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Membranas Plásticas Internacionales, S.A. de C.V. www.fortoflex.com @megaplast.corp
Book managing y edición Courier12
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@efrenordonez.c12
Diseño editorial Alejandro Castañeda Madrid
© Megaplast
© Portada: Alejandro Castañeda Madrid
© Maquetación: Alejandro Castañeda Madrid
© Copyright 2022, Membranas Plásticas Internacionales, S.A. de C.V.
Primera edición 2023
Las características gráficas y tipográficas de esta edición son propiedad de Megaplast. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, la fotocopia o la grabación, sin el permiso previo y por escrito de la empresa.
Prólogo
Un libro familiar
Parte I: Nuestra compañía
La identidad de Megaplast
Parte II: Nuestra historia
1970 El comienzo
1980 Las grandes alianzas
1990 Internacionalización
2000 Crecimiento y la consolidación
2010 Diversificación y proyectos
2020 Nuevos retos
Parte III: Nuestra gente
Los pilares Megaplast
Nuestra gente
Los 50 del 50
Parte IV: Productos y afiliaciones
Familias de productos y sucursales Asociaciones y exposiciones


Sr. Heriberto Amarillas con su esposa, Sra. Clara de Amarillas
Con cariño, admiración y respeto para:
Sr. Heriberto Amarillas Heras (+1994)
Sra. Clara Durazo Corella de Amarillas (+2021)


Este 2022, nos complace festejar los 50 años de nuestra Megaplast. Son cinco décadas de esfuerzo, aprendizajes, de momentos buenos y no tan buenos, pero que en conjunto han servido para forjar a las mujeres y hombres que han sido parte de nuestro equipo. No es cualquier cosa hablar de medio siglo de vida, y más que quien lo logre sea una empresa cien por ciento familiar y se haya mantenido como líder indiscutible en la industria de textiles técnicos en los mercados nacional e internacional.
Es para mí un honor estar al frente de esta maravillosa empresa que con mucho trabajo, entrega y pasión, el señor Don Heriberto Amarillas Heras y Clara Durazo Corella forjaron y quisieron hasta los últimos días de sus vidas. Hoy nos toca a nosotros continuar con este legado de amor y compromiso.
Megaplast es más que una empresa indus-
trial de la frontera norte de México. Esta compañía es el lugar en donde se han desarrollado historias de vida de nuestros colaboradores y clientes. Todas ellas corren por nuestras venas y son lo que nos mueve a seguir creciendo, innovando para mantener el compromiso de calidad y servicio que ha significado la lealtad de nuestros clientes y el cariño de nuestros colaboradores. Somos una empresa nutrida de personas que han entregado muchos años de su vida y por eso, con orgullo, podemos afirmar que existe una familia Megaplast. Una familia compuesta por mujeres y hombres que han llegado de diferentes partes de México y han encontrado en Megaplast el lugar para echar raíces y buscar un mejor mañana para su familias.
Este libro tiene la intención de reconocer, a través de testimonios de los mismos actores, los inicios, desarrollo y consolidación de Megaplast
como el referente en soluciones en textiles técnicos, pero también, de contar como la compañía ha sido pieza importante dentro del crecimiento de nuestros clientes y también de todas las personas que han formado las filas de nuestra compañía. Tratamos de plasmar a través de entrevistas, fotografías y documentos el camino de una empresa que inició como fabricante de arpillas y sacos de pisca y terminó convirtiéndose en la empresa líder en fabricación, distribución y confección de textiles plastificados con PVC. No ha sido un camino fácil –nada en esta vida lo es–, pues ha requerido de mucho esfuerzo, sacrificio y entrega, pero también, de mucha visión y pasión por parte de nuestros líderes.
A lo largo de nuestros 50 años, le hemos abierto nuestras puertas a poco más de 5 000 empleados, quienes nos han aportado y dejado algo de ellos. Hoy los festejamos a todos ellos porque, sin duda, son el alma de nuestra empresa. ¡Muchas gracias! Ustedes son el motor y el alma de Megaplast.

Director General
También, celebramos y agradecemos a nuestros accionistas y consejeros, ya que durante varias décadas han confiado en el equipo y en el proyecto Megaplast, además de que han sido parte fundamental para que el día de hoy sigamos siendo los referentes de lona sintética en México, Centroamérica y Sudamérica. ¡Gracias por su visión y pasión por el negocio!
Megaplast existe gracias a nuestros clientes, por su preferencia, por seguir con nosotros a pesar de los tropiezos a los que nos hemos enfrentado en todo este recorrido. A todos ellos, gracias por confiarnos sus negocios, sus sueños, sus proyectos. Aquí seguimos por ustedes y para ustedes.
Por supuesto, también es necesario agradecer a nuestros proveedores, nacionales e internacionales, así como a instituciones financieras que han confiado en nosotros como su cliente y han estado a nuestro lado en los momentos más complicados a lo largo de estos 50 años. ¡Gracias!
Por supuesto, nada de esto habría sido posible sin la bendición de Dios, pues él nos puso a las personas indicadas como colaboradores, clientes, proveedores.
Ahora que el impacto de la pandemia se ha podido controlar, empresas alrededor del mundo estamos iniciando una etapa de recuperación económica. Sin embargo, nos hallamos todavía en una crisis de suministro, lo que ha complicado ya no solo el crecimiento de iniciativa privada, sino la mera operación de nuestro día a día. Quien piensa en crecimiento lo hace más como sueño que como estrategia.
A pesar de lo anterior, hemos superado los obstáculos de la pandemia y salimos más fuertes. Hoy nos encontramos en el mejor momento de los últimos años, con inversiones importantes que traerán crecimiento en nuestra capacidad de producción, así como diversificación de productos. Lo logramos gracias a nuestra solidez financiera y una planeación estratégica colaborativa.
Vienen cosas importantes para Megaplast y esperamos que de la mano de Dios y de todos ustedes podamos cumplir otros 50 años de sueños, proyectos y crecimiento para todos nuestros clientes, colaboradores y proveedores.




La idea de publicar un libro en el que se contara la historia de Megaplast surgió hace varios años, durante una junta de Consejo, donde el entonces Gerente Comercial, Ernesto Caro, y nuestro hoy Director General, José Fructuoso Álvarez Amarillas, coincidieron en que Megaplast ha sido parte fundamental de la vida y desarrollo de un gran número de familias en todo el país, desde las de nuestros colaboradores, hasta las de clientes y proveedores. Hemos compartido experiencias, anécdotas y demás vivencias con padres e hijos que han laborado en la compañía, y también con negocios que han pasado de generación a generación. En aquella ocasión, se reflexionó sobre la conexión que existe entre nuestros colaboradores y clientes con la empresa, producto de la calidad de
relaciones que hemos construido durante cinco décadas: «Megaplast representa para ellos más de lo que pudiéramos imaginar, porque también son ellos quienes la han formado». Esa frase fue la semilla del libro que ahora llevas en las manos.
Años después, conforme fue acercándose el 2022, año del aniversario, la idea del libro fue tomando forma. En algunas de las reuniones de planeación, surgió la pregunta de cuál sería la mejor manera de reflejar la historia de la compañía durante cincuenta años, cómo contar o hablar sobre los inicios y la identidad que ha ido construyéndose gracias a cientos de personas y el impacto de esta en la forma de trabajar hasta el día de hoy. La respuesta estaba, de nuevo, en nuestra gente. La manera en que iban aprendiendo sobre ella era a partir

de las historias de los colaboradores y los clientes, de las anécdotas y de los recuerdos, de las sensaciones que les han quedado luego de tantos años. Es a través de la voz de la gente que ha vivido en Megaplast que decidimos armar una narrativa que cuente nuestra historia y la manera en que los valores de lealtad y empatía se han forjado y mantenido hasta la fecha. Este es, por lo tanto, un libro escrito luego de largas y amenas horas de conversaciones con colaboradores que cumplieron su ciclo dentro de la empresa y que ayudaron a formarnos, personas que estuvieron con nosotros hace casi cincuenta años, con otros que vivieron diferentes décadas de historia, que viajaron a todos los estados del país y otros continentes para abrir territorios, que crecieron dentro de nuestras plantas y almacenes, que llegaron solos y salieron con familias bien formadas. Todas esas voces se suman a las que siguen con nosotros y viven la experiencia en presente y con miras al futuro, pues son ellos y ellas quienes están llevándonos hacia los siguientes cincuenta años de la empresa. También hablamos con nuestros clientes, quienes han construido sus propias historias de la mano de Megaplast. Las de ellos también siguen escribiéndose con nosotros. Sería imposible contar nuestra historia sin sus voces.
Este libro es una historia coral, no contada a partir de una sola perspectiva, sino de la multiplicidad de personas que nos han ayudado a llegar hasta este 2022. Más
que un recuento de datos y de logros (que sí, aparecerán en las siguientes páginas), es una celebración de las voces de nuestros colaboradores y de nuestros clientes. A partir de charlas con varios de ellos, fue posible armar nuestra historia. Cada una de las líneas e imágenes que le dan forma a este libro de aniversario vienen de ellos y de ellas. La voz que narra es, por lo tanto, un coro y no un solista.







Los rasgos que nos caracterizan como em presa comenzaron a definirse desde nuestro origen, en 1972. Poco a poco, fuimos construyendo una identidad a partir de las historias personales que se han ido escribiendo durante varias décadas. Todas comienzan con la primera vez que una persona cruzó las puertas de nuestras plantas para una entrevista o en respuesta a un llamado, luego siguen con su aprendizaje en el área de trabajo, su crecimiento dentro de la misma o el paso por otras y, al final, cada una de estas historias a su manera alcanza la trascendencia porque se queda con nosotros y se queda con la persona.
En un inicio, en la prehistoria de nuestra compañía, por llamarle de cierta forma, hubo quienes llegaron porque eran buenos para jugar beisbol y el equi -
po de aquel entonces era reconocido en la ciudad y sus alrededores por su talento y los juegos ganados. Con los años, hubo quienes llegaron «por accidente», es decir, porque acompañaban a otra persona o porque incluso iban de paso; otros por recomendaciones; algunos de forma temporal y se quedaron treinta años; unos más por obra del destino, como Guadalupe Salazar, quien en 1989 quería un empleo temporal entre semestres de estudio y, de regreso de una entrevista en otra empresa, algo quiso que se detuviera en una tienda de abarrotes enfrente de la planta de Confección para comprar un refresco. Ahí se encontró con un anuncio que leía: «Se solicitan operadores». Como le quedaba a unos pasos, cruzó la calle y ahí lo entrevistó Rafael Palacios, una más de nuestras leyendas. Luego de


la charla, Rafael lo invitó a comenzar labores al día siguiente. Hoy, treinta y tres años después, Guadalupe es nuestro Gerente de Manufactura y uno de los cinco colaboradores de mayor antigüedad en la compañía. Megaplast ha sido también detonante de historias que han tomado lugar muy lejos de Mexicali: de viajes de trabajo, de colaboradores que luego de jubilarse se fueron a conocer al mundo gracias a la estabilidad que la compañía les dio durante tantos años, de los hijos de nuestros colaboradores que gracias al trabajo de sus padres dentro de la empresa han estudiado y vivido en otras partes de México y del mundo, o las de los hijos que soñaban con trabajar en el mismo lugar que su papá, como el caso de Juan Carlos Lambarén y José Carlos Lambarén Nuñez, o Rafael Palacios y Rafael Palacios Navarrete. El concepto de familia se siente en cada rincón de nuestra historia.

Una de las características más reconocidas por quienes han formado parte de Megaplast es nuestra disposición a ser un lugar de crecimiento para nuestros colaboradores, esto a partir de movimientos verticales y de experiencias laterales, sobre todo para quienes han recorrido (y aprendido) dentro y a través de todas nuestras áreas: Administración, Abastecimiento y Logística, Producción y Manufactura, Producción, Confección, Comercial, Aseguramiento de Calidad e Investigación y Desarrollo, también para quienes han hecho de su departamento un segundo hogar en el que han pasado incontables horas y que repiten la idea de que todos los días aprenden algo nuevo.
Por supuesto, si hablamos de aprendizaje y crecimiento, es posible decir que nuestros colaboradores han
crecido junto con la compañía (como parte de nuestra evolución a través de las décadas), pero también que ellos y ellas han sido nuestro motor de crecimiento. No solo porque han ido aprendiendo durante sus horas de trabajo, sino porque hemos ayudado a muchos en su acceso a la escuela: en capacitaciones y para conseguir títulos académicos en diferentes niveles.
Así como todos hemos aprendido y seguimos aprendiendo de nuestro día a día, también nosotros nos hemos enriquecido de la relación con nuestros clientes. Las relaciones que hemos mantenido con ellos han sido motivo de crecimiento, pues si algo nos distingue es el saber escucharlos y moldearnos según sus necesidades, aprender de sus negocios y perfilar así nuestros productos, muchos de los cuáles hemos creado gracias a ellos. Nuestra empresa es un ente orgánico que se mueve y evoluciona gracias a las mentes, las manos y los corazones de quienes la conforman.

Por supuesto, hacer de nuestra gente el centro de Megaplast va más allá del aprendizaje, se trata de acercamiento y convivencia, de salud física y mental. Esto incluye a las familias de nuestros colaboradores. Por eso, a través de los años, hemos creado iniciativas y organizado y promovido eventos para integrarnos. Por ejemplo, ANSPAC, encabezado por Ana Guadalupe Amarillas, que se dedicó durante varios años a tratar y capacitar a las mujeres de la compañía, colaboradoras y esposas de colaboradores, en diferentes temas relacio -
nados con la mujer. O bien, nuestro apoyo a la salud de nuestra gente, que se ha visto en los equipos de futbol de la compañía o las clases de yoga que promocionamos entre nuestros colaboradores.
También las caídas y las cicatrices –quizá más que todo–ayudan a definir el carácter y la identidad de cualquier persona o empresa. Durante cincuenta años hemos sorteado

todo tipo de dificultades, desde que intentamos introducir un nuevo producto a un mercado tradicional, luego algunas inherentes al manejo y crecimiento de una empresa, otras tantas externas que derivaron de crisis nacionales y mundiales, pero siempre hemos caído bien parados y, sobre todo, con aprendizajes. También nos hemos enfrentado a retos: proyectos titánicos que nos han exigido vivir largas jornadas dentro de la empresa para satisfacer a nuestros clientes, contrataciones como llamados a la guerra que promovimos en radio, en medios, en los que invitábamos a la gente para unirse a nuestras filas, aunque fuera por un tiempo breve. Por fortuna, muchos de ellos se quedaron. Por supuesto, también hemos disfrutado de incontables éxitos, que van desde alegrías personales de nuestros colaboradores, de sus
equipos –con reconocimientos estatales y nacionales– hasta récords de producción y de ventas que incluso han superado nuestras expectativas. La forma en que hemos tomado y asimilado cada uno de estos nos ha ido ayudando a definirnos. Así es como en 1997 festejamos nuestro 25 aniversario y hoy recibimos los 50 años.La cultura de trabajo y convivencia de nuestra compañía y los lazos que se forman a veces parecieran ser algo normal, como si fueran un fenómeno que estuviera sucediendo en otras empresas y en todas las industrias. Sin embargo, cuando escuchamos testimonios que vienen de afuera, desde otra perspectiva, cuando nos cuentan historias de otras compañías, entendemos que nuestra identidad es, sin duda, única. Cada que escuchamos esos comentarios entramos en un proceso de reflexión en el
«No hay un día aburrido en la planta»
Guadalupe Salazar
que nos damos cuenta de que nuestros colaboradores, los actuales y los pasados, tienen razón cuando celebran todo lo que aquí dentro sucede.
Desde el inicio, hemos evolucionado en todos los aspectos, en desarrollo de productos, con la misma lona plástica, pues no fue con ella que comenzamos operaciones; en nuestra gente, pues hemos ido aprendiendo a trabajar en equipo y en pro de la eficiencia, los resultados y en la generación de un ambiente de confianza; en tecnología, para adecuarnos a los tiempos y a la velocidad del mundo; en seguridad, en donde creamos nuevas áreas y puestos para atender las necesidades que el desarrollo de la industria en el país exigía. Evolución también entendida como mejora. Evolución entendida como rasgo definitorio de nuestra identidad.
Otro de los rasgos vitales de la empresa viene de Don Heriberto Amarillas, Director General que estuvo al frente durante veinte años. Durante su vida, fue una persona que sabía escuchar a los demás, aprender de otros, absorber y quedarse con lo más valioso que las personas tenían para ofrecer. En Megaplast, sabemos no solo escuchar a nuestro equipo y a nuestros clientes, sino que también aprendemos de ellos y de otros, algo que se ha reflejado cuando recibimos técnicos europeos para



aprender sobre el manejo de nuestras máquinas, pero también en las ocasiones que hemos visitado otras plantas. Pero no solo aprendimos de afuera. Muchos de nuestros colaboradores recuerdan a Don Heriberto Amarillas caminando por la planta, entre las máquinas y las líneas, estrechando las manos de cada persona involucrada en el proceso, escuchando para aprender de quienes conformaban a la compañía, con el objetivo de conocerlos y de entender cómo poder mejorar. Una costumbre que además ayudó a desarrollar la lealtad de nuestra gente. Era eso, y según cuentan, uno de los motores de sus ideas y de la creatividad de la que hacía gala. Moverse por las entra -
ñas de su empresa significaba echar a andar la mente de la cabeza de la misma.
Sin embargo, en esencia, ¿qué es Megaplast? En palabras simples: convertimos materias primas en rollos de lona sintética que comercializamos y que también transformamos en varios productos, como carpas, cubiertas para transporte, juegos inflables, cubiertas para fumigación, cortinas avícolas, cubiertas para agricultura y publicidad. Atendemos a una variedad enorme de clientes, y los usos y aplicaciones han ido sumándose con el tiempo, pero, ¿cómo llegamos hasta aquí?





Edores en otras industrias y vieron una nueva oportunidad de negocio en la fabricación de sacos de pizca y arpillas.
La década de los setenta es importante dentro de nuestra historia por varias razones: primero porque fue cuando comenzó nuestra existencia, porque sorteamos las dificultades de toda empresa en sus inicios, pero, todavía más, porque introdujimos un producto nuevo al país, con una tecnología de uso de policloruro de vinilo –conocido de forma común como PVC– comprobada en Europa pero desconocida en México. Estos primeros ocho años de vida de Megaplast fueron de innovación, de esfuerzo, de miles de kilómetros recorridos para llevar nuestro nombre a todos los rincones del país, del asentamiento de las bases sobre las que se sostienen alianzas, sociedades y, además, amistades. En los
n las décadas de los años 60 y 70, si uno salía a viajar por las carreteras de México, era común pasar junto a camiones de carga con sus cajas cubiertas de lona verde o beige. Llevaban todo tipo de productos de una ciudad a otra, aunque la mayoría transportaban granos y productos agrícolas. Aquellas lonas de algodón eran el estándar, por lo tanto, no se veía la necesidad de cambiar algo que, con todo y sus limitaciones, cumplía con su propósito. Sin embargo, conforme pasaban los años y la población del país iba en crecimiento, la demanda de productos y el comercio entre estados requería de más camiones y más viajes. En este contexto, al comienzo de la década de los setenta, nació Megaplast. La compañía fue fundada por un grupo de empresarios locales de Mexicali, Baja California, quienes contaban con experiencia como emprendeLa década del comienzo

setenta también encontramos a un líder, contamos con el apoyo de gente dentro de la empresa y desarrollamos relaciones con clientes de por vida.
En los órigenes...
El grupo de empresarios fundadores de la empresa estaba conformado por René Armando Corella Gil Samaniego, Mario Hernández Maytorena, Mario Luken Searcy, Francisco Javier Molina Robles, Héctor Ortega Villa, Héctor Sada Quiroga, René Tiznado Hernández, y las empresas Polímeros Internacionales S.A. y Centra S.A. Ellos constituyeron la empresa en 1972, con la intención de ser un proveedor local para sacos de pizca y arpillas, ya que en el valle de Mexicali se empezaba a ver una gran demanda de estos productos por el crecimiento y desarrollo agrícola de la región.
En aquel entonces, nuestros productos principales eran las arpillas, sacos para pizca de algodón y sacos de malla de polipropileno para papa y cebolla. En esos años podría decirse que ni siquiera se conocía la lona plástica y, quienes hubieran escuchado de sus beneficios, seguro habrían dudado de inmediato o le hubieran encontrado defectos al compararla con la de algodón. Sin embargo, a pesar de que los productos iniciales eran de primera necesidad para la industria agrícola y la decisión de crear una empresa proveedora pintaba para mantenerse por sí sola sin demasiado esfuerzo, la realidad es que los inicios fueron rocosos.
Uno de los primeros problemas a los que nos enfrentamos en nuestra historia fue el de la complejidad de darle rumbo a la compañía desde el consejo, pues ahí se contaban demasiadas cabezas como encargadas de dirigir a una empresa con tanto potencial de crecimiento. Durante tres
años, la empresa operó con varios líderes, aunque aquello, si bien nos mantenía en funcionamiento, también había complicado nuestra dirección. En ese entonces, sin haber cumplido el primer lustro desde nuestra fundación, el futuro se veía poco claro y, a ojos de algunas personas, la empresa, como tantas otras, como la mayoría de los emprendimientos que no sobreviven los primeros cinco años de vida, podía considerarse como un negocio en quiebra.


llegada de Don Heriberto Amarillas
A Don Heriberto Amarillas se le conocía no solo por su sensibilidad para crear y dirigir negocios, para motivar y administrar a los equipos que la conformaban, sino que también era dueño de un talento, o quizá una inquietud o una manía por tomar negocios en problemas, casi al punto de su desaparición, para luego revivirlos. Lo suyo parecía ser una pasión por la estrategia o por enfrentar retos, por más complicados que parecieran. Estas cualidades no solo hablaban de la confianza que Don Heriberto Amarillas se tenía a sí mismo, sino también de la que depositaba en sus equipos, y en el potencial de quienes formaban parte de cada una de las empresas que dirigía, algo tan importante que llegó a traer a la empresa a colaboradores que lo apoyaron en otros de sus emprendimientos, como fue el caso de Sergio Reyes, que había sido contador de Don Heriberto Amarillas en sus negocios de Ciudad Obregón y terminó trabajando durante años en Megaplast, principalmente como auditor. Esta cualidad de nuestro director sería, con el tiempo, una de
las más recordadas por las personas dentro de nuestra empresa.
Don Heriberto Amarillas nació en Pilares, un pueblo ubicado en la sierra de Sonora, un 11 de noviembre de 1929. En 1953, contrajo matrimonio con quien fuera su más grande amor, la señora Clara Durazo Corella. Juntos fueron compañeros de muchas aventuras, proyectos y sueños. De 1973 a 1976, Don Heriberto Amarillas vivió viajando entre Monterey, Hermosillo y Mexicali, pero fue en 1976 que la familia Amarillas Durazo, junto con sus hijos, llegaron a la ciudad de Mexicali, para ser aquí el lugar donde llamarían hogar.
Desde el inicio, gracias a su olfato y a su intuición, Don Heriberto Amarillas logró ver a futuro y comenzó a planear –como lo había hecho con sus otros emprendimientos– en aquellas noches sentado a su escritorio, llenando hojas con números y estrategias, y visualizó todo en lo que Megaplast podría convertirse.
En 1974, apenas dos años después de la constitución de Megaplast, y gracias a la visión de Don Heriberto Amarillas durante uno de sus viajes, la empresa decidió apostar por una nueva tecnología de recubrimiento que en aquel entonces solo se usaba en Europa, principalmente en Alemania y en Italia, que se encargaba de recubrir textiles de tela abierta con una película de PVC de suspensión o “termoplástico” lo que hasta la fecha es el producto principal: la lona plástica. Este era un producto que ofrecía un sinfín de ventajas para el mercado: era más ligera y duradera, versátil y fácil de trabajar, además de impermeable, pues una de las desventajas de la lona de algodón era que con la lluvia era más difícil su maniobra, ya que se volvía más
«El señor Amarillas se metía por todos lados: a segundos pisos, arriba y abajo. Él era muy involucrado. No se encerraba. Paseaba por Megaplast para platicar con la gente sobre el negocio».
Sergio Reyes



pesada y afectaba los procesos de logística y almacenamiento. Una de las grandes ventajas para el posicionamiento de la lona de Megaplast, fue que se podía plastizar en diferentes colores, lo que le daba al cliente la opción de personalizar sus cubiertas y reflejar la identidad de su empresa en ellas. Era un gran reto porque significaría cambiar un producto que era el estándar en el país, siendo un mercado totalmente desconocido para la compañia Megaplast. Esta propuesta, que de por sí ya parecía enorme, terminó representando algo todavía mayor no solo para la compañia sino para la historia de la industria lonera e incluso del país. Por esta decisión fuimos los precursores de la lona plastizada de tejido abierto en México.
Para lograrlo, la empresa hizo una fuerte inversión en la compra de la primera línea de plastizado en «pisar» el territorio mexicano y destinada a la fabricación de lona. Esta calandra era de origen alemán –la cuna de los productos de plástico y del tratamiento y producción de los mismos– y por su marca, todos en la empresa la conocen como la «Zimmer», pues sigue siendo nuestra princi-
pal productora de lona. Podría entenderse como el núcleo de nuestra compañía.
Aquella máquina enorme, llamada calandra Zimmer, se encargaría de transformar el compuesto de PVC en polvo, alimentado directamente en sus rodillos de fusión, en una película termo fundida de espesor milimétrico y recubriendo con ella el textil de poliéster en un mismo paso, formando la innovadora lona de PVC. El proceso maravilló a todos en la planta en aquel entonces, asombrándolos además porque para nuestros colaboradores era muestra clara de que su trabajo rendía frutos y la compañía progresaba. El proceso de instalación tomó poco más de siete meses y para ello viajó a Mexicali un ingeniero alemán, quien dirigió y capacitó a nuestro personal y de quien se platicaba que no tomaba agua cuando descansaba, sino cerveza y, cuando le preguntaban ¿por qué? (por supuesto, en la planta nadie tomaba alcohol y aquello iba en contra de nuestro código de conducta), decía que «el agua se hizo para los caballos».
Megaplast se ha caracterizado por fomentar el desarrollo y la innovación de nuestros procesos en todas


y durabilidad en cubiertas camioneras.

y cada una de nuestras áreas a través de nuestro mismo equipo. Uno de esos desarrollos, y quizá el más importante, es también uno que a primeras podría sonar como algo pequeño, aunque dentro de la empresa sea uno de los personajes más importantes: un ratón. Esta es nuestra versión de un equipo sellador que venía de Estados Unidos, pero que estaba a punto de ser descontinuado. Don Heriberto Amarillas lanzó una convocatoria para recibir propuestas de ratones que cumplieran con la misma función que aquellos tres que teníamos. Recibimos propuestas de ingenieros de diferentes ciudades del país. Por supuesto, no podíamos copiar la patente del aparato aquel, pero sí armar una máquina nueva que hiciera lo mismo. Este sería el reto, pues iba más allá de reproducirlo, sino de crear algo nuevo. No todos funcionaron, pues alguno fue más lento, otro hacía cortes en donde no había que hacer cortes, en resumen, no funcionaron. Por fortuna, el ingeniero Fernando Real diseñó uno con una forma un tanto extraña, con motor de aspiradora, pero que funcionaba a la perfección.
En 1974 nació nuestro producto Fortoflex de 610 gramos, que durante estos cincuenta años ha sido nuestro estandarte, el más vendido y el que, hasta la fecha, llevamos
como otro de nuestros nombres, tanto así que hoy el nombre Fortoflex se ha convertido en un genérico para la lona, y también como el mercado identifica a Megaplast. Asimismo, ese año nacieron el Invernaflex 355 y Econoflex 470.
Tomar al toro por los cuernos
Los primeros tres años de vida de la empresa fueron complicados. Como casi la totalidad de los nuevos negocios, sobre todo aquellos que dividen la toma de decisiones en varias cabezas, Megaplast se encontraba en una situación crítica y era necesario ajustar, dar un giro, y enderezar el rumbo. Fue en ese momento tan difícil que el Don Heriberto Amarillas decidió «tomar al toro por los cuernos», como ha dicho su hijo, Heriberto Amarillas, que en aquel entonces vivía en Estados Unidos.
En 1975, en medio de una etapa de desbalance dentro de la compañía, de días complicados y de un buen número de deudas, Don Heriberto Amarillas se hizo del control accionario total de Megaplast. Decidió apostar por una industria, fiel a la visión que siempre lo caracterizó. Sin embargo, a diferencia de lo que otros hubieran hecho, es decir, meter el pie en el acelerador, Don Heriberto Amarillas, por su personalidad analítica, decidió regresar a lo más básico. Era importante reinventarse. Según cuentan las personas más cercanas, Megaplast era uno de los amores de Don Heriberto Amarillas, le quitaba el sueño pensar en las maneras en que funcionaría mejor y en la que crecería. Era, sin duda, su pasión, un sentimiento que fue enseñando a sus hijos cuando comenzó a involucrarlos desde jóvenes en reuniones y juntas de consejo, algo que les sería de gran utilidad a la familia varios años después.
Don Heriberto Amarillas era una persona sencilla en los negocios, dueño de una mente práctica, aunque también creativa y, sobre todo, visionaria. Su filosofía ante los problemas en un negocio era siempre volver a la base, a la esencia, para simplificar el trabajo y hallar las soluciones más efectivas. Por lo tanto, en aras de la eficiencia, ya como accionista mayoritario y Director General, siguió su filosofía de vida –no solo de negocios–, en la que la mejor forma de

crecer es siendo práctico. Es decir, redimensionó la empresa según el volumen de las ventas en aquel entonces («o quizá un poco más», en palabras de su hijo, Heriberto). Además, como decía, si las cosas se complican es que algo anda mal y es necesario volver a los orígenes.
Otra de las acciones que tomó fue que compactó al equipo con el objetivo de sostener la empresa, como lo había hecho en algún momento con un equipo de beisbol del que era mánager: todo aquel que sobrara representaba peso que impedía el mejor funcionamiento. Por supuesto, el reto duró algunos años, pues además de la reducción del personal también fue necesario renegociar la deuda de la empresa con el estado y los bancos, recortar gastos, reducir también la línea de productos para ser más eficientes, como los sacos para papa que no eran rentables. Al final, para crecer, fue vital reducirse hasta el 40%. También hizo sacrificios personales. De hecho, en aquellos primeros años, para Don Heriberto Amarillas los viáticos eran peso que «jalaba» a la empresa hacia abajo y de su cartera cubría los viajes para no
afectar al negocio. Fueron años de estrategia, de organización, pero salió adelante. La filosofía de practicidad y austeridad de Don Heriberto Amarillas rindió frutos cuando fueron cuadrando los números y la producción, las ventas y las deudas desaparecieron en menos tiempo del que había esperado. Para levantarla se planteó primero austeridad, luego enfoque.
Abrir brecha: la llegada de la lona plastizada a México
La introducción de una lona plastizada no fue cosa fácil y duró varios años. Como con todo nuevo producto –sobre todo aquellos que traen consigo una nueva tecnología– y como le toca a cualquier empresa que decida correr el riesgo de introducir un producto al mercado, sería necesario abrir brecha, trazar el camino o, más bien, hacerse de un camino. Uno de los primeros retos al que nos enfrentamos como empresa fue el de sustituir la lona de algodón del mercado,

una misión complicada, pues era la reina o el estándar, sobre todo en su uso para tráileres y camiones. El primer argumento para lograrlo era su peso, pues la nueva lona de PVC pesaba cuatro veces menos que la de algodón, y eso sin contar la humedad que pudiera absorber por la lluvia durante su tiempo en los trayectos de los viajes. El segundo argumento era el de la resistencia, pues la lona plástica aguantaba el uso rudo y podía sobrevivir al trajín al que se sometían las cargas sobre tráileres y camiones. El proceso de convencer al mercado de pasar de un producto que se venía usando durante años, décadas, fue complicado y, sobre todo, tardado. La apuesta al nuevo producto fue la primera gran prueba para la empresa bajo la dirección de Don Heriberto Amarillas.
¿Cómo haríamos para convencer a quienes ya estaban acostumbrados a un tipo de lona? El producto era tan poco conocido que, cuando le preguntábamos a la gente si sabían de qué estaba hecha, respondían: «la lona está hecha de lona». Uno de los retos más complicados para la mente humana es el de cambiar de costumbres o dejar atrás aquello que ha arraigado, sobre todo, si funciona.
A finales de la década de los setenta, el precio del algodón iba en ascenso. La tendencia iba quedando cada vez más marcada y aquello pedía un cambio, sobre todo porque el precio de la lona de PVC era más bajo que el de la lona de algodón. Sin embargo, los distribuidores, compañías fleteras y «hombres camión», se rehusaban a cambiar de producto porque las lonas de plástico se consideraban frágiles y un material que se calentaba y no convenía a los transportistas. A pesar de esta defensa, los problemas inherentes al trabajo con lonas de algodón elevaban los costos de producción. El algodón podía ser de mala calidad si no se compraba a distribuidores de prestigio, además de que era difícil de trabajar. Esto era cansado y resultaba en largas horas de trabajo, por lo cual muchos comerciantes poco a poco empezaron a hacer el cambio a lonas de plástico.
La transición y el éxito de nuestra compañía dependió de dos factores: el trabajo personal de Don Heriberto Amarillas como embajador de la lona plastizada (junto con sus colaboradores) y el de nuestros clientes, aquellos que, incluso sin recursos, pues se encontraban iniciando sus negocios, creyeron y confiaron en nosotros desde un inicio.
Fueron ellos quienes nos ayudaron a penetrar en el mercado y que con el tiempo llegaron a convertirse en amigos personales de la familia Amarillas. Uno de ellos fue el señor Javier Martín Pantoja, cuyo padre era transportista en la Ciudad de México y conocía a choferes que, en ocasiones, le pedían lonas para sus camiones. El señor Pantoja, de Lonas Atlas, aprovechaba la ocasión para pedir lonas de Megaplast cuando apenas comenzábamos a posicionar la lona de PVC . Por eso decimos que, cuando hablamos de una empresa familiar, más bien queremos decir que es «de familias», porque las familias de clientes y de colaboradores han ayudado a ir armando nuestra historia.
Esos primeros años están plagados de anécdotas, como en las que se cuenta que enviábamos rollos de lona a nuestros clientes, ellos subían a sus pick-up y manejaban durante horas a diferentes puntos del país para presentarlas y distribuirlas. Fue así como, en cajas de camionetas de nuestros clientes, los rollos iban cubriendo terreno, llegando cada vez a más lugares dentro del país.
Otra de las estrategias que seguimos para la introducción del producto fue la de dejar lonas a consignación con los clientes –existentes y potenciales– para que probaran su efectividad. Nuestra seguridad en el producto logró convencerlos. La estrategia fue un éxito, pues luego de usarla, no les quedó duda de sumarse a la nueva tendencia. Con el tiempo, la empresa convenció al mercado de los nuevos usos de la lona plastificada, como el de cubrir granos. En lugar de construir bodegas para almacenarlos, podrían cubrirlos con la nueva lona, algo más sencillo y más barato. Fue así como clientes de la talla de CONASUPO, BORUCONSA y ANDSA comenzaron a convencerse de las ventajas de la lona plastificada y ayudaron a sacar adelante esos años de la empresa, que se habían complicado por la apuesta y el proceso de introducción al mercado del nuevo producto.
Cuando más o menos habíamos sorteado las dificultades de habernos sentido muy cerca de la quiebra, cuando habíamos logrado establecernos bajo el mando de un solo líder, durante la segunda mitad de la década, la fuerte devaluación del peso mexicano en 1976 provocó estragos en

nuestra empresa. Fue una de esas crisis a las que toda compañía debe sobrevivir en algún momento. En 1977 debimos ajustar de forma drástica, recortar gastos y, un año después, fue necesario afrontar la realidad de la economía mexicana con el cese de algunos de nuestros colaboradores. Fueron momentos duros, pero el futuro de la lona plastificada estaba afianzándose y era prometedor. Por fortuna, entre la recuperación de la economía y la gestión de nuestro director junto con la disposición de los colaboradores, logramos salir adelante y le dimos la bienvenida a la siguiente década con optimismo y en franco ascenso.
A finales de los setenta, la lona plastizada ya representaba una parte muy importante del negocio de Megaplast, por lo que en ese momento decidimos empezar a buscar la venta de la líneas de arpillas y sacos para enfocarnos cien por cien a la lona y a su confección.


Luego de superar los primeros grandes obstáculos, con la producción ya bien establecida y con el rumbo de la empresa definido, nuestro siguiente paso sería el de llegar a más lugares y crecer nuestra cartera de clientes mientras seguíamos como embajadores de la lona de plástico.
Los años ochenta, a escala mundial, vieron el despunte de varias industrias debido a la explosión de la iniciativa privada, que gracias a la influencia estadounidense iba modificando y disminuyendo restricciones, entablando acuerdos entre mercados y favoreciendo el libre comercio, algo que beneficiaría en gran medida a la industria manufacturera, agrícola y, por supuesto, textil. Fue también la antesala del vendaval tecnológico que inició en la década siguiente y revolucionaría al mundo entero con la llegada del nuevo milenio. Un gran número de empresas le daban la bienvenida a la computadora personal y al intercambio y registro de datos. Sin embargo, nosotros teníamos otros objetivos que cumplir antes de la modernización total de nuestra planta.
La década de 1970 había sido de descubrimiento para nosotros, pues trajimos un nuevo producto, con una nueva tecnología, y revolucionamos la manera de trabajar con maquinaria de punta,
La década de las grandes alianzas
pero fueron los años que marcaron el comienzo de la transformación del mercado lonero; fue una década de reestructuración de una empresa, asentamiento y construcción de bases y de filosofía de trabajo para Megaplast. La de 1980 se trató primero de crecer dentro de México, o más bien, de llegarle al país, pues el centro y sur todavía se sentían lejos. Lograríamos lo anterior con la apertura de centros de distribución en zonas estratégicas (más allá de la Ciudad de México). También serían años dedicados a ampliar la producción y descubrir nuevos usos para la lona plástica.
Un ejemplo de lo anterior ocurrió a inicios de la década gracias al Arq. Héctor Mendoza, uno de nuestros clientes actuales, que en aquellos tiempos era parte de nuestros colaboradores. Cuando Héctor aún trabajaba como calculista y diseñador en nuestra sucursal de la Ciudad de México –ubicada en el mercado de abastos–, por ahí de 1981, Alejandro Romo, quien era el líder de Confección, se acercó con él para platicarle sobre una nueva idea. Don Heriberto, junto con Alejandro, habían hablado de producir bodegas neumáticas, es decir, inflables. Estas ya existían en Estados Unidos y se exportaban a nuestro país, así que la idea de negocio ya estaba probada. El objetivo, dijeron, sería producirlas en

Carpa de circo confeccionada por nuestro cliente y amigo Arq. Mendoza de Carpas el Carrusel participando como cada año con grandes proyectos en el Annual International Achievement Awards de IFAI.

México para clientes como la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO). En aquel momento, no existían diseños o patrones parecidos a lo que ellos buscaban para diseñar las bodegas, así que fue necesario diseñarlas desde cero. El arquitecto Héctor Mendoza pasó tres meses en Mexicali dedicado al proyecto, en donde conoció al grupo de esos años (Rafael Palacios, Belinda Cacho y Virginia Guardado Soria –o la Sra. Vicky, como muchos la conocemos–), y desarrollaron el prototipo. No lo imaginaban en ese momento, pero su trabajo y diseño sería el inicio de la producción de brincolines e inflables en el país, que se fabricaban con la lona multifuncional Fortoflex de 610 gramos. Tiempo después, se publicó un libro en Inglaterra con el título Fabric Structures in Architecture, sobre la arquitectura de textiles, en donde aparecieron los primeros prototipos de estas bodegas neumáticas en México. Hoy en día,
gracias a los proyectos desarrollados por Carpas y Lonas el Carrusel, Lonas Fortoflex ha estado presente con proyectos en países como Japón, Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Salvador, Honduras, Argentina, Venezuela, Chile, Brasil y muchos más, siendo galardonado con proyectos hechos de CALIDAD FORTOFLEX en el Excellent Award en IFAI.
A finales de la década anterior, habíamos dado inicio al proyecto de expandir nuestra presencia fuera de Mexicali, así que en 1980 abrimos el primer depósito o centro de distribución en la Ciudad de México. Más allá del deseo de crecimiento que buscábamos como empresa, se buscaba controlar y establecer un nivel de precios más adecuado para el mercado, ya que nos enfrentábamos al problema de que los clientes finales de la capital y de Guadalajara, los más fuertes, vendían nuestros productos a un precio que, a juicio de Don Heriberto Amarillas, era demasiado altos.
Aunque se podría decir que ya habíamos enderezado el rumbo luego de los problemas de la década anterior y apuntábamos al crecimiento, la cartera de clientes sin duda podía aumentarse, y esta desconexión con los compradores de rollo al menudeo, producto de la distancia, era un reto más
que debíamos solventar entre la fábrica y el usuario final. Si parte de la filosofía de la compañía era la de compactarnos y reducirnos para luego crecer de manera más ordenada y sostenida –algo que Don Heriberto Amarillas había logrado con éxito durante sus primeros años a la cabeza de Megaplast–, la tarea de controlar gastos era un caso más para poner en práctica la filosofía que hasta ese entonces nos había hecho crecer.
Conscientes pues de la distancia a veces insalvable entre las principales ciudades del país y la sede de Megaplast, decidimos buscar la manera de instalar depósitos en los centros de negocio más importantes de México para ser nosotros quienes distribuyéramos rollos al menudeo y pudiéramos vender a un precio competitivo. La presencia en esos lugares sería una oportunidad perfecta para involucrar a la empresa en el mercado de forma directa, de «tenerlo cerca», y de levantar la voz en cuanto al precio de venta que se les daba a los clientes finales. Esto complementaba a otra de las estrategias con las que buscábamos seguir ganando territorio: la de vender volumen. Ambas serían posibles si manteníamos los precios justos para el cliente final y sacrificábamos algo de los márgenes en aras de la expansión de la compañía, más si tomamos en cuenta que teníamos además la misión de seguir introduciendo el producto al mercado porque, si bien habíamos sumado creyentes en la lona plástica, todavía quedaba mucho por hacer. Derivado de esta estrategia de posicionarnos en CDMX, nacen relaciones como las de Lonas Vera, a cargo del esposo de su hoy “administradora la” señora Herrera, quien hoy por hoy mantiene firme su convicción y pasión por el negocio de las lonas. Asimismo, Lonas Vázquez con el Sr. Nicolás Ordóñez, quien orgullosamente representa nuestras marcas en Tulancingo, en el estado de Hidalgo.
En el año que abría la década, por recomendación de Roberto Gutiérrez Luján, el señor Gilberto Vallejo decidió incursionar en el negocio de las lonas, así que le abrimos la puerta para que abriera un depósito en Monterrey. Luego de una entrevista con Don Heriberto Amarillas, el señor Vallejo viajó a la Ciudad de México para capacitarse en el manejo y funcionamiento de un centro de distribución. Luego de un año de estar a la cabeza de uno de nuestros centros, el señor Gilberto decidió iniciar su propio negocio, que terminaría por ser uno de nuestros clientes entrañables: Lonas Sultana. La relación entre ambos ha sido

tan estrecha, que el fundador ha dicho que «lleva a Megaplast en las venas», que hemos sido su respaldo en altas y bajas (aunque las altas son muchas más) durante más de cuarenta años. Aquel año ha sido bastante importante porque también significó el nacimiento del negocio de José Luis Alonso, sobrino de Don Heriberto Amarillas, que había colaborado con Megaplast durante cinco años. Fue en aquel entonces que el



Sr. Alonso detectó un área de oportunidad en la zona del Pacífico y fundó lo que ahora es LDM (aunque en ese entonces arrancó como Lonas Pacífico), con quienes de inmediato comenzamos a trabajar. Hoy, LDM, encabezado por José Luis, Patricia, Juan Pablo y Alejandra Alonso Villanueva, es uno de nuestros clientes importantes y representativos en Megaplast.
Alrededor de esos años, en 1981, abrimos el segundo depósito fuera de Mexicali, este en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y después en 1983, nuestra sucursal en Hermosillo, Sonora. Uno de los clientes más representativos en nuestra sucursal Guadalajara, y con más de cuarenta años de trayectoria es Lonas y Cortinas Andrade, quien durante muchos años ha sido fiel y leal a nuestras lonas en su negocio familiar.
En 1983, debido al crecimiento de la compañía, a la labor de convencimiento de Don Heriberto Amarillas y a que el mercado, en buena medida, había acogido la lona plastizada como reemplazo de la de algodón, así como parte de una estrategia financiera y fiscal, se adquirió una segunda línea de plastizados europea, ahora una de marca Ramish. A que a diferencia de la Zimmer, nos permitiría trabajar con tejidos abiertos, los más comunes en México, pero también con tejidos más cerrados, los más utili-
zados en Europa y Estados Unidos y que anticipábamos harían una entrada fuerte en el país, así que debíamos estar preparados. Además de la inversión económica, traer la máquina desde el otro lado del mundo hasta Mexicali e instalarla representó una odisea para la empresa. Era un proyecto de logística pero también de coordinación entre áreas porque nos enfrentamos a un gran reto. Por fortuna, en situaciones como esta era en donde la mente creativa de Don Heriberto Amarillas florecía. Esta segunda línea era más grande que la primera. Por sus dimensiones, era imposible instalarla en la planta y la solución que en su momento se planteó fue la de elevar el techo de toda la nave. Sin embargo, aquello representaría un costo demasiado elevado para ese entonces y como para considerar dentro de la inversión. Fue aquí cuando la creatividad entró en juego: si levantar el techo era demasiado costoso, ¿qué pasaría si en lugar de eso pensábamos hacia abajo? Don Heriberto Amarillas resolvió que, para darle cabida a una máquina de semejante tamaño, sería necesario cavar una especie de alberca en medio de la planta y llevar la mitad bajo tierra, y la otra mitad arriba. Aquella idea es todavía recordada entre su familia y quienes vivieron de cerca el proceso. Era la creatividad en su máxima expresión. Si bien la máquina se mantuvo en espera durante un buen tiempo, tardaría algunos años en entrar en acción y comenzar a producir la cantidad de
metros de lona que nuestros clientes y el mercado requerían. Otro conocedor del mercado de lonas es el Sr. Lorenzo Ponce de Lonas Lorenzo de Aguascalientes, quien ha estado con nuestra marca por más de 48 años apoyando el impulso de las lonas de PVC en México, y en sus inicios vendía placas a las corporaciones policiacas, nos compartió que entro por accidente a vender lona invitado por un amigo a promoverla. Con ello nace su negocio en 1976. La trayectoría y tradición de Lonas Lorenzo ha sido responsable de la creación de muchos otros negocios que nacieron por colaboradores y que en su momento fueron apoyados por Don Lorenzo.
Crecimiento en todos los flancos
Don Heriberto Amarillas era un fiel creyente de que las mujeres aportaban mucho a la compañía por su eficiencia, honestidad y responsabilidad en el trabajo. Era algo que repetía y que, además, procuraba reflejar en los procesos de contratación de sus empresas. Por eso, el equipo de compras en la década de los ochenta estaba conformado principalmente por mujeres. Si bien el área de Compras siempre será importante en una organización, en estos años para nosotros se había convertido en una actividad vital. En aquellos años previos a la firma del Tratado de Libre Comercio y de los cambios en el terreno de juego que este representaría, el trabajo de esta área exigía cuali-



dades específicas y horas de trabajo extendidas al máximo para lograr la total eficiencia, pero dependía también de proveedores locales y nacionales –además de uno estadounidense–, así que la gama de materias primas se hallaba todavía en proceso de crecimiento porque el terreno de juego era reducido. Por otra parte, los años de 1986 a 1989 fueron de gran crecimiento para el área de Telares producto del crecimiento mismo de la compañía– pues en 86´ llegaron a nuestra planta doce telares con canilla, de lanzadera y un urdidor Gastex. Luego, en 1987, llegó la torcedora de saco Lowell y, en 1989 veinticuatro telares más: doce IWER y doce Draper modificados. Estas compras, más allá de la modernización, tenían que ver con el aumento en los metros cuadrados de lona que a finales de la década salían de Megaplast.


Sin embargo, durante esos años de crecimiento, la compañía se hallaba en un proceso de solidificación y podría decirse que complejo. Por fortuna, pudimos y supimos superar el reto gracias al compromiso de nuestros colaboradores, porque, como lo dijo José Luis Martínez, «era un compromiso con Don Heriberto Amarillas, porque su trato era tal con nosotros, que reflejaba el espíritu familiar extendido y eso nos llevaba a comprometernos con Megaplast». Sus palabras sirven como testamento de la calidad humana de nuestra gente.
El ocaso de la década nos trajo también una gran relación comercial, pues fue cuando comenzamos a trabajar con Lonas Ruben’s, una empresa de reciente formación, pues había comenzado operaciones justo a mitad de los ochenta. Las similitudes en estrategias de negocios entre ambas compañías, además del diálogo que mantuvimos desde el principio con su fundador, el Sr. Rubén Ortiz, fueron los factores decisivos que los llevaron a confiar en nosotros y a nosotros en ellos. Lonas Ruben’s, hoy dirigida por sus hijos Rubén, Joel, Emmanuel, Ivonne, Abigail y Omar Ortiz, son un referente en la distribución y confección de lonas en la Ciudad de México y estados aledaños. Nos llena de orgullo seguir teniendo lazos tan fuertes con Lonas Ruben’s.
En sus inicios en 1984, el Sr. Jorge Kanán decidió entrar en el negocio de las lonas, primero con lonas de algodón, como muchos otros. Lo que despertó su curiosidad por el «mundo lonero» fueron los años que pasó confeccionando pantalones con loneta en su familia. En ese entonces, el 90% de la lona en el mercado era de algodón. Fue en 1987 cuando se enteró de Megaplast y conoció la lona de plástico porque impulsábamos el uso de la lona de PVC, misma que, a pesar de algunas dificultades, poco a poco se iba posicionando
gracias a su variedad de colores y resistencia. «Cada día, el mercado me pedía más la marca Megaplast, ya que Don Heriberto Amarillas prácticamente empezó la industria de la lona de plástico en el país», dijo el Sr. Kanán.
Un paso importante para la internacionalización
Justo antes de cerrar la década, en 1989, dimos uno de los pasos más grandes y hasta la fecha representativos para la compañía, pues nos registramos con la Industrial Fabrics Association International (IFAI), una asociación comercial conformada por empresas que representan al mercado internacional de telas especializadas desde 1912. Si bien comenzamos como miembros, ya registrados y años más adelante decidimos montar nuestro propio stand en las exposiciones anuales a las que acudíamos y, luego de veinticinco años, nuestra presencia en sus ferias y eventos se ha vuelto una tradición de los mismos, tanto, que somos un participante a quien los otros asistentes y sus organizadores esperan año con año. No hay persona dentro de nuestra empresa que no haya escuchado de lo que pasó en la IFAI más reciente.
Con crecimiento, más allá de nuestras fronteras y con la creciente curiosidad y capacidad para innovar con nuevos productos, le dimos la bienvenida a la tercera década de nuestra historia.




Los noventa comenzaron fuerte para nuestra compañía, Los primeros años fueron el inicio de una etapa de estabilización de Megaplast en procesos y en utilidades. Dos años después, en 1993, llegamos al estado de Tabasco, con nuestra sucursal en Villahermosa. Sin embargo, un cambio brusco estaba por venir.
El despegue de la Planta de Confección
Una de las áreas de mayor innovación, visión y emprendimiento hacia adentro ha sido la de Confección. La historia de esta parte tan importante de nuestra compañía comienza desde los inicios de Megaplast, cuando se confeccionaban las cubiertas para BORUCONSA y ANDSA. Pero fue a inicios de los noventa, a partir de un esfuerzo que venía desde un año antes, para cerrar la década anterior que cobró más importancia. En esos meses, la planta de Confección comenzó a aventurarse en nuevos terrenos, con Alejandro Romo a la cabeza, quien ya había trabajado en Megaplast en Ciudad de Méxi-
La década de la internacionalización
co. Dejamos atrás el sellado de las lonas camioneras para probar con prototipos de juegos inflables, albercas y, con la máquina de sellado de alta frecuencia, fabricamos un domo inflable que nunca antes habíamos intentado. Eran los primeros pasos de la evolución y crecimiento, pero sobre todo de innovación de esta área. Si bien no todos los prototipos terminaron convirtiéndose en productos comercializables, aquello ya marcaba una nueva etapa dentro de la empresa.
La modernización de la Planta de Plastizados
A finales de la década anterior, Don Heriberto Amarillas envió a al Ing. Agustín Salazar a Alemania, con la gente de Ramisch, para analizar la posible compra de nueva maquinaria. Durante su estancia, le mostraron los adelantos en la tecnología de las líneas, que incluía el uso de extrusores en lugar de la tolva del polvo, con lo cual se mejoraba la calidad, la velocidad y la productividad, al poder obtener una operación continua.


En los noventa era una planta más chica. Si ahora vas a Megaplast, es una planta gigante. Ha crecido mucho y sigue creciendo».
José Antonio Anaya
Sin embargo, fue hasta 1993 que se compraron los primeros extrusores marca McNeil Akron Repiquet, en Estados Unidos, los cuales incluían dado plano en la salida.
Los extrusores que llegaron eran usados y la empresa había pagado por máquinas nuevas, por lo que se realizó un reclamo y fueron cambiados. Para la reposición, se desechó el uso del dado plano ya que no funcionaba para nuestros procesos.
Ambas calandras trabajaban con la tolva (matraca) en ese momento, por lo que los extrusores se usaban a veces en la Zimmer, a veces en la Ramisch (se movían con todo y estructuras con unos patines), hasta que en 1998 se compró el extrusor

Berstorff en Estados Unidos para uso exclusivo de la Ramisch y los primeros extrusores McNeil quedaron fijos en la Zimmer. Con estas inversiones, se logró incrementar la velocidad de producción al 100% (de 14 a 28 metros por minuto), doblando la capacidad de la planta y mejorando la calidad de todos los productos.
En esos primeros años de los noventa, también como parte de nuestros ajustes (o rediseño) operativos en aras de la eficiencia, mejoramos nuestro proceso de inspección de calidad. Desde años atrás, nuestro proceso de revisión de producto se hacía con un solo conector que trabajaba durante tres turnos, los siete días de la semana. Aunque en el papel eso sonaba como la mejor opción, resultaba complicado porque, en un proceso tan cuidadoso y que exige la máxima atención al detalle, trabajar a ciertas horas y con menos supervisión terminaba por afectar los números y aumentaba la merma. Por eso, resultaba ideal cambiar este proceso a un solo turno y, para lograrlo, invertimos en más conectores para nivelar el trabajo. Sin embargo, los tres turnos en otras áreas se mantuvieron, pues son necesarios para nuestros niveles de producción. En cada turno se trabaja diferente y cada uno de nuestros colaboradores tiene sus propias

preferencias, como uno de los más longevos, José Antonio Anaya, que prefiere el nocturno, pues, según él, trabaja con mucha más tranquilidad y su enfoque en su trabajo (el cual domina) es mucho mayor.
En 1994 falleció nuestro líder, Don Heriberto Amarillas, y ese evento marcó un parteaguas en la manera en que operamos a partir de aquel año. Pasamos por un periodo de planeación, ajuste y reinvención de la empresa, en el que nos preocupamos por mantener la esencia que nos había llevado a cumplir más de veinte años de vida. La misma esencia que la segunda generación del señor Amarillas y la señora Clara Durazo Corella llevan tatuadas en el alma. La practicidad, honestidad y sencillez que ha caracterizado a todos y una cada uno de los miembros de la familia. Un legado que hasta el día de hoy se sigue practicando y de la mano de los colaboradores se vive día a día.
Después del fallecimiento de Don Heriberto Amarillas, que había sido hasta ese entonces la cabeza de la compañía, se creó un Consejo de Administración conformado por los cin-
«Megaplast nunca cayó. Se levantó, se levantó, se levantó».
Juan Carlos Lambarén
Conectores para la inspección de lona.
co hijos de Don Heriberto: Clara Eugenia, Irma Alicia, María Elsa, Ana Guadalupe y Heriberto, quienes por fortuna –o más bien, por el buen criterio de su padre– habían aprendido, desde muy temprana edad, sobre el funcionamiento de la empresa a nivel directivo, pues Don Heriberto se había encargado de involucrarlos como oyentes en las reuniones del consejo desde la década de los setenta. A la cabeza del grupo, quedaron la señora María Elsa Amarillas Durazo como Directora General del Grupo DURCO y el señor Roberto Gutierrez Luján, como Gerente General de Megaplast.
Fue así que los procesos de toma de decisiones, los aspectos a tomar en cuenta para cada una y el lenguaje que usamos dentro de la empresa mantuvieron un estilo y un tono familiar. Gracias a la posibilidad de continuar con una ideología como base, afrontamos esta nueva etapa de Megaplast con los fundamentos necesarios para mantener el rumbo.
Por supuesto, si la transición se logró hacer de forma efectiva, fue porque la palabra familia dentro de Megaplast trasciende al apellido Amarillas. Luego del fallecimiento de Don Heriberto Amarillas, todos nuestros colaboradores ayudaron a tomar las riendas del negocio, cada uno a su manera, compartiendo

la experiencia para salir adelante. En el aire se percibía lealtad y compromiso por parte de todos para no dejar que el barco se hundiera. La misma gente y su entrega, se encargaron de seguir remando hacia delante.
Claro, para ese entonces, nos habíamos convertido en una empresa sólida, robusta, con valores bien definidos, además de ir sobre una línea estable de crecimiento.
En 1994, el área de Textil comenzó también con un proceso de modernización. Instalamos los telares LIBA, que eran de inserción de trama.
Llegamos a la mitad de la década con el país entero sumido en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. El «Error de Diciembre» había afectado a prácticamente todos los sectores de la industria y en Megaplast también llegamos a sentir los estragos de la crisis económica: el mercado se había caído, en muchos lugares se sentía pánico o, cuando menos, una total incertidumbre por el futuro. El momento fue tan
duro que nos vimos en la necesidad de dejar ir a algunos de nuestros colaboradores, con la promesa, eso sí, de traerlos de vuelta en cuanto hubiéramos «enderazado la nave». Aquella fue una motivación más para seguir adelante.
Como solución a esta situación, en 1995 definimos como una de las estrategias de la compañía buscar mercados fuera de México, para con eso reponer lo que la industria en general había perdido a raíz de la crisis. Aunque sabíamos que a futuro eso representaría crecimiento, lo vimos como un esfuerzo para recuperar a los colaboradores que habían salido de la empresa por el golpe de la crisis.
La segunda parte de la década, gracias a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), representó el arranque de nuestro crecimiento a partir de la conquista de mercados y la creación de nuevos productos. El equipo de compras, con Lidia Esther Salazar y Angélica Díaz a la cabeza, recibió la tarea de traer insumos y materias primas a precios
más competitivos para poder satisfacer a los nuevos mercados, además de competir, como cualquier otra industria, con sus productos. Por supuesto, esto incluiría la implementación de nuestro primer sistema interno para procesos administrativos, gracias a lo cual también logramos una transición logística necesaria para el volumen de trabajo y la velocidad de los tiempos. Esta apertura no solo se trataba de exportar productos, sino también, como vimos, de comprar materias primas en otros países, algo que en Megaplast nos tomamos muy en serio.
El cruce de la frontera norte:
Las primera incursiones en Estados Unidos y algunos viajes al sur
A mitad de la década, en el año de 1995, le dimos la bienvenida a Otto Soto, actualmente nuestro Gerente de Ventas de Exportación. Su llegada significaría un esfuerzo directo, una ofensiva, para salir del país. Fue así que comenzamos con las primeras exportaciones de la compañía a Estados Unidos, que no llegaron de forma fácil, pues debimos enfrentarnos a un nacionalismo salvaje, a un sinfín de puertas cerradas y miles de kilómetros por recorrer. Sin embargo, gracias a un gran esfuerzo, a la persistencia e insistencia, logramos concretar nuestra primera exportación de producto ese mismo año con la empresa Western RG Enterprise, que dirigía Dick Carter.
El intento de incursión en el mercado estadounidense en 1997 nos llevó a asistir a la primera feria internacional del ramo textil como expositores –a la cual ya teníamos ocho años de pertenecer como miembros y habíamos hecho varias visitas a sus pisos de exposición por algunos de nuestros representantes–, se dio nuestra participación de la mano de la empresa Shepherd Products, uno de los pioneros en importación de productos extranjeros en Estados Unidos, representante de la empresa coreana Han Wa. En aquel entonces, el mercado en Estados Unidos para la lona era, como
se dijo, demasiado nacionalista –por decir poco–, sin embargo, habían mostrado interés en el aliado coreano y ellos en nuestros productos, y esa fue la manera de entrar a conocer de lleno, las necesidades en lona de transporte del otro lado de la frontera.
Gracias a la asistencia a la feria IFAI aprendimos, por este potencial cliente o gran mercado, a desarrollar y modificar nuestros productos, pues en aquel entonces en México todavía no se lograba vender la lona de tejido cerrado, como lo habíamos anticipado décadas atrás. En ese momento, nuestra producción era meramente con tejidos abiertos, pero este tipo de tejido no era aceptado en el mercado estadounidense. Gracias a esto, comenzamos a trabajar en el desarrollo de este tipo de lona en lo que llamamos nuestra línea 3, que era una de las partes de nuestra Ramisch, pero adecuada para producir de forma independiente. Así es como iniciamos con nuestros productos de tejido cerrado con el proceso de semi-coating.
Sin embargo, en 1995, además de enviar productos al norte de nuestra frontera, también lo hicimos al sur, por conducto del licenciado Abraham Milán Sandoval, con una venta de 250 mil metros cuadrados a Centroamérica.
Con la inercia que habíamos producido y al infatigable esfuerzo de todo nuestro departamento Comercial y de exportación, seguimos buscando la expansión de la compañía y, en 1996, enviamos el primer camión de producto a Guatemala, en donde la transición de lona de algodón a lona plástica había tomado un poco más de tiempo. Ahí, con Belinda Cacho y Otto Soto al frente, conectamos con uno de nuestros clientes y grandes amigos, Lonas Segovia, una empresa fundada en 1968, cuando su fundador, el Sr. Luis Segovia, tenía apenas veintidós años.

Mr. Dick Carter, uno de nuestros clientes pioneros en las primeras exportaciones a Estados Unidos
Con los años, su negocio, a base de trabajo, tenacidad, y superando una competencia dura, ha logrado posicionarse como líder en su país.
Nuestra relación con Lonas Segovia ha trascendido fronteras, pues además de haber visitado Mexicali, nos han acompañado a eventos en Estados Unidos. Así como Lonas Segovia, durante esos tiempos se fueron formando relaciones con nuestros hoy más importantes clientes, como

Eurotoldos, en Costa Rica. Por supuesto, la expansión no se quedó fuera de nuestras fronteras, pues también lo hicimos dentro del país. Ese año, comenzamos con la construcción de la nave de Textiles, un proceso que concluyó en 1998, cuando logramos por fin instalarnos en ella. Sin embargo, en esos años no solo trabajamos en la ampliación de esta área, sino que también dimos un enorme paso en cuestión de tecnología dentro de Megaplast. De todas formas, algo más grande estaba a la vuelta de la esquina.
El año de 1997 ha sido uno de los más trascendentes de nuestra historia, pues celebramos el 25 aniversario de la empresa. Si bien el aniversario fue coronado con una fiesta por todo lo alto en el Club Rivera Campestre de Mexicali, a la que asistieron clientes, proveedores y nuestros colaboradores, fuimos más allá. En 1997, con motivo del aniversario, organizamos una serie de capacitaciones en nuestra planta, dirigidas a nuestros clientes, en las que aprendieron no solo sobre lona y nuestros procesos, sino también sobre la gestión de empresas familiares. Muchos de ellos son, como nosotros, compañías creadas y dirigidas en el seno familiar. Además, organizamos varias capacitaciones para nuestros mismos colaboradores, lo que ayudó a definir 1997 como un

«La misma gente nos vamos enseñando, entre todos, a hacer la lona. Los que saben y que llevan ya mucho tiempo les enseñan a los nuevos».
Jorge Valdéz
periodo de aprendizaje intenso para todos dentro de nuestra familia.
Durante los días de celebración se dieron charlas y anécdotas especiales, como aquella en la que el señor José Luis Alonso le insistió al arquitecto Mendoza, de Carpas y Lonas El Carrusel, para que enviara proyectos al IFAI, pues tenía la confianza de que estos serían galardonados por la institución.
Mientras perfeccionábamos los productos para el mercado del norte, en 1997 decidimos viajar al Cono Sur para crear alianzas con países latinoamericanos, con quienes compartíamos idioma, costumbres e incluso formas de trabajo. Luego de un estudio de mercado en Centroamérica y Sudamérica, conocimos a los principales importadores de Chile, Colombia, Venezuela, entre otros, y comenzamos a vender producto en rollo. Nuestra primera exportación fue con Lonas IKL en este año, luego de una visita del contador Roberto Gutiérrez Luján a Colombia.
Tecnología como sinónimo de productividad
Un año después de nuestro 25 aniversario, en 1998, recibimos un nuevo urdidor Liba para el área de Telares –que representaba la mejor tecnología del momento–, además de tres telares Dornier, que eran el resultado de la primera tecnología de
«Cuando piensas que ya sabes mucho de la lona, siempre hay más cosas. Ya hay muchos usos, mucho mercado, donde se utiliza. Eso hace más retador el trabajo».

transferencia positiva. A medida que las ventas aumentaban, toda la empresa iba acomodándose, ajustándose en cuanto a tecnología y capacitación de personal, no solo en Mexicali, sino también en los países en donde se fabricaban las máquinas que adquiríamos y con las que trabajábamos. Juan Carlos Lambarén, en alguna charla, recordó uno de los viajes a Italia, organizado con el objetivo de conocer más sobre la fabricación y operación de los telares. “Ha sido importante vivir estas experiencias que nos han permitido obtener más conocimiento (y volvernos expertos) sobre nuestro trabajo”.

Uno de los grandes hitos dentro de la compañía para la reducción de merma de producto y mejora de procesos fue la creación del Traveler, un documento «viajero» que va acumulando información de la producción en cada área. Su recorrido comienza en Tejidos, pasa por Plastizados, sigue a Calidad, para terminar en Clasificación y Empaque. Este documento nos permitió analizar y rastrear el paso por paso de la producción de lona y, con eso, identificar fallas con total precisión.

Clientes y colaboradores en evento conmemorativo del 25 aniversario. de Megaplast




Otro de los resultados de nuestra automatización fue que eliminamos espacio en almacenes. Esta fue una meta que logramos gracias a la implementación de procesos de manufactura esbelta y del sistema Just In Time (justo a tiempo), de la mano de José Luis Martínez, en coordinación con Angélica Díaz, y con el que logramos acercarnos a la operación coordinada, como una coreografía, en la que prácticamente no perdíamos tiempo ni espacio en la entrada y salida de productos en nuestras bodegas. Lo anterior representó ahorros que fueron de gran ayuda para la empresa, la idea era evitar la acumulación de rollos porque, con tanto inventario, necesitábamos más espacio. Por lo tanto, al mejorar la coordinación logística, podíamos tener menos material en espera y ocupar menos espacio. Al principio costó trabajo. Cuando comenzamos a ajustar esta coreografía logística, los camiones llegaban, tal cual, «justo a tiempo» (cuando enviábamos el último contenedor, llegaban los nuevos) y pasamos por momentos «emocionantes». Al poco tiempo logramos la coordinación perfecta y fue así fue como nos convertimos en especialistas en la sincronización de envíos. Mientras tanto, para el área de Exportación, logramos dominar la fabricación de lona cerrada, pudimos entrar a los mercados internacionales. El año siguiente y ya con todavía más apertura de los mercados y un marcado interés de clientes potenciales en Estados Unidos, decidimos abrir el primer depósito de Megaplast en el país vecino, este en Watertown, Tennessee. Gracias a las buenas relaciones que habíamos forjado en ese lado de la frontera en los años previos, recorrimos la costa este del país y fuimos, poco a poco, instalándonos en el mercado, pues además de que ofrecíamos precios competitivos, contábamos con la calidad exigida por nuestros clientes. Sin embargo, cerca del cambio de milenio, nos enfrentamos a un obstáculo más. La nueva apertura de los estadounidenses a la importación de materiales de otros países, atrajo también a un gran número de fabricantes asiáticos, quienes llegaron con métodos, procesos y sobre todo precios bastante reducidos, con los que era, al menos en aquel entonces, muy complicado competir. Para finales de 1999 no quedo más que cerrar la bodega, reagruparnos y replantear la estrategia para arremeter de nuevo en el mercado estadounidense.
Por fortuna, de todo obstáculo es posible crear una

oportunidad, en especial si se cuenta con un objetivo claro y una base sólida de trabajo. Sabíamos que la irrupción de los fabricantes de Asia sería un bajón temporal y que hallaríamos la manera de sobreponernos, así que, mientras trabajábamos en eso, nos dedicamos a fortalecer los lazos y el trabajo del otro lado del continente, es decir, del otro lado de nuestra frontera sur.
Por fortuna, un año antes, en 1998, habíamos cerra-

do las primeras grandes exportaciones a Colombia y Costa Rica. Ese año también abrimos nuestro primer almacén en Costa Rica y, con eso en mente, buscaríamos explorar y potenciar nuestras relaciones con Centro y Sudamérica.
La década cerró con uno de nuestros más grandes ajustes. En 2001 tomamos la decisión de dejar la compañía bajo la dirección de un gerente ajeno a la familia Amarillas por primera vez. Hasta 1994, la cabeza había sido Don Heriberto Amarillas,
después, durante cinco años, la responsabilidad de la dirección cayó en su hija María Elsa y su hijo Heriberto. Sin embargo, luego de un proceso de asesoría y profesionalización, llegamos a la decisión de que, para seguir con el crecimiento, sería necesario reforzar e institucionalizar el Consejo de Administración y dejar el timón en manos de un Director General externo. Así le dimos la vuelta a la década y, de paso, entramos al nuevo milenio.


El nuevo milenio llegó con el furor por la «vida en línea» y la digitalización feroz de procesos en la industria. Cada vez más compañías desarrollaban sitios web para sus clientes y los sistemas internos dependían del internet. En México, como si del destino se tratara, el año 2000 trajo uno de los cambios más importantes para el país, pues vivimos por primera vez la alternancia en el Poder Ejecutivo. Apenas un año después, China entró a formar parte de la Organización Mundial del Comercio, algo que también afectaría a todas las empresas del mundo que comercializábamos con materias primas. Dentro de la empresa, al plan de exportación y crecimiento para llegar más allá de nuestras fronteras se sumó el plan de la ampliación de nuestra oferta de productos, algo que se reflejó con la creación de Duraflex y Fortoflex 680 blanco opaco. La década del dos mil también fue nuestra apertura a la digitalización de procesos internos
La década del crecimiento y consolidación
para facilitar el trabajo dentro de Megaplast, pero sobre todo, para agilizar el servicio.
Cuando el mundo pasó la página del siglo XX, decidió volverse todavía más rápido, vivir en «nubes», almacenar y mover más información, comunicarse de maneras inmediatas que antes eran impensables. Por supuesto, nuestra misión era entrar de lleno al nuevo capítulo de la historia y de la industria. El cierre de la década fue para nosotros también un periodo de búsqueda, pues nos vimos en medio de una rotación de gerentes generales que representó un periodo en el que tratamos de dar con la cabeza ideal para liderar los esfuerzos de años recientes y casarlos con los planes del futuro. Los siguientes diez años serían pues un redescubrimiento de la compañía, de aprendizaje y de nuevas maneras de resolver problemas, o mejor dicho, de hallar soluciones.

Una década de cambios en todos los niveles
Uno de los hitos que marcarían no solo a la primera década del milenio, sino también el rumbo de nuestra empresa, sería la llegada del gerente Arturo Arballo a finales del año 2000. El cambio de gerencia justo cuando pasamos página al siglo pasado trajo consigo una nueva manera de entender a Megaplast hacia adentro. Con eso desarrollamos un modelo de negocio diferente, con un mayor enfoque en la calidad, en el servicio al cliente, en nuestra gente, en el liderazgo y en la planeación, además de acuerdos oficiales de colaboración comercial, como el que se logró con Jorge Kanán, de Textlón. Con ellos habíamos trabajado de diferentes maneras, pero hasta esta década lo hicimos con mayor fuerza, tanto que hoy el 80% de sus ventas vienen de Megaplast y es uno de nuestros más grandes y cercanos aliados. Fue aquel, en realidad, el paso que dimos para replantearnos la definición de una empresa familiar, de nuestro alcance dentro y fuera
de las fronteras, pero también del trabajo dentro de nuestras plantas –en procesos y entre nuestro equipo–, pues comenzamos a colaborar de forma diferente. Además, definimos metas nuevas, pero que complementarían a las que habíamos mantenido durante los pasados treinta años de vida. Así, como si se tratase de un ser vivo, de una persona en proceso de descubrimiento, el paso inicial de Megaplast con la nueva gerencia fue el de mejorar el seguimiento de nuestros indicadores, tales como la precisión en nuestros números de producción, pero también del rendimiento de nuestros equipos en cuanto a ventas y del control de seguridad industrial. Para crecer y fortalecer un modelo de negocio, era necesario saber quiénes éramos en ese entonces en cuanto a nuestra manera de trabajo y control de calidad. Por eso, el primer gran reto de la década fue el de mejorar e implementar una cultura de calidad sólida y que funcionara a futuro. Así arrancamos el siglo XXI.
Gracias a este proyecto de medición, desarrollamos una nueva visión estratégica, un modelo de planeación estratégica participativa, con los cuales, apoyados con la totalidad de nuestros colaboradores y el consejo, entendíamos nuestra visión –que nos llevaría a ser líderes mundiales a partir de la cultura de calidad–, definimos los valores que nos regirían de cara al futuro –algunos de ellos de origen y otros nuevos–, como el respeto, honestidad, integridad, trabajo en equipo y puntualidad. Luego de haber comenzado a


llevar un control más fino de indicadores, de haber establecido la visión a futuro y los valores que nos definirían, el siguiente paso fue el de definir los proyectos que nos llevarían a cumplir nuestras metas.
Uno de los logros de nuestro modelo de planeación estratégica participativa fue que, como su nombre lo dice, incluimos a todas las partes que conforman nuestro universo. Por supuesto, eso comienza desde arriba, con el consejo y la gerencia, pasando por cada uno de nuestros colaboradores y sus equipos, pero también por nuestros clientes, a quienes escuchamos, y de quienes tomamos su voz como parte de la nuestra.
Si hablamos de participación, otro de los logros fue el de incluir a todas las áreas posibles en nuestros esfuerzos de crecimiento y expansión. Fue así que tomamos la decisión de llevar a los líderes de diferentes áreas a diferentes ferias internacionales para que, al escuchar su retroalimentación o lo que pudieran absorber, pudiéramos también ajustar nuestra forma de trabajo. A fin de cuentas, los expertos en lonas siempre han sido nuestros propios colaboradores, los que crean y trabajan la lona desde bobinas de hilo hasta rollos de producto terminado. Por todo lo anterior fue que al
inicio dijimos que en esta década nos enfocamos en nuevas maneras de hallar soluciones, y qué mejor manera de hacerlo que con la participación de la mayor cantidad posible de elementos parte de la familia Megaplast.



Equipos de trabajo: la reinvención de la resolución de problemas
Fieles al tono de la década, arrancamos con el desarrollo de equipos de trabajo, una de nuestras iniciativas más populares y efectivas para encontrar soluciones que se enfocaban en fortalecer la cultura de colaboración, pero también de calidad. Creamos seis equipos para atender las cuatro áreas de mejora más importantes en aquel entonces: calidad, seguridad, productividad y reducción de costos. Al mismo tiempo, nos enfocamos en la capacitación de los líderes de Megaplast porque la transformación de toda empresa comienza desde arriba. A partir de entonces, dentro de la empresa cada uno de los colaboradores comenzamos a hablar el mismo lenguaje de calidad, de indicadores, de seguimiento de metas y análisis y solución de problemas que habíamos fijado.
Apoyo a nuestra gente
Si bien arrancamos la década con la compra de un nuevo telar Liba, nuestro tercero para la inserción de trama, los «dos miles» también fueron años de inversión en la gente: en el desarrollo de su potencial, en capacitación y crecimiento a partir del conocimiento y de la independencia de equipos de trabajo. Algunos de nuestros colaboradores salieron a capacitarse en diferentes áreas. También organizamos capacitaciones internas en las que involucramos y
detonamos iniciativas de emprendimiento interno que sin duda ayudaron y siguen ayudando a la empresa.
Nuestro programa de educación era señal de avance y crecimiento para nuestros colaboradores, algo que sin duda significaba mucho para ellos y sus familias, pero también para Megaplast. Una de las anécdotas que más se recuerdan de aquellos años fue cuando el mismo Don Polo, luego de haber asistido al programa del INEA y de haber aprendido la «regla de tres», una noche, en una de nuestras máquinas se dio cuenta de una inconsistencia y alcanzó a detener la producción él mismo y con eso evitar la pérdida de toda la producción del turno.
En Estados Unidos, las cosas, si bien habían cambiado, seguían complicándose. Justo cuando el nacionalismo comercial iba cayéndose, sucedió la tragedia del ataque del 11 de septiembre a las Torres Gemelas y, como todo fenómeno social que impacta al mundo, el efecto se dejó sentir en los mercados y el país volvió a cerrar filas a todo lo que viniera de fuera. Así, los primeros años de la década fueron de una batalla constante por hacernos de un espacio y un nombre en el mercado estadounidense. Los esfuerzos de venta se veían complicados porque los clientes potenciales le cerraban, tal cual, la puerta a todo lo que no se hubiera fabricado en USA. Debíamos enfrentarnos a estereotipos que en nada tenían que ver con nosotros, pero que sin embargo debíamos romper con paciencia.


Mientras eso sucedía, en Sudámerica nos recibían con los brazos abiertos, con ánimo de seguir trabajando con nosotros. Nunca descuidamos a nuestros socios del sur, sin embargo, dividíamos los esfuerzos entre los mercados de ambos lados de nuestras fronteras.
En el 2002, gracias a la relación que desarrollamos con Don Waldemar Kutner de Carpas IKL, en Medellín, Colombia, logramos crear nuestro producto de tejido cerrado en 750 gramos, pues él nos dio las variables críticas necesarias
para ser consistentes con la calidad que este producto demandaba. Este lleva por nombre IKL, en honor al señor Kutner, quien pasó muchos días en nuestra planta, ayudándonos a desarrollar la nueva lona. Hoy en día, Carpas IKL, a cargo de Norman Kutner, hijo de Don Valdemar, es uno de nuestros principales aliados y líder en la distribución de lonas Megaplast en Colombia.
En el 2002 seguimos con la compra de telares, y trajimos a la planta dos equipos, para iniciar con el tejido doble ancho, lo cual nos dio mayor eficiencia en espacios y equipos.
La década no solo representaba crecimiento en operación y equipos, sino que nuestra gente también iba logrando avances importantes en la manera de trabajar, de entender a la empresa y de relacionarse unos con otros y con nuestra operación. En 2002, el equipo Delfines participó en el Foro Regional de Círculos de Calidad y Equipos de Trabajo de Alto Desempeño, enfocado en procesos de mejora continua. Con un enfoque en el análisis y resolución de problemas, el líder del equipo, David Olivares, propuso el proyecto para resolver el problema de tiempos muertos en uno de nuestros procesos, pues la solución parecía ser la adquisición de un equipo que resolvería el problema, aunque claro, con un costo mucho más elevado. El equipo Delfines dio con una manera de eliminar los tiempos muertos sin la necesidad de


la compra de equipo. El trabajo fue de una excelencia tal, que concursaron y ganaron el primer lugar en el foro regional celebrado en Culiacán, Sinaloa. Eso les dio pase al evento nacional, en Cancún, en donde consiguieron el tercer lugar. Aquel año ha resultado ser un periodo lleno de anécdotas. Ese año se celebró en Monterrey, Nuevo León, la Cumbre Extraordinaria de las Américas en su Parque Fundidora y nuestra participación en el evento internacional es uno que todavía recordamos. Para la ocasión, los organizadores regiomontanos habían contratado a una empresa de Guadalajara para fabricar una estructura enorme que se utilizaría como zona de registro. Por su diseño, era una es-
tructura complicada en cuanto a materiales y confección. Era tan difícil de ejecutar, que la empresa tapatía no pudo terminarla y los organizadores buscaron a uno de nuestros colaboradores vuelto cliente, y experto en confección, Alejandro Romo, para pedirle ayuda. El señor Romo aceptó el reto, pero trabajando con nosotros para sacar adelante el proyecto. Trabajamos a contrarreloj y nos enfrentamos a un sinnúmero de obstáculos (tantos que hasta fue necesario hacer ajustes a la lona ya montada en el evento), pero tanto Alejandro Romo como Megaplast, en una perfecta mancuerna, logramos salir avantes de aquel reto.
El año 2003 fue de crecimiento en diferentes áreas: compramos la línea Magnaroll con la idea de que los clientes comenzarían a pedir más malla cerrada, pero también porque esta nueva línea de producción alemana nos ayudaría a subir la capacidad de fabricación de lona y a controlar pesos, además de combinar telas cerradas con PVC de suspensión. Gracias a la adquisición, creamos un nuevo producto, el Baffle 360 gramos (que luego cambiaríamos a 300 gramos por m2 en 2011). La compra de esta línea , que ofrece recubrimientos uniformes y multiusos, era otro paso hacia adelante, aunque de inicio, el equipo de ingenieros alemanes que llegó para instalarla tuvo algunos problemas para lograrlo. Carlos Peimberth se encargó se echarla a andar.
Además, instalamos e implementamos el sistema de planificación de recursos empresariales (ERP, por sus siglas en inglés) de Microsoft Dynamics. Era una integración de varios sistemas de informática. Es decir, logramos llevar toda la administración de producción, inventarios, ventas, en un mismo sistema, mientras que otro llevaba el control de las acciones fiscales y contables. La integración logró hacer más eficientes los procesos digitales que mejorábamos ya a pasos agigantados. Por supuesto, esto agilizó la comunicación entre áreas y resolvía la necesidad de mantener el ritmo acelerado del nuevo milenio.
En 2003, como parte del proyecto constante de evolución y mejora, también iniciamos con el proyecto de implementación de sistema en el área de calidad y trabajamos en la consecución de la certificación bajo la norma ISO 9001. En 2004, conseguimos la certificación.
En ese mismo 2004, cuando más o menos habían desaparecido las secuelas del ataque en Nueva York, algunos distribuidores habían comenzado a importar productos de la India, sobre todo porque los precios, empatados con la calidad, pudieron más que el afán nacionalista del país del otro lado de la frontera. Eso nos abrió de nuevo una ventana para regresar al mercado estadounidense. Comenzamos a exportar nuestro producto otra vez y nos instalamos en una bodega en el estado de Georgia. Las cosas iban viento en popa otra vez. Por

supuesto, los obstáculos en un lado nunca han impedido el avance o crecimiento dentro de la empresa y, en 2004, compramos cuatro telares Sulzer y creamos otro nuevo producto, el Fortolite FM para llegar al mercado de fumigación.
Mientras eso sucedía, nuestro departamento de Aseguramiento de Calidad se enfocaba en cambios que para el ojo no entrenado podrían parecer minúsculos, pero que en realidad surtieron un gran efecto para la compañía. En nuestro laboratorio estandarizamos las muestras patrón en cuanto al uso y aplicación del color en Megaplast, un proyecto que redujo los reclamos en el mercado porque eliminamos la diferencia entre tonalidades de la lona y logramos acercarnos a las necesidades de cada cliente. Logramos un solo color sin importar el material que produjéramos.
La primera mitad de la década llegó con otra de las tragedias que logran desestabilizar los mercados. En 2005, el huracán Katrina golpeó con fuerza devastadora al sur de Estados Unidos y desestabilizó los precios de materias primas en varios puntos geográficos, algo que nos orilló a aumentar nuestros precios de venta y, de nuevo, a cerrar o detener nuestro avance en Estados Unidos. Nuestra irrupción en aquel mercado tendría que esperar. Por fortuna, así como sucedió en el pasado, nuestros productos fuertes y establecidos en Colombia y en Centroamérica nos ayudaron a compensar lo ocurrido en el norte.

San Miguel de Achuitla
Este «pueblo lonero», como muchos le llaman, está ubicado en Oaxaca y ha visto nacer a muchos confeccionadores que siguen firmes, como Cylom –o el Grupo Montes–, un grupo familiar que ha llevado Lonas Fortoflex en la sangre y que nos ha representado en su pueblo con orgullo. Por nuestra parte, hemos colaborado en el apoyo a la comunidad, y como respuesta, el pueblo nos lo ha agradecido con el homenaje de darle el nombre de Don Heriberto Amarillas a una de sus calles. Año con año festejan su tradicional feria a la que hemos asistido con alegría.
La segunda mitad de una década activa
De 2005 a 2010, nuestro enfoque fue Latinoamérica, en donde no habíamos llegado a vender producto confeccionado, pero sí instalarnos con solidez en el mercado de rollos. En 2005, implementamos un procedimiento para la evaluación al empleado. Aquellos eran tiempos de atención al trabajo individual y colectivo, centrados en la persona. Ese año decidimos lanzar el reconocimiento al empleado del mes –producto del proceso de evaluación–, que incluía la entrega de despensas y reconocimientos por escrito del Gerente General en turno.
La filosofía de las Minicompañías
El énfasis en la mejora de nuestra gente fue mucho más allá durante la primera década del nuevo milenio. Además de llevar el trabajo de nuestros equipos a la arena nacional, en donde alzamos la mano y mostramos el trabajo en equipo que veníamos desarrollando, en el 2005 implementamos uno de nuestros sistemas de gestión de personal más celebrados, las Minicompañías. Este se ideó con el objetivo de darle una mayor responsabilidad a nuestros colaboradores por sus propios objetivos y metas a partir de la formación de empresas den-



tro de la empresa: cada área es una compañía que cumple dos papeles, el de proveedora y el de cliente. Con esto, logramos integrar de manera más tangible a nuestros colaboradores dentro de sus áreas. Por un lado, su compromiso directo al hacer su trabajo dentro de Megaplast no va con el ente mayor (nuestra empresa), sino con una compañía reducida, conformada por compañeros directos con un nombre y un rostro, que dependen de otra minicompañía para cumplir con su trabajo de forma eficiente. Por el otro, son parte de un equipo que debe cumplir con objetivos internos que suman al todo, pero contribuyen a las demás partes, a las otras minicompañías. Al momento de sentirse con dicha responsabilidad y a la vez parte de Megaplast, cada colaborador se preocupa más por lograr esos objetivos y respetar sus indicadores para fortalecer a la empresa.
También en 2005, comenzamos con el cambio de la planta de Confección, pasándolo de un proceso que conocíamos como casi artesanal –en el que, si bien se cuidaban al máximo los detalles todavía no se adecuaba a la velocidad de nuestro crecimiento–a uno de manufactura esbelta para maximizar productividad y reducir tiempos y merma. Fue un cambio que tomó tiempo, pero gracias a su implementación hoy producimos en un mes lo que lográbamos en todo un año en aquel entonces.
Ese mismo año, compramos dos telares Sulzer, pues la producción de la compañía iba en franco aumento. También, fieles al espíritu de la década, creamos otro producto, el Fortoflex 800, fabricado para la elaboración de cortinas avícolas. Gracias a ese desarrollo, firmamos un contrato con una de las multinacionales mexicanas más importantes, Bachoco, una empresa dedicada a la avicultura y cría de cerdo, que si bien ya era un cliente muy importante desde los noventa, fue aquí que logramos firmar un acuerdo donde Bachoco certificaba la lona de Megaplast para ser utilizada en sus casetas. Seguimos con el desarrollo de productos y ese año nacieron Mega IKL 355 y 470, un par de alternativas de peso ligero para cubierta camionera en Estados Unidos.
El 2006 marcó una etapa muy importante para Megaplast, ya que en ese momento, Roberto Arturo Gutiérrez Amarillas, nieto de Don Heriberto y miembro de la tercera generación, inició su participación activa en la vida Megaplast como miembro del Consejo de Administración. En ese momento arrancó un proceso natural en las empresas familiares, que es el de pasar la estafeta. Un proceso planeado, estructurado y con la idea de que las nuevas generaciones conozcan la vida de la empresa.



El año que partía la década también nos llevó a seguir creciendo en cuanto a la presencia en otras geografías: llegamos al sureste de México con la sucursal en Oaxaca.
En 2006, decidimos abrirle al puerta a personas con capacidades especiales, seguros de que es posible encontrar el potencial de cada persona si nos enfocamos en sus cualidades o fortalezas y no en las debilidades. Uno de nuestros colaboradores ganó incluso un primer lugar en el rubro laboral dentro de una competencia en logros para personas con capacidades especiales. Gracias a eso, logramos darle cabida a colaboradores excelentes, de quienes aprendimos mucho más de lo que quizá hayamos podido enseñarles.
Ese mismo año, continuamos nuestro crecimiento en el país con nuestra sucursal en Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, sin embargo, uno de los brincos más grandes se dio en la segunda mitad de la década, cuando logramos completar nuestras propias rutas de distribución, cuyos puntos de partida eran los Cedis que ya teníamos instalados en diferentes puntos del país. Nuestro objetivo fue el de cumplir con los tiempos de entrega con nuestros clientes, pues somos conscientes de que nuestra red de distribución es una de nuestras fortalezas. Esta ventaja competitiva que desarrollamos se dio a partir de la visión de Don Heriberto Amarillas.
En 2007, ya con la apertura de China al comercio internacional, decidimos realizar los primeros viajes a Asia para buscar insumos que nos ayudaran a mejorar nuestra competitividad en el mercado. Las primeras expediciones corrieron a cargo del equipo de compras, con Angélica Díaz y Lidia Esther Salazar, así como de Otto Soto y Guadalupe Salazar.
Por supuesto, la exploración de mercados para obtener el producto significaba que nuestra empresa seguía su ascenso. Por eso, ese año también logramos un hito más de crecimiento, pero este en cuanto a personal. El aumento en el volumen de operaciones nos impulsó a crecer a una plantilla de doscientos colaboradores.

Con la llegada a mercados extranjeros, incremento de colaboradores y, por supuesto, nuevos productos para satisfacer las necesidades del mercado nacional y de exportación, se percibía que se estaban haciendo las cosas bien. Ese año creamos la versión brillante de Mega IKL 540 gramos para llegar al mercado de brincolines en México.
La tecnología y los datos crecen a pasos agigantados
En 2008, comenzamos a utilizar un sistema integrado con módulos administrativos y de producción porque la cantidad de información generada por la empresa en el lustro anterior exigía un cambio y una integración de sistemas. El proyecto implico un esfuerzo titánico de nuestro departamento de Informática, pero todo con el objetivo de seguir con nuestra modernización.
Fue en este mismo año que, de la mano de Ernesto Caro, inicia formalmente nuestra relación con Brincolines Miguelín, lo que significó otro salto en el crecimiento de nuestro aliado, sobre todo gracias a la serie de capacitaciones que en Megaplast ofrecemos a nuestros clientes. Miguel

Rocha, de hecho, ha recordado el primer viaje que hicieron a Mexicali para capacitarse en los procesos de producción y confección, además de las capacitaciones de administración de empresas que les sirvieron como herramienta para continuar con su camino, aquel que había empezado diez años atrás, con tres personas a su cargo y en una cochera.
Gracias al desarrollo del producto MegaIKL, realizado por el Sr. Waldemar Kutner a inicios de la década, y con el apoyo de Brincolines Miguelín –uno de los líderes en producción de juegos inflables en México–, fue como Megaplast incursionó en el mercado de los inflables de manera directa.
En el 2009, el señor Sergio Ahumada se convirtió en el Gerente General de Megaplast, dándole un enfoque analítico y financiero a nuestra labor.
Entrado el nuevo milenio, dentro del torrente de cambios, ajustes, procesos de adaptación, y con la intención de

buscar mayor eficiencia y mejorar la calidad de nuestras confecciones, nos tocó explorar más allá de nuestros equipos tradicionales en el área de Confección, es decir, buscar alternativas al ratón que habíamos diseñado años atrás (y que seguimos utilizando). En ese año, compramos nuestra primera selladora marca Miller. Desde aquella primera compra ha pasado el tiempo y hoy contamos con seis selladoras de este tipo.
Confección ha sido uno de nuestros orgullos de los años más recientes. En estos años, de la mano de Javier Perales y José Luis Martínez, el área presentó al Consejo un proyecto productivo de mejora en el que se proponía una reconfiguración del plano de producción de la planta de Confección. Se aceptó, llevó a cabo y fue una hazaña que nos valió un premio productivo estatal.
De ahí, el 2009 llegó con uno de los problemas más fuertes a los que se ha enfrentado la economía mundial, que sucedió a raíz de la crisis inmobiliaria de Estados Unidos de 2008, un suceso que impactó de forma negativa a prácticamente todas las industrias. Debido a eso, aquel fue el año de menor producción en la década. Además, nos vimos en la necesidad de dejar de producir algunos productos, aunque eso luego se vería resuelto con producción y el desarrollo de la Multilona 600, un producto desarrollado para el mercado de 18 onzas, pero a un precio más económico. Como siempre, esta era una manera de irnos adaptando no solo al mercado, sino a las bolas curvas que el mundo nos va lanzando.


La década de 2010 podría entenderse como un periodo de reacomodo, de reorganización de piezas para prepararnos para el crecimiento que proyectábamos a partir de la definición de detalles esenciales y consolidación del liderazgo a nivel nacional. El crecimiento en producción nos llevó a aumentar el número de colaboradores y reacomodar ubicaciones para satisfacer la nueva producción, pero también fue necesaria la especialización en ciertos métodos de desarrollo de productos y de dar un brinco tecnológico, una evolución que se mostró desde el cambio de nuestro eslogan, que cambió de Fabricantes de lonas a Soluciones en telas sintéticas. La nueva versión, para ese entonces, definía de mejor manera no solo el presente de Megaplast, sino también –y más importante– nuestro futuro.
Por supuesto, como todo capítulo dentro de cualquier historia, abrimos esa década con una eventualidad que nunca nos hubiéramos imaginado. En 2010, un 4 de abril a las 3:40 de la tarde, la ciudad de Mexicali sufrió un terremoto de 7.2 grados en la escala de Richter. Hasta ese entonces nos habíamos enfrentado
La década de la diversificación y proyectos
a desastres naturales en otros lados, a crisis económicas internacionales o a nivel país, pero nada que nos pegara tan cerca.
Por fortuna, aquel día de abril fue un domingo de Semana Santa y en toda la planta solo había dos guardias de seguridad, quienes estaban ubicados cada uno en su caseta, fuera del edificio. Además, ese fue el primer año en que decidimos enfriar los rodillos de fusión de las calandras durante el paro de tres días, por lo que no dejamos personal de mantenimiento de guardia. Estas dos «coincidencias» fueron clave en la salvaguarda de nuestros colaboradores.
Dentro del edificio, los daños materiales fueron menores: se quebraron varios ventanales grandes que separan el urdidor de la sala de telares; en una de las paredes de la nave cayeron ladrillos desde la parte más alta (más o menos siete metros de altura); encontramos archiveros y algunos monitores en el suelo; por fortuna, en general, la maquinaria no sufrió daños, y pudimos reanudar operaciones el 5 de abril por la noche (se tomaron dos turnos para la limpieza, orden y arranque de las líneas de producción).
En medio del caos que aquel año parecía traer, decidimos cambiar la ubicación del Cedis Occidente a modalidad de Parque Industrial en Tlaquepaque, Jalisco.
Dos años después, luego de identificar una demanda de lona para elaboración de ductos o mangas de ventilación en la industria de la minería, creamos uno más de nuestros productos, el Econoflex 500 gramos.
También cambiamos la ubicación del Cedis Noreste a modalidad de Parque Industrial en Guadalupe, Nuevo León.
Sin embargo, quizá el paso más grande ese año fue en el área de Logística, pues en ese entonces casi todo el proceso de importación se hacía con nuestros proveedores. Migramos a un proceso interno, con el cual logramos firmar contratos propios con navieras para bajar costos y eliminar límites de control, cambios y tiempos.


En el año 2012, contratamos a Marco Acevedo, nuestro actual Contralor, que derivó del proyecto de crecimiento, mejora de estructura y de mejores controles. Marco llevaba años conociendo a Megaplast, pues había sido auditor externo, representando con ello un gran proyecto estructura administrativa hacia el crecimiento. Sin duda es de nuestros grandes pilares.
En 2013 nació nuestro Centro de Control (CDC), con el objetivo de que sirviera como enlace entre las áreas de Ventas y de Producción, y eso sucedió el mismo año que llegamos a nuestra producción más alta de la historia hasta ese momento. El CDC nos permitía recibir órdenes de ventas, procesarlas en un tiempo máximo de veinticuatro horas y, de forma automática, arrojar un tiempo de entrega específico. Es un proceso de manufactura esbelta que ha logrado un aumento en la eficiencia y en la producción de la empresa. Megaplast iba modernizándose en sus procesos, ya no solo en productos, sino también en la forma interna de trabajar. Para 2013, migramos al sistema de planificación de recursos empresariales (ERP, por sus siglas en inglés) totalmente integrado y ajustado a la operación de la empresa EPICOR. Después de una serie de reuniones, charlas e investigación que incluyo viajes y visitas con varios desarrolladores, nuestro equipo de Sistemas liderado por Liliana Espinoza, nuestra Jefa de Sistemas, comenzó la migración al nuevo sistema que ofrecía mayor seguridad, era más rápido y práctico para la empresa. Es el que hemos utilizado hasta la fecha, y ha seguido evolucionando junto con la compañía.

La salud es primero
Aquel 2013, de la mano de Irma Aragón, de Recursos Humanos, y de Alberto Elizalde, encargado del área de Seguridad Industrial, se iniciaron nuestras Jornadas de Salud y Seguridad, esto porque fue una iniciativa pensaba cien por ciento en el bienestar de nuestre equipo. Desde ese entonces, dedicamos un mes completo del año a hablar y capacitar a nuestros colaboradores en temas de salud, no solo para ellos, sino también para sus familias. A través de charlas, actividades de vacunación, revisiones médicas y cursos, todos aprendemos a cuidar de nosotros primero. El evento de cierre es la ya tradicional carrera de 5K, que se corre en la zona industrial aledaña a Megaplast. Este es uno de los eventos más queridos por la familia Megaplast. Para nosotros, esta carrera fue y ha sido una claro ejemplo de cómo convivimos aquí en nuestra compañía.
Unos años después de nuestra primera carrera interna, decidimos entrarle a otra, pero esta en beneficio de una causa noble: la lucha contra el cáncer de mama. Llevamos seis años corriendo la carrera de Pasos Rosas y la asociación que la organiza se ha convertido en uno de nuestros socios en las
Jornadas de Salud y Seguridad, con pláticas sobre prevención y detección de esta enfermedad.
En Megaplast nos gustan los deportes y través de nuestros 50 años hemos tenido equipos de beisbol, softbol y futbol. Quizá estos años han sido de los más exitosos, pues nuestro equipo de futbol llegó a dos finales consecutivas en el Torneo de Futbol Zahorí, en los años 2014 y 2015, capitaneados por Víctor Manuel Torres Soto y Everardo Felipe Lemus Cárdenas.

Participantes de Expo Mantaraya y festejo de cumpleañeros del mes

Por supuesto, para tanta actividad física, es necesario alimentarse bien. En 2014 nació uno de los eventos insignia dentro de las convivencias de Megaplast: la competencia de preparación de mantarrayas. Si bien veníamos ya con experiencia en carnes asadas y en parrilladas entre departamentos, fueron (y siguen siendo) las recetas de mantarrayas de nuestros colaboradores las que más apetito despiertan entre todo nuestros equipos –son muchos los que hacen ayuno para poder disfrutar de todas las recetas– y una de las favoritas es la de Omar Verdugo, hecha al estilo Sinaloa. Todo comenzó con un reto que lanzamos para ver quién tenía la receta más deliciosa. Le llamamos la Expo Mantarraya. Desde entonces, cada enero, festejamos a los cumpleañeros y no cumpleañeros de la empresa con un banquete esperado por todos.
En 2015, arrancamos con nuestro Proyecto Integral de
Confección, cuyo objetivo era el de expandir el área de Confección para acomodar lo necesario para su crecimiento, un espacio de tres mil metros cuadrados.
Ese mismo año nace nuestra empresa hermana en Estados Unidos, Plastic Fabric Solutions, con la intención de tener mayor presencia en nuestro país vecino y atender las necesidades de nuestros clientes de exportación. El ecuador de la década marcó otro de los hitos más importantes para nosotros, pues logramos llegar a trescientos colaboradores. Crecíamos por todos lados.
Para este año, ya éramos una empresa que compraba insumos por todo el mundo: Asia, Europa y Estados Unidos. De igual manera, nuestras exportaciones seguían incrementando.
En ese momento, el Consejo de Administración ya estaba constituido meramente por miembros de la tercera genera-

ción: Roberto y Pablo Gutiérrez Amarillas, José Fructuoso y Ricardo Álvarez Amarillas, encabezados por Jorge Octavio
Vildosola Ahumada. En esos años, tomamos la iniciativa de una participación más activa del Consejo dentro de la vida de la empresa, aunque siempre al margen de la operación. Se inició una etapa de visitas a proveedores, a exposiciones y una relación más estrecha con los clientes.
Los años recientes han visto un cambio marcado en las compañías, casi sin importar su giro. Aunque hemos mantenido alianzas comerciales y relaciones cercanas con clientes desde nuestros comienzos, el comportamiento del mercado nos ha pedido acercarnos más a nuestra identidad, no solo para definirla, sino para mostrarla de manera atractiva y potenciar el alcance. Como parte de esta digitalización de la empresa, en 2015 lanzamos la primera aplicación digital de Megaplast para administrar la actividad comercial.
Aunque lo anterior habla del negocio, en esta compañía todo vuelve a la gente. Fue en este año que arrancamos con la iniciativa de integración en cada uno de nuestros centros de distribución, un evento de dos días en cada uno de los CEDIS en donde con psicólogos y especialistas en comunicación organizacional acercamos a nuestros colaboradores para lograr un mejor entendimiento entre ellos, una dinámica ideal, y una operación más armónica, gracias a que todos se conocen mejor. Esto ha servido de maravilla para darles más herramientas de liderazgo y trabajo en equipo, mismas que les servirán toda una vida.
En 2016, creamos a Fortino como personaje representativo de un rollo fuerte de lona, con la idea de utilizarlo no solo en la comunicación visual de la empresa, sino también en las redes sociales, que deberían tomar un mayor protagonismo en la estrategia comercial de Megaplast.


La década que a todos nos retó
La década que apenas comienza tomó por sorpresa al mundo entero. Al cierre de 2019, cuando todos nos preparábamos para festejar el cierre de los 2010, quizá sin darle mucha importancia escuchamos noticias sobre un nuevo virus que se había detectado en China y que había provocado el cierre de ciudades enteras. Los expertos pedían al mundo prepararse para lo que se venía, aunque la respuesta fue variando de país en país. Lo cierto fue que, para el primer trimestre de 2020, la noticia de la pandemia de Covid-19 ya se había vuelto una realidad para el planeta. Así fue como comenzamos la década, no solo con los retos inherentes a nuestra industria y al cumplimiento de nuestros planes y estrategias, sino a uno todavía más grande, que era el de hacerle frente a la crisis de salud más grande de los últimos años.
En ese momento, y como resultado de un proceso de organización y planeación bien definido que duró varios años, nuestro Director General, José Fructuoso Álvarez Amarillas, inició su gestión en
marzo del 2020. Es la primera vez que un miembro de la tercera generación de la familia ejerce un liderazgo operativo dentro de Megaplast.
La crisis de Covid-19 fue y sigue siendo un enorme reto para las empresas y quienes formamos parte de cada una. Los esfuerzos no siempre vienen de afuera y es necesario que todos aprendamos a superar los problemas, los obstáculos que se nos van presentando. En Megaplast respondimos al llamado de la pandemia de forma interna, con la implementación de protocolos de seguridad y cuidado de nuestros colaboradores a través de la realización exhaustiva de pruebas de Covid, uso obligatorio de cubrebocas, trabajo en casa para áreas administrativas y mucha comunicación de nuestro personal de Recursos Humanos y Seguridad Industrial, pues la necesidad de nuestros productos y su calidad exigían un redoble de esfuerzos dentro de la empresa.

Recibimos la pandemia con un cambio de dirección de la empresa, lo que ya de por sí sería un ajuste. Por eso, nuestro primer paso (luego de recopilar toda la información científica y de seguridad disponible por fuentes oficiales) fue el de escuchar a nuestra gente.
La preocupación principal era la salud de nuestros colaboradores. Debíamos escuchar a quienes abogaban por mantener las operaciones, pero también a quienes, con toda razón y por precaución, se inclinaban a detener el trabajo hasta sentirse seguros. A final de cuentas, el manejo de la crisis sanitaria dentro de nuestra empresa pasaba por cuidar de cada una de las personas que la conforman, tanto en salud como en sus ingresos, porque había que mantener un equilibrio, de forma inteligente. Debido al decreto presidencial, en el cual se estableció el catálogo de industrias y negocios esenciales, muchas empresas tuvieron que cerrar sus operaciones por considerarse no esenciales y eso dejó a cientos de miles de personas sin un ingreso precisamente en uno de los peores momentos que hemos vivido como humanidad. Por lo tanto, el reto fue el de cuidar ambos aspectos de las vidas de nuestros colaboradores.
También lo hicimos de forma externa, pues debíamos
responder al pico de demanda y el ajuste de productos necesarios para adaptar al país y al mundo a la pandemia. Fue así que el destino de nuestra lona fue para hospitales móviles, colchonetas, cápsulas de aislamiento y cabinas de sanitización, entre otros.
La pandemia de Covid-19 afectó varias de nuestras áreas, como la de Logística, sobre todo con la disponibilidad y suministro de materias primas. Sumergido el mundo en la peor crisis en varias décadas, fleteros y transportistas, ya fuera por órdenes de cada gobierno o movidos por la necesidad misma, priorizaron el movimiento de materiales y productos esenciales como productos médicos, lo que provocó amplios retrasos en sus cargas usuales. De inicio, los tiempos de entrega y suministro de insumos para fabricar nuestros productos se alargaron, provocando que la comunicación constante con nuestros proveedores fuera más estrecha, así como la búsqueda de proveedores alternos. Sin embargo, gracias a una excelente planeación, logramos contar con insumos suficientes para satisfacer las necesidades del mercado. Nos enfrentamos a problemas como el de puertos cerrados por completo durante semanas, incluso meses, y el equipo encabezado por Angélica Munguía respondía rápido ante cada nuevo evento al cual debían ajustarse para seguir

moviendo nuestros productos a los mercados nacional y extranjeros.
La pandemia trajo consigo contracciones en mercados donde Megaplast tenía presencia importante, como los relacionados a eventos sociales, y con ellos reducción en la venta de productos para carpas, inflables, entre otros.Megaplast terminó convirtiéndose en parte vital del manejo de la pandemia a escala mundial, pues con la crisis llegaron también nuevas necesidades para apoyar a las dependencias y organismos que dedicaron tiempo y arriesgaron sus vidas para mantener al mundo a flote mediante hospitales móviles, cápsulas para transporte de personas enfermas, túneles para desinfectar, cubiertas para los alimentos, entre otros. Aunque al principio hubiera sido difícil de ver o entender, nos convertimos en un actor importante de la respuesta al Covid-19.
Dentro de la empresa implementamos medidas de seguridad extremas y necesarias. Cada una de nuestras plantas y oficinas se adhirieron a protocolos de seguridad, la gente colaboró al cien por cien. Nos aseguramos de aplicar cientos de pruebas para llevar un control de infección dentro de la empresa, atendimos no solo a nuestros colaboradores enfermos, sino también a sus familias.

Al final, el saldo fue positivo, pues logramos mantener las fuentes de ingresos de cada uno de nuestros colaboradores y redujimos al máximo el riesgo de trabajar durante los dos años que llevamos de pandemia.
Todos teníamos miedo al principio, pero con liderazgo y trabajo en equipo salimos adelante. Fuimos agresivos desde el punto de vista del negocio, con la intención de contar con producto suficiente para satisfacer las necesidad de nuestros clientes. Esto también provocó que tuviéramos la necesidad de establecer estrategias disruptivas para segmentos definidos.





El 2020 fue un año muy complicado y de mucha incertidumbre, ya que algunos segmentos naturales de nuestro mercado –como el de carpas e inflables, directamente relacionado con eventos sociales–, se vieron afectados durante todo el 2020 y 2021. Esto orilló al equipo en pensar de manera diferente. En esos tiempos, la planeación estratégica previamente establecida ayudó a que todo el equipo se coordinara y buscara un mismo objetivo. A inicios del 2020, la palabra clave fue «sobrevivir».
A pesar de lo anterior, el crecimiento y las inversiones no pararon, tampoco la inversión en telares (ocho, hasta ahora), necesarios por el incremento de nuestra demanda de tela. El presente y los próximos años también nos piden crecimiento en Confección, representado con la llegada de tecnologías de punta para sellados diferentes –como el de alta frecuencia–, además de nuevas mesas de corte, con las que mejoraremos en eficiencia, ganaremos en exactitud y nos brindarán la capacidad de ofrecer productos diferenciados en el segmento de confección de lona.
Todavía en un estado complicado de las cosas a escala mundial, seguimos cumpliendo con nuestra estrategia de negocio y, durante el primer año de una década que pintaba oscura, en 2020, abrimos la sucursal de Querétaro para cubrir la zona industrial del Bajío. Cinco años después de un gran brinco en el crecimiento de colaboradores, logramos sumar cien más y, este año, ya contamos a cuatrocientos dentro de nuestra familia.
Logramos sobrevivir al primer año de la pandemia gracias al extraordinario trabajo y compromiso de todos y cada uno de los colaboradores, siguiendo la dirección de nuestra área de Seguridad, que trabajó en conjunto con el resto del equipo para asegurar que la prioridad en esta etapa tan complicada hubiera sido cuidad a cada uno de nuestros colaboradores.
A pesar de y con lo complicado que fue el 2021, ese año ha sido el de mayor producción y venta en nuestra historia. Como resultado de este crecimiento, y fieles a nuestra planeación 2024, decidimos construir la segunda planta de confección para incrementar nuestra capacidad en más de 40%.


No podíamos quedarnos atrás en los avances tecnológicos, ya que si antes de la pandemia existía una tendencia a la venta en línea, el Covid-19 aceleró de manera exponencial la necesidad de contar con este canal de venta.
En agosto de 2021, lanzamos nuestra primera tienda en línea para Estados Unidos, en la que ahora se pueden adquirir rollos y productos confeccionados. Este año también logramos uno de nuestros objetivos para mejorar la experiencia de nuestros colaboradores con la instalación de nuestro primer comedor subsidiado para las plantas de producción y confección.
En 2022, gracias al crecimiento en ventas del año anterior y a la proyección positiva para los siguientes, nos vimos en la necesidad de ampliar nuestra capacidad de producción de lona, sobre todo de tejidos abiertos. Por eso, invertimos en una línea completa de plastizados para la fabricación de lonas con PVC. Esta línea, además de producir nuestros productos actuales, nos dará la capacidad de producir película plástica sin refuerzo textil, una característica que nos ayudará a ampliar nuestra gama de productos. También, permitirá mejorar la calidad de los productos ligeros fabricados en cuanto a la distribución de peso. Esta línea incrementará nuestra capacidad de plastizados para poder cumplir con nuestros objetivos estratégicos para el 2026.
Ha sido un largo recorrido este que comenzó de forma oficial en 1972. Este año, celebramos nuestro 50 aniversario y por ese motivo hemos hecho un ejercicio de reflexión e introspección en el que repasamos cada uno de nuestros logros, fracasos, las oportunidades que aprovechamos y también las que dejamos pasar. Recordamos nuestros aprendizajes y hemos visto hasta dónde nos han traído. Reconocimos a todos aquellos colaboradores que nos han hecho lo que somos, que con su trabajo, compromiso, cariño a la compañía y a sus compañeros, le han dado forma y sobre todo una identidad a Megaplast. Este libro ha sido una manera de reunir todas las voces en una sola para luego llevarla a la página impresa. Es también un homenaje fotográfico a nuestra historia, a nuestros espacios y a los rostros que los llenan cada día.
Pero así como estos cincuenta años han servido para recordar, conmemorar y honrar nuestra historia, han sido también motivo de ver hacia delante, de contemplar los siguientes cinco, diez y cincuenta años. Nuestro aniversario es una razón más para enfocar la mirada al futuro y para seguir escribiendo la historia. Con eso dicho, ¿qué viene para Megaplast?

Un equipo nuevo que arranca producción en 2023, proyectando el crecimiento y ofreciendo una mayor disponibilidad y capacidad a nuestros clientes.

El comienzo de los próximos
Decidimos comenzar a escribir los siguientes cincuenta años de nuestra historia con un récord digno de los líderes de la industria en el país. Instalaremos una nueva línea de producción con la capacidad de producir película sin textil, lo que nos dará la capacidad de producir una serie de nuevos productos. Por supuesto, también apostamos a darle un mayor enfoque a la exportación en productos de rollo y confección.
La manera de innovar dentro de nuestra industria ha cambiado en los últimos años. Si bien comenzamos a crear productos a partir de una filosofía de adecuación al mercado a finales de la década de los años noventa, es ahora, treinta años después y durante los siguientes ocho años de los «años veinte» del siglo XXI que seguiremos buscando las próximas tendencias para evolucionar y ser actores más propositivos en productos de membranas plásticas. En esta década también traeremos equipo nuevo para producir nuestros productos clave. En Confección, trataremos de seguir mejorando nuestro entendimiento del cliente final para continuar adentrándonos en los diferentes mercados y posicionarnos mejor en México, pero también como
una alternativa de valor en confección dentro del mercado estadounidense, en cubiertas e inflables, desde diferentes frentes.
Oportunidades de expansión y de ofensiva
Una de nuestras metas a corto plazo es la de aumentar nuestros centros de distribución en Estados Unidos, pero también nuestra participación en el consumo de metros cuadrados de lona en el país vecino. Por lo mismo, hemos crecido el número de colaboradores en nuestra área de Exportación. Es sin duda un proyecto que tomará tiempo, pero al que le hemos y seguiremos apostando para ampliar las fronteras de Megaplast. De la misma manera, buscamos un crecimiento en la colocación de nuestros productos en Centro y Sudamérica
A partir de esta década, hemos sumado ideas a nuestra filosofía, pues sin duda nos hemos movido a la ofensiva. Hemos liberado una nueva energía. Descubrimos que nuestros colaboradores están listos para dar los siguientes pasos, los necesarios para llevar y enarbolar la bandera de Megaplast

todavía más alto, algo que se verá reflejado en la década de 2020, pero también en la de 2030 y en las que siguen hasta cumplir los 100 años de la compañía.
En el futuro de Megaplast, seguiremos creciendo como familia, como una unión de ideas que van aportando y construyendo una filosofía de trabajo coral que ha hecho que quienes han pasado por la compañía y quienes siguen aquí, se sientan como parte de un universo. Cada persona desde su trinchera ha cuidado el negocio y desarrollado la cultura de Megaplast.
años
Durante la escritura de este libro, hemos compartido el orgullo, la pasión, el crecimiento, el espíritu familiar, el compromiso y nuestra admiración por los grandes pilares que han logrado que hoy lleguemos hasta aquí. El 24 de junio de 2022 cumplimos 50 años. Fue algo que para muchos pudo haber sido impensable en nuestros inicios. La mejor forma de festejar y agradecer este gran logro fue con NUESTRA GENTE, nuestra alma, que nos ha permitido alcanzar todas nuestras metas y las muchas que nos faltan. Este gran festejo nos permitió no solo bailar por horas, sino reconocer dos grandes rubros, los 19 pilares de la empresa y los 50 del 50.






Los pilares de Megaplast
Los 19 pilares son personas que, gracias a su pasión, lealtad y tenacidad, han logrado posicionar a Megaplast en donde se encuentra hoy. A lo largo de su trayectoria, han vivido la experiencia de pasar por diferentes etapas en la empresa, pero lo más importante ha sido que gracias a su visión compartida han sido el soporte necesario para crecer y han dejado un legado que será recordado y reconocido por muchos años.

1. Heriberto Amarillas Heras
2. Clara Durazo Corella
3. Clara Eugenia Amarillas Durazo
4. Irma Alicia Amarillas Durazo
5. Ana Guadalupe Amarillas Durazo
6. María Elsa Amarillas Durazo
7. Heriberto Amarillas Durazo
8. Jorge Octavio Vildosola Ahumada
9. José Carlos Villanueva Ramírez
10. José Guadalupe Salazar Cuevas
11. Javier Perales Dávila
12. Alberto Elizalde Garibay
13. Marco Antonio Acevedo Vargas
14. María Angélica Munguía Morales
15. María Angélica Díaz Navarro
16. Liliana Espinoza Piña
17. Otto Fernando Soto Durazo
18. Rafael Palacios Meléndez
19. Carlos Sergio Reyes Balderrama









Los 50 del 50
50 personas que han dejado huella en la vida de Megaplast, reconociendo a las muchas otras que lo han estado haciendo.
Abel Casas Morales
Agustín Salazar Amarillas
Alberto Elizalde Garibay
Anita Ávalos Hernández
Arturo Javier Orozco Espino
Camelia Félix Galvez
Carlos Espinosa Cano
Carlos Heredia Cortes
Ernesto Antonio Caro Ávalos
Fabiana Alvarado Antuna
Federico Valenzuela Agüero
Felipe De Jesús Mendoza Martínez
Guadalupe Enrique Jiménez Cruz
Heriberto Soria Arellano
Hugo Guadalupe Torres Pérez
Irma Lidia Aragón Castro
Jaime Cota Villaseñor
Javier Perales Dávila
Jorge Octavio Vildosola Ahumada
Jorge Octavio Vildosola Amarillas
José Antonio Anaya Sierra
José Carlos Villanueva Ramírez
José Fructuoso Álvarez Amarillas
José Guadalupe Salazar Cuevas
José Julio Esparza Castro
José Luis Martínez Barrios
José Mauricio Escalante Cruz
Karla Neyfit Romero García
Liliana Espinoza Piña
Liliana Gabriela Chávez Acosta
Manuel Eduardo Ramos Cortez
Manuel Noé Fernández Burruel
Marco Antonio Acevedo Vargas
María Angélica Díaz Navarro
María Angélica Munguía Morales
María Esther Sánchez Zermeño
Martin Ambriz Medina
Martiniano Blancas Aguilera
Norma Alicia Cardona Rodríguez
Otto Fernando Soto Durazo
Pablo Daniel Gutiérrez Amarillas
Rafael Palacios Meléndez
Raúl Reyna Rangel
Ricardo Álvarez Amarillas
Ricardo Andrade Félix
Rocío Isaura Hernández Peralta
Roberto Arturo Gutiérrez Amarillas
Rubén Escobedo Angulo
Thalía Edith Vélez Flores
Virginia Guardado Soria





















































Queremos agradecer infinitamente a todas y cada una de las personas que han puesto su granito de arena a lo largo de estos 50 años. No lo hubiéramos logrado sin ustedes, y como bien lo dijimos, esta historia se seguirá escribiendo. Hay muchos retos, muchos obstáculos y muchas metas que alcanzar, pero sabemos que tenemos todo para lograrlo, pues contamos con un gran equipo de trabajo, alianzas con clientes y nuevos proyectos que nos permitirán seguir creciendo, diversificándonos y, ¿por qué no? expandiéndonos a nuevos horizontes, porque eso es lo que caracteriza a Megaplast. Todos y cada uno de los que lo formamos tenemos la convicción de que todo reto es alcanzable y si hay algo que nos describe es que no nos damos por vencidos,
gracias a esa pasión y compromiso que traspasa año con año y que viene de una visión muy clara desde sus inicios. Esa pasión sigue y seguirá corriendo por las venas de Megaplast. Esto no hubiera sido alcanzable sin cada historia relatada en este libro, que es la conjugación de horas imparables de entrevistas de clientes y colaboradores, con el cual armamos un gran rompecabezas lleno de historias y anécdotas por 50 años, de vivencias que hoy quedaran plasmadas en este gran proyecto, el libro de la Historia de Megaplast.
Gracias, gracias, gracias, por haber estado, por estar y por seguir escribiendo esta historia.
Familia Megaplast



