Skip to main content

Revista de la Corrida de Beneficencia del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM

Page 1


EDITA:

Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid

COORDINA:

Gonzalo I. Bienvenida

TEXTOS:

Patricia Navarro

Rosario Pérez

Zabala de la Serna

Gonzalo I. Bienvenida

DISEÑO E ILUSTRACIONES:

Juan Iranzo

FOTOGRAFÍAS DE CAMPO:

Alberto Simón

FOTOGRAFÍAS MATADORES COLLAGES:

Plaza 1

OBRA DE PORTADA:

José Vega

DIRECTOR GERENTE DEL CAT

MIGUEL ÁNGEL MARTÍN LORENZO

Eoy nos volvemos a citar en esta fecha tan señalada con el corazón lleno de orgullo, ilusión y, por encima de todo, una inmensa responsabilidad. Un año más, la emblemática Plaza de Toros de Las Ventas se viste de gala para celebrar la tradicional Corrida de la Beneficencia, la cita cumbre del calendario taurino mundial. Hablar de la Beneficencia es evocar la historia viva de Madrid; es recordar tiempos de solidaridad, de reencuentro con nuestras raíces y de una pasión inquebrantable por el arte y la cultura que nos define.

consolida

Este 2026 consolida el esfuerzo y el rumbo que emprendimos desde el Centro de Asuntos Taurinos. Tras el éxito de haber recuperado formatos esenciales para el aficionado —como esta misma revista que hoy sostiene en sus manos, repleta de firmas ilustres, análisis en profundidad y el pulso de la actualidad taurina—, nuestro compromiso no ha hecho más que acrecentarse. Afronto este presente con la misma humildad y entrega del primer día, dedicando cada esfuerzo a un sector que ha sido el motor de mi vida desde la infancia y por el que seguiré trabajando sin descanso para situarlo siempre en lo más alto.

Este proyecto y los logros alcanzados no habrían sido posibles sin el respaldo firme y el compromiso incondicional de nuestra presidenta, Isabel Díaz Ayuso. Gracias a su decidida apuesta por el mundo del toro y a su defensa constante de nuestras tradiciones, la tauromaquia sigue ocupando el lugar de máxima relevancia institucional y social que le corresponde en la Comunidad de Madrid.

decidida institucional

Sin más, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los aficionados que hoy llenan estos tendidos tan especiales. Gracias por su amor a la Fiesta y por su fidelidad incombustible. Sigamos defendiendo unidos este patrimonio único, sigamos llenando las plazas y demostrando la fuerza de una afición ejemplar. Porque la tauromaquia es libertad, es pueblo y es cultura compartida más allá de cualquier color político. Disfrutemos de una tarde histórica.

¡Feliz tarde!

Por PATRICIA NAVARRO

Hay ganaderías que pasan por Madrid. Otras, en cambio, se quedan. Victoriano del Río (y su otro hierro, Toros de Cortés) pertenece a esta segunda categoría, la de los que no solo lidian en Las Ventas, sino que terminan condicionando su propia historia. Porque hablar de esta casa en el coso de la calle Alcalá es hablar de una relación larga, sostenida y, sobre todo, influyente, que ha acabado por convertirse en uno de los pilares ganaderos del toreo contemporáneo. Una divisa que cuando comenzaba este San Isidro cumplía además una efeméride: haber sido la ganadería que ha propiciado 20 Puertas Grandes en una plaza tan difícil como lo es Madrid.

Este año, la Corrida de Beneficencia vuelve a colocar esa relación bajo el foco. No es una tarde cualquiera en el calendario madrileño. Es una de las citas de mayor peso simbólico, una corrida con sello institucional, con la exigencia multiplicada y con la obligación añadida de estar a la altura del mito que representa. Y en ese contexto, el hierro de Guadalix de la Sierra vuelve a ocupar el centro de la escena.

El cartel refuerza la dimensión del acontecimiento. Alejandro Talavante, el torero con más Puertas Grandes de los que están en activo, Roca Rey y Víctor Hernández conforman una terna de contrastes, donde conviven la figura consolidada, el torero convertido en fenómeno global y la promesa que busca instalarse en las grandes tardes. Tres momentos distintos del toreo reunidos frente a una ganadería que ha hecho de la diversidad de registros una de sus grandes virtudes.

Porque si algo ha definido a Victoriano del Río (y su procedencia Juan Pedro Domecq y Díez) en estas dos décadas en Madrid es su capacidad para servir a todos los escalones del escalafón. Para la figura y para el que empieza, para el triunfo rotundo y para la confirmación necesaria. Y en todos los casos, con un mismo denominador común: la exigencia.

El recorrido de la ganadería en Las Ventas no se entiende sin una evolución progresiva que arranca a mediados de los años 2000 y que encuentra su consolidación en una secuencia de tardes que han marcado época. No fue un estallido repentino, sino una construcción sostenida en el tiempo, basada en la regularidad del comportamiento del toro y en la capacidad de ofrecer embestidas con transmisión en una plaza donde nada se regala.

Uno de los primeros puntos de inflexión llegó en 2006, cuando la ganadería empezó a ocupar de forma estable los carteles de mayor responsabilidad. Aquella etapa inicial abrió la puerta a una serie de actuaciones, con Encabo y ‘Gallo’, que pronto confirmarían que no se trataba de una presencia circunstancial.

Un año después, el nombre de ‘Cantapájaros’ volvió a resonar en Madrid, esta vez asociado a una faena de El Juli que reforzó la idea de que los toros de Victoriano del Río tenían la capacidad de sostener el triunfo en las manos del torero adecuado. La plaza comenzaba a reconocer un patrón: cuando embestían, lo hacían con una claridad que convertía las tardes en oportunidades reales de éxito. Y ese nombre fetiche en la casa, que resuena en la memoria del aficionado.

Pero el gran punto de inflexión emocional y mediático llegó el 5 de junio de 2008. La reaparición de José Tomás en Madrid no solo fue un acontecimiento taurino de primer nivel, sino un episodio que trascendió. Aquella tarde, con los toros ‘Dakar’ y ‘Comunero’, la plaza vivió uno de esos momentos que se convierten en referencia obligada

de una época. Cuatro orejas y una atmósfera irrepetible terminaron de situar a la ganadería en una dimensión distinta.

A partir de ahí, Victoriano del Río dejó de ser una ganadería de garantías para convertirse en una referencia estructural en Madrid.

La lista de toreros que han triunfado con sus ejemplares es extensa y significativa. Luis Francisco Esplá dejó una de sus últimas grandes imágenes en Madrid con un toro de esta divisa. Alejandro Talavante ha construido con este hierro una relación fértil, hasta el punto de que varias de sus tardes más importantes en Las Ventas han llegado de la mano de embestidas de Victoriano del Río, consolidando una afinidad casi natural entre concepto y toro.

También Miguel Ángel Perera, José María Manzanares o Emilio de Justo han encontrado en este hierro un escenario propicio para el triunfo de importancia. No se trata de cortar orejas, sino de hacerlo en tardes donde el toro sostiene el nivel de la exigencia y permite que el triunfo tenga peso específico.

Pero quizá uno de los elementos más relevantes de esta ganadería es su capacidad para servir también de plataforma a toreros revelación. En ese sentido, Las Ventas ha sido testigo de tardes decisivas. Ángel Téllez, en 2022, firmó una de las actuaciones más relevantes de su carrera con toros como ‘Enamorado’ o ‘Viajero’, dos nombres que ya forman parte de la memoria reciente de la plaza. Aquella tarde no solo confirmó un torero, sino también la vigencia del hierro como motor de nuevas trayectorias.

En esa misma línea, Francisco de Manuel y Roca Rey compartieron una tarde marcada por la intensidad del comportamiento del encaste, mientras que Borja Jiménez encontró en uno de sus ejemplares el impulso definitivo para asentarse como uno de los nombres con mayor proyección del escalafón.

Incluso en tardes de fuerte carga emocional, la ganadería ha dejado huella. El toro ‘Duplicado’, premiado con la vuelta al ruedo, se convirtió en símbolo de bravura y fondo en una tarde de máxima tensión en la que Emilio de Justo terminó siendo protagonista de un episodio marcado por la épica y la sustitución improvisada de Álvaro de la Calle.

Todo ello explica que Victoriano del Río no sea percibido como un hierro de éxito estadístico, sino como una ganadería que ha participado en la construcción del relato reciente de Las Ventas. Sus toros no solo han permitido triunfos; han generado capítulos. Y el año pasado, sin ir más lejos, ‘Frenoso’, en las manos de Adrián nos dejó otro de ellos.

En ese contexto llega la Corrida de Beneficencia, una de las tardes más exigentes del calendario. No solo por el nivel del cartel o por la importancia institucional de la cita, sino porque Madrid eleva ese día el listón emocional y simbólico de la temporada.

Talavante vuelve a una plaza donde ha encontrado con este hierro algunos de sus momentos más inspirados. Roca Rey representa la dimensión global del toreo actual, donde la apuesta constante y la exposición máxima requieren toros que respondan con entrega y duración. Y Víctor Hernández afronta la tarde como una oportunidad de enorme valor. En Las Ventas hay hierros que pasan, hierros que triunfan y hierros que permanecen. Victoriano del Río, a estas alturas, pertenece a este último grupo. Que la celebración de la efeméride sea un punto y seguido. N

Por división de la ganadería de don Juan Guardiola Fantoni, que procedía de Gamero Cívico, uno de los lotes correspondió a su hijo don Manuel Guardiola Soto, el cual lo vendió en 1951 a don José Luis Vázquez Garcés, agregando vacas y sementales de Santa Coloma. En 1973 la adquieren los Hermanos Vázquez Silva vendiéndola en 1982 a Doña Leandra Díaz Martínez, que anuncia “El Retamar”. En 1985 la adquiere su actual propietario, que elimina todo lo anterior y la forma con un lote de don Juan Pedro Domecq, otro de don Luis Algarra Polera junto con el semental Aldeano y setenta vacas y tres sementales de “Jandilla”. Posteriormente agrega más vacas de “El Torreón”. En 2002 compró por sorteo una octava parte de la ganadería de “Toros de El Torero”, todo de procedencia Juan Pedro Domecq y Díez. La ganadería Toros de Cortés fue creada en 1997 con vacas y sementales de don Victoriano del Río Cortés. Lidió al gran ‘Cantaor’ en la pasada feria de San Isidro que fue premiado con la vuelta al ruedo al que Sebastián Castella le hubiera cortado las dos orejas de no fallar con la espada.

EDivisa: Negra y amarilla / Pajiza y encarnada

Propietario: Medianillos Ganadera S.L. / D. Ricardo del Río González

Señal en la oreja: Muesca en ambas / Horquilla en ambas

Finca: El Palomar’, Guadalix de la Sierra / ‘Cacunanes’, Guadalix de la Sierra (Madrid)

Procedencia: D. Juan Pedro Domecq y Díez

Antigüedad: 12 de julio de 1942 / 06 de mayo de 2007 que

la genialidad con Madrid como eje

Alejandro Talavante suma prácticamente veinte años de alternativa. Dos décadas en las que no ha dejado de dar vueltas de tuerca a su toreo. Sin dejar de sorprender a la afición, siendo capaz de virar una y otra vez. Una evolución extraña, personal, única. Alimentando su vertiente más artística a través de la improvisación sin renunciar a un rico conocimiento de la técnica que ha llenado de matices el toreo en sus diferentes etapas. Madrid ha sido testigo de todo ese proceso. En Las Ventas alcanzó el estatus de figura y en su ruedo se ha ido reivindicando en las sucesivas ocasiones convirtiéndose en un torero siempre esperando en la primera plaza del mundo. Siete veces ha atravesado a hombros la Puerta Grande entre la multitud. Una cifra que a estas alturas del toreo tiene categoría histórica.

El idilio con Madrid empezó ya de novillero, en una actuación impactante que sin obtener trofeos le hizo situarse entre los privilegiados del escalafón. Unos días después tomaría la alternativa para empezar a competir con las figuras desde el primer día. La primera Puerta Grande fue el 8 de abril de 2007, el día de su confirmación de alternativa. Tenía veintiún años. El cartel lo completaban El Juli y Manzanares. Desorejó un toro de Puerto de San Lorenzo. Llegaba precedido de la apertura de la Puerta del Príncipe en Sevilla y un triunfo importante en Valencia ese mismo año. Madrid captó su frescura, su ambición, su hieratismo. Se entregó al extremeño. El 17 de mayo de 2011 llegó la segunda, con ‘Cervato’, un toro de El Ventorrillo al que desorejó en una tarde compartida con El Cid y Perera. Una faena construida sobre la mano izquierda, con la lentitud y la profundidad que ya entonces identificaban su concepto. Muy emotiva porque se repuso de un volteretón al cogerle el toro en galope. La afición de Las Ventas comprendió que aquel torero extremeño tenía un idioma propio. El 24 de mayo de 2012 llegó la tercera, con toros de Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo. Había comenzado por entonces su vínculo con Curro Vázquez, que fue para Talavante algo más que un maestro: fue una mirada distinta sobre el toreo. El clasicismo catalizó en el toreo del pacense. Lo hizo para siempre. Al año siguiente, el 25 de mayo de 2013, volvió a abrir la Puerta Grande con ‘Artillero’, de Victoriano del Río. El torero se creció ante la trans-

misión que desprendía del toro. Cuatro Puertas Grandes en siete años. Madrid ya le pertenecía o, más exactamente, él ya pertenecía a la idiosincrasia de Madrid.

Entonces vino el paréntesis. Los años del retraimiento, de la búsqueda de uno mismo fuera del ruedo. Talavante anunció su retirada en Zaragoza en octubre de 2018, aunque antes sumó una quinta Puerta Grande en Las Ventas el 25 de mayo de ese mismo año, con toros de Núñez del Cuvillo. La pandemia frustró el regreso previsto en 2020. Finalmente reapareció en septiembre de 2021 en Arlés. Desde entonces, temporada a temporada, ha ido construyendo con paciencia la segunda parte de una carrera que ya tiene dimensión de histórica figura del toreo.

El 9 de mayo de 2025 llegó la sexta. Quizá la más polémica por considerarse exagerado el doble premio. La conquistó desorejando a ‘Misterio’, de Victoriano del Río, en la corrida inaugural de San Isidro. Siete años había esperado Madrid para verle de nuevo a hombros. Talavante lo explicó con precisión: “Madrid te lo exige todo y cuando conectas con ella te lo devuelve de una forma muy especial”. El año anterior se había encontrado con ‘Tejonero’ de Santiago Domecq que fue el toro más bravo de la feria pero no se había materializado el triunfo en aquella ocasión.

Y llegó el 8 de mayo de este 2026, de nuevo la primera corrida de esta Feria de San Isidro. Desplegó toda su madurez con ‘Ganador’, un toro de Núñez del Cuvillo de una calidad excepcional, con ritmo y clase en la muleta. Talavante lo entendió desde el primer muletazo. La séptima Puerta Grande llegó con dos orejas rotundas, con Las Ventas llena hasta la bandera.

Siete Puertas Grandes en Las Ventas. El récord entre los toreros en activo ya es suyo en solitario. Pero la cifra, con ser elocuente, no lo dice todo. Lo que dice es que en veinte años de carrera, con sus altibajos, con su retirada y su regreso, con sus búsquedas y sus hallazgos, Madrid nunca le ha dado la espalda cuando él se ha comprometido con el toreo. Una verdadera figura del toreo.

Hoy vuelve a hacer el paseíllo en la Corrida de la Beneficencia, la tarde más exigente del calendario, la que no perdona. La afición de Las Ventas le espera con la misma exigencia implacable y con la misma disposición a rendirse. Talavante sabe lo que esta plaza pide y esta plaza sabe lo que Talavante puede dar.

La década

década prodigiosa de

Cuando Andrés Roca Rey no levantaba un metro de la tierra, las macetas del jardín quedaban despobladas de hojas que paseaba como si fuesen orejas. Aquel niño limeño soñaba en grande, pero ya sabía que los trofeos no se conquistan con el traje impoluto. Cada tarde llegaba a su casa colmado de barro: era su manera de emular a los que habían derramado, sangre, sudor y lágrimas en las plazas. Y entraba feliz: lo había dado todo con aquel toro imaginario. Andrés no veía dibujos animados, veía realidades en blanco y negro, las películas de la verdad de Palomo Linares o El Cordobés. De ese Manuel Benítez que lo proclama número uno. Del bautizado como Beatles del toreo al que algunos llaman el Bruce Springsteen de los ruedos. Era otoño de 1996 y en la televisión peruana echaban ‘Leyendas de pasión’ cuando Mercedes sintió que su hijo quería asomarse ya al mundo. Un mundo en el que ya se hablaba de toros, en el que desde la barriga sintió ese veneno del toreo que ya tenía dentro su hermano Fernando. En el vientre de Mercedes latía un corazón que no era solo el de un niño, sino el de un torero llamado a escribir páginas en la historia. Mercedes no sabía aquella noche del 29 de octubre que estaba a punto de parir a la gran figura mundial del toreo, el que haría rugir a los tendidos capitales, el que sembraría el clamor en la mismísima catedral del toro desde su presentación como novillero en abril de 2015. Un hito marcaría entonces: era la primera vez que un peruano salía a hombros en Las Ventas. Fue una tarde de impacto absoluto, en la que pagó con sangre el triunfo. Aquella primavera no se hablaba de otra cosa: “¿Habéis visto al peruano?”, “Ese va a ser gente”. No fue una gloria de un solo día, fue el primer campanazo, la Puerta Grande inaugural de las otras tres que vendrían ya de matador, con esa vitola de figura tan difícil de conquistar, el don de los elegidos.

Aquel octubre del 96, en su Lima natal, Mercedes desconocía que su ‘arete’ -como lo llamaban cariñosamente sus amigas- iba a marcar el rumbo de la Fiesta y agitar las taquillas. Ni una entrada queda para sus citas en San Isidro: Roca Rey fue el primero en colgar el ‘No hay billetes’ en sus dos tardes de mayo y junio. Desvelado el misterio de su reaparición -adelantada a Jerez contra todo pronóstico médico-, el Cóndor, como lo bautizaron José Luis Lozano y Enrique Martín Arranz, se reencontró con la afición venteña el 28 de mayo en la Corrida de la Prensa y afrontará su segundo paseíllo este 14 de junio en la Corri-

da de Beneficencia, la considerada de mayor importancia del calendario taurómaco, el cartel en el que todos sueñan con estar.

Atrás queda su confirmación, el 13 de mayo de 2016: si en su debut novilleril salió a hombros, repitió la gloria desorejando un toro de Conde de Mayalde con un valor que asombró a la afición. Descomunal. El runrún siguió y siguió. Dos veces más tocaría el cielo de Alcalá 237: el 22 de mayo de 2019, la feria del bombo de Simón Casas, cortó dos orejas al parladé ‘Maderero’, al que cuajó naturales catedralicios sin arredrarse por la cornada, y en 2022 se aupó por cuarta vez al cielo madrileño en la Corrida de la Hispanidad. Tres toros de Victoriano del Río tuvo que parar hasta que salió ‘Jaceno’, en el que enseñoreó de nuevo la profundidad de su izquierda en una tarde de doble Puerta Grande, acompañado por Francisco de Manuel. Una temporada después, en la corrida in Memoriam por Yiyo, el mandamás se agigantó cuando desafió a su destino y al 7. Hasta callar a todos exponiendo lo único que realmente importa: la vida. ¿Acaso hay algo que valga más? Pero para el torero había una cuestión mayor en juego: su código de honor. De ley la oreja en una jornada histórica en la que el palco frenó pasiones y que contemplase a hombros el puente de la M-30 y la casa familiar de El Juli, en la mismísima calle de Alcalá, donde habitan los padres de su gran ídolo desde la niñez, al que precisamente brindó la obra de doble trofeo y una cornada muy grave en Sevilla, donde vertió su sangre para abrazarse al número 1 con autoridad. Como se abraza a Mercedes, porque aquellos que más se acercan a la muerte necesitan más aún el refugio maternal. Allí donde todo empezó, en las raíces de su Lima. Qué bueno, como dice Rubén Amón, que la máxima figura sea del otro lado del charco. Un océano lo separa ahora de su tierra, un océano que es también puente de un arte universal, un arte donde nada se perdona, donde cada tarde hay que entregarse. Aquí está el Madrid de la exigencia y de la dureza para recordarlo.

Casi cincuenta mil pupilas se clavan el segundo domingo de junio en Andrés Roca Rey en otra tarde de soledad, la soledad de toro y torero, pese al reventón de los tendidos. Casi veinticinco mil almas miden a la figura que vino al mundo una noche de ‘Leyendas de pasión’ con el runrún y la expectación de que brote otra en la década prodigiosa del Cóndor del Perú.

La verdad insobornable de

Por ZABALA DE LA SERNA

La historia de la tauromaquia es un pergamino inmemorial, un texto sagrado que se reescribe cada tarde con la tinta indeleble de la verdad, ese misterio reservado para los elegidos, para los tipos capaces de revelarlo ante la muerte. Víctor Hernández, nacido en Santos de la Humosa en 1999, es dueño de esas dos cosas y una más. A saber: la verdad, su misterio y la capacidad para revelarlos. Víctor Hache es un joven hombre flaco, un tipo extraordinariamente seco, una moneda de canto. Su concepto enraíza en el pueblo de Galapagar, la cuna del dios de piedra, la forja de José Tomás. Él se mira en ese espejo que le devuelve la imagen de la pureza, el retrato del JT primigenio, aquel que convulsionó el final de los años 90, el trienio cabal de 1997, 1998 y 1999, precisamente el año en que Víctor nació. Aquella versión auténtica habita ahora en su mano izquierda, en su colocación frente al toro, en su modo de ofrecer las femorales. Es cierto que luego vino la evolución de José Tomás, hacia un toreo más pulido y evolucionado, la cúspide de su leyenda, afinadísimo técnica y artísticamente desde que reapareció en el año 2007 en la Monumental de Barcelona. Sin embargo, fue el impacto de los primeros años de gloria de uno de los más grandes toreros de la historia lo que quedó grabado en el imaginario popular con el fuego de lo auténtico. Todo eso multiplicado por mil con aquel inalcanzable regreso a Madrid los días 5 y 15 de junio de 2008: siete orejas en total —cuatro y tres— y un martirio de cornadas.

Desde ese prisma, el flaco de Santos de la Humosa debe alcanzar intacto la estelar Corrida de Beneficencia de 2026, acartelado entre Alejandro Talavante y Roca Rey y ante los toros de Victoriano del Río. Digo «debe» porque antes esperan a Víctor Hernández en San Isidro las tardes del 24 de mayo y 4 de junio —espero que victoriosas cuando lean estas líneas—, y el temor de la cornada siempre existe en un torero de principios irrenunciables, dispuesto a pagar con su sangre el precio de la gloria, pues este es el abismo al que se asoma cada tarde. La sombra de José Tomás es alargada.

Una lejana mañana del pasado febrero, en las entrañas del cielo de Madrid, allá en el torreón secreto de la Monumental de Las Ventas, Víctor Hernández me confesaba, entre tesoros olvidados y fantasmas del toreo, que también bebe en otras fuentes como Paco Camino, El Viti y Antonio Ordóñez, un hilo solemne del toreo: “Lo que nace delante del toro, nace de mi sentimiento. Yo solo busco la verdad”. Y esto es cierto: Víctor Hache no es un émulo, un imitador vacío, sino que pone su alma, la suya propia, a sus referentes, al propio espejo de José Tomás.

En el museo taurino invisible de Madrid, ese otro museo escondido en el torreón donde se acumula lo que no cabe entre los lienzos de Zuloaga, Ruano Llopis, Barceló o los grabados de Goya, Víctor se declaraba ilusionado y consciente de la responsabilidad de torear en Beneficencia: “Entrar en esos carteles, al lado de las figuras del toreo, supone un sueño. Aspiro a ser uno de ellos y que, con el transcurrir del tiempo, esto deje de ser una sorpresa para convertirse en una realidad”. La Comunidad de Madrid, que vela por la tauromaquia, también cuida de sus valores: la apuesta por Víctor Hernández es una muestra de ello, una prueba de fe.

Esa búsqueda incesante de la pureza más absoluta exige, inexorablemente, un peaje cruento. Traspasar invariablemente la delgada línea roja, pisar los terrenos del

miedo, allí donde quema el aire y abrasa el suelo, requiere estar dispuesto a la entrega absoluta, que es la renuncia a la vida misma. Víctor H. asume el dolor como un rito iniciático, como un peldaño innegociable en la escarpada cima de su ascensión. Ya pagó un tributo espeluznante con una fractura abierta de cráneo que frenó su vuelo en el pasado, y lo hizo asumiendo que los días aciagos forman parte de la cruel hoja de ruta del toreo: “Forma parte del toreo. De los días malos es de los que más se aprende”. Mis recuerdos de Víctor Hernández reposan archivados en la carpeta de la emoción. La épica de su toreo se sublimó en la inmensidad primaveral del 10 de mayo de 2025, una tarde que quedó cincelada como un poema trágico en medio del vendaval. El destino lo enfrentó a un toro de estampa afilada, que poseía un genio agrio, montaraz, que no buscaba los vuelos de la muleta, sino que rastreaba ciegamente la sangre del torero. Víctor esculpió una faena colosal con una heroicidad suicida. Hacía años que no se respiraba en Madrid un silencio tan denso. Su izquierda trazó naturales imposibles, hundiendo el peso del toreo en la arena. La única oreja cortada esa tarde encerraba en sus contornos el incalculable y sagrado peso de lo auténtico.

Al otoño siguiente, bajo el cielo melancólico de Madrid, Víctor Hernández volvió como si los hados quisieran avalar el milagro de su consagración. El padre de José Tomás asistió curioso por las habladurías. Hacia él caminó Víctor para brindarle el toro: “Va por usted. Porque de sus entrañas ha salido lo más grande que ha dado el toreo”. Y entonces, el milagro se hizo carne. “Así se torea”, se escuchó salir de la boca de José Tomás padre. La Puerta Grande se sentía entreabierta. Pero un quite temerario desembocó en la cornada temida. La deuda de la salida a hombros quedó pendiente. Sólo espero que esté saldada cuando estas líneas vean la luz en la ansiada fecha de Beneficencia. Su debut de la presente primavera en la plaza de la Maestranza de Sevilla, en la desbocada tarde de Morante y la silla, que fue mucho más que la silla, constituyó el reto supremo para su personalidad. En medio de aquel terremoto, donde cualquier mortal habría quedado sepultado en el olvido, Víctor Hernández emergió hierático, inmutable, agarrado a su pureza, a su verdad insobornable. Opuso al desbordamiento morantista una fidelidad de hierro. Veinte naturales de una monumentalidad estatuaria desprendieron una profundidad conmovedora. La sombra de Sevilla lo medía con un silencio que sonaba a juicio sumarísimo, y acabó finalmente rendida. La impávida seriedad de su obra no se resquebrajó un milímetro. Sabe Víctor que el consejo del maestro es dogma: nunca renuncies al camino de la pureza.

Hoy, la figura seca de este hombre de canto es una de las esperanzas del toreo. Falta el triunfo definitivo que lo catapulte, que haga creer a propios y extraños que hay torero. La liturgia innegociable de su izquierda lo ha situado en el epicentro del planeta de los toros. Existe la zozobra y la fascinación que siempre envuelven a aquel que se niega a aliviar su postura, al lidiador que pisa el núcleo geométrico del miedo. Todo será si los toros le respetan, si la gente cree y ve más allá de la alargada sombra de José Tomás. “La cuestión es salir y hacer lo que hay que hacer, fiel a mí mismo”, confesó en aquella fría mañana de febrero en el torreón de Las Ventas, en el cielo de Madrid que espera la consagración de su insobornable verdad.

CURRO

VÁZQUEZ: “Sin Madrid mi carrera hubiera sido muy distinta”

MAESTROS DEL CLASICISMO RECIBEN EL HOMENAJE DE LAS VENTAS EN SAN ISIDRO 2026

La Feria de San Isidro 2026 no solo ha deparado tardes de toros memorables en el ruedo de Las Ventas. A lo largo de sus semanas, la Monumental madrileña ha reservado también espacio para el reconocimiento y la memoria, tributando homenaje a dos figuras que representan como pocas lo mejor del toreo clásico desde dos interpretaciones diferentes: Curro Vázquez y Luis Francisco Esplá. Completan junto a Antonio Bienvenida y a Antoñete el cuadro de honor de los cuatro matadores que más veces han actuado en esta plaza.

LUIS

El primero de los homenajes tuvo lugar el 15 de mayo, festividad de San Isidro, con un acto que la afición madrileña llevaba tiempo reclamando. El matador de toros retirado Curro Vázquez, que hace pocas fechas había recogido en el Senado el Premio Nacional de Tauromaquia 2026, descubrió aquel viernes un azulejo en su honor en la plaza que marcó su trayectoria. Un reconocimiento a toda su trayectoria que le confiere el título honorífico de “Torero de Madrid”.

La leyenda del mosaico, visible desde ese día en los bajos del tendido 1 de la Monumental, reza así: “Torero de toreros, estandarte de torería y clasicismo, torero de Madrid”. Su imagen se une a otras figuras que adornan esta galería permanente, como las de Niño de la Capea, Manolo Vázquez o José María Manzanares padre, entre otros. En esta plaza el torero de Linares ha sumado más de 80 paseíllos.

Antes del descubrimiento del azulejo, el aula cultural Antonio Bienvenida del coso madrileño acogió un coloquio en torno a la carrera del veterano torero que reverdeció laureles en el inolvidable festival del 12 de octubre en homenaje a su amigo Antoñete. En el acto estuvieron presentes numerosas personalidades taurinas como el ganadero Victorino Martín o toreros como Roberto Domínguez, el Soro, Pepín Liria, Fernando Cepeda, El Capea, Sergio Aguilar, Javier Cortés, Álvaro Burdiel o Amor Rodríguez. También el empresario de Las Ventas Rafael García Garrido, familiares como su mujer Pati Dominguín, sus hijos y su hermano Antonio Vázquez, así como representantes políticos como el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, quien clausuró el acto. Participaron su hermano, el taurino Antonio Vázquez, su íntimo amigo Tomás Páramo y el cineasta Agustín Díaz Yanes.

“Ser torero es entender la vida desde la verdad y la belleza”

Una semana después Las Ventas volvió a convertirse en escenario de gratitud y memoria para rendir tributo a otro maestro del clasicismo: Luis Francisco Esplá. El homenaje coincidió con el cincuentenario de su alternativa, medio siglo de una forma de entender el toreo que el alicantino ha defendido siempre con coherencia y convicción.

Gran director de lidia, inteligente, largo y defensor del toreo clásico desde una personal concepción.

Esplá es también, más allá del ruedo, un personaje original y divertido como quedó patente durante un acto en el que participaron Victorino Martín (Esplá estoqueó 66 corridas de su hierro, 24 de las cuales en Madrid), Pío García Escudero y Pedro Piqueras. Una personalidad poliédrica que encaja mal en los moldes del torero convencional y que hace de él una figura singular en la historia reciente de la tauromaquia.

La frase con la que el propio Esplá cerró el homenaje quedará como síntesis de su forma de entender la vida y el oficio: “Ser torero es entender la vida desde la verdad y la belleza.” Imposible decirlo mejor. Al finalizar, el director gerente del Centro de Asuntos Taurinos, Miguel Martín le entregó una placa en reconocimiento a la efeméride.

Dos nombres grabados en la memoria de una afición que, en la recién concluida feria de San Isidro 2026, ha vuelto a demostrar que sabe distinguir y también agradecer.

LA LA DE

El próximo 19 de septiembre se cumplirán 80 años de la famosa Beneficencia de 1946 que se celebró en la plaza de toros de Las Ventas organizada por la Diputación Provincial y que forma parte de la historia taurina del siglo XX. La corrida tenía como objetivo recaudar fondos para el Hospital Provincial de Madrid. Lo que aquella tarde ocurrió en el ruedo madrileño superó con creces cualquier expectativa y quedó grabado en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de presenciarlo.

LA CORRIDA DE LA BENEFICENCIA DE 1946

El cartel reunió al rejoneador Álvaro Domecq y a los diestros Rafael Vega de los Reyes ‘Gitanillo de Triana’, Manuel Rodríguez ‘Manolete’, Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín. Los toros, ocho en total con divisa azul celeste, blanca y grana, pertenecían a la acreditada ganadería de don Carlos Núñez, de Sevilla, y estuvieron muy bien presentados y fueron bravos.

La presencia de Luis Miguel Dominguín en aquella corrida no estaba inicialmente prevista. El Marqués de la Valdavia, Presidente de la Diputación, se negaba a aumentar el número de espadas. Fue el propio Dominguín quien acudió al despacho del Marqués a ofrecerse a torear gratis, donando además cien mil pesetas de su bolsillo para la causa benéfica. Una jugada audaz que no podía ser rechazada, y que el propio torero recordaría años después: “Tuve que dar un donativo. Yo que llevaba pocos años de matador de toros, no las tenía en el banco.”

Lo que hay detrás de aquella maniobra, sin embargo, va más allá de la generosidad o la ambición. El joven Dominguín arrastraba un supuesto veto profesional: Camará no quería darle sitio al lado de Manolete (según el historiado Antonio D. Olano). Aquella circunstancia le impedía abrirse paso. Sin embargo, Domingo Dominguín (padre) estaba empeñado en cambiar esa situación: “Hay que torear al lado de Manolete, porque un triunfo a su lado es más triunfo.” Entrar en aquella corrida benéfica, pagando de su propio bolsillo el derecho a demostrarlo, era la única forma de romper el cerco.

Aquel año 1946 Manolete había decidido no torear en España. Su generosidad le impidió mantener la decisión ante la propuesta de torear gratis -como sus compañeros- la corrida más importante del año. Solo su nombre bastaba para llenar la plaza. La responsabilidad que sentía

era enorme. La noche del 18 al 19, Manolete no durmió, confesando a su sobrino Rafael Lagartijo: “Niño, la culpa la tengo yo, porque no estoy preparado; este año había decidido no torear; pero claro, surgen las cosas y no hay más remedio que afrontarlas. Yo tengo que cuidar todos los detalles y tengo que estar muy concentrado. No es que tenga miedo, no; no duermo por la responsabilidad tan grande que tengo hoy, pues quiero seguir siendo quien soy.”

La corrida, en la que se abarrotaron los tendidos y se disparó la reventa, fue presidida por el Jefe del Estado, Franco. Desde los primeros lances quedó claro que aquella tarde sería excepcional. En total se cortaron siete orejas:

una para el rejoneador Álvaro Domecq, otra para Gitanillo de Triana, dos para Manolete y tres para Luis Miguel Dominguín.

Manolete actuó con la clase y el pundonor que le caracterizaban. En su segundo toro, llamado “Buquejo”, número 19, negro bragado de 500 kilos, realizó una faena de muleta extraordinaria. Gran estocada y dos orejas. Las crónicas titulan el suceso como algo inmenso.

Pero si aquella tarde tuvo un protagonista que hizo tambalear el trono del toreo, ese fue Luis Miguel Dominguín. El torero salió decidido a todo: “Me dijo el chófer que iba a colocar el coche para poder salir más fácilmen-

te al finalizar la corrida. Contesté: Eso es un problema de la cuadrilla, porque yo, o voy a la enfermería, o me voy a hombros”.

En el quinto toro de la tarde y especialmente en el octavo, llamado ‘Victorioso’, Dominguín desplegó un toreo de gran dominio. César Jalón, bajo el seudónimo Clarito, inmortalizó aquella faena con una de las prosas más encendidas de la crónica taurina española:

“Después de sus prietos lances; de tres pares al quiebro; de su ceñida serie de pases en redondo al toro quinto, lo cita al natural desde muy lejos y aguanta su raudo y bravo arranque. La figura, compuesta; la mano izquierda, adelantada y baja [...] Con el dominio y mando antiguo, ha florecido en el terreno y modo del toreo moderno un nuevo maestro, alumbrado, entre Ortega y Manolete [...] Cuando Luis Miguel traspone a hombros la puerta grande, el público entero continúa apegado al coso, rumiando, regustando.”

Dominguín recordaría aquella corrida como el momento que cambió el destino de su vida. Tal fue la fuerza que se desarrolló en aquellos momentos y el ambiente que conquistó, que años después, al ver las imágenes en el NoDo durante una proyección cinematográfica, el cine entero se levantó para aplaudir.

Luis Miguel Dominguín se consagró así como uno de los toreros más relevantes de su tiempo al cortar tres orejas. Fue tal la dimensión que alcanzó la actuación que los aficionados lo llevaron a hombros hasta su domicilio de la calle del Príncipe, escoltado a caballo por la Policía Armada. Con su particular clarividencia comentó años después: “La gente siempre se pone al lado del más débil, del más joven, del que les parece más indefenso. Ese soy yo y no tardo en comprenderlo. Debo aprovechar mi situación privilegiada. El público es veleidoso, quiere quitar al que está, sin darse cuenta de que ha sido él quien lo ha colocado en ese pedestal que ocupa. Y desea volverse en otro torero y convertirlo en su ídolo. Ya me habían dado mi sitio. Ahora me correspondía a mí consolidarlo.”

La Corrida de la Beneficencia de 1946 fue mucho más que un festejo benéfico. Fue el escenario de un relevo generacional anunciado y el crisol donde se fundieron el ocaso de una leyenda y el amanecer de una gran figura. Manolete moriría en Linares menos de un año después. 80 años de una Beneficencia para la historia.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Revista de la Corrida de Beneficencia del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM by Plaza de Toros Las Ventas - Issuu