n128
elpoemaseminal
[10.12.08]
alda merini (II)/ armando gonzález torres/ enriqueta ochoa (1928-2008)
atisbos ““L LA AL LU UJJU UR RIIA AE ESS U UN NM MO ON NU UM ME EN NT TO O SSE EC CR RE ET TO O””:: C CU UE ER RP PO OSS Y YE ER RO OSS E EN N A AL LD DA AM ME ER RIIN NII ((IIII)) M Meerrcceeddeess A Arrrriiaaggaa F F.. La metáfora del “hijo” se presenta bajo diferentes morfologías, una de ellas es la del amante que se convierte en hijo. De esta forma queda “incorporado”, “encarnado” en el cuerpo de la mujer, reflejando la naturaleza social de la imagen del cuerpo, que se construye siempre en relación con la imagen corpórea de un Tú, pero también la “coidentidad” que se crea con el cuerpo con el que nos relacionamos. Qué grande escultor eres que has plasmado tu rostro de piedra entre mis brazos y ahora amor muerto te has convertido en mi hijo te tengo sobre las rodillas y lloro porque tu recuerdo me pesa como un sepulcro (Merini 2003: 97).
Como puede apreciarse, el cuerpo masculino y femenino participan de muchas de las características del “cuerpo grotesco” bajtiniano (Bachthin 1979). El cuerpo de la mujer es “bicorporal”, contiene y crea otro cuerpo. Es un cuerpo no delimitado, en proceso de construcción y de creación, a través del cual se une con otros cuerpos y con el mundo. Este cuerpo “grotesco” recupera de forma existencial para la mujer un modo de relacionarse consigo misma, con los demás y con el mundo que la ideología dominante impide. En este sentido el tema del hijo-amante roza el tabú del incesto, origen y fundamento de las leyes del patriarcado, que arrancan los hijos al dominio de la madre. Despacio, despacio el cuerpo se ha encogido dejándose atrás mil parecidos donde han bebido los asnos de la tierra (Merini 2003: 103).
Tanto el “grotesco” como el de la Gran Madre son cuerpos abiertos, expuestos, visitables, cuerpos “ánforas”, que contienen el mundo, cuerpos desproporcionados en los que lo interno se hace externo y viceversa, cuerpos-pasadizos donde se funden dimensiones diferentes como lo humano y lo animal, lo animado y lo inerte. Si lo masculino es “la medida de todo” (Bourdieu 2000: 28), lo femenino, por oposición, será lo desmedido, lo insondable, lo inconmisurable, y también, lo tenebroso y amenazador. Oh Pescador de esponjas que descendiendo a mi vientre has encontrado la perla rara de tu insana arrogancia.