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Mi primer libro, mi helen.

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Lo que nunca dije,

Estoy lista para contar lo que alguna vez sentí.

Durante meses guardé palabras que me pesaban más que el silencio. Ahora las quiero dejar salir, una por una, como si escribir fuera una forma de respirar después de tanto aguantar.

No busco nada. Solo quiero expresar lo que por primera vez sentí y sé con certeza que no volveré a pasar por lo mismo otra vez; será la última vez.

Marzo,

Buen clima, buena estabilidad emocional, universidad nueva, cambios, compañeros nuevos. Todo parecía empezar bien, como si la vida al fin me diera otra oportunidad después de tanto desorden interno.

Me sentía tranquila, feliz, quería demostrar lo buena que soy en varios aspectos, que confiar en mí no estaba mal. Porque soy de fiar, siempre quise entregar refugio porque es algo que más se necesita y pocos otorgan.

Y, entonces apareció ella.

Ella, quién me hizo sentir todo después de un año de estar sola.

Un año en donde busqué mi paz mental, mi reconstrucción emocional, mi bloqueo emocional estaba totalmente consolidado

No estaba buscando amor, pero llegó igual.

Desde ahí, Marzo dejó de ser solo un mes. Se volvió el punto donde todo volvió a tener sentido… a la vez, donde todo empezó a desarmarse.

Había algo en su forma de ser que me hacia creer que el amor todavía podía ser bonito: que no todo podía doler; cuando me decía que ella quería algo serio, que no le gustaba las cosas temporales, que la próxima mujer que tuviera a su lado sería para siempre y yo, yo quería ser esa mujer

Yo solo quería demostrarle eso, mostrarle que amar también podía ser paz. Pero ella ya tenía a alguien más.

Aun así, la esperé, sabiendo que no estaba bien, pero no podía evitarlo

Cada vez que la miraba me daban ganas de abrazarla y besarla. ¿Estuve mal?

Empezamos a salir, entre silencios y miradas que decían más de lo que podíamos admitir. Aunque todo estaba enredado, yo solo tenía ojos para ella.

Admito que también me equivoqué. Fallé y cometí un error, uno que me sigue pesando porque mi corazón siempre fue de ella; por eso nunca se lo oculté.

Me culpé varias veces más, me autosabotee pensando que ella jamás podría quererme, y eso es algo raro. Nunca sentí ese sentimiento antes

Abril

Ya no esperaba tanto de ella, pero igual la seguía mirando con los mismos ojos, esos que no aprendían a rendirse.

Había días en que parecía quererme, y otros en que apenas me hablaba. Yo me quedaba ahí, en medio de sus dudas, tratando de convencerme de que su cariño valía la pena, aunque me doliera.

A veces me juraba que la iba a soltar, que esta vez me elegiría a mí misma. Pero bastaba un mensaje suyo para que todo se desarmara de nuevo.

En abril entendí que anhelar. no siempre es bonito, que a veces se parece más a quedarse en un incendio esperando que no te queme tanto.

Y aun así, no podía irme.

Porque aunque sabía que no era mi lugar, todavía sentía que era mi hogar.

En abril nunca dejé de sentir cosas por ella.

Aún quería todo: sus mensajes, su tiempo, su forma de mirarme cuando hablaba de cualquier tontería.

Pero algo dentro de mí empezó a rendirse, aunque no del todo.

Empecé a distraerme, a salir más con mis compañeros, a conocerlos, a reír un poco.

Pero incluso entre risas y música, siempre terminaba pensando en ella.

En cada evento, en cada mirada ajena, había una parte mía que seguía buscándola.

Yo solo quería hablarle a ella, escuchar su voz, sentir que todavía había un “nosotras” posible.

Pero ella dormía con alguien más. Su novia.

Y esa frase, por más simple que parezca, me destrozaba porque yo hubiese dado cada parte de mi alma para poder ser suya, su novia. Parecía bastante poco tiempo, pero la veía cada día en clases y cada día parecía una eternidad.

Pero, mientras yo seguía esperándola en silencio, ella encontraba calma en otros brazos aunque me dijera que no era feliz a su lado.

Confiaba plenamente en cada abrazo suyo, cada palabra, hasta su “Te amo” que desde ese día jamás dejé de recordarlo y eso creo que fue lo que más me desorganizó mentalmente.

Ella no me amaba, y yo empecé a aumentar el cariño que sentía cada día más porque vivía en la ilusión de que éramos la pareja perfecta, que las dos éramos intensas, tiernas, medias locas pero con un futuro por delante: con proyectos muy similares, querer viajar, aprender culturas, idiomas... etc.

Abril terminó sin nada que cambiara realmente, ella no me hablaba…

Ella seguía allá, en su mundo, y yo seguía acá, intentando convencerme de que no pasaba nada.

Pero si pasaba.

Cada vez que la veía pasar por la sala, algo se movia dentro de mi: mi corazón latía más rápido, mi respiración se agitaba pero a la vez, me dolía. Entonces, pensaba, que si me alejaba, tal vez podría olvidarla. Abril me dejó cansada y vacía.

Y aún así, si me hubiera dicho “ven”, habría ido.

Mayo

En mayo, continué mi vida académica más intensamente posible

Volví a enfocarme en mis trabajos de la universidad, mis ramos y también en los de la “ACET”.-

Me convertí en coordinadora y delegada, eso me hizo sentir útil, capaz, incluso orgullosa de mí porque había sobre cumplido las expectativas de mi directora.

Pero algo no estaba conforme del todo, me dolía el corazón un poco aún. Había encontrado una especie de paz entre el cansancio, las entregas y las risas con mis compañeros.

Me sentía cómoda… por fin, un poco estable.

De vez en cuando hablaba de ella y con ella. Teníamos que hacer trabajos juntas, así que, de alguna manera, siempre había algo que me llevaba de vuelta hacia ella.

Y así fue: volvimos a salir. Pero no era lo mismo.

Había algo distinto en su forma de mirarme y de hablarme, algo que ya no sabía descifrar-.

Entonces, me empecé a sentir rara yo también y me pregunté: “¿Funcionará esto?”

Volví a confiar en mí, a creer que esta vez podía ser diferente, asi que me volví a enfocar en mi porque si me perdía a mi misma, jamás la iba a tener a ella.

Pero no pude salvarnos.

Ella regresó nuevamente con su ex, aparentemente… y yo, sin entender del todo qué estaba pasando, me quedé ahí, rota otra vez.

Lloré muchas veces, preguntándome qué me faltaba, por qué nunca era suficiente.

Me pregunté mil noches: “¿Qué me falta?”. “¿Por qué no me escoge?”, “¿Es mi culpa?”, “¿Soy mala persona?”.

Asi fueron mis noches de Mayo, un poco abrumadoras pero era mi trastorno manifestándose, hace tiempo no me sentía con tanta ansiedad porque claro, yo había sanado pero estaba volviendo a entrar en otro episodio.

Un eposidio donde lo que más me mueve y me destroza es el “amor”

Donde yo quería darlo todo pero mis esfuerzos no parecían ser valorados, y poco a poco me fui derrumbando.

Y no la culpo: no fue su culpa.

Es mía por no haberme dado cuenta que me estaba enamorando otra vez, que mi forma de querer que había dejado atrás ahora estaba saliendo a flote de entregarlo todo y no soltar.

Mayo terminó así: con el corazón dolido, con lágrimas silenciosas, y con la sensación de que estaba empezando otra vez un camino que ya conocía demasiado bien.

Junio

Junio fue un mes lleno de actividades en la universidad, de fiestas con amigos que me hacían olvidarla un poco… aunque por dentro me moría de ganas de hablarle en clases. Cada vez que la veía, me daban ganas de correr hacia ella, decirle lo mucho que la extrañaba, de volver a besarla.

Mis ganas aumentaban cada vez que estaba cerca, así que salir a fiestas nunca fue suficiente para distraerme.

Aunque otras personas intentaran acercarse a mí, ninguna lograba captar mi atención como lo hacía Helen. Sí, su nombre es Helen Antil Pohl, mi primer amor. ¿Por qué primero? Porque nunca me había gustado tanto alguien como para pensar en esperarla una eternidad, de que, si me pisoteaba mil veces, aun así, yo podría seguir queriéndola y esperando estar con ella.

Junio fue un mes difícil. Lloré más que en otros meses, porque nunca supe qué hacer. ¿Atreverme en clases y caminar hacia ella? ¿O quedarme ahí, mirándola desde lejos, admirando su color de pelo, sus gestos, su caminar?

Cada momento con ella era un pequeño tormento y una alegría simultánea.

Y las veces que no iba a clases me desesperaba.

Pensaba: ¿Estará realmente bien? ¿Habrán peleado con su novia? ¿Qué hago? ¿La busco? ¿Le hablo? ¿Querrá ayuda? Yo podría ayudarla… Dios, quiero buscarla, ¿dónde está?

Pero no podía hacer nada.

Porque ella y yo. No éramos nada.

Yo era solo una compañera de curso, invisible para todos. Para nuestros compañeros, Helen y yo éramos desconocidas, dos nombres más en una lista de veintitrés compañeros de curso.

Luego la veía de nuevo y mi corazón volvía a latir rápido, mi respiración se agitaba.

Me alegraba verla bien

Aunque eso significara continuar con mi vida en silencio, sin poder decirle lo que sentía, sin poder acercarme, sin que nadie supiera lo que me estaba rompiendo por dentro.

Y así pasaban los días: entre el deseo, la esperanza y la sensación de que mi corazón estaba atrapada en algo que no podía controlar.

Julio

Irónico.

Mi mes, mi cumpleaños…

Helen y yo seguíamos sin hablar… hasta que ese 2 de julio, mi cumpleaños.

Ella me volvió a hablar para felicitarme. Aunque yo deseara con todas mis fuerzas que me abrazara y me lo dijera en persona

Lo hizo por chat, Helen me había felicitado por chat.

Algo es algo, me dije a mí misma. Y tenía razón: fui feliz con tan poco.

En verdad, estaba contenta. Pero, confieso que me sentí súper apenada esa mañana porque pensé que no se acordaría.

Yo estaba con mis amigos comiendo cuando llegó ESE mensaje, y cambió totalmente mi día.

Lo transformé en felicidad para todos…

Ahora, 18 de julio fue nuestro “primer día”, ella fue a mi casa por primera vez.

Estabamos nerviosas la verdad y creo que en ese mes había terminado con su ex.

Al fin.-

Y entonces comenzó lo que jamás creí que comenzaría.

Mi “casi algo” se volvió mi “casi todo”.

Empezamos a dormir juntas, y cada visita a mi casa se volvió más tentadora, más intensa. Hacer cosas con ella se sentía natural… aunque a veces me confundiera, porque yo la quería como mi pareja. Siempre la quise de la misma manera.

Esperé tanto por eso… Dios…

Julio fue el mes donde todo cambió, donde la esperanza, la ilusión y la felicidad se mezclaron con mis miedos y mis dudas, pero sobre todo, donde entendí que Helen había dejado de ser solo un nombre en mi cabeza para convertirse en alguien que quería a mi lado, siempre.

Aún recuerdo esa primera noche cuando ella me repetía mil veces que no quería dormir, que quería estar conmigo despierta y no entendía muy bien porqué. Aguanté lo que más pude hasta que finalmente vi sus ojitos y sus ojitos me decían que sí tenía sueño, pero era más su ilusión y capricho por quedarse despierta; aun que ella necesitaba descansar.

Yo lo sabía en el fondo.

Asi que, puse mi brazo alrededor de su cabeza y, la abracé tanto como nunca antes la había abrazado. Tenía tanto sueño pero a la vez tanta mi felicidad que cuando ella se quedó dormida: me quedé pensando, le di besos en la frente mientras ella dormía.

Me repetía una y otra vez en mi cabeza, “quiero estar con ella toda mi vida”…

Agosto

En agosto 17.

Empezamos a quedarnos juntas más tiempo, empezamos a hablar más y yo ya estaba totalmente ilusionada y feliz con ella.

Por fin.

Por fin, éramos sólo ella y yo.

Hasta ese 26 de agosto donde fue tan raro todo.

Fuimos a ese bar “Secret Garden” el cual me había hecho tanta ilusión porque quería conocerlo con ella.

Creo que no le gustó o tal vez su estado de ánimo no era el mejor.

Fue raro porque idealicé que me hablaría todo el rato sin parar, que me confiaría sus cosas como ya lo había hecho antes. Pero, no.

Ella estaba pegada a su celular, como siempre, como si los momentos que yo pensaba que eran especiales para ella no lo fueran.

Me dolió y, sin pensarlo, demostré indiferencia.

Miré el celular yo también y, en ese intento de protegerme, lo arruiné.

Se fue sin decir nada y me dejó sola.

Llegué a casa llorando, sintiendo que la había vuelto a perder. No podía entrar con los ojos llenos de lágrimas, así que me quedé afuera; sentada, esperando que se secaran y ya no estuvieran rojos.

Cuando finalmente entré, me preguntaron:

Mamá:

“¿Cómo estuvo tu cita?

Mi respuesta:

“Lo pasamos bien, mamá. Nos fuimos temprano porque tenemos trabajos que hacer…”

Mamá:

“Pensamos que regresarías con ella. Te hace bien. Estás más feliz desde que la conoces.”

Atiné a irme a mi pieza lo más rápido posible para poder llorar tranquila. Era tarde y no podía conciliar el sueño. Pensé que me hablaría… pero no lo hizo.

Así fue agosto, entre la ilusión de lo que tenía y la decepción de lo que aún no podía ser, recordándome que, incluso en la cercanía, el miedo y la distancia pueden doler más que la soledad.

Septiembre

Septiembre mes de emociones

El 2 de septiembre volvimos a hablar. Entre deseo y coqueteo, quizás, había un anhelo de tenernos otra vez.

Fuimos a ese bar “Checa”; la acompañé porque quería estar con ella.

Un día le prometí jamás dejarla sola. Y sí… hasta el día de hoy pienso cumplir esa promesa.

Volvimos a casa después de ese día. Ya era 3 de septiembre y desperté con el amor de mi vida… o al menos, con el amor que creía que sería mi futura esposa.

Estábamos estudiando juntas, nuestra complicidad era única, divertida y preciosa a la vez.

Pero el 4 de septiembre todo volvió a arruinarse.

Me fui de mi ciudad para poder pensar con claridad.

Fui a Pucón, a Caburgua… no me hizo sentir del todo mejor, pero sí pude ordenar mis pensamientos.

Cuando regresé, volví a la realidad. Trabajé dos días en Kutralkura como traductora y luego llegó su cumpleaños.

Estuve con ella en un departamento, esperando que fueran las 00:00 para desearle feliz cumpleaños junto a una compañera. Quería hacerla sentir querida, especial… pero me sentí excluida toda la noche.

Vi algo que no me merecía ver pero supongo que, a estas circunstancias ya da igual.

Mi alma se rompió completamente.

Lloré hasta no poder más.

Y luego borré varias partes de lo que hice esa noche, intentando borrar también un poco del dolor que me destrozaba por dentro.

Al día siguiente, por no recordar nada, la acompañé otra vez al “Checa” para celebrar. Y para mi sorpresa, no era tan bienvenida ahí.

Me fui, esperando que ella me frenara o me llamara para decirme que quería estar conmigo… pero no lo hizo.

Continué con mi vida e intenté olvidar todo. Mis salidas con amigos a beber aumentaron; empecé a creer que ya tenía un problema con el alcohol, pero ya era muy tarde. Era 18 de septiembre y había bebido toda esa semana.

Luego me metí a un partido político, intentando hacer mil cosas para no pensar en ella.

Retomé la amistad con amigos a quienes no hablaba hace tiempo…

Pero volví a hablar con Helen y salimos otra vez, la invité a conocer a mis amigos…

Pero ya no era lo mismo que antes. Algo me decía que por más que lo intentara ella no estaba preparada para absolutamente nada…

Y otra vez,

Y aún así, si me hubiera dicho “ven”, habría ido.

Octubre

¿Qué nos está pasando?

¿Qué nos está pasando? me pregunté esa noche.

Me había percatado ya de los chats con otras personas, mientras yo esperaba que hiciéramos las cosas bien esta vez

Yo ahí, haciendo como que no me interesaba… como si no hubiese escrito tanto los meses anteriores para que este libro tenga un final feliz,

Irónico. Pero sí, claro que me importaba.

¿No era evidente que me dolería? ¿O es que realmente nunca le importé?

Me fui a Lonquimay para no pensar más en ella, intentando distraerme. Pensé que tal vez me hablaría… pero no lo hizo.

Al menos ya sabía por qué: estaba conociendo a otras personas. Yo ya no era, ni soy su centro de atención.

La última noche que pasamos juntas fue tan indiferente que me quedé atónita. No sabía si frenarla o quedarme indiferente como ella lo estaba.

Era el cumpleaños de mi mejor amigo y yo preferí estar con ella.

Ella era mi prioridad en mi mundo, quería ser su novia

Lo primero que vi al llegar fue ese tipo quién me hacía sentir incómoda, incompetente, ya no quería estar ahí. Me sentía estúpida hasta humillante.

Me fui triste pero en realidad quería estar sola, quería llorar y no me salían lágrimas.

Luego llegó su mensaje diciéndome que no le hablara nunca más.

Aun así, terminamos arreglándonos, pero esto ya no era mi versión. Esto ya no era lo que yo era antes… esto era lo que pasaba en la realidad.

La llamé esa noche, super tarde. Nos fuimos a casa juntas, pero aun así decidió irse después, hablarme distante por chat, salir con sus amigos. Ella ya no quería estar conmigo.

Luego llegó ese jueves: era mi salida con amigos y quería que Helen estuviera presente… terminó mal.

El viernes teníamos salida a terreno y discutimos por nada.

Le dije que la amaba, que quería estar con ella… y lo único que quedó en mí fue:

“Ámate a ti misma.”

Me di cuenta de que yo también estaba haciendo las cosas mal. Tenía razón.

Debí haberme ido… pero tenía un corazón tan roto que ya no sabía qué estaba haciendo con mi vida.

Cuando era viernes por la mañana, quería estar con ella…

Tal vez no sea el fin de nosotras porque tenemos un recorrido bastante largo aún pero me hubiese gustado tener una conversación profunda con ella porque sé que lo que podría decirme yo le entendería.

Epílogo

Hoy miro atrás y veo todo lo que sentí: el amor intenso, los momentos felices, las decepciones, las lágrimas y las risas compartidas. Veo cómo mi corazón se rompió y se reconstruyó mil veces, cómo esperé, lloré, soñé y también me perdí a mí misma en el proceso.

Aprendí que amar no siempre significa ser correspondida, y que a veces las personas que más queremos no pueden elegirnos, aunque nuestro corazón quiera aferrarse hasta el final.

Aprendí que esperar no siempre es valentía; a veces es miedo, a veces es dolor disfrazado de esperanza.

Pero también aprendí que mi amor no se desperdició. Ese amor me enseñó sobre mí misma: sobre mis límites, sobre mi capacidad de entrega, sobre mi fuerza para seguir de pie incluso cuando alguien que amo decide irse.

Helen seguirá siendo parte de mi historia, siempre. Porque fue mi primer amor verdadero, mi “casi todo”, mi lección más intensa.

O, si no es una lección?. Me gustaría seguir demostrándole que cuando alguien de verdad te quiere mucho, nunca se va. El amor incondicional que quizás no tuvo sé que podría brindárselo yo

Pero ella no quiere.

¿Debo irme?

Tengo que volver a confiar en mí y en la vida. Que cada lágrima que derramé, cada noche de angustia, cada deseo de abrazarla, fue también un paso hacia la mujer que estoy construyendo.

Este año definitivamente me define como persona.

Mi mensaje para Helen:

Esto aún no termina.

Contigo aprendí lo que es querer intentar que algo funcione de verdad, lo que significa no rendirse cuando el corazón late con esperanza.

Aprendí que el amor también puede ser paciencia, entrega y fé, incluso cuando duele.

Tú me enseñaste a quedarme cuando todo en mí quería huír, y a amar sin miedo, después de un año en que creí que ya no volvería a hacerlo.

Agradezco cada instante, cada risa, cada silencio compartido.

Agradezco lo vivido y lo que aún queda por vivir, porque, de una u otra forma, siempre serás la mujer de mi vida:

La que me hizo querer entregarlo todo, la que encendió lo que creía apagado.

Gracias por tanto, y perdón por tan poco.

Siempre tuya, Lorena

Ojala pudiese dedicarte “We fell in love in October”

Lamento mucho no haber podido sanarte del todo, de hacer que confíes en mí.

En verdad, lo hubiera dado todo a pesar de las cosas que han pasado. Jamás te dejaré sola si es que necesitas a alguien. Mi cariño para ti siempre será incondicional, en verdad eres muy especial para mi. Quizás en otra vida me puedas amar

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Mi primer libro, mi helen. by Lorena Carril - Issuu