POESÍA POESÍA NARRATIVA NARRATIVA ENSAYO ENSAYO RESEÑA RESEÑA



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Iniciaban las vacaciones de verano en 1996 cuando un grupo de amigas y yo nos animamos a buscar empleo Saliendo de la preparatoria nos fuimos al centro de la ciudad en busca de alguna oferta de trabajo y después de haber visitado varios lugares y ya casi con el desánimo encima, encontramos un lugar que en ese entonces de llamaba: “Miami Ice”. Un local muy limpio y ordenado a simple vista. Había una máquina trituradora de hielo y en dos de sus paredes, sobre unas repisas, estaban acomodados botellas que eran saborizantes artificiales para raspados. Por cierto, algunas botellas con nombres sugerentes como “sexo en la playa” y otros clásicos como uva, vainilla o mango.
Solo nos contrataron a una amiga y a mí, y entramos a trabajar Lo que más se vendía en ese lugar no eran los rapados, eran las “granizadas”, que algunos llaman colados. La preparación consta de fruta natural hecha puré, con hielo triturado y saborizante a base de leche. Por lo regular preparabamos una cubeta diaria de granizada de mango que es el
que mas se vendía. Era una delicia y me pregunto ¿A quién no le gusta el mango?
Han pasado 30 años desde entonces, nunca se me olvidará ese mi primer trabajo formal donde trabajaba 8 horas diarias con un día de descanso No teníamos derecho a sentarnos a descansar, es más, creo que ni silla teníamos, sin embargo, a lo que sí teníamos derecho, era a degustar a diario una pequeña porción de aquella deliciosa granizada, sin cargo alguno
Manguito Estelar es la segunda revista que edito, la primera fue delatripa que edité durante un año. Si embargo, Manguito Estelar es un proyecto propio que venía trabajando desde hace varios meses en la mente.
Y... ¿por qué el nombre? A mi hija le encanta el mango igual que a mí, además, me recuerda aquél primer trabajo y “Estelar” es cuestion de saber mi nombre. Muchas gracias por la idea, me encantó el nombre.
Después de esta breve historia, los invito a que en la comodidad de su asiento, a traves de su cel, o monitor, disfruten los textos que componen este primer número de Manguito Estelar Literatura para trascender Encontrarán poesía, narrativa, ensayo, reseña, columnas y En la voz de Vannia Ocejo, una joven estudiante y oradora matamorense nos dará su opinión acerca del 8M.
Bienvenidos a Manguito Estelar.
Estrella Gracia González

Baudelio Camarillo
Mia Amaro Arvizo
Julian Andrés Delgado
“LA
Adaír Zepeda
RUMOR
Ramiro Rodríguez
Blanca Vázquez
Nicola Giuliato
Portada: Dulce Priscila Rivera Gracia
Dirigida y Editada por: Estrella Gracia González

Baudelio Camarillo
Te busco en estas calles donde septiembre llueve desesperadamente.
Te busco con el agua en los tobillos, con la ropa empapada de no encontrarte nunca.
Te busco en cada esquina donde se obstina aún mi corazón gastado en esta hipérbole.
Pasan los coches a gran velocidad y me humillan con un agua lodosa y no me importa.
Pregunto por ti a paraguas inmóviles
junto a un farol inmóvil
bajo una lluvia suspendida en un instante que no termina nunca de caer.
¿Qué habrán de responderme?
Abre por un momento la ventana
Deja que esta lluvia moje un poco tus manos acostumbradas a una magia y su bostezo rutinario
Mira hacia afuera, Luz Camila, mira hacia afuera.
Tal vez ahora camino
debajo de un relámpago y me veas: estoy confiando en una clara astilla de infinito
Luz Camila: hoy, la tristeza me condujo a la ciudad que amo, a sus huesos quebrados, ya sin tuétano, secos
¿Cómo enfrentar la enfermedad que ha agrietado estas calles si las únicas armas que me dieron fueron la luz, la integridad, la dicha, esas cosas inútiles?
¿Qué armas voy a tener para enfrentar un tiro en la cabeza?
Puso luz mi madre entre mis manos como poner un huevo al que había que cuidar porque podíamos quebrarlo al distraernos. Puso felicidad en lo que oía, veía, comía, tocaba, respiraba, su hijo; y me enseñó a disparar versos de amor contra todas las cosas que respiran y crecen
El hombre se defiende con las armas que le han enseñado a manejar: confiaron mis mayores en que eso era suficiente y ahora veo que no.
Cuando llueve, Luz Camila, hay una gotera en mi cuarto.
Yo le coloco un recipiente para que no caiga sobre el piso Igual en mi silencio: es suficiente una pequeña grieta en este techo y por ahí penetras. He puesto mi corazón para que caiga en ese cuenco y lo desborde. Mi silencio es una gota de agua que percute aun sin llover

Ella dijo:
Jhosselin Alejandra
Por qué hablar con mortales si puedes hablar con el mismísimo Dios.
¿Qué hago aquí en este mundo donde todos caminan a la tierra inventada por quien se dice Dios?
¿Qué pretenden los que cubren de estelas grises mapas que ya no son nuestros?
Voy allá, daltónica entre el tráfico, cubierta de humo, creyendo construir ciudad.
Estoy aquí, trazando un croquis en mi mente de un pueblo que solo vive en mis entrañas.
Aquella ciudad que pudo ser y no es.
Sálvame Dios de tan poca cordura, de tan poca fe Del miedo a arrancarme las tripas. De no reconocer el rojo del verde.
Día y noche se confunden en mis ojos, siguen la ruta a la adoctrinación, voy, a la casa del ilusionista, aquel que convierte el oro en yeso el que se dice encarnado a su imagen de Dios y a mis ojos es el ser al que todo le debo. Pero llega Trueno e ilumina el cielo; su voz retumba en el espejo y me dice:
Obsérvalo.
Me río.
¡Arlequín danzante en la fiesta de Trueno!
La sangre se limita a correr, la tierra absorbe lo inevitable. Son los carroñeros quienes celebran el festín. Una mesa alargada presume altiva el menú del día:
Cadáver sin huesos, ni carne, ni flores que velen el llanto
Una lápida tamaño infancia, grande para un bebé que ruega por nacer. Ruega por nosotros, ruega por nosotros. Abro la lápida, corto mis extremidades para caber en ella.
Una foto mía descansa en la misma habitación en la que mis ojos dejaron de percibirse humanos.
Las polillas vuelan acompañando a mi sombra. El sueño de una noche gira la rueda del tiempo. Entre espasmos, escucho la oscuridad entrar una vez más
Un temblor lo sacude todo, la habitación se resquebraja, la pintura, el concreto caen como hebras de una telaraña que tejí desde mis entrañas. Las ventanas implosionan, truenan escombros en mi lápida
La gravedad hace eco en la oscuridad.


Camilo Torres
Mi niña hermosa. Fruto del amor más grande que se puede sentir por alguien.
Vida que llega para alegrar la existencia.
Vida que llega para decorar el nido del querer.
Vida que llega para quedarse al lado del triste.
Vida que es única, maravillosamente tierna e inocente
Tus ojos sagrados y cristalinos, hipnotizan a quien los observa. Llevas a los que te aprecian a un paraíso de felicidad eterna. Un viaje espléndido de colores, que pintan la vida del más agrio y oscuro ser.
Benignísima boca de la inocencia. Palabras que salen como suaves notas musicales, que erizan la piel del oyente. Sonidos que acarician la mente del desesperado y del agobiado.
Angelito sacro, sin tacha en su alma pura y blanca. Ser de luz y magnificencia infinita, llevas de la mano a los condenados e impuros, les muestra el paraíso de tu ser y la salvación de la bondad.
Para mi niña hermosa, te amo desde el más allá de la realidad y el más allá de la fantasía

Felipe Hernández de la Cruz
Mi corazón resucita al compás del huracán de tu regreso.
Se estremece mi universo.
Oteo el horizonte, rastreo tus olores, mido el tiempo, lustro el cielo lleno de nubes tristes. Espero.
El alma cansada y los trancos de lisiado encadenan mis deseos.
El tiempo camina herido, me emula, lo azuzo, pero no sabe correr.
Asesino a los segundos, a los minutos y las horas, nada delata tu presencia, el silencio es pandemia, el tren de tú retorno se ha extraviado, o estoy esperando en estación equivocada.
Inquiero a Cronos su boca caníbal secuestra las preguntas.
No conoce la angustia de los amorosos.
Disneico, exhausto, me acuclillo desnudo como lo hizo Adán mi padre después de conocer el amor. El tiempo hoy es celestial; sin principio ni fin.
La esperanza de tu retorno se ha liberado por las rendijas de mi piel
Sin diástole ni sístole cae la cabeza entre mis piernas me trasmuto en enorme feto
Dejaré que el tropismo del Cosmos me enseñe el camino a tu existencia
Espero, aguardo, que el primer rayo de sol difumine este paramo de oscuridad que anuncie nuevamente tu retorno
Entonces volveré a la vida para continuar en este círculo sin fin. Este es el castigo de los rebeldes del paraíso Esperar para siempre, hasta olvidar lo que esperas.

Como la mujer de Lot, en el punto final de la existencia rubricada por la roja ira de Dios, miré atrás para contemplar por última vez lo fausto abandonado.
Te buscaba a ti, escudriñaba tu primera presencia. Nada, nada existía del pasado. La creación se había segado. Como en el génesis, todo era un enorme vacío. Tu presencia no se movía en las oscuras aguas del mar el útero primigenio se había secado.
No me convertí en estatua de sal Seguía siendo yo y mi caos sideral. Falló el mandamiento te pregunté
¿Por qué esta inmensa soledad?
Los recuerdos cuando se entierran son semillas que jamás vuelven a florecer. Respondiste.
Te mire con voz muda comiéndome tu silencio mientras te convertías en viento.


Victor H. Orduña “Shamir”
Figuraciones electrónicas al principio del cuento psicotrópico indujeron el camino de aquel láser inteligente superficial de enamorantes imaginarios, inter dibujantes magnéticos con espectros luminiscentes de adrenalina ficticia Son transistores mecanicistas aceitados en ternuras de fibra óptica que bien se entienden. Programaciones algorítmicas sentimentalistas, caricias metálicas que jamás se oxidan.
Chocan bocas plúmbeas en movimientos previstos bajo asteroides poli cromáticos en fechas siderales injustas. Los veo en la pantalla del tiempo narrar otra historia. Robots enamorantes que en naves impropias
“La mente es el reino de las mil posibilidades” Ek. McAstroudint
concilian la emoción ilusoria de saberse rendidos. Prototipos encendidos, dioses nebulosos que levitando anuncian anillos estelares en el combate de la noche cósmica. El amor no cambia, la evolución continúa el curso indivisible, la motricidad invariable, el modo preciso.
El amor es gen, código, cifra, micro impulso inoculado que ha de perdurar cuando el ser humano no pueda contenerlo en carne y hueso. Qué esperar del futuro, cómo será un beso en cuatro mil años.
Incuben profundo amor para clonarlo alguna vez y difundirlo en forma masiva en robots lejanos: quizás una máquina una máquina quizás de otra galaxia pueda amar amar pueda lo que yo amo.
¡Todas al ataque! Gritó la señorita Equidna . Y entre todas comenzaron a parir el primer mar que se conoce.
Color, color, como el agua cristalina.
¡No! Color como el permiso que nos concede Ladón para ser las reinas de océano
¡Cnidaria ha pedido un color! ¿Nadie la ha escuchado?
Todas sabemos que cuando Cnidaria pide un color hay que comenzar con los rezos marinos.
Pero no es de buen augurio mencionar a Ladón antes de elegir color.
Océano cerró su anilla de la misma forma que se sellan los sueños sobre la sal y ellas comenzaron a elegir color:
Rojo ibérico para liberar los recuerdos que sobrepasan los inviernos acuáticos.
Solo hubo veinte mil votos.
Amarillo sireno para ahuyentar a los tiburones.
Solo silencio, aunque cuatro medusas se perfilaron.
Verde sinfín para enamorar los acuosos intelectos
Nadie hizo caso.
¡He visto un sol! ¡He visto un sol!
Eso ni siquiera existe.
Ya no importa dijo Cnidaria .
Toosa ha visto un sol. Hagamos otro mar.

Conchita Hinojosa
Eres como el agua que cae del manantial fresca y transparente.
Tienes la fuerza de mil embarcaciones que batallan la lucha diaria en este mar de asfalto.
Tienes la voluntad adherida a tu piel que sangra ante el dolor del hijo herido
Eres el ensamble musical hecho mujer.
Tu vientre, hacedor de vidas, recrea el amor que trastorna el subconsciente, y tus manos, eslabones que atan los yugos de la historia, completan la melodía iniciada al compás del alba.
Mujer, semilla de mil generaciones, hacedora de parajes emblemáticos donde moran aún con el tiempo los nidos vacíos.
Te honro por tus hazañas, por tus desgarros ante el mundo que cruel reclama tus liviandades.
Mujer, empoderada en esta sociedad que tarda en reconocer tu nombre grabado en letras de oro.
Mujer, admiro tu valentía, tu poderío y tu templanza.
Eres la efigie que se levanta colosal entre los senderos de la vida atropellada. Mujer, amalgama que incita al amor.
¿Cómo debe ser el amor a esta edad en que el otoño circunda estos días fríos?
Lo percibo silencioso, invisible, acorazado, acaso mi mente lo dibuje febril, apasionado
No lo imagino con máscara escondiendo su pudor
¿Será aquel amor que se escuda en el contorno de las lunas de octubre?
¿O el que baila el vals que acompaña los vientos de enero?
Este amor estremece aún mis sábanas de arena, moja mis senos consume mis entrañas y le espero, deseo que borde en su pecho mi nombre y que sus besos, llamas de pasión, absorban el néctar que aún esconde mi piel de atardecer.
O acaso, ¿es pecado sentir este placer incendiario?, esta locura que se apodera de mi mente cada que llega la noche y que hace presa en mi casa, volcán en erupción.
Mi locura me conduce hasta el falo ancestral donde brota la savia pura y ahí, en el inconsciente, rezo para que se tatúe en mi piel su estigma.

Federico Fernández
Por las calles abandonadas va ahora la vida.
Hace poco, en cada ventana, en cada umbral, un abrazo, un saludo, una risa pronta, una broma.
Con pausa, una charla, una copa, un café.
Hoy ahuecamos la mano sobre la boca
gritando un nombre sin respuesta, donde ayer bebimos juntos.
¿Dónde, cuándo ?
Ya no viene nadie a vernos pasar.
Pedimos a gritos desde la acera la caridad de un vaso de agua .
La sed se tatúa en la lengua.
No hay jarra ni aljibe para rebosar el vaso.
Queda el camino desierto de nombres, de presencias
El recuerdo es siempre un diálogo solitario.
Quiero celebrar a mis amigos como si hubieran muerto.
Retenerlos aunque nunca se hayan ido, llorarlos de que estén ahí, detrás de una llamada o esperándome pacientes en el café
Saber que mañana podré entregarles el saco que olvidaron en el cotarro y poder ir con ellos otra vez a donde no hemos ido.
Quiero contar con ellos, encontrarlos, como si los hubiera perdido para siempre.
Ponerme triste de saber que deban tolerar que a veces
juguemos a no vernos, a perseguirnos hasta el cansancio y de pronto coincidir en una esquina.
Saber que hemos resucitado de una muerte falsa que solo un instante nos perturbó la vida.

Federico Fernández

Por:
Julian Andrés Delgado
Por: Julian Andrés Delgado

Recuerdo muy bien el día en que lo conocí. Cómo no hacerlo. Fue en la fiesta de Gabriel, por su primer aniversario de casado Me encontraba en la mitad del salón cuando sonó Hotel California-The Eagles, y ahí lo vi, tomando un sorbo de cerveza, contemplando a la nada Su mirada perdida me cautivó, me haló hacia su presencia y luego me abrazó; sin él saberlo Me resguardé en la sapiencia interina por desobedecer ese sentimiento de pena por acercármele. Debatí varios segundos entre hacerlo y no, y en lo que me acercaba, sin darme cuenta, mi corazón palpitaba con vehemencia, rugía con ímpetu, exclamaba fervor por estar en frente suyo. Entonces, supe que lo deseaba, lo quería y, por qué no, lo amaba. Sin conocerlo aún, lo amaba.
Los demás invitados me miraban con recelo. De soslayo percibía esa tensión insidiosa por ver en mí un hálito de alegría. Siempre he sido una mujer parca. Mis facciones faciales se basan en tener el ceño fruncido, la boca arqueada hacia abajo y una postura desafiante. Ese día. Ese magni-
ficente día, lucía distinta Y eso llamó la atención de los envidiosos invitados. Escuché cómo balbuceaban improperios injustificados Cómo rumoraban y se jactaban en un mar de risas musitadas.
Empero, eso no frenó mi deseo inoculado por conocer a quién sería el hombre de mi vida.
Caminé hasta el balcón donde se encontraba. Nos miramos y una destellada luz iluminó el umbral detrás de nosotros. Era claro que éramos el uno para el otro Perdidos en un limbo de sombras ambulantes y unidos por una incongruente unión de dos pérfidas almas esclavas.
Su pelo ondulaba con la brisa otoñal. Sus ojos brillaban, vislumbrando un tenue color azul perlado, como el mar, como el cielo, como su divinidad más pura. Y su sonrisa, blanquecina, pulida y esbelta, con toques de parsimonia que me alojaban en un palpito reverenciando a la vida y evitando a la muerte. De esa manera me sentía, flotando en una elogiada comunión de miradas alegres y sonrisas veraces.
N a r r a t i v a
Nos aceptamos sin rodeo ni tapujos, aunque algo en mí intuía que ya nos habíamos conocido hace mucho tiempo. Nuestras primeras citas fueron llenas de magia y sorpresas; qué tentativas fueron, me dejaban sumida en una ambigüedad de parsimonia y fulgor. No dejaba de pensar en él, y seguido le escribía, le llamaba y lo deseaba; cada vez más. Mis amigos, familiares y allegados, me aconsejaban muy comedidamente, que no siguiera en esa absurda obsesión. ¿Qué carajos le pasaba a esta gente? Estoy segura de que odiaban verme ser feliz No les hice caso, por supuesto; continué buscándolo. Marcos cada vez era más profuso en las muestras de amor que me obsequiaba Pero aquellos recuerdos se difuminan, creando surcos en mi mente, surcos obtusos y precarios
Oficializamos nuestra relación el 25 de mayo del 2018. Nos besamos bajo la luz de la luna que, permeando el cielo taciturno de estelas blanquecinas y fulgurosas, vislumbró un enternecedor brillo y nos regaló un hermoso escenario para que preciosas luciérnagas danzaran en pro de una complicidad amorosa. Fue una noche apoteósica. Hasta ese día, donde una mancomunada retaliación de voces agrestes increpó en contra de nuestra relación y tuve que silenciar lo que tanto me atosigaba.
¿Qué decían esas voces, Alexai? consternado por la sencillez de cómo se contaron los hechos, no escatima en hacer la pregunta.
Que Marcos era una invención mía. Que era una imagen ilusoria de mi anterior y fallecido novio, Michell Que yo estaba loca. Pero se equivocaban, y por eso decidí hacer lo que hice.
Quien hace la pregunta desde el asiento en frente de Alexai, con un gesto, da la orden para que un dispositivo de grabación se active.
¿Qué fue lo que hiciste? ¿Me podrías contar, por favor? Puedes confiar en mí. Tranquila.
Alexai no titubea en responder.
Los maté a todos se toma de las manos. Se las frota de forma instintiva y repetitiva. Su voz se quiebra al querer hablar nuevamente. Se acomoda en el asiento y le regala una sonrisa cargada de ironía al médico tratante. Prosigue. Y disfruté hacerlo.
Un repertorio de carcajadas dementes, embargadas de una soluble satisfacción, es interpretado por el médico como un acto de que Alexai evidentemente habría hecho un festín de elegancia.
Las demás personas en el lugar se miran aterrorizadas Conocían el resultado del ataque de ira, pero desconocían los hechos a priori de cómo fueron perpetuados.
Perfecto, Alexai. Ahora dime, ¿cómo los asesinaste? ¿Podrías detallarlo, por favor?
Alexai da una mirada a su alrededor. A lo lejos, un rostro conocido es interceptado por su frívola mirada. Procede a lanzarle un beso. Gime de un placer incuestionable, se retuerce en su asiento como si un recuerdo morboso le hubiese llegado de momento. El médico frunce el ceño En un acto desaprobatorio llama la atención de Alexai. Esta devuelve la mirada complaciéndolo en una acción de obedecer su orden
Te hice una pregunta, y te pido que la contestes, no alarguemos más esto.
Una brusca y efusiva sonrisa brota del rostro demente de Alexai. Se inclina moderadamente hacia adelante quedando a tan escasos centímetros del rostro impávido del médico.
¿Por qué la pregunta? ¿Crees que es fácil avivar la culpa que cargo? La muerte se los llevó. Así como el amor por Michell me fue arrebatado el día en que lo encontré con quien se suponía era mi mejor amiga. Una traición corrompe al co-
zón. Una traición perdura en los alcores del tiempo No se olvida y no se perdona algo así. En este mundo de mierda donde cada día que pasa es un bucle recíproco, es una epopeya sistemática donde te despiertas, te levantas, comes, sigues tu día, luego duermes y luego todo vuelve a ser lo mismo, es estúpido concebirlo Y por esa razón, me niego a contar una historia que he contado en mi mente una y otra vez Y mucho menos te complaceré la acción de que uses mi declaración como objeto probatorio y de estudio. Esta es una historia que convive conmigo en un eterno castigo de Sísifo. Un sempiterno resplandor de una sonrisa nefasta.
Todos en la sala quedaron estupefactos por las palabras proferidas de Alexai. El médico se organiza los lentes y aclara su garganta. Termina de acomodar unos documentos y da una rápida mirada hacia el gentío que se hallaba en las afueras del cuarto. Se levanta con una tranquilidad pasmosa de la silla. Da unos cuantos pasos rodeando la sala y de pronto, se gira muy lento, hasta quedar de frente a Alexai.
Alexai, tu caso es muy especial. Sufres de una extraña condición de esquizofrenia catatónica. Marcos no existe, es una suplantación idealizada del hombre que amaste: Michell, a quien asesinaste vilmente hace diez años. En ese momento, aseguraste que una voz te alentó a hacerlo, una voz que decía textualmente: «He visto
cómo mira a tu amiga, hazte querer y respetar» Alexai, cinco años después, por tu excelente conducta, te permití salir, un día solamente, el día de la fiesta de Gabriel. Las miradas acusadoras por parte de los invitados no eran de asombro. Los murmullos no eran improperios contra ti. Todo hacía parte de un complejo de sensaciones al ver cómo se descomponían sus cuerpos hasta convertirse en un charco sanguinolento Vertiste ácido sulfúrico a la bebida, y bailaste encima de sus vísceras.
¿Creíste que era algo normal y que todos estaban en tu contra? No puedo hacer nada por ti. Es claro que nunca mejorarás, Alexai el médico se remueve el cabello en un acto de desesperación Confabula con su sombra alborotando sus manos con una actitud de rabia y desconsuelo. Se organiza nuevamente sus lentes y toma asiento nuevamente . En dos semanas será tu sentencia. Serás llevada a la cámara de gas. No eres apta para convivir en armonía entre la comunidad, ni con tus aptitudes, ni actitudes.
Alexai inclina su cabeza levemente hacia un lado. Sus ojos, de tonalidad verdosa, se abren ante la luz. Sonríe vagamente en un acto de aceptación hacia su realidad y fatídico destino.
No veo cuál es la gracia, Alexai. Una pregunta más, ¿lo harías? ¿Nuevamente asesinarías a todos? ¿No tienes algo de remordimiento en tu interior?
Una endeble pero clara carcajada resuena rompiendo con la tensión silente de la sala
Sí. Lo haría de nuevo. Ellos nunca fueron mi familia Siempre se burlaron de mi condición. Amé a Michell y amé a Marcos. No me arrepiento de algo que hice por el desamor de un hombre a quien le entregué mi corazón. No me arrepiento de nada.
Mientras me llevan a la celda, pienso en todas las posibilidades que tendré con Marcos en el limbo fúnebre al que seré arrojada en dos semanas Ahora podremos convivir en un lecho eterno, en un mundo sombrío pero libre de prejuicios, sin miradas acusadoras ni murmullos indeseados. Marcos nunca me traicionaría. Marcos es el amor de mi vida.
«Michell… amore mio. In morte, desiderium amoris non concepti praevalebit»
«Michell… amor mío. l prevalecerá el deseo de concebido» Fin.

Por: Cristian Fernando Guevara Hincapié Por: Cristian Fernando Guevara Hincapié

ausencia; sin familiares, sin amistades duraderas, pocos que preguntaran si seguía ahí
Trabajaba de noche como archivista digital para el Consejo de Verfall, manteniendo un sistema arcaico de archivos: bases de datos heredadas de la Iglesia y del Estado, registros digitalizados de confesiones, exorcismos, denuncias místicas y testimonios difíciles de clasificar. Todo estaba almacenado en servidores vetustos, enormes, que cubrían paredes enteras como anaqueles de supermercado y que nadie se atrevía a apagar
Los llamaban registros muertos.
Pero entre esos registros no reinaba el silencio. Reinaba el ruido.
No era una falla del sistema ni interferencia eléctrica. El ruido era constante, profundo: un murmullo que se filtraba entre líneas de código, que se acumulaba en los discos magnéticos como una estática inteligente. Se ejecutaba sin permisos, reaparecía tras cada depuración, resistía cualquier intento de limpieza.
Elara lo odiaba. Pero tolerarlo era parte de su trabajo.
Había aprendido a reconocerlo como otros reconocen una enfermedad: por sus síntomas. Con el tiempo entendería demasiado tarde que el ruido hacía parte de la anomalía. El Consejo la llamaba así para evitar palabras más antiguas y profanas.
Pocas personas visitaban el Distrito Bajo desde que comenzaron los reportes, apenas meses. Simplemente aparecía. Existían suficientes registros, aunque Elara nunca la había enfren-
N a r r a t i v a
tado directamente. Primero aparecían testimonios dispersos, hablaban de un ruido con la misma descripción que Elara escuchaba, pero acompañado de una figura humanoide manifestándose en cualquier pantalla. Luego, quienes la veían comenzaban a aislarse. Dejaban de responder llamadas, mensajes, registros. Después, desaparecían sin dejar rastro físico
Muchos creyeron que se trataba de una exageración, una forma extrema de lo que en redes sociales llamaban ghosting Pero no era un abandono simbólico Era una ausencia total.
Cada noche, Elara encendía su terminal. No por trabajo. Por una devoción casi obsesiva, enfermiza
El departamento estaba casi vacío, una cama, una silla de oficina y varias pantallas de treinta y dos pulgadas encendidas en silencio perpetuo Catalogaba los archivos con un enfoque casi inhumano… hasta el dieciséis de diciembre.
La primera vez que la anomalía se manifestó fue a las tres y diecisiete de la madrugada
El ruido desapareció de golpe. No quedó estática, ni zumbido, ni interferencia. Solo un silencio absoluto, distinto al que Elara amaba. Un silencio que le heló la sangre y le arrebató toda sensación de control
Entonces la figura apareció en las pantallas. Un rostro humano. Amable. Sonriente. Demasiado correcto para considerarse siquiera real.
Elara, mecánicamente, retrocedió hasta la cama y se ocultó bajo las sábanas, como si la tela pudiera aislarla del sistema, del edificio, de la ciudad entera. Aislarla del horror. Permaneció ahí hasta el amanecer, respirando despacio, convencida de que, si no miraba las pantallas, la anomalía no podría verla. Cuando salió de la cama, la figura ya no estaba.
Creyó que todo había sido un error. Un episodio aislado. El efecto de una psicosis colectiva, filtrada por los registros. Pero era real. Y regresó…
La segunda vez, el rostro ya no era del todo simétrico. La sonrisa se estiraba más de un lado. Los ojos parecían renderizados con retraso, como si pertenecieran a distintas resoluciones. Elara apagó el terminal de golpe, pero al levantar la vista lo vio reflejado en
las pantallas apagadas. Buscó refugio en la cama otra vez. La tercera aparición ocurrió en la superficie metálica de la nevera Y la cuarta, en el vidrio de la ventana, superpuesta a la ciudad.
Cada vez, el rostro se deformaba más La figura dejaba de parecer humana y comenzaba a adoptar una geometría incompatible con cualquier cuerpo mundano. Los ojos se multiplicaban. La boca se desdoblaba. La piel parecía pixelarse, revelando patrones difíciles de explicar, como si bajo la apariencia digital hubiera algo antiquísimo
Elara comprendió que no se trataba de apariciones aisladas. Era una infección. Como un virus digital, la anomalía había cruzado el umbral Ya no habitaba solo en el sistema Estaba en su percepción. La figura aguardaba en cualquier superficie reflectante.
Y con la figura el ruido acompañaba, pero ya no provenía de los servidores Estaba agazapado en su mente, primero como un susurro ininteligible, luego como una certeza articulada que hablaba del final de los tiempos. El mundo, le decía, estaba siendo archivado Lo que venía no era destrucción, sino silencio definitivo Y no había forma más eficiente de lograrlo que acallar a quienes generaban ruido: los seres humanos.
Elara, sintió culpa víctima y verduga , porque había liberado la anomalía cuando filtró archivos con el ruido a compradores de la dark web. Tal vez la anomalía la había estado usando desde el principio.
Dejó de responder mensajes. Dejó de contestar llamadas. Dejó de encender el terminal.
Durante días, nadie supo si seguía ahí. Nadie preguntó. El edificio permaneció inmóvil. Las pantallas, apagadas. El ruido, ausente.
Cuando finalmente alguien del Consejo entró al departamento, la encontró suspendida de una de las vigas del techo. El cuerpo quieto. El rostro inexpresiv era alcanzado, por fin, una forma perfecta de silencio. Llevaba días colga
Primero se perdió su rastro digital. Y luego, todo lo demás.


Por: Rosalva Y. Ruíz
Por: Rosalva Y. Ruíz
¿Alguna vez les he contado sobre la Pizza y el Taco Jalisco? ¡Uy, déjen les cuento! Todo empezó cuando la Pizza se enamoró del Taco Jalisco Los dos sabían que su relación no sería aceptada, por eso a escondidas se veían; hasta que un día, fueron delatados por uno de sus primos Desde ése momento, sus familias estuvieron en contra de su relación.
Los Jalisco, insistían preguntando al taco en ¿qué era lo que le veía a esa Pizza, si ni siquiera salsa tenía?, si ellos, desde generaciones, habían sido los más conocidos por su cilantro bien fresquecito y picadito; su buen bistec bien sazonado, su cebolla asada como ninguna sin olvidarse de sus tortillas bien doraditas . ¿¡Cómo era posible, que tantas generaciones con esa excelencia, se pierdiera con una Pizza cualquiera!?
Claro estaba, por parte de los Pizzianos, en que la relación de Pizza, iba en contra de los principios establecidos por las leyes de las papilas gustativas. La sangre ya se había degradado con el Hawaiano aquel que se casó con la tía Jamichis. Solo de pensar que
ahora, otra persona de los Pizzianos, tendría otro escandalo sería la muerte para la matriarca Pepperoni ; por lo mismo, decidieron mantenerla encerrada en su cuarto sin darse cuenta que Taco Jalisco sería tan escurridizo.
Llegó el día de la fiesta de la realeza. Todas las comidas de alta alcurnia serían invitadas Los padres de Pizza, la dejaron resguardada por los mejores caballeros triangulares.
Por su parte, los padres de Taco Jalisco, lo llevaron a regañadientes a la noche de gala. Tan pronto entraron a la sala de baile, vinieron aristócratas de diferentes lugares para saludar al nuevo ministro del reino, Don Jalisco Taquero. Fue ahí, cuando Taco Jalisco se escabulló de la fiesta para ir en busca de su único amor.
El Rey, a quien le gustaba la discordia, desde su trono mandó llamar a Don Jalisco Taqueria y a Don Pizziano Pepperoni. Los dos, con caras anonadadas y con dagas en los ojos, se miraron y pasaron al centro de la pista. Por la sonrisa pícara del Rey, ya
se veía venir lo que diría y Don Pizziano mostró su cara roja, como la salsa de tomate que vestía, pues la vergüenza lo consumía.
Su señoría, ¿en qué puedo servirle? dió su reverencia.
Don Jalisco, cual taco escurridizo y sin vergüenza, solo bajó un poco su cara Ante usted me presento, su majestad.
Todos se quedaron en silencio esperando la palabra de su excelencia y cuando apenas iba a hablar, las puertas retumbaron al abrirse. Todos saltaron asustados. La gelatina con su vestido esponjoso, siguió temblando al caer.
¡Su majestad, tenemos un problema! dijo casi sin aliento el consejero que venía corriendo . ¡Los caballeros triangulares están en plena persecución, la princesa Pizziano, ha sido secuestrada! Con nervios vió al ministro y asustado bajó su cabeza
Don Pizziano, sentía que su salsa de tomate caía a sus pies. Sin pensarlo, agarró un pepperoni y lo lanzó a Don Taco Jalisco Éste siguiendo sus reflejos, sacó su beefy pistola 9 milímetros y disparó tallos puntiagudos de cilantro.
En segundos, el Pepperoni estaba perforado y terminó cayendo sobre la mazorca Ella, se enojó tanto que empezaron a saltar palomitas por todos lados.
La concurrencia estaba aturdida, cada quien se defendió a su manera Ya se han de imaginar, había puddín, gelatina, carne, pan, ensalada, betún y hasta atún, todo volando por los aires, como proyectiles.
Parecía que había explotado una guerra interna, de esas, que hasta duele la panza
El rey Flama se reía a carcajadas. Uno se daba cuenta, porque su flama, empezó a hacer una llamarada entre amarillo y naranja, hasta que le cayó un pedazo de turrón almendrado Entonces sí, levantó su furia azul purpura y gritó:
¡Parad esta locura! volteo hacia Don Pizziano que estaba lleno de cilantro y a Don Jalisco salpicado de salsa de tomate . ¡Ustedes dos vayan por sus hijos y que quede escrito! miró hacia su consejero : sus hijos serán pareja bendecida por el reino, lo decreto, el que vaya en mi contra, será desterrado de este reino.
A las afueras de la citadel, cabalgando a paso veloz, iba la pareja en su corcel. Sin saber el decreto de su Rey; llegaron a la cúspide de la barranca sin encontrar salida y como Romeo y Julieta, decidieron aventarse para que nadie les separara. Amargo estuvo por años el Reino de bombón a causa de aquel verdadero amor Pero no se sientan tri cuenta, que por el Val encuentra su descendencia

a r r a t i v a
Por: Diony Scandela Por: Diony Scandela

El sábado trece de octubre murió el detective Pedro Núñez Tenía sesenta y seis años cumplidos y veinte de lucha contra el crimen organizado. Núñez era gran amigo del gobernador, un hombre de acción y carisma; de posible origen judío sefardí, aunque él siempre lo negó Simón Jacobsen, el forense, fue uno de los que pronunció el espléndido discurso en el Cementerio Municipal de Puerto Aztur.
Yo me hallaba en la recién remodelada sucursal del Bar Engels, en las afueras de la ciudad Tenía entre mis manos una fascinante novela policial de tapa dura; una de esas portadas noir que tanto me recordaban a Pedro Núñez.
Mucho se teorizó sobre la procedencia de aquel hombre de complexión hercúlea: que era un agente de la CIA, que era el prófugo de un grupo de sabios que renunciaron al estudio de la cábala, o que guardaba una conexión con alguna sociedad iniciática ¿Y qué podía pensar yo? En mi labor como periodista, siempre he sabido rasgar las capas para hallar la verdad. Simplemente, apareció de la noche a la mañana en el Departamento de Policía, buscando trabajo entre aquel gremio de incompetentes agentes de la ley.
Pedro Núñez era un sujeto alto cuya figura obligaba a los demás a levantar la vista. Tenía el rostro cuadrado, la nariz fina y el cabello negro ondulado. Sus ojos oscuros, bajo dos líneas gruesas de cejas, le conferían un aire moruno. En una ocasión pude comprobar que su puño era mortal: en un enfrentamiento físico, Pedro despachó a dos matones del «Ludópata». Investigando en internet una entrevista que le hizo el Diario Babalon un año antes de su muerte, noté que algunos colegas solían llamarlo «Arquímedes» por afecto.
¿Arquímedes? ¿El físico griego? Su posible origen judío nunca pudo comprobarse (el detective lo cambiaba según la ocasión). También comentó al diario que prefería leer a Cervantes antes que una novela de detectives; que Dios era una idea sagrada y… aquí es
donde todo se enreda. Pedro decía en muchas ocasiones que era agnóstico, pero conocía muchísimo sobre religiones En una ciudad como Puerto Aztur, donde hervía la locura de las ideas con el crimen serial, resultaba toda una gama de esquizofrénicos y paranoicos que rayaban en la teatralidad a la hora de asesinar personas.
Pero el insomnio, ese malnacido duende de la ansiedad, me jugó una mala pasada los días posteriores a la muerte del buen detective. En internet había muy poca información sobre él. Con el pasar de los días me enfrasqué en terminar de leer mi novela y cubrir un escándalo en la oficina de un concejal. El domingo fui a misa en la Catedral de la Resurrección, donde el padre hizo mención del caído campeador de la ley: «Su lucha nos guía, al igual que Dios lo hizo con su pueblo a través del desierto Y en todos los mundos brillará la luz de Cristo para él». Al finalizar la liturgia, cuando los feligreses ya se habían ido, me quedé absorto en la estatuilla de un santo. Cuando iba saliendo, noté a alguien de traje negro y mirada inexpresiva que me seguía; yo le hice un gesto de saludo al cruzar las puertas de la iglesia
Dejé la novela a la mitad y caí en un sopor que duró hasta las tres de la tarde, justo cuando sonaron las tres campanadas del reloj de péndulo en la sala En el teléfono había tres llamadas perdidas de Margarita, una colega periodista, pero yo estaba en mi momento sacro del café mientras aún resonaban las palabras del padre: «Y en todos los mundos brillará la luz de Cristo para él» Di un sorbo al café mientras veía el cielo nublarse y las calles vacías «¿En cuántos mundos podrán existir más Pedros?», pensé con sorna. Al terminar el café, llamé a Margarita.
¡Carajos, Miguel! ¿Para qué tienes ese teléfono? Margarita, hoy es domingo. Mañana terminaremos de averiguar el escándalo en la oficina del concejal. Pues deja por un minuto esa novela policial… Hallaron algo frente a la antigua casa de Pedro Núñez.
Hay momentos en la vida que significan el desvanecimiento de todas tus realidades. Como el inesperado relámpago en un terreno inhóspito del Salvaje Oeste. Minutos después de haber conducido a la urbanización Abraxas, en la calle 33, pude darme cuenta de que la verdad se esconde tras capas. En una piedra gris estaba una mano cercenada, atravesada con una moharra. La sangre aún estaba seca y, lo más sombrío, un raro símbolo dibujado a la perfección con tinta. Bajo la tarde nublada de aquel domingo que caía como un fantasma, la casa de estilo americano del difunto Pedro Núñez parecía ser el punto de convergencia de todos los enigmas de la existencia.
Otra vez me puse en alerta cuando descubrí que el ADN correspondía al de un tal Rex Bellator Un estafador de origen italiano cuya cercanía a las mafias locales resultó en su muerte un mes antes que la de Pedro Núñez. El símbolo, según averiguamos Margarita y yo, se trataba de un diagrama hermético del siglo XVI: Sigillum Dei Aemeth (Sello de Dios de la Verdad) Supuestamente, otorgaba poderes sobre arcángeles y espíritus Descubrí también que Pedro Núñez mantuvo relaciones con la esposa del concejal y que encerró un par de veces al tal Rex Bellator; pero aquel lobo estafador siempre salía bajo fianza.
La casa estaba hipotecada me dijo Margarita mientras íbamos al Departamento de Policía . Nadie está al tanto de esto, solo nosotros y los policías. Y aún tengo la irresistible curiosidad de saber quién era realmente Pedro Tal vez esa estúpida novela de detectives podría darte las respuestas. Ahora el lío es más grande: el sello en la mano del estafador. Una superstición que utiliza “magia enoquiana”.
Para ella todo era un mal chiste; para mí aquello era algo serio, más grande que cualquier caso periodístico. Olvidé durante días el escándalo del concejal e incluso pude reunirme con el gobernador Bajo una noche lluviosa, en el Bar Engels, me confesó algo tétrico:
La última vez que nos vimos, Pedro estaba en total estado de ebriedad. Me dijo cosas locas sobre que el universo era una red de copias y que él pertenecía a otra realidad Es obvio que el hombre estaba ebrio… pero muchos dicen que el borracho siempre dice la verdad. Desde luego respondí. Lo que viene a continuación es más extraño aún. Dijo que había matado a otro detective y tomado su vida: Artemio Valenti, otra figura legendaria en el panteón de luchadores contra el crimen.
En la Biblioteca Municipal hallé recortes de las hazañas de Valenti; se dice que rescató a un grupo de niños de una secta siniestra. Era un hombre de mano dura, violento e incorruptible; su rumoreada conversión al calvinismo lo posicionó como líder de una congregación. Lo que me voló los sesos fue que nunca se supo más de él. Mi reloj marcaba las once de la noche cuando el teléfono sonó:
Mira el archivo que te envié dijo Margarita.
Eran fotos de Artemio Valenti y de Pedro Núñez en su juventud. Eran como dos gotas de agua: Artemio usaba el cabello engomado y Pedro el cabello un poco largo con un bigote tupido. Al salir a la calle, el aire olía a ozono y salitre. Conduje de vuelta a la urbanización
Abraxas. Recordé lo del «universo de copias». Si Pedro era realmente Artemio, ¿quién yacía en el cementerio? Saqué mi novela y en la página 133 leí una frase subrayada: «Para que el Sello de la Verdad se abra, el guerrero debe morir dos veces: una en el mundo de la carne y otra en el mundo de los nombres».
Fui empujado al suelo; escuché que alguien rompió la ventana de mi automóvil y hurtó mi chaqueta junto con la novela. Lo perseguí por toda la urbanización Abraxas, pero aquel sujeto corría como un maratonista Se desvaneció en el bosque Allí, en el suelo, brillaba algo metálico: una pequeña llave de bronce con una etiqueta de cuero que decía «Arquímedes» y un grabado del sigilo.
En el cementerio municipal se hablaba de la profanación de la tumba de Pedro Núñez. Al día siguiente, el concejal fue hallado muerto cerca de un prostíbulo. Margarita me mostró una foto: en el pecho del concejal estaba el mismo sigilo y el número tres
Esa noche, me propuse averiguar sobre el sigilo. Un diagrama mágico, compuesto por dos círculos, un pentagrama, dos heptágonos y un heptagrama, inscrito con los nombres de Dios y sus ángeles ¿Cuál Dios? Yavé, Alá, el Todo Tuve la surrealista teofanía de un Pedro Núñez siendo Artemio y Rex Bellator a través de un mapa cósmico.
Al despertar, Margarita entró apresurada Le hablé del incidente en Abraxas y del blog «Bajo el rostro de nueve mundos» que Pedro escribió. Yo imaginaba que éramos piezas de un multiverso, pero ella me miró como a un idiota. Tal vez Dios era el arquitecto de nueve mundos cuyos habitantes eran el reflejo infinito. El detective en su transitar terminaba siendo guerrero, estafador y viajero del tiempo…
Esa noche, el aire se volvió denso. Miré la llave de bronce. «Arquímedes». El nombre no era una referencia al físico, sino a la palanca capaz de mover el mundo fuera de su eje. Regresé a la Catedral de la Resurrección. Encontré al hombre del traje negro sentado en el último banco. Al acercarme, no vi un rostro, sino una repetición: era el mismo hombre de las fotos, pero despojado del tiempo.
Usted busca una verdad de tinta y papel dijo sin mirarme , pero la verdad es una arquitectura de espejos.
Me entregó mi chaqueta y la novela. Al abrirla, descubrí con horror que el texto narraba, palabra por palabra, mi propia llegada a la catedral y nuestra conversación.
Pedro Núñez no murió el sábado trece continuó la voz . Pedro Núñez es una cifra en un cálculo que se repite cada trescientos años Fue Artemio el calvinista, fue el arqueólogo que buscó las ruinas de Puerto Aztur, y fue Rex Bellator, que se dejó cercenar la mano para que el Sello tuviera una entrada en este plano. ¿Y quién soy yo? pregunté. Usted es el que escribe la historia para que el ciclo no se pierda Usted es la memoria del que olvida
Me condujo hacia el espejo del baptisterio. No vi mi reflejo. Vi un desierto bajo nueve lunas y una torre donde un hombre idéntico a mí terminaba de escribir una novela policial Comprendí que Dios no es el arquitecto, sino el lector de una obra infinita que se escribe a sí misma. El universo es su tablero.
Saqué la llave de bronce y la arrojé al pozo del bautisterio. Cuando volví a mirar el espejo, ya no estaba el hombre del traje negro. Solo estaba yo, pero en mi mano derecha faltaba el dedo con el que solía señalar las verdades en mis artículos
Salí a la calle. El domingo agonizaba. En el quiosco de la esquina, el titular del Diario Babalon anunciaba: «Muere el periodista Miguel; se busca a un tal Pedro Núñez para cubrir la vacante». Un predicador se tropezó conmigo cruzando la calle, me miró fijamente y dijo en tono solemne: En todos los mundos brillará la luz de Cristo para ti.
Sentí el alivio de la predestinación. Entré en el Bar Engels, pedí un café y empecé a hojear una novela policial que acababa de aparecer sobre la barra. La primera frase decía: El sábado trece de octubre murió el detective Pedro Núñez...

Por: Abel Septymus Por: Abel Septymus
Es un invierno hostil, el viento silba con fuerza y en el interior de la casa abandonada, una niña permanece con los ojos vendados, atada de pies y manos a una silla. Luce pequeña y frágil, como una princesa maltratada. Bajo su piel, sin embargo, algo late con la fuerza de un animal hambriento.
Escucha pasos que se acercan y comienza a cantar en un extraño idioma; lo más probable es que sea en latín; los finos rasgos de su rostro se iluminan con rayos de luna. Afuera, en un concierto sincronizado, interactúan el canto interminable de los grillos y el graznido macabro de una lechuza. Es el malevolente prestigio de una noche fatídica.
El secuestrador se detiene frente a la pequeña con el botín que ha cobrado por su libertad. Lo acaricia y celebra como si fuera un trofeo de guerra y brinca, baila y grita muy contento por su reciente acto delictivo.
¿No sientes remordimiento por matar a mis padres? pregunta la pequeña con voz clara y firme.
¿Cómo lo sabes, niña, si los maté a kilómetros de aquí?
¡Ah, y ahora vienes a ultrajarme y luego matarme para luego vender mis órganos al mejor postor! contestó ella, adivinando su cruel pensamiento.

Una mancha de sombra comenzó a extenderse desde los pies de la niña, como si la oscuridad misma quisiera lamerle las botas al hombre.
¿Por qué sudas frío y te tiemblan las piernas, hombre malo? dijo con una tranquilidad fuera de serie.
No parece estar incómoda ni mucho menos temerosa
¿Qué es esto? ¿Có... cómo puedes ver con los ojos vendados? los labios y la voz del hombre también comienzan a temblar.
¡Uy, si supieras que con los ojos cerrados puedo ver más y hacer tantas cosas que tu retorcida mente no podría explicártelo ni en cien vidas más!
N a r r a t i v a
Sus palabras suenan convincentes, más que las de cualquier audaz adulto El asesino cae de rodillas al ver que las cuerdas que atan a la niña se aflojan mágicamente; ella flota en el aire mientras se libera Con la venda sucede lo mismo. Los ojos de la pequeña, ahora descubiertos, no tienen pupilas; son dos pozos de plata líquida que parecen ver el fondo de la podrida alma del hombre.
Los ojos del maleante se abren al máximo cuando las cuerdas que ataban a la niña, se convierten en una hermosísima serpiente coralillo que le rodea el cuello. Un escalofrío le recorre desde los pies hasta la cabeza mientras siente las punzadas de mil alfileres en todo el cuerpo. Ella se incorpora sonriente; es evidente que posee poderes sobrenaturales
Me secuestraste dormida. La luna estaba en fase menguante y mis poderes disminuyen en esos lapsos, pero hoy es luna llena... le recordó la niña.
¿Y sabes lo que eso significa para ti? su carcajada aturde al delincuente. Ella se para frente a él, que aún continúa hincado y le da la siguiente orden:
Abre la boca. A ver, ábrela más, hombrecito chillón. Así así, ahora introduce el cañón de tu revólver, apunta hacia arriba y dispara. ¡Jajaja! Qué valiente has de haber sido hace unas horas.
La mano derecha del hombre, contra su voluntad realiza lo solicitado, toma el revólver y pone el dedo índice en el gatillo, mientras su mano izquierda lucha inútilmente por impedirlo
A estas alturas, el hombre llora como un desquiciado e implora perdón a la pequeña Roxy, de apenas siete años.
¿Perdón por qué? Si me has liberado de mis padres postizos que no me permitían usar mis dones, porque decían que yo misma me podía hacer daño y en parte puede que tengan razón, por eso debo vengarlos, porque ellos me adoptaron, me brindaron todo su amor y protección y además, te pagaron muy bien por mi rescate y aun así los mataste, ¡desgraciado! Aunque no lo parezca, yo les tenía un cariño especial por ser tan bondadosos conmigo. Sentirás cómo el plomo te destroza, pero tu alma no descansará; la mantendré gritando en este sótano por el resto de la eternidad. ¡Ahora, cumple mi orden!
El disparo atravesó el paladar e hizo añicos el cerebro del asesino. Fue una bala expansiva de un revólver niquelado marca Colt Python, calibre .357 Magnum. Roxy, tranquila toma el dinero de su rescate y sale de la trágica escena. Afuera camina sin prisa y retoma su extraño canto. La lechuza se posa en su hombro izquierdo y le susurra algo al oído. Ella sonríe y dice:
Aura, tienes mucha razón, como siempre. Ahora toca el turno de visitar a mis verdaderos padres, esos que hace tres años me abandonaron en una función de circo de una caravana gitana Me dijeron que irían por un lonche y un jugo de uva; mi favorito y me dejaron ahí por ser una «niña rara». Hoy se van a arrepentir hasta de haber nacido
La lechuza ríe macabramente y en un vuelo sutil comienza a transformarse en una enigmática y hermosa dama que toma a la niña de la mano.
Así es, Roxy. Hoy cumpliste siete años y está marcado en las estrellas que a ellos les llegó su hora Yo no quisiera estar en sus zapatos.
Ella era la Gran Aura: dueña, maga y payasa del circo antes mencionado. Roxy estaba agradecida con ella porque permitió que una pareja que nunca pudo tener hijos, se hiciera cargo de su vida tras el abandono de sus ingratos padres. Ahora, la pequeña se convertirá en la estrella principal del espectáculo de tres pistas: será la adivina y realizará actos de telequinesis y acrobacias en la cuerda floja con los ojos vendados pero no quiero imaginar qué hará cuando su mente detecte entre el público a algún asesino, secuestrador o maltratador de personas .
El aire a su alrededor se volvió gélido y el olor a pólvora y azufre las siguió como una sombra fiel.
La víbora que iba enroscada en el brazo de la pequeña se transformó en el bastón mágico que siempre acompaña a la gran señora.
Los grillos, con su canto se unen al peculiar espectáculo nocturnal de luna llena. Ambas siguen su camino y cantan en euskera mientras se pierden en la densa niebla Y allá atrás se va diluyendo el eco intermitente de la sentencia de Roxy, que se mezcla con los gritos de dolor y súplica que quedarán por siempre en ésa casa abandonada.

Por: Verónica Chanón Por: Verónica Chanón

Esa noche volvió a soñar que sus padres caminaban por un campo de cebollas y que Nivea iba sin cabeza, de modo que así supo todo lo ocurrido… despertó muy excitada y pidió a Férula que la ayudara a vestirse, porque debía salir en busca de la cabeza de su madre. La casa de los espíritus
a r r a t i v a
Los coches no son de fiar Se lo dije a Severo Algún día nos mataríamos en esa maquina infernal. Y así fue. Ese día, sin frenos, salimos volando por los aires. Caí sobre unos fierros y pude sentir como una lamina cortó limpiamente mi cabeza. Todo pasó en segundos.
Poco tiempo después del accidente, la policía encontró el cadaver de Severo y encontró mi cuerpo decapitado, pero nadie pudo encontrar mi cabeza. Fuimos sepultados incompletos.
No pudo haber nada más trágico que terminar de esa manera. Yo, decapitada. Era irónico. Absurdo. Injusto. Los hombres del pueblo dijeron que así debía ser, por andar de instigadora con mis ideas de liberación femenina. Descabezada me decían y descabezada quedé. El destino mismo parecía ser un machista de pueblo.
Mi cabeza, sin embargo, seguía hilando pensamientos. Esperaba. Desesperaba. Pues como si no hubiera sido bastante terminar decapitada, tenía que aguantar seguir allí, perdida, tirada entre el campo de cebollas, como basura.
Pasaron semanas antes de ver llegar a mi hija Clara. Mi Clara, mi clarividente, siempre fue rara. No fue extraño que ella me encontrara. Desde niña interactuaba con espíritus, tenía visiones y premoniciones. La vi acercarse con dificultad entre los arbustos y el polvo suelto. El chofer de la casa iba con ella. Fue él quien, por instrucción de Clara, levantó mi cabeza de entre los arbustos. Me habían encontrado. Mejor dicho, Clara habiéndome visto en sueños,
vino por mi cabeza. Cuando el chofer me puso en sus manos pensé que por fin iba a descansar en paz. Tragué aire otra vez. No pude hablarle pero la vi con mis ojos cansados de no dormir. La vi inmensa. Su vientre esponjado por las vidas que anidaba era más grande que toda yo. O, mejor dicho, más grande que todo lo que restaba de mi.
Subió conmigo al coche y no pude evitar revivir el accidente que me puso allí. Mis recuerdos se elevaban, tocaban las nubes y las volvían negras. Otra vez, me vi caer sobre unos fierros y pude sentir la lamina cortando limpiamente mi cabeza. Todo pasó en segundos Y en segundos, mis recuerdos tornaron todo el cielo de un color gris obscuro, desgastado, viejo y olvidado.
Luego, pensé que ya estaba muerta. Ya nada peor podría pasar. Entonces, me tranquilicé. Traje a mi memoria los paseos con Severo. Lo extrañé. Clara supo lo que no pude decir. La vi con agradecimiento. Con ternura. ella tomó mi cabeza y me asomó por la ventana del coche en movimiento. Supo que su madre quedría observar el camino y escuchar los cuentos del viento por ultima vez
Después de un rato de sostener mi cabeza para que yo viera por la ventana, me puso en su regazo y me acomodó los cabellos llenos de polvo mientras me acariciaba suavemente los pensamientos Yo quise agradecerle pero sin voz, ya no podía Entonces desprendí de entre mis cabellos blancos la sabiduría que había en mí y la metí por debajo de sus uñas mientras sus manos seguían posadas sobre mi cabeza.
Vi a mi Clara abrir la ventana del coche mientras la escuchaba sin hablar. Podía ver el cielo. Nublado. Negro. Confundido como nuestras ideas.
Llegamos a casa y el chofer nos ayudó a bajar. Clara entró conmigo a la recamara y me puso sobre el mueble junto a su cama Pensé que iría a arreglar lo necesario para llevarme al camposanto. Su padre me estaría esperando allí. Mi cuerpo me estaría esperando allí. Pero no fue así.
Clara estaba a punto de dar a luz La vi echarse en la cama Luchaba por sacar de su vientre a los mellizos. Ellos, a su vez, empujaban los sollozos y puñados de tristeza que se encontraban alojados en su madre y que les estorbaban para salir.
Finalmente, escuche al primero de los mellizos llorar. Lloró tan fuerte como un trueno perdido en un campo. El otro fue más calmado, pero profundo, su llanto fue como un alarido de lobo que se calmó después de haber encontrado a mamá fuera de su guarida.
Todo eso pasó ante mis ojos. Me sentí afortunada, aunque luego volví en mi y desee marcharme del mundo de los vivos.
Tiempo después, vi entrar a Férula, la cuñada de mi hija, ella me tomó entre sus manos y me puso debajo la cama Clara, ocupada como estaba, con los mellizos llorando, parecía no mirar lo que sucedía frente a ella. Si hubiera podido gritar lo hubiera hecho. Pero seguí muda. Así, mis pensamientos comenzaron a obscurecerse debajo de la cama.
A los pocos días de estar metida allí, el marido de mi hija decidió que enterrarme sería un problema. Todo el pueblo hablaría de Clara y de sus visiones y locuras, si se sabía que ella me había encontrado, cuando ni la policía, ni los perros de rescate pudieron dar conmigo. Por tanto, me llevó al sótano y me escondió en una sombrerera. Clara nunca preguntó por mi. Pero no era necesario. Ella sabía donde había quedado su madre.
Cuando alguien abría la puerta del sótano, yo, desesperada, asomaba mi ánima por la rendija y le gritaba a Clara que no era feliz Mi cabeza no era de su pertenencia Me sentía secuestrada y sin paz. Pero Clara pasaba de largo sin querer oír. Me ignoraba.
Y así pasaron los años. No se que habrá hecho Clara con la sabiduría que le di. ¿Se le habrá escapado con el viento durante el trayecto del lugar del accidente hasta aquí? ¿O, tal vez, se quedó prendida al dolor que empujaron los mellizos al nacer? Clara. Muchacha rara. Sin cabeza. En eso salió a mi.

Por: José Arrazolo Por: José Arrazolo

En 1977 llegó a México una familia de Menonitas integrada por Peter, su esposa Margarita y sus cinco hijos. Peter Rede Kopp, un hombre de carácter serio, alto, de tez clara y vestido con overol de pechera y sombrero texano característico de su comunidad Emigró de la región de Toronto Canadá, hacia el centro Norte del país en la zona rural del municipio de Miguel Auza Zacatecas, en busca de nuevos horizontes y tierras fértiles para cultivar y dar una mejor vida a su familia se establecieron primero en aquella región con un familiar de Margarita, que les abrió las puertas de su casa con mucha amabilidad, una característica propia de aquellos cristianos anabaptistas . Durante ese lapso, Peter buscó hasta encontrar unas tierras de labranza y un terreno para construir su propio hogar utilizando el producto de sus ahorros y la venta de la propiedad que tenía en Canadá.
Al poco tiempo también adquirió 15 vacas pintas de ordeña, dos terrenos de 9 hectáreas de tierra roja muy buenas para la cosecha además de un tractor con el que se
podía sembrar solo 2 surcos con el arado de su medida Finalmente, luego de un largo periodo de arduo trabajo y disciplina, se alojó con su familia en su nuevo hogar.
Sus hijos, aún muy jóvenes, no podían con la carga de trabajo de aquella propiedad. Tres de ellos eran menores de 10 años y dos jovencitas con 15 y 17 años donde destacaba por su belleza, Sara, la mayor, de pelo rubio y ojos azules enmarcados por un pañuelo que cubría su cabeza para protegerse del clima extremo de aquella región
Peter tuvo que emplear a un peón de campo de una comunidad cercana del asentamiento, para que pudiera transportarse con prontitud para trabajar en su pequeño establo
El Peón, de nombre Felipe y mexicano de origen, tenía apenas 18 años, moreno, delgado y con muchas ilusiones para hacer dinero con el esfuerzo de su trabajo para apoyar a sus padres y en un futuro no muy lejano, hacer vida propia. Se presentó muy
N a r r a t i v a
temprano en la propiedad en su primer día de trabajo. El Sr. Peter le dio instrucciones sobre las tareas para mantener el buen funcionamiento del establo y además, como debía alimentar las vacas para que estas produjeran la mayor cantidad de leche.
Solo si haces bien tu trabajo dijo
Peter vamos a tener ganancias y tendrás tu pago asegurado.
Así transcurrió año y medio de aquel día que Felipe llegó en su motocicleta a los corrales. Se esforzaba para mantener su trabajo y gracias a su buen carácter y su inteligencia para aprender “Bajo alemán” idioma de los menonitas , también fue haciendo buena amistad con la familia de Peter y con algunos vecinos que aprendieron con él un poco el idioma español.
Las hijas de Peter también eran muy trabajadoras. Apoyaban todos los días en el hogar, pero también en las tareas del establo junto a Felipe y cuando terminaba la jornada lo invitaban a comer en casa donde ya lo consideraban un miembro más de la familia.
El tiempo siguió su marcha, pero, había algo que Peter y su esposa no sabían del peón mexicano. Por más de 5 meses les había ocultado una relación sentimental que ya tenía con su hija Sara. Cada tarde, luego de ordeñar las vacas y antes de retirarse a su casa a descansar, se veía a escon-
didas con su hija mayor Enamorados platicaban tomados de la mano, pero se ocultaban de todas las miradas pues tenían miedo de que los separaran por ser de culturas y religión muy diferentes.
Un lunes por la tarde, mientras todas las familias se congregaban en la iglesia de la comunidad para escuchar al Pastor que predicaba la palabra de dios, Sara, aprovechó para salir sigilosamente del lugar y luego correr hacia el establo, donde sabía que encontraría a Felipe ordeñando las vacas a esa hora.
Llegó agitada y gritando a Felipe que se fueran para la casa de sus padres pues sus papas ya se habían enterado de que se veían en secreto Felipe quedó azorado con la noticia y nervioso abrazó a Sara y sin dudarlo por un instante abandonó su trabajo para juntos escapar en su motocicleta y dirigirse a donde fuera su domicilio en Emiliano Carranza para comenzar una nueva vida.
Tenían el propósito de casarse por las leyes de su comunidad para no separarse jamás, pero el miedo los acongojaba. Ambos sabían que el matrimonio era una institución santa y sagrada para los padres de Sara que lo rechazarían por las raíces propias de su cultura, que no consentían, si se mezclaba con personas de otra raza
Cuando Peter y su esposa salieron de la Iglesia notaron de inmediato la ausencia de
su hija Sara. Alarmados, la buscaron portodos los sitios cercanos sin resultados hasta que, desalentados, se dirigieron a su casa. Con la esperanza de encontrarla con una amiga de la misma comunidad, su mujer y su otra hija continuaron con su búsqueda, mientras, Peter, se dirigía al Establo para inspeccionar el trabajo de Felipe y asegurar que las vacas tuvieran su alimento.
En el Establo, descubrió que Felipe se había marchado sin terminar su labor del día. Quedó sorprendido por aquello que miraba. Con sentimientos encontrados se fue de inmediato a hasta el pueblo de Emilio Carranza a la casa de los papas de Felipe, pensando que le hubiera ocurrido algún accidente con las vacas o con la herramienta de trabajo Tenía también un mal presentimiento con relación a su hija que lo molestaba.
Ahí se llevó la sorpresa de su vida. Lo recibió la mamá de Felipe que de inmediato le dio la “buena noticia”, que al Sr. Peter le cayó como un balde de agua fría
Lleno de furia en aquel momento, puso una máscara en su rostro para ocultar sus sentimientos y con una sonrisa falsa disimuló estar contento y platicó con la señora amenamente acordando que dos días después arreglarían lo de sus hijos con el “funcionario de la iglesia”.
De regreso a su propiedad, por la noche, frente al portal de la casa, Peter platicó con
su esposa sobre los hechos ocurridos y mástarde, se escucharon los susurros de sus oraciones a la luz de las estrellas. Cerca del amanecer, cargado de sueño, dormitó por un par de horas.
Al despuntar el día, Peter, organizó todo para rematar sus propiedades a muy bajo costo. Las tierras y vacas las traspasó con un crédito a la misma gente menonita de la colonia y lo único que no vendió fue la casa por si pudiera regresar en el futuro. Para el sábado al mediodía preparó todo para su viaje y platicó con sus hijos para que se despidieran de sus tíos y primos con la intención de partir esa misma noche.
Por la tarde, fue a Emilio Carranza para platicar con los papas de Felipe como había acordado. Lo recibieron amablemente y Peter se comportó como todo un señor de respeto
Platicaron por un buen rato y decidieron que el acto del matrimonio se llevaría a cabo en un plazo de 15 días Ocho días antes de la boda se reunirían todos los familiares y los amigos donde cantarían dos o tres himnos, lo que sería como el compromiso, para ellos. Antes de ponerse el sol, salió Peter de la mano de su hija que estaba feliz porque su padre lo sabía y había aceptado su relación con Felipe
Ya no cruzaron palabra durante el camino de retorno a Casa. Sara no paraba de hablar de lo feliz que se sentía, mientras el
señor guardaba silencio, hasta que avistaronl a casa ya en el crepúsculo. Entonces, miró sorprendida, que ya no estaban las vacas en el establo y tampoco el tractor ni sus implementos y que faltaban muchas cosas del corral y de la casa. Su rostro palideció y tarde comprendió lo que su propio padre intentaba hacer con su vida. La subió a la fuerza a la camioneta para iniciar el viaje de retorno a Canadá y partió con lágrimas y una profunda tristeza que no le cabía en el alma, dejando atrás el Pueblo Miguel Auza.
Felipe, el peón de campo, se refugió en el seno de su familia para superar el dolor de haber perdido su primer amor que jamás volvió a ver. Aun visita el establo en contadas ocasiones con la esperanza que ella regrese un día, pero es inútil.
Han pasado más de 30 años si bien, ha tenido otros noviazgos, todavía sigue obsesionado con su primer amor, quien sabe por cuantos años más. Tal vez hasta su propia muerte.


El 21 de febrero de 1923 en Pinos Zacateas nació Amparo Dávila. Fue una escritora mexicana que obtuvo el premio Xavier Villaurrutia.
Su primer trabajo publicado fue Salmos bajo la luna en 1950, seguido por Meditaciones a la orilla del sueño y Perfil de soledades, ambas en 1954, también de ese mismo año. Posteriormente se mudó a la Ciudad de México y de 1956 a 1958 trabajó como secretaria de Alfonso Reyes En 1966 fue parte del Centro Mexicano de Escritores donde recibió una pensión para seguir escribiendo En 1977 ganó el Premio Xavier Villaurrutia por Árboles petrificados, mientras que en 2015 obtuvo la Medalla Bellas Artes, además recibió el Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura 2020, otorgado por la Universidad de Guanajuato.
Amparo Dávila es conocida por su uso de temas de locura, peligro y muerte, generalmente relacionados con una mujer como protagonista.
Falleció un 28 de abril del 2015 en la ciudad de México.
Por: Joaquín Peña Arana Por: Joaquín Peña Arana

“Justo en el momento previo a su muerte, el excremento escurrió, lento, bajando por el madero que sostenía la cruz. Al verlo, una de las mujeres que lloraban se acercó, tomó un poco con sus dedos y los introdujo en su boca”.
Huerta siguió escribiendo Sintió que se le erizaba la piel mientras le daba los últimos toques al texto. Satisfecho, lo guardó e imprimió. Se puso de pie, fue a la cocina y se sirvió un ron en las rocas.
Estaba feliz.
Decidió caminar a la casa editorial
Cualquier otro día le hubiera parecido lejísimos, pero no en esa ocasión. Había terminado el libro. No tenía duda: estaba a un paso de la consagración
El editor leyó el libro a una velocidad envidiable. Le inquietó ver que llevaba más de la mitad y no veía en ese rostro maduro impresión alguna. Parecía aburrirse.
¿Y bien, qué le pareció? preguntó Huerta con la socarrona sonrisa que le caracterizaba.
La respuesta del editor lo dejó helado.
¿Traes algo más?
Tardó unos cinco segundos en reaccionar.
No, esto es todo.
¿Sólo eso? Te di el tiempo que pediste, un adelanto y la garantía de tenerte listo un contrato para una edición internacional, ¿y me sales con esto?
Huerta se asustó pero supo disimularlo ¿Cómo que no le gustó? Pero si le puso todo. Se privó de fiestas, relaciones, noches de café y charlas. Se entregó a escribir, pulir y corregir durante mes y medio. Desde que despertaba hasta en horas de la madrugada, no hizo otra cosa.
Decidió contraatacar con su recurso. Ese que creía infalible.
Mire, si le asusta mi estilo para qué me contrata. Usted bien sabe que soy un provocador y que…
N a r r a t i v a
¡Provocador mis narices! ¡Esto es un mugrero! ¡Y no, yo no me asusto, tú eres el que no acaba de conocerme. Tengo décadas en esto. No eres el primero que viene aquí pitorreándose de símbolos religiosos pero esto…esto…es banal, insípido, no tiene alma, son puros lugares comunes. Esto ya no sorprende Si creíste que con esto me ibas a convencer, te equivocaste. Llévate el mamotreto este. Tienes antes que termine la semana para que devuelvas el adelanto
En la calle, Huerta estuvo a punto de ser atropellado dos veces La palabra “distraído” no alcanzaba a describir su estado de ánimo. ¿Él, acabado? “Es envidia, ese viejo imbécil ya está senil”
Llegó el fin de semana. No devolvió el adelanto Tampoco se supo de él El editor mandó representantes legales a su departamento pero, ahí, les informaron que tenían mucho de no ver a ese tipo tan desagradable y presuntuoso. Se supo después que Huerta había acudido a otras casas editoriales, siendo rechazado en todas.
Con el tiempo, el escritor fue olvidado. Sus derechos de autor pasaron a ser propiedad de advenedizos que dijeron ser representantes o parientes.
Cierto día, dos décadas después, un periódico envió a uno de sus reporteros de menor experiencia hacer un trabajo sobre
monjes. Un monasterio en particular, el de los Hermanos del Santísimo Perdón, le invitó a quedarse un día con ellos.
El reportero notó que, en el monasterio, vivían dos hombres que no eran de la orden. Uno era el encargado de la hortaliza. El otro estaba siempre en la cocina Los monjes se encargaban de servir la comida, así que nunca lo vio hasta la mañana siguiente, antes de marcharse Fue una casualidad. Salía de la letrina y el cocinero llevaba algunas legumbres en una canasta.
Al verlo pasar, lo reconoció de inmediato.
¿Huerta, Francisco Indalecio Huerta?
Huerta se detuvo, volteó e intentó reconocer a ese hombre
¿De dónde me conoces?
Fui su admirador. Bueno, lo sigo siendo. ¿Qué hace usted aquí?
Huerta dejó la canasta en el suelo. Sin sorpresa, como si esperara que eso le ocurriera alguna vez, se acercó al reportero.
Aquí vivo. Desde que dejé de escribir me alejé de todo. Digamos… que me pasaron cosas. Cosas como el alcohol, las cantinas, perderme por completo. Un día, vi pasar a uno de estos monjes y me burlé de él y de su religión. Pensé que me iba a
agredir pero, en vez de eso, me tendió la mano y me trajo aquí Y aquí estoy Esta es mi casa y ellos mi familia.
Pero ¿y su familia, la de verdad, la de sangre?
¿Mi familia? ¿Cuál? Como elegí ser una especie de escritor maldito, rompí con ellos. O ellos rompieron conmigo. ¿No te diste cuenta de eso? Los dibujé como gente canalla, lo peor. ¿Leíste “Constelaciones de Mentiras”? No me lo perdonaron nunca. Me dijeron que eran cosas privadas, de las que se guardan en familia. En fin, ya no importa.
¿Y qué pasó con Dorotea Ingea, Gómez Irchurta, Jacobson Wilbur?
¿Quiénes? , Francisco Indalecio Huerta tardó unos segundos en recordar, ah, te refieres a mi grupo literario. My friends. No lo sé. ¿Cuánto tiempo me buscaron? ¿Dónde estaban cuando me quedaba tirado en las calles? Todo eso se acabó.
El reportero hizo el ademán de buscar algo en su portafolio. Para Huerta fue demasiado evidente su intención. No. Ni se te ocurra grabarme o tomarme fotos. Yo aquí estoy bien. Soy feliz. No he vuelto a escribir y no lo necesito más.
El reportero sacó lentamente la mano del portafolio. Estaba asombrado por su descu-
brimiento, pero era mayor la experiencia de ver, frente a él, un hombre totalmente distinto al autor de los libros que devoró durante sus años de estudiante.
Señor Huerta…
Aquí soy Paco Así nomás
Bueno…Paco. Después de todo lo que ha pasado ¿usted odia a Dios?
Huerta sonrió. Colocó sus manos en los hombros del reportero
¿Cómo quieres que odie aquello en lo que no creo?
Sin dejar de sonreír, tomó la canasta y caminó unos pasos
Ah, por favor. Que esto quede entre nosotros. Como dije antes, aquí soy feliz.
Se alejó del reportero, quien permaneció de pie a la mitad del patio.
Pasaron varios años. El mundo jamás supo el paradero de Francisco Indalecio Huerta. Cierta mañana, un monje joven lo encontró tirado en la cocina. Murió en sus brazos. Lo enterraron en el panteón del monasterio.
¿Cómo se llamaba? preguntó uno de los monjes.
El único que sabía su verdadero nombre era el hermano Ramón Podríamos enterrarlo a lado de su tumba.
Así lo hicieron En su lápida todavía puede leerse la siguiente inscripción:
Aquí yace Paco, el Cocinero Hombre que alimentó con devoción a los habitantes de este monasterio.

Esa noche, el monje que lo vio morir intentó dormirse, pero no pudo. Meditaba sobre las últimas palabras del cocinero, intentando darles sentido. No podía explicarse por qué, un hombre a punto de morir, diría que lo único que deseaba hacer era limpiar el madero de excremento.

Nació un 31 de marzo de 1914 en la ciudad de México. Conocido por ganar el Premio Nobel de Literatura en 1990 y Premio Cervantes en 1981.
En 1933, Octavio Paz publicó el poemario Luna Silvestre, editado por Miguel N. Lira. A fines de 1936, Octavio Paz escribiría la primera versión del libro de poemas Raíz del Hombre, que fue publicada en enero del siguiente año.
La obra más importante de Octavio Paz suele considerarse El laberinto de la soledad (1950) por su profundo análisis de la identidad mexicana, aunque su poesía cumbre, con Piedra de sol (1957) y la compilación Libertad bajo palabra (1949).
Paz fue un poeta que no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo alerta ante los cambios que se iban produciendo en el campo de la poesía y siempre estuvo experimentando, de modo que su poesía, como toda poesía profunda, acabó por convertirse en una manifestación muy personal y original.
El 19 de abril de 1998 Octavio Paz a sus 84 años de edad, murió en la ciudad de México
Por: Francisco Araya Pizarro Por: Francisco Araya Pizarro

azul hasta donde alcanzaba la vista, atravesado por lentas nubes que tenían formas de animales. El aire olía a minerales, a hojas calientes, a algo que Elian no supo nombrar, pero que su cuerpo reconoció hogar, aun cuando jamás había estado allí.
Está despierto dijo una voz cercana.
Elian intentó incorporarse y su cuerpo respondió con una obediencia sorprendente. Durante años había sido una herramienta: músculos entrenados para matar, reflejos afinados para obedecer órdenes que no recordaba haber aceptado. Ahora, en cambio, sentía cada articulación como si volviera a pertenecerle. La mujer que estaba a su lado vestía telas claras, bordadas con símbolos que parecían moverse cuando no se los miraba directamente. Sus ojos no tenían miedo Lo observaban como se observa a un viajero que ha llegado desde muy lejos, y asi parecía.
Estás en Nambara dijo ella . Has dormido mucho tiempo.
Elian quiso preguntar cuánto, pero las palabras se le atascaron en la garganta. En su mente, fragmentos de recuerdos chocaban entre sí: nombres falsos, rostros sin historia, órdenes pronunciadas en idiomas que ya no reconocía Había sido un arma Un espectro Un invierno caminante. Y ahora estaba allí, en una tierra de colinas verdes y piedra roja, donde el sol parecía conocer su nombre. El Rey Ayo no llevaba corona cuando Elian lo co-
noció. Estaba de pie, bajo un árbol enorme cuyas raíces rompían la tierra. Vestía sencillo. No había guardias visibles. Sólo una quietud firme, como la de una montaña que sabe que seguirá allí cuando todo lo demás se haya ido
Has vivido muchos nombres dijo Ayo, sin presentarse . Ninguno fue realmente tuyo. Elian bajó la mirada Durante años, cada nombre había sido una cadena Un interruptor Un sonido que lo convertía en otra cosa.
No vine aquí a juzgarte continuó el Rey Viniste porque estabas cansado
Elian sintió un nudo en el pecho. Nadie le había dicho eso antes. Ayo le habló de Nambara: una nación que había crecido en silencio, protegiendo su conocimiento por amor a su propia memoria. Le habló de tecnologías que sanaban sin borrar, de ciencias que escuchaban al cuerpo antes de corregirlo.
No podemos devolverte lo que te quitaron dijo . Pero podemos ayudarte a que no te pierdas del todo.
Así comenzó la recuperación. No fue rápida. No fue limpia. Hubo noches en las que Elian despertó gritando nombres que nadie más reconocía. Hubo días en los que sus manos temblaban al tocar metal. Pero también hubo amaneceres en los que caminó por los campos y sintió, por primera vez, que el pasado no lo estaba persiguiendo. En Nambara, las panteras no eran sólo animales. Eran símbolos antiguos. Guardianes del umbral entre lo que fue y lo que aún puede ser. Se decía que cada generación tenía una, no siempre de carne y hueso, sino de espíritu: alguien que caminaba en la frontera entre la violencia y la protección. Elian escuchó esas historias sin pensar que tuvieran que ver con él. Se consideraba que estaba muy fragmentado, demasiado manchado. Pero el Rey Ayo observaba en silencio.
Has vivido como una bestia encadenada le dijo una noche . Tal vez sea hora de elegir qué tipo de bestia deseas ser.
Los científicos y artesanos de Nambara trabajaron juntos para crear algo nuevo: no un arma, sino una piel Un traje tejido con fibras vivas, capaz de absorber impacto y traducir movimiento en energía. Blanco como el marfil antiguo, marcado con líneas suaves que recordaban constelaciones olvidadas.
No para ocultarte dijo Ayo . Para recordarte quién decides ser cuando nadie te obliga.
Elian aceptó sin ceremonia. No se sintió héroe. Se sintió responsable. La Pantera de Marfil no apareció con anuncios o proclamas Apareció en pueblos donde los niños habían aprendido a callar demasiado pronto. En rutas controladas por hombres que confundían poder con miedo. En lugares donde la injusticia se había vuelto costumbre. Elian no luchaba con rabia. Luchaba con precisión triste. Desarmaba, neutralizaba, dejaba marcas que no eran amenazas, sino advertencias Nunca mató Nunca volvió a cruzar esa línea
Las historias crecieron como crecen los mitos: deformadas, exageradas, pero vivas. Decían que la Pantera hablaba con los muertos. Que no dormía. Que era el espíritu de un continente cansado de sangrar. Elian escuchaba esos rumores desde lejos, sentado en lo alto de colinas, preguntándose cuánto de sí mismo quedaba en cada paso. Con el tiempo, la Pantera de Marfil se convirtió en algo más que un vigilante.
Fue un embajador sin palabras, puente entre regiones que habían aprendido a desconfiar. Trabajó junto al Rey Ayo para compartir tecnología sin imponerla, para ofrecer ayuda sin cadenas. Elian empezó a soñar menos con ese invierno. A veces, al quitarse el traje, veía sus manos y no recordaba las órdenes antiguas Recordaba, en cambio, la tierra roja, el cielo amplio, el silencio que escucha. Sabía que nunca sería inocente. Pero había aprendido algo más difícil: ser responsable sin odiarse.
Una noche, un niño le preguntó quién era. Elian pensó en todos sus nombres muertos, en todas las voces que lo habían usado.
Soy alguien que aprendió tarde respondió Pero aprendió
La Pantera de Marfil no fue eterna. Ningún símbolo verdadero lo es. Pero dejó algo más duradero que el miedo: la idea de que incluso quienes fueron forjados para destruir pueden elegir proteger Y en Nambara, bajo cielos que aún recuerdan historias antiguas, se dice que cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso, una figura blanca camina entre las sombras.
No para castigar. Para recordar como hogar.

Por: Alicia Leonor Por: Alicia Leonor

Salí de la secundaria cuando el calor todavía estaba pegado al cuerpo. Eran cerca de las dos de la tarde. El sol caía de frente y la calle brillaba como si la acabaran de lavar. Mi tía me esperaba en la esquina, con las llaves del hotel en la mano.
No vino una camarera me dijo
Nomás voy a limpiar unos cuartos. Acompáñame para que no te quedes sola.
Caminamos sin prisa. Yo prefería ir con ella que volver a la casa vacía. Además, me gustaba subir al hotel, asomarme por las ventanas altas y mirar la ciudad desde arriba, como si me perteneciera del todo.
El hotel olía a cloro y a ropa recién secada. Subimos por la escalera de servicio Mi tía abrió un cuarto del tercer piso y dejó la puerta abierta para que entrara el aire. Sacó las sábanas del carrito y empezó a sacudirlas con movimientos rápidos, mecánicos.
Yo me acerqué a la ventana Desde ahí se veía la avenida y, justo enfrente, la cantina.
Era de esas con puertas a medio cuerpo,
dos hojas de madera que se empujaban al entrar y luego se quedaban balanceándose solas. Desde arriba se distinguía la barra larga, los bancos alineados y el brillo opaco de los vasos.
Me quedé mirando.
Había un hombre sentado en la barra. Tenía un vaso frente a él y el codo apoyado con comodidad. A su lado, sentada sobre la barra, estaba una niña de unos cinco o seis años. Llevaba un vestido rosa con cinturón blanco. Las piernas le colgaban sin tocar nada Miraba al frente
No supe por qué me llamó tanto la atención. No pude apartar la vista.
Las puertas de la cantina se movieron otra vez. Entró una mujer mayor. Caminó directo hacia la barra. El cabello canoso recogido en un chongo apretado, la cara dura, como si hubiera salido de casa con una sola cosa en la cabeza. Se acercó al hombre y le dijo algo en voz baja Él asintió sin mirarla.
La mujer tomó a la niña por la cintura y la bajó de la barra.
Afuera, otra mujer joven esperaba. Tenía de la mano a una niña más pequeña, de unos tres años. Se quedó quieta, apretando la mano de la niña. Miraba hacia adentro de la cantina con una mezcla de asombro y miedo, sin saber si entrar o echarse a correr
La mujer mayor salió con la niña del vestido rosa y se la entregó. No dijo nada. Las dos mujeres se alejaron con las niñas y se perdieron entre los coches de la avenida.
Las puertas de la cantina siguieron moviéndose un momento más.
A tu padre dijo mi tía sin mirarme le gustaba venir a esa cantina
Yo seguía en la ventana.
Se traía a Sandra, tu hermana. Tu abuela Valeria y tu mamá venían a quitársela. Lo hacía a propósito, el cabrón. Nomás por molestar a tu abuela y espantar a tu madre
Sacudió una toalla con más fuerza.
Hasta créditos sacaba en Sears con la tarjeta de tu abuela. Amueblaba casas de viejas que ni conocíamos. Ella se enteraba cuando llegaban los pagos. Por eso fue a la tienda a prohibir que le vendieran algo a su nombre . Cerró el clóset de golpe.
Así terminó dijo . Envenenado, en una celda, tragando camarones por transa.
No pregunté nada. No entendí todo.
Sentí una presión en el pecho, como si la escena de enfrente se hubiera movido hacia adentro.
Ve por toallas limpias a la lavandería me dijo.
Cerré la cortina. Bajé las escaleras sin mirar la ventana.
En la lavandería tomé las toallas limpias del estante Estaban tibias Las cargué contra el pecho y regresé por el pasillo.
La cantina seguía ahí.








M E N L A V O Z D E . . .

No nací sabiendo alzar la voz No nací segura. No nací fuerte Aprendí con el paso de los años de mi corta edad.
Y lo aprendí en los espacios donde la palabra pesa, donde el silencio también habla, donde la voz no es sonido, sino postura ante el mundo: la oratoria.
Para mí, el 8 de marzo es más que una fecha conmemorativa Es memoria, una herida, una lucha y una identidad que vive en cada una de las mujeres de luchan día con día por salir adelante. En busca de sus hijas que desaparecieron sin dejar rastro, en la lucha de que algún policia le crea que ha sido abusada y no la juzgue por su vestimenta, mujeres que viven con miedo en sus propios hogares o simplemente niñas que crecen en un hogar lleno de cultura machista.
Ser mujer y tener voz nunca ha sido fácil Históricamente, a las mujeres se nos ha pedido silencio elegante, prudencia cómoda, discreción obediente. Se nos ha enseñado a no incomodar, a no alzar la voz, a no ser intensas, a no ser firmes, a no ser “demasiado”. Y la oratoria me enseñó exactamente lo contrario.
Me enseñó que ser firme no es ser agresiva, que ser clara no es ser grosera, ser fuerte no es perder sensibilidad y finalmente que ser mujer no significa ser pequeña.
En un mundo donde históricamente la voz ha sido masculina, cada mujer que toma un micrófono también toma espacio. Cada mujer que da un discurso también ocupa un lugar que antes le fue negado Cuando alzan la voz también desarma siglos de silencio impuesto
El 8M no solo representa a las mujeres que marchan. Representa también a las que alzan la voz, a las que enseñan, a las que educan, a las que escriben, a las que forman conciencia, a las que luchan desde los salones de clases, desde las tribunas, desde los libros, desde la palabra. Porque podríamos mencionar muchas mujeres que han levantado la voz pero han sido silenciadas. Mujeres que denuncian el dolor de no ser escuchadas a través de un silencio en letras y páginas Mujeres escritoras silenciadas, en la ciencia, hombres que toman el crédito de algún descubrimiento cientifico.
Yo lucho desde la voz, desde el discurso, desde la oratoria, desde la palabra que incomoda. Desde el mensaje que sacude y desde la idea que cuestiona, incluso desde el pensamiento que despierta. Considero que hablar es un acto político, un acto social y un acto de resistencia.
Y más cuando eres mujer.
Mi voz no es solo mía: es colectiva.
Cada discurso que doy lleva historias que no son solo mi historia
La oratoria me enseñó que mi voz importa. Que mi pensamiento tiene valor y que mi opinión cuenta. La oratoria es un ámbito que como muchos en la historia, las mujeres han sido subestimadas. Porque en su mayoría la firmeza se asocia con características y cualidades masculinas.
Yo también he dudado de mí
Me he sentido pequeña.
También he tenido miedo de fallar. Yo también he querido callar.
Pero la oratoria me enseñó a quedarme, sostenerme, resistir
Hoy, cuando pienso en el 8M, no pienso solo en consignas. Pienso en procesos y una formación pendiente en el país y todo el mundo. En mi trayectoria como oradora y estudiante me he preguntado ¿Que ocurre con la mujeres que esperan justicia? ¿Que ocurre con todos los agresores sin cumplir con las consecuencias de sus atroces actos? ¿Que pasa con las niñas que siguen pensando que su voz no importa?
También es necesario hablar de las violencias que no siempre se ven.
Las que no dejan moretones, pero dejan miedo, las que no hacen ruido, pero destruyen identidades
Existe la violencia que se disfraza de tradición, la que se llama “costumbre”, que se justifica como “así se educa”.
Que se protege bajo el nombre de “valores familiares”.
Y ahí se normaliza el control, la desigualdad, la sumisión y el silencio femenino
También existe la violencia del abandono emocional. La de niñas que crecen sin ser escuchadas. La de adolescentes que no encuentran espacios seguros para hablar y de mujeres que viven solas sus procesos, sus miedos, sus denuncias, sus dolores.
No toda violencia es física Hay violencia simbólica, psicológica, económica, institucional, digital y mediática.
En la actualidad las redes sociales amplifican voces, pero también distorsionan realidades. Hay muchas mujeres que son escuchadas porque no encajan en estereotipos. También está el tema de la salud mental femenina, es el cansancio heredado, el miedo aprendido, la ansiedad normalizada, la tristeza que es romantizada, la culpa que se impone
Se nos enseña a cuidar a todos, menos a nosotras, ser fuertes, pero no frágiles.
La voz femenina también es cultura, es un arte. Hermana de la literatura, progenitora de una educación que impulse mujeres con liderazgo, ciencia y política. Por supuesto que también, la voz femenina es espiritualidad y va de la mano con la hermandad. Porque ¿que sería de una bruja sin su aquelarre? Si lo vemos de esta manera, ¿Por qué no apoyarnos entre todas? Es necesario romper aquel patrón en que las mujeres compiten entre si mismas y se desean el mal. Ya somos solo víctimas del sistema: tenemos la oportunidad de ser creadoras del cambio, constructoras de conciencia y sembradoras de un futuro mejor.
Hoy, desde mi vida en la palabra, desde mi camino en la oratoria, desde mi identidad como mujer que habla, nuevamente afirmo que el 8M no es solo una fecha conmemorativa: es un compromiso con mi voz, con mi mensaje y con mi lucha.
Porque mientras yo pueda hablar, no voy a callar. Mientras yo tenga voz, la voy a usar, mientras yo tenga la palabra, la voy a convertir en herramienta para ayudar a otras mujeres. Mientras yo tenga escenario, lo voy a transformar en trinchera.
“LA MUJER ES SU PALABRA”

n s a y o

VERTIGINOSOS DEL SUEÑO EN “GEOGRAFÍA DEL SUEÑO” DE RAMIRO RODRÍGUEZ
VERTIGINOSOS DEL SUEÑO EN “GEOGRAFÍA DEL SUEÑO” DE RAMIRO RODRÍGUEZ
Michel de Montaigne subraya: “Dice Cicerón que filosofar no es más que aprestarse a la muerte O que toda la sabiduría y discurso del mundo se resuelven en enseñarnos a no temer morir” (1). No hay más que ver la amplitud de las manifestaciones, de enseñarnos a vivir que de los resquicios de las vidas cotidianas realiza el poeta Ramiro Rodríguez, y darnos cuenta de su talante epistemológico diverso, de su discurrir, sin afectaciones lingüísticas, por los caminos entreverados de la vida y la escritura, para brindar, a la manera de un bardo que nos sumerge en otras realidades, una obra más allá de los versos sobrepuestos para impresionar a sus seguros lectores, una obra poética que atiende siempre a la vida, Geografía del sueño, y aprender a vivir en la caricia libertaria del conocimiento tan necesitado de acercarse a la naturaleza y tan necesitado de abrevar del espíritu, lo cual implica un desprendimiento, algunas veces doloroso, para proveer el crecimiento y la estrechez, vaya paradoja, de ir muriendo en el intento continuo de vivir con las alas desplegadas, y no por ello aterrizar para meditar el sueño, la memoria, las palabras, los ojos y los espejos, las ventanas y puertas sumergiéndose a otros mundos, las paredes para limitar los excesos de identidad, las som-
bras sin un cuerpo que las soporte, los rituales que de no soltarse a tiempo encadenan el fuego interno. Nos dice William Blake: “Quienes frenan al deseo, lo hacen porque el suyo es bastante débil como para ser contenido Así, quien contiene, o la razón, usurpan su lugar y gobiernan a los que se resisten” (2). La soledad, esa vieja compañera que nos traga para despertarnos, el origen de los pasos que nos tatuaron en una célula, los orgasmos de las luciérnagas al tocar el corazón construido por haces de luz y los relojes, pozos sin fondo donde se conjuntan los hoyos negros de cada existencia.
En esta esencia del placer al conocimien-to, de su acercamiento solemne y grácil al sonido aletargado de quien hace de su camino filosofía y por lo tanto, plenitud, Ramiro Rodríguez exhala:
“Yo he visto lo que he visto sobre la tierra, yo he visto lo que nadie,la oxidación de tijeras que cortan el sueño, los puñales mortales de la furia, imágenes que tiemblan bajo los astros”.
(Poema “Sobre la memoria”)
Poeta visionario, sin los disfraces de los hacedores de versos de un realismo mágico calcado en Comala para sobresalir, Ramiro Rodríguez desnuda las metáforas del atavismo grandilocuente y propone su filosofía personal cercana a su origen, allí donde se incuban los hechos y las palabras, allá donde el espíritu abreva y desciende su aliento creativo, a ras de tierra, sin temor a equivocar una expresión que delate una falsa posición ante el hecho creativo; por el contrario, reafirma el ímpetu, la sonoridad, la historia, el soplo de los profundos poetas, la invisible imagen de los espacios y los tiempos para construir la geografía de un cuerpo apetecido por los amantes de los sueños y deletrearlo y desintoxicarse de falsos paraísos conociendo de frente las rebanadas de una realidad exquisita.
La geografía y el sueño, Geografía del sueño, cuerpo verbal hecho de tierra, utopías para quien desconoce la cercanía consigo mismo y la comunión con las y los otros, veredas, turbulencia de las espumas, aromas, ceniza blanqueada, insomnio en el limbo de la transparencia, pulsar el corazón de alguien más, intermitencia de los rezos tatuados mientras el sueño crucifica las imágenes y los razonamientos Dice el poeta:
Los golpes se asoman por las ventanas, espían a las personas en sus recámaras, encuentran contornos en las paredes, se reflejan en espejos vacíos, repetición de tatuajes como hormigas en las puertas”.
(Poema “Golpes”).
Golpes de un sueño marchando a través de la geografía de un cuerpo, obra poética que, en su vestimenta surrealista, configurando el pensamiento lógico, nos deja ver las mil caras de la cotidianeidad con lucidez y claridad, con la maestría y sencillez de quien se sabe puesto en el mundo para rememorar las experiencias y abordarlas en la entrega diurna del vuelo de la memoria
En Ramiro Rodríguez se asoma la paciencia del labrador y el explorador intermitente, el oficio del escritor prolífico en su búsqueda perenne de tierras vocabulares que confrontar. Dice Michel de Montaigne: “La experiencia me ha enseñado que la impaciencia nos arruina”. (3) Rodríguez conoce la cartografía para asumir el crecimiento del follaje de un libro salpicado de semillas condensadas de religiosidad, o mejor dicho, de religar la geografía de lo vivido para acechar la conciencia poética de lo que late y ensoñar con placidez las creencias familiares, esas, las que cimientan un aliento carnal, él lo sabe, que nos seguirán en la búsqueda de una utopía. Experiencia y memoria no siempre se corresponden.
El ser humano es en sí mismo experiencia, en cada acto significa su quehacer; sin embargo, dependiendo de la sensibilidad y puesta en escena, lo muestra o lo guarda en su faltriquera emocional. Algunas veces el exceso de una experiencia sobresaliente lo incita a socializarla en demasía dando fruto a un narcisismo que enmascara el hecho real y, en este sentido, la memoria atesora las experiencias que el sujeto prefiere poner a disposición de las relaciones sociales, las filtra.
En Geografía del sueño el poeta Ramiro Rodríguez, pausadamente…
“Se desintegra como humo en el naufragio de las palabras”.
(Poema “Origen”)
“Al extinguirse el aliento del coloquio [cuando se aletargan los labios] me asomo al túnel de espejos rotos; ahí aparecen imágenes en los ojos, nacen discursos en la memoria, sombras que se impregnan de máscaras”.
(Poema “Rutina”)
“Cuando cierro mis ojos cada noche, muero pensando en las máscaras del olvido, muero en la orfandad que hereda la memoria, muero como insecto sin alas en la almohada”.
(Poema “Limbo”)
Las beatas son fantasmas… [rostros agrietados por haces de lujuria, ahogados en la superficie roja del desenfreno] salen por el pórtico de la iglesia… no contentas con la elocuencia del sacerdote”.
(Poema “Beatas”).
El poeta no sabe de amnesia, rememorando se desintegra en el chasquido de la lingüística pegada a su piel y se asoma para mirarse en el cónclave de espejos rotos, úteros del verso desnudo, sin miedo a la muerte, nos recuerda Cicerón, disfruta el vivir, la memoria lo despoja de un rincón para guarecerse y él prefiere rememorar la experiencia del abrazo lúdico de
quien reza, mira y se ofrece a Dios… “ para expiar sus culpas”. (Poema “Beatas”). Recuerda George Bataille: “El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser ” (4) Con Ramiro Rodríguez, el sueño sueña la experiencia de un poeta que se desdobla para mirar la memoria.
No hay memoria sin erotismo, no hay experiencia erótica sin haber trascendido los escarceos religiosos, el silencio, el bisbiseo y la relajación que otorga la angustia de expulsar esa lava blanca como espuma, de haber vivido el sueño de hacer la crónica de la memoria histórica de una geografía en el devenir de la vida, en la intermitencia de la “Desnudez sobre sábanas, / intermitencia de peces en el vientre / como vastedad de espuma, / esta noche dos cuerpos desgastados / se condensan sobre la cama, / orgasmos a intemperie, / disolución, calentura en la geografía / del sueño”
Sin temor a equivocarme, ya estamos, a partir de la poesía de Ramiro Rodríguez, poeta que nos acerca “ a los laberintos vertiginosos del sueño” tocando las imágenes de la geografía, trasladándonos de la memoria al sueño, de las palabras a la disrupción de lo concreto.
1. Montaigne, Michel de. De la experiencia y otros ensayos Ed. Arane. México, 2012, p.7. 2. Blake, William Poesía completa Edicomunicación México, 1999, p 241 3 Montaigne, Michel de De la experiencia y otros ensayos ED Arane México, 2012, p 78 4 Bataille, George El erotismo Ed TusQuets México, 2021, p 33


POR:
“LA MUERTE DE LAS MAGNOLIAS” DE ESTEFANÍA LUCERNA
“LA MUERTE DE LAS MAGNOLIAS” DE ESTEFANÍA LUCERNA
ADAÍR ZEPEDA
Siempre es un buen momento para leer poesía. En especial, si es una joven con una fuerza propia, decantada en el continuo aprendizaje de sus heridas Este es el caso de la toluqueña Estefanía Licerna, ganadora de distintos certámenes locales e internacionales. Este libro fue editado (82 pp.) por el Gobierno Municipal de Toluca y Tinta de Xinantécatl en 2024, bajo el cuidado editorial de Alejandro Osta; mientras que el diseño fue de Ramón Montes de Oca y Ángela Isabel Javier Magaña El motivo: ser la ganadora del Premio Municipal de Literatura 2023. Distribuido en 44 poemas, su aliento rebosa con la denuncia de lo cruel inmediato, el sentimiento de abandono, la lucha contra la violencia de género, y muchas otras reflexiones sobre el dolor de percibir el mundo desde la sensibilidad poética femenina
En lo particular, me llama la atención los versos: “Tengo que aprender, dicen los críticos, a conjugar las palabras tiernas/ a usar “la voz de mujer” y ser la musa de un verso misógino”. Puedo imaginar a ciegas la penosa situación que alimentó los versos anteriores, que, sumado a su obra completa, es un repertorio de denuncias de la rutina personal, y por tanto, universal. Estefanía no sacraliza la poética, no es una vedete de la palabra con bilé y brillantina (aunque lo quisieran), sino, mas bien hace uso de ella para catalizar las experiencias inmediatas en toda su incomodidad, para salpicarnos en la prosperidad de nuestros silencios Sarcástica afirma que hace de la poesía “ un erotic-showpoesía-en-la-piel-de-mujer/ narrar con cierta elocuencia un par de rimas/ y detallar cómo fue mi último orgasmo… ” . No es ni vano ni trivial. En su forma de concebir la palabra cumple con un destino terapéutico, aunque es un proceso visceral, genuino y necesariamente violento Su forma de escribir es un viaje por el borde del infierno, socarrón, desde donde nos obliga a voltear a ver las cosas a las que nos hemos acostumbrado.
Trata temas varios, pero resaltan el papel de la familia (con ese pilar que son las mujeres en su vida, su abuela, su madre), la desazón del fracaso que son hombres, la sensibilidad ante las injusticias del mundo otra extensión de lo que ama—, y muy en el centro, el oscuro papel de su sombra gemela: el padre ausente, ese terrible espejo asomado entre las páginas. A través de todo, el manto de símbolos cristianos y la frenética búsqueda de libertad Hasta vaciarse, también de este
modo: “Nada extraordinario pasa en este lado de mi vida/ soy como la tumba de mi padre / mirando las flores de enfrente con envidia”. Filtra el veneno desde las heridas. El objetivo no es infectar, sino compartir con sus lectores un mecanismo imperfecto de sanación. Y no se detiene, dice: “Tengo miedo de perder a mis hermanas/ por eso las cuento cada noche/ como quien amarra las estrellas a una rama ” . Le agradezco esa renuncia de ser la escritora modosa de lo femenino, de los motivos florales, de lo no-masculino, de lo pasivo, de lo anecdótico-florero, tan deseada por esos críticos. Reconocemos en Licea el estruendo, el shock, la energía desatada del lenguaje para forzar algún cambio en el mundo. Algunos detalles hay en la edición, todos menores. No nos debemos distraer por la forma, sería una traición a la íntima comunicación a la que nos invita a lo largo de sus versos.
Para ella, incluso en la sorna, su arte va más allá del placer esteticista al desacralizar la poiesis en favor de la vitalidad, de lo honesto: “Ya no tengo nada más que decir/ haré de este silencio mi último poema/ dejaré que las cosas importantes sean dichas por los poetas serios”. Su obra es una invitación a la rebeldía, a la resistencia ante todas las pequeñas luchas que nos van aniquilando Estefanía Lucerna nos entrega un poemario que resulta bello por la intensidad, prolijo en imágenes, denso en los bordes ríspido. Hace del acto poético una botella de wiskhy para rolar con la banda, rota la boquilla.

POR:
RUMOR DE ESTRELLAS Y HOJARASCAS
RUMOR DE ESTRELLAS Y HOJARASCAS
ACERCAMIENTOS A “TRAGALUZ” (2024) DE MATILDE ORTIZ DOMÍNGUEZ
ACERCAMIENTOS A “TRAGALUZ” (2024) DE MATILDE ORTIZ DOMÍNGUEZ
RAMIRO RODRÍGUEZ
El poema es fusión absoluta de palabra y significado, bóveda infinita donde converge la estética del lenguaje y la emoción de la experiencia. Todo lo que toca el poeta lo convierte en poema, lo que palpa, lo que huele. Todo gravita en un pequeño universo el poema donde la visión individual se extiende hacia quienes se preparan para la contemplación No son necesarios los ojos para la contemplación: basta la navegación sobre las páginas de un buen libro para que los miles de ojos en el cerebro contemplen la belleza sensorial del universo Dice Octavio Paz en El arco y la lira:
“El poema está hecho de palabras, seres equívocos que si son color y sonido son también significado”.
El poema es oportunidad para la fusión del color y del sonido con el significado, eclosión de luz sobre la página. Algunos lectores buscamos la sublimación de los sentidos a través de la palabra, la revelación del origen, la puerta hacia los parajes generosos del universo; otros, la dirección de los espejos, el rumbo de los caminos, el conocimiento que se genera a partir de la lectura del poema 1
En Tragaluz (ALJA Ediciones, 2024), Matilde Ortiz Domínguez enfoca su visión hacia los cuatro puntos cardinales para disertar sobre personas extraordinarias, subrayar en ellas la humanidad maravillosa que las reviste, así como la oportunidad para caminar sobre espacios bíblicos y comentarlos desde una perspectiva lírica e individual. El poema es también significado, es decir, oportunidad para conocer vidas y obras de individuos que se atrevieron a ir más allá de la rutina y la supervivencia: pintores y músicos que dejaron trazos y acordes para la celebración humana,científicos y pensadores en los campos floridos del ingenio, la brillantez de las cuatro estaciones, la función exacta de teoremas y fórmulas algebraicas, la incursión por los espacios siderales para encontrarnos con los espejos infinitos que duplican nuestros cuerpos de polvo
El poema es también un cauce por donde fluye la reinterpretación de obraspictóricas y fotográficas En ocasiones, Matilde OrtizDomínguez recurre al procedimiento ecfrástico para generar nuevas formas de acercarse a las imágenes visuales a través de la estética. En ángulos subjetivos, las visiones humanas son
múltiples, diversas inclusive del propósito original. Sobre el mismo tema pueden definirse diversos caminos para el acercamiento Dice la autora en el poema III de “Tempo” :
“Andrómeda resplandece y llega a tu balcón un rumor de estrellas y hojarascas”
El universo es infinito. Las palabras confluyen, se vinculan en una órbita continua, interactúan en un proceso de aleteo sensorial.
El universo es infinito; y en esa infinitud habitan los ojos de quienes seguimos la huella blanquísima de la poeta En ese desplazamiento pausado surge de súbito la voz de la soprano griega que nos estremece más aún que los elementos en el cosmos:
“Tu garganta reprodujo la rabia del mundo que aún eriza la piel y deja el corazón en carne viva, esa, tu otra forma de llorar ”
El poema es ocasión para generar un vibrato en los sentidos. Aquí el momento para crear una historia memorable, una imagen cinemática que deje su huella en los laberintos de la memoria: el poema memorable.
En Manifiestos, Vicente Huidobro señala lo siguiente:
“La poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio: el verbo creado y creador, la palabra recién nacida”.
La poesía de Matilde no está sujeta a los prejuicios: busca, como los ríos más dinámicos, los cauces generosos que le permitan llegar has-
ta la vastedad del mar. El discurso poético de la autora vibra con metáforas nuevas en búsqueda de nuevas formas para crear, aun al hablar de gente conocida en los rincones del mundo.
En el poema III de “Universos”, la autora dice:
“Y te vuelvo a pensar, fugitivo de los relojes, tragaluz, siempre hambriento de luz, de tiempo y luz”
La luz como un recurso para señalar la salvación del individuo postrado, la respuesta a la pregunta no generada, la claridad al fondo del túnel y en la disipación de la espesura que trae la niebla. La luz como un símbolo de fe, designio expresivo del conocimiento y del camino concreto hacia los espejos
Ezra Pound señala en sus Ensayos Literarios:
“No puede haber inteligencia sin emoción”.
La emoción es detonante para generar el sólido vínculo entre poeta y lector, comunión bidireccional que permite la respiración, la plenitud anímica, la satisfacción de saberse nunca solo por los laberintos del mundo. El poeta se emociona para emocionar a quien le lee. La emoción en la poesía de Matilde es una constante presente que establece esa conexión necesaria para determinar el carácter memorable del poema.
En Tragaluz, Matilde Ortiz Domínguez explora los diversos caminos del universo poético para crear imágenes sobre personas de
tiempos pasados, individuos que han dejado aportaciones significativas a la humanidad. Con frecuencia, la autora recurre a la écfrasis para diseñar una reinterpretación de obras monumentales del arte pictórico El discurso poético de la autora tamaulipeca se concentra en un lenguaje preciso, depurado, generoso en metáforas y otros elementos literarios que la definen como una de las voces más expresivas del noreste de México.
Bibliografía:
Huidobro, Vicente Obra poética CONACULTA/FCE Madrid, 2003
Ortiz Domínguez, Matilde Tragaluz ALJA Ediciones México, 2024 Paz, Octavio. La casa de la presencia. FCE. México, 1994. Pound, Ezra. Ensayos literarios. CONACULTA. México, 1993.
1 Paz, Octavio. La casa de la presencia. FCE. México, 1994, pág. 45.
2 Ortiz Domínguez, Matilde. Tragaluz. ALJA Ediciones. México, 2024, pág. 16.
3 Ídem, pág. 21.
4 Huidobro, Vicente Obra poética CONACULTA/FCE Madrid, 2003, pág 1296
5 Ortiz Domínguez, Matilde Tragaluz ALJA Ediciones México, 2024, pág 35
6 Pound, Ezra Ensayos literarios CONACULTA México, 1993, pág 426

Sinners es una película casi perfecta que estará en mi maratón anual de Halloween por ser una historia de vampiros con todas las cualidades para ser vista al menos una vez al año. Aunque sus 16 nominaciones al Oscar representan un récord y evidencian una excelente labor cinematográfica, yo veo una sola “tacha” en su producción.
Antes de continuar, presento este espacio en Manguito Estelar. “En la butaca de la fila E” compartiré mi opinión sobre películas en tendencia, temas relacionados con el cine o de alguna película por el simple hecho que me llamó la atención
Sigamos con la reseña. La película dirigida, escrita y producida por Ryan Coogler, nominado a mejor director, capta la atención de la audiencia desde su primera escena. Un combo de ganchos cae al espectador para generarle una tensión inicial por ver en los primeros segundos un conflicto padre e hijo, un flashazo de extrema violencia, una herida y un misterioso vehículo.
La trama sigue en este sentido sosteniéndose por la altanería de los gemelos afroamericanos y veteranos de la Primera Guerra Mundial Elijah “Smoke” y Elias “Stack” Moore, ambos interpretados por el actor Michael B. Jordan, nominado a mejor actor, que regresan a un lugar donde dejaron varias situaciones sin conclusión por irse en búsqueda de una mejor vida.
C o l u m n a

En una región de Mississippi, donde la raza negra vive el racismo estadounidense normalizado en los años treinta, los dos hermanos tienen un compartimiento agresivo, sostenido por un poder económico, que les da una esencia de liderazgo entre sus iguales y aparente inmunidad ante los blancos.
Otro acierto son los personajes secundarios Las mujeres y hombres que llegarán al momento cumbre de la historia tienen esa personalidad que le causa al espectador las ganas de saber más sobre ellos, pese a la existencia de dos sólidos protagonistas.
En este caso resalta la participación de Delroy Lindo, nominado a mejor actor de reparto a través de su personaje Delta Slim, un anciano que se gana la vida tocando blues con su armónica y una nueva oportunidad de negocio con los gemelos terminara convirtiéndolo en un héroe.
Mientras “Smoke” y “Stack” recuperan viejas amistades, pero anteponiendo el interés de abrir un bar, la historia nos engancha al villano, aunque con un lugar común en los guiones de cine.
El líder vampiro, Remmick, interpretado por Jack O´Connell, aparece en escena como una víctima al borde de la muerte y mientras se desarrolla la historia se va trans -
formando en el enemigo a vencer en una inevitable batalla entre vivos y sus convertidos.
Los vampiros de Sinners tienen todo lo que caracteriza a estos muertos vivientes. Desde la fuerza descomunal, sus debilidades ante la luz del sol, la plata y el ajo, hasta un acto que muchas veces no se representa en otros filmes con estos seres de terror: la petipetición para entrar a un lugar
Remmick y los gemelos coinciden en una acción que engancha sus historias. Los tres llegan a la región Delta de Mississippi en busca de personas para concretar ambiciosos proyectos. Los vivos contratan gente para su bar, la cocinera, meseros, el barman y hasta un cuidador de puerta, mientras el muerto viviente recluta a su modo nuevos vampiros.
Al final de cuenta, las mismas personas termina siendo parte de ambos proyectos. Este vínculo, y la presencia de otro enemigo para los gemelos, me motiva a considerar un desacierto en este filme.
En los años treinta y en Mississippi, un estado de Estados Unidos donde se vivió la
segregación racial de manera violenta, no podía faltar la personificación del racismo con su elemento más extremo: el Ku Klux Klan
Los racistas registran breves apariciones previo al clímax con ellos, dos de ellos terminan enrolados con Remmick, pero, para mí, las escenas no son suficientes para establecerse un conflicto con “Smoke” y “Stack”, tal como ocurre con el vampiro
Obviamente, dos veteranos de la Primera Guerra Mundial, con conocimientos en el uso de armas y pasado gansteril, no van a hincarse frente a rostros blancos a suplicar por su vida, pero el guion inserta de golpe esa valentía que, a mi parecer, sobra en la película al no haber un desarrollo en el guion que construya la enemistad.
Entre la ambición de los gemelos, la agresividad del vampiro y la forzada aparición del Klan, Sinners trae un musical oculto Cada canción interpretada en este filme aparece en el momento exacto de su necesidad y no suenen como un relleno para darle más minutos a la película.
Inclusive, el filme nos ofrece un paréntesis musical que desarrolla, mediante un viaje en el tiempo, el camino desde sonidos de tribus africanas hasta el rock de afroamericanos que, solo por ser afroamericanos, su voz era una transgresora para la entonces realidad estadounidense
Son 16 nominaciones para Sinners, una cantidad nunca vista en la entrega de los premios Oscars. Este récord previo a la ceremonia coloca al filme frente a tres destinos: la película más premiada, una exageración y ganadora solo de sus nominaciones obvias o la gran perdedora del evento más mediático del séptimo arte.



En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna Gustavo Adolfo Bécquer
l u m n a
Aunque el sistema mercadológico nos lleva de manera apresurada, está siempre la luna marcando de manera precisa y constante sus fases, esas que nos recuerdan que cada uno de nosotros vamos de vez en vez. Y ante la vorágine del scroll mediático, la urgencia burocrática de los nuevos modelos educativos, las vertiginosas afrentas en las redes sociales y hasta la urgencia
por la beca, el premio, el evento o el reconocimiento a lo extraordinario que se escribe, ella está ahí, lánguida y parsimoniosa, sola y acompañada por toda esta pléyade que somos, nosotros simples humanos que poco nos dedicamos a acompañarle.
Si reflexionamos sobre este satélite natural que tiene nuestro planeta podemos pensar en su dualidad, porque, aunque le encontramos en la noche, es luz y sombra en su ciclo, es así, como nosotros que nos mostramos, pero al mismo tiempo guardamos espacios de nuestra personalidad, no importando cuan transparentes queramos ser, siempre hay resquicios en nuestro temperamento que están ocultos y tal vez muy pocos de los que conviven con nosotros conocen.
Yo tengo en mi teléfono móvil una aplicación que día a día me va diciendo las fases de la luna, un día como hoy es luna menguante, otro creciente, gibosa creciente o menguante y me agrada constatar saliendo a observarle, aunque con tantas luces en la ciudad no se observa a plenitud. Quizá, ella misma pretende que uno le busque y le encuentre aun cuando no podemos mirarle, recuerden aquello que dijo Einstein precisamente sobre esto que les comento ¿Crees realmente que la Luna no está allí cuando no miramos? Siempre está, a pesar de no poder observarle, de no tener su claridad, su aire romántico o su misterio, allá, a 400,000 km existe, inmersa del potente silencio del espacio exterior
De manera constante vamos cerrando ciclos, algo que es necesario, pero a veces muy conflictivo porque no queremos que las personas mueran, que se alejen de nosotros, queremos que nuestros empleos sean eternos, que las amistades sean las mismas, que los amores no muten, que no pasen los años y no, no puede ser así, todo es un ciclo. Tal vez podríamos pensarnos como la luna más seguido, darnos cuenta de que más de una vez hemos vuelto a nacer, como una Luna Nueva, e intentamos crecer en el espacio en donde nos estamos desenvolviendo, crecemos, quizá llegamos a cumplir objetivos, compartimos, soltamos por haber logrado lo que nos propusimos, descansamos y volvemos a nacer.
Sé que en la literatura mucho se ha hablado de la luna, que algunos que han escrito so
bre ella y nos han llevado a conocerla y han construido imperios, otros han lanzado sus loas y hasta les hemos copiado sus versos para enamorar a alguien o bien quererlo. Sé que cuando veo la luna alguien a la distancia puede pensarme y me sé plena.
Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas
(Fragmento de La Luna, poema de Jaime Sabines)

Sacrifícate, de Macarena Muñoz Ramos, es un aquelarre donde los seres de la oscuridad se dan cita en el interior de una antología de muchas voces, pero que vienen de una sola, una legión del interior de la autora. Al abrirlo, hazlo con cuidado atrevido leyente, que al pasar de una página a otra puedes abrir la caja de Pandora
o l u m n a
En el gótico clásico, hay como escenarios: castillos en ruinas llenos de penumbras, viejos cementerios iluminados por la luz de la luna llena, calabozos alumbrados por antorchas, lugares poblados por fantasmas en ambientes enrarecidos en un ambiente mortecino. En la era moderna, y de la mano de autoras como Anne Rice o Poppy Z. Brite, pasaron a bares con música rock, donde jóvenes andróginos, con cabellos teñidos, brazos tapizados de tatuajes, labios negros y percings en el rostro, vestidos en cuero, beben cerveza en tarros dejándose llevar por la música y por las feromonas suspendidas en el ambiente; mientras que seductores cazadores, algunos centenarios, eligen a su próxima víctima. Y en medio de los brindis de cerveza, los rasgueos de las guitarras eléctricas al compás de la batería, con lenguas que se juntan pasando saliva para terminar en un mordisco directo a la yugular, flotan en la atmosfera como seres fantasmales convertidos en frases: «parece que
la noche te hace el amor a través del rito que se agolpa en tus venas» para después morir prematuramente: «demasiado corto el tiempo para vivir eternamente».
Un vivir para siempre negado a un chico femme fatale, a quien el mantra urbano de vive rápido y morirás joven, es un epitafio para su tumba destinada a ser olvidada, quien, siendo cazador furtivo, irónicamente es cazado por una belleza mortal seductora e implacable Mientras, en otra historia, un rebelde por naturaleza, un rock star, nacido en el seno de una familia cristina, convertido en un ateo, utiliza a Dios y a Satán solo para enloquecer a su público y potenciar su figura artística personificada en la dualidad, amando al Mal y a sus propios demonios, expira mordido dejando lo que verdaderamente es su propia eternidad, su legado musical
La eternidad.
Algo negado al humano, maldecido desde las sagradas escrituras, «no vivirás más de ciento veinte años». Pero algo se torció, y algunos mutaron, palideciendo, teniendo a la noche como reino propio y a la sangre como fuente de vida eterna. Que incluso, hasta los ángeles, quienes desearon a las hijas de los hombres para tener relaciones desde la antigüedad de los tiempos, hubo uno que miro a una hija de la noche infinita, de piel marmolea, y colmillos que penetran la carne inyectando placer. El cuento que lleva el título de la antología de Macarena, Sacrifícate, es la historia breve pero eterna, de un ser de luz con alas. Un ángel caído,
que es invitado al paraíso, pero por la puerta trasera, en medio de una conversación entre él, ella y el Diablo, en medio un huracán de amor, sexo y sangre, donde vive al máximo su inmortalidad con los placeres de la carne, donde él mismo, como ser celestial, es profanado con el encanto del llamado de la oscuridad
Y en medio de esta oscuridad, en “Los tiempos Cambian (y nosotros también)”, desde un rincón del bar cerca de la barra, se asoma la figura alta y delgada de un hombre de rostro andrógino, de piel lisa y pálida, con su cabellera larga color oro viejo y con sus ojos de iris verde intenso, irradiando elegancia y rebeldía. Quienes han leído a la reina de los vampiros de Nueva Orleans, van a identificarlo plenamente; yo en especial, miré a Tom Cruise llevándose a una chica a beberse una botella de Chartreuse a una casa vieja, hacer el amor y amanecer desnudos bajos los rayos solares sin recibir daño alguno. Y también por allí, en otro cuento, Bela Lugosi hace su aparición como actor invitado. En Sacrifícate, es un claro homenaje a sus personajes. Y quien sí hace una actuación formidable es el mismísimo Stephen King.
Como lo leyeron, el rey del terror se ve cara a cara con el Wendigo, la criatura mitológica de las tribus norteamericanas, devorador de humanos de grandes cuernos, a quien si se le pide un favor se le tiene que dar una ofrenda. En el cuento Lo muerto, muerto está igual es un claro homenaje a su célebre novela Pet Sematary, pero a diferen-
cia, ya no es la familia de Louis Creed, sino la del mismo escritor: Thabita, Joe, Nahomi y Owen, y el gato Chess quien aparece muerto arrollado por un camión dejando a Nahomi, su dueña, devastada Un vecino le aconseja a tito King a enterrar a al gato y ofrecerle al Wendigo una ofrenda, un corazón, para que éste resucite de entre los muertos. Para mi sorpresa, sentía que estaba leyendo a Stephen King; Macarena soltó los cambios de manera ágil de su pluma tal motor de auto de carreras, ágil, silencioso, sobre una carretera pareja, yéndose por la libre, a diferencia en sus cuentos góticos vampíricos donde cada frase, aforismo, o imagen le daban profundidad a la narrativa, a diferencia con King, a quien puedes leer de tirón saltándote las comas y puntos y no hay pedo. Para mí fue grato, porque previo ya sabía que el cuento había participado en una convocatoria a la que la autora fue invitada, a una antología para homenajear al rey del terror, creo que no quedo seleccionado, pero fue un placer leerlo en Sacrifícate, porque tuve la impresión que Mac interpretó magistralmente al rey, porque sentía que estaba leyendo un capito de Mientras Escribo y la neta me viajé bien machín. Y hablando de estilo, hay otro cuento, El Trato, mi favorito. Seré breve, porque si me voy sobre este cuento se me puede llenar la columna. Contado en tercera persona, trata sobre un hacendado, de nombre Bruno Ortiz, quien encuentra un tesoro de 3,000 monedas de oro, que en realidad no encontró por mérito propio, sino por un
pacto, acto que le trajo una maldición. La historia se remonta al Porfiriato, en sus últimos años previos a la Revolución. Bruno, decidido a dar con el tesoro del Emperador Maximiliano, que se sabía que había sido enterrado por hombres de su confianza cuando fue fusilado, dinero que iba a ser utilizado para sostener la guerra contra los Liberales. Un charro negro de nombre Ángeles, se aparece a Bruno, y le promete el tesoro, a cambio, tenía que entregarle a su hijo. Y como todo ambicioso que no mide sus actos y que cree burlar a seres milenarios, acepta el trato Bruno encuentra el tesoro y se hace inmensamente rico.
Sin embargo, su amargura y tragedia comienza cuando Ángeles regresa un día, reclamando el trato. Macarena emplea la tecina de contar dos historias en paralelo, la principal y con la que arranca el cuento está en el año 1967, la protagonista, Celina, quien narra en primera persona, está embarazada, viaja con su esposo arquitecto a Querétaro, y ambos se instalan con una en la hacienda de una pareja de ancianos, quienes los reciben hospitalariamente. Conforme avanza la trama, las dos historias se van entrelazando, pasado y presente, teniendo como punto de unión, monedas de oro que van apareciendo por los rincones de la casa, monedas que Celina descubre que son del año 1867, y que no sabe quién las deja allí o por qué aparecen, sin saber que son los muertos quienes se están contactando con ella. El trato la verdad, hu-
bo momentos que la imaginaba en blanco y negro, y que el diablo, ese charro negro de nombre Ángeles era personificado por Pedro Armendáriz La atmosfera del cuento me remontaba a esas películas como El Escapulario o El Vampiro. El Trato tiene su aire de leyenda, de esas que te cuenta la abuelita especialmente en la noche y que no te dejaban dormir, pero que querías escuchar con atención su hechizante combo: fantasmas, el diablo, pactos, asesinatos, nahuales, y, sobre todo, una historia de amor que traspasa el tiempo y las dimensiones ocultas.
En Luna de Invierno, la soledad es el eje de esta fantasía oscura; un príncipe vive en un castillo en ruinas donde el sueño es un refugio y las pesadillas solo juegos. Sufre una maldición, y cuando sale la Luna Bruja, se convierte en un enorme lobo que devora a los animales que merodean los alrededores Esta historia entre líneas pincela el instinto de pertenencia, el de ser parte de una manada; y el lobo que trabaja en equipo por naturaleza, un lobo solitario es un lobo fracasado. Y, también sobre ese surgimiento mágico con la mitad que te complementa Chiara, una chica que vive en una aldea, tiene un encuentro fortuito con la bestia, el Príncipe huye a su castillo y ella va en pos de él.
Y como les había contado, varias voces y estilos en el libro, que pertenecen a la autora, quien con una ejecución elegante opera su pluma en el gótico, donde se nota que es su pasión, en especial los seres andróginos con colmillos. Cierra la antología personal con un relato de género negro: Pandora. Y ha caray, esto sí que es un giro de tuerca narrativo, porque de vampiros, hombres lobos, ángeles caídos y homenajes del cine y la literatura, estamos ante un revés dramático; el verdadero monstruo es el ser humano.
Pandora, es un relato donde el castigo, la sumisión, el látex, fuck machine con doble dildo, son la parafernalia que tiene como telón de fondo un homicidio. Y no se las cuento, la neta está bien chido, y reseñarlo puedo cometer el pecado de dar indicios sin querer queriendo para dar con la pista del asesino.
Sacrifícate lo pueden conseguir contactando a su autora, Macarena Muños Ramos, en su perfil de Facebook, o en la editorial La Tinta del Silencio. Y cuando lo lean, como escribió Lola Ancira en el prólogo respecto a sus palabras: “Seducen como hechizos, envuelven entre seda y terciopelo”.

Hola, para mí este es un nuevo comienzo y eso me llena de emoción. Bienvenido lector, espero mis letras sean de tu agrado.
Y para empezar, primero que nada, me gustaría presentar el porqué del nombre de mi columna: “Desde mi ventana”. Surge de la idea de presentar mi punto de vista o visión
sobre temas que tengan que ver con algunos de mis intereses y pasiones principalmente, hablando de literatura y del campo de la salud mental, ya que soy psicóloga y me gusta retratar todo lo que llama mi atención respecto a eso, a través de la palabra.
Y como bien dice el título de la presente, los ojos son esa ventana que nos abre perspectiva al mundo. Cada cosa que vemos y procesamos a través de la visión se convierte en impresión, emoción, pensamiento ¡que dichosos somos de ver! y tomar una fotografía de cada instante que vivimos.
l u m n a
Hablando más de la visión como punto de vista, todos tenemos el poder de decidir sobre lo que queremos creer o pensar, y por lo mismo, existen diferentes ideologías y creencias para poder adaptarnos a la que más nos plazca, para ello, no hay límite. Por eso es que nosotros somos conscientes de nuestras decisiones y por lo mismo sabemos cuándo causamos un bien y cuándo podemos hacer un mal con el poder de nuestras palabras.
En fin, el objetivo de mi columna es concientizar sobre temas de salud mental a través de un espacio reflexivo ya que cuando de salud se trata es importante preguntarnos cuál es el impacto que causamos en los demás En cuanto a temas literarios, es más ofrecer un poco de lo que me sorprende y llama mi atención.
En fin, esta presentación espero también sirva de recordatorio para no dejar de observar nuestro alrededor y alimentarnos de cosas que nos produzcan emociones y sensaciones positivas, no le abramos la ventana a cualquiera si no, a lo bonito de la vida.

Para mí, la escena más destacada de esta película del 2025 de Paul Thomas Anderson es la secuencia de escape desde la azotea donde Bob huye de la redada militar al apartamento de soltero de Sensei Sergio. Exuda una vibra de cómic, que me recuerda mucho a las imágenes del videoclip “Clint Eastwood”, la canción de Gorillaz del 2001, y a la comedia física de “Laurel y Hardy”. Casi puedo visualizar a Wile E. Coyote, en el cuerpo de Leonardo DiCaprio, cuando cae al suelo al ser electrocutado y detenido.
En la escena inicial conocemos a los protagonistas: Perfidia Beverly Hills, Pat “Ghetto” Calhoun y el Coronel Steven J. Lockjaw, interpretados por Teyana Taylor, Leonardo y Sean Penn, respectivamente. Todos entregan una ejecución actoral de primera línea. Solo que, después de ver esta cinta por varias ocasiones, me encontraba siempre buscando entender por qué Perfidia en particular me parecía desentonar con el resto del elenco
Al escribir estas líneas, estoy viendo el filme por sexta o séptima ocasión y creo por fin entender: el resto del elenco participa de una comedia satírica, burlándose de los extremos de ultraderecha dominantes del escenario actual de la administración pública de E E U U Teyana, por su parte, está en otra sintonía, enfrascada en una mezcla del blaxploitation de Pam Grier en Coffy (1973) y Foxy Brown (1973) y de Rudy Ray Moore en Dolemite (1975), pero quitando los elementos cómicos.
Si dividimos la cinta en tres actos, Perfidia domina el primero de ellos Desde las escenas iniciales se muestra adicta a la adrenalina con serios fetiches sexuales alrededor de la violencia con armas y C o l u m n a
explosivos. Encuentra su complemento ideal en el personaje caricaturesco del Coronel Lockjaw, a quien conoce en el ataque de su grupo los “French 75”, a las instalaciones de un cruce fronterizo y centro de detención de inmigrantes ilegales. El de ellos es amor a primera vista y no pueden evitar dar rienda suelta a sus impulsos más kinkys
Poco después de sus encuentros amorosos vemos a una Perfidia embarazada Da a luz a una niña de raza mixta, Charlene. La bebé, encarna el tropo cinematográfico del arma de fuego que es mostrada de forma casual al inicio de un filme y que será disparada por alguno de los protagonistas en las escenas climáticas. Nos plantea la pregunta inmediata: ¿Es ella fruto del affair entre Perfidia y Lockjaw?
El segundo acto se concentra en las repercusiones del abandono de Perfidia a Pat, Charlene y su amante Lockjaw, después de haber sido arrestada, de traicionar a muchos de sus compañeros revolucionarios y de huir en el sistema de testigos protegidos. Pat y Charlene cambian de nombres: ahora son Bob y Willa Lockjaw inicia esta parte con su incursión en el Christmas Adventurers Club, un grupo elitista de supremacía blanca Solo que, para ser aceptado, y ganar libertad económica por el resto de su vida, debe pasar una intensa revisión de antecedentes. Su búsqueda de Charlene-Willa, interpretada con aplomo por la debutante Chase Infiniti, para eliminar evidencia de su relación interracial con Perfidia, forma el centro de este segundo acto.
En medio de la sátira ácida y el nihilismo de los protagonistas, emerge la figura de Sensei
Benicio Del Toro. Mientras Perfidia utiliza la revolución como un fetiche narcisista y Pat-Bob se pierde en su propia toxicidad y hedonismo, Sergio representa la resistencia real. Su apartamento no es solo un escondite, sino el único espacio donde la política deja de ser un chiste de derecha o una pose de blaxploitation para convertirse en ayuda humanitaria tangible para los inmigrantes.
El tercer acto abraza la herencia de slapstick. Si la película comenzó con la elegancia de un cómic, termina con el caos de una sinfonía de destrucción en la carretera Es aquí donde Charlene-Willa, el “arma de Chekhov”, se dispara emocional y literalmente, llevando la persecución a un clímax donde el virtuosismo técnico de Anderson nos recuerda por qué el cine se siente mejor cuando es una colisión de géneros.
Justo después de ver esta película en HBO Max, sentí una punzada agridulce. Porque enseguida me di cuenta, de que quería compartir mis impresiones y, de manera lamentable, lo impedía el retiro del medio que muchos de los escritores locales de Matamoros habíamos usado hasta hace poco. Por eso, cuando Estrella me invitó a colaborar con ella en esta nueva aventura, Manguito Estelar, no lo dudé por mucho tiempo. De alguna forma, la batalla narrada por Paul Thomas Anderson, se ve reflejada también en la de los escritores locales por encontrar espacios de expresión.

Cada relación de hegemonía es necesariamente una relación pedagógica ” Antonio Gramsci
No escribo desde la ingenuidad. Sé que en el mundo cultural existen fuerzas críticas y artistas que disputan sentidos y no aceptan la neutralización del arte No parto de la idea de estar solo ni de estar inaugurando algo inédito.
Pero también sé que no es lo mismo asumir una posición en el centro que hacerlo en la periferia. Y cuando hablo de centro y periferia no me refiero solamente a un mapa.
El centro puede ser una capital cultural, pero también una zona cómoda dentro de uno mismo: el espacio donde repetimos lo aceptable, lo que no genera conflicto, lo que no pone en riesgo nuestras relaciones.
La periferia tampoco es solo geográfica: es el lugar donde algo desborda, donde la identidad no está cerrada y donde el conflicto se vuelve visible.
En ciudades de provincia como Matamoros, ciudad fronteriza del norte de México donde vivo esta tensión es concreta Aquí los gestos culturales no son abstractos: tienen consecuencias La crítica puede afectar vínculos, oportunidades y reputaciones.
La frontera esa línea real o simbólica que nos atraviesa aunque no siempre la percibamos no está solo afuera. También está dentro.
C o l u m n a
Cada persona tiene su centro conservador y su periferia transformadora. El centro busca estabilidad. La periferia empuja, incomoda, cuestiona.
Desde esa tensión entre riesgo y silencio, entre juicio social y necesidad de decir, entre Brownsville (Texas) y Matamoros (Tamaulipas)— nace Trasletras. No como marca cultural, sino como práctica situada: un espacio donde la palabra no se administra, sino que se expone. El prefijo “tras” significa “más allá”, “al otro lado”, “a través de”. Trasletras es una dirección: ir más allá de la letra, atravesar el discurso aceptado. En un territorio donde la frontera separa y conecta al mismo tiempo, la palabra se vuelve cruce
Cuando convocamos La poesía no calla. Palabras por Gaza en Matamoros, no fue para sumar un evento al calendario. Fue para afirmar que incluso en una ciudad provincial la palabra puede tomar posición frente a una violencia global que nos involucra directamente. Esa violencia es, en muchos sentidos, la guerra de los centros contra las periferias. Los centros se sostienen subordinando y explotando a las periferias; es su modo de conservarse El silencio de la periferia no es neutral: consolida esa lógica y convierte la aniquilación en norma Por eso, cuando la periferia se expresa, no exagera: defiende su posibilidad de existir.
Cuando abrimos Italiano a Sorbos, no fue para reproducir una academia, sino para experimentar la lengua como comunidad hablada y viva. No son actividades. Son ensayos de transformación. El rizoma como pensaron Deleuze y Guattari— no crece desde un centro único ni desde una jerarquía fija: se expande desde puntos desplazados, desde zonas de fricción Las fuerzas creativas funcionan así: emergen desde márgenes donde algo todavía no está completamente domesticado.
El centro tiende a conservar.
La periferia, cuando se atreve, transforma.
Y esa periferia puede ser una ciudad fronteriza. Pero también puede ser una conciencia.
Trasletras busca activar comunidad y, desde esa comunidad, disputar hegemonía cultural en un territorio concreto, sin esperar legitimación desde ningún centro.
No una institución decorativa.
No un programa complaciente
Sino una energía que se arriesga a intervenir
Escribir organizar, convocar, pensar en público— es decidir desde qué lugar hablamos y qué estamos dispuestos a arriesgar.
Trasletras es un proyecto cultural desarrollado por Nicola Giuliato con Spinterogeno Ediciones www nicolagiuliato com/trasletras
Un equipo que quiere compartir su pensamiento, su voz, sus letras, contigo. Un equipo que sueña compartir ideas, compartir literatura.







