
Creación de un cuento











En el año de 1945, un joven enfermero, Esteban, apenas iniciando su vida laboral, con un año de experiencia, caminaba por los gélidos y oscuros pasillos del hospital psiquiátrico San Lázaro en la ciudad de Quito.
La tarde de aquel día, le asignaron limpiar un ala cerrada del Hospital, un espacio encerrado en el olvido y en visible decadencia por sus años de abandono, con la pintura de las paredes descascarada y los muebles cubiertos de polvo, un signo de la remota actividad del espacio.



Mientras limpiaba una de las ruinosas estanterías del lugar, de repente algo cayó al suelo, provocándole un sobresalto a Esteban, antes de darse cuenta de que en el suelo yacía un cuaderno desgastado de tapas completamente negras y sin ningún titulo que adornara su portada, con algo de escepticismo levanto aquel olvidado cuaderno, sosteniéndolo en sus manos un momento, antes de finalmente y con algo de miedo irracional, lo abrió.




El cuaderno estaba lleno de garabatos, dibujos detallados y escritos hechos con una letra que reflejaba belleza, pero a su vez también una profunda melancolía y tristeza. La primera página impregnada solamente con una frase como título, “Testimonios de un alma perdida”, en la siguiente se leía un nombre Manuel, un antiguo paciente de aquel hospital.
Cuando Esteban se disponía a seguir leyendo el escrito en sus manos, sin previo aviso escucho el sonido de pasos que se acercaban a la habitación, rápidamente guardo el cuaderno en su chaqueta antes de salir de allí, ya decidido a llevárselo a su casa, sin saben aun que esa decisión cambiaria su vida para siempre.




Durante las noches siguientes, después de terminar su turno en el hospital, Esteban leía cada pagina con creciente interés. Por lo que decían los escritos, Manuel había sido un paciente internado en San Lázaro en el año de 1930 por “trastornos del comportamiento”, pero por el contrario sus escritos revelaban otra verdad, Manuel había sido un hombre completamente sano, acusado injustamente de locura por su labor al defender a campesinos que protestaban contra la explotación laboral que existía en aquellos años.
Los relatos de Manuel reflejaban todo el sufrimiento, abuso y negligencias que experimentaba el y otros pacientes en aquel establecimiento, además de los castigos físicos, la falta de alimentos, los pacientes encadenados y encerrados en celda y los experimentos y tratamientos médicos inhumanos ejercidos en el lugar.



A medida que Esteban avanzaba, comenzaba a sentir una mezcla de sentimientos que surgían en él, indignación y temor, acompañados de nauseas al retratar en su mente cada escena que describía Manuel en su cuaderno.
Esto llevo a Esteban a querer verificar aquella historia, y al preguntar con discreción a algunos colegas que llevaban trabajando en el lugar más tiempo, descubrió que aquel hombre había muerto bajo circunstancias muy sospechosas.
Los registros oficiales lo documentaban como muerte por un “paro cardiaco”, sin embargo, algunos rumores hablaban sobre castigos que llegaban al extremo y negligencias por parte de los médicos y funcionarios del lugar.



Esteban decidió comenzar al reunir pruebas del suceso y hablar con empleados mas antiguos que confirmaron los relatos del cuaderno de Manuel. Sin embargo, su investigación despertó sospechas mas pronto de lo que esperaba. Un día, el director del hospital, el Dr. Julio Endara, lo llamo a su oficina. Con tono frio y cortante, le advirtió que “era mejor dejar los asuntos del pasado en el pasado”.
“Algunos secretos deben de permanecer enterrados, Esteban. Por el bien de la institución”.



A pesar de la advertencia, que en efecto le había causado temor, Esteban no se detuvo, sentía que le debía algo a aquel hombre olvidado en un cuaderno. Finalmente encontró a la familia de Manuel, quienes le contaron detalladamente sobre la incansable lucha de Manuel por la justicia y el como su internamiento en el hospital había sido una represalia por su activismo.
Esteban, consciente del riesgo que corría, decidió actuar. Reunió toda la información y envió una carta detallada a un periodista de un periódico local, incluyendo copias de las páginas más impactantes del cuaderno. Poco después, una serie de reportajes sobre las condiciones del Hospital San Lázaro sacudieron a la opinión pública.



El escándalo llevó a una investigación oficial. Aunque Esteban fue despedido del hospital, sus acciones desencadenaron reformas significativas en los hospitales psiquiátricos del país. En reconocimiento a su valentía, la familia de Manuel publicó el cuaderno bajo el título “Voces del olvido”, convirtiéndolo en un símbolo de lucha por los derechos de los pacientes psiquiátricos.



Años después, sentado en un pequeño consultorio donde trabajaba como médico general, Esteban miraba el escrito encuadernado y publicado que descansaba en su escritorio. Sabía que, aunque había perdido mucho, también había ganado algo invaluable: la satisfacción de honrar la memoria de Manuel y dar voz a los silenciados.
