L¿La universidad prepara para la vida real o solo para aprobar exámenes?
también en individuos capaces de ajustarse rápidamente a los
Cárdenas O Juan, Chávez O. Juana, Laguna R. Luis, León G Tania y Riveros R. Luna
I. INTRODUCCIÓN
a universidad, en términos históricos, ha sido considerada el lugar óptimo para la educación profesional. Es un espacio donde se desarrollan habilidades, se adquieren conocimientos y se forman personas con lacapacidad de contribuira la sociedad. No obstante, en la práctica actual, el modelo universitario parece haber quedado limitado a lograr calificaciones y aprobar pruebas estandarizadas, olvidando la educación integral que prepara para la vida real. Por lo tanto, la cuestión planteada no es trivial: ¿Enseña la universidad a los estudiantes a manejar la complejidad del mundo actual o simplemente les enseña cómo aprobar exámenes?
En muchas entidades, la evaluación se centra principalmente en recordar lo que se ha aprendido y reproducirlo en las pruebas parciales y finales. Este modelo promueve una lógica que se fundamenta en la acumulación de calificaciones, en vez de fomentar un desarrollo significativo del conocimiento. El estudiante aprende a prepararse para el examen, aunque no necesariamente tenga que comprender, aplicar o cuestionar lo que ha aprendido. La pérdida de un alto porcentaje del contenido una vez que finaliza la evaluación evidencia que el aprendizaje no fue transformador, sino instrumental.
Además, existe una distinción importante entre loque se enseña en clase y lo que es requerido en el entorno laboral y social. Muchos graduados, aunque poseen conocimientos técnicos, se sienten inseguros ante su primer empleo debido a que no tienen habilidades transversales como: trabajar en equipo, comunicarse de manera efectiva, gestionar las emociones, tomar decisiones bajo presión o solucionar problemas reales. Estas habilidades, que son fundamentales para el trabajo, normalmente se adquieren de forma no oficial o secundaria en lugar de ser una parte esencial de la educación universitaria.
De igualmanera, elprogreso tecnológico y la globalización han cambiado significativamente las dinámicas de trabajo. Las organizaciones y empresas ya no se enfocan solamente en encontrar a especialistas con amplios saberes teóricos, sino
cambios, de innovar y de aprender por su cuenta. La habilidad de trabajar en ambientes multiculturales e interdisciplinarios se ha vuelto una necesidad esencial. El modelo tradicional, no obstante, continúa siendo la estructura de muchos programas académicos, lo que no siempre satisface estos nuevos requerimientos.
Esto no significa que la importancia de la universidad sea considerada como menos. La educaciónsuperiorproporciona la estructura mental, el orden académico y los fundamentos conceptuales requeridos para cualquier trabajo. No obstante, el mundo contemporáneo, caracterizado por la competencia mundial, la incertidumbre y las transformaciones tecnológicas, requiere más que conocimientos teóricos básicos. Es fundamental tener la habilidad de razonar de manera crítica, adaptarse, ser autónomo y aprender continuamente.
Por ende, la universidad no debe funcionar como un simple distribuidorde notas, sino como un entorno educativo completo que prepare a los estudiantes para enfrentar los retos del mundo real. La única forma de estimar la excelencia en el terreno académico es a través de la habilidad de un profesional para ejercerloque haaprendido, interrogarsuentorno y comportarse según su propio juicio; no se puede conseguir solo por medio de promedios. La educación para la vida requiere que se vayan más allá de las pruebas y que se elija una formación que no solo califique, sino también estimule, transforme y prepare a los estudiantes para encarar con responsabilidad los retos presentes y venideros.
En esta línea, es esencial reevaluar algunos enfoques pedagógicos que son predominantes en la educación superior. Las universidades podrían fomentar con más fuerza estrategias de aprendizaje dinámicas, donde el estudiante participe de manera más directa en la elaboración de su propio conocimiento. La resolución de problemas reales, el aprendizaje fundamentado en proyectos, la evaluación de circunstancias reales y el trabajo colaborativo son métodos que permiten que el conocimiento se convierta en un instrumento útil para comprender y modificar la realidad, más allá de ser simplemente una noción teórica. Cuando el estudiante se enfrenta a situaciones que representan o replican problemas reales, no solo obtiene conocimientos técnicos, sino también habilidades para analizar, ser creativo y tomar decisiones.
En esta circunstancia, además, la función del maestro toma una
relevancia distinta. En vez de ser simplemente un emisor de información, el maestro tiene la habilidad de convertirse en un orientador que conduce el proceso educativo, estimula la curiosidad intelectual y propicia el pensamiento crítico. Esto implica diseñar espacios en el aula para discutir, dialogar y reflexionar, donde los estudiantes tengan la oportunidad de cuestionar ideas, contrastar perspectivas y desarrollar sus propios razonamientos. De este modo, la educación universitaria se vuelve un proceso de formación más profundo, donde aprender no es solo reproducir ideas, sino comprenderlas y aplicarlas con criterio.
Otro componente esencial es la conexión entre la universidad y la sociedad. La educación de nivel superior no puede progresar sin tener en cuenta los desafíos y dificultades del entorno. Los estudiantes comprenden mejor las necesidades reales de la sociedad cuando se involucran en investigaciones aplicadas, proyectos comunitarios, prácticas profesionales o propuestas de innovación social. Estas experiencias, simultáneamente, promueven la responsabilidad social y el compromiso ético de los profesionales futuros.
II. POSTULADOS
En la educación actual, un asunto importante de debate es si la universidad capacita a los estudiantes para el mundo real o si simplemente se concentra en prepararlos para pasar pruebas estandarizadas. Esta conversación va más allá de la crítica circunstancial sobre la complejidad de las evaluaciones y se concentra en una reflexión estructural sobre el papel social que juega laeducaciónsuperior. En este contexto,examinarlarazón de ser de la universidad supone indagar si su misión principal es certificar saberes a través de calificaciones o capacitar a individuos para que puedan afrontar situaciones inciertas, complejas y cambiantes.
Desde una perspectiva holística de la educación, la universidad no debería limitarse a proporcionar sólo contenidos técnicos. Asimismo, debería fomentar el desarrollo de habilidades cognitivas más avanzadas, el pensamiento crítico, la capacidad de resolver problemas en situaciones reales y la autonomía intelectual. En esta línea, Alcantar-Nieblas y otros (2025) afirman que es esencial cultivar el pensamiento complejo para capacitar a los alumnos para que estén listos para el futuro ("future-ready") en un mundo globalizado y en permanente transformación. Estos escritores afirman que la educación superior tiene que promover la habilidad de asumir distintos puntos de vista, examinar sistemas interrelacionados y tomar decisiones basadas en principios éticos. Esto significa que para estar listos para la vida real, es tan importante ser competente en el dominio disciplinar como ser capaz de entender y reaccionar ante circunstancias confusas.
Calma (2025) examina, al mismo tiempo, las capacidades para resolver problemas en detalle y cuestiona si los alumnos están verdaderamente listos para encarar los retos del "mundo real". La autora distingue entre dos tipos de aprendizaje, elsuperficial
y el profundo. El primero es la memorización y reproducción de información, mientras que el segundo se caracteriza por entender a fondo lo aprendido, transferirlo y aplicarlo en contextos novedosos. Si la evaluación en la universidad se enfoca principalmente en pruebas de memoria, el aprendizaje superficial se vuelve más fuerte y las habilidades transferibles no se desarrollan. Por lo tanto, el sistema puede llegar a preferir la eficiencia inmediata en lugar de la educación a largo plazo.
El caso de Juana es una ilustración exacta de este fenómeno. Ella se da cuenta de que una gran cantidad de alumnos memorizan los contenidos simplemente para pasar un examen y después los olvidan. Este comportamiento es el resultado de un modelo evaluativo que estimula sobre todo la memoria a corto plazo, pero no logra que el conocimiento se fije en estructuras cognitivas estables. Según señala Calma (2025), esta práctica evita que los alumnos desarrollen verdaderas capacidades para solucionar problemas, ya que no se enfrentan a circunstancias que demanden un análisis detallado, una integración de conceptos o su aplicación en la vida diaria.
No obstante, hay una postura más radicalque cuestiona elpapel de la educación formal. Según Caplan (2018), el sistema educativo opera en su mayoría como un mecanismo de señalización más que como un espacio real para desarrollar habilidades. De acuerdo con esta perspectiva, los títulos universitarios no siempre evidencian competencias auténticas; en cambio, actúan como credenciales que avalan la obediencia a las normas de la institución, además de la disciplina y la perseverancia. Bajo esta perspectiva, destacar la aprobación de los exámenes no debería considerarse un error del sistema, sino el resultado natural de su función esencial: clasificar y seleccionar personas en el mercado laboral.
No obstante, si la universidad se limita a ser un simple sistema de certificación pierde su capacidad de transformación. Según Alcantar-Nieblas et al. (2025), la educación superior tiene el potencial de ser un espacio para el desarrollo integral, a condición de que se fomente elpensamiento complejo. La clave es adaptar las estrategias de evaluación y enseñanza al objetivo educativo. Si las evaluaciones promueven la argumentación, la interdisciplinariedad y la resolución de problemas auténticos, el aprendizaje tendrá mayor profundidad y significado.
No obstante, Juana también subraya que no solo la institución es responsable. Esta propuesta plantea un aspectoesencial en la discusión: el compromiso individual del alumno como un integrante activo de su propia instrucción. La educación superior no puede considerarse como un proceso en el que el maestro simplemente transmite información y el estudiante la recibe sin más. Por otro lado, el aprendizaje significativo necesita que se adquiera, que se reflexione y que se construya activamente el conocimiento.
Una de las características de tener un rol activo es entender que el conocimiento va más allá del aula y del currículo formal. Implica la evaluación crítica de los contenidos proporcionados, la comparación de teorías, el participar en debates académicos y buscar experiencias que fortalezcan tu educación, como proyectos de investigación, prácticas profesionales, trabajo
voluntario o actividades extracurriculares. En esta línea, el aprendizaje se transforma en un proceso activo que consiste en la interacción entre la teoría y la práctica.
Esta posición es consistente con lo que Calma (2025) sugirió, quien enfatiza que la medición de la participación cognitiva del alumno tiene un impacto significativo en el desarrollo de competencias sólidas para resolver problemas. No solamente por la exposición a los contenidos, sino también por el esfuerzo de entender, vincular ideas y ponerlas en práctica en diferentes contextos, se genera una formación profunda. Desde este punto de vista, se anticipa que el alumno no solo memorice, sino que además encuentre relaciones significativas para poder implementar su conocimiento en circunstancias concretas.
Alcantar-Nieblas y otros autores (2025) enfatizan, además, que el pensamiento complejo es esencial para afrontar los retos actuales y exige la implicación de las personas, un análisis desde diferentes enfoques y una reflexión ética. Si el alumno tiene una actitud pasiva, estas capacidades no podrán desarrollarse totalmente. Por lo tanto, el rol del estudiante en su proceso de formación es un aspecto fundamental para su preparación para la vida real, además de la planificación curricular. La universidad brinda un ambiente, recursos y oportunidades; sin embargo, es responsabilidad del estudiante sacarles provecho de manera estratégica.
Según esta perspectiva, Juana defiende que la universidad puede capacitar a los alumnos para la vida real si hay una interacción entre un sistema educativo enfocado en las profundidades y un estudiante dispuesto a comprometerse con su aprendizaje. Por consiguiente, la educación integral surge como resultado de unaresponsabilidad compartida:porun lado, el establecimiento está obligado a crear experiencias educativas significativas; por otro lado, el estudiante debe comprometerse a aprender con conciencia y espíritu crítico.
Porotro lado, Luna adopta una postura más crítica y estructural. Ella sostiene que, en la realidad, numerosas universidades dan mayorimportancia a aprobarlos exámenes que a capacitara sus estudiantes para circunstancias reales. No solo se enfoca la actitud de los alumnos en esta declaración, sino también el diseño del sistema educativo. Según su punto de vista, muchos cursos se enfocan en acumular grandes cantidades de contenido teórico, pero brindan escasas posibilidades para experimentar cómo esas teorías se convierten en acciones concretas en el entorno laboral.
Aquí se muestra el famoso desencuentro entre la teoría y la práctica. La teoría es fundamental, ya que brinda bases científicas, categorías de análisis y estructuras conceptuales para entender la realidad. La práctica carecería de un fundamento y una dirección sin la teoría. No obstante, si la educación se limita a una exposición abstracta sin ilustraciones de aplicación práctica, es probable que el estudiante perciba el conocimiento como algo lejano y será complicado llevarlo al ámbito laboral.
La opinión de Luna podría estar relacionada con la posición
presentada por Caplan (2018), quien sostiene que el sistema educativo opera más como un instrumento de señalización que como un espacio auténtico para adquirir habilidades prácticas. Desdeesta perspectiva,los alumnos nose esfuerzan poraprobar las evaluaciones para lograr un aprendizaje profundo, sino para conseguir credenciales que les faciliten el acceso al mercado de trabajo. Si este es el objetivo principal, entonces la importancia que se asigna a los exámenes concuerda con la lógica del sistema, aunque no necesariamente con una educación integral.
Además, Luna sugiere que las habilidades transversales son un componente fundamental de la preparación para la vida cotidiana. Para lidiar con circunstancias imprevistas, tomar decisiones responsables y desempeñarse bajo presión, son necesarias habilidades que no siempre se miden a través de exámenes escritos tradicionales. Según Alcantar-Nieblas et al. (2025), las competencias para situaciones complejas y difíciles incluyen la habilidad de adaptarse, el poder comunicarse efectivamente, la resiliencia y la capacidad de tomar decisiones éticas. Estas habilidades abarcan el análisis de contextos, la sensibilidad social y el juicio; aspectos que son difíciles de evaluar por medio de preguntas de opción múltiple o tests memorísticos.
En consonancia con esta línea de pensamiento, Luna opina que las metodologías tales como los proyectos prácticos, el trabajo en grupo, los estudios de caso y las simulaciones tienen más valor educativo. Estas tácticas posibilitan que se experimenten situaciones semejantes a las que suceden en el ámbito de trabajo. La colaboración en equipo implica no solo la repartición de las tareas, sino también escuchar con atención, liderar, negociar y resolver desacuerdos. En todos los campos laborales, estas competencias son fundamentales y representan un aspecto clave para la empleabilidad en la actualidad.
De acuerdo con la perspectiva de Calma (2025) sobre el aprendizaje profundo, las experiencias de este tipo promueven la divulgación del conocimiento y refuerzan la habilidad para enfrentar problemas concretos. Las metodologías activas que combinan distintas variables y perspectivas, según lo expuesto por Alcantar-Nieblas et al. (2025), proporcionan un entorno propicio para promover el pensamiento complejo.
Por otro lado, Tania plantea una perspectiva integradora que tiene como objetivo equilibrar dos componentes esenciales de la educación superior: lo práctico y lo teórico. Ella acepta que la teoría es el fundamento estructural de toda profesión porque proporciona marcos conceptuales, principios explicativos y herramientas analíticas; sin estos elementos, la experiencia práctica carecería de rumbo. Para cualquier disciplina, son elementos esenciales la habilidad de abstraer, una base epistemológica y un entendimiento profundo; no se puede sostener únicamente a través de la repetición mecánica de métodos o la improvisación.
Sin embargo, Tania sostiene que la teoría pierde eficacia si no se conecta con experiencias verdaderas. Su posición está en línea con la de Calma (2025), quien sostiene que el aprendizaje profundo sucede cuando los alumnos tienen la capacidad de
aplicar lo aprendido a situaciones reales y afrontar desafíos complejos que requieren análisis y toma de decisiones. Comprender a nivel conceptual no asegura la competencia profesional si no se aplica en circunstancias específicas.
Esa articulación es posible gracias a las prácticas profesionales, las pasantías, los proyectos interdisciplinarios y las simulaciones. No solo se pone en práctica lo aprendido con estas experiencias, sino que también se identifican las limitaciones del conocimiento teórico y su aptitud para adaptarse a una realidad que está en constante cambio. Según la visión del pensamiento complejo de Alcantar-Nieblas et al. (2025), encarar realidades supone combinar diversos elementos éticos, tecnológicos, sociales y económicos y aceptar que los problemas no son lineales ni independientes. Por lo tanto, es fundamental que la formación universitaria capacite a los alumnos para que sean capaces de examinar sistemas interrelacionados y adaptarse a entornos en continua transformación.
Tania también subraya que, en el panorama actual, es imprescindible mantenerse al día. El mercado laboral ha experimentado un cambio relevante debido a la digitalización, la globalización y los nuevos modelos de trabajo. Los trabajos cambian con rapidez, y algunos surgen mientras que otros desaparecen. Bajoestas circunstancias, la universidad no puede limitarse solo a impartir conocimientos fijos; tiene que promover la capacidad de adaptación, el pensamiento crítico y las competencias para un aprendizaje constante. De este modo, se transforma en un sólido punto de partida, pero no en un proceso final o cerrado.
Al pensar que la universidad también es un filtro que requiere disciplina, responsabilidad y perseverancia, Alejandro aporta otro punto de vista importante. Desde este punto de vista, aprobar un examen no es algo trivial, sino el ejercicio de gestionar y organizar el tiempo, además de enfocarse en metas a largo plazo. Estas competencias son beneficiosas en el entorno de trabajo, donde la capacidad para alcanzar objetivos y la perseverancia son fundamentales.
Esta perspectiva puede dialogar con la tesis de Caplan (2018) que sostiene que, en cierta medida, el sistema educativo funciona como un mecanismo de señalización. No solo significa certificar conocimientos el ser acreditado o recibir un título, sino también transmitiral mercado laboralque la persona es disciplinada, puede esforzarse y está de acuerdo con ciertas normas de la institución. Desde esta perspectiva, aunque el contenido específico adquirido no se aplique directamente en el trabajo, simplemente haber superado los requisitos académicos fomenta características que la sociedad valora.
No obstante, Alejandro admite una limitante considerable: el rendimiento académico no siempre es un reflejo de la inteligencia emocional, las capacidades sociales o las habilidades prácticas. Un alumno que tiene notas excelentes puede no tener la habilidad de comunicarse, colaborar en equipo o liderar. Esta discrepancia demuestra que, si la
evaluación se basa solo en los exámenes escritos, puede brindar una perspectiva incompleta del perfil del alumno.
Por lo tanto, Alejandro propone que los sistemas de evaluación se expandan para incorporar las competencias integrales. Alcantar-Nieblas etal.(2025)han señalado que la formación de los alumnos para entornos complejos supone no solamente valorar la capacidad analítica y la toma de decisiones éticas, sino también el resolver problemas en colaboración y la retención de información. Esto necesita procedimientos más variados, como proyectos aplicados, portafolios laborales, evaluaciones formativas y trabajos en equipo de manera colaborativa.
Juan brinda un enfoque que se enfoca en la modernización del sistema educativo. De acuerdo a él, el problema no radica en la universidad como institución, sino en que se siguen empleando métodos tradicionales que no satisfacen las demandas actuales. La participación y la aplicación práctica del conocimiento pueden verse restringidas debido a que el examenescrito se usa como principal medio de evaluación, además de que la clase magistral tiene un enfoque unidireccional.
El trabajo a distancia, la interconexión global, la inteligencia artificial y la innovación tecnológica son rasgos distintivos del mundo contemporáneo en el que los métodos de enseñanza deben progresar. Si el alumno asiste a clase de manera pasiva, no podrá desarrollar competencias como la creatividad, el trabajo en equipo interdisciplinario y el pensamiento crítico. Según Alcantar-Nieblas et al. (2025), para promover el pensamiento complejo, es relevante contar con espacios de diálogo y reflexión acerca de vivencias y situaciones reales.
Sin embargo, Juan también acepta las contribuciones significativas de la universidad. Tener la oportunidad de interactuar con expertos y profesores, obtener información de especialistas y mejorar el pensamiento crítico son experiencias educativas que tienen mucho valor. La universidad tiene la capacidad de fomentar el pensamiento ético, el desarrollo de la conciencia social y la comprensión de un mundo complejo, además de ofrecer oportunidades laborales inmediatas. Estas dimensiones trascienden el campo laboral y robustecen la educación como ciudadanos comprometidos.
Por ende, no es posible proporcionar una respuesta definitiva a la discusión acerca de si la universidad prepara para la vida real o solamente para aprobarexámenes. Más bien, es un asunto que presenta múltiples facetas: el método de enseñanza, la organización del sistema educativo, los métodos de evaluación y la actitud del estudiante frente a su proceso formativo. Las visiones estudiadas señalan que la educación superior puede capacitar a profesionales para enfrentar circunstancias difíciles; no obstante, este potencialsolamente se materializa cuando hay coincidencia entre el contenido de la enseñanza, el método de evaluación y la manera en que los estudiantes intervienen en su propio aprendizaje.
Según las ideas de Alcantar-Nieblas etal.(2025), Calma (2025)
y Caplan (2018), se puede afirmar que la universidad cumple con varias funciones simultáneamente. Porun lado, opera como un sistema de certificación que transmite ciertos rasgos personales al mercado laboral; por otro lado, tiene el potencial de convertirse en un espacio de formación profunda si promueve el pensamiento complejo y el aprendizaje significativo. El reto consiste en equilibrar estas dimensiones para que la educación superior no se reduzca solo a obtener títulos, sino que realmente impulse el crecimiento profesional, humano e intelectual de los estudiantes.
La preparación para la vida real no depende solamente del contenido de los programas académicos, sino también de la capacidad de las instituciones y de sus estudiantes para generar experiencias educativas que incluyan el compromiso social, la teoría, la reflexión crítica y la práctica. Cuando estos elementos se conectan de manera coherente, la universidad deja de ser un mero lugar en el que se aprueban exámenes y se transforma en una institución cuyo propósito es educar a personas que puedan comprender el mundo, ponerlo en cuestión y colaborar activamente con su cambio.
III. CONCLUSIÓN
Para concluir, las diversas visiones analizadas señalan que el debate no puede limitarse a una mera división entre la universidad como "fábrica de exámenes" y la universidad como un lugar solo práctico. La realidad es mucho más compleja. La educación superior puede capacitar a los alumnos para la vida real, pero este impacto no es automático ni se asegura solo con ir a la universidad. Su efecto se fundamenta en una dinámica interacción entre elementos individuales, pedagógicos y estructurales.
Por un lado, es crucial que las instituciones sean capaces de ajustarse a las transformaciones en el ambiente laboral. En un entorno caracterizado por la digitalización, la globalización y el avance acelerado de la tecnología, los sistemas educativos fijos pueden quedar desactualizados. Según Alcantar-Nieblas et al. (2025), es necesario emplear procedimientos que fomenten la integración de saberes, la toma de decisiones en situaciones inciertas y el análisis desde diferentes puntos de vista para fomentar habilidades enfocadas en elpensamiento complejo. Si la universidad logra incluir estas dimensiones, se transforma en un lugar auténtico para la educación de situaciones reales y cambiantes.
Por otra parte, el método de evaluación y pedagógico juega un rol fundamental. El problema no está en que haya exámenes, sino en las competencias que se evalúan. Si las evaluaciones solo se enfocan en medir la capacidad de memorizar información, fomentan lo que Calma (2025) llama aprendizaje superficial. Por otro lado, si se desarrollan como herramientas que requieren argumentar, interpretar, aplicar conceptos y solucionar problemas reales, podrían convertirse en valiosas herramientas de educación. El desafío no es suprimir la evaluación, sino redefinirla para que fomente una comprensión profunda y una transferencia de lo aprendido.
Además, el compromiso del alumno es un factor esencial. La universidad ofrece recursos, oportunidades y orientación; no obstante, la asimilación de lo aprendido depende de que el estudiante tenga una perspectiva activa. Es indispensable responsabilizarse del proceso de formación personal, buscar oportunidades que lo complementen y mantener una actitud de aprendizaje constante para estar preparado para la vida real. Sin esta dimensión individual, incluso el sistema más novedoso podría no ser útil.
A la vez, no se debe pasar por alto la crítica hecha por Caplan (2018), que advierte sobre elrolde señalización de la educación superior en el mercado laboral. A pesar de que las credenciales académicas no muestran directamente las habilidades prácticas, sí evidencian la capacidad para lograr metas, así como la disciplina y la perseverancia. Esta visión señala que la capacitación profesional y el rendimiento académico no son lo mismo, aunque pueden tener algún tipo de relación.
En resumen, la preparación genuina para vivir no se evalúa únicamente a través de las notas ni se limita a la acumulación de conocimientos teóricos. Se expresa en la habilidad de razonar de forma crítica, resolver problemas complejos, ajustarse a circunstancias inesperadas y comportarse con responsabilidad ética ante los retos actuales. Estos atributos abarcan aspectos sociales, cognitivos y morales que van más allá de las paredes del aula y siguen a la persona durante toda su vida laboral y personal.
Por lo tanto, el debate no debería centrarse en si la universidad prepara o no completamente para la vida real, sino más bien en cómo mejorar las condiciones que hacen posible tal preparación. Es esencial que la educación superior establezca un balance entre lo práctico y lo teórico, implemente innovaciones metodológicas, lleve a cabo evaluaciones de relevancia y participe activamente a los estudiantes para que su función educativa en el siglo XXI pueda ser efectiva.
IX. References
[1] Alcantar-Nieblas,C.,Glasserman-Morales,L.D.,Suárez-Brito,P., delRío-Urenda,S.,Tramon-Pregnan,C.L.,&Vázquez-Parra,J.C. (2025). Developing future-ready competencies: Perceptions of complex thinking among university students in three nations HumanitiesandSocialSciencesCommunications,12,1980.
[2] Calma,A.(2025). Students’ deep problem-solvingskills:Readyfor ‘real life’? InternationalJournalofManagementEducation,23(3), 101267.
[3] Caplan, B. (2018). TheCaseAgainstEducation:WhytheEducationSystemIsaWaste of Time and Money. Princeton,NJ:PrincetonUniversityPress.