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Almas, abril 2014

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Publicación de Misioneros de Guadalupe

Abril 2014 /

Año LXV • Núm. 772 • Ejemplar gratuito


Papa Francisco

La confortadora alegría de evangelizar

La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad : “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás” (Documento de Aparecida, núm. 360). Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal. Francisco Exhortación apostólica Evangelii Gaudium (núm. 10)


Intenciones P. Ignacio Flores García, MG

Universal: La ecología. Para que los gobernantes promuevan el cuidado de la creación y la justa distribución de los bienes y los recursos naturales. Es importante recordar que cada ser humano tiene la importante labor de salvaguardar la creación que Dios nos ha destinado. En el relato del Génesis se dice que la creación está hecha para el bienestar y servicio del hombre. Además hay un mandato muy claro, pues se señala que el hombre ha sido elegido para cuidar el orden de la creación y no para abusar de ella hasta terminarla. Nuestros líderes civiles y religiosos deben ser los primeros en promover una ecología sana, perfecta y bella. Sin embargo, el cuidado de la creación no solamente le corresponde a ellos, sino a todo ser humano que vive y forma parte de este lugar destinado a cumplir el proyecto divino de Dios.

Por la evangelización: La esperanza de los que sufren. Para que el Señor Resucitado llene de esperanza el corazón de quienes sufren por el dolor y la enfermedad. Dicen que la esperanza se encuentra donde menos se le espera, y justo ahí Dios se manifiesta a los hermanos que sufren, en diferentes formas y bajo toda clase de circunstancia, tanto en lo físico como en lo espiritual, para dar a su vida nuevo aliento. San Mateo nos presenta el famoso pasaje de “Las bienaventuranzas” (Mt 5, 1-12), y de esa misma manera hoy en día la evangelización en el mundo anuncia la Buena Nueva de nuestro Señor y nos invita a transmitir la esperanza, especialmente a quienes se consideran olvidados. ¡Que el Señor nos convierta en sus mensajeros y nos permita anunciar en todo el mundo que Él continúa en medio de nosotros!

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Índice

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Semana Santa en Atoyatenco P. Juan Antonio Muñoz Hernández, MG †

Publicación de Misioneros de Guadalupe

Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXV • Núm. 772 • Abril 2014

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“Préstame tu cabecita” P. José Ausencio López López, MG

DIRECTORIO Director: P. José Navarro González,

MG

Codirector: Juan José Ramírez Escarza

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El guardián de Nuestra Señora P. José Monroy Pereyra, MG

Diseño editorial: Ivonne Castro Miranda Ilustración: Daniel Baltazar Sarabia Enlace administrativo: Mariana Valeria Córdova Sosa

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Cuatro ancianas decididas a robar el cielo P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG

Papa Francisco Intenciones Editorial Página del lector Centro de Orientación Vocacional Pastoral Vocacional Vida MG Sólo para niños. Club de Niños MG Bienhechores

Línea Misionera: 01 800 00 58 100

Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Sitio web: www.revistaalmas.com.mx Portada El P. José Roberto Cruz Pérez, MG, durante la celebración de su Cantamisa.

www.mg.org.mx

Almas es editada por Editora Escalante, SA de CV, Córdoba 17, PB, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, CP 06700, México, DF; editor responsable: P. José Alberto Contreras Téllez, MG. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, AR, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, CP 14000, México, DF. Certificado de Licitud de Título Núm. 555 (Época SEP), y Certificado de Licitud de Contenido Núm. 4414. Certificado de Reserva de Derechos al uso exclusivo del Título Núm. 04-1999050317152800-102. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, SA de CV, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, CP 16010, México, DF. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío XII aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.


Editorial

Heraldos de buenas noticias

Este mes nos llenamos de alegría pues celebraremos la Pascua. Después del tiempo de recogimiento y reflexión que debe significar la Cuaresma, llega el momento, en el calendario litúrgico, de recordar los eventos fundamentales de nuestra fe. Desafortunadamente, en el mundo actual y en el país donde vivimos, hay un sinnúmero de circunstancias que alejan a la mayor parte de la gente de la felicidad que significa la Resurrección de Nuestro Señor; basta ver los noticieros para notar que la violencia, los problemas sociales y económicos, la falta de solidez familiar, entre muchos otros, son los contextos a los que nos podemos enfrentar en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, los cristianos debemos recordar que somos portadores de una Buena Nueva, somos heraldos del Evangelio. Ese Evangelio que Jesús nos envió a compartir con todos los seres humanos, para transformarnos en Él, para crear una nueva vida con los valores que nos enseñó y que nos llevarán a superar al mal y a la muerte. La Palabra de Cristo es la luz que ilumina nuestros corazones y los llena de esperanza; gracias a ella nos constatamos cada día como hijos de Dios. Gracias al Evangelio, frente a la violencia, promovemos la paz; frente a los problemas sociales y económicos, la solidaridad; frente al resquebrajamiento de la familia, la fraternidad, y así sucesivamente. Es también gracias a su Palabra que podemos estar seguros de que, de la misma manera en que Jesús venció a la muerte, nosotros, si creemos en Él y seguimos sus enseñanzas, habremos de vencer y realizar la construcción de su Reino de vida. Este mes les ofrecemos dos artículos, uno del P. José Monroy y otro del P. José Ausencio López, donde se muestra la manifestación de la fe en dos niños japoneses. Así mismo, compartimos una experiencia del P. Antonio Mascorro en la Misión de Kenia y uno de los últimos escritos del P. Juan Antonio Muñoz, que de Dios goce, con motivo de la celebración de Semana Santa. Esperamos que estos textos alimenten en nuestros lectores la alegría y la fortaleza del espíritu por la Pascua de Cristo.

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Página del lector Estimados Misioneros de Guadalupe: Les envío un saludo, con todo el corazón, en Cristo Jesús. En domingos pasados un presbítero y dos seminaristas de ustedes visitaron la Parroquia de Santa María de la Asunción y tuve la dicha de recibir el Sacramento de la Reconciliación; ¡con este sacramento uno se siente tan bien que es difícil describirlo! Gracias a Dios he podido ayudar a la Misión con una pequeña cantidad económica cada mes desde hace ya un tiempo. Al pedir por ustedes siento ánimo para seguir luchando, por el hecho de saber que quizá mi humilde oración ha llegado a una persona para que su vocación sea más firme y persevere en sus estudios para el servicio de la Iglesia. Hace mucho tiempo soñé con ser misionero y en mi trabajo como misionero mariano comprendí que el servicio de ser pobre para los pobres es el mejor de los regalos, que bajo la tierna mirada de Nuestra Señora se puede todo. Por ello pido el aumento de las vocaciones misioneras que cuiden, amen y estén siempre con nuestro buen Padre Dios. En la actualidad apoyo a niños y jóvenes de una pequeña casa hogar donde doy clases de ortografía, y tengo un pequeño taller de confeccionar ropa. Espero que mi compañía ayude a esos muchachos para enfrentar el día a día en este mundo que cada vez es más difícil. Con un poco de tiempo para escuchar su corazón, con cariño ante la falta de valores familiares, con el Credo cristiano, trato de ayudar a estos jóvenes que desde temprana edad han estado en diferentes estancias y en muchos casos han perdido su amor por la Iglesia. La esperanza de que un día sean hombres de bien me impulsa a luchar por ellos. En mis posibilidades limitadas, espero que un día tenga la dicha de verlos crecer. Pido que recuerden a estos niños y jóvenes, para que con nuestra oración perseveren valientes ante la vida. ¡Gracias por escucharme por este medio y que Dios los bendiga siempre!

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Página del lector Queridos Padres misioneros: Reciban un cordial saludo de parte de la familia Meneses R. El motivo de nuestra carta es hacerles llegar la lamentable noticia de la pérdida de nuestra querida madre Josefina R. de M., quien partió el 25 de diciembre del 2012 y fue su Madrina, junto con mi papá, desde hace más de 20 años. La motivación que tuvieron para ser sus padrinos inició en el año de 1981, cuando Dios les permitió hacer un viaje a África y, llegando a la cuidad Nairobi, en Kenia, uno de los guías del grupo donde viajaban les dijo que los llevaría a conocer una capilla donde se encontraban los Misioneros de Guadalupe; entonces conocieron la iglesia y se emocionaron mucho al ver la imagen de la Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, que se encontraba en un lugar tan lejano, y también tuvieron la oportunidad de saludar algunos de los Padres que se encontraban ahí, quienes les platicaron de la obra de evangelización tan grande que realizan y de la ayuda humanitaria que brindan, pues es un lugar de extrema pobreza. Regresando de su viaje empezaron a buscar datos del Instituto para desde entonces ayudar con su aportación mes con mes. Tiempo después reunieron dinero con mucha ilusión para ayudar con una beca para la formación de un sacerdote, pues para ellos y nosotros siempre ha sido muy importante colaborar con esta hermosa Misión, y lo seguiremos haciendo.

Familia Meneses R. Abril 2014

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Semana Santa en Atoyatenco

primeras personas que, de entrada, mostraron una gran amabilidad.

P. Juan A. Muñoz Hernández, mg †

De manera póstuma compartimos un escrito del P. Juan Antonio Muñoz, en el cual nos comparte su última experiencia de Semana Santa. El soleado sábado de la última semana de marzo del año 2013, habiéndome dirigido al sur, entré en Atoyatenco, población que pertenece al estado de Puebla. Una semana después sus habitantes habían cambiado mi percepción de aquel extraordinario lugar. Poco después de haber llegado, al pasar por la plaza central, encontré el templo dedicado a san Lucas, evangelista, con dos torres, una magnífica fachada adornada detalladamente en el pórtico y un interior suntuoso. Allí mismo contacté a las

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La familia donde fui recibido supo distinguirse por su delicadeza y afabilidad. El papá era un aluminero experimentado, poco practicante en asuntos religiosos. La mamá era una esposa esforzada y en búsqueda constante por evangelizar y crecer en la vida espiritual. La hija mayor y su esposo también estaban entregados a las causas de la Iglesia, con dos pimpollos que les robaban el alma y cada instante de su vida. La hija menor se dedicaba primordialmente a prácticas profesionales, sin dejar de estar presente en los acontecimientos familiares. Iba yo a celebrar la Semana Santa en San Lucas, así que cada mañana me despedía de mis anfitriones al salir de casa e iba a compartir los alimentos con alguna familia diferente. Al estar tan cercano a estos

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o a aquellos, me hicieron descubrir que forman parte de una comunidad hábil, talentosa y creativa, que cuenta con comerciantes, artistas, empresarios y maestros en su mayoría dedicados a la maquila de ropa: hombres y mujeres costureros especializados en aquello que les permita enfrentar los retos de un mundo globalizado. Además, se siente que los niños y los jóvenes están incorporándose con las herramientas del mundo moderno al desarrollo de nuestro país y de sus propias familias; es una comunidad esforzada y honesta que aborda la lucha diaria y encuentra en la justicia y en la equidad el cumplimiento de sus anhelos y las soluciones a sus problemas. Sin duda, el equipo de responsables de la comunidad cuenta con miembros significativos, desde la pareja de coordinadores,

los encargados de sección o los fiscales, harto generosos en cada una de sus actividades. El Domingo de Ramos estuvo dedicado prácticamente al conocimiento mutuo y geográfico de la población, en un recorrido rápido hasta los barrios más alejados. El lunes santo lo dediqué a la visita a los enfermos, al igual que el martes, aunque todos de lista nueva, fruto del trabajo de los visitadores en días anteriores. El miércoles acudí a escuchar casos particulares de algunos discapacitados que lo habían solicitado. El jueves estuvo dedicado a los niños de la comunidad, sobre todo con una Misa festiva a la que acudieron en compañía de sus papás; por la noche fueron invitados los hermanos de otras Iglesias (evangélicos, cristianos y testigos) a una represen-

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tación de la cena judía. El viernes sirvió para atender casos pendientes y volver sobre aquellos que ameritaban una segunda visita. El sábado transcurrió en calma, mediante reuniones informales y más sociales, después de haber convivido durante aquella semana. Al anochecer, durante la celebración de la solemne vigilia, coronamos nuestra liturgia con el bautizo de siete adolescentes. El Domingo de Pascua cerramos el programa con la Misa del día. El programa pensado para esos días, además de las ceremonias litúrgicas propias de cada jornada, incluyó por iniciativa propia, así como por la tradición ancestral del pueblo: sermón de las siete palabras, viacrucis, rosario del pésame, procesión del silencio y procesión de los varones, quienes recorren las calles del pueblo en la madrugada del Sábado

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Santo, mientras meditan breves pasajes de la Sagrada Escritura. Por tercera ocasión, también fue invitada a participar en las actividades de la Semana Santa la hermana Cristina, de las dominicas de Santo Tomás de Aquino. Su presencia, su servicio y sus aportaciones hicieron que fuera pieza clave en la animación general de la comunidad. La gente del lugar quedó fascinada al sentirla en medio de ellos e intercambiar preocupaciones y esperanzas. Atoyatenco podría parecer estático, pero su gente sigue viva. Por ello, estimados lectores, seguimos agradeciendo el apoyo que nos brindan para promover la evangelización en tierras de Misión, tanto en el extranjero como en nuestra propia patria.

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¡Tú puedes ser misionero! Joven mexicano, ¿has sentido el llamado de Jesús y quieres llevar su mensaje de salvación a las personas que no lo conocen?

Misioneros de Guadalupe te invita a descubrir tu vocación. Participa en las actividades que organiza su Centro de Orientación Vocacional (cov). Comparte experiencias recreativas y formativas con otros jóvenes que también buscan tomar decisiones acertadas que darán sentido a sus propias vidas.

Informes: • COV México Tel. (01 55) 5573 3000 vocacionesmg@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100 • COV Guadalajara Tel. (01 33) 3601 0815 vocgdlmg@hotmail.com

• COV Monterrey Tel. (01 81) 8358 2101 covmty@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 83 15 350 • COV Villahermosa Tel. (01 993) 315 2934 covtabasco@hotmail.com


Pastoral vocacional

El fruto de un sacramento P. Ignacio Flores García, MG Queridos bienhechores, a continuación quiero platicarles una experiencia que me hizo reflexionar sobre la forma en que Dios se da a conocer a todas las personas y, sobre todo, cómo se hace presente cuando más lo necesitamos. La experiencia tuvo lugar en Puebla. Cuando preparábamos las visitas con dos muchachos interesados en conocer la vida misionera, decidimos ir al encuentro de la gente en una comunidad un poco dormida en su fe. Como casi no teníamos conocimiento del lugar y el mayordomo de la capilla no nos acompañaría a reconocer el pueblo, una señora, que con cierta frecuencia se presenta en la iglesia, se ofreció a llevarnos por las calles e indicarnos el territorio pastoral donde haríamos nuestra labor misionera. Los muchachos que me acompañaban iban con curiosidad y prestaban atención a las calles. Aunque después lo haríamos con mayor calma, al caminar por el pueblo decidimos aprovechar el momento y nos detuvimos a visitar algunas familias donde aquella señora nos indicaba. Casi al terminar, ella me comentó: “Padre, hay todavía una persona que 10

me gustaría que visitáramos, por favor, ya estamos sobre el camino”. A pesar de sentirnos un poco cansados y hambrientos, nos dirigimos a donde se nos pidió. Llegamos a una casa y llamamos varias veces, pero nadie abría la puerta. Al fin apareció una señora que nos miró con desconfianza, pero la guía le dijo: “Es el Padre y los muchachos, son unos misioneros. Venimos a saludar a mi madrina. ¿Podemos pasar?”. La señora asintió y nos condujo al cuarto donde estaba una anciana postrada en cama y con enfermedades diversas. Su ahijada me presentó y el recibimiento fue afectuoso: ¡alguien de la Iglesia la visitaba por primera vez! Eso la emocionaba porque, aunque era muy católica, había dejado de asistir al templo y, cuando había podido salir de su casa, tristemente el párroco estaba de visita en otras comunidades.

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Fue un encuentro bonito, la señora se confesó, oramos, cantamos, y nos contó muchas historias con lucidez, nos narraba hasta detalles. Así supimos que vio la Revolución y que era la madrina de bautizo de nuestra guía, a quien enseñó a rezar y llevó a la iglesia a conocer a Dios desde muy pequeña. Después reflexioné que aquella anciana compartió los sacramentos de Bautismo y Comunión, además de la forma de acercarse a Dios en la oración, con una niña que al crecer, el día menos pensado, le llevó a un sacerdote misionero que le administraría la Reconciliación y la Eucaristía en un contexto totalmente diferen-

te. En ese momento pensé que así como sucede con los alimentos, al sembrar la fe y los sacramentos en el corazón de la gente también recibiremos los frutos en algún momento de nuestra vida. Queridos Padrinos y Madrinas, ustedes nos dan su ayuda material y espiritual para sembrar en tierras de Misión, ¡y sin duda recogerán los frutos de lo que nosotros compartimos de parte suya, en nombre de nuestro Señor! ¡Que Dios los bendiga y les conceda al cien por ciento todo aquello que más necesiten, principalmente en lo espiritual!

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Vida MG

40 aniversario sacerdotal Padre Juan Esteban Reyes Reyes, MG

El Padre Juan Reyes ha proclamado el Evangelio en Kenia y ha trabajado en la formación de laicos que colaboran con Misioneros de Guadalupe.

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El Padre Juan Esteban Reyes Reyes, MG, nació el 2 de septiembre de 1946 en Lagos de Moreno, Jalisco. Desde sus primeros años de vida se desarrolló en ambientes católicos, tanto en la escuela como en familia, ya que sus padres le inculcaron la sencillez y la fe cristiana. El Padre Juan recuerda que el contacto con algunos sacerdotes, el ver que su vida era alegre, sencilla y de entrega, junto con la frecuente lectura de la revista Almas, fueron elementos que colaboraron en su interés hacia la vida sacerdotal misionera: “Cada vez veía la grandísima necesidad que tenían tantas gentes en Misiones. El Señor tocó a mi puerta, lo escuché, me atrapó, me cautivó, y me alegré mucho cuando supe que podía compartir mi vida y ayudar en algo al dar mi vida por las Misiones”. Revista Almas


Ingresó al Seminario Menor de Misiones en enero 1961, donde concluyó su preparación básica y, posteriormente, realizó estudios de Filosofía. Cursó Teología en el Colegio de Cristo Rey, de los Padres jesuitas. Fue ordenado sacerdote el 6 de octubre de 1974, por imposición de manos del Cardenal Miguel Darío Miranda y Gómez, Arzobispo de México, en el Seminario Mayor de Misiones. Su primer nombramiento fue para ir a la Misión de Hong Kong, donde estuvo por breve tiempo, pues fue llamado para prestar sus servicios en la Parroquia de San Nicolás de Tolentino, en el Valle del Mezquital, Hidalgo.

mente Misioneros Laicos Asociados, MlA). En 1994 fue nombrado nuevamente para predicar la Palabra de Dios en Kenia, donde hasta la fecha comparte el amor de Jesucristo entre quienes no lo conocen. Acerca de su ministerio, el P. Juan ha comentado que ha tenido muchas realizaciones en cada lugar donde ha trabajado y en cada servicio que le han encomendado, y afirma: “El Señor siempre ha caminado conmigo, siempre me ha mostrado el camino y su amor”.

En 1979 fue nombrado para un primer periodo de trabajo en la Misión de Kenia, donde colaboró durante varios años, principalmente entre la tribu teso y los kipsiguis. De esta primera vivencia en Kenia recuerda: “Una experiencia muy profunda fue ver cómo el Señor iba llamando nuevas vocaciones, nuevos heraldos entre las familias de la tribu teso. En el año de 1982 el Señor le dio a esa gente la gracia de cuatro sacerdotes africanos, uno de su sangre y de su cepa”. En 1991 regresó a la patria para hacerse cargo y ser el primer asesor en el proyecto de misioneros seglares que colaborarían con Misioneros de Guadalupe (actual-

Este año celebra su 40 aniversario sacerdotal y espera seguir entregando su vida al ministerio de servicio a Dios. ¡Muchas felicidades, P. Juan!

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“Préstame tu cabecita” P. José Ausencio López López, mg

El Padre Ausencio López comparte la anécdota de un equívoco que ayudó a que una niña japonesa recibiera dos de los sacramentos de iniciación. Había caído nieve por la mañana, pero la iglesia contaba con un buen número de fieles para la celebración de la Misa dominical. Eran los primeros días de enero, aún había olor a ramos de pino, y con almendras, turrones de arroz a la japonesa y tantas otras cosas más recibíamos el Año Nuevo. Durante la celebración les dije a los feligreses: “Sí, entre regalos, saludos y buenos augurios comenzamos a caminar este año, y quiero decirles que el camino de nuestra fe comienza aquí, en

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esta pila bautismal, y, por ello, celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor”. De antemano había colocado la pila bautismal, con mucha agua, frente al altar. Era la Misa de los niños y había que decirles con los elementos del rito a la mano lo que es el Bautismo: el comienzo de la nueva vida como hijos amados de Dios. Con la mano en alto dejaba caer lentamente el agua clara y viva que chapoteaba como una cascada sonora y salpicante sobre la pila bautismal. Los niños, incluso los mayores, pelaban el ojo y la oreja, comiéndose aquella melodía del agua bautismal. “¡Así comenzó la primera caricia del amor de Dios, cuando nos bañaron con esta agua!”, les dije. Por la cara de los que estaban atrás me di cuenta de que no les resultaban claras mis palabras. En la fila delantera estaban sentados

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los acólitos y no me vino de momento otra idea que llamar a uno: “Sí, ven, tú, Ran-chan, préstame tu cabecita”. Ran-chan es una niña de tercero de primaria que aún no comulga en la Misa porque no ha hecho la Primera Comunión. Delante de tanta gente, entre dudas y aflicciones, la niña se paró, caminó hasta mí, e hicimos el remedo del rito bautismal. Aquello quedó más claro que el agua fría que no derramé, ciertamente, sobre su cabeza. “Ran-chan, por tu bautismo, sientes que Jesús te quiere mucho, ¿verdad?”, le pregunte. Agachando levemente la cabeza y el cuello, me dejó caer un tambaleante “¡Sí!”. Me llevé una gran sorpresa al día siguiente, cuando me llamó la catequista para decirme que aquella niña no solamente no había hecho la Primera Comunión, sino que ni siquiera estaba bautizada. De inmediato quise llamar a su familia para disculparme, pero justo entonces sonó el teléfono: era su abuela, que llamaba para decirme que Ranchan había hablado con su papá y su abuelo, que no son cristianos, y les ha-

bía pedido permiso para bautizarse. Dicen que su abuelo le preguntó por qué quería bautizarse, y ella respondió con las últimas palabras de aquella comedia divina del sermón: “Porque quiero que Jesús me quiera más y yo estar más cerca de Él”. Tres meses después, cuando los cerezos revientan de flores, Ran-chan recibió el Bautismo y la Primera Comunión, ya que el estudio para niños ya lo había terminado. Por parte de su abuela y su mamá todos son bautizados, por lo que nunca imaginé que ella no lo estuviera. Recuerdo mis palabras: “Préstame tu cabecita…”, seguidas de un “Sí” tímido, acorde con aquella niña, y pienso que fue un error, o más bien una muestra de la gracia de Dios, que llega cuando uno menos se lo espera e incluso en los lugares donde jamás lo imaginaste. Creo que esta vivencia también es un logro de nuestros bienhechores en México, que infatigablemente oran por la conversión y encuentro con Dios de todos aquellos que aún no lo conocen.

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El guardián de Nuestra Señora

nando sobre la cabeza de la estatua de la Virgen que se encuentra a la entrada de la parroquia.

P. José Monroy Pereyra, mg

El Padre José Monroy recuerda la ocasión en que un niño que quería ser católico protegió de la nieve a una estatua de la Virgen María en una parroquia de Japón. Su nombre era Yasushi, pero de cariño lo llamábamos Ya Chan: Ya, del principio de su nombre, y Chan, que en japonés significa niño y se une al nombre de los infantes. Él había cumplido siete años, acababa de egresar de nuestro jardín de niños y asistía a su primer año de la escuela elemental, en un plantel cercano a la parroquia. Era amigo del párroco e incluso llegó a ser monaguillo. Aunque no estaba bautizado, tenía tantos deseos de ayudar que el sacerdote aceptó que hiciera lo mismo que los niños católicos: apoyar durante la Misa. Deseaba ser católico, como sus compañeros, pero sus familiares no estaban de acuerdo en que recibiera el Bautismo y siempre decían que cuando fuera mayor él decidiría personalmente.

Con indescriptible candor fue por un paraguas y, después de quitar la nieve que se había acumulado sobre la estatua, se quedó ahí, con el paraguas bien abierto, para proteger a la Santísima Virgen. Tal vez procuró que nadie lo viera hacer esa buena acción en favor de Nuestra Madre del Cielo, pero creo que ella misma permitió que alguien lo descubriera para poder contar este hermoso suceso. Poco a poco, Ya Chan fue creciendo. Las obligaciones de la escuela primaria lo fueron alejando de la Iglesia. La secundaria lo retiró todavía más y después la preparatoria terminó por alejarlo de tal manera que era muy

Un domingo de invierno en que la nieve caía copiosamente, los pocos cristianos que asistían a Misa iban llegando uno tras otro. Ya Chan también venía para ayudar al párroco durante la celebración. Sin embargo, antes de comenzar la Misa se percató de que la nieve se había amonto16

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raro saber algo de él. Ya Chan ahora es un hombre que, como los demás, dentro de la sociedad japonesa corre, se preocupa y trabaja para tratar de encontrar una solución a este mundo de problemas, que aflige a todas las personas de nuestro tiempo. Que yo sepa, todavía no ha recibido el Bautismo, pero casi estoy seguro de que, en los momentos de silencio y de paz que le dejan sus ocupaciones cotidianas y el ruido del mundo, vuelven a su mente los recuerdos de la niñez y también el episodio en el que protegió amorosamente a la Virgen de la copiosa nieve que dejaban caer las nubes.

Confío en que la Virgen María tocará el corazón de Yasushi, quien siendo un niño, en su inocencia, fue su guardián. Aunque en aquellos momentos él no podía decidir por sí mismo recibir el Bautismo, ahora podrá hacerlo con toda libertad. Espero que, por intercesión de María, llegue a ser un verdadero seguidor de Jesús. Queridos lectores, mucho ayudarán sus oraciones para que finalmente Ya Chan abrace el cristianismo, que sería el premio con el que lo galardonaría Nuestra Señora del Cielo por aquel acto con el que la honró cuando era niño.

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Cuatro ancianas decididas a robar el cielo P. Antonio de J. Mascorro Tristán, mg

El Padre Antonio Mascorro escribe acerca del ejemplo de fe de cuatro ancianas en una comunidad de la Misión de Kenia. Estimados bienhechores, les quiero compartir la historia de cuatro ancianitas maasai de la comunidad de Iloshon, en nuestra parroquia de Mashuru, Diócesis de Ngong, pues es un claro ejemplo de que la fe mueve montañas y de que la perseverancia todo lo alcanza. Los ríos de arrugas que bañan la piel negra de sus cuerpos cansados es la mayor prueba del paso de los años y del esfuerzo realizado ante las pruebas de la vida. Hace poco más de un año las conocí de oídas,

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cuando el catequista de la zona las presentó en su lista de catecúmenos y, a manera de súplica intercesora, me informó del deseo que, como tesoro preciado, guardaban en su corazón, y de su esperanza anualmente renovada por recibir el Sacramento del Bautismo. Le pregunté si había algún impedimento canónico o cuál era la razón de no haber sido bautizadas; la respuesta fue muy simple: no hay impedimentos, pero no han terminado el proceso catecumenal que iniciaron hace años. “Bien, que se sigan preparando, ya Dios nos marcará el momento”, concluí. A principios de este año, sus familiares y los miembros de la comunidad cristiana volvieron a insistir en que las ancianitas fueran bautizadas, pues veían en la edad y la enfermedad a dos férreos enemigos, y tenían cierto temor de que pudieran morir sin recibir el sacramento.

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Llamé al nuevo catequista, y, al pedirle informes del proceso de las mamás, respondió: “Padre, el problema es que ya son muy ancianitas y les es difícil aprender las lecciones del catecismo; un día se saben la oración, al siguiente ya se les olvidó una estrofa. Sin embargo, siguen perseverando, pues de verdad quieren recibir el Sacramento del Bautismo”. Le pedí que las siguiera instruyendo. Durante la Cuaresma acudí a celebrar la Misa de la pequeña comunidad, la cual fue organizada en la casa de Paul Leshina, hijo de una de las ancianitas. Mientras preparaba el altar de la celebración vi acercarse la figura encorvada de la mamá de Paul, que puntual tomaba su lugar bajo la sombra de un raquítico arbusto. Me acerqué a saludar-

la mientras observaba los grandes huesos que, desproporcionados, resaltaban en su delgado cuerpo: sentada en el suelo, extendió su mano y, al regalarme una sonrisa, dejó ver sus escasos dientes. Los cantos, acompañados de un tambor improvisado, nos marcaron el inicio de la Eucaristía. Tuvimos un interesante compartir de la Palabra de Dios, y cuando llegamos a la consagración, mientras elevaba la hostia, me encontré con el sereno rostro de la mamá de Paul, que hizo un leve movimiento de labios mientras sus ojos estaban fijos en el cáliz de salvación. Al terminar la Misa y después de tomar té y comer un poco, me despedí. De regreso en la parroquia recordé el rostro iluminado de esa anciana

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durante la consagración y reflexioné que esas mujeres de gran fe y escasa memoria han encontrado sus propias palabras para comunicarse con Dios. Llamé al catequista y le pedí que intensificara su preparación para bautizarlas en la siguiente Pascua, que ya se acercaba. La comunidad recibió con alegría la noticia. La Pascua llegó y las ancianas, ayudadas por sus bordones y sus familiares, llegaron temprano hasta la vieja iglesia de oxidadas láminas que, ante la invasión de las termitas, corre el riesgo de caer en cualquier momento. Al escuchar sus nombres se pusieron de pie: Margaret Nasirai, de 81 años, Serah Olioo, de 80, Anuarita Rutian, de 89, y Cecilia Naiposha, de 83; se acercaron con cansados pasos, junto con Anne Metui, su madrina, para ser testigos de que se puede renacer aun siendo viejos.

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Tal vez pequé al no ser riguroso en la memorización de los rezos, pero creo que la alegría de esas mujeres al recibir el Bautismo y la Comunión es un claro ejemplo de la fe en Jesús Resucitado, manifiesta en una comunidad, lo cual nos lleva a volver la mirada a Dios para agradecer sinceramente este regalo pascual. Las cuatro ancianitas siguieron fieles con su preparación y tres de ellas recibieron el Sacramento de la Confirmación de manos de nuestro obispo, Mons. John Oballa Owaa, durante su visita parroquial con motivo de la fiesta del apóstol Pedro, patrono de la Parroquia de Mashuru. Anuarita, la de mayor edad, no pudo llegar por encontrarse enferma, pero ojalá que pronto encuentre su recuperación. ¡Quiera Dios que este testimonio nos mueva a agradecer el regalo de la fe e inspire nuestras vidas en el seguimiento de Jesús!

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S   Un día, después de impartir catecismo, el Padre misionero obsequió chocolates a los niños. No se olviden de venir a Misa el domingo, niños.

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Padre, de dónde viene el chocolate?

El chocolate se obtiene del árbol del cacao, originario de América.

Cacao significa “Alimento de los dioses”, y es una semilla que en nuestros pueblos se usaba como moneda en la época prehispánica.


Las vainas que se dan en esos árboles contienen varias semillas, a partir de las cuales se produce chocolate.

Es un proceso largo, pero lo primero es dejar que esas semillas se sequen, para después tostarlas, quitarles la cáscara, molerlas y sacar la pulpa.

Esa pulpa es amarga, pero se mezcla con azúcar y otros ingredientes, según el tipo de chocolate que se quiera obtener.

Así se forma una pasta dulce y arenosa, como el chocolate que usamos para preparar con leche caliente.

Pero ese chocolate es distinto a este que nos regaló! !


!

Es que cada tipo de chocolate se mezcla con diversos ingredientes, según el sabor y la textura que se quiera obtener.

A mí me gustan todos!

Eso está muy bien, porque además del delicioso sabor, el chocolate aumenta la capacidad intelectual, disminuye el cansancio y el estrés, entre otros beneficios.

Es una más de las maravillas que Dios nos ha dado a los hombres, por las que debemos darle gracias todos los días.

!

Así lo haremos, Padre!


Becas misioneras “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15) El trabajo de la evangelización entre los no cristianos no ha terminado y continúa realizándose en muchos lugares. Los misioneros ancianos necesitan que los jóvenes apoyen y prosigan su labor de proclamar la Buena Nueva. Ustedes pueden apoyar a quienes han decidido consagrar su vida a la Misión ad gentes, al fundar una beca con la cual un seminarista completará su formación sacerdotal.

Beca completa Media beca Ayuda anual

$12 000.00 $ 6 000.00 $ 1 000.00

¡Ayudemos a la evangelización del mundo!

Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100 Correo electrónico: padrinos@mg.org.mx


Aviso de privacidad Misioneros de Guadalupe, Asociación Religiosa (“A.R.”) (“Misioneros de Guadalupe”), con domicilio en Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, C. P. 14000, México, D. F., es responsable del tratamiento de sus datos personales y de la protección de los mismos. Sus datos personales serán tratados para las finalidades necesarias de identificarlo y hacer uso de ellos en las publicaciones periódicas del responsable, así como promover y difundir nuestras actividades. El responsable podrá asimismo dar tratamiento a sus datos personales para finalidades análogas y compatibles con las anteriores. También se podrá dar tratamiento a sus datos personales con la finalidad secundaria de proporcionarle información sobre nuestras actividades vocacionales.

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¡Jesús te busca! El Padre José Roberto Cruz Pérez, mg, nació en Puebla, Pue., e ingresó al Curso Introductorio al Seminario de Misiones (Cisemi) en 2004. Cursó Filosofía en la Universidad Intercontinental (uic) y concluyó sus estudios en el Centro de Formación en África (cfa), ubicado en Kenia. El 30 de noviembre de 2013 recibió la ordenación sacerdotal y ha sido enviado a Mozambique, donde seguirá dando ejemplo de alegría como discípulo de Jesucristo. A ti también te busca Cristo. ¡Responde a tu vocación y lleva el Evangelio a otras partes del mundo!

Ciudad de México

Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Tel. (01 55) 5655 2691

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Almas, abril 2014 by Misioneros de Guadalupe AR - Issuu