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Revista Almas Septiembre

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S E P T I E M B R E 2018

AĂąo LXIX, NĂşm. 825 | Ejemplar gratuito


Papa Francisco

Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad [...] Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida [...] Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy. Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.


Intenciones P. Ignacio Flores G., mg

Universal: Los jóvenes del África. Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países.

Es importante resaltar que dentro de la dura realidad de África también existen señales positivas y alentadoras para muchos de nuestros hermanos de aquel continente, expresadas en la buena voluntad y los proyectos que realizan varios hombres y mujeres del mundo entero: misioneros católicos, ong internacionales, voluntarios autónomos e incluso miembros de otras religiones y sectas. Los jóvenes son quienes, en un primer momento, se ven beneficiados con el apoyo de diferentes instituciones extranjeras, gracias a las cuales surgen nuevas propuestas para que recobren y expresen su dignidad como hijos de Dios, con el acceso a más y mejores fuentes de educación y de trabajo. En este mes se nos invita a reconocer y mantener nuestro apoyo espiritual a estos jóvenes que cada día se comprometen a promover su propio desarrollo humano y su crecimiento en la fe hacia el Dios de la vida.


Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXVIII • Núm. 825 • Septiembre 2018

Portada El P. Ignacio de la Garza Evia U., mg, con personal del Hospital Carlos Borromeo, en Suncheon, Corea.

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Papa Francisco Intenciones Editorial Página del lector María, estrella de la evangelización Beber del mismo pozo El fruto de la oración Pastoral vocacional Sólo para niños

DIRECTORIO Director: Sergio Augusto Martínez Sánchez Codirector: Juan José Ramírez Escarza* Diseño editorial: Enrique Ascencio Salgado* Ilustración: Ana Patricia García Sagrero Enlace administrativo: Antonia Hidalgo López* Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Edición web

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Sitio web: www.revistaalmas.com.mx www.mg.org.mx f/misionerosdeguadalupe t@misionerosmg Línea Misionera: 01 800 00 58 100 Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, cdmx; editor responsable: P. José Alberto Contreras Téllez, mg. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, cdmx. Certificado de Licitud de Título y Contenido Núm. 16831. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, cp 16010, cdmx. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío xii aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.


Editorial

La Misión hoy, entre los enfermos de Corea

P. Ignacio de la Garza Evia Ugarte, mg

Misionero en Corea

La Iglesia, desde los primeros tiempos, ha procurado dar consuelo y ayuda a los enfermos en hospicios, hospitales y centros de salud. De esta forma, busca seguir el ejemplo de Cristo y manifestar el amor del Padre. En la Misión de Corea también hacemos este apostolado y hay sacerdotes y religiosas en hospitales católicos y no católicos. Llegué al Hospital de san Carlos hace tres años para atender la capellanía, pero los Misioneros de Guadalupe hemos estado aquí desde su fundación hace 50 años, ayudados, primero, por religiosas alemanas y, después, por Madres de la Caridad coreanas. Aquí muchos enfermos encuentran a Dios y otros, el camino al cielo. Un ejemplo es la señora Ana, de 81 años de edad, quien ingresó al hospital el 18 de enero con problemas pulmonares graves y recibió el Sacramento de la Unción de los enfermos el día 20. Su esposo, Pedro, me había solicitado que pidiéramos por ella, para que no sufriera y se realizara la voluntad de Dios, si lo que deseaba era llamarla a su Reino eterno. Yo conocía a esa familia desde 1994, cuando atendía la Parroquia de Megokdong. Pedro y Ana fueron muy buenos colaboradores en la comunidad y como premio Dios les concedió asistir a la ordenación sacerdotal de su nieto Gabriel el día 10 de enero, así como asistir con buena salud a su primera Misa, celebrada el día 11. El domingo 21, viendo la gravedad de Ana, invité a la familia reunida a rezar por su buena muerte. Comenzamos a orar y al ir finalizando el rezo ella entregó, con gran paz, su alma al Señor. Dios escuchó la plegaria de Pedro. En esta pastoral, las Hermanas religiosas y un servidor estamos para facilitar el encuentro con Dios, que siempre nos espera con los brazos abiertos, para darnos desde ahora la felicidad y la paz. Este encuentro alegre con la divinidad se facilita también a los niños, ya que en el hospital tenemos un jardín de niños, para que las mamás enfermeras puedan desarrollar su trabajo con tranquilidad. De esta forma, los hijos de los trabajadores del hospital van descubriendo a Dios, aunque no se les enseña directamente el Catecismo. Este es otro trabajo que los Misioneros de Guadalupe realizamos hoy en tierras de Misión, gracias a la colaboración del Pueblo de México.


Queridos Misioneros de Guadalupe: Quiero darle gracias a Dios por la oportunidad de conocerlos. Espero que nuestro Padre llene de bendiciones a ustedes y a sus familias, y que siempre los guíe en los lugares adonde llevan el Evangelio. Creo que hace mucha falta compartir la Buena Nueva donde no la conocen, y sé que ustedes dejan a sus familias y amistades para llevar la Palabra de Dios a otros lugares, dentro y fuera del país. ¡Qué bueno que puedan hacerlo! Dios se los recompensará. Yo los encomiendo a Él y a nuestra Madre Santísima de Guadalupe, para que los cubra con su manto. Me da mucho gusto leer la revista de Almas y enterarme de lo que hacen en los lugares a donde ustedes van, aunque algunos sean muy lejanos. Sé que no van solos, pues siempre los acompañan Dios y nuestras oraciones. Yo cada año los acompaño en el Día del Padrino; es un regalo que el Señor nos da y yo lo disfruto gustosamente, porque puedo conversar con otros Padrinos y Madrinas de Guadalajara, Puebla, Cuernavaca, Toluca y varios lugares más, pero todos unidos con el único propósito de seguir a Dios y estar a su servicio. Por último quiero compartirles brevemente una vivencia. Desde el 14 de julio del año pasado estuve internada por diversos problemas de salud, pero gracias a Dios pude salir adelante. Los doctores se sorprendieron porque, según me dijeron, en casos como el mío mucha gente no consigue salvarse. Agradezco las oraciones que ustedes hacen por mí y por todos sus Padrinos y Madrinas. Espero que Dios los lleve con bien adonde quiera que vayan, los colme de bendiciones y los proteja de todo mal. Los quiero mucho. Inés Estimados lectores: Los invitamos a compartir brevemente con nosotros sus experiencias de fe derivadas de la ayuda que brindan a las Misiones. Pueden escribir a cualquiera de las direcciones que aparecen en la contraportada de nuestra revista o al correo electrónico: lectores@revistaalmas.com.mx.


AYUDE A LOS JÓVENES SEMINARISTAS

Beca completa $12 000.00

Media beca $6 000.00

Beca parcial $1 000.00

Día con día el Señor sigue llamando a más jóvenes a que den testimonio de su fe en países no cristianos, pero algunos aspirantes al sacerdocio misionero no tienen los medios económicos para iniciar y continuar su formación. Los Misioneros de Guadalupe invitamos al pueblo católico de México a apoyar las vocaciones mediante el apadrinamiento de uno de los alumnos del Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras.

¡Grac ias po r c ompro met erse c o n las M isiones!

Puede depositar una beca en la siguiente cuenta bancaria: Banamex

Misioneros de Guadalupe AR Sucursal 870 Cuenta: 5474-9 Referencia: 22222222-92 CLABE: 002180087000547491

Para hacernos llegar su ficha de depósito o transferencia electrónica, o para pedir informes sobre otros medios para dar su donativo, por favor comuníquese a: Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100 Correo electrónico: padrinosmg@gmail.com


María, estrella de la evangelización P. Gerardo Guajardo Núñez, mg Padrinos y MaQueridos drinas, en esta ocasión les

a saludarlas, no tanto para rezar, sino porque sabía que después me obsequiarían algún panecillo recién horneado, con una taza de chocolate calientito y espumado.

comparto mi experiencia de fe a través de la devoción al santo Rosario. Mis tías abuelas Pita y Pepa, quienes fueron personas muy religiosas, devotas a la santísima Virgen María y el rezo diario del Rosario, me transmitieron esta devoción desde que era niño. Un recuerdo de mi infancia es cuando iba

Dios tiene sus caminos y, años más adelante, cuando ya era joven, fueron nuevamente mis tías quienes me acercaron a la Virgen al invitarme a la asamblea de

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oración en mi parroquia, que es un templo mariano: Nuestra Señora de san Juan de los Lagos, en Torreón, Coah. Las fiestas parroquiales las viví con gran fervor, entre cohetes, castillos de pólvora, aromas de lindas flores y cera de velas encendidas para la novena de las peregrinaciones. En la familia y la parroquia es donde se hunden las raíces de mi devoción a la santísima Virgen. Santa María me ha cubierto desde niño con su manto, ha velado mi sueño

y descanso, he vivido tristezas y alegrías, meditando los misterios del santo Rosario. María me llamó a formar parte de un instituto mariano, por eso soy Misionero de Guadalupe; sigo bajo el cuidado maternal de nuestra Señora del cielo, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Fiel a mi devoción mariana, cuando me encontraba proclamando el Evangelio con los hermanos de Mozambique, también compartí esa parte importante de mi experiencia de fe. A imagen y semejanza de los apóstoles en Pentecostés, María estaba presente en la pastoral parroquial en África. Los programas de evangelización incluían enseñar la devoción mariana a través del rezo del santo Rosario. Algunas personas de la Legión de María eran las encargadas de explicar a las comunidades cada uno de los misterios. Fe y devoción era lo que transmitían las mamás legionarias, quienes al son de los tambores entonaban cantos mientras el incienso envolvía el lugar con un misticismo insólito; todo parecía llenarse de vida primaveral, aunque estuviéramos en el incandescente verano, que agrietaba la tierra y la llenaba de sed. 7


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La visita de la santísima Virgen a las comunidades abría un espacio festivo que inundaba de alegría y esperanza los corazones de la gente desfallecida por el hambre y la enfermedad. Los rostros desencajados por el duro trabajo del campo encontraban descanso en cada Ave María. Los pies cansados de recorrer caminos polvorientos hallaban un oasis debajo del árbol donde nos reuníamos para rezar el santo Rosario. Ahí estaba la imagen de nuestra Señora de Guadalupe, atada a dos ramas, haciéndose presente en una nueva cultura, para asumir otros rasgos y solidarizarse con un pueblo que hace cuarenta años se liberó del dominio de la colonia y que comienza a caminar de manera independiente, en medio de incertidumbre política, pero con la esperanza de un futuro más próspero para todos. Esa esperanza se fortalecía al meditar en la poderosa intercesión de María y comprometía a unos con otros a kufunana o kudanana (amarse reciprocamente), tidanane tisimabane (amémonos fuerte).

Señora de Guadalupe, Estrella de la evangelización, no para imponer una devoción, sino para transmitir el espíritu misericordioso del Dios que se aproxima a la gente sencilla a través de María de Guadalupe. Los fieles cristianos fueron adquiriendo, poco a poco, la conciencia de que no era la Virgen de los mexicanos, sino la que se hace uno con el pueblo al que llega para incorporarse a su historia, transmitiendo fortaleza para construir juntos un lugar mejor. En la visita a las comunidades me acompañaban dos madres de familia que pertenecían a la Legión de María y eran las responsables de enseñar a rezar el santo Rosario y explicar cada uno de los misterios. La experiencia de algo nuevo llenaba de asombro religioso a las comunidades, donde, a la par de transmitir el primer anuncio del Evangelio, se presentaba a María, la Madre morena que intercede por las necesidades de sus hijos. Con ternura se rezaba cada cuenta y era como si se tocara lo sagrado y se pasara de dedo en dedo, contemplando un misterio que no se comprende, aunque se siente la presencia divina.

Impulsado por el espíritu misionero empuñaba en mis manos el estandarte de nuestra 8


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Aprovecho para agradecer a mi amada comunidad parroquial de san Juan de los Lagos el apoyo que me brindó cada vez que venía de vacaciones a México. La catequista Marcela y el equipo de liturgia organizaban la recolección de cientos de rosarios y algunas imágenes de nuestra Señora de Guadalupe para promover el amor y la devoción a María santísima en Mozambique.

Padrinos y Madrinas, les agradezco por seguir colaborando a través de la revista Almas, pues gracias a su cooperación nosotros podemos dar continuidad al mandato misionero de ir a los más alejados para llevarles la Buena Nueva de salvación. Reciban un abrazo lleno de bendiciones de parte de su ahijado, P. Gerardo Guajardo, que ahora presta servicio en animación misionera en México.

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Beber del mismo pozo P. Rodolfo Loza Hernández, mg

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rabajar en la formación de los Misioneros Laicos Asociados a Misioneros de Guadalupe (mla) me ha permitido entablar diálogos con algunos hermanos y hermanas de vida consagrada encargados de los laicos que colaboran con ellos y viven su mismo carisma. Así mismo, al leer el libro de José María Arnaiz: Vida y misión compartidas. Laicos y religiosos hoy1, me llamó la atención que hable de “beber del mismo pozo”, para indicar que un carisma es compartido tanto por el religioso como por los laicos.

Cuando estuve en mi etapa de formación en el Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras hacíamos una oración por nuestros bienhechores: “Dígnate a retribuir, Señor, con la vida eterna, a todos aquellos que por amor a tu nombre nos hacen el bien”. Y cada fin de semana acudíamos a parroquias de la Ciudad de México o de otras ciudades, y en la celebración de la Eucaristía lanzábamos la invitación a participar de la Misión, ya fuera con la oración, con la ayuda económica, con sacrificios, etcétera.

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Al ayudar en el proceso de formación de los candidatos a misioneros laicos (Premla), por medio de los documentos del Magisterio de Iglesia sobre la Misión y los laicos, ha sido muy importante partir de la definición que nos dio el Concilio Vaticano ii, en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, al referirse al laico: “Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde” (núm. 31). A su vez, el decreto Ad Gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, dice: “Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo” (núm. 5), y más adelante: “Puesto que toda la

Iglesia es misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental del Pueblo de Dios, el Santo Concilio invita a todos a una profunda renovación interior a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusión del Evangelio, acepten su cometido en la obra misional entre los gentiles” (núm. 35). En el caminar histórico de losMisioneros de Guadalupe son muchas las personas que han colaborado con nosotros con sus oraciones y su ayuda económica; los hemos llamado bienhechores y, últimamente, Padrinos o Madrinas. Creo que ellos no son sólo colaboradores para que vivamos nuestro carisma misionero, sino que, más que nada, comparten ese mismo carisma, y así deberíamos de verlos. Esto nos compromete a ayudarles a tomar conciencia de que viven con nosotros la Misión que nuestro Señor, Jesucristo, antes de retornar al Padre, nos encomendó: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda creatura” (Mc 16, 15).

Arnaiz, José María, Vida y misión compartidas. Laicos y religiosos hoy. PPC, 2ª. edición. Madrid, 2014. 1

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El fruto de la oración P. Juan José Cortés Casillas, mg

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o recuerdo muy bien. Fue un Domingo de Resurrección del Señor, cuando me encontraba prestando mis servicios evangelizadores en la Parroquia del Buen Pastor, en la Misión de Kenia. Muy temprano por la mañana me preparé para realizar mi recorrido por diferentes comunidades de la parroquia. Ese domingo salí a celebrar la Resurrección del Señor entre mis hermanos y hermanas maasai de la zona

de Namelok, distante a unos 70 km, entre la sabana africana, en las faldas del gran monte Kilimanjaro. Mi programa era celebrar la Eucaristía a las 8, 10, 12 y 16 h, en diferentes comunidades pequeñas, para luego regresar a la sede parroquial, donde me estarían esperando mi compañero sacerdote, unas hermanas religiosas y un grupo de seminaristas mg para festejar en comunidad la cena pascual de la Resurrección.

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El día transcurría conforme lo planeado, pasaba por las comunidades para llevar la Buena Nueva de Jesús y en cada una de ellas el festejo de la Pascua fue motivo de regocijo, alegría y convivio, y toda la gente se disponía a participar activamente en la celebración, con cantos, bailes litúrgicos, procesiones. Por supuesto, cada feligrés vestía sus mejores galas, ya que era el Día del Señor, la celebración de la Pascua Florida de la Resurrección. Para la cuarta celebración, a las 4 p. m., en el parque nacional Amboseli, ya me sentía un poco cansado. Iniciamos a la hora programada y, cuando íbamos a la mitad de la celebración, llovió de una manera inusual: una tormenta fuerte y con mucho viento. Pero como estábamos dentro de una capillita estilo africano conseguimos resistir. Al finalizar la celebración, pasadas las 5:30 p. m., rápidamente me dispuse a regresar a la casa parroquial, ya que la distancia era larga, el camino era malo y el sol comenzaba a ocultarse. Después de unos pocos metros recorridos tomé conciencia de la magnitud de la tormenta: comencé a ver ramas de árboles caídas que bloqueaban parcialmente los

San José María de Yermo y Parres Festividad: 19 de septiembre

San José María de Yermo y Parres nació en Malinalco, Edo. de México, el 10 de noviembre de 1851. Descubrió su vocación al sacerdocio muy joven y a los 16 años ingresó en la Congregación de la Misión, en la Ciudad de México, y luego se incorporó al seminario de la Diócesis de León, donde fue ordenado el 24 de agosto de 1879. Durante su ministerio mostró gran celo apostólico, fue un gran orador y promovió la catequesis entre los jóvenes. Un día, mientras se dirigía a un templo que le fue confiado, vio a unos puercos devorando a dos niños recién nacidos. Estremecido por la escena, proyectó la fundación de una casa de acogida para abandonados y necesitados, y el 13 de diciembre 1885 inauguró


el Asilo del Sagrado Corazón y la comunidad de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres. Ese fue el inicio de una vida de sacrificio por los demás, en la cual fundó escuelas, hospitales, casas para ancianos, orfanatos, y más obras de caridad. Poco antes de su muerte, llevó a las Siervas a la difícil Misión entre los tarahumaras. Murió el 20 de septiembre de 1904, en la ciudad de Puebla de los Ángeles. Fue beatificado el 6 de mayo 1990 y santificado el 21 de mayo de 2000 por Juan Pablo ii. Oración a san José María de Yermo y Parres Dios, Padre todopoderoso, rico en misericordia, que encendiste en el corazón de san José María de Yermo y Parres, presbítero y fundador, un amor ardiente en favor de los pobres y desamparados, concédenos que, a ejemplo suyo, descubramos en cada hermano el rostro de Cristo, tu Hijo, y llenos de caridad evangélica nos pongamos al servicio de nuestros hermanos. Por nuestro Señor, Jesucristo. Amén.

caminos e inundaciones por doquier, y a unos cientos de metros de distancia vi que había muchos vehículos de turistas que bloqueaban por completo el camino. Rápidamente me imaginé que algún árbol caído estaría bloqueando el paso, pero al acercarme vi con sorpresa una manada de leones (doce en número) a la vera del camino, y dos de ellos entre los carros; por su parte, los turistas trataban de tomar la mejor fotografía para inmortalizar el momento. La causa de ese suceso fue la tormenta, ya que la sabana africana se inundó completamente y los leones salieron hacia el camino en busca de espacios altos donde escapar del agua, puesto que los leones se distinguen por evitar bañarse a toda costa. Como pude, me abrí paso entre tanto vehículo de curiosos turistas para seguir mi camino de regreso a casa y celebrar así, con mi comunidad, la cena de Pascua. Después de algunos kilómetros recorridos, en medio de agua y lodazales, llegué a un riachuelo que, dada la crecida de la corriente, había cortado el único camino existente. Calculé mis posibilidades de cruzar la crecida de agua con la ya des-


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gastada camioneta pick-up 4x4 que conducía, pero al no tener otra alternativa me puse en las manos de Dios: tomé distancia, aceleré bastante y “a-volar-paloma”... logré pasar exitosamente el riachuelo y proseguí mi camino. Luego de muchas más peripecias en el trayecto, llegué a otra zona de la sabana donde la tierra se tornó negra y la camioneta comenzó a tener más dificultades para avanzar, hasta que por fin, dado lo resbaloso del suelo, salí del camino y ya no pude avanzar; el vehículo se atascó a 12 km de distancia de mi destino y para ese momento ya había oscurecido. Revisé mi teléfono celular para ver si tenía energía y señal satelital, pero de ambas cosas tenía muy poco. Logré comunicarme con mi compañero para avisarle de la situación y para que no me esperaran esa noche, ni a cenar ni a dormir, ya que aún estaba lloviendo y era prácticamente imposible avanzar en medio de la nada, sólo rodeado de monte, animales salvajes, agua y lodo. Mi compañero se mostró solidario, al punto de salir inmediatamente en otro vehículo a mi rescate. Le advertí de lo difícil que se había tornado el camino para los vehículos, pero aun así dejó atrás la

comodidad de la casa y salió a mi auxilio. Después de algunas horas de espera logré ver las luces de su camioneta ir hacia mí, lo cual me alegró y recobré la esperanza de solucionar mi problema. Pero algo no andaba bien: después de unos minutos ya no veía que se moviera, y en ese momento entró la última llamada telefónica de aquella noche, en la cual mi compañero me comunicaba que ya no podía avanzar más, que dejara ahí la camioneta y empezara a caminar hacia él; la distancia entre ambos vehículos era de dos o tres kilómetros. Comencé a caminar entre el fango y con la mochila del altar portátil a mis espaldas. No traía lámpara y, para colmo, estaba usando huaraches de correa que se me salían de los pies a causa del agua y el lodo. La inundación en algunos lugares me llegaba hasta la rodilla, sin tomar en cuenta un vado que crucé, el cual hacía represa para acaparar agua para los animales salvajes, donde el nivel del agua me llegó arriba de la cintura. Sin embargo, Dios nunca me abandonó, ya que era la noche de la Pascua Florida, lo cual significa que había luna llena y, junto con los numerosos relámpagos, alumbra-

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ba el sendero de forma que era posible ver las siluetas y el brillo de los ojos de los animales o las no pocas culebras del desierto que habían sido perturbadas por el abundante agua. ¡Qué noche aquella! Cuando la recuerdo aún siento en mi cuerpo lo que tuve que pasar. Al cabo de caminar no pocos minutos, por fin llegué a donde estaba la camioneta de mi compañero, únicamente para darme cuenta de que sólo se había quedado un seminarista para decirme que se había pinchado una llanta y la camioneta estaba atascada en el lodo. Lo único que nos quedaba era caminar hasta la Misión, a 10 km de distancia. Sin pensarlo mucho y con la compañía de aquel seminarista seguí caminando y orando a Dios para que nos protegiera de los peligros de aquella sabana. Conforme avanzábamos por la noche lluviosa y fangosa, mis fuerzas iban mermando y no lograba quitarme de la mente la figura de los doce leones que unos kilómetros atrás había visto a la vera del camino, buscando, al igual que yo, refugio de aquella tempestad.

La noche seguía su curso, la lluvia continuaba bendiciendo las tierras semidesérticas de esa parte de África y nosotros seguíamos adelante, paso a paso, con los huaraches en las manos y la mochila, que a cada minuto se sentía más pesada, en la espalda. Recuerdo que al principio de mi caminata tenía un poco de miedo, cada vez que escuchaba algún ruido de los animales salvajes volteaba con sorpresa, pero conforme el cansancio se hacía presente y las fuerzas corporales y espirituales iban mermando ya no me importaba el peligro de la sabana, inclusive me vi tentado a ya no avanzar y quedarme debajo de un árbol hasta la mañana siguiente, ya que no veía en aquella obscuridad ninguna señal de auxilio, ni luces, ni oía ladrar los perros: no veía nada esperanzador. Mi estado anímico había decaído, pero sabía que más adelante estaba mi comunidad, esperándome para compartir la cena pascual. Seguí junto con el seminarista hasta que por fin, pasada ya la media noche, llegamos a la Misión. Le di gracias a Dios porque no nos abandonó durante aquel largo y arduo camino, porque nos protegió de los peligros y porque en los

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momentos de desánimo nos dio la energía necesaria para seguir adelante. Sin embargo, pensándolo bien, creo que lo que realmente nos ayudó fueron los frutos de tantas y tantas oraciones que los Padrinos y Madrinas de los Misioneros de Guadalupe elevan a Dios diariamente. Fueron ustedes, queridos bienhechores, quienes nos protegieron con sus oraciones aquella noche obscura; fueron ustedes y no yo los que

movieron la misericordia de Dios para que me cuidara de los múltiples peligros. Al llegar a la Misión, prontamente me bañé con los chorros de agua que caían de los techos de la casa, los cuales eran una señal tangible de bendición para todos nosotros. Y me preparé para celebrar, junto con mi comunidad, la cena de la Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo.

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Pastoral vocacional

Sin dudarlo... P. Ignacio Flores García, mg

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ue un viernes de febrero de este año. El P. Daniel Segura y un servidor nos arrodillamos en la Capilla del Santísimo Sacramento, en la Basílica de Nuestra Madre de Guadalupe, para iniciar ese día con nuestro servicio de confesión a los peregrinos que visitaban el recinto. Por las condiciones de oración, esta capilla es muy tranquila y el silencio predomina significativamente. Arrodillados, pedimos la fortaleza del Espíritu Santo y la sabiduría para hacer todo en su nombre, cuando de pronto llamaron mi atención, casi al terminar mi plegaria, tres niños de unos siete, seis y cinco años de edad, quienes caminaban lentamente sin dar la espalda al Santísimo. Eran

muy sencillos y respetuosos, vestían huarachitos de cuero y ropa muy humilde. Para quienes no conocen esta capilla o de momento no la recuerdan, les comento que para llegar a las bancas, donde hay también reclinatorios, se tiene que descender por unas escaleras, mismas que hay que subir de regresó hacia la puerta de entrada. Pues bien, estos tres pequeños caminaban de espaldas lentamente y el primero de ellos, el más grande, subió las primeras escaleras sin voltear y muy calculador de los escalones. El segundo hermanito, más distraído, se cayó graciosamente en el primer escalón. Por no venir tan a prisa, el sentón có-

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P laastoral noicacovocacional v larotsaP mico hizo que su hermano, a la edad de la travesura y la risa, se carcajeara de él. El más pequeño entonces volteó y de igual modo se unió a la risa del momento. De lejos, yo también les acompañaba con una risa discreta. La capilla pronto se llenó de sus risas. El que había caído también comenzó a reír de sí mismo y entonces los tres cambiaron la atmósfera del lugar. La mayoría de las personas fueron distraídas, pero sólo por muy poco tiempo, pues el papá de los niños, un hombre humilde y al parecer muy respetado por sus hijos, los calló de forma terminante. Mientras ellos se dirigían a la puerta, los niños aún con sonrisas en el rostro y el papá con un poco de pena, el P. Daniel y yo nos levantamos para proseguir a la sacristía a revestirnos con el alba e ir luego a los confesionarios. Por estar cerca de la puerta, casi salimos al mismo tiempo con ellos. Una vez afuera los tres niños seguían con risas. De pronto, le dije al papá: “¿A quién me vas a regalar?”. El padre, apenas asimilando mis palabras, me veía pensativo y desconfiado. Al mismo tiempo yo hacía la pregunta a los tres niños: “¿Quién

de ustedes quiere irse conmigo al seminario?”, y al momento los tres levantaron sus manos, diciendo: “¡Yo!”. Me volví al papá y le dije: “No te asustes, soy el P. Ignacio y no los quiero para mí, sino para nuestro Señor, para que se hagan misioneros. Yo soy un Padre misionero”. Mientras explicaba esto llegó la madre de los pequeños, un tanto más extrañada por lo que sucedía. Eran provenientes del estado de Guerrero y hablaban náhuatl; entre palabras sólo reconocí la frase del señor, que mencionaba “Tata” y “seminario”, dando connotación a mi figura de sacerdote. Los niños hablaban también náhuatl y no entendían muy bien el español. Esto lo supe porque al preguntarles sus nombres no me respondían. Le pedí al papá que les pidiera decirme cómo se llamaban, y entre risas me dijeron sus nombres. Uno de ellos, el autor de las risas por la caída, dijo: “Nacio”. En efecto, reconocí que se llamaba Ignacio, como yo. Entonces le pedí a la mamá que les preguntara quién de ellos se quería ir al seminario y ser sacerdote. Ella ya sentía confianza y lo hizo, y entre la mirada

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Pastoral vocacional atenta de los niños sólo una mano volvió a levantarse nuevamente sin dudarlo: ¡era “Nacio”!, quien confirmó en su pequeña edad querer ir al seminario y ser sacerdote. Quizá es muy pequeño, pero en esa segunda vez que pregunté, sin dudarlo, sintió atracción por la invitación. Pasé mi mano por sus cabellos rebeldes y le comenté: “Falta poco para que crezcas, ¡y allá te espero!”. Le di la bendición a toda la familia y nos despedimos con una sonrisa. Mientras me alejaba con el P. Daniel, volví la vista de vez en cuando para mirar a esa bonita familia que aquella mañana había ido a visitar a nuestra Virgencita desde tierras lejanas.

Mientras seguíamos caminando le comenté al P. Daniel, sin dudarlo: “Seguramente en un futuro volveremos a ver a “Nacio”, a lo que él asintió. Estimados bienhechores, esta anécdota la comparto pues sabemos que hay que motivar a nuestros jóvenes y niños a que opten, con toda libertad y gusto, por la vida religiosa y sacerdotal misionera. Hay que motivar a sus hijos e hijas a seguir a Dios en el servicio a los demás. Quizá alguno de ellos también levante su mano sin dudarlo. ¡Que Dios los bendiga y reditúe al ciento uno por ciento todo ese apoyo que nos ofrecen a quienes ya levantamos la mano y ahora trabajamos en la mies del Señor!

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SAN JUAN CRISÓSTOMO San Juan Crisóstomo (Antioquía, 349 – Comana, 407) fue un obispo de Constantinopla reconocido por sus discursos, con los que acercaba a la gente hacia la fe. Un ejemplo es la siguiente anécdota, con la que hablaba de la experiencia de Dios: Hubo una vez un perro que olió a una liebre, por lo que empezó a rastrearla y, al verla, se lanzó con rapidez a capturarla. Por su parte, la liebre se puso en camino y apresuró su huida. Pero el perro, pensando en lo deliciosa que era su presa, no pretendía quedarse atrás. En ese momento, una jauría de perros percibió la carrera de su colega y sin dudarlo se unió a él. La liebre observó que entonces ya era todo un grupo el que la perseguía y aumentó la velocidad de su fuga, además de procurar pasar por los lugares de más difícil acceso para sus enemigos.


Poco después una segunda jauría se unió a la primera. La liebre, al ver el aumento de colas de perros, adquirió más fuerzas, lo mismo que el primer perro. Sin embargo, después de un rato de persecución, la primera jauría se detuvo a descansar. Al ver eso, la segunda jauría se unió a ellos. Al final la liebre sólo continuó siendo perseguida por el primer perro. ¿Por qué ocurrió eso? Porque únicamente el primer perro había visto y olido a la liebre. Los demás perros corrían por pura atracción. Así son los creyentes que no han olido a Dios: no han experimentado la experiencia de Él y lo siguen de memoria. San Juan Crisóstomo contribuyó con sus palabras a enriquecer la doctrina cristiana. Por eso es considerado doctor de la Iglesia y patrono de los predicadores.


Actividad Encuentra los pares.


¡Tú puedes salvar

muchas almas!

El Centro de Orientación Vocacional (cov) de los Misioneros de Guadalupe invita a todos los jóvenes católicos de México que sientan interés por el sacerdocio misionero a participar en las actividades que se realizan en diversas partes de nuestro país.

¡Anímense y pidan informes! ¡Vengan y decidan consagrar sus vidas en algo que durará hasta la eternidad!

cov Centro

Tel. (01 55) 5573 3000 Correo electrónico: vocacionesmg@hotmail.com

cov Occidente

Tel. (01 33) 3601 0815 Correo electrónico: vocgdlmg@hotmail.com

cov Norte

Tel. (01 81) 8358 2101 Correo electrónico: covmty@hotmail.com

cov Sureste

Tel. (01 999) 290 8741 Correo electrónico: covregionsureste@hotmail.com

Línea Misionera (sin costo): 01 800 83 15 350


“El cuidado de la creación es parte de nuestra Misión”

Lo invitamos a celebrar, con toda su familia, nuestra gran fiesta de fe y reconciliación: el Día del Padrino 2o18. Este año daremos gracias a Dios y a la Santísima Virgen de Guadalupe por los 3o años de presencia misionera en Brasil y por el LXIX aniversario del Instituto. ¡Los esperamos!

Monterrey Ciudad de México Guadalajara

Sábado 6 de octubre Domingo 7 de octubre Domingo 2 de diciembre


El P. Jorge Cruz Ávila nació en León, Gto., en 1953, e ingresó al Seminario de Misiones en 1967. Estudió Filosofía y Teología en la Universidad Iberoamericana. El 12 de julio de 1980 recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Anselmo Zarza Bernal, Obispo de León, en el Templo de san Judas. Fue uno de los primeros Misioneros de Guadalupe que recibieron nombramiento para iniciar el trabajo de evangelización del Instituto en la Misión de Angola, donde colaboró de 1980 a 1988. Después continuó sus estudios en Roma y al concluirlos fue nombrado para trabajar en la formación de los alumnos del Seminario de Misiones. De 1998 a 2016 proclamó el Evangelio en la Misión de Cuba, hasta que fue nombrado Vicario de la Parroquia de santa Martha, en Los Ángeles, Cal., eua., donde desde hace unos meses se desempeña como Superior de la comunidad mg. La vocación del P. Jorge nació desde que era niño y se fortaleció gracias a la lectura de la revista Almas y su interés por compartir el Evangelio con nuestros hermanos de África. Tú también puedes llevar esperanza a quienes más lo necesitan. ¡Responde al llamado de tu vocación!

Puede realizar donativos en la siguiente cuenta: Banamex | Sucursal 870, Cuenta 54749, Referencia 12345678-68, CLABE 002180087000547491. Si desea ser Padrino y recibir esta publicación, póngase en contacto con nosotros a la Línea Misionera para proporcionarle mayor información. Oficinas de atención a bienhechores Ciudad de México Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, cdmx. Tel.: (01 55) 5655 2691 padrinosmg@gmail.com

Guadalajara Madero 837, esq. Escorza, Centro, sj, cp 44100, Guadalajara, Jal. Tel.:(01 33) 3825 2315

Monterrey Habana 105, Col. Altavista, cp 64840, Monterrey , nl. Tel.:(01 81) 8358 2101

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