Publicación de Misioneros de Guadalupe
Una Iglesia para la Misión Jóvenes consagrados al Señor
Noviembre 2013 Año LXIV • Núm. 767 • Ejemplar gratuito
Papa Francisco
“Bota fé – Pon fe”
L
a cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil. ¿Qué significa “Pon fe”? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, “pones” sal; si falta el aceite, “pones” aceite… “Pon”, es decir, añadir, echar. Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: “pon fe” y tu vida tendrá un sabor nuevo, la vida tendrá una brújula que te indicará la dirección; “pon esperanza” y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; “pon amor” y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon! Francisco Homilía en la fiesta de acogida de los jóvenes por la xxviii Jornada Mundial de la Juventud 25 de julio de 2013
Intenciones P. Juan Antonio Muñoz Hernández, mg
General: Por los sacerdotes en dificultades. Que los sacerdotes que experimenten dificultades sean confortados en su sufrimiento, sostenidos en sus dudas y confirmados en su fidelidad. Del misterio del sacerdocio y de la verdad de su unión con Cristo puede deducirse la necesidad de que los sacerdotes sean confortados, sostenidos y confirmados en su vocación de servicio, pues están llamados a formar verdaderas comunidades fraternas; a anunciar de forma creíble el mensaje del Evangelio; a procurar la justicia y que toda persona sea respetada y valorada; a promover el perdón; a trabajar por la dignidad humana y a colaborar en los esfuerzos contra el hambre, la ignorancia y las enfermedades, además de difundir el amor de Dios, la simplicidad de vida y el ofrecimiento gratuito de nuestros dones, tal como los recibimos de las manos de Dios.
Misionera: Por las Iglesias en América latina. Que, como fruto de la Misión Continental, las Iglesias en América latina envíen misioneros a otras Iglesias.
Nuestro continente es fascinante, joven, rico en recursos naturales, hospitalario, creativo y religioso, y en él conviven diversas culturas autóctonas con otras nacidas del mestizaje. Denominado “Continente de la Esperanza”, cuenta con una población católica numerosa que recorre un camino renovador y procura encarnar la tradición viva de la Iglesia, manifestada en el Concilio Vaticano ii, en la pastoral, la promoción humana y el compromiso social. Enraizada en la historia, nuestra Iglesia ha de acompañar y hacerse acompañar por la humanidad, al tiempo que sus misioneros proclaman la fuerza salvífica del Evangelio de Cristo hasta los confines de la tierra. Noviembre 2013
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Índice
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Una Iglesia para la Misión P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, mg
Publicación de Misioneros de Guadalupe
Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXIV • Núm. 767 • Noviembre 2013
DIRECTORIO Director: P. José Navarro González,
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Formar a próximos sacerdotes diocesanos P. José Alejandro Molina Lara, mg
mg
Coeditor: Juan José Ramírez Escarza Diseño editorial: Lourdes Reyes Esquivel Ilustración: Daniel Baltazar Sarabia Enlace administrativo: Mariana Valeria Córdova Sosa
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Darle sabor a la vida P. Luis Alonso Yepes Cruz, mg
Papa Francisco Intenciones Editorial Página del lector Vida mg Ad Gentes Pastoral vocacional Sólo para niños. Club de Niños mg Centro de Orientación Vocacional Bienhechores
Línea Misionera: 01 800 00 58 100
Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Sitio web: www.revistaalmas.com.mx Portada El P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, mg, con niños de una comunidad de la Misión de Kenia.
www.mg.org.mx
Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, México, df; editor responsable: P. Juan José Márquez Echeverría. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Certificado de Licitud de Título Núm. 555 (Época SEP), y Certificado de Licitud de Contenido Núm. 4414. Certificado de Reserva de Derechos al uso exclusivo del Título Núm. 04-1999-050317152800-102. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, cp 16010, México, df. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío xii aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.
Editorial
La resurrección de los muertos Nuestro Credo culmina con la afirmación de nuestra creencia en la resurrección de los muertos y la vida eterna, dos elementos esenciales en nuestra fe. En el caso de la fe en la resurrección de los muertos podríamos decir que está relacionada directamente con nuestra fe en Cristo. Los católicos somos testigos de Jesús, es decir, de su Resurrección. Pero además, el Señor integró la creencia en la resurrección en el conjunto de sus enseñanzas, pues, como afirmaba, nuestro Padre “no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mc 12, 27). También relacionó la resurrección a su propia persona y de ahí que creamos y esperemos que al final de los tiempos Jesús resucitará a quienes hayamos creído en Él y vivido de acuerdo al Evangelio. El cuerpo que tenemos ahora es corruptible y la muerte significa el final de nuestra vida terrenal. Según la doctrina católica, la muerte forma parte de nuestra condición humana a causa del pecado original, pero el mismo Jesús la transformó: Él sufrió la muerte como forma de redención para los hombres, resucitó y se manifestó incorrupto, pues había vencido a la muerte. Por ello, para los cristianos la muerte tiene un sentido positivo, ya que al vivir según las enseñanzas de Jesús y al morir en su gracia participamos de su muerte, y esperamos participar también de su resurrección. Del mismo modo en que ocurrió con Jesús, nosotros resucitaremos, nuestra alma se unirá a nuestro cuerpo ya incorruptible, y viviremos por siempre en Él. Este mes el P. Juan José Luna, Superior General, comparte algunas ideas sobre la Misión de la Iglesia. El P. Alejandro Molina escribe acerca de la ayuda que brindan nuestros sacerdotes en la formación de seminaristas de Mozambique. El P. Alonso Yepes reflexiona acerca del sentido de la vida en los jóvenes. Esperamos que estos artículos nos recuerden que la vida terrena es un tiempo que se nos ofrece para realizarnos según el designio divino.
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Página del lector Estimados Misioneros de Guadalupe: Nosotros hemos sido colaboradores de ustedes desde hace varios años. Nuestra aportación es pequeña, pero hemos cumplido con nuestro granito de arena y lo damos con amor, pues queremos ayudar a los sembradores de la Palabra de Dios. Ojalá que lo que damos sirva para ayudar en algo, pues lo hacemos en nombre de una de nuestras hijas: Cecilia Yolanda P. V., quien murió el 9 de octubre de 2009. Ella fue misionera, no enviada afuera, sino que entre sus compañeras de trabajo y amigas comentaba que nosotros ayudábamos a la Misión y promovía el apoyo de los demás. Pedimos a ustedes orar por su eterno descanso. Margarita V. S. y José Jesús P. M.
Queridos lectores de Almas: Por medio de este espacio quiero compartir una experiencia que vivió mi familia hace varios años, cuando mi mamá, la señora M. Esther M. G., se encontraba muy grave en el hospital y pasó más de 15 días en terapia intensiva. Mis hermanos y yo fuimos al templo a orar. Yo recordé que en ese momento el Papa Juan Pablo ii también se encontraba en agonía y pedí su intercesión a favor de mi mamá. Curiosamente, en cuanto se dio la noticia de que el Papa había muerto, mi mamá despertó, y días después fue dada de alta. Martha M. M.
Respetables sacerdotes Misioneros de Guadalupe: Por este medio me permito comunicarles que tuve la oportunidad de convivir desde fines de 1940 hasta 1944 con el Padre José Chávez Calderón, mg, q.e.p.d., en el seminario de Morelia y, desde que me enteré de que había fallecido, quise enviarles algunas líneas dedicadas a él, con la esperanza de que pudieran ser publicadas en la revista Almas. Mi esposa y yo somos Padrinos desde que el Padre Chávez llegó de Corea, y los gratos recuerdos de su compañía durante esos años afloran ahora que se nos ha adelantado para llegar a la presencia del Altísimo. 4
Revista Almas
Página del lector Padre Chávez, la tierra te mecerá suavemente, hasta que suene la flauta de la Resurrección. Espero no despertarte si hago ruido con las pisadas de mis recuerdos. Hace tres años que tus ojos se cerraron y el vientecillo no podrá deshacer tu eterno sueño. Descansa en tu sepulcro, aunque sea solamente lo material, porque tu espíritu alegre y, sobre todo, el amor y la dedicación por el bienestar de tus semejantes permanecerán para siempre. ¡Veintiuno de mayo!, día de dicha y felicidad para ti, pero de tristeza para los que tuvimos la oportunidad de tratarte. No me despido porque estoy seguro de que volveremos a vernos en la eternidad. Dios pone sus linderos en la tierra y estamos con boleto de ida sin retorno. Estoy seguro de que el Todopoderoso te tiene a su derecha, entre los privilegiados. Francisco Rubén R. P.
Francisco R. P. y P. José Chávez C. (de pie, primero y tercero de izquierda a derecha, respectivamente)
Aviso de privacidad: Misioneros de Guadalupe, ar, utilizará sus datos personales con la finalidad de mantener comunicación con usted e informarle sobre nuestras actividades. Le garantizamos que sus datos no serán vendidos, canjeados ni divulgados con otras personas o entidades. Noviembre 2013
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Una Iglesia para la Misión Padre Juan José Ángel Luna Erreguerena, mg
El Superior General de nuestro Instituto comparte algunas consideraciones acerca de la labor misionera de la Iglesia. Qué es primero: ¿la Misión o la Iglesia? Nuestro Padre Dios envió a su Hijo para que tuviéramos vida, y esa vida fuese abundante. La Misión es anterior a la Iglesia, y todo en la Iglesia es hecho para la Misión. La Iglesia, creada por Dios para la Misión, procura organizar todo tipo de actividades que promuevan, den a conocer y animen la evangelización ad gentes (es de-
PP. Juan José Lu
cir, de los pueblos no cristianos). Así, por ejemplo, del 26 de noviembre al 1 de diciembre de este año, se llevará a cabo, en Maracaibo, Venezuela, el iv Congreso Americano Misionero-ix Congreso Misionero Latinoamericano (cam 4-Comla 9), al cual están invitadas todas las Iglesias de los países latinoamericanos, junto con las de Estados Unidos y Canadá, y cuyo objetivo es: “Acrecentar en las Iglesias particulares de América el compromiso misionero para responder a los desafíos de la misión ‘Ad Gentes’, en un mundo pluricultural y secularizado”, pues la Misión, que es única, se tiene que realizar por los discípulos misioneros de Jesucristo en contextos que van cambiando constantemente. El Seminario Mexicano de Misiones fue fundado hace 64 años por el episcopado mexicano y desde enton-
una (a la derecha), Raúl Nava y Víctor Piñón (al centro) con feligreses de una comunidad de Kenia.
ces ha formado y enviado sacerdotes a la evangelización de los no cristianos. Los Misioneros de Guadalupe trabajamos sobre todo en la promoción y formación de agentes de evangelización, por lo que apoyamos a las Iglesias particulares en su desarrollo como Iglesias misioneras. También hemos asociado a nuestra Misión a sacerdotes diocesanos y a laicos, hemos tenido la experiencia de ser discípulos de Jesucristo “para la Misión ad gentes” y hemos visto cómo esa Misión se realiza en contextos siempre cambiantes (Japón, Corea del Sur, Hong KongChina, Kenia, Angola, Mozambique, Perú, Brasil, Cuba y Guatemala) que nos han enriquecido al desafiarnos a pensar y realizar la evangelización en culturas muy diferentes a la nuestra. La organización y el tema del cam 4-Comla 9 no son indiferentes para nosotros. Muy por el contrario, cada congreso misionero aporta, a la Iglesia católica en todo
el mundo, reflexiones, experiencias, vivencias y modos de evangelizar diferentes, según el contexto en que se realiza la Misión. Pero ¿cómo podremos ser misioneros si no hemos encontrado a Jesucristo como camino, verdad y vida?, ¿cómo podremos compartir una nueva forma de vivir, amándonos los unos a los otros como Jesucristo nos ha amado, si no hemos encontrado a Jesucristo y no le hemos confiado nuestra vida totalmente? Al anunciar el Año de la Fe, el Papa Benedicto xvi dijo que este tiempo buscaría dar un renovado impulso a la Misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas y acercarlos a la amistad con Cristo, que nos da su vida plenamente. Benedicto xvi convocó al Año de la Fe con la carta apostólica Porta fidei, del 11 de octubre de 2011. Este año especial, que terminará el día de la solemnidad de Nuestro Señor
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Jesucristo, Rey del Universo (24 de noviembre de 2013), ha sido una invitación a todos para encontrarnos con Jesucristo y vivir nuestra vida como sus discípulos misioneros, para que en Él “todos los pueblos tengan vida” (cfr. Documento de Aparecida). La Iglesia (es decir, los discípulos) será misionera en la medida en que viva su fe en Jesucristo y la comparta con todo el mundo, en cualquier contexto.
Hoy el mundo vive secularizado y es pluricultural. Un nuevo contexto nos desafía. Vivamos nuestra fe y evitemos el divorcio entre lo que creemos y lo que vivimos. Misioneros de Guadalupe, Padrinos, Madrinas, amigos y colaboradores, vivamos nuestra fe en Jesucristo y seamos sus discípulos misioneros para que en Él todos los pueblos tengan vida.
Formar a próximos sacerdotes diocesanos Padre José Alejando Molina Lara, mg
El Padre Alejandro Molina hace un breve recuento de la colaboración de Misioneros de Guadalupe en la formación de seminaristas mozambiqueños. Los Misioneros de Guadalupe llegamos a Mozambique el 9 de noviembre del año 2000. Tiempo después, Mons. Francisco João Silota, M. Afr.1, Obispo de Chimoio, nos pidió hacernos cargo del seminario de la diócesis, en la etapa en que los seminaristas comienzan su formación rum-
bo al sacerdocio, mientras estudian dos años de preparatoria y un curso introductorio. No es un seminario perteneciente a nuestro Instituto ni tiene la finalidad de formar nuevos Misioneros de Guadalupe, sino que se trata de un seminario de la Iglesia local donde comienzan su formación los jóvenes africanos de Chimoio que quieren ser parte del clero diocesano en el futuro. El Padre José Enrique Hernández T., mg, fue el primer rector. Al principio el seminario se ubicaba en la parte baja de la casa parroquial de Jécua. Fue un comienzo difícil en todos los aspectos, pues en el primer año se contó sólo con tres seminaristas, de los cuales ningún muchacho continuó su formación sacerdotal.
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Misioneros de África (Padres blancos).
Gracias a Dios, al pueblo mexicano y al esfuerzo de todos los misioneros de la diócesis, el seminario ha crecido y desde hace unos años cuenta con instalacio-
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nes propias. Aún falta trabajar, pero vamos avanzando. El año pasado el alumnado fue de 32 seminaristas; este año se comenzó con 24, distribuidos de la siguiente manera: 4 de primer año, 14 de segundo año y 6 de tercero. Además, en los seminarios de Filosofía y Teología ubicados en Maputo, capital del país, actualmente asisten 21 seminaristas de esta diócesis; todos ellos comenzaron su formación con nosotros. Cuando el Padre Enrique Hernández regresó a México, el Padre Joaquín Toris A., mg, quedó al frente como rector de este seminario que tiene como patrón a san Carlos Lwanga, por lo que el 3 de junio celebramos su fiesta. En la historia de la diócesis se han ordenado 10 sacerdotes, de los cuales uno fue a estudiar a Canadá y no regresó, otro murió de malaria y uno más tuvo un fuerte accidente vial y ahora está en casa, razón por la cual no sabemos si regresará al ministerio activo. Este año se ordenó sacerdote Eduardo Bulaque, quien no comenzó su formación con nosotros, pero es originario de esta diócesis; él pasó a ser el séptimo sacerdote en activo de Chimoio. Con la ayuda de Dios y de todos ustedes, el próximo año tendre10
mos la ordenación de dos diáconos: Bento y Patricio. Ellos serán los primeros seminaristas que, comenzando su formación con nosotros, en el Seminario de San Carlos Lwanga, lleguen a ser ordenados diáconos, y después, si es voluntad de Dios, sacerdotes. Ellos en la actualidad estudian tercer año de Teología en el Seminario de Teología San Pío x, ubicado en la ciudad de Maputo. Durante la formación procuramos recalcar a los muchachos que el deseo de ser sacerdote no es gratuito, sino que surge al escuchar y descubrir un llamado por parte de Dios; no es para cambiar de estatus, sino para compartir la vida y la fe con los demás; no es porque en el seminario me den comida, techo y estudios, sino porque mientras más preparado
esté física, intelectual y espiritualmente, mejor será mi servicio a los demás. Como Misioneros de Guadalupe y en nombre del pueblo mexicano, nos sentimos orgullosos y bendecidos por tener la posibilidad de compartir la fe con aquellos que de alguna u otra forma quieren hacer lo mismo, no como misioneros mexicanos o mozambiqueños en otro país, sino como sacerdotes diocesanos, entre su gente.
pecial, a María de Guadalupe, con la seguridad de que contamos con las oraciones y la ayuda de todo el pueblo mexicano, tanto para nosotros como para los 45 jóvenes seminaristas de la Diócesis de Chimoio. Y tú que también eres joven, ¿te has preguntado qué quiere Dios de ti? Quizá te esté invitando a compartir tu vida y tu fe en Mozambique. ¡Anímate!, no te arrepentirás.
La finalidad del Misionero de Guadalupe es la evangelización, poniendo especial empeño en la promoción y formación de agentes de evangelización, y qué mayor empeño que ayudar en la formación de aquellos que serán los principales agentes de evangelización en la diócesis: sus sacerdotes. Seguimos encomendándonos a nuestro Señor y, de manera esNoviembre 2013
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Vida MG
In mem
Padre Juan Antonio M
Ofrecemos a nuestros lectores Antonio Muñoz, quien falleció h boró con entusiasmo en la Misió
El Padre Juan Antonio Muñoz Herná en Aguascalientes, Ags., pero creció sintió el deseo de convertirse en sace por la visita de un promotor vocacion
En enero de 1960 ingresó al Semin “porque era mexicano, hacía poco q entrega”. Estudió Filosofía en el Sem Colegio Máximo de Cristo Rey, perte 1969 realizó su noviciado en la Qui mento perpetuo de pertenencia a M
El 24 de junio de 1973, en la Capill recibió el Sacramento del Orden de Francisco Orozco Lomelín, Obispo A
Durante su ministerio desempeñó var rector Espiritual del Seminario Meno Director de la revista Almas; entre 19 mador del Seminario Mayor y en el D na de la Universidad Intercontinenta bajó como Tesorero General; de 199 Vicario General de nuestro Instituto fue nombrado Vicerrector del Semin
El Padre Juan Antonio estudió Misi la Universidad Urbaniana de Roma duda alimentó su ánimo evangeliza el tiempo en que compartió la Pala en Angola. Laboró en aquella Misión riodos que suman 15 años, durante según comentaba, algunos de los re portantes fueron: el aprendizaje de colaboración en el Seminario de Luan de la Parroquia de Cahama y haber sid ejecutivo de la Conferencia Episcopa
moriam
Muñoz Hernández, mg
una semblanza del Padre Juan hace unos meses y en vida colaón de la Iglesia.
ández nació el 21 de marzo de 1947 en la ciudad de México. Desde niño erdote y su vocación se vio impulsada nal de Misioneros de Guadalupe.
nario de Misiones, mismo que eligió que se había fundado y exigía mayor minario Mayor mg y Teología en el eneciente a la Compañía de Jesús. En inta Álamos y en 1972 hizo su JuraMisioneros de Guadalupe.
la del Seminario Mayor de Misiones, e los presbíteros de manos de Mons. Auxiliar de México.
rios cargos: entre 1973 y 1976 fue Dior; de 1976 a 1979, colaboró como 985 y 1986 participó en el equipo forDepartamento de Integración Humaal (uic); tra91 a 1996 fue o, y en 2007 nario Menor.
Estas experiencias quizá fueron las más entrañables y de mayor realización misionera para el Padre Juan Antonio, como dejaba ver en diversos textos donde compartía sus vivencias. En la revista Almas de agosto de 2012, concluyó su artículo “Trazos de una vida” con las siguientes palabras: “Quiero pensar que estas vivencias me identificaron con personas y con familias enteras que me permitieron ser uno más entre ellos y compartir el dolor, la adversidad y la resistencia ante todos los retos de la cotidianidad. A la vez pienso que, desde que puse pie en aquellas tierras africanas, mi ser quedó sembrado allí para siempre”. El 19 de mayo de 2013, Domingo de Pentecostés, Dios llamó a su presencia a quien fue un animoso colaborador de nuestra revista y un sacerdote muy querido y apreciado por cuantos tuvieron la oportunidad de conocerlo. Descanse en paz, Padre Juan Antonio Muñoz Hernández, Misionero de Guadalupe.
ionología en a, lo que sin ador durante abra de Dios n en dos pete los cuales, etos más imla lengua, la nda; el inicio do secretario al de Angola. Noviembre 2013
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Ad Gentes
El deber misionero de los sacerdotes Con la idea de promover la responsabilidad de cada cristiano en la obra misionera del Pueblo de Dios, el Concilio Vaticano ii invita a una profunda renovación interior y, en el capítulo vi del decreto Ad Gentes, toca el tema de la cooperación en la labor misionera por parte de los diferentes miembros de la Iglesia. Si bien los primeros encargados de promover la Misión en sus diócesis son los obispos, corresponden a los presbíteros diversas responsabilidades, debido a que ellos mismos representan a Cristo y cooperan con el orden episcopal. La propia naturaleza del sacerdocio hace que sus actividades se dirijan, de una manera u otra, hacia las Misiones. Todo presbítero debe estar convencido de que su vida fue consagrada al servicio de Dios y, por ello mismo, a la Misión. De esta forma, los sacerdotes serán los encargados de organizar el cuidado pastoral de manera que favorezca la extensión del Evangelio entre los no cristianos.
ir formando de este modo la conciencia misionera en los futuros sacerdotes”.
Para motivar y profundizar el celo misionero en sus comunidades, los presbíteros, durante la instrucción catequética y la predicación, enfatizarán la importancia de anunciar a Cristo a quienes no lo conocen y educarán a las familias acerca de la necesidad de promover las vocaciones misioneras entre los propios hijos. Así mismo, alimentarán el espíritu misionero de niños y jóvenes, dentro de escuelas y asociaciones católicas, con la finalidad de encontrar en ellos a los futuros anunciadores del Evangelio. Además, todo lo anterior deberá apoyarse con la promoción del apoyo económico y espiritual a las Misiones. El decreto Ad Gentes además pide que los formadores de seminarios y universidades muestren a los alumnos la situación del mundo y de la Iglesia para que comprendan la necesidad de la evangelización, y pide que la enseñanza “de las disciplinas dogmáticas, bíblicas, morales e históricas hagan notar los motivos misionales, que en ellas se contienen, para
Por otra parte, en Ad Gentes también se habla sobre la actividad misionera de los institutos religiosos de vida contemplativa y activa, los cuales, a lo largo de la historia, han tenido mucha responsabilidad en la evangelización del mundo, por lo cual reconoce sus méritos y agradece sus servicios. Así mismo, los invita a conservar el ímpetu misionero. A los institutos de vida contemplativa se les invita a fundar casas en países de Misiones, a fin de que, viviendo allí, entre los no cristianos, den testimonio del amor y la caridad de Dios, así como de la unión en Cristo. También se les exhorta a permanecer en la oración y en las obras de penitencia, pues a través de ellas se alcanza mucho a favor de la conversión y el seguimiento de vocaciones. Por su parte, los institutos de vida activa son invitados a que, independientemente de que su función primordial sea o no la evangelización, analicen la posibilidad de destinar parte de sus esfuerzos de manera directa a la predicación del Evangelio entre los no cristianos y que sus miembros participen, según sus posibilidades, en la tarea misionera.
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Pastoral vocacional
De chico banda a seminarista misionero P. Ignacio Flores García, mg
Quiero platicarles, queridos Padrinos y Madrinas, la experiencia vocacional de uno de nuestros alumnos del Seminario de Misiones. Su nombre es César Fernando Hernández C. y su historia vocacional comienza cuando una banda de rock, famosa por criticar a los gobiernos del mundo y a la religión, hizo un gran eco en él y lo hizo crecer con una marcada rebeldía. Poco a poco sus modos de pensar, vestir, hablar y actuar fueron cambiando, y los valores aprendidos en su parroquia quedaron en un baúl que se cerraría por mucho tiempo. César era lo que se denomina “cholo” y poco a poco comenzó a adoptar
un modo de vida en el que todos sus compañeros bebían alcohol y algunos incluso comenzaban a fumar marihuana. Él observó el efecto que estos vicios producían en sus camaradas y decidió apartarse de ellos. En la preparatoria encontró un nuevo estilo que congeniaba con su ideología y lo hacía sentir incluido. Decidió ser “punk” y cambió su forma de vestir: utilizaba bermudas, playera negra o roja, tenis y, por supuesto, pintaba su cabello de colores y escuchaba el género de esa música de protesta. ¿Cuándo comenzó a seguir su vocación? Así nos lo relata: Cuando ingresé a la universidad, mi familia vivía una crisis económica muy fuerte y mi papá me apoyaba con lo que podía. ¡Fue una época muy dura! La música que escuchaba, la carencia económica y lo que observaba a mi alrededor me envenenaban el corazón. ¡En verdad toqué fondo! Pero un día Dios me permitió reflexionar acerca de lo que le quitaba sentido a mi vida. Recordé mi infancia, que fue
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muy feliz. Me pregunté qué me hacía tan feliz y en qué momento había cambiado todo. En otra ocasión pasé cerca de una iglesia y lo único que pensé fue entrar y decirle a Dios: “¡Si en verdad existes dame lo que necesito!”. Al salir caminé muy despacio hasta el lugar donde vivía; al entrar arrojé mi mochila a la cama, me senté frente a una mesa donde tenía libros y encontré uno que me regaló un sacerdote, cuando yo era niño. El título era De Vago a Santo y trataba de la vida de Miguel Magone. Me identifiqué tanto al leerlo que pensé que ingresar al seminario podía ser la salida a los problemas que tenía. Al terminar el primer año de universidad llegué a mi pueblo con una mentalidad diferente y lleno de dudas. Me encontré a Flavio, a quien conocí como seminarista pero no sabía que ya se había ordenado sacerdote, y me invitó a ayudarle en una parroquia donde era vicario. Así regresé a la Iglesia y dejé de renegar gradualmente de Dios. Después me invitó a un preseminario y ahí decidí seguir a Dios. En 2009 ingresé
al Seminario de Tula para comenzar mi camino de servicio. Posteriormente decidí llevar esta alegría a quienes no conocen a Dios en tierras extranjeras, y por eso ahora me encuentro en el Seminario Mexicano de Misiones. Estimados Padrinos y Madrinas, cada vez que veo a César siento que no ha cambiado del todo su forma de pensar en cuanto a las injusticias sociales y su deseo de trabajar desde su vocación para lograr cambios significativos para el bien de los demás. Veo con gusto que ahora camina por el seminario vistiendo un pantalón bien planchado, con zapatos y camisa. César se expresa así: “¡Soy seminarista y quiero seguir al Señor porque Él le ha dado sentido y dirección a mi vida!”. Pidamos que el Señor le conceda seguir adelante con su vocación sacerdotal misionera y que nuestra oración alcance a tantos jóvenes que quieren ser generosos con Dios y con sus hermanos.
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Darle sabor a la vida Padre Luis Alonso Yepes Cruz, mg
El Padre Alonso Yepes comparte sus reflexiones en torno a los jóvenes que no estudian ni trabajan, y la manera en que podrían darle sentido a sus vidas. “Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se le salará?” (Mt 5, 13)
Unos años atrás, al estar de vacaciones en la patria, pude constatar el dolor, la rabia, la desesperanza y el desánimo de mucha gente por causa de la violencia que hasta la fecha estamos viviendo. Muchos son los dedos que se levantan para culpar a todos y a todo. Se buscan culpables más que soluciones. Y las soluciones surgen cuando se busca la raíz de los problemas. Hoy lamentamos la desorientación de muchos jóvenes que se han perdido en el mundo de las drogas y la delincuencia, ¡pero se nos olvida que ellos no nacieron así! Tenemos que preguntarnos cuándo, cómo y dónde empezó todo esto. Hay que volver nuestros ojos y corazón hacia la familia, en donde con seguridad se gestaron estos problemas. 18
Vemos con tristeza a muchos padres que por darles “lo mejor” a sus hijos o para que sus hijos tengan “lo que ellos no tuvieron” salen de casa para trabajar y al cerrar la puerta dejan adentro a quienes necesitan de su cariño, su atención, sus consejos. Así mismo, dejan de lado la conversación en cada comida, dejan de rezar juntos, de preguntar por las tareas de la escuela o por los amigos con los que juegan. De esa
forma los padres se van limitando a llenar los guardarropas con vestuario, juguetes y excentricidades para compensar el vacío que surge en el seno familiar. Hoy los resultados son evidentes y, sin embargo, lo que mejor sabemos hacer es quejarnos. Veo con tristeza a tantos jóvenes en las esquinas de las calles, los llaman “ninis” porque ni estudian, ni trabajan; jóvenes que se desviven por ser originales en su manera de vestir o de comunicarse (basta ver cómo abrevian o escriben los mensajes de celular o en internet). Percibo que muchos de ellos están perdiendo el sentido de la vida o no lo han encontrado. Jesús en su Evangelio nos invita a ser “la sal de la tierra” (Mt 5, 13), y nosotros sabemos que la sal tiene varias funciones, entre ellas la de dar sabor. Para que estos jóvenes encuentren el sabor de la vida necesitan encontrar a Jesús.
Ante este panorama me he preguntado ¿cuál será el camino para invitar a un joven a consagrarse al Señor como misionero? Ciertamente hay jóvenes y familias que no se han dejado vencer por esta cultura (cada vez más excluyente) y buscan remar a contracorriente. Pienso que estos jóvenes y estas familias son llamadas a anunciar –por medio del testimonio– la vida nueva en Jesús. Si quisiéramos invitar a un joven a ser misionero, con seguridad tendríamos que hacerle una propuesta concreta y comprometida partiendo de nuestro testimonio. Durante mi experiencia misionera en Angola descubrí que solamente Jesucristo le ha dado sentido a mi vida. Me siento feliz de ser misionero, no sólo por ser sacerdote, sino porque mi sacerdocio lo he vivido con la intención de salir al encuentro de los que más necesitan en sus vidas la compasión de Dios: el que sufre, el enfermo,
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el encarcelado, el marginado, el solitario. Ahí es donde le he encontrado sabor a la vida.
recordando que somos discípulos y que no hay verdadero discípulo que no sea misionero.
Pienso que los miembros de la Iglesia muchas veces vivimos encerrados en nuestros propios movimientos y parroquias, y olvidamos la necesidad de ir al encuentro de los que se han olvidado de que Dios es el Padre misericordioso. Por ello, hago una invitación, especialmente a los jóvenes cristianos y a las familias comprometidas, para que no se dejen desanimar por las adversidades; que venzan los miedos y salgan a anunciar a Jesucristo,
Que nuestra Madre de Guadalupe interceda por nosotros para que ayudemos a muchos jóvenes a ser la sal de la tierra que pueda darle un buen sabor a nuestras familias, amigos, escuelas, trabajos, ciudad, país o al mundo entero. Tengamos siempre presente que ser la sal de la tierra es llevar el sabor de Cristo a cualquier lugar del mundo en donde no se ha escuchado hablar de Él, sea en mi colonia, en África o en China.
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El rey y la semilla Hace muchos años vivió un rey que no tenía ningún hijo para sucederle en el trono y convocó a sus consejeros para elegir entre ellos a su sucesor. Entregó una semilla a cada uno y les dijo: “Aquél que cultive el mejor el árbol reinará después de mí”. Años más tarde el rey visitó el jardín para revisar el trabajo de sus consejeros. Había árboles frondosos y coloridos, pero también un espacio donde nada había brotado. El encargado de aquella semilla le dijo: “Su majestad, regué la semilla a diario, le hablé con amor, utilicé los mejores nutrientes, pero nada brotó... Siento haberlo decepcionado”. “¡Hijo mío –respondió el rey–, tú serás el próximo rey!”. Los otros consejeros miraron al rey con asombro, pero él les dijo: “En lugar de darles una semilla, les di una pequeña piedra. Al no soportar el fracaso, ustedes plantaron una semilla verdadera. Pero él tuvo la integridad y la honestidad de hacer lo que pudiera con lo que le fue entregado, y por eso será su próximo rey”.
El valor de la integridad Como vimos en la historia El rey y la semilla, al vivir con integridad y rectitud recibiremos nuestra recompensa. Jesús nos enseñó que la integridad es un valor muy importante, pues nos forma como personas de calidad para nuestra sociedad. La integridad tiene que ver con un tesoro más valioso que todo el dinero del mundo, pues representa lo que somos gracias a la mezcla armoniosa de tres aspectos: saber lo bueno, desear lo bueno y hacer lo bueno. En el Club de Niños Misioneros de Guadalupe, el personaje de Nereida nos invita a practicar la integridad. Vivir con integridad es vivir en la búsqueda insaciable de perfeccionar nuestra relación de amor con Dios y con los demás seres de la creación.
Actividad Demuestra qué tanto conoces a Nereida y responde las siguientes preguntas:
1. Vivir este valor implica tres aspectos: saber lo bueno, desear lo bueno y hacer lo bueno, y nos forma como personas de calidad para nuestra sociedad.
_ _ _ _ G _ _ _ _ _ 2. ¿Qué significa Nereida? ______________________________________ 3. ¿De dónde es Nereida?_______________________________________ 4. ¿Qué idioma habla? _________________________________________
! Señor!, se le cayó su cartera.
Respuestas: 1. Integridad, 2. Mujer que vive en el mar, 3. En la Isla de Buka, en Papúa Nueva Guinea, 4. Inglés.
¡Ven y descubre una manera diferente de ser sacerdote!
Centro de Orientación Vocacional Guadalajara Necesitamos de jóvenes dispuestos a ofrecer su oración, su esfuerzo y su testimonio para que más personas crean en Jesús y descubran que seguirlo en el camino misionero vale la pena. Invitamos a aquellos que estudian 3º año de secundaria o preparatoria al
Campamento para chavos Del 27 al 29 de diciembre de este año, en Guadalajara, Jal.
Informes: cov Guadalajara Tel.: (01 33) 3601 0815 Correo electrónico: covgdlmg@hotmail.com Facebook: Cov Guadalajara
Estimados Padrinos y Madrinas: Queremos comunicarles que durante este mes tendremos en cuenta en nuestras oraciones a los miembros de nuestra familia misionera que han partido a la casa del Padre y ya se encuentran gozando en la gracia de Dios. Pediremos por el eterno descanso de todos cuantos nos han apoyado (bienhechores, amigos, familiares y colaboradores) y agradeceremos el 谩nimo y la devoci贸n con que se hicieron part铆cipes de la evangelizaci贸n de los no cristianos. De igual forma, agradecemos a quienes nos brindan su ayuda mes con mes. Con afecto.
Descanse en paz Padre Esteban Martínez de la Serna Misionero de Guadalupe Nació en Calvillo, Ags., en 1926, e inició su preparación sacerdotal en el Seminario de Aguascalientes. Ingresó al Seminario de Misiones el día de la fundación del mismo. Fue ordenado sacerdote el 10 de marzo de 1951 por Mons. Alonso Manuel Escalante y enviado a estudiar Teología a Roma. Desempeñó diversos cargos durante su ministerio: rector del Seminario Menor y del Seminario Mayor, misionero en Japón, Superior General y rector de la Universidad Intercontinental. En sus últimos años de vida colaboró en la Basílica de Guadalupe. Falleció el 29 de noviembre de 2003. El Padre Esteban llegó a comentar que su vocación nació de la lectura de revistas misioneras, y dedicó su vida a transmitir con ahínco el Evangelio. ¡Tú también puedes llevar la Palabra de Dios a quienes no la conocen!
¡Responde al llamado de tu vocación!
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