así… y que funcionara (aún conservo algún que otro e-mail airado de un conocido organizador de camps). Además, compramos nuestra propia cama elástica; logramos que Ideavia, un estudio de diseño que conocimos por casualidad, nos hiciera una web impresionante para aquella época que incluía un formulario de inscripción (¡y todo ello gratis!); introdujimos la videocorrección en pantalla gigante; dábamos las clases teóricas con presentaciones de Powerpoint; fuimos los primeros en ofrecer un DVD de regalo a los campers con el video de la semana con ellos como protagonistas… y además, nuestros profesores no eran conocidos pero eran muy cercanos con los campers, tratándolos de tú a tú… porque yo siempre he visto los camps como una convivencia de staff y campers. Recuerdo que incluso hicimos un concurso de diseño de la sudadera oficial de los primeros camps que ganó César Cornejo. Bien es cierto que no salió todo absolutamente perfecto pero lo cierto es que logramos varios sponsors, fue más gente de la que pensaba que aprendió mucho y lo pasó genial. Y viendo la evolución de SMK camps… ¿qué ha sido de todo eso? Bueno, es cierto que los SMK camps han cambiado… y creo que a mejor. Pero también es verdad que aún queda algo, no todo, de esa filosofía inicial. Sobre todo en lo referente a la cercanía de nuestros profesores con los campers, los precios algo más asequibles y a la búsqueda continua de la innovación: ofrecer siempre algo nuevo, ir más allá, no permanecer estáticos. Y es lo que hemos hecho, por ejemplo, ofreciendo el camp en distintos países, especialmente en el Reino Unido e Italia; ofertando nuevas actividades, nuevos destinos y nuevos packs en verano; creando un circuito internacional de snowboard camps en invierno (The European Tour)… También fuimos los primeros en disponer de una cama gigante de aire para el aprendizaje de saltos fabricada por otra división de SMK, etc. O sea, no paramos de trabajar. ¿Cómo fue la organización de los primeros camps? ¿Tienes buenos recuerdos? No fue fácil. Fueron cuatro semanas muy duras… date cuenta que todo lo organicé yo prácticamente solo. Todas las gestiones previas las hice yo y durante los camps…. bueno, Carlos “Dillei” se lesionó y Roeland se tuvo que ir antes de tiempo así que me quedé sólo ante el peligro, y fue jodido. Además, atravesaba momentos personales muy difíciles con la grave enfermedad de mi padre y el abandono de alguien muy querido. Fue complejo, mucho trabajo, no ví ni un duro, como en años posteriores, y casi se me quita la idea de volverlo hacer. Pero fueron los primeros… pensar que eso fue la base de lo que vino después y ver el video de esa época me hace sonreír. ¿Y después qué? El año después de los camps fue algo caótico… en realidad no sabía qué hacer. Fueron momentos muy duros por la amarga situación personal que vivía. Comencé a trabajar en una pequeña empresa de telecomunicaciones que paradójicamente me
contrató por mi espíritu emprendedor. Pero yo seguía teniendo en mente el tener algo propio. Fue en aquella época más tranquila y estable y una vez solucionados los problemas con el foro de Snowmonkeys (que no tardarían en volver) cuando diseñé gran parte del proyecto SMK, que por supuesto, era mucho más amplio que unos simples camps. ¿Quieres decir que todo el tinglado que tenéis montado estaba ya previsto en ese proyecto? ¿Qué ocurrió después? No, no, en absoluto. Sólo se habían hecho unos camps. En aquel momento fui consciente de que si quería entrar en el mundo del snowboard y dedicarme a ello profesionalmente creando algo propio, debía hacerlo en varios frentes… pero el proyecto inicial se fue ampliando con ideas nuevas y las aportaciones de otros miembros de SMK. Yo escribí un borrador de proyecto y se lo presenté a cuatro personas que conocí por medio del foro de Snowmonkeys: Patricia Oliver, Cristian Pérez “Shanka”, Erik Galisteo “El Indio” y César Cornejo. Además, Carlos “Dillei”, estuvo ahí desde el principio. Les propuse que lleváramos a cabo el proyecto juntos y poco después fundamos la empresa SMK snowboard SLNE. Desde este momento puede decirse que SMK deja e ser un proyecto individual para ser uno colectivo, de todos los nuevos miembros. Hoy, de aquel equipo inicial sólo quedan Patricia, Cristian, César y yo… pero ha habido nuevas e increíbles incorporaciones. ¿Había mucha pasta? Jajajaja… pues para qué engañarte… ni un puto duro. Juntamos lo mínimo para poder abrir la empresa, registrar el nombre comercial… y poco más. Exactamente 3.000 €. Aún recuerdo las risas del notario ante la aportación de uno de los socios, que era testimonial y ridícula. SMK no nació en un garaje… pero sí en un sótano, literalmente… el de la casa de mis padres. Pero lo que sí había era muchas ganas de trabajar por parte de todos los miembros del equipo, pasión por el snowboard, una motivación acojonante y un (excesivo) optimismo. De aquella época queda la decisión de no tener nunca una oficina, de confiar en el teletrabajo y en las posibilidades que ofrece internet. Y antes de los segundos camps nació SMK e-mag… Sí. La revista digital fue una idea que tuve cuando SMK comenzaba a desligarse del foro de Snowmonkeys. Siempre me ha encantado escribir, internet se perfilaba como el medio del futuro, necesitábamos un medio distinto e innovador para atraer gente a los camps y no había apenas pasta. Se lo comenté inmediatamente a Cristian y con Patricia, que era quien estudiaba periodismo en esos momentos, me senté en a proponerle que lo dirigiese ella. Así que así ideamos una revista de snowboard por suscripción y en formato digital (PDF) con versiones hasta para teléfono móvil multimedia… ¡cuando casi no existían estos teléfonos! Así fueron los principios de SMK e-mag, la primera revista de snowboard en formato digital. No pensábamos en anunciantes, sino en suscriptores, que a su vez tendrían descuentos
importantes en los SMK camps. El concepto inicial fue evolucionando porque la revista fue incrementando su calidad hasta llegar hasta las 3.000 descargas mensuales. El secreto fue una web sencilla y exquisitamente diseñada por César Cornejo, la dirección de Patricia Oliver y la fotografía de Carlos “Dillei”. Internet hizo el resto. Los segundos camps ya fueron internacionales, ¿verdad? Sí. Los segundos camps comenzaron ya a denominarse International y fueron un auténtico desfase. Creé un equipo de trabajo en UK y ofrecimos SMK camps en el Reino Unido a un precio muy asequible. La aceptación fue tremenda y vinieron muchísimos campers ingleses… que encima nos montaron una de la hostia porque una noche de borrachera típicamente inglesa no se les ocurrió otra cosa que forrar de pegatas de SMK el alojamiento y el vehículo de unos conocidos camps. Lo que nos faltaba… aún recuerdo la llamada del director de aquel camp bastante cabreado acusándonos a nosotros de semejante despropósito y yo ni me había enterado. Por otro lado, aquel año el equipo de profesores cambió por completo. De la mano de Erik Galisteo, que contó con instructores del sur, poco conocidos, sin sponsors, alguno de los cuales ahora son conocidos riders. Además, introdujimos el Freebord a saco, que ni se conocía en España. ¡Incluso nos trajimos un profesor de Freebord! ¿Por qué esa obsesión con internacionalizar? Por varios motivos… pero el más importante es absolutamente personal. Mi familia se marchó a vivir a Holanda cuando yo tenía 12 años. Fue una decisión de mi padre, que era maestro. Bueno, de mis padres, porque fue una decisión conjunta, claro. Y lo hicieron, sobre todo, por nosotros. Esta decisión cambiaría mi vida para siempre y nunca podré estarles lo suficientemente agradecido. Resulta que fui a un Colegio Europeo, de los que dependen de la UE. Aprendí varios idiomas en un entorno absolutamente internacional, lo que me ha facilitado mucho, muchísimo las cosas. Y es en un entorno internacional en el que siempre me he sentido a gusto, compartiendo culturas y experiencias, aprendiendo de lo diferente. En cierto modo, me siento algo apátrida. Apliqué eso a los camps. Pensaba que un ambiente internacional en unos camps aportaría mucha mayor riqueza. Se lo propuse a todos y estuvieron de acuerdo. Creo que no nos equivocamos. Además, las oportunidades de crecimiento se multiplican, como es obvio.
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