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Corabastos, la central que
Fotos: cortesía Corabastos
nunca duerme
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Con el nacimiento de Corabastos, Bogotá saludó a la modernidad en acopio y distribución de alimentos. Destronando a las antiguas plazas de mercado, sus instalaciones fueron un modelo de desarrollo para toda Latinoamérica.
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l 20 de julio de 1972, Bogotá era una sola fiesta. Las celebraciones de la Independencia cedieron su protagonismo a un jolgorio multitudinario: al son de Totó La Momposina, Carlos Julio Ramírez, Berenice Chávez, el ballet Folclórico de Colombia y el Ballet Mexicano de Veracruz, cerca de 150.000 personas asistieron a la inauguración de la más moderna central de abastos de Latinoamérica, Corabastos. El presidente, Misael Pastrana Borrero, quien encabezaba los festejos, tomó los micrófonos y anunció la llegada de una nueva era
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para los capitalinos, una donde se regularían los precios de los alimentos, se garantizaría la higiene de los mismos y se acabaría con la inseguridad y el deterioro de las antiguas plazas de mercado. El entonces alcalde de Bogotá, Carlos Albán Holguín, hizo partícipe de la inauguración a otros miles que sintonizaban los diales de Todelar y Cadena Melodía. Con la voz henchida de orgullo, el burgomaestre pronunció un sentido discurso que fue ampliamente registrado por los diarios de la época: “El 20 de julio nuestros pueblos se independizaron de la dominación es-
pañola y hoy, precisamente, hemos abandonado una plaza que llevaba el nombre de Plaza España. Allí quedó un pasado, un pasado cariñoso para la historia de la
Construida en tan solo siete meses, por un valor de $141.620, Corabastos contaba con 25 amplias bodegas, cada una de 2.000 m2 cubiertos y capacidad para recibir 60 camiones de manera simultánea.
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“Para las bodegas de Corabastos se proponía pórtico en acero con voladizos de armaduras tridimensionales en acero, silueta que contrasta con las grandes superficies de los noventa, que consagrarían los techos planos y las cajas cerradas”, ingeniero Hernando Vargas Caicedo.
ciudad, mientras aquí comienza una nueva Colombia, una ciudad distinta, un mercado a donde los campesinos pueden traer sus productos sin dificultad y recibir por ellos precios justos, al mismo tiempo que el consumidor adquirirá lo necesario sin que haya pasado por intermediarios”. Aquel día eran pocos los que no se sorprendían por lo colosal de la nueva central de acopio y distribución de alimentos. Construida en tan solo siete meses, por un valor de $141.620, Corabastos contaba con 25 amplias bodegas, cada una de 2.000 m2 cubiertos y capacidad para recibir 60 camiones de manera simultánea. Según el testimonio del comerciante Samuel Palacios Salinas –consignado
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Precios de algunos alimentos en 1972 Pese a que la inauguración con bombos y platillos de Corabastos se llevó a cabo el 20 de julio de 1972, estas instalaciones abrieron al público el 16 muy a las 4:30 de la mañana. Al mediodía, según testimonio de la época, era poco lo que quedaba para vender. Arroz corriente (bulto de 75 kilos): Arroz excelso (bulto de 75 kilos): Café molido (bulto de 50 libras): Sal yodada (bulto de 50 kilos): Papa parda pastusa (bulto de 62,5 kilos): Yuca chirosa de Armenia (bulto de 72 kilos): Plátano hartón del Quindío (guacal de 40 kilos):
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en el libro Corabastos 30 años: Historia del comercio mayorista de alimentos en Bogotá, de Luis Eduardo Cepeda Pérez–, “(…) los primeros días la gente llegaba más que todo a curiosear, a mirar las obras, las instalaciones, y de paso se compraban una piña, una papaya, un melón; llevaban algo para mostrar en el bus o en la casa que habían ido a la Central. Era como aquel que va a Monserrate y cuando baja compra los calentanos y el cuadro del Señor Caído, para completar el paseo”.
Constitución de Corabastos
El 5 de agosto de 1972, por iniciativa del Gobierno Nacional se creó la Corporación de Abastos de Bogotá. Su nacimiento quedó registrado mediante la escritura pública número 4222 en la Notaría Cuarta de Bogotá; en esta consta un capital nominal de 100 millones de pesos. Las bodegas, conocidas en un principio como CABSA (Central Mayorista de Abastecimiento de Bogotá), se constituyeron el 5 de mayo de 1972 como una sociedad satélite de Corabastos. La firma de la escritura de esta última tuvo lugar en el Palacio de San Carlos, con Misael Pastrana Borrero como testigo.
Nace una idea En las décadas de 1950 a 1970 la población de Bogotá se cuadriplicó, lo que supuso cambios sustanciales en los canales de abastecimiento1. Hasta entonces, y desde la época de Rojas Pinilla, el comercio de alimentos se concentraba en su mayoría en la Plaza España, la cual podía movilizar cerca de 30.000 vehículos diariamente. Sin embargo, “la Plaza España no solo concentraba a gran número de personas, sino también traía consigo el caos, el desorden y la falta de higiene en el almacenamiento y posterior comercialización de los productos. Esto no era porque los vendedores así lo quisieran, la razón era la gran cantidad de personas que se agolpaba en este lugar, ya fuera para traer mercancías de otras regiones o comprar o vender de forma ambulante sin contar con una estructura funcional preestablecida para este sistema”2. Para 1970, a poco tiempo de terminar su periodo presidencial Carlos Lleras Restrepo, se encomendaron sendos análisis preliminares para la construcción de una gran central de abastos al suroccidente de Bogotá, justo sobre las pistas del antiguo aeropuerto de Techo. Los primeros estudios de factibilidad fueron encargados a prestigiosos académicos nacionales, quienes contaron con la ayuda de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de expertos en mercadeo de la Universidad de Michigan. El doctor Germán Feged, primer gerente de Corabastos, tuvo la oportuna tarea de crear sinergias gubernamentales para llevar a buen término el proyecto, tal
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como lo recuerda J.C. Abbott en su libro Mejora del mercadeo en el mundo en desarrollo (1987): “El gerente de Corabastos ocupaba una posición que le permitía desempeñar una función innovadora en el mercado de alimentos. Mantenía estrechos contactos con el comercio al por mayor, había recibido capacitación sobre los principios de mejora del mercadeo en la Universidad Estatal de Michigan, era influyente en el partido político que gobernaba entonces y tenía también conexiones personales con el Presidente. Esta relación y el apoyo del partido político dominante permitió a Corabastos movilizar recursos y llevar a cabo programas con una sorprendente facilidad”. Una vez listos los estudios, se continuó con la constitución de la Corporación
de Abastos de Bogotá y la búsqueda de recursos. Además de entes estatales como el Incora, el Idema, la EDIS o la CAR, todos los comerciantes hicieron un gran aporte a manera de accionistas de la central mayorista: quienes quisieran convertirse en propietarios de un local en las nuevas instalaciones, debían adquirir mínimo 10 acciones –cada una a $1.000– por metro cuadrado; quienes no compraban, en cambio, pagarían un 30 % más en el arriendo. Esto, aunque necesario, no fue muy bien visto por los comerciantes tradicionales. Para convencerlos de lo beneficioso de trasladarse, la corporación acudió al SENA y a la Universidad Jorge Tadeo Lozano –de manera específica al Centro de Estudios e Investigaciones en Mercadeo–, para capacitar a los vendedores en mercadeo avanzado.
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Erigir el futuro La mayor obra de desarrollo urbano en la historia del país, entonces, vio puesta su piedra angular en enero de 1972. Su construcción se realizó en tiempo récord; se pactó con los contratistas que el pago estaba sujeto estrictamente al cumplimiento de los plazos acordados; de dilatarse la entrega del proyecto, Corabastos solo estaba obligado a pagar el 70 % del valor total. Técnicamente hablando, la curiosidad del pueblo con respecto a la obra estaba más que justificada. Periódicos como El Espectador, en su edición del 21 de julio del mismo año, hacían eco del uso de computadoras para el cálculo de las estructuras –pues “se necesitaba la mayor amplitud y firmeza posibles”–, y de los diferentes tipos de iluminación implementados según los productos que fueran a almacenarse en una u otra bodega. Para el ingeniero Hernando Vargas Caicedo, magíster en planeación urbana del MIT, el diseño de Corabastos supuso un verdadero hito en la evolución de las construcciones comerciales en Bogotá. En sus palabras: “Para las bodegas de Corabastos se proponía pórtico en acero con voladizos de armaduras tridimensionales en acero, silueta que contrasta con las grandes superficies de los noventa, que consagrarían los techos
planos y las cajas cerradas”3. Además, y como se proponía desde un principio, esta central llegó para conjurar todos los males que aquejaban a las plazas de mercado tradicionales, como la falta de higiene o la inseguridad. Estas modernas instalaciones podían darse el lujo de ofrecer a los comerciantes y compradores calles amplias, baños, restaurantes, bancos, droguerías y personal de seguridad. Lastimosamente, utilizar la última tecnología en construcción y ofrecer sendas capacitaciones en mercadeo no fue suficiente para ayudar a la migración de los vendedores. Para muchos de ellos, arraigados a la Plaza España, la nueva zona de acopio y alimentos no era más que una quimera, una que difícilmente podría arrebatarles clientela. Las autoridades, en vista de esto y entre otras medidas, decidieron poner un retén al norte de Bogotá, a la altura de La Caro, en el cual la policía informaba a los camiones que entraban a la ciudad cuál era el nuevo lugar de mercado. Gracias a esto, la Plaza España fue perdiendo abastecimiento y sus últimos habitantes se vieron forzados a hacer parte de la vanguardia latinoamericana en logística de alimentos. Como lo menciona Cepeda Pérez en Corabastos 30 años, “la comercialización
Crecimiento continuo
Corabastos ha tenido una serie de intervenciones en su infraestructura: 1. Construcción de 32 bodegas adicionales a las 25 iniciales. 2. Diseño y construcción de la malla vial interna. 3. Construcción de cuartos fríos. 4. Mejoramiento de redes de frío para conservación y almacenaje. 5. Remodelación del edificio administrativo. 6. En el futuro, Corabastos tiene proyectado construir accesos peatonales, ingresos VIP, plazoletas internas y torres de parqueaderos, además de remodelar las bodegas y ampliar el perfil de las vías.
en Corabastos, en su comienzo, era adelantada por dos mil quinientos usuarios, que hacían posible la distribución de los productos que llegaban al mercado en aproximadamente siete mil vehículos, los cuales transportaban diariamente cerca de cuatro mil toneladas de productos alimenticios, secos y perecederos”. En contraste, actualmente las cifras se han triplicado: unos 6.500 comerciantes, entre mayoristas y minoristas, venden 12.400 toneladas de alimentos a una población flotante cercana a las 200.000 personas; y para ello se requiere la operación de las 57 bodegas actuales –desplegadas en 420.000 m2– y el ingreso de entre 12.000 y 18.000 vehículos.
Silva, Álvaro; Evaluation of Food Market reform: Corabastos-Bogotá, 1976. 2 Cely Rodríguez, Alexander y Moreno Lache, Nubia; De la plaza de mercado al centro comercial, en Encuentro Urbanos (2007), una publicación del Centro Hábitat de la Cámara de Comercio de Bogotá. 3 Vargas Caicedo, Hernando; Arquitectura comercial y de oficinas en Bogotá en el siglo XX, tomado del libro Ospinas 75 años (2008). 1
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