Skip to main content

Sexología - Feminismo

Page 1

Facebook Noreste.Net - Twitter @Noreste_Net

Gibrán Rodríguez de los Reyes* Supervisión: Olivia Guerrero Figueroa** POCAS PALABRAS pueden hacer estremecer tanto a algunas personas como el término «feminismo». Logra generar miradas curiosas, muecas de disgusto y gestos de desaprobación. Para muchos(as), las mujeres (y hombres) feministas parecen querer destruir el orden social que hemos mantenido intacto por tantos años, aquél en el que el hombre lleva la batuta del mundo, es el líder que toma decisiones. Las(os) feministas, bajo esta premisa, parecen expresar un intenso «odio», un rechazo fundamental hacia lo masculino. Y las reacciones ante alguien que se autoproclama feminista no se hacen esperar: hay quien asevera «yo no soy feminista porque respeto a todas las personas sin importar s u género», « n o s o y feminista

porque yo no soy una víctima» o «no soy feminista porque no necesito satanizar a los hombres.» E s t a s declaraciones pueden generar frustración en las personas que abrazan la ideología feminista y la convierten en uno de los ejes centrales de su vida. En respuesta, las(os) feministas parecen llegar a una conclusión unánime: esta gente no sabe lo que es feminism o .

7

Viernes 6.3.2015

Así, el debate se torna álgido y muchas veces no lleva a ningún lado; como sabemos, tratar de cambiar o influenciar las creencias de las personas en medio de una discusión acalorada puede resultar tan difícil como unir dos imanes por el mismo polo. Pero, ¿quién tiene la razón? En nuestra época contemporánea existe una pluralidad de definiciones sobre lo que es feminismo. Hay quienes hablan de feminismos (plural) para explicar que hay maneras convergentes y divergentes de conceptualizar este término. Ante tantas definiciones tendemos a tomar

aquella que esté más a nuestro alcance, que nos haga más sentido o se acomode mejor a nuestra propia experiencia; esta definición termina por ser utilizada indiscriminadamente. Por tanto, no juzgo a quienes tienen una idea distinta a la mía sobre lo que es feminismo. A final de cuentas, esa es la información que ellas(os) han obtenido al estar inmersos en una cultura donde el manejo mediático de la información parece favorecer y mantener el orden social tal cual lo conocemos hoy. ¡Si tan sólo nos diéramos cuenta de que hay quienes adoptan la equidad de género pero rechazan el feminismo, al definir este último como la supremacía de la mujer sobre el hombre! Somos casi aliados(as) y no lo sabemos... Tolerancia para lograr el cambio, eso es lo que necesitamos. Tanto aquellas personas que nos denominamos feministas como aquéllas que no, pecamos de intolerantes. Por algún tiempo me he preguntado si sería más aceptable utilizar el término «equidad de género» en lugar de feminismo. Tal vez lograríamos que muchas más personas se interesaran en el tema. Aunque muchas(os) podamos alegar que el feminismo posee un componente inherente de equidad de género, para otras personas esto puede no ser tan obvio. Comprendo también que el uso del término feminismo revela una rica herencia histórica, un homenaje a aquellas personas que comenzaron la lucha por otorgarle derechos a la mujer, derechos que le habían sido arrebatados. Sin lugar a dudas, provenimos de un pasado en el que lo femenino se refiere a algo de inferior

rango («fe» + «minus» en una de sus acepciones significaría «la que tiene menos fe» según la teóloga alemana Uta Ranke-Heinemman) en comparación con lo masculino. Sabiendo que el conocimiento de nuestra historia puede ayudarnos a evitar que éste se repita, el uso del término feminismo hace énfasis en nuestro pasado y en los crímenes cometidos contra la mujer, impulsando la liberación femenina para alcanzar un estatus igualitario al del hombre y recordándonos que el desarrollo social va en una sola dirección: la del progreso. No obstante, aquí me topo con otro dilema, ¿qué término utilizar para difundir mi mensaje? Siempre he optado por seguir usando el término feminismo, porque desde mi saber fueron las mujeres quienes comenzaron a señalar la inflexibilidad y la rigidez de nuestro sistema social en cuanto a la asignación de roles según género. Además, me encanta la Historia... Y por si fuera poco, creo que el aclarar las razones implícitas por las cuales decido usar este término todo se vuelve menos amenazante, ¿o no?

C o m o regla general, es necesario señalar la relación entre el feminismo y la equidad de género. La mujer en nuestra sociedad sigue siendo devaluada, privada de su libertad para decidir por cuenta propia y negada de las mismas

oportunidades que los hombres. Lo masculino se sigue enalteciendo como símbolo de supremacía y lo femenino se utiliza como señal de debilidad o dependencia. Los roles masculinos y femeninos que se difunden en los medios de comunicación son casi siempre los mismos: el varón u hombre como un líder, el proveedor, el jefe, la cabeza de familia, el que tiene el poder, y la mujer como la sumisa, la que su valía es directamente proporcional a su atractivo físico o sus habilidades domésticas. Las mujeres sigue ganando menos que los hombres, y siguen habiendo más hombres en puestos directivos que mujeres. Más allá de hablar de la dualidad generada por estas imágenes propiciadas por los medios y la rigidez con la que retratan a hombres y mujeres, a mí me da por resaltar los estragos que estos mensajes generan en el libre albedrío de las personas. Claro que podemos cuestionar estas representaciones desde lo antónimo: ¿Y si el hombre no quiere ser «fuerte» y desea expresar sus emociones? ¿Y si la mujer no quiere dedicarse al trabajo del hogar sino a seguir sus sueños profesionales? Pero ¡ojo! También podemos preguntarnos, desde una postura enraizada en el libre albedrío, si sería correcto o incorrecto que las personas adopten estas representaciones genéricas tradicionales: ¿y si una mujer desea ser madre como objetivo preponderante en su vida? ¿y si el hombre quiere fungir como proveedor principal de su familia? El núcleo del feminismo se centra en esta libertad y la posibilidad de ejercerla. De aquí nace la importancia de crear un contexto de oportunidades iguales para hombres y mujeres, donde la libertad para decidir sea el eje básico de nuestra cultura y las alternativas abunden. Es decir, no imponer, sino permitir a la mujer (y al hombre) decidir cómo quieren vivir y experimentar su condición genérica, sin ataduras. Una sociedad en donde la mujer pueda mantener múltiples parejas sexuales sin tener que ser llamada una «zorra» y elegir ser un ama de casa que gusta de los roles tradicionales sin ser llamada «mantenida» o «retrógrada»; ambas mujeres pueden ser señaladas, víctimas de la intolerancia. El fomento de la libertad de decisión se fundamen-

*Maestro en Psicología Clínica, Psicoterapeuta de enfoque sistémico, y Educador en la sexualidad. Contacto rodriguez.go89@gmail.com y http:// absex.mx **Coordinadora del Diplomado en Sexualidad Humana en AMSSAC www.amssac.org Vicepresidente de la Región I en la FEMESS

taría en que tanto hombres como mujeres estén informados sobre qué es la equidad de género, acerca de los roles tradicionales que se le adjudican al género masculino y femenino, y las múltiples alternativas que existen fuera de estos roles perpetuados desde antaño. Una vez sabiendo esto, las personas podrán decidir hacia dónde se quieren proyectar, RESPETANDO las decisiones de aquellas personas que opten por un camino distinto. Esto aplica también para los hombres. Al decir que el feminismo le da libertad de decisión al hombre, se desbanca la concepción del feminismo como una guerra contra lo masculino. Por ejemplo, si el hombre desea encargarse del hogar no por ello habremos de cuestionar su masculinidad ni señalarlo burlonamente. Un hombre también puede llorar en público, preocuparse por su apariencia personal, decidir ser enfermero sin que se le pregunte «¿por qué no estudiaste para médico?». Y si un hombre sigue el patrón de género establecido culturalmente, muchas veces es enaltecido (a final de cuentas, sigue siendo una cultura patriarcal), pero también he escuchado que le llaman «machito» o «ignorante» de forma derogatoria, sin conocer si el hombre en verdad se percibe como superior. El hombre también se ve afectado por la misma intolerancia que viven las mujeres. Esto no quiere decir que esté de acuerdo con la perpetuación de la figura del hombre «macho» o de la mujer «sumisa». Hay una gran diferencia entre el hombre proveedor que cree que la mujer está «a su servicio» y el hombre proveedor que reconoce la labor doméstica de su mujer como algo igual de valioso como su propio trabajo; hay una gran brecha entre la mujer que se dedica al hogar porque «las mujeres no pueden hacer otra cosa» que la mujer que desea ser ama de casa porque así tomó la decisión y no porque considera que ese es el «orden natural de las cosas». ¡No se vale que la mujer sea abusada sexualmente por el hombre o que se le llame «puta» por usar un bikini revelador o «antifeminista» por ser ama de casa! ¡No es aceptable que el hombre sea quien tenga que traer el pan a la casa «a la fuerza» o que se le llame «mandilón» por ser quien se encarga del hogar! Cualquier actitud o conducta que lastime la integridad y libertad del individuo, niegue sus derechos, se realice sin estar informados, y que trate de instaurar un orden jerárquico entre hombres y mujeres sería TERRIBLE. El feminismo representa la lucha por la equidad de género, reconociendo las diferencias entre sexos y sus capacidades similares; la flexibilidad de roles, la libertad de decidir, el respeto a los derechos humanos y la creación de un contexto en donde cada quien pueda elegir ser quien quiera ser de entre sus múltiples alternativas, sin tener que ser juzgado(a) por no cumplir con las tendencias tradicionales o posmodernas, y sin LASTIMAR o DENIGRAR a terceros. N


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Sexología - Feminismo by Miguel Ángel Caro - Issuu