
Para mi hijo, Lucius:
Al mirar estas primeras fotos tuyas, me conmueve el inmenso milagro de poder tenerte en mis brazos.
Finalmente estás aquí. Eres un guerrero, Lucius. Incluso antes de tu primer suspiro, ya dabas testimonio de tu fortaleza. Eran dos —mellizos— y aunque llevamos con nosotros la memoria de tu hermanito, vemos tu vida como un triunfo sagrado. Tú eres quien lo logró. Eres nuestro Guerrero.
Durante nueve meses, tu mami y yo luchamos incansablemente. Tu llegada fue un viaje de incertidumbre y alto riesgo, en el que cada paso era una oración por tu bienestar. Te anhelábamos, nos preocupábamos por ti y esperá- bamos el momento de finalmente ver tu rostro.
Después de un duro y agotador trabajo de parto que puso a prueba la increíble fuerza de tu mami hasta el límite, nuestro mundo cambió para siempre. El “milagro de la vida” ya no es solo una frase para nosotros; ese milagro eres tú.
En estas fotos, veo la respuesta a nuestras oraciones más profundas. Eres el hijo con el que soñó tu mami, y anhe- lábamos tan profundamente. La pieza final de la familia que Dios nos prometió. Tienes dos hermanas mayores que ya están profundamente enamoradas de ti, y una madre que es la mujer más valiente y hermosa que he conocido.
Te llamas Lucius —que significa “Luz”— y eso es exactamente lo que representas. Eres el resplandor que desafió todo pronóstico humano, eres nuestro guerrero, nuestro milagro más esperado.
Crece fuerte, pequeño mío. Naciste siendo un guerrero y eres amado más allá de lo que las palabras pueden expresar. Te amo mucho.































