GEOFFREY CHANG

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DEL MINISTERIO.
A los pastores llamados por Dios a pastorear Su rebaño.
(1 Pedro 5:1-4)
Abreviaturas | ix
Introducción: Otro Spurgeon olvidado | 1
1: Las Termópilas de la iglesia: La predicación | 13
2: La mismísima puerta del cielo: Las reuniones eclesiásticas | 45
3: Símbolos de unidad: El bautismo y la Cena del Señor | 77
4: Cercados y vallados: Una membresía regenerada de la iglesia | 103
5: Velar por la iglesia: Una membresía significativa de la iglesia | 127
6: Los valientes hijos de la iglesia: Ancianos y diáconos | 149
7: Esta bendita reunión: El congregacionalismo | 177
8: Una iglesia que trabaja: El ministerio de la iglesia | 199
9: La iglesia agresiva:
Formación pastoral y plantación de iglesias | 225
10: Conclusión: El pastor fiel y su iglesia | 251
Reconocimientos | 257
Obras citadas | 259
AARM: An All-Round Ministry: Addresses to Ministers and Students [Un ministerio integral: Discursos a ministros y estudiantes]. Londres: Passmore & Alabaster, 1900.
Autobiography: C. H. Spurgeon's Autobiography: Compiled from His Diary, Letters, and Records, by His Wife, and His Private Secretary [Autobiografía: la autobiografía de C. H. Spurgeon. Compilada de su diario, cartas y registros, por su esposa y su secretario privado] Vols. 1-4. Londres: Passmore & Alabaster, 1897.
GFW: The Greatest Fight in the World: Conference Address [La lucha más grande en el mundo: discurso en conferencia]. Londres: Passmore & Alabaster, 1895.
Lectures: Lectures to My Students: Addresses Delivered to the Students of the Pastor’s College [Discursos: Discursos a mis estudiantes. Discursos pronunciados ante los alumnos del Pastor's College]. Vols. 1-4. Londres: Passmore & Alabaster, 1881-1894.
LS: The Lost Sermons of C. H. Spurgeon [Los sermones perdidos de C. H. Spurgeon]. Vols. 1-6. Eds. Christian George, Jason Duesing y Geoffrey Chang. Nashville, TN: B&H Academic, 2016-2021.
MTP: The Metropolitan Tabernacle Pulpit: Sermons Preached and Revised by C. H. Spurgeon [El púlpito del Tabernáculo Metropolitano: Sermones predicados y revisados por C. H. Spurgeon]. Vols. 7-63. Pasadena, TX: Pilgrim Publications, 1970-2006.
Abreviaturas
NPSP: The New Park Street Pulpit: Containing Sermons Preached and Revised by the Rev. C. H. Spurgeon, Minister of the Chapel [El púlpito de New Park Street: Contiene sermones predicados y revisados por el reverendo C. H. Spurgeon, ministro de la iglesia]. Vols. 1-6. Pasadena, TX: Pilgrim Publications, 1975-1991.
S&T: The Sword and the Trowel; A Record of Combat with Sin & Labour for the Lord [La espada y la paleta: Un registro del combate con el pecado y la labor para el Señor]. 37 vols. Londres: Passmore & Alabaster, 1865-1902.
TD: The Treasury of David: Containing an Original Exposition of the Book of Psalms; A Collection of Illustrative Extracts from the Whole Range of Literature; A Series of Homiletical Hints Upon Almost Every Verse; And Lists of Writers Upon Each Psalm [El tesoro de David: Contiene una exposición original del libro de los Salmos; una colección de extractos ilustrativos de todo el ámbito de la literatura; una serie de consejos homiléticos sobre cada versículo, y listas de escritores sobre cada salmo].
7 vols. Londres: Passmore & Alabaster, 1869-1885.
El comienzo de mis estudios sobre Spurgeon
A veces, la vida cambia por una decisión o un acontecimiento importante. En mi caso, cambió por un correo electrónico. En 2016 estaba felizmente sirviendo como pastor asociado en la Iglesia Bautista Hinson en Portland, Oregón. Había estado allí desde 2010 y, por la bondad de Dios, la iglesia era saludable. Así que, deseoso de ampliar mi formación pastoral, decidí cursar estudios de doctorado en el Seminario Teológico Bautista del Medio Oeste en la ciudad de Kansas, Misuri. Tras ser aceptado, envié un correo electrónico a mi antiguo pastor, Mark Dever, para pedirle orientación sobre el tema de la tesis. Como era de esperar, respondió: «¡¡¡Algo sobre la eclesiología de Spurgeon!!! ¡Edificación garantizada!».
orienta
Ese breve correo me llevó a estudiar la eclesiología del predicador más famoso del siglo xix. Me llevó a los archivos del Tabernáculo Metropolitano de Londres, a los registros de la Angus Library en Regent's Park, Oxford, a las oficinas de Pilgrim Publications en Pasadena, Texas, a las colecciones de Spurgeon más alejadas en Estados Unidos y, por supuesto, a muchas largas noches explorando los propios libros de Spurgeon conservados en la Biblioteca de Spurgeon de Kansas City. En última instancia, ese correo electrónico dio lugar a toda una nueva carrera en la erudición sobre Spurgeon.
Hoy tengo el privilegio de enseñar en el Midwestern Seminary y dirigir la Biblioteca de Spurgeon. Midwestern existe para formar pastores y ministros comprometidos con el servicio a la iglesia local. No hay mejor modelo de ministerio pastoral fiel y de compromiso con la iglesia local que Charles Haddon Spurgeon.
Uno de los sorprendentes descubrimientos de mi investigación fue lo ignorado que ha sido el ministerio pastoral de Spurgeon a lo largo de los años. Esto no significa que el propio Spurgeon haya sido pasado por alto. Arnold Dallimore calcula que, en los años siguientes a su muerte, se publicó una nueva biografía cada mes.1 Aunque su popularidad disminuyó en el Reino Unido en los años posteriores a su muerte, Spurgeon ha seguido siendo tan popular como siempre en Estados Unidos y otras partes del mundo. Hasta el día de hoy, sus obras se siguen traduciendo y cada domingo se citan sus sermones desde los púlpitos de todo el mundo.
Y desde mediados del siglo xx se han producido obras académicas que examinan críticamente la vida y la enseñanza de Spurgeon. Estas obras no solo han buscado tomar en serio a Spurgeon como predicador, sino también como teólogo. Con el establecimiento de la Biblioteca de Spurgeon en 2015, ha comenzado una nueva ola de estudios sobre Spurgeon, que busca organizar su teología y discernir su impacto durante su vida y más allá.
En 1966, Iain Murray publicó The Forgotten Spurgeon [Spurgeon, un príncipe olvidado], donde escribe: «A pesar de los modernos elogios que se le tributan como “el príncipe de los predicadores”, y de las
1 Arnold Dallimore, Spurgeon: A New Biography (Edimburgo: The Banner of Truth Trust, 1999), ix. Estas biografías fueron escritas en su mayoría por sus socios y amigos. Aunque aportaron algunas ideas y anécdotas nuevas, en su mayor parte, trataron temas ya conocidos. Spurgeon
Otro Spurgeon olvidado 3
anécdotas que aún perduran en el mundo evangélico sobre sus habilidades y su humor, algunos de los aspectos más importantes de su ministerio han caído en el olvido».2 En su obra, Murray sostiene que lo que se ha olvidado es el marco teológico de Spurgeon, «y Spurgeon sin su teología está tan distorsionado como las figuras baratas de porcelana de Spurgeon que ofrecían a la venta los charlatanes hace más de un siglo».3
siglo». pas Spur
Murray explora la teología de Spurgeon a través de las diversas controversias teológicas que encontró a lo largo de su vida. Esas batallas ponen de relieve la ortodoxia evangélica de Spurgeon, sobre todo en lo que se refiere a su doctrina de las Escrituras, el pecado, la persona y la obra de Cristo, y la salvación. Gran parte del renovado interés por la teología de Spurgeon se centra en estas doctrinas. Sin embargo, se ha prestado poca atención a su concepción de la iglesia. La eclesiología y el ministerio pastoral de Spurgeon siguen formando parte del Spurgeon olvidado.
Aunque muchos han contado las historias del trasfondo de Spurgeon, su ministerio de predicación, sus publicaciones, su orfanato, sus controversias y mucho más, muy pocos han tratado de examinar el fundamento de su ministerio, a saber, su pastoreo de una iglesia local. Desde el otoño de 1851, cuando fue llamado como pastor bivocacional de la congregación bautista de Waterbeach, el ministerio de Spurgeon estuvo arraigado en la iglesia local. Algunos historiadores han señalado cómo el ministerio de Spurgeon ejemplificaba el cuádruple énfasis evangélico del biblicismo, el crucicentrismo, el conversionismo y el activismo. 4 A esos cuatro, yo añadiría un quinto (por inventar una palabra): el eclesiocentrismo.
Inspirándose en la tradición reformada, que se vio agudizada por las convicciones bautistas, Spurgeon creía que el discipulado cristiano estaba
2 Iain Murray, The Forgotten Spurgeon (Edimburgo: The Banner of Truth Trust, 2002), 4.
3 Ibid., 5.
4 Ver D. W. Bebbington, Evangelicalism in Modern Britain: A history from the 1730s to the 1980s (Londres: Routledge, 2000), 2-17.
arraigado en la iglesia local y moldeado por ella. Junto con todas sus otras convicciones bíblicas y teológicas, Spurgeon también tenía convicciones sobre la iglesia local. La autoridad bíblica gobernaba la iglesia, y era ejercida por la congregación, bajo el liderazgo de ancianos y diáconos. El mensaje de la cruz debía proclamarse desde la iglesia para la conversión de los pecadores. Los que experimentaban la conversión profesaban públicamente su fe mediante el bautismo y la pertenencia a la iglesia. La iglesia también debía ser un motor de evangelización y activismo social. Para Spurgeon, la iglesia no era opcional para la vida cristiana. Era el lugar en el que debía vivirse la vida cristiana. Esta fue la visión que trató de implantar en su propia iglesia y promover en su formación pastoral.
Algunos eruditos han observado el amor de Spurgeon por sus compañeros evangélicos y su afán por cooperar con ellos. Como resultado, han llegado a la conclusión de que Spurgeon minimizaba sus propias convicciones eclesiológicas. Pero esto no da una imagen completa. Sí, Spurgeon cooperó gustosamente fuera de su denominación. Sin embargo, el objetivo de su predicación, evangelización, formación pastoral y plantación de iglesias no era simplemente promover la doctrina evangélica, sino plantar congregaciones claramente bautistas.
Uno de los principales instrumentos para organizar este trabajo fue su revista mensual, The Sword and the Trowel [La espada y la paleta]. Escribiendo en el primer artículo de la revista en 1865, Spurgeon declaró que su objetivo era «abogar por aquellos puntos de vista sobre la doctrina y el orden de la iglesia que son más ciertamente recibidos entre nosotros».5 Durante más de veinticinco años, esta revista proporcionó no solo la enseñanza evangélica de Spurgeon, sino también, como señala Tom Nettles, su «visión del ministerio pastoral [… y] sus puntos de vista sobre la vida de la iglesia».6 Las convicciones de Spurgeon sobre el ministerio
5 S&T 1865:1.
6 Tom Nettles, Living by Revealed Truth: The Life and Pastoral Theology of Charles Haddon Spurgeon (Ross-shire: Christian Focus, 2013), 9.
Otro Spurgeon olvidado
pastoral y la iglesia lo llevaron incluso a difundir sus puntos de vista más allá de su propia congregación al resto del mundo de habla inglesa.
A partir de fuentes primarias como The Sword and the Trowel, sus sermones, las actas de la iglesia, etc., este libro tratará de sacar a la luz este tema olvidado de la vida de Spurgeon. Nos centraremos especialmente en la eclesiología pastoral de Spurgeon, examinando temas como el papel de la predicación en la iglesia, las reuniones colectivas, las entrevistas a los miembros, los ancianos y los diáconos, y mucho más.7 Mi argumento principal será que el enfoque de Spurgeon sobre estos asuntos eclesiásticos estaba impulsado por convicciones bíblicas y teológicas, más que por el pragmatismo o la conveniencia. Por esta razón, sigue siendo un valioso interlocutor para los pastores de hoy.
¿Por qué deberían los pastores interesarse por las ideas de Spurgeon sobre la iglesia? Permítanme ofrecerles tres razones:
semana.
1. Spurgeon fue pastor en medio de un ministerio activo. Sus sesenta y tres volúmenes de sermones publicados dejan claro que el corazón del ministerio de Spurgeon era la predicación, y esto lo mantenía ocupado. Desde sus primeros días en Waterbeach, predicaba regularmente ocho veces por semana (tres sermones los domingos y cinco noches por semana). Después de unos años en Londres, la demanda de su predicación era tan grande que se encontró predicando hasta doce o trece veces por semana.8 Pero, por muy ocupado que estuviera, Spurgeon era algo más que un predicador. Supervisó al menos sesenta y seis instituciones que existían fuera del Tabernáculo Metropolitano, incluidos dos
7 Para un estudio de la eclesiología propiamente dicha de Spurgeon, ver mi obra que pronto se publicará: The Army of God: Spurgeon’s Vision for the Church [El ejército de Dios: La visión de Spurgeon para la iglesia] (Ross-shire: Christian Focus, 2022).
8 Autobiography 2:81.
Spurgeon el pastor
muyimportantesyfructíferosque esosministerios,
orfanatos, el Pastor's College, numerosas clases bíblicas, escuelas dominicales y mucho más. Tampoco podemos olvidar los incesantes plazos de sus publicaciones semanales de sermones, su revista mensual, su interminable correspondencia y sus numerosos proyectos de libros. Pero, por muy importantes y fructíferos que fueran esos ministerios, Spurgeon era algo más que un simple director y administrador de ministerios. Spurgeon era pastor, asumió la responsabilidad de una iglesia y procuró cuidar de su rebaño. El ajetreo no era excusa para descuidar sus responsabilidades pastorales.
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Entonces, ¿por qué debemos escuchar a Spurgeon? En el caso del líder de la iglesia con miles de responsabilidades, necesitamos que Spurgeon nos recuerde la importancia de nuestra vocación como pastores y nos anime a perseverar en la fidelidad.
2. Spurgeon mil Spur
2.Spurgeon pastoreó en medio de un avivamiento. Cuando Spurgeon llegó por primera vez a Londres, la congregación de la capilla de New Park Street se había reducido a unas pocas docenas. Sentado en un edificio cavernoso con capacidad para más de mil personas, Spurgeon pudo haber pensado que tenía mucho espacio para expandirse. Sin embargo, en pocos meses, toda la ciudad se conmovió con la noticia del joven predicador de los pantanos. Las carreteras y puentes que conducían a la capilla de Spurgeon quedaban bloqueados por el tráfico cada domingo. Al poco tiempo, el espacio de la congregación quedó pequeño y necesitaron ampliarlo. Durante la construcción, Spurgeon alquiló grandes locales, como el Exeter Hall y el Surrey Gardens Music Hall, para acomodar a la creciente multitud, pero cientos de personas seguían quedando afuera. Y, cuando terminó la ampliación del edificio, la congregación volvió a superar la capacidad.
El desafío del espacio irritaba a Spurgeon. Pero no se trataba de atraer a la mayor multitud posible. Por el contrario, Spurgeon reconocía que era el pastor de una iglesia, no un predicador itinerante. En un momento, se lamentó de que el número de miembros había superado en
Otro Spurgeon olvidado
300 el aforo de la capilla de New Park Street, lo que significaba que si celebraban la Cena del Señor en su edificio, 300 miembros no podrían participar. No solo eso, sino que con tantos convertidos, Spurgeon temía no poder llevarlos responsablemente a la membresía de la iglesia y cuidarlos como debía. Las únicas opciones que veía eran construir un edificio más grande o abandonar el pastorado y convertirse en evangelista itinerante. Pero su congregación no le permitió abandonar. Aprobarían la construcción de un nuevo edificio, con capacidad para más de 5000 personas. Incluso cuando el número de miembros de la iglesia creció de 50 a 5000, la visión de Spurgeon sobre el ministerio pastoral siguió siendo la misma.
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¿Por qué debemos escuchar a Spurgeon? Para los pastores de grandes iglesias que se ven tentados a comprometer su eclesiología, Spurgeon ofrece un ejemplo de fidelidad incluso en medio de un rápido crecimiento.
3. Spurgeon fue pastor en medio de numerosos desafíos sociales y teológicos. Como el pastor más famoso del mundo de habla inglesa, la gente quería las opiniones de Spurgeon sobre todo. Al vivir en Londres durante la época victoriana, en pleno auge del imperialismo británico, no faltaban temas sociales y teológicos sobre los que debatir. Desde el darwinismo hasta la esclavitud en Estados Unidos, desde los brotes de cólera hasta la revolución industrial, desde las guerras internacionales hasta el movimiento de temperancia, desde el sufragio femenino hasta la religión del Estado, y mucho, mucho más, Spurgeon se enfrentó a muchas cosas que querían distraerlo de su ministerio pastoral. Para que quede claro, Spurgeon comentó muchas de estas cuestiones a través de su revista y su correspondencia pública, a veces a un gran coste para sí mismo. Aun así, Spurgeon comprendía que no era responsable de pastorear a todo el mundo de habla inglesa. Su responsabilidad recaía sobre los miembros del Tabernáculo Metropolitano. Aunque se comprometió proféticamente con el mundo que lo rodeaba, nunca perdió de vista que su responsabilidad era para con los miembros de su iglesia local.
¿Por qué debemos escuchar a Spurgeon? Incluso cuando nos enfrentamos a controversias en nuestros días, Spurgeon proporciona un modelo para pastorear fielmente nuestras congregaciones a través de esos desafíos.
Una vez, oí hablar de un entusiasta de Spurgeon en una convención bautista que vendía viales de agua del Río Lark (el río donde Spurgeon fue bautizado… una versión bautista del Río Jordán, si se quiere). Según se cuenta, ¡al menos una persona compró una ampolla y se roció con un poco de esa agua para recibir ayuda en su predicación! En caso de que alguien se sienta tentado por este tipo de superstición sobre Spurgeon, permítanme ofrecerles un consejo sobre cómo utilizar este libro.
Este libro no trata de técnicas para «hacer iglesia» como lo hacía Spurgeon. No hay garantía de que, si haces estas cosas, verás el mismo tipo de avivamiento que Spurgeon vio. De hecho, estas prácticas pueden conducir a la decadencia antes que al crecimiento. Si tratas de imitar a Spurgeon sin una enseñanza cuidadosa y sin considerar tu contexto, ¡puedes muy bien ser despedido! Considérate advertido.
Mi argumento es que Spurgeon pastoreaba por convicciones bíblicas y teológicas. Al considerar la práctica pastoral de Spurgeon, debemos comprender que, detrás de esas prácticas, hay convicciones sobre la naturaleza de la iglesia y del ministerio pastoral. En el centro de su estrategia pastoral estaba la convicción de que la Biblia es suficiente y habla de cómo debe ser dirigida la iglesia. Por lo tanto, la mejor manera de pensar en este libro es como un compañero de conversación que te ayude a considerar cómo es la fidelidad en el ministerio. He aquí cómo un pastor trató de aplicar fielmente sus convicciones, dado el contexto de su iglesia. Mientras lees, considera tu propio contexto. Examina tus convicciones a partir de las Escrituras sobre la iglesia y el ministerio pastoral.
Y ora sobre cómo podría ser en la práctica la búsqueda de la fidelidad en tu ministerio.
Bosquejo
Comenzamos con la iglesia reunida para el culto (capítulos 1–2). En el primer capítulo, examinaremos no tanto el enfoque de Spurgeon sobre la predicación (aunque trataremos algo de eso), sino, lo que es más importante, el papel de la predicación en la vida de la iglesia. El capítulo 2 tratará más ampliamente el culto corporativo del Tabernáculo Metropolitano. ¿Cómo organizaba Spurgeon los cultos de adoración? ¿Cuál era su enfoque del canto congregacional? Y así.
Tras haberse reunido para el culto y haber sido moldeada por la Palabra de Dios, ahora la iglesia comienza a tomar forma. La siguiente sección (capítulos 3–5) aborda la constitución de la iglesia. Las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor juegan un papel importante en la comprensión de Spurgeon de la iglesia, y el capítulo 3 explorará su significado. El capítulo 4 tratará sobre la membresía de la iglesia y cómo las personas fueron traídas a la iglesia. Pero, más que tener un gran número de miembros, Spurgeon quería una membresía significativa, donde los miembros de la iglesia se conocieran, estuvieran comprometidos y bien atendidos. El capítulo 5 explicará cómo lo hizo Spurgeon en una iglesia de 5000 personas.
Habiendo trazado correctamente los límites de la membresía, Spurgeon no imaginaba la iglesia como un cuerpo sin cabeza. Más bien, tenía convicciones claras sobre el liderazgo y la estructura de la iglesia, y esto se abordará en la siguiente sección (capítulos 6–7). El capítulo 6 analizará la visión de Spurgeon sobre las funciones y responsabilidades de los oficiales de la iglesia, a saber, pastores, ancianos y diáconos. Sin la incansable labor de estos hombres junto a él, Spurgeon creía que la iglesia habría sido una completa farsa. Fue su servicio espiritual y práctico lo que hizo posible el Otro Spurgeon olvidado
Tabernáculo Metropolitano. Spurgeon también era congregacionalista. El liderazgo de los ancianos existía junto a la autoridad de la congregación. El capítulo 7 explorará cómo Spurgeon implementó el congregacionalismo incluso cuando la iglesia crecía exponencialmente.
Por último, la iglesia era vivificada por la Palabra de Dios. En la siguiente sección (capítulos 8–9) se ve a la iglesia preparada para comprometer al mundo con el evangelio. Para Spurgeon, la iglesia no era un club de campo. Era un ejército en medio de una batalla espiritual. Y así, llamó a sus miembros a participar en la lucha. Por grande que fuera el impacto de Spurgeon, esa es solo una parte de la historia. Del Tabernáculo Metropolitano surgieron innumerables iniciativas evangélicas. Su impacto total solo se conocerá en la eternidad. El capítulo 8 aborda las numerosas instituciones caritativas y evangelizadoras que se crearon a partir del Tabernáculo, y el capítulo 9 tratará del enfoque de Spurgeon sobre la formación pastoral y la plantación de iglesias. A continuación, el capítulo 10 ofrecerá unas breves reflexiones finales.
Predicando en 1870, Spurgeon declaró:
El estudio principal del cristiano es Cristo. Junto a ese tema, está la iglesia. Y, aunque de ninguna manera los instaría a pensar en la iglesia de tal manera que por un momento la pusieran en comparación con su Señor, sin embargo, piensen en ella en relación con Él. No deshonrarás al sol recordando que hay una luna, ni disminuirás la gloria del «Rey en Su hermosura» recordando que la reina, Su consorte, es «toda […] hermosa». No pensarás menos de Cristo por pensar mucho de Su iglesia.9
El amor de Spurgeon por Cristo lo impulsó a amar también a la iglesia. Y, mientras animaba a su pueblo a pensar correctamente sobre
9 MTP 60:433.
Otro Spurgeon olvidado
la iglesia, creía que esto solo aumentaría su amor por Cristo. Mi oración es que nuestro estudio de la iglesia y del ministerio pastoral a través del ministerio de Spurgeon tenga el mismo efecto en nosotros; que no pensemos menos de Cristo por pensar mucho de Su iglesia, sino que, por el contrario, nos dediquemos cada vez más a Cristo y a Su pueblo.
L a predicación
Las cifras asociadas al ministerio de predicación de Spurgeon son sorprendentes. Comenzó a predicar a los dieciséis años. Cuando fue llamado a ser pastor de la capilla de New Park Street, a la edad de diecinueve años, había compuesto 365 sermones y predicado casi 700 veces. En sus más de treinta y ocho años de ministerio en Londres, Spurgeon predicó entre cuatro y trece veces por semana. Predicaba cuando estaba de vacaciones. Predicaba cuando estaba enfermo (a veces, había que bajarlo del púlpito). Si no podía predicar en el Tabernáculo por enfermedad o viaje, a menudo proporcionaba un sermón escrito para ser leído en el culto dominical. No podemos saber cuántos sermones predicó a lo largo de su vida, pero una estimación conservadora podría rondar los 10 000.
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A partir de 1855, sus sermones se publicaron y vendieron en folletos semanales llamados «The Penny Pulpit» [El púlpito de un penique], con una tirada media de 25 000 ejemplares, pero en una ocasión, llegaron a venderse hasta 350 000. Como sus sermones eran tan populares, no podía limitarse a reciclar un sermón antiguo cuando predicaba afuera. A menudo, llevaba uno nuevo. Al final de cada año, sus sermones semanales se recopilaban en los volúmenes New Park Street Pulpit [El púlpito de la iglesia de New Park Street] y Metropolitan Tabernacle Pulpit [El púlpito
Spurgeon el pastor
del Tabernáculo Metropolitano]. Tras su muerte en 1892, la serie continuaría durante más de dos décadas; terminando recién en 1917 debido a la escasez de papel a causa de la guerra. En total, se publicaron 3563 sermones en 63 volúmenes, y muchos más quedaron inéditos. Estos sermones se vendieron en todo el mundo anglosajón y se tradujeron a casi cuarenta idiomas. Los editores de Spurgeon calcularon que se vendieron más de cien millones de sermones.
Todas estas asombrosas cifras confirman que la misión de Spurgeon en la vida era predicar. Si queremos entender la visión de Spurgeon sobre el ministerio pastoral, debemos empezar por el púlpito. Él creía que Dios construye Su iglesia a través de Su Palabra. Por lo tanto, la predicación está en el corazón del ministerio pastoral. Este capítulo explorará el papel de la predicación en el ministerio pastoral de Spurgeon, primero examinando la relación de la predicación y la iglesia, y luego considerando el enfoque de Spurgeon sobre la predicación.
¿De dónde procedía el compromiso de Spurgeon con la predicación? Para comprender al príncipe de los predicadores, es importante reconocer que no solo se entregó de lleno a la predicación, sino que él mismo cambió radicalmente gracias a ella.
Criado en casa de un pastor, Spurgeon se interesó por los asuntos espirituales desde muy joven. La disciplina de su padre y su abuelo lo mantuvieron alejado de los problemas, y las enseñanzas de su madre lo marcaron profundamente. Aun así, bajo su apariencia religiosa, Spurgeon conocía el pecado de su corazón. Entre los diez y los quince años, Spurgeon luchó contra las dudas, el desánimo y la culpa de su pecado. Como resultado, cayó en la desesperación. En un momento dado, incluso experimentó con el ateísmo y el escepticismo, pero cuando vio el vacío de «la nada de la vacuidad», dio marcha atrás. Durante años, buscó alivio
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 15
en las obras puritanas de la biblioteca de su abuelo, yendo a la iglesia, participando activamente en sociedades religiosas, absteniéndose de actividades mundanas, y mucho más. Pero nada de esto alivió su mala conciencia. Mientras tanto, Spurgeon se preguntaba: «¿Qué debo hacer para ser salvo?».
La respuesta llegó durante las vacaciones de Navidad de 1849-1850. Spurgeon, de quince años, había regresado de la escuela en Colchester. Con la esperanza de encontrar el camino de la salvación, ese invierno decidió visitar todos los lugares de culto de la ciudad. La mañana del domingo 6 de enero de 1850, de camino a otra iglesia, una repentina tormenta de nieve obligó a Spurgeon a acudir a la capilla metodista primitiva de la calle Artillery, con una docena de asistentes. El ministro habitual no pudo acudir, por lo que un diácono laico desconocido ocupó su lugar y predicó sobre Isaías 45:22: «Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra». No era un hombre elocuente ni culto. Pero predicó claramente sobre lo que significaba responder al evangelio.
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Fijando sus ojos en mí, como si conociera todo mi corazón, dijo: «Joven, parece usted muy miserable». Bueno, era verdad; pero antes no estaba acostumbrado a que desde el púlpito se hicieran comentarios sobre mi aspecto personal. Sin embargo, fue un buen golpe, acertado. Continuó: «Y siempre serás miserable —miserable en la vida y miserable en la muerte— si no obedeces mi texto; pero si obedeces ahora, en este momento, serás salvo». Luego, levantando las manos, gritó, como solo un metodista primitivo podía hacerlo: «Joven, mira a Jesucristo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! No hace falta que hagas nada más que mirar y vivir».1
1 Autobiography 1:106.
Durante años, Spurgeon había sabido de la muerte de Cristo en la cruz por los pecadores, pero nunca había entendido lo que se requería de él. Por lo regular, los predicadores hacían hincapié en el poder de Dios y en la necesidad de demostrar la propia fe actuando como un cristiano. Pero ahora, sentado allí en el banco, empapado, Spurgeon comprendió por primera vez que la fe no consistía en hacer nada por Cristo, sino en mirar a Cristo como tu Salvador absolutamente suficiente.2
Las singulares circunstancias de la conversión de Spurgeon marcarían para siempre su ministerio posterior. Spurgeon nunca olvidó que se había convertido bajo la predicación de la Palabra.
Personalmente, tengo que bendecir a Dios por muchos libros buenos… pero mi gratitud más que nada se debe a Dios, no por los libros, sino por la Palabra predicada. […] Los libros eran buenos, pero el hombre era mejor. La Palabra revelada me despertó; pero fue la Palabra predicada aquella que me salvó; y siempre he de conceder un valor peculiar a escuchar la verdad, porque por ella recibí la alegría y la paz en las que se deleita mi alma.3
Spurgeon comprendió que la predicación era solo el medio. La sustancia y el poder de la predicación residían en «la Palabra revelada», el evangelio, no en el predicador en sí. Esta comprensión se vio subrayada por el hecho de que este sermón procedía de un hombre pobre, inculto y sin formación, que apenas pudo terminar el sermón. A lo largo
2 «Pensaba que tenía que hacer cincuenta cosas más, pero cuando escuché esa palabra, “¡Mira!”, ¡qué palabra encantadora me pareció! ¡Ah! Miré hasta que casi se me gastaron los ojos. Entonces, la nube desapareció, la oscuridad se había desvanecido, y en ese momento vi el sol; y podría haberme levantado en ese instante y cantado con el más entusiasta sobre la sangre preciosa de Cristo, y sobre la fe sencilla que solo lo mira a Él». Autobiography 1:106.
3 Autobiography 1:104.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 17
de su ministerio, Spurgeon no tuvo miedo de utilizar otros medios para comunicar el evangelio, y se dedicó a escribir libros, organizar escuelas dominicales, fomentar devociones privadas, equipar a su gente para la evangelización y mucho más.
Pero debido a su experiencia, siempre creyó que había un «valor peculiar» en la predicación y la audición de la Palabra. Algo único tiene lugar cuando la Palabra «sale con fuerza viva de labios vivos». 4 Como afirma en el prefacio de su primer volumen de sermones: «La predicación de la Palabra por los siervos elegidos del Dios vivo es el medio ordenado para la reunión de los elegidos».5 Fue esta convicción la que llevó consigo al ministerio pastoral.
Como se verá en el resto de este libro, el ministerio pastoral de Spurgeon fue algo más que predicar. Con tanto que hacer, envidiaba a Daniel Rowland, que «no quería tener nada que ver con la gestión de la iglesia.
Se limitaba a predicar, entraba por una puerta en la pared trasera de la casa de reuniones y desaparecía repentinamente cuando había terminado». Un pastor en esa situación «debería predicar como un ángel».6 Esta no era la situación de Spurgeon. No ocupó un puesto de predicador, sino que fue pastor de una iglesia.
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Sin embargo, debemos señalar que el ministerio pastoral de Spurgeon no era menos que la predicación. Incluso con todo lo que tenía entre manos, nunca falló en la más fundamental de las responsabilidades pastorales: predicar la Palabra. Spurgeon creía que esto era cierto no solo para él, sino para todos los pastores. Creía que el púlpito era «las Termópilas de la cristiandad». Pero al referirse a la «Cristiandad», Spurgeon no
4 MTP 53:188.
5 NPSP 1: Prefacio.
6 S&T 1886:83.
Spurgeon el pastor
tenía ideas imponentes sobre una nación cristiana. Más bien, se refería a la iglesia local. Al igual que el futuro de Grecia dependía del rey Leónidas I en la batalla de las Termópilas, Spurgeon creía que la salud y la unidad de la iglesia dependían de la predicación de la Palabra. Por muy buen administrador o consejero que fuera un pastor, si fracasaba en su predicación, la iglesia también fracasaría. En el púlpito, «la lucha se perderá o se ganará». Por lo tanto, Spurgeon encargó a sus alumnos que estudiaban para ser pastores que «el mantenimiento de nuestro poder en el púlpito debe ser nuestra gran preocupación, debemos ocupar esa atalaya espiritual con nuestros corazones y mentes despiertos y en pleno vigor».7
A lo largo del ministerio de Spurgeon, el Tabernáculo Metropolitano demostró una notable unidad para una congregación de más de 5000 miembros. Las actas de las reuniones de la iglesia no dan ninguna prueba de luchas internas de la congregación ni de desacuerdos con los ancianos. La iglesia afirmó repetidamente su amor y apoyo a su pastor. La razón no puede ser que Spurgeon siempre tomara las decisiones correctas y pastoreara su iglesia a la perfección. Más bien, si le preguntaran, Spurgeon señalaría su predicación. Semana tras semana, su congregación era «realmente alimentada» de la Palabra de Dios, y así, quedaban satisfechos y perdonaban «muchísimos pecados». Por lo tanto, para el pastor, «los púlpitos deben tener nuestra principal atención», o todo lo demás fracasará.8
Como veremos, las responsabilidades de Spurgeon como pastor aumentaron a lo largo de su ministerio. Para ayudarlo con los nuevos miembros y la atención pastoral, Spurgeon dirigió la iglesia llamando a
7 Lectures 2:146.
8 «Se nos perdonarán muchos pecados en el asunto de la visita pastoral si las almas de la gente son realmente alimentadas el día de reposo; pero deben ser alimentadas, y nada más lo compensará. Los fracasos de la mayoría de los ministros que van a la deriva pueden atribuirse a la ineficacia en el púlpito. El principal interés de un capitán es saber manejar su nave. Nada puede compensar la deficiencia en ese aspecto, por lo que nuestros púlpitos deben ser nuestro principal cuidado, o todo irá mal». Lectures 2:146.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 19
hombres para servir como ancianos. Para ayudarlo con las responsabilidades pastorales y administrativas cotidianas, contrató a su hermano James como pastor asociado. Para todas las diversas instituciones y sociedades relacionadas con la iglesia, se apoyaba en sus diáconos como ayuda en su liderazgo.
Pero, cuando se trataba del ministerio del púlpito de la iglesia, Spurgeon era el único que asumía la responsabilidad. Se encargaba de la mayor parte de la predicación, y cuando no podía predicar, se las arreglaba para que predicadores fieles lo reemplazaran en el púlpito. Esto no se debe a que fuera territorial sobre el púlpito. Más bien, Spurgeon comprendía que el núcleo de su vocación pastoral era supervisar responsablemente la predicación de la Palabra. La salud y el ministerio de la iglesia dependían de esto, y él no delegaría esa responsabilidad a nadie más.
Como resultado, Spurgeon sentía el peso de la responsabilidad en su predicación. El púlpito era sus Termópilas, y cada sermón era una batalla espiritual contra las artimañas de Satanás. Como predicaba con tanta frecuencia y era tan talentoso, sería fácil imaginar que Spurgeon se sintiera cómodo con la tarea de predicar. Sin embargo, no era así. Susannah, su esposa, habla del «sufrimiento del alma y la angustia espiritual» que Spurgeon experimentaba durante la redacción de sus sermones, no «en su preparación o arreglo, sino en su propio sentido de responsabilidad ante Dios por las almas a las que tenía que predicar el evangelio de salvación».9
A medida que su congregación se multiplicaba y sus sermones se publicaban en todo el mundo, Spurgeon sentía la creciente responsabilidad de cada sermón. Un amigo contó cómo, en sus primeros años, Spurgeon no podía retener nada de comida antes de cada sermón, en previsión de las multitudes que se reunirían para escucharlo. Recién más tarde en la vida superaría esa lucha física.
Sin embargo, no lo consideraba una deficiencia. Una vez, le confesó a su abuelo sus luchas físicas y emocionales antes de subir al púlpito. Su
9 Autobiography 4:65.
Spurgeon el pastor
abuelo le respondió: «Conténtate con que sea así, porque cuando se te pase la emoción, se te acabarán las fuerzas». Aunque predicó miles de sermones, Spurgeon nunca superó la pesada e imponente responsabilidad de predicar. «Cuando predicamos y no le damos importancia al sermón, la gente tampoco le da importancia, y Dios no hace nada con ello».10 A medida que crecía su ministerio, Spurgeon no se durmió en sus laureles, sino que abordó cada sermón con temblor y dependencia en oración. Este era su trabajo como pastor.
ello».
o maestros
Spurgeon enseñó que un pastor que alimentaba a su congregación con la Palabra de Dios contribuiría en gran medida a mantener a la iglesia unida y feliz bajo su liderazgo. Creía que la predicación da forma a la iglesia. La predicación es la manera en que un pastor dirige y hace crecer espiritualmente a la iglesia. El carácter y la salud de la iglesia dependen del ministerio de la Palabra. Por lo tanto, la influencia más fuerte para el crecimiento espiritual en la iglesia no estaba en los ancianos o diáconos omaestros de escuela dominical, sino en el predicador. «No cabe duda de que los oyentes influyen en el predicador, pero la mayor parte de las veces, la corriente más fuerte va en sentido contrario».11
Spurgeon vio muchos ejemplos negativos de este principio en las iglesias de su época. Muchas de estas iglesias tenían un ministerio histórico. Pero, con los años, llegaron nuevos pastores con teologías modernas y nuevos énfasis. Inevitablemente, el púlpito dejó de ser central en
10 S&T 1882:406.
11 «Nadie puede dudar de que la condición espiritual de la iglesia cristiana se ve muy afectada por el carácter de su ministerio. Para bien o para mal, los líderes realmente lideran en gran medida. No cabe duda de que los oyentes influyen en el predicador, pero la mayor parte de las veces, la corriente más fuerte va en sentido contrario. “De tal sacerdote, tal pueblo” es un proverbio bien conocido y veraz, aplicable con fuerza no disminuida a quienes desprecian el título sacerdotal». S&T 1871:215.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 21
habíacambiado.Entodasestascosas,rastreólaraízdeestos
estas iglesias y lo que quedaba de predicación se caracterizaba más por el intelectualismo y la actualidad que por el evangelio. Como resultado, estas iglesias comenzaron a marchitarse espiritualmente. Se cancelaron las reuniones de oración. El fervor evangelizador disminuyó. Los entretenimientos mundanos se colaron en la iglesia. Tales iglesias podían atraer a la gente con sus innovaciones, pero Spurgeon vio que la condición espiritual había cambiado. En todas estas cosas, rastreó la raíz de estos problemas hasta el púlpito.12
La solución, entonces, era reformar el púlpito y ayudar a las iglesias a ver la importancia de la predicación fiel de la Palabra de Dios. Spurgeon rechazó a los que socavaban el pastorado y «quisieran derribar a los hombres que Dios ha levantado». Por el contrario, creía que el púlpito estaba en el centro de la vida de la iglesia. Un ministerio fiel de la Palabra es «el instrumento mediante el cual el Señor actúa especialmente» en la iglesia. Las iglesias que rechazaron «el instrumento de ministerio elegido por Dios» pronto tendrían escrito «¡Icabod!» en sus paredes.13 Pero a través del ministerio de la Palabra, Dios despliega Su poder en la iglesia y en el mundo.
Por lo tanto, como veremos en el capítulo 9, Spurgeon se dedicó a levantar predicadores fieles de la Palabra de Dios. No podía concebir la reforma de ninguna iglesia fuera del púlpito. Sin el poder de la Palabra de Dios, cualquier esfuerzo de reforma eclesiástica fracasaría. Pero si una iglesia moribunda llamaba a un predicador fiel para que llenara el púlpito y predicara fielmente la Palabra de Dios, Spurgeon creía, por la gracia de
12 «Bajo un predicador somnoliento, el espíritu del pueblo se aletarga; un ministro absorbido por la política conduce a sus oyentes a luchas partidistas; un autoerigido ensayista intelectual engendra un discipulado marcado por la afectación de una cultura superior; y un pensador poco sólido y un hablador incierto promueven la herejía en su congregación. Satanás conoce muy bien el poder del ministerio, y por eso trabaja abundantemente para pervertir las mentes de los siervos del Señor, y también para suscitar falsos maestros que puedan prestar un gran servicio a su malvada causa». S&T 1871:215.
13 MTP 8:196.
Spurgeon el pastor
Dios, que cualquier iglesia podía ser restaurada y volver a ver la bendición de Dios sobre su ministerio.
El enfoque de Spurgeon sobre la predicación
Si estás buscando crecer en tu predicación, permíteme recomendarte las instrucciones de Spurgeon sobre la predicación, que se encuentran en Lectures to My Students [Discursos a mis estudiantes]. Al menos veinte de los treinta y dos discursos publicados tratan directamente de la predicación, ofreciendo una enseñanza práctica, así como una visión teológica de la predicación. Para los fines de este libro, permítanme destacar siete breves puntos que resumen el enfoque de Spurgeon sobre la predicación. Si eres un predicador habitual, quizás encuentres algo en el ejemplo de Spurgeon que te anime en tu labor.
Preparado
Habiendo predicado miles de sermones, ¿cuándo encontraba Spurgeon tiempo para elaborarlos? Una respuesta es que Spurgeon nunca dejó de prepararse. Siempre estaba pensando en sus sermones, meditando en las Escrituras, buscando buenos contenidos y, en general, trabajando en su oficio de predicador. Spurgeon advertía a sus alumnos: «Debemos estar siempre capacitándonos en la obtención de textos y la predicación de sermones […]; la hoja de su ministerio pronto se marchitará a menos que, como el hombre bendito del primer Salmo, mediten en la ley del Señor de día y de noche. […] No creo en el ministerio que ignora la preparación laboriosa».14
laboriosa».
La preparación del sermón no solo se centraba en el manuscrito, sino también en el propio predicador. Spurgeon recordaba a sus alumnos que los predicadores son «nuestras propias herramientas, y por lo tanto
14 Lectures 1:97.
debemos mantenernos en orden».15 Esto incluía no solo cultivar las habilidades y destrezas adecuadas, sino también mantener el corazón y el alma en la cercanía a Cristo y el amor por los perdidos. Tales preparativos no empezaban ni terminaban en el estudio, sino que marcaban toda la vida del predicador.
Sin embargo, más concretamente, Spurgeon tenía un proceso de preparación de sermones que solía tener lugar los sábados después de las seis de la tarde. En una ocasión, dio la siguiente descripción de su proceso: Hermanos, no me resulta fácil decirles con precisión cómo elaboro mis sermones. Durante toda la semana busco material que pueda utilizar el sábat; pero el trabajo real de organizarlo lo dejo necesariamente para el sábado por la tarde, ya que el resto del tiempo lo dedico al servicio al Señor. A menudo, he dicho que mi mayor dificultad es fijar mi mente en los textos particulares que han de ser los temas del discurso del día siguiente; o, para hablar con más propiedad, saber qué temas quiere el Espíritu Santo que exponga ante la congregación. En cuanto un pasaje de la Escritura se apodera realmente de mi corazón y de mi alma, concentro en él toda mi atención, busco el sentido preciso del original, examino de cerca el contexto para ver el aspecto especial del texto en su entorno, y apunto toscamente todos los pensamientos que se me ocurren sobre el tema, dejando para más adelante la organización de los mismos para presentarlos a mis oyentes. Cuando he llegado a este punto, a menudo me encuentro con un obstáculo que solo es un problema
15 Lectures 1:1. Las Termópilas de
para aquellos de nosotros cuyos sermones se imprimen regularmente. Recurro a mi propia Biblia, que contiene un registro completo de todos mis discursos publicados; y, mirando los que he predicado sobre el texto, encuentro, tal vez, que la línea general de pensamiento es tan similar a la que he marcado, que tengo que abandonar el tema y buscar otro. Afortunadamente, un texto de la Escritura es como un diamante con muchas facetas, que brilla y resplandece en cualquier dirección en que se lo sostenga, de modo que, aunque ya haya impreso varios sermones sobre un pasaje en particular, todavía hay un nuevo lugar posible para la inestimable gema, y puedo seguir adelante con mi trabajo. Me gusta ver lo que otros tienen que decir acerca de mi texto; y, por regla general, mi experiencia es que, si su enseñanza es perfectamente clara, los comentaristas, de manera unánime, lo explican con lujo de detalles, mientras que, con la misma unanimidad, evitan o eluden los versos que Pedro podría haber descrito como cosas «difíciles de entender». Les estoy muy agradecido por haberme dejado tantas nueces para cascar; pero habría estado igual de agradecido si hubieran hecho más uso de sus propios dientes o cascanueces teológicos. Sin embargo, entre los muchos que han escrito sobre la Palabra, por lo general encuentro algunos que al menos pueden ayudar a arrojar una luz lateral sobre ella; y cuando he llegado a esa parte de mi preparación, me complace llamar a mi querida esposa en mi ayuda. Ella me lee hasta que me hago una idea clara de todo el tema; y, poco a poco, me guía hacia
la mejor forma de esquema, la cual copio, en media hoja de papel de carta, para usar en el púlpito. Esto solo se refiere al sermón de la mañana; para el de la tarde, suelo contentarme con decidir el texto y tener una noción general de las lecciones que se han de extraer de él, dejando para la tarde del día del Señor la disposición final de las divisiones, subdivisiones e ilustraciones.16
Observa que Spurgeon no recomienda este proceso como la mejor manera de preparar un sermón. Reconoce que su proceso está influido por sus circunstancias y capacidades únicas. Aunque no tiene problema de compartir su enfoque, cada predicador debe averiguar qué es lo que mejor le funciona. El proceso de preparación de sermones de Spurgeon seguía generalmente cuatro pasos.
doc texto.
Primero, seleccionaba semana a semana el texto a partir del cual predicaría. Para él, esta era «la mayor dificultad» de sus preparativos. Este proceso no solo implicaba un estudio cuidadoso y una consideración pastoral de las necesidades de su congregación, sino que él también acudía a la guía del Espíritu. Les decía a sus alumnos: «Confieso que con frecuencia me siento hora tras hora a orar y a esperar un tema, y que esta es la parte principal de mi estudio». No obstante, no era una espera pasiva. Incluso cuando trabajaba «manipulando temas, rumiando sobre puntos de doctrina, haciendo esqueletos de versículos», dependía del Espíritu para que lo guiara hacia un texto.17 Spurgeon no prohibía a sus alumnos planificar una serie de sermones con antelación y predicar a través de los libros de la Biblia. Pero les advertía que una serie larga podía acabar cansando a una congregación.18 Parte de la cuestión era que Spurgeon seguía generalmente el modelo puritano de predicación, que tomaba un versículo como texto y
16 Autobiography 4:65-68.
17 Lectures 1:88.
18 Lectures 1:99-101.
Spurgeon el pastor
meditaba sobre él en profundidad. Así pues, predicar un libro de la Biblia versículo a versículo podría resultar difícil, incluso para el más dotado de los predicadores.
Segundo, Spurgeon estudiaba su texto intensamente, examinándolo en el idioma original, considerando el contexto circundante y anotando todos sus pensamientos y reflexiones sobre el texto. Una vez hecho ese trabajo, volvía a ver si ya había predicado sobre ese texto y comparaba sus notas para asegurarse de que no hubiera demasiados solapamientos. Spurgeon creía que las Escrituras eran «como un diamante con muchas facetas» y, por ello, solía predicar varios sermones sobre un mismo versículo. Hay que decir aquí que Spurgeon fue notablemente original como predicador de miles de sermones. Algunos eruditos han acusado a Spurgeon de estar dispuesto a plagiar sermones ajenos. Es cierto que Spurgeon leía mucho y se inspiraba en las ideas de otros, sobre todo al principio de su carrera como predicador. Pero está claro que el núcleo de la preparación del sermón de Spurgeon era su trabajo original y sus meditaciones sobre el texto. Despreciaba repetirse a sí mismo, y menos aún a otro predicador.
Spur
Tercero, recién después de haberlo estudiado por sí mismo, Spurgeon consultaba otras fuentes, tanto comentarios académicos como escritos devocionales. Las obras académicas le resultaban menos útiles en su preparación. Las consultaba sobre todo en busca de dificultades en el texto, pero con demasiada frecuencia los comentaristas eludían esas dificultades. Más útiles eran las obras devocionales y los sermones. Para esta parte de sus preparativos, su esposa leía obras seleccionadas, mientras Spurgeon reflexionaba sobre lo que oía. Susannah siempre se asombraba del conocimiento que su marido tenía de su biblioteca y apreciaba estos momentos para su propio crecimiento espiritual.19
19 «Siempre que entraba en el estudio, encontraba a su lado un sillón arrimado a la mesa y un gran montón de libros apilados unos sobre otros y abiertos en el lugar donde él deseaba que yo leyera. Con aquellos viejos volúmenes a su alrededor, era como una abeja en medio de las flores; parecía saber cómo extraer y llevarse el dulce botín del tomo de aspecto menos prometedor entre ellos. Su conocimiento de ellos era tan familiar y
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 27
Finalmente, tomaba todo lo que había estudiado y organizaba su sermón, escribiendo sus pensamientos en media hoja de papel. Al principio de su carrera como predicador, Spurgeon solía escribir sus sermones en esquemas más completos o incluso manuscritos. Algunos de los sermones que se encuentran en la serie de Sermones perdidos de C. H. Spurgeon pueden abarcar varias páginas. Pero, a medida que iba adquiriendo experiencia, Spurgeon se fue obligando a predicar de forma más espontánea, reduciendo la preparación de sus sermones a un simple esquema. Este último paso era importante porque Spurgeon creía en la importancia de los sermones bien organizados. Enseñaba a sus alumnos que, en lugar de dejar caer verdades al azar desde el púlpito, el sermón debía tener una procesión lógica. «El pensamiento debe subir y ascender; una escalera de enseñanza que lleve a otra; una puerta de razonamiento que conduzca a otra, y el conjunto debe elevar al oyente a una cámara desde cuyas ventanas se vea la verdad brillando a la luz de Dios».20 Aunque solo llevaba un esbozo al púlpito, este representaba un proceso disciplinado de preparación y oración.
Spurgeon alentaba dos tipos de predicación espontánea. El primero era un sermón espontáneo en sus palabras, pero no en su contenido. Este era el tipo de sermones que predicaba los domingos por la mañana. Después de haber estudiado cuidadosamente el texto, organizado su esquema y preparado sus puntos de enseñanza e ilustraciones, Spurgeon subía al púlpito totalmente preparado y, al mismo tiempo, confiando en que el Espíritu le daría las palabras adecuadas para decir.21 completo, que enseguida podía poner su mano sobre cualquier autor que hubiera escrito sobre la porción de las Escrituras que atraía su atención; y de esta agradable manera, se me presentó a muchos de los puritanos y otros teólogos que, de otro modo, no habría conocido». Autobiography 4:68.
20 Lectures 1:80.
21 «No suban al púlpito y digan lo primero que se les ocurra, porque lo que está en la mente de la mayoría de los hombres es pura espuma. Su pueblo necesita discursos
Spurgeon el pastor
Para Spurgeon, la espontaneidad era muy importante. Lo último que quería era que su sermón pareciera leído. Los manuscritos de los sermones estaban bien preparados. Spurgeon animaba a sus alumnos a escribir sus sermones y a revisarlos cuidadosamente «para que se guarden de un estilo descuidado». Pero después de todo ese trabajo, «déjenlos luego en casa», y prediquen el sermón directamente a la gente. Spurgeon también advertía a sus alumnos contra la memorización de sermones. Esto era «un ejercicio fatigoso de un poder inferior de la mente y un descuido indolente de otras facultades superiores». En cambio, recomendaba su propia práctica: «Las palabras son extemporáneas, como creo que deben ser siempre, pero los pensamientos son fruto de la investigación y el estudio».22
Mypreparada.
Spurgeon también promovía otra clase de predicación espontánea. Los pastores que predicaban una o dos veces por semana podían permitirse dedicar el tiempo necesario a la preparación de estos sermones. Pero un pastor tan ocupado como Spurgeon, que predicaba varias veces a la semana, tuvo que desarrollar una nueva habilidad. Para sus sermones de los lunes por la noche, Spurgeon los predicaba casi totalmente de forma espontánea, ejerciendo lo que él llamaba «discurso improvisado, sin preparación especial, sin notas ni previsión inmediata». Sin duda, advertía contra el uso de esta práctica como dieta principal de la predicación de una iglesia. Estos sermones poco estudiados solían ser de «una calidad muy inferior», incluso proviniendo de los predicadores más dotados. «Las iglesias no deben mantenerse unidas sino por un ministerio que bañados de oración y laboriosamente preparados. La gente no quiere comida cruda, sino cocinada y preparada. Debemos dar desde nuestras propias almas, en las palabras que naturalmente se sugieren, el asunto que ha sido tan minuciosamente preparado por nosotros como posiblemente podría haberlo sido por un escritor de sermones; de hecho, debería estar incluso mejor preparado, si queremos hablar bien. El mejor método es, a mi juicio, aquel en el que el hombre no extemporiza el asunto, sino que extemporiza las palabras; el lenguaje le viene en el momento, pero el tema ha sido bien pensado». Lectures 1:142. 22 Lectures 1:153.
inmediata».Sin duda,advertía
instruya; llenar meramente el tiempo con oratoria no será suficiente».23
Algunas tradiciones, como los cuáqueros, sufrieron a causa de su insistencia en la predicación improvisada como único método de predicación. Spurgeon también advirtió sobre intentar esto sin práctica. Una predicación tan descuidada daría lugar a repeticiones tediosas, pensamientos confusos y vergüenza.
Al mismo tiempo, para el pastor que era disciplinado en la lectura y la meditación, que conocía bien a su congregación y que trabajaba en esta habilidad, tal predicación podía resultar beneficiosa para la iglesia y para su propio desarrollo como predicador. Desde sus primeros días en Londres, Spurgeon trató de «adquirir el hábito de hablar espontáneamente» recurriendo a la reunión de oración de los lunes por la noche. Esas reuniones eran más pequeñas e íntimas, compuestas en su mayoría por su propia gente. Allí, Spurgeon podía permitirse ser más personal y hablar desde el corazón.24
Del mismo modo que cualquier comerciante podría hablar de su trabajo sin preparación alguna, el predicador debería poder exponer las doctrinas del evangelio para edificación de su pueblo. A medida que Spurgeon desarrollaba esta habilidad, crecía en su predicación espontánea de los domingos y se preparaba para otras oportunidades de predicación improvisada que se le presentaban.
23 Lectures 1:151.
24 «Nunca he estudiado ni preparado nada para la reunión de oración de los lunes por la tarde. Todo este tiempo he escogido esa ocasión como oportunidad para exhortar de manera improvisada; pero observarán que, en tales ocasiones, no selecciono temas expositivos difíciles, ni temas abstrusos, sino que me limito a una charla sencilla y hogareña acerca de los elementos de nuestra fe. Al levantarse en tales ocasiones, la mente hace un repaso y se pregunta: “¿Qué tema ha ocupado ya mi pensamiento durante el día? ¿Con qué me he encontrado en mi lectura durante la semana pasada? ¿Qué es lo que más me preocupa en este momento? ¿Qué sugieren los himnos o las oraciones?”». Lectures 1:158-159. Las
Spurgeon el pastor
Expositivo
Spurgeon creía que el poder del púlpito no residía en el predicador, sino en la Palabra de Dios. Por lo tanto, creía que los predicadores debían predicar sermones expositivos. Eran sermones que tomaban como tema principal un texto de las Escrituras y trataban de explicarlo y aplicarlo al pueblo. Spurgeon no prohibía otros tipos de sermones, pero pedía a los pastores que hicieran de la predicación expositiva su práctica principal.25
A la hora de elaborar un sermón, Spurgeon enseñaba a sus alumnos a ceñirse al texto. Cualquiera fuera la doctrina o aplicación que enseñaran, su materia debía «ser congruente con el texto». Debían evitar hacer a un lado el texto para dejar espacio a sus propias ideas. En cambio, «el discurso debe surgir del texto como norma». Esto debía ser evidente no solo para el predicador, sino para todos los que escuchaban. Cuanto más pueda ver la gente que el predicador está hablando «claramente la palabra misma de Dios», tanto más llega el sermón «con mucho mayor poder a las conciencias de los oyentes».26
oyentes». sermo
Algunos han criticado la predicación de Spurgeon y se han preguntado si era realmente un predicador expositivo. Tal vez al leer sus devociones de Morning and Evening [Lecturas matutinas y vespertinas], o al trabajar con uno de sus sermones más tipológicos, algunos han encontrado que Spurgeon es más laxo en su manejo del texto de lo que están acostumbrados. Se pueden decir al menos dos cosas en respuesta.
En primer lugar, la predicación expositiva de Spurgeon no tenía que ver con un estilo, sino con el compromiso de enraizar sus sermones en la Palabra de Dios. Algunos asocian la predicación expositiva con
25 «Seamos poderosos en la exposición de las Escrituras. Estoy seguro de que ninguna predicación durará tanto ni edificará tan bien una iglesia como la expositiva. Renunciar por completo al discurso exhortativo en pro del expositivo sería llegar a un extremo absurdo; pero no puedo asegurarles con demasiada seriedad que, si sus ministerios han de ser duraderamente útiles, deben ser expositores». AARM 44.
26 26 Lectures 1:75.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 31
un determinado estilo, en particular, con la predicación versículo por versículo. A Spurgeon, sin embargo, le importaba menos el estilo. Le importaba más que su predicación estuviera arraigada en la Palabra de Dios. La predicación «no era una conferencia sobre la Escritura, sino la Escritura misma abierta y aplicada». La mayoría de los sermones de Spurgeon cubrían un solo versículo. Pero, en ocasiones, también predicó pasajes más largos (por ejemplo, ver MTP 23, Sermón n.º 1360, «El buen samaritano», o MTP 55, Sermón n.º 3155, «Las bienaventuranzas»). Sin embargo, independientemente del estilo o de la extensión del pasaje, el objetivo de Spurgeon (y el objetivo de toda predicación expositiva) era abrir y aplicar las Escrituras a su pueblo.
En segundo lugar, Spurgeon no temía predicar la narrativa y la teología generales de las Escrituras. Cuando predicaba sobre un solo versículo, Spurgeon lo utilizaba a menudo como lente a través de la cual meditaba sobre toda la Escritura, tanto de manera sistemática como histórico-redentora. Pero incluso al hacerlo, no abandonaba el texto, sino que limitaba sus reflexiones según el texto. Una lectura cuidadosa de sus sermones mostrará que sus puntos no son aleatorios; fluyen de la estructura y el contenido del pasaje. Además, Spurgeon tenía en cuenta el contexto del pasaje, que a menudo incorporaba a la lectura de las Escrituras.
estruc
Al planificar el servicio, Spurgeon siempre buscaba lecturas extraídas del contexto o relacionadas con el texto. También ofrecía breves comentarios a medida que leía, de modo que, para el sermón, su gente comprendía algo del contexto. Este trabajo preparatorio en el texto le permitía ir más lejos y profundizar en su predicación sin perder el contexto histórico-gramatical. Al fin y al cabo, se puede debatir si consiguió predicar un sermón de forma expositiva. Lo que está claro es que Spurgeon abogaba por este tipo de predicación y trataba de hacerlo él mismo. Estos son los tipos de sermones que deberían constituir la mayor parte de la predicación de un pastor. «Aunque, en muchos casos, los sermones tópicos no solo son permisibles, sino muy apropiados; aquellos sermones que exponen las
palabras exactas del Espíritu Santo son los más útiles y los más agradables para la mayor parte de nuestras congregaciones».27
Teológico
Suprimer
Su primer sermón como predicador invitado de diecinueve años en la New Park Street Chapel versó sobre Santiago 1:17, sobre el «Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación». El sermón, que había predicado recientemente en su propia iglesia de Waterbeach, se trataba de la inmutabilidad divina. Incluso siendo un adolescente, Spurgeon no tenía miedo de predicar sermones de peso doctrinal. Aproximadamente un año después, el domingo 7 de enero de 1855 por la mañana, Spurgeon predicó otro sermón sobre el mismo tema, titulado «La inmutabilidad de Dios», tomado de Malaquías 3:6. Este sería el primer sermón publicado de los sesenta y tres volúmenes de sermones, quizás un homenaje a su primer sermón en New Park Street. Spurgeon comienza así:
Alguien ha dicho que «el estudio adecuado de la humanidad es el hombre». No me opondré a la idea, pero creo que es igualmente cierto que el estudio adecuado de los elegidos de Dios es Dios; el estudio adecuado de un cristiano es la Deidad. La ciencia más elevada, la especulación más sublime, la filosofía más poderosa que puede atraer la atención de un hijo de Dios es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos y la existencia del gran Dios a quien él llama su Padre. Hay algo que mejora de maravillas la mente en una contemplación de la Divinidad. Es un tema tan vasto, que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad;
27 Lectures 1:75.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 33
tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en su infinitud.28
Desde el principio, Spurgeon se comprometió a predicar sermones teológicamente ricos. Instaba a sus alumnos a seguir su ejemplo: «Hermanos, si no son teólogos, en su pastorado no hay nada de nada. Pueden ser buenos retóricos […] pero sin el conocimiento del evangelio y la aptitud para enseñarlo, no son más que metal que resuena y címbalo que retiñe».29 Los predicadores dotados a menudo ocultaban su ignorancia teológica tras su elocuencia, humor y carisma. Estas cosas no sustituían a la sana doctrina ni al pensamiento profundo. Sin sermones teológicos, las iglesias se morían de hambre. Los predicadores estaban llamados a alimentar a su pueblo con la carne de la Palabra.
aptitudpara tam
Spurgeon también creía en la importancia de la sana doctrina para proteger a los predicadores del error. Incluso cuando enfatizaba la predicación expositiva, Spurgeon vio que muchos predicadores intentaban predicar textos difíciles sin un marco teológico sólido, lo cual los llevaba al error. «Muchos predicadores no son teólogos, y de ahí los errores que cometen. Al evangelista más entusiasta no le hace ningún daño ser también un teólogo sólido, y a menudo puede ser el medio para salvarlo de errores graves».30 La Escritura debe interpretar la Escritura, y la teología protege al predicador del error.
graves».
Mevangelio«comounacavernaenlaque hayqueentrar por
Pero, más que proteger a la iglesia, Spurgeon creía que la teología revelaba las riquezas de la verdad de Dios a la iglesia. En una ocasión, imaginó el evangelio «como una caverna en la que hay que entrar portando la antorcha del Espíritu Santo». Al entrar por primera vez, lloras de alegría ante los metales preciosos que recubren las paredes, pero el Espíritu te lleva más adentro de la caverna y cada cámara es «más elevada y más espaciosa que la anterior. El suelo, el techo y las estalactitas colgantes son
28 NPSP 1:1.
29 Lectures 1:74.
30 AARM 43-44.
de oro». Incluso cuando nos maravillamos ante la verdad de las Escrituras y pensamos que ya no hay nada más que ver, «ningún mortal ha visto aún completamente la gloria de Dios, y el Espíritu divino espera para guiarlos mediante el estudio y la oración a una visión aún más clara de las cosas profundas de Dios».31 Por lo tanto, el llamado del pastor-teólogo es explorar las profundidades del evangelio y llevar las cosas profundas de Dios para gozo de Su pueblo.
Sencillo
Pero ser un predicador teológico no tenía ningún valor para la gente si no sabía cómo comunicar la Palabra de Dios con eficacia. A su compromiso con la predicación expositiva y la teología sólida, se unía su compromiso con la predicación sencilla. Spurgeon bromeó una vez: «El Señor Jesús no dijo: “Apacienta mis jirafas”, sino “Apacienta mis ovejas”».32 De hecho, su congregación solía estar formada por la clase trabajadora de Londres, o la más baja. Muchos tenían poca o ninguna educación. Algunos eran analfabetos. Por eso, cuando predicaba sobre temas como la inmutabilidad divina, la predestinación o la unión hipostática, lo hacía de un modo que su pueblo pudiera entender.
“Apa pre
Esto significaba que Spurgeon no podía basarse en términos teológicos técnicos como los que acabamos de mencionar. Por supuesto, era importante aprender esos términos, pero Spurgeon nunca dio por sentado que su gente los entendiera. Más bien, se ocupó de definirlos, ilustrarlos y aplicarlos. Su objetivo era hablar claro y no esconderse tras términos oscuros.
Asegúrate, además, de hablar claro; porque, por muy excelente que sea tu materia, si un hombre no
31 AARM 119.
32 C. H. Spurgeon, The Salt-Cellars: Being a Collection of Proverbs Together with Homely Notes Thereon, Vols. 1-2, (Londres: Passmore & Alabaster, 18891891), 1:56.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación
la comprende, no puede servirle de nada; lo mismo podrías haberle hablado en la lengua de Kamskatka que en tu propia lengua, si utilizas frases que están totalmente fuera de su entendimiento, y modos de expresión que no son adecuados para su mente.33
Por supuesto, este tipo de sencillez es un trabajo duro. Spurgeon creía que uno debe «subir a su nivel si [el oyente] es un hombre pobre; [y] bajar a su entendimiento si es una persona educada». Para hablar a los incultos, hay que «caminar por una senda en la que tus auditores puedan acompañarte, y no montar en el caballo alto y pasar por encima de sus cabezas».34
En el Pastor's College se hacía especial hincapié en la sencillez de la predicación. Para cultivar esto, Spurgeon instaba a no perder el contacto con las realidades y los retos de la vida. Aunque las universidades tradicionales tendían a alejar a los estudiantes de los entornos naturales, los alumnos de Spurgeon vivían con familias, permanecían activos en la iglesia, interactuaban con personas de todos los ámbitos de la vida y ejercían activamente su ministerio mientras estudiaban. Todo esto formaba parte de su educación. Lo último que quería Spurgeon era generar artificialidad en la predicación de sus alumnos.35
Al final, la sencillez en la predicación tenía que ver con la claridad del evangelio. En lugar de buscar la elocuencia, el predicador debía hablar
33 Lectures 1:141.
34 Lectures 1:141.
35 «Creemos que es conveniente que los estudiantes que van a ser ministros que se identifican con el pueblo continúen en asociación con la humanidad corriente. Abstraerlos por completo de la vida familiar y reunirlos bajo un mismo techo puede tener sus ventajas, pero también sus peligros. Es artificial y puede generar artificialidad. Puede objetarse que, al residir, como hacen nuestros hombres, con nuestros amigos alrededor, pueden verse perturbados por los diversos incidentes familiares. Pero ¿por qué no deberían hacerlo? […] La vida reclusa o colegial no es la vida de muchos, y una buena parte de ella pronto saca al hombre de armonía con los asuntos cotidianos de la vida». S&T 1871:227.
de la manera que fuera necesaria para transmitir el evangelio. «Habla con el corazón y no te preocupes por la elocuencia. No hables a la manera del orador; habla como un amante de las almas, y entonces tendrás verdadera elocuencia».36 Con demasiada frecuencia, la búsqueda de estilos de predicación antinaturales provenía de un deseo de respetabilidad, no de un amor por el oyente. Pero la confianza en la verdad del evangelio produce predicadores que aspiran a la sencillez.37
Evangelístico
El primer sermón que Spurgeon predicó en el recién construido Tabernáculo Metropolitano, el 25 de marzo de 1861, se basó en Hechos 5:42: «Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo». En este sermón, Spurgeon hizo una declaración definitiva sobre su predicación:
Yo propondría que el tema del ministerio de esta casa, mientras esta plataforma permanezca en pie, y mientras esta casa sea frecuentada por adoradores, sea la persona de Jesucristo. Nunca me avergüenzo de declararme calvinista. […] No dudo en tomar el nombre de bautista. […] Pero si me preguntan cuál es mi credo, creo que debo responder: «Es Jesucristo». Mi venerable predecesor, el Dr. Gill, ha dejado un cuerpo de divinidad, admirable y excelente a su manera, pero el cuerpo de divinidad al que yo me aferraría y ataría para siempre, con
36 AARM 129.
37 «El predicador también debe tener en cuenta que predica a Cristo con mucha sencillez. Debe romper sus grandes palabras y largas frases, y orar contra la tentación de usarlas. La frase corta, como un puñal, suele ser la que mejor funciona. […] Debe emplear un estilo sencillo y hogareño, o el estilo que Dios le haya dado; y debe predicar a Cristo tan claramente que sus oyentes no solo puedan entenderle, sino que no puedan malinterpretarlo aunque lo intenten». MTP 56:489. 36 Spurgeon el pastor
Las Termópilas de la iglesia: La predicación
la ayuda de Dios, no es su sistema de divinidad ni ningún otro tratado humano, sino Cristo Jesús, que es la suma y la sustancia del evangelio; que es en sí mismo toda la teología, la encarnación de toda verdad preciosa, la encarnación personal y gloriosa del camino, la verdad y la vida.38
Spurgeon se condujo de esta manera durante todo su ministerio de predicación. Dondequiera que predicara, ya fuera sobre la ley mosaica, los profetas o las epístolas, Spurgeon siempre encontraba el camino a Cristo en cada parte de las Escrituras. Al igual que todos los caminos de Inglaterra conducían a Londres, Spurgeon creía que cada texto de las Escrituras (y, por tanto, cada sermón) debía tener un camino hacia Cristo. Otras doctrinas como la perseverancia o la elección eran importantes, pero secundarias. «Sea lo que sea que no prediquemos, prediquemos a Jesucristo».39
Sin embargo, su compromiso de predicar a Cristo no significaba que evitara predicar sobre los imperativos de la vida cristiana. Dependiendo del texto, predicaba tanto la gracia del evangelio como las exigencias de la ley. Abordaba tanto los pecados individuales como los de la sociedad. Desafiaba a los cristianos de dentro y fuera de su denominación. Cuando hablaba a su congregación, pensaba en las distintas categorías de su pueblo y aplicaba la Palabra de Dios a cada grupo en concreto. «Considera la condición de tus oyentes. Reflexiona sobre su estado espiritual en su conjunto y como individuos, y prescribe la medicina adaptada a la enfermedad actual, o prepara el alimento adecuado a la necesidad imperante».40
Independientemente de su audiencia, su condición espiritual o los desafíos de su contexto, Spurgeon creía que la principal necesidad era escuchar el evangelio. Solo mediante el arrepentimiento y la fe en Cristo
38 MTP 7:169.
39 MTP 19:381.
40 Lectures 1:90.
podían salvarse los pecadores. Pero al utilizar el término evangelio, no reducía su mensaje a un plan abstracto de salvación o a una idea teórica. No, para Spurgeon, predicar el evangelio significaba predicar a Cristo, en toda Su gloria. «De todo lo que quisiera decir, esta es la suma; hermanos míos, prediquen a CRISTO, siempre y por siempre. Él es todo el evangelio. Su persona, Sus oficios y Su obra deben ser nuestro único gran tema omnicomprensivo. El mundo aún necesita que se le hable de su Salvador y del camino para llegar a Él».41
Sin embargo, la predicación de Cristo no debe limitarse a la salvación individual. Spurgeon creía que Cristo era la solución a todos los males de la sociedad. En su sermón «Cómo afrontar los males de la época», Spurgeon recorre una letanía de desalentadores desafíos contemporáneos a los que se enfrentaban los cristianos de su tiempo tanto en la iglesia como en la sociedad. Pero, luego, ofrece el remedio:
Solo tengo un remedio que prescribir, y es que prediquemos el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en toda su extensión de doctrina, precepto, espíritu, ejemplo y poder. […] No tenemos más que predicar el evangelio vivo, y todo el evangelio, para hacer frente a todos los males de los tiempos. El evangelio, si se recibiera plenamente en toda la tierra, purgaría toda esclavitud y toda guerra, y acabaría con toda embriaguez y todos los males sociales; de hecho, no se puede concebir una maldición moral que no eliminaría; e incluso los males físicos, ya que muchos de ellos surgen incidentalmente del pecado, se mitigarían en gran medida, y algunos de ellos serían abolidos para siempre.42
41 Lectures 1:82.
42 AARM 112-113.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 39
Comprometido con la predicación de Cristo, Spurgeon estaba convencido de que el mundo no necesitaba otro remedio. A medida que los corazones pecadores fueran redimidos y transformados, a medida que las personas vivieran su fe en sus comunidades, lugares de trabajo y naciones, Spurgeon creía que el evangelio podía tener un verdadero impacto en el mundo.
Por último, y lo más importante, Spurgeon creía en su absoluta dependencia del Espíritu Santo en su predicación. «Para nosotros, como ministros, el Espíritu Santo es absolutamente esencial. Sin Él, nuestro oficio es un mero nombre».43 Esto ha quedado patente en los puntos anteriores. Al preparar su sermón, Spurgeon confiaba en el Espíritu a la hora de seleccionar un texto y de iluminarlo para él. Antes de cada servicio, Spurgeon pasaba tiempo en oración con sus diáconos y ancianos, «dependiendo del Señor para cada partícula de fuerza».44 Al predicar un sermón, Spurgeon no se basaba en un manuscrito. Confiaba en que el Espíritu «abriera nuestras bocas para que pudiéramos proclamar las alabanzas del Señor» y «nos impidiera decir muchas cosas que, si realmente salieran de nuestra lengua, estropearían nuestro mensaje».45
fuerza». mensaje».
La confianza de Spurgeon en el Espíritu no era meramente para su propio rendimiento, sino para la salvación de las almas. La predicación es obra del hombre, pero la salvación es obra de Dios. Spurgeon predicaba sabiendo que, por mucho que se hubiera preparado y trabajado en su predicación, seguía siendo totalmente impotente para lograr la conversión de un alma. Miraba solo a Dios para tales resultados.46
43 Lectures 2:3.
44 MTP 36:400.
45 MTP 36:400.
46 «Mire usted, señor, puede estudiar su sermón; puede examinar el original de su texto; puede seguirlo críticamente en todos sus aspectos; puede ir y predicarlo con gran corrección de expresión; pero no puede vivificar un alma por ese sermón. Puede subir a
Spurgeon también se alegraba de que la salvación no dependiera de sus débiles esfuerzos. Si la salvación pertenecía al Señor, entonces Dios podría usar un sermón para salvar a mil pecadores tanto como podría salvar a uno. El poder no residía en el predicador, sino en la omnipotencia de Dios. La dependencia de Spurgeon del Espíritu se combinaba con una fuerte fe en que Dios cumpliría Su promesa de obrar poderosamente a través de Su Palabra. Y así, predicaba con audacia.
La oración y la esperanza de predicar: El avivamiento
El objetivo de la predicación es la fidelidad. La tarea del predicador es predicar la Palabra de Dios con precisión y fidelidad, y luego, dejar los resultados a Dios. Sin embargo, un predicador nunca se contenta con predicar sermones fieles, independientemente de los resultados. Más bien, su oración es que se conviertan los pecadores y se edifique la iglesia. Más aún, su oración es por el renacimiento.
Spurgeon creía que, en ciertas épocas de la historia de la iglesia, el Espíritu Santo se movía en la iglesia de manera poderosa. Bajo la predicación de los puritanos ingleses en el siglo xvii y de Whitefield y Wesley en el siglo xviii, Inglaterra vivió tiempos de avivamiento en los que la iglesia despertó a la gloria de Cristo y los pecadores se convirtieron en gran número. Sin embargo, por muy notables que sean los avivamientos anteriores, la iglesia no puede vivir en el pasado. Cada generación necesita la sorprendente obra de Dios en sus días.
Pero ¿qué es el avivamiento en la práctica? En 1858, Spurgeon predicó un sermón titulado «El gran avivamiento», en el que reflexionaba su púlpito. Puede ilustrar, explicar y hacer valer la verdad. Con poderosa retórica, puede encantar a sus oyentes, puede mantenerlos hechizados, pero ninguna elocuencia suya puede resucitar a los muertos. […] Otra voz además de la nuestra debe ser escuchada; otro poder además que el del pensamiento o la persuasión debe ser traído a la obra, o no se hará. […] Solo en la medida en que el Espíritu de Dios bendiga a los hombres por medio de usted, ellos recibirán una bendición a través de usted». MTP 38:111-112.
Las Termópilas de la iglesia: La predicación 41
sobre el fenómeno del avivamiento. El predicador se encuentra de repente con la capilla llena de visitantes que acuden a escuchar la predicación de la Palabra de Dios. «¡Ahí está la gente, y cómo escucha! Todos están despiertos, todos están serios; inclinan la cabeza hacia delante, se llevan las manos a los oídos; la voz de él es débil, intentan ayudarlo; hacen cualquier cosa con tal de oír la Palabra de vida». Como resultado, la iglesia comienza a orar. Las reuniones de oración, que antes apenas contaban con asistencia, se llenan ahora con «quinientas a seiscientas personas… y, ¡ah! ¡Cómo oran!».
Los miembros de la iglesia se dedican ahora a su vida privada. Se restablece el culto familiar. Los padres llevan a sus hijos a la escuela dominical y oran fervientemente por su conversión. Su conversación ya no está marcada por el chisme o la palabrería. En cambio, hablan de las cosas de Dios y tratan de edificarse mutuamente.
Entonces, viene el gran resultado:
Se celebra una reunión para interesados; el buen hermano que la preside está asombrado, nunca había visto venir a tantos en su vida. «¡Vaya!», dice, «¡hay cien, por lo menos, que vienen a confesar lo que el Señor ha hecho por sus almas! Aquí hay cincuenta que vienen todos a la vez a decir que, bajo tal sermón, fueron llevados al conocimiento de la verdad. ¿Quién me ha engendrado a estos? ¿Cómo ha sucedido? ¿Cómo puede ser? ¿No es el Señor un Dios grande que ha hecho una obra como esta?».47
cin
Imbuida de la alegría y la vida de estos nuevos conversos, la iglesia se transforma. Su canto es «como la voz de grandes truenos». Sus oraciones son «como el relámpago rápido y agudo que ilumina la oscuridad de los corazones fríos y les hace sentir por un momento que hay algo
47 NPSP 4:164-65.
en la oración». Y sus reuniones están marcadas por una «cordial buena voluntad». Todo se hace con la mirada en la gloria de Dios.
Este avivamiento puede llegar incluso a la sociedad en general, cuando una ciudad, una región o una nación se conmueven por la predicación de la Palabra. Y los resultados del avivamiento se extienden hasta la eternidad, ya que el cielo se llena con los cantos de los santos y la alegría de los ángeles. «El universo se alegra; es el propio verano de Dios; es la primavera universal. Ha llegado el tiempo del canto de los pájaros; la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra. ¡Oh, que Dios nos envíe un renacimiento de la religión como este!». La descripción que hace Spurgeon del avivamiento refleja su propia experiencia, al ver las iglesias de Waterbeach y Londres transformadas por la predicación de la Palabra de Dios.
Pero la pregunta del millón es: ¿cómo empieza todo? ¿Cómo llega el avivamiento a la iglesia? La respuesta es que todo comienza con el predicador. Así como la nieve, derretida por el sol, corre montaña abajo y riega los valles, también el predicador, reanimado por el Espíritu, bendice a la iglesia.48 Y así, incluso mientras prepara y predica sermones fieles, su oración es ante todo por sí mismo, para que Dios haga una obra en su vida, de modo que la iglesia pueda ser bendecida bajo la predicación de la Palabra.
Conclusión
La mayoría de los pastores de hoy están ocupados. Hacen malabares con todo tipo de responsabilidades: supervisan ministerios, dirigen al personal, asisten a reuniones, visitan a los enfermos, cuidan de las instalaciones, planifican presupuestos, aconsejan a los que sufren, organizan
48 «El avivamiento ha tocado al ministro; el sol, brillando tan intensamente, ha derretido parte de la nieve en la cima de la montaña, y está corriendo hacia abajo en arroyos fertilizantes, para bendecir los valles; y la gente de abajo se refresca con las ministraciones del hombre de Dios que se ha despertado de su sueño, y se encuentra, como otro Elías, fortalecido para cuarenta días de trabajo». NPSP 4:164-65.
comités, y la lista sigue y sigue. En medio del ajetreo, es difícil priorizar las responsabilidades.
Como pastor muy ocupado que era, Spurgeon ofrece orientación. La vocación primordial de un pastor es predicar fielmente la Palabra de Dios. Con todas las responsabilidades pastorales que Spurgeon asumió, nunca comprometió su capacidad de alimentar a su congregación ricamente con la Palabra de Dios semana tras semana. A medida que aumentaban sus responsabilidades, Spurgeon fue reclutando la ayuda necesaria para que la predicación de la Palabra no se resintiera. Si eres miembro de la iglesia o líder laico en la iglesia, ¿cómo puedes orar por tu pastor en su predicación? ¿Cómo puedes quitarle responsabilidades para que pueda entregarse más plenamente a ese trabajo?
Como pastor ocupado, lo más amoroso que puedes hacer por tu gente es entregarte a predicar sermones fieles y que exalten a Cristo semana tras semana. Eso no quiere decir que debas encerrarte en tu estudio durante toda la semana. Como veremos en los capítulos siguientes, el ministerio pastoral implica algo más que la predicación. Pero no implica menos. Supone entregarnos al trabajo de proclamar la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Y, mientras lo hacemos, oramos con esperanza para que Dios use Su Palabra para revivir Su iglesia.