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Divorciarse...

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Facebook Noreste.Net - Twitter @Noreste_Net Viernes 27.3.2015

¿ Divorciarse?...

con la dificultad que uno elija

*Psic.Georgina Fouilloux. psic_geofxg@outlook.com Licenciatura en psicología en la Universidad Autónoma Metropolitana. Diplomado en psicopatología y clínica en fundamentos freudianos. Educadora sexual por AMSSAC. ** Olivia Guerrero Figueroa Coordinadora del Diplomado en Sexualidad Humana en AMSSAC www.amssac.org Vicepresidente de la Región I en la FEMESS

E n México existe un aumento en el número de divorcios, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el año 2011 se registraron 91 mil 285 divorcios, es decir, por cada 100 enlaces matrimoniales se dieron 16 divorcios; esta relación muestra una tendencia creciente en los últimos años, en la que su punto más bajo se registró en 1993 (4.9 por cada cien), a partir de este año se observa un aumento paulatino que se debe a un efecto doble entre el incremento de los divorcios y la disminución de los matrimonios; de 2000 a 2011 el monto de matrimonios se redujo en 19.3 por ciento y el de los divorcios aumentó en 74.3 por ciento. Estas cifras lo que indican es que se está en una situación social cambiante respecto al matrimonio y su disolución. En muchas ocasiones cuando se escucha la palabra divorcio, tiende a pensarse que hubo una incapacidad de la pareja para mantener o sobrellevar su relación a flote. La palabra divorcio proviene del latín divortium que significa separarse, alejarse, dividir. Esta división es del camino que alguna vez se eligió caminar juntos. «Cuando el camino se visualiza juntos es precisamente al iniciar la relación de pareja, ésta se entiende como el vínculo entre dos personas que comparten afectividad, intercambio erótico y un proyecto de vida común». Ese deseo de compartir la vida con el ser amado es efecto del enamoramiento, de sus respuestas neuroquímicas en donde la segregación de diversos neurotransmisores, hormonas y demás juegan un papel muy importante. El estar enamorado es un estado de constante emoción, y el deseo permanente de estar con la persona que roba los pensamientos y se anhela una vida romántica en todos los momentos, presente y futuro; sin embargo, este estado es transitorio y vendrá a

sustituirse por otros momentos en la relación de pareja como el desencanto o desenamoramiento por llamarlo de alguna manera, pasando a ver a la pareja con defectos, cosas que antes no se veían y que posiblemente no sean del agrado del otro miembro de la pareja. La unión en matrimonio no es la excepción, si bien es cierto que se significa o ve al matrimonio como la unión perpetua de la pareja, al entrar en ese estado legal o religioso, no se garantiza su permanencia. Son muchos factores los que determinan el seguir o no en un matrimonio cuando las cosas no marchan como se esperó al inicio, en muchas parejas se modificó el deseo sexual, así como la relación de complicidad entre la pareja, quizá existió la llegada de los hijos y pareciera que la emoción que hubo en un inicio se fue. Son ciertos momentos por los que se atraviesa en la vida en pareja, los sube y baja de vivir en unión. No obstante hay que ser muy conscientes cuando la relación se desgasta día a día y la vida en común se torna complicada y cada vez peor. Si no hubo una buena comunicación entre la pareja y hay un gran alejamiento, cabría preguntarse si los dos desean continuar con la relación, si es así tendría que haber una mejoría en ella paulatina, considerar mejorar la comunicación y a su vez su relación en general; sin embargo a veces es muy difícil lograrlo. El asistir a psicoterapia de pareja resulta en muchas ocasiones benéfico para poder descubrir o tener más en claras sus problemáticas y darles solución, ya sea para seguir en la relación o para hacer una disolución de la misma en los mejores términos, en esos casos existe el recurso llamado separación o divorcio, que si bien es un paso sumamente doloroso, en ocasiones resulta un paso hacia la mejora de las personas; y así tendría que verse, como una solución pese a lo difícil de la decisión, es para un bienestar de ambos.

Por: Psic.Georgina Fouilloux* Supervisión: Olivia Guerrero Figueroa** Marina, mujer profesionista casada con un hijo menciona: «Yo jamás en mi vida pensé que me divorciaría, me casé con la idea de que era por siempre, pero pues a veces la relación se desgasta tanto que a pesar de mi resistencia a separarnos, decidimos hacerlo porque la relación es de dos, y si uno de los dos ya no está a gusto pues para qué aferrarse a vivir en un engaño». Es difícil lograr visualizar el divorcio en un inicio como algo bueno, debido a los estigmas sociales que implica estar divorciado(a), se ve como un fracaso, como una incapacidad de haber mantenido el matrimonio, y como pelea constante. Pero pese a lo complicado, en ocasiones resulta benéfica la decisión, aprendiendo a cuestionar las viejas creencias y a descubrir que hay otras posibles maneras para alcanzar lo que se desea. Si se dejan de lado los resentimientos, enojos, la idea que es una lucha constante será más llevadero el proceso de separación y divorcio, donde el desgaste emocional y económico sea menor. Aunque resulta difícil dar fin a un matrimonio, se supone que esa decisión es para estar mejor y hay parejas que aún separados siguen peleando, entonces cabría preguntarse: ¿No se supone que era para no pelear, para estar mejor? ¿Por qué siguen desgastándose con los conflictos? Aunque resulte difícil, hay que dar el paso con una mejor actitud, más madura en donde se cierre ese capítulo con la pareja, y si hay hijos, no empaparlos de las frustraciones y enojos que se llegaron a sentir por el excónyuge, pudiendo hacerles este proceso también doloroso en menos complicado, en donde vean a papá y mamá como eso, como unos padres capaces de darles amor, seguridad y apoyo y no como los eternos rivales que lejos de proporcionarles confianza, les enseñan el rencor y el desamor. N

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