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[28.02.06]

elpoemaseminal

ábrara,de roberto lópez moreno

www.teologica.org/elpoemaseminal

atisbos El libro Ábrara, de Roberto López Moreno (Huixtla, Chiapas, México, 1942) se presentó el 23 de febrero en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (México, DF). Participaron Daniel Téllez y el autor, además del saxofonista, Pablo Sánchez Díaz. Se presenta aquí una breve selección de dicho libro, publicado hace dos años, por cortesía del autor.

ROBERTO LÓPEZ MORENO: IMPRESCINDIBLE LINAJE NATURAL Daniel Téllez

A

lgo susceptible de la savia-selva late en el centro. Algo del pentagrama y el cuenco en la cuerda y la curva. Carnosa memoria en la incendiada turba-madrugada de Roberto López Moreno (Huixtla, Chiapas, México, 1942). Pensemos el instante en que tu música suena nuestra, el instante de Dulcinea jugando a las horas en el río; ceñido en un correr de agua, frente al Usumacinta, hacia la mar canora, late en tu centro de barro, poeta, el dios sol latinoamericano devorándote, devorándonos. Incendiados, pues, de hambre, de danza, de música, teje el esqueleto nuestro tu palabra. La palabra múltiple de dones diversos en la casa de la poesía. En el variado recuento de la obra poética de Roberto López Moreno, la palabra es morada, piedra de los sacrificios, el latido que abre y crispa la puerta de la vida. En las posibilidades del rito matutino la experiencia toma sus armaduras y deja entrever al poeta López Moreno habitado, colérico frente al espejo, a contrafuego, saldado. En la impronta del descenso de las edades -la hoguera la casa- el poeta llueve sobre la orografía de nuestros estanques. En el perímetro de una dramática dualidad contenida —laguna piedra— Pigmalión, a relámpago y vergüenza, reconstruye de la piedra la sonrojada mejilla. Poeta nómada, peregrino, sonido de flautas y tambores que enervan la sangre, la danza de la sangre. Tantea desde la noche descomunal en que la palabra es responso, y mientras el mito ha de perecer al sueño, el desvelo reconstruye el eco abuelo de la vírgula del poeta López Moreno, nacido de la primera noche. Porque su desvelo es de transformación, de recreación, de fagocitación y canibalismo (bien apuntados ya por Adolfo Castañón). Pero también porque su lengua poética se entrecruza con la otra, la del rayo, los pendones, la costilla, el fósforo, la mariposa, el orgasmo. Algo imanta en las raíces de los abuelos prehispánicos, en los asideros vanguardistas; algo que hormiguea dentro de la música. El pasado y futuro en la vitalidad del cuerpo, la ebullición de la espergesia. Roberto López Moreno como César Vallejo, bebe desde el agua amarga para llegar al barro: “Alguien puso la mano en el pecho de todo./ desde entonces llevamos el pecho incendiándonos/ como un tambor/ y sobre él manos para tocar el cielo del barro/ y el barro del cielo en su verde catecismo”. Algo en la planicie chiapaneca, algo en la militancia de la sangre, en el puño del deber, la hoz y el martillo, la negritud, la piel anterior a la música, los poemurales desde la conciencia precolombina imponente entre piedras, como el río cabe entre las piedras de una ciudad agreste;


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