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La guerra de los mil días fue una guerra civil que afecto a la república de colombia y panamá

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La Guerra de los Mil Días fue una guerra civil que afecto a la República de Colombia y Panamá (que por esa epoca era un departamento Colombiano), entre 1899 y 1902 . Tuvo como resultado la victoria conservadora y la posterior separacion de Panamá en 1903. El conflicto fue un enfrentamiento entre miembros del Partido Liberal Colombiano contra el gobierno Conservador del presidente Manuel Antonio Sanclemente. El brusco cambio provocado por la derogación de la Constitución de Rionegro de 1863 (que estableció un sistema federal) por la centralista Constitución de Colombia de 1886 (establecida bajo el mandato de Rafael Núñez) además de los violentos intentos de cooptación de los conservadores, como los intereses liberales de retomar el poder, provocó la violenta respuesta del bando liberal.

Luego de que Sanclemente tuviera que dejar el poder por dificultades de la salud, permitieron que se posicionara Marroquin el cual era más cercano al bando histórico de los conservadores.Lo que dio un vacío de poder que desembocó propiamente en la guerra que se inició con el asalto por parte de liberales mal organizados a la ciudad de Bucaramanga, lo cual provocó la respuesta del gobierno central. Aprovechando el aparato del estado, las comunicaciones y el contar con un ejército regular organizado y financiado, los conservadores siempre se enfrentaron en superioridad de condiciones a los liberales. A estos últimos se les dificultó el crear fuerzas regulares salvo en los departamentos de Santander y Panamá, donde sí lograron mantener enfrentamientos regulares

Causas de la Guerra de los Mil Dias •

Enviado por lrog400

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03/06/2013

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337 Palabras

CAUSAS DE LA GUERRA DE LOS MIL DIAS La Guerra de los Mil Días fue una guerra civil que se desarrolló durante tres años (1899-1902). Entre Colombia y Panamá (en ese entonces era un departamento deColombia). Las principales causas de la guerra fueron: - Inestabilidad política - La pelea entre los partidos, Liberal y Conservador por el control del país. - La mala gobernabilidad delpresidente MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE por su edad. - El desorden económico. EL INICIO: Algunos generales del partido liberal de la población de Socorro dieron inicio a esta guerra el 17 de Octubre de1889. El gobierno conservador reaccionó y se preparó para la guerra que duraría tres años y el país quedaría en la ruina. Los ejércitos de los partidos se enfrentaban en fuertes combates.


LASBATALLAS: Las primeras derrotas de los dos partidos iniciaron, Los Conservadores se dividieron en Históricos y Nacionales y los Liberales se dividieron en Pacifistas y Belicistas, Lograron derrotar alpresidente san Clemente. Las principales batallas fueron las de Per Alonso que fue ganada por los Liberales y la de Palonegro que fue ganada por los Conservadores EL FINAL: Los Venezolanos intentaronintervenir, para ayudar al Partido Liberal, pero fueron detenidos por el partido Conservador. Esto empezó a dejar en la ruina a Colombia. La guerra dejo de ser solo entre ejércitos y paso a ser entreciviles, el pueblo se dividió para tomar parte en cada bando era difícil sobrevivir si alguien sabía tu tipo de partido (Liberal o Conservador). En 1902 los Conservadores Nacionales, se dieron cuentaque la guerra ya no tenía ningún sentido, y para entonces luchaban en Panamá y La Costa del mar Caribe Con la decisión de parar la guerra se evitó internacionalizarla. LA FIRMA DE LA PAZ El 21de Noviembre de 1902 se firmó la paz en el acorazado estadounidense Wisconsin. Después por la intervención del gobierno de Estados Unidos de Theodore Roosevelt buscando proteger los intereses en la... LeLa Guerra de los Mil Días 13 de febrero de 2008 Publicado por Hilda Duró precisamente mil días o tres años, y ocurrió en Colombia, mientras gobernaba ese estado el aciano presidente conservador Manuel Antonio Sanclemente, de 85 años de edad. Éste gobernó en forma demasiado autoritaria, entre 1888 y 1900, en medio de una crisis económica creciente, y se sumó a las críticas que ya había logrado su antecesor, Rafael Núñez, liberal independiente pero que había accedido a su segundo mandato en 1884, con el respaldo del Partido Conservador. Núñez, derogó la constitución federalista de Rionegro de 1863, reemplazándola por la Constitución de Colombia del año 1886, de tipo centralista. En este período conocido como el de la Regeneración, se trataron de imponer una serie de reformas, no solo centralizando la administración del estado sino también mejorando los lazos con la iglesia católica. Por esta cuestión, la iglesia estaría del lado de los conservadores a lo largo del conflicto, tratando a través de la prédica religiosa, conseguir adeptos para esa causa. Estas cuestiones generaron la reacción de los liberales radicales, quienes se sublevaron tratando de tomar la ciudad de Bucaramanga, pero rápidamente fueron controlados por las fuerzas oficiales, que declararon que el orden público se hallaba amenazado, asignándose el


derecho, por ese motivo, de enviar fuerzas para pacificar el estado, hacia Santander, donde se hallaba el foco del conflicto. Al comienzo, la guerra se volvió adversa a los liberales insurrectos, siendo vencidos el 24 de octubre de 1899, en la batalla del río Magdalena. Sin embargo, lograron tomar la ciudad de Cúcuta, y vencer a los conservadores en la batalla de Peralonso, siendo sus fuerzas dirigidas por Rafael Uribe Uribe, entre los días 15 y 16 de diciembre del año 1899. Los conservadores estaban divididos en dos grupos, los nacionales, partidarios de las ideas de la Regeneración y los Históricos, que pretendían poner algún freno a la irresponsabilidad del Poder Ejecutivo, y disminuir la centralización administrativa. Éstos, lograron hacer caer el gobierno de Sanclemente para designar Presidente a José Manuel Marroquín, que era el vicepresidente anterior. Los liberales desconocieron al nuevo mandatario, y, paralelamente, Gabriel Vargas Santos, por el Partido Liberal, fue reconocido por ese sector, como su líder, Jefe de la República Liberal que pretendían implantar, y generalísimo de su ejército. Fue la batalla de Palonegro, lugar situado a 8 kms. de Santander capital, acaecida entre el 11 y el 25 de mayo del año 1900, la decisiva en terminar con el sueño liberal, destruido por las armas de Próspero Pinzón, y sus hombres. A partir de entonces, los liberales ya no pudieron reorganizar sus filas, prosiguiendo en la forma de lucha guerrillera, contando con hombres de baja condición social, en su mayoría desposeídos, o pequeños comerciantes, empleados o artesanos, con participación femenina, que sirvió para hacer circular información, curar a los enfermos y preparar los alimentos, participando en muchos casos, directamente, en el campo de batalla (aunque algunas solo lo hicieron para buscar rédito económico, haciendo “favores” a las tropas a cambio de algún tipo de retribución) Los rebeldes perdieron su posición en Cúcuta, que fue retomada por los conservadores, el día 15 de julio de ese año. El conflicto cobró matices internacionales, cuando desde Venezuela, se intentó mandar ayuda para los liberales, ideología que cobraba cada vez más adeptos en suelo americano, pero sucumbieron a fines de julio de 1901, en manos de las fuerzas conservadoras de Juan Tovar. Los sublevados se dividían, en quienes querían continuar las acciones (belicistas) y los pacifistas, que comprendían que no quedaba otra alternativa que negociar la paz. Esta separación ya existía antes de la guerra, cuando tras el gobierno de Rafael Núñez, sobrevino el mandato de Miguel Antonio Caro, Vicepresidente de Núñez, a quien los liberales le declararon una guerra en 1895, que en tres meses terminó en fracaso, y algunos liberales entendieron lo difícil de oponerse al gobierno oficialista. Uribe Uribe entendió que los pacifistas estaban ahora también en lo cierto, y aunque la lucha continuó en territorio panameño, hasta noviembre, el 24 de octubre de 1902, se suscribió el acuerdo en la hacienda Neerlandia, firmándose el definitivo el 21 de noviembre, el Tratado de Wisconsin, llamado así por haberse celebrado en el acorazado estadounidense que llevaba ese nombre.


A la profunda crisis poblacional (se perdieron más de 100.000 vidas) y económica (más de dos decenas de millones de pesos oro) ocasionada por la guerra, se sumó, como pérdida para Colombia, la independencia de Panamá, ocurrida el 3 de noviembre de 1903

Lee todo en: La Guerra de los Mil Días | La guía de Historiahttp://www.laguia2000.com/colombia/la-guerra-de-los-mil-dias#ixzz3e6oc2vjder El Documento Completo Consecuencia económica <ul><li>Durante la guerra, el gobierno conservador, optó por la fabricación de grandes cantidades de papel moneda para cubrir los gastos militares. Esta estrategia originó una progresiva devaluación y un aumento del circulante monetario, lo que ocasionó una elevada inflación con el aumento en los precios de los productos de consumo de la población. A su vez, las transacciones de importación y exportación se realizaban, obligadas por el Estado, con papel moneda lo que dificultó, con la inflación y la devaluación fluctuante, los negocios entre comerciantes •

Consecuencias sociales <ul><li>La guerra contribuyó, de manera notable, a exacerbar los odios partidistas a nivel local y regional. Si bien entre las élites de los partidos se produjo un mayor acercamiento, en la repartición burocrática del gobierno y en las decisiones políticas, a nivel de las bases de los partidos aumentó la identificación partidista y el rencor al partido contrario. La guerra de los Mil Días sembró odios en la población, principalmente rural, que luego se expresarían, con igual o mayor intensidad, en años posteriores y en el marco de la denominada Violencia. </li></ul>

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6. Consecuencias políticas <ul><li>La Guerra de los Mil Días movilizó a amplios sectores del partido conservador, a buscar un punto de equilibrio que tuviera en cuenta al partido liberal en la administración del Estado y en la política. Desde 1903 se luchó, en el Congreso, por la aprobación de una ley que permitiera la participación liberal en todos los entes representativos del gobierno. Sin embargo, la resistencia de un buen sector de los conservadores nacionalistas, frustró los primeros intentos por organizar un gobierno bipartidista.

La Guerra de los Mil Días fue una guerra civil de Colombia disputada entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902, en un principio entre el Partido Liberal y el gobierno del Partido Nacional en cabeza del presidente Manuel Antonio Sanclemente, quien fue derrocado el 31 de julio de 1900 por José Manuel Marroquín Ricaurte, representante del Partido Conservador, en alianza con el liberal Aquileo Parra;7 a partir de entonces, y a pesar de dicha alianza, la guerra continuaría entre liberales y conservadores históricos. Esta guerra se caracterizó por un enfrentamiento irregular entre el ejército gubernamental (en un principio nacionalista, después conservador) bien organizado y un ejército de guerrillas liberales mal entrenado y anárquico.8

Considerado el mayor conflicto civil que se ha dado en el país, tuvo como resultado la victoria del Partido Conservador, la devastación económica de la nación, más de cien mil muertos, la desaparición del Partido Nacional y el estado en que quedó el país tras el conflicto se constituyó


en la coyuntura para que se diesen algunas de las condiciones necesarias para la posterior separación de Panamá (que en ese entonces era un departamento de Colombia) en noviembre de 1903. El brusco cambio provocado por la derogación de la Constitución de Rionegro de 1863 (que reforzó el modelo federal) por la centralista Constitución de 1886 (establecida bajo el mandato de Rafael Núñez), además de los violentos intentos de cooptación de los conservadores históricos a través de Marroquín, como los intereses liberales de retomar el poder, fueron las principales causas de la guerra.

Se trató de un conflicto internacional que se extendió parcialmente a países vecinos como Ecuador y Venezuela, en los cuales se libraron batallas entre fuerzas colombianas y ecuatorianas y/o venezolanas que apoyaban a los actores colombianos en conflicto. Otras naciones como Guatemala, El Salvador y Nicaragua apoyaron a los liberales y a los conservadores con armamento y suministros.9 10 Estados Unidos también intervino en acciones bélicas en Panamá, donde una flota norteamericana garantizaba la seguridad del istmo desde el tratado Mallarino-Bidlack de 1846.

Índice [ocultar] 1 Antecedentes 1.1 Causas

2 La guerra 2.1 Primera fase 2.1.1 La rebelión en Santander 2.1.2 La rebelión en el Cauca 2.1.3 La rebelión en Panamá 2.1.4 Ofensiva en Santander 2.1.5 La rebelión en el Tolima 2.1.6 Segundo alzamiento en el Cauca 2.1.7 Campaña de Palonegro 2.1.8 Fin de la rebelión en Santander 2.1.9 Golpe de estado

2.2 Segunda etapa 2.2.1 La campaña del Caribe 2.2.2 La invasión colombiana a Venezuela


2.2.3 Invasión venezolana del Magdalena 2.2.4 Segunda rebelión en Panamá 2.2.5 Los Llanos y el Caribe 2.2.6 Tercera rebelión en Panamá 2.2.7 Final de la guerra

3 Los tratados de Neerlandia y del Wisconsin 3.1 Postratado del Wisconsin

4 Consecuencias de la guerra 5 Referencias 6 Bibliografía 7 Enlaces externos

Antecedentes[editar]

En el siglo XIX se registraron en Colombia numerosos conflictos regionales y guerras civiles, inicialmente entre bolivarianos y santanderistas que fueron evolucionando a conflictos entre conservadores y liberales.11

La Constitución de Rionegro, que reforzaba el estado federal establecido por los conservadores, sembró cada vez más las distinciones locales, como entre los mismos estados que en ocasiones tenían ejércitos mucho más grandes que los del gobierno central y tenían derecho a declararse la guerra entre ellos. En una situación salpicada de conflictos sociales y guerras civiles, se redactó la Constitución de 1886 que pretendía, al contrario de la constitución anterior, un estado central fuerte.

Con la Constitución de 1886 se dio también el concordato con la Santa Sede, mediante el cual la educación en Colombia quedaba bajo el control de la iglesia católica, la cual determinaba los textos escolares y universitarios que podían estudiarse estableciendo una censura por motivos religiosos o políticos. Igualmente, todos los nombramiento de docentes quedaron bajo su supervisión, desatándose en los centros educativos del país la persecución y expulsión de los


educadores que no profesaran la fe católica.[cita requerida] Los empleados públicos liberales fueron despedidos y como lo relata Lucas Caballero en sus memorias, periodistas y críticos de los gobiernos hegemónicos, como Ospina y Santiago Pérez, fueron encarcelados o condenados al destierro, sin embargo la oposición de otros como Rafael Uribe Uribe y Marceliano Vélez fue permitida. Los liberales realizaron un intento de insurrección en 1895, la exaltación y los conflictos del momento generaron rencillas, entre los candidatos de la oposición y los del gobierno oficial. [cita requerida] Los empresarios y comerciantes opositores de los gobiernos de turno eran hostigados y sus actividades eran obstaculizadas. Terminando el siglo XIX, en el congreso de Colombia solo había un congresista liberal.[cita requerida]

En vísperas de la guerra, el país se encontraba dividido en varias corrientes políticas: los nacionalistas, que conformaban el gobierno y se caracterizaban por ser altamente excluyentes con los liberales, y los conservadores históricos, que aceptaban la necesidad de entenderse con los liberales, que en aquel entonces eran un grupo político importante, se oponían igualmente a la censura de prensa y a la restricción de los derechos individuales, como venían actuando los nacionalistas amparados en un pasaje transitorio de la constitución de 1886.11

En tanto los liberales se encontraban también fraccionados, entre aquellos que deseaban agotar las instancias políticas para acceder al poder, y quienes estaban dispuestos a conquistar los espacios que el Gobierno les cerraba mediante la confrontación armada.11 Es por ello que los liberales belicistas estaban atentos al desarrollo de los acontecimientos políticos, sin abandonar sus preparativos para la guerra. Mientras tanto los conservadores históricos (agrupados en el partido conservador) coincidían con los liberales pacifistas en la oposición al gobierno y promovian la introducción de reformas políticas y fiscales.

Causas[editar]

Ejército del gobierno en 1899. Las elecciones presidenciales de 1898 se realizaron después de una campaña agitada por vientos de guerra. Desde marzo de 1897, a nombre de los liberales, Nicolás Esguerra había propuesto un frente nacional, con un ejecutivo plural de liberales y conservadores históricos que excluía del gobierno a los nacionalistas.12 Por su lado el partido conservador se oponía continuamente a todo aquello que pudiese llegar a representar el gobierno de los nacionalistas, por ejemplo declaraba en el acuerdo 3 del 17 de agosto de 1899: "1. Que en la actualidad no existe vínculo político


ninguno entre el Gobierno, que es nacionalista y el Partido Conservador; y que, por el contrario, los miembros de esta comunidad son sistemáticamente alejados de la cosa pública...Acuerda 1. Declarar que el Gobierno actual, por su política y tendencias, no corresponde a los ideales, prácticas y aspiraciones del Partido Conservador".

Cuando Sanclemente no pudo asumir el poder y tuvo que delegarlo provisionalmente al vicepresidente José Manuel Marroquín por tres meses debido a quebrantos de salud,13 fue aprovechado por los conservadores históricos, ya que Marroquín era cercano a este bando.14 Los primeros actos de gobierno de Marroquín, en materia económica, sorprendieron a todos: los liberales lo aplaudieron y los nacionalistas se sintieron defraudados. Marroquín había comenzado a desmontar la política proteccionista de la Regeneración y a darle vía al libre cambio. Caro le envió mensajes de urgencia a Sanclemente para que viniera a posesionarse, generándose un vacío de poder que permitió que se dieran las condiciones para la guerra. Sanclemente asumió el poder en los primeros días de noviembre de 1898, poniendo fin, de esta forma, a los ochenta días de la administración Marroquín.

El vicepresidente Marroquín renunció acosado por las críticas de Caro el 20 de septiembre. El senado rechazó la renuncia al tiempo que los liberales anunciaban su apoyo entusiasta a las reformas librecambistas, cuyo paquete fue presentado por Marroquín en el senado el 26 de septiembre, con gran júbilo por parte de los comerciantes y diversas críticas de los industriales. El 4 de octubre Marroquín ofreció en palacio una velada cultural a la que fueron invitados los jefes liberales radicales.12

Las reformas políticas a favor del libre cambio que venían impulsando los históricos y los liberales eran opuestas a los postulados nacionalistas de la Regeneración, por lo que no podía darse acuerdo alguno entre las agrupaciones. A su vez, en cuanto a la concepción del Estado, los postulados conservadores y liberales se oponían a los del Partido Nacional.

La negativa del Senado en octubre de aprobar la ley de elecciones, que los liberales uribistas consideraban garantía indispensable para la pureza del sufragio, fue una de las causas políticas principales del conflicto de la Guerra de los Mil Días. A partir de esta negativa, los liberales de Uribe Uribe llegaron a la conclusión de que por el camino de las urnas jamás tendrían acceso al poder.12

La guerra se inicia con el asalto de Bucaramanga por parte de liberales mal organizados, provocando la respuesta del gobierno central.

La guerra[editar]


Durante la primera fase del conflicto ambos bandos combatieron con ejércitos en grandes batallas campales, siendo llamados sus comandantes los Generales Caballeros por el trato respetuoso que daban los vencedores a los vencidos.4 Inicialmente esto se debía a la desconfianza de los altos mandos liberales a sus propias guerrillas, consideradas bandoleras y anárquicas. El mismo comando militar rebelde estaba dividido por rivalidades internas (belicistas y pacifistas), entre los generales Justo Leónidas Durán, Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe cuyo intento de unión y coordinación a través del nombramiento de Gabriel Vargas Santos como Presidente Provisional de la República fue un fracaso.

Los insurrectos recibieron el apoyo de liberales de otros países, en especial Venezuela. Se debe mencionar que el conflicto degeneró en una larga guerra de guerrillas en la que ambos bandos cayeron en excesos y brutalidades a una escala jamás vista en Colombia desde los tiempos de la independencia.

Por otro lado los conservadores históricos agrupados en el partido conservador conspiraban contra Sanclemente. Los máximos líderes del partido y de esa corriente, Marceliano Vélez y Carlos Martínez Silva, escribieron cartas en que incitaban a los conservadores a no respaldar al gobierno.12

Primera fase[editar]

La rebelión en Santander[editar]

El 17 de octubre de 1899, los liberales se alzaron en varias partes del país, empezando de inmediato a atacar pueblos y ciudades ante la falta de reacción del gobierno, que fue tomado por sorpresa. Ese día, el general Juan Francisco Gómez Pinzón se declaró a favor de la guerra en su hacienda La Peña, tomó la población de El Socorro y camino a San Gil derrotó a las tropas del gobierno al mando del capitán Sanmiguel.10 Al día siguiente y en horas de la noche el coronel Juan Francisco Garay inició el levantamiento liberal desde el barrio de Las Llanadas, sin resistencia alguna de las autoridades locales, que huyeron a la localidad de La Cruz (hoy Ábrego). El coronel Garay logró tomar posteriormente la población de Río de Oro, muy cercana a Ocaña, y se dirigió a La Cruz para proteger el avance del general Justo Durán quien venía desde Cáchira a asumir la comandancia de las fuerzas liberales del Magdalena y del norte de Santander. Cuando llegó, encontró que los conservadores históricos habían firmado un pacto con el jefe liberal Adán Franco, en el que censuraban al gobierno de Sanclemente.16 Los alzados consiguieron apoderarse de prácticamente la totalidad del departamento de Santander, estallando levantamientos en Boyacá, Tolima y Magdalena. Por tal razón, el gobierno declaró la ley marcial para todo el día 18 de octubre.10 17


Las primeras derrotas militares para el bando liberal comenzaron días más tarde de haber iniciado la guerra en la batalla de los Obispos en el río Magdalena el 24 de octubre cuando los rebeldes de Santander intentaron establecer contacto con la costa por dicho río.18 Como resultado la flota rebelde fue destruida y el general Durán, que planeaba iniciar operaciones en la ribera del Magdalena, tuvo que limitarse a realizar recorridos por el territorio para incorporar sobrevivientes a su causa, y después de haberse abastecido partió con los batallones Cazadores, Libres de Ocaña, Carmen de Santander, Córdoba y La Palma a librar los combates de Peralonso (15 y 16 de diciembre de ese año), Cáchira y Arboledas, entre otros.16

Los liberales quedaron aislados luego de la derrota en la batalla de los Obispos, por lo que les fue imposible apoyar al general Vicente Carrera en el Tolima, quien fue derrotado y muerto en San Luis el 14 de noviembre,19 a partir de entonces las fuerzas liberales tolimenses quedaron reducidas a acciones de guerrilla.20 21 A pesar de este revés, las fuerzas liberales en Santander pasaron a 7.000 hombres a finales de ese mes.22

La rebelión en el Cauca[editar]

A finales de octubre de 1899, en el departamento del Cauca también estallaron guerrillas liberales que se tomaron a Tumaco y asaltaron a Palmira en noviembre, pero que resultaron vencidas. La victoria rebelde en Peralonso les dio nuevos aires y empezaron a reclutar hombres en las comunidades indígenas del Cauca, y también volvieron muchos liberales exiliados en Ecuador. Se produjo un ataque rebelde contra Popayán el 25 de diciembre, siendo vencidos a veinte kilómetros al sur de la ciudad, en Flautas. Muchos volvieron a huir a Ecuador, donde el presidente liberal, Eloy Alfaro, armó a los alzados,9 quienes volvieron al ataque produciéndose una batalla cerca de la frontera, en el sitio de Cascajal (ubicado en el municipio de San Lorenzo, Departamento de Nariño), el 23 de enero de 1900. La victoria gubernamental fue total y con ella acabó momentáneamente la rebelión en el Cauca.23

La ayuda económica otorgada por el entonces obispo de Pasto, Fray Ezequiel Moreno y Díaz, hacia las fuerzas conservadoras fue crucial para la victoria gubernamental en el territorio del actual Departamento de Nariño.

La rebelión en Panamá[editar]


Benjamín Herrera, comandante de las tropas liberales en Panamá. A pesar de esto, los liberales, animados por su victoria en Peralonso, decidieron lanzar una ofensiva sorpresa en Panamá donde tuvieron mucho éxito debido a la lejanía de este departamento de la capital.24 El asalto fue encabezado por liberales exiliados en América Central, en especial Nicaragua, donde su presidente José Santos Zelaya les dio un importante apoyo. Finalmente los exiliados, dirigidos por Belisario Porras Barahona partieron el 31 de marzo de 1900 desde Punta Burica en un barco cargado de armas y suministros. Desembarcaron cerca de David el 4 de abril, donde derrotaron a la pequeña guarnición local, uniéndoseles dirigentes con sus hombres en su inmediata marcha a la ciudad de Panamá. Porras, tras recibir la ayuda de Zelaya nombró al caudillo exiliado, Emiliano Herrera, nativo del departamento de Boyacá, como comandante de su ejército. Los rebeldes cometieron el error de no acelerar su marcha cuando pudieron y llegaron refuerzos al mando del general Víctor Salazar a la pobremente defendida capital departamental, que empezó a ser fortificada. Al mando de la misma estaba el gobernador del departamento, el general Carlos Albán.25

Sin embargo, Albán, deseoso de entablar combate lo antes posible, no esperó a que las defensas estuvieran listas y envió tres batallones a Capira a detener a los alzados. El 8 de junio se produjo el combate, en un primer encuentro fueron vencidos los liberales; forzados a retroceder, el ejército del gobierno los persiguieron, lo que fue aprovechado para atraer a los gubernamentales a un terreno difícil donde los liberales contraatacaron y derrotaron completamente a sus enemigos que retrocedieron a la capital departamental.26

Los liberales avanzaron hasta La Chorrera, donde establecieron su base de operaciones, su plan era atacar el puente de Calidonia obligando al enemigo a concentrarse en dicho lugar, donde los alzados podrían elegir y atacar los puntos más débiles. Sin embargo, Herrera decidió atacar el puente solo con sus hombres sin esperar los refuerzos de Porras para así no tener que compartir la gloria con él.27

Herrera avanzó y tomó posiciones el 20 de julio en una estación ferroviaria en Corozal, al día siguiente llegó el gobernador Albán con tres batallones produciéndose una importante batalla en que las fuerzas del gobierno fueron nuevamente vencidos y forzados a volver a la ciudad de Panamá. Herrera aprovechó para iniciar inmediatamente negociaciones por su cuenta para conseguir la capitulación de la urbe. Tras esto, cundió el pánico en la ciudad, se temía que fuera saqueada y destruida en los combates, pero entonces el general Salazar convenció a su superior, Albán, de que no debía rendirse y su única opción era resistir.


Patrullas gubernamentales detectaron a los alzados aproximarse por tierra y por mar en botes. Enterado del próximo asalto, Salazar fortificó varios edificios y caminos, pero viendo lo vulnerable que era la posición del puente de Calidonia, entendió que defenderla era un desperdicio y decidió hacerlo con pocos hombres mientras fuerzas más numerosas estaban ocultas en los alrededores esperando emboscar al enemigo. Cuando Porras llegó al lugar, Herrera volvió a desafiarlo y contra sus órdenes atacó las posiciones fortificadas, resultando en una masacre (24 de julio). Posteriormente, un ataque nocturno suyo fue detectado prematuramente y terminó en un nuevo fracaso.28

En la jornada siguiente se llevó a cabo un alto al fuego en el que ambos bandos recogieron a sus muertos y heridos, suspendido a las 16:00 horas cuando Herrera reinició sus ataques, que volvieron a terminar en carnicerías para sus hombres. Los ataques terminaron cuando llegaron noticias de la venida de refuerzos gubernamentales desde la ciudad de Colón; tiroteos esporádicos se sucedieron hasta el día siguiente cuando sus fuerzas retrocedieron al interior de la península de Azuero, ocultándose en la selva. Mientras, el gobernador Albán lograba en poco tiempo restablecer su control en todo el departamento.29

Ofensiva en Santander[editar]

Rafael Uribe Uribe. Conforme al avance de la guerra, esta tomó un giro más represivo y cruel, incluso la población se dividió para tomar parte en cada bando de un modo más fanático, pese a los esfuerzos de cada partido por obtener victorias que luego serían ilusorias. En Santander los liberales se reorganizaron y decidieron tomar las estratégicas urbes de Cúcuta y Bucaramanga, el general Herrera atacó la primera con un gran ejército el comandante de las tropas gubernamentales en la plaza, general Juan B. Tobar, la evacuó con sus tropas y se dirigió a reforzar las defensas de la segunda ciudad. Las tropas restantes en Cúcuta, al mando del coronel Luis Morales Berti (quinientos hombres bien armados) se rindieron el 1.º de noviembre de 1899, la ciudad pasó a ser su base principal de operaciones.30 Ahí los liberales lograron juntar, según ellos mismos, unos 8.000 a 10.000 hombres bien armados (más 1.500 a 2.000 llaneros que logró juntar Vargas Santos) para enfrentar la segura ofensiva del gobierno que tendría 8.500 soldados en Boyacá listos para atacar.31 32 Sin embargo, estas cifras, respecto de las fuerzas liberales, son rechazadas actualmente, cifrando el número de alzados en 3.500, muchos de ellos armados solo con machetes; por otro lado, las fuerzas del gobierno que marchaban contra ellos llegaban a los 10.000.33 Los hombres de Uribe Uribe, en tanto, atacaron Bucaramanga el 11 de noviembre, la


ciudad fue defendida por el general Vicente Villamizar, quien tuvo éxito y, tras dos días de feroz batalla, forzó al enemigo a retroceder.34 Uribe Uribe se unió a Durán y con unos 2.000 hombres marcharon a unirse a Herrera35 empezando entonces una importante ofensiva al interior del país. Sin embargo, esta derrota le costó el título de Comandante en Jefe de las fuerzas liberales,36 rango que recibió el 12 del mismo mes, ya que más encima se retiró del campo de batalla cuando sus soldados seguían atacando.37

En la batalla de Peralonso, Uribe Uribe consiguió derrotar a Villamizar y cruzar el río Peralonso,38 pudiendo tomar Pamplona el día 24, uniéndoseles a las tropas liberales el general Vargas Santos y una columna de llaneros en la jornada siguiente; Vargas fue nombrado Presidente Provisional de la República para unificar el mando liberal.39 Vargas era un combatiente y dirigente veterano de varias rebeliones, caudillo de Casanare y fue recibido por entusiasmo por las desesperadas fuerzas liberales,40 que sumaban más de 12.000 hombres según ellos.41 Por desgracia, y a pesar de su prestigio como líder de la anterior rebelión liberal, carecía de talento militar, además intentó desmovilizar las tropas de Uribe Uribe quien era un poderoso rival suyo y trató de apartarlo políticamente contribuyendo con eso solo a dividir a sus fuerzas. Los liberales terminaron por dar mayor importancia a la lucha entre Vargas Santos y Herrera contra Uribe Uribe que a la lucha común contra el gobierno nacionalista.42 Ante esto, Uribe Uribe decidió continuar la marcha aprovechando que el gobierno estaba distraído por el alzamiento de Antioquia del 1.º de enero de 1900, asediando la ciudad hasta su rendición.42 En estos momentos, más de 5.000 hombres avanzaban con Uribe Uribe mientras más de 6.000 quedaron de reserva guarneciendo a Cúcuta43 (las cifras reales probablemente eran más modestas).33 Los hechos en Panamá y el Cauca mostraron al gobierno colombiano que la insurrección generalizada en todo el país había fracasado y era posible acabar uno por uno con los focos alzados tras lograr aislarlos. El presidente Sanclemente preparó una ofensiva contra el principal bastión en Santander, reemplazó a Villamizar por el general Manuel Casabianca, quien estaba decidido a detener el avance rebelde contra Bogotá. Aprovechando la inacción de los liberales ubicados cerca de Cúcuta, Casabianca fue capaz de reunir sus fuerzas (unos 9.000 hombres) mientras el general José María Domínguez avanzaba hacia la ciudad desde Ocaña. Casabianca advirtió al gobierno que la columna de Domínguez podía ser fácilmente aislada y destruida por los liberales pero no fue escuchado.29

Viendo el peligro que significaba aquella ofensiva conjunta para sus fuerzas, Vargas Santos, quien se hallaba planeando tras Peralonso como continuar la campaña, ordenó a Uribe Uribe y Herrera acabar con Domínguez. Uribe Uribe marchó rápidamente a intentar impedir que ambas fuerzas gubernamentales se reunieran, ya que Casabianca marchaba rápidamente a auxiliar a Domínguez. Ambos generales esperaban reunirse en Pamplona. Mientras, Herrera aprovechó para atacar y derrotar a Domínguez en Gramalote (2 de febrero), los restos del ejército gubernamental huyeron a la cercana hacienda de Terán, pero Herrera se dedicó a celebrar y no los persiguió. Finalmente aprovechó para enviar algunas tropas que fingieron ser refuerzos del gobierno y lograron capturar a Domínguez, quien salió a recibirlos. Enterados de esto, la mayoría de sus tropas capitularon y solo unos pocos volvieron a Ocaña. La victoria de Terán dio a las tropas de Uribe Uribe un botín enorme, incluyendo más de dos mil rifles. Temiendo ser reemplazado por su subalterno, Vargas


Santos ordenó a sus tropas retroceder a Peralonso desaprovechando la oportunidad de avanzar contra el gobierno en su momento de mayor debilidad.44

La rebelión en el Tolima[editar]

Ramón "El Negro" Marín, guerrillero liberal del Tolima. El departamento del Tolima era el lugar de operaciones de los guerrilleros Ramón "El Negro" Marín, oriundo de Marmato, y Tulio Varón. Las fuerzas de ambos asaltaron en enero de 1900 a la población de Honda en donde se apoderaron de las municiones y rifles almacenados en el cuartel, e igualmente secuestraron al embajador español Manuel Guirior, el cual fue dejado en libertad después del pago de 100 pesos oro; luego siguieron en su avance hacia La Dorada. Continuando con su campaña contra los conservadores, en noviembre de dicho año las fuerzas guerrilleras conjuntas de Marín, Varón, Ibáñez, Macallister y Rosas atacaron en Girardot a las fuerzas del gobierno al mando de Nicolás Perdomo con el fin de apoderarse de pertrechos y armas provenientes de Europa, pero después de un día de combate fueron rechazados.10

En abril de 1901 el batallón Pagola fue atacado por la guerrilla de Tulio Varón mientras acampaba en su camino desde Antioquia, quedando solamente veinte soldados sobrevivientes. Varón continuó con sus incursiones nocturnas en campamentos del ejército, y es así como en la madrugada del 31 de agosto sus fuerzas sorprendieron al ejército apostado en la hacienda La Rusia, al norte del Tolima, matando más de quinientos soldados a cuchillo. El 21 de septiembre Tulio Varón tuvo el infortunio de asaltar Ibagué en estado de embriaguez, junto con su tropa, cayendo muerto de un disparo. Tras ello su cadáver fue arrastrado hasta la casa donde vivía su mujer.10

Segundo alzamiento en el Cauca[editar]


Tropas gubernamentales (c. 1900).

El presidente ecuatoriano Eloy Alfaro. El éxito liberal en la hacienda Terán (Santander) motivó un nuevo alzamiento en el Cauca; con apoyo del presidente ecuatoriano Eloy Alfaro, los colombianos exiliados lanzaron una nueva ofensiva. Sin embargo, las fuerzas nacionalistas eran fuertes en la región por el apoyo de la Iglesia Católica, liderada por el obispo Ezequiel Moreno, quien movilizó a la población ante una posible invasión ecuatoriana, una guerra santa contra dicho gobierno, conocido por sus leyes laicistas. En marzo, los exiliados invadieron el Cauca reclutando tropas entre algunas comunidades indígenas. La respuesta gubernamental no se hizo esperar y envió un poderoso contingente de regulares bien armados.45 El 27 del mismo mes los liberales apoyados por batallones ecuatorianos trataron de tomar Ipiales; tras tres días de resistencia, la llegada de refuerzos gubernamentales y de conservadores ecuatorianos exiliados forzaron a los rebeldes a retroceder. Los derrotados decidieron refugiarse en Ecuador, ya que sus tropas incluían también un alto número de niños, mujeres y ancianos, muchos heridos.46 Los liberales lanzaron un segundo ataque y tomaron Flautas el 16 de abril, donde reunieron sus fuerzas (miles de liberales e indios aliados); aprovechando esta concentración, las fuerzas del gobierno rodearon el pueblo y atacaron el mismo día. Sin embargo, la mayoría de los alzados alcanzó a escapar pero quedaron sin apoyo o suministros y con la moral por el piso.

Fue entonces cuando Moreno insistió en lanzar un ataque a Ecuador e intentar derrocar a Alfaro. El 22 de mayo, tropas colombianas y exiliados ecuatorianos cruzaron la frontera y atacaron el pueblo de Tulcán, siendo rechazados. Así la guerra cayó en un punto muerto, si alguno de los bandos invadía el territorio del otro, era rápidamente rechazado. Alfaro se comprometió a apoyar a los liberales pero dejó claro a sus dirigentes que no estaban dispuestos a irse a una guerra a gran escala con Colombia. Los liberales lanzaron una última ofensiva el 20 de julio cruzando cerca de Ipiales, siendo sorprendidos por tropas del gobierno y resultando expulsados.47 Los rebeldes estaban derrotados en el Cauca, pero sorprendentemente fueron ayudados por sus compañeros insurrectos en Tolima, estos cruzaron la cordillera de los Andes e invadieron el Cauca desde el norte en octubre consiguiendo ganarse cierto apoyo de la población, formando una columna de 2 000 hombres con los que atacaron la capital de dicho departamento, Popayán. El gobierno fue tomado por sorpresa y no pudo detener inicialmente a los insurrectos, solo la oportuna llegada de refuerzos permitió al gobierno derrotar a los liberales a poco kilómetros de la urbe. Los liberales, siempre cortos de municiones, agotaron rápidamente sus reservas y se dispersaron perseguidos por sus enemigos. La represión conservadora no se hizo esperar, los alzados caucanos, sobre todo indígenas, fueron fusilados sumariamente, mientras que los tolimenses escaparon a su comarca. Las comunidades indígenas fueron duramente castigadas para que no volvieran a alzarse y se


encarcelaron a las familias y cercanos de los dirigentes liberales. Un grupo importante de liberales se exilió en Ecuador, esperando el resultado de la guerra en Santander para volver o no a la ofensiva.48

Campaña de Palonegro[editar]

Véase también: Batalla de Palonegro

Osario levantado con los restos de las víctimas sin identificar de la Batalla de Palonegro (1900). En febrero de 1900 los liberales quedaron aislados en Santander y con ínfimas posibilidades de victoria. Además, los recursos humanos de dicho departamento se agotaban mientras que las filas del ejército reemplazaron las bajas y permanecieron intactas; a pesar del entusiasmo de sus voluntarios, los alzados se quedaban sin suministros, dependiendo de lo que podían quitarles a sus enemigos.

Las fuerzas liberales restantes en otras partes del país esperaban la siguiente acción de Vargas Santos para ver qué hacer, pero este se negaba a tomar la ofensiva en vista de la vulnerabilidad de sus fuerzas, por ello permaneció inactiva la guerra por varios meses. Para empeorar el resultado. cuando Vargas Santos finalmente empezó a movilizar su ejército a finales de abril, ni siquiera tenía un plan definido. Avanzó al sur desde Cúcuta después de que estalló una epidemia de malaria. Sin embargo, no actuó contra las tropas enemigas que permanecían en Pamplona, asumiendo que no se moverían. Estas últimas vieron cómo su comandante, el general Casabianca, era nombrado Ministro de Guerra y lo reemplazaba el general Próspero Pinzón,49 un hombre muy paciente y metódico a la vez que un católico devoto que logró implantar en sus tropas la idea de luchar una guerra santa. Sin saberlo, ambos bandos marchaban a la vez en busca de una batalla decisiva.50 Los movimientos de los liberales fueron rápidamente detectados por sus enemigos y el gobierno nacionalista insistió al general Pinzón iniciar una ofensiva hacia Bucaramanga, mientras los liberales seguían en ruta al sur pasando por Rionegro y llegando el 10 de mayo a Palonegro, donde decidieron detener al enemigo. Al día siguiente se inició la batalla más importante de toda la guerra, unos 7 000 liberales se enfrentaron a unos 21 000 nacionalistas. El día 25 terminaron los combates con la derrota total de los liberales, que desde entonces abandonaron las tácticas de guerra regular.51 Pinzón, sin embargo, decidió no perseguirlos, por lo que fue criticado.


Fin de la rebelión en Santander[editar]

Unos 3 400 liberales sobrevivientes llegaron a Rionegro y sus comandantes entablaron duras discusiones sobre qué hacer entre el 26 y 27 del mismo mes. Cuando el general Pinzón supo del plan rebelde de internarse en las junglas del noroeste de dicho departamento, abandonó la persecución seguro de que estos no sería capaces de sobrevivir a las duras condiciones de vida selváticas. En cambio, decidió atacar Cúcuta para cortar cualquier posible apoyo de Venezuela a los liberales.52 Sin embargo, Vargas Santos entendió que le era imposible defender Cúcuta e ingresó a la selva al frente de la columna liberal cerca de Ocaña, donde en dos semanas debido a las terribles condiciones murieron, desaparecieron o desertaron más de mil hombres. También envió una carta a Pinzón para que liberara de su asedio a Cúcuta.

Sabiendo que Bucaramanga estaba indefensa con la mayoría de las tropas rivales en Cúcuta, Vargas Santos decidió atacarla, pero la ruta fue demasiado inhóspita, pasaron cerca de Rionegro y finalmente a inicios de agosto llegaron menos de 1 500 hombres con algunos cientos de mujeres mientras que Pinzón capturaba a Cúcuta el 16 de julio donde supo de los movimientos enemigos volviendo a Bucaramanga el día 27 y encontrando el 3 de agosto a la columna liberal y los forzó a huir al oeste.

Vargas Santos decidió marchar a las cercanías de Bogotá con los menos de mil hombres que le quedaban pero Pinzón se le anticipó y lo encontró cuando cruzaba el río Sogamoso, los liberales tenían solo una canoa para cruzar, y las fuerzas del gobierno aprovecharon para bombardearlos. Solo la mitad de los rebeldes alcanzó a cruzar al mando de Uribe Uribe, que intentó atacar a los agresores, pero fue rechazado; la otra mitad quedó atrás al mando de Vargas Santos y Benjamín Uribe huyó a la selva, desintegrándose a la larga, aunque sus comandantes lograron llegar a Venezuela. El grupo de Uribe Uribe quedó reducido a él y tres compañeros que escaparon en una balsa por la noche bajando por el río Magdalena, y tras un largo viaje llegó a Venezuela.53

La rebelión liberal en Santander había terminado y se inició de inmediato un proceso de pacificación, guerrillas rebeldes continuaron operando en el departamento aunque nunca con la fuerza suficiente para amenazar el control gubernamental del mismo. Pero contrariamente a lo esperado, la guerra continúa debido a que Vargas Santos, Uribe Uribe y Herrera lograron escapar y el gobierno no logró convencerlos de bajar las armas. Cualquier posibilidad de victoria para los alzados estaba acabada para julio de 1900, habían fracasado en la guerra regular enfrentando al ejército en campo abierto en grandes batallas. Las fuerzas gubernamentales se habían impuesto porque durante la guerra empezaron a entrar en operaciones oficiales y soldados bien entrenados y armados.


La mayoría de los rebeldes estaban muertos, exiliados o en prisión, pero una pequeña minoría, bajo el mando de sus líderes, empezó a organizar a partir de agosto una nueva insurrección aprovechando el caos causado por un golpe de estado de los conservadores históricos.

Golpe de estado[editar]

Se anuncia en el Palacio de San Carlos el golpe de estado contra Sanclemente (31 de julio de 1900). Durante la guerra, el partido Nacional, que gobernaba encabezado por el presidente Manuel Antonio Sanclemente, buscó negociar con los llamados conservadores históricos que se encontraban en el partido Conservador incluyendo a algunos de estos en el gobierno para usar su apoyo en la necesidad de ampliar el aparato militar, a su vez en el intento de pacificar al país se incluyeron en el gabinete a ciertos liberales directoristas como Nicolás Esguerra como comisionado para entenderse con la empresa del canal de Panamá, y a Carlos Arturo Torres como su secretario. Sin embargo, esto resultaría inútil, pues los conservadores históricos estaban en conflicto con los nacionalistas y tenían afinidades con los liberales, quienes tampoco tenían intenciones de negociar con el gobierno.

Treinta y un históricos, entre civiles y militares, empezaron a conspirar rápidamente para dar un golpe de estado; los conservadores contactaron al jefe del liberalismo, Aquileo Parra,7 y le ofrecieron la presidencia a mediados de 1900. Los conservadores habían planeado que luego del golpe de Estado se buscaría una paz honrosa sin represalias (lo que no se llevaría a cabo), la convocatoria de un cuerpo constituyente por elecciones, libertad a los presos políticos, y separación del gobierno de Aristides Fernández, quien era odiado por el liberalismo.

El ministro de Guerra, Manuel Casabianca, facilitó indirectamente el golpe al nombrar como comandante de las fuerzas de Sumapaz al general Jorge Moya Vásquez, uno de los 31 históricos del complot. El general Moya, con una fuerza de mil hombres, se desplazó desde Soacha amenazando marchar sobre Villeta y, efectivamente, tomó camino hacia Bogotá, a donde llegó en las horas de la tarde del 31 de julio. Pero la actitud indecisa de gran parte de los oficiales del ejército y la ausencia de Marroquín hicieron dudar a Moya del desenlace de la situación y renunció ante el general Casabianca.54


Con ello se creó gran tensión en las guarniciones de Bogotá que debieron negociar. El golpe se dio en las horas de la tarde del 31 de julio de 1900, el ministro de Guerra y las tropas acuarteladas no hicieron oposición. En este movimiento no hubo disparos, ni motines, ni derramamiento de sangre.

Finalmente entró a terciar el nefasto comandante de la policía, el general Aristides Fernández famoso por la persecución y represión de liberales. Este garantizó el éxito del movimiento al desplazar una gran fuerza para nombrar como presidente de Colombia a José Manuel Marroquín Ricaurte, mientras Sanclemente era informado en su residencia particular luego de que se enviaran 300 hombres a Villeta donde este se encontraba, a pesar de ser protegido por 500 soldados, estos no opusieron resistencia y Sanclemente seria arrestado.

En el documento que fue enviado al cuerpo diplomático se señaló que el movimiento se hizo debido a la salud y avanzada edad del presidente, quien debido a ello había escogido para gobernar los pueblos de Anapoima, más tarde Tena y Villeta, haciéndose acompañar permanentemente por su ministro de Gobierno, Rafael M. Palacio. Según expresa el documento, la ausencia de Sanclemente dislocó el gobierno.

Tras esto, Marroquín insistió en continuar la guerra y nombró como nuevo Ministro de Guerra a Arístides Fernández,4 la guerra continuaría por otros dos años y medio.

Segunda etapa[editar]

El gobierno nacionalista fue depuesto del poder por los conservadores, que tomaron control del Estado y las instituciones militares. Esto se dio a pesar de dos intentos infructuosos de restablecer a Sanclemente en el poder.

Mientras, Uribe Uribe aprovechaba el caos producido para lanzar una nueva campaña militar, pero para esto necesitaba el apoyo de un gobierno externo para conseguir las armas, pertrechos, suministros, hombres y una base segura. Buscó la ayuda del gobierno del país donde estaba refugiado, Venezuela, nación que se convirtió en un santuario para los rebeldes exiliados, donde se organizaron y empezaron a lanzar una serie de campañas hacia el interior de Colombia. Con el tiempo terminaron por dividirse en Belicistas y Pacifistas. El gobierno venezolano finalmente accedió a darles municiones, suministros y armas gracias a las simpatías que sentía el presidente Cipriano Castro por su causa.9 Castro se veía a sí mismo como un nuevo Napoleón Bonaparte o Simón Bolívar cuya misión era liberar al resto de América del Sur de gobiernos conservadores y formar con Ecuador y Colombia una gran confederación con él como presidente y Eloy Alfaro y algún liberal colombiano como vicepresidentes. Producto de esto llevó a cabo una política


intervencionista en países vecinos. Fue esta la principal causa de que la guerra se alargara tanto.55 Así mismo, a causa de este apoyo tuvo que enfrentar el alzamiento de los conservadores de su país con apoyo del gobierno colombiano. Castro llegó al poder tras su victoria en un alzamiento militar llevado a cabo en octubre de 1899 contra el presidente Ignacio Andrade.

Reclutamiento de campesinos en Bogotá (1900). La expedición de Uribe Uribe se dirigiría al departamento de Magdalena, que tenía un escaso resguardo militar producto de su papel secundario en la guerra y la reorganización producida tras el golpe de estado. Tras la captura de Riohacha (donde estalló una rebelión liberal) en noviembre de 1899, no se produjeron nuevos enfrentamientos, aunque las autoridades conservadoras jamás llegaron a controlar el interior de la región, que quedó vulnerable ante una posible ofensiva liberal,56 como finalmente ocurrió.

Una primera invasión se produjo en febrero de 1900, cuando una columna de hombres bien armados y entrenados en Venezuela al mando del general Justo Durán capturó a Riohacha y de inmediato empezó a reclutar voluntarios, sumando 2 000 hombres. A pesar de este éxito inicial, Durán no inició nuevas acciones perdiendo la iniciativa ganada. Solo en junio lanzó un ataque por tierra a Santa Marta con el apoyo de dos buques de guerra, pero antes de iniciar el asalto cambió de parecer y retrocedió a Riohacha. Tras esto la flota traicionó a Durán y regresó a Venezuela, donde informaron a Castro de su inactividad, por lo que decepcionado dejó de enviarle suministros.

Viendo que el control del Magdalena era vital para el resultado de la guerra por ser la principal vía de transporte entre la Costa y el interior del país, Uribe Uribe decidió lanzar una campaña para cortar el paso de suministros enemigos. Desde el departamento de Bolívar planeaba avanzar con una columna guerrillera hasta las orillas del río; después de eso el general Durán debía marchar hasta donde se encontraba, ya que Uribe Uribe sería enviado con un gran número de suministros que Durán necesitaba para hacerse al control del cauce fluvial.56 Cuando Uribe Uribe llegó a Bolívar, consiguió reunir un gran número de guerrilleros, pero Vargas Santos envió rápidamente un mensaje a los comandantes locales indicando no aceptar a Uribe Uribe como su comandante superior, pero esto fue ignorado y se sumaron en masa al ya legendario general liberal.

La campaña del Caribe[editar]


Los hombres de Uribe Uribe contaban con pocas municiones, por lo que era imposible atacar ciudades con importancia estratégica como Cartagena de Indias y Barranquilla; en vista de lo anterior, decidió atacar a Magangué, un pueblo y puerto situado a orillas del Magdalena, que capturó en junio de 1900. Sin embargo, rápidamente un gran número de unidades del ejército salieron a su encuentro viéndose forzado a retroceder a las selvas.

Viendo que le sería imposible conseguir vencer sin asegurar un flujo constante de suministros de Venezuela y sus partidarios en Nueva York, el general liberal viajó a Riohacha en diciembre, ordenando a los comandantes locales mantener activas sus guerrillas en su ausencia. Terminó viajando personalmente a Caracas a solicitar ayuda a Castro, pero este se negó, luego intentó conseguir el apoyo de los latinoamericanos exiliados en Nueva York, pero estos estaban más preocupados por los sucesos de Cuba.

La invasión colombiana a Venezuela[editar]

El presidente venezolano Cipriano Castro. Sin embargo, para esas fechas los liberales estaban vencidos y solo sus dirigentes se negaban a aceptarlo. Tanto así que el 12 de abril de 1901 Uribe Uribe publicó un famoso manifiesto donde exaltaba a los liberales a no aceptar los términos de paz propuestos por los conservadores. Esto se produjo después de que fuera rechazado un proyecto de paz diseñado por el mismo Uribe Uribe donde se desmovilizarían las guerrillas liberales a cambio de una representación minoritaria en el Congreso de Colombia, pero el presidente Marroquín lo ridiculizó junto con algunos sectores liberales que lo tacharon de traidor.57 La principal razón de por qué Marroquín rechazó la propuesta fue su completa confianza en que el ejército podría derrotar los últimos focos de resistencia liberal en unos pocos meses. Además, estaba decidido a acabar con el santuario en que se había convertido Venezuela para sus enemigos, por ello empezó a entablar conversaciones con los conservadores venezolanos exiliados en su país, el más prestigioso de los cuales era el general Carlos Rangel Garbiras, quien ya organizaba una expedición para invadir su país con apoyo de algunos colombianos.

Antes de producirse la invasión y para conseguir la paz con Marroquín, Castro tuvo que aceptar la completa sumisión al gobierno colombiano, perdiendo parte de su prestigio como líder. Castro


estaba esperando a Uribe Uribe, que estaba en Nueva York para organizar a los liberales colombianos para rechazar dicha expedición. El presidente venezolano organizó sus defensas en San Cristóbal al mando del general Celestino Castro. Uribe Uribe viajo rápidamente a apoyar en las defensas. El 15 de julio había reunido a más de 1 500 hombres, insuficientes para invadir Santander (solo en la frontera el gobierno conservador había instalado a 4 000 efectivos). El gobierno colombiano supo que las tropas de Uribe Uribe estaban muy cerca de la frontera y tenían la posibilidad de destruirlas de una vez por todas por lo que decidieron adelantarse a Rangel Garbiras. Destruir a Uribe Uribe e iniciar una rebelión conservadora en Venezuela eran los objetivos de la ofensiva.58

Enterado de esto, Castro escribió un manifiesto llamando a sus partidarios a resistir cualquier invasión extranjera el 18 de julio. El día 26 del mismo mes se inició la ofensiva colombiana en territorio venezolano, avanzó rápidamente a San Cristóbal, capital del Táchira. Eran unos 5 000 expedicionarios contra los que creían unos 300 soldados venezolanos, la guarnición usual de la ciudad, mas algunos centenares de milicianos colombianos. Desconocía Rangel Garbiras que, enterado de la campaña, Castro había concentrado más de mil regulares propios y la totalidad de las fuerzas de Uribe Uribe, que aunque seguían estando en franca inferioridad numérica estaban ubicados en excelentes posiciones. En la jornada siguiente Rangel Garbiras organizó sus fuerzas en cinco columnas mientras se producían algunos tiroteos en las cercanías de la urbe.

Finalmente en la noche del 28 de julio se inició la decisiva batalla de San Cristóbal con el asalto de los conservadores, pero los liberales estaban ubicados en posiciones muy sólidas y los rechazaron. La lucha continuó hasta el día siguiente, cuando se intentó varias veces flanquear las posiciones de los defensores, sin éxito. Finalmente los conservadores se retiraron dejando cientos de muertos y heridos en el campo de batalla, además de importantes cantidades de material bélico que fueron usados por sus enemigos.59 El éxito de esta defensa les dio a los liberales un importante botín, pero sobre todo, les elevó su alicaída moral, lo que llevó a que la guerra se alargara hasta 1902, cuando ya no había un razón lógica para aquello, las guerrillas liberales volvieron a alzarse en armas con un nuevo ímpetu y violencia, el gobierno conservador ya no pudo asumir como un mes antes que el país estaba prácticamente pacificado.60 Castro por su parte usó la victoria para asegurar su posición al interior de Venezuela y consiguió iniciar negociaciones con el gobierno colombiano ya que ninguno de los dos deseaba arriesgarse a una guerra a gran escala con su vecino, sin embargo, estas no prosperaron.61

Invasión venezolana del Magdalena[editar]

Véase también: Batalla de Carazúa


Castro finalmente decidió lanzar una campaña de castigo, aunque limitada. Mientras las tropas colombianas se acumulaban masivamente en la frontera entre Táchira y Santander con base general en Cúcuta, se decidió lanzar una ofensiva por un sector menos protegido, el Magdalena, donde los liberales tenían un amplio apoyo popular. Para apoyar la campaña, los liberales reactivaron sus guerrillas en la región y planearon tomar a Riohacha.62 A inicios de agosto, unos doscientos soldados venezolanos cruzaron la frontera hacia La Guajira uniéndoseles las tropas liberales; a comienzos del siguiente mes se les unió un refuerzo de 1 200 regulares venezolanos con varios cañones y una ametralladora, además de rifles y municiones para sus aliados locales.9 Su objetivo era Riohacha, defendida por 400 regulares colombianos. Castro nombró al general José Antonio Dávila, pero este nunca contó con la aceptación de los jefes colombianos liberales que deseaban a uno de ellos al mando de la columna, por lo que muchos de ellos desertaron. Se enviaron refuerzos por el gobierno de Bogotá a reforzar Riohacha, por lo que Dávila decidió tomarla antes de que llegaran.

Dávila entendió que un ataque directo a Riohacha sería un suicidio, por lo que trasladó parte de sus fuerzas al este de Carazúa para engañar a la guarnición enemiga haciéndoles creer que eran atacados por dos ejércitos a la vez; los conservadores enviarían a parte de sus fuerzas a Carazúa dejando desprotegida a Riohacha, pudiendo atacarla con el resto de sus tropas. Las tropas conservadoras entrarían en pánico y evacuarían o se rendirían en la ciudad, luego de lo cual los liberales podían atacar a Santa Marta o a Barranquilla, además de controlar el cauce del Magdalena.

El 12 de septiembre se llevó a cabo el plan. Los liberales se acercaron a Carazúa, pero las tropas conservadoras que salieron a defender el pueblo volvieron rápidamente a las cercanías de Riohacha sin entrar en combate. Cualquier ataque sería un fracaso. Por ello pasaron la noche vigilando la población sin atacar, hasta que finalmente llegaron los 1 100 refuerzos conservadores apoyados por varios cañones y ametralladoras al mando del general Juan Tovar. A las 11:30 a.m. del día 13, los 3 000 venezolanos y liberales decidieron lanzar un asalto desesperado apoyados por su artillería. Dávila pudo verse obligado a lanzar el ataque producto de su deber de recuperar el honor para su país.63 El asalto resultó en una feroz batalla con grandes bajas para ambos bandos hasta que los defensores forzaron a huir a los guerrilleros liberales, y sin apoyo los venezolanos se retiraron de vuelta a sus país apresuradamente. Gran parte de su material bélico quedó en manos de sus enemigos.

Segunda rebelión en Panamá[editar]


El general liberal Belisario Porras. Tras el anterior fracaso de los liberales, el gobierno envió refuerzos militares y navales. Los liberales quedaron reducidos a pequeñas bandas armadas dispersas en el interior que se dedicaron a las guerrillas, sabotaje, pillaje, asaltos y atrocidades contra todo aquel que no cooperara con ellos. Su comandante más famoso fue Victoriano Lorenzo, y continuaban recibiendo suministros y armamento del presidente nicaragüense Zelaya, quien había forzado a reemplazar a Porras como líder de los liberales exiliados por Domingo Díaz, quien no tenía mucho apoyo entre sus hombres.64 Este lanzó una nueva invasión anfibia al istmo desembarcando el 16 de septiembre de 1901 en La Chorrera, disponiéndose a unificar las bandas armadas y planificar su próximo paso. Pasó varios meses en la zona, pero el gobierno no lo atacó, lo que fue visto como una muestra de debilidad.

El gobierno no reaccionó bien, apenas envió refuerzos desde Barranquilla por tierra. Finalmente, el gobernador Albán decidió entre reforzar la ciudad de Panamá o atacar a los rebeldes, y optó por lo segundo. Marchó el 17 de noviembre a Colón con el grueso de sus tropas en su flota dejando una pequeña guarnición en la capital departamental. Esperaba lanzar un ataque sorpresa contra La Chorrera y conseguir una nueva victoria para engrandecer su prestigio personal. Los liberales avanzaron hacia Colón pero inmediatamente volvieron retrocediendo hacia su base. Albán decidió intentar alcanzarlos con la mayor parte de su tropa navegando junto a la costa dejando débilmente guarnecida la ciudad. Sin embargo, los liberales lo habían engañado, mientras la mayoría de ellos retrocedía a La Chorrera perseguidos por la mayoría de los soldados enemigos un destacamento de dos cientos guerrilleros, atacó a Colón. Mientras, en La Chorrera los liberales impidieron a sus enemigos cualquier desembarco, bombardeando y ametrallando los botes de desembarco. De esta manera Colón cayó en poder insurgente el 19 de noviembre.65

El éxito liberal fue total y su moral se elevó totalmente, quedando además libre el avance a la ciudad de Panamá. El general Albán se enfureció por lo sucedido e intentó volver a capturar a Colón, lo que le fue impedido por el embajador de Estados Unidos, quien mediante un mensaje el día 24 ofreció el envío de marines norteamericanos para garantizar la paz de la región, mientras en el mar Caribe había una flota estadounidense lista para desembarcar. La victoria rebelde llevó también al gobierno central colombiano a acelerar el envío de refuerzos con el buque de guerra Próspero Pinzón. Finalmente, los liberales, seguros de su derrota, capitularon y entregaron la ciudad el 28 de noviembre, pero a los marines, quienes inmediatamente entraron en ella para evitar su destrucción ante el casi inevitable ataque del general Albán.

Poco después de esto, las bandas rebeldes se desintegraron y los americanos ocuparon la principal ruta que comunicaba a Colón con la ciudad de Panamá. Ante esto, el general Albán planeó expulsarlos del istmo en cuanto llegaran los refuerzos, pero el gobierno central lo forzó a aceptar lo sucedido e inmediatamente se iniciaron negociaciones políticas para resolver el conflicto,


quedando el istmo en manos colombianas. Tras esto, el gobierno central volvió a centrar sus esfuerzos en otras regiones del país.

Los Llanos y el Caribe[editar]

Neerlandia, hacienda donde Uribe Uribe firmaría la paz con el gobierno. Mientras tanto, la región de los Llanos había caído en poder de las guerrillas liberales locales, que pronto extendieron sus operaciones a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Sus colegas exiliados en Ecuador y América Central planeaban en tanto invadir nuevamente el Cauca y Panamá. Enterado, el gobierno colombiano envió refuerzos a las dos últimas regiones.

Desde Táchira, Uribe Uribe siguió gestionando el envío de suministros a los rebeldes que operaban en Santander, pero con el paso del tiempo, las unidades guerrilleras fueron cercadas, destruidas o se rindieron. Debido a esto, le fue muy difícil encontrar voluntarios entre sus compañeros exiliados, hartos de la guerra, para lanzar una nueva expedición. Otro factor que le jugaba en contra era la alta concentración de tropas conservadoras en dicha parte de la frontera. Además, se dio cuenta que Marroquín y Castro empezaron a negociar la paz por lo que se dio cuenta de que pronto podría quedarse sin apoyos en el exilio, por lo que decidió lanzar una nueva ofensiva. Tenía dos opciones, al norte, a Magdalena; o al sur, a los Llanos, cerca de Bogotá. Debido al fracaso de septiembre del mismo año en Riohacha, y el deseo propagandístico de imitar la campaña de Simón Bolívar de 1819, que terminó en la batalla de Boyacá al cruzar sorpresivamente los Andes por dicha región, Uribe Uribe optó por la segunda alternativa.66

El 24 de diciembre de 1901 partió de Táchira adentrándose en la selva con una columna de seguidores bien armados, llegando a las cercanías de Tame el 24 de enero de 1902, ya en los Llanos, siendo de inmediato bien recibidos por los rebeldes locales. Como de costumbre, la carismática personalidad de Uribe Uribe le permitió granjearse el apoyo de los pobladores. Siguieron marchando al sur, bordeando los Andes, hasta Medina, que se convirtió en su base de operaciones. En Gachalá las tropas conservadoras se enteraron de la presencia de la columna liberal y el gobierno central les mandó atacarla, siendo derrotada y dispersada el 12 de marzo. Tras esto el gobierno de Bogotá decidió finalmente atacar a Uribe Uribe enviando tropas a la región. Sin embargo, el comandante liberal ya tenía suficientes problemas con la falta de disciplina de sus lugartenientes locales.


Esto no le había impedido ordenar en febrero a su oficial Juan MacAllister invadir la sabana de Bogotá y capturar algunos pueblos y granjas de la región (aunque jamás atacó a la capital colombiana, fuertemente defendida) pero si le pesó en la campaña. Tras este éxito inicial, Uribe Uribe se dirigió con el resto de las tropas y la artillería que llevaba consigo. MacAllister intentó atacar a Soacha con un ataque masivo desde todas direcciones, pero fracasó porque muchas de las bandas guerrilleras no quisieron atacar (23 de febrero). Tras esta derrota, los liberales tuvieron que regresar a los Llanos por la vía entre Quetame y Villavicencio, perseguidos por el ejército. Uribe Uribe, enterado de esto, tomó la indefensa Medina y salió al encuentro de sus hombres, momento en que obtiene la victoria de Gachalá, lo que fuerza al gobierno a detener su persecución y refugiar a sus hombres en Villavicencio. Uribe Uribe logró unirse a sus hombres y ahí ocupó los alrededores de la ciudad. Tenía unos seis mil hombres contra cuatro mil efectivos conservadores.66 Sin embargo, el gobierno también vio la oportunidad de rodear y acabar de una vez por todas con la amenaza que representaba el líder insurrecto.

La victoria de Gachalá le dio nuevos aires a la rebelión, Uribe Uribe volvió a enviar tropas a la sabana bogotana, unos dos mil hombres armados con parte del importante equipo militar capturado el 12 de marzo encabezados por él mismo. Sin embargo, la indisciplina de sus hombres lo llevó a una derrota terrible (y casi captura) cuando atacó a Guasca el 21 de marzo. Escapó con sus hombres a la elevación de "El Amoladero", donde estableció una sólida línea de defensa, al día siguiente llegaron los conservadores que le perseguían, y le atacaron pero para desgracia del líder liberal varias de sus unidades no habían ocupado las posiciones que les habían sido asignadas. Aunque el primer asalto fue rechazado, en el siguiente no tuvieron tanto éxito y los conservadores hicieron colapsar su línea defensiva y forzaron a los rebeldes a huir. El comandante liberal nuevamente escapó milagrosamente de ser capturado o muerto. Sin embargo, consiguió restablecer el orden entre sus hombres derrotados, estableciendo rápidamente una nueva línea defensiva el día 25, pero al notar que le sería imposible volver a enfrentar a los conservadores en un combate abierto, ordenó retirarse y abandonar sus posiciones de forma ordenada y metódica, pero sus indisciplinados lugartenientes no volvieron a respetar sus instrucciones. Los conservadores vieron lo que pasaba y no dudaron en lanzar un asalto masivo contra la columna liberal en desorden y su victoria fue total. Capturando parte importante del armamento de los alzados. El 2 de abril, Uribe Uribe y los sobrevivientes de su columna se unieron a los liberales que rodeaban Villavicencio. Sin embargo, a pesar de tener una gran cantidad de hombres reunidos, la baja moral y constantes deserciones llevaron al líder rebelde a decidir cancelar el asalto de la ciudad y llevar a sus hombres a Medina, donde informó a los jefes locales que la campaña estaba perdida y debían desmovilizarse; tras esto volvió a Táchira y sus hombres se dispersaron.67

Uribe Uribe se encargó entonces de enviar suministros y armamento por contrabando desde Curazao a la Costa Atlántica. En la primera comarca sucedió que tras su derrota en Carazúa el año anterior, las guerrillas liberales habían casi terminado sus operaciones bélicas, pero gracias a los aportes recibidos, pudieron reactivarse y empezar a reorganizarse, estableciendo como base de sus operaciones Valledupar. Los intentos de los conservadores fracasaron a causa de lo inhóspito


del terreno, que no sirvió para otra cosa sino desmoralizarlos. De esta manera, les fue relativamente sencillo a los alzados capturar a Riohacha el 16 de abril de 1902. La captura de la ciudad les dio a los rebeldes una base de operaciones lo suficientemente importante como para que Uribe Uribe pudiera planear nuevamente una expedición y le impidió al gobierno central conservador enviar refuerzos a Panamá, ya que la vía del Magdalena le fue bloqueada.68

Tercera rebelión en Panamá[editar]

Hundimiento del buque Lautaro, comandado por el conservador Carlos Albán, fallecido en la acción (1902).

Ejecución de Victoriano Lorenzo, guerrillero liberal (1903). Tras la capitulación de los liberales en Colón (28 de noviembre de 1901) las hostilidades en la región entraron en una relativa pausa. Mientras los liberales más radicales se negaban a aceptar su derrota y el carismático y liberal fanático Uribe Uribe había tomado el control de las fuerzas liberales, eclipsando a sus viejos superiores.

Debido a que el gobierno conservador tenía su flota bélica intentando restablecer el paso por el cauce del Magdalena mientras el general Herrera planeó aprovechar el momento para introducir armas por vía marítima al país y reiniciar las rebeliones en el Cauca y Panamá. Se planearon dos expediciones: una para el istmo y otra para tomar a Tumaco e invadir el centro del Cauca. Optó por lo segundo, mientras una flotilla con hombres, armas y municiones viajaba al sur.69 Herrera usó la mayor parte de su fortuna familiar para comprar y armar con cañones un barco, Almirante Padilla, que se dedicó a lanzar ataques contra embarcaciones en la costa pacífica. El barco atacó a Tumaco el 16 de octubre de 1901 para intentar reiniciar la rebelión en el Cauca, pero las fuerzas liberales locales para tener alguna posibilidad de éxito pero por lo que el Almirante Padilla abandonó el sur y fue al istmo a apoyar a los rebeldes.


El barco se dedicó a atacar los navíos enemigos, robándoles suministros, armamento y municiones. Llegó a su destino el 24 de diciembre con una flotilla de unos 1.500 hombres bien entrenados y equipados.70 El gobernador Albán tomó control del Lautaro, un barco mercantil chileno de gran tamaño, perfecto para transportar un gran número de tropas y lo armó con cañones manteniendo a la tripulación chilena cargo de la dirección de la nave. El 19 de enero de 1902 el Lautaro fue enviado con un batallón a bordo para encontrar y acabar con los rebeldes pero no se le dio permiso de zarpar hasta el día siguiente, pero durante la noche las municiones explotaron, no se supo qué sucedió, pero se sospechó de un sabotaje. La embarcación quedó inmovilizada y en la noche del 20 llegó el Almirante Padilla sorpresivamente y de inmediato abrió fuego en su contra; durante el combate el general Albán resultó muerto y el Lautaro quedó inutilizable. Sin embargo, Herrera todavía tenía que enfrentar a los hombres del general Francisco de Paula Castro, quien quedó a cargo de las tropas gubernamentales en el departamento. El general liberal decidió atacar a los conservadores acantonados en Aguadulce, envió exploradores para vigilar a su enemigo desde los bosques cercanos y para elegir qué posiciones ocupar. Para ese momento, tanto las tropas gubernamentales como el general Castro se hallaban moralmente devastados tras el golpe sufrido. El día 23 de febrero se produjo el ataque, siendo rodeados unos doscientos soldados, y tras horas de desesperada resistencia, obligados a rendirse. Castro se retiró al inicio mismo del combate con la mayoría de las tropas pudiendo salvarse así de una derrota mayor; sin saberse aún el motivo, no optaron por volver a la ciudad de Panamá por la carretera principal, sino que se refugiaron en inhóspitas islas montañosas llamadas Bocas del Toro. Herrera envió a quinientos hombres a las islas desde David para iniciar operaciones contra sus enemigos. En la capital departamental, en tanto, asumía como nuevo gobernador el general Víctor Salazar, un hombre muy capaz y brillante, pero con recursos demasiado limitados, por lo que le resultaría imposible lograr buenos resultados.71 Los rebeldes que atacaron las Bocas del Toro los capturaron a inicios de abril, pero solo para notar cómo una flota militar enviada desde Barranquilla los dejaba aislados en ellas y les forzaba a rendirse. Sin embargo, el general Salazar fue muy imprudente con sus relaciones con el embajador norteamericano, quien terminó interviniendo para lograr que los rebeldes pudieran evacuar las islas y ser así reintegrados a las tropas de Herrera. De esta manera, una aparente victoria conservadora se volvió un éxito propagandístico para los liberales.

Los alzados pudieron recibir continuamente suministros desde Nicaragua por la costa pacífica, ya que el Almirante Padilla bloqueaba a la ciudad de Panamá, aunque la costa caribeña permanecía en manos conservadoras. Salazar decidió lanzar una ofensiva por tierra y los liberales retrocedieron hasta Aguadulce dando la impresión de ser muy débiles para resistir. Salazar pidió refuerzos para acabar con la revuelta pero en esos momentos se dio la expedición de Uribe Uribe a los Llanos y le fue negada toda ayuda.

Entonces fue cuando el Almirante Padilla viajó a Nicaragua para rearmarse y para realizarle reparaciones, y Salazar decidió arriesgarse y atacar a los rebeldes en Aguadulce. Envió dos columnas, una al mando del general Luis Morales Berti a Antón y otra dirigida por el general Castro al río Santa María con la intención de rodear a los insurrectos y aniquilarlos. Pero cometió el grave error de elegir a ambos comandantes, famosos por sus fracasos, huidas y desaciertos anteriores. El 10 de junio Morales Berti llegó a Antón y poco después Castro cambió de rumbo y


llegó a esa misma ciudad, Morales Berti optó por avanzar a Aguadulce y Castro a Bocas del Toro. Los liberales optaron por retirarse de Aguadulce a Santiago de Veraguas esperando que el enemigo no los siguiera por una ruta tan difícil pero al ver que lo hacía Herrera no tuvo más opción que atacar a la columna conservadora. En esos momentos (mediados de julio) se retiraron a Aguadulce. Los comandantes gubernamentales supieron que los insurrectos estaban muy bien equipados y entrenados además de contar con una amplia superioridad numérica por lo que retroceder era su única opción. La retirada se inició el 22 de julio], pero Salazar optó por enviar refuerzos esperando poder acabar con los alzados lo que en esos momentos y circunstancias era totalmente ilusorio.72 Un navío mercantil fue elegido para tal misión, el Boyacá, pero se encontró con el Almirante Padilla el 30 del mismo mes en la costa cercana a Aguadulce viéndose forzado a rendirse y sus tropas fueron hechas prisioneras. La victoria rebelde desmoralizó profundamente a los soldados conservadores que tuvieron que elegir entre volver a la ciudad de Panamá atravesando la densa jungla o dar cara y luchar. Enterado de lo sucedido, Castro empezó a hacer lo mismo. Ambos generales optaron por reunirse en Aguadulce, donde se atrincheraron. Herrera inició un largo asedio apoyado por su artillería y los defensores empezaron a sufrir hambre hasta que se rindieron el 27 de agosto.

Pero los rebeldes perdieron demasiado tiempo en el sitio de Aguadulce y llegaron a la ciudad de Panamá los refuerzos tan necesarios por tierra. La guerra terminó entonces en un nuevo cese del fuego, con la zona entre Aguadulce y la capital departamental como tierra de nadie, separando a ambos bandos.73

Final de la guerra[editar]

USS Wisconsin, acorazado estadounidense que sirvió de sede para las negociaciones de paz. Los sucesos del istmo hicieron imperiosa la necesidad de bloquear la ruta del Magdalena para impedir el paso de refuerzos del gobierno central hacia dicha región. Uribe Uribe intentó organizar una expedición al Magdalena, pero los liberales en el exilio le negaron apoyo temiendo que pasara a convertirse en un dictador si llegaba al poder. Volvieron a enviar instrucciones a los comandantes locales para que no lo reconocieran como comandante de la costa caribeña, pero estas fueron ignoradas y Uribe Uribe desembarcó cerca de Riohacha el 14 de agosto de ese año.74

A pesar de contar con el apoyo popular local, los liberales estaban ya vencidos, el bloqueo del Magdalena solo podía retrasar el inevitable desenlace, Panamá y la costa caribeña dependían


demasiado del comercio con el interior u otros países. Todo favorecía al gobierno conservador, tenía un gran ejército, y dominaba la mayor parte del territorio y la población, solo necesitaba enviar un gran número de tropas bien equipadas para someter a los rebeldes. Uribe Uribe empezó a entenderlo tras su derrota en los Llanos, y les informó a los comandantes locales en Riohacha que habían perdido la guerra y que cualquier resistencia solo traería la ruina y muerte a su comarca. El antes próspero departamento del Magdalena estaba en ruinas, empobrecido y sometido a pasar constantes necesidades.

Uribe Uribe empezó a negociar la paz, pero sabiendo que su reputación como líder de los liberales estaba en juego ya que había prometido bloquear la ruta del Magdalena, decidió lanzar una última ofensiva. En lugar de atacar a Barranquilla, objetivo imposible para sus fuerzas, optó por Tenerife. El comandante liberal envió parte de sus fuerzas al norte entre la Ciénaga Grande y Santa Marta para distraer al enemigo y preparó a mil hombres para capturar a Tenerife. También consiguió refuerzos de las guerrillas del vecino departamento de Boyacá, y el 18 de septiembre atacó por sorpresa su objetivo con el apoyo de algunos navíos y dos cañones, derrotó la pequeña guarnición local pudiendo así bloquear el cauce del Magdalena. Sin embargo, Uribe Uribe se enteró de que el gobierno envió tropas a recuperar la ciudad y decidió evacuarla el 2 de octubre, pero el bloqueo de dos semanas de dicha ruta les permitió a los rebeldes en el istmo, gracias a lo largo del viaje y a la lenta burocracia, un tiempo de dos meses antes de que llegaran los refuerzos, lapso que los liberales sabrían aprovechar.75

Uribe Uribe atacó a Ciénaga el 13 de octubre para tener a su alcance a Santa Marta; la pequeña guarnición local se refugió en su cuartel, que terminó siendo dinamitado, algunos consiguieron huir al pequeño navío NelyGazan, que armado con pequeños cañones bombardeó a los rebeldes y por poco mata a su líder. Esto no cambió el curso del combate ni de la campaña, los rebeldes caribeños aceptaron firmar el Tratado de Neerlandia el 24 del mismo mes.76 El tratado significó el fin de las operaciones militares en el actual territorio colombiano y de cualquier esperanza para el general Benjamín Herrera, quien sabía que cuando llegaran los batallones conservadores de refuerzo estaría vencido.

El acuerdo exigía a Uribe Uribe interceder para acabar con la guerra en dicha comarca, por lo que envió una carta a Herrera pidiéndole negociar un acuerdo, pero este ya llevaba meses negociando en secreto.

Los tratados de Neerlandia y del Wisconsin[editar]


Firma del tratado del Wisconsin. Los tratados de paz se firmaron en la hacienda Neerlandia (ubicada en la zona bananera del Magdalena, cerca a Ciénaga) el 24 de octubre de 1902, si bien los combates duraron hasta noviembre de ese año en Panamá entre los navíos Almirante Padilla (liberales) y el Lautaro (de propiedad chilena, expropiado por los conservadores), combate que se venía presentando desde finales de 1901 y en el cual estos últimos fueron derrotados frente a la ciudad de Panamá el 20 de enero de 1902. Con la muerte del general Carlos Albán, que viajaba en el Lautaro, el istmo quedaba sin representante, siendo nombrado Arístides Arjona.

Más tarde vino la constante amenaza de la marina estadounidense enviada por el gobierno de Theodore Roosevelt para proteger los futuros intereses en la construcción del canal. Los liberales de Benjamín Herrera depusieron las armas sin combatir la amenaza exterior.

El tratado de paz definitivo se firmó el 21 de noviembre de 1902 a bordo del acorazado estadounidense USS Wisconsin atracado en la bahía de Panamá. El tratado fue firmado por el general Lucas Caballero Barrera, en calidad de jefe del Estado Mayor del Ejército Unido del Cauca y Panamá, junto con el coronel Eusebio A. Morales, secretario de Hacienda de la dirección de guerra del Cauca y Panamá, en representación del general Benjamín Herrera y del partido liberal; y por el general Víctor Manuel Salazar, gobernador del istmo, y el general Alfredo Vázquez Cobo, jefe de Estado Mayor del ejército conservador en la Costa Atlántica, el Pacífico y Panamá, en representación del gobierno.77

Postratado del Wisconsin[editar]

Correos y telégrafos de Colombia a finales del siglo XIX. Al resto del país la noticia del fin de la guerra llegó tarde. Dada la lejanía del istmo de Panamá respecto al resto de Colombia, y a que las escasas líneas del telégrafo estaban interrumpidas en varios de sus tramos, las comunicaciones quedaron en manos de estafetas y comerciantes trashumantes. Los telegramas de la dirección liberal que informaban del hecho y ordenaban la rendición de las fuerzas aún combatientes a las guarniciones conservadoras, así como los avisos


pegados por el gobierno en las plazas de los pueblos, llegaron y se aplicaron de manera irregular, por lo que el Tratado del Wisconsin, con el que oficialmente se puso fin a la guerra, no logró concluir de un tajo con ella.77

Continuaron acaeciendo hechos violentos en el país, como la ejecución de Victoriano Lorenzo por orden del general Pedro Sicard Briceño en 1903, hecho considerado uno de los detonantes de la posterior separación del istmo.

El primero de junio de 1903, el gobierno declara el cese absoluto de hostilidades en el país, proclamando que el orden público había sido restablecido.

Consecuencias de la guerra[editar]

Después de la guerra, Colombia quedó totalmente devastada en todos los aspectos: se dio una gran crisis económica que se agravó con la separación de Panamá el 3 de noviembre de 1903, y la deuda de los gastos militares en los que incurrió el gobierno. El país estaba empobrecido, sus industrias y vías de comunicación se encontraban destruidas, y la deuda externa e interna eran considerables, tanto así que la libra esterlina, tipo de cambio de la época, había pasado en 1898 de 15,85 pesos hasta llegar a cotizarse en 1903 a 505 pesos.11

A su vez, a causa de la derrota de los nacionalistas se firmó la Ley 33 de 1903 que establecía el patrón oro para controlar la emisión monetaria recogiendo el circulante que había sido emitido durante la Regeneración. Prohibió cualquier nueva impresión de moneda fiduciaria y adicionó que había suspendido las emisiones de papel moneda como recurso fiscal mediante el Decreto 217 de febrero de 1903.78

Durante la guerra unos 75 000 hombres fueron movilizados en total por ambos bandos, dejando unas 300 000 bajas como máximo.79

Al país le costó proteger el delicado equilibrio de paz durante aproximadamente cuarenta y cinco años11 hasta que la violencia bipartidista provocó que las tensiones se salieran de control hasta


1958 (cuando el Frente Nacional acab贸 con las tensiones), dando paso despu茅s al conflicto armado

d e la segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI.


Se anuncia en el Palacio de San Carlos el golpe de estado contra Sanclemente (31 de julio de 1900). Segundo alzamiento en el Cauca[editar]

Tropas gubernamentales (c. 1900).

Ram贸n "El Negro" Mar铆n, guerrillero liberal del Tolima.


Rafael Uribe Uribe.

BenjamĂ­n Herrera, comandante de las tropas liberales en PanamĂĄ.


Se anuncia en el Palacio de San Carlos el golpe de estado contra Sanclemente (31 de julio de 1900).

Reclutamiento de campesinos en Bogotรก (1900).

El presidente venezolano Cipriano Castro.


El general liberal Belisario Porras.

Hundimiento del buque Lautaro, comandado por el conservador Carlos Alb谩n, fallecido en la acci贸n (1902).

Ejecuci贸n de Victoriano Lorenzo, guerrillero liberal (1903).


Firma del tratado del Wisconsin.

Reflexiones sobre la guerra de los Mil DĂ­as . Por: Malcolm Deas.

Tomado de: Revista Credencial Historia. (BogotĂĄ - Colombia). Enero 2000. No. 121


Curiosamente es fácil escribir un breve resumen de la guerra de los Mil Días: En octubre de 1899, el ala belicista del partido liberal se levantó en contra del régimen conservador, entonces representado por el muy viejo presidente Manuel Antonio Sanclemente y el no muy joven vicepresidente José Manuel Marroquín, atacando de manera muy improvisada a Bucaramanga. La guerra duró tres años y sus principales escenarios fueron Santander --los famosos combates de Peralonso y Palonegro--, Tolima, partes de la Costa y Panamá. Se complicó con el apoyo intermitente de gobiernos vecinos, amigos de la rebelión: el de Venezuela, principalmente, pero también los gobiernos del Ecuador y de Nicaragua; fueron sus presidentes Cipriano Castro, Eloy Alfaro y José Santos Zelaya, respectivamente. Como tantas guerras, ésta fue una lucha entre dos incapacidades y dos incoherencias, sufriendo el liderazgo liberal aún más divisiones y demoras que el alto mando conservador. Sin embargo, los conservadores tuvieron las ventajas de mayores recursos físicos, fiscales, administrativos y diplomáticos, líneas interiores de comunicación y el dominio del corazón del país con su mayoría de la población reclutable; nunca perdieron su control del río Magdalena. El golpe de estado del 31 de julio de 1900 puso fin a la presidencia de Sanclemente, pero quedaron decepcionados quienes pensaban que Marroquín iba a hacer la paz por vía de concesiones. Los liberales bajo el general Herrera lograron importantes victorias en Panamá, pero no pudieron trasladar su ejército desde allá hacia Tierra Firme. Surgieron múltiples guerrillas, y hacia fines de la guerra el gobierno empleó métodos bastantes drásticos en su represión. En medio del agotamiento


general del país y sin perspectivas de éxito los liberales, a fines de 1902, terminan la guerra con una serie de tratados con el gobierno, los principales el firmado abordo del USS Wisconsin por el general Herrera, y el de Neerlandia, firmado por Uribe Uribe. En parte como consecuencia de la guerra, pronto se separó Panamá. La prolongada guerra devastó la economía del país, aunque bajo su sombra florecieron negocios turbios y escandalosos. Nadie sabe cuántos murieron, muchos a causa de las epidemias y pestes que hallaron en la guerra su caldo de cultivo. Un contemporáneo da la cifra convencional de cien mil, una proporción muy alta para la pequeña población de ese entonces. Sin duda fue la guerra civil más fatal y destructiva de todas las guerras civiles formales que ha sufrido el país. Fácil el breve resumen, pero queda mucho más por decir, y por preguntar. (Estas reflexiones se me han ocurrido en el proceso de montar la exposición Cien años de los Mil Días en el Museo Nacional de Colombia, que es en sí misma un hito de la historia nacional, siendo, con la parcial excepción de unas colecciones documentales reunidas como canto de cisne para el centenario de la Constitución de 1886, la primera exposición en la historia nacional que conmemora un evento de plena historia republicana, hecho por sí mismo capaz de provocar toda otra serie de reflexiones). ¿Fue una guerra necesaria? Claro, ocurrió, y así sencillamente fue inevitable en el simple sentido de que no se evitó, y se peleó en seguida entre "hombres miopes para el bien y para el mal" --la frase de Joseph Conrad en su novela Nostromo, que en parte deriva de la guerra--. Pero la mayoría de los líderes del partido liberal, y según me parece los mas lúcidos --Santiago Pérez, Aquileo Parra-- estaban en contra de un levantamiento armado. No se puede tildar a los opositores de cobardes, ni de "oligarcas", y tampoco es que fueran todos civiles. Su lectura de la situación fue que el régimen de la Regeneración, como lo practicaba el gobierno saliente de Miguel Antonio Caro, dogmático, autoritario y "excluyente" (para emplear una palabra hoy en boga), iba cayendo por sus propios vicios y debilidades. Aunque la impaciencia de los belicistas nunca permitió poner esta tesis a prueba, sospecho que sus defensores tuvieron la razón. Mirando a esa guerra de hace cien años en medio de los conflictos de hoy, cualquiera tiene que preguntarse ya si fue una guerra justa o no, si sus medios y sus


sufrimientos fueron proporcionales a sus fines. Me parece que esa pregunta no ha sido formulada con suficiente insistencia. Como fue común en tales conflictos, los protagonistas tuvieron varios enemigos, y algunos fueron los rivales en su propio partido. Los belicistas quisieron tumbar no sólo a los enemigos declarados, sino también al viejo liderazgo de su propio partido, los sobrevivientes del Olimpo Radical. Es su desbordada ambición lo que da a Uribe Uribe su decidido gusto por la guerra, y que resta mucho a lo atractivo de su figura. Como siempre, los violentos fueron una minoría. ¿Fue una guerra popular? ¿Cómo fue, en esta lucha, lo que algunos de los manuales del siglo pasado llamaron "el arte de entusiasmar a la tropa", y hasta dónde se entusiasmo? Un trabajo paciente puede reunir, pedacito por pedacito, la evidencia necesaria para responder a esa pregunta, como el trabajo de Carlos Eduardo Jaramillo ha reunido los rasgos de las guerrillas en su libro Los guerrilleros del novecientos. La evidencia no es masiva; impresiona en lo material lo poco que queda de la guerra de los soldados. De los jefes, hay uno que otro uniforme, aunque ellos también andaban poco uniformados, como se ve en la foto del general Dousdebes, uno de los jefes conservadores principales en Palonegro, con su modesto dril y su machete. De los soldados rasos, aún más escuetamente uniformados, casi no ha sobrevivido una sola prenda. En gran contraste con la Revolución Mexicana, que empezó una década después y dejó un archivo fotográfico muy extenso, nuestra guerra fue poco fotografiada. Hay muchos retratos de los jefes, mayores y menores, pero pocas representaciones de las filas. Uno interroga intensamente las que han sido reunidas en la exposición del Museo Nacional --muchas de ellas frescas, porque son desconocidas--, los emblemas y las reliquias, buscando en el porte, en el aire de su gente, en la contemplación de su indumentaria, cualquier indicación de cómo pensaron y cómo sintieron. Y hay que releer todas las memorias, y leer los nuevos fondos que recientemente han sido donados al Archivo General de la Nación, como las treinta mil hojas de vida con las que los veteranos de la guerra, liberales y conservadores, apoyaban sus solicitudes de pensión treinta años después. La guerra sí produjo reputaciones perdurables, héroes y villanos, y muchas cuando uno recuerda, además de las figuras nacionales, la legión de figuras de reputación


regional y local: irían a formar en primera línea la "clase política" durante más de tres décadas, como se ve en cualquier listado de gobernadores y ministros. Hubo para los gustos más variados, desde la severidad fanática pero desinteresada del general conservador Agustín Fernández, mandamás de Bogotá y ministro de Guerra --hombre de extracción relativamente humilde, notamos de paso-hasta la noble figura del general Ramón Marín, el Negro, principal guerrillero liberal del Tolima. Todavía --¿por qué es necesario escribir "todavía"?-- conmueve la respuesta de Marín a alguien que le preguntó por qué él no fusilaba a sus presos como los estaban fusilando los conservadores: "No lo haré, porque entonces, ¿en qué está la diferencia?" Cada rincón del país mandó sus contingentes; aunque su intensidad no fue la misma en todas partes, pocos lugares escaparon al reclutamiento, y fue universal el palpable impacto de la guerra de uno y otro modo. El curso del conflicto calentó los ánimos, y muchos de quienes al principio fueron escépticos terminaron comprometidos. Se tejió, lugar por lugar y familia por familia, una red de miedos, de odios o de vendetas que envolvió a todo el mundo. Miguel Antonio Caro tiene que compartir parte de la responsabilidad por la guerra, por su gobierno exclusivista, su estilo poco conciliatorio. Fuera del poder, su actitud cambió, y sus escritos posteriores muestran mucha desilusión y aun algunas notas de arrepentimiento. Entre ellas se halla una especulación sobre el legado ambiguo de la guerra, palabras que quienes visitan la exposición en el Museo Nacional pueden leer a la salida. Por su profundidad merecen sobremanera ser divulgadas de nuevo: "No sabemos si la militarización del país donde cada uno de esos bandos cuenta por miles sus generales; si los hábitos contraidos de depredación, de persecución, de especulaciones aleatorias; si el desprecio de las leyes morales, mucho más grave y alarmante que las leyes positivas, si todo ese cúmulo de males haya de retardar todavía por largo tiempo la marcha regular de la república. No sabemos si, por el contrario, la desgracia haya de ser purificadora para todos, para todos provechoso el escarmiento; si el exceso del mal haya de despertar vigoroso el instinto de conservación y determinar un movimiento político uniforme salvador. No sabemos hasta qué grado la generación nueva viene ya


pervertida por los malos ejemplos y envenenada por el fanatismo sectario, en mala hora erigido en doctrina; o si en su mayor parte, atenta a la enseรฑanza de los hechos, habrรก de ser mรกs sabia, mรกs cristiana, y por lo mismo mรกs dichosa que sus padres". Cuando se mira el curso del siglo que siguiรณ, uno concluye de manera tentativa que pasaron ambas cosas: hubo escarmiento, una reacciรณn saludable, una resoluciรณn en muchas mentes de nunca mรกs recurrir a la guerra. Pero, como dijo el general Santander al filรณsofo Schopenhauer: "Nadie se escarmienta en cuerpo ajeno". Con el tiempo, la lecciรณn se olvidรณ, y prevaleciรณ el veneno


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La guerra de los mil días fue una guerra civil que afecto a la república de colombia y panamá by Leizel Verbel - Issuu