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La Gualdra 733

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 733 / 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / AÑO 16

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Alejandra Coz Rosenfeld y Octavio Gallardo.

En esta Gualdra Rodrigo Peralta y Manuel Parra Aguilar presentan a dos exponentes de la literatura chilena: Alejandra Coz Rosenfeld (Santiago de Chile, 1972) y Octavio Gallardo (Valparaíso, Chile, 1974). La obra de Alejandra se caracteriza por una profunda indagación interdisciplinaria donde conviven la memoria, el cuerpo y el misterio; es autora de libros como Marea Baja, La Jabalina, La Lava, y tres nuevos títulos bajo el sello Filacteria: Alexandra de noche, Las 3 máximas y El bozal. Octavio destaca por su profusa labor de promoción de la creación literaria chilena y latinoamericana; es autor de Octubre, Cordillera, Especies en cautiverio, Último poema, Zorda, y Derecho al olvido -edición a partir de textos no poéticos de Carlos Cociña-.


La Gualdra No. 733

2 LA GUALDRA NO. 733 /// 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026 /// AÑO 16

Editorial El Festival Huellas Artísticas se llevará a cabo del 10 al 13 de diciembre en Zacatecas y hace unos días dieron a conocer una serie de convocatorias de las que hablaremos en esta ocasión. Huellas Artísticas es “un festival cultural independiente y multidisciplinario que construye comunidad a través del arte, genera espacios de encuentro y colaboración entre artistas, agentes culturales y públicos, e impulsa nuevas propuestas artísticas y el intercambio de saberes”, y este año tendrán como eje temático “El encuentro”. Este 2026 se llevará a cabo la cuarta edición; cuatro ediciones en las que un grupo de jóvenes se han involucrado en su organización que implica no sólo programar actividades, sino gestionar espacios, permisos, artistas, conseguir recursos de todo tipo y patrocinios para su realización. Hay varias cosas que resultan admirables, este grupo de jóvenes está produciendo este festival multidisciplinario asumiendo una cantidad de trabajo enorme y la responsabilidad de llevar todo a buen puerto como ha sucedido en ocasiones anteriores; están consiguiendo también algo que para muchos ha resultado difícil, involucrar a la iniciativa privada y a algunas instituciones del sector público para que colaboren en el financiamiento de sus actividades. En cuanto a este último punto debo decir que me da gusto saber que han encontrado los mecanismos para gestionar recursos que apoyen las actividades culturales en beneficio de la comunidad, sin perder algo importante: su independencia en la toma de decisiones. Las convocatorias ya publicadas son las siguientes:1 1. Realización de cineminutos, se convoca “A realizadoras, realizadores, creadoras, creadores y personas […] con interés en la creación audiovisual […], así como a colectivos independientes y casas productoras, a participar con un cineminuto realizado a partir de la temática EL ENCUENTRO, para ser parte de la programación audiovisual”. 2. Expo-venta colectiva de artes plásticas y visuales, se convoca a “artistas visuales y personas creadoras […] a participar en la expo-venta colectiva Cuando el encuentro se acaba, dedicada a la exhibición y comercialización de nuevas propuestas artísticas, cuya sede de exposición será del 10 de diciembre de 2026 al 10 de enero de 2027 en la tienda del Museo Zacatecano y formará parte de la Ruta de la Huella Artística del Festival Huellas Artísticas 2026”. 3. Exploraciones sonoras, en la que se convoca a “A músicos y músicas, compositoras, compositores y personas creadoras […] con interés en la creación y experimentación sonora […], así como

Contenido a agrupaciones y proyectos colectivos, a participar con propuestas musicales y sonoras en Exploraciones Sonoras, como parte de la programación musical del Festival Huellas Artísticas a realizarse en las Bóvedas de la Ciudadela del Arte”. 4. Proyección de cortometrajes: “A realizadoras, realizadores y personas creadoras […] así como a colectivos independientes y casas productoras, a participar con cortometrajes de temática libre para formar parte de la programación audiovisual del festival del 10 al 13 de diciembre de 2026 en la Cineteca de Zacatecas”. 5. Presentaciones escénicas: “A artistas escénicos y personas creadoras […], así como a compañías, agrupaciones y colectivos de artes escénicas, a participar con una propuesta escénica para integrar la programación de Huellas Artísticas 2026”. 6. Creación literaria: “A escritoras, escritores y personas creadoras […] con interés en la escritura […], a participar con textos de poesía, cuento de terror o crónica que dialoguen con alguna de las temáticas propuestas”. 7. Exposición fotográfica colectiva: Dirigida “A fotógrafas, fotógrafos, artistas visuales […] a participar en la exposición colectiva Miradas de lo desapercibido, la cual se expondrá del 10 de diciembre de 2026 al 10 de enero de 2027 en el Mercado González Ortega de Zacatecas”. 8. Open Air: “A músicos, músicas, solistas, bandas, agrupaciones y personas creadoras […] a participar con propuestas musicales en formato Open Air, como parte de la programación musical del Festival Huellas Artísticas a realizarse en el Patio Central de la Ciudadela del Arte”. Los detalles de estas convocatorias pueden consultarse en las redes sociales de Huellas artísticas, quienes dejan a su disposición el mail: festhuellasartisticas@gmail.com. En esta época en la que estamos necesitando más buenas noticias en Zacatecas, merece la pena reconocer todo lo que estos jóvenes están aportando a favor de la vida cultural de nuestra ciudad y preguntarnos cómo podemos apoyar desde nuestras trincheras a que más iniciativas como este festival puedan seguir gestándose; por lo pronto los invito a participar en las convocatorias y como público en todas sus actividades. Enhorabuena a todos los organizadores.

3 Zorda: ficcionar con la propia sombra [Entrevista a Octavio Gallardo] Por Manuel Parra Aguilar

4 5 Memoria, cuerpo y misterio en la poética del desprendimiento [Entrevista a Alejandra Coz Rosenfeld] Por Rodrigo Peralta

6 Una y otra y otra vez La Habana Por Aída Chacón-Castellanos

7 Abrazar la fe Por Álvaro López–Limón

8 Diario de profesorado: de cómo un millennial deprimido intentaba dar clases a adolescentes Por Armando Navarro

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Ver las convocatorias en FB: https://www.facebook.com/photo?fbid=1134748149218933&set=pcb.1134748212552260 Y en IG: https://www.instagram.com/huellasartisticasfest/ 1

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Sandra Andrade Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Jánea Estrada Lazarín y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Zorda: ficcionar con la propia sombra [Entrevista a Octavio Gallardo] 6 Por Manuel Parra Aguilar

Escribir para mentirse con la verdad No soy dado para las estructuras y formas tradicionales, aunque sé perfectamente que no invento nada. Me siento más cómo explorador, en este caso de posibilidades narrativas. Narrar mediante ventanas que a veces son estrictamente un relato y que en otras abren reflexiones que sólo la poética puede resolver. Hay cuestiones que sólo se dan en el encuentro entre el misterio, la plástica, la filosofía y la práctica del lenguaje con los recursos y profundidad de un poema. Además, esencialmente soy poeta. Escribo siempre desde ahí. También he creído siempre que si un poema no tiene nada que decir, es mejor borrarlo. Lo más interesante sucede cuando tienes algo que decir y la poesía y la narrativa te abren camino; eso es totalmente bello, pese a que estés escribiendo a partir del dolor más

Octavio Gallardo

se dentro de una misma escena familiar. Cualquier escena familiar por más diminuta que sea, si es capaz de abrazar todos esos paisajes humanos, es poética. Por otro lado, no hemos resuelto cómo enfrentar la infancia aún. Me parece, más bien, que nos hemos llenado de tecnicismos y supuestos. Creo que salimos de nuestra infancia para después de la curva de la vida volver a ella. Porque la infancia es el lugar más bello, más sano y humano donde hemos podido estar. Lo demás es brutal.

grande. Nada importa. En ese caso, no hay determinantes ni de forma ni de espacio. Una historia personal que parece de mentira Creo que Zorda es la suma de los abandonos, pérdidas y desapariciones. En Chile en esos años se desaparecía drásticamente a personas y eso resuena también en la historia de la protagonista, como tantas otras situaciones de ese proceso político. Quizás por eso la protagonista no tiene nombre, porque en parte es todos ellos, o confundida en todo eso. La memoria íntima de la infancia con el peso de la historia política de Chile es un diálogo espectral, casi sordo. En el libro, todos los personajes asumen su condición o la condición que les imponen y siguen un camino triste, sin esperanza. Sin embargo, mientras que en los adultos esa sordera social es temporal, para la niña no lo es. Porque ha nacido con una mutilación física, por lo tanto para ella no hay salida. Quizás para ninguno de los personajes la hubo. En ese sentido, este libro

es un trabajo contra mí mismo. Quisiera ser menos drástico, y pretendo convenir con la idea de que seremos amados y felices. Sin embargo, la época y el tránsito de la protagonista no me lo permitieron. Fue un tiempo oscuro y ya. En cierta medida, la niña hace cuerpo de ese tiempo en lo que al parecer es su breve estadía. La coincidencia de reinventar la memoria La pobreza es al final un bien material cuando se trata de crear solidaridad y de cuidarse, alimentarse y protegerse entre todos. En ese sentido fue un tiempo hermoso desde el punto de vista de la comunidad. Luego, desde la llegada de la democracia y de cierta bonanza económica que ya sabemos es un espejismo; esos mismos seres se volvieron individualistas y guardianes de la propiedad privada. Esto no es una posición política, sino una constatación de que fuimos mejores entre nosotros. Tal vez por ello, la poética me permitió trabajar la tensión entre la sumisión religiosa, el miedo político y la rabia de cla-

Ponerse a salvo en la ficción Me interesaba no sólo un estatuto de dictadura violenta, sino también que se trataba de una sociedad violenta y castigadora. Fue también la época del SIDA, donde el mundo gay recibía el castigo de dios. Un supuesto muy generalizado. En ese sentido, Chile era una sociedad adolescente, sin madurez, sin herramientas para enfrentar los afectos. Por eso la protagonista se atormenta, porque no sabe qué decir frente al amor, ni mucho menos tiene libertad para eso. El libro estuvo un buen rato guardado porque lo percibía como un testimonio de fe personal, un recordatorio de que nunca más deberíamos fracasar tanto en nuestros afectos, y lo digo también en términos sociales; por tanto, creí que sólo podía reinterpretarme a mí. Lejos de eso Zorda ha tenido gran recepción crítica. Quizás porque las desapariciones, los abandonos y la soledad nos han marcado como generación. No intenté volver a narrar una época, que es algo muy necesario, y los chilenos lo han hecho nutridamente. Creo que sólo la poesía se ha hecho cargo de mirarlo desde la barriada, desde la pobreza y esa condición miserable que nos regaló la instauración del modelo económico, porque eso se hizo acumulando capital a costa de la miseria de tantos. En ese sentido, más allá de la historia personal, el resultado es poner un espejo de agua frente al rostro de quienes lo sufrieron. Creo también que se ha valorado así. Nunca tuve un dossier tan grande de artículos espontáneos en mis carpetas, tantos saludos de lectores y lectoras de México y Chile, donde se ha publicado el libro. Me asombra y me permite, también, leerlo con distancia, porque ya nada de lo que hay ahí me pertenece. Ahora es parte de nuestra historia colectiva. Por mi parte, sólo queda un logro personal: he dejado de llorar por mis propios abandonos.

Octavio Gallardo, Valparaíso, Chile, 1974. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda y ha sido publicado en diversas antologías, además de recibir premios e incentivos para el desarrollo de su obra. Destaca su profusa labor de promoción de la creación literaria chilena y latinoamericana. Actualmente dirige el periódico literario Carajo, uno de los más importantes medios de difusión literaria chilena. Libros: Octubre, Cordillera, Especies en cautiverio y Último poema. Además de libro Derecho al olvido, edición a partir de textos no poéticos de Carlos Cociña. Junto al poeta mexicano Armando Salgado realizó la recopilación y edición del Ebook Estrategia del poema, 72 autorxs hispanoamericanxs. Manuel Parra Aguilar, Hermosillo, Sonora. Maestro en Estudios de Arte y Literatura por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Ha ganado el Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal; el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines; los Juegos Florales Iberoamericanos Ciudad del Carmen, entre otros. Libros: Los muchachos del Guinness Book, Permanencias, Pertenencias, entre otros.

Literatura chilena

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na historia personal que parece mentira La palabra “sorda” da cuenta de un accidente biológico. Sin embargo, Zorda (2024) pretende ser una amplia metáfora del espacio donde la protagonista se mueve y crece; es decir, hay una sordera social que no permite que los adultos la comprendan. De igual modo, el país (Chile) está hundido en un espacio no de silencio sino de sonajeras, balas, desapariciones, pobreza, violencia… En ese sentido, la palabra sorda por sí sola me permitía dar cuenta del amplio espectro de esa condición, que también es la condición de una comunidad y un momento social. Zorda añade molestia visual, incomodidad y quizás, y ojalá así sea, permite entender el intento como la búsqueda para describir un universo determinado. Zorda es una ficción que nace de mi historia personal. Sentí que podía permear esa historia íntima con los grandes dolores y la violencia de una época. Hasta la escritura de este libro, creí que la literatura no era un instrumento de sanación. Sin embargo, la sanación o las sanaciones son más complejas y arbitrarias. A veces sanando un pequeño espacio puede irse tejiendo un nuevo material tan verde y delicado como las plantas. Finalmente fue doloroso, no sólo porque tuve la disposición a remover mi infancia, sino porque sacudí también las penas y las dificultades de aquellos que vivieron esa situación violenta, porque la violencia económica también es violencia, por ejemplo.


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Memoria, cuerpo y misterio en la poética del desprendimiento [Entrevista a Alejandra Coz Rosenfeld]

Literatura chilena

6 Por Rodrigo Peralta

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a trayectoria de Alejandra Coz Rosenfeld destaca por su marcada naturaleza interdisciplinaria. Escritora, poeta, artista visual, terapeuta transpersonal y astróloga, Coz Rosenfeld concibe el arte y la literatura no como parcelas aisladas, sino como vasos comunicantes donde se articulan el cuerpo, la memoria y el misterio. Formada en Letras, Estética y Arte entre Chile e Italia, y radicada actualmente en Barcelona —donde preside y dirige la Fundación Lotty Rosenfeld—, su labor curatorial y de resguardo del patrimonio artístico se entrelaza de manera orgánica con su labor literaria. Como escritora, su voz rehúsa la comodidad de los moldes tradicionales: su prosa y su poesía se alimentan del rigor del espacio expositivo, la intensidad de la vivencia corpórea y la precisión simbólica de la astrología y el tarot. En sus libros más recientes bajo el sello Ediciones Filacteria, Coz Rosenfeld opera como una cartógrafa de la intimidad, empleando la palabra escrita como una herramienta de catarsis, desobediencia y reconstrucción del eje personal tras el trauma y el duelo. A continuación, unas breves notas sobre tres de sus obras recientes en Ediciones Filacteria, 2026: Las tres Máximas (Colección A solas, Poesía). En Las tres Máximas, Alejandra Coz Rosenfeld construye un oratorio poético destinado a recomponer la memoria emocional tras la pérdida. Estructurado ritualmente en tres actos o estaciones dramáticas (“El territorio seminal”, “El duelo insondable” y “La insistencia de lo imposible”), el libro conecta la infancia rústica y sus secretos domésticos con la devastación de la orfandad por la muerte materna y una idea del amor que cae a pedazos. La poesía actúa aquí como una medicina de emergencia: la cosmogonía esotérica (asteroides, cartas astrales, señales del viento) se fusiona sin pudor con la cotidianeidad chilena (el pisco, el pastel de papas, la chomba) para transformar el luto y la vulnerabilidad en un acto transparente de autoafirmación y dignidad lírica. El bozal (Colección Narrativa). Nacido de la urgencia respiratoria y la necesidad de cicatrizar, El bozal es una bitácora de emancipación redactada entre el diario íntimo y la epístola interior. A través de una temporalidad regida por marcas astronómicas y biológicas (lunas, equinoccios, ciclos menstruales), la


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Rodrigo Peralta: ¿De qué manera tu formación artística en Chile e Italia y tu labor curatorial al frente de la Fundación Lotty Rosenfeldhan moldeado el manejo del espacio fragmentario, el archivo personal y la memoria del cuerpo en tus libros de narrativa y poesía? Alejandra Coz Rosenfeld: Mi formación artística y mi labor en la Fundación ha ido encausando y dándole forma a algo que en realidad ha estado presente en mí desde siempre. Yo escribo desde que aprendí a hacerlo. Escribo, recolecto y colecciono memorias. Mi historia de vida y también mi historia ancestral, atraviesa todo lo que hago. Siempre quise ser arqueóloga; lo he mencionado en mis textos, y pienso que, en algún punto, lo soy. Escarbo desde muchos lugares: desde lo emocional, lo ancestral, lo estético y lo terapéutico. Voy buscando restos, señales, conexiones, para ir construyendo una narrativa que se va nutriendo con el paso del tiempo, surcando un camino rizomático –múltiple e interconectado– que da puntadas y crea una red de memorias colectivas que codifico.

Mi labor como directora de la fundación que lleva el nombre de madre, me ha adiestrado el pensamiento y me ha entregado herramientas mucho más limpias de clasificación. Trabajar con el archivo familiar, con fotografías, documentos, videos y objetos me ha permitido ocupar mi lugar en este árbol genealógico. Y en la medida en que me sumerjo en ese archivo voy haciendo puntadas con todo lo otro que soy. Hay algo en la organización de un archivo que tiene que ver con establecer códigos, relaciones, fechas, correspondencias. Y esa mecánica se repite en mi quehacer como terapeuta, astróloga y poeta. RP: En tus obras dialogan de forma natural la astrología, el tarot, la terapia transpersonal y la literatura. ¿Cómo opera esta cosmogonía simbólica para dar nombre al dolor, al duelo y a la transmutación? ACR: Para mí todo está conectado. Escribir fue la manera que descubrí de muy niña que tenía para echar fuera todo lo interno que me habitaba y me habita. Escribir era (es) erupcionar. Escribir es hablar conmigo, aprender a escucharme aunque eso me avergüence o me duela. Creo que la cosmogonía simbólica que mencionas opera, ante todo, como una vía para darle salida a aquello que muchas veces parece no tenerla, y esa manera de percibir el mundo, forma parte de mi cotidiano, yo pienso con la cabeza en los planetas y sus tránsitos, la terapia es algo que cultivo hace mucho porque me acerca a mi propia verdad, y es donde comprobé que la mejor herramienta para la dinámica de la vida es el autoconocimiento. Escribir es un acto de transmutación, es como una purificación, un reseteo. RP: La presencia de las abuelas (como la abuela Charlotte) y las figuras maternas constituyen el ADN espiritual de Las 3 máximas y Alexandra de noche. ¿Cómo construyes este puente entre la memoria histórica familiar y la voz poética contemporánea? ACR: Creo fervientemente en la herencia transgeneracional, en que el linaje femenino se va entregando, como en una carrera de relevos, el testigo. Cuando mi abuela estaba embarazada de mi madre yo ya existía en los ovarios de mi madre. Imagino que está íntimamente relacionado a que las mujeres somos dadoras de vida, por lo tanto preservar es algo que viene preestablecido, la memoria es uterina. Las 3 Máximas y Alexandra de noche fueron escritas mientras viví el duelo de mi madre. Esa experiencia fue profundamente corporal, como todo. El dolor se transformó en una fuerza creativa poderosa. Escribo desde el presente, pero el presente está habitado por esas mujeres. Esta exploración literaria integrada por Las tres Máximas, El bozal y Alexandra de noche consolida a Alejandra Coz Rosenfeld como una de las voces más

singulares y honestas de la literatura hispanoamericana contemporánea. Transitando con soltura entre Santiago, Talca y Barcelona, la autora demuestra que la poesía y la narrativa no se escriben desde la distancia contemplativa, sino desde la urgencia de encarnar la propia biografía. Al exponer las som-

bras, desarticular bozales y celebrar la memoria ancestral, Coz Rosenfeld nos entrega un testimonio transparente y reparador: una obra viva que recuerda al lector que la verdadera liberación no consiste en erradicar la tormenta, sino en habitarla con absoluta dignidad lírica, lucidez y libertad.

Literatura chilena

obra aborda la violencia invisible de los vínculos codependientes y el cansancio ante los mandatos sociales. El “bozal” opera como metáfora del relato castrador del otro y de la culpa introyectada. Mediante una alquimia verbal que evoca pasajes de la infancia bajo la dictadura chilena y actos de psicomagia cotidiana, la voz narrativa renuncia a ser el alimento del vínculo tóxico, alcanzando una calma limpia y conquistada a pulso. Alexandra de noche (Colección Narrativa). Articulada desde un diálogo pendular entre la autora y su propia sombra (“la Alexandra”), esta obra recorre en 22 estaciones la epopeya íntima de una vida atravesada por la intensidad, los desbordes emocionales y los mandatos del “deber ser”. El relato contrapone la infancia sensorial entre la rigidez de la educación religiosa de los 80 con la profundidad telúrica de sus ancestros: la Charlotte y Rudolf, los bisabuelos polacos sobrevivientes del Holocausto que escaparon a Siberia. Con una prosa torrencial y de gran riqueza plástica, Alexandra de noche constituye un valioso testimonio sobre el ajuste de cuentas con la memoria heredada y la búsqueda incesante de la voz propia. Hoy nos olvidamos de las marcas de revisión para adentrarnos en el imaginario de la artista y explorar a fondo las búsquedas, intuiciones y revelaciones que mueven su proceso creativo. Esta charla íntima nos conecta directamente con sus coordenadas poéticas realizada bajo los cielos de La Mandrágora en Talca —en plena Región del Maule chileno, cuna e hito del surrealismo latinoamericano—, y que dialoga de tú a tú con la mirada de una creadora que hoy reside y crea desde Barcelona. Una pequeña entrevista cargada de complicidad que hoy despega y se difunde desde Chile para todo el mundo.

Alejandra Coz Rosenfeld Alejandra Coz Rosenfeld (Santiago de Chile, 1972): Escritora, poeta, artista visual, terapeuta transpersonal y astróloga. Formada en Letras, Estética y Arte en Chile e Italia, actualmente reside en Barcelona, donde dirige la Fundación Lotty Rosenfeld. Su obra se caracteriza por una profunda indagación interdisciplinaria donde conviven la memoria, el cuerpo y el misterio. Es autora de libros como Marea Baja, La Jabalina, La Lava, a los que hoy se suman bajo el sello Filacteria sus nuevos títulos: Alexandra de noche, Las 3 máximas y El bozal.

Rodrigo Peralta Este artículo y entrevista se escriben desde Chile. Se enmarcan en el trabajo de la editorial chilena Ediciones Filacteria y abordan la obra de la escritora y artista chilena Alejandra Coz Rosenfeld, radicada actualmente en Barcelona. El encuentro dialoga de forma directa entre la Región del Maule (Chile) y el ámbito literario hispanoamericano.


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Una y otra y otra vez La Habana

Novela

6 Por Aída Chacón-Castellanos

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a construcción de espacios de ciencia ficción en el Caribe viene acompañada de su riqueza y complejidad cultural. La novela El colapso de las Habanas infinitas (2015), del escritor cubano Erick J. Mota, no es la excepción. A partir de una premisa que, inevitablemente, relacioné con el famoso libro de crítica literaria de Antonio Benitez Rojo, La isla que se repite (1998), Mota nos plantea un mundo en el que una tecnología alienígena abandonada en La Habana permite viajar a distintas realidades que parten hechos históricos y cambian por completo el rumbo de la historia de Cuba y del mundo entero. La novela se divide en veintidós capítulos breves y ágiles en los que el autor nos va planteando distintas ucronías, distopías y utopías que conviven en el espacio-tiempo y que, solamente unos pocos, pueden viajar a través de ellas y volver a la línea principal de tiempo. A medida que avanza el relato, los lectores irán descubriendo cómo es que nace cada una de esas realidades tan disímiles y, en muchos casos, absurdas. Una de las ucronías toma como punto de partida la toma de La Habana

por los ingleses en 1762. En esta realidad, los viajeros llegan a una Habana angloparlante, una tanto sobria y gris como los paisajes londinenses del cine clásico. En ese sitio no se escucha la música a todo volumen y el calor del ambiente desentona con la formalidad de los transeúntes. Como en Inglaterra, en esa Habana hay una hora del té y la crisis del presente del que parte la novela no está constantemente atravesado por crisis económicas y sociales. En otro de estos escenarios, La Habana se plantea como un territorio conquistado por los aztecas y el esplendor del imperio prehispánico perdura hasta el presente siglo XXI. También se encuentran presentes las utopías y en ellas se han hecho realidad los anhelos más nostálgicos de los más fervientes revolucionarios, como la naturalización del Che Guevara quien, en una de esas Habanas, era el líder máximo de la revolución, mientras que Fidel Castro fue un mártir de 1962. En otro escenario utópico más, el bloque soviético no cayó en

1989 y el proyecto socialista del Caribe se fortaleció con el paso de los años. Y en otro más, el socialismo de Mao Tse-Tung triunfa sobre el estalinismo soviético. Mientras tanto, en los mundos distópicos del relato, podemos ver una Habana destruida y contaminada por explosiones nucleares que se suscitaron durante la crisis de los misiles. O, como es el caso de otra de esas realidades, por la explosión de la planta nuclear de Juraguá en Cienfuegos o por una devastación social y económica muy profunda producto del periodo especial. En estas líneas de la realidad, la ciudad se encuentra destrozada y pocos se atreven a permanecer cerca, pero una vez que las fuerzas armadas descubren cómo es que se han generado tantas realidades tan particulares y dónde están los miembros de las expediciones perdidas, los militares saben cómo aprovechar los recursos de Ruinahabana y comienzan a transportar recursos de esas otras realidades para paliar la crisis de la

línea principal de tiempo. En esta novela, distintos pasajes de la historia de Cuba se convierten en enclaves narrativos del autor para plantear en sus lectores la idea de lo que habría sido si el rumbo de la historia hubiera tomado otro curso. La novela no solamente resulta divertida, sátira y llena de referencias históricas, sino que también permite leer los profundos dolores sociales que han golpeado al territorio cubano en el último siglo y otros dolores que han golpeado al sur global desde la conquista de América. Debido a que una de mis aspiraciones como lectora en esta sección es acercar la literatura a distintos públicos, tengo una excelente noticia respecto a esta novela y es que puede conseguirse fácilmente en populares plataformas de ecommerce. Además de esto, el autor estará próximamente en México, como parte de un evento académico organizado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, desde donde un equipo de estudiosos de la narrativa cubana también hace una gran labor por traspasar las fronteras del mercado y acercar la literatura cubana a distintos públicos.


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Abrazar la fe 6 Por Álvaro López–Limón

Arte San Agustín y los monjes de Monte Pisano 1624. Grabado de Schelte de Boetius Bolswert.

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l escenario de nuestra reflexión tiene como telón de fondo dos acontecimientos relevantes. Primer escenario, la bula emitida por el Papa Alejandro IV, la bula Licet Ecclesiae catholicae 9 de abril de 1256, escrita con la intención de integrar a comunidades y eremitas, mediante una misma estructura jurídica, y bajo la Regla de San Agustín, que contiene tres pilares cardinales, a saber: el de elegir una vida en comunidad, ser “una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios”; una búsqueda interior, elegir el camino de la verdad y el conocimiento espiritual; y finalmente, la caridad fraterna, el servicio a los demás y el desapego de los bienes materiales. Segundo

escenario, el arte virreinal como dispositivo que favorece la representación de imágenes religiosas por medio de la alegoría y los símbolos. Ambos escenarios expresan el propósito de la obra de Schelte de Boetius Bolswert y su importancia en el arte novohispano. Estamos frente a un grabado de Bolswert en el que se representa la visita de San Agustín a los monjes del monte Pisano en la Toscana, y enaltece el misticismo del obispo de Hipona. El grabado nos relata que un día, San Agustín paseaba por la orilla del mar, reflexionando sobre la compleja doctrina de la Trinidad. De pronto, observó a un niño que corría hacia el mar, iba y regresaba, afanado en su propósito, llenaba

una caracola con agua de mar que vaciaba en un hoyo que había fabricado –previamente– en la arena. El niño hacía esto una y otra vez, hasta que Agustín, curioso, se acercó y le preguntó: “¿Qué haces?”. El niño le respondió: “Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo, hasta vaciarlo”. San Agustín le replicó que era imposible. A lo que el niño le respondió, según se relata: “Más difícil es que tú trates de entender el misterio de la Santísima Trinidad”. Conviene destacar el papel que el caracol y la caracola juegan en la iconografía cristiana, tanto en la resurrección de cristo como en la peregrinación espiritual, o en la alegoría de la vida interior retirada

y replegada en Dios —como un alma que encuentra su refugio espiritual en su propio caparazón— y simboliza la paciencia y el progreso constante. En fin, cuando San Agustín sintetiza el misterio de la trinidad, por medio de una analogía, indica que “ves la Trinidad cuando ves el amor” (el Padre es el que ama, el Hijo es el amado, y el Espíritu Santo es el amor mismo que los une). Así, al igual que el niño de la caracola, la fe es entregarse a lo invisible, “es creer lo que aún no ves. La recompensa es ver lo que crees”. Dar un salto de confianza en la oscuridad, transforma el corazón y abre los ojos del alma. En San Agustín, comprender la verdad profunda de la vida, es abrazar la fe.


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LA GUALDRA NO. 733 / 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Diario de profesorado: de cómo un millennial deprimido intentaba dar clases a adolescentes

Río de palabras

6 Por Armando Navarro

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Para Roberto

En esa época yo vivía en una especie de limbo. Estaba lejos de mi hijo, había vuelto a Zacatecas desde hacía un año, escribía, fabricaba imágenes y bebía. También me había enamorado de una mujer que no me correspondió. En esa situación, en esa escena subjetiva que a veces rozaba el delirio, me enfrenté por primera vez en mi vida a un grupo de adolescentes. Acababa de convertirme en profesor de preparatoria. La misión era enseñar algo de literatura a gente de 16 años. II Recuerdo la primera mañana de clase. Entré en el salón y vi a cerca de treinta chicos desperdigados. Con horror, noté que sus butacas tenían unas rueditas con las que podían desplazarse a su antojo. También vi que muchos se habían sentado en grupos circulares, pero no conversaban: cada uno estaba inmerso en el contenido de su propia tablet. —Buen día. Nadie me respondió. Después de intentarlo dos veces más, recurrí a una pequeña técnica que utilizo con mi hijo cuando está alterado. Levanté la mano frente a ellos y, con los dedos, conté del 1 al 10 en silencio. Permanecieron atentos unos quince segundos. En ese momento me cayó el veinte de que, como mi vida paterna, la do-

Anónimo. Hombre gritando, aceite a bordo. S.F.

cencia me pondría de frente con la impotencia de mi voz.

tos, desinteresados, incultos. Podemos madurar con un poco más de ternura.

III Es inevitable pensar en quién fue uno mismo a esa edad. Yo pasé los 16 hace 21 años. En aquel entonces, me gustaba leer los libros que nos dejaban de tarea. Mis intereses no eran intelectuales: quería impresionar a las profesoras que me gustaban. El mundo era distinto, además. La guerra contra el narcotráfico, y su respectivo baño de horror, no era una realidad aún. Para mis alumnos, que nacieron en 2010, la violencia parece más un hábitat natural. Pero nosotros lo vivimos distinto. Quizá ello nos llevó a tomar las calles en 2012, después de acorralar a un candidato presidencial afuera de un baño. Hoy es diferente. Nuestra salvajía ya no está aquí. Mis contemporáneos y yo ahora estamos calvos, gordos, endeudados o divorciados. Precisamente por eso creo que mi generación tiene una oportunidad preciosa en las manos: no envejecer como la mayoría idiota de los que fueron nuestros mayores, los que nos llamaron ton-

IV Los chicos desbordaban una energía que yo no sabía gestionar. Gritaban, reían, formaban grupos que no podía desanudar y que interrumpían mi clase constantemente. Fantaseaba con redirigir esa fuerza a favor de mi materia, pero no conseguía hacerlo. Además, pasaban conectados demasiado tiempo. Cuando les proyectaba una película, su mirada terminaba casi siempre en sus pantallas personales. Al preguntarles por lo que debían haber visto, respondían bien. Ponían atención, en efecto, pero yo no entendía cómo. Una mañana llegué exhausto. Extrañaba a mi hijo. No conseguía captar la atención de los alumnos. Un grupo de tres chicas no paraba de hablar. Les pedí silencio varias veces, pero no hicieron caso. Harto, les dije que se fueran del salón. Se negaron. Una, dos, tres veces más. Nada. Grité con toda la fuerza de mi pulmón. Sentí el retumbo de mi voz entre los muros. Luego las miré. Pude ver en

sus ojos que acababa de herirlas. No me gusta ser una figura de autoridad porque siempre he odiado a las figuras de autoridad. También detesto a la gente que grita. V Un buen día llegué con una noticia: los dispositivos móviles quedaban prohibidos en mi clase. ¿La razón? Algunos alumnos resolvieron sus exámenes con respuestas disparatadas. Después de media hora sin tablets ni celulares, sus caritas comenzaron a tomar el semblante del delirium tremens. Uno de ellos tomó el cable y el cargador de su teléfono e improvisó una suerte de balero para jugar. Sentí tanta ternura que me dio miedo. Y aun así, en ese pequeño gesto adiviné una forma de resistencia. VI Comenzaba a hacer algo de frío en Zacatecas. Pronto llegaría el otoño y, con él, la mejor luz solar del año. Antes de entrar en la escuela esa mañana, yo había soñado que quedaba atrapado en medio de una balacera. Pero uno despierta y continúa la vida adulta, con todo y la pesadilla sobre los hombros. Al verme entrar, uno de mis chicos notó que yo llevaba un termo conmigo. A mi edad no se vive sin café. —¿Es whisky, profe? “Ojalá lo fuera, cariño”, pensé en silencio.


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La Gualdra 733 by La Jornada Zacatecas - Issuu