10A Viernes 18 julio 2014
Hablando de
Sexología EN COLABORACIÓN CON ROSSY ACUÑA, SEXÓLOGA // MIEMBROS DE LA FEMESS // WWW.NOTIESE.ORG
EDITOR: MIGUEL CARO
Rubén Ibarra Ayala* QUE TAL! HOY ANDO NUEVAMENTE POR aquí, escribiendo y compartiendo este espacio con ustedes y con el deseo de que sus experiencias de vida vayan enriqueciendo la misma. En esta ocasión escribo sobre un tema recurrente, y en específico en dos aristas del mismo: El divorcio, donde de una manera u otra, ambas personas, hombre y mujer, ejercen poder y coerción, en dicho proceso, por lo que el tema de las causas de dicha decisión, lo abordaré en algún otro momento. Pareciera ser que cuando una pareja opta por el divorcio como una forma de resolución a sus conflictos, se abren dos grandes «territorios» de poder: El del hombre ejerciéndolo a través del dinero y el de las mujeres realizándolo a través de las emociones y para ello utilizando a los hijos. Ahí es frecuente que se establezca la fragorosa batalla que les llevará en más de los casos la vida entera, sin importar las consecuencias adicionales, a las que de por sí tiene cualquier divorcio.
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Es común que el dinero sea un tema usado por los hombres para intentar controlar a la mujer, ya que a partir del dar o no dar, sirve para que dentro de otras muchas cosas, hacer que la mujer permanezca en una relación que ya no funciona; así es común escuchar que el hombre amenace ésta con restringirle el acceso económico ofreciéndole una vida sin penurias o al menos con una posición más desahogada, diciéndole «pues a ver como le haces, porque yo solo te daré para que mis hijos sobrevivan» y entonces estos hombres sólo creen que los hijos todo lo que necesitan es ir a la escuela, comer y empiezan acuestionarse cualquier otro gasto. Como si la manutención de los hijos fuera una obligación y no una responsabilidad. De ahí pareciera ser que desean «premiar» el «buen» comportamiento de la mujer, ya que si la mujer se mantiene cuidando a los hijos de acuerdo a cómo él decide que debe de ser, le mantienen o no la «pensión», sin embargo esto inmoviliza a la mujer en diversos órdenes, como son
amistades, horarios, la posible búsqueda de otra relación de pareja, diversiones, desarrollo profesional, etc, y se pasa directamente, el hombre, a ser el juez y policía de la «madre» de «sus hijos», a ser vigilante de la «buena» moral que d e b e de representar esa mujer, e n otras palabras, pareciera que contrata a una nana para sus hijos y considerarse así como un «buen padre», sin darse cuenta que si contratara una nana tendría que pagarle un salario, además de dar el dinero suficiente para la atención y cuidados que los hijos requieren. En casos así, queda claro que el hombre llega a considerar a la mujer como un objeto de su propiedad y no como un ser humano que a él le permitió ser padre.
Mientras tanto las mujeres que se están separando de un hombre con esas características, se convierten en la representación de muchos roles: nana, enfermera, cuidadora, puericulturista, afanadora, maestra, planchadora, lavandera, etc, etc, etc. Y en muchas ocasiones hasta terminan agradeciendo lo que les «da» el hombre, considerándose afortunadas de lo que les den y recibiéndolo como «ayuda». En el marco de poder de las mujeres, está el restringir la relación del hombre con los hijos, entonces también terminan «premiando o castigando» al hombre con las visitas y acceso a ell@s. Esto está determinado por aquello de que si cumple o no, con la responsabilidad económica. En la siguiente ocasión ampliaré más la parte de las mujeres e intentaré mostrar que termina sucediendo con ambos. ¡Muchas gracias!
*Médico Sexólogo y Psicoterapeuta
Sexología - El ejercicio del poder en la separación 1 - Miguel Ángel Caro Mariscal.pmd
01/10/2014, 09:03 p.m.