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Domingo, 14 de marzo de 2010
Actualidad
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Responsable de la sección: Juan J. Gómez p actualidad@publico.es
Represaliadas por Franco. Algunas esquivaron la cárcel y otras lograron sobrevivir, pero todas fueron denigradas
rapadas y con el brazo en alto.
Mujeres y jóvenes de Montilla (Córdoba), peladas por los derechistas y obligadas a saludar al estilo fascista, en el patio interior del ayuntamiento, a principios de agosto de 1936. La imagen es uno de los escasos documentos gráficos que dan fe de las vejaciones y humillaciones sufridas por las mujeres durante la guerra y el franquismo.
Ellas hacen memoria Fueron vejadas, torturadas y violadas // Hasta ahora, nadie las había reconocido como víctimas de Franco // La Junta de Andalucía, por primera vez, las indemnizará con 1.800 euros Reportaje olivia carballar
sevilla
B
astarían los testimonios que se conservan para escribir este reportaje. “A La Trunfa le dieron una paliza y, sin dejar de maltratarla, la introdujeron en un cuarto del cortijo, donde la intimidaron” tendiéndola en el suelo, “obligándola a remangarse” y exhibir “sus partes genitales; hecho esto, el sargento, esgrimiendo unas tijeras, las ofreció al falangista Joaquín Barragán Díaz para que pelara con ellas el vello de las partes genitales de la detenida, a lo que este se negó; entonces el
sargento, malhumorado, ordenó lo antes dicho al guardia civil Cristóbal del Río, del puesto de El Real de la Jara. Este obedeció y, efectuándolo con repugnancia, no pudo terminar, y entregó la tijera al jefe de Falange de Brenes, que terminó la operación. Y entre este y el sargento terminaron pelándole la cabeza”. La terrible escena, localizada por el historiador José María García Márquez en los archivos militares de Sevilla, no es un caso aislado. El problema –o la excusa– es que, pese a las vejaciones, torturas y violaciones que sufrieron las mujeres en la guerra y el franquismo, existen muy pocos testimonios escritos que delaten la barbarie, y mucho menos estadísticas que remuevan la conciencia colectiva. Algunas es-
quivaron la cárcel, otras lograron sobrevivir, pero todas fueron denigradas por el régimen fascista. Y nadie, sin embargo, las ha reconocido como víctimas, nadie les ha pedido perdón, nadie las ha escuchado. La Ley de Memoria Histórica también se olvidó de ellas. La mayoría ya ha muerto, pero aún vive –y con muchas ganas de hablar– quien fue rapada y paseada por el pueblo como un trofeo, quien tuvo que tragar aceite de ricino para purgar el “alma comunista” y fue humillada sólo por ser mujer. “Bastante tiempo estuve callada, cuando no se podía hablar. Que se entere todo el mundo de lo que pasamos”, afirma con orgullo, a punto de cumplir 90 años, Ana Zamudio, de Torre Alháquime (Cádiz). Entonces tenía 15 años.
la ficha.
Rosario Pliego, vecina de Marchena (Sevilla), es calificada de ‘sujeta’ en la ficha abierta por los falangistas.
La Junta de Andalucía, por primera vez, indemnizará a estas mujeres con 1.800 euros. “Nuestro objetivo es resarcir esas vejaciones, que eran una violencia específica contra las mujeres; a un hombre no lo rapaban ni lo paseaban desnudo o con una bata blanca, como si estuviera loco, ni le daban aceite de ricino para que se le soltara el vientre”, explica el comisario de Memoria Histórica de la Junta, Juan Gallo. “Cuando hemos leído libros como el de Pura Sánchez [Individuas de dudosa moral, Crítica, 2009] nos hemos dado cuenta de que nos faltaba aún por reparar a estas víctimas, que sufrieron una violencia más dramática incluso que estar en la cárcel”, añade. De hecho, de las