La agroecología la otra cara de la moneda a la producción transgénica Si no te dan los números para el trigo, un funcionario de Agricultura tiene la solución Con la agroecología el margen bruto crece en más de 200 dólares por hectárea
El director nacional de Agroecología, Eduardo Cerdá, afirmó que producir trigo a través del modelo de agricultura que no emplea agroquímicos y protege los suelos cuesta un tercio de lo que sale hacerlo a través del sistema convencional, y la producción que se alcanza es similar, con lo cual el retorno llega a ser de hasta cinco veces la inversión. Según un modelo que citó, prescindiendo del uso de agroquímicos el margen bruto para la producción de un trigo bajo agroecología es de 760 dólares por hectárea, cuando en el planteo convencional el alto costo de los insumos reduce ese mismo margen bruto a 550 dólares. “Al no usar agroquímicos, el costo de producir trigo empleando la agroecología es de 150 dólares por hectárea, contra 400 dólares que cuesta a través del modelo tradicional que precisa cada vez más insumos para producir. Y la producción que se obtiene es casi la misma”, indicó Cerdá.
El funcionario, que es el responsable de la primera y única área de agroecología gubernamental en toda Latinoamérica, destacó que en el último año “se sumaron 70 municipios en 20 provincias” a la propuesta de desarrollar una agricultura sin agroquímicos que preserva el uso de los suelos.
Qué desarrollo tiene la agroecología en la Argentina Según el último censo agropecuario de 2018, actualmente el 2% de los establecimientos agropecuarios de la Argentina desarrolla distintas formas de agroecología, agricultura biodinámica y orgánica. Existen 1,1 millón de hectáreas de agroecología y 2.100 establecimientos que la practican. Sin embargo, son miles los productores que están interesados en comenzar una transición hacia la agroecología, y millones las personas que en la Argentina y en todo el mundo demandan alimentos sanos y de calidad. La agroecología se presenta como la herramienta para lograr la soberanía alimentaria de nuestras comunidades. Qué diferencias hay con el modelo convencional de agricultura La agroecología se basa en recuperar la salud de los suelos, clave para la producción de alimentos de alta calidad nutricional. Es aplicable en cualquier región y escala. Trabaja con rotaciones y asociaciones de cultivos que recuperan la fertilidad, estimula la biodiversidad y optimiza el funcionamiento del sistema productivo. Logra buenos rendimientos, baja costos y disminuye riesgos. El modelo de agricultura convencional cada vez precisa más insumos. Los insumos de síntesis química dependen del precio del petróleo. Además, cada vez que suben los precios de los productos, suben los insumos. El uso de agroquímicos en la Argentina representa 2.500 millones de dólares al año, el equivalente a las divisas de las exportaciones lácteas y de carne. Asimismo, esta utilización de mayor cantidad de agroquímicos y la falta de rotaciones de cultivos llevan a una caída en materia orgánica de los suelos, que de acuerdo con el último mapa de fertilidad del INTA, llega hasta el 50%. Otro aspecto relevante es que la agroecología es eficiente en términos energéticos. El sistema convencional usa más del doble de la energía en la regulación de plagas, por ejemplo. Hay diferencias en los costos Sí, al no usar agroquímicos, el costo de producir trigo empleando la agroecología es de 150 dólares por hectárea, contra 400 dólares que cuesta a través del modelo convencional que precisa cada vez más insumos para producir. Y la producción que se obtiene es casi la misma. Por lo tanto, el margen bruto para la producción de trigo con agroecología es de 760 dólares por hectárea y por el modelo convencional, de 550 dólares. Esto significa que quien emplea la agroecología recibe un retorno de cinco veces la inversión y quien lo hace con el modelo convencional sólo de 1,4 lo invertido. En Zavalla, provincia de Santa Fe, en la campaña de trigo 2021 el rinde fue 3.800 kilos y el costo fue de 500 kilos, sin uso de productos químicos. Hay otras experiencias como la de un campo mixto en el centro de la provincia de Buenos Aires, que a partir de aplicar la agroecología redujo sus costos de producción anuales de 300.000 a 100.000 dólares en cinco años. Así, el retorno por dólar invertido pasó de 0,25 a 2,30. Y mientras que antes del cambio el productor, con el modelo convencional, se quedaba con 90.000 dólares de ganancia, cinco años más tarde, con agroecología obtuvo 260.000 dólares. Es posible un avance mayor de la agroecología en el país Ya se sumaron 70 municipios en 20 provincias para fomentar su desarrollo. Es un cambio que no es de un día para el otro. Nuestro objetivo es visibilizar la agroecología, fomentarla y protegerla. Buenos Aires cuenta con 400 establecimientos agroecológicos y tienen solicitudes para 600. La producción agroindustrial, tanto periurbana como rural, genera tensiones con otras actividades y procesos como la urbanización, la industrialización, el turismo, la preservación de áreas naturales y el cambio del uso del suelo de los mismos sistemas productivos. Las transformaciones de la actividad agropecuaria de los últimos años generaron nuevos conflictos en las comunidades. El principal motivo de estas tensiones son las consecuencias sobre la salud y el ambiente derivadas de las pulverizaciones con plaguicidas en las áreas periurbanas, en torno de centros educativos rurales y cursos de agua.
Estas prácticas han avanzado incluso en áreas urbanas a través de la aplicación de plaguicidas en espacios públicos. Cómo se resuelve esta situación Para descomprimir estas tensiones y garantizar la salud pública y el bienestar general de la población, buscamos que las autoridades de los municipios en conjunto con los actores comprometidos, implementen acciones para incentivar la reducción del uso de plaguicidas, al mismo tiempo que promuevan procesos de desarrollo territorial que garanticen la producción agroalimentaria sin plaguicidas en los periurbanos y zonas aledañas a áreas naturales.
Eduardo Cerdá, explica por qué se debe terminar con una agricultura tan dependiente de insumos químicos. La agroecología está ganando terreno en la Argentina. Aunque debe ser confirmada oficialmente, una muestra de ello es la prometida creación de una Dirección específica dentro de la estructura de la Secretaría de Agricultura Familiar, en el Ministerio de Agricultura. Según varias fuentes, el gobierno le ha propuesto ese cargo nada menos que a Eduardo Cerdá, considerado uno de los grandes precursores de la agroecología en estas latitudes. Cerdá, que preside desde hace unos años una red de treinta municipios que fomentan la agroecología, no lo desmiente. Todo lo contrario. “Todavía falta la designación, pero a mí me parece una propuesta interesante que el Estado visibilice este tipo de agricultura que para nosotros es la agricultura de los próximos años, pues conserva la fertilidad, que va disminuyendo el uso de los insumos, que a su vez disminuye los costos de los productores, considerando los precios en dólares que presentan, y ni hablar para los años que se vienen de tanta inestabilidad climática”, explicó el agrónomo. “A lo largo de estos años la agroecología demostró que se puede producir con rendimientos similares, pero con costos muy bajos al no usar fertilizantes, fungicidas e insecticidas”, indicó el especialista surgido hace más de veinte años en Tres Arroyos. Que contrastó: “Venimos de un proceso donde el modelo químico, industrial y predominante no dio respuestas al hambre del mundo y promovió un uso inadecuado de los agroquímicos. Y lo dicen las Naciones Unidas, no solo yo”, enfatizó. “Pensá que en los años 90 la Argentina usaba 38 millones de litros de agroquímicos, y todavía no duplicó su superficie de siembra. Si duplicásemos la superficie, ¿cuántos litros de agroquímicos usaríamos por año? ¿120 millones? No. Estamos ya superando los 500 millones de litros de agroquímicos por año”, advirtió. Luego aseguró que “no hay chance de que nuestro ecosistema pueda metabolizar tantos millones de litros. Trabajos científicos internacionales y nacionales ya establecen que tenemos agroquímicos en las nubes, en el aire, en la tierra, en lagunas y hasta en el Río Paraná”, enumeró Cerdá.
Hace muchos años que Cerdá asesora e investiga sobre las prácticas agroecológicas, pero él se resiste a ser considerado como un gurú. “Los 20 años recorridos por todo el territorio nos dieron el conocimiento necesario, y hacen que podamos conectar con muchos profesionales y productores, y difundir aún más la actividad”, explicó el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama). Cerdá declaró que “cada vez se suman más municipios, provincias y hasta países a los postulados de una agricultura que reniega de los insumos químicos. “Recientemente adhirió a Renama el municipio de Merlo, en San Luis, e hicimos jornadas en Río Cuarto, Córdoba, y en Bolívar y Guaminí, en Buenos Aires”. No lo quiso decir, pero también un municipio de Uruguay adhirió a la red. -¿Y por qué cree que la propuesta logra esta adhesión? -Coincidimos en que es muy difícil estar enterrando de 300 a 500 dólares por hectárea, cuando no sabes si te va a llover o no, si vas a poder, al menos, salvar tu dinero invertido. Cerdá puso como ejemplo un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). “Esta bolsa ya está diciendo que más del 50% de los productores quizás no pueda cubrir sus costos en maíz. Y todo esto tiene que ver con una forma de producir que aspira a rendimientos muy altos y que apuesta a un costo y una inversión que deja a muchos productores fuera del sistema porque no pueden recuperar el dinero que invierten”. En contraste, contó el caso de productores agroecológicos del oeste de Buenos Aires, en donde el año pasado llovieron de 300 a 400 milímetros y hasta hubo productores que resignaron sus trigos como alimento para las vacas. “Sin embargo, (estos productores) no tienen deudas, no han tomado crédito, están capitalizados tras un año tan difícil. Eso habla de la resiliencia, que es poder pasar momentos difíciles”, explicó el agro ecólogo. Según el especialista, hoy los productores obtienen los mismos rindes que en 1990, pero con un costo mayor de inversión por hectárea en cuanto a uso de insumos. “En los 90 hacer una hectárea de trigo en Tres Arroyos costaba 100 dólares. Al cabo de 10 años, esa misma hectárea costaba 200, y en 2015 el valor ascendió a 400 dólares. A su vez, en los 90 cosechábamos 2.500 kilos por hectárea, y la cuenta es que, ahora, con un gasto de 400 dólares la hectárea, obtenemos el mismo rinde que en los 90”, dijo Cerdá. En esa lógica, “hablamos de que ahora deberíamos obtener de 7.500 a 10.000 kilos para estar igual que en los 90. Es una pérdida bastante angustiante, cuando la media en Tres Arroyos es de 4.000 kilos por hectárea hace cinco años”. Desde su experiencia como asesor de campos agroecológicos, Cerdá señaló que “nosotros estamos en esos rindes, y hasta los hemos superado, llegando incluso a lograr lotes de 6.000 kilos por hectárea, sin fertilizantes, herbicidas o fungicidas, con un costo de 150 dólares la hectárea. Entonces ¿Qué le conviene al productor?”, preguntó. “El productor tiene que entender que maneja organismos vivos, de los cuales uno de los más importantes es el suelo; por ende hay que cuidarlo y alimentarlo. En la Facultad nunca lo vimos desde ese lugar”, recomendó. Desde ese punto de vista, “es inevitable complementar el sistema con la ganadería, y otra de las claves que usamos es la de los cultivos asociados, es decir el poder sembrar cultivos como trigo y cebada con cultivos acompañantes como trébol o alfalfa por poner ejemplos”. “Así podes cosechar, por ejemplo, un trigo, y te queda otro cultivo cubriendo el suelo, evitando que crezcan malezas, y nutriéndolo, porque permite fijación de nutrientes de forma biológica. Es un margen de secuencia, y no de un cultivo solo. Ese es un cambio grande”, concluyó Cerdá.
Cerdá es ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata (UNLP) y escribió los primeros libros que se escribieron sobre agroecología en Argentina. Es el caso de uno escrito junto a Santiago Sarandón (presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología), en cuyo capítulo 16 se relata el caso del establecimiento La Aurora, en Benito Juárez, que es asesorado por Cerdá desde hace 28 años. Ese establecimiento fue elegido por la FAO como una de las 52 experiencias exitosas del mundo en agroecología. Martin Eduardo Lucione https://facebook.com/Ecoalfabetizacion https://issuu.com/martinlucione Extraído Bichos de campo