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Viernes 20.3.2015
MARÍA TERESA VÁZQUEZ DÁVILA
Correo: aseret0699@yahoo.com Lic. En Psicología, egresada de la Universidad del Valle de México Campus San Luis Potosí Actualmente tomando el Diplomado en Sexualidad Humana en Amssac
SUPERVISIÓN: OLIVIA GUERRERO FIGUEROA
Coordinadora del Diplomado en Sexualidad Humana en AMSSAC www.amssac.org Vicepresidente de la Región I en la FEMESS Bibliografía: «Miradas sobre el Aborto», GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), México, 2001.
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l 24 de abril del 2007 se aprobó en el Distrito Federal una ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo antes de las 12 semanas de gestación. El 27 de agosto del 2008 se determinó su constitucionalidad. La fecundidad y las preferencias reproductivas de la población han mostrado un descenso continuo en los últimos años, se observa que el número de nacimientos ocurridos en el Distrito Federal mantiene un descenso sostenido en las últimas décadas. De acuerdo con los registros administrativos, en 2011 el número de nacimientos es de 108 mil, cifra que representa un poco menos de la mitad de los nacimientos en 1985. Un embarazo no deseado puede afectar gravemente la vida de la pareja, pero las formas como se ven afectados el hombre y la mujer son diferentes. Esa diferencia depende, primero, del hecho de que el proceso biológico del embarazo se realiza en el cuerpo de la mujer. A este dato fundamen-
tal e incontrovertible se suman las ideas que tenga cada quien sobre la decisión que se deba tomar respecto a un embarazo que no fue planeado. Un embarazo no deseado puede perjudicar a la pareja cuando sus integrantes no llegan a un acuerdo sobre su continuación o interrupción. Si el desacuerdo es muy grande, puede incluso provocar una ruptura definitiva. Las mujeres y los hombres experimentan de manera distinta el embarazo no deseado. Hay varones que se desentienden del problema y dejan que la mujer lo resuelva sola; algunos presionan para que aborte y otros para que tenga a la criatura; unos más apoyan a la mujer para que tome la decisión que ella considere conveniente. Las mujeres, por su parte, son quienes experimentan una presión mayor, y esto por diferentes razones: Son ellas las que habitualmente asumen la responsabilidad de prevenir un embarazo. Son ellas quienes vivirán en su cuerpo el embarazo o la interrupción del mismo. La definición de lo que signifi-
ca «ser mujer» está todavía íntima- ales y presentes en personas pertmente relacionada con la mater- enecientes a todos los estratos de la nidad. Se sigue creyendo que la sociedad. única vía para la realización plena No existe una sola manera de de una mujer es ser madre, y con experimentar el aborto. Las mufrecuencia, las mujeres tienen sen- jeres pueden tener reacciones muy timiento ambivalente frente a la diversas frente al mismo hecho y maternidad: desean ser madres, esto depende de cómo tomen su pero no pueden asumir a la cria- decisión. Algunas pueden expertura ni moral ni económicamente. imentar sentimientos negativos, Por ello, un como la culpa. embarazo no Esto se facilita deseado puede en ambientes en Un embarazo no provocar en una los que la sociedeseado puede mujer diferentes dad no acepta el reacciones, desde perjudicar a la pareja aborto. Sin emla culpa hasta el bargo, muchas cuando sus rechazo absoluto, integrantes no llegan otras sienten aldesde la impotenivio o se sienten cia hasta la volun- a un acuerdo sobre liberadas y en tad de rehacer su condiciones de su continuación vida tomando decontinuar su vida o interrupción cisiones de forma con nueva fuerresponsable. za. Seguramente Deberíamos preguntarnos hay quienes tienen sensaciones también, sobre las consecuen- mezcladas después de la interrupcias que el embarazo no deseado ción de su embarazo. acarrea para la vida futura de la Los grupos conservadores que criatura no deseada. Si hubiera están en contra de cambiar las leyes que resumir en pocas palabras la de aborto han difundido la idea de respuesta, no serían otras que las que existe un «trauma post aborto» de abandono y rechazo. Abandono que provoca depresión profunda físico o abandono emocional, rec- en todas las mujeres que interhazo abierto o sutil, pero muy re- rumpen su embarazo. El hecho es,
sin embargo, que no existe evidencia científica que demuestre que esto es cierto. Por el contrario, muchas mujeres experimentan alivio después de practicarse el aborto. Las depresiones severas después de un aborto son poco frecuentes. No hay indicios de que el aborto en sí mismo constituya una causa de depresión, exceptuando los casos en que el aborto se realiza en contra de la voluntad de la mujer, sea por presión familiar o por cuestiones económicas. Con todo, sí existen condiciones que favorecen la presencia de sentimientos negativos después del aborto. La tristeza y el sentimiento de pérdida son más o menos frecuentes, sobre todo si la decisión de abortar se toma en situaciones emocionales difíciles o cuando la decisión acarrea la pérdida de la pareja o la ruptura de otros lazos afectivos. Después del aborto algunas mujeres pueden experimentar rechazo hacia las relaciones sexuales, pero otras aprovechan la experiencia para elegir un método anticonceptivo que las ayude efectivamente a evitar el embarazo no deseado. Como no pueden hacerse generalizaciones, es importante que
cada mujer analice sus propios sentimientos y sensaciones, y evalúe si necesita ayuda emocional para tomar su decisión. Hay a quienes les basta hablar sobre su situación con personas cercanas y hay quienes pueden requerir ayuda profesional terapéutica o psicológica. Las consecuencias psicológicas del aborto dependen, ante todo, de la libertad y responsabilidad con las que las mujeres elaboren sus juicios y tomen sus decisiones. Una mujer que aborta presionada por circunstancias personales o sociales ante las que no puede rebelarse, llega a resentir su decisión. En cambio, cuando la decisión de abortar es firme, se fundamenta en el ejercicio consciente de la responsabilidad personal, surge del reconocimiento del propio deseo y ofrece la claridad de estar optando por el menor de los males, la mujer no experimenta daños psicológicos aun cuando, evidentemente, el aborto no sea una alternativa agradable ni deseable en sí misma. La decisión bien tomada trae consigo una sensación de alivio y liberación.