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El Papel de La Voz, 2 - 2021

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REVISTA DE IDEAS Y CULTURAS

el papel de la voz

Número 02 / Febrero - Marzo 2021

Renacimiento Paco Sánchez Múgica

Nadie podrá olvidar jamás lo que nos ha pasado en el último año. Quedarán destellos fugaces, vibraremos sintiendo que hemos olvidado la mascarilla en casa, exhalaremos sin restricciones, volveremos a los abrazos apretados, a los besos de alegría, nos acordaremos por siempre del ser querido, del conocido o de tantos y tantos que se marcharon en soledad. Habrá vagos recuerdos y recuerdos permanentes. No habrá curvas ni olas, más que en las playas. Pensaremos que fue un mal sueño o recordaremos que sacamos algunas enseñanzas de aquello. Seremos mejores y seremos peores. Nada será igual pese a que trataremos de que todo sea lo mismo de siempre. Es un buen año este 2021 para renacer. Volver de nuevo a habitar / por ver si en un mundo nuevo / encontraba más verdad. Renacemos sobre el papel. Volvemos a empezar. Reiniciando…

Sumario: 3. Editorial · 4. Columna de Joaquín Carrera · 6-8. Diagnóstico de Joan Carles March. 10-15. Los otros ‘héroes’ del covid (Francisco Romero). 16-23. El campo andaluz, a ritmo de ‘millennial’ (Pablo Fdez. Quintanilla). 24. Columna de Alicia Domínguez. 25. Columna de Pepa Pacheco. 28-35. Y entonces llegó la pandemia… (Patricia Merello y Francisco Romero). 36. Columna de Juan Carlos González. 38-39. Columna de Juan Torres López. 40-44. El futuro del Marco a través de Martín Amis (Carlos Piedras). 46-50. Andalucismo 3.0, ¿un cambio generacional? (Sebastián Chilla). 51. Columna de Diego Boza. 52-57. Cuerpos de lucha y alegría (Carmen Marchena). 58-64. Zaranda, la resistencia (Paco Sánchez Múgica). 66. Columna de Isamay Benavente. 68. Columna de Juan Clavero. 70. Columna de Yolanda Rosado.

Presidente: José Joaquín Carrera Moreno · Director: Francisco Sánchez Múgica · Redacción: Francisco Romero, Pablo J. Fernández Quintanilla, Patricia Merello, Carmen Marchena, Carlos Piedras, Sebastián Chilla · Fotografías: Juan Carlos Toro, Manu García, Esteban Pérez Abión · Dirección comercial: Carlos Vega (Marketer Global Media) · Diseño original: salvartesdesign.com · Impresión: onlineprinters.com · Edita: Comunicasur Media S.L. Calle Juan Sánchez, 12 · 11403 Jerez de la Frontera (Cádiz).

Aún estamos en el huracán de esta pandemia, pero hemos recorrido casi un año, tiempo suficiente para saber cómo es la película de terror que vivimos, considerar los motivos que nos han llevado a esta situación, y apuntar cuáles podrían ser las salidas de este laberinto, donde acecha un feroz e invisible minotauro.

LAS INERCIAS DEL PASADO

Explotación industrial de animales, destrucción de hábitats salvajes, escalada del consumo cárnico en el mundo, mercados húmedos, contaminación atmosférica del petróleo y del carbón, aumento de los niveles de dióxido de carbono del planeta, cambio climático, turismo internacional de masas, aglomeraciones urbanas, hipercapitalismo privado y de Estados, multinacionales del consumo, deslocalización, aumento de las desigualdades, higiene precaria, ausencia de planes de salud pública, abandono de agriculturas locales, deforestación, piensos para animales, carne, carne, carne, precariedad laboral, miseria, generaciones sin esperanza…

EL SIGNIFICADO DE NUESTRO PRESENTE

Virus, contagios, curvas, infectados, entubados, muertos, toques de queda, ambulancias, confinamiento perimetral, cancelaciones, aforos, silencio, aerosoles, muertos, paro, miseria, lágrimas, frío, burbujas, mascarillas, muertos, picos, confinamiento domiciliario, casos, umbrales, whatsapps, distancia, depresión, vulnerables, asfixia, pruebas, estado de alarma, ventiladores, muertos, primera ola, colapso hospitalario, repuntes, controles, aplazamientos, cierres, investigación, vacunas, sirenas, UCI, miedo, PCR, infecciones, ERTE, Navidades negras, tormentas, muertos, fronteras, cuarentenas, temperatura, gel hidroalcohólico, no esenciales, segunda ola, asintomáticos, antígenos, récords, muertos, teletrabajo, series, ventilación, zooms, aplausos perdidos, muertos, tercera ola, cepa británica, cepa sudafricana, cepa brasileña y japonesa, alta transmisibilidad, alta letalidad, muertos…

Mini balance de una gran tragedia

Joaquín

Carrera

LAS CONDICIONES DE CUALQUIER FUTURO

No bastará con un plan de vacunación universal: eso nos sacará previsiblemente de la presente pandemia, pero no evitará el escenario degradado mundial que provocará otras en el futuro. Sólo con medidas globales, contundentes, solidarias, el planeta encontrará un nuevo equilibrio: disminución radical del consumo de carne en el mundo, frenar la deforestación, aumento de las superficies destinadas a agricultura para el consumo humano, aumento de la producción alimentaria local, disminución radical del transporte de alimentos internacional y su logística, respeto de los hábitats salvajes, uso avanzado de la tecnología al servicio de la descentralización de la producción, frenar la hiperurbanización del mundo, establecer una renta básica universal por parte de los Estados, una educación que desarrolle la creatividad, la autonomía y la solidaridad, disminución drástica de la huella del turismo de masas, desarrollo de planes avanzados de transporte público, amplio uso de energías sostenibles (eólica, solar, marina), disminución drástica de la huella del petróleo y del carbón, planes eficientes de salud pública, incremento exponencial de la investigación científica, etc.

La presente pandemia no es un fruto de la mala suerte, ni un extraño acontecimiento que por azares diversos ha pasado de un animal a un humano, iniciando una cadena mortal. Es una consecuencia de múltiples factores, y, en estos mismos meses de 2020, han surgido varios nuevos brotes de otras pandemias, en relación –de nuevo- con gripe aviar, gripe porcina, etc. que demuestran especialmente la insostenibilidad de nuestro sistema de alimentación industrial.

Sólo aprendiendo de la profundidad y diversidad de causas que en su confluencia nos han traído al presente laberinto, podremos salir de él.

Aún estamos a tiempo.

Un total de 109.924.637 casos confirmados de covid-19 y 2.430.640 muertes, según cifras de mediados de febrero. Estados Unidos tiene 27.826.815 y 490.540 muertes. En España, 3.107.172 casos, 66.316 muertes y 1.096,922 vacunados con las dos dosis. Y en Andalucía, 464.449 casos con 7.792 personas que han fallecido

Según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), 172 por cada 100.000 habitantes, son indicativo de un control muy mejorable. Además, cuando las UCI se desbordan, la letalidad se duplica. El control sobre la pandemia y las restricciones son claves en el número de personas que fallecen. Los países o comunidades autónomas más flexibles tuvieron cinco veces más casos y ocho veces más muertes que los países más estrictos durante los primeros diez meses de la emergencia sanitaria.

Covid, año I : Mucho por hacer para los cero contagios

Joan Carles March

los políticos, que en muchos casos no han querido ser ayudados.

Todo empezó un 8 de diciembre de 2019 o probablemente antes: Primer caso con síntomas, los cuales incluían fiebre, tos seca, disnea y problemas cardíacos y pulmonares.

31 de diciembre de 2019: El municipio de Wuhan, China, informó sobre un grupo de casos de neumonía con etiología desconocida, una misteriosa enfermedad.

5 de enero de 2020: La OMS, sin evidencia de contagios entre personas, anuncia oficialmente una “nueva neumonía de causa desconocida”. Las autoridades chinas dijeron que la nueva enfermedad no era causada por el mismo virus del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) que mató a cientos de personas en 2003.

9 de enero de 2020: El Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades identificó un nuevo coronavirus Covid-19 como el agente causante de este brote.

12 de enero de 2020: China hace pública la secuencia genética del virus causante de la Covid-19.

14 de enero de 2020: La OMS señala que se ha producido una transmisión limitada del coronavirus entre seres humanos y que existe el riesgo de un posible brote más amplio.

20 de enero de 2020: La Comisión Nacional de Salud de China confirmó que el virus sí se transmitía de persona a persona.

1. La ciudadanía en general hizo su trabajo: menos declaraciones de irresponsabilidad, es un gran esfuerzo en el último año.

2. Los políticos, en continua pelea, repiten errores de la desescalada en el último mes del año.

3. Los sanitarios hicieron y hacen un trabajo encomiable.

4. Los expertos sabíamos poco sobre la covid-19 en enero y febrero. Hemos ido aprendiendo e intentando ayudar a

22 de enero de 2020: La OMS emite una declaración en laque se afirma que se ha demostrado la transmisión entre seres humanos en Wuhan. Por ello, la ciudad de Wuhan fue confinada.

30 de enero de 2020: Se señala la existencia de un total de 7.818 casos confirmados en todo el mundo. El brote es considerado una emergencia de salud pública de interés internacional.

31 de enero de 2020: El primer caso detectado en España, un turista alemán. Mi diagnóstico

11 de febrero de 2020: Comienzan a confinarse territorios en Italia.

26 de febrero de 2020: Andalucía reporta su primer caso. Se trata del primer caso de contagio local diagnosticado en España. Responsables del hospital alertan de que este caso muestra que “el virus lleva varios días circulando por España y no lo habíamos detectado”.

3 de marzo de 2020: La primera muerte por coronavirus en España se confirma. Se trataba de un hombre que falleció el 13 de febrero en un hospital de Valencia.

11 de marzo de 2020: La OMS declara que es una pandemia.

15 de marzo de 2020: Queda confinada España.

27 de abril de 2020: La salida de los niños a la calle marcó el inicio de la desescalada.

4 de mayo de 2020: Empiezan las fases de desescalada. 21 de junio de 2020: Comienza la nueva normalidad.

1 de julio de 2020. La OMS pone a España como ejemplo para contener el coronavirus.

14 de agosto de 2020: Sanidad ordena el cierre del ocio nocturno.

25 de agosto de 2020: Repuntan los casos en España dando paso de manera prematura en Europa a la segunda ola, después de que llegara la mascarilla obligatoria. En Andalucía, el consejero de Salud declara que la segunda ola se había adelantado.

11 de septiembre de 2020: Los rebrotes se siguen incrementando. La Atención Primaria, desbordada.

28 de octubre de 2020: Andalucía cierra perimetralmente la comunidad autónoma, varias provincias y municipios.

29 de octubre de 2020: Nivel de riesgo extremo, 468,12 de incidencia acumulada.

2 de diciembre de 2020: 1.665.775 contagiados, 45.784 muertos, nivel de riesgo alto, 251,61 de incidencia acumulada.

27 de diciembre de 2020: Comienza la vacunación en España.

15 de enero de 2021: Andalucía restringe la movilidad entre sus 8 provincias, pide adelantar el toque de queda y confinar en casa en algunos municipios.

28 de enero de 2021: 2.705.001 contagiados, 57.806 (cifra oficial) / 80.734 muertos (cifra estimada), nivel de riesgo extremo, 899,93 de incidencia acumulada.

Y después de un enero duro y un febrero con muchas muertes, estamos en una situación bastante mejor en contagios, mientras seguimos en altos números en personas hospitalizadas y casos en UCI.

Y ante ello es necesario tener claro que hay que:

• Decir la verdad y tener un relato.

• Tener un buen portavoz.

• Generar percepciones memorables.

• Liderazgo comunicativo político.

• Ser rápido y no dejar de comunicar. Mejor comunicación y con más empatía con la gente.

• Trabajo para disminuir y afrontar los bulos.

• Ir por delante del virus.

• Facilitar espacios para hacer aislamientos y cuarentenas a personas en exclusión social y/o con viviendas que no suelen tener las condiciones adecuadas para hacerlo, y darles mascarillas.

• Mayor número de tests.

• Mayor rastreo y mayor seguimiento de los casos.

• Los sectores más afectados por la pandemia deben recibir ayudas directas, como los autónomos, mientras continúan los ERTE.

• Proteger más a los sectores más desfavorecidos, más excluidos, con medidas como un mejor ingreso mínimo vital.

Si conseguimos coger ritmo con la vacunación y recibimos las vacunas a tiempo y en número suficiente, se podría hacer lo que necesitamos hacer, y es llegar a finales de verano con el 70% de personas vacunadas. Si no se agiliza el ritmo, ni nos acercaremos. Es necesario que haya un circuito específico con unidad de acción, con control central y, con ello, se estarían evitando los problemas de gente que se cuela en la vacunación. Además, hay un gran problema con las vacunas, y es que la gente puede creer que ya podemos bajar la guardia. Las vacunas por sí solas no son la solución a corto plazo, son una parte muy importante de la solución. Es necesario seguir con mascarilla, manos limpias, metros de distancia y ventilación de los espacios interiores.

Además, hay que hacer un seguimiento de las variantes y de cómo cambia el poder de las vacunas con ellas, más tests, mejor seguimiento de los casos que necesitan aislamiento y cuarentena (con hoteles si lo necesitan) y mucha mejor comunicación, sobre todo con poblaciones excluidas y con jóvenes. Y menos políticos que no consideran a profesionales expertos y sociedades científicas, y mucha más salud pública y Atención Primaria. Todo con una evaluación que nos sirva para saber qué medidas son más útiles.

Mucho por hacer para llegar a covid cero, y ha pasado un año desde el primer caso.

LOS OTROS 'HÉROES' DEL COVID

Juan Carlos Toro

Antonio Medina, empleado de seguridad del Hospital de Jerez, Angustias Martín, de limpieza y José Manuel Sánchez, de mantenimiento, forman parte de tres gremios que son imprescindibles para el buen funcionamiento de la Sanidad, y aunque parezcan invisibles, no lo son. Estas son sus historias

Una extraña palabra empezó a correr por los pasillos del Hospital de Jerez a principios de 2020. Coronavirus. El 9 de marzo se confirmó el primer caso en la ciudad, el tercero de toda la provincia de Cádiz en aquel momento. Desde entonces, la historia es conocida. Apenas un año ha pasado, aunque parezcan muchos más. Un año que no se les olvidará nunca a los protagonistas de esta historia. Tres trabajadores de la Sanidad, que no son directamente sanitarios, pero que son fundamentales para que el engranaje esté engrasado. Esenciales, pero olvidados. Héroes anónimos que también han estado expuestos a un virus con el que les ha tocado convivir diariamente, acechando en cualquier parte.

Antonio Medina es vigilante de seguridad. Hace 20 años que desempeña este cargo en el Hospital de Jerez. “La gente no sabe lo que cansa y lo que quema esto”, dice. Angustias Martín Natera es trabajadora del servicio de limpieza, donde llegó hace tres décadas, “con 21 años, súper jovencita”. De este año de pandemia, destaca el “mazazo” que supuso la pérdida de un compañero —Manuel Clavijo— y critica la “inconsciencia” de quien, aún hoy, no se toma en serio al virus. José Manuel Sánchez, electricista de profesión, aunque profesional todoterreno en el servicio de mantenimiento, hace más de 30 años que llegó al Hospital. Ahora, “aprecio más el día a día”, sostiene.

“El trabajo de vigilante en el hospital es más complicado que en otros sitios, pero aquí conoces a mucha gente, vives experiencias nuevas…”, describe Antonio Medina (Jerez, 1965), un vigilante que ha tenido que lidiar con todo tipo de situaciones durante la pandemia. “Quitando los altercados y algún robo de vez en cuando, aquí se está bien”, señala. Él no pudo elegir. La empresa para la que trabaja lo destinó al Hospital de Jerez después de estar en una bodega. ¿Qué diferencias hay entre un destino y otro? “En la bodega huele mejor”, dice Antonio, que también ha ejercido en un supermercado y en otros negocios.

La llegada del virus al centro hospitalario cambió la forma de trabajar de Antonio y de sus compañeros. Empezaron a usar mascarillas y hasta EPI (Equipos de Protección Individual) si tenían que acompañar a un paciente. “No me había puesto un EPI en mi vida. Vivirlo fue muy fuerte. Da mucho calor”, cuenta. “He sentido y siento miedo”, confiesa el vigilante, “porque estoy expuesto”. Él trabaja, sobre todo, en la puerta de Urgencias. “Todo el personal que tie-

ne covid o que lo puede tener pasa por Urgencias”, agrega, por lo que vive con la “incertidumbre” de no saber quién puede contagiarlo.

Antonio Medina, que lleva 20 años controlando la seguridad del Hospital de Jerez, asegura que este trabajo “tiene sus pros y sus contras”, y que “si no fuera por la pandemia, no se está tan mal”. En condiciones normales, sólo se saturan las Urgencias cuando hay brotes de gripe. “Hay gente que se rebota cuando lleva mucho tiempo esperando y la toma con lo primero que ve, con los celadores o con nosotros”, señala el vigilante, que sin embargo no cambiaría su trabajo por nada. “Con 55 años que tengo ya, tampoco puedo elegir”, expresa.

Angustias Martín Natera (Jerez, 1969) lleva más de media vida como empleada de limpieza del Hospital de Jerez. Por medio de un amigo, al que nombraron jefe del servicio, supo que había una vacante y empezó a encadenar contratos. Antes estaba en una heladería, “sin asegurar”, y esto para ella fue ver “el cielo abierto”. Luego entró en la bolsa de trabajo y estuvo diez años “entrando y saliendo”, hasta que se quedó fija. Cuando la pandemia se hizo notar, lo primero que sintió fue “incredulidad” y luego “miedo”, o mejor dicho, “muchísimo miedo”.

“Estoy deseando descansar para no tener que ir a trabajar”. Al principio, lo hacían sin mascarillas ni EPI. “Ni sabíamos que había que usarlo las dos primeras semanas”, señala. “Ya miedo no tengo, el cuerpo se habitúa a todo”, reseña, porque lleva material de protección. La falta del mismo, al parecer, provocó el contagio de un compañero, Manuel Clavijo, un empleado que estuvo limpiando el área de Dermatología, donde se detectó el primer brote dentro del centro hospitalario. Su fallecimiento dejó una honda herida entre la plantilla. “Eso me causó más estrés todavía”, confiesa Angustias. “Era una bellísima persona”, dice.

“A mí me tocó limpiar el quirófano donde se practicó la cesárea a la primera mujer con covid que se puso se parto”, cuenta Angustias, quien asegura que entró “pidiéndole a Dios que no me pasara nada”. A ponerse el EPI aprendió sola, con tutoriales de internet. “Se trabaja muy mal, se suda muchísimo y la visión es muy mala. Vamos como los burros. La respiración es muy lenta, la gafa te aprieta la mascarilla, tienes que respirar por la boca… Es como hacer aeróbic con una bolsa de basura”.

Diez meses después del inicio de la pandemia llegó el primer contagiado del servicio de mantenimiento. Varios empleados, entre ellos José Manuel Sánchez (Jerez, 1965), dieron positivo y tuvieron que guardar cuarentena. “La plantilla está dividida en dos turnos de 15 días para que no coincidamos todos en caso de contagio”, explica. “Yo era delegado sindical, ya no lo soy, y hablé con la empresa porque veía contraproducente que coincidiéramos todos durante los turnos en los vestuarios”, cuenta. Después de su petición hubo cambios en la organización.

“Durante la primera ola no veíamos tan cerca el virus”, confiesa José Manuel, quien no le llegó a tener “miedo”, pero sí “respeto”. En un primer momento no usaban mascarillas, porque no había, sólo cuando utilizaban productos químicos, pero ahora “la empresa está obsesionada con la

seguridad, empezó a abastecernos de mascarillas FFP2 y a indicarnos cómo teníamos que entrar en las zonas del hospital que nos tocaran”. Su labor más importante en estos momentos consiste en la limpieza de filtros para que la ventilación sea la adecuada en las habitaciones del hospital.

“Me siento muy afortunado por poder trabajar en mi tierra”, dice José Manuel Sánchez, que se siente “muy jerezano”. Electricista de profesión, es oficial de mantenimiento en el Hospital de Jerez, donde arregla “de todo”. Junto a sus compañeros, se encarga de la central térmica, para que al centro hospitalario no le falte agua caliente para uso sanitario, no falle la calefacción, el aire acondicionado o las alarmas, por ejemplo. “Cuando no estaba fijo y me quedaba parado, echaba una mano en otros sitios, como la antigua Cruz Roja o en las cárceles de Puerto I y II”, dice José Manuel.

“Eres un grano de arena que aportas en beneficio de los enfermos”, señala José Manuel, quien se siente “útil” como parte de un engranaje del que los empleados de mantenimiento son “una parte fundamental”, entre “un grupo de personas que luchan por los demás cuando están en sus peores momentos”. “Los sanitarios, además, saben que nos necesitan, no es lo operar con 20 grados que con 40”, expone, a modo de ejemplo.

Los aplausos de las ocho ya se olvidaron. El reconocimiento al personal sanitario y a empleados como Angustias, José Manuel y Antonio, esenciales para que la Sanidad funcione, quedaron, en muchos casos, en un gesto momentáneo. “Nos daban confort y ánimo, fuerzas para seguir, pero ya ni eso”, confiesa Antonio. “Cambiaba los aplausos por más respeto, estaríamos todos mejor”. Después de un año de pandemia, tampoco es mucho pedir.

Después de este año, ¿qué es lo que más echan de menos?

“En lo personal me ha cambiado mucho la vida. Ahora aprecio más el día a día. Te pones a recordar las fiestas que teníamos o los encuentros… a eso va a ser difícil volver”, dice José Manuel Sánchez, empleado de mantenimiento. “Me voy a emocionar… el virus me ha quitado los besos, yo soy muy cariñoso, y le daba muchos besos a mi familia. A mis hijas llevo muchos días sin darles un abrazo. Y como le digo a mis compañeros, nos daremos abrazos y más besos cuando esto pase, pero los que no nos hemos dado ya los hemos perdido”.

“El virus me lo ha quitado todo”, responde Angustias Martín Natera, empleada de limpieza. “Ahora sólo tengo relación con mi niña y con las compañeras del trabajo. Veo

a mis padres pero en el patio si está el día bueno. Yo pertenezco a la hermandad de las Angustias y algún sábado vamos a misa, pero poco más. Ahora nos tratamos como si fuéramos finlandeses. A mí me gusta más un bar que a un tonto un lápiz, mi Feria, mi Semana Santa… Lo único que no me ha faltado ha sido la playa”. De todo, echa de menos reunirse con sus padres y perderse la Semana Santa, insiste. “Cuando volvamos a vivir una, mi hija —ahora tiene doce años— se va a ir con sus amigos y me voy a quedar sola”.

Antonio Medina, vigilante de seguridad, echa de menos “ver a la familia sin temor”, o “salir a tomar una cerveza sin mascarilla”, aunque también “hacer deporte” y la “libertad” de hacer lo que quiera, sin restricciones. “Esto me está quitando vida”, dice. “Antes solía jugar a futbol 7 con personal del hospital, pero ya no”. “Tampoco tengo ganas de correr, ahora me quedo en casa y leo o veo la televisión”. A sus hijas, además, “no puedo ir a verlas lo que quisiera”.

¿Qué le diría a quien le quita importancia al virus?

“Me pongo encabronada con muchas cosas que veo”, confiesa Angustias. “Durante este año no he discutido con nadie en la calle, pero ganas no me han faltado”. La empleada de limpieza critica que mucha gente “sigue sin ser cons-

ciente” del peligro del virus. “A todos esos me los llevaba un turno a la UCI”, dice. Ella, ahora, tiene “el triple de trabajo” que hace un año, pero eso a quien no lo vive, “le da igual”. “De la UCI sales llorando muchas veces”. “Esto no nos va a cambiar”, lamenta, si acaso, “a los que estamos al pie del cañón, a los que han sufrido… Los demás siguen de bares y fiestas.”

Antonio Medina asegura que “lo que se ve en el Hospital no se ve en otro lado”, por eso está convencido de que muchos cambiarían su percepción de la pandemia si entraran allí. “A toda la gente que se va de cachondeo o a los bares no los sancionaría, los metería en los hospitales con un EPI, viendo a gente entubada y muriéndose, seguro que cambiaban”. Por eso le “decepciona” la actitud de quien “hace lo que le da la gana” cuando ellos están “jugándose la vida”. “No saben lo que cansa y lo que quema esto. Yo los mandaba a todos a un hospital”. “Estar aquí te enseña que tienes que vivir la vida al segundo, a valorar mucho más la vida. Vive todo lo que puedas porque te vas a morir”.

“Rota no es una isla,

LUIS GARCÍA MONTERO: “Un mar que levanta la cabeza para mirarnos, un cielo que baja a la orilla para mojarnos los pies, la buena noche en las R ta, el amor a la vida”
JOAQUÍN SABINA: “En mis veranos en Rota encuentro siempre las mejores notas”
ALMUDENA GRANDES: “Rota para mí es la luz de los veranos, el territorio de la felicidad’
FELIPE BENÍTEZ REYES: “Aquí nací por casualidad, aquí vivo por voluntad, aquí vine y aquí sigo”
BENJAMÍN PRADO:
pero sí es la isla en la que paso los dos meses del año en que soy más feliz”

EL CAMPO ANDALUZ, A RITMO DE 'MILLENNIAL'

Emprender no es un verbo urbanita. Tres historias de nacidos en los 90 que tienen ganas de cambiarlo todo mirando al pasado

Texto: Pablo Fdez. Quintanilla Fotografía: Juan Carlos Toro

De la tierra vuelven a germinar ideas para hacer frente a los grandes males del empleo, poco y precario, en Andalucía. Las empresas jóvenes buscan un enfoque renovado frente a lo que ya se hacía. Tradición e innovación en un sector primario que busca erigirse como alternativa para revalorizar Andalucía.

sabe mirar al campo, a las raíces, para dotar de una nueva prosperidad a una tierra llena de tierras, que cuando funcionan, cuando se trabajan, dan alas a nuevas ideas. Una recuperación de espacios semipúblicos, que apuntalan una transformación de los sectores productivos que lleva años en gerundio, llegando, pero nunca llega. Y que es más necesaria que nunca durante una crisis sanitaria que ha hecho aflorar la idea de que una tierra no puede vivir de poner cañas y sin industria eternamente.

Un joven en Conil señala cómo, a pesar de contar con una titulación superior informática, sintió que su destino estaba en labrar la tierra, aprovechando los avances tecnológicos para optar por un cultivo más selectivo, enfocado a la calidad y a productos con mejor salida en el mercado.

Una pareja cuenta cómo ha recuperado los esteros de Puerto Real, de titularidad pública, tras años de abandono para producir ostras de calidad gourmet, con un sistema casi artesanal pero más eficiente y que viene a favorecer también la recuperación de especies.

“El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta”

Federico García Lorca

La generación millennial es aquella nacida entre los 80 y los 90. Una generación marcada por dos graves crisis económicas, que a menudo ha tenido la posibilidad de recibir estudios superiores y que tenía la idea de vivir mejor que sus padres. Mejor en cuanto a comodidades, gracias a los avances tecnológicos, quizás. Pero las expectativas económicas, el acceso a una independencia plena, la adquisición de viviendas o una estabilidad de trabajo o incluso de lugar de residencia son muchos de esos sueños al que no accede gran parte de la generación. Quizás no hay hambre, como tuvieron nuestros abuelos. Pero los sueños se pierden.

En Andalucía, la tasa de inactividad entre menores de 25 años ronda el 50%, según la EPA del último trimestre de 2020. Y este panorama no mejorará mientras no mejore la situación económica derivada de la crisis sanitaria. Es la generación que marcha a Madrid a trabajar.

Un estudio del Consejo de la Juventud de España, que reúne a asociaciones y a juventudes de diversos partidos políticos de todo el espectro, revelaba recientemente que el salario medio de los jóvenes de entre 16 y 29 años que cotizan es de 11.682 euros anuales, lo que obliga necesariamente a compartir piso. Uno de cada cinco jóvenes está en riesgo de exclusión social. Y ni siquiera es un escalón, porque la situación no es mucho mejor entre los mayores. Si en las oficinas de desempleo estaban inscritos -diferente a la tasa de inactividad en sí misma- el 30% de los menores de 30 años buscaba trabajo en 2020, es del 17% entre 30 y 34 años, solo algo mejor.

Pero algunos jóvenes son inspiradores para pensar que otra Andalucía es posible. Una generación que también

Un empresario que ha optado por una plantilla de personas con diversidad funcional para poner a la viña en el centro de los vinos de Jerez, generando nuevas experiencias para los visitantes, dotando de valor lo que nunca debió perderlo, la unión entre campo y caldos.

Fresas con sabor a futuro

“Que el Sol que a mí me alumbra viene por otros montes, dejando por las ramas la fruta dorada de un nuevo horizonte”

Carlos Cano

Pedro Gil nació en 1990. Su familia venía del campo, aunque él vio la posibilidad de estudiar un grado superior en informática. Un cambio de dinámica. El sueño del sector primario de abandonar el campo -“mi familia me dijo que estudiara, y yo he estudiado, pero he vuelto al campo”-. En el fondo, cuenta, algo le tiraba de la tierra. Lo explica mientras recoge sus fresas. Estamos en el Camino de la Florida, cerca de El Colorado, un núcleo rural de Conil de la Frontera a unos kilómetros de la playa, aunque también con mucha presencia de viviendas para el turismo, algo clave para mantener o no en el futuro su producción. “A mucha gente le sale más a cuenta construir y alquilar que poner su campo para el cultivo”, explica. Por eso, a día de hoy no podría permitirse comprar sus hectáreas, sino que lo hace en alquiler.

Según las cifras del Consistorio conileño, el 43% del suelo del municipio está dedicado al sector agrario. Son unas 3.600 hectáreas para este fin. No es para menos. Pocos puntos en España tienen tanta fama de calidad. Donde el rey es el tomate, Gil ha pasado a la fresa, que es más productiva, y en concreto a una variedad más sabrosa. “Prefiero un mercado más pequeño pero que lo pague mejor”.

Es una eterna disyuntiva de cantidad o calidad, y este joven agricultor le ve más color a un cultivo de menos toneladas. “Está más rentabilizado ahora mismo, con la variedad splendor, que es la que tengo”.

Aunque lo lleva en la sangre, se ha dedicado al campo en plenitud desde hace seis años. “Yo antes siempre he estado vinculándome, pero desde entonces es de forma profesional. Tengo dos hectáreas y media”. En ellas, ha repartido varios macrotúneles y microtúneles, plásticos donde casi todo el año puede mantener la temperatura. Son los invernaderos que han convertido a Almería en referencia, y que, gracias a la tecnología, como sistemas de riesgo más eficientes, siguen avanzando en la provincia de Cádiz. En segundo plano, aunque no los olvida, otros cultivos menos exigentes como el calabacín, la cebolla o la berenjena.

“Me decidí por el campo porque me gusta, pero también es que no había salidas de técnico informático. Hice las prácticas nada más. Vi que no había salidas”. Acabó en 2011 sus estudios de grado superior, con 20 años. “Empezamos con

los microtúneles”, más asequibles aunque menos eficientes. Son hileras de plástico a ras de suelo con agujeros por los que meter las manos para su recogida. El macrotúnel, por contra, “adelanta más la fresa, puede cogerse más temprana”. Y tiene menos riesgos, pues con los micro puede haber pérdidas de cultivo. “El choque de frío es mayor”. El coste, unos 4 euros por metro de macrotúnel, que pudo conseguir con ahorros de su trabajo, “sin deberle nada a nadie”.

El futuro del campo, cuenta, pasa en parte por mejorar a la generación previa gracias a los avances en sistemas como el de riego. “Esto tiene un programador que va saltando. El macrotúnel tiene una cámara de calor que por la noche o durante el frío amortigua más. Siempre uno intenta mejorar, está claro. Me gustaría traer más variedades, no me importa seguir innovando”. Aun con todo, no deja de mirar al cielo. En su caso, las pérdidas solo se cubren cuando, por una riada, se declare zona catastrófica.

En este inicio de 2021, “la crisis la estamos llevando peor que al principio”, lamenta. “Ahora los precios están más caídos”. Trabaja con todo un gigante de la zona, la Cooperativa Las Virtudes, un referente para los pequeños productores como él. Gracias a ese trabajo común, puede dar salida de forma más cómoda, rápida y satisfactoria a su producción. Son detalles que le permiten dedicarse más a fondo a su cultivo. El año pasado, 2020, produjo “94.000 kilos, 600 gramos por mata, más o menos”. En campaña de fresa, entonces, eran “tres más. Ahora solamente hay un trabajador. Iremos más cortitos y hay que aguantar el tirón”.

El empleo que ha autogenerado le permite vivir con ciertas preocupaciones de ser un pequeño empresario, pero con mejores condiciones de calidad de las que alguno podría pensar. “Yo trabajo ocho horas, aunque venga también algún fin de semana a echar un vistazo”. En los inicios “no es fácil nada para nadie, pero hay que tener un poco de suerte. Yo la he tenido, no me quejo”. Sí empezó trabajando más

de esas ocho horas para aprender. “Al final la alternativa es irte fuera para trabajar más de ocho horas por un sueldo no tan alto. Al final no compensa, pare. Ahora ha habido un boom entre los jóvenes de aquí que le vemos una salida a esto por lo menos”.

Tampoco es una situación de ensueño. Recuerda, por ejemplo, las restricciones para “no echar fitosanitarios, que yo la veo bien, pero competimos con otros países que importan con esos fitosanitarios y nadie dice nada. Es imposible competir. No tiene sentido ninguno”. Y advierte: “Si no cambia la forma de comercialización, el campo no es el futuro de Andalucía. Tendrían que regularizarse los precios. Tenemos tierra buena para cultivar, pero… Hay que diversificar, eso sí. Con lechugas solamente será imposible. Tendremos que competir en calidad”.

El estero de siempre es ahora

“... Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar. ¡Dejadme ser, salineros, granito del salinar!” Rafael Alberti

Rocío Márquez y Javier Gutiérrez saben lo que es estar empapados. Y el calor. Son Mar Natural, una empresa de reciente creación por una joven pareja que llevaba años viendo claro por dónde irían sus tiros. Ella (29), madrileña, formada para ser informática. Él (31), gaditano, estudió el FP en Acuicultura y entendió que era posible, una oportunidad que los demás no estaban aprovechando.

Primero comenzaron con la sal en este Parque Natural de la Bahía de Cádiz, una vasta extensión que comprende varios municipios, y que marca el desarrollo de Puerto Real, San Fernando y Chiclana especialmente. Un tesoro milenario que en los años noventa del siglo XX se fue apagando y que ahora una nueva generación está llamada a tomar el relevo. Los esteros permiten la sal, pero también la pesca de estero, muy apreciada. Y no menos potencial tiene el ostión, ese manjar que en carnavales se consume casi regalado. Con Mar Natural, ambos van a por todas con la ostra francesa cultivada.

“En estos años, casi cinco, hemos estado estudiando la viabilidad”, cuenta ella. “Hemos estudiado el precio, el mercado existente...”. En estos años de idea tuvieron el problema de que “no encontrábamos un terreno donde poder realizar la idea. Sobre el proyecto de final de curso del FP vi que era viable. Aunque lo íbamos a poner en marcha mis compañeros y yo, cada uno tomó su camino. Hasta que la conocí a ella”, explica Gutiérrez.

Dieron con Alejandro Pérez Hurtado, investigador biólogo de la Universidad de Cádiz, que les ayudó a darle una vuelta a la idea en el vivero de empresas y en la explotación que ponía en marcha la institución. Han comenzado de pleno durante la pandemia. “Teníamos todo y no queríamos esperar más”. Todo, “sin subvención pública”, solo con esa ayuda de la Universidad para lanzar la idea.

“Esto es trabajo de campo, cualquiera no se lanza, y tienes que estar casi 24 horas. Atentos también al furtivismo, porque muchos se cuelan aquí a poner trampas de camarones, a las artes de pesca”, algo que impacta muy negativamente en su idea.

La producción en este tipo de espacios protegidos tiene siempre que tener un respeto por el patrimonio natural. “Lo que hacemos es totalmente compatible. Además, adecuas el terreno para que fluya el agua y eso favorece la cría de algas. Eso es bueno para las aves, porque no les gustan las hierbas y colmatados. Les gusta un entorno así, arreglado. Esto es recuperar la estructura natural del estero,

como estaba hasta principios de los 90”.

Es diferente, explican, al cultivo de peces, a los que “tienes que proporcionar pienso, inversión, con un coste elevado. Llega un momento en que no es rentable si tienes una alta mortalidad. Por eso se ha dejado de la mano de Dios en años atrás”. Junto a ellos hay una estructura de empresas que se retroalimentan.

El objetivo es rentabilizar gracias a un nuevo sistema que parece simple pero no lo es. Una malla dura lleva un sistema de flotación simple atado. Estas mallas, a su vez, vienen recogidas por una cuerda que va de lado a lado de la canalización. Dentro de las mallas van las crías de ostra, importadas de Francia, que miden en ese momento apenas seis milímetros. En esas mallas se adhiere el alimento que les permitirá desarrollarse. Dependerá del índice de mortalidad en el proceso cuán rentable resulta al final, pero básicamente consiste en controlar de nuevo lo que la tierra ha dado de forma natural. Por eso, la palabra que se usa, a pesar de estar en aguas -y saladas-, es “cultivar”.

Entre medias, recepción refrigerada en camiones, con proceso de aclimatación para que no muera el molusco. “Aquí en Cádiz hay una temperatura constante y eso hace que crezca mucho. Por eso, en México, por ejemplo, crece mucho la concha porque hace mucho calor, pero no la carne”, explica Márquez. “Cádiz es única para las microalgas”, añade él. “Para finales de año podremos recoger la siembra”. En el futuro, “pondremos colectores para ir cogiendo algunas semillas”.

Esta primera siembra será de 1,2 millones de semillas de la ostra rizada. “Es una cantidad importante. Con una mortalidad del 10% o 15% que esperamos. En una mala época, esa puede ir al 50%. Si no hubiera mortalidad, hablaríamos de que en un año podemos producir 64 toneladas”. Están negociando para que acabe en cadenas de supermercados. “Hay mucha demanda para la oferta que hay”, aseguran, por lo que puede ser un negocio redondo. Trabajado, pero redondo. Por ahora están ellos dos, aunque en marzo comienzan algunas contrataciones.

¿Por qué, entonces, ha estado abandonado, o por qué hay aún cierta sensación de que los jóvenes del entorno no miran al estero como una posibilidad laboral, como es el caso de ambos? “Yo creo que es por desconocimiento. A mí nunca se me habría ocurrido nunca esta idea, mi familia en Madrid no sabía ni lo que era un estero. Hace falta que alguien te asesore y te encuentras muros y trabas. Pero animo a no desistir nunca en una idea”, responde Márquez entre risas. “Y en Cádiz. A mí, por ejemplo, es que me encanta trabajar aquí. La gente no sabe lo que se disfruta, aunque sea duro”, remacha él.

El jerez, para todo y para todos (y con mucho amor)

“Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería de abjurar de toda bebida insípida y dedicarse por entero al jerez”

William Shakespeare

¡Dejadme

José Luis Baños no es de Jerez, pero casi. Nacido hace 30 años en la ciudad hermanada por el vino de Montilla, en Córdoba, llegó a Jerez por amor a una jerezana, “las cosas que pasan”. Hoy es emprendedor en Winable, enfocada al enoturismo, y sus empleados son Antonio García y Miriam Romero, de 23 y 25 años, jerezanos y con Síndrome de Down. Estamos en la Viña La Constancia, dentro del pago de Macharnudo Bajo, capital del vino de Jerez, la zona donde nace todo.

Ya en Montilla empezó en el vino. Hizo un grado medio de Enología, y no ha parado de formarse hasta ser ya graduado en Turismo. Emprendió pero “me precipité en Montilla al montar una empresa de enoturismo, aunque me llevé el aprendizaje. En una visita teatralizada conocí a la jerezana”, cuenta. Para colmo, Antonio y Miriam son también pareja, por lo que este paraje, con una mesa en la tierra y el catavino en la puesta de sol de conversación, es pura poesía.

Y es que el amor lo explica todo. “Venía de Montilla y había un pique absurdo. Yo me enamoré del vino de Jerez y ahora veo que podemos ir juntas las dos tierras”, cuenta Baños. En un contexto en el que el público sigue pagando apenas ocho o diez euros por una botella con años de trabajo frente a otras denominaciones que saben sacar más beneficio de cada botella, el enoturismo puede ser revulsivo para fidelizar consumidores a los que cale la cultura del vino.

“Trabajamos en busca del beneficio que puede traer el vino de Jerez. Para la salud y para la economía de la zona. Queremos que descubran el vino y que los sibaritas vean algo diferente. Nos gusta apostar por la inclusión y por la im-

portancia del medio ambiente. Por eso hacemos estas catas en la viña, porque puede sorprender a todos y que llegue esa idea junto al vino de Jerez”. Hacen catas con música, o acercan esos eventos para aprender en restaurantes u hoteles.

Sobre emprender en este tipo de sectores, “creo que se puede crear algo grande apostando por lo sencillo si tienes una idea”. Winable son las catas musicales, las experiencias de visitas a bodegas “con chispa, que el guía sea un amigo y se recree, que el grupo se llene los pies de tierra albariza”, asesoramiento enoturístico y tienda online. “Tenemos camisetas, copas o catas online”.

Los ayudantes en esas catas, recogiendo catavinos, sirviendo los siguientes, ayudando en lo que necesita cada cliente, son Miriam y Antonio. Provienen de la asociación

Down Jerez Aspanido, donde José Luis también trabaja y hace labores de voluntariado. “Han recibido una formación en vinos de Jerez y lo siguiente será que ellos mismos ofrezcan las catas. Han hecho un trabajo excelente”.

A Miriam le gusta “el Pedro Ximénez. Lo probé con mi padre en una comida una vez y me encanta”, aunque no hace ascos a algunos blancos del Sur sin denominación. “Me encanta”, insiste. Antonio comparte ese gusto por los vinos dulces. Aún mantienen cierta timidez y no están especialmente charlatanes. Pero al paso de un rato comienzan a hacerse carantoñas y se animan. Es la viña. La experiencia del vino es de amor. Es vivir el vino en el campo. Y es lo que saben transmitir, cuando el turismo se recupere después de estos nubarrones de una pandemia que un grupo de empresarios jóvenes quieren sortear mirando a la tierra.

Hay gente que hace acopio de papel higiénico para afrontar una pandemia. Yo hago acopio de desabrazos. Los voy apuntando en el libro mayor de mi contabilidad emocional para devolverlos en cuanto venzamos a este puñetero virus. Porque lo venceremos, y quiero creer que algo habremos aprendido de este tiempo de zozobra. Tal vez no como humanidad, son miles de años repitiendo los mismos errores, pero sí a nivel individual. Y eso es ya un paso.

Tras un año de pesadilla en el que la Covid-19 se ha llevado por delante vidas, negocios, ilusiones, riqueza y confianza política, estamos angustiados, desalentados, aterrados. Nos sentimos a la intemperie. Pero está en nuestra mano elegir si nos hundimos o tratamos de salir a flote. Y para ello, es necesario relativizar como trataba de hacer la maestra de la novela El asedio de Troya leyéndoles a sus alumnos La Ilìada para así hacerles llevadero el horror de la ocupación nazi y los bombardeos ingleses en un pequeño pueblo griego.

La pandemia ha dejado al descubierto las grietas de nuestro sistema: la dependencia del sector servicios, uno de los más vulnerables a pandemias y otras catástrofes naturales; el perjuicio del desmantelamiento que se ha hecho de la Sanidad pública que la ha llevado al borde del colapso; el poder de las multinacionales, en este caso, las empresas farmacéuticas que se permiten chulear a la UE sin despeinarse; la mezquindad política de los que han hecho suya la máxima de ‘cuanto peor mejor’ y así podría continuar hasta escribir varias columnas más, tantas que justificaran el desaliento que Almudena Grandes compartía en su artículo de El País del pasado día 1 de febrero. Pero no me voy a regodear en la tragedia porque, a pesar del miedo, de la intransigencia, de los negacionistas, de los cargos públicos, obispos y demás ralea que se saltan la fila para vacunarse, de los miles de muertos y de la crisis económica, yo prefiero fijarme en lo que me permita seguir teniendo esperanza. En el despliegue de solidaridad al que hemos asistido en este tiempo: los aplausos de las ocho, las empresas poniendo su logística al servicio del Gobierno para hacer respiradores, mascarillas, EPI…; las buenas personas que les hacen la compra a los ancianos, les escriben a los enfermos que están solos en los hospitales, las que ayudan a los sintecho por las calles… Prefiero quedarme con la entrega de los sanitarios, incluso los jubilados, que se están planteando volver para echar una mano ahora que un Real Decreto se lo permite; con los docentes que se

El año que vivimos confinadamente Alicia Domínguez

reinventaron en tiempo record para seguir dando lo mejor de sí mismos a sus alumnos; con la solidaridad de músicos, actores y escritores que para hacernos más llevadero el confinamiento, nos ofrecieron su buen hacer artístico a cambio de nada, cuando ellos mismos se quedaban sin nada. Me quedo con las lecciones que esta pandemia nos está dando.

Una lección de humildad: nunca como hasta ahora hemos sido tan conscientes de nuestra vulnerabilidad, de la necesidad de lidiar con la incertidumbre y de la urgencia de establecer otra relación con la naturaleza: una relación no depredadora, respetuosa, de cuidado… Y no ya por altruismo, sino por puro egoísmo: la ONU advierte que el 70% de los últimos brotes epidémicos han comenzado con la desforestación.

Una lección sobre el valor de las cosas sencillas: pasar tiempo de calidad con los nuestros, pasear, tomar una cerveza al solecito, charlar con los amigos y con la familia, recuperar viejas aficiones: leer, escribir, cocinar, tejer… Podemos vivir con mucho menos, podemos llevar a cabo menos actividades y disfrutar más de las que aún podemos hacer.

Una lección sobre profesiones esenciales: sanitarios, docentes, reponedores, transportistas, agricultores, cajeras, limpiadoras… En esta pandemia, ningún Balón de Oro nos cubrió nuestras necesidades básicas ni nos cuidó en los hospitales.

Una lección de amor: echamos en falta los abrazos, el contacto, a nuestros ancianos —tan solitos ahora para vivir y para morir—, la compañía, una cerveza con los amigos… Redescubramos una relación más lúcida y feliz con nosotros mismos y con los que nos rodean. No van a estar siempre ahí. No vamos a estar siempre aquí.

Esta pandemia es una putada de las gordas, pero no ha sido única en la historia, ni de las peores, así que merece la pena mantener intacta la esperanza de volver a la vida de antes. Vendrán tiempos de desquite, de abrazos, de besos, de recuperar nuestros empleos o de reinventarse en otros nuevos, hasta de desear perder de vista al cuñao... Mientras tanto, como dice el psiquiatra Christophe André en su libro ¡Viva la libertad!: construyamos en nuestro interior un islote de resistencia. Ahí podemos preservar nuestra humanidad. Y la cordura.

Miro el instante que ha fijado esa fotografía. Hace ahora poco menos de un año, pero resulta extraña. Apenas reconozco la relajación, las caras de felicidad, los brazos por encima de los hombros y nuestras risas rodeados de cientos de personas que vibran, bailan y gritan las mismas frases que nosotros. Vamos abrigados, pero con las prendas medio abiertas, sudando de placer y sintiendo esa comunión con todos los que habían acudido, como hicimos tú y yo, a disfrutar de ese concierto.

Ahora todo resulta extraño en esa imagen que he buscado en el muro de Instagram. Tanta gente, tantísima, a nuestro alrededor; cómo nos tocamos todos; nuestras sonrisas anchas y abiertas que ahora tapan las mascarillas; los decibelios… Siento mucha nostalgia de esos momentos en los que empezaban a sonar los primeros acordes y notaba fuerte en el pecho la vibración de la música. Cerrar los ojos, imaginar que nace de ti esa melodía, y luego abrirlos de golpe y comprobar que sois una legión los que disfrutáis de ese momento.

Echo de menos ese disfrute colectivo en el que acudir a un evento cultural no era ni arriesgado ni cuestionable. Echo de menos tantas cosas... Abrazar y tocar a los que quiero. Meter la cara en el cuello de mi madre, olerla y disfrutar de ese contacto que es mucho menos frecuente de lo que me gustaría por la distancia que me separa del pueblo. Poder preguntar un inocente “¿cómo te va?” sin temer que alguien se puede desmoronar en la respuesta. Tomarme un amontillado en la barra de mi bar preferido y pasear por calles llenas de gente que camina pisando fuerte.

No voy a negar que al principio vi virtudes en el silencio, en ese estar contigo mismo y escucharte, en ese tiempo robado que, bien visto, podía ser un regalo. Pensé que quedándome en casa podría sacar tiempo para leer títulos pendientes, para ver series que se eternizaban en una lista, para hacer vida familiar, para aburrirme un poco.

Lástima que todo eso llegara acompañado de ruido, demasiado y tan atronador que solo podía ser antesala de la crispación. Soy periodista, la información y los medios son mi día a día, y no debiera asustarme este fenómeno que no es nuevo. Esta locura de informaciones que llegan y se van a la velocidad del rayo, esta escalada de tergiversaciones a golpe de clic, este elevar el tono un poquito más que el de enfrente, este descrédito profesional contra el que luchan a brazo partido, con oficio y buen hacer, aunque cada vez más desarmados, tantos periodistas locales y de provincias.

Esa letra ya me venía sonando, es indudable. Pero es cuando frenas en seco cuando se despierta la consciencia, y cuando eres capaz de percatarte de que el ruido de fondo se hace una bola insoportable que lo tapa todo, que ya no puedes dejar de escuchar, que te estalla en la cara. Un estruendo desagradable que traslada sin pudor la ponzo-

Queda la música Pepa Pacheco

ña, los bulos intencionados y el cuñadismo irresponsable a las redes sociales, a esas herramientas de generalización y viralidad que cada uno llevamos encima con nuestros móviles. Al final, de tan compartido y ladrado, todo tiene apariencia de verdad, aunque atufe a mentira por los cuatro costados.

Van a creer que exagero, pero a mí me quita el sueño el fenómeno de la desinformación. Siempre hay quiénes pescan en las aguas más revueltas, y éstas del primer año pandémico han sido bien amenazantes. Tengo pesadillas por el asalto al Capitolio de EEUU, el auge de la extrema derecha incluso en regiones hostiles para ello, ese azuzar el odio hacia los más débiles y las minorías, y la sensación de que se está normalizando a marchas forzadas el que se rebasen todas las líneas rojas que nos permiten convivir y respetarnos.

Me despierto, y sobre todo me acuesto por las noches, mirando el móvil perpleja, con la constante sensación de haber pedido el control, de que se me escapa la verdad entre los dedos y que no hay forma humana de separar cada segundo el poco grano entre tanta paja.

Ese virus también tiene vacunas, sobre todo la de la educación y la competencia mediática de la que tendríamos que estar hablando a diario. Pero, sobre todo, el remedio está en la mano de los profesionales del periodismo, muchos de los cuales, pese a quién le pese, siguen luchando con rigor y verdad, con mucho esfuerzo y trabajo de calle siempre que lo permiten las circunstancias, para plantar cara a las noticias falsas. O, mejor dicho, a lo que mi abuela siempre calificó de “paparruchas”, en un ejercicio de precisión y desprecio que ya quisiera que se me hubiera ocurrido a mí.

Estamos cansados de leer y escuchar de lo mismo, el coronavirus parece haberse comido todas las demás historias de nuestra realidad. Pero poco a poco otros temas, incluso derivados de éste, se abren camino. Y ahora, cuando la llegada del virus a nuestras vidas casi ha dado su primera vuelta al Sol, es el momento de analizar críticamente, de tomar las riendas, de hacer pedagogía y didáctica diarias, para volver a buen puerto informativo.

Este año me ha dejado escasas preocupaciones. Tienen razón los que dicen que ante las crisis sabemos priorizar y relativizar. Yo me lo he aplicado al dedillo. Esta es de las pocas en las que pienso a diario.

Como profesional y como ciudadana asumo el reto. Y soy optimista, y militante. Porque miro atrás, a los que vienen empujando en la sociedad y que son cada vez más marionetas de tanta desinformación, y sé que tenemos una obligación. Nos va la vida en ello.

Y mientras, como cantaba uno de los profetas de mi vida al que también nos arrebató este horroroso 2020, siempre queda la música.

Arcos inspira

La villa de los poetas, romana, musulmana y reconquistada por los cristianos en 1253, callejuelas laberínticas, altozanos estrujados entre miradores y monumentos históricos. Mucha cal a las puertas de Grazalema y rica gastronomía

Arcos inspira. Por algo la llaman la villa de los poetas, esa que cautivó a Azorín y a la Generación del 27. Este pueblo blanqueado en el que nacieron tantos grandes poetas como Antonio y Carlos Murciano, José y Jesús de las Cuevas, Antonio Hernández y Julio Mariscal, que hacía las veces de cicerone para sus colegas por las callejuelas serpenteantes y las empinadas cuestas, cuenta con un casco histórico declarado Conjunto Monumental Histórico-Artístico en 1962. Solo pasear por las callejas del casco viejo arcense ya es un puro placer que hay que disfrutar al menos una vez en la vida.

La plazuela de Boticas o la plaza del Cananeo son dos paradas imprescindibles. Y por supuesto, la plaza del Cabildo, desmantelada casi al completo en 1812 antes de marcharse el Ejército francés, ha sido siempre el centro de la vida arcense.

Con presencia humana desde la Edad del Bronce, la cal protagoniza la que llaman la puerta de entrada a la ruta de los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz. "Arcos de la Frontera, el pueblo arriba el río abajo. En la peña vieja, nueva lagarto. El perro azul de su río echado a los pies del amo", escribía Gloria Fuertes. Con pasado romano y musulmán, reconquistada por los cristianos bajo la espada de

Alfonso X el Sabio en 1253, la antigua Arx-Arcis (fortaleza en la altura) se eleva imponente sobre una peña cortada con un tajo a 150 metros de altura del río Guadalete. Desde sus numerosos miradores es posible obtener algunas de las mejores y más impresionantes panorámicas de la provincia de Cádiz. Dentro del casco antiguo se encuentran los más emblemáticos: el de la plaza del Cabildo, el mirador de San Agustín, el de Abades y el mirador de la Peña Vieja.

Desde la calle Corredera se llega a los arbotantes del callejón de las Monjas, bellos arcos de Arcos, que dan paso a la plaza del Cabildo, donde aparte del mencionado mirador, se encuentra uno de los grandes tesoros patrimoniales del pueblo: la Basílica Menor de Santa María de la Asunción. Declarada Monumento Nacional en 1931, de origen mudéjar y datada entre los siglos XIV y XV, funde estilos como el plateresco, el gótico tardío y el barroco, en una impresionante construcción sobre la que gravita este pueblo de altura. Aunque todo en su interior es digno de admirar, se recomienda el retablo mayor renacentista, la pintura mural gótica, la momia incorrupta de San Félix o la capilla de las Nieves, que alberga la imagen de la patrona de Arcos.

Quizás para hacer un alto en el camino ante tanta maravilla haya que pasar por La Cárcel. Aquí el que entra, sale, pero acaba regresando. Eso defiende la familia Saborido, que puso en marcha un negocio de platos complejos y asequibles con productos de la zona. La Taberna Jóvenes Flamencos, el gastrobar El Retablo, o El Aljibe, son otras buenas opciones para adentrarse en la rica y variada gastronomía de una tierra que sabe bien. La alboronía, los potajes de acelgas o el ajo molinero son algunas de las recetas típicas.

Toda la información, puntos de interés, localizaciones y horarios en la web de Turismo de Arcos de la Frontera.

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Y ENTONCES LLEGÓ LA PANDEMIA...

Después de la catástrofe para la supervivencia de los ayuntamientos que supuso el crack del ladrillo en 2008 y la recesión posterior, la pandemia desbordó y colapsó hace un año la gestión de las administraciones locales. Una docena de alcaldes y alcaldesas de la provincia de Cádiz relatan su experencia.

Texto: Patricia Merello / Francisco Romero

El año más difícil de sus carreras políticas, sin duda. Cuando aún no se había cumplido ni el primer curso del mandato, iniciado tras las elecciones municipales de 2019, los alcaldes y alcaldesas se encontraron, de súbito, con la pandemia. Un virus desconocido, que se transmite por el aire, irrumpió en nuestras vidas y los regidores y regidoras se vieron desbordados. La escalada de contagiados y fallecidos, con el consiguiente colapso sanitario, y la falta de empleo y recursos económicos de muchos vecinos, con miles de casas sin tener cómo llenar la nevera por el confinamiento o los cierres de actividad, han exprimido al límite la capacidad de unas administraciones locales — las primeras a la que el ciudadano recurre—, en muchos casos, endeudadas y con poca capacidad de maniobra. Con el paso de los meses se han habituado a convivir, y combatir, con un virus que ha lastrado aún más a una provincia de Cádiz que ya de por sí tiene problemas sociales y económicos estructurales. Habrá que ver cómo sale de este enésimo varapalo, con un importante aumento de parados y la fuga de industria. Es pronto para hacer balance y recuen-

to de lo perdido. El final aún no está escrito, pero ya asusta. Desde la Costa Noroeste, con Sanlúcar de Barrameda, Rota o Trebujena; o la Bahía, con El Puerto de Santa María; pasando por Jerez de la Frontera; el Campo de Gibraltar, con La Línea de la Concepción y Los Barrios; o La Janda, con Vejer de la Frontera; hasta la Sierra, con Arcos, Grazalema y Algodonales; y, por supuesto, la capital, Cádiz, los alcaldes y alcaldesas analizan desde su particular punto de vista el primer año de pandemia y la reconstrucción en la que ya se afanan. ¿Qué ha sido lo peor? ¿Qué han echado en falta? ¿Cómo valoran sus propias gestiones? ¿Qué esperan de 2021? ¿Cuándo han sentido impotencia? ¿Cómo creen que saldremos de esta crisis como sociedad? ¿Cómo afectará la pandemia a sus ciudades y a la provincia en general? A estas y a otras preguntas responden en unas entrevistas que se publicarán, íntegramente, en lavozdelsur.es, pero que en las siguientes líneas sintetizamos para este número.

Juan Franco

El peor momento fue el inicio, el confinamiento, y en especial el desconocimiento. Es vital una apuesta por la sanidad y la educación públicas, pero también por la investigación. 2021 debe ser de esperanza, una esperanza basada en que una gran parte de la población va estar vacunada. Y espero que sea de recuperación. De todas las crisis se sale más fuerte, aunque ésta es, además de sanitaria, una crisis de confianza, de ánimo, y la hemos vivido de una manera muy cercana desde nuestro Ayuntamiento. Hemos echado de menos trabajo coordinado con otras administraciones, pero nos pusimos a trabajar de la mano con los grupos de la oposición y vemos que cuando lo hacemos juntos sacamos lo de mejor de cada uno. Vamos a salir más concienciados de que ya no vale el individualismo en el que vivimos, hay que trabajar en lo colectivo. Espero que quienes estudien esta época en el futuro descubran que pudimos salir unidos de esta pandemia.

Hubo un momento en el que pensábamos que el Ayuntamiento desaparecía, pero al final supimos reaccionar bien y atender las necesidades ciudadanas. Espero que de una vez por todas la vacunación empiece a ser masiva para que terminemos 2021 con una cierta normalidad. He estado dirigiendo un equipo de trabajo que se ha dejado el pellejo. Tenemos un Ayuntamiento con escasos recursos humanos, pero con lo que tenemos hemos hecho un trabajo más que digno, aunque me hubiera gustado contar con la implicación de otras Administraciones. El mayor momento de impotencia fue el inicio de las clases tras la Navidad. Estoy tremendamente preocupado. Como no se instrumente bien un programa de ayudas veo una difícil salida a esta crisis, tortuosa y lenta en el tiempo. Esperemos que la solidaridad y otros valores importantes sigan prevaleciendo y que juntos salgamos de esta crisis. Confío en que terminemos cuanto antes con la pesadilla de la pandemia para afrontar la pesadilla de la crisis económica.

Alcalde de Sanlúcar de Barrameda
Alcalde de La Línea de la Concepción
Víctor Mora Escobar

Isidoro Gambín

El peor momento de la pandemia fue al comienzo, por falta de recursos, por falta de información y por falta de medios con los que actuar. 2021 tiene que ser el año de la esperanza, el año de la inmunidad gracias a las vacunas. En nuestra gestión en Arcos hemos tenido que atender socialmente a muchísimas personas, triplicando el gasto en servicios sociales. Aunque hemos echado de menos las ayudas que todavía no nos han llegado desde la Junta de Andalucía. El Gobierno central nos ha ayudado, la Diputación nos ha ayudado, pero la Junta de Andalucía, no. Para salir de esta crisis necesitamos el apoyo y la colaboración absoluta de todos y de todas. Tenemos que reforzar la Sanidad, la Educación y tenemos que ayudar a los establecimientos declarados no esenciales. Tenemos que pasar esta situación, más pronto que tarde, para volver a una cierta normalidad para desarrollar una actividad económica necesaria para vivir social y económicamente mejor que ahora mismo.

Carlos Javier García

Hemos tenido muchos malos momentos: la angustia de los primeros días del confinamiento, el miedo por el alcance del virus, el confinamiento de un aula del colegio de Grazalema nada más comenzar el curso, un fallecimiento en Benamahoma… Como mucha gente, tengo puestas muchas esperanzas en la vacuna. Debemos proteger a los más vulnerables para ir recuperando cuanto antes nuestra vida social y económica. Nos ha tocado ser, ahora más que nunca antes, ese eslabón fundamental en la gestión de las frustradas emociones colectivas de nuestra gente. Eso sí, nos han faltado muchísimos recursos. El trato paternalista por parte de Salud a los ayuntamientos ha sido la mayor impotencia diaria. Grazalema y Benamahoma son un municipio turístico y están sufriendo mucho, pero tengo esperanzas en que remonte de manera tan rápida como ha caído. Si en este tiempo hemos sido capaces de aprender en algo de cuanto erramos, por insignificante que sea esa crítica personal, ya habremos salido mejores.

Alcalde de Arcos de la Frontera
Alcalde de Grazalema

Comprobar cómo cada portuense está dando lo mejor de sí mismo para ayudar a proteger El Puerto me llena de orgullo, pero se sufre mucho viendo a familias conocidas en la cola del centro de emergencia social. Trato de explicar a los ciudadanos que en esta crisis es fundamental la búsqueda del equilibrio entre salud y economía. Hemos iniciado el 2021 con la esperanza puesta en la vacuna. Puedo afirmar que El Puerto avanza hacia un modelo de ciudad ambicioso, que aúna desarrollo económico con sostenibilidad urbana, construido por y para los portuenses y que disfrutarán también los que nos visiten. Nos hemos volcado con todos los recursos existentes para proteger El Puerto y para tratar de paliar los efectos de la crisis sanitaria, con la cobertura social más importante de la historia. Pero quizás de lo que más adolecemos es de músculo administrativo para poder agilizar todos los procesos. Nuestro objetivo es recuperarnos cuanto antes y continuar nuestro rumbo para convertir a El Puerto en una ciudad de referencia en Andalucía.

El miedo y la incertidumbre de los vecinos ha sido lo más negativo. Sacando lo positivo de todo esto, hay que destacar la actitud responsable de los roteños y roteñas, sus muestras de empatía y generosidad. Tengo esperanza en que, poco a poco, en algún momento de este 2021, todo volverá a ser como antes y recuperaremos la normalidad, a la que incorporaremos una mochila llena de experiencia. Esta pandemia nos ha hecho reflexionar y aprender. Hemos notado nuestras debilidades y flaquezas. Lo primero es recuperar la salud y, a partir de ahí, trabajar de forma incansable para recuperarnos. Lo que más he echado de menos han sido herramientas reales para poder decidir. Creo que la Administración autonómica tiene que esforzarse más. Este trance me ha hecho reflexionar. Creo que el tiempo de pandemia, la frenada que ha supuesto en el curso de nuestras vidas, nos ha hecho aprender a valorar muchas cosas. Estamos aquí para hacer frente, juntos, a esta situación y sólo así saldremos de ella.

Alcalde de El Puerto de Santa María
Alcalde de Rota
Germán Beardo José Javier Ruiz

Hemos procurado ser cercanos, prudentes, equilibrados y muy pragmáticos. A los ayuntamientos pequeños siempre nos faltan recursos, todo nos lo tenemos que hacer nosotros, pero como estamos acostumbrados tampoco hacemos una tragedia de ello. Estoy seguro de que todos los alcaldes nos hemos sentido solos en algún momento de esta pandemia. Después de esto daremos más importancia a la familia, a los sentimientos, a los abrazos. Y creo que daremos menos importancia al lugar de trabajo, puede que sea uno de los grandes cambios que nos esperan. Se nos está poniendo a prueba como sociedad e individualmente de una forma durísima, pero creo que estamos superando ambas pruebas. Creo en la sociedad y en su capacidad de dar respuestas colectivas y sensatas y creo en la bondad de las personas individualmente. Cuando esto acabe seremos distintos, espero que también seamos mejores de lo que éramos antes.

No hay que bajar la guardia, es muy duro vivir situaciones como la muerte de 46 residentes por culpa de esta maldita enfermedad. Ha sido muy complicado. Está claro que lo más importante es la salud, pero hay que pensar que la actividad económica es fundamental para sacar adelante un municipio. Es necesario que lleguen las ayudas de verdad para que puedan mantener sus negocios y sus puestos de trabajo. El Ayuntamiento de Los Barrios atraviesa una difícil situación económica desde hace años, pero hemos hecho un esfuerzo económico al abonar 8 millones de euros y ayudar a paliar los efectos de la crisis sanitaria por el Covid -19 en empresas locales y autónomos. Estamos acostumbrados a afrontar crisis y a esta hemos llegado con muchas lecciones aprendidas. Esperemos que salgamos menos egoístas. Nuestros vecinos y vecinas no están dando un ejemplo responsabilidad, solidaridad y civismo y de cómo se afronta esta situación. Esta batalla la vamos a ganar todos juntos.

Alcalde de Algodonales
Alcalde de Los Barrios
Ángel Acuña
Miguel Fermín Alconchel

Sánchez

El peor momento es el que se está viviendo ahora. A la incertidumbre se suma el cansancio de la ciudadanía, porque llevamos un año en una situación que la mayoría de la ciudadanía nunca antes había vivido. Nos hemos reinventado para ponernos lo más cercanos que podemos a la ciudadanía, sobre todo a las personas más vulnerables. Los recursos siempre son escasos y hemos tenido que hacer frente a medidas y actuaciones que no nos corresponden como Ayuntamiento, pero que tienes que resolvérsela a la ciudad. Duele y duele mucho cuando ves que el Gobierno de España ha transferido mucho dinero a las comunidades y éste no llega a los ayuntamientos. A mí lo que me anima es que la inversión privada que se planeaba en Jerez, antes de la crisis, sigue avanzando. Espero que salgamos más reforzados y sepamos sentar las bases de lo que puede ser nuestro futuro para construir una sociedad basada en la solidaridad, el conocimiento, la salud y el medio ambiente.

José María González

El peor momento de la pandemia es la pandemia. Y encima está golpeando con más violencia que nunca. Sigo viviéndolo con temor e incertidumbre. Los ayuntamientos, la administración con menos recursos, hemos tenido que afrontar en solitario la pandemia. No sólo es que se haya echado de menos ayudas económicas, personal, incluso información y transparencia, es que además en el caso de Cádiz hemos tenido que asumir labores que le pertenecen y son de la competencia de la Junta. Si en 2007 se rescataron a los bancos, ¿por qué no se puede rescatar a los vecinos y vecinas que levantan la persiana con sus manos cada mañana? Los fondos europeos Next Generation deben servir para invertir en un nuevo modelo verde, apostar por las renovables, por la transición energética y dotar a nuestra provincia de un trabajo sostenible y sostenido. Hay una lección que nos ha enseñado esta pandemia. Y es que cuando vienen mal dadas, no nos salva ni el individualismo ni el libre mercado, sino los lazos comunitarios y los servicios públicos.

Alcaldesa de Jerez de la Frontera
Alcalde de Cádiz
Mamen

Las primeras semanas del estado de alarma fueron muy duras como alcalde, al ver a un pueblo desolado, sin actividad y con muchas familias viendo su futuro en peligro. Somos optimistas por el inicio del proceso de vacunación. He intentado e intento que nuestra gestión sea cercana, social y económica. Hemos echado de menos, eso sí, un mayor compromiso de determinadas Administraciones superiores con los autónomos y, por supuesto, ayudas para los ayuntamientos, que somos los que estamos en primera línea atendiendo a nuestros vecinos y vecinas. A los alcaldes nos deberían escuchar más. La provincia de Cádiz siempre fue castigada por el desempleo y por eso situaciones como la que estamos pasando nos afecta más. Tenemos que hacer fuerza entre todos para que tenga las inversiones que se merece y se la trate con más sensibilidad en los Presupuestos de todas las Administraciones. Soy una persona optimista, y aunque la situación es la que es, mala, no tengo dudas de que saldremos adelante. Mientras tanto, el camino no será fácil.

Lo peor fue al principio de la pandemia, cuando no se tenía conocimiento de nada, ni se sabía cómo había que tratar el virus. Lo que nos ocupa ahora mismo es la salud. Es verdad que la economía juega un papel importante, pero está la esperanza de que se pueda vacunar a la mayor parte de la población cuanto antes. El Ayuntamiento de Trebujena ha estado a la altura del municipio. Al mes de empezar el estado de alarma ya se habían convocado y resuelto ayudas para 79 empresas de la localidad. Hemos echado en falta ayudas de la Junta de Andalucía y del Estado, solo la Diputación de Cádiz ha colaborado, y es de agradecer. Es un despropósito lo que la Junta ha hecho con los ayuntamientos, sin darnos información clara. Espero que aprendamos algo de todo lo que ha pasado el último año, que valoremos los servicios públicos. Espero que la vacuna nos permita recuperar nuestra forma de vivir, nuestra cultura, nuestra gastronomía y nuestra forma de querernos.

Alcalde de Vejer de la Frontera
Alcalde de Trebujena
Manuel Flor
Jorge Rodríguez
Fotografía: Manu García

A lo largo de estos meses he pensado mucho en los buzos. La existencia se ha vuelto pesada, como si lleváramos una escafandra reluciente, como si nuestras vidas transcurrieran en las profundidades de un océano oscuro e infinito. Hemos contemplado el mundo a través de un cristal. Aunque la presión nos angustiaba y la incertidumbre era espesa, hemos pensado el mundo en toda su amplitud, temporal y espacial.

La filosofía no aporta conocimiento objetivo de la realidad, eso lo llevan a cabo las ciencias. Los filósofos, como mucho, manejamos ideas, conceptos, y algunas reflexiones de segundo grado, nada más. Si se puede hablar de utilidad en estos casos, las ideas nos sirven para obtener una visión global de lo que ocurre. Como buzo, estas son algunas de mis ideas sumergidas.

Al habitar las profundidades, nos hemos encontrado con la oscuridad, la ignorancia. En la sociedad de la información y el conocimiento, el no saber es el peor de los males. De repente, todo el saber acumulado parecía no servir para nada. Nadie supo predecir el desastre; nadie supo qué estaba ocurriendo. La sociedad del espectáculo se vino abajo, todo era una farsa.

De la oscuridad nacieron la incertidumbre y el miedo. Carecer de explicaciones supone no saber qué va a ocurrir. El miedo se instaló en la sociedad feliz del consumismo. Las viejas narraciones, ésas en las que al final el bien vence sobre el mal, ya no funcionaban. La sociedad del riesgo se transformó en sociedad del miedo. Problema: no estamos entrenados. El miedo a que el suelo desaparezca bajo nuestros pies era un miedo propio de regiones lejanas, zonas olvidadas en los confines del sistema solar…

Fue entonces cuando llamamos a las puertas de los laboratorios y los centros de investigación. Casi con exigencias y malos modos. La ciencia tenía que solucionar el problema inmediatamente. Tenían que ser los héroes de esta historia perversa. De pronto, la investigación científica era esencial para nuestras vidas. Las condiciones tan precarias en las que se desenvuelven los investigadores volvieron a salir a la luz. Pero ahora debían estar preparados para abordar el fin del mundo…

Y la sociedad posmoderna, relativista y adicta al fragmento, exigió hablar de la verdad y de la mentira. Con el fin del mundo a la vuelta de la esquina, los negacionistas y los amantes de las noticias falsas suponían un grave pe-

Meditaciones de un buzo Juan Carlos González

ligro para la civilización. La ley del péndulo. De negar el concepto de verdad hemos pasado a considerarlo un pilar básico en la reconstrucción del mundo. Incluso hemos llegado a dejar a un lado toda crítica que ponga en cuestión la actividad de las instituciones encargadas de producir verdades. Algunos confunden el negacionismo con el sano escepticismo…

Trabajar en las profundidades, con tanta presión, exige claridad de ideas, responsabilidad y mucha coordinación. Los que se dedican a los asuntos públicos se han esforzado para gestionar el gran problema. Sin embargo, los parlamentos nos han hecho dudar sobre los verdaderos fines de semejantes desvelos. Porque detrás de ese tremendo esfuerzo por evitar la catástrofe estaba el deseo infinito y absoluto de conservar el poder o de alcanzarlo. El diálogo y el acuerdo han sido escasos. Unos confunden la oposición con la destrucción, y otros el Gobierno con el ciego dominio…

Y los ciudadanos a lo nuestro, a incumplir las normas en cuanto no hay un castigo a la vista… Hemos mostrado una terrible carencia de virtudes cívicas, de sentido del bien común y de la responsabilidad. La culpa es de los políticos, del sistema, de las multinacionales y de los grandes señores que controlan el universo… Y nos hemos quedado tan a gusto. Nuestro incumplimiento sistemático de las directrices para salir del abismo parece ser que no tiene ningún efecto sobre la realidad. Somos víctimas, seres con derechos y sin obligaciones, seres nacidos para consumir y ser felices. Hemos olvidado, o no hemos aprendido, qué significa ser ciudadanos en una sociedad democrática. Algunos confunden ser un ciudadano crítico con eludir las responsabilidades…

La angustia ante la posibilidad real de desaparecer como humanidad es algo nuevo. La amenaza de la guerra nuclear de otras décadas no llegó a ser tan intensa. Como luego se comprobó, la solución estaba en nuestras manos: el desarme. Sin embargo, esta amenaza, tan difusa, tan ajena a lo humano, no es fácil de controlar. Los gobernantes están igual de asustados que los ciudadanos, igual de perdidos. Este miedo nos ha hecho pensar en la humanidad como un todo. La angustia es global. La crisis económica es global. Las soluciones han de ser globales.

Así es la maquinaria que saca brillo a las calles de Jerez

La concesionaria de limpieza, Jerez-UTE, presenta novedades como triciclos y desbrozadoras eléctricas, que contaminan menos y hacen menos ruido, por lo que evitan molestias a los vecinos

Cada mañana, desde las naves que utiliza, una en la zona Oeste y otra en la zona Sur, sale toda la maquinaria con la que Jerez-UTE , la concesionaria de limpieza de la ciudad, se recorre el municipio para sacarle brillo. Además, hay 10 centros de trabajo desde los que los empleados inician su jornada para abarcar el casco urbano en toda su extensión, y también la zona rural.

Desde que en verano de 2019 iniciara su servicio, Jerez-UTE, formada por las empresas FCC MA S.A.U., Cointer Concesiones S.L. y FCC Equal CEE Andalucía S.L., incluyó nueva maquinaria con la que limpiar de forma más eficiente. “Todo es mucho más moderno y más avanzado tecnológicamente”, cuenta Miguel Ángel Moreno, inspector de zona de la concesionaria. “Ahora no se averían las máquinas, que siguen un mantenimiento rutinario, por lo que se puede estar más en la calle trabajando y no se pierde tiempo”, expresa.

La principal novedad fue la inclusión de triciclos eléctricos, que permiten a los operarios desplazarse a mayor velocidad hasta las zonas que tienen que limpiar. En total hay 70, y desde hace unos meses están equipados con una sopladora pequeña y una desbrozadora eléctrica, aclara Moreno, que sirven para trabajar en pequeñas superficies. “Ahora un operario puede cubrir un trayecto más largo”, relata el inspector de zona, “así se abarca más”.

Por las calles de Jerez, los empleados de limpieza se distribuyen con algunas de las 70 sopladoras que utilizan para eliminar hojas, papeles y envoltorios que se encuentran en el suelo. La diferencia es que ahora funcionan con batería, por lo que contaminan menos y hacen menos ruido, lo que

permite trabajar cerca de viviendas sin ocasionar tantas molestias como anteriormente. “Antes se empezaba a las seis de la mañana, pero en zonas que no molestaran al vecindario, ahora se pueden poner debajo de cualquier ventana y no hay problema”, incide Moreno.

Una hidrolimpiadora, incorporada con la llegada de Jerez-UTE, se encarga de limpiar con agua caliente, a presión, las manchas más difíciles que pueden originarse en torno a contenedores, para tratar charcos de aceite, pintura o similares. Para baldear las calles se utilizan algunas de las 14 cubas de baldeo con las que cuenta Jerez-UTE, que también tiene tres autobaldeadoras, más compactas, para trabajar en calles estrechas, como pueden ser las del centro de Jerez.

“Siempre está toda la maquinaria en la calle”, cuenta el inspector de zona Miguel Ángel Moreno, quien relata que se organizan con cuadrantes en los que se distribuyen los empleados por zonas para llegar a toda la ciudad, pero también para atender a las demandas puntuales que puedan surgir, como la recogida de naranjas cuando es la época, caídas de ramas o refuerzo de limpieza en eventos como pueden ser la Feria del Caballo o la Semana Santa.

Jerez-UTE también utiliza 17 barredoras, tres fregadoras, 11 pick up para barrido de zonas periféricas, nueve recolectores de carga trasera, otros 13 recolectores de carga lateral o siete vehículos compactadores estáticos. La recogida de muebles se realiza con un camión de caja-abierta, que recorre las calles de Jerez cada día, según la zona habilitada para la retirada de enseres. Así como los dos puntos limpios móviles que van rotando por las zonas en las que se distribuye el municipio.

“Es muy importante la concienciación para facilitarnos el trabajo”, expresa Moreno, quien asegura que evitar conductas incívicas les permite optimizar el tiempo y atender otras demandas para que la ciudad esté más limpia. Los 5.500 nuevos contenedores instalados en Jerez completan la maquinaria desplegada por Jerez-UTE para sacar brillo a la ciudad.

La pandemia que estamos viviendo no va a dejarnos solamente las consecuencias de un drama sanitario, el daño y el dolor que venimos sufriendo y que acabará antes o después. La Covid-19 cambiará el mundo y no hay ninguna seguridad de que sea para bien.

Cuando se detenga la propagación del virus, las economías habrán acumulado un nivel de deuda pública y privada gigantesco, el incremento más grande y más rápidamente registrado de nuestra historia. Es imposible que eso (que es seguro que ocurrirá) no tenga efectos traumáticos en casi todos los países, en el conjunto de la economía mundial. Tengo la seguridad de que propuestas que ahora se consideran heréticas se pondrán muy pronto sobre la mesa de los organismos internacionales y Gobiernos y también de que se acordarán unas u otras soluciones en virtud del poder político que en su momento tengan las naciones afectadas. En Andalucía deberíamos ser conscientes de ello y pensar con anticipación qué nos conviene, cómo podemos reforzar nuestros intereses y qué alianzas deberíamos forjar para defenderlos en el futuro inmediato.

La pandemia también está dislocando el tejido productivo en todo el planeta y no solo con carácter coyuntural. Un buen número de actividades e incluso de sectores económicos sencillamente no podrán continuar siendo lo que han sido hasta ahora y eso va a ocurrir con algunos de los que tienen un mayor peso en la economía andaluza. La inercia ha podido proporcionarnos hasta ahora cierta fuerza de empuje, pero será suicida creer que podremos superar los efectos de la pandemia simplemente dejándonos llevar, como hasta ahora, por las lógicas dominantes del sistema. Nuestras empresas, nuestra administración pública, nuestras familias y todas las andaluzas y andaluces en general debemos reinventarnos. El reparto de los fondos europeos será el primer aldabonazo que nos indique si estamos en condiciones de aprovechar las oportunidades que van a surgir o si perderemos una vez más el tren del progreso. Lo que estoy señalando no es ningún abstracto. Implica compromisos y tareas muy concretas. Andalucía debe prepararse para la irrupción de un nuevo universo tecnológico, debe generar mercados internos capaces de pro-

Más que una crisis: el futuro de nuestros nietos
Juan Torres López

porcionar los ingresos que vamos a perder cuando otras economías dejen de utilizar los eslabones que hasta ahora tenían establecidos en la nuestra. Y eso solo puede lograrse creando nuevos negocios, redes y canales de distribución, disponiendo de una financiación que hasta ahora no tenemos asegurada, modificando nuestro espacio y el uso que hacemos del territorio y de los recursos naturales (hasta ahora al servicio de una economía convertida en un centro de extracción de recursos que salen hacia fuera de ella) para lograr mejor actividad económica, sostenibilidad a largo plazo y frenar un cambio climático que nos condena a todos. Obliga fortalecer y hacer mucho más eficientes a nuestra administración y servicios públicos. Andalucía no puede hacer frente al futuro, por ejemplo, con un sistema educativo constantemente en precario, ni siquiera capaz de incardinar en su seno a toda la población juvenil que hoy día no tiene horizonte vital alguno sin formación y cualificación profesional adecuada.

Las perspectivas no son optimistas y no solo por el daño objetivo que nos produce la pandemia sino por el tipo de gestión que se viene haciendo y por los principios que han venido guiando la política económica de la Junta de Andalucía. Sabemos cuál fue el efecto del conservadurismo y el temor a cambiar con que se gobernó Andalucía en los últimos años del PSOE pero también conocemos el efecto que han tenido en otras autonomías la renuncia al impulso público y el recurso preferente a la privatización que aquí practica el tripartito de derechas.

Andalucía necesita salirse de las coordenadas de la vieja política. Lo mismo que la pandemia obliga, se quiera o no, a reinventar los negocios y las pautas de producción, de distribución y de consumo, la etapa en la que irremediablemente vamos a entrar nos enfrente al dilema de innovar en política o fracasar. Se necesitan proyectos civiles, acuerdos transversales, políticas del más amplio espectro para lograr la complicidad ciudadana que proporcione fortaleza, poder de negociación y capacidad de transformación imprescindibles para salir airosos del desafío extraordinario que tenemos ya por delante.

Ven a Grazalema / Ven a Benamahoma

Fotografía: Esteban Pérez Abión

Comprometidos con la sociedad y

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Gracias a nuestros 15 millones de clientes y 35.000 empleados, hemos podido reforzar nuestro compromiso con las personas y la sociedad en este contexto tan difícil. Hoy, más que nunca, todos los que hacemos CaixaBank vamos a seguir comprometidos con la sociedad y contigo.

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EL FUTURO DEL MARCO A TRAVÉS DE MARTIN AMIS

No sé si ‘viuda embarazada’ es una frase hecha en inglés o una ocurrencia del autor, pero lo cierto es que el sentido de la expresión viene bastante a cuento para hablar de la situación actual del Marco de Jerez y su futuro a corto plazo.

Texto: Carlos Piedras Fotografía: Manu García

REPORTAJE EL FUTURO DEL MARCO A TRAVÉS DE MARTIN AMIS

El otro día estuve ojeando ‘La viuda embarazada’, una novela -no de las mejores- del inglés Martin Amis que ya leí en su día. No sé si ‘viuda embarazada’ es una frase hecha en inglés o una ocurrencia del autor, pero lo cierto es que el sentido de la expresión viene bastante a cuento para hablar de la situación actual del Marco de Jerez y su futuro a corto plazo

La calidad de viuda lógicamente denota que alguien (o algo, en este caso) ha muerto y, por afinidad, que ya no está entre nosotros, que sus planteamientos son historia. Por su parte, la calidad de embarazo apunta a que alguien (o algo, nuevamente) va a nacer… pero aún no lo ha hecho, no sabemos ni cómo va a ser dicho alumbramiento ni qué va a ser finalmente, pero se está gestando. Una situación, en definitiva, muy parecida a la que en la actualidad vive el Marco de Jerez, que ha cambiado no solo de presidente en el Consejo Regulador del Vino -algo significativo solo relativamente, al fin y al cabo César Saldaña ya era el primer ejecutivo- sino que ha visto cómo se han producido importantes movimientos en la correlación de fuerzas del pleno, con las cooperativas convertidas ahora en la primera fuerza en detrimento de las bodegas debido a cambios en la composición de los censos. De alguna manera, dentro de ese nuevo orden se puede contemplar también la representación directa de la manzanilla, que pasa de uno a dos vocales, aunque este hecho no colme, ni de lejos, sus actuales aspiraciones, e incluso la decisión de Estévez, ahora con vocalía propia, de abandonar Fedejerez.

Pues este es el nuevo reparto, el que debe alumbrar una nueva criatura, un tiempo nuevo que, sin duda, estará marcado por la crisis económica que acompaña a la crisis sanitaria y que ya el año pasado dejó sentir sus efectos con una caída en las ventas superior al 8%. Atrás queda la hegemonía bodeguera y de Fedejerez (al menos en el plano formal, con el 25% de los vocales) en el Consejo Regulador, una presidencia de tipo representativa e incluso unas modificaciones de las reglas del juego -del consumo- que al menos a medio plazo vienen marcadas también por la pandemia. En este contexto, el sector tiene como objetivo inaplazable

-bueno, en el Marco de Jerez nunca se sabe- la renovación de los pliegos de condiciones de las denominaciones de origen (DO) Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, un asunto latente desde hace años, en algunos casos más de una década, con temas que van desde el amparo a los vinos conocidos como nuevos jereces a otros -note el lector que con cada tema que se cite entra en una escala de mayor grado de controversia y dificultad que el anteriorcomo la ampliación de la zona de crianza a toda la zona de producción (es decir, que se pueda criar y comercializar jerez a todos los efectos fuera de Jerez, El Puerto y Sanlúcar, no solo mostos y sobretablas, como hasta ahora), el futuro de los graneles o la desaparición -y aquí nos metemos definitivamente en zona pantanosa- del fino de Sanlúcar, punto de partida del último enfrentamiento que se vive en el sector con (la mayoría de) las bodegas de la ciudad de la desembocadura del Guadalquivir.

Pues este es el panorama. Está claro que 2021 va a ser otro año complicado, pero va a ir sentando las bases de qué criatura se quiere, qué está dispuesto a alumbrar el Marco en un contexto, además, cabe insistir, forzosamente adverso debido a la pandemia. ¿Se establecerán consensos suficientemente amplios para sacar adelante los temas de agenda o el sector está de nuevo dispuesto -tal y como parece por el tema de la manzanilla- a enzarzarse en una nueva guerra interna? Pues a tenor de las últimas declaraciones y anuncios, la cosa no tiene buena pinta, la verdad…

Podemos seguir buscando algo de sentido apoyándonos de nuevo en el título de otra novela de Martin Amis (por cierto, un escritor en el que es habitual que alguno de sus personajes se tome una copa de jerez… aunque es el primero en bromear sobre la posible procedencia del mismo, del sherry, quiero decir). Se trata de La flecha del tiempo, una novela que además se subtitula La naturaleza de la ofensa. Note el lector que se ha incidido en título y subtítulo y no en contenidos, que nada tienen que ver. ¿Cuántas batallas internas lleva el sector a cuenta del fino de Sanlúcar, la respuesta a la Unión Europea (UE) sobre las diferencias del fino y la manzanilla o la demanda actual de un consejo regulador propio para el vino sanluqueño (por no hablar del pleito del bag in box)? ¿Se podría hacer algo al respecto enviando hacia atrás una flecha en el tiempo? ¿Algo incluso que permitiera identificar cual es la naturaleza de la ofensa, de haberla, por seguir hasta el final con el símil?

Miren, este cronista entiende que si a mediados de los años 60 del siglo XX, cuando nace a todos los efectos la manzanilla como DO y se circunscribe el uso de dicho nombre a la ciudad de Sanlúcar, está claro que Jerez (y/o El Puerto) no negoció o no negoció bien una reciprocidad en cuanto a la elaboración del fino. Modificar ese tema ahora, con la mayoría de los manzanilleros defendiéndose en todos los

ámbitos, desde el técnico -“en Sanlúcar se da/se puede dar indistintamente fino o manzanilla”- al legalista -“tenemos unos derechos históricos adquiridos”- a la vista está que es complicado, incluso apelando a hábiles argumentos como el de que la desaparición del fino de Sanlúcar sería una medida proactiva, como se dice ahora, precisamente a favor de la defensa de la manzanilla. Si le preguntaran al respecto, este cronista entiende que la ofensa a la que se puede agarrar Sanlúcar parte realmente de la respuesta que se ha dado a la UE -por cierto, qué pregunta más oportuna, menos mal que las casualidades no existen- acerca de las diferencias de fino y manzanilla. Responder que se trata del mismo vino solo que en Sanlúcar se le da tradicionalmente el nombre de manzanilla… y ya, es saber de antemano que la respuesta va a traer cola. Que sí, que es la misma zona de origen, el mismo tipo de uva, el mismo método de crianza, pero al final Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda es una DO con un nombre, un prestigio y es bandera de un fuerte localismo, y por medio hay un asunto -la respuesta- que ha estado meses en la mesa del pleno del Consejo y al final se ha despachado en un razonamiento que cabe en un telegrama y, por si fuera poco, como parte de un quid pro quo que inicia el proceso para ampliar la zona de producción. Así de simple. Y no se ha disimulado con literatura sobre los vinos de crianza biológica, usos tradicionales, vinos cla-

ros y oscuros, qué va, al final lo que se envía a Bruselas es poco más que una tautología. Es comprensible el enfado de estas bodegas. Otra cosa es la recurrente victimización, la teatralidad y la politización con la que habitualmente se abordan en Sanlúcar los reveses que reciben en Jerez (o en Sevilla) y que poco o nada ayuda a la comprensión de su causa, ahora ya, instalada en un programa de máximos -consejo regulador propio para la manzanilla- del que habrá que ver cómo vuelven.

El mundo nuevo que hay ahí fuera -el que va a quedar después de la pandemia- no espera y no entiende de luchas internas, y menos ahora. Es fácil, incluso ventajista, decirlo, pero harían bien las partes en comenzar un diálogo sosegado, oyendo argumentaciones del contrario y cediendo… se solía llamar negociación.

La era de los supermercados eficientes

Mercadona invierte 33 millones en sus establecimientos de la provincia de Cádiz para adaptarlos a su modelo de tienda eficiente

Mercadona continúa inmersa en la adaptación de sus supermercados al nuevo modelo de tienda eficiente. Junto a una mayor reducción y aprovechamiento de residuos y a la implementación de un sistema logístico más sostenible, Mercadona comenzó a introducir en la provincia de Cádiz en 2017 su nuevo modelo de tienda energéticamente eficiente. En concreto, estas tiendas presentan una reducción energética del 40% respecto de una tradicional. El primer supermercado bajo el modelo de tienda eficiente de la cadena en la provincia fue el de avenida Virgen del Carmen, en Algeciras, a comienzos de 2017. Desde entonces y hasta la fecha, ya cuentan con este nuevo modelo de tienda 28 centros de la compañía en la provincia gaditana. En 2020, Mercadona reformó ocho de sus centros en Cádiz, uno de ellos el situado en la calle María Antonia de Jesús Tirado, en Jerez. Todo ello bajo un esfuerzo inversor superior a los 33 millones de euros en la provincia el pasado año. A estas reformas, se sumó la apertura realizada a finales del 2020 de un nuevo centro en Jerez, situado en la avenida de Tío Pepe, contando la compañía con 51 centros repartidos en la provincia de Cádiz.

El modelo de tienda eficiente es un concepto que no sólo incorpora nuevas secciones, sino también presenta un diseño más cálido y espacioso que permite a los clientes realizar su compra con mayor comodidad. Paralelamente, contribuye a reducir el consumo energético hasta en un 40% en iluminación y refrigeración respecto a una tienda convencional, gracias a medidas como la utilización de iluminación por LED, apagado automático de las estanterías al detectar ausencia de producto en la sección Listo para

comer, la colocación de puertas en las islas de congelado para reducir pérdidas de frío, la incorporación de condensación flotante en la instalación frigorífica que permite una optimización del consumo o el sistema de climatización optimizada. Los operarios de mantenimiento toman la temperatura de forma regular, por seguridad alimentaria y para reducir posibles averías que puedan producir un gasto energético innecesario.

Este año la compañía seguirá con su hoja de ruta trazada para seguir reformando sus supermercados y llevar a cabo su “brutal” transformación. Entre las reformas previstas en la zona, se llevará a cabo la de dos supermercados en Sanlúcar de Barrameda y el de la calle Divina Pastora en Jerez.

Compromiso con el medio ambiente

Reducir un 25% la cantidad de plásticos que utiliza, conseguir que todos los envases sean reciclables y reciclar todos sus residuos de aquí a 2025. Estos son los tres objetivos de la Estrategia 6.25 que Mercadona ya ha introducido en algunos de sus supermercados (dos de ellos en la provincia de Cádiz: el de avenida de la Ilustración en Cádiz capital y de calle Praga en Jerez). Un paso más en su actual proyecto de experiencia de compra respetuosa con el medio ambiente y con los principios de la economía circular. Pero, ¿en qué consiste esa nueva estrategia de reducción de plásticos y reciclado?

La primera y segunda de las acciones de esta estrategia se centran en que a lo largo de 2020 Mercadona haya eliminado las bolsas de plástico de un solo uso en todas las secciones, así como los desechables de plástico de un solo uso. La tercera acción, a desarrollar hasta 2025, supone el compromiso de la compañía a disminuir en un 25% el uso de plástico de sus envases eliminando el que no añada valor, sustituyéndolo por otros materiales e incorporando plástico reciclado. Además, la cuarta medida es el compromiso de la compañía a que en 2025 todos sus envases de plástico sean reciclables.

Para llevar a cabo esta estrategia, la empresa formará a los 90.000 empleados que integran Mercadona en España y Portugal. Además, ha transmitido los objetivos de la estrategia a sus proveedores, quienes ya trabajan en su desarrollo junto a los departamentos de Compras y Prescripción.

El álbum de Califato ¾, ‘Puerta de la Cânne’, está escrito íntegramente en andaluz EPA

ANDALUCISMO 3.0, UN CAMBIO GENERACIONAL?

Miles de jóvenes viralizan el 'andalûh' y la estrella tartésica a través de las redes sociales. Entre lo viejo y lo nuevo, el feminismo, el arte y la música, emergen como contrapoder

Texto: Sebastián Chilla

Los referentes del andalucismo de la Transición no terminan de verlo claro. El cambio generacional que ofrece una juventud que piensa y siente lo andaluz “a su manera” no convence a algunas de las voces que han sentado cátedra durante décadas. El historiador e investigador de la Universidad de Coimbra Javier García Fernández llama al fenómeno “andalucismo de la tercera ola”

Sin embargo, una de las figuras claves del andalucismo, el catedrático emérito de Antropología por la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno, manifestó en un artículo de Portal de Andalucía que no le gusta el término entre otras cosas "porque las olas van y vienen", haciendo hincapié en que el andalucismo lo que necesita hoy es "reforzar sus raíces y hacerse más sólido". Además, insistió en que, de haberla, esta sería la “cuarta ola”, al considerar al de la Constitución de Antequera de 1883 como primer andalucismo. No obstante, de la pregunta que titulaba su artículo: ¿Qué andalucismo para qué mundo?, derivan inevitablemente otras muchas.

“¿Puede que haya un cierto andalucismo cultural?”, se pregunta en un diálogo con este medio la escritora y activista feminista Pura Sánchez. La granadina, miembro de Asamblea de Andalucía y otra de las voces más reconocidas de Portal de Andalucía, puntualiza en referencia al fenómeno: “Puede. Ahora bien, si no se arma políticamente, eso no va a ningún sitio”. Tanto la pregunta como la apreciación contienen una carga generacional que no se puede obviar. En cambio, cuando se les pregunta a algunas de las voces del nuevo andalucismo por estas dudas, coinciden en que el simple hecho de que el nuevo andalucismo suscite tanto debate denota su existencia e importancia.

“Hay una imagen andaluza que se ha quedado atrás, la de la Transición. Luego hay una nueva generación de jóvenes que han acudido a las raíces, y han empezado a revisar textos de Blas Infante, del primer andalucismo, de las luchas jornaleras y, al mismo tiempo, han realizado investigaciones en torno al feminismo andaluz”, cuenta Javier García Fernández. En su opinión, el andalucismo cultural se está reinventando porque la sociedad andaluza se ve “agraviada” en torno a debates sobre la identidad y la cuestión territorial. “Tenemos el síndrome del colonizado, normalmente no hay propuestas en positivo, sino contra el agravio, contra el subdesarrollo. Las expresiones artísticas y culturales giran en torno a esas carencias”, añade.

El escritor, activista y profesor de la Universidad de Córdoba Antonio Manuel es otro de los referentes imprescindibles, dada la proyección de su prolífica obra sobre el patrimonio cultural e inmaterial de Andalucía. En una conversación con este medio, se sitúa a medio camino entre dos olas, la del andalucismo de ayer y el de hoy.

En referencia a los orígenes y las expresiones artísticas, sociales y culturales andaluzas, cree que el cambio generacional es un hecho. Para Antonio Manuel, los emigrantes andaluces del siglo XX llevaron a Andalucía con ellos. En cambio, los jóvenes andaluces que emigraron en los últimos años lo hicieron sin referentes. “Hay un andalucismo totalmente nuevo”, asegura. Un fenómeno singular que considera rico, heterogéneo y en pleno desarrollo.

La(s) mirada(s) del feminismo andaluz

El proyecto Como vaya yo y lo encuentre de la periodista

Mar Gallego es uno de los lugares donde se han encontrado muchas mujeres andaluzas para reivindicar un “feminismo andaluz”. ¿Feminismo? ¿Andaluz? “Cambiar la mirada y el sentir para empezar a dar valor a identidades y pueblos como el andaluz, cuyos saberes han sufrido un fuerte rechazo histórico”, dice la propia autora en el ensayo que publicó en 2020. Desde un enfoque de la interseccionalidad, Mar Gallego rescata la identidad andaluza y acerca a las luchas desde diferentes perspectivas.

Virginia Piña, activista feminista y andalucista, autora de Mujeres andaluzas que hacen la revolución, y colaboradora del medio feminista andaluz La Poderío cree que feminismo y clase son “indisolubles”. “Hacía falta una mirada andaluza en el feminismo”, sostiene. Pero ¿qué mirada(s)?

El feminismo andaluz de la tercera ola gira en torno a una perspectiva anticapitalista y anticlasista. En esa línea, la activista cree que el relevo generacional es imprescindible para la continuidad del andalucismo, pero matiza sobre la asociación de éste con el feminismo.

Así, aunque la popularización del feminismo andaluz es un hecho, no siempre suele relacionarse con el andalucismo social y cultural. “No hay un decálogo del feminismo andaluz, pero probablemente en el andalucismo de la segunda ola no había tantas perspectivas feministas ni estaban las que hay hoy. La realidad de Andalucía no era la misma, la población andaluza se ha diversificado y cada una estamos aportando nuestras propias formas de vivir”, explica.

Contrapoder: escribir en ‘andalûh’

Abrir un vinilo de Califato ¾ es para muchos encontrarse con una nueva lengua. Sin embargo, la lengua andaluza ya estaba ahí. Pese a los numerosos intentos de hacer una escritura en andaluz y el revuelo mediático que causó Huan Porrah tras la publicación de Er prinzipito, es el andaluz de modalidad EPA (Estándar para el andaluz), desarrollado a posteriori, el que se ha extendido como medio de reivindicación entre los jóvenes. Las redes sociales han viralizado el fenómeno hasta tal punto que miles de perfiles utilizan en sus descripciones el andaluz EPA acompañados de una estrella andalusí como reclamo del sentimiento andalucista. A esos perfiles se les suma la aparición de cuentas de

El portal de Mar Gallego, ‘Feminismo Andaluz y otras prendas que tú no veías', se autodefine entre tres conceptos: verbena, drama y matria.

La labor de divulgación de Virginia Piña con ‘Mujeres andaluzas que hacen la revolución’ llega a través de las redes sociales a miles de feministas andaluzas

puestas anteriores, pero esta nos pareció muy interesante, es una forma de empoderarse, de transformar una lengua ágrafa como consideramos el andaluz en una lengua escrita”, declara Curro de Califato ¾. La lengua es utilizada a modo de reapropiación cultural y contrapoder, sumado a un atractivo contenido estético.

Sin embargo, esta expresión de contracultura andaluza lleva implícitas algunas contradicciones. Un reciente anuncio de Cruzcampo puso algunas sobre la mesa. Califato ¾ junto a María José Llergo y Lola Flores -resucitada por la tecnología- hicieron gala del “acento” y del “poderío” andaluz. Para Curro estas contradicciones existen, pero considera que el asunto tiene demasiadas “aristas”. “Lo importante es que ha creado un debate sobre la discriminación sociolingüística del andaluz”, dice, haciendo hincapié en la visibilización. De hecho, apunta a que pese a ser una multinacional -una de las críticas más repetidas-, Cruzcampo también es un símbolo “denostado por ser andaluz en el resto de España”.

El año pasado, el onubense Ígor Rodríguez-Iglesias fue galardonado con el Premio Tesis Doctoral de Andalucía por su investigación sobre el andaluz desde la sociolingüística crítica y la perspectiva decolonial. El doctor en Lingüística y Lengua Española sitúa la desvalorización del andaluz en una lógica de inferiorización en la que al racismo lingüístico se le suma el clasismo y la aporofobia. El giro en torno al andaluz y lo andaluz se torna aún más complejo.

memes andaluces, la producción de camisetas de temática andaluza y la recuperación de la memoria colectiva a través de fotografías, música o vídeos. Rocío Jurado, Carlos Cano, Lola Flores o Enrique Morente, haciendo de lo suyo en Twitter e Instagram.

El grupo sevillano es uno de los protagonistas tanto en el rescate de ese legado a través de redes sociales como en la promoción del andaluz escrito. “Conocíamos otras pro-

Lola Flores ha sido “resucitada” digitalmente en el último anuncio de Cruzcampo. La cervecera ha lanzado un vídeo sobre cómo se hizo el deepfake.

Lo andaluz es político

La “ola” que viene, pero que por ahora no parece irse, también ha llegado hasta la primera línea política del parlamentarismo andaluz a través de la figura de Teresa Rodríguez. Aunque esa plasmación de lo social y lo cultural en lo político no haya gustado a todos, el espacio andalucista parece ser ahora un terreno donde todos los grupos políticos quieren pescar. El doctor en Historia Manuel Ruiz Romero, especialista en el estudio del andalucismo político, cree que hay ciertas pautas culturales que ya estaban presentes en los años 70 pero con un “indudable” cambio generacional: “Casi la mitad de la población andaluza de hoy no vivió el 4D ni el 28F; son gente joven con otras herramientas, sin melancolías ni necesidad de volver la vista atrás”. Para el historiador andalucista es evidente que se fragua algo “diferente, transversal, no necesariamente vinculado a unas siglas políticas pero que pone Andalucía en el centro de un debate soberano e imprescindible”.

El andalucismo que viene es diverso y múltiple pero también es incierto y cambiante. Eso es, probablemente, un síntoma de su incipiente éxito. Para Antonio Manuel -rebautizado como “el profeta” para Califato ¾ en su disco Puerta de la Cânne-, es un sueño que solo puede ser construido por las andaluzas y los andaluces: "Andalucía no es una arcadia a la que regresar, sino un horizonte que perseguir".

Camiseta de ‘Taifah’, tienda de ropa que ha nacido a la luz del andalucismo de la tercera ola.

Este 28 de febrero de 2021 no parece que haya mucho que celebrar ante el dolor y el sufrimiento que ha generado esta pandemia. Pero incluso si alzamos la vista y tratamos de hace un análisis de la situación de Andalucía 41 años después de la aprobación del primer Estatuto de Autonomía, el panorama que se dibuja no es ni mucho menos gratificante.

Es cierto que el avance que ha vivido Andalucía en estas cuatro décadas resulta evidente. El incremento de la renta per cápita, la reducción del analfabetismo o el desarrollo de nuestros sistemas públicos de Educación y Sanidad son mejoras indudables en estos 41 años. Sin embargo, son mejoras que poco tienen que ver con el propio desarrollo del pueblo andaluz sino con el progreso del conjunto del Estado español.

Porque, si movemos el foco de lo cuantitativo a lo comparativo, podemos observar que el desarrollo de Andalucía ha sido a todas luces insuficiente, un hecho que tiene un claro reflejo sobre la situación de los Derechos Humanos en nuestra región. En efecto, partamos de los derechos de índole económico como el derecho a la vivienda o el derecho a una vida en condiciones económicas de dignidad y podremos observar que Andalucía sigue en el vagón de cola del Estado español. De acuerdo a los datos del INE, Andalucía cuenta con 10 de los 15 municipios con mayor desempleo, y 34 de los 50 municipios con menor renta son andaluces. Por su parte, la Red andaluza de lucha contra la pobreza y la exclusión social señala que el 38,2% de la población andaluza están en riesgo de pobreza y exclusión, lo que supone un 12% más que la media española.

La brecha de la desigualdad se mantiene o se incrementa, hacia el resto de España y dentro de la propia Andalucía. El Atlas de Oportunidades muestra que la desigualdad se hereda, que los hijos de las familias pobres siguen siendo pobres, y que los de los ricos son aún más ricos. Todo ello en un contexto de descapitalización industrial que ha generado un monocultivo industrial del turismo y la consecuente burbuja inmobiliaria. Pese al pinchazo por la pan-

El oscuro panorama de los Derechos Humanos en Andalucía

Diego Boza

demia, los precios de la vivienda siguen desorbitados sin que las Administraciones inviertan en vivienda pública o vivienda protegida. Es más, el foco mediático se centra en fenómenos tangenciales como el de la okupación, cuando la realidad más grave es la de la cantidad de familias que no pueden hacer frente a los pagos de su vivienda o conviven en situaciones precarias.

Todo ello en un contexto que genera aún mayor aflicción en colectivos especialmente vulnerables. Las personas migrantes, las trabajadoras sexuales, las personas privadas de libertad o recientemente excarceladas, así como sus familiares sufren en mayor medida este empobrecimiento. Al mismo tiempo, son también objeto de un sistema cada vez más represivo y que adolece de mecanismos serios de control. El discurso oficialista tiende también a la criminalización de las tradicionales libertades políticas, de reunión o de manifestación y, por supuesto, de expresión en un contexto en el que la propia libertad de información está en cuestión.

Con todo, había un espacio en el que el progreso era evidente, era el social. La tolerancia ante la diversidad había crecido en Andalucía de forma notable en este tiempo. Sin embargo, Andalucía también vive un retroceso en este ámbito marcado por la entrada en el poder andaluz de la extrema derecha que ha venido a destruir los consensos en favor de la igualdad de género, la diversidad sexual y el valor de la migración. Ese es el discurso dominante en Andalucía, mientras que la acción es el debilitamiento de la escuela y la sanidad pública. La vía de los conciertos con la educación y la sanidad privada, abierta por los 40 años de socialismo andaluz, ha supuesto una auténtica sangría para dos sistemas esenciales en Andalucía. Para colmo, la pandemia ha agrandado esa herida.

Discúlpenme la apocalíptica fotografía, supongo que no es el adecuado en un día de celebración, de medallas de oro y de discursos ante la arbonaida, pero no me sale otra cuando enfoco a Andalucía.

Cuerpos de lucha y alegría

La pandemia desnudó un sistema que no atendía los cuidados ni a sus trabajadoras. Miles de mujeres también tuvieron que convivir con su maltratador. Hacen balance los colectivos feministas

Texto: Carmen Marchena Fotografía: Mari Carmen Pérez Sánchez

Un grupo de mujeres que se sienta a la fresquita para charlar sobre sus cosas. Una madre, una tía y una abuela que preparan pestiños junto a la nieta, mientras barruntan el porvenir. Las amigas que van juntas a comprar los 'mandaos' a la plaza, o dos hermanas que salen a pasear para despejarse y bajar la merienda

Hay un patio de vecinas que desde hace décadas funciona como sistema de cuidados y apoyo. Esta es la resistencia de lo cotidiano.

Existe un feminismo alejado de ensayos y de academicismos, que pone la vida y los cuerpos en el centro. La provincia de Cádiz alberga esos saberes entre sus mujeres. Diversas, sororas, trabajadoras, combativas e imperfectas. Gaditanas de nacimiento o adopción impregnadas de ese feminismo andaluz resiliente, con la alegría y el puchero por delante. Muchas en sus casas, en sus trabajos, labrando los campos, con la josifa en la mano, cuidando o enseñando. Otras, de igual modo, se organizan desde sus pueblos y ciudades para hacer visible su lucha.

La coordinadora de colectivos feministas de la provincia de Cádiz acoge a 15 grupos organizados de manera asamblearia. A raíz de un encuentro en 2016 para conectar a los colectivos feministas del territorio, y con la lucha contra la(s) violencia(s) machista(s) como nexo, pronto encontraron lugares comunes como la coeducación, la precariedad laboral, la xenofobia o el racismo, desde la interseccionalidad. Ya van cuatro ediciones desde que ese mismo año organizaron la I Marcha Provincial de Puerto Real a El Puerto de Santa María.

Se cumple un año del inicio de una pandemia que evidenció algo que las feministas denunciaban desde hace mucho: la violencia estructural en un sistema fallido que obvia los cuidados e invisibiliza a sus principales trabajadoras, las mujeres precarizadas, en su mayoría migrantes, racializadas y pobres. La llegada de un 8 de marzo digital cumplirá con las exigencias sanitarias, también para recordarnos que, hace un año, la derecha y la ultraderecha pretendieron criminalizar la legítima lucha feminista para atentar, una vez más, contra los derechos de la mujer. Una estrategia de odio fallida, generada del miedo ante la fuerza movilizadora y de transformación social del feminismo. 2020 obligó además a muchas mujeres a convivir con su maltratador y constató la no conciliación para muchas otras. Más dolor, hastío y motivos por los que luchar.

2021 será diferente, aunque similar en cuanto a poderío. La coordinadora plantea un “8M combativo” donde “las reivindicaciones se multiplican”. Evitarán actos masivos

pero dejarán su impronta en las calles. Habrá acciones en redes que apuntarán a esas labores imprescindibles y no reconocidas: “Necesitamos visibilizar la condición de esos trabajos y denunciar la precariedad existente”. Las trabajadoras del hogar, en residencias o a domicilio, las limpiadoras, lavanderas, vendedoras y cajeras, son recordadas desde la coordinadora.

Critican los recortes de las instituciones andaluzas en políticas de igualdad y contra la violencia machista: “Han tratado de invisibilizar esta realidad confundiéndola con otras violencias intrafamiliares”. Pero se sienten optimistas y ven en el 2021 una oportunidad para “conseguir una provincia más feminista en la que sean revalorizados los trabajos tradicionalmente feminizados”. Una sociedad donde “se dé la corresponsabilidad en las tareas domésticas para que más mujeres dediquen tiempo a cuestiones políticas o comunitarias”. Y bajo este propósito, las integrantes de la coordinadora seguirán “presentes, independientes y activas para luchar contra todas las formas de opresión y eliminar los privilegios”.

Marea Violeta Sanlúcar · Marea Violeta Campo de Gibraltar · Marea Violeta Sierra de Cádiz · Asamblea Feminista Las Tres Rosas (El Puerto de Santa María) · Kódigo Malva (Chiclana) · Tertulia Feminista Arcense · La Faraona (Jerez) · Café Feminista de Cádiz · Café Feminista de San Fernando · Abrir Brecha (Jerez) · Mujeres Feministas de Cádiz · Colectivo Feminista Trebujena · Colectivo Ecofeminista de San Roque · Marea Violeta Jerez.

Feminismo como puedas

Kódigo Malva se constituye como asociación en Chiclana de la Frontera el 21 de enero de 2014, coincidiendo con el cumpleaños de Lola Flores. Está formada por un grupo intergeneracional de 10-12 mujeres y 32 socias, con una visión de trabajo desde lo local, haciendo “feminismo como puedas”. Viven su activismo como un proceso transformador, ya que para ellas “no hay una única forma de hacer feminismo”, sino que “cada una lo hace con sus fallos y potencialidades”. Se reconocen transfeministas y no se sienten representadas en ningún feminismo hegemónico “de los que te dan el carnet”. Son “perfectas-imperfectas” y aunque chiclaneras la mayoría, tienen compañeras por diferentes ciudades. Reivindican el folclore y la alegría ante “esas inercias de caras serias y puños en alto”. Y en sus Verbenas Feministas bailan sevillanas performativas en círculo y recuperan espacios de encuentro como la cocina, la playa o la casapuerta, para charlar ‘A la fresquita’. El do it your self a la chiclanera lo ejecutaron con unos cuantos de cubos al son de los ritmos de la tierra. Y aunque el confinamiento fue un tiempo “jugoso” para la asociación, “el grupo sostuvo y mantuvo a las miembras en los saberes, emociones y necesidades”. Las videollamadas son aún sus grandes aliadas y la vía para compartir una cervecita.

Cada San miércoles bendito se reúnen en asamblea, además de realizar formaciones en ensayo, cinefórum feminista o club del libro. La vulnerabilidad y la precariedad las unió, además de animarlas a investigar sobre la que consideraron la peor parada de esta crisis: la ancianidad. Empleo en el hogar, trabajo sexual o mujer en el deporte, son ejemplos en su eje de trabajo anual, cuyas memorias están disponible en su blog. Prefieren tener incidencia desde lugares no institucionales, después de años de participación en el Consejo Municipal. 2020 les ha hecho “ser conscientes de sus privilegios, respetar y conocer otras realidades”. Para ellas ha sido “un año doloroso que ha demostrado que el feminismo solo vale desde los cuidados y la inclusividad”. Y han visto “cómo las instituciones se han desposeído tanto de los servicios públicos como de quienes ponían el cuerpo para cuidar. Por eso, o salimos colectivamente o desde el individualismo no podremos”, concluyen.

Una mirada inclusiva y comarcal

Marea Violeta Campo de Gibraltar nace como necesidad política después del 15M y se constituye como asamblea comarcal, integrada por entre 15 y 20 mujeres, aunque sean ocho las activas. Se definen transinclusivas e interseccionales y sienten el feminismo como una lucha presente en todo lo que hacen. Se van moviendo según sus exigencias, ya que cada una vive en una localidad: Algeciras, San Roque, Tarifa, La Línea… Pero juntas forman un espacio de aprendizaje, entendimiento y acompañamiento. Su realidad territorial, con una bahía fuertemente industrializada, hace que tengan una conciencia ecologista asociada; o la complejidad de ser zona fronteriza con África y Gibraltar,

y albergar barrios catalogados como desfavorecidos a nivel europeo. La mirada afrofeminista la aporta una compañera dominicana-andaluza, y pretenden llegar a las mujeres de los barrios para una mayor diversidad. Aunque se han adaptado a las asambleas digitales, durante el confinamiento han echado de menos los abrazos. Ralentizar los tiempos les ha permitido reflexionar y programar nuevas acciones: un debate al mes o invitaciones a especialistas para ampliar conocimientos sobre feminismo andaluz, maternidad y crianza feminista, nuevas masculinidades, feminismo transinclusivo, afrofeminismo, lenguaje inclusivo, diversidad corporal, feminismo anticapacitista, trabajo sexual… Siempre destacando las acciones de barrio o Cómete el micro, un ejercicio de empoderamiento para hablar en público. Además, trabajan en red con otros colectivos y tienen prevista una investigación sobre las mujeres campogibraltareñas. Para el 8M quieren decorar diferentes puntos de la comarca con motivos morados e infografías, que visibilicen los perfiles profesionales invisibilizados y feminizados en primera línea de trabajo, además de elaborar un video-protesta para redes. Como colectivo sostienen que la pandemia “ha puesto en el centro las necesidades básicas y le ha dado una hostia al sistema neoliberal”, y tienen “la esperanza de que la gente entienda esta realidad y empiece a cambiar”.

Libres e independientes

La primera aparición oficial de Mujeres feministas de Cádiz, un grupo de amigas que “no podían quedarse quietas” y decidieron hacer un colectivo independiente de partidos políticos, fue en La Noche Violeta de 2019. 20 muje-

res que se reconocen diversas: lesbianas, heterosexuales, sindicalistas, pensionistas, jubiladas... Unas defienden la abolición de la prostitución y los vientres de alquiler a diferencia de otras, pero el respeto es fundamental para todas, porque sienten su activismo como “una lucha diaria y constante en defensa de los derechos de la mujer y contra cualquier violencia de género”. Algunas se muestran críticas con la Ley Trans, pero existe unidad en “la concienciación del grado de problemas de las mujeres ante el machismo”. Los índices de paro y el empobrecimiento femenino les atraviesa como colectivo, ya que la vulnerabilidad, dicen, se ha acrecentado tras el confinamiento. La prostitución es otra realidad que abordan, ya que “sacar a las mujeres de la prostitución es difícil con la situación económica y laboral de Cádiz”. Durante la pandemia se han coordinado a través de WhatsApp y videoconferencia. “Tenemos compañeras que trabajan en comedores sociales, otras ayudan a mujeres que han sufrido violencia machista, sindicalistas dentro de los comités de empresas para contribuir en los planes de igualdad, el fin de la brecha salarial o del techo de cristal”, explican. Este 8M lanzarán un vídeo reivindicativo en redes y harán un llamamiento para poner pañuelos y telas moradas en los balcones. Del 2020 destacan la carga del teletrabajo para muchas mujeres y apelan a la corresponsabilidad como única solución. Como el resto de compañeras, la mirada ha estado en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador.

Feministas, y de pueblo

La Marea Violeta Sierra de Cádiz comenzó en 2018 en una caravana de coches que organizaron para acudir al 8M de Jerez. Al año siguiente, con los encuentros de mujeres rurales, algunas de las asistentes que no se nombraban feministas hasta entonces, empezaron el diálogo y sintieron que “ya no estábamos solas”. Las edades son dispares (jóvenes, mayores y madres que, con sus hijas e hijos, también se incorporan al movimiento). El contexto de sierra complica su coordinación por sobrecarga laboral, precarización o falta de vehículo. Están “desorganizadamente organizadas” y las nuevas tecnologías les han favorecido, aunque existe un sesgo generacional que impide a algunas compañeras sumarse a las videoconferencias. Buscan visibilizar la diversidad existente en los pueblos –mujeres lesbianas, solteras, divorciadas– y aseguran que nombrarse feminista en el entorno rural es un reto, ya que “puede ir muy en contra de las concepciones tradicionales de los pueblos”. Aún no se atreven a gritar en las concentraciones de la zona y, aunque anónimas, todos saben quiénes son. “Hacemos acciones de guerrilla: pegada de carteles, puesta de lazos… Y optamos por la creatividad y la concienciación”. Han sido pregoneras del Orgullo Serrano 2019 y realizaron un corto para visibilizar a las mujeres LGTBI en La Sierra. Los pueblos que comprenden son Bornos-Coto de Bornos, Ubrique, Puerto Serrano, El Bosque-Benamahoma, Alcalá del Valle, Algar,

Villamartín y Arcos, con dos representantes por localidad. “Estamos deseando vernos las caras y tomar un café juntas”, reconocen algo cansadas del mundo digital. Se han concentrado sobre todo por la violencia machista y lamentan que el 2020 haya destapado “la cruel realidad de tantas mujeres conviviendo con sus maltratadores”. Entre sus acciones destacan la tertulia feminista a través de la lectura o los talleres ecofeministas. En Mi cuerpo, mi templo trabajan la conciencia, en El machismo. ¡Qué cruz!, aprovechan las cruces de mayo, en su Buñuelá empoderá intercambian experiencias en vivo y se adaptan al contexto digital con los Viernes de comadreo. 2020 les hizo parar y repensarse, pero a nivel interno están fortaleciéndose “en vista de lo difícil que se está poniendo la situación para las mujeres”. Para el 8M plantean más pegadas de carteles, concentraciones simbólicas y acciones concretas. “Esperamos que esta nueva forma de pensarnos a nivel sierra nos ayude a hacer más cosas en nuestro territorio, y tener mayor incidencia política y reconocimiento de nuestra conciudadanía”, recalcan.

Las del perejil y el pasacalle

La Marea Violeta de Sanlúcar surge en 2014 en la plaza del Cabildo –cuando la polémica de la Ley Gallardón– con un grupo de mujeres repartiendo perejil en una suerte de protesta-recordatorio del aborto clandestino. “Queremos concienciar a la sociedad de que tenemos una igualdad formal que no es real, pues desde que nacemos nos educan en función de un sexo hacia un género u otro”, afirma este grupo de mujeres que sostienen que, desde ese momento, se instaura “la desigualdad y el binomio”. Se consideran un colectivo intergeneracional formado por 14 mujeres de entre 20 y 70 años, con experiencias propias de distintas edades, ámbitos laborales y situaciones diversas. Sanlúcar se encuentra en un entorno rural de fuerte paro y marginalidad poblacional. “Nos atraviesa de manera especial el tema de la calle, por eso queremos acercarnos a las mujeres que van a la plaza a comprar”, aclaran. La violencia de género, como en otros pueblos pequeños, está muy oculta, por eso crearon un pasacalle para visualizar a las mujeres asesinadas por violencia machista. Además, los 25N organizan un micro abierto donde las mujeres salen a la plaza a contar sus experiencias. Están centradas en la lucha contra la violencia machista, pero también organizan talleres en los institutos, monólogos, teatros o presentaciones de libros. Para el 8M están preparando un mural que destape los trabajos esenciales, que siguen igual de precarizados, con la intención de llevarlo a los institutos del pueblo. Denuncian a su vez el intento de la derecha de criminalizar al movimiento feminista con tal de atacar, una vez más, los derechos de las mujeres. Y ponen la vista en los cuidados y en la trampa del teletrabajo: su deseo para 2021 radica en el reconocimiento de los trabajos esenciales y en un reparto corresponsable del trabajo doméstico.

Acompañamiento y arraigo en el territorio

Un grupo de mujeres de diferentes colectivos formaron en 2015 la asamblea Las Tres Rosas en El Puerto de Santa María. Actualmente son 20, tienen entre 23 y 68 años, y se representan en un feminismo de base, andaluz y con arraigada vocación municipalista. Desde una posición interseccional y antirracista defienden que su lucha “está en todas las desigualdades y opresiones que afectan a las mujeres en toda su diversidad”. Son críticas con lo normativo y con las instituciones, de la que hacen “un diagnóstico bastante intenso para incidir en sus medidas”. Con la pandemia comenzaron a reunirse telemáticamente cada viernes, y durante la semana continúan en contacto, compartiendo noticias y generando debates. Durante el confinamiento recibieron muchas llamadas de mujeres en situación de

violencia machista, para las que se ofrecen como espacio seguro y de acompañamiento emocional –“no profesional”– basado en la escucha activa. Las Tres Rosas persisten en la defensa de los servicios públicos de manera transversal. Y de cara al 8M están preparando una campaña en redes para visibilizar a los colectivos más castigados durante la pandemia “por su situación flagrante y la cantidad de derechos que se les está vulnerando”. El 2020, en su opinión, “puso de manifiesto una realidad cruda y violenta: las desigualdades sociales y de género siguen en aumento, así como el paro femenino, los sectores más precarizados son los desarrollados por la mujer y el teletrabajo ha multiplicado las responsabilidades y cargas de las mujeres en casa”. Los cuidados han sido vistos por las instituciones como una rémora, cuando ellas opinan que, “no es que sin cuidados no haya vida, sino que la vida misma son los cuidados”. Para este año apelan a la reformulación de estrategias y diagnósticos situados con el fin de “cambiar socialmente las cosas y mejorar la vida de las mujeres”.

Formación sin perder las calles

En 2014, un grupo de personas se manifestó en la jerezana plaza del Arenal ante la imposibilidad de asistir a las marchas contra la violencia machista de Madrid. A partir de ese encuentro se organizó una asamblea abierta que derivó en la constitución de la Marea Violeta Jerez: movimiento social, feminista, plural y abierto a todas las personas que, de manera individual, quisieran unirse a la lucha por la igualdad. Está formada por 20 mujeres de mediana edad organizadas en comisiones –organización, formación y comunicación–, que entienden su lucha como “reivindicativa, de calle y formativa”. Los altos índices de paro les atraviesan como problema estructural en su territorio, aunque reconocen que la situación geográfica de Jerez las hace privilegiadas en cuanto a comunicación y medios. Sin embargo, señalan la dificultad que tienen para llegar a la ciudadanía. Entre sus acciones destacan la colocación de zapatos rojos en las plazas para reivindicar a las mujeres asesinadas por violencia machista, como ya hicieron las compañeras mexicanas, o las jornadas de música y comi-

da comunitaria en sus multitudinarios 8M. Además, organizan hasta tres formaciones al año, “cafelitos debate” y talleres en los institutos, enfocados a desmontar el amor romántico y dotar a la juventud de vocabulario feminista. También promueven la campaña La calle, la noche y la feria también son nuestras con el reparto de brazaletes morados, en colaboración con la caseta LGTBI, para hacer de esta fiesta un espacio más seguro. En el plano institucional forman parte del Consejo Local de la Mujer. Para ellas, el 2020 ha sido “el año que fortaleció la red de mujeres y en el que las instituciones no estuvieron a la altura”. Y esperan que “los gobiernos sigan apostando por políticas de igualdad que sean reales y estén dotadas de respaldo económico de cara a esta crisis”. Para el 8M tienen prevista una concentración en un espacio amplio alejado del centro que les permita mantener la distancia de seguridad. Sacarán un coche por la ciudad para lanzar consignas feministas, pegarán carteles y desarrollarán una campaña de concienciación en redes. “No será lo mismo, pero tampoco abandonaremos las calles”, aseguran.

ZARANDA, LA RESISTENCIA

Una mañana en un ensayo del nuevo espectáculo de la compañía teatral, una de las más sólidas y longevas de España. En la nave jerezana ultiman ‘La batalla de los ausentes’, una sátira política por la dignidad y contra la intolerancia

Texto: Paco Sánchez Múgica

Fotografía: Juan Carlos Toro

Cuando cruza el tren, el escenario tiembla. La nave de La Zaranda, a escasos metros de la vía férrea Madrid-Cádiz, tiene ladrillos vistos por fuera y un universo interior que hipnotiza al que cruza su enorme doble puerta de hierro. Un territorio que transporta a ninguna parte, pero en el que residen más de cuatro décadas de oficio y artesanía teatral

El altar encendido en todo lo alto para la Virgen de Guadalupe, la cartelería con más de una quincena de montajes, los restos de otros espectáculos que alcanzaron la orilla y el atrezzo de la función por hacer. Un camerino espectral, una paisaje de la memoria en forma de premios y un archivo documental recopilado por el paso del tiempo. Es el sancta sanctorum de La Zaranda, donde cada ensayo es una misa concelebrada. Cuatro almas en busca de autor. Cada ensayo es un paso más hacia el ensayo general, “que es el día del estreno. Esto es prepararnos para ese ensayo”. La coreografía arranca de forma casi automática. Si hay una parada por un problema técnico se solventa sobre la marcha, con apenas dos medias voces: “¿Yaa…? ¡Vamos!”.

En la tabla está nuevamente el núcleo duro actoral de la compañía: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Paco Sánchez (que se desdobla en director de escena con su alias de Paco de La Zaranda). Frente a ellos, en la mesa técnica, modesta y vetusta como todo en esta nave-laboratorio, da alguna pauta lejana Eusebio Calonge, dramaturgo del grupo. Van para 43 años repitiendo un rito íntimo bienal: encierro con un texto que sirve de armazón y construcción de un andamiaje que luego solidifica en los escenarios nacionales e internacionales. “Ya el público dirá qué es este trabajo, pero estoy contento por la cantidad de cosas que han venido, que el teatro nos ha vuelto a regalar. En el texto no estaban muchas cosas contempladas y jugando con ese texto han ido apareciendo, y eso es fascinante”, resalta Paco, uno de los cofundadores, junto a Gaspar y Juan Sánchez, de la compañía.

“Lo complicado es pulir, limpiar todo, sacar brillo, que desaparezcan los actores y haya una sola energía…”, reconocen los miembros de una de las escasas, y más longevas, compañías estables de teatro de creación que existen en España. El reto y la propuesta siguen intactos: dignidad artística y un discurso unívoco para preservar un lenguaje teatral que ha creado escuela en el mundo de las artes escénicas. Un fenómeno de glocalización artística que partió de un microcosmos local, de una poética y un imaginario muy ligado a la Baja Andalucía, para trascender a lo universal.

Hay novedad en el frente. La Zaranda contragolpea, en medio de la guerra invisible contra el coronavirus y la práctica

paralización del mundo de la cultura en un tiempo desconcertante, con La batalla de los ausentes, su decimoséptima producción. Llega tras El desguace de las musas, que se vio atacada por la pandemia y ya causó baja en cartel. Lejos de arredrarse, “el miedo es peor que la muerte”, a un mes escaso de su estreno en el teatro Palacio Valdés de Avilés, el grupo ya tiene el siguiente trabajo a término. A punto de un nuevo alumbramiento.

“Hay mucho curro, es un trabajo muy físico y con mucho texto, y ya somos sesentones”, bromea Gaspar, que junto a sus compañeros de filas maneja las armas del teatro como curtido general. “Queríamos librarnos del teatro de objetos, pero no podemos, siempre vamos cargados de porquería, empezando por los actores”, confiesa con su retranca habitual Paco de La Zaranda. Las “porquerías” son esta vez material de guerra. Botas militares y una silla de ruedas de la Primera Guerra Mundial, camillas plegables francesas e inglesas, condecoraciones militares de los más diversos países… Un arsenal escenográfico tan sobrio como capaz de convertirse en trinchera o corte, en hospital de campaña o monumento a los caídos. Al frente de todo, el banderín de Zaranda, enarbolado desde 1978 y con dos cintas colgantes: las de Juan de La Zaranda y Héctor Grillo. Dos ausentes siempre presentes.

Hay un vino de uva Malbec, de la región argentina de Mendoza, que La Zaranda decantó en una de sus innumerables estancias en Buenos Aires. En la vitola de El Enemigo, que así se llama el tinto, reza: “Al final del camino solo recuerdas una batalla, la que libraste contigo mismo, el verdadero enemigo; la que te hizo único”. Una cita que bien podría dar pie y sentido a esta nueva creación zarandiana, donde los personajes son supervivientes de una guerra que nadie recuerda, pero que ellos siguen librando en su imaginación contra un enemigo que si no aparece, se le busca. Un espectáculo “bélico-poético” o una sátira política donde Antígona, Tito Andrónico, El cerco de Numancia y La escopeta nacional son revisados con el filtro Zaranda. Con sus constantes teatrales intactas y el pulso exacto de quien no cambia el paso caiga quien caiga.

“Creo que tiene mucho de farsa política, que es un palo que nunca había tocado La Zaranda, con muchas citas literarias: Shakespeare está siempre, en todo ese exceso de truculencia; en ese manejo del personaje como muñeco también está Ghelderode, o en el ámbito bufonesco que se crea en esa corte imaginaria, donde hay una crítica muy frontal, que creo que también es una gran diferencia con los anteriores trabajos de Zaranda. Este es un trabajo más crítico, muy de ataque…”, cuenta Calonge, que habla de una Batalla de los ausentes que encierra también “ese humor tan nuestro que es siempre una crítica muy cerril, con poca apertura, un humor muy negro y desesperado”.

Por supuesto que hay estética kantoriana, “del propio imaginario de lo que siempre ha sido Zaranda, y está la épica de la derrota, y una estética de esta metáfora bélica”. Y todo se conforma, en el fondo, como un gran alegato antibelicista. Esperanza en medio del caos. El hecho teatral como bálsamo, pero también como desinfectante y cicatrizante. “Está todo lo que uno puede verse venir cuando se vive en un mundo de odio y violencia en el que uno desde

luego intenta no echar más leña al fuego. Sí es cierto que aquí la poética se ha vuelto muy de confrontación, muy crítica con lo que está instaurado y la metáfora es más virulenta y más dura, porque el juego bufonesco implica estar muy cerca de ese teatro político”.

Reivindicación y autodefensa

“La dignidad es una palabra que nos ha movido a hacer esto viendo un mundo que se deshace. El mundo de la cultura cada vez se va deteriorando más por el comercio y esta era la trinchera donde nos metíamos, que es la trinchera no solo de Zaranda, sino de la gente que lícitamente defiende el arte, la cultura y los valores humanos contra los valores mercantiles”, desgrana el dramaturgo, que recientemente publicó Aquí yacen (dramatis personae), una “exhumación y reducción a restos literarios” de los personajes que han ido configurando el imaginario de la compañía en todos estos años.

Los artífices de elevar a símbolos o prototipos esos personajes son apuntados nuevamente por los focos. Regreso a la primera línea de batalla, vuelta a las maniobras teatrales casi subversivas en estos tiempos como refugio ante la que cae fuera. “Ha sido duro, pero aquí estamos otra vez, en la misma batalla de siempre, enfrentándonos a lo que venga”. Qué alegría reagruparnos (…) revivir nuestras hazañas. Habla el texto de Calonge, pero habla el sentimiento más profundo de Zaranda y sus estandartes. La palabra como mecanismo de reivindicación y autodefensa. La palabra, una vez más, como arma cargada de futuro. “Es verdad —apunta Paco— que el año 20 ha sido raro, pero ese distanciamiento ha sido bueno, ha venido bien, y el hecho de reencontrarnos de nuevo y ponernos a trabajar…, teníamos ganas”. “Es muy bonito cómo estamos trabajando ahora, nosotros solos aquí otra vez, más concentrados y libres. Con la dificultad de crear nuevos personajes, que eso sí que es una batalla, y poder sacar algo nuevo de ti”, apostilla Gaspar.

No sabían que nos quedaban fuerzas para librar otra batalla. Y otra batalla es un nuevo trabajo… “Hay que escuchar mucho al trabajo, falta un mes y pico para estrenar y hay tiempo suficiente para parar, sopesar escena por escena todo lo que estamos haciendo; ya conocemos el juego y el camino, pero todavía hay mucho juego por descubrir. Ahora estorbamos nosotros y hay que dejar que el trabajo salga”, insiste el director de escena jerezano, acostumbrado junto a su compañía al funambulismo de las artes escénicas, a la inestabilidad del arte en vivo.

Permanecer será nuestro modo de batallar a ese enemigo cobarde, reza otro momento de la dramaturgia. “Enemigos invisibles siempre va a haber, pero en estas circunstancias todo esto es como más real. Volvemos al trabajo sabiendo que no es tanto hacer más obras, sino como decía San Juan de la Cruz, más que hacer obras, hacernos desaparecer en ellas. Hay mucho ruido todavía dentro de nosotros, hay que ir limando”, plantea Quique, otro de los fijos en la vanguardia de Zaranda, tan ajena al triunfo, la fama y la taquilla, tan ajena a las modas que envejecen tan rápido. Premio Nacional de Teatro hace una década, el grupo encara este nuevo montaje tratando por enésima vez de buscar alternativas a lo que hay fuera.

“Para todo el mundo (la pandemia) ha sido una catástrofe, pero lo importante no es lo que ha pasado, sino lo que está por venir”, augura Eusebio. “Estamos completamente desarticulados por factores que no tienen nada que ver ya con el arte o la cultura, se va a intentar salvar cierto mercado donde los que tienen mejores cartas son siempre el poder y el dinero. El teatro de creación, que ya de por sí estaba desmantelado, tendrá una supervivencia dura a ese nivel. Pero eso va a generar también que haya menos complacencia por la gente que empieza a hacer teatro y que desde luego no quiere hacer musicales de Broadway, sino un teatro con más vigor y con más virulencia ante lo que pasa. El teatro siempre sale por otra parte y siempre tengo esa esperanza en la gente joven”.

Contra el teatro del “bostezo y del ocio”, contra el streaming y el teatro “de la tele”, un tema siempre recurrente en Zaranda: “La dignidad del hombre como ente espiritual que busca algo más en la vida que las posesiones materiales”. Tenemos un arma que no conocen: la dignidad. Otra declaración de intenciones de La batalla de los ausentes. Y en esta nueva batalla, más munición: “Está la poética de Zaranda pero implícitamente más bufonesca y tratando un tipo de teatro que, como ya tenemos edad, pues nos vamos por otro tipo de palos sin miedo. Somos conscientes de que, pase lo que pase, el teatro, el arte, siempre muere para renacer”. Un teatro social y político que demanda la vacuna de la tolerancia y la cultura como algo esencial, dice Gaspar, “contra el embrutecimiento y la bestialidad del ser humano”.

Un teatro donde la desaparición del actor para que sea poseído por el personaje es algo tan consustancial como para el ser humano la muerte. “Tenemos que prepararnos para eso porque es natural”, incide Quique. Gaspar, en su construcción del personaje, recuerda lo que decía el cantaor salvaje: “Agujetas, cuando le preguntaban por cómo encaraba el cante, decía: abrir la boca y esperar que salga Pues más o menos. Poner todo tu impulso para que dentro de ti brote algo distinto”.

“No sé lo que estoy haciendo —admite Paco de La Zaranda—, es una batalla conmigo mismo. Es un trabajo muy directo. Evidentemente tiene una carga social muy importante y muy directa, sin trampa ni cartón, pero no estamos tampoco hablando de nada concreto porque la sociedad que nos toca vivir es la sociedad que se está viviendo en el mundo. Particularmente me gusta verlo como una batalla que libras contra ti mismo. Y la batalla al final es la batalla de toda la gente que ha luchado por la dignidad”. En todo caso, advierte al finalizar el ensayo, “nos hemos encargado de memorizar textos, crear esos juegos escénicos que se dan en la obra, pero ahora llega el momento en el que nosotros nos tenemos que quitar de en medio. El que asista al trabajo, una vez más, verá lo que tenga dentro y lo que quiera ver”.

La última palabra la tendrá el público. La batalla final continúa. Zaranda sabe que la guerra ni mucho menos está ganada. Conviene no bajar la guardia. La factoría jerezana del grupo echa humo estos días preparando artillería pesada para convencer a los escenarios de medio mundo de que solo la dignidad y la mirada instantánea del otro

mueven al teatro. “Si no tiene la mirada del otro, el teatro no es. Es un arte que es aquí, en este instante, no trabaja en la soledad de quien lo pueda encontrar en el futuro. Si no trabajas para eso y para que eso sea un revulsivo, lo que está instaurado es ese nivel de teatro del ocio, de nuevos costumbrismos, un teatro completamente anquilosado y teatro del bostezo. Ante eso, la posibilidad de que vuelvan a aparecer generaciones de gente de teatro, no de actores o autores, sino verdaderamente gente que se entrega con su trabajo a la sociedad para hacer teatro”. Es sábado a mediodía en la nave. Cruza otro tren a toda velocidad. El escenario de trabajo tiembla como si cayeran bombas de racimo. Resistencia a pecho descubierto.

Los amigos de lavozdelsur.es me piden un balance de este año pandémico en lo que a la cultura y el teatro se refiere, en mi calidad de directora-gerente de la Fundación Fundarte que gestiona el Teatro Villamarta y los programas culturales flamencos durante todo el año en la ciudad.

Lo primero que tendría que señalar es que la pandemia ha puesto de manifiesto lo vulnerable y poco prioritario que es el sector de la cultura, ¿nos incumbe si sobrevive en estos tiempos de dificultades e incertidumbres?

El que no se haya considerado un sector esencial -con un tratamiento diferente en los peores momentos de la pandemia- ha sido la gran oportunidad perdida. Si los partidos políticos lo hubiesen promovido, con el Gobierno liderando esta propuesta, hubiese servido –con todas las limitaciones de aforos y protocolos de seguridad correspondientes- para dos cosas fundamentales: ayudar a la población a sobrellevar esta pandemia; y, en segundo lugar, proteger a un sector que, además de muchos factores intangibles, tiene un significativo peso en el PIB del país y en el que trabajan en torno a 700.000 personas. Esta oportunidad perdida refleja claramente todo lo que nos queda por hacer en el sector cultural en nuestro país.

Tengo que señalar que, a pesar de ello, el Ayuntamiento de Jerez ha hecho un verdadero esfuerzo por mantener una programación digna que ha ayudado a artistas y ha ofrecido desde el verano -y con todas las limitaciones impuestasevasión, sensibilidad, serenidad, emoción y alegría a una población muy castigada.

He echado de menos algún gesto desde el Gobierno central para coordinar unas mínimas normas con las comunidades autónomas. Ello hubiera permitido, por ejemplo, que las entradas de un espectáculo sirvieran de justificante para la movilidad entre poblaciones –medida que sí se ha implantado en Cataluña o Madrid- y que aquí impidió, entre otras cosas, que ciudadanos de Jerez que viven en El Puerto no pudieran asistir el domingo 24 de enero a la ópera que con tanto esfuerzo pudimos poner en pie. También echo de menos el poco conocimiento del funcionamiento de los teatros, que ha provocado continuos cambios de normativas, horarios difíciles y aforos muy reducidos; dificultades añadidas a la ya de por sí complicada labor de artistas y programadores, dando como resultado el alejamiento del público de las salas, perdido y desconectado de la actividad cultural ante tanto cambio.

Soy de la opinión de que el miedo como estrategia para vencer al virus es una idea equivocada. Como dice mi ad-

La cultura es segura

Isamay

Benavente

mirado filósofo y pedagogo José Antonio Marina, “cuando se tiene miedo no se favorece la solidaridad, sino la actitud de autodefensa”. Y eso es justamente lo que hemos conseguido. Creo que se ha perdido una ocasión para tratar a los ciudadanos como adultos, responsables de sus propios actos, conscientes de la gravedad de la situación y solidarios por tanto con los demás. En lugar de eso, nos hemos encerrado con miedos en nuestras casas, nos hemos paralizado y sentado frente al televisor, sacando al policía que, en mayor o menor grado, todos llevamos dentro.

El sector cultural, bajo el lema La cultura es segura, ha hecho un gran esfuerzo de adaptación a la normativa sanitaria, implantando protocolos estrictos de seguridad que han hecho de los teatros espacios muy seguros. Esto se ha traducido en que no hay -según las estadísticas- apenas incidencia del coronavirus en el sector. Sin embargo, este alto índice de seguridad de los espacios escénicos no ha servido para inspirar las diferentes medidas que cada gobierno autonómico ha generado para controlar el virus. Y digo todo esto porque creo que la cultura, que tanto nos ayudó a sobrellevar el peor período del confinamiento, hubiese sido un instrumento de primer orden para una desescalada razonada y esperanzada en el futuro.

Desde el Teatro Villamarta apostamos por la cultura para curarnos las heridas e intentar una recuperación razonable de los espíritus y las almas, tan dañadas con encierros, pocos contactos y falta de vuelo. Ojalá nuestra programación sirva para recuperarnos de tantas ansiedades, preocupaciones y miedos. En ello confiamos y, pese a la incertidumbre, luchamos por mantener una ventana en este espacio que sirva para soñar con otro tiempo mejor. Por esta razón será un gran logro celebrar nuestro Festival de Jerez en mayo, que no será el mismo ni con tantos visitantes pero su sola celebración, a buen seguro, dará un poco de respiro a artistas, público y ciudad. Y también trabajamos ya en el XXV aniversario de la reinauguración del teatro, que se cumplirá el próximo otoño, ofreciendo una programación especial con muchos guiños a aquel momento de ilusión y apuesta por el futuro que queremos recuperar.

Porque creemos que la cultura es esencial y un teatro público debe velar por su impulso y desarrollo. Creemos, además, que la cultura es trabajo, empleo, riqueza y tantas otras cosas. Convencidos de que una ciudad sin cultura no es una verdadera ciudad.

Las Calandrias, la 'factoría' donde se trata lo que ya no quieres

Las líneas de selección de desechos tratan de compensar los incumplimientos ciudadanos a la hora de tirar la basura. Cada español genera de media casi media tonelada de residuos cada año

La planta de Las Calandrias es un vasto espacio ubicado en el suroeste del término municipal de Jerez, a un paso ya de Doña Blanca, y a otro de la barriada rural de El Portal. Es una fábrica escondida entre las carreteras secundarias, por donde pasan decenas y decenas de camiones cargados de residuos, tanto orgánicos como del contenedor amarillo.

El proceso empieza con la entrada de camiones en plataformas para conocer el peso. Posteriormente, se dividen entre las cargas de contenedor amarillo y de fracción resto, puesto que existen vehículos que llevan dos compartimentos diferentes en la recogida, aunque la mayoría consiste en flotas que se dedica en exclusiva a uno de los dos tipos de basuras.

La siguiente parada es pasar desde un enorme foso hacia las cintas de tratado con un enorme gancho controlado al estilo de una grúa, o, valga como símil, con uno de esos juegos de la Feria para cazar juguetitos. Un trabajo que contemplan las gaviotas, que, como en todo lugar donde existen residuos cerca de una zona costera, son habitantes del entorno sin más solución que respetar su presencia y convivir.

Antes de llegar a las líneas de selección, dos enormes trómeles van realizando un proceso para romper las bolsas y realizar un primer separado, descompactando el residuo. Estos trómeles son enormes cilindros agujereados que giran constantemente, y en los que la basura entra como si en una lavadora se tratara. Su misión, separar la parte orgánica del resto de los elementos que hay en la fracción resto. En estas líneas se ven todo tipo de cosas. El momento más fuerte del año, de mayor cantidad de residuos, es la fiesta de Navidad y enero, por eso del aumento del consumo, aunque es cierto que el entorno, municipios de costa que

también reciclan en Las Calandrias, duplican su población en verano y eso se nota.

En este punto, en esos trómeles, se lleva a cabo una primera separación que consigue recuperar gran cantidad de materia orgánica, que pasa a la línea de compostaje. El resto de los residuos pasan a las cintas de selección, en las que se hace la recuperación manual de los residuos reciclables.

Esta parte puramente orgánica se envía a un proceso de tratamiento, en el que se generará un compost que se puede usar como enmiendas agrícolas, mejorando la calidad de los campos de cultivo.

Por otro lado, el resto de los residuos pasan a las líneas de triaje, en las que se recicla todo lo que sigue teniendo utilidad. Por ejemplo, las botellas de lejía sí pueden salvarse como plásticos PEAD, polietileno de alta densidad, para posteriores reciclajes. También son un elemento diferenciado los envases de leche, que son multicapas de cartón, aluminio y plástico. Estas fracciones, que deberían ir en la línea amarilla, se extraen de la fracción resto.

Desgraciadamente, a diario se comprueba cómo en las bolsas de basura se depositan estos residuos que pueden ser reciclados, como vidrio, latas o botellas de plástico, o incluso otros que podrían tener una segunda vida, como juguetes que se podrían donar a asociaciones que saben darle un buen uso.

Todos estos elementos, al estar mezclados con elementos no reciclables, hacen que el trabajo de separación se complique. Esta falta de conciencia medioambiental dificulta la labor que la UTE hace en la planta, hasta el punto de que parte de estos materiales terminan con las fracciones no aprovechables en el vertedero de cola, depósito controlado donde terminan aquellos residuos que no se pueden recuperar.

Las buenas prácticas permiten la sostenibilidad del planeta y el efecto, que parece ínfimo en un hogar que no está concienciado, es un acto en realidad con una enorme huella. La Unión Europea ha estudiado la situación y sitúa que cada ciudadano español, de media, generó en 2017 casi 500 kilos de basura. Si dos bolsas de basura pesan, piensa en cuánto pesan las que llevas a final de año. A eso se suma que en esa cifra se incluyen lo que generan de forma proporcional los comercios a los que acudimos o lo que se genera en puestos de trabajo.

No la vimos venir. Tan inteligentes como nos consideramos, y somos incapaces de prever riesgos que de forma cada vez más continuada afectan a millones de personas. Creíamos haber vencido a virus y bacterias desde que Jenner descubrió la vacuna contra la viruela y Pasteur dio un impulso decisivo a la lucha contra las enfermedades infecciosas. Pero esos enemigos son mucho más peligrosos de lo que imaginábamos, y en vez de investigar y prever sus mutaciones y transmisibilidad, nos hemos dedicado a invertir ingentes cantidades de dinero en fabricar armas, cada vez más sofisticadas, que para nada han servido ante este envite de estos minúsculos invasores.

Hemos ignorado, despreciado y atacado a la naturaleza. Hemos ido eliminando piezas –especies- de los ecosistemas, sin saber las consecuencias que tendría. Hemos actuado como un ignorante que decide ir quitando piezas a un ordenador sin saber para lo que sirven; puede que no pase nada, pero llegará un momento en que colapse. El planeta está colapsando.

La pandemia nos ha dado mucho en qué pensar; tiempo hemos tenido. Y tenemos que sacar las enseñanzas adecuadas para impedir seguir tropezando una y otra vez en la misma piedra. En estos tiempos aciagos hemos visto lo mejor, pero también lo peor de la condición humana. Estamos muy hartos. Pero nada será igual cuando venzamos a la pandemia.

La primera enseñanza debe ser que hay que conocer los procesos naturales, respetando lo que lleva millones de años funcionando. Menos soberbia y antropocentrismo. Esta pandemia, y los otros avisos que ha habido en las últimas décadas, parece que tiene su origen en el salto de virus de algunas especies animales a los humanos, acelerada por la destrucción de la biodiversidad. Se destruyen bosques, selvas, zonas húmedas…, se simplifican los ecosistemas, desaparecen especies reservorios, y los humanos estamos cada vez más expuestos por el contacto con especies contagiadoras. Para prevenir futuras pandemias hay que conservar la biodiversidad y recuperar los equilibrios naturales.

Y hay que invertir en investigación. España estaba bien posicionada en investigación biomédica; los recortes nos mandaron de nuevo a ese furgón de cola en el que hemos estado históricamente. Tenemos un potencial enorme en los miles de jóvenes que se han especializado en Biotecnología, Bioquímica, Biomedicina... Será la mejor inversión

Quitemos las piedras

Juan Clavero

de futuro. Que no volvamos a las andadas tras la pandemia.

Y desde luego la pandemia nos obliga a repensar nuestro modelo de sociedad, de ciudad, de relaciones laborales y de atención a los mayores. Tenemos un modelo laboral, de vivienda y de ciudad que impide que convivan en una misma vivienda personas de varias generaciones, como ha sucedido siempre. A nuestros padres y abuelos los mandamos a un almacén, a esperar su fin. Hay que recuperar el modelo de familia amplia, donde convivían padres, hijos, abuelos, y algún primo y tío. Los cuidados eran mutuos, y el riesgo de contagio de cualquier enfermedad entre los más vulnerables, muy bajo. Para ello hay que adaptar los horarios laborales a las necesidades de atención a los hijos o abuelos. Y diseñar nuevos modelos de viviendas y de barriadas que permitan esta convivencia. Casas más amplias, más zonas verdes…

Tenemos grandes retos; los objetivos del milenio de la ONU. Acabar con el hambre, escolarizar a todos los niños y niñas, respeto a los derechos humanos, erradicar las enfermedades infecciosas. Lo hicimos con la viruela, ¿por qué no con la malaria, el cólera o los coronavirus? Dependerá de las prioridades que se imponga la humanidad, o mejor dicho, los gobiernos de los diferentes países. Hay medios humanos, materiales, financieros y suficiente materia gris; utilicémoslo para acabar con las grandes amenazas de la humanidad y del planeta.

Ahora viene el cambio climático; ¿haremos lo mismo, a verlas venir? En este caso sí tenemos pleno conocimiento de las causas, de sus posibles consecuencias, y de las medidas para impedirlo. Veremos.

Y si para algo ha servido esta pandemia es para redescubrir la vida familiar, para comprobar todo lo superfluo de nuestra sociedad, para reencontrarnos con vecinos y con el barrio. ¡Lástima que haya sido a costa de este enorme desastre!

Quizás el mejor homenaje que podamos hacer a quienes nos ha arrebatado el coronavirus es impedir nuevas pandemias. Que su muerte no haya sido en balde. No tropecemos en la misma piedra, quitemos las piedras que nos impiden avanzar hacia una sociedad más justa, humana, solidaria, y con pleno respeto a la naturaleza que nos da la vida.

- Mamá, hoy en el recreo Pablo se cayó y se hizo sangre en la rodilla. La seño le curó y como estaba llorando mucho, todos le abrazamos, dejó de llorar y se puso contento.

Estefanía siempre llega del colegio dando saltitos como una rana, acelerada y feliz, hablando de todo lo que le ha pasado como si le hubieran dado cuerda. Suelta la mochila junto a la puerta y se sienta a quitarse los zapatos, llenos de albero del patio.

- Anda, ve a lavarte las manos, cariño.

- Mamá ¿te acuerdas de cuando no podíamos salir a la calle?

- Sí cariño, claro que me acuerdo.

Juana enciende la tele y recuerda cómo, sólo un año atrás, escuchaban estupefactas las noticias. Cómo casi de un día para otro, sus vidas cambiaron por completo. De pronto, ya no podían salir a la calle porque era peligroso y Juana tuvo que dejar de ir al colegio, como todos los demás niños y niñas de su ciudad y de todo el país.

Las calles pasaron a ser un escenario inhóspito, vacío de vida. Los columpios en el parque estaban extrañamente quietos, como si fueran el atrezo de una película que han olvidado desmontar y se va llenando de telarañas esperando en una cápsula de tiempo detenido. Algunos vehículos del Ejército empezaron a circular por las calles del barrio, controlando a la población. A veces Juana tenía la sensación de que nada era real, como si todo aquello no fuera más que un mal sueño. Hasta que murieron dos personas en su misma calle: Luis, el tendero amable de bigote frondoso que durante años les había vendido la fruta. Y Flavia, la tía mayor de una de sus vecinas, que era maestra, siempre llevaba libros bajo el brazo y pañuelos coloridos al cuello. El pánico cundía y la gente empezó a encontrar baldas vacías en los supermercados y las tiendas. Era difícil encontrar papel higiénico y otros productos básicos. Los proveedores tenían dificultades para abastecer y muchos negocios, con el tiempo, tuvieron que cerrar. Como el del papá de Estefanía, que no pudo soportar la situación tan complicada y terminó echando el cierre después de veinte años de sudor y de esfuerzo.

De la noche a la mañana, habían pasado de tener una vida acomodada a estar en una situación absolutamente precaria y desconocida para ellos. La incertidumbre se instaló en su hogar, transformando las risas de otros tiempos en mue-

La vida nos cambió en un instante

Yolanda Rosado

cas de cansancio apenas dibujadas, con la mirada perdida en un futuro borroso.

Un día le tocó al abuelo Eusebio. Enfermó y su estado empeoró a gran velocidad, ante la desesperada impotencia de su familia. No hubo medicinas en la farmacia ni en los hospitales que pudieran salvarle.

- Ranita, cuando me cure nos vamos a ir todos a la playale dijo Eusebio a su nieta por teléfono, unos días antes de morir.

Fue entonces cuando Estefanía dejó de hablar. El miedo le cerraba la boca. Mutismo selectivo, lo llamaron los psicólogos.

Ahora se sienta de un brinco frente al plato de almuerzo tras haberse lavado muy bien las manos y le pregunta a su madre si podrán ir el sábado al cumpleaños de Alberto, un compañero de clase.

Juana la mira y sonríe. Respira aliviada de que ya por fin estén a salvo, de que su hija haya recobrado, poco a poco, su voz cantarina y de que sus vidas no corran peligro. Le alegra que Estefanía haya hecho tantos amigos nuevos. No ha sido fácil para ella adaptarse con el curso ya empezado al nuevo colegio, al nuevo barrio, a la nueva casa en la que están alojados temporalmente a través de un recurso de emergencia humanitaria mientras esperan la resolución de su petición de asilo en España. A su país, desde que estalló el conflicto y la crisis socioeconómica, ya no pueden volver. A su papá lo amenazaron de muerte y aquello fue el detonante que les hizo reunir el coraje suficiente para partir y dejar atrás la tierra que tanto habían amado. Juana cuenta los días para poder volver a ver su marido, que de momento está alojado en otro municipio en el que hay recursos con plazas, pero esperan poder reunirse todos muy pronto, quizá a finales de marzo. Ya sólo quedan un par de semanas, tres a lo sumo…

- ¡Mamá! - Estefanía saca a Juana de sus pensamientos¿Vamos a poder ir al cumple el sábado sí o no?

- No lo sé mi vida, ya veremos- contesta Juana con la voz tensa mientras su rostro se ensombrece y agarra el mando a distancia para subir el volumen de la televisión.

En el telediario están hablando de un nuevo virus llamado covid-19, al parecer surgido en China, muy contagioso y para el que no hay cura.

Aquí no sales a picar algo, tapeas.

Porque no es lo mismo vivir, que vivir intensamente.

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Jerez de la Frontera, Cádiz.

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El Papel de La Voz, 2 - 2021 by lavozdelsur - Issuu