Julio 2011 Año LXII • Núm. 739 Ejemplar gratuito
Publicación de Misioneros de Guadalupe
Veinticinco años de entrega y servicio de un misionero
Un reto más para el pueblo de Japón
PapaBenedict o xvi Formación cívica, política y ética de la sociedad
C
ompete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Benedicto xvi Discurso a los participantes en la xxiv asamblea plenaria del consejo pontificio para los laicos 21 de mayo de 2010
Intenciones
del Santo Padre Benedicto
xvi
para 2011
P. Sergio César Espinosa González, mg
General: Los enfermos de sida Para que los cristianos contribuyan a aliviar el sufrimiento físico y espiritual de los enfermos de sida, especialmente en los países más pobres. La enfermedad nos acecha a todos los humanos, es una parte casi inevitable de nuestra condición de seres vivos. Sin embargo, la voluntad de Dios no es que sus hijos tengan dolor: no hay padre que quiera ver sufrir a los suyos, mucho menos el Señor. Él ama a los enfermos, pero no la enfermedad. Por eso, con confianza, este mes nuestra oración se eleva por la salud de todos, en especial la de aquellos que sufren de sida. Rogamos para que los cristianos nos preocupemos por mitigar el mal físico y el sufrimiento espiritual que padecen muchas de las víctimas de esa epidemia.
Misionera: Las religiosas en tierras de Misión Para que las religiosas que trabajan en tierras de Misión sean testigos del gozo del Evangelio y signo viviente del amor de Cristo. Así como muchas madres y abuelas son las portavoces del mensaje de Jesucristo en sus familias, también en el terreno de la primera evangelización son muchas las mujeres, laicas y religiosas, que desempeñan una notable tarea misionera. Este mes el Papa nos invita a orar para que las religiosas en tierras de Misión den un testimonio gozoso del Evangelio, para que puedan vivir con alegría su fe en las Iglesias jóvenes, sobre todo entre quienes comienzan a acercarse a Jesucristo, y para que Dios las ayude a servir de tal manera que todos puedan descubrir en ellas el amor de Cristo.
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Portada El Padre Raúl Ibarra H., mg, durante una visita oficial a la Misión de Angola en 2010
Publicación de Misioneros de Guadalupe Ejemplar gratuito Prohibida su venta Año LXII • Núm. 739 Julio 2011
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Compartamos la tristeza y la vida
Ir a donde el misionero no puede ir
P. Marco Antonio Martínez Franco, mg
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P. Héctor Díaz Fernández, mg
El árbol misionero
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D. Ignacio Flores García, mg
Papa Benedicto xvi
Vida mg
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Intenciones
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Noticias breves
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Editorial
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Centro de Orientación Vocacional
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Página del lector
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Sólo para niños. Club de Niños mg
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Oración por Japón
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Pastoral de la salud DIRECTORIO Editor responsable P. Juan José Márquez Echeverría Director P. Víctor Manuel Zavala Contreras Auxiliar editorial Juan José Ramírez Escarza Diseño gráfico Lourdes Reyes Esquivel Webmaster Jorge Hugo Guerrero Luna
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Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, México, df. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar , Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Certificado de Licitud de Título Núm. 555 (Época SEP), y Certificado de Licitud de Contenido Núm. 4414. Certificado de Reserva de Derechos al uso exclusivo del Título Núm. 04-1999-050317152800-102. Impresa en Transcontinental-Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Democracias 116, Col. San Miguel Amantla, Del. Azcapotzalco, cp 02700, México, df. Tel. 5354 0100. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío XII aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.
Línea Misionera: 01 800 00 58 100
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Edit orial
La Iglesia busca colaborar en la construcción de una sociedad justa
A
l analizar la violencia en México, nuestros obispos señalan que el ambiente que vivimos en la actualidad muestra la pérdida del sentido de Dios y el desprecio por la vida del hombre, lo cual influye de manera negativa en la formación de valores en niños y jóvenes. Vivimos, además, una crisis de legalidad, con corrupción generalizada en todos los ámbitos de la vida social, y donde el pueblo ha sido incapaz de promover el respeto a las leyes, los derechos y las obligaciones de todos por igual. El episcopado mexicano es consciente de que alcanzar un orden justo en la sociedad es una labor de las autoridades, pero considera que la Iglesia debe colaborar con la formación ética de la gente. Por ello quiere dirigir sus esfuerzos a la formación integral de las personas, haciendo énfasis en el proceso de iniciación cristiana y en la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, para que los católicos, discípulos de Jesucristo, influyan en la sociedad y la doten de los valores evangélicos que son fundamentales para la convivencia humana. Nuestros obispos buscan crear consciencia acerca de la dimensión ética de toda actividad humana, pues la ética orienta hacia la paz y en ella debería cimentarse la convivencia social. Asimismo, consideran necesario impulsar la participación de los ciudadanos en la vida política, económica y social, contribuir al bien común y asumir la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad justa. Este mes el P. Marco Antonio Martínez reflexiona sobre la tarea de reconstrucción que enfrenta el pueblo japonés después de los desastres naturales ocurridos el pasado marzo; el P. Héctor Díaz narra la historia de una feligresa que ha asumido su deber cristiano, y el Diácono Ignacio Flores comparte sus reflexiones sobre el compromiso con la vocación sacerdotal. Esperamos que estos textos fortalezcan la responsabilidad social y cristiana de nuestros lectores. Julio 2011
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Página del lect or Misioneros de Guadalupe, quiero felicitarlos por realizar la admirable labor de difundir la Palabra de Dios en lugares apartados, dentro de México y en el mundo, sin importar el clima, las distancias, las enfermedades y las diferencias culturales. Mi nombre es Julia y a lo largo de mi vida he encontrado una fuente de fortaleza en su revista, Almas, pues ante los problemas cotidianos, grandes o pequeños, en ocasiones se requiere la motivación de alguien que realice proezas, como lo hacen ustedes. Por desgracia enviudé muy joven y tuve que criar a mis hijos sola, pero afortunadamente en las experiencias que ustedes han narrado encontré el apoyo que muchas veces pedí a Dios para sacarlos adelante. Hoy todos ellos son personas de bien, gracias al Señor y a ustedes. He enfrentado enfermedades y tristezas, pero los textos de la revista han sido mi soporte en los momentos difíciles y mi compañía en los momentos felices; siempre han estado conmigo. El 4
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hecho que más ha marcado mi vida fue el fallecimiento de uno de mis hijos el año pasado. Sin embargo, nuestro Señor no me dejó sin ayuda, ya que en el texto publicado en Almas el mes de mayo anterior, dirigido a las madres, encontré las palabras que me ayudaron a entender lo que pasaba y a conservar la fe durante ese tristísimo momento. Por todo lo anterior les envío mi agradecimiento. Por mi parte, además de mi aportación mensual, trato de promover su mensaje entre las personas de mi comunidad. Quisiera invitar a los demás Padrinos para que compartan Almas y difundan lo que leen. Me despido con todo mi amor, admiración y respeto, deseando que no pierdan su fuerza, su tenacidad, su convicción, su amor a Dios y a los hombres. El mundo los necesita… Julia G. M.
Estimados Misioneros de Guadalupe, desde hace varias décadas nos llega la revista Almas y les escribo para contarles acerca de la Hermana Cecilia Franco, quien lleva varios años como misionera en Kenia. La conocí en la década de los ochenta, en el grupo juvenil de la Parroquia de Nuestra Señora de la Soledad, en Chihuahua. Años después se unió a la congregación Hermanas de los Pobres, Siervas del Sagrado Corazón, y fue enviada a colaborar en África. En una visita que hizo a su familia tuvimos la oportunidad de platicar. Le regalé una bolsita de semillas de flores para que se las llevara a Kenia y recordara que siempre la tenemos presente,
con mucho cariño y gratitud, por el don de estar en esas tierras de Misión. Tiempo después la Hermana Cecilia me envió unas fotos desde Kenia con una nota que decía lo siguiente: “Querido Lauro, en deuda contigo, te mando ahora las flores producto de las semillas que me diste y que germinaron en tierra keniana ... tarde o temprano todo florece ... De un modo o de otro Dios nos muestra su presencia y nos alienta en esperanza”. Que el Señor los ilumine y guarde en tan hermoso servicio. Lauro N. A.
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Misión
de
Japón
Compartamos la tristeza y la vida P. Marco Antonio Martínez Franco, mg
El pasado 11 de marzo, Japón, país donde nuestro Instituto tiene presencia, sufrió un terremoto y un tsunami que han afectado a la sociedad en diversos ámbitos. El P. Marco Antonio Martínez comparte sus reflexiones en torno a algunos hechos que han marcado a la sociedad japonesa desde el siglo xx.
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asta antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Japón era un imperio, pero, en agosto de 1945, los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki supusieron el fin de dicho conflicto bélico. Se estima que hacia finales de ese año, las bombas habían matado a 140 mil personas en Hiroshima y a 80 mil en Nagasaki, aunque 6
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sólo una parte falleció los días de los bombardeos. Algunas víctimas, la mayoría civiles, murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Después de la guerra Japón fue ocupado por las fuerzas aliadas y aceptó las condiciones que le prohibían tener armamento nuclear. Se terminó el imperialismo y nació una sociedad democrática. La democracia le fue dada por medio de una constitución redactada con supervisión norteamericana. La recuperación no fue fácil, hubo que trabajar mucho. La intervención de Estados Unidos, las inversiones extrajeras y la tenacidad y el espíritu característicos de este pueblo ayudaron a la recuperación acelerada de la economía del país. Los economistas caracterizaron a Japón como “el milagro económico del siglo xx”. Las primeras imágenes que tuve de Japón en mi infancia fueron las de un país destruido, con gente sufriendo toda clase de necesidades. Sin embargo, en 1964, con las Olimpiadas de Tokio, Japón se presentó ante el mundo como un país desarrollado, en plena recuperación. Los productos (autos, cámaras fotográficas, etc.) hechos en Japón podían verse por todo el mundo. El crecimiento material
de la sociedad fue demasiado acelerado. Los tres primeros Misioneros de Guadalupe llegaron a Japón en 1958. Dos años después se encargaron de la Parroquia de AizuWakamatsu, en la Diócesis de Sendai, la cual está formada por cuatro estados al noreste del país. Tres de esos estados, principalmente Fukushima, han sufrido grandes destrozos por el terremoto y el tsunami que afectaron a Japón el pasado mes de marzo. En la actualidad los Padres Miguel Ángel Varela C., Marco Antonio de la Rosa R. y José Alfredo González M. son los Misioneros de Guadalupe que trabajan en la Diócesis de Sendai. Cuando llegué a Japón, en 1968, aunque todavía había carencia de muchas cosas, el país se encontraba en plena recuperación. Después de estudiar el idioma y de completar mi formación en el Seminario de Tokio, fui ordenado sacerdote y comencé a laborar en las parroquias de Kitakata y de Tsukagawa, estado de Fukushima (cerca del lugar en donde se encuentran los reactores nucleares que en estas últimas semanas han puesto en peligro a la población). Durante mis viajes a México en las décadas de los 80 y los 90 varias veces me invitaron a iglesias, colegios y empresas para Julio 2011
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hablar sobre el “milagro japonés”. Recuerdo que siempre explicaba que en las sociedades, como en el cuerpo humano, el crecimiento acelerado produce descompensaciones. Se admiraba la pronta recuperación económica de Japón, pero sólo los que vivíamos aquí, inmersos en su sociedad y en su cultura, sabíamos lo que le había costado al ser humano ese crecimiento acelerado. Por dar un ejemplo, siguiendo la costumbre japonesa, hoy tuve la Misa de los 49 días de fallecido de uno de los feligreses de la parroquia, quien a los 46 años de edad se suicidó con una sobredosis de los calmantes que tomaba para atender la depresión que sufría por las presiones del trabajo. El año pasado el número de suicidios sobrepasó los 30 mil. El suicidio es un problema que la sociedad japonesa ha padecido durante varios años y los obispos japoneses no han dejado de hablar al respecto. Es una tragedia en parte motivada por el materialismo y el consumismo que gobiernan a la sociedad y que dificultan la escucha de la Buena Nueva. La situación por la que estamos pasando tras el 11 de marzo no es la misma de hace 66 años, no todo Japón está destruido como algunos noticieros lo anuncian. Fuera de la parte noreste de la isla principal, gracias a Dios, no ha habido 8
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mayor problema, si bien los hechos afectan a todo el país pues lo daños en pérdidas humanas y materiales son enormes y se calcula que la recuperación llevará mucho tiempo. El P. David Félix Uribe G., actual Superior de la Misión, ha estado yendo desde Tokio hasta los lugares en donde se encuentran los compañeros para ayudar a resolver algunas de las necesidades más urgentes. Es verdaderamente admirable el testimonio misionero de mis compañeros. Por ejemplo, el P. De la Rosa llegó después de pasar tres meses en la patria, y nunca dudó en volver a Japón ni pensó en irse, como desgraciadamente han hecho muchos de los extranjeros que residían aquí. Ahora que, por seguridad, el gobierno ha determinado evacuar una zona de 30 km alrededor de los reactores nucleares de Fukushima, han llegado los recuerdos de infancia y de mis primeros servicios como sacerdote. Nunca imaginé que las imágenes que había visto de niño las vería nuevamente y en lugares donde se hallan personas muy queridas para mí, quienes han perdido sus hogares y sus trabajos. Sé por experiencia que el pueblo japonés posee valores muy nobles, pero algunas veces han
sido opacados por el materialismo. Es de admirar que apenas a un mes del terremoto una nueva visión parece desarrollarse en el país. Por ejemplo, los comerciales en la televisión animan al pueblo con frases e imágenes significativas: “El amor no se ve, pero sí sus acciones”, “No pienses sólo en ti, piensa en los demás y actúa”. Tengo fe en que el pueblo aprenderá mucho de este sufrimiento que está experimentando. Antes de la Segunda Guerra Mundial Japón era imperialista, después se convirtió en una sociedad materialista. Pienso que ahora surgirá una nueva sociedad, con una mirada diferente hacia el ser humano y hacia la naturaleza,
no sólo de este país sino del resto del mundo. Será entonces que la pequeña semilla del Evangelio crecerá. Por lo pronto sigo aquí, tratando de animar a la comunidad parroquial de Chiba y de ayudar a las necesidades más urgentes de los que lo han perdido todo, incluso a sus seres queridos. A mi edad y con las fuerzas que Dios me concede seguiré cumpliendo mi Misión. No es mucho lo que puedo hacer, pero puedo decir: “Compárteme tu tristeza, oremos juntos para que Dios tenga misericordia y pronto pase todo este sufrimiento, y gocemos de la vida que Él nos ofrece aquí en la Tierra y después en el Cielo”.
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de la xvi salud PPastoral apa Benedicto
La enfermedad es un reto y una buena oportunidad P. José Sandoval Íñiguez, mg
Cada día, en un hospital, se hacen esfuerzos inauditos para ganar la batalla contra las enfermedades. Los pacientes, sin importar la causa por la que fueron internados, sienten que su vida ha dado un vuelco total. Sin embargo, la enfermedad puede ser una buena oportunidad para crecer y madurar. 10
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os enfermos, además de dolor corporal, experimentan una gran angustia por el futuro, por sus sueños y sus proyectos; tienen sentimientos de culpabilidad y no dejan de preguntarse: “¿Por qué me pasó esto?”. Algunos dependen de los demás hasta para las necesidades elementales y experimentan debilidad e impotencia. Otros padecen problemas económicos y sociales: pierden su empleo o tienen que interrumpir
sus actividades; deben afrontar los gastos del tratamiento, la manutención de su familia; si la enfermedad sigue avanzando, por la misma preocupación, pierden la seguridad de su vida. En el hospital pasan largas horas de soledad, pues los horarios de visita son restringidos. Además, aunque afuera hayan sido gente con algún grado de autoridad, como pacientes, si quieren recuperarse, tienen que obedecer dócilmente las indicaciones del médico o de las enfermeras. A pesar de lo anterior, la enfermedad puede convertirse en una oportunidad para crecer y madurar humana y psicológicamente, pero para ello el enfermo debe afrontarla con valentía, tener una clara idea de lo que vive y ser dueño de sí mismo. Quien ha vivido adecuadamente una enfermedad llega a entender con más profundidad su condición humana, de ser limitado y vulnerable, de paso en este mundo; aprende a valorar la vida y la salud. Por eso, una vez recuperado, descubre que la salud es un gran regalo que siempre hay que agradecer a Dios, comprende los sufrimientos de los enfermos y aprovecha cualquier oportunidad para servirlos. A través de
la enfermedad muchos descubren la presencia de Dios en sus vidas, o llegan a conocerlo más íntimamente. Todo ser humano pasará por la muerte. Llegará el día en que ya no servirán los esmerados cuidados del médico. Eso lo debemos tener muy presente, pues pensamos en la muerte como si fuera un asunto del prójimo. Ordinariamente vivimos como si el propio deceso estuviera muy lejos o nunca fuera a ocurrir. Pero una persona con una enfermedad terminal tiene la oportunidad de aceptar la muerte y prepararse para dejar serenamente este mundo. Como Dios es espíritu y no puede sentir dolor, envió a este mundo a su Hijo Jesucristo, quien se hizo hombre como nosotros, experimentó el dolor y, por su sacrificio en la cruz y con su resurrección, nos alcanzó la salvación y la vida eterna. Quienes trabajamos en un hospital podremos ayudar más a los enfermos si comprendemos la realidad que viven y los sufrimientos que padecen, y les damos a conocer la esperanza de una vida nueva.
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Vida mg
25 aniversario sacerdotal Padre Raúl Ibarra Hernández, mg El Padre Raúl Ibarra Hernández, mg, escuchó a temprana edad el llamado de su vocación misionera. Con motivo de sus 25 años de vida sacerdotal, a celebrarse el próximo mes, ofrecemos una semblanza de quien en la actualidad ocupa el cargo de Vicario General de nuestro Instituto.
N
acido en Guadalajara, Jalisco, el 21 de enero de 1961, el Padre Raúl Ibarra Hernández creció en el seno de una familia católica y durante el tiempo en que estudió la primaria estuvo en contacto con algunos sacerdotes Misioneros de Guadalupe, como
el Padre Jesús Sanabria Enciso. En su misma ciudad, desde 1972 perteneció al Centro de Orientación Vocacional de los Misioneros de Guadalupe. Posteriormente, el 30 de julio de 1975, ingresó al Seminario Menor de Misiones y estudió el bachillerato en el Instituto Francisco I. Madero. En 1978 continuó su preparación en el Seminario Mayor de Misiones, en la ciudad de México, con estudios de Filosofía y de Teología en la Universidad Intercontinental. Finalmente, el 9 de agosto de 1986 recibió el Orden del Presbiterado por imposición de las manos de Mons. Ramón Godínez Flores, entonces Obispo Auxiliar de Guadalajara, en el Seminario Menor de Misiones. El primer nombramiento que tuvo como sacerdote fue para colaborar en la promoción vocacional en la ciudad de México. Fue un trabajo que desarrolló durante cuatro años y del cual ha dicho: “queda la satisfacción de haber colaborado más de cerca en el proceso de jóvenes generosos en la búsqueda de la voluntad de Dios para sus vidas”. En 1990 fue nombrado a la Misión de Angola. Era una época difícil en la historia de ese país
africano. Sin embargo, a pesar de las adversidades a las que se enfrentaba (sociales, políticas, económicas, bélicas, tribales, etc.), la Iglesia se mantenía firme en el anuncio del Evangelio y los Misioneros de Guadalupe colaboraban de manera decidida en la formación de los futuros sacerdotes angoleños y en la construcción de sólidas comunidades cristianas. Fueron tiempos de pruebas y retos, pero a la vez tiempos de gracia por parte del Señor. A inicios de 1997 fue nombrado para trabajar en la atención a los bienhechores en Guadalajara, labor que a partir del año 2002 desarrolló en la ciudad de México, después de haber disfrutado de un breve tiempo sabático. En abril de 2007 fue llamado para formar parte del Consejo General de nuestro Instituto, con el cargo de Vicario General, mismo que le fue ratificado en el ix Capitulo General, celebrado en enero de 2009. El próximo 9 de agosto celebraremos su 25 aniversario de ordenación sacerdotal. ¡Felicidades!
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Misión
de
Corea
Ir a donde el misionero no puede ir P. Héctor Díaz Fernández, mg
“¡Padre, nos vamos a China!”, me dijo Verónica, con una cara radiante de alegría; la acompañaban su esposo y sus dos hijos, quienes también daban muestras de júbilo. Hace muchos años bauticé a Verónica en la Parroquia de Soguio Dong, en la ciudad de Iosu, Corea.
A
legre, inteligente y de modos femeninos pero recatados, hace más de 30 años Verónica estudiaba el catecismo con tanto interés y entusiasmo que pronto invitó a diez de sus compañeros de escuela, quienes comenzaron a asistir al catecismo y a Misa todas las tardes. Ellos siempre se dieron tiempo para seguirme en mis
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correrías, visitando enfermos y ancianos, entre otras labores. Cuando recibieron el Bautismo, para agradecer a Dios, llevaron a otros diez estudiantes. Según me dijeron, seguirían llevando a más compañeros. Al cabo de cuatro años entregué la parroquia, y según me enteré ellos continuaron igual de alegres y participativos, acercando a todos los compañeros que podían hacia la Iglesia. Con mucha fidelidad, el grupo original de diez estudiantes se reúne dos veces por año, aunque sus vidas los han dispersado por todo el país. Hace algunos años, antes de Navidad, se reunieron en la Parroquia de Piong Dong, en la ciudad de Kwangju, donde yo trabajaba entonces. Llegaron cargados de comida y los oí reír como cuando eran estudiantes. No hablaron de trabajo ni de problemas, sólo compartieron la amistad íntima que los une como hijos de Dios que nacieron el mismo día, en la misma iglesia y de manos del mismo sacerdote. El espectáculo fue hermoso, pues se trataban como hermanos, a pesar de que ahora tres de ellos son sacerdotes con puestos importantes en la diócesis, una es religiosa y es muy conocida por su trabajo de propagar el Evangelio a través de los medios de comunicación, y los demás ocupan
puestos notables en la sociedad y en sus parroquias. “¡Padre, nos vamos a China!”, me dijo Verónica, y me recordó que siempre ha deseado ser misionera. La compañía en la que trabajaba su esposo le ofreció un puesto en China y la familia aceptó con gusto. Pronto consiguió los datos de católicos, sacerdotes y religiosas coreanas radicados en China. Ella estaba al tanto de la necesidad de laicos para llevar el Evangelio a donde los misioneros no pueden entrar o ejercer su ministerio. Los abracé a uno por uno, sin decir nada, y le di gracias a Dios por no olvidarse de ninguno de sus hijos y acercarlos a Él a través de un nuevo estilo de misioneros. Por un momento me llené de celos, pero luego me consoló la idea de que ella, mi hija espiritual, iría a hacer lo que yo no podía. Estimados Padrinos y Madrinas, los Misioneros de Guadalupe contamos con laicos que dedican una parte de sus vidas a cumplir con el mandato de Jesús. Les pido que también ustedes vayan a donde no puede ir el misionero y compartan la Buena Nueva de Dios Padre, quien nos ama, perdona, consuela y sostiene para que seamos felices en esta tierra y, después, en el Cielo. Julio 2011
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Noticias breves
Fuentes: Agencia Fides • Redacción de Almas
Auxilian sacerdotes mexicanos en Japón Sendai, 31 mzo 2011. Misioneros de Guadalupe que desempeñan su labor en la Misión de Japón han cooperado con la Diócesis de Sendai para auxiliar a la población, prestar servicios espirituales y colaborar en diversas necesidades, debido a la situación que vive ese país desde hace semanas. Nuestro Instituto ha puesto a disposición de los interesados una cuenta bancaria para realizar donativos. Para mayores informes vea el sitio www.mg.org.mx.
Misionera laica enviada a Mozambique
Nuevo sitio web acerca de las Obras Misionales Pontificias
Acámbaro, Gto., 27 mzo 2011. Este día, a las 13 h, se realizó la Misa de envío de Rosa Carmen Salgado Zamora, mla, quien, por nombramiento del Consejo General, apoyará las labores de evangelización que nuestros sacerdotes y laicos realizan en la Misión de Mozambique. Rosa Carmen ha colaborado antes en las Misiones de Guatemala (1998-2000) y Kenia (2000-2005).
El Vaticano, 7 abr 2011 (Fides). Ha sido lanzado un nuevo sitio web de las secretarías internacionales de las Obras Misionales Pontificias (omp), en el cual se muestra el origen, el propósito, la organización y la espiritualidad de las cuatro Obras. Publicado en italiano, el nuevo sitio (http://www. ppoomm.va/) reúne enlaces a los sitios web de las direcciones nacionales de las omp de todo el mundo. Julio 2011
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Misión
de
Angola
El árbol misionero Diácono Ignacio Flores García, mg
En nuestra vida misionera siempre hay momentos bellos y dignos de agradecer a Dios. También hay momentos de dificultad y tristeza, debido a varias razones, como la añoranza de estar en México o el cansancio por el trabajo y el estudio. Pero sabemos que Dios nos acompaña, junto con toda su creación.
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arias veces, sentado al escritorio, he añorado a mis seres queridos. Esto se hace más fuerte cuando los estudios se complican. En ocasiones, a través de la ventana de mi cuarto, miraba hacia la calle. Casi siempre la rama de un árbol tapaba la mitad de la vista y me distraía. A diario unas aves se posaban en él y verlas me servía de entretenimiento. Hubo veces en que, movido por el viento, el árbol me saludaba golpeando una rama contra el vidrio. 18
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Sin embargo, un día llegué de la escuela cansado y fastidiado. Después de comer, fui a mi habitación y descubrí que las casas de los vecinos se veían perfectamente, ya no había aves ni el verde de ese árbol que tanto me gustaba. Al asomarme por la ventana vi el tronco pelón y las ramas en el suelo, pues nuestro vecino lo cortó casi por completo. Pasó el tiempo y yo seguí con mis estudios. Llegó un tiempo en el que me sentí cansado y comencé a preguntarme si valdría la pena continuar. Entonces me comparé con el árbol y me sentí como un tronco sin follaje, sin nada que dar, vacío e inútil. Meses después, mientras hacía una tarea durante la noche, me recargué en mi silla y le pedí a Dios que me diera fortaleza. Vencido por el sueño, preferí ir a dormir y continuar estudiando muy temprano a la mañana siguiente. Al despertar fui directamente al escritorio, aún cansado. Pronto me pregunté si valdría la pena desgastarme tanto. Todavía no salía el sol y trabajaba con una lámpara, pero de pronto escuché un cántico de pájaros detrás de las cortinas; al abrirlas, una pequeña rama sostenía un par de aves que volaron asustadas al verme. Ahí estaba otra vez la mano joven de mi amigo.
Más abajo, en su tronco, brotaban muchos retoños, y con ellos la esperanza de tapar la mitad de mi ventana una vez más. Comprendí que su misión fue crecer después de meses, de soportar frío, calor, lluvia, viento, para ofrecerme su sombra, decorar mi ventana, sostener los pájaros y darme una lección: mi árbol misionero me demostró que incluso con poco, casi nada, uno se puede levantar de nuevo. A pesar del cansancio, seguí el ejemplo de mi amigo: tomé mi libro, mi cuaderno y mi pluma para trabajar, repitiéndome: “Yo también tengo una misión que seguir”. Me gusta mucho ver esa rama que baila y me saluda juguetona. El cansancio y la añoranza continúan, pero tengo una actitud nueva para seguir respondiendo a Dios de una forma paciente y generosa. Es con estas experiencias, queridos Padrinos y Madrinas, como sus ahijados vivimos la Misión que el Señor nos ha encargado, sabiendo que su mano y su creación nos acompañan, al igual que el apoyo que ustedes nos brindan. ¡Dios los bendiga!
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Misioneros de Guadalupe te invita al
v Encuentro misionero del 19 al 21 de agosto de 2011 en el Seminario Menor de Misiones Extranjeras, en Guadalajara, Jalisco. Si eres un joven varón y cursas secundaria, preparatoria o licenciatura, pide mayores informes y acude con nosotros. cov Guadalajara Tel.: (01 33) 3601 0815 Correo electrónico: vocgdlmg@hotmail.com Sitio web: http://cov-guadalajara.blogspot.com Facebook: Cov Guadalajara
Necesitamos tu oración y tu testimonio para que muchos niños y jóvenes conozcan a Jesús y comprueben que seguirlo en el camino misionero vale la pena.
Para quienes confirmen su asistencia y vengan de otros estados habrá transporte de la terminal de autobuses al seminario.
Perú celebra el Inti Raymi, fiesta al dios Sol Los orígenes de Perú se remontan, principalmente, a las civilizaciones inca, moche y nazca. Los incas tuvieron una de las culturas antiguas más sobresalientes, construyeron grandes ciudades de piedra, como Machu Picchu, que significa cerro viejo. Una de sus celebraciones más importantes era el Inti Raymi, en honor a Inti, dios inca del sol, considerado un ser celestial del cual descendían todos los gobernantes, y se realizaba cada solsticio de invierno, cuando ocurren el día más corto y la noche más larga del año; era un hecho de fundamental importancia, ya que se consideraba como punto de partida para un nuevo año. En la actualidad, cada 24 de junio, se realiza una representación teatral de la antigua celebración de los incas en honor del sol. La versión contemporánea es llena de color y música, y une a las nuevas generaciones de peruanos cristianos con la magia, el misticismo y la tradición de sus antepasados incas.
San Martín de Porres, el santo de la caridad San Martín de Porres fue un sacerdote peruano de la Orden de los Dominicos, quien sufrió discriminación por ser mulato. Fue un joven de carácter sensible, bondadoso y compasivo, que buscó siempre ayudar a todos los que sufrían de alguna enfermedad, de pobreza o abandono. Practicó las obras de misericordia durante toda su vida, por lo que es llamado en Perú y en todo el mundo “San Martín de la caridad”. San Martín de Porres vivió los valores misioneros: humildad, consideraba a todos superiores a él, dedicó su vida a atender a los enfermos y los necesitados; integridad, fundó el Asilo de Santa Cruz y escuelas para atender vagabundos, gente pobre, niños y niñas; compañerismo, con bondad, fue muy generoso con los más necesitados; sabiduría, no sólo ayudó a las personas pobres a tener comida, además de cuidarlos les enseñó una profesión; oración, sintió en su corazón el amor por Jesucristo y la Virgen María; con alegría rezaba el Rosario.
¡Te invitamos a vivir estos valores, como lo hizo san Martín de Porres!
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Tengamos actitudes de paz San Martín de Porres fue un santo que en su juventud aprendió a mirar a todos los hombres como hermanos; fue ejemplo de bondad y de generosidad. Te invitamos a construir la paz en tu corazón y en tu comunidad. Es importante tener gestos de paz, expresiones de amor, perdón y consuelo hacia los demás. Resuelve el siguiente crucigrama con los datos de las páginas anteriores. 1. Ciudad inca más importante. 2. ¿Cuál es el nombre del dios inca del sol? 3. San Martín de la… 4. A san Martín se le discriminó por ser… 5. Nombre del asilo que fundó san Martín. 6. ¿A qué orden pertenecía san Martín? 7. ¿Cómo se llamaban los antepasados de los peruanos? 8. Hay que tener gestos de…
Encuentra juegos y actividades misioneras en nuestro sitio web: www.clubdeninosmisioneros.org.mx 23
Becas misioneras El trabajo de la evangelización entre los no cristianos no ha terminado y continúa realizándose en muchos lugares. Los misioneros ancianos necesitan que los jóvenes apoyen y prosigan su labor de proclamar la Buena Nueva. Ustedes pueden apoyar a quienes han decidido consagrar su vida a la Misión ad gentes, al fundar una beca con la cual un seminarista completará su formación sacerdotal.
Beca completa Media beca Ayuda anual Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100
$12 000.00 $6 000.00 $1 000.00 Correo electrónico: padrinos@mg.org.mx
“Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15)
¡Ayudemos a la evangelización del mundo!
Oración por Japón1 Dios de profunda misericordia, tú siempre estás con nosotros en todo momento, tanto en las alegrías como en los sufrimientos no te alejas de tus hijos. Te pedimos por todas las personas que están sufriendo a causa de este gran desastre; por favor, sostenlas y ayúdalas. Nosotros también continuaremos ofreciendo nuestros sacrificios y nuestras oraciones por ellos. Que el día en que puedan volver a tener una vida tranquila llegue lo más pronto posible. También te pedimos por todas las personas que han fallecido en esta desgracia, que junto a ti tengan la paz y el descanso eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor. María, madre nuestra, ruega por nosotros. Amén.
Oración de Mons. Leo Jun Ikenaga, Arzobispo de Osaka, con ocasión del desastre en Japón. Traducción del japonés al español elaborada por el P. Ignacio Martínez B., mg. 1
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Padre Miguel Ángel Hernández Ruiz Misionero de Guadalupe en Angola
Nació en Guadalajara, Jal., e ingresó al Seminario de Misiones en 1984. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de julio de 1991. Fue enviado a la Misión de Angola, donde colaboró en el Seminario Mayor de Luanda y en la parroquia de Catete. En 2003 fue nombrado asesor del Seminario Mayor de Misiones en la ciudad de México. Estudió una maestría en Psicoterapia Psicoanalítica y ahora regresa a Angola para compartir la Buena Nueva y colaborar en la formación de agentes de evangelización. El Padre Miguel Ángel ha comentado que nacer y crecer en un ambiente cristiano lo llevó a seguir los pasos de Jesús; una decisión que desea reafirmar día a día. Tú también puedes colaborar en la Misión de la Iglesia. ¡Responde al llamado de tu vocación!
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