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ISSUE 29 - GABRIELA AGÚNDEZ, HANNE GABY ODIELE, KELLY PIQUET, NATASHA LYONNE Y STELLA MAXWELL

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Con participación de GABRIELA

KELLY PIQUET

In Her Lane

Fotografía JUANKR / Editora en Jefe y Stylist SARAH GORE REEVES / Directora de Arte CATIA MUÑOZ
AGÚNDEZ, HANNE GABY ODIELE, JAMIE CHADWICK, JOHANA SANINT, MONTSERRAT MARTÍNEZ, NATASHA LYONNE, ODILIA ROMERO, PATRICIA CONDE, RAMLA ALI, SAMANTHA OZER, STELLA MAXWELL, TANIA FRANCO KLEIN.

Con participación de GABRIELA

MONTSERRAT

ODILIA

Fotografía MATT JONES / Editora en Jefe y Stylist SARAH GORE REEVES / Directora de Arte FERNANDA VILLALBA
AGÚNDEZ, HANNE GABY ODIELE, JAMIE CHADWICK, JOHANA SANINT, KELLY PIQUET,
MARTÍNEZ,
ROMERO, PATRICIA CONDE, RAMLA ALI, SAMANTHA OZER, STELLA MAXWELL, TANIA FRANCO KLEIN.

Fotografía RENÉ VILLASEÑOR / Editora en Jefe SARAH GORE REEVES / Directora de Arte CATIA MUÑOZ

Con participación de HANNE GABY ODIELE, JAMIE CHADWICK, JOHANA SANINT, KELLY PIQUET, MONTSERRAT MARTÍNEZ, NATASHA LYONNE, ODILIA ROMERO, PATRICIA CONDE, RAMLA ALI, SAMANTHA OZER, STELLA MAXWELL, TANIA FRANCO

GABRIELA AGÚNDEZ

La precisión de caer en el momento exacto

KLEIN.

Fotografía MATT JONES / Editora en Jefe y Stylist SARAH GORE REEVES / Directora de Arte CATIA MUÑOZ

Con participación de GABRIELA AGÚNDEZ, JAMIE CHADWICK, JOHANA SANINT, KELLY PIQUET, MONTSERRAT MARTÍNEZ, NATASHA LYONNE, ODILIA ROMERO, PATRICIA CONDE, RAMLA ALI, SAMANTHA OZER, STELLA MAXWELL, TANIA FRANCO KLEIN.

Fotografía

Con participación de GABRIELA AGÚNDEZ, HANNE GABY ODIELE, JAMIE

KELLY PIQUET, MONTSERRAT

NATASHA

ODILIA

ANNA PALMA / Editora en Jefe y Stylist SARAH GORE REEVES / Directora de Arte CATIA MUÑOZ
CHADWICK, JOHANA SANINT,
MARTÍNEZ,
LYONNE,
ROMERO, PATRICIA CONDE, RAMLA ALI, SAMANTHA OZER, TANIA FRANCO KLEIN.
STELLA MAXWELL
Open Sea

CARTA DE LA EDITORA

Durante generaciones, las mujeres han contribuido a moldear la cultura, la innovación y el diseño; sin embargo, sus aportaciones a menudo han sido ignoradas o limitadas por industrias construidas en gran medida por y para los hombres. Desde el poder narrativo del cine hasta la expresión creativa de las artes, e incluso en el mundo de precisión de la industria automotriz, las mujeres han tenido que abrirse paso entre barreras profundamente arraigadas para ser vistas, escuchadas y tomadas en serio.

Siempre he sentido que ser mujer era algo positivo. Tuve la fortuna de crecer en un entorno que reforzó esa idea: asistí a una escuela solo para niñas, donde se nos alentaba a vernos como iguales, capaces de todo, sin limitaciones. Eso me dio una sensación de confianza y posibilidad que llevé conmigo al mundo exterior.

No fue sino hasta mucho después que empecé a entender que esa experiencia no era universal. Muchas mujeres con las que he hablado no compartieron esa misma sensación de libertad o impulso. Sus historias revelaron las restricciones, los prejuicios y las barreras que todavía siguen moldeando tantos caminos profesionales y creativos.

El cambio no tiene que ver solamente con representación; tiene que ver con reequilibrar el poder y ampliar las oportunidades. Mi propia experiencia me mostró lo que es posible en un entorno de igualdad, pero escuchar a otras mujeres me ha mostrado cuánto camino falta todavía por recorrer. A medida que las industrias evolucionan, el reto no es solo incluir a las mujeres, sino asegurar que cada una de ellas cuente, desde el inicio, con la misma base de confianza y oportunidad.

DIRECTORIO

Editora en Jefe/Directora Creativa Sarah Gore Reeves / Editora Adjunta Lorena Domínguez / Copy Editor Daniela Gutiérrez / Editora de Contenido Betsy de la Vega Tay / Editor de Moda Daniel Zepeda / Coordinadores Digitales René Villaseñor y Andrea Tapia / Market Editor Andrea Aguirre / Directora de Arte Catia Muñoz / Diseñadora Gráfica Fernanda Villalba / Diseñador Web Alejandro Adame / Comité Editorial Valeria González y Regina Reyes-Heroles / Directores Financieros Contables Thinkworks

www.mrevistademilenio.com / instagram.com/m__milenio / x.com/mdemilenio / mrevistademilenio.com/newsletter

Fundador (†) Jesus D. González / Presidente del Consejo de Administración Francisco A. González / Presidente Ejecutivo Francisco D. González / Vicepresidente Jesús D. González / Director General Ángel Cong / Director Editorial Óscar Cedillo / Director Milenio Diario Alfredo Campos / Director Milenio Televisión Rafael Ocampo / Director Multigráfica Javier Chapa / Director Medios Impresos Adrián Loaiza / Director Comercial Carlos Hernández

Alberto Pérez / Akihisa Yamaguchi / Alex Babsky / Altered Agency / Anna Palma / B Dominguez / Beka Maglakelidze/ Bekah Lesser / Camila Larrea / Camila Reyes / Chris Clinton / Christyna Kay / Deanna Hagan / Enrique Norten / External Sender / Gaia Khatchadourian / Gavin Bond / Isra Vázquez / Jimena Brehm / Juankr / Kazu Katahira / Kelly Shew / Lea Serra / María Fernanda Gutiérrez / Mark Anthony Bradley / Mary Wiles / Matt Jones / Michael Sikora / Natalia Lira / Natalia Portal / Octavio León / Patricia Guerrero / Renata Peralta / Rie Omoto / Robbie Tomkins / Rolando Beauchamp / Sonya Meesh / Stefan Bertin / Ten Arquitectos / Valeria Cueto / Valerie Charur / Zach Tracy

CRÉDITOS PORTADA

Gabriela Agúndez Gabriela Agúndez usando productos de Chanel Beauty. Natasha Lyonne usando C arrera y Ferragamo. Stella Maxwell usando H. M oissan , K ilian Kerner y J ude. Hanne Gaby Odiele usando T iffany & C o. y Diesel. Kelly Piquet usando I sabel M arant, Boss y productos Charlotte Tilbury

Fotógrafo: René Villaseñor. Stylist: Daniel Zepeda. Maquillaje y pelo: Octavio León usando productos Chanel Beauty.

Fotografía: Matt Jones. Editora en jefe y stylist: Sarah Gore Reeves. Maquillaje: Mary Wiles para Walter Schupfer Management. Pelo: Kazu Katahira para Forward Artists. Manicurista: Sonya Meesh para Forward Artists. Producción: Jean Jarvis para Area1202. Asistentes de stylist: Daniel Zepeda, Andrea Aguirre y B Dominguez.

Fotografía: Anna Palma. Editora en jefe y stylist: Sarah Gore Reeves. Maquillaje: Kelly Shew. Pelo: Bekah Lesser. Producción: ARTWORLD. Asistente de fotografía: Chris Clinton. Asistentes de stylist: Daniel Zepeda, Andrea Aguirre y Gaia Khatchadourian. Asistente de producción: Zach Tracy.

Fotografía: Matt Jones. Editora en jefe y stylist: Sarah Gore Reeves. Maquillaje: Christyna Kay con productos de YSL Beauty. Pelo: Akihisa Yamaguchi para Forward Artists. Producción: Jean Jarvis para Area1202. Asistentes de stylist: Daniel Zepeda, Andrea Aguirre y B Dominguez Fotografía: Juankr. Editora en jefe y stylist: Sarah Gore Reeves. Maquillaje: Rie Omoto Pelo: Rolando Beauchamp Asistente de fotografía: Beka Maglakelidze. Asistentes de stylist: Daniel Zepeda, Andrea Aguirre y B Dominguez. Producción: Blonde Studios.

M LA REVISTA DE MILENIO, edición mensual Mayo 2026. Editora Responsable: Sarah Gore Reeves. Número de certificado de reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: en trámite. Número de certificado de licitud de título y contenido: en trámite. Domicilio de la publicación: Milenio Diario S.A. de C.V., Morelos número 16, Colonia Centro, Alcaldía Cuauhtémoc, C.P. 06040 en Ciudad de México. Distribución: unión de expendedores y voceadores de los periódicos de México A.C. con domicilio en Guerrero no. 50 Col. Guerrero C.P., 06350 Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Sarah Gore Reeves es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas de artículos firmados. Queda prohibido la reproducción total o parcial de la presente edición, misma que se encuentra registrada a nombre de Milenio Diario, S.A. de C.V., Derechos reservados. El contenido de los artículos es responsabilidad de los autores. Todos los derechos están reservados. Queda prohibida la reproducción parcial o total del material publicado sin consentimiento por escrito de los editores. La información ha sido obtenida de fuentes fidedignas.

INTERPRETACIONES

LA IDEA DE BELLEZA DE JOHANA SANINT

A través de Loto del Sur, Johana Sanint ha construido una marca que entiende la belleza desde la botánica, el ritual y la experiencia sensorial. El resultado es una idea de lujo profundamente latinoamericana, alejada de fórmulas importadas y más cercana al cuerpo, la memoria y el cuidado.

Fotografía: CORTESÍA Por: DANIELA GUTIÉRREZ

El lujo en belleza lleva siglos contándose desde un mismo centro. Europa imponía el vocabulario, la estética y la promesa. Lo refinado parecía venir de allá, incluso cuando las materias primas, los aromas y muchas de las fantasías de bienestar se alimentaban de otros territorios. En ese mapa, en el año 1999, Johana Sanint fundó Loto del Sur en Colombia sin imitar lenguajes ajenos, sino construyendo uno propio a partir de la biodiversidad latinoamericana y una idea del cuidado íntima.

La marca propone una relación con la belleza que parte de la experiencia cotidiana: el tiempo privado, el ritual, la memoria corporal, la necesidad de encontrar placer y continuidad en gestos pequeños. La crema, el aceite, el perfume o el baño se vuelven parte de una disciplina del bienestar más silenciosa y personal.

La trayectoria de Johana Sanint desplaza una idea agotada del emprendimiento femenino, ese relato de superación simplificado. Construyó una empresa a partir de intuiciones que durante años fueron leídas como secundarias dentro del negocio de la belleza. Aroma, textura, ritual, cuerpo, botánica, experiencia. Todo aquello que suele asociarse con lo femenino, y por lo mismo a veces se subestima, aquí fue convertido en estructura de marca, identidad comercial y lenguaje de sofisticación.

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ODILIA ROMERO

La voz que no se traduce

Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2

Por: LORENA DOMÍNGUEZ Maquillaje y pelo: ALBERTO PÉREZ.

Lo que no se ve también define lo que ocurre. No está en el centro de la conversación, no ocupa titulares ni se celebra con la frecuencia que debería. Y, sin embargo, sin los intérpretes muchas cosas simplemente no sucederían.

En esta página, chacal de plata de Antigua, Guatemala. Huipil de la comunidad de San Bartolomé Zoogocho elaborado por Concepción Ramos. Huaraches: BAKU. En página siguente, collar elaborado por Miriam Ambrosio. Productor: DANIEL ZEPEDA.

Lo que hace Odilia Romero no es solo interpretar palabras. Es devolverle a las personas la posibilidad de existir dentro de un sistema que muchas veces las deja fuera.

Su labor no es solo traducir, es construir un puente, sostener una presencia, abrir una posibilidad. Conocer a Odilia Romero es entender eso de inmediato. No es una figura estridente, pero impone. Hay algo en su manera de estar que obliga a escuchar. Habla con precisión, sin rodeos. Pero al mismo tiempo, hay una sensación constante de que detrás de cada respuesta hay mucho más: historias que no caben en una entrevista, experiencias que siguen acumulándose, una memoria que no se agota.

Su trabajo, como intérprete zapoteca en Los Ángeles y cofundadora de CIELO, se mueve en un terreno donde el lenguaje define destinos. Donde una palabra puede significar acceso o exclusión, justicia o abandono. No se trata solo de traducir. Se trata de lo que ocurre cuando alguien no puede nombrar lo que le pasa. Cuando una mujer enfrenta un sistema de salud que no habla su idioma. Cuando una familia depende de una interpretación correcta en un juzgado para no separarse. Cuando el lenguaje deja de ser herramienta y se convierte en barrera. Odilia no habla de esto desde la teoría. Lo ha vivido. Lo ha visto repetirse. Y lo nombra con claridad: no es un problema individual, es una violencia sistémica.

Hay una frase que aparece constantemente en la conversación con ella, aunque no siempre se diga de forma literal: esto sigue pasando. No es una historia del pasado, no es una excepción. Es una realidad

cotidiana que muchas veces pasa desapercibida porque quienes la viven no tienen espacio para contarla.

Quizá por eso su trabajo también se extiende más allá de la interpretación. CIELO es una forma de construir comunidad, de acompañar, de hacer visible lo que normalmente queda fuera del encuadre.

Y, sin embargo, hay algo profundamente personal en su manera de entender todo esto. Cuando habla de su historia no lo hace desde la victimización. No hay dramatización. Hay claridad. Nunca se sintió invisible en su comunidad de origen. La invisibilidad, en todo caso, aparece cuando un sistema decide qué voces importan y cuáles no.

Escucharla es darse cuenta de que damos por sentado el lenguaje. Asumimos que todos podemos entender y ser entendidos, que la comunicación es un punto de partida, no un privilegio. Y no es así.

Lo que hace Odilia Romero no es solo interpretar palabras. Es devolverle a las personas la posibilidad de existir dentro de un sistema que muchas veces las deja fuera. Es un trabajo esencial.

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OBRAS QUE OCURREN

Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: DANIEL

ZEPEDA
El trabajo de Samantha Ozer a través de TONO propone una lectura de la institución desde la duración, donde cada proyecto se define por las condiciones que lo hacen posible. Total look: FERRAGAMO.

Toda institución cultural implica una política del tiempo. No solo administra obras; también regula la duración de la experiencia y el ritmo con el que estas se vuelven visibles. Pensar una institución desde prácticas basadas en el tiempo desplaza el problema hacia la activación. La obra no se conserva como objeto estable; aparece bajo condiciones específicas que determinan su forma de ser percibida.

Esta idea encuentra un antecedente en Henri Bergson, quien distingue entre el tiempo medido y la duración vivida. El primero organiza la experiencia en unidades cuantificables; la segunda introduce una continuidad que no puede fragmentarse sin perder su cualidad. Las prácticas performáticas, sonoras o audiovisuales operan dentro de esta lógica.

El trabajo de Samantha Ozer se sitúa en ese punto. TONO, una organización sin fines de lucro dedicada a prácticas artísticas basadas en el tiempo que opera entre distintas ciudades, surge como una tentativa de reorganizar las condiciones en las que estas obras pueden aparecer. No responde a un formato único, sino a una lectura acumulativa de bienales, festivales y espacios independientes que no logran, por sí solos, atender esta especificidad.

La movilidad de TONO se plantea como una decisión conceptual que atraviesa su forma de operar. Al prescindir de una sede fija, cada proyecto se articula en función de sus propias necesidades. La colaboración con instituciones no sigue un esquema previo; se construye a partir de cada obra y de las condiciones que exige. El festival funciona como un momento de concentración donde distintas investigaciones coinciden, sin clausurar su desarrollo.

Desde México, esta operación adquiere otra densidad. La ciudad reúne instituciones, colecciones históricas y una escena contemporánea activa sin reducirse a una lectura homogénea. TONO trabaja desde ese cruce de condiciones. No consolida un modelo; ensaya una forma de institución que solo puede sostenerse mientras permanece en movimiento.

Trabajas con prácticas basadas en el tiempo. ¿Qué cambia cuando el tiempo deja de ser un marco y se convierte en la condición que estructura tanto la obra como su recepción?

Parte de lo que me interesa de estas prácticas es que el artista tiene mayor agencia sobre cómo se experimenta una obra. En una pintura o una escultura, el tiempo que el espectador decide dedicarle es completamente abierto. En cambio, en una performance o una instalación de video, el artista establece una duración. Alguien puede irse antes o repetirla, pero existe una temporalidad definida desde la obra.

Este tipo de trabajo depende de la duración, la presencia y la activación. ¿Qué tipo de infraestructura necesita para existir y circular?

Para que exista, basta con un espacio y un público. Para circular, se requiere una estructura más concreta: presupuesto para ensayos, honorarios y viajes, en el caso de la performance, o equipo técnico específico en instalaciones de video o sonido. También es clave contar con un equipo técnico sólido que pueda producir tanto eventos en vivo como montajes instalativos.

TONO fue concebido como una institución nómada. ¿Qué tipo de estructura buscabas construir desde el inicio?

TONO surge como una respuesta a distintos modelos que fui observando entre Nueva York, Ciudad de México y otros contextos internacionales. Me interesaba pensar en una institución que pudiera moverse, que combinara el rigor de un museo, la energía de un festival y el alcance de una bienal. Es un modelo que sigue en desarrollo y que también toma referencias de otros campos, como la música, el teatro o la danza, no solo en términos de programación, sino también en la forma en que se relaciona con sus públicos o se financia.

En términos concretos, ¿cómo funciona TONO? ¿Cómo decides qué producir, con quién trabajar y bajo qué condiciones?

Trabajo de manera bastante intuitiva, reuniendo artistas que comparten cierta sensibilidad. Muchos artistas me presentan a otros colaboradores y el proyecto crece de forma orgánica. También viajo constantemente para investigar, conocer artistas y ver trabajos. A partir de ahí, pienso cómo ciertas obras pueden dialogar dentro del programa del festival o si tienen sentido como proyectos independientes en otros contextos.

¿Cómo estructuras tus relaciones con museos e instituciones asociadas? ¿Qué se negocia y qué permanece desde TONO?

Todo está abierto a discusión. Las colaboraciones se definen a partir de lo que los artistas necesitan: el tipo de espacio, el equipo técnico, el público. La relación se construye a partir de cada caso, de manera individual.

Trabajar con prácticas basadas en el tiempo implica cierto grado de inestabilidad. ¿Cómo gestionas eso dentro de una estructura que debe seguir funcionando? En el caso de la performance, esa variación es parte de su interés. Cada activación cambia según el contexto y el público. En términos operativos, siempre tengo un plan alterno y la disposición de ajustar sobre la marcha. También me interesa que el proceso conserve cierta ligereza, incluso cuando el trabajo es complejo.

Tu práctica se mueve entre Ciudad de México, Nueva York y París. ¿Cómo influye esa circulación en la forma en que construyes redes y estructuras?

Me permite estar en contacto constante con distintas escenas y colaborar con personas muy diversas. Cada ciudad tiene condiciones específicas que me obligan a trabajar desde la apertura y la flexibilidad. Esa forma de operar es fundamental para el tipo de proyectos que desarrollo.

¿Qué implica desarrollar una plataforma como esta desde México dentro de un sistema del arte global?

Aunque TONO está constituido como una organización con base en Nueva York, el festival ocurre en México y surge de mi experiencia en Ciudad de México y Puebla. Es importante mantener ese diálogo y fortalecer la red en México y América Latina. La ciudad tiene una combinación poco común de instituciones, colecciones históricas y una escena contemporánea muy activa, además de una fuerte conexión con el ecosistema global.

Saco y falda: FERRAGAMO. Zapatos: HANDRED.
Stylist: DANIEL ZEPEDA. Maquillaje: VALERIA CUETO. Asistente de fotografía: NATALIA LIRA. Asistente de stylist: CAMILA LARREA.

DE SUEÑOS Y OTRAS COSAS

En la obra de la fotógrafa mexicana se dialoga desde el mapa más emotivo de la memoria humana. En ese espacio, lo profundamente personal se convierte en una estructura tan colectiva y universal como el mero acto de vivir.

Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: RENÉ VILLASEÑOR

“Lo que yo quiero es lo que me enseñaron a querer [...] Mi obra es reflejo de mi interés por tratar de encontrar la forma de entender hasta qué punto juegan los sistemas en mí y al mismo tiempo darme cuenta que es imposible separarme por completo de ellos”.

La idea de la fotografía como medio artístico parece, al menos en principio, contradictoria. El clic de un gatillo; el sonido del obturador, señal de un momento infinito; la luz, tan real e incómoda; el sujeto, capturado, petrificado: todas son acciones de un medio que, a falta de la tecnología necesaria, tuvo que asimilar la violencia. Con la misma tesis de un rifle y en las antípodas del pincel, la cámara, ya sea sensor o película, se encarga de reconstruir por segunda vez la realidad. En la obra de Tania Franco Klein, el medio funciona de otra manera. Lo verdadero no se reconstruye: se crea por primera vez frente al objetivo para convertirse, al final, en el espacio exacto donde la imagen no se convierte nunca en realidad.

Es casi una máxima de la naturaleza relacionar movimiento y vida. Si algo se mueve, existe. Pero, como pasa con las grandes obras plásticas, la fotografía de Franco Klein adquiere esa cualidad sin necesidad de la acción. El reflejo solitario a través de un espejo, un grito ahogado en la futilidad sonora de una cámara o un recién nacido esperando la consumación del abandono: descripciones brevísimas del mundo de la fotógrafa. Ese universo ya está ahí, es tangible.

No hay necesidad tampoco de rastrear la semilla del mundo visual de Tania Franco Klein cuando cada imagen es casi un espejo detrás de los ojos de quien la mira. El autorretrato bajo su lente se convierte en una fotografía de la infancia de cada uno de sus espectadores: son memorias visuales de las que no teníamos conocimiento hasta enfrentarnos con su obra. Esa es la razón, tal vez, del sentimiento casi estomacal que surge con cada exposición de la artista. Así, con las manos atadas bajo la personificación inequívoca del subconsciente, el espectador no tiene otra opción que remitirse a los sueños, siempre habitados por el mundo entero. “Lo importante no es quién es la persona (sujeto)”, dice Franco Klein, “sino el contexto en donde existe. Eso es lo que todo el tiempo estoy buscando. El sujeto pasa a segundo plano y todos lo podemos universalizar desde ese lugar en donde cada uno se refleja”.

De ahí nace también la idea de estar frente a la cámara. Tania Franco Klein, en esta ocasión la fotógrafa más que la artista, entiende el papel de quien narra la historia y de quien la vive. Ella, como narradora de historias ajenas, asume lo que Susan Sontag menciona sobre la fotografía: “fotografiar es apropiarse de lo fotografiado”, una forma de tomar posesión del instante y del cuerpo ajeno, de inscribirlo en una mirada que inevitablemente transforma aquello que captura.

“Me volví muy sensible a la idea de tener que representar a personas en mi obra”, menciona la mexicana. “Sentía que había un desbalance de poder muy fuerte en utilizar la identidad de otras personas para mi propósito. Estaba más concentrada en la experiencia de la otra persona, en que se sintiera cómoda dentro de mi obra, que en lo que era importante para mí: el concepto. No podía lidiar con las expectativas de otras personas sobre mi imagen, o con la de su imagen dentro de la mía. El autorretrato se convirtió en una solución”.

Pero, ¿qué sucede entonces cuando la experiencia llega desde afuera? Tony Oursler, Pipilotti Rist y Bill Viola son artistas que Klein menciona como inspiraciones. Creadores, al igual que ella, de un mundo ansioso por introducirse en el espectador a través de la mirada. O Umberto Eco y Marc Augé, que hacen lo mismo desde el intelecto. Incluso desde otras disciplinas llega la inspiración para la creación de una emoción. Arquitecta de profesión, Tania Franco Klein también juega con el espacio y con la cohesión, o la falta de cohesión, que se tiene con el sentir. La antiergonomía, así la llama la artista, como práctica de la incomodidad intencional. “Como arquitecta siempre te enseñan en dónde tienen que estar las cosas”, dice. “Y me encanta jugar con los lugares donde no están. Ponerlas en sitios que descoloquen la ergonomía común para que el cuerpo se haga más consciente del encuentro con la obra en sí”. Y en eso coincidimos Franco Klein y yo: que sea un espacio para “ver” desde el estómago.

Así pues, la obra no está terminada hasta la maquetación de la propia exhibición, donde se logra un control casi total del sentir ajeno. Pero ese “control” nunca es absoluto. Hay algo que se resiste incluso dentro de la precisión de su montaje: la imposibilidad de separar por completo la obra de quien la produce.

¿Es posible conocer a Tania Franco Klein a través de sus imágenes? Fue la última pregunta de la entrevista y la respuesta, más que directa, resultó de una honestidad rotunda. “Cien por ciento yo”, dice la artista. Esa insistencia por tratar de entender cómo operan las fuerzas que exceden al individuo, pero lo atraviesan por completo, toma control de su expresión hasta desembocar en un producto tangible que dialoga desde una sala del Getty Center en Los Ángeles o en el MoMA de Nueva York. Así como es una “extensión de sus creencias”, también es un espacio onírico en el que la comunión con el otro se vuelve total.

Su respuesta asimila la cualidad de los sueños: “Lo que yo quiero es lo que me enseñaron a querer”, dice. “Mi obra es reflejo de todo mi interés por tratar de encontrar la forma de entender hasta qué punto juegan los sistemas en mí y, al mismo tiempo, darme cuenta de que es imposible separarme por completo de ellos”. Todo está ahí planteado, conceptualizado en la psicología o simplemente anotado como los sucesos que existen cuando se deja de estar despierto.

“Protect me from what I want (Protégeme de lo que deseo)”, de Jenny Holzer, aparece aquí desde la noción de que no hay manera de entender por completo lo que queremos. No podemos discernir del todo entre lo impuesto y el deseo: el subconsciente ya está ahí.

Los intentos por resolver esa cuestión han sido muchos. Tal vez por eso una fotografía de Tania Franco Klein, como una pintura de Salvador Dalí, termina por habitar el lugar de los sueños.

Asistentes de fotografía:

NATALIA LIRA Y LEA SERRA.
Natasha Lyonne Sin significado fijo
Editora: SARAH GORE REEVES Fotografía: MATT JONES

y experiencia.

la identidad como algo inestable, como una construcción atravesada por lenguaje,

se cruza con su trayectoria en cine y televisión, su forma de trabajar en comunidad y su defensa de todo aquello que la tecnología todavía no puede simular: la presencia, la intuición y la fricción de lo vivido.

Lejos de ofrecer respuestas cerradas, Natasha Lyonne piensa
contexto
Su mirada
Lentes: CARRERA. Anillos Eternity: H. MOISAN. Total look: CHANEL.

Después de décadas trabajando dentro de una industria que cambia de lenguaje con rapidez, pero no siempre de estructura, Natasha Lyonne ha actuado, escrito, dirigido y producido lo suficiente como para entender que el poder en Hollywood no se juega solo en la visibilidad, sino en la posibilidad de sostener una voz propia a lo largo del tiempo. Conversé con Lyonne con la misma mezcla de lucidez, ironía y distancia con la que suele moverse entre personajes. Más que ofrecer definiciones cerradas sobre ser mujer, su mirada se detiene en lo inestable, en las palabras, las jerarquías, las historias y las formas en que una experiencia humana logra seguir siendo irreductible.

¿Qué significa ser mujer para Natasha Lyonne?

No lo sé, es una pregunta complicada. Cada vez pienso más en esto como una especie de torre de Babel, incluso cuando se trata de la palabra “mujer”. Pienso mucho en la etimología y en cómo las palabras cambian con el tiempo, en cómo atraviesan ciclos y adquieren nuevos significados.

Definitivamente ya no significa lo mismo que antes, y tampoco significa lo mismo para todas las personas. Por ejemplo, mi amiga Laverne Cox estuvo hace poco en la portada de Time, y eso también cambia la conversación sobre lo que entendemos por mujer.

Entonces, no estoy muy segura de qué significa ser mujer hoy, o incluso qué significa la palabra en sí en este momento. No creo que exista una sola definición estable. Los términos generales que intentan abarcar a todas las personas cambian constantemente y pueden usarse de manera positiva o negativa, según el contexto.

En lo personal, siempre he disfrutado cosas como la ropa, un buen blazer negro, sentirme bien con mi imagen, tener un buen día. Eso me hace feliz, pero al mismo tiempo entiendo que eso no define lo que significa ser mujer.

También pienso en palabras como “chicas”. En ciertos momentos parecía que esa palabra se volvía problemática, como si estuviera cargada de otra connotación, pero luego vuelve a usarse de manera natural. Son palabras que entran y salen del lenguaje cultural, del zeitgeist, y van cambiando con el tiempo.

A medida que creces, te das cuenta de que estas palabras no son fijas, de que significan cosas distintas según el contexto de cada persona.

Después de cuatro décadas en la industria, ¿crees que ese trabajo finalmente se reconoce y se recompensa de manera significativa?

Bueno, cuatro décadas suenan distinto cuando empiezas desde muy joven. Creo que, con el tiempo, aprendes a aceptar la incomodidad. Muchas veces sientes que las cosas no están alineadas como esperabas, pero eso también es parte del proceso de crecimiento.

Los “dolores de crecimiento” implican darte cuenta de que la incomodidad también es una respuesta en sí misma. Hay momentos en los que parece que nada encaja como imaginabas, pero si logras atravesar eso, descubres que ahí hay una solución que no habrías encontrado de otra forma.

También empiezas a abandonar la idea de que todo tiene que encajar perfectamente o responder a una expectativa personal. Dejas de verlo todo desde una perspectiva limitada o centrada únicamente en ti.

En esta página, lentes CARRERA. Total look: SAINT LAURENT . En página siguiente, total look:

SAINT LAURENT.

Te das cuenta de que trabajas dentro de una comunidad de personas y de que cada una está viviendo su propia experiencia. Durante todos estos años he trabajado con muchas personas, y cada una aporta algo distinto, incluso desde lo que está viviendo fuera del trabajo.

A veces alguien puede estar pasando por algo personal y tú ni siquiera lo sabes, pero eso influye en el ambiente, en el proceso y en el resultado. Creo que esa es una de las cosas más importantes que aprendes con el tiempo: a entender lo complejo que es el mundo que te rodea. Eso te prepara mejor como directora, como escritora o como productora, porque empiezas a escuchar no solo tus propias ideas, sino también el ritmo de todo lo que está pasando alrededor.

Empiezas a percibir la energía de una habitación, a sentir cómo se desarrolla el día y, en lugar de imponer algo, te adaptas. Es como una improvisación constante, como un músico de jazz: escuchas, observas, sientes y respondes. Eso hace que las cosas se sientan más orgánicas, más reales.

¿Cuántas mujeres hay en tus equipos? ¿Dirías que la mayoría son mujeres?

No lo pienso tanto en términos de porcentaje. Por ejemplo, en la sala de escritores de Russian Doll hubo muchas mujeres y, en su momento, eso fue importante, pero no fue algo forzado; simplemente sucedió.

Lo interesante es que, cuando tienes ese tipo de espacios, dejas de hacer ciertas preguntas que normalmente se repiten. Ya no tienes que cuestionar constantemente por qué una mujer quiere hacer algo o cuál es su motivación desde ese lugar. Las historias pueden desarrollarse de forma más natural, sin tener que justificar ese tipo de cosas. Se vuelven más fluidas.

¿Cómo influye haber crecido en Nueva York en tu forma de ver el mundo?

Muchísimo. Crecer en Nueva York te hace darte cuenta de lo pequeño que eres en el mundo, en un sentido muy amplio.

Recuerdo ver edificios y pensar que en cada ventana estaba ocurriendo algo distinto. En un lugar alguien podía estar pasando por un momento difícil; en otro, alguien estaba celebrando; en otro, alguien estaba empezando algo nuevo.

Eso te hace entender que todo está interconectado y que el mundo es mucho más complejo de lo que parece. También te obliga a interactuar constantemente. No puedes vivir en una burbuja. Tienes que moverte, adaptarte, responder al entorno.

En lugares como México, donde la industria ha sido dominada por hombres, ¿qué crees que debería cambiar para que el contenido conecte más con mujeres y hombres?

No estoy segura de esas estadísticas, así que no quiero afirmar algo que no conozco por completo. Pero, en general, no pienso en hacer contenido “para mujeres” o “para hombres”. No me gusta esa clasificación. Creo que las historias deben ser honestas y reflejar la realidad tal como es, sin encasillarse. Cuando haces eso, conectan de forma natural con más personas.

Escanea el código para ver más sobre esta entrevista.
Total look: FERRAGAMO.
Stylist: DANIEL ZEPEDA. Asistente de fotografía: NATALIA LIRA. Asistente de stylist: CAMILA LARREA.

MONTSERRAT MARTÍNEZ

Y EL CAMINO HACIA UNA FORMA PROPIA DE LIDERAR

Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: DANIELA GUTIÉRREZ

En una industria históricamente definida por códigos masculinos, Montserrat Martínez ha construido una forma propia de liderar desde la intuición, la estrategia y la sensibilidad cultural. En esta conversación reflexiona sobre autoridad, deseo y lo que implica abrir espacio para otras mujeres dentro del lujo automotriz.

Durante años, Montserrat Martínez entró a reuniones donde era la más joven y, muchas veces, la única mujer, con la sensación de tener que demostrar constantemente que merecía estar ahí. Esta experiencia nos es familiar a mujeres de todas las edades en todas latitudes. En esta conversación, cuenta cómo empezó a confiar en su manera de leer a las personas, las marcas y las situaciones. Esa mezcla entre sensibilidad editorial, visión estratégica y lectura cultural ayuda a explicar el lugar desde el que hoy piensa a Range Rover como Brand and Product Director JLR México y Latinoamérica.

Cuéntame sobre tu trayectoria. ¿Cómo llegaste al lugar en el que estás hoy?

La verdad es que como todos, no tengo una historia de “plan perfecto”. Más bien ha sido un camino de descubrirme, muchas veces con claridad y otras con dudas. El lugar en donde estoy hoy, después de haber sido parte de equipos editoriales y de consultoría estratégica, lo valoro muchísimo; pero en definitiva no es un punto de llegada. Lo veo como un espacio donde puedo seguir creciendo. Si algo he aprendido es que no se trata de hacerlo perfecto… sino de hacer todo desde un lugar honesto contigo. Digamos que más que llegar a un lugar, he aprendido a seguir el camino para llegar.

¿Sientes que la conversación en la industria automotriz está cambiando?

Sí, y es un cambio que, ahora que estoy dentro, puedo decirte que es mucho más profundo de lo que parece desde afuera. Hay más mujeres en la conversación, estamos cambiando la forma en la que entendemos la industria. Se están abriendo preguntas distintas, como qué significa el lujo, qué valoramos en una experiencia, cómo construimos el deseo por este tipo de vehículos. La apertura de género ha sido clave en eso, no solo como un tema de inclusión, sino como una forma de enriquecer la mirada.

Me toca verlo muy de cerca. Cada vez somos más mujeres tomando decisiones, liderando equipos, cuestionando lo establecido, optimizando procesos. Y eso transforma todo. Lo que más me entusiasma es que ya no se trata de “entrar” a una industria que estaba definida, sino de participar en cómo se está redefiniendo.

¿Cómo defiendes una visión cuando no todos la ven?

Me pasa seguido. Lo primero es aceptar que si una visión es realmente distinta, no va a ser evidente para todos desde el inicio. Si lo fuera, probablemente no sería una visión, sería una forma de buscar validación. Lo segundo es hacer el trabajo para aterrizarla. Para mí es crucial poder traducir

esa intuición en algo que otros pueden entender: qué problema resuelve, por qué es relevante para el negocio, cómo se va a medir y — si se puede también— que la visión nos emocione.

Muchas veces las conversaciones no avanzan porque la idea no está aterrizada para los demás. También soy de probar, me gusta llevar una idea a un “piloto”. En nuestro caso, muchas cosas que hoy funcionan empezaron como algo pequeño: un formato de evento distinto, una forma diferente de invitar cliente, una curaduría más arriesgada… y a partir de eso los demás entendieron realmente.

Algo que también he aprendido es a elegir mis batallas. No todo se tiene que empujar al mismo tiempo ni con la misma intensidad. Pero cuando creo en algo, lo defiendo y lo sostengo. Porque al final, más que convencer desde el discurso, se trata de construir evidencia y confianza en el proceso para que haga sentido para todos.

¿Qué te gustaría que la gente entienda mejor de la marca?

Me gustaría que la gente sepa que Range Rover es mucho más de lo que se ve, es algo que sientes. Muchas veces se percibe el diseño —que es claro, limpio, poderoso— pero lo más interesante pasa cuando la vives. Es un lujo que no te interrumpe, que no te exige, que simplemente fluye contigo. Eso cambia completamente la relación que tienes con el coche. Range Rover está en un momento muy interesante, porque está conectando con nuevas generaciones que son muy selectivas a través de sus optimizaciones y nuevos lanzamientos. Más intención, menos ostentación. Menos ruido, más claridad. Y eso se ve en todo: en el diseño, en las experiencias que estamos creando a nivel global, en la forma en la que la marca se está acercando a mundos como el arte, la arquitectura o la cultura contemporánea.

¿Qué te interesa abrir para las mujeres que vienen detrás?

Me gustaría que no sientan que tienen que endurecerse para pertenecer. Me interesa abrir un espacio más amplio, no solo un camino. Durante mucho tiempo sentí que había una forma “correcta” de crecer. Con el tiempo entendí que el valor está en ampliar lo que es válido. Hoy procuro hacerlo desde lo cotidiano: cómo lidero, a quién escucho, qué conversaciones pongo sobre la mesa. Y si algo me interesa abrir, es esa tranquilidad de que no tienes que tener todas las respuestas ni convertirte en alguien más para avanzar. Puedes crecer siendo más tú. Más que encajar, se trata de hacer el espacio más grande.

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KELLY PIQUET

Editora: SARAH GORE REEVES Fotografía: JUANKR
IN HER LANE

Desde su experiencia dentro de la órbita de la Fórmula 1, Kelly Piquet reflexiona sobre la transformación de los roles femeninos en espacios de poder y sobre la responsabilidad que implica tener una voz pública.

En página anterior, total look: SPORTMAX. Saco sobre puesto: THE MANNEI. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY
En esta página, collar Tiffany HardWear: TIFFANY & CO. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY
Lentes: ISABEL MARANT. Total look: BOSS. Zapatos: ON. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY.
Total look: PRADA. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY.
Total look: GUCCI. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY.

En un mundo tan veloz, estridente e históricamente dominado por hombres como la Fórmula 1, Kelly Piquet ocupa un lugar en donde convergen legado, maternidad contemporánea y una noción de propósito en transformación. Madre de dos hijas, su perspectiva se desplaza más allá de la pista para tocar cuestiones de identidad, influencia y lo que implica formar a una nueva generación de mujeres.

Es cierto, la Fórmula 1 ha sido tradicionalmente un espacio masculino. Pero lo interesante hoy es que las mujeres ya no solo intentan encajar en él, sino que están redefiniendo la manera en que lo habitan.

“Para mí, no se trata de demostrar que pertenezco ahí. Se trata de sentirme lo suficientemente cómoda para ocupar espacio a mi manera, ya sea a través de la narrativa, de una perspectiva propia o, simplemente, mostrando que no existe una sola forma de estar en este mundo”, menciona Piquet. Su voz introduce una nueva lectura sobre el poder, una menos ligada a la validación que en la forma de habitar el espacio. En esta conversación, Kelly habla sobre legado, relaciones, visibilidad y la responsabilidad de formar a una nueva generación de mujeres en un mundo que todavía está aprendiendo a cambiar.

Vienes de una familia profundamente ligada a la Fórmula 1. ¿Cómo te prepararon tus padres para la vida más allá del reflector?

Crecí con un fuerte sentido de independencia. La carrera de mi padre hizo que el automovilismo siempre estuviera cerca, pero mis padres fueron intencionales en darme una vida que no estuviera definida únicamente por eso. Había un énfasis claro en la educación, la curiosidad y la resiliencia, cualidades que importaban más que el estatus o la visibilidad. Desde pequeña aprendí a adaptarme con rapidez, a moverme entre culturas distintas y a construir una identidad propia al margen de las expectativas.

Has hablado de vivir dentro y fuera del foco del automovilismo. ¿Cómo te marcó esa dualidad?

Me dio perspectiva. Estar cerca de algo tan intenso y tan expuesto como la Fórmula 1, pero no siempre en el centro, me permitió observar más que reaccionar. Creo que esa distancia me ayudó a entender tanto el privilegio como la presión que implica ese mundo. También me hizo más consciente de cómo quiero estar hoy, sobre todo como madre.

El automovilismo ha sido visto durante mucho tiempo como un espacio dominado por hombres. ¿Cómo entiendes tu lugar dentro y alrededor de ese mundo como mujer?

Definitivamente ha sido un mundo dominado por hombres, pero lo que está cambiando ahora es que las mujeres ya no están intentando ajustarse a un papel predefinido, sino ampliar lo que ese papel puede ser.

Para mí, no se trata de probar que pertenezco, sino de sentirme cómoda ocupando espacio a mi manera, ya sea a través de la narrativa, de una

perspectiva propia o simplemente de la presencia. El cambio no siempre proviene de grandes declaraciones. A veces tiene que ver con la constancia: estar ahí, hacerse visible y hacer las cosas de forma distinta con el tiempo.

Formas parte de una relación contemporánea en un entorno muy público. ¿Crees que las nuevas generaciones de hombres, incluidos los que están en la Fórmula 1, como Max Verstappen, están redefiniendo lo que significan el apoyo y la igualdad dentro de una relación?

Creo que las relaciones están evolucionando de manera muy positiva. Hay más apertura, más compañerismo y más respeto mutuo. El apoyo se ve distinto hoy: importa menos cumplir roles fijos y más estar ahí el uno para el otro de forma genuina y constante.

En entornos como la Fórmula 1, donde todo es tan intenso, ese tipo de equilibrio se vuelve todavía más importante. Se trata de entender el mundo del otro, pero también de ayudarse mutuamente a mantener los pies en la tierra.

Estás criando a dos hijas. ¿Cómo aparecen en tu forma de maternar las conversaciones sobre el lugar de las mujeres, la identidad y otros temas que atraviesan a las mujeres?

La maternidad cambia por completo tu perspectiva. Te hace más consciente del mundo al que tus hijos están entrando y de los valores que quieres transmitirles.

Quiero que mis hijas sientan que no tienen que limitarse ni ajustarse a expectativas ajenas. Al mismo tiempo, quiero que entiendan la empatía: que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que la bondad importa.

La confianza es importante, pero también lo es la conciencia. Creo que la combinación de ambas es lo que realmente genera impacto.

¿Sientes una responsabilidad, dada tu plataforma y tu legado familiar, de empujar ciertos cambios?

Sí, de una forma muy real. La visibilidad implica responsabilidad, y creo que es importante ejercerla con conciencia. Para mí, se trata de poner sobre la mesa conversaciones que importan, apoyar iniciativas que generen oportunidades para las mujeres y mostrar que no existe una única forma de pertenecer.

Por último, ¿en qué tipo de mundo te gustaría que crecieran tus hijas, especialmente en un momento en que industrias como el deporte, los medios e incluso la tecnología siguen transformándose?

Espero que crezcan en un mundo donde sus posibilidades no estén definidas por expectativas ajenas; donde se sientan libres de explorar, asumir riesgos y definir el éxito a su manera. El progreso existe, pero sigue en proceso. Si nuestra generación logra hacer las cosas un poco más abiertas y un poco más equilibradas, eso ya sería significativo.

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En esta página, lentes: ISABEL MARANT. Collares Tiffany HardWear: TIFFANY & CO. Total look: BOSS. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE
TILBURY En página sigueinte, aretes Tiffany HardWear: TIFFANY & CO. Total look: BOSS. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY
En esta página, collares Tiffany HardWear: TIFFANY & CO. Total look: ANINE BING. Total look: MIU MIU. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY.
En página siguiente, anillo y cuff Elsa Peretti, y anillo Tiffany T T1: TIFFANY & CO. Total look: LOUIS VUITTON. Maquillaje y Skincare: CHARLOTTE TILBURY.
Maquillaje: RIE OMOTO CON PRODUCTOS CHARLOTTE TILBURY. Pelo: ROLANDO BEAUCHAMP. Asistente de fotografía: BEKA MAGLAKELIDZE. Asistentes de stylist: DANIEL ZEPEDA, ANDREA AGUIRRE Y B DOMINGUEZ. Producción: BLONDE STUDIOS.

JAMIE CHADWICK COMO FORMA DEL RENDIMIENTO

Fotografía: CORTESÍA ROLEX Por: DANIEL ZEPEDA

Como testimonial de Rolex, la piloto británica Jamie Chadwick proyecta una idea del rendimiento entendida como precisión sostenida, control técnico y permanencia dentro de un sistema definido por la exigencia constante.

Antes de que el auto se ponga en movimiento, todo queda reducido a lo indispensable: ajuste del cinturón, mirada fija, manos sobre el volante. La conducción se organiza como una secuencia de decisiones encadenadas, donde cada variación se calcula y cada corrección se integra sin ruptura. La pista aparece como un campo de operaciones donde el tiempo se descompone en intervalos mínimos.

Ese nivel de control se forma en un entorno donde el error no tiene cabida. En su caso, el desvío permanece expuesto. Se registra, se amplifica. Bajo esa presión, la repetición adquiere otra función. Permite estabilizar el rendimiento frente a una lectura externa que no concede margen.

Simone Weil, filósofa francesa del siglo XX, desarrolló una noción de atención ligada a la concentración absoluta del pensamiento, una forma de vaciamiento que permite percibir con precisión lo que está frente a uno. En la pista, esa atención se traduce en una relación directa con el movimiento. Cada decisión responde a una lectura del entorno.

La W Series funcionó como un primer territorio donde ese método pudo desplegarse sin interrupciones. Tres campeonatos consecutivos fijaron una evidencia difícil de ignorar. Al mismo tiempo, esa repetición terminó por señalar el límite de la categoría. El dominio acumulado no producía un desplazamiento real hacia otras estructuras.

El paso hacia Indy NXT introduce otra escala. La parrilla se comprime, la diferencia entre posiciones se reduce a márgenes mínimos. Cada resultado entra en relación directa con el resto. La lectura externa se reconfigura. El rendimiento se incorpora a un sistema comparativo más exigente, donde la referencia deja de ser aislada.

El automovilismo funciona a partir de inercias que definen el acceso y la permanencia: recursos, redes, validación institucional. En ese entramado, el talento necesita traducirse en datos verificables. Cada vuelta se convierte en una inscripción material dentro de un sistema que no cambia con facilidad.

Su trabajo con Williams Racing ocurre en una zona menos visible, pero igual de determinante: simulador, desarrollo, análisis del auto. Espacios donde la conducción se descompone en variables y cada variable exige interpretación. El tiempo deja de operar únicamente en pista y se proyecta hacia escenarios posibles, donde cada ajuste modifica el comportamiento futuro del auto.

La lectura más inmediata insiste en ubicarla dentro de una narrativa inspiracional. Ese enfoque reduce la complejidad de su trayectoria y desplaza la atención hacia el individuo. Lo que queda fuera son las condiciones que permiten o limitan ese avance. Pensar su carrera implica atender esas condiciones sin simplificarlas.

El feminismo aparece aquí en la práctica. Cada resultado desplaza los parámetros de lectura y, al mismo tiempo, expone la estructura que los contiene. La pista no corrige esa estructura. La hace visible a través del rendimiento.

Hay, en su forma de conducir, una relación particular con el tiempo. Paul Virilio, teórico francés que estudió la velocidad y su impacto en la percepción contemporánea, planteaba que la aceleración reorganiza la manera en que se ejerce el poder. En ese sentido, la precisión de Chadwick no solo optimiza el movimiento. También interviene en la forma en que ese movimiento es leído dentro del sistema.

Su trayectoria avanza desde ahí. Lo que se acumula son decisiones exactas que, al repetirse, construyen una continuidad difícil de interrumpir. En ese proceso, la conducción se convierte en una forma de negociar, vuelta tras vuelta, las condiciones que determinan su permanencia.

Chadwick no corre únicamente contra el tiempo. Cada registro en pista entra en un sistema que no opera como una medida neutral, donde la evidencia no basta por sí sola y el rendimiento necesita reiterarse para adquirir el mismo valor. La vuelta deja de ser una unidad cerrada. Se convierte en una forma de verificación constante, donde el tiempo no solo ordena posiciones: también define quién puede ser leído como parte de la competencia.

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STELLA MAXWELL OPEN SEA

Editora: SARAH GORE REEVES

Fotografía: ANNA PALMA

Por: DANIEL ZEPEDA

El imaginario tropical pierde suavidad y adquiere otra densidad. La moda se aproxima al riesgo como una forma de presencia.

Pulseras Tennis: H. MOISSAN. Total look: MAGDA BUTRYM.
En esta página, total look: FERRAGAMO. Collar Tiffany Lock: TIFFANY & CO. Bolsas: CHANEL.
En página siguiente, collar Tiffany HardWear usado como pulsera: TIFFANY & CO. Top: MITILIANE COUTURE. Pantalón: MAGDA BUTRYM.
En página anterior, collar Tennis y pendientes solitarios: H. MOISSAN. Total look: KILIAN KERNER.
En esta página, pulsera Tiffany Lock: TIFFANY & CO. Total look: HERMÈS. Zapatos: JUDE.
En esta página, total look: BOTTEGA VENETA.
En página siguiente, collar Tennis y pendientes solitarios: H. MOISSAN. Lentes: CARRERA. Total look: ANNAKIKI.
Maquillaje: KELLY SHEW. Pelo: BEKAH LESSER. Producción: ARTWORLD. Asistente de fotografía: CHRIS CLINTON.
Asistentes de stylist: DANIEL ZEPEDA, ANDREA AGUIRRE Y GAIA KHATCHADOURIAN. Asistente de producción: ZACH TRACY.
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HANNE GABY ODIELE

TODO A LA VEZ

Editora: SARAH GORE REEVES Fotografía: MATT JONES Por: DANIELA GUTIÉRREZ

Las mujeres no cabemos en una sola definición. Somos seres humanos complejos, con facetas que conviven, se contradicen, se expanden y terminan construyendo una identidad real y libre. Hanne Gaby Odiele encarna muy bien esa multiplicidad, una figura que se mueve entre imagen, presencia, fuerza y vulnerabilidad sin reducirse a una sola lectura.

En ambas páginas, lentes: DSQUARED2. Total look: TORY BURCH. Calcetas: HARMTTY EN WALMART.
Lentes: ISABEL MARANT. Total look: BURBERRY.
Gorra: GOOD QUALITY HUMAN. Total look: ZIMMERMANN.
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En ambas páginas, pulseras Elsa Peretti: TIFFANY & CO. Total Look: DIESEL. Calcetas: HARMTTY EN WALMART.
Maquillaje: CHRISTYNA KAY CON PRODUCTOS DE YSL BEAUTY. Pelo: AKIHISA YAMAGUCHI PARA FORWARD ARTISTS.
Producción: JEAN JARVIS PARA AREA1202. Asistentes de stylist: DANIEL ZEPEDA, ANDREA AGUIRRE Y B DOMINGUEZ

PATRICIA CONDE GALERÍA

La fotografía como lenguaje que evoluciona

Fotografía: RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X100VI Por: JIMENA BREHM

Desde 2003, Patricia Conde Galería ha construido un lugar singu lar dentro del arte mexicano al dedicarse por completo a la fotografía. En esta conversación, Patricia Conde repasa la manera en que la galería se ha vuelto un punto clave para pensar el presente y el futuro de la imagen en el país.

Uno de los espacios donde la fotografía realmente encuentra un hogar es Patricia Conde Galería. Nació con la intención de darle a este medio un lugar propio dentro de la escena artística mexicana y, con el tiempo, se consolidó como la única galería en el país dedicada por completo a promover prácticas fotográficas. Ese enfoque tan claro —y tan necesario— permitió que su presencia creciera con rapidez, reuniendo a artistas nacionales e internacionales que ven en este espacio un punto de encuentro para experimentar, mostrar y expandir los límites de la imagen.

Uno de los rasgos que definen a la galería es su capacidad para vincular tradición y contemporaneidad. Aquí se generan conversaciones sobre procesos, se analizan técnicas, se revisan genealogías y se abren rutas para nuevas formas de mirar. Patricia Conde Galería ha logrado mantener un equilibrio entre honrar el legado de la fotografía mexicana y apostar por propuestas que se atreven a explorar terrenos formales y conceptuales. Esa mezcla ha permitido construir una identidad sólida, actual y profundamente ligada al desarrollo creativo de cada artista que representa.

Por ello, la galería se ha vuelto un referente para quienes buscan entender hacia dónde se dirige la fotografía en México hoy. Su compromiso con la calidad, la coherencia curatorial y el acompañamiento artístico ha creado un espacio donde la imagen no solo se observa: se piensa, se conversa y se vive. Desde esa mirada —honesta, rigurosa y profundamente conectada con el momento que atraviesa la fotografía— surge esta entrevista con Patricia Conde, quien comparte los orígenes, decisiones y convicciones que han dado forma a uno de los proyectos fundamentales dentro de la fotografía contemporánea en México.

Cuando revisas mentalmente los primeros meses de la galería, ¿qué momentos o sensaciones siguen estando muy presentes para ti?

La galería fue inaugurada el 17 de septiembre de 2003. Todo era entusiasmo y pasión: el inicio de un camino único. Recuerdo especialmente las conversaciones con los artistas que íbamos a representar. Siempre he disfrutado esas pláticas porque me enriquecen enormemente.

¿Qué palabras usarías hoy para describir la personalidad de la galería, esa esencia que ha ido tomando forma con los años?

El espacio de la galería fue pensado, desde el inicio, para presentar y exhibir fotografía. Las alturas fueron calculadas, así como las luces y los salones donde se expone video o proyectos muy específicos. Estas condiciones permiten que la obra luzca en plenitud. Se tomaron en cuenta todos los formatos posibles de fotografía, y eso la convierte en el lugar ideal.

¿Qué papel te gustaría que la galería tenga en la vida profesional y creativa de los artistas que acompaña?

La galería trabaja de la mano del artista. Juntos planeamos y construimos: es una sociedad. Lo esencial es la confianza, la ética y mantener una comunicación abierta. La cercanía es muy importante para tejer los entramados adecuados para cada proyecto.

¿Cómo influye estar en México en la manera en que tus proyectos y espacios se desarrollan?

México es un lugar fascinante para crear proyectos. Como saben, la galería se especializa en fotografía mexicana y cuenta con algunos de los mejores fotógrafos. Cada uno tiene una visión distinta, una manera de mirar completamente diferente pero complementaria dentro del roster de la galería. Cabe mencionar que la fotografía mexicana es extraordinaria; sin embargo, la venta de fotografía es compleja, pues hay muy pocos coleccionistas. La galería también se ha esforzado en ofrecer cursos, pláticas y seminarios para difundir los procesos fotográficos y creativos.

Cuando conoces a un artista, ¿qué te hace querer profundizar en su trabajo o en su proceso?

Cuando un artista se acerca para presentar propuestas, es indispensable que tenga claridad en sus proyectos y que sus series sean congruentes con sus statements. Los artistas que presenta la galería son fotógrafos, y eso es muy importante: conocen técnicas, procesos, experimentan y proponen. También suma la trayectoria que tienen: exposiciones, becas, premios, etc. Esto permite que la galería mantenga un estándar de calidad permanente.

Desde tu experiencia, ¿qué cualidad se vuelve indispensable para sostener y dirigir una galería hoy?

En el caso de la galería que dirijo: la perseverancia, la pasión y la entrega. Hay otras expresiones artísticas mucho más fáciles de entender y vender. La fotografía requiere tiempo y conocimiento. Es un nicho dentro de un nicho.

Mirando hacia atrás, ¿cómo ha evolucionado tu manera de mirar o interpretar el arte?

Puedo hablar poco del arte en general. Mi conocimiento está en la fotografía. He aprendido mucho y la he valorado hasta el punto de no involucrarme en otras expresiones artísticas. Desde luego, me gusta la pintura y la escultura, pero no tendría una opinión de calidad sobre ellas. Con la fotografía me siento cómoda: son historias, documentos, registros. La fotografía ha cambiado mucho en los 22 años de la galería. Ahora hay experimentaciones que antes no existían; se han retomado procesos antiguos y se ha avanzado enormemente en técnica, cámaras y conocimiento de los artistas.

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Sonia Madrigal. Fotografía por Mariana Gómez Maqueo.

VERSIONES EN TRÁNSITO

La identidad se despliega en capas que cambian según el momento y el contexto. Cada forma responde a una lectura distinta del mundo, sin perder coherencia. Habitar múltiples registros sin fijarse en uno solo.

En página anterior, anillos Pavé Crossover Five Row: DAVID YURMAN. Total look: DIOR.
En esta página, anillo Perlée Diamonds Duo: VAN CLEEF & ARPELS. Total look: LOUIS VUITTON.
En página anterior, total look: PRADA.
En esta página, anillos Perlée Diamonds Duo y Perlée Signature: VAN CLEEF & ARPELS. Total look: THOM BROWNE.

En página anterior, pulsera Perlée Diamonds y Perlée: VAN CLEEF & ARPELS. Total look: DOLCE&GABBANA. En esta página, Reloj Oyster Perpetual Date: ROLEX. Total look: SPORTMAX.

Modelos: SYDNEY WAITS PARA THE LIONS MANAGEMENT, Y NATALIA SHADLE PARA IMG MODELS. Maquillaje: DEANNA HAGAN PARA STATEMENT ARTISTS.

Pelo: ROLANDO BEAUCHAMP PARA THE WALL GROUP. Producción: ARTWORLD. Asistente de fotografía: MICHAEL SIKORA. Asistentes de stylist: ANDREA AGUIRRE Y B DOMINGUEZ. Locación: BLONDE STUDIOS.

En esta página, total look: MAISON MARGIELA. En página siguente, total look: SAINT LAURENT.

GABRIELA

Fotografía:

RENÉ VILLASEÑOR CON FUJIFILM X-H2 Por: LORENA DOMÍNGUEZ

Más allá de las medallas, la clavadista mexicana entiende su carrera desde el proceso, la confianza construida en silencio y la posibilidad de inspirar a otras mujeres a imaginarse dentro del deporte.

En página anterior, base de maquillaje, agua de rubor y paleta de ojos Les Beiges, labial Le Rouge Duo Ultra Tenue y aceite hidratante fortificante L’huile Camélia: CHANEL.
En esta página, aceite hidratante fortificante L’huile Camélia y crema Sublimage La Crème Corps Et Décolleté: CHANEL. Total look: CHANEL.

En el aire, todo se define en segundos. Antes de tocar el agua, el cuerpo ya decidió si ese clavado existe o no. Lo demás, las horas, la disciplina, el proceso, queda contenido en ese instante. A sus 25 años, la clavadista mexicana Gabriela Agúndez se ha consolidado como una de las figuras más consistentes del alto rendimiento, acumulando medallas de oro, plata y bronce en competencias internacionales. Pero más allá de los resultados, su historia habla de algo menos visible: el proceso.

“Para mí lo más importante es todo lo que hay detrás”, dice. No el momento en el podio, sino la ejecución precisa de un clavado cuando todo está en juego. Ese segundo donde el cuerpo responde, donde la técnica se sostiene y la mente logra imponerse al ruido. Ahí es donde se construye la confianza. En un entorno donde el deporte femenil todavía busca mayor visibilidad, Agúndez ha aprendido que esa seguridad no viene de afuera. “La confianza viene de una misma”, explica. Y en ese ejercicio constante, ha encontrado también una forma de redefinir lo que significa competir. Porque si algo ha cambiado en los últimos años, es la manera en que las atletas mexicanas empiezan a narrarse a sí mismas. “Somos fuertes, apasionadas, aguerridas”, dice.

El clavado, en su caso, es un equilibrio permanente entre fuerza y delicadeza. El cuerpo tiene que sostener su propio peso, pero también responder a una lógica estética donde la elegancia es tan importante como la ejecución. No basta con hacerlo bien, hay que hacerlo con precisión.

Esa conciencia corporal no se entrena únicamente en la plataforma. También se construye fuera de ella, en los pequeños hábitos que sostienen el ritmo de una vida de alto rendimiento. En su caso, algo tan simple como leer antes de dormir se ha convertido en una herramienta para encontrar equilibrio. “Es un espacio pequeño, pero muy importante para mí”, cuenta.

En ese proceso de entenderse más allá del deporte, su participación en La CC League by Chanel Beauty ha sido clave como un espacio que le ha permitido explorar otra dimensión de sí misma. “Me ha ayudado a descubrir quién soy más allá de ser atleta”, explica.

Durante mucho tiempo, su identidad estuvo completamente ligada al rendimiento. Gabriela, la clavadista. Pero hoy esa definición se amplía. Hay una búsqueda más personal, más introspectiva, que no tiene que ver con medallas, sino con

reconocimiento propio. Porque el alto rendimiento también implica renuncias. Horas de entrenamiento, alimentación estricta, descanso medido, momentos personales que se quedan fuera. Todo eso forma parte de lo que no se ve.

“Muchas veces no se reconoce todo lo que hay detrás”, explica. Pero es precisamente ahí donde se construye el verdadero valor del logro. Cuando habla de poder, no lo hace en términos de resultados. Lo describe como ese momento en la plataforma, con el cuerpo en tensión, la adrenalina alta y la certeza de que todo depende de una ejecución. “Ahí me siento fuerte, segura de mí misma”. Ese instante, breve pero absoluto, define todo.

Y quizá por eso, cuando piensa en el futuro, no habla de cifras ni de podios. Habla de lo que quiere provocar en otros. Ser una referencia. No desde la perfección, sino desde la posibilidad. Que alguien más pueda mirar su historia y pensar que también es alcanzable. Porque antes de ser atleta, ella también fue esa niña que soñaba. Y hoy, desde ese mismo lugar, sigue construyendo algo más grande que una trayectoria: una forma distinta de entender el deporte.

Base
Tenue: CHANEL. Total look: CHANEL.
Base de maquillaje, agua de rubor y paleta de ojos Les Beiges, labial Le Rouge Duo Ultra Tenue y aceite hidratante fortificante L’huile Camélia: CHANEL. Vestido: COS.
Stylist: DANIEL ZEPEDA. Maquillaje y pelo: OCTAVIO LEÓN USANDO PRODUCTOS CHANEL BEAUTY. Perrito: MANE.

LA LUCHADORA QUE REESCRIBE LAS REGLAS

Fotografía: GAVIN BOND Por: SARAH GORE REEVES

En esta página, sombrero: A CHILD OF THE JAGO. Banda para la cabeza, sudadera, camisetas, pantalón y calcetas: NIKE. Capa: COLVILLE. Guantes: EVERLAST. Sneakers: NIKE BY COLVILLE.
En página siguiente, anillos, pulsera y broche Panthère de Cartier: CARTIER. Vestido: KENZO. Sudadera: NIKE. Foulard: A CHILD OF THE JAGO.

Ramla Ali salió de Somalia siendo una niña, después de que la guerra atravesara a su familia de forma irreversible. Años más tarde, encontró en el boxeo una forma de afirmarse, compitió por Somalia en los Juegos Olímpicos y convirtió su trayectoria en una plataforma para abrir espacio a otras mujeres.

Somalia fue, antes de la devastación prolongada de la guerra, un país con puertos abiertos al Índico, una cultura marcada por el comercio, cocina generosa y una hospitalidad que los viajeros recordaban toda la vida. Ramla Ali nació ahí. Su familia salió del país en los años iniciales de la guerra civil somalí, que estalló en 1991 tras la caída del régimen de Siad Barre. Antes de huir, un mortero mató a su hermano de 12 años mientras jugaba.

Lo que siguió fue el éxodo que miles de familias somalíes conocen de memoria: botes abarrotados, ocho semanas de travesía hacia Kenia, hambre, enfermedad, pérdida. Muchos pasajeros no llegaron. Ramla sí. Y desde ese momento, toda su vida ha sido un acto de resistencia silenciosa y feroz.

Al llegar a Londres como refugiada, las burlas de sus compañeros de escuela la empujaron, paradójicamente, hacia la fortaleza. Quería sentirse bien en su cuerpo. Entró al gimnasio local y descubrió el boxeo. Lo hizo en secreto, sin contarle nada a su familia, porque sabía que la respuesta sería no. Le decía a sus padres que salía a correr. “Las mujeres musulmanas no practican deportes y mucho menos uno de hombres. Ramla lo hizo de todas formas, aprendiendo a pararse de frente ante el mundo.” Su trayectoria se consolidó con el tiempo, y uno de sus momentos decisivos llegó en 2016, cuando ganó títulos amateurs relevantes en Inglaterra.

Cuando la verdad salió a la luz, su familia la obligó a dejar el deporte. Pero Ramla es de las que vuelven. Con el apoyo de su esposo y entrenador, Richard Moore, nieto del legendario entrenador de futbol Dave Sexton, logró reconectar con sus raíces y con su familia. Más adelante decidió representar a Somalia, un cambio que dio a su carrera un peso político y simbólico distinto.

En 2019, su nombre salió del circuito deportivo especializado y entró en una conversación cultural más amplia. Meghan Markle, entonces duquesa de Sussex, la eligió como una de las 15 mujeres que aparecieron en la portada de septiembre de British Vogue, en el célebre número Forces for Change, que Markle editó como invitada junto con Edward Enninful. Durante esa época fundó The Sisters Club, una organización pensada para ofrecer clases gratuitas de boxeo y acondicionamiento físico a mujeres y niñas que suelen quedar fuera del deporte: mujeres musulmanas, sobrevivientes de violencia doméstica, personas de bajos ingresos y comunidades que no siempre encuentran espacios seguros para entrenar. Con el tiempo, el proyecto creció y extendió su presencia a Londres, Nueva York y Florida.

En 2021 hizo historia en Tokio como la primera boxeadora en representar a Somalia en unos Juegos Olímpicos. En 2023 fue nombrada una de las doce Time’s Women of the Year. En 2025, el presidente Hassan Sheikh Mohamud le otorgó el Certificado de Honor de Somalia por sus logros deportivos y ese mismo año regresó al campo de refugiados de Dadaab, en Kenia, el mismo país que la acogió de niña, ahora como embajadora de UNICEF, para llevar esperanza a las comunidades que más lo necesitan. Ramla Ali es prueba de que el cambio no siempre llega con manifiestos ni discursos. A veces llega con guantes, con paciencia, con la determinación de una mujer que aprendió a pelear en silencio y que ahora lo hace con el mundo entero mirando.

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Stylist: MARK ANTHONY BRADLEY. Pelo: STEFAN BERTIN, THE

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ISSUE 29 - GABRIELA AGÚNDEZ, HANNE GABY ODIELE, KELLY PIQUET, NATASHA LYONNE Y STELLA MAXWELL by M REVISTA DE MILENIO - Issuu