EL MUSEO COMO ESPACIO VIVO
Durante mucho tiempo, cargamos con una idea bastante aburrida de lo que es un museo: un simple galpón estático para guardar cosas viejas, donde uno iba a mirar en silencio y a escuchar un monólogo unidireccional. Por suerte, hoy la historia es otra. El museo se reconfiguró por completo y se plantó como un actor cultural que respira, investiga y dialoga con su entorno. Empezamos a entender que el patrimonio no es un objeto inerte juntando polvo en una vitrina, sino una construcción viva que cobra sentido todos los días. Pero claro, este "cambio de chip" nos obliga a replantear cómo contamos la historia.
De nada sirve tener vitrinas increíbles si las acompañamos con textos herméticos y palabras difíciles que terminan espantando al vecino. Hoy el desafío es urgente: necesitamos estrategias de comunicación claras, cercanas y participativas, donde el conocimiento no baje desde un atril, sino que se construya en un ida y vuelta real con quien nos visita.
En este camino de repensarnos, también nos topamos con debates éticos de fondo que no podemos esquivar. Un ejemplo claro es la firme decisión de no exhibir restos humanos. No se trata de censura, sino de decirle "no" al espectáculo y al morbo.
Preferimos poner la energía en comprender de manera integral cómo eran las dinámicas sociales y la vida cotidiana de las poblaciones que pisaron este suelo antes que nosotros. Nuestro Museo Arqueológico de Santo Tomé es la prueba viva de todas estas premisas. Lejos de conformarse con ser una simple vidriera para exhibir objetos, y asumiendo sin miedo las contradicciones de su propia historia, el museo se planta hoy como una verdadera vidriera de educación y memoria. En definitiva, el museo ha dejado de ser un repositorio estático para consolidarse como un territorio vivo: un espacio accesible que construye su identidad en diálogo permanente y horizontal con la comunidad santotomesina.
Contenedor cerámico con decoración incisa y restos de pintura roja en su interior
Piezas de cerámica realizadas por los chicos en el taller
EL MUSEO HOY: RECORRIDOS, SILENCIOS Y CIRCULACIÓN
Un recorrido por el Museo Arqueológico de Santo Tomé permite observar cómo la investigación, el espacio y el silencio construyen una experiencia que conecta pasado y presente.
El recorrido por el Museo Arqueológico de Santo Tomé comienza incluso antes de entrar al edificio. La elevación natural del terreno revela su valor estratégico: este antiguo cementerio originario funcionaba como un mirador vital para el control panorámico y el aprovechamiento del río, fusionando lo sagrado con la subsistencia. En las salas, las cerámicas milenarias evidencian una avanzada tecnología. El dominio de la arcilla, el fuego y los pigmentos demuestra un vasto conocimiento acumulado, donde cada vasija combinaba el uso cotidiano con una fuerte carga simbólica.
Asimismo, los paneles exponen la muerte como un ritual profundamente estructurado. A través de entierros primarios y secundarios, junto a restos de fauna autóctona intervenidos, se comprende que, para estas comunidades, naturaleza y cultura eran dimensiones indivisibles.
Por otro lado, el guión museográfico subraya la rigurosidad de la metodología arqueológica: el valor real de un hallazgo reside estrictamente en su contexto.
Un objeto aislado y huérfano pierde la red de relaciones espaciales indispensable para reconstruir la historia completa. Finalmente, el silencio del recinto contrasta con su rol como activa usina de investigación. Lejos de ser un depósito estático, el museo se erige como un puente dialógico que no solo conserva materiales, sino que custodia las preguntas necesarias para seguir pensando nuestro pasado desde el presente.
Representación de la arcilla alrededor del museo.
Crónica
Reconstrucción del registro mortuorio
1.Investiga el pasado 2.Conserva el patrimonio
Viajamos miles de años hacia atrás para entender a las comunidades que que habitaron este territorio.Analizando esos restos materiales para entender cómo vivían estas sociedades.
Cada pedacito de historia que sale de la tierra pasa por un cuidado casi artesanal de limpieza y clasificación. El objetivo es proteger ese registro vivo de nuestro pasado para que las piezas nunca pierdan su voz.
Panel museográfico.
3.Interpreta y comunica
El gran desafío del museo es "traducir" toda esa ciencia compleja, transformando los descubrimientos en historias atrapantes que cualquier vecino pueda entender y hacer propias.
4.Educa y construye memoria
El museo tiene el propósito de fomentar un vínculo ida y vuelta con la comunidad. Para eso se llevan a cabo talleres a lo largo del año. Para que la ciudadanía se pueda apropiar de estos espacios.
Evidencia de la cultura material
Mediación cultural. Fuente: Museo Arqueológico de Santo Tomé. Producciones contemporáneas resultantes de talleres educativos.
“El museo no expone objetos: reconstruye la vida de las sociedades que habitaron este territorio”
La directora del Museo Arqueológico de Santo Tomé explica cómo la investigación científica se transforma en conocimiento accesible, el rol educativo de la institución y los desafíos de construir un vínculo con la comunidad.
Desde su inauguración en 2013, el Museo Arqueológico de Santo Tomé funciona como un espacio de investigación, educación y divulgación del patrimonio local. Sin embargo, su tarea no se limita a conservar objetos, sino que busca reconstruir las formas de vida de las sociedades que habitaron el territorio hace miles de años. En esta entrevista, su directora reflexiona sobre el trabajo científico, las estrategias educativas y el vínculo entre el museo y la comunidad santotomesina.
TRADUCIR LA CIENCIA PARA LA COMUNIDAD
Uno de los principales desafíos del trabajo arqueológico consiste en transformar datos científicos en conocimiento accesible para el público general. “La investigación arqueológica es un proceso científico que tiene métodos y teoría, pero esos resultados no siempre son entendibles para el público Lo que hacemos es transformar esos datos en información accesible para quienes visitan el museo”, explica. Ese proceso implica traducir análisis complejos a un lenguaje comprensible. Por ejemplo, estudios químicos permiten identificar qué contenían las vasijas utilizadas por las sociedades antiguas. “Los análisis de ácidos grasos nos permiten saber qué se cocinaba en esas vasijas.A partir de esos estudios sabemos que muchas se utilizaban para cocinar pescado. También realizamos análisis como el carbono 14 para determinar la antigüedad de los restos, pero al visitante le interesa saber cuántos años tienen, no el método técnico. Entonces hablamos de antigüedad y no de carbono 14”, señala. De este modo, el museo convierte resultados científicos en relatos que permiten comprender la vida cotidiana de las poblaciones del pasado.

EL MUSEO QUE SALE AL ENCUENTRO DE LOS ESTUDIANTES
En el plano educativo, uno de los programas más importantes es “El museo va a la escuela”, una iniciativa que busca garantizar el acceso al conocimiento arqueológico.
“El programa surge porque no todas las escuelas pueden venir al museo, ya sea por cuestiones económicas o de transporte. Entonces el museo va a la escuela con materiales didácticos, banners explicativos y una cuadrícula que simula el trabajo arqueológico, donde los chicos pueden experimentar cómo se realiza una excavación”, explica.
La propuesta también busca cuestionar ideas simplificadas sobre las sociedades originarias. “En los contenidos escolares suele haber una visión generalizada de las culturas del Litoral. Nosotros trabajamos para desmitificar esa idea de sociedades rudimentarias, porque en realidad eran sociedades complejas, con conocimientos tecnológicos y una relación profunda con el entorno”, afirma.
El objetivo no es solo transmitir información, sino promover una comprensión más profunda del pasado local.
Maria Rosario Feulliet en su casa.
La concepción museológica del espacio se basa en una idea central: los objetos no son el fin, sino el medio para reconstruir historias.
“No creemos en un museo donde el visitante solo vea una vasija con una etiqueta técnica. Eso no dice nada sobre las sociedades que vivieron acá. Los objetos son instrumentos que nos permiten reconstruir cómo vivían, qué hacían y cómo se relacionaban con su entorno”, sostiene Por eso, las visitas guiadas ocupan un lugar central en la experiencia del museo.
“Nuestro fuerte está en el discurso. Buscamos que las personas puedan imaginar el paisaje, cómo era este lugar antes de la ciudad, cómo vivían esas sociedades. No se trata solo de ver objetos, sino de comprender la vida detrás de ellos”, agrega.
UN VÍNCULO EN CONSTRUCCIÓN CON LA COMUNIDAD
A más de diez años de su inauguración, el museo continúa trabajando para consolidar su inserción en la vida social de la ciudad.
“Hemos logrado llegar a muchos sectores, especialmente a través del trabajo con escuelas, institutos y universidades. Pero el museo todavía no está completamente apropiado por parte de la comunidad santotomesina”, reconoce. El desafío no es solo la difusión, sino también la construcción de una relación sostenida con el público.
“Cuando la gente se acerca, se sorprende por la antigüedad del sitio y por la historia que existe en este territorio. Muchas veces el problema es el desconocimiento o la idea de que los museos son aburridos. Cambiar esa percepción es un trabajo cotidiano”, explica. En ese sentido, el desarrollo del museo como espacio cultural y turístico aparece como uno de los objetivos a futuro.
“El museo tiene un enorme potencial como espacio de conocimiento y como atractivo cultural. Nuestro desafío es seguir trabajando para que cada vez más personas se acerquen y se apropien de este patrimonio que es parte de su propia historia”, concluye.
¿Te quedaste con ganas de más?
utilizados para la arqueología
Cartillas táctiles
Elementos
MÁS CULTURA EN SANTO TOMÉ
Porque no todo termina en el Museo Arqueológico, nuestra ciudad tiene una movida cultural que respira en distintos rincones. Hay lugares clave que guardan nuestra memoria y le dan escenario al arte local. Si querés seguir armando el mapa de nuestra identidad, estos son los espacios que tenés que caminar:
Casa de los Museos
En la mítica esquina de Sarmiento y Libertad, esta casona colonial respira historia pura. Alguna vez fue del gobernador Ignacio Crespo y funcionó medio siglo como escuela de mujeres, pero hoy es el hogar del Museo Histórico Roverano y el de Arte Estrada Bello. Es una parada obligada para viajar en el tiempo entre fotos y documentos, y para descubrir el talento de nuestros artistas locales.
Centro Cultural 12 de Septiembre
Sobre la calle 25 de Mayo, este gigante es un emblema de nuestra cultura. Nació como el histórico Cine Teatro en 1969 y, tras renovarse como Casa del Bicentenario, hoy brilla con su sala para quinientas personas, un gran hall y su íntimo anfiteatro al aire libre. Es el punto de encuentro por excelencia para disfrutar del mejor teatro, cine y música local bajo un mismo techo.
Anfiteatro Martín Miguel de Güemes
Totalmente renovado de cara al río, este escenario es el balcón preferido de los santotomesinos. Cada fin de semana, la costanera explota de familias tomando mates, mientras que los domingos el anfiteatro cobra vida propia. Con música, teatro, murgas y la clásica feria de Artesanos del Río, es ese espacio abierto donde la cultura popular, la naturaleza y la comunidad se abrazan de forma perfecta.
El anfiteatro en un fin de semana normal.
Casa de los museos por fuera. Orquesta llevada a cabo en el centro cultural.
A más de una década de su apertura, el Museo Arqueológico de Santo Tomé aún no integra nuestra rutina. ¿Por qué resulta más habitual compartir unos mates frente al río que recorrer sus salas?
Persiste el prejuicio de concebirlo como un espacio cerrado y exclusivo, sumado a la dificultad de reconocer en aquellas comunidades
originarias la matriz de nuestra propia identidad.
El gran desafío ciudadano es revertir esta narrativa. El patrimonio material no está inerte; dialoga con el presente. Acortar esa distancia simbólica y apropiarse definitivamente de nuestra historia es una tarea colectiva.