n127
elpoemaseminal
alda merini (I)
[30.10.08]
atisbos E EL L SSIIL LE EN NC CIIO OD DE ED DIIO OSS JJaaiim mee SSiilleess La escritura última de Alda Merini (Milán, 1931) es fruto «de la transparencia / de un pensamiento iluminado» en el que la poesía sobrepasa y supera la condición de canto y se convierte en creencia, idilio y comunión: emoción mística más que religiosa, en la que la palabra roza los límites y las posibilidades del decir, y el yo se abre hacia un abismo que refleja tanto el vacío como la inmensidad. En su creación posterior La Terra Santa (1984) describe un deslumbramiento no sólo del lenguaje sino de la mente e, incluso, de la misma realidad de su visión. La historia de la literatura tiene -como la historia natural- sus ornitorrincos. Alda Merini es uno de ellos: su poesía como advirtió Manganelli- «es su natural infierno de vivir». Lo que la caracteriza es su propia vocación de marginal y de central al mismo tiempo. Ello lo ha sido, y lo es, y mucho. Pero las últimas décadas la han ido rescatando de esa especie de limbo, no exento de leyenda, en el que ella misma con el apoyo de la sociedad literaria de su tiempo se introdujo primero y luego se envolvió. Desde 1993 ha recibido premios y reconocimientos como el Librex Guggenheim Eugenio Montale, el Viareggio, el Procida Elsa Morante y el de la Presidenza del Consiglio dei Ministri, y ha estado varias veces propuesta al Nobel. Extraño orfismo De modo que ha vuelto al lugar de honor -y de rareza- que ocupa dentro de su generación. Incluida por Spagnoletti en Poesia Italiana Contemporánea 1909?1949, inicia, después de Tu sei Pietro, publicado en 1955, un silencio de más de veinte años, que interrumpe en 1979 cuando comienza a escribir La Terra Santa y a desarrollar ese extraño orfismo, religioso y erótico a la vez, que la sitúa en el dominio de lo visionario, pero que no elimina ni la angustia ni la tragedia ni la desesperación. Su Magnificat (2002) -dedicado a la Virgen María- y su Francesco. Canto di una creatura (2007 -en el que asume la persona poética de San Francisco de Asís- muestran hasta qué punto su poesía parte de la experiencia religiosa, pero también hasta qué punto esta escritura va más allá de la misma religión. Cuerpo de amor -subtitulado Un encuentro con Jesús- es, más que un libro, un poema unitario articulado sobre un simbolismo casi fijo, sometido en sus formas a una constante variación. Comienza como un testamento -«Yo que estoy próxima a la muerte / Yo que estoy lejana a la muerte»- y alterna verso y prosa sin que ello afecte al conjunto sino al contraste de los tonos: más líricos en el verso y más filosófico-poéticos en las prosas. Poesía amorosa en grado máximo, ésta de Merini insiste en que Jesús hizo entender a todos que «los demás no eran sólo mercancía».