÓN REGIONAL
Fundación Ama Amoedo Residencia Artística (FAARA) funciona desde 2021 en Casa Neptuna, José Ignacio. Cada año recibe a seis artistas latinoamericanos, seleccionados por un jurado rotativo de curadores internacionales. La residencia dura seis semanas, en las que dos artistas conviven y comparten taller.
“Está diseñada para que los artistas puedan profundizar sus prácticas en un ambiente natural que les brinde concentración y apoyo”, explica la organización. A lo largo de cinco ediciones, han pasado por allí más de 20 artistas de Argentina, Brasil, Honduras, Uruguay, República Dominicana, México, Guatemala, Chile, Perú, Venezuela y Bolivia, entre otros.
Uno de los principales logros de FAARA ha sido consolidarse como una plataforma de intercambio y proyección internacional. Muchos de los proyectos desarrollados en Casa Neptuna derivaron en exposiciones individuales y colectivas, publicaciones, adquisiciones institucionales y participaciones en bienales.
Para los artistas, FAARA cubre pasajes y hospedaje, y otorga un estímulo de 10.000 dólares al finalizar la residencia. Además, combina un acompañamiento personalizado con visitas de estudio (talleres) y actividades que conectan a los residentes con instituciones, profesionales y artistas de la región. Cada ciclo culmina con un conversatorio público en Montevideo.
“Lo que distingue a FAARA es la combinación entre escala íntima y proyección regional. Al trabajar con grupos pequeños, podemos ofrecer un acompañamiento verdaderamente personalizado”, señalan. La residencia no se concibe como una experiencia aislada, sino como una plataforma de crecimiento sostenido.

SOLANAS ART EXPERIENCE: ARTE,
COMUNIDAD Y TERRITORIO
En Punta Ballena, nació en octubre de 2023, Solanas Art Experience (SAE), una iniciativa de Natasha Ygel y Daniel Mochon, impulsada por Fundación Solanas. A diferencia de las otras residencias, SAE está inserta dentro de un complejo turístico, lo que le otorga una infraestructura hotelera y técnica poco habitual.
SAE se compone de dos programas: Residencias Latinoamericanas –su programa insignia– y Enlaces, un espacio de intercambio para artistas, curadores e investigadores. Hasta la fecha, han realizado 10 ediciones y recibido a 20 artistas. Cada año seleccionan a ocho artistas de América Latina y el Caribe, de mediana trayectoria, mediante convocatoria abierta. La residencia dura un mes, en duplas o tríos.
“Entendemos que el crecimiento se construye integrando lo inmobiliario, lo turístico y propuestas culturales que fortalezcan y visibilicen el arte latinoamericano” explican. El paisaje, mix de playa, es parte activa del proyecto.
SAE ofrece traslados, alojamiento individual, taller en un galpón de usos múltiples, espacio de estudio en Casa SAE, acompañamiento curatorial y técnico, un fee y fondo de producción.
ADRIÁN VALLECILLO EN FAARA
Además, los artistas participan en open studios, talleres con escuelas y una exposición anual durante la temporada.
“La potencia de SAE se encuentra en el fuerte anclaje territorial y la participación activa de la comunidad”, destacan. En dos años, han logrado tejer redes sólidas con la escena local y posicionarse como un referente de residencia para toda la región.
PIERO ATCHUGARRY GALLERY: EL PAISAJE COMO TALLER Y LA GALERÍA COMO PLATAFORMA
En Tierra Garzón, la residencia de Piero Atchugarry ofrece una experiencia inmersiva e intimista, con un enfoque diferente: no hay convocatoria abierta, sino invitación directa. Desde 2018 vienen invitando artistas, aunque el programa se estableció formalmente en 2023. Reciben de uno a dos artistas por año, con una estadía mínima de un mes.
“Pienso que cambiando el entorno y la cultura con la cual se relacionan los artistas por un tiempo, pueden lograr nuevas obras enriquecidas por el cambio de contexto”, explica Piero Atchugarry, su fundador. La residencia busca que los artistas se conecten con la naturaleza, se alejen del frenesí de la ciudad y descubran una relación diferente con el tiempo.
El programa cubre gastos de viaje, alojamiento y producción, y garantiza el retorno de las obras al país de origen del artista tras el tiempo de exhibición acordado. Un valor diferencial es la conexión directa con la galería: los residentes no solo trabajan en el taller, sino que se vinculan con la programación de una galería con presencia internacional en Miami y Punta del Este, principalmente. Esto les permite exponer, relacionarse con coleccionistas y curadores, y proyectar su trabajo más allá de la residencia.
Como logros bastan algunos ejemplos como el de Sophie Ullrich, que decidió mudar su estudio a un entorno natural después de pasar por Tierra Garzón; Pauline d’Andigne que generó un cuerpo de obras para una muestra en la galería de Miami gracias a su trabajo durante la residencia; y Jeehye Song, que estuvo la pasada temporada y planea desarrollar durante todo el año una serie nueva enfocada en la naturaleza.
“Una de sus características diferenciales es que el programa está conectado con la programación de una galería. Esto permite que los artistas residentes no solo desarrollen obra, sino que también se vinculen con la galería y sus públicos”, señalan.
TOMÁS REDRADO ART: EL LABORATORIO
DENTRO DE UNA GALERÍA
La más joven de las cuatro es la residencia de Tomás Redrado, que comenzó en diciembre de 2024. Impulsada por la galería homónima con sedes en Miami, Buenos Aires y Uruguay, esta residencia recibe entre seis y ocho artistas por año, con estadías de dos semanas a un mes.
A diferencia de programas más experimentales o comunitarios, aquí el foco está en la producción concreta y el diálogo crítico, con una mirada puesta en el mercado y las instituciones. Los

artistas son invitados a partir de un proceso curatorial que la galería desarrolla en diálogo con curadores, artistas y colaboradores cercanos. Buscan y seleccionan artistas con prácticas que estén en un momento de expansión conceptual o material.
“La residencia ofrece alojamiento, espacio y estipendio de trabajo, acompañamiento curatorial y la posibilidad de desarrollar proyectos que luego pueden formar parte del programa expositivo de la galería o de presentaciones en ferias internacionales”, detallan.
Uno de los logros más destacados ha sido generar un contexto de producción significativo para artistas emergentes y de media carrera de América Latina, en un lugar como José Ignacio donde algunas de esas prácticas resultan novedosas. Proyectos desarrollados allí luego se presentaron en exposiciones de la galería, ferias internacionales o instituciones, y la residencia ha permitido consolidar vínculos entre galerías de distintos países, como A Gentil Carioca (Brasil) y La Cometa (Colombia).
“Lo que diferencia nuestra residencia es que no funciona como un programa aislado, sino como parte de una estructura curatorial y galerística activa entre Miami, Uruguay y Buenos Aires. La residencia es, en ese sentido, un laboratorio dentro de un ecosistema artístico más amplio”.


EL paisaje, LA calma, LA CERCANÍA CON instituciones Y coleccionistas, Y UNA red de contactos INTERNACIONALES CONVERGEN PARA OFRECER A LOS artistas SELECCIONADOS UN entorno QUE
NO ES SOLO UN refugio, SINO UNA plataforma DE lanzamiento

CASA NEPTUNA | PH. TALI KIMELMAN
JEEHYE SONG EN TIERRA GARZÓN / PIERO ATCHUGARRY
JULIA RETZ EN TOMÁS REDRADO ART
EL PAISAJE COMO PROTAGONISTA DE DIFERENTES MODELOS
Si hay un factor común en las cuatro experiencias es la elección de Maldonado como escenario, pero las razones van más allá de la postal. Estas residencias empiezan a componer un ecosistema heterogéneo que refleja las distintas maneras de entender y vincularse con el arte contemporáneo.
Para FAARA, la escala y el contacto con la naturaleza en José Ignacio favorecen la concentración y la introspección, pero también la cercanía con instituciones y agentes culturales permite articular intercambios profesionales internacionales. “Es un contexto que invita a desacelerar y a repensar procesos”. FAARA apuesta por la investigación, el acompañamiento personalizado y la proyección regional sin fines comerciales explícitos, aunque con fuerte inserción en redes institucionales.
Solanas Art Experience, ofrece un paisaje de playa y bosque que es parte activa del proyecto, y la cercanía con el circuito de Punta del Este –museos, galerías, coleccionistas– les permite conectar con lo local. De alguna forma es la única que integra arte con turismo y comunidad, con un modelo de convocatoria abierta y un poco mayor anclaje local.
Desde la residencia de Piero Atchugarry, se destaca la posi-
bilidad de estar inmersos en la naturaleza y al mismo tiempo en diálogo constante con el arte, gracias a la proximidad con Pueblo Garzón, José Ignacio, La Barra y el MACA (Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry). Prioriza la inmersión y la conexión con la galería de alto perfil, mediante invitación directa.
Tomás Redrado, en cambio, plantea una relación inversa: “El lugar nos eligió primero a nosotros”. Allí, en Arenas de José Ignacio, encuentran una geografía potente, una escala relajada y una conexión internacional creciente. Funciona como un laboratorio curatorial dentro de una estructura galerística trinacional, orientado a la producción con proyección en ferias y exposiciones.
En todos los casos, los artistas no solo encuentran un techo y un taller: acceden a redes, contactos, visibilidad y, sobre todo, tiempo para pensar y crear lejos del ruido.
MÁS ALLÁ DEL VERANO
Para el público interesado, así como para otros artistas, existen formas de contactarse con esta escena. Por ejemplo, en Tierra Garzón, la muestra A very good dinner party –con obras de Thomas Bils, Mirela Cabral, Luiza Crosman, Pauline d'Andigné, Thalita Hamaoui, Roy Mordechay, Jeehye Song, Anne-Cécile Surga, Sophie Ullrich y Aleza Zheng– estará abierta hasta el 31

VIVIANA BLANCO EN SAE

de mayo. Luego, de junio a septiembre, funcionará un viewing room con una selección, y en octubre, inauguran un dúo show de pretemporada.
Solanas Art Experience prepara su próxima convocatoria anual abierta para artistas latinoamericanos y del Caribe de mediana trayectoria.
FAARA, con su 5º edición aniversario en curso, sigue demostrando que el formato de seis semanas, jurados internacionales y estímulo económico es un modelo que atrae a decenas de postulantes de gran nivel.
Tomás Redrado continúa tejiendo alianzas a través de diferentes actividades con coleccionistas, galerías de la región y preparando nuevas residencias para la segunda mitad del año.


Maldonado hace rato que no es solo un lugar de veraneo. Las residencias artísticas que se desarrollan demuestran que el arte contemporáneo latinoamericano encuentra en este rincón de Uruguay un territorio fértil, abierto y en creciente diálogo con el mundo.
Una residencia es un espacio y un tiempo "fuera de la rutina" que permite a los artistas alejarse de sus obligaciones para enfocarse de lleno en su producción y debemos estar agradecidos de tener cada vez más ejemplos, para brindar profundidad y calidad a la creciente oferta de arte local.
A pesar de estas incorporaciones de sumo valor para Uruguay, falta aceitar los mecanismos de intercambio con el núcleo de artistas e instituciones uruguayas, porque son realmente pocos los ejemplos hasta el momento. Apostemos, como comunidad artística, a fomentar la participación y el intercambio para seguir adelante ya que este crecimiento, a juzgar por los frutos que están dando estos programas, recién comienza y nos potencia a todos.
TOMÁS REDRADO ART
VALERIA CONTE MACDONELL EN SAE
GUADALUPE REYNA EN SAE
BIENAL DE VENECIA
EFERVESCENCIA EN TONALIDAD MENOR
Desde mayo, Venecia vuelve a ser el centro del mundo del arte . Pero la 61ª Bienal Internacional de Arte llega marcada por una ausencia: la de Koyo Kouoh , la curadora que la imaginó. In Minor Keys , su título, es su legado y llegó intacto .
Por MYRIAM ZINI

«CON 111 ARTISTAS, DÚOS, COLECTIVOS Y ORGANIZACIONES SELECCIONADOS, LA MUESTRA CENTRAL SE CONCIBE COMO PARTITURA COLECTIVA EN DONDE LAS PRÁCTICAS ARTÍSTICAS Y LA RESILIENCIA RESUENAN EN SINTONÍA, Y LA VULNERABILIDAD SE CONVIERTE EN FUERZA CREATIVA»
KOYO KOUOH | PH. MIRJAM KLUKA

NYAMAI KALOKI
LA APUESTA CURATORIAL
Ciento treinta y un años de historia dan perspectiva. La Bienal de Venecia nació en 1895 como escaparate europeo y se convirtió en sismógrafo de las tensiones del mundo. La Guerra Fría, Mayo del 68, la caída del Muro, las guerras de hoy: cada edición es un registro de su momento.
Para esta edición, Kouoh —curadora suizo-camerunesa, primera mujer en dirigir el Zeitz MOCAA en Ciudad del Cabo— eligió un título que concentra toda su propuesta: In Minor Keys, las tonalidades menores. Las de los silencios, de las fracturas, de lo que persiste en tiempos de crisis. Con 111 artistas, dúos, colectivos y organizaciones seleccionados, la muestra central se concibe como partitura colectiva en donde las prácticas artísticas y la resiliencia resuenan en sintonía, y la vulnerabilidad se convierte en fuerza creativa.
Este lenguaje que Kouoh eligió se materializa plenamente en el pabellón de Uruguay: Antifragile, instalación site-specific de Margaret Whyte, curada por Patricia Bentancur. Lo antifragil no es lo que resiste el caos sino lo que se fortalece con él. Whyte despliega un ensamblaje de materiales gastados —textiles desgastados, maquinaria oxidada, cascos, fragmentos— donde vulnerabilidad, error y usura devienen en energía creativa. Es uno de los pabellones nacionales más conceptualmente alineados con la propuesta curatorial.
Entre otros pabellones nacionales, destaca el argentino, Monitor Yin Yang, un dibujo monumental en sal y carbón de Matías Duville. Los visitantes caminan sobre la obra; cada huella altera, cada movimiento borra. Un dibujo que se niega a ser objeto: experiencia espacial, proceso, interacción. Brasil presenta a Rosana Paulino y Adriana Varejão bajo el título Comigo ninguém pode, nombre portugués de una planta que también funciona como dicho popular “nadie puede conmigo", articulando un diálogo entre dos artistas cuyas prácticas abordan las heridas coloniales desde perspectivas distintas. España presenta Los restos, proyecto del catalán Oriol Vilanova que reflexiona sobre
museos a través de postales de mercados de pulgas, cuestionando modelos de preservación. Alemania trae Ruin con otro duo, Henrike Naumann y Sung Tieu, explorando sistemas de orden social y rupturas históricas.
PROGRAMACIÓN
COLATERAL
Y PARALELA: UNA CIUDAD EN SINTONÍA
Más allá de los Giardini y el Arsenale, la Bienal despliega su energía por toda Venecia. De la centena de países participantes, unos 30 poseen edificios permanentes en los Giardini desde hace décadas. Los que carecen de estructuras propias crean pabellones en el Arsenale y en palacios, iglesias, conventos y espacios industriales a lo largo del centro histórico. Es el caso de los siete nuevos países participando por primera vez en 2026 — Qatar, Sierra Leone, Vietnam entre otros—, y de El Salvador con su propio pabellón por primera vez.
Y como a cada edición, grandes nombres se adueñan de la ciudad. Marina Abramović, con 80 años, se convierte en la primera mujer viva honrada con una gran exposición en las Gallerie dell'Accademia: Transforming Energy. Anish Kapoor inaugura su propia fundación en Palazzo Manfrin, con un recorrido de 50 años de práctica a través de más de 100 obras. Punta della Dogana alberga trabajos de Lorna Simpson y Paulo Nazareth; Palazzo Grassi presenta a Michael Armitage y Amar Kanwar; Ca' Pesaro exhibe a Jenny Saville; Casa dei Tre Oci a Joseph Kosuth. Día Art Foundation en el SMAC-San Marco Art Centre presenta Lee Ufan y Alighiero Boetti. El Gran Canale, Chihuly. Y la lista continúa, convirtiendo cada rincón de la ciudad en sala de exposición.
En Venecia, cada palacio, cada instalación, cada diálogo entre artista y patrimonio configura un mapa de dónde estamos ahora. Sobre las voces que trabajan desde los márgenes y que, sin embargo, definen el tiempo presente. En un mundo que no para de gritar, quizás eso sea lo que necesitamos: aprender a escuchar en tonalidad menor, no gritar sino susurrar.



KADER ATTIA
LA BIENAL EN TRES DÍAS
La Bienal se estructura en cuatro planos: la Exposición Internacional, los 99 pabellones nacionales diseminados en Giardini, Arsenale y distintas sedes, los eventos colaterales en palacios, iglesias, islas y una programación paralela imperdible.
Los Giardini es el espacio histórico de la Bienal desde 1895. Alberga el Pabellón Central -sede de la muestra In Minor Keys- y los pabellones nacionales en el parque. No hay que perderse Antifrágil de Margaret Whyte en el pabellón de Uruguay, ni las performances de Austria, Holanda y Bélgica (conviene consultar días y horarios con anticipación).
El Arsenale, con su imponente conjunto de edificios históricos, aloja pabellones nacionales y una parte significativa de la muestra curatorial. Su recorrido merece al menos una jornada completa.
La ciudad ofrece eventos colaterales y pabellones dispersos, varios de entrada libre. Algunos de los puntos altos: Marina Abramović en la Galleria dell’Accademia, Anish Kapoor en Palazzo Manfrin, Jenny Saville en Ca’ Pesaro, Paulo Nazareth y Lorna Simpson en Punta della Dogana, Michael Armitage en Palazzo Grassi y Richard Prince junto a Arthur Jafa en la Fondazione Prada.
La Bienal abre de martes a domingos hasta el 22 de noviembre de 2026.

LIBROS
recomendados
HABILIDADES DIGITALES
LORENA ESTEFANELL
Con una claridad inusual en un tema saturado de alarmas, titulares extremos y consejos contradictorios, la autora ofrece un libro que baja el ruido y devuelve lo esencial: la confianza en el rol de las familias y centros educativos y la convicción de que es posible acompañar sin miedo, sin ingenuidad y sin renunciar al sentido común.
Ofrece una mirada lúcida, honesta y profundamente humana sobre uno de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo: educar para la vida real, que hoy también sucede en entornos virtuales.
BUEN DÍA, VIDA
ALEJANDRA FORLÁN
A los diecisiete años, un accidente de tránsito cambió para siempre la existencia de Alejandra Forlán. Perdió la movilidad de su cuerpo, perdió la construcción de su futuro que llevaba en la mente y corazón. Pero no perdió algo esencial: el deseo profundo de vivir.
A lo largo de estas páginas, Alejandra reflexiona sobre el dolor, la identidad, la discapacidad, la libertad, la voluntad ajena, la familia y la amistad. Habla del cuerpo como envase, de la mente como

refugio y del amor —en todas sus formas— como una red que sostiene cuando nada más alcanza. También interpela al lector: ¿qué damos por sentado?, ¿qué significa realmente ser independiente?, ¿cómo se aprende a mirar la vida cuando ya no se puede caminar por ella?
MEMORIAS DE BLANCO
WALTER DRESEL
Cincuenta años dedicados a escuchar, sostener, aliviar y curar merecían un libro que recogiera estas memorias del arte de sanar. Es este el título más personal en la nutrida producción literaria del doctor Walter Dresel, en el que vuelca una vida dedicada con pasión a entender al ser humano desde lo más profundo. A poco de abrazar la medicina como profesión, descubrió que las emociones tienen un componente importante en el sufrimiento y las afecciones. Por eso asumió que su abordaje debe ser integral: se trata de escuchar y comprender qué le está sucediendo al paciente, qué pensamientos y sentimientos lo recorren.
IN-CÓMODO
MARCELO DA COSTA PORTO
El cambio no avisa. Irrumpe. Desordena. Incomoda. Y, sin embargo, casi nunca


estamos preparados. Vivimos hablando de transformación, innovación, liderazgo y futuro, pero seguimos operando desde la inercia, desde el miedo biológico a lo desconocido, desde la comodidad de lo que ya sabemos hacer. Con una mirada que integra razón, emoción, cuerpo y presencia, el autor propone un recorrido claro y desafiante: entender qué es realmente el cambio, asumir tu lugar en él y adquirir los dos poderes que pueden modificar tu manera de decidir y actuar.
ASÍ ES COMO LO VERÁS MAÑANA ELIZABETH CLAPÉS
Los problemas y el dolor forman parte de la experiencia de vivir. No podemos hacer mucho para evitarlos, pero sí podemos cambiar nuestra forma de afrontarlos y nuestra mentalidad para sufrir menos y vivir más plenamente.
En esta guía para la vida, la psicóloga Elizabeth Clapés presenta la teoría de los seis problemas, un método transformador con el que aprenderás herramientas prácticas para regular tus emociones, habitarte desde un lugar más consciente, frenar la rumiación y construir un "yo" más seguro y feliz.


Por PENGUIN LIBROS URUGUAY


BRASIL EN CLAVE FASANO
(con Gilberto Gil sonando en el aire)
Por ANA MOLA

Hay viajes que se saborean de principio a fin. Y otros, que además dejan una forma de mirar.
Así fue mi experiencia entre São Paulo y Trancoso. Dos destinos, siete días, con mi corazón vibrando al ritmo de Gilberto Gil, Caetano Veloso y Elis Regina.
Si de algo conoce Fasano es de hospitalidad: los tiempos justos, el pulso, la tradición de una buena mesa, la elegancia y una arquitectura con un ADN que revela -sin importar el destino geográfico- ese style Fasano al 100%.



Brasil tiene esa vibra que no se explica, se siente. Toque de bossa nova, naturaleza exuberante, playas extensas, ciudades intensas, febriles, magnéticas, entremezcladas con el aroma de la feijoada o el frescor del açaí. Basta imaginarlo para que algo ya resuene en nuestro ADN y disfrutarlo de antemano. Y así fue. Los destinos previstos eran São Paulo y Trancoso, ciudad y playa, dos hoteles, una semana. Experiencia Fasano al 100%. Y el porcentaje no es exagerado porque si me pidieran otra definición, diría que es imposible. Es que el universo Fasano no es simplemente una sucesión de destinos ni una colección de experiencias al azar; es una forma de hacer que todo lo atraviesa.
Detrás de Fasano, el grupo JHSF Participações sostiene una lógica interna casi obstinada, con pilares muy bien definidos a simple vista: hospitalidad, gastronomía, crecimiento, desarrollo inmobiliario y una consistencia operativa que se mantiene en cada apertura. Se trata de coherencia. Una coherencia heredada. La historia de la familia Fasano comienza a principios del siglo XX, con la llegada de inmigrantes italianos a Brasil y la apertura de la Bras-
serie Paulista en São Paulo, dando inicio a una cultura del servicio, una relación con el tiempo y con el detalle que se aleja de la ostentación y se acerca más a la disciplina.
En cada una de las habitaciones se encuentra disponible un libro que hace honor a la historia del apellido Fasano, dejando entrever que ese camino estuvo lejos de ser perfecto. Hubo pérdidas, decisiones intuitivas, movimientos que no respondían a ninguna lógica empresarial clásica. En ese recorrido, la figura de Gero Fasano es la de un empresario que sostiene una idea, incluso cuando no resulta evidente hacerlo. Esa forma de sostener es la que termina definiéndolo todo. No es casualidad que Gero Fasano se instale diariamente en el lobby del Hotel Fasano São Paulo. Un gesto que dice mucho. Ese lobby al que se ingresa por la puerta giratoria principal, dominado en un primer plano por un impactante bar que se lleva todos los aplausos. El resto: una secuencia de livings, sillones de cuero, tonos tierra, madera, luz tenue; una atmósfera más cercana a un club privado que a un hotel.
SÃO PAULO, ENTRAR SIN INTERRUMPIR
Fasano São Paulo Jardins es el primer destino, ubicado en Rua Vittorio Fasano 88, en el exclusivo barrio de Jardins (Jardim Paulista), a pocos pasos de la famosa calle Oscar Freire. El edificio, diseñado por Isay Weinfeld y Márcio Kogan, es una obra arquitectónica en sí misma. Maderas oscuras, sombras medidas, proporciones que desaceleran la percepción sin desconectarla de la ciudad que sigue vibrando a pocos metros.
En las habitaciones la elegancia se sostiene, con una referencia sutil a la tradición italiana en los detalles. Uno en particular, no me pasa inadvertido: la importancia del papel. Tanto en las habitaciones como en los espacios comunes (también en Trancoso) conviven diarios del día, libros cuidadosamente seleccionados, junto a Il Corriere, el journal del grupo. Un gesto que refuerza la forma de entender la experiencia, donde lo editorial también construye ese universo.
Los desayunos transcurren en Nonno Ruggero, ubicado en la primera planta del hotel, con una terraza que abre vistas a la Rua Vittorio Fasano. Su ambiente informal refleja la interpretación de una auténtica trattoria italiana.
Por su parte, el restaurante Fasano es el corazón del hotel, sosteniendo tradiciones que no necesitan actualizarse para seguir vigentes. Un piano de cola en la entrada y el salón con su techo alto y tragaluz nos llevan de vuelta a la Nueva York de la década de 1940. Desde el inicio, Gero Fasano tiene una mesa reservada, la misma que solía compartir con su padre, Ruggero Fasano. Un gesto que, lejos de costumbrista, habla de herencia, de sensibilidad y de la memoria sobre la que se construye la casa.
Dentro de este universo, a pocos pasos, y con acceso interno desde el hotel, se proyecta Shopping Cidade Jardim, un mall que completa la experiencia como extensión natural de esa lógica de selección y curaduría.
Frente al hotel, como cierre del itinerario, una visita obligada al restaurante Gero. Quizás aquí, São Paulo aparece, sin filtros. Risas, ruido, moda, elegancia. Y entonces esa sensación de “style Fasano” continúa cobrando fuerza.



TRANCOSO, CUANDO
EL TIEMPO CAMBIA DE FORMA
El paso de São Paulo a Trancoso no es solo un cambio geográfico. Es una transición de ritmo. El vuelo hasta Porto Seguro (de aproximadamente dos horas y media), el aeropuerto pequeño, el traslado de una hora y media atravesando caminos y rutas con vegetación tropical. Los pensamientos entran en un letargo que resulta necesario. Todo empieza a desacelerarse.
La llegada a Fasano Trancoso sucede de noche, pero incluso en la oscuridad se percibe ese aire distinto. La ausencia de estímulos urbanos no genera vacío, sino otra forma de presencia. A la mañana siguiente, esa sensación se confirma. El hospedaje en Trancoso propone dos opciones bien definidas: por un lado, los bungalows y, por otro, las villas, de mayor dimensión y privacidad, con servicios de hotel y una lógica más residencial.
Si algo define la estadía en Trancoso es la vegetación, densa y dominante. Todo sucede a escala del paisaje; los recorridos hacia el restaurante, la Praia de Itapororoca o el spa se hacen caminando, atravesando esa presencia constante. Y la hospitalidad. Casi en mayúsculas.
Los días transcurren entre caminatas por la playa extensa (observando cómo bajan los cocos de las palmeras a primera hora de la mañana o en la búsqueda paciente de corales frente al mar), pileta, agua de coco, algún drink y un “tiempo” que pierde urgencia. Trancoso se vuelve un lugar para resetear.
Ubicado dentro de la Reserva Trancoso, un desarrollo de más de 200 hectáreas de Mata Atlántica, Fasano se inserta en un territorio donde la naturaleza conserva escala y densidad. La arquitectura (también de Isay Weinfeld) acompaña la topografía, integrándose sin imponerse.
En este mismo paisaje, la presencia de comunidades originarias recuerda que esta región tiene una historia profunda. El recorrido hacia la reserva indígena se convierte en uno de los puntos destacados de la estadía. Desde el hotel, el acceso implica unos 20 minutos atravesando caminos estrechos y vegetación cerrada. El punto final es el Río dos Frades, cuyo nombre remite a un fraile franciscano que perdió la vida en sus aguas hacia 1550. Un baño en el río, casi imperioso. Clima tropical, silencio. Nada más.
Los días posteriores, y ya casi en el regreso a Uruguay, aparece la clave. No se trata de dos experiencias opuestas ni de elegir entre Trancoso o São Paulo. Es la misma lógica, expresada en distintos escenarios. Porque si hay algo que Fasano entendió es el mundo. Y que siga sonando Caetano Veloso, Elis Regina, Gilberto Gil por tiempo indefinido.



SÃO PAULO
Donde la historia se convierte en método
Inaugurado en 2003 en Jardins, el Hotel Fasano São Paulo condensa más de un siglo de historia familiar iniciada en 1902 con la Brasserie Paulista. Pero lejos de narrarse como legado, esa historia se practica.
El proyecto de Isay Weinfeld y Márcio Kogan traduce esa herencia en arquitectura sin estridencias: materiales nobles, luz contenida, proporciones precisas. Las 60 habitaciones integran referencias italianas sin convertirlas en decoración.
La gastronomía es el núcleo: el restaurante Fasano, activo desde 1982, mantiene una línea de cocina italiana basada en la precisión; Nonno Ruggero introduce una escala más relajada, y el Baretto suma una dimensión cultural donde la música sucede sin distancia.
Más que un hotel, funciona como un sistema donde todo responde a una misma lógica.

TRANCOSO
Lujo, territorio y decisión
Fasano Trancoso se inserta en una reserva de más de 200 hectáreas de Mata Atlántica bajo un principio claro, intervenir lo mínimo posible. El hotel cuenta con 40 bungalows, además de villas y residencias, distribuidos sin alterar la topografía ni los corredores naturales. Frente a la Praia de Itapororoca -una de las más preservadas de la región- el proyecto redefine la relación entre hospitalidad y paisaje.

México
El sabor de la diplomacia y el corazón de una cultura milenaria
Por JAIME ROJAS HERRERA y BEATRIZ MOLINA REYNOSO
En el escenario internacional contemporáneo, la identidad de una nación ya no se define únicamente por sus fronteras geográficas o sus acuerdos comerciales, sino por la profundidad de su alma cultural y su capacidad para dialogar con el mundo. México ha comprendido esta transición, posicionando su riqueza cultural como uno de los pilares fundamentales de su proyección internacional. Lejos de las negociaciones a puerta cerrada, el país ha apostado por la diplomacia pública, un diálogo directo con las sociedades de otros países para compartir sus valores y aquello que lo hace único.
TREINTA SIGLOS DE HERENCIA EN CADA BOCADO
La gastronomía mexicana no es solo una colección de recetas, sino un legado de 30 siglos de símbolos, colores y sabores que narra una historia iniciada en tiempos prehispánicos. Este sistema cultural complejo, que integra desde actividades agrarias hasta prácticas rituales y conocimientos ancestrales, fue reconocido en 2010 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El corazón de esta tradición reside en la trilogía del maíz, el frijol y el chile. Sin embargo, la genialidad mexicana se manifiesta en procesos técnicos milenarios como la nixtamalización, mediante la cual el maíz se cuece con cal para liberar nutrientes esenciales como la vitamina B3. Gracias a este saber, las civilizaciones mesoamericanas pudieron sostenerse durante siglos, permitiendo la existencia de elementos icónicos como la tortilla y el tamal.
LA MESA COMO EL MÁXIMO
ESCENARIO DIPLOMÁTICO
Hoy en día, cocinar y compartir alimentos es también una forma de hacer política y de acercar culturas desde lo más sensorial y humano. En México, la hora de la comida es un espacio de encuentro donde, alrededor de una mesa llena de aromas y sabores, se resuelven diferencias, nacen amistades y se construyen alianzas que trascienden fronteras.
Esta “diplomacia del gusto” se manifiesta en la capacidad de los platillos mexicanos para dialogar con otras tradiciones.
Imaginemos una mesa donde se sirven enmoladas: tortillas suaves rellenas de pollo, bañadas en mole poblano -esa compleja mezcla de chiles, cacao y especias- acompañadas de crema, queso y cebolla. Ahora imaginemos ese mismo platillo servido junto a una copa de Malbec sudamericano con crianza en barrica.
En ese instante, dos tradiciones gastronómicas dialogan en la misma mesa: la profundidad del mole mexicano y la elegancia del vino sudamericano se encuentran para crear una experiencia compartida. Es precisamente en estos encuentros donde la gastronomía se convierte en un puente cultural capaz de acercar sociedades y generar entendimiento entre naciones.
Cada gusto compartido es una invitación a conocer una tradición viva y una forma distinta de entender el mundo.
UN PUENTE HACIA EL FUTURO
La labor de las cocineras tradicionales sigue siendo fundamental para mantener viva esta herencia y el mestizaje culinario que enriquece la identidad nacional. Desde emprendimientos en Uruguay hasta las cocinas de las grandes metrópolis, el esfuerzo por llevar un "pedacito de México" a la mesa no es solo un acto gastronómico; es un acto de diplomacia pública que genera vínculos y comparte saberes.
En conclusión, la cultura mexicana, con su gastronomía a la vanguardia, demuestra que el verdadero poder de una nación reside en su capacidad de conectar, emocionar y preservar el alma a través de la hospitalidad y el diálogo cultural. México no solo invita al mundo a comer; lo invita a conocer una historia milenaria que, afortunadamente, sabe muy bien.
«MUCHO MÁS QUE UNA TENDENCIA GASTRONÓMICA, MÉXICO CONSOLIDÓ UNA MANERA PROPIA DE PROYECTARSE AL MUNDO. A TRAVÉS DE LOS SABORES, LOS RITUALES Y LA EXPERIENCIA CULTURAL»
MOLA HIGH PICKS
Tres mesas donde México deja de explicarse y empieza a sentirse.
Pujol
Ubicado en Polanco, es uno de los restaurantes más influyentes de América Latina. Fundado por el chef Enrique Olvera, trabaja sobre la cocina tradicional mexicana llevada a un lenguaje contemporáneo, con platos icónicos como el “mole madre”, en constante evolución.
Dirección: Tennyson 133, Polanco IV Sección, Miguel Hidalgo, Ciudad de México
Instagram: @restaurantepujol
Quintonil
En la misma zona de Polanco, el proyecto de Jorge Vallejo propone una cocina basada en ingredientes locales, vegetales y técnicas refinadas. Es uno de los restaurantes mejor posicionados de la región y ha sido reconocido entre los mejores del mundo.
Dirección: Av. Isaac Newton 55, Polanco IV Sección, Miguel Hidalgo, Ciudad de México
Instagram: @rest_quintonil
Sud 777
Más alejado del circuito tradicional, en Pedregal, el chef Edgar Núñez desarrolla una cocina vegetal mexicana con influencia técnica francesa. Una propuesta más experimental, con fuerte foco en producto y temporada.
Dirección: Boulevard de la Luz 777, Jardines del Pedregal, Álvaro Obregón, Ciudad de México
Instagram: @sud777mx
MÉXICO Y EL PODER DE LO SENSORIAL
México entendió hace tiempo que la cultura también puede ser una forma de construir presencia en el mundo. Mucho antes de que la diplomacia digital se volviera tendencia, el país ya utilizaba herramientas culturales, gastronómicas y artísticas para generar conexión con nuevas audiencias y proyectar identidad más allá de sus fronteras.
Hoy, esa influencia se traduce en una presencia concreta y reconocible. La gastronomía mexicana atraviesa continentes, con más de 515 mil restaurantes y una escena que logró posicionar varios nombres entre los mejores del mundo. Pero el fenómeno excede la cocina: productos como el tequila y el mezcal, ambos con Denominación de Origen, se transformaron en símbolos culturales capaces de condensar historia, territorio y tradición en una experiencia sensorial.
Al mismo tiempo, destinos como Oaxaca, Jalisco, Puebla, Michoacán o Yucatán consolidaron rutas gastronómicas y culturales que invitan a descubrir México desde sus sabores, sus mercados, sus colores y sus rituales cotidianos. Porque, en definitiva, gran parte de la identidad mexicana también se transmite a través de lo que se comparte alrededor de una mesa.










Bajo la conducción del Comodoro Juan
Etcheverrito, el Yacht Club Punta
del Este
refuerza su presencia internacional
A PUNTO DE CUMPLIR UNA DÉCADA EN EL Yacht Club Punta del Este, EL Comodoro REPASA JUNTO A MOLA UNA temporada MARCADA POR regatas internacionales, LA EXPANSIÓN DE LA escuela de vela Y UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO: LA LLEGADA POR PRIMERA VEZ A Sudamérica DE LA CONFERENCIA DEL International Council of Yacht Clubs
Por
LAURA GARGANTA Fotos AGUSTÍN CHARLONE
Hacia fin de este año, Juan Etcheverrito cumplirá 10 años vinculado a la conducción del Yacht Club Punta del Este. Su participación comenzó como tesorero de la comisión directiva y luego continuó como comodoro, cargo al que accedió por votación de la asamblea de socios. Ese recorrido coincide con un período de fuerte actividad para la institución, que en los últimos años consolidó su presencia en el calendario náutico internacional y amplió su programa deportivo y social. “En el Yacht Club Punta del Este tuvimos un año bastante activo en materia náutica, social y deportiva”, resume.
Entre los hitos recientes menciona la participación del club en la New York Yacht Club Invitational Cup, organizada por el histórico New York Yacht Club. “Ellos tienen 20 barcos e invitan a los mejores clubes del mundo para participar. Por segunda vez consecutiva tenemos el privilegio de ser seleccionados y concurrimos con tripulantes socios del club”, explica. El equipo uruguayo, junto con el argentino, fue el único representante sudamericano en la competencia.
Otra presencia destacada del club en el escenario internacional es su participación en la Clipper Round the World Yacht Race, la regata de vuelta al mundo en la que una embarcación identificada con el club recorre distintos puertos del planeta. “Con un gran esfuerzo del Yacht Club tenemos un barco dando la vuelta al mundo que es una embajada flotante”, señala. “En cada puerto donde hace escala marca presencia del Yacht Club Punta del Este y de Uruguay”. Hace pocos días, relata, la embarcación se encontraba en Qingdao, China, donde recibió la visita del embajador uruguayo. “El skipper nos mandó un comunicado muy agradecido porque el embajador recorrió el barco y navegó con ellos”.
ACTIVIDAD CONSTANTE EN LA BAHÍA
Gran parte de la actividad del club se desarrolla en la bahía de Maldonado, un área que, según Etcheverrito, ofrece condiciones especialmente favorables: “permite navegar prácticamente todo el año”, señala. Durante la temporada se organizan decenas de competencias —alrededor de 70 regatas— y hasta un campeonato nacional de la clase Optimist que reunió a 130 embarcaciones.
La escuela de vela del club es uno de los ejes de ese movimiento. Hace algunos años la actividad fuera del verano era muy limitada; hoy cuenta con alrededor de 150 alumnos que entrenan durante todo el año. “En julio y agosto hace un frío terrible y los chicos están igual navegando, super motivados, porque la navegación genera un sentimiento de libertad muy grande; pueden agarrar el timón e ir adonde quieran. No hay semáforos, multas ni radares”. Algunos de esos jóvenes ya compiten a nivel internacional. Entre ellos menciona a Umpierre y Diz, formados en la escuela del club, que recientemente obtuvieron el primer puesto en Portugal en la clase 49er.
UNA NÁUTICA MÁS INCLUSIVA
El Yacht Club también desarrolla programas de integración social vinculados al deporte. Uno de ellos es la navegación adaptada para personas con discapacidades motoras. “Trajimos los primeros dos barcos de este tipo en Sudamérica”, explica el comodoro. Para facilitar el acceso se instaló una grúa que permite trasladar las sillas de ruedas desde el muelle hasta la embarcación. “Todo está preparado para que puedan vivir la experiencia sin contratiempos”, afirma. “Nos trae muchas satisfacciones personales y queremos ampliarlo con instituciones departamentales y nacionales”.
Otra iniciativa que destaca es la beca otorgada a un alumno de la escuela pública Nº 5 de la calle Gorlero, que participa en la escuela de vela del club. “Para nosotros es un honor. Él después va a la escuela y les cuenta a sus compañeros lo que hace, y eso incentiva a otros chicos a acercarse a la náutica”.
ROLEX Y CLÁSICOS DEL ATLÁNTICO SUR
Entre los eventos más importantes del calendario del Yacht Club Punta del Este figura la Rolex Circuito Atlántico Sur, organizada junto con el Yacht Club Argentino, llevada a cabo desde el 24 al 30 de enero.“Es la única regata del circuito que Rolex realiza en Sudamérica”, señala. A esta competencia se suma la regata de barcos clásicos, que este año reunió a 35 embarcaciones históricas, algunas con más de 100 años de antigüedad. “Considero que fue la mejor regata de clásicos de la historia del club”, afirma Etcheverrito.
UN ENCUENTRO HISTÓRICO
Otro gran evento para la institución es la 11.ª Conferencia Regional del International Council of Yacht Clubs (ICOYC), que se celebra en Punta del Este del 28 de marzo al 1.º de abril de 2026. Es la primera vez que un club sudamericano es sede de este encuentro internacional. Durante varios días el Yacht Club recibe a comodoros, directivos y representantes de instituciones náuticas de Europa, Estados Unidos, Asia y América Latina.
El programa incluye sesiones de trabajo, actividades de integración y regatas de la clase J70 con equipos de distintos clubes invitados, con la llegada de entre 300 y 500 participantes. Algunas delegaciones, como la del Royal Swedish Yacht Club, viajan con varios representantes. Para Etcheverrito, la elección de Punta del Este como sede refleja el lugar que el club ha ganado dentro del circuito internacional de la vela. “El Yacht Club Punta del Este hoy está en la cresta de la navegación internacional”.

Gigantes ocultos en la bahía
EN LAS costas de Maldonado HAY AL MENOS 70 barcos hundidos, ENTRE LOS QUE SE ENCUENTRAN EL BRITÁNICO Agamemnon, QUE PARTICIPÓ DE LA batalla de Trafalgar LIDERADA POR EL capitán Nelson.
Por ELENA RISSO Fotos MARCOS RODRÍGUEZ
BANCO DE HISTORIAS LOCALES DEL INSTITUTO URUGUAYO ARGENTINO
El casco de soldado estaba en el fondo del mar, cubierto en parte por un forro de tela. Sergio Pronczuk se acercó y vio que tenía grabado un escudo de la Marina inglesa. No dudó un instante y subió a la superficie eufórico a contarle a sus compañeros del hallazgo: había encontrado un elemento perteneciente al Agamemnon, el barco británico hundido en 1809 frente a la Isla Gorriti.
Junto a los otros buzos, Pronczuck volvió a hundirse y siguieron explorando; comenzaron a aparecer chapas de cobre y de madera. Estaban frente a restos de uno de los barcos más importantes hundidos en aguas de Maldonado.
El HMS (His o Her Majesty’s Ship) Agamemnon, era un barco de 64 cañones construido en 1777, que integró la flota del capitán Nelson en distintas batallas, entre ellas la de Trafalgar, como parte de los 27 navíos que derrotaron a la alianza de franceses y españoles. Luego fue asignado a patrullar las aguas del Río de la Plata y en ese contexto, en junio de 1809 se hundió en la costa uruguaya.
Los primeros hallazgos de restos fueron en 1993 y fueron necesarios varios descensos para encontrar más objetos. El descubrimiento de uno de los cañones de hierro, que se disparó en la batalla de Trafalgar, de 3.300 kilogramos, fue el broche de oro de la búsqueda. La extracción de la mole metálica se concretó recién en 1997, luego de una operación conjunta entre buzos, arqueólogos subacuáticos de la Universidad de Oxford y efectivos de la Armada y funcionarios de Ancap.
“El pesado cañón, sepultado a escasos 500 metros de la playa Mansa a la altura de la Parada 10 y a ocho metros de la superficie, emergió tras cuidadosas maniobras después de 188 años bajo las aguas, momento expectante que fue coronado por el acorde sonar de las bocinas de numerosas embarcaciones que festejaban el logro”, contó el escritor Juan Antonio Varese en su libro De naufragios y tesoros en las costas de Maldonado (Aguilar), una extensa investigación sobre hundimientos en aguas del departamento.
Luego de su retiro fue necesario un intenso trabajo de restauración que permitió que hoy esté en exhibición en el Museo Naval, ubicado en la rambla de Montevideo.
Los barcos hundidos no están, como en las películas, descansando sobre del fondo del mar, sino que se encuentran al ras del piso. En estas aguas hay un molusco llamado teredo que consume la madera, entonces lo que se salva del deterioro es lo que queda enterrado en la arena, explicó Pronczuck a MOLA.
El encuentro del Agamemnon fue uno de los momentos claves en la vida de Pronczuck, que a lo largo de su trayectoria como buzo participó de la búsqueda de diferentes barcos. Tenía 14 años cuando empezó a bucear con un amigo en distintos lugares de Punta del Este.
Un día cambió una bicicleta y una cámara de fotos por un tanque de buceo y luego se asoció con el buzo y rescatista Héctor Bado. El primer trabajo profesional les llegó a mediados de los 80, cuando un estadounidense los contrató para encontrar un avión Mustang P-51 de la Segunda Guerra Mundial, que había caído en la zona de la represa del Rincón del Bonete. Trabajaron tres veranos, que es la mejor época para ese tipo de búsqueda, hasta que lo encontraron.
Con ese hallazgo tomaron notoriedad y de a poco empezaron a buscar barcos con más énfasis. Tenían información de expertos argentinos y mexicanos sobre el destino del buque inglés. En medio de la búsqueda hallaron otros barcos, hasta que llegó el día en que Pronczuck se topó con el casco británico.
LA COLONIA PORTUGUESA Y LAS MONEDAS DE POTOSÍ
A partir de los 60 disminuyó el número de naufragios en las costas uruguayas por la profesionalización de los aparatos de precisión y porque los buques que llegaban a estas aguas estaban en mejores condiciones. Antes, los que navegaban hasta el Río de la Plata se encontraban al final de su vida útil y por eso muchos se hundían en el fondo del mar, con tripulantes que nadaban hasta la orilla, otros que morían ahogados y objetos que terminaban en manos de aquellos que los encontraban en la arena.
Para Juan Antonio Varese el hundimiento del Agamemnon es el más importante en la costa de Maldonado por su destaque internacional y su historia está asociada al heroico Nelson. La noticia de su hallazgo llegó hasta Reino Unido y la directora de un museo inglés ha venido a bucear para conocer de cerca lo que se puede ver de los restos del barco, explicó a MOLA.
Pero hay otros que guardan historias impactantes. Varese, por ejemplo, destaca la historia de La Capitana, una nave portuguesa que llegó a esta zona del mundo en 1531. “Si no naufragaba, los portugueses habrían instalado aquí una colonia y otra hubiera sido la historia”, explicó
El barco tenía 400 personas. Se sabe que enfrentó una turbonada en la zona de la Isla Gorriti pero luego se des-
conoce su destino exacto, si bien se estima que estaría entre Pan de Azúcar y el arroyo Solís Grande.
El Sea Horse era un barco con fama de “cabalgar las olas” más complejas y eso se puso a prueba el 28 de noviembre de 1733, cuando un medio de un temporal iba de Montevideo a Maldonado, recordó Varese.
Era un barco que traslada esclavos de África a Buenos Aires; muchos de ellos murieron hacinados en las bodegas por distintas pestes antes de llegar a destino; otros desembarcaron en Montevideo, donde aguardaron en cuarentena para ser vendidos a sus futuros dueños. Pero también era un buque que transportaba contrabando y en Colonia del Sacramento, antes de volver al viejo continente, cargó monedas de plata originarias de Potosí.
Los relámpagos iluminaban el cielo cuando el pampero arrastró el barco hasta la restinga de la Isla Gorriti. La mayoría de los tripulantes murieron ahogados luego de intentar mantenerse a flote, otros tres se salvaron y llegaron exhaustos a orilla de la isla.
Alrededor del contrabando de monedas se especuló sobre qué había pasado. Algunos dijeron que eran 5.000 y que se habían escondido en un cofre en la isla; otros afirmaban con certeza que las habían tomado soldados españoles. Durante décadas llegaron expediciones de Europa para buscarlas, pero solo encontraban objetos sueltos y algunas monedas sueltas.
Fue necesario esperar a 1992, cuando Pronczuck y Bado encontraron los restos del barco junto a 15 cañones, las famosas monedas de Potosí, y collares que colocaban a los esclavos.
EL NOMBRE DE LA PLAYA Y LOS 700 AHOGADOS
El barrio San Rafael de Maldonado debe su nombre al naufragio de un barco francés llamado de esa manera, que se hundió en la playa el 22 de mayo de 1765. Había partido de Cádiz cuatro meses antes con 97 personas, de las que sobrevivieron 95 gracias a la ayuda soldados y pobladores de la zona que corrieron a rescatarlos cuando vieron lo que sucedía mar adentro.
Una vez que estuvieron a salvo, los viajeros fueron obligados a trabajar para salvar lo que se pudiera de las mercaderías y luego se los envió a una cárcel de Montevideo, porque se desconocían los detalles del viaje y su objetivo. Una de las versiones era que traían oro para la Catedral de Buenos Aires, que estaba siendo construida en esa época.
Durante un buen tiempo el casco de la fragata estaba a la vista en la playa, pero con el correr de los años fue quedando sepultada. San Rafael se convirtió en el nombre de una playa, de un barrio y de un casino; pocos recordaban por qué se llamaba así.
En la década del 90, con el hallazgo de distintos buques en la costa, se empezó a hablar de nuevo del San Rafael, pero fue recién en el 2000 cuando el argentino Rodolfo Filipelli encontró sus restos en la playa que hoy lleva el nombre.
Aunque sea difícil de imaginar, en las transparentes aguas de la playa Mansa de Punta del Este están hundidos cerca de 700 cuerpos que viajaban desde Cádiz en el navío mercante El Salvador, como parte de un batallón de casi 800 personas. “Solo escaparon de aquel desastre 116 personas, dado que casi toda la oficialidad y la tropa pereció”, recordó Carlos Seijo en el libro Maldonado y su región (Ediciones Instituto Uruguayo Argentino).
Dicen que años más tarde aparecieron cráneos y mandíbulas a la altura de La Pastora y que todo indicaba que pertenecían a los viajeros de ese buque, que naufragó en medio de un pampero endiablado el 31 de agosto de 1812.
En 1993, como ocurrió con el Sea Horse y luego con el Agamemnon, de nuevo Pronczuk y Bado fueron protagonistas de un hallazgo histórico: encontraron los restos de El Salvador. Otra vez fue un trabajo arduo: primero vieron una tabla, después cañones, uniformes y hasta restos de cadáveres.
Los barcos continúan hundidos en las costas de Maldonado, resistiendo el paso del tiempo y la acción de los buscadores de naufragios. Dicen que algunos se ven como estaban al momento de su hundimiento. Lejos de los pamperos, las lluvias interminables y las tormentas eléctricas, encontraron su refugio en el fondo del mar.
EL BARRIO San Rafael DEBE SU NOMBRE
AL naufragio DE UN barco francés LLAMADO ASÍ, QUE SE hundió EN LA playa EL 22 DE MAYO DE 1765.

AGAMEMNON

OBJETOS DE EL SALVADOR


RESCATE DE CAÑÓN DE EL SALVADOR
POR VINCENT BEAVE
CAÑON DE EL SALVADOR

MOLA DECO
Espacios, diseño y nuevas formas de habitar

MOLA Deco nace como un espacio dedicado a proyectos, marcas y universos donde el diseño, la arquitectura y los objetos construyen nuevas formas de habitar.
En esta edición, la arquitectura residencial convive con conceptos comerciales que transforman la experiencia contemporánea. Desde Colección Sur hasta espacios que desdibujan los límites entre diseño, cultura y experiencia, como Feltrinelli, Distrito Globo o el nuevo Magna Haus de BMW Group en Uruguay, donde el lujo empieza a definirse también desde el entorno, el tiempo y la experiencia.
Más que una selección de tendencias, MOLA Deco propone una curaduría de espacios, ideas y proyectos que reflejan cómo el diseño atraviesa hoy la manera en que vivimos.
Librería Feltrinelli
UN SELLO DE ITALIA EN CIUDAD VIEJA
Por ELENA RISSO Fotos NICOLÁS NIN
En un hecho que se convirtió en la novedad cultural de comienzos de 2026, la librería italiana Feltrinelli abrió en Montevideo su primer local fuera de Europa. Está instalada en el histórico edificio de Pablo Ferrando, donde el estudio Toro Arquitectos realizó un exquisito trabajo de restauración para devolverle a la construcción su esplendor de comienzos del siglo XX.
Josh Frank y Caryn Ganz son dos periodistas y escritores de Estados Unidos que, sin imaginarlo ni saberlo, se convirtieron en partícipes del hecho cultural más destacado en Uruguay en lo que va del año. Su libro Pixies. Engañar al mundo fue el primero que se vendió en el local de la librería italiana Feltrinelli, que se inauguró a fines de febrero en Montevideo.
Feltrinelli eligió la capital uruguaya como punto inicial para expandirse en la región y se trata de su primer local fuera de Europa. Su apertura sacudió el ámbito cultural local, no solo por la llegada al país de la histórica librería nacida en Italia en la década del 50, sino también porque se instaló en el viejo edificio de Pablo Ferrando, donde el estudio Toro Arquitectos hizo una impecable restauración en tiempo récord para devolverle su elegancia de comienzos del siglo XX, adaptando los estándares de Feltrinelli a las particularidades de la construcción diseñada en 1917.
La oferta de libros de Feltrinelli en Montevideo es amplísima, ya que trabaja con editoriales propias que no se consiguen en Uruguay y con ejemplares editados por otras firmas. En su catálogo se incluyen textos de distintas temáticas en español, italiano e inglés, a los que está previsto incorporar también libros en otros idiomas. En breve comenzará además la venta online para llegar a distintos puntos del país.
Entre las más de 60 mil opciones de libros con las que cuenta el local ubicado en la peatonal Sarandí de la Ciudad Vieja, el primero que se vendió fue el que narra la historia de la banda de rock de Boston.
Feltrinelli fue fundada por Giangiacomo Feltrinelli en 1955 como editorial independiente y dos años después abrió su primer punto de venta. Con el tiempo se convirtió en la principal cadena de librerías de Italia, con 126 locales y más de 15 millones de libros vendidos al año. Cuenta con ocho sellos editoriales propios y tiene locales en Madrid y Barcelona.
En los años 60, Feltrinelli comenzó a publicar libros de autores latinoamericanos como Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Manuel Scorza y João Guimarães Rosa, además de las primeras traducciones en el mundo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y del Diario del Che en Bolivia.
En 2016, luego de varios años de colaboraciones, adquirió en España la editorial Anagrama y en mayo presentará el sello Feltrinelli Editores. Ya está prevista la publicación de una veintena de títulos para este año, que comenzará con Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, y Principio, medio fin, de Valeria Luiselli.
LA ELECCIÓN DE CIUDAD VIEJA
Los responsables de la llegada de Feltrinelli a Uruguay son tres personas vinculadas al mundo editorial que unieron fuerzas para concretar el desembarco del gigante europeo. Los uruguayos Alejandro Lagazeta de Escaramuza, Juan Castillo de Puro Verso y el argentino Pablo Braun de Eterna Cadencia.
La elección de la Ciudad Vieja apuntó a conectarse con la historia y la cultura de Montevideo, en un sitio donde se encuentran emblemas capitalinos como la Puerta de la Ciudadela, el Teatro Solís, el Cabildo, la Plaza Matriz y la Catedral. En ese contexto se escogió un edificio emblemático y con alto valor patrimonial para completar la decisión.
En una alicaída y gris Ciudad Vieja, que se apaga apenas cae el sol y dejan de funcionar sus locales y oficinas, contar con un actor del porte de Feltrinelli abierto hasta las 21 horas, incluidos los sábados, es un respiro. No solo es un punto de venta de libros, sino que cuenta con una cafetería abierta a todo público y, de a poco, en sus instalaciones se irán realizando diferentes actividades culturales como presentaciones de libros, música y tertulias que, de alguna forma, ayudarán a revitalizar la zona.
Lucía Cuña, responsable de comunicación de Feltrinelli Montevideo, explicó a MOLA que en el local se apuesta a un fuerte trabajo de curaduría para organizar la oferta de libros, y a eso se suma que las personas que atienden al público son libreros con experiencia.


HISTORIA DEL EDIFICIO
El padrón 4693 de la calle Sarandí 675 ocupa un espacio de 342 metros cuadrados. Tiene un grado de protección patrimonial de nivel 4, el más alto que existe según los parámetros establecidos por la Intendencia de Montevideo, de acuerdo con el Plan Especial de Ordenación, Protección y Mejora de Ciudad Vieja.
Eso significa que cualquier reforma de la construcción debe contemplar su protección integral. Por lo tanto, intervenir ese imponente edificio de 1917 del arquitecto Leopoldo Tosi era un inmenso desafío. Había que combinar las características propias de esa obra ecléctica con una librería que siguiera la identidad de los locales de Feltrinelli en Europa.
En los años de apogeo de Ciudad Vieja, el edificio de Pablo Ferrando era un lugar de atracción en sí mismo, más allá de los servicios que prestaba el primer óptico del país. Los relucientes mármoles de Carrara, las molduras en el techo, los delicados herrajes de bronce, el lucernario que filtraba la luz solar y un formidable vitral multicolor con su reloj original lo convertían en una belleza arquitectónica en sí misma.
Pablo Ferrando tenía en esa construcción sus oficinas administrativas, talleres, depósitos y distintos departamentos ópticos, lo que con el tiempo terminó siendo demasiado grande para las características del negocio y la aparición de otros competidores. En la década del 70, cuando la preservación patrimonial no era un tema central, se realizaron varias reformas, se modificaron niveles y se alquilaron espacios a otras firmas.
En 1999 el edificio cerró sus puertas. Quienes caminaban por la peatonal Sarandí, junto a la imponente fachada que había marcado una época, veían a diario el deterioro de un símbolo de otro Uruguay. Así pasaron los años hasta que, en 2006, el panorama cambió cuando un grupo inversor compró el inmueble con el objetivo de restaurarlo.
Durante dos años, los arquitectos Eneida de León, Alejandro Berro y Alejandro Álvarez realizaron el reciclaje del histórico edificio bajo la dirección de obra de Francisco Collet y Neri. No fue un trabajo sencillo, porque hubo que reconstruir espacios que habían sido demolidos basándose en fotografías antiguas.
Poco después abrió sus puertas la librería Puro Verso, que en 2018 pasó a llamarse Más Puro Verso.
UNA OBRA EN TIEMPO RÉCORD
En 2025 el estudio Toro Arquitectos recibió la desafiante propuesta de convertir el edificio en el primer local de Feltrinelli en América Latina. La firma, fundada en 2018, especializada en arquitectura e interiorismo, está dirigida por el arquitecto Ernesto Figueroa y cuenta con un equipo de unas 20 personas jóvenes que se desempeñan en distintas áreas.
La obra se realizó en tiempo récord, reconoció el arquitecto Figueroa en diálogo con MOLA. Comenzaron a trabajar en octubre,
luego de mantener distintas conversaciones con la Comisión de Patrimonio, que tenía sus condiciones para una edificación de esas características y que se sortearon sin grandes dificultades.
Mientras se daba ese diálogo, explicó Figueroa, el estudio aprovechó el tiempo para realizar la logística de conseguir los materiales necesarios para la restauración del edificio y empezar cuanto antes el trabajo una vez que obtuvieron la habilitación. No solo había que restaurar la construcción siguiendo sus exigencias patrimoniales, sino que debían contemplarse características propias de los locales de Feltrinelli en Europa, como el tipo de exhibidores de libros, estanterías y distribución en los niveles para aprovechar el espacio.
Los profesionales de Toro trabajaron con proveedores locales para conseguir el mármol, los herrajes y las molduras que faltaban en parte de techos y paredes. Hubo que poner en funcionamiento el viejo ascensor con puertas de metal, que en su momento fue el segundo que instaló la empresa Otis en el país, luego de colocar el primero en el edificio central del Correo.
El trabajo de restauración consistió en la limpieza integral de la construcción, el acondicionamiento del vitral y del lucernario, el pulido y acondicionamiento de la señorial escalera principal, la sustitución total del piso que estaba en estado irrecuperable por mármol travertino, el aumento en la cantidad de exhibidores, la intervención en los materiales claros para favorecer la luminosidad del espacio y la creación de una zona gastronómica orientada al Teatro Solís.
También se convirtió el edificio en una construcción accesible, una condición que no era un requerimiento en 1917. En la planta baja se instalaron baños accesibles y en la zona de los depósitos traseros, que no están alcanzados por la protección patrimonial, se construyó una amplia cocina.
En la parte superior, además del espacio destinado a libros, se encuentra la luminosa cafetería, pensada no solo para los clientes de Feltrinelli sino también para el público en general. Porque además de comprar libros, siempre están quienes quieren hacer una pausa con un café y la requerida torta vasca, mientras contemplan la peatonal Sarandí desde un edificio que recuperó el esplendor con el que brilló durante las primeras décadas del siglo XX.
FUNDADA A MEDIADOS DE LA década del 50, FELTRINELLI ES LA PRINCIPAL CADENA DE librerías DE Italia, CON 126 LOCALES Y MÁS DE 15 MILLONES DE libros vendidos AL AÑO año
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Un lugar pensado para vivir todo el año
Por ELENA RISSO Fotos MAYU CAPOTE



Ubicada en el barrio Pueblo Mío de Manantiales, esta residencia de piedra y madera -proyectada por el arquitecto Guillermo Rey- se integra con naturalidad al paisaje, entre los tonos otoñales y la calma del lago.
La pandemia introdujo un cambio silencioso pero profundo en la manera de habitar. Las casas dejaron de responder a un uso estacional para convertirse en espacios capaces de sostener la vida cotidiana en todas sus dimensiones. Trabajo, descanso, encuentro. Todo sucede dentro.
Ese cambio de paradigma redefinió también la arquitectura en Punta del Este. Muchas viviendas pensadas originalmente para el verano comenzaron a proyectarse -o reinterpretarse- como residencias permanentes, alejadas del ruido pero con el confort necesario para un uso continuo.
“Una casa para vivir todo el año” fue la premisa que los propietarios le plantearon al arquitecto Guillermo Rey. A partir de esa idea, el proyecto se desarrolló desde la elección del padrón en Pueblo Mío hasta la definición de cada decisión espacial.
Implantada en la zona de lagos, la casa se resuelve en un volumen de un nivel que dialoga con el entorno a través de líneas bajas y una materialidad contenida. Piedra, madera y revoques texturados conviven con vanos acanalados que refuerzan la identidad de la obra.
Con orientación oeste y una superficie cercana a los 470 metros cuadrados, la planta en L organiza el programa en dos volúmenes, permitiendo adaptarse tanto a una dinámica íntima como a estadías de mayor escala. La arquitectura prioriza la funcionalidad sin perder continuidad espacial.
La paleta interior acompaña esa lógica. Maderas en distintas tonalidades -desde claras hasta oscuras-, piedra en grises y textiles en gama arena con acentos azules construyen una atmósfera cálida, en sintonía con el paisaje.
Los grandes ventanales corredizos eliminan el límite entre el interior y el exterior. Las áreas sociales se expanden hacia galerías, decks y espacios de estar que rodean la piscina de borde infinito, abierta al jardín, con vistas al lago. La casa se organiza así en torno a la luz, el aire y la flexibilidad de uso.
El núcleo central reúne el living con estufa y biblioteca, la cocina integrada con barra y el comedor con parrillero. Desde allí, una circulación conduce al área privada, donde la suite principal -con escritorio, vestidor y baño- se posiciona como el espacio más privilegiado, con visuales abiertas y una terraza orientada a la puesta del sol.
En el extremo opuesto se ubican cuatro dormitorios adicionales, acompañados por tres baños con revestimientos en tonos marinos. Todo el conjunto mantiene una relación directa con el exterior a través de puertas corredizas que conectan con un deck perimetral.
Estos espacios exteriores funcionan como extensiones naturales de la casa. Según la orientación, captan la luz de la mañana o de la tarde, y se protegen mediante aleros de madera con distintas resoluciones de cobertura que filtran la luz y regulan la incidencia solar.
La elección del diseño
Una vez finalizada la obra, el equipamiento quedó en manos de Colección Sur, liderado por María Caldeyro y Soledad Gattás, quienes trabajaron con libertad para desarrollar un proyecto coherente con la premisa original.
El punto de partida fue la materialidad. El uso de lino en cortinas -en un tono arena pálido- aporta privacidad sin perder luminosidad, reforzando la relación con el exterior.
En la suite principal, un escritorio Lira de Saccaro en madera clara se combina con una silla giratoria de Oko, tapizada en terciopelo color aqua. Las piezas decorativas -como un florero de cristal de Murano y luminaria de Oblumo- suman capas de textura y calidez.
Las mesas de luz, con microtextura clara y detalles en cuero, acompañan un respaldo tapizado en bouclé en tonos azulados que se replican en distintos ambientes, generando continuidad visual.
En el exterior de la suite, un camastro circular de la línea Air de Saccaro, realizado en cuerda sintética, refuerza la idea de que el exterior no es un complemento, sino parte central del proyecto.
Esa misma lógica atraviesa toda la casa. Colección Sur trabaja las texturas y materiales con un criterio integral, donde interior y exterior comparten lenguaje. Maderas, metales, cuerdas náuticas y textiles dialogan en un mismo registro.
El living se organiza a partir de un sofá en L de la línea Galileo de Saccaro, de proporciones generosas y base de madera, pensado para un uso cotidiano y flexible. Se complementa con un sillón Bubble giratorio, que define un rincón más introspectivo junto a la estufa.
En la cocina, las banquetas en cuerda sintética continúan el lenguaje material, mientras que el comedor -con mesa de madera maciza y sillas indoor-outdoor de la línea Andros- refuerza la versatilidad del espacio.
Los ambientes se conectan visual y físicamente con el exterior, donde el mobiliario retoma las mismas materialidades. Mesas, asientos y textiles se integran al deck, consolidando una continuidad sin rupturas.
El proyecto se completa con piezas seleccionadas de Colección Sur, alfombras de Tapetah, obras de Artimage, como una pieza de Mono Giraud que aporta carácter al living.
Con años de trayectoria, Colección Sur observa un cambio claro en sus clientes; el interiorismo ya no aparece al final del proceso, sino que forma parte de la concepción misma del proyecto. Las casas se piensan desde cómo van a ser habitadas.
En este caso, la elección de materiales nobles y textiles resistentes responde a esa lógica. La durabilidad, el uso cotidiano y la coherencia estética se vuelven centrales.
El resultado es una casa que no responde a la temporalidad del verano, sino a una forma de vivir. Una arquitectura y un interiorismo alineados en una misma idea: quedarse.



«CON AÑOS DE TRAYECTORIA, COLECCIÓN SUR OBSERVA UN CAMBIO CLARO EN SUS CLIENTES; EL INTERIORISMO YA NO APARECE AL FINAL DEL PROCESO, SINO QUE FORMA PARTE DE LA CONCEPCIÓN MISMA DEL PROYECTO. LAS CASAS SE PIENSAN DESDE CÓMO VAN A SER HABITADAS»



«LOS GRANDES VENTANALES CORREDIZOS ELIMINAN EL LÍMITE ENTRE EL INTERIOR Y EL EXTERIOR. LAS ÁREAS SOCIALES SE EXPANDEN HACIA GALERÍAS, DECKS Y ESPACIOS DE ESTAR QUE RODEAN LA PISCINA DE BORDE INFINITO, ABIERTA AL JARDÍN, CON VISTAS AL LAGO. LA CASA SE ORGANIZA ASÍ EN TORNO A LA LUZ, EL AIRE Y LA FLEXIBILIDAD DE USO»


LA EXPERIENCIA COMO VERDADERO LUJO
Magna INAUGURA EN CARRASCO Magna Haus, UN espacio QUE REÚNE A BMW, MINI Y BMW MOTORRAD BAJO UN NUEVO concepto global.
Fotos ANA LAROCCA
En un mercado donde la experiencia empieza a pesar tanto como el producto, las marcas redefinen sus espacios para estar a la altura de un cliente cada vez más exigente. En ese contexto, Magna –representante de BMW Group en Uruguay– inaugura en Carrasco su nuevo centro integral: Magna Haus, un espacio que no solo concentra la operación de BMW, MINI y BMW Motorrad, sino que introduce una forma distinta de vincularse con la marca.
El proyecto, que implicó una inversión superior a los 12 millones de dólares, responde a Retail Next, un concepto global que revisa el modelo tradicional de concesionaria. Dejando atrás la lógica expositiva más rígida, la propuesta se orienta hacia una experiencia más abierta, flexible y centrada en las personas. “El nuevo manual introduce una evolución que redistribuye la experiencia y pone al cliente en el centro, desplazando el foco de los vehículos”, explica Cecilia Zannier, jefa de Marketing de Magna. Durante años, los autos se organizaban en filas, como en una calle. Pero hoy, la disposición es más orgánica. Incluso desde el exterior se percibe el cambio: los vehículos se presentan “de espaldas”, orientando su frente hacia el interior, pensado como el primer impacto visual de quien ingresa.
El interiorismo acompaña con una estética más cercana al universo residencial que al comercial. Materiales, iluminación y mobiliario construyen un ambiente que remite a un living contemporáneo e invita a quedarse. “El concepto apunta a un entorno de experiencias más flexible. Todo el interiorismo tiene un estilo más ‘home’. La idea es que, independientemente del motivo de la visita, la persona se sienta cómoda y contenida, como en su casa”, señala Zannier. Ese cambio se refleja en el uso real del espacio: donde antes la visita era breve y funcional, hoy se extiende. Hay clientes que trabajan desde el área de cowork, hacen una llamada o simplemente se quedan a pasar el rato. La experiencia incorpora tiempos más largos y usos más diversos, acompañados por sectores diseñados específicamente para eso, incluyendo salas de reuniones y espacios de pausa.
La integración de las tres marcas en un único edificio, algo que antes se resolvía en locales separados, también forma parte de esta nueva lógica. Cada una mantiene su identidad, pero conviven dentro de un mismo ecosistema, reforzando la idea de comunidad. “Los clientes valoran mucho la propuesta. Aunque Uruguay es un mercado pequeño, se logró un nivel alineado con los estándares globales. Es un público que viaja, que conoce otras experiencias y que espera ese nivel. Y la marca, a través de Magna, busca justamente ofrecer eso: una experiencia a la altura de cualquier mercado internacional”, agrega.
Esa alineación global fue uno de los desafíos del proyecto. El diseño responde a un estándar internacional que busca replicar la misma experiencia en cualquier parte del mundo, desde Europa
hasta Asia. En el caso local, esto implicó combinar equipamiento importado con desarrollo nacional, logrando un resultado que mantiene los parámetros de calidad exigidos por la marca. A su vez, el espacio incorpora decisiones que dialogan con el contexto uruguayo. La inclusión de una barbacoa con parrillero, pensada como punto de encuentro para clientes, especialmente en comunidades como MINI o Motorrad, introduce una dimensión más social al proyecto para potenciar el sentido de pertenencia y encuentro.
En paralelo, la tecnología se integra de forma natural en la experiencia. La lógica “phygital”, que combina instancias físicas y digitales, se materializa en espacios de configuración de vehículos en los que el cliente puede personalizar su modelo acompañado por el equipo de venta. “Como marca premium del sector lujo, se apunta a una vivencia más holística, que combina diseño y tecnología”, explica Zannier.
La sustentabilidad también ocupa un lugar central en el desarrollo. Magna Haus incorpora un techo verde de más de 1.300 metros cuadrados que contribuye a la aislación térmica y mejora el microclima, junto con más de 500 metros cuadrados de paneles solares que permiten generar energía limpia. A esto se suman sistemas de reutilización de agua de lluvia, tecnología inverter en climatización y estaciones de carga para vehículos eléctricos e híbridos, en línea con las políticas globales de BMW Group en materia ambiental.
La transformación que propone Magna Haus excede al espacio físico y responde a un cambio de lógica en la industria. Frente a un cliente que viaja y reconoce estándares internacionales, la experiencia se consolida como un factor determinante. Diseño, tecnología, servicio y tiempo de permanencia se integran en una misma ecuación, redefiniendo el rol del punto de venta. Así es cómo este nuevo espacio se inscribe en una evolución más amplia del sector, donde la decisión de compra empieza mucho antes –y continúa mucho después– de la elección de un vehículo.
EL interiorismo ACOMPAÑA CON UNA estética MÁS CERCANA AL universo residencial QUE AL COMERCIAL. Materiales, iluminación Y mobiliario CONSTRUYEN UN ambinte QUE REMITE A UN living contemporáneo E INVITA A quedarse.

«LA INTEGRACIÓN DE LAS TRES MARCAS EN UN ÚNICO EDIFICIO, ALGO QUE ANTES SE RESOLVÍA EN LOCALES SEPARADOS, TAMBIÉN FORMA PARTE DE ESTA NUEVA LÓGICA. CADA UNA MANTIENE SU IDENTIDAD, PERO CONVIVEN DENTRO DE UN MISMO ECOSISTEMA, REFORZANDO LA IDEA DE COMUNIDAD»




DISTRITO EL GLOBO CONSOLIDA SU INNOVADORA PROPUESTA EMPRESARIAL
LA visión estratégica DE inversores internacionales SE COMBINÓ CON UN METICULOSO TRABAJO DE restauración Y DIO ORIGEN A Distrito El Globo, UN club de negocios QUE FUNCIONA EN UN VIEJO HOTEL DEL SIGLO XIX EN LA rambla portuaria.
Distrito El Globo reúne historia, arquitectura y un innovador concepto empresarial similar al de clubes de negocios internacionales. El edificio fue construido a finales del siglo XIX, cuando se inauguró como un hotel para acoger a los viajeros que llegaban en los barcos al Puerto de Montevideo, hasta que un día cerró sus puertas. Ubicado en la esquina de la rambla portuaria y la calle Colón, el edificio estuvo décadas abandonado y fue tapiado, mientras su deterioro avanzaba sin tregua a la vista de todos los que pasaban por el lugar.
Hasta que alguien descubrió que en ese sitio había un inmenso potencial y que podía dar origen a un exclusivo espacio empresarial combinado con club de negocios, restaurante y cowork, en una zona que hace tiempo perdió el brillo y atractivo del pasado y que hoy mira con optimismo el impacto de un emprendimiento de esas características.
El año pasado, el proyecto Casa Globo obtuvo el Americas Property Award, un reconocimiento internacional que distinguió el trabajo del estudio de arquitectura Berthet, Mendez y Taranto, y las arquitectas asociadas Correa y Egaña. Con ese premio, se reconoció la transformación del edificio, tanto por su recomposición patrimonial, como por su impacto en el desarrollo estratégico de la zona.
El trabajo de restauración que comenzó en 2020, culminó en octubre del año pasado, cuando Distrito El Globo abrió sus puertas y sacudió la parsimonia de esa parte de la Ciudad Vieja.
Quienes circulan durante el día por la rambla portuaria se deslumbran con un edificio que parece sacado de una revista internacional. En la noche, el impacto es aun mayor, gracias a una iluminación que destaca la belleza de la construcción ubicada en una zona tan deslucida de Montevideo.
ALIANZA ESTRATÉGICA
Detrás de la apertura de Distrito Globo hay fuertes jugadores ligados al mundo empresarial del exterior. Con este emprendimiento, el grupo británico International Workspace Group (IWG) desembarca por primera vez en América.
Latina en un acuerdo con No18, una exclusiva red sueca de clubes de negocios. Con un tradicional y consolidado estilo de diseño escandinavo, No18, tiene clubes en Estocolmo, Gante, Singapur y Atlanta. El de Montevideo es el primero de la región, lo que posiciona a Uruguay como una referencia en ese sector.
La propuesta consiste en una membresía que abarca oficinas privadas, coworking, amenities y actividades pensadas para empresarios y emprendedores de Uruguay y la región, que eligen un lugar de excelencia para promover sus inversiones e iniciativas. El edificio cuenta con seis locaciones en desarrollo y más de 11 mil metros cuadrados operativos, lo que representa una sólida inversión inmobiliaria en la que se apuesta al desarrollo empresarial y a la innovación.
Además, en Distrito El Globo se destaca el protagonismo del arte en su distintas locaciones, con una pinacoteca compuesta por más de 70 obras, entre los que se encuentran artistas rioplatenses, como Pedro Figari, Carlos Páez Vilaró, Benito Quinquela Martín, Antonio Berni, entre otros nombres.
Otro de los puntos que sobresalen en el edificio es el restaurante Quinquela, llamado así en homenaje al artista cuyo nombre está asociado a La Boca porteña. La oferta gastronómica está basada en comida rioplatense con un toque gourmet, y está a cargo del chef Leandro Rosas, con la asesoría de Tomás Bartesaghi.
Desde su apertura hasta ahora, distintas empresas aprovecharon las instalaciones de Distrito El Globo para organizar presentaciones, conferencias y dar a conocer sus iniciativas a clientes en un espacio innovador y con una vista privilegiada de la bahía de Montevideo.
HISTORIAS DE VIAJEROS
El Gran Hotel El Globo fue inaugurado a fines de 1800 y por su ubicación era el lugar elegido por viajeros que llegaban de los barcos que arribaban al Puerto de Montevideo. Fue diseñado por los arquitectos Salveraglio y mientras era hotel, en la planta baja funcionaba un restaurante y un café, que quedó inmortalizado en el cuento Avelino Arredondo, de Jorge Luis Borges, basado en el asesino del presidente Juan Idiarte Borda.
Las imágenes de época muestran una fachada con enormes letras mayúsculas que decían GRAN HOTEL DEL GLOBO, y en los afiches se presentaba como una opción con apartamentos y habitaciones al exterior para familias o personas solas. Además, informaba que autobuses y tranvías pasaban por su puerta en todas las direcciones, lo que lo hacía atractivo para los viajeros que quisieran recorrer distintos puntos de la capital.
El restaurante señorial con su distinguida cristalería, las arañas colgantes, las sólidas camas de hierro de los dormitorios, los lustrosos mármoles y los pisos en damero fueron perdiendo esplendor con los años, hasta que el hotel cerrósus puertas.
El edificio, como sucede con buena parte de las construcciones históricas de Ciudad Vieja, se apagó. Su exterior adquirió un color sepia, las letras del hotel fueron cayendo, los vidrios se rompieron y fue necesario tapiar las ventanas para que no ingresara más gente. Aparecieron las pintadas, los ladrillos, el cemento tapando entradas y la sensación de que así quedaría. Cuando comenzó el trabajo de restauración, el lugar se caía a pedazos.
Paredes descascaradas, herrajes destruidos, cañerías y cables destruidos, y pasillos aterradores como los de El Resplandor. Fueron necesarios inversores que apostaran a dar la pelea por un emprendimiento de esas características en Uruguay, y cinco años de fino trabajo de reconstrucción para concretar el milagro que permitió su reapertura.
Hoy Casa El Globo brilla como en sus mejores años, con muebles de diseño, obras de arte, una iluminación formidable y un delicado trabajo de restauración que obtuvo su merecido reconocimiento a nivel mundial. Y entre tanta belleza arquitectónica, se consolida un impulso empresarial que solo apuesta a crecer desde Montevideo al mundo.

«LA PROPUESTA CONSISTE EN UNA MEMBRESÍA QUE ABARCA OFICINAS PRIVADAS, COWORKING, AMENITIES Y ACTIVIDADES PENSADAS PARA EMPRESARIOS Y EMPRENDEDORES DE URUGUAY Y LA REGIÓN, QUE ELIGEN UN LUGAR DE EXCELENCIA PARA PROMOVER SUS INVERSIONES E INICIATIVAS»

HAY VIDAS QUE NO HACEN RUIDO, PERO SOSTIENEN EL MUNDO.





