Secretaría de Pastoral del Distrito Lasallista de Bogotá
Corrección de estilo
Secretaría de Pastoral
Ilustraciones
ChatGPT Gemini
Diagramación y diseño
Linda Bibiana Jerez Colorado
Indivisa Media
O cina de Comunicaciones
Impresión
Luxmar Publicidad SAS
Esta Cuadernillo pertenece a:
Bogotá D.C., Colombia Marzo, 2026
CAPÍTULO 1
Índice de contenido
LA MISIÓN COMIENZA EN LA ORACIÓN
CAPÍTULO 2
LA SEMANA SANTA: CAMINAR CON JESÚS HACIA LA CRUZ
2.1. DOMINGO DE RAMOS: La Entrada del Rey Humilde
2.2. LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES SANTO: Misioneros que Visitan, Escuchan y Anuncian
CAPÍTULO 3
EL TRIDUO PASCUAL: EL AMOR QUE SE ENTREGA Y RESUCITA
3.1. JUEVES SANTO: El Amor que se Hace Servicio
3.2. VIERNES SANTO: El Amor que se Hace Cruz.
3.3. SABADO SANTO: Cristo Resucitado, Luz para el Mundo
CAPÍTULO 4
EL TIEMPO PASCUAL:«RESUCITÓ CRISTO, MI ESPERANZA»
4.1. DOMINGO DE PASCUA: de la Resurrección del Señor
CAPÍTULO 5
RECURSOS PARA EL MISIONERO: VIVIR, SERVIR Y ANUNCIAR
CAPÍTULO 6
BITÁCORA: MEMORIAS DEL CAMINO MISIONERO
Oración del misionero
Señor, agradecemos el llamado que nos haces para anunciar tu palabra, descubrimos tu presencia en la familia lasallista que se reúnen para anunciarte, para vivir y proclamar con alegría tu Buena Nueva.
Nuestra mirada joven está dirigida hacia tu luz de esperanza, para que entre a nuestros corazones he irradie de amor a todos nuestros hermanos.
Nuestras acciones quieren ser una muestra de tu abrazo misericordioso y te lo atribuimos todo a ti, que nos has llamado a ser sal y luz del mundo.
Toma nuestro ser y afina nuestros sentimientos en la melodía de tu palabra, porque sólo así podremos hablar desde tu amor.
Queremos dar testimonio a todos los niños, jóvenes y adultos de la alegría que sentimos al tenerte en nuestra vida, viviremos esta experiencia tomados de tu mano y descubriremos la grandeza de nuestros hermanos, en la sencillez, el servicio, el compromiso y la fe.
Sé la fuerza que anime nuestro camino misionero. Sé el bastón que sostenga el anuncio de tu palabra.
Porque como iglesia en salida nos juntamos los lasallistas, para ser mensajeros de esperanza, Artesanos de la Paz y hacer de esta Semana Santa una experiencia de fraternidad entorno a Tu resurrección.
Amén
Capítulo 1
LA MISIÓN COMIENZA EN LA ORACIÓN
“ Los cristianos hoy están llamados a ser testigos de oración, precisamente porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva al encuentro con Dios. En la amistad profunda con Jesús y viviendo en él y con él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios. Es más, al recorrer el camino de la oración, sin respeto humano, podemos ayudar a otros a recorrer ese camino: también para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos.
Queridos hermanos y hermanas, eduquémonos en una relación intensa con Dios, en una oración que no sea esporádica, sino constante, llena de confianza, capaz de iluminar nuestra vida, como nos enseña Jesús. Y pidámosle a él poder comunicar a las personas que nos rodean, a quienes encontramos en nuestro camino, la alegría del encuentro con el Señor, luz para nuestra vida”. (Benedicto XVI, Audiencia General, 2011).
1.1. LA MISIÓN COMIENZA EN EL CORAZÓN QUE SE DISPONE A
ESCUCHAR A DIOS
La misión no empieza cuando salimos a visitar las casas, ni cuando anunciamos la Palabra, ni siquiera cuando organizamos una actividad pastoral. La misión comienza en el corazón que se dispone a escuchar a Dios.
- Antes de hablar de Él, necesitamos hablar con Él.
- Antes de llevar esperanza, necesitamos recibirla.
- Antes de sembrar la Palabra, necesitamos dejarnos sembrar por ella.
Por eso, cada mañana de esta Semana Santa, cada equipo misionero está llamado a detenerse unos minutos y ponerse en la presencia del Señor. No como un requisito, sino como una necesidad interior. La oración no es un añadido a la misión; es su fuente.
Rezar juntos un salmo de la Liturgia de las Horas nos une a la oración de toda la Iglesia. No oramos solos: oramos como Iglesia que camina hacia la Pascua. En esos salmos encontramos la voz del pueblo que clama, espera, confía, sufre y celebra. Allí también está nuestra propia voz.
Después de escuchar la Palabra, cada misionero escribe su propósito del día. Este gesto sencillo transforma la jornada en una ofrenda consciente:
ACTITUD DE HOY: _______________________
ACCIÓN CONCRETA: _____________________ OFREZCO ESTE DÍA POR: _________________
Este pequeño ejercicio convierte el día en camino de santidad. No salimos improvisando; salimos enviados. No actuamos por impulso; actuamos con intención. No trabajamos solos; trabajamos sostenidos por la gracia.
1.2.
REZAR JUNTOS
UN SALMO DE LA LITURGIA DE LAS HORAS NOS UNE A LA ORACIÓN DE TODA LA IGLESIA
Laudes Lunes Santo
Salmo 41
Se dice la Antífona antes de iniciar y al terminar el salmo:
Antífona: Exclamó Jesús: «Siento en mi alma angustias de muerte; aguarda aquí y vela conmigo.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan de noche y día, mientras todo el día me repiten: “¿Dónde está tu Dios?”
Recuerdo otros tiempos, mi alma desfallece de tristeza: cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.
¿Porque te acongojas, alma mía, porque te me turbas? Espera en Dios que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.»
Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo, desde el Jordán y el Hermón Y el monte Menor.
Una sima grita a otra sima con voz de cascadas: tus torrentes y tus olas me han arrollado.
De día el Señor me hará misericordia, de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía ¿por qué me olvidas? ¿Por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos por las burlas del adversario; todo el día me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas, alma mía, ¿por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona: Exclamó Jesús: «Siento en mi alma angustias de muerte; aguarda aquí y vela conmigo.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Laudes Martes Santo
Salmo 64
Antífona: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos.
Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión, y a ti se te cumplen los votos, porque tú escuchas las súplicas. A ti acude todo mortal a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas.
Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; tú, esperanza del confín de la tierra y del océano remoto; tú, que afianzas los montes con tu fuerza, ceñido de poder; tú, que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y a las puertas de la aurora y del ocaso los llenas de júbilo.
Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua preparas los trigales; riega los surcos, iguala los terrones.
Tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes; coronas el año con tus bienes, las rodadas de tu carro rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría; y las praderas se cubran de rebaños, y los valles se visten de mieses, que claman y cantan.
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Laudes Miércoles Santo Cántico 1S 2, 1-10
Antífona: Si hemos muerto con Cristo, tenemos fe en que viviremos también con él.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquéis discursos altivos, no echéis por la boca arrogancias, porque el Señor es un Dios que sabe; él es quién pesa las acciones. Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos no tienen ya que trabajar; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras que la madre de muchos se marchita.
El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra, y sobre ellos afirmó el orbe.
El guarda los pasos de sus amigos, mientras los malvados perecen en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios, el altísimo truena desde el cielo, el Señor juzga hasta el confín de la tierra. Él da fuerza a su Rey, exalta el poder de su Ungido.
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona: Si hemos muerto con Cristo, tenemos fe en que viviremos también con él.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Laudes Jueves Santo
Salmo 80
Antífona: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.
Aclamad a Dios, nuestra fuerza: dad vítores al Dios de Jacob: acompañad, tocad los panderos, las cítaras templadas y las arpas; tocad las trompetas por la luna nueva, por la luna llena que es nuestra fiesta;
Porque es una ley de Israel, un precepto del Dios de Jacob, una norma establecida para José al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
“Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré, te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel! No tendrás un Dios extraño, no adoraras un dios extranjero: yo soy el Señor Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto:
abre tu boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!
En un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios, los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.”
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Laudes Viernes Santo
Salmo 50
Antífona: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.
Misericordia, Dios mío por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud. Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame : quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre ¡oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Laudes Sábado Santo
Cántico Is 38, 10-14. 17-20
Antífona 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Yo pensé: “En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años.”
Yo pensé: “Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.
Levantan y enrollan mi vida, como una tienda de pastores Como un tejedor devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.”
Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer.
Me quiebran los huesos como un león, día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando tuviste mi alma
ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados.
El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes de alaba: como yo ahora.
El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad. Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor.
“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Antífona 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Actitud de Hoy:
Acción concreta:
Ofrezco este día por:
Capítulo 2
LA SEMANA SANTA: CAMINAR CON JESÚS HACIA LA CRUZ
Durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la reconciliación, realizados por el Señor Jesús en los últimos días de su vida comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén.
El tiempo de Cuaresma continúa hasta el día jueves de la Semana Santa. La Misa Vespertina de la Cena del Señor es la gran introducción al santo Triduo pascual, el cual comienza con el viernes de la pasión, prosigue con el Sábado Santo, que tiene su culmen en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del domingo de la Resurrección.
Es importante recordar que las “ferias de Semana Santa desde el lunes hasta el jueves inclusive, tienen preferencia sobre cualquier otra celebración” y por tanto en estos días no deben administrarse los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación. Más bien sí es importante que en estos días se ofrezcan en todas las parroquias, capellanías, colegios, hospitales y centros de evangelización, horarios amplios para facilitar a los fieles cristianos el acceso al Sacramento de la Reconciliación como preparación espiritual para acompañar al Señor Jesús en la entrega de Sí mismo por nosotros. Es muy conveniente que el tiempo de Cuaresma termine con alguna celebración penitencial que prepare a una más plena participación en el misterio pascual.
2.1. DOMINGO
DE RAMOS: La Entrada del Rey Humilde
2.1.1. Sentido del Domingo de Ramos
Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa que comprende la profecía del triunfo pascual de Cristo y el anuncio de su Pasión. Estos dos aspectos del misterio pascual se han de poner de relieve tanto en la predicación como en la celebración de este día. Celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, se hacen procesiones con palmas para revivir la experiencia de Jesús. El Sacerdote las bendice y las personas las llevan a su casa como signo de que Jesús ha entrado en su hogar.
2.2.2. Momentos Litúrgicos
Para una reverente y fructuosa celebración del Domingo de Ramos se debe tener presente:
A. La Entrada del Señor Jesús en Jerusalén
La entrada del Señor Jesús en Jerusalén se debe conmemorar con una procesión en la cual los cristianos celebran dicho acontecimiento, imitando las aclamaciones como los gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor. Esta procesión ha de ser única y debe tener lugar antes de la misa en la que haya mayor presencia de fieles. Para ello se puede hacer la reunión de la Asamblea en otra iglesia menor, o en un lugar apto fuera de la Iglesia hacia la cual se dirigirá la procesión. Los fieles que participan en esta procesión deben llevar en las manos ramos de palma de olivos o de otros árboles, y durante la procesión entonar cantos apropiados a Cristo Rey. Los sacerdotes y los ministros, llevando también ramos, deben preceder en el orden de la procesión al pueblo.
B. La Bendición de los Ramos
No hay que olvidar que la bendición de los ramos y palmas tiene lugar antes de la procesión y que se debe instruir a los fieles cristianos a que conserven en sus casas junto a las cruces o cuadros religiosos que hay en los hogares los ramos bendecidos como recuerdo de la victoria pascual del Señor Jesús. Así mismo, es una noble tradición que para el año siguiente se usen estos ramos y palmas para hacer la ceniza que nos será impuesta en la frente el día miércoles con que se dé inicio al ejercicio de la Santa Cuaresma.
C. Proclamación de la Pasión
Otro elemento muy importante del Domingo de Ramos es la proclamación de la Pasión. Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de leerla, es decir, que sean tres las personas que hagan las veces de Cristo, del cronista y del Sanedrín. La pasión ha de ser proclamada por diáconos o presbíteros, o en su defecto por lectores en cuyo caso la parte corres-
pondiente a Cristo se reserva al sacerdote o consagrado. Para la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces, ni incienso, ni se hace al principio saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, si se signa el libro. Tan solo los diáconos piden la bendición al sacerdote. Para el bien espiritual de los fieles conviene que se lea por entero la narración de la Pasión y que no se omitan las lecturas que la preceden. Terminada la lectura de la Pasión, no se puede omitir la homilía.
2.2. LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES SANTO: Misioneros que Visitan, Escuchan y Anuncian
Estos primeros días de la Semana Santa se aprovechan para dos grandes experiencias, el visiteo y la catequesis con las diferentes poblaciones.
2.2.1. Visiteo ¿Estás listo para ir a donde esperan tu presencia?
Como su nombre lo indica es la actividad que le da sentido a la misión, porque nos disponemos a visitar a enfermos, ancianos, familias y comunidades que por lo general se encuentran apartadas del casco urbano, o sencillamente por diferentes motivos no pueden desplazarse hasta la parroquia donde se realizan las principales actividades religiosas.
La intención del visiteo es:
1. Generar confianza para que ellos abran sus corazones y dejen entrar a Dios en sus vidas. Y que acepten participar en las actividades.
2. Detectar necesidades familiares o de la comunidad, situaciones difíciles, para poder evangelizar según detectemos que ellos lo necesitan. Lectura de Biblia, Oraciones y Cantos.
3. Dentro de la visita dejar un mensaje claro, que sea relacionado a los temas que se están viendo en la plática, parecido a una catequesis.
Antes de la visita
1. Debes preparar con tus compañeros misioneros el tema que tratarán en la visita para poder prepararlo con anticipación. Recuerda ser creativo y recursivo garantizando un encuentro que fortalezca espiritualmente a quien visitas.
2. Ten presente la sagrada escritura como principal herramienta inspiradora para este momento.
3. Alista algún detalle, postal, estampa, mercado o donación para compartir en el hogar que visites. No llegues con tus manos vacías, de seguro quienes te esperan te ofrecerán varias cosas.
Durante de la visita
1. La clave está en mostrar interés por las actividades que realizan las personas del lugar
que visitas y si ves la oportunidad de iniciar tu visita ayudando y vinculándote a dichas actividades puede ser un gran comienzo.
2. Siempre debes tener presente que la visita va más allá de realizar la actividad prevista…es un momento para hablar de tu vida, escuchar las historias de otros y EMPATIZAR con los demás.
3. Este tiempo también es privilegiado para convocar a la comunidad a las diferentes actividades y celebraciones litúrgicas que se tendrán durante la Semana Mayor o coordinar con ellos los diferentes apoyos que se necesitarán para estas.
Esquema del visiteo
1. Saludo: Presentarse con la persona que la recibe, aludiendo a que son los “misioneros lasallistas de la parroquia”
2. Generar un diálogo. A partir del tema hacer algunas preguntas que ayuden a que la charla se encamine para abordar el tema.
3. Momento de encuentro y oración. Podemos encender nuestra vela viajera que recuerda la presencia de Dios y disponer el momento con alguno de los modos para ponerse en la presencia de Dios a ejemplo de San Juan Bautista de La Salle. Puedes apoyarte con alguna canción o melodía instrumental.
4. Se puede preparar un texto bíblico. Desde allí empezar con una breve introducción para ver qué es lo que Dios nos quiere transmitir a través de la Biblia en ese momento (se lee la cita Bíblica).
5. Reflexión. Con una serie de preguntas ayudar a que la persona llegué a comprender la cita y cuál es su mensaje.
6. Cierre. Se puede concluir con alguna idea, frase o pensamiento que resuma lo que vimos y escuchamos en la visita. Hacer entrega de la esquela o estampa para el hogar que los ha recibido.
Después de la visita
Seguramente la motivación, mensaje y animación hecho en la visita llevará a las personas a vincularse en varias actividades. Cuando te vuelvas a encontrar con ellas manifiestan la misma empatía de la visita y dale gracias por lo vivido o compartido.
2.2.2. Catequesis
Sin lugar a duda cuando asumimos ir de misión, asumimos también la tarea de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo. Lo hacemos de la manera más parecida a como lo hicieron los discípulos antes y después de la muerte del Mesías, es decir, enseñando por todos los pueblos, recorriendo largas distancias y llegando a personas, familias y comunidades que quieren entender mejor el mensaje. ¿Eres consciente de la gran tarea que tienes?
Cada encuentro con personas y grupos durante la semana será una oportunidad para dar una catequesis, es decir enseñar y ayudar a otros a comprender el mensaje del Evangelio. Estos días…
1. Se procura realizar encuentros con niños, jóvenes y adultos y acorde a cada edad se preparan espacios para ayudarles a entender el sentido de lo que viviremos en el triduo pascual.
2. Antes de hablar con ellos, siéntete seguro de lo que vas a decir y si algo no sabes o comprendes por el sentido teológico o litúrgico que tenga, no tengas miedo en decir que no lo sabes. Busca a alguna persona que te pueda orientar para que lo que se diga sea lo correcto.
Ahora sí, te presentamos algunas actividades para desarrollar con estos grupos.
Capítulo 3
EL TRIDUO PASCUAL: EL AMOR QUE SE ENTREGA Y RESUCITA ¡TRES DÍAS MUY IMPORTANTES PARA LOS CRISTIANOS!
Hemos llegado ya al corazón de la Semana Santa, culmen del camino cuaresmal. El Triduo Pascual, son los tres días (Jueves, Viernes y Sábado Santo) santos en los que la Iglesia conmemora el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. El Hijo de Dios, al hacerse hombre por obediencia al Padre, llegando a ser en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado (cf. Hb 4, 15), aceptó cumplir hasta el fondo su voluntad, afrontar por amor a nosotros la pasión y la cruz, para hacernos partícipes de su resurrección, a fin de que en él y por él podamos vivir para siempre en la consolación y en la paz. Por tanto, los invito a acoger este misterio de salvación, a participar intensamente en el Triduo pascual, momento de gracia especial para todo cristiano; los invito a buscar en estos días el recogimiento y la oración, a fin de beber más profundamente en este manantial de gracia. (Benedicto XVI, AUDIENCIA GENERAL, Plaza de San Pedro, Miércoles 20 de abril de 2011)
Para los lasallistas el culmen de estos tres días le dan sentido a nuestra famosa frase VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES… ¡POR SIEMPRE! Es decir que estamos en una constante fiesta porque Jesús está vivo.
3.1. JUEVES
SANTO: El Amor que se Hace Servicio
3.1.1. Sentido del Jueves Santo
Santo Tomás explica que el Jueves Santo se celebra la institución de la Eucaristía como sacramento de la caridad. Enseña que la Última Cena anticipa sacramentalmente el sacrificio de la cruz, de modo que la Eucaristía no es sólo recuerdo, sino presencia real del amor que se entrega. Para él, este día revela que el centro de la fe cristiana no es una idea, sino una persona que se ofrece libremente por amor.
3.1.2. Momentos Litúrgicos
A. En este Día en Cada Iglesia, la Eucaristía es Única
La Misa «en la Cena del Señor celébrese por la tarde, en la hora más oportuna, para que participe plenamente toda la comunidad local. Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día están prohibidas todas las Misas en los pueblos». Sólo con permiso del Ordinario (párroco u obispo) del lugar se puede celebrar otra Misa por la tarde o incluso por la mañana pero sólo en caso de verdadera necesidad y cuando el bien espiritual de los fieles así lo exija.
- El Sagrario aparece abierto y vacío. La comunión de hoy se hace del pan consagrado en la misma Eucaristía. Se han de consagrar en esta Misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles y para que el clero y los fieles puedan comulgar el día siguiente, Viernes Santo, en la celebración de los oficios de la Pasión del Señor.
- El “Gloria” se canta con solemnidad. Por ello mientras se canta este himno, se hacen sonar las campanas que ya no se vuelven a tocar hasta el “Gloria” de la Vigilia Pascual el Sábado Santo.
- Las lecturas de la Palabra de Dios de esta Misa, tienen una buena conexión entre ellas: Ex. 12 nos habla de la cena pascual de Israel; 1 Cor. 11 de la Institución de la Eucaristía, y Jn. 13 del mandato y el ejemplo del amor servicial del Señor Jesús. En la homilía hay que recordar los misterios que recuerda esta Misa, es decir la Institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor Jesús sobre la caridad fraterna.
B. El Lavatorio de los Pies, no Debe Omitirse
Según la tradición se hace en este día a doce personas previamente designados y representativos de la comunidad. Significa el servicio y el amor del Señor Jesús que ha venido no para ser servido, sino para servir”. (Mt. 20,28). Es un hermoso sacramental que complementa y explica lo que es la Pascua y el sentido profundo de este día del Jueves Santo.
- El gesto del lavatorio de los pies, que recoge el evangelista San Juan, lo ve el discípulo amado como la inauguración del camino pascual de Cristo. Donde en verdad mostró el Señor
su actitud de servicio fue en la Cruz.
- Allí no se despojó del manto, sino de la vida misma, “se despojó de su rango” y demostró que era “el que sirve” y el que se entrega por los demás porque “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos”.
- Con el gesto del lavatorio de los pies adelantaba en símbolo (luego lo haría de otro modo más entrañable y eficaz con el pan partido y el vino repartido, la donación de su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía) lo que iba a hacer en la Cruz.
- El lavatorio de pies hay que hacerlo con autenticidad. No sólo con unas gotas, sino lavando, secando y luego besando los pies, de modo que exprese bien la lección que nos dio el Señor Jesús: el amor fraterno, el servicio para con todos, la reconciliación.
- En la procesión de ofrendas, se destacan hoy más que nunca, el pan y el vino que la comunidad aporta y que constituyen la materia para el sacramento de la Eucaristía. Además es altamente recomendable que se puedan llevar «los donativos para los pobres, especialmente aquéllos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto de la penitencia.
- Hoy es un día muy adecuado para enviar la comunión a los enfermos, tomándola del altar, delante de todos, en el momento de la comunión de Eucaristía comunitaria: «así pueden unirse los enfermos de un modo más intenso a la Iglesia que celebra».
- Una vez concluida la Misa del Jueves Santo se procede a reservar el Santísimo Sacramento. Si en la Iglesia hay capilla del Santísimo, es lógico hacer allí la reserva, o sea, donde se hace siempre. Esto ayuda a recordar a la comunidad que siempre existe la reserva del Santísimo, que la Eucaristía es también el sacramento de la presencia real del Señor Jesús, y que por amor a nosotros se queda para ser el Dios con nosotros cumpliendo así con su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20). La capilla deberá estar adornada con flores y cirios. Si en la iglesia no hubiese una capilla del Santísimo entonces se deberá preparar en un lugar adecuado, el lugar de la reserva, el que estará convenientemente adornado para que invite a la adoración, a la meditación y a la oración de los fieles.
Al respecto las normas litúrgicas dicen lo siguiente:
- «Terminada la oración después de la comunión, comienza la procesión, presidida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la que se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hacia el lugar de la reserva. Mientras tanto se canta algún canto eucarístico... El Sacramento ha de ser reservado en un sagrario o en una urna. No ha de hacerse nunca una exposición con la custodia u ostensorio. El sagrario o la urna no han de tener la forma de un sepulcro.
- Evítese la misma expresión “sepulcro”: la capilla de la reserva no se prepara para representar “la sepultura del Señor” sino para conservar el pan eucarístico destinado a la comunión del viernes de la Pasión del Señor. Invite a los fieles a una adoración prolongada durante la noche del Santísimo Sacramento en la reserva solemne, después de la Misa en la Cena del Señor. En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio de San Juan (capítulos 13-17). Pasada la medianoche, la adoración debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor».
- Terminada la Santa Misa se despoja el altar en el cual se ha celebrado. Conviene que las cruces que haya en la iglesia se cubran con un velo de color oscuro o morado. No se deben
encender velas o lámparas ante las imágenes de los santos.
C. Indicaciones para Armar el Altar al Santísimo
El jueves santo recordamos varias cosas, entre ellas la última cena, la institución de la Eucaristía, el lavatorio de pies y la oración del huerto de Getsemaní: “Entonces fue Jesús con sus discípulos a un huerto llamado Getsemaní, y les dijo: -Siéntense aquí mientras voy a orar un poco más allá. Llevó consigo a Pedro y a los 2 hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia y les dijo: -Quédense aquí y velen conmigo. Después avanzó un poco más, cayó rostro en tierra y suplicaba así: -Padre mío, si es posible aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Regresó con los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro: -¿De modo que no han podido velar conmigo ni siquiera una hora? Velen y oren, para que puedan afrontar la prueba; pues el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26,36-41).
Jesús les pide a sus discípulos que velen y oren junto con él en esa noche de agonía; es por eso que a nosotros nos toca acompañarlo también, velar y orar con él. Jesús nos invita a vivir estos momentos de agonía con él en el huerto. Por eso en la Iglesia católica el jueves santo se realiza una adoración del Santísimo después de la celebración del día.
El adorar al Santísimo, es cuando se expone el cuerpo de Cristo, es decir la hostia ya consagrada, y se tiene un momento de oración, alabanza o contemplación. Regularmente se deja el copón abierto, en un lugar especial para la exposición. Se debe también contar con veladoras.
- El momento correcto para hacerla es después de la celebración del día, al terminar se debe ya tener preparado un monumento, es decir un lugar adecuado para exponer el santísimo, previamente destinado; en el lugar de la exposición se debe poner un corporal sobre el altar, y sobre el corporal el copón, se debe contar con 6 veladoras, 3 a cada lado del Santísimo.
- Se debe también tener previsto el equipo de animación, ya sea guitarras, grabadora o bocinas.
- Los misioneros deben turnarse para acompañar el Santísimo durante la velada, ya que no puede quedarse solo, y permitiendo que la gente del pueblo los acompañen hasta la hora que el asesor o coordinador lo dispongan, se recomienda que se termine entre 10 y 12 p.m. dependiendo de las condiciones del pueblo.
- El horario debe estar establecido desde antes y se debe dar a conocer a la gente del pueblo.
- Debe ser un lugar decorado para los cual se puede usar telas, con el cuidado de las velas.
- Puede poner música de fondo que no tenga letra (instrumental).
- Puede usar flores o decoración hecha por los niños.
- Debe ubicarse con mucho respeto el copón en la custodia; si no se tiene hacer la adoración simbólica.
Se debe tener en cuenta que el lugar donde esté el santísimo debe crearse un ambiente de respeto, silencio y solemnidad. La adoración del Santísimo del jueves santo tiene un carácter especial ya que se hace alusión a la agonía que siente Jesús al saber que va a ser entregado y que el hecho de que hoy en nuestro tiempo lo acompañemos con nuestra oración, simboliza la unidad que tenemos con Cristo.
Indicaciones:
- Se puede organizar con los integrantes de la comunidad, desde días atrás para que vayan practicando algunos cantos de alabanza que después se utilizaran en la adoración.
- En el momento de iniciar con la adoración, se recomienda empezar con todo el pueblo, desde niños hasta los adultos.
- El misionero se pone de rodillas y el expositor dice:
D. Guía para la Adoración al Santísimo
1. Acogida y aclamación inicial
- ¿Qué hace el misionero? Habla con voz serena, pausada, generando recogimiento.
- ¿Qué significa este momento? Estamos entrando en la presencia real de Jesús.
- No es un símbolo. No es un recuerdo. Es Cristo vivo que se queda con nosotros en la Eucaristía.
- Texto sugerido: Hermanos, nos hemos reunido en esta hora santa para acompañar a Jesús Sacramentado. Él quiso quedarse realmente presente en la Eucaristía para no dejarnos solos. Hoy venimos a adorarlo, a escucharlo, a agradecerle y a entregarle nuestra vida.
Hagamos silencio en el corazón… Dejemos las preocupaciones… Y pongamos nuestra mirada en Jesús.
(Se puede colocar música instrumental suave)
- Aclamación: el misionero invita a arrodillarse y luego realiza la siguiente aclamación (Repetir tres veces)
Misionero (a): Bendito sea el Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar. Asamblea: Sea para siempre bendito, adorado y alabado.
(Silencio profundo)
- Silencio: No se dice: “Ahora guardemos silencio.” Se debe conducir con suavidad.
Ejemplo:
Hermanos, vamos a hacer un momento de silencio… Dejemos que nuestro corazón se serene… Miremos a Jesús…Pongamos ante Él nuestra vida… Que este silencio sea una ofrenda de amor.
Entre 1 y 3 minutos es adecuado, dependiendo del grupo. Luego se realiza la siguiente oración.
2. Oración Inicial: El misionero, con voz pausada, clara y llena de recogimiento, invita a la asamblea a disponerse interiormente para comenzar este momento de adoración. Procurando un ambiente de silencio y oración, pronuncia la siguiente oración lentamente, permitiendo que cada palabra sea acogida en el corazón.
Señor Jesús, en esta hora de silencio y de paz, al adentrarnos en la noche de tu entrega, en que las sombras de la inquietud se acercan, queremos estar contigo que nos amas hasta el extremo.
Tú has puesto para nosotros lo que tú eres; nosotros ponemos ante Ti lo que somos, para adorarte en espíritu y en verdad.
En la intimidad profunda de esta noche santa, en que tus palabras son tu testamento, tu voluntad última, tu oración, haz de nosotros amigos fieles, discípulos verdaderos, enamorados de tu amor.
Es noche de Alianza Nueva, de banquete del Reino; noche sacerdotal en que del todo te consagras; tiempo de orar y velar... Noche de gracia en que nos salvas.
Acepta, Señor, nuestra compañía en esta hora; siembra en nosotros tu Evangelio y haznos capaces de vivir contigo y desde Ti todas las cosas, amando, como Tú, hasta el extremo.
Realiza un momento de silencio.
3. Canto de adoración: El misionero puede poner música instrumental suave o un canto de adoración que ayude a la asamblea a profundizar en la presencia de Jesús Sacramentado. Este momento no es para animar, sino para orar; la música debe favorecer el recogimiento, la contemplación y el diálogo interior con el Señor.
Puede ser:
- “Jesús Amigo”.
- “Si conocieras cómo te amo”.
- Música instrumental contemplativa.
4. Lectura de la Palabra de Dios: El misionero proclama el Evangelio con voz clara, pausada y reverente, recordando a la asamblea que es el mismo Señor quien nos habla a través de su Palabra. Puede invitar a los participantes a ponerse de pie, como signo de respeto y disposición para escuchar, o a sentarse si el momento lo requiere, procurando siempre un ambiente de recogimiento. Antes de iniciar, anima a abrir el corazón para acoger el mensaje que Dios quiere regalar en esta hora de adoración.
Evangelio según San Lucas 22:39-51
39 Luego Jesús salió y, según su costumbre, se fue al Monte de los Olivos; y los discípulos lo siguieron. 40 Al llegar al lugar, les dijo:
—Oren, para que no caigan en tentación.
41 Se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y se puso de rodillas para orar. 42 Dijo: «Padre, si quieres, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
[43 En esto se le apareció un ángel del cielo, para darle fuerzas. 44 En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre.]
45 Cuando se levantó de la oración, fue a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos, vencidos por la tristeza. 46 Les dijo:
—¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren, para que no caigan en tentación.
Misionero (a): Palabra del señor
Asamblea: Gloria a ti señor Jesús
5. Meditación: El misionero realiza una breve reflexión, iluminada por la Palabra proclamada y por los momentos litúrgicos vividos durante el día santo. Con un lenguaje sencillo y cercano, ayuda a la asamblea a profundizar en los signos celebrados —el servicio, la entrega, el amor fraterno, la pasión del Señor— invitando a aplicarlos a la vida personal, familiar y comunitaria. No se trata de una enseñanza extensa, sino de una meditación que conduzca al corazón, favorezca el examen interior y prepare el alma para el silencio contemplativo ante Jesús Sacramentado.
Ejemplo de meditación: Miramos los signos del lavatorio: la toalla y la jofaina que nos hablan de un Dios que por amor nos lava los pies. El mandamiento que Jesús nos da es el del amor. La iniciativa parte de Jesús. Él nos amó primero. Su amor es invitación, es punto de partida para el nuestro; y algo más, es gracia derramada que nos capacita para amar como Él mismo nos amó. Su amor es el del Padre, su amor es el Espíritu Santo derramado en
nuestros corazones. Señor, enséñanos a mirar a cada persona con una mirada fraterna. No permitas que nuestro corazón se cierre a tantas injusticias que nos rodean y a tantos hombres que sufren. Haz que sepamos reconocer en cada ser humano tu rostro vivo para que te adoremos y te sirvamos por medio de nuestra entrega y nuestra solidaridad.
Puede orientar este momento de meditación con las siguientes preguntas. (las hace de manera pausada y generando momentos de silencio).
- ¿Cómo estoy viviendo el amor en mi hogar?
- ¿Sé pedir perdón y ofrecer perdón a mi familia?
- ¿Escuchó con paciencia a mi esposo(a), hijos, padres o hermanos?
- ¿He dejado que el orgullo o la indiferencia enfríen el amor familiar?
- ¿Qué necesita sanar hoy mi familia?
- ¿Estoy siendo instrumento de paz en mi casa o motivo de división?
- ¿A quién me está invitando Jesús a amar más?
- ¿Hay alguien a quien necesito reconciliarme?
- ¿Me siento verdaderamente amado por Dios, incluso en mis fragilidades?
- ¿Busco espacios de oración o solo recurro a Él cuando tengo problemas?
- ¿Confío en la voluntad de Dios cuando no entiendo lo que sucede en mi vida?
6. Silencio – contemplación y adoración: El misionero invita a la asamblea a entrar en un momento profundo de silencio ante Jesús Sacramentado, creando un ambiente de recogimiento con música instrumental suave que favorezca la oración interior. Este no es un silencio vacío, sino un tiempo sagrado para contemplar al Señor y meditar en el corazón las preguntas propuestas. Cada persona, en total silencio, pone su vida ante Jesús, dejando que su mirada amorosa ilumine, sane y transforme. Es un momento para escuchar a Dios, dejarse tocar por su presencia y responder desde lo más íntimo del alma.
7. Participación de acción de gracias o petición de la asamblea: El misionero invita a la asamblea a expresar, de manera sencilla y espontánea, acciones de gracias o peticiones al Señor, recordando que estamos ante Jesús vivo que escucha el clamor de su pueblo. Puede animar a orar brevemente por la familia, el trabajo, la salud, por los enfermos, por la unidad en el hogar o por cualquier necesidad personal o comunitaria. Este momento debe vivirse con respeto y recogimiento, permitiendo que cada intervención sea una oración sincera que brota del corazón, mientras la comunidad acompaña en silencio y fe cada intención presentada ante el Santísimo.
8. Canto: El misionero dispone a la asamblea para culminar este momento con un canto profundamente eucarístico, que exprese amor, fe y reverencia ante Jesús Sacramentado. Puede elegir una canción de adoración como “Lo Más Grande”, “Jesús Eucaristía” o “El Espíritu de Dios está en este lugar”, procurando mantener el clima de recogimiento y oración. Este canto no es un cierre festivo, sino una respuesta agradecida del corazón que reconoce la presencia real del Señor y renueva el deseo de permanecer con Él y vivir según su voluntad.
9. Oración final: puede ser una persona de la asamblea.
Oh Jesús Sacramentado, presente en medio de nosotros, creemos en Ti y confiamos en Ti.
En nuestras alegrías y en nuestras tristezas, confiamos en Ti.
En nuestras dudas y en nuestras luchas interiores, confiamos en Ti.
En nuestras familias, en nuestros hogares, confiamos en Ti.
En los enfermos y en quienes sufren, confiamos en Ti.
En los momentos de oscuridad y de prueba, confiamos en Ti.
En nuestra parroquia y en nuestra comunidad, confiamos en Ti.
En nuestra misión y en nuestro servicio, confiamos en Ti.
Cuando no entendemos tu voluntad, confiamos en Ti. Cuando el camino se hace difícil, confiamos en Ti. Jesús Eucaristía, fortaleza de los débiles, consuelo de los tristes, esperanza de tu pueblo, hoy y siempre ponemos nuestra vida en tus manos.
10. Despedida (sin bendición eucarística): Muy importante: Un laico no da bendición con el Santísimo.
Puede decir:
Señor Jesús, gracias por este encuentro contigo. Que lo vivido aquí transforme nuestra vida.
Que salgamos a amar y servir como Tú. Amén
3.2. VIERNES SANTO: El Amor que se Hace Cruz
3.2.1.
El Sentido del Viernes Santo
Constituye propiamente el segundo día del Triduo Pascual. Para una buena celebración de la Pasión del Señor se deben tener en cuenta los siguientes principios:
El viernes Santo es día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia y por tanto hay que guardar en este día la abstinencia y el ayuno, y según la oportunidad también el Sábado Santo hasta la Vigilia pascual. El ayuno de estos dos días es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario: la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado.
- Es toda la persona la que celebra la Pascua, no sólo la mente y el espíritu sino también el cuerpo. No hay que olvidar que el ayuno tiene en la espiritualidad cristiana un gran valor en una sociedad marcada por el consumismo y lo superfluo, es un medio para vivir la ascesis, el autocontrol, el señorío de sí mismo, y para ver en los bienes de este mundo su carácter perecedero y pasajero.
- La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía y la Comunión sólo se distribuye a los fieles durante la celebración de la Pasión del Señor. Sin embargo los enfermos que no puedan participar en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día.
- Está prohibido celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos. Las Exequias, si las hubiese, han de celebrarse sin canto, ni instrumentos. Se recomienda que en este día se celebre en las iglesias el Oficio de Lectura y los Laudes con participación de la comunidad.
- No tenemos Eucaristía pero sí una celebración litúrgica de la Muerte del Señor, una celebración de la Palabra que concluye con la adoración de la Cruz y con la comunión eucarística. Es una celebración sencilla, sobria, centrada en la muerte del Señor Jesús. Su estructura está bien pensada, aparece equilibrada, con proporción entre la dimensión de escucha de la Palabra de Dios y la acción simbólica de la adoración de la Cruz y su veneración con el beso personal de todos. Lo importante es saber captar la dinámica de esta celebración y aprovechar espiritualmente toda su fuerza en la misma celebración:
- Proclamamos el misterio de la Cruz, en las lecturas de la Palabra de Dios.
- Invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa Cruz.
- Adoramos la Cruz del Señor Jesús.
- Y finalmente participamos del misterio de esa Cruz, del Cuerpo entregado, comulgando de él.
La Pasión de Cristo es pues, proclamada, invocada, venerada y comulgada.
3.2.2. Momentos Litúrgicos
A. Viacrucis
I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según San Lucas:
Pilato les habló de nuevo, porque quería liberar a Jesús, pero ellos gritaban: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Entonces Pilato decidió acceder a su petición: les dejó en libertad al que pedían, que estaba en la cárcel por disturbio y homicidio, y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran (Lc. 23, 2021.24-25).
Meditación:
No debemos olvidar nunca que «nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo». Por ellos, Jesús fue considerado como un malhechor, como el peor y el más despreciable de los hombres. Esta consideración nos ayudará, en primer lugar, a alejarnos de toda ocasión próxima de pecar. «Es duro leer, en los Santos Evangelios, la pregunta de Pilato: “¿A quién quieren que suelte, a Barrabás o a Jesús, que se llama Cristo?”. –Es más penoso oír la respuesta: “¡A Barrabás!”.» Y más terrible todavía darme cuenta de que ¡muchas veces!, al apartarme del camino, he dicho también “¡a Barrabás!”, y he añadido “¿a Cristo?… ¡Crucifícalo!”». ¡Esa es también la realidad! Ahora queremos decirle, desde el fondo de nuestra alma: ¡Queremos que reine Cristo! En primer lugar, en nuestro corazón. ¡Así se lo decimos desde lo más íntimo de nuestro ser! Este deseo debe manifestarse también en la preocupación santa de acercar a muchos a Dios. Es la mayor alegría, el bien más grande que podemos llevarles.
Oración:
Señor, has sido condenado a muerte, y muchas veces nosotros también te hemos condenado, con nuestras acciones, equivocaciones, negaciones... Hoy te pedimos que una vez más nos perdones y nos permitas hacerte reinar en nuestros corazones, que podamos hacerte el lugar que mereces en nuestras vidas. Danos de tu gracia y permítenos que crezca ese deseo de llevarte en nosotros, para poder así, llevarte a los demás.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
II ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Lucas:
Los hombres que habían detenido a Jesús se burlaban de él y lo golpeaban y, tapándole los ojos, le decían: «¡Adivina!, ¿quién te pegó?». Y le gritaban toda clase de insultos (Lc. 22, 63-65).
Meditación:
Si alguna vez estamos tristes o padecemos una gran contrariedad, miremos a Jesús en estas escenas de la Pasión, «lleno de dolores, toda su carne hecha pedazos por lo mucho que nos ama: tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por Él, helado de frío, puesto en tanta soledad». Entonces, «Él nos mirará con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores para consolar los nuestros». Él nos mirará… Esa mirada de Jesús nos llega al fondo del alma. Podremos comprobar en esos instantes cómo nuestra alma recupera enseguida la paz y la serenidad, y se llena de fuerzas para seguir adelante.
Oración:
Señor, ayúdanos a no desanimarnos ante las dificultades del caminar cotidiano. Que podamos también nosotros tomar la cruz a cuestas como Vos. Danos la fuerza para abrazarla y elegir el camino que nos lleve siempre al consuelo de Tu mirada.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
III ESTACIÓN: Jesús cae bajo el peso de la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Profeta Isaías:
«Él cargaba y soportaba nuestros dolores; nosotros lo consideramos un castigado por Dios, golpeado y humillado. Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y quebrantado por nuestros crímenes (Is. 53, 4-5)
Meditación:
La voz de Isaías nos describe a Cristo desfigurado por el dolor: no hay hermosura que atraiga las miradas, no hay en Él belleza que agrade. Despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada. Pero fue Él, ciertamente, quien tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por castigado, herido de Dios y humillado. Más Él fue traspasado por nuestras iniquidades, y molido por nuestros pecados. El castigo salvador recayó sobre Él y en sus llagas hemos sido curados. El más hermoso de los hijos de los hombres perdió su belleza, quedó sin parecer ni hermosura, hecho un gusano, para que nosotros pudiéramos resplandecer con la gracia que Él nos ganó, para que más tarde la Iglesia apareciese gloriosa ante Él, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada.
Oración:
Jesús, el peso de la cruz te ha hecho caer. Pero tu caída no es un signo de debilidad, sino que es un rescate de amor por nosotros, para que pudiéramos, con Tu gracia, levantarnos del pecado. Señor, ayúdanos porque hemos caído, ayúdanos para que podamos renunciar a todo aquello que nos aleja de Tu amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
IV ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su madre
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Juan:
«Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: «Ya no tienen vino». Pero Jesús le contestó: «Mujer, ¿qué tiene que ver eso con nosotros? Todavía no ha llegado mi hora». Pero su madre dijo a los que servían: «¡Hagan lo que él les diga!» (Jn. 2, 3-5).
Meditación extraída y adaptada del libro Como quieras tú de Francisco Fernández Carvajal:
María contempla la soledad de su Hijo. Casi todos le han abandonado. ¡Cómo le dolería la huida de los que hasta ese momento habían seguido a Jesús! Como ahora, cuando contempla a los hombres que se alejan de la Cruz donde se alcanza el triunfo sobre el pecado. Nosotros queremos compartir esos sentimientos de María. «¡Cuánto nos duele –son palabras del Papa Juan Pablo II– que muchos participen tan fríamente en la obra de la redención de Cristo!». A veces, muchos cristianos dan la impresión de que la obra redentora de la Cruz no fuera con ellos. ¡Si pudiéramos consolar a Jesús en su soledad con nuestra fidelidad de cada día! Le pedimos a su Madre que en medio de nuestra vida ordinaria se complete en nosotros, aunque sea de un modo tan insuficiente, lo que falta a las tribulaciones de Cristo. Nuestro dolor ofrecido, nuestras penas y fatigas, sirven para acompañar a Cristo en su camino hasta la cruz.
Oración:
María, Madre de Dios y Madre nuestra, cuánto anhelamos que nuestra fidelidad a Jesús sea como la tuya. Te pedimos que nos enseñes a ser fieles como vos en la Cruz. Que podamos darle un sí sin medida como el tuyo, y que podamos caminar junto a Él aún en la dificultad y dolor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
V ESTACIÓN:
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del
Evangelio
según San Lucas:
Cuando se llevaban a Jesús detuvieron a un hombre de Cirene, llamado Simón, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz para que la llevara detrás de Jesús (Lc. 23, 26).
Meditación:
Se cuenta de un alma buena que, mientras meditaba esta escena de la Pasión, preguntó al Señor:
–¿Te puedo ayudar?
Y oyó en la intimidad de su corazón: –Cuando ayudas a tu prójimo es a mí a quien ayudas.
Muchas ocasiones tenemos a lo largo del día para aliviar a Jesús de su cruz, descargando a los demás de ella. Y también uniendo nuestros dolores al sufrimiento redentor del Señor.
Oración:
Señor, danos la oportunidad de ser cireneos en tu Pasión. Danos la gracia de reconocer como un don el compartir la cruz de los otros y experimentar así que caminamos con Vos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
VI ESTACIÓN: Una mujer enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Mateo:
«Entonces los justos le preguntarán [al Rey]: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que siempre que ustedes lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt. 25, 37-40).
Meditación:
Una antigua tradición, recogida en una de las estaciones del Vía Crucis, habla de una mujer que enjugó con un paño el rostro de Jesús, desfigurado por los golpes y lleno de sangre y de sudor. Y en tres partes de aquel lienzo, dice la tradición, quedó plasmada la figura del rostro de Jesús. Los mismos testimonios nos han dejado el nombre de Verónica como el de esta mujer, que sería bien conocida por los cristianos de la primitiva comunidad de Jerusalén. Fue un regalo del Señor, muestra de su gratitud. Él lo agradece todo y no deja sin premio ni siquiera la más pequeña muestra de amor a Él o a quienes nos rodean. Nos recuerda también esta escena que, si buscamos de verdad al Señor, veremos su semblante que brilla ante nosotros siempre como una señal de esperanza y de salvación. Lo encontramos en los demás, y, de una manera particular, en «los heridos de la vida», pues toda persona que sufre en su cuerpo o en su espíritu es imagen viva de Cristo, que nos invita a una actitud de respeto y de compasión eficaz. Es la imagen de Cristo doliente camino del Calvario.
Oración:
Señor, danos la inquietud de un corazón que busca Tu rostro, y danos la gracia de reconocerte y encontrarte en quienes caminan a nuestro lado.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
VII ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Lucas:
Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte (Lc. 23,34).
Meditación:
Padre, perdónalos… Son palabras del Señor que nos devolverán la esperanza si en algún momento de nuestra vida apareciera el desánimo, como consecuencia de nuestros errores y faltas de correspondencia a la gracia. ¿No nos va a perdonar el Señor si sembró de perdones el Calvario, cuando le insultaban y le hacían sufrir lo indecible? ¿No nos dará las gracias necesarias para seguir en el camino?
Por muy duro y poco generoso que sea mi pasado, puedo decir hoy una vez más: Ahora comienzo. Y por muchas veces que lo haya dicho, puedo repetirlo de nuevo cada mañana. ¡Ahora comienzo de nuevo! El amor de Dios por cada uno de nosotros no tiene límites, no se para ante ninguna barrera; sólo espera un terreno humano honrado para dar sus frutos. Una buena tierra hecha de sinceridad, de rectitud e intención. El amor del Señor se expresa muchas veces en su perdón. También nuestro amor a los demás.
Oración:
Señor, incluso en tu caída, seguís pensando en nosotros. Llagado, con la cruz a cuestas, y las palabras que te salen son de súplica por nuestras culpas. Te pedimos que nos des la fortaleza de poder comenzar de nuevo, de dejar el pecado y abrirnos a tu amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
VIII ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Lucas:
Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: «¡Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí! Lloren más bien por ustedes y por sus hijos» (Lc. 23, 27-28).
Meditación:
Jesús se detiene un instante y, olvidándose de sus propios dolores, consuela a aquellas mujeres compasivas. Les advierte, a la vez, sobre la ruina de la ciudad: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos… Son las únicas palabras que conocemos del Señor en su camino hacia el Calvario. No es su propio dolor lo que preocupa a Jesús; son nuestras dolencias y nuestros pecados. Esas heridas más profundas que nos hacemos a nosotros mismos cuando le ofendemos y nos separamos de Él. No lloren por mí… ¡Qué huella tan honda dejarían estas palabras en aquellas mujeres! Queremos que dejes en nosotros, Señor, una señal que no podamos olvidar jamás: la seguridad de que, en el camino de nuestra vida, siempre habrá alguien que espere una sonrisa, una palabra de ánimo y de consuelo, un consejo que le acerque a Ti; que nuestro dolor, si llega, nunca nos encierra en nosotros mismos.
Oración:
Señor, danos tu capacidad de olvido propio para darnos a los demás. Haz que caminemos junto a Vos sin limitarnos, y permite que nuestra entrega se una a la tuya.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Juan:
[Jesús dijo:] Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere queda solo; pero si muere da mucho fruto. El que se apega a su vida la perderá; el que desprecia la vida en este mundo la conservará para la vida eterna (Jn. 12, 24-25).
Meditación:
Miramos a Jesús. «¡Este es el hombre! El corazón se estremece al contemplar la Santísima Humanidad del Señor hecha una llaga […]. » Mira a Jesús. Cada desgarrón es un reproche; cada azote, un motivo de dolor por tus ofensas y las mías».
¡Cómo le quería!, comentaron los judíos en Betania al ver al Maestro llorar ante Lázaro, su amigo muer- to desde hacía cuatro días. Y los ángeles, al contemplar a Jesús en este estado tan lastimoso, pudieron exclamar: ¡Cómo les quiere! Nos mostró su amor a través de sus múltiples padecimientos. ¡Cómo nos quiere ahora! ¡Cómo me quiere!, podemos decir, con verdad, cada uno.
Oración:
Señor, que siempre recordemos que todo lo haces por amor a nosotros. Que cuando nos sintamos solos, heridos o derrotados, recordemos que Vos estás ahí, dándonos tu mano para levantarnos y seguir el camino, Tu camino.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
X ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Marcos:
[Los soldados] lo crucificaron y se repartieron su ropa por sorteo, para ver qué se llevaba cada uno. Así se cumplió la Escritura: Se han repartido mi ropa entre ellos y sortearon mi túnica (Mc. 15, 24).
Meditación:
Jesús ha quedado desprendido de todo en la cruz. «Es el expolio, el despojo, la pobreza más absoluta. Nada ha quedado al Señor, sino un madero.» Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra». Señor, a Ti te dejaron sin nada; a tus discípulos a veces no nos falta casi nada… y nos quejamos. Si estamos cerca del Señor, desprendidos de todo, poco nos basta para andar por la vida con la alegría de los hijos de Dios. Si nos alejamos, nada es suficiente para llenar el corazón, siempre insatisfecho. Los bienes materiales buscados como fin son pobres sucedáneos de la felicidad a la que aspira lo más íntimo de nuestro ser. Muchos buscan la felicidad por esos caminos, y el resultado es siempre el mismo: una profunda tristeza, un gran vacío interior y, no pocas veces, un hondo desaliento.
Oración:
Señor, con esta escena queremos también nosotros despojarnos de todo aquello que nos aleja de Tu camino. Que podamos quitar de nuestras vidas esas ataduras y que busquemos el modo de crear una verdadera intimidad con Vos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
XI ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Lucas:
El pueblo estaba contemplando. Los jefes se burlaban y le decían: «¡Salvó a otros! ¡Que se salve a sí mismo si este es el Mesías de Dios, el elegido!». Los soldados también se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «¡Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo!» (Lc. 23, 35-37).
Meditación:
Miremos despacio a Cristo en la Cruz. «Pongan los ojos en el crucificado –aconsejaba santa Teresa–, y todo (dificultades, cansancio, escasez…) se les hará poco». Todo se les hará poco… Todo es llevadero si estamos cerca de Cristo en la Cruz, a quien amamos de verdad. «Amo tanto a Cristo en la Cruz, que cada crucifijo es como un reproche cariñoso de mi Dios: …Yo sufriendo, y tú… cobarde. Yo amándote, y tú olvidándome. Yo pidiéndote, y tú… negándome. Yo, aquí, con gesto de Sacerdote Eterno, padeciendo todo lo que cabe por amor tuyo… y tú te quejas ante la menor incomprensión, ante la humillación más pequeña…».
Oración:
Señor, que podamos abrazar el dolor, las enfermedades, las contradicciones graves, e incluso aquellas pequeñeces que a veces nos hacen perder la paz. Que podamos ofrecerlo todo por tu amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
XII ESTACIÓN: Junto a la Cruz estaba su madre
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Juan 19, 25-27:
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
Meditación:
Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel momento crucial y piensa en su madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía su Madre al discípulo, como parece sugerir san Juan, o más bien confía el discípulo a su Madre?
En cualquier caso, para el discípulo María será siempre la madre que el Maestro agonizante le ha con- fiado; y para María el discípulo será siempre el hijo que su Hijo agonizante le ha confiado y al que estará espiritualmente cercana sobre todo en la hora de la muerte. Junto a los mártires agonizantes estará siempre la madre, que está en pie, junto a su cruz, para sostenerlos.
Oración:
Jesús y María, habéis compartido totalmente el sufrimiento: Tú, Jesús, en la cruz; y tú, Madre, a los pies de la misma. La lanza ha traspasado el costado del Salvador y la espada ha traspasado el corazón de la Virgen Madre. En realidad, hemos sido nosotros con nuestros pecados los que hemos causado tanto dolor. Aceptemos nuestro arrepentimiento, nuestra debilidad, que siempre corre el riesgo de traicionar, renegar y desertar. Aceptemos el homenaje de fidelidad de todos los que han seguido el ejemplo de san Juan, que permaneció valientemente junto a la cruz. Jesús y María, te damos el corazón y el alma mía.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
XIII ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Lucas:
Era casi mediodía y se oscureció toda la tierra hasta media tarde, porque el sol había dejado de brillar. La cortina del Templo se rasgó por la mitad. Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «¡Padre, en tus manos entrego mi espíritu!». Y, después de decir esto, expiró (Lc. 23, 44-46).
Meditación:
Jesús en la cruz «amaba más de lo que padecía… Y después de muerto, consintió que una lanza abriera otra llaga, para que tú y yo encontrásemos refugio junto a su Corazón amabilísimo». «Allí aprenderás a guardar tus sentidos, tendrás vida interior, y ofrecerás al Padre de continuo los dolores del Señor y los de María, para pagar por tus deudas y por todas las deudas de los hombres». Jesús nos lo ha dado todo, hasta la última gota de su sangre. No olvidemos nosotros que «las cosas grandes no se pagan con moneda pequeña». Las cosas verdaderamente grandes solo pueden pagarse con amor, ese amor que precisamente hace grande lo pequeño: un mayor recogimiento interior, el agradecimiento frecuente al Señor por lo que quiso sufrir por nosotros, una lectura más cuidada del santo evangelio buscando conocer mejor la Humanidad Santísima de Jesús, un mirar con más amor el crucifijo.
Oración:
Señor, tu muerte nos duele y entristece. Pero con ella descubrimos el gran amor que nos tenés. Te pedimos que nos des la gracia de creer en ti y seguirte en el momento de la necesidad y de las tinieblas. Por favor, vuelve, Señor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
XIV ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Mateo:
Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea llamado José, quien también se había hecho discípulo de Jesús, y se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran (Mt. 27, 57-58).
Meditación:
Bajaron a Cristo de la cruz con sumo cuidado y veneración, y lo dejaron en brazos de su Madre. Así lo ha visto la piedad popular en incontables imágenes. Con los perfumes que había traído Nicodemo rociaron el cuerpo de Jesús y la estancia donde lo depositaron. ¡Cómo envidiamos nosotros a José de Arimatea, a Nicodemo y a Juan…! ¡Cómo nos gustaría haber estado presentes para cuidar con inmensa piedad del cuerpo del Señor!: «Yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me adaptaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor…, lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones…, lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansarás!»
Oración:
Jesús, ya todo ha pasado. Ahora tu cuerpo es bajado de la cruz y puesto en brazos de tu Madre. Queremos nosotros también recibirte y guardarte en nuestro corazón hasta que llegue el día de tu Resurrección. Danos la gracia de prepararnos y esperarte con total fidelidad.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
XV ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro
Te adoramos Cristo y te bendecimos, pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Del Evangelio según San Mateo:
José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en el sepulcro nuevo que él había excavado en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y se fue (Mt 27, 59- 60).
Meditación extraída y adaptada del libro Como quieras tú de Francisco Fernández Carvajal:
El cuerpo de Jesús ha quedado en el sepulcro. Cuando nació no dispuso siquiera de la cuna de un niño pobre; en su vida pública no tendrá dónde reclinar la cabeza, y morirá desnudo de todo ropaje. Pero ahora, cuando es entregado a los que le quieren y le siguen de cerca, la veneración, el respeto y el amor harán que sea enterrado como un judío pudiente, con la mayor dignidad posible. No debemos olvidar nosotros que en nuestros sagrarios está Jesús ¡vivo!, pero tan indefenso como en la cruz, o como en el sepulcro. En la Sagrada Eucaristía Jesús permanece entre nosotros. Allí se encuentra verdadera, real y sustancialmente presente. Es el mismo de Betania, de Cafarnaún, del Calvario…, aunque ante nosotros aparece bajo los signos sacramentales del pan y del vino. Estos no nos permiten la alegría de su visión sensible, pero nos dan la seguridad de su presencia real. No es otro, sino que está de otra manera. Tenemos la inmensa suerte de poder tenerla en todos los pueblos y ciudades y en todos los tiempos. Yo estaré con ustedes siempre, había prometido. Allí nos espera. El sagrario es el lugar privilegiado del amor de Cristo hacia nosotros y de nosotros a Él. «La Eucaristía nos acerca siempre a aquel amor que es más fuerte que la muerte».
Oración:
Jesús, ayúdanos a amarte en el misterio de la Eucaristía. Que podamos abrirnos a esa gracia de tenerte presente y real entre nosotros; y que compartamos con el mundo la alegría y el gozo de la esperanza de saberse vivo entre los hombres.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
B. Liturgia de la Palabra
Entrada
No hay canto de entrada. Sale el sacerdote con sus ministros, con vestidos de color rojo porque celebramos la muerte martirial de Cristo. El Misal dice que el sacerdote, después de hacer la reverencia al altar, se postra en el suelo o se arrodilla. Es preferible la opción de la postración: «esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del hombre terreno, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia». Los demás se arrodillan y oran todos en silencio por unos instantes. La oración con la que termina el rito de entrada, es mejor decirla desde el mismo lugar donde ha estado postrado el sacerdote y se puede elegir entre dos opciones que presenta el Misal. La primera apunta a que ya estamos celebrando la Pascua; la segunda compara los efectos de la Pasión del Señor Jesús con los del pecado del primer Adán.
La liturgia de la Palabra
- Las lecturas de este día han de ser leídas por entero. El salmo y el canto que precede al Evangelio, deben cantarse como de costumbre.
- La lectura de la Pasión según San Juan, el único apóstol que estuvo al pie de la Cruz con Santa María y las santas mujeres, se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el domingo de Ramos. Esta lectura impresionante constituye el centro de la celebración de este día.
- Después de la lectura de la Pasión se tendrá una breve homilía para resumir y aplicar a nuestra vida la gran lección de la Cruz y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo. Es bueno recordar que la proclamación de las lecturas de la Palabra viva de Dios, es ya presencia sacramental del acontecimiento de la Cruz y no un mero recuerdo. Es proclamación y comunicación de la Cruz, del amor del triunfo de Cristo contra el pecado y la muerte.
La oración universal
La de este día es la más solemne y clásica. Es universal, rogando por las diversas categorías de personas. Con la confianza puesta en el Señor que muere en la Cruz, que es nuestro Mediador y nuestro Sumo y Eterno Sacerdote, pedimos al Padre la salvación para todo el mundo. Estas oraciones «expresan el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo». Actualmente está Oración del Viernes Santo tiene cuatro intenciones por la Iglesia, otras cuatro por los creyentes o no creyentes, y dos por los gobernantes y los que sufren de alguna manera. Su estructura no admite modificaciones o inclusiones de propia iniciativa, salvo que el Ordinario del lugar por alguna causa justa y de necesidad pública disponga la inclusión de alguna petición.
1. Por la Santa Iglesia
Oremos por la santa Iglesia de Dios, para que nuestro Dios y Señor le concede la paz y la unidad, se digne protegerla en toda la tierra y nos concede glorificarlo, como Dios Padre omnipotente, con una vida pacífica y serena.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu misericordia, para que tu Iglesia, extendida por toda la tierra, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
2. Por el Papa
Oremos por nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, para que Dios nuestro Señor, que lo escogió para el orden de los obispos, lo conserve a salvo y sin daño para bien de su santa Iglesia, a fin de que pueda gobernar al pueblo santo de Dios.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna el universo, atiende favorablemente nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos diste, para que el pueblo cristiano, que tu mismo pastoreas, progrese bajo su cuidado en la firmeza de su fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
3. Por el Pueblo de Dios y Sus Ministros
Oremos por nuestro obispo de esta Diócesis, por todos los obispos, presbíteros y diáconos de la Iglesia, y por todo el pueblo santo de Dios.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas a toda la Iglesia, escucha nuestras súplicas por tus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
4. Por los Catecúmenos
Oremos por nuestros catecúmenos para que Dios nuestro Señor abra los oídos de sus corazones y les manifieste su misericordia, y para que, mediante el Bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo, Señor nuestro.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, acrecienta la fe y el conocimiento a nuestros catecúmenos, para que, renacidos en la fuente bautismal, los cuentes entre tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor.
5. Por la Unidad de los Cristianos
Oremos por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor se digne
congregar y custodiar en la única Iglesia a quienes procuran vivir en la verdad.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que reúnes a los que están dispersos y los mantienes en la unidad, mira benignamente la grey de tu Hijo, para que, a cuantos están consagrados por el único Bautismo, también los una la integridad de la fe y los asocie el vínculo de la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
6. Por los Judíos
Oremos por los judíos, para que a quienes Dios nuestro Señor habló primero, les concede progresar continuamente en el amor de su nombre y en la fidelidad a su alianza.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y a su descendencia, oye a compasivo los ruegos de tu Iglesia, para que el pueblo que adquiriste primero como tuyo, merezca llegar a la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
7. Por los que No Creen en Cristo
Oremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan ellos encontrar el camino de la salvación.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo, que, caminando en tu presencia con sinceridad de corazón, encuentren la verdad; y a nosotros concédenos crecer en el amor mutuo y en el deseo de comprender mejor los misterios de tu vida, a fin de que seamos testigos cada vez más auténticos de tu amor en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
8. Por los que No Creen en Dios
Oremos por los que no conocen a Dios, para que, buscando con sinceridad lo que es recto, merezcan llegar hasta él.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que deseándote te busquen, y, encontrándote, descansen en ti; concédenos que, en medio de las dificultades de este mundo, al ver los signos de tu amor y el testimonio de las buenas obras de los creyentes, todos los hombres se alegren al confesarte como único Dios verdadero y Padre de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
9. Por los Gobernantes
Oremos por todos los gobernantes de las naciones, para que Dios nuestro Señor guíe sus mentes y corazones, según su voluntad providente, hacia la paz verdadera y la libertad de todos.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos están los corazones de los hombres y los derechos de las naciones, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, se afiance en toda la tierra un auténtico progreso social, una paz duradera y una verdadera libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor.
10. Por los que Se Encuentran en Alguna Tribulación
Oremos a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todos sus errores, aleje las enfermedades, alimente a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, concede seguridad a los que viajan, un buen retorno a los que se hallan lejos del hogar, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha a los que te invocan en su tribulación, para que todos experimenten en sus necesidades la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
C. Adoración
de la Cruz
En la adoración/veneración de la Cruz, «úsese una Cruz suficiente, grande y bella. De las dos formas que se proponen en el Misal para mostrar la Cruz, elijas la que se juzgue más apropiada. El rito ha de hacerse con esplendor digno de la gloria del misterio de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar la Cruz, como la respuesta del pueblo, háganse con canto, y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una de las postraciones, mientras el sacerdote celebrante, permaneciendo de pie, muestra en alto la Cruz». «Cada uno de los presentes del clero y del pueblo se acercará a la Cruz para adorarla, dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento muy importante de esta celebración y únicamente en el caso de una extraordinaria presencia de fieles se utilizará el modo de la adoración hecha por todos la vez». Se debe usar una sola Cruz para la adoración tal como lo requiere la verdad del signo.
Primera Forma de Mostrar La Santa Cruz
- Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos personas con velas encendidas.
- El sacerdote, de pie recibe la cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el invitatorio:
Celebrante: “Éste es el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”.
Todos responden: Vamos a adorarlo.
- Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante algunos instantes.
- Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, canta el invitatorio (igual que antes), y se prosigue como la primera vez.
- Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, canta por tercera vez el invitatorio.
- Se hace luego la adoración de la santa cruz (besarla o una genuflexión) según la costumbre.
- Mientras tanto se cantan los improperios, u otros cánticos apropiados.
Segunda Forma de Mostrar La Santa Cruz
- En la puerta del templo el ministro (sacerdote, diácono, u otro ministro idóneo) recibe ya la cruz descubierta y avanza en procesión al presbiterio.
- Cerca de la puerta del templo, se levanta la cruz y se canta el invitatorio: Celebrante: “Éste es el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Todos responden: Vamos a adorarlo.
- Todos se arrodillan después de la respuesta, adorando un momento en silencio.
- Esto mismo se repite a la mitad de la iglesia y a la entrada del presbiterio.
- Enseguida se hace la adoración de la santa cruz.
- Mientras tanto se cantan los improperios, u otros cánticos apropiados.
D. Sagrada Comunión
El Viernes Santo no celebramos la Eucaristía. Pero desde hace siglos se ha introducido la comunión. Por ello, como quiera que en este día no hay celebración de la Eucaristía, se ha tenido que consagrar en la del Jueves Santo las Hostias necesarias para la comunión del viernes.
Terminada la adoración de la Cruz, y el recuerdo mariano, el sacerdote va a recoger por el camino más corto el Santísimo Sacramento de la reserva y mientras tanto los demás ministros revisten el altar con el mantel, los cirios, el corporal y el Misal.
Una vez puesto el copón con las Hostias consagradas sobre el altar, el sacerdote canta o reza la invitación al Padre Nuestro que es rezado o cantado por todos. No se da el signo de la paz y la comunión se desarrolla tal como está descrita en el Misal. Terminada la distribución de la comunión, el copón se lleva nuevamente a su reserva.
Terminada la celebración se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros en un lugar adecuado de la iglesia para que todos puedan adorarla, besarla y permanecer en oración y meditación delante de ella.
E. Sermón de las Siete Palabras
Jesús, Hijo de Dios y hermano nuestro, hemos recorrido el camino doloroso que Tú has recorrido y que sigues recorriendo día a día. Que esta oración sea un motivo para unirnos a ti, Cristo sufriente, para reconocerte en nuestros hermanos y así poder llegar contigo a la gloriosa resurrección. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMÉN
Primera palabra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34)
Esta primera palabra refleja la plegaria de perdón de Jesús a Dios Padre. Intercede por aque-
llos quienes lo han crucificado por considerarse Hijo de Dios. Por pasar su vida entera mostrando un Dios que es padre de la humanidad, un Dios que es fuente de Amor, de Misericordia y de Perdón. De ahí que Jesús revela, incluso en la cruz, la capacidad de amar que supera todo acto de rechazo y odio por parte de los demás. Esta primera palabra nos muestra una profunda capacidad que tenemos los seres humanos, el perdón. Esto restaura la vida de cada uno, la vida al interior de la familia, la vida del equipo de trabajo, la vida del grupo de amigos, en definitiva, permite superar nuestras diferencias y construir relaciones humanas más humanas y más cercanas. La posibilidad de perdonar a los demás, erradica de nuestro corazón los sentimientos y actitudes de rencor, odio y deseo de venganza que nos alejan de los seres que más amamos.
Perdonar en las realidades de nuestras familias, de nuestra comunidad y de nuestro país implica dejar de lado nuestro egoísmo y soberbia. Cada día parece estar más sumida nuestro mundo en esta realidad.
Parece que no sabemos cómo nuestras opciones y decisiones olvidan el sufrimiento y las necesidades de aquellos que más sufren el horror de la soledad, la guerra, la tristeza y el sin sentido. Solo vivimos para nosotros mismos. No hay ningún remordimiento al pasar por sobre el otro o pisotear su dignidad. Poco a poco hemos perdido la necesidad de estar con el otro y la desigualdad en la sociedad ha generado que la envidia y el odio sea más recurrente en nuestras vidas.
Hoy Jesús intercede por nosotros y pide perdón a su Padre, por aquellos momentos en los que hemos herido a los demás con nuestras palabras y acciones. Hoy Jesús nos enseña que hay que reconocer la dignidad humana de todos aquellos con quienes somos y compartimos nuestra vida. Comprometámonos en este día revisar nuestra capacidad de perdonar por amor.
Acerquémonos a aquellos a quienes hemos herido o a quienes nos han herido. Tenemos en Jesús el ejemplo, perdona a todos sin excepción, no tiene requisitos ni restricciones. Solo amó.
Jesús, tu cruz nos hace ver la luz. Tu plegaria nos muestra lo grande que es tu amor. Un amor que no se cansa de perdonar y que nos invita a seguir tu ejemplo. Toca nuestro corazón. Ayúdanos a dejar atrás el egoísmo, el odio y el rencor. Para que algún día vivamos realmente como hermanos, hijos de un mismo Padre. Amén.
Segunda palabra: “yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23, 43)
La segunda palabra es signo de generosidad. Trae consigo el amor que se convierte en voz de esperanza. Jesús acoge la súplica de un hombre arrepentido, que reconoce su fragilidad y sus errores. Este gesto de Jesús escapa de toda lógica humana. No juzga la vida del ladrón ni su condición. Con sus palabras rompe el sentimiento de venganza. Simplemente acerca la
vida del ladrón arrepentido a su vida en el paraíso. Dignificando su vida y dándole razones para vivir a pesar de su historia y la consecuencia de sus decisiones.
Así como el buen ladrón se ha convertido en imagen de esperanza y en evidencia de la misericordia de Dios. Hoy llega a nosotros también la esperanza y la certeza de que a pesar de cómo somos, Dios nos piensa mejores. La certeza de que después de una vida con algunas equivocaciones, el amor de Dios es mucho más grande que nuestros errores. El único requisito que Jesús nos exige es disponer nuestro corazón para sentirnos amados por Él. Ese amor restaura nuestra vida. No nos detengamos a mirar eternamente lo negativo que hay en nuestras vidas. Es desde allí de donde Dios se vale para amar.
Recordemos las palabras del Papa Francisco: nos cuesta aceptar la “lógica de Dios que con su misericordia abraza y acoge, reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio”. Dios no es el gran juez que está presto a imponer un castigo, no causa sufrimiento ni mortificación. No lleva la vida humana hacia la pena.
Dejemos a Dios ser Dios. Permitamos que nos ame, que nos perdone, que nos acoja, que nos dignifique, que nos guíe. Que nos enseñe a vivir una vida más acorde a su plan, a sus valores y opciones.
En este día Jesús nos invita a ser liberadores como él. A liberarnos nosotros mismos, a liberar a nuestra familia y comunidad. Nos pide vivir nuestra vida de tal forma que los demás descubran que están en un paraíso, no por ser imaginario o ficticio, sino un paraíso humano en el que el valor de la fraternidad universal y la fraternidad ecológica nos permite sentirnos como verdaderos hijos de Dios. Seamos generosos con quienes vivimos alrededor. Que nuestra vida en perfección sea lo que más atesoran los demás.
Jesús recíbelos en tu reino, el reino que está en medio de nosotros y nos llama salvar y no a condenar, a perdonar y no a guardar rencor. Mueve nuestros corazones al encuentro con el otro, y al igual que tú, seamos liberados del sufrimiento a causa de las injusticias humanas. Amén.
Tercera palabra: «mujer, he ahí a tu hijo, luego dice al discípulo: he ahí a tu madre» (Jn. 19, 26-27)
Volvamos nuestra mirada hacia el Gólgota. Siguen erguidas las tres cruces. El día avanza lentamente. El amor se entrega en señal de salvación. La tercera palabra resalta dos elementos importantes en la vida del creyente. Primero, el acto generoso de Jesús que comparte la maternidad de María, y segundo, la donación que Él hace a sus discípulos de su propia madre. El discípulo la acoge como suya. Jesús confía en que María custodiará a todos nosotros los creyentes. A Ella la vemos como nuestra madre adoptiva en quién confiamos.
Para nosotros como discípulos de Jesús, María es nuestro ejemplo de cómo seguir a su hijo
desde el camino de la fe, la esperanza y el amor. Ella es modelo de fidelidad hasta las últimas consecuencias. María acompañó a Jesús en cada instante, de su nacimiento, de su vida pública, de su pasión y de su muerte. Fue el amor de madre la que la inspiró a acompañar hasta en el sufrimiento de Jesús. ¿Qué significa para nosotros estar hasta el final? ¿Hemos llegado hasta el final, a pesar de saber las consecuencias?, ¿Somos fieles sin importar cuán duro sea el camino? ¿Acompaño a mi hermano(a), amigo(a) o familiar, en medio de sus dificultades y su dolor? ¿O simplemente me doy por vencido y lo abandonó?
María entendió muy bien que la única manera de resistir y sufrir la pasión de su hijo hasta el final, fue su amor. Un amor que logra traspasar todas las barreras del cansancio, del dolor, de la fatiga y de los problemas. Amor que se mantiene vivo en nuestras madres y en tantas mujeres que durante toda la vida han desgastado todos sus esfuerzos por mantener un hogar, por sacar adelante unos hijos y por construir un mejor futuro para todos. Cuando una madre siente que su cuerpo se fatiga y que su espíritu no da más, que hay dolor en su corazón, piensa en el amor que tuvo María con Jesús.
Estas palabras nos ubican en la posición del discípulo al que Jesús le dirige la palabra y le presenta a María como nuestra madre. En ese discípulo sin nombre, pero con una historia, nos representamos cada uno. Por él nos sentimos amados y protegidos por nuestra Madre María. Nos queda la invitación de que abramos nuestro corazón para recibir el amor tierno de María, así como hemos sentido el amor de nuestras madres. Ese es el amor materno de Dios. Seamos entonces buenos hijos, buenos discípulos y amemos.
Señor Jesús, enséñanos a ser buenos hijos e hijas, ayúdanos a vencer nuestras propias barreras y que tu amor sea la fuerza en las dificultades. A ti nuestra Madre, guárdanos siempre y sé también nuestra compañía. Amén.
Cuarta palabra: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? (Mc. 15, 34-37)
Parece que Jesús está reclamando a Dios Padre. Es escandaloso para nosotros, ¿cómo es posible que de la boca de Jesús haya salido un reniego como este? Si prestamos más atención esta exclamación nos recuerda la oración de la víspera en el Huerto de los Olivos. Refleja el mismo dolor agónico que Jesús había experimentado en Getsemaní y la misma confianza con la que entonces había aceptado la voluntad del Padre.
Estas palabras recogen el lamento de toda una humanidad olvidada de Dios. En sus corazones habitaba el odio. Jesús busca volver el corazón al Padre. Por medio de la cruz, se da paso a la gracia y al amor de Dios a la humanidad. La cruz toma un nuevo significado. Ya no representa más muerte. Se convierte en símbolo de restauración, de reconciliación y esperanza; porque sabemos que el amor es más fuerte que ninguna otra cosa. Jesús con la frase del salmo que dice: “Dios mío, Dios mío, ¡por qué me has abandonado?” ora al Padre, en lo que pudiese ser el peor momento de su vida. Sabe que Él es su consuelo. En nuestros momentos más duros ¿qué solemos hacer? ¿Buscamos en la oración un medio de esperanza y un camino
para iluminar nuestros pasos?, o ¿simplemente renegamos de Dios y lo culpamos de nuestras propias fallas?
En ocasiones las personas culpan a alguien para evitar la responsabilidad de sus propias acciones. Jesús no está culpando a Dios; Él está orando desde su dolor. Entiende que su Padre es el que le ayuda a soportar la cruz pesada que lo tortura. Vemos en el camino que son los pasos de Dios lo que nos animan. Jesús nos ha dicho que “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 28-30).
Jesús mío, concédenos reconocer nuestra fragilidad y cansancio, para que recurramos sólo a Ti, que eres fuente de Gracia y de perdón. Haz que te busquemos a Ti y que seas Tú nuestra fuerza y fortaleza para sostener nuestra cruz. Amén.
Quinta palabra: “Tengo sed” (Jn. 19, 28)
¿En qué consiste la sed de Jesús? Jesús pertenecía a un pueblo que había experimentado la sed en la larga travesía del desierto. Ahora la padecía él. Era una sed física durante su agonizante vigilia en Getsemaní. Pero la sed, como el hambre, es una de las comparaciones que realiza Jesús para mostrarnos a nosotros lo que realmente busca con su sacrificio en la cruz.
Adquiere sentido que la cruz es redención, reconciliación y esperanza para devolver las almas a Dios. Pero, ¿esto qué significa? Restaura la amistad de la humanidad con el Padre. No es que Él se haya apartado de la humanidad a causa del pecado de los hombres, sino que ha buscado la manera siempre de tocar el corazón del hombre respetando nuestra libertad.
Para hacer creíble su proyecto de amor, se ofrece a sí mismo en sacrificio para mostrarnos hasta dónde es capaz de llegar por nosotros. Comparte con nosotros la condición humana y busca que seamos más hermanos, mejores seres humanos y que construyamos un futuro mejor. Jesús tiene sed de caridad. De justicia. De igualdad. De paz. De respeto. De solidaridad. De servicio. De lucha en favor de los más desamparados. Tiene sed de una sociedad mejor. El consumo, la guerra, el odio, la indiferencia, la injusticia, la corrupción, la mentira y el egoísmo no están acabando. Es necesario generar realmente conciencia de la situación en la que nos encontramos y buscar alternativas. Nos hemos convertido en una humanidad que está destruyendo todo a su paso, comenzando por el medio ambiente. El Papa Francisco nos recuerda que Jesús también tiene sed del cuidado de la casa común.
Revisemos si la sed de Jesús es también nuestra. ¿Estamos buscando realmente saciar esa sed acabando con la causa?, ¿Esta sed nos deja expectantes esperando que alguien la sacie por nosotros, o somos los que tomamos la iniciativa?, ¿Estamos calmando la sed de Jesús de un mundo más humano? Puesto que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6, 45). Comencemos por llenarnos del manantial que es Cristo para ser portadores de su agua. Al
igual que la samaritana digamos: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed (Jn. 4, 15).
Señor Jesús, danos tu agua, para calmar esta sed de Justicia, de Amor y de Fe. Que al igual que la Samaritana invitemos a los demás al encuentro contigo, como la fuente que eres y que sacia de sentido nuestra vida, y que nos hace vasijas que transportan tu agua para quienes tienen sed de ti. Amén
Sexta palabra: “Todo está cumplido” (Jn. 19, 30)
En Jesús se cumplen todas las promesas hechas por Dios. Es Él quien le trae plenitud a la obra pensada por Dios para la humanidad. Dios cumple siempre su palabra. Jesús ofreció como prueba de autenticidad su propia vida. Él puede decir que todo se ha cumplido, porque fue coherente y fiel con su compromiso de amor que predicó. No se trata de un cumplo y miento, es decir, cumplimiento. Es una demostración real de entrega y generosidad.
Jesús no solo ofrecía una realización a las esperanzas de su pueblo. Él es la realización. Es la evidencia de Dios mismo. Todo apuntaba a Él. Todo quedaba resumido en Él: la búsqueda de la santidad y el clamor por la justicia; el anhelo de Dios y la promoción de la fraternidad. No solo se han cumplido las profecías. Jesús ha cumplido la voluntad del Padre. No buscaba su voluntad, sino la de Aquel que lo había enviado.
Con esto tenemos claro dos cosas: primero, Jesús actuó conforme a la voluntad de Dios-Padre. Segundo, Jesús es muestra de la Palabra de Dios que se cumple. Dios nunca miente. Espera siempre paciente a que la humanidad deje actuar su Espíritu en la vida. El Espíritu nos guía, acompaña y transforma. El Espíritu nos hace mujeres y hombres nuevos. Nos mueve a hacer la voluntad de Dios. Busca que el Reino de Dios se manifieste en nuestras vidas. No es sincera nuestra oración si, al mismo tiempo, tratamos de organizar nuestra vida y la de la sociedad en contradicción con la voluntad que Dios nos ha manifestado.
Pidamos a Dios que por medio de su Espíritu se cumpla su voluntad que es amor en nuestras vidas. Digamos como Santa Teresa de Ávila: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta. Jesucristo sigue con el pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante. Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza. Amén.
Séptima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 46).
En la oscuridad del monte Calvario todo ha terminado. Es evidente el triunfo de los hombres. Se sienten satisfechos por su proceder, que ha destruido aquello que estorbaba para conseguir sus intereses egoístas. Representa a todas las personas que en la historia han entregado la vida luchando contra los intereses destructivos de los hombres, haciéndolo hasta la muerte.
No obstante, no es la hora de las tinieblas, ni la derrota. Todo lo contrario, es la hora de Jesús en que se prepara para vencer a la muerte. Jesús muere en la cruz, y así, muestra su fidelidad total al Padre y al cumplimiento de su misión. Jesús se dirige al Padre con confianza y con amor, reafirmando su actitud de siempre ante la vida, sus “sentimientos” de obediencia y fidelidad a la voluntad de Dios. Se hacen evidentes las palabras. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Nos recuerda las palabras del evangelista San Juan que enseñan que “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3, 14-17).
Quien confía su vida en Dios no perecerá, será salvo y tendrá vida eterna. Jesús nos muestra las puertas de la salvación y las grita para que todo el mundo se entere. Es un llamado a que no pongamos nuestra vida en aquellas cosas que la destruyen, la dañan y la alejan del amor de Dios. No confiemos nuestros pasos en cosas superficiales y frágiles que no aseguran la vida. Encomendémonos en quien sabemos por Jesús que la felicidad y la paz son eternas. Al entregar al Padre su espíritu, Jesús le ha entregado todo lo que llevó siempre dentro, a todos y cada uno de nosotros.
¿Confiamos en Dios? ¿Ponemos en sus manos nuestros intereses egoístas y odiosos? ¿Nuestros más sinceros y buenos deseos que nos llevan por buen camino, que benefician y ayudan a todos? Cuando pedimos a Dios ¿qué solemos pedir? Jesús vence todo lo que daña al hombre y nos enseña el camino a una vida nueva. Encomendemos nuestra propia vida a Dios. Él cumple su palabra. Comparte nuestro dolor. Nos salva y da todo por nosotros para traernos la verdadera felicidad.
Señor Jesús, en tus manos encomendamos nuestra vida, y con ella también la de todos nuestros hermanos. Ayúdanos a cambiar de vida y a entregarnos generosamente a los demás. Dios Tú eres, nuestro puerto final, y en tus manos de Padre bueno, queremos confiar y llenarnos de tu inmenso amor. Amén.
F. Rosario de los Siete Dolores
En el tránsito del Viernes Santo al Sábado Santo, también se acompaña a María en su dolor de Madre a los pies de la cruz. Dentro de los ejercicios de piedad está el rosario de los dolores de la Virgen. En algunos lugares se realiza el viernes en la noche y en otros lugares se realiza los sábados en la mañana. Este es otro de los ejercicios para acompañar y fortalecer la fe de las comunidades que se acompañan durante la misión.
Inicio:
Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero
arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.
Primer dolor: la profecía de Simeón (cf. Lucas 2, 22-35)
Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Segundo dolor: la huida a Egipto (Mateo 2, 13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Tercer dolor: el niño perdido en el templo (Lucas 2, 41 -50)
Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Cuarto dolor: María se encuentra con Jesús camino al calvario
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron - el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Quinto dolor: Jesús muere en la cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario - uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a ellas fueron: “Madre, he ahí a tu hijo.” Y a nosotros nos dijo en Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre.” María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Sexto dolor: María recibe el cuerpo de Jesús al ser bajado de la cruz (Marcos 15, 42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre.
Séptimo dolor: Jesús es colocado en el sepulcro (Juan 19, 38-42)
¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
Padre Nuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
3.3. SABADO SANTO: Cristo Resucitado, Luz para el Mundo
3.3.1. Sentido y Hora de la Vigilia Pascual
Hoy es Sábado Santo y la Iglesia Católica, después de haber conmemorado la Pasión y Muerte del Señor, se prepara para celebrar a Jesús Resucitado. La mayor de esas celebraciones es la Vigilia Pascual.
Según la Enciclopedia Católica, el Sábado Santo marca el final del tiempo “de Cuaresma y penitencia y el principio del tiempo Pascual, que es uno de regocijo”. En ese sentido, estos son los tres grandes significados de esta celebración tan importante:
- Ciertamente son horas de espera, pero no de soledad. La Madre de Dios, María, acompaña a sus hijos en este trance, en el que Dios parece ausente. La Virgen permanece firme al lado de la tumba de su Hijo, fortaleciendo la fe, la confianza y la esperanza de todos sus hijos.
- Más tarde, entrada la noche, tiene lugar la celebración eucarística más especial del año litúrgico: la Vigilia Pascual, ‘la liturgia de las liturgias’, ‘la Misa entre las misas’, en la que se celebra la noche bendita en la que Jesús resucitó y coronó su obra de salvación. La Vigilia Pascual es la celebración por excelencia de la victoria definitiva de Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte.
- Durante la Vigilia Pascual se realizan tres símbolos importantes. El primero es la celebración de la luz o del fuego. El segundo se da en la celebración dentro del templo. Allí se entona el Pregón Pascual, por último la Liturgia de la Palabra se articula en una secuencia de siete lecturas en las que se recuerda la historia de la salvación, desde la Creación del mundo hasta la Resurrección del Señor.
La Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús resucitó y ya no muere. Ha abierto la puerta a una nueva vida, una que ya no conoce la enfermedad ni la muerte. Ha elevado a la humanidad a Dios mismo. «La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios», como dice san Pablo en la Primera Carta a los Corintios (15,50). Sobre la resurrección de Cristo y la nuestra, el escritor eclesiástico Tertuliano, en el siglo III, tuvo la valentía de escribir: «Tened la seguridad, carne y sangre, de que por Cristo habéis alcanzado vuestro lugar en el cielo y en el reino de Dios» (CCL II, 994). (Benedicto XVI)
3.3.2. Momentos Litúrgicos
Durante el día
- La Cruz debe seguir entronizada desde ayer, iluminada, y con un laurel de victoria.
- Se recomienda en este día la celebración del Oficio de Lectura y de los Laudes.
- Al final de dicha oración se puede hacer la recepción de los óleos que se han consagrados en la Misa Crismal.
- En este día sería oportuno que se organizara, alguna oración de tono mariano, acompañando a María, la Madre que vela junto a la tumba de su Hijo. Si en el Adviento y la Navidad, mirábamos a Santa María tan frecuentemente como modelo de espera y acogida del Mesías, es lógico que la que estuvo al pie de la Cruz, y luego en la alegría de la Pascua y en la espera del Espíritu Santo en Pentecostés, sea recordada en días como éste del Sábado Santo. Así podemos hacer memoria de María con el rezo del Santo Rosario (los misterios dolorosos). Pero caben otras oraciones, lecturas y cantos sobre su presencia junto al sepulcro de su Hijo, sobre su fe y esperanza invictas.
- Hoy la Iglesia se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa. La sagrada comunión puede darse sólo como viático. No se concede celebrar el matrimonio, ni administrar otros sacramentos, a excepción del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos.
- En la mañana del Sábado Santo, se pueden realizar algunos de los ritos preparatorios de los bautizos que se habrán de tener en la Vigilia Pascual o en la mañana de Pascua en una
celebración sencilla que introduzca más conscientemente en el misterio que se va a celebrar. - Es bueno en este día instruir a la comunidad sobre la naturaleza del Sábado Santo. Es un día de meditación y silencio: el Señor Jesús está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y junto a Él, está la Iglesia, nutriendo su fe y esperanza en la victoria pascual, del corazón creyente de la Santísima Virgen.
Sentido y hora de la Vigilia Pascual
Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como “la madre de todas las santas Vigilias”. Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana.
«Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche preferiblemente. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Cualquier abuso o costumbre contraria que se haya introducido y que suponga la celebración de la Vigilia Pascual a la hora en la cual habitualmente, se celebran las misas vespertinas antes del domingo han de ser reprobadas.
Celebración de la Vigilia Pascual
La Vigilia Pascual tiene la siguiente estructura: después del Lucernario y del Pregón Pascual (que forman parte de la primera parte de la Vigilia), la Santa Iglesia contempla las maravillas que Dios ha hecho a favor de su pueblo desde los comienzos (segunda parte o liturgia de la Palabra), hasta que, junto con los nuevos miembros renacidos por el Bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo memorial de su muerte y resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte). Nadie está autorizado a cambiar a su arbitrio esta estructura del rito.
A. El Lucernario
- El lugar adecuado para el Lucernario es fuera de la Iglesia. Se ha de preparar una buena fogata, destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumina la noche.
- Prepárese el Cirio Pascual, que para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año (la Pascua es novedad y por ello no deben usarse los Cirios Pascuales de años anteriores), relativamente grande, para que pueda evocar que el Señor Jesús es la luz del mundo. La bendición del Cirio Pascual se hará con los signos y palabras propuestos por el Misal.
- De allí habrá de ordenarse la procesión hacia la Iglesia. El Cirio Pascual va por delante, el pueblo sigue al Cirio Pascual encendido, que durante la procesión ha de ser el único prendido. Del mismo modo que los hijos de Israel en el desierto, durante la noche, eran guiados por una columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado.
- En la puerta de la iglesia los fieles cristianos van encendiendo sus cirios particulares del Cirio Pascual. Es un símbolo muy expresivo de que la Pascua de Cristo tiene que ser también Pascua nuestra, y todos estamos llamados a participar de su Luz y de su Vida.
- La procesión entra al templo con las aclamaciones a Cristo: “Luz de Cristo. Demos gracias a Dios” y las luces del templo se van progresivamente encendiendo.
- Concluye la primera parte con el canto solemne del Pregón Pascual: El “Exultet”. Es un hermoso anuncio lírico de lo que va a ser la fiesta de esta noche. Un invitatorio a la alegría de todo el cosmos y de la comunidad, porque es la noche de la Vida y de la Reconciliación definitivas.
B. Pregón Pascual
Exulten los coros de los ángeles
Exulte la asamblea celeste, Y un himno de gloria
Aclame el triunfo del Señor resucitado. Alégrese la tierra Inundada por la nueva luz;
EL ESPLENDOR DEL REY
DESTRUYÓ LAS TINIEBLAS, DESTRUYÓ LAS TINIEBLAS, LAS TINIEBLAS DEL MUNDO
Que se alegre nuestra Madre la Iglesia
Resplandeciente de la gloria de su Señor Y que en este lugar resuene unánime
La aclamación de un pueblo en fiesta.
El Señor esté con vosotros, Y CON TU ESPÍRITU.
Levantemos el corazón, LO TENEMOS LEVANTADO HACIA EL SEÑOR.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. (ES JUSTO Y NECESARIO)…(2)
Realmente es justo y necesario, Exaltar con el canto la alegría del espíritu, y elevar un himno al Padre Todopoderoso y a su único Hijo, Jesucristo.
Él ha pagado por todos al eterno Padre la deuda de Adán, y con su sangre, derramada por amor, ha cancelado la condena antigua del pecado.
Esta es la Pascua
En que se inmola el Cordero.
Esta es la noche
En que fueron liberados
Nuestros padres de Egipto.
Esta es la noche
Que nos salva de la oscuridad del mal.
ESTA ES LA NOCHE
EN QUE CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE Y DEL INFIERNO
RETORNA VICTORIOSO.
¡Oh admirable condescendencia!
¡De tu amor!
¡Oh incomparable ternura y caridad! Por rescatar al esclavo
Has sacrificado al Hijo.
Sin el pecado de Adán Cristo no nos habría rescatado.
¡OH FELIZ CULPA!
QUE MERECIÓ TAN GRANDE REDENTOR, ¡OH FELIZ CULPA!
¡Oh noche maravillosa,
En que despojaste al Faraón
¡Y enriqueciste a Israel!
¡Oh noche maravillosa, Tú sola conociste la hora
¡En que Cristo resucitó!
C. Liturgia de la Palabra
¡Oh noche que destruyes el pecado y lavas todas nuestras culpas!
¡Oh noche realmente gloriosa que reconcilias al hombre con su Dios!
ESTA ES LA NOCHE EN QUÉ CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE Y DEL INFIERNO RETORNA VICTORIOSO.
En esta noche acepta, Padre Santo, este sacrificio de alabanza que la Iglesia te ofrece por medio de sus ministros, en la liturgia solemne de este cirio que es signo de la nueva luz.
Te rogamos, Señor, que este cirio Ofrecido en honor de tu nombre Brille radiante;
Llegue hasta Ti como perfume suave, Se confunda con las estrellas del cielo;
Lo encuentre el lucero de la mañana, Esa estrella Que no conoce el ocaso;
QUE ES CRISTO TU HIJO, RESUCITADO, RESUCITADO DE LA MUERTE.
AMÉN, AMÉN, AMÉN.
Esta noche santa, las lecturas tienen una coherencia muy cuidada entre ellas. Se presentan como una clave para entender al Señor Jesús y su misterio y para entender toda la historia de la salvación desde Cristo. Se recomienda proclamarse muy cerca del Cirio Pascual, símbolo de Cristo, así lo resalta.
«En la Vigilia Pascual de la noche santa, se proponen siete lecturas del Antiguo Testamento,
que recuerdan las maravillas de Dios en la historia de la salvación, y dos lecturas del Nuevo, a saber, el anuncio de la resurrección según los tres evangelios sinópticos, y la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la resurrección de Cristo». Las lecturas van acompañadas de un salmo o cántico de meditación que prolonga su idea central en clima de oración.
Terminadas las lecturas del Antiguo Testamento, y para subrayar el paso del Antiguo al Nuevo Testamento, se canta el himno del “Gloria” mientras se hacen sonar las campanas, se encienden los cirios del altar (los cuales deben ser más numerosos que de costumbre) y se colocan flores en el altar. Terminado el canto del “Gloria”, el sacerdote dice la oración colecta.
De ahí todos toman asiento y se lee la Epístola. Al final de la misma todos se levantan y el sacerdote entona por tres veces el “aleluya”, elevando gradualmente la voz y repitiéndolo en la asamblea. Este canto del “aleluya” se puede repetir varias veces por parte de la asamblea mientras un salmista va cantando el Salmo 117. Sigue el anuncio de la Resurrección del Señor con la lectura del Evangelio, culmen de toda la liturgia de la Palabra. Después se tiene una breve homilía.
D. Liturgia Bautismal
Después de escuchar la Palabra de Dios, pasamos a celebrar los sacramentos pascuales. El mismo misterio de la Pascua del Señor Jesús que nos han proclamado las lecturas y con el que ya hemos entrado en comunión por una escucha atenta y una acogida de fe, lo vamos a celebrar ahora con los signos sacramentales.
Un sentido de conveniencia pastoral dirá a cada comunidad si es momento apropiado, éste de la noche vigilar, para celebrar algún bautismo, sobre todo de adultos. En el caso de niños párvulos, habría que tener en cuenta su situación y la de sus familiares, para, tal vez, reservar la celebración de este sacramento para la Misa de la mañana del domingo de Pascua.
Actualmente, la estructura de la celebración bautismal es: Las letanías de los santos (si va a haber bautismo), invocando su protección sobre los que se van a bautizar, y añadiendo a la lista algunos más propios de la Iglesia local, o también reflejando los nombres que se van a imponer a los bautizados. Las letanías se cantan de pie, no de rodillas.
La bendición del agua: la larga si hay fuente bautismal, y la corta si no la hay, ni va a haber bautizos. Más que bendecir agua, es bendecir a Dios Amor por lo que en la historia de la salvación ha hecho por medio del agua, desde la creación y el paso por el Mar Rojo hasta el bautismo de Jesús en el Jordán, pidiéndole que hoy también a través del agua actúe su Espíritu de vida sobre los bautizados y la Iglesia. Esta invocación del Espíritu la puede realizar el sacerdote, si lo cree oportuno introduciendo una o tres veces el Cirio Pascual en el agua.
Se tienen eventualmente los bautizos (y confirmaciones cuando es el caso de adultos que
se bautizan).
Toda la comunidad, con las velas de nuevo encendidas en las manos hace la renovación de las promesas bautismales, recordando el propio bautismo.
A esta renovación le sigue el gesto de la aspersión, con un canto bautismal. Es un gesto simbólico que luego, durante todos los domingos del año, pero sobre en los domingos de Pascua se puede ir repitiendo como rito inicial de la Eucaristía que sustituye al rito penitencial.
El rito bautismal concluye con la Oración universal, con la que el pueblo cristiano, empezando por adultos recién bautizados, ejercita su “sacerdocio bautismal”.
E. La Eucaristía Pascual
La comunidad cristiana, iluminada por la Palabra, rejuvenecida por el agua bautismal o su recuerdo, se sienta ahora a la mesa festiva de la Pascua, en la que su Señor la invita a participar de su Cuerpo y de su Sangre. Con la Eucaristía se termina el ayuno cuaresmal: Jesús se da a sí mismo como alimento de vida eterna a su Iglesia.
La Eucaristía es el punto culminante de toda la Vigilia. Todo hasta este momento debe haber señalado a esta dirección, creciendo en intensidad: «la celebración de la Eucaristía es el punto culminante de la Vigilia porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la Cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y pregustación de la pascua eterna».
Capítulo 4
TIEMPO PASCUAL. «RESUCITÓ CRISTO, MI ESPERANZA»
Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la mañana de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!».
Todo cristiano revive la experiencia de María Magdalena. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí por qué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. «Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad.
4.1. DOMINGO DE PASCUA: de la Resurrección del Señor
A. Tiempo Pascual
El tiempo de Pascua es el más importante de todos los tiempos litúrgicos, puesto que celebramos el centro de nuestra fe cristiana, que es la muerte y resurrección de Jesús. El término «Pascua» significa precisamente «paso», pues Cristo muriendo en la cruz ha pasado de la muerte a la vida para hacernos pasar con él, elevando así nuestra humanidad a una existencia definitiva y gloriosa. Es la pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.
Duración
Este tiempo se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas hasta Pentecostés. Este tiempo dura pues cincuenta días (en griego = «pentecostés», vividos y celebrados como un solo día). “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo”. (NUALC, 22).
Signos y elementos de la Pascua
- La presencia del cirio pascual, entronizado la noche santísima de la Vigilia Pascual, con el fuego nuevo bendecido. El cirio pascual es el signo de la luz de Cristo, muerto y resucitado. Tiene también el de la ofrenda, como cera que se gasta en honor a Dios.
- Otro elemento importante es la presencia de flores y luces, así como el color blanco de los ornamentos, que simbolizan la luz de la nueva vida que Cristo nos ha inaugurado con su muerte y su resurrección.
- Las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizadas con esa intención. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro del Apocalipsis.
Capítulo 5
RECURSOS PARA EL MISIONERO: VIVIR, SERVIR Y ANUNCIAR
5.1. DEVOCIONARIO MISIONERO
Los Lasallistas vivimos nuestra relación con Dios cultivando en nuestros corazones el Espíritu de Fe y Celo.
Espíritu de Fe (Confianza y Esperanza)
El espíritu de este Instituto es, en primer lugar, el espíritu de Fe, que debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira en Dios, y a atribuirlo todo a Dios” (RC. 2, 2).
Espíritu de Celo (Pasión y Entrega)
El espíritu de fe se hace patente en los Hermanos por el celo ardiente hacia aquéllos que les han sido confiados, a fin de disponerlos a acoger la salvación revelada en Jesucristo” (Regla 7).
El espíritu de Comunidad
Los Lasallistas nos inspiramos en esta oración de Cristo: !Padre, que sean uno como tú y yo somos uno, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn. 17, 21-22) y se expresa en la frase: “Juntos y por asociación”.
Los Valores De La Familia Lasallista
- FE: Ilumina toda la existencia del Lasallista y su vocación de cristiano y orienta además su vida a partir de los valores evangélicos.
- FRATERNIDAD: es la actitud del Lasallista cuando se relaciona con sus hermanos para realizar un proyecto de vida cristiana.
- SERVICIO: el Lasallista se entrega generosamente a los demás en espíritu de colaboración y busca la promoción del hombre en el ejercicio de la educación.
- JUSTICIA: lo ayuda a sensibilizarse y a percibir las situaciones de injusticia que afectan a grandes zonas del mundo, especialmente en Colombia.
- COMPROMISO: lleva al Lasallista a compartir con los demás, sus hermanos, los hombres, en especial con los más pobres y desfavorecidos, con quienes compromete su vida, su tiempo, sus talentos y sus bienes.
Jaculatorias Lasallistas
- Acordémonos de que estamos en la santa presencia de Dios.
R/ Y adoremos su Santo Nombre
- Viva Jesús en nuestros corazones.
R/ Por Siempre
- Adoro en todo.
R/ La Voluntad de Dios para conmigo
- Continuaré Oh Dios Mío.
R/ Haciendo todas mis acciones por tu amor - Indivisa.
R/ Manent - Lo Unido.
R/ Permanece
Oración a San Juan Bautista De La Salle
Señor, que para dar a los pobres la educación cristiana y para afianzar a los niños y los jóvenes en el camino de la verdad, hiciste nacer a San Juan Bautista De La Salle y por él fundaste en tu Iglesia una nueva congregación religiosa; dígnate concedernos por su oración y su ejemplo ser fervorosos servidores de tu gloria, trabajando por la salvación de las almas y así podamos compartir su recompensa en el cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Santiguarse - Signarse – Persignarse
La cruz símbolo de amor, entrega total, redención y salvación.
Santiguarse: Es cuando formamos sobre nosotros mismos una cruz desde la frente hasta el pecho y del hombro izquierdo hasta el derecho. Al mismo tiempo que la hacemos debemos decir la siguiente oración: “En el nombre del Padre (tocar la frente) y del Hijo (Tocar el pecho) y del Espíritu (tocar el hombro izquierdo) Santo (tocar el hombro derecho). Se finaliza diciendo amén”
Signarse: Es cuando formamos sobre nosotros mismos una cruz en la frente para pedirle a Dios que nos libre de los malos pensamientos, otra cruz en la boca para pedirle que nos libre de las malas conversaciones y palabras, y otra cruz en el pecho para pedirle que nos libre de las malas obras y deseos diciendo al mismo tiempo la siguiente oración: “Por la + Señal de la Santa cruz de nuestro + enemigos líbranos Señor Dios nuestro”.
Persignarse: Persignarnos es cuando nos signamos y a continuación nos santiguamos.
5.2. ORACIONES FUNDAMENTALES DE LA FE
Acto Penitencial (Yo confieso)
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. (Mientras se dice por mi culpa... se golpea el pecho tres veces) Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
Acto de Contrición (Se puede orar durante la confesión)
Jesús, mi Señor y Redentor: yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos, ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
Alma de Cristo (Oración de protección)
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, mi buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del enemigo malo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame a Ti. Para que con tus Ángeles y santos te alabe y te bendiga. Por los siglos de los siglos. Amén.
Credo
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso; Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Credo Nicenoconstantinopolitano
Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma natura- leza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que, con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creó la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
Gloria a Dios en el Cielo
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Acción de Gracias (Autor: Gabarain)
Hoy, Señor, te damos gracias, por la vida, la tierra y el sol. Hoy, Señor, queremos cantar las grandezas de tu amor. Gracias, Padre, mi vida es tu vida, tus manos amasan mi barro, mi alma es tu aliento divino, tu sonrisa en mis ojos está. Gracias, Padre, Tú guías mis pasos, Tú eres la luz y el camino, conduces a ti mi destino como llevas los ríos al mar. Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen, y quieres que siga tu ejemplo brindando mi amor al hermano, construyendo un mundo de paz.
Padre Nuestro (Mateo 6, 9-13)
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Oh Buen Jesús. (Hno. Miguel Febres Cordero)
Indicada para antes de la comunión.
Acto de fe
¡Oh buen Jesús! Yo creo firmemente que por mi bien estás en el altar, que das tu cuerpo y sangre juntamente al alma fiel en celestial manjar.
Acto de humildad
Indigno soy, confieso avergonzado, de recibir la santa comunión; Jesús, que ves mi nada y mi pecado, prepara tú mi pobre corazón.
Acto de contrición
Pequé, Señor: ingrato te he ofendido; infiel te fui, confieso mi maldad. Contrito ya, perdón, Señor,
te pido; eres mi Dios, apelo a tu bondad.
Acto de esperanza
Espero en ti, piadoso Jesús mío; oigo tu voz, que dice: !Ven a mí”. Porque eres fiel, por eso en ti confío; todo, Señor, espero en Ti.
Acto de amor
¡Oh buen Jesús, amable y fino amante! Mi corazón se abrasa en santo ardor; si te olvidé, hoy juro que, constante, he de vivir tan solo de tu amor.
Acto de deseo
Dulce maná y celestial comida, gozo y salud del que te come bien, ven sin tardar, mi Dios, mi luz, mi vida; desciende a mí, hasta mi pecho ven.
5.3. UN BUEN CRISTIANO CONOCE, AMA Y VIVE...
Las Bienaventuranzas
1. Bienaventurados (Felices) los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
2. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
3. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
7. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
9. Bienaventurados serán cuando los injurien, los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en los cielos.
Los Diez Mandamientos
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No dirás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No darás falsos testimonios ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Las Obras De Misericordia
Obras de Misericordia Corporales
- Dar de comer al hambriento
- Dar de beber al sediento
- Dar posada al necesitado
- Vestir al desnudo
- Visitar al enfermo
- Socorrer a los presos
- Enterrar a los muertos
Obras de Misericordia Espirituales
- Enseñar al que no sabe
- Dar buen consejo al que lo necesita
- Corregir al que está en error Perdonar las injurias
- Consolar al triste
- Sufrir con paciencia los defectos de los demás
- Rogar a Dios por vivos y difuntos
5.4. OREMOS JUNTOS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Ave María (Lucas 1, 26-28)
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Ángelus (Lucas 1, 26-28)
El ángel del Señor anunció a María, y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo Dios te salve, María.. He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra Dios te salve, María... Dios te salve, María...
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros Dios te salve, María...
Dios te salve, María...
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestros corazones, para que los que hemos conocido, por el anuncio del ángel, la Encarnación de tu Hijo Nuestro Señor Jesucristo, seamos lle-
vados por los méritos de su Pasión y su Cruz a la Gloria de la Resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (tres veces).
La Salve (Salve Regina)
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve a ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros, esos tus ojos misericordiosos. Y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, OH piadosa, ¡OH dulce Virgen María! Amén.
Magníficat (Lucas 1, 46-55)
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Gloria al Padre.
Bendita Sea tu Pureza
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María, Yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Oh Señora Mía
¡Oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me entrego del todo a Ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo, ¡oh Madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.
Bajo tu Amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades que te dirigimos. Antes bien, líbranos de todo peligro, Oh virgen gloriosa y Bendita.
Los Misterios del Rosario (Oración Mariana)
Rezar Un Padrenuestro, tres avemarías (por la fe, la esperanza y por la caridad) y un Gloria.
En función del día de la semana, elegimos los misterios a meditar, tras enunciar el primer misterio, se medita por un momento y luego se reza un padrenuestro, diez Ave Marías y un Gloria.
Cada una de las siguientes decenas es recitada de la misma manera: anunciando el correspondiente misterio, meditándolo, recitando un padrenuestro, diez avemarías y un Gloria.
Entre cada misterio se pronuncia la siguiente oración: María Madre de gracia, madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Cuando se ha concluido el quinto misterio, los Lasallistas oramos una sexta decena, en donde ponemos las intenciones de toda la familia Lasallista en manos de Dios, finalmente, el rosario suele terminar con el rezo del Salve Reina y una oración de acción de gracias.
MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Purificación de la Virgen Santísima.
5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.
6. Ministerio Educativo Lasallista: para que los Lasallistas fortalezcamos nuestro encuentro con Dios, cuidando el tesoro de la fraternidad y recreando el servicio educativo de quienes él nos ha confiado.
MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. El Camino del Monte Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
6. Ministerio Educativo Lasallista: para que los Lasallistas fortalezcamos nuestro encuentro con Dios, cuidando el tesoro de la fraternidad y recreando el servicio educativo de quienes él nos ha confiado.
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen.
6. Ministerio Educativo Lasallista: para que los Lasallistas fortalezcamos nuestro encuentro con Dios, cuidando el tesoro de la fraternidad y recreando el servicio educativo de quienes él nos ha confiado.
MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
1. El bautismo en el Jordán.
2. Las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios.
4. La transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.
6. Ministerio Educativo Lasallista: para que los Lasallistas fortalezcamos nuestro encuentro con Dios, cuidando el tesoro de la fraternidad y recreando el servicio educativo de quienes él nos ha confiado.
5.4. TÉCNICAS DE GRUPO
PARA EVANGELIZAR
EL SEÑOR ES REY
El Señor es Rey
El Señor es mi pastor y rey El Señor está en el cielo
El señor está en el mar
En la extensión del infinito. Esté en el cielo
Está en el mar
En la extensión del infinito.
PESCADOR DE CRISTO
Soy pescador de Cristo Echo las redes en el mar, a veces me desespero lucho y lucho me voy a ahogar.
Mas Jesús está conmigo, él me va a ayudar a nadar/ a nadar
Chiruriruriru…
EL ARCA DE NOE
Hace mucho tiempo mal los hombres se portaron
El Señor se enfadó y mando un chaparrón
Pero los animales no tenían culpa ninguna
Y Dios dijo a Noé construye una barca
estaba el cocodrilo y el orangután
Un par de serpientes y el águila real
El gato, el topo, el elefante no falta ninguno
Tan solo no se ven a los dos micos.
EL FANTASMA GASPARÍN
El fantasma gasparín
El mismo que el tren pisó
Pobrecito gasparín
La …….. quedó así…….
EL CUBANO
Oh, aleia
Aleia quita pongo
Y amasa masa amasa Oh aloe aloe aloa.
LA PULGA
Que yo tengo una pulga: hueso
Que me pica por aquí: hueso
Que me pica por allá: hueso Que me sube y me baja: hueso Y ahora te toca a ti.
EL ELEFANTE
Mira mira mira En el horizonte va Es un gran animal
Que en su bicicleta va Como es de suponer ¡¡Es un elefante!!
Con su trompita adelante y su colita atrás.
SÍGUELA, PIRIN PIN PIN
Síguela, síguela pirin pin pin (bis)
EL MINUÉ
En un salón francés se baila el minué
En un salón francés se baila el minué.
HEY BUGUI BUGUI HEY
Hey bugui bugui hey Hey hey hey bugui bugui hey
Con la……… adentro con la Afuera
EL PADRE ABRAHAM
Había un sapo, sapo sapo, que nadaba en el río río río
Con su traje verde, verde, verde se moría del frío fío frío
La señora sapa, sapa, sapa, tenía un amigo, amigo, amigo Era profesor.
EL CRISTIANO
Cuando un cristiano baila baila baila baila (bis) Así baila un cristiano. (bis) Pies, manos, cintura, hombros.
ZAMBA PALENQUE
Zamba zamba zamba palenque
Zamba zamba ehh ehhh
Meto la manito saco la manito ahí que rico es.
DIOS ME QUIERE TANTO TANTO
Dios me quiere tanto tanto que su amor no cabrá.
En toda la tierra En toda la mar
Pero hay un lugar chiquito donde lo puedo guardar
En mi corazón En mi corazón
El amor de Dios nunca faltará
LA TAPARA
Nosotros queremos ver
A (nombre x) bailando la tapara
(Cojo la tapara le quito la tapita
Le hecho tierrita y chacachacacha)
Eso si es tapara)
CHUCU CHUCU
Levanta las manos
Mueve tu cabeza tu cintura
Salta para un lado para el otro
Para alabar a Dios
Chu chucuchucu chucuchucuchucuchucu
Chucuchucu Chu
LA PANELA
Vamo a batir la panela (bis Dame tu fuerza pegaso (Mujeres) seiia (5)
(Hombre) yoga (5) Polvo de diamantes (4)
5.5. CANCIONERO
Cantos Domingo de Ramos
1. HOSSANA HEY
/Hosanna hey, hosanna ha, Hosanna hey, Hosanna hey, hosanna ha./ Él es el Santo, es Él hijo de María, es Él Dios de Israel; es Él hijo de David. Vamos a Él con espigas de mil trigos, y con mil ramos de olivo, siempre alegres, siempre en paz.
El es el Cristo, El es el unificador, es hosanna en las alturas, es hosanna en el amor. Es la alegría, la razón de mi existir; es la vida de mi vida, es consuelo en mi sufrir.
2. TÚ REINARÁS
Tú reinarás este es el grito, que ardiente exhala nuestra fe.
Tú reinarás oh Rey Bendito, pues tú dijiste reinaré.
Reine Jesús por siempre, reine su corazón. /En nuestra patria en nuestro suelo te proclamamos rey de amor./
Cantos Jueves Santo
1. DOCE HOMBRES
Doce hombres y el maestro; Doce panes y la vida.
Doce copas y la alianza, Se mezclaban aquel día.
Donde Jesús lavándoles los pies, les enseñaba lo que es la vida.
Donde Jesús derramando su sangre, les perdonaba su maldad vivida. Eucaristía.
Tu reinarás dulce esperanza, que al alma llena de placer. Habrá por fin paz y bonanza, felicidad habrá doquier.
Tu reinaras dichosa era, dichoso pueblo con tal rey. Será tu cruz nuestra bandera, Tu amor será la nueva ley.
Tú reinarás en este suelo, te prometemos nuestro amor. Oh buen Jesús, danos consuelo, en este valle de dolor.
3. LOS NIÑOS HEBREOS
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor aclamarlo. hosanna en el cielo, hosanna en el cielo, hosanna en el cielo.
Portones abrir los dinteles, que se alcen las puertas eternas.
Va a entrar el rey de la gloria, el valeroso y Dios de Israel.
Muchos hombres; un maestro, muchos panes; una vida.
Muchas copas, una alianza, Se comparten hoy en día.
Donde Jesús con su resurrección, Solo nos pide amarnos siempre y sin medida.
Donde Jesús con su Eucaristía, Nos da la gracia de la nueva vida, Eucaristía. Un cordero, el maestro; Una ofrenda su vida.
Una muerte, el camino, Forman nuestra Eucaristía.
Donde Jesús se hace carne viva, Y nos la ofrece como pan de vida. Donde Jesús nos baña con su sangre, y nos la ofrece como alianza nueva. /Eucaristía./
La gracia santa de la paz, /Eucaristía./ Signo sagrado de unidad, /Eucaristía./ Presencia viva de Jesús, /Eucaristía./ El Don más grande del amor de Dios.
2. EUCARISTÍA MILAGRO DE AMOR
Pan transformado en el Cuerpo de Cristo, vino transformado en la Sangre del Señor. /Eucaristía, milagro de amor, Eucaristía, Presencia del Señor./
Cristo nos dice: <Tomen y Coman; Esto es mi Cuerpo que ha sido entregado>. Cristo en persona nos viene a liberar de nuestro egoísmo y la división fatal.
Este alimento renueva nuestras fuerzas para caminar a la gran liberación.
En la familia de todos los cristianos Cristo quiere unirnos en la paz y en el amor. Con este pan tenemos vida eterna. Cristo nos invita a la gran resurrección.
Cantos Viernes Santo
1. CRISTO POR NOSOTROS
Cristo por nosotros se sometió, incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levanto sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre.
3. NO ME HABÉIS VOSOTROS ELEGIDO
No me habéis vosotros elegido, fui yo mismo quien os elegí; ya no os llamo siervos sino amigos, permaneceréis, para siempre, junto a mí. Recordad mi nuevo mandamiento, por el cual os reconocerán; que os améis los unos a los otros, como yo os amé, hasta mi vida entregar.
Tomad y comed, esto es mi Cuerpo, que se entrega por vuestra salud; tomad y bebed esta es mi Sangre, que yo derramé por vosotros en la cruz.
Yo soy la verdad, soy el camino, soy la vida y la resurrección; quien me sigue no andará perdido, pues yo soy la luz, yo soy vuestra salvación.
Nosotros, Señor, te damos gracias, porque nos has hecho ver tu amor; nosotros, Señor, te seguiremos, danos tu valor, tu gracia y tu bendición.
2. PUEBLO MÍO
/¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en que te he ofendido? Respóndeme./ Te saqué de Egipto, y por cuarenta años te guié por el desierto; tú hiciste una cruz para tu salvador. Te libere del mar, te di a beber agua que
manaba de la roca, tú hiciste una cruz para tu Salvador. Te llevé a tu tierra, por ti vencí a los reyes de los pueblos cananeos, tú hiciste una cruz para tu Salvador. Te hice poderoso, estando yo a tu lado, derroté a tus enemigos, tú hiciste una cruz para tu Salvador.
3. OH CRISTO TÚ REINARÁS
/Oh Cristo Tú reinarás oh Cruz tú nos salvarás. En el verbo en ti clavado, muriendo nos rescató: de ti, madero Santo, nos viene la redención. Hermanos la Cruz de Cristo nos muestra el amor de Dios; sabemos que Dios nos quiere, su amor por Cristo nos dio. Extiende por el mundo tu reino de salvación. Oh cruz, fecunda fuente de vida y bendición.
Impere sobre el odio tu reino de caridad. Alcancen las naciones el gozo de la unidad. La Gloria por los siglos a Cristo libertador. Su Cruz nos lleve al cielo, la tierra de promisión.
Cantos Sábado Santo
1. ESTA ES LA LUZ DE CRISTO
//Esta es la luz de Cristo yo la haré brillar// Brillara, brillara, sin cesar.
//Soy cristiano y esa luz yo la haré brillar// //Llevo mi luz por la ciudad yo la haré brillar.//
//Nunca la ocultaré yo la haré brillar. // //Siempre la defenderé yo la haré brillar. // //Toma hermano esta luz y hazla tú brillar.//
4. DONDE HAY CARIDAD Y AMOR
Donde hay caridad y amor, allí está el Señor, allí está el Señor. Una sala y una mesa, una copa, vino y pan, los hermanos compartiendo en amor y en unidad.
Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor, celebramos su memoria y la entrega de su amor.
Invitados a la mesa del banquete del Señor, recordamos su mandato de vivir en el amor.
Comulgamos en el cuerpo y en la sangre que Él nos da, y también en el hermano, si lo amamos de verdad.
Este pan que de la vida y este Cáliz de salud nos reúne a los hermanos en el nombre de Jesús.
Anunciamos su memoria, celebramos su pasión, el misterio de su muerte y de su resurrección.
2. GLORIA (PALAZÓN)
/Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor./
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo.´´
Señor Dios, Cordero de
Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre.
Ordinario de la Misa
Canto del Señor ten piedad
1. SEÑOR MI SEÑOR
/Señor (Mi Señor) ten piedad
Ten Piedad de nosotros. / /Cristo ten piedad de nosotros/ /Señor (Mi Señor) ten piedad (Ten Piedad) de nosotros. /
2. SEÑOR TEN PIEDAD (NO ME HABEIS ELEGIDO)
Señor ten piedad de nosotros, Señor Jesucristo ten piedad, Señor ten piedad de nosotros, Señor Jesucristo ten piedad.
3. SEÑOR TEN PIEDAD (VALS)
Señor ten piedad, Señor ten piedad, Señor ten piedad, ten piedad.
Cristo ten piedad ten piedad, Cristo ten piedad ten piedad, Cristo ten piedad ten piedad, ten piedad.
Señor ten piedad, Señor ten piedad,
Señor ten piedad, ten piedad.
3. BAUTIZAME, SEÑOR
Bautízame, Señor, con tu Espíritu, Bautízame, Señor, con tu Espíritu. /y déjame sentir el fuego de tú amor, Aquí en mi corazón, Señor./ /Lávame, Señor…/ /Lléname, Señor…/ /Transfórmame, Señor…/ /Consuélame, Señor…/ /Conviérteme, Señor…/
4. HOY PERDÓNAME
Hoy perdóname, hoy por siempre. Sin mirar la mentira, Lo vacío de nuestras vidas, Nuestra falta de amor y caridad.
Hoy perdóname, hoy por siempre. Aún sabiendo que he caído, que de Ti siempre había huido, hoy regreso arrepentido vuelvo a ti, Vuelvo a ti, vuelvo a ti, vuelvo a ti.
5. SEÑOR, SEÑOR TEN PIEDAD DE MI (PIERO)
Señor, Señor ten piedad de mí, Señor, Señor ten piedad de mí. Señor, Señor ten piedad de mí, ten piedad, ten piedad, ten piedad de mí.
Oh Cristo mío ten piedad de mí, oh Cristo mío ten piedad de mí. Oh Cristo mío ten piedad de mí, ten piedad, ten piedad, ten piedad de mí.
Señor, Señor ten piedad de mí, Señor, Señor ten piedad de mí.
Señor, Señor ten piedad de mí, ten piedad, ten piedad, ten piedad de mí.
6. TEN PIEDAD DE MÍ
/Ten piedad de mí, oh Señor, ten piedad; ten piedad de mí./ /Ten piedad, Jesucristo ten piedad./ /Ten piedad de mí, oh Señor, ten piedad; ten piedad de mí./
Cantos del momento de la palabra
1. PALABRA QUE FUE LUZ
Palabra que fue luz el primer día, y en boca de profetas fue clamor, denuncia, compromiso y fuerza viva, eterno resplandor.
Palabra como zarza siempre ardiente, palabra como lluvia en pedregal, palabra como el sol en nuestra frente: impulso hasta el final.
Palabra que en la tierra habitaría cuando el tiempo llegó a la plenitud.
Palabra que en el seno de María nos trajo la salud.
Palabra que sin ser palabra vana, es carne y sangre de nuestro existir, y ríe y llora y se hace voz humana, y sabe compartir.
Palabra que es el <<sí>> definitivo: <<Amen>> y conclusión de nuestra fe, el día en que veremos al Dios vivo, viviendo siempre en Él.
2. TU PALABRA ME DA VIDA
Tú palabra me da vida, confío en ti Señor. Tú palabra es eterna, en ella esperaré.
7. TEN PIEDAD SEÑOR TEN PIEDAD
/Ten piedad Señor, ten piedad soy pecador, ten piedad./
/Y de mi, Cristo apiádate, contra ti yo pequé./
/Ten piedad, Señor ten piedad soy pecador ten piedad
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor.
Dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
3. TU PALABRA SEÑOR DA LA VIDA
Tu palabra, Señor da la vida, tu palabra, Señor, da la paz, tu palabra, Señor, es eterna, tu palabra es la verdad.
4. ESCUCHAR TU PALABRA
Escuchar tu palabra es principio de fe en Ti, Señor. Meditar tu palabra es captar tu mensaje de amor. Proclamar tu palabra, Señor, es estar convencido de Ti.
Proclamar tu palabra, Señor, es ya dar testimonio de Ti, mi Dios.
5. HÁBLAME SEÑOR
Yo siento Señor que Tú me amas, yo siento Señor que te puedo amar.
Háblame Señor que tu siervo escucha háblame ¡que quieres de mí!
Señor, Tú has sido grande para mí en el desierto de mi vida, háblame. Yo quiero estar dispuesto a todo toma mi ser, mi corazón es para Ti.
/Por eso canto tus maravillas por eso canto tu amor./
6. ALELUYA AL SEÑOR
/Aleluya al Señor, aleluya. /
Oh Señor que los pueblos te celebren que los pueblos te aclamen todos juntos.
Cantos de ofertorio
1. OFRENDA DE AMOR
Por los niños que empiezan la vida, por los hombres sin techo ni hogar, por los pueblos que sufren la guerra, te ofrecemos el vino y el pan.
Pan y vino sobre el altar son ofrendas de amor. Pan y vino serán, después, tu Cuerpo y Sangre, Señor.
Por los hombres que viven unidos, por los hombres que buscan la paz, por los pueblos que no te conocen, te ofrecemos el vino y el pan.
Por aquellos a quienes queremos, por nosotros y nuestra amistad, por los vivos y por los difuntos, te ofrecemos el vino y el pan.
2. TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN
/Te presentamos el vino y el pan, bendito seas por siempre, Señor./
Bendito seas, Señor, por este pan que nos diste, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.
Bendito seas, Señor, el vino Tú nos diste, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.
7. ALELUYA EL SEÑOR RESUCITÓ
Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya aleluya, aleluya, el Señor resucitó.
El Señor Resucitó, cantad con alegría, demos gracias al Señor, Aleluya.
3. TAL COMO SOY
Tal como soy Señor, sin nada que ofrecer más que mi canción, no tengo más que darte, pues todo es, tuyo Señor.
Tal como soy Señor, sin nada que entregar más que el corazón, me rindo todo a ti, tómame Señor, tal como soy.
/Acéptame como ofrenda de amor, como un sacrificio agradable en tu honor, grato perfume yo quiero ser Señor./
Canto de santo
1. SANTO QUERUBINES
Santo, santo, santo, dicen los querubines, Santo, santo, santo, es nuestro Rey Yahvé Santo, santo, santo, es el que nos redime; /porque mi Dios es santo, la tierra llena de su gloria es. / /Cielo y tierra pasarán, más sus palabras no pasarán. /
No, no, no pasarán, no, no, no, no, no, no pasarán.
Bendito el que viene en nombre del Señor, da gloria en Jesucristo, el hijo de David. Hosanna en las alturas del mundo Salva- dor, /bendito es el que viene en nombre del Señor. /
Canto del cordero
1. CORDERO
(CUMBIA)
/Cordero de Dios que quitas el pecado de los hombres. / / Ten piedad de nuestras almas y ten piedad de nosotros/ Ten piedad de nuestras almas y ten piedad de nosotros Ten piedad de nuestras almas y concédenos la paz.
Cantos de comunión
1. TAN CERCA
DE MÍ
Tan cerca de mí, tan cerca de mí, que hasta lo puedo tocar, Jesús está aquí. Míralo a tu lado por la calle, caminando entre la multitud; muchos ciegos van, sin quererlo ver, llenos de ceguera espiritual. Le hablare muy cerca al oído, le contaré las cosas que hay en mí, y que
2. SANTO ES EL SEÑOR MI DIOS
/Santo es el Señor mi Dios digno de alabanza, a Él el Poder, el Honor y la Gloria./ /Hosanna, (hosanna), Hosanna, (hosanna), Hosanna, Oh Señor. //Bendito el que viene en nombre del Señor, con todos tus Santos cantamos para Ti./
2. CORDERO DE DIOS (VALS)
Cordero de Dios que quitas, el pecado del mundo, el pecado del mundo; Ten piedad Señor ten piedad Señor, De nosotros señor ten piedad. Ten piedad Señor ten piedad Señor, De nosotros y danos la paz.
sólo a Él, le interesarán: Él es más que un mito para mí. No busques a Cristo en lo alto ni lo busques en la oscuridad. Muy dentro de ti, en tu corazón, puedes adorar a tu Señor.
2. LÁVAME CON TU SANGRE
Lávame con tu sangre, sana mis heridas, vuelve, escucha mi voz y háblame. Renovar quiero mi entrega, sentir este amor primero, decirte que te quiero conversar, escúchame.
Sentir de nuevo un viento cálido, verme en tus brazos, sonreír, entregarte todos mis problemas, volver a ser feliz. Escúchame. Bendito el que viene en nombre del Señor, da gloria en Jesucristo, el hijo de David. Hosanna en las alturas del mundo Salvador, /bendito es el que viene en nombre del Señor./
Cantos de comunión
1. TAN CERCA DE MI
Tan cerca de mí, tan cerca de mí, que hasta lo puedo tocar, Jesús está aquí.
Míralo a tu lado por la calle, caminando entre la multitud; muchos ciegos van, sin quererlo ver, llenos de ceguera espiritual.
Le hablaré muy cerca al oído, le contaré las cosas que hay en mí, y que sólo a Él, le interesarán: Él es más que un mito para mí. No busques a Cristo en lo alto ni lo busques en la oscuridad. Muy dentro de ti, en tu corazón, puedes adorar a tu Señor.
2.
LÁVAME CON TU SANGRE
Lávame con tu sangre, sana mis heridas, vuelve, escucha mi voz y háblame. Renovar quiero mi entrega, sentir este amor primero decirte que te quiero conversar, escúchame. Sentir de nuevo un viento cálido,
3. SANTO ES EL SEÑOR MI DIOS
/Santo es el Señor mi Dios digno de alabanza, a Él el Poder, el Honor y la Gloria./ /Hosanna, (hosanna), Hosanna, (hosanna), Hosanna, Oh Señor./ /Bendito el que viene en nombre del Señor, con todos tus Santos cantamos para Ti./
verme en tus brazos, sonreír, entregarte todos mis problemas, volver a ser feliz. Escúchame.
Muéstrame tu palabra, siembra en mi semilla nueva, que quiero se fruto de tu amor. Líbrame de los peligros, guíame por nueva senda, que siento cansancio al caminar. Escúchame.
Dame tu pan, tu vino, alimenta mi alma enferma, que vive en anhelos de verdad.
Háblame de esa agua que me da la vida eterna y dime que siempre me amarás. Escúchame.
Cantos de alabanza
1. EN EL CIELO SE OYE
/En el cielo se oye, en la tierra se canta./
/Vamos todos a alabar al Señor Con panderos y guitarras./
/Cristo me dijo que luchara otra vez Que luchara otra vez, Que luchara otra vez./
/Que no me desesperara Si no que tuviera fe./
/Y yo, y yo, y yo lo estoy alabando./
/Nosotros no Señor, a ti es a quien toca Yo cantaré lo que pongas en mi boca./
/Lo que pongas, lo que pongas, Lo que pongas en mi boca.
Yo cantaré lo que pongas en mi boca./
2. YO TE ALABO
/Yo te alabo con el corazón, Yo te alabo con la voz./
Y si me falta la voz
Yo te alabo con las manos, Y si me faltan las manos Yo te alabo con los pies, Y si me faltan los pies Yo te alabo con el alma, Y si me falta el alma
Es que me he ido con Él.
/A que tú te vas y que yo también para la nueva Jerusalén. /
/Cuando Cristo venga en gloria yo no me voy a quedar./
//Seremos levantados con poder. // Para la nueva Jerusalén
3. YO TENGO GOZO EN MI ALMA
Yo tengo gozo en mi alma, gozo en mi alma, Gozo en mi alma y en mi ser… ¡Aleluya, Gloria a Dios!
Son como ríos de agua viva, ríos de agua
viva, Ríos de agua viva en mí ser.
Vamos cantando con todo tu poder
Vamos cantando con todo tu poder
Dad gloria a Dios, gloria a Dios, dad gloria a Él.
Vamos cantando con todo su poder.
Alza tus brazos y alaba a tu Señor
Alza tus brazos y alaba a tu Señor
Dad gloria a Dios, gloria a Dios, dad gloria a Él. Alza tus brazos y alaba a tu Señor.
No te avergüences y alaba a tu Señor
No te avergüences y alaba a tu Señor
Dad gloria a Dios, gloria a Dios, dad gloria a Él.
No te avergüences y alaba a tu Señor.
4. JESÚS ESTÁ PASANDO
/Jesús está pasando por aquí./
Y cuando Él pasa todo se transforma, Se va la tristeza, llega la alegría;
Y cuando Él pasa todo se transforma, Llega la alegría para ti y para mí.
/Ahora mismo, Señor, ahora mismo
Yo te pido que rompas las cadenas./
/Y que las puertas del cielo sean abiertas
Y de virtud mi alma sea llena./
5. VIVA LA FE
Viva la fe, viva la esperanza, Viva el amor, Viva la fe, viva la esperanza, Viva el amor. Viva la fe, viva la esperanza, Viva el amor. Que viva Cristo, Que viva Cristo que viva el Rey.
/Que viva, que viva Cristo, Que viva, que viva Cristo. Que viva, que viva Cristo, Que viva el Rey./
6. EL AMOR DEL SEÑOR
El amor del Señor es maravilloso, El amor del Señor es maravilloso. El amor del Señor es maravilloso, Grande es el amor de Dios.
Tan alto que no puedo estar arriba de Él
Tan bajo que no puedo estar abajo de Él
Tan ancho que no puedo estar afuera de Él
Grande es el amor de Dios.
7. VAMOS A BENDECIR AL SEÑOR
/Vamos a bendecir al Señor, nosotros los hijos de Dios./
/Alzad vuestras manos, batidlas a Él, y decidle que solo Él es fiel./
/Abrid vuestra boca, cantad para El, y decidle que solo Él es fiel./
/Cerrad vuestros ojos, pensad solo en El, y decidle que solo Él es fiel
Capítulo 6
BITÁCORA: MEMORIAS DEL CAMINO MISIONERO
Durante estos días visitamos hogares, escuchamos historias, compartimos la Palabra, celebramos la fe, acompañamos y anunciamos esperanza. Pero muchas veces, si no detenemos el corazón, lo vivido puede quedarse solo en el recuerdo superficial.
La bitácora misionera es el lugar donde la experiencia se convierte en aprendizaje, donde el encuentro se transforma en memoria agradecida y donde Dios deja huella escrita en nuestra propia historia.
Este espacio en tu cuadernillo es:
- Un lugar para guardar anécdotas.
- Un espacio para escribir frases que te marcaron.
- Un rincón para anotar oraciones que nacieron en el camino.
- Un registro de sonrisas, silencios y aprendizajes.