D I C I E M B R E 2018
Año LXIX, Núm. 828 | Ejemplar gratuito
Papa Francisco
Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (núms. 141-143) 19 de marzo de 2018
La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros [...] La comunidad está llamada a crear ese “espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado” [S. Juan Pablo ii, Vita consecrata, núm. 42]. Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera. Esto da lugar también a verdaderas experiencias místicas vividas en comunidad, como fue el caso de san Benito y santa Escolástica [...] Pero estas experiencias no son lo más frecuente, ni lo más importante. La vida comunitaria, sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos. Esto ocurría en la comunidad santa que formaron Jesús, María y José, donde se reflejó de manera paradigmática la belleza de la comunión trinitaria.
Intenciones P. Ignacio Flores G., mg
Por la
Evangelización: Al servicio de la transmisión de fe. Para que las personas dedicadas al servicio de la transmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura.
La transmisión de la fe atañe a todos los cristianos e implica centrar la atención en los no cristianos y en la gente cuya fe se ha enfriado. Existe una mayor atención hacia niños y jóvenes, pues en nuestros tiempos pueden ser engañados por ideologías y doctrinas falsas, las cuales pretenden confundirlos y alejarlos del conocimiento de Dios. Por ello, la transmisión de la fe pone de relieve el papel de la familia, ya que ahí se adquieren las primeras experiencias de encuentro con el Señor, quien con su Muerte y Resurrección hizo presente a Dios en el mundo. Para el Papa compartir la fe es una tarea urgente, porque nuestra sociedad está expuesta a sectas y religiones que no buscan el diálogo interreligioso, científico y ecuménico, sino generar confusión y opacar la luz de la verdad y la fe. Oremos en este último mes del año para que todos los cristianos nos comprometamos en la gran tarea de transmitir el encuentro con Cristo a través del diálogo y en cualquier contexto cultural donde nos encontremos.
Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXIX • Núm. 828 • Diciembre 2018
Portada Padres Tiburcio M. Lara F., mg, José G. Camarillo M, mg, y Lucas Cheong G., ma, con jóvenes de la Parroquia Sagrada Familia, en la Misión de Perú.
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Papa Francisco Intenciones Editorial Página del lector Agradecimientos Pastoral vocacional Monaguillos misioneros Muchos los invitados, pocos los elegidos El don de la fe Sólo para niños
DIRECTORIO Director: Sergio Augusto Martínez Sánchez Codirector: Juan José Ramírez Escarza* Diseño editorial: Enrique Ascencio Salgado* Ilustración: Ana Patricia García Sagrero Enlace administrativo: Antonia Hidalgo López* Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Edición web
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Sitio web: www.revistaalmas.com.mx www.mg.org.mx f/misionerosdeguadalupe t@misionerosmg Línea Misionera: 01 800 00 58 100 Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, cdmx; editor responsable: P. José Alberto Contreras Téllez, mg. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, cdmx. Certificado de Licitud de Título y Contenido Núm. 16831. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, cp 16010, cdmx. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío xii aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.
Editorial
La Misión hoy
P. Marco Antonio Navarro Loreto, mg
Misionero en Los Ángeles
Proclamar la Palabra de Dios en la sociedad actual no es fácil, pues los objetivos que se proponen para lograr el éxito en el mundo no se corresponden con los valores del Evangelio. Esta disparidad entre la motivación de nuestras actividades y la forma de vida evangélica hace que las enseñanzas de Jesús queden relegadas a un segundo plano. El Evangelio nos dice: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4, 8), y es precisamente el amor el gran ausente en la sociedad de nuestros días. Son pocos quienes se atreven a hablar de amor en estos tiempos, en una sociedad que está cada vez más materializada y enajenada, a pesar de que se puede identificar una búsqueda sincera de Dios en algunos sectores de la población. Más que nunca, hoy en día se han evidenciado las diferencias entre las personas y se han exacerbado los sentimientos egoístas, escudados en el bien personal y no el de la sociedad entera. Es en este contexto en donde me ha tocado predicar la Palabra de Dios. En el lugar donde me encuentro, así como en muchos otros sitios donde nuestros sacerdotes comparten las enseñanzas de Jesús, puedo ser catalogado por mi color de piel, el idioma que hablo, mi nacionalidad y, por supuesto, mi religión. Y ser discriminado por estas mismas razones no es fácil, pero se puede transformar en una oportunidad para reflexionar más acerca del amor de Dios. Dios, que nos ama profundamente, nos llama a amar como él, sin distinciones, sin reservas, sin esperar nada a cambio... La Sagrada Escritura nos dice: “El amor todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (1Cor 13, 7). Por eso, el reto más grande que tenemos en la Misión hoy es justamente amar y ser testigos del amor de Dios en un mundo en donde pocos se interesan en amar, pero en el cual se necesita desesperadamente que el amor vuelva a ser el centro de toda la existencia.
Estimados Padres Misioneros de Guadalupe, los saludo afectuosamente, esperando en Dios que se encuentren muy bien. Quiero compartirles acerca de mis papás: Juan José I. y Socorro H., casados desde hace 65 años, con 5 hijas, 11 nietos y 6 bisnietos. Mi papá nació en la época de la persecución cristera y fue bautizado en una casa a escondidas. Tanto él como mi mamá son un ejemplo de vitalidad, de alegría, de entusiasmo y, sobre todo, de mucha fe. Cada una de mis hermanas y yo hemos padecido situaciones muy difíciles de todo tipo, con nuestros hijos, con nuestros nietos, y nuestros padres siempre han estado para apoyarnos y transmitirnos una fe tan enorme que para todas resulta ejemplar. Mi papá acaba de cumplir 90 años, y mi madre, 82. Van a Misa y rezan el Rosario a diario, y en cada una de sus oraciones, día y noche, agradecen a Dios por la vida. Han sido bienhechores de ustedes desde hace aproximadamente 20 años, procurando brindar un apoyo adicional al seminario, además de ayudar también a otros miembros de la familia cristiana y a los Padres combonianos. Es increíble que con la pensión de mi padre les alcance para este apoyo y para dar a las personas que día tras día llegan a su casa a pedir una caridad; ¡desfila un sinfín de gente y siempre apoyan!. Esa caridad es lo que en particular les he aprendido: dan sin esperar nada a cambio. Y, sin embargo, también he visto que las demás personas los quieren mucho y hay mucha gente, tanto familia como amistades, que les brinda sus oraciones y gratitud de una u otra manera. Les agradezco y mando un cordial saludo. María Eva I. H. Estimados lectores: Los invitamos a compartir brevemente con nosotros sus experiencias de fe derivadas de la ayuda que brindan a las Misiones. Pueden escribir a cualquiera de las direcciones que aparecen en la contraportada de nuestra revista o al correo electrónico: lectores@revistaalmas.com.mx.
AYUDE A LOS JÓVENES SEMINARISTAS
Beca completa $12 000.00
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Día con día el Señor sigue llamando a más jóvenes a que den testimonio de su fe en países no cristianos, pero algunos aspirantes al sacerdocio misionero no tienen los medios económicos para iniciar y continuar su formación. Los Misioneros de Guadalupe invitamos al pueblo católico de México a apoyar las vocaciones mediante el apadrinamiento de uno de los alumnos del Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras.
¡Gracias por comprometers e con l as Mision es !
Puede depositar una beca en la siguiente cuenta bancaria: Banamex
Misioneros de Guadalupe AR Sucursal 870 Cuenta: 5474-9 Referencia: 22222222-92 CLABE: 002180087000547491
Para hacernos llegar su ficha de depósito o transferencia electrónica, o para pedir informes sobre otros medios para dar su donativo, por favor comuníquese a: Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100 Correo electrónico: padrinosmg@gmail.com
Agradecimientos P. Juan José Cortés Casillas, mg
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empeño en la promoción y formación de agentes de evangelización en el mundo entero.
stimados Padrinos y Madrinas, es por ustedes sabido que nuestro Instituto –conocido hoy día como Misioneros de Guadalupe– tuvo su origen en el Seminario de Misiones Extranjeras, el cual fue fundado el 7 de octubre de 1949 por la honorable Conferencia del Episcopado Mexicano (cem) y la Unión Misional del Clero (umc), con el objetivo de animar y promover misioneramente a las Iglesias locales de nuestro querido México, así como para la promoción, formación, envío y sostenimiento de sacerdotes en beneficio de la evangelización de los no cristianos, poniendo especial
Por ello, los invito a unirse en oración de agradecimiento por el año jubilar que iniciamos el pasado 7 de octubre con motivo de los primeros setenta años de nuestra labor misionera. Por tal motivo es importante abrir el baúl del tiempo, sacar aquellas cosas valiosas del pasado y, junto con los nuevos elementos que hemos adquirido a lo largo de estas siete décadas, renovar nuestro amado Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras. De esa manera estaremos en posibili-
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y rectorías de nuestra vasta Iglesia mexicana, para el sostenimiento de la obra misionera de este Instituto mexicano. Desde la diócesis de La Paz, pasando por Nogales, Ciudad Juárez, Matamoros, etc., hasta llegar a Mérida, Cancún-Chetumal y Tapachula, todas las Iglesias locales del territorio nacional, forman parte de la encomienda que los Misioneros de Guadalupe hemos recibido por parte de la Unión Misional del Clero –hoy conocida como Obras Misionales Pontificio Episcopales (ompe)– y la honorable Conferencia del Episcopado Mexicano (cem).
dades de continuar llevando a cabo la Misión evangelizadora que nos fue encomendada, en un mundo que hoy es diferente al de hace setenta años. Debemos recordar que, aunque el Evangelio sigue siendo el mismo, el contexto socio-eclesial ha cambiado. Ahora bien, además de la acción de gracias, los invito a reflexionar sobre otra tarea de nuestro Instituto, en la cual todos nuestros queridos colaboradores (coordinadores, promotores, Padrinos y Madrinas) representan un apoyo fundamental; me refiero a las muy necesarias colectas o promociones misioneras que se nos encomendó realizar en cada una de las diócesis, santuarios, parroquias
Quiero agradecer, en nombre de Misioneros de Guadalupe, a cada uno de los cardenales,
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Por nuestra parte, los Misioneros de Guadalupe que hemos sido llamados por Dios, nuestro Señor, para consagrarnos totalmente a la Misión inter gentes1 nos sentimos afortunados de tener la oportunidad de interactuar personalmente con pastores y grey de cada una de las Iglesias locales de México. Todas las ocasiones en que somos enviados a realizar una colecta o promoción de nuestra sencilla pero apreciada revista Almas, lo tomamos como una oportunidad que Dios nos brinda para compartir la vocación y la fe con niños, jóvenes, adultos y clero de nuestro país, lo cual nos enriquece infinitamente dada la variedad de expresiones religioso-culturales y de testimonio de fe en cada uno de los rincones de nuestro país. Sin duda alguna, esas oportunidades de convivencia religiosa nos ayudan a fortalecer nuestro propio ministerio y a seguir adelante con esta tarea que hemos recibido de nuestra propia Iglesia: ser la conciencia misionera inter gentes de la Iglesia mexicana.
arzobispos y obispos de las diferentes diócesis por su generosa apertura para la realización de colectas o promociones misioneras en sus distintas sedes. También quiero agradecer a cada uno de los sacerdotes encargados de las diferentes comunidades parroquiales por su generosa comprensión y por su apoyo en la realización de esas actividades. De una manera especial, expreso mi gratitud a los coordinadores y Promotores Misioneros de nuestro Instituto a lo largo y ancho del territorio nacional, por ser nuestros pies, manos, boca, oídos y ojos en la organización, preparación y realización de cada una de las colectas o promociones. Por supuesto, mi más sincero agradecimiento también va dirigido para ustedes, Padrinos y Madrinas, por abrirnos las puertas de sus casas y compartir su hogar, su cariño y sus alimentos con los seminaristas y sacerdotes mg cada vez que solicitamos alojamiento para la realización de estas tareas. A todos ustedes, nuestros hermanos cristianos católicos, por abrir su corazón en apoyo de los hermanos y hermanas más desfavorecidos del mundo entero, de verdad, muchas gracias.
Ser llamados por Dios, nuestro Señor, para, como Misioneros
1 Misión inter gentes: Misión entre la gente, ya sea entre la que profesa la fe cristiana como entre la que todavía no ha sido cristianizada.
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que la Misión inter gentes de la Iglesia siga adelante en el establecimiento del Reino de Dios.
de Guadalupe, ser promotores, en nuestra propia Iglesia, de esa Misión inter gentes que recibimos los bautizados en el Espíritu Santo (cfr. Jn 20, 21) es algo que nos proporciona mucha alegría, porque somos los promotores de una labor que nos lleva a romper con nuestro propio yo e ir al encuentro del otro; se trata de una Misión que nos invita a salir más allá de nuestra familia, parroquia, pueblo o país. Llevar a cabo ese trabajo es un honor para cada uno de nosotros, y ese honor de ser misioneros de Cristo ante el mundo queremos compartirlo con cada uno de ustedes, ya que todos, desde nuestra propia realidad, ministerio y capacidad, contribuimos para
Yo, como Director General de Desarrollo del Instituto, tengo plena confianza en las palabras de Jesús y les recuerdo lo siguiente: “El que recibe a uno de ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la recompensa que corresponde a un justo. Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo” (Mt 10, 40-42).
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Pastoral vocacional
A nuestra Madre del Cielo P. Ignacio Flores García, mg
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urante este mes, en muchas partes de Latinoamérica, y especialmente en México, se celebra la fiesta de nuestra Madre del Cielo, en la advocación de la Virgen de Guadalupe. En varios negocios, empresas y ermitas de nuestras colonias, incluso en los altares de nuestros hogares, una imagen venerada de la Morenita del Tepeyac nos hace recordar la importancia de estar cerca del Señor y de ella misma.
el señor Erick, un hábil cantante y músico de una comunidad de Tabasco que visité durante una actividad de animación misionera. Él, tomando su guitarra, no sólo colaboraba con un pequeño coro de jóvenes que se había formado durante los días de la animación, sino que también entonaba por cuenta propia el famoso canto La Virgen ranchera.
Como uno de sus hijos, sacerdote y misionero, es para mí un gusto dar mi vida al servicio de su Hijo en otras partes del mundo, y al mismo tiempo ofrecerle mi confianza y total consagración al llevar su nombre en el mío como Misionero de Guadalupe; con el carisma de nuestro Instituto sirvo en los lugares a donde su Hijo me envía y con felicidad en el corazón comparto su mensaje salvífico, sabiendo además que ella siempre me acompaña.
Escucharlo fue sin duda un gusto muy especial, pues, si bien la música es ya de por sí un arte, el sentimiento con el que este feligrés entonaba permitía que el canto se adornara con profunda inspiración. Le pedí a este hermano que me permitiera grabarlo para, algún día, compartir con ustedes el particular momento de su encuentro con nuestra Madre y la forma en que él la venera. Don Erick accedió inmediatamente y, tomando su guitarra, comenzó a cantarle a nuestra Virgencita mexicana.
Me alegra saber, gracias a esta tarea, que muchas otras personas también la veneran y la aman, le platican sus penas, oran con ella y le cantan. Un ejemplo es
Pues bien queridos bienhechores, en este último mes del año y con la atmósfera de las fiestas a nuestra Madre de Guadalupe, no sólo quise com-
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P laastoral noicacovocacional v larotsaP partirles mi experiencia de relación con ella, sino también la que ha tenido ese cantante, similar a la que muchos de ustedes pueden tener. Les invito a que, en su momento de oración, recuerden ofrecer esos regalos, tan simples y grandes a la vez, que ella espera de cada uno de sus hijos: desde un poema, una palabra amorosa, un gesto de perdón al prójimo, una mirada sencilla pero contemplativa a su imagen, el rezo del Rosario (ya sea en familia o de manera personal); todos estos son grandes gestos con los cuales le mostramos nuestro amor, veneración y total confianza.
Los invito a ver el pequeño video en donde observarán el canto de don Erick y la participación de los jóvenes en la Misión de Cristo. Ojalá que al mirarlos otros jóvenes se sientan atraídos por el servicio, el amor y la vocación que nuestra Madre del Cielo también recibió de Dios: ser la Madre de nuestro Señor y de cada uno de nosotros. Pueden ver el video en el siguiente enlace: http://revistaalmas. com.mx/MadredelCielo Espero que Dios los bendiga, queridos bienhechores, y que nuestra Madre de Guadalupe los cubra con su manto.
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Monaguillos misioneros P. José Guadalupe Camarillo Martínez, mg
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n la Asamblea de Pastoral del año pasado, Mons. Gaeteno Galbusera Fumagalli, sdb, Vicario Apostólico de Pucallpa, solicitó que los Misioneros de Guadalupe que trabajamos en la Misión de Perú le ayudáramos a atender algunas comunidades, sobre todo del área rural, que no tienen la atención de un sacerdote. La Parroquia Virgen del Carmen, que es atendida por nosotros, asumió el área de Yarina, la cual comprende 11 comunidades rurales. Hasta la fecha, en lo que hemos llamado Misión de Yarina,
hemos realizado actividades misioneras, preparamos a los fieles para que reciban los sacramentos (estos son administrados el día de la fiesta patronal) y los sábados celebramos la Misa dominical en tres comunidades cercanas a la ciudad de Pucallpa: San Pablo de Tushmo, San José y San Lázaro. Para atender a la Misión de Yarina, debido a que se trata de comunidades muy lejanas, también colaboran las otras dos parroquias atendidas por los Misioneros de Guadalupe: Sagrada Familia y San Fran-
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cisco Javier. Por ello, las labores alrededor de Yarina se han convertido en una tarea evangelizadora de las tres parroquias que están a nuestro cargo dentro del Vicariato Apostólico de Pucallpa, por lo que se han constituido como parroquias misioneras. Las 11 comunidades que comprende la Misión de Yarina tenían dos años sin ser atendidas por un sacerdote, pero, gracias a los encargados de las comunidades, los fieles seguían reuniéndose para celebrar la Palabra de Dios. En la comunidad de San Pablo de Tushmo, que es la más cercana a la ciudad y anteriormente fungía como sede parroquial, como comenté anteriormente, se logró celebrar la Misa dominical cada sábado por la tarde y conformar un grupo de monaguillos integrado por Taissy, Xiomy, Pamela, Judith, Mariana, Norman, Keller y Óscar, coordinados por las gemelas Lisbeth y Elizabeth. Se trata de adolescentes muy entusiastas, con deseos de prepararse y servir a la Iglesia, quienes se reúnen todos los domingos para prepararse y sirven en el altar durante la Misa de cada sábado. 13
San Francisco Javier Festividad: 3 de diciembre
Nació el 7 de abril de 1506 en Navarra, España. Desde joven quiso consagrarse a la vida religiosa, por lo que asistió a la universidad en París. Ahí conoció a Ignacio de Loyola y el 15 de agosto de 1534, junto con él y cinco compañeros más, hizo el voto de practicar la vida apostólica en la pobreza y la castidad, donde el Papa le ordenara. Fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1537 en Venecia. Una vez que se consiguió la aprobación canónica de la Compañía de Jesús, Francisco Javier fue asignado para desempeñar su apostolado en la India. Después de trabajar varios meses en Mozambique, en 1542 llegó a Goa (India) y se dedicó a la educación de jóvenes y esclavos, al cuidado de leprosos
y a la administración de los sacramentos. Se cuenta que, en la costa sur-oriental de la India, entre noviembre y diciembre de 1544, bautizó a más de 10 mil personas. Posteriormente viajó y trabajó en diversos lugares, siendo Japón el principal, pues constituyó una comunidad de más de mil cristianos. Convencido de que la evangelización de China aseguraría al cristianismo una base de expansión segura, llegó a Sancián en 1552. Sin embargo, enfermó y murió el 3 de diciembre de 1552. En 1554 su cuerpo incorrupto fue trasladado a Goa, donde se le venera desde entonces. Fue canonizado en 1622 por Gregorio xv, y proclamado patrono de las Misiones por san Pío x. Oración colecta para la memoria de san Francisco Javier Dios nuestro, que por medio de la predicación de san Francisco Javier quisiste iluminar con tu Evangelio a los pueblos de Oriente, concédenos a todos los cristianos un gran entusiasmo por darte a conocer, a fin de que tu Iglesia pueda llevar a todos los hombres tu mensaje de salvación. Por nuestro Señor, Jesucristo. Amén.
Una de las comunidades tiene como patrona a Santa Rosa de Lima, por lo que hace unas semanas, aparte de celebrarse la Misa en honor a su patrona, se iba a administrar el Sacramento del Bautismo. Parte en broma y parte en serio, les dije a los monaguillos: “Voy a celebrar la Misa de la comunidad de Santa Rosa de Yarina, ¿no quieren acompañarme?”. Y rápido me respondieron que sí, pero les advertí:“La Misa es en la mañana, por lo que tendría que pasar por ustedes muy temprano”. Me respondieron: “No importa, Padre, nosotros lo acompañamos”. Yo no creía que fueran a acompañarme, debido a lo temprano que era la celebración. Por eso, aquel día, mientras me dirigía a la comunidad donde celebraría, pensé: “San Pablo de Tushmo me queda de camino, no voy a perder tiempo si entro... Como quiera, voy a pasar a ver si están”. Era muy temprano y no se veía gente en el pueblo. Conforme me acercaba a la Capilla, tampoco veía rastro de ellos. Sin embargo, de repente, los jóvenes salieron del fondo del patio de la capilla, gritando: “¡Padre, vámonos a la Misa!”.
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Abordaron la camioneta rápidamente y ya en el camino les dije: “¡Pensé que no iban a acompañarme!”. Por lo que uno de ellos me respondió: “Estuvimos hablando entre nosotros y queremos ser misioneros como usted. Si nos invita, lo acompañamos a todas las Misas en las comunidades: queremos que otros chicos como nosotros también sirvan a Dios y a la Iglesia”.
que les falte mucha preparación litúrgica, pero su alegría compensa esas limitaciones.
Me dio mucho gusto lo que dijeron y más adelante me emocionó sobre todo ser testigo de la alegría con la que, a su manera, sirviendo en el altar, querían transmitir la fe en Dios a las demás personas. Puede ser
En la Iglesia hacen falta personas que quieran servir a Dios con alegría y entusiasmo, que lleven la alegría del Evangelio a los demás, ¡como estos monaguillos misioneros que encontramos en la Misión de Perú!
A partir de entonces me han acompañado a las Misas en las comunidades, siempre que sus responsabilidades en el colegio se los permiten. En esas ocasiones, aprovecho para ponerlos como ejemplo de compromiso para la gente, en particular para los jóvenes.
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Muchos los invitados, pocos los elegidos P. Ezequiel Reyes Alejandro, mg Padrinos y MadriQueridos nas, les envío afectuosos saludos desde el Seminario Menor de Misioneros de Guadalupe, el cual se encuentra ubicado en la ciudad de Tlaquepaque, Jal. En esta ocasión quiero compartirles unos breves pensamientos acerca del trabajo con los jóvenes seminaristas que estudian aquí, pues día a día comparto mi vida con ellos para la construcción del Reino de Dios. Antes que nada, quiero aclarar que el Seminario Menor, en el nivel educativo, no es otra cosa que realizar los estudios de preparatoria, aunque en el ambiente de Iglesia le llamemos de otra manera. Nuestros seminaristas, pues, tienen clases normales, como los jóvenes que estudian en cualquier otra preparatoria, en un Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (cbtis), en el Colegio de Bachilleres, etc. Y se trata de un ambiente de escuela muy normal, con un horario que seguir, pero sin excluir momentos espontáneos, y con una educación en la fe que busca el desarrollo de sus vocaciones.
Nuestros alumnos son jóvenes como cualquier otro de los que ustedes conocen, pero tienen una característica relevante: manifiestan la inquietud del llamado sacerdotal misionero. El rango de edad de todos ellos es de 15 a 18 años. Como ustedes saben, son adolescentes, pero esa característica juvenil la pongo siempre en manos de Dios para saber guiarlos conforme a su voluntad. Es una edad magnífica: sueñan, planean, organizan y en ocasiones se rebelan, pero es de reconocer que son nobles, aman con todo el corazón y defienden ideales que muchas veces como adultos ya no queremos seguir. Estos jóvenes son un medio para servir a la Iglesia de Jesucristo. La Misión se prolongará hasta que Dios quiera y nuestro Señor vuelva, pero mientras tanto es mi deber educar en la fe y con el ejemplo a estos “pollos”, como les llamo, con el debido respeto. Desconozco el motivo por el que Dios me dio su custodia, pero sé que la obediencia debe ser la principal característica del discípulo de Jesús y estar aquí es parte del ejercicio de esa obediencia.
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Es una alegría servir a las Misiones de este lado de la cancha, pues, aunque no estoy físicamente en una Misión en el extranjero, sé que mi servicio contribuye al objetivo de Misioneros de Guadalupe: evangelizar a los que no creen en Cristo. Podría sonar contradictorio porque no estoy en algún otro país de nuestro continente, ni en Asia o África, pero mi servicio es apenas una semilla que a su debido tiempo dará fruto. Todo está relacionado, todo tiene un sentido. Cada día me convenzo más de que lo que uno hace por las Misiones, esté donde esté, contribuye al bien de la Evangelización, que es el principal mandato de Jesús. Entre los jóvenes alumnos del Seminario Menor mg, aquellos que quieran seguir su proyecto de ser sacerdotes serán los elegidos, porque más que ser
un grupo privilegiado, los que Jesús elige son los jóvenes valientes que perseveran hasta el final. Esos son los elegidos y no un grupo selecto, como muchas veces interpretamos. Por eso les invito a ustedes, Padrinos y Madrinas, a orar por las vocaciones, ya que en estos tiempos son pocos los muchachos que, habiendo escuchado el llamado, deciden seguir a Jesús. ¡Pidamos juntos que Dios nos dé pastores santos según su corazón! Reitero, como siempre, mis deseos de bendición para todos ustedes. Que el Señor los acompañe y en cada momento de sus existencias los acompañe su fuerza, que a todos nos ayuda a amar esta vida hasta el momento en que Él nos llame. ¡Que la paz de Cristo Resucitado habite en sus corazones con todo su esplendor!.
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El don de la fe P. Victoriano Hernández Mata, mg
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abían pasado apenas dos meses de mi llegada a Colorado Springs, Col., eua, con el fin de aprender inglés, cuando el capellán del Hospital San Francisco salió de vacaciones y me dejó como responsable de la pastoral con los enfermos. Lo único que entendía cuando me llamaban para atender a algún paciente era: “Father Victor, Father Victor” (Padre Víctor, Padre Víctor). De todo lo demás no entendía una sola palabra, tenía que preguntar a dónde debía que ir y qué era lo que se ofrecía. Esto era para mí el reto de casi todos los días con sus noches, especialmente en la sala de urgencias.
tre todos los trabajadores. Un día fue a ver mi cuarto y me dijo: “¡Antes no se ha muerto, Padre! ¡Así es imposible soportar el invierno”. Posteriormente hizo algunas composturas y a partir de entonces pude dormir bien y mi estancia en ese lugar fue diferente. Una noche, quizás alrededor de las 10, una enfermera me llamó para decirme: “Padre, una niña de 12 años acaba de fallecer y su padre está inconsolable, necesita que alguien esté con él en estos momentos de dolor”. Me vestí rápidamente con traje clerical y fui al quirófano. Ahí encontré a un pa-
Comencé a buscar una manera para calentar mi cuerpo y poder dormir, pues me hospedaron en un cuarto sin calefacción en lo que era el hospital viejo –mismo que se utilizaba como bodega y que no contaba con más inquilinos que su servidor– y a la par las nevadas arreciaban y cada día era más frío el ambiente. Por ello, pedí ayuda al jefe de mantenimiento en general, un buen hombre del estado de Chihuahua, que además era el único que hablaba español en18
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dre joven, con el cadáver de su hija en brazos y gritando con todas fuerzas, maldiciendo y blasfemando. Decía: “Tú, que eres Dios todopoderoso, ¿por qué te llevas a mi hija?, ¿qué te ha hecho? Te reto: ¡quítame la vida y regrésala a ella!”; con estas y muchas otras palabras expresaba su dolor. Por mi parte, lo saludé y le pedí que me permitiera acompañarlo un momento. Sin moverse nada, me dijo: “¡Sálgase! Quiero estar solo. No quiero ver a nadie”. Insistí en mi petición y en la tercera ocasión me contestó bastante molesto: “¡Le dije que se fuera! O qué, ¿no entiende inglés?”. Me dieron ganas de decirle que no (lo que además era cierto), pero únicamente
invoque a Dios y le dije: “Te lo encargo, es tu hijo también”. Volví a mi cuarto para dormir, con un cierto sabor a fracaso y tristeza al mismo tiempo. Calculo que habrían pasado a lo sumo unas dos horas cuando me llamaron de nuevo. Rápidamente volví a cambiarme y fui al otro quirófano. Saludé a una pareja de esposos que esperaban noticias de su hijo, que luchaba entre la vida y la muerte. Como pude, hice un espacio para mí donde se encontraban atendiendo al joven, le di la absolución y le administré la Unción de los enfermos bajo condición. Era un muchacho entre 18 y 20 años de edad, quien acababa de tener un accidente en su moto.
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Acto seguido salí a platicar con los jóvenes papás. Ellos se dieron cuenta de mi acento y de la dificultad con la que me daba a entender en inglés, por lo que me dijeron: “Usted no es de aquí, ¿verdad, Padre? ¿De dónde es?”. Les respondí que de México y continuaron: “¡Ah, bueno! ¿Entonces para qué hablamos en Inglés? Nosotros somos de Nuevo México y nuestra lengua materna es el español... Hablemos, pues, en la lengua de los ángeles”. Habían transcurrido unos 15 minutos como máximo cuando uno de los doctores salió del quirófano con la mirada clavada en el suelo. Levantó los ojos y vio a los padres del joven sin decir palabra. Entonces, el joven papá lo interpeló y le dijo: “Nos quiere decir
que nuestro hijo ya murió, ¿verdad?”. Asintiendo con la cabeza, les comentó todos los pormenores. El papá le dijo: “No se preocupe, doctor, la vida no depende de ustedes, ni de nosotros. El Señor nos lo dio y el Señor se lo llevó. Bendito sea su santo nombre por siempre”. Luego le dio un beso a su esposa en la frente y seguimos platicando como si nada hubiera pasado. Al finalizar me dieron las gracias, me despedí de ellos con un abrazo y regresé a mi cama. Sentía una gran alegría por ellos y por todos a los que Dios nos ha dado le fe de un Cielo nuevo y una Tierra nueva. Entonces comprendí la diferencia entre tener fe y no tenerla. ¡Gracias, Padre, por este gran don de la fe!
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El arbolito de Navidad El nacimiento del Niño Dios es uno de los acontecimientos más importantes de nuestra fe. Nuestro año litúrgico inicia con la preparación para conmemorar esa fecha, lo cual está lleno de tradiciones y costumbres, como el arbolito de Navidad. En Alemania antiguamente se creía que el mundo, las estrellas, la luna y el sol se sostenían de las ramas de un árbol, al cual se le rendía culto cada año durante el solsticio de invierno, para simbolizar la renovación de la vida. Sin embargo, san Bonifacio derribó un árbol donde se realizaba la celebración pagana y en su lugar sembró un pino, como símbolo del inmenso amor de Dios; después lo adornó con manzanas, que representaban los pecados del hombre, y velas, para representar la luz de Cristo. Al paso del tiempo los símbolos y costumbres han cambiado y ahora llevamos a cabo todo un proceso para colocar nuestro arbolito de Navidad: desde comprarlo en alguna tienda o cortarlo en lugares específicos, hasta adquirir los adornos y colocarlo en nuestra casa, por lo regular en familia, con un ambiente de amor, esperanza y fraternidad.
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Pero ¿sabemos qué significan los objetos que adornan nuestro arbolito de Navidad? Cada uno tiene un significado importante. Dependiendo de su color. las esferas representan las oraciones que solicitamos: las azules son de arrepentimiento, las plateadas, de agradecimiento, las doradas, de alabanza, y las rojas representan las peticiones que hicimos durante el año. Por su parte, las luces significan la luz de Cristo. Las cintas y los moños representan la unión familiar, no sólo en lazos de sangre sino la fraternidad con el mundo entero. La estrella que colocamos en la punta del árbol simboliza la guía que tuvieron los tres reyes magos para llegar a Belén, misma que ahora conduce nuestra vida por el camino del bien. Los angelitos son los mensajeros que llevan nuestras peticiones al Cielo. Y los regalos representan los obsequios que le dejamos al Niño Jesús. Sin embargo, debemos recordar que no importa el tamaño ni el material de nuestro árbol. Incluso si no podemos colocar uno no hay que afligirnos. Lo que es importante para el Niño Dios es que tengamos su nacimiento presente y que lo recibamos con los brazos abiertos, llenos de amor.
Actividad Amiguito, en esta Navidad, haz un arbolito para adornar tu casa. Instrucciones: A) Dobla una hoja cuadrada de 20x20 cm uninendo las esquinas de cada lado; voltéala y dóblala por mitades (1). B) Une A y B con C (2) y forma un rombo (3). C) Lleva la esquina derecha al centro de la figura y presiona la esquina hacia abajo (4). Repite esto con todas las caras hasta obtener la silueta del árbol y recorta como se muestra (5). D)Traza 5 líneas y corta sin llegar al centro (6). Dobla las esquinas hacia adentro (7) y repite hasta formar el pino (8). 20 cm D
A
B
C
20 cm
1
2
3 A
B
C
4
6
5
7
8
Estimados lectores: Terminamos un año más en que nuestros sacerdotes Misioneros de Guadalupe han compartido su vocación y las actividades de su sacerdocio en las páginas de la revista Almas. El trabajo de llevar el Evangelio a los que no lo conocen, tanto en México como en Misiones, lo podemos realizar gracias a su generosidad y al entusiasmo con el que muchos de ustedes participan de nuestras actividades. Deseamos que la paz y la luz de la esperanza en esta Navidad iluminen los corazones y los hogares de cada uno de ustedes durante el año próximo a iniciar. ¡Muchas felicidades!
El P. Rafael Mejía Tadeo, mg, nació en 1985, en Tuxpan, Jal. Ingresó al Seminario Menor de Misiones en 2001. Estudió Filosofía y el primer año de Teología en la Universidad Intercontinental. En 2008 obtuvo los ministerios de Lectorado y Acolitado, y en 2013 fue enviado a concluir su formación en Japón. Fue ordenado diácono en Tokio y prestó servicio en el Curso de Espiritualidad y Pastoral (Cespa) y en la Parroquia de san Nicolás de Tolentino, en Ixmiquilpan, Hgo. Fue ordenado sacerdote el 4 de agosto de 2018 por Mons. Marcelino Hernández Rodríguez, Obispo de Colima. Ha sido nombrado para proclamar la Buena Nueva en la Misión de Japón. La vocación del P. Rafael nació de niño, cuando acompañó a su abuela a una Misa y le impresionó la celebración del sacerdote: “Sentí un impulso en mi corazón que me llevó a expresarle a mi abuela que yo quería ser sacerdote. Desde entonces nadie cambio mi forma de pensar”. Tú también puedes proclamar el Evangelio. ¡Responde al llamado de tu vocación!
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