“En este entramado de miradas, la participación de Graciela Iturbide aporta una dimensión fundamental. Su obra, referente indiscutible de la fotografía latinoamericana, dialoga con las nuevas generaciones desde una poética profundamente arraigada en lo simbólico, lo ritual y lo cotidiano. Su presencia enriquece la muestra y establece un puente entre distintas temporalidades y formas de entender la imagen ampliando el alcance conceptual de la exposición”. Jeannette Arévalo Angus [Más sobre Territorios de luz: Cartografías femeninas, en esta edición]
JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias de las Artes. Foto de Ximena y Sergio. Realización de Bárbara Garralda. Elle, noviembre de 2025.
Editorial
La Gualdra No.
El Seminario de Cultura Mexicana estará presente en este Festival Cultural Zacatecas 2026, con la participación del Dr. Aurelio de los Reyes los próximos jueves 9 y viernes 10 de abril en la Cineteca Zacatecas. El jueves 9, a las 12:00 horas, impartirá la conferencia “Los dibujos de Maximiliano en sus diarios de su temprana juventud”; y el viernes 10 se presentará su libro Maximiliano y su diario de 1863. La construcción de un emperador mexicano, editado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y el Seminario de Cultura Mexicana. El libro Maximiliano y su diario de 1863… fue publicado el año pasado y es una verdadera joya; el autor se dedicó por lo menos dos décadas a investigar en archivos de Austria y Viena la historia de Maximiliano de Habsburgo (1832-1867); retoma el diario de ese año escrito por quien llegara a ser emperador mexicano (del 10 de abril de 1864 al 19 de junio de 1867) para construir esta historia enriquecida, además, con un vasto intercambio epistolar con su familia.
Este libro, intenta “ofrecer un retrato equilibrado de Maximiliano, no puedo decir que ‘objetivo’ e ‘imparcial’ porque el personaje me suscitó múltiples y contradictorios sentimientos…”,1 dice el autor, quien, además, ofrece clarificar una serie de logros alcanzados durante el periodo en que Maximiliano fue emperador en México, como el avance del ferrocarril, el incremento de la red telegráfica, la urbanización y modernización de la CDMX, la fundación de bancos y hospitales, entre otros.2
Hay una parte que llamó mucho mi atención y fue la correspondiente a “la pintura, el grabado y la fotografía”, en la que De los Reyes dice que estas disciplinas “experimentaron la definición de nuevas formas de ver y hacer arte, al tiempo que se favorece el intercambio de propuestas de otros campos”,3 de ahí que mencione a artistas como Santiago Rebull, Salomé Pina y Petronilo Monroy, entre otros pintores de la época.
El libro, además, tiene una serie de ilustraciones magníficas por varios motivos de los que destaco dos: primero, la calidad en la técnica; y segundo, y quizá más importante, son dibujos realizados por Maximiliano y fueron tomados para este libro de sus diarios de 1844 a 1850; “Dibujos elaborados de los 12 a los 18 años; de la ingenuidad a la madurez expresiva, de la experimentación al profesionalismo y dominio de la línea y el color. Sin duda será
una sorpresa -dice Aurelio de los Reyes- como sorprendente es su diario de 1863”.4 De esos dibujos hablará en su conferencia del jueves 9, previo a la presentación del libro el viernes 10; la cita es en la Sala Mauricio Magdaleno, en la Cineteca Zacatecas, a las 12:00 hrs. Comparto ahora una breve semblanza de Aurelio de los Reyes García-Rojas (Aguascalientes, 1942), tomada de la página del Seminario de Cultura Mexicana, en espera de que puedan asistir:
“Aurelio de los Reyes García-Rojas es licenciado en Historia por la UNAM y Doctor en Historia por El Colegio de México y en Letras por la UNAM. Es investigador emérito de la UNAM adscrito al Instituto de Investigaciones Estéticas y del Sistema Nacional de Investigadores. Es también Miembro Titular del Seminario de Cultura Mexicana y de la Academia Mexicana de la Historia. Su principal línea de investigación es la historia del cine mudo en México. Ha escrito más de 15 libros de autoría propia, entre otros: Los orígenes del cine en México, 18961900 (1972); Vivir de sueños (1982); Bajo el cielo de México (1989); Sucedió en Jalisco (Los cristeros) (2015); Con Villa en México, testimonios de los camarógrafos norteamericanos con Villa (1985); Los caminos de la plata (1991); Dolores del Río (1995); Semblanza iconográfica de una familia (2002); Eisenstein en México (2004), entre otros. Ha curado varias exposiciones, destacan: 80 años de cine en México en el Museo Universitario del Chopo (1978); María Callas: una voz, una mujer, un mito en el Museo del Palacio de Bellas Artes (2000); La enseñanza del dibujo en México en el Museo Nacional de Arte (2014), entre otras. En 1962, recibió una Diosa de Plata de Periodistas Cinematográficos de México, A.C.; en 1992 un Ariel de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas; en 2013 el premio Jean Mitry en Pordenone, Italia; en 2015, el Premio José C. Valadés del INEHRM; en 2016, el Premio Nacional de Artes y Literatura en el rubro de Historia; y en 2018, fue reconocido por su trayectoria por el Groupe de Réflexion sur l’Image dans le Monde Hispanique (GRIMH), con sede en Lyon, Francia”.5
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
1 De los Reyes García Rojas, Aurelio, Maximiliano y su diario de 1863. La construcción de un emperador mexicano, Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM-Seminario de Cultura Mexicana, 2025, p. 41.
Reescrituras sagradas en clave de ciencia ficción Por Aída Chacón-Castellanos
3 4 5 7 8 6
Obertura
[Fragmento del libro Yo, Benemérito. Las últimas confesiones de Juárez] Por Gustavo Vázquez-Lozano
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
Sandra Andrade Diseño Editorial
Territorios de luz: Cartografías femeninas [Ocho miradas fotográficas entre Bolivia y México] Por Jeannette Arévalo Angus
Entrevista al Dr. Farabeuf Por Armando Navarro
Esta es una de esas lecturas que llegan en momentos inesperados, de manera casual, casi por coincidencia. Conocía ya la potencia narrativa de la autora por otra novela que no mencionaré ahora, pero debo reconocer que Salomé (2013), de Elaine Vilar Madriga, fue una narración paralizante, como si cada una de las líneas leídas fuera aporreándome de maneras que no imaginaba.
Todo comenzó con un viaje académico que tenía en puerta. Debía elegir algunas lecturas para acompañarme durante esos días fuera de casa y de la rutina diaria, pero también debía dejar espacio para traer conmigo algunas cosas de Colombia. Estuve únicamente en Bogotá y aproveché cada momento disponible para recorrer museos, librerías y cafeterías. En fin, decidí llevar conmigo libros que pudiera leer en un dispositivo electrónico o escuchar en formato audiolibro. Esa decisión hizo que varios “pedeefes” pendientes me acompañaran.
Primero leí un relato de no ficción, pues tenía una temporada larga de solamente enfocarme en ciertos géneros como el ensayo y algunas otras literaturas del yo. Dejé a Salomé para entretenerme en los recesos mientras almorzaba en algún lugar con pasto de la universidad. Comencé sin mucho ánimo mientras esperaba mi turno para comer algo sencillo y rápido. A medida que la espera se hacía larga y mi turno en aquella fila no llegaba, me fui perdiendo en la lectura. Esta novela se trata de un relato polifónico situado en un momento en el que los humanos capturan exóticas criaturas provenientes de otros mundos y galaxias. Además, esta afición humana por capturar a estos peculiares seres se trata de una demostración del poderío de los gobernantes humanos que expanden los límites de sus te-
Reescrituras sagradas en clave de ciencia ficción
6 Por Aída Chacón-Castellanos
rritorios a través de la explotación del universo entero.
Una de estas particulares criaturas es Salomé. La narración no puntualiza sus características de manera precisa, pero ella tiene el poder de despertar las más profundas pasiones y de entregar el más grande placer a quienes la poseen. Su nombre es desconocido, pero fue llamada de esa forma porque es la encarnación misma del deseo y es nombrada así por el viejo gobernante que la reclama como una propiedad que necesita en sus manos. Salomé narra las tensiones políticas de una sociedad profundamente desigual, marcada por prejuicios y un machismo recalcitrante, pero al mismo tiempo refleja una enorme libertad sexual que no es más que otra manera
de ejercer el poder de los gobernantes, casualmente todos ellos, varones. En un escenario de ciencia ficción con una marcada influencia de algunos clásicos del género, se desarrollan intricados relatos de sexo y poder. Salomé poco a poco va derrotando a cada uno de los poderosos que la poseen y que pelean por su cuerpo como si se tratara de un ornamento que pueden dominar a su antojo. En este relato Salomé, así como la hijastra del Herodías bíblico, termina por hechizar a los más poderosos y los somete al punto de que ellos cumplen cualquiera de sus deseos. Esto los lleva a su propia e inevitable destrucción. Además de las intertextualidades obvias, como el nombre de la criatura femenina, podemos encontrar otras
enormes similitudes narrativas, por ejemplo, “No tengo fuerzas y, en honor a la verdad, tampoco deseos de negarte ni una sola cosa en todo el universo, siempre que se encuentre entre mis manos ofrecértela”, es lo que el comendador le dice a Salomé al mirarla. Asimismo, Herodes le dice a Salomé “Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le prometió bajo juramento: Te daré lo que pidas, hasta la mitad de mi reino” y ella pide la cabeza de Juan Bautista.
Otras grandes influencias que es posible notar en la hábil pluma de la autora son las de Octavia Butler y Úrsula K. Leguin. Ambas, sin duda alguna, de las más potentes escritoras de ciencia ficción que ha tenido el mundo en el siglo XX. La inteligencia de Elaine Vilar Madruga para tejer en este conflictivo relato un mundo erótico me recordó a Hija de sangre y otros relatos (1995), de Butler. El relato que da título al libro de esta autora, le mereció el premio Hugo (1984) y el premio Nébula (1983); Salomé, así como este relato, se trata de una escritura muy bien pensada y al mismo tiempo, muy perturbadora. Como anotación adicional, Elaine Vilar Madruga también fue galardonada por esta obra en 2013 con el Premio Calendario (2013) y el Premio Agustín Rojas de la Crítica a la mejor novela de ciencia ficción publicada en Cuba.
Finalmente, aquel viaje a Colombia me permitió conocer una ciudad monstruo maravillosa, llena de ruido y muy familiar por su caos cotidiano, pero, además, regresé siendo otra después de esa lectura que transformó de una forma maravillosa mi propia visión sobre la ciencia ficción latinoamericana y caribeña. Por supuesto que también quise poseer a Salomé y compré el libro impreso una vez llegando a México.
Territorios de luz: Cartografías femeninas
[Ocho miradas fotográficas entre Bolivia y México]
6 Por Jeannette Arévalo Angus
La Galería CLAROSCURO presenta la exposición colectiva Territorios de luz: Cartografías femeninas, una propuesta que reúne el trabajo de ocho destacadas fotógrafas, entre ellas artistas bolivianas y mexicanas, cuyas miradas construyen un diálogo visual profundo sobre identidad, memoria y territorio desde lo femenino.
Esta muestra propone un recorrido sensible por distintas geografías íntimas y simbólicas, donde la luz no solo revela, sino también interpreta y resignifica los espacios habitados por las mujeres. A través de lenguajes fotográficos diversos, las artistas trazan mapas personales que invitan a reflexionar sobre el cuerpo, la pertenencia, la migración, la herencia cultural y las múltiples formas de habitar el mundo.
Territorios de luz: Cartografías femeninas plantea la fotografía como un espacio de construcción simbólica donde la imagen no sólo documenta, sino que interpreta, tensiona y resignifica la realidad. Esta exposición reúne a ocho fotógrafas
bolivianas y mexicanas cuyas trayectorias dialogan desde contextos distintos, pero convergen en una misma conciencia visual: la mirada como acto crítico y sensible.
Cada propuesta articula una cartografía propia. Hay exploraciones sobre identidad, memoria, cuerpo, paisaje y territorio; búsquedas formales que oscilan entre lo documental y lo conceptual; y silencios y gestos que cuestionan narrativas hegemónicas. En conjunto, la muestra no pretende homogeneizar discursos, sino evidenciar la potencia de la diversidad dentro de una generación de mujeres que ha consolidado su presencia en el ámbito fotográfico contemporáneo.
En este entramado de miradas, la participación de Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias de las Artes, aporta una dimensión fundamental. Su obra, referente indiscutible de la fotografía latinoamericana, dialoga con las nuevas generaciones desde una poética profundamente arraigada en lo simbólico, lo
ritual y lo cotidiano. Su presencia enriquece la muestra y establece un puente entre distintas temporalidades y formas de entender la imagen, ampliando el alcance conceptual de la exposición.
Este encuentro entre Bolivia y México trasciende la noción geográfica: se configura como un espacio de intercambio cultural y profesional que reafirma la fotografía como puente. La exposición propone, así, un campo expandido donde la experiencia femenina no se define como categoría aislada, sino como una plataforma activa de pensamiento visual y producción crítica.
La Galería CLAROSCURO reafirma con esta muestra su compromiso con la difusión de propuestas que promuevan el diálogo intercultural y la equidad en el ámbito artístico, generando plataformas donde las mujeres creadoras puedan expandir sus discursos y prácticas; es una galería de arte abierta a todo tipo de manifestaciones artísticas con especial énfasis en la fotografía.
Graciela Iturbide.
Andrea Ibarra Chávez.
En la exposición Territorios de luz: Cartografías femeninas, participan 8 fotógrafas (de Bolivia y México): Graciela Iturbide, Paola Lambertin, Brenda Islas, Andrea Ibarra Chávez, Andrea Ibarra Gómez, Gabriela Olivera, Sara Wayra y Jeannette Arévalo Angus. Curaduría de Marie Fernández Mota. Se inaugura el 9 de abril a las 19:00 horas, en Camelia 91, Florida, Álvaro Obregón, CDMX. Permanencia al 24 de abril.
Gabriela Olivera Hidalgo.
Andrea Ibarra Gómez.
Paola Lambertin.
Cine y Literatura
EEntrevista al Dr. Farabeuf
6Por Armando Navarro
Para ella, cuyo nombre no cambia en el espejo.
— Homero Sepúlveda Armengol
scribí esta falsa entrevista en 2009, cuando tenía 20 años de edad. Yo era un estudiante de Letras. Apenas empezaba a interesarme en una de las obras que marcaron mi existencia: Farabeuf, de Salvador Elizondo, publicada en 1965. Han pasado 60 años de su aparición. Por mi parte, terminé la licenciatura, leí el libro una y otra vez y después hice una película sobre el autor. Nunca pude estrenarla. Pienso en el joven que escribió estas líneas: rabioso, salvaje, con el corazón entero. A mis 20 me permití entrevistar al Dr. Farabeuf. Estas letras son parte de mi archivo personal.
Armando Navarro: Debo admitir, Dr. Farabeuf, que el lugar que ha escogido usted para nuestra plática me resulta un tanto inusual.
Dr. Farabeuf: Me imagino. Sin embargo, si quiere formarse una idea más o menos completa de la manera en que hago teatro actualmente, es preciso que estemos en este lugar, en estas condiciones.
AN: Precisamente por ese punto quiero comenzar. Entiendo que, a lo largo de su carrera como director teatral (pasatiempo que ha justificado como un escape a las agobiantes responsabilidades de la medicina), nunca había hecho algo como lo que desarrolla ahora: dramas en los que el sentido último no radica en el discurso, sino en las sensaciones.
Dr. F: Todo nace de cierta inconformidad que siempre he tenido con la manera de hacer teatro convencionalmente. Los escritores formulan situaciones, historias. Desarrollan un
tema que debe interpretarse intelectual y emotivamente. Con base en esto, el director adapta el texto con los actores y vigila la escena. A mí no me gusta esta forma. He desarrollado, entonces, un método teatral que no funciona así.
AN: ¿Cómo funciona?
Dr. F: Es muy simple. Para que mi método funcione es fundamental mi presencia en la representación. Yo, más que actuar, desempeño la tarea de dirigir y, en cierto sentido, escribir simultáneamente lo que acontece.
AN: ¿Escribir simultáneamente? Es decir, ¿no cuenta con un guión fijo para que los actores lo interpreten?
Dr. F: No. El guion, digamos, será distinto en cada función, dependerá de las necesidades que surjan en ese mismo momento. Esto se debe, primero, a que deseo reducir el factor espacio/tiempo entre la creación, representación y recepción de la obra;
Ilustraciones del Manual de Farabeuf.
acortar la distancia entre el escritor, director y espectador. Por eso el guion y la dirección son actos que se realizan simultáneamente.
AN: ¿En la representación?
Dr. F: Así es.
AN: ¿Entonces, en escena, usted escribe y después dice qué hacer a los actores, en ese mismo momento, frente al público?
Dr. F: No. Permítame explicarle. Es por eso, para que comprenda usted, que lo he citado aquí, en este cuarto viejo, oscuro, sentados ambos frente a ese espejo que abarca toda la pared. Como ya mencionó, el fin último de mis escenas no es el discurso sino el cuerpo y sus sensaciones. El espejo, en ese sentido, juega un papel fundamental en mi obra. Es preciso destacar que, lamentablemente por el poco avance que he desarrollado en mi método, en la función todavía sólo existe un espectador que vive y
encarna toda la experiencia teatral, estética y, digamos, epidérmica.
AN: ¿Sólo uno? ¿Quién?
Dr. F: La protagonista. La actriz principal. Todo gracias a la presencia del espejo. Mire usted. He traído lo que, en sentido figurado, podrían ser las plumas con las que escribo y simultáneamente dirijo mi espectáculo: un escalpelo, un bisturí y, como podrá usted notar, muchísimos artefactos quirúrgicos que se utilizarán sobre el cuerpo vivo de mi protagonista.
AN: ¡Pero, doctor! ¡Cómo!
Dr. F: Como podrá apreciar, el espejo duplica el espacio y los objetos en esta habitación. Es por eso que el escenario no será un teatro, sino que el drama deberá desarrollarse aquí, en este cuarto viejo, u otro que cuente con los mismos elementos. El espejo es, entre todos, el más importante. Mi número teatral se reduce, entonces, a lo siguiente: ella, la mujer sobre la
Manuscrito de Farabeuf.
Cine y Literatura
que recaiga la función, será colocada en una silla especial, habituada con todos los instrumentos para su inmovilización. La pondremos frente al espejo: recuerde que este artefacto maravilloso, reproductor instantáneo de lo que se presente frente a él, sólo será funcional cuando refleje algo que pueda contemplarse a sí mismo. En un momento dado llegaré yo, listo para llevar a cabo el espectáculo. Me acercaré a ella y, lentamente, sacaré mis instrumentos. Ella, a partir de ese punto, será espectadora de su propio miedo, su agonía instantánea. Conforme avance la función, cuando yo haya comenzado a hacer esos cortes sobre su carne, vendrá el clímax de mi escena: ella se perderá en el dolor, en la sangre que brote de su piel…
AN: ¡Pero qué..!
Dr. F: … y, en algún momento, no estará segura de quién es: si esa entidad hermosa que se abandona al dolor, a la sensación que le producen mis cuchillas, o esa visión que ella contempla, la del cuerpo desgarrado que es el suyo. Se trata de la comunión perfecta entre espectador y personaje: ¡ambos son uno mismo gracias al espejo! Por eso esta obra se escribe en el acto. Cada personaje puede desempeñar su papel una sola vez. Nada más. Ella, sólo ella en ese instante preciso, será el espectáculo.
AN: El espejo…
Dr. F: ¡Sin el espejo nada sería posible! La obra es la suma de dos ele-
mentos primarios: ¡ella más el espejo que permitirá la violentación del espacio y el tiempo del proceso teatral!
El miedo, el dolor y la desesperación que reboten infinitamente entre el espejo y la mirada de la mujer serán la confirmación de mi argumento, mi motivo final: la sensación del cuerpo.
AN: El espejo… El espejo todo lo violenta: lo duplica y lo invierte.
Dr. F: Sí. ¿O me va a negar que en este lugar somos, no dos, sino cuatro personas?
AN: No.
Dr. F: ¿Me negará que esta habitación es, gracias al espejo, una especie de mundo alterno en el que todo se duplica?
AN: No. Éste es un espacio teatral alterno. Único.
Dr. F: Y si el espejo, como ya he explicado, permite la identificación de dos actantes distintos en un proceso dado, como el teatro, ¿no podrá violentar otros actos, a través de esa identificación o multiplicación de
factores, tales como una entrevista? Piénselo. ¿A quién, entre nosotros tres, ha usted entrevistado?
AN: No lo sé.
Dr. F: Contemple usted su rostro en ese artefacto primordial. Vuelva a hacer una pregunta y espere, en ella misma, la respuesta. ¿Le preguntará a ése que está ahí, el entrevistador, algo sobre teatro, señor?
AN:
Fotograma de película nunca estrenada.
Obertura
[Fragmento del libro Yo, Benemérito. Las últimas confesiones de Juárez]
6 Por Gustavo Vázquez-Lozano
Yo, Benito Juárez, presidente de México, personificación de la República, anoche, mientras leía a Virgilio entre afligidas sombras, recibí la visita de Satanás. No es él un príncipe con cabeza de pájaro devorador de hombres que pintó el Bosco, ni tiene los cuernos que imaginó Goya, ni las escamas y garras de águila cuya visión quiso apartar san Antonio en el desierto. Satanás es un hombre viejo y ruin que ronda los ochenta años. Yo cumplí sesenta y seis en marzo. Escuchen, esta odiosa figura se ha hecho presente desde mi juventud. Lo conozco bien, pero nunca esperé verlo ahora que me acecha la muerte.
El enemigo de todo lo que es legítimo y recto camina con aire marcial, en su cuello tiene las marcas de la capa real que un día se puso porque se sintió monarca. Blanco, alto, recio, cachetes colgados, hieráticos; no un lépero de esos que venden agua en tinajas de barro en la Calle de la Moneda, ni un indio cicatero como los que me escribieron hace cuatro años pidiéndome conservar sus títulos; no es un salvaje del norte como ésos por cuyas tupidas cabelleras negras ofrece doscientos pesos el gobernador de Sonora. El demonio es criollo y es militar, cosa que no extraña: él es el jefe de todas las rebeliones, el sublevado primigenio, la personificación de todo lo que es reaccionario, cenizo y tirano. Retiemble en sus centros la tierra. En el principio de la República, él fue el padre del desorden. Entró al Palacio Nacional sin anunciarse. Mi humilde criado, Camilo, que no entiende de formas, lo reconoció. Y le tuvo miedo. Sin temple para impedirle la entrada a mis aposentos, siempre tétricos desde que ella murió, el diablo hizo crujir la puerta. Derramé mi plato de tallarines y de frijoles sobre mi abultado vientre —cosas de la edad y de la compulsión de comer que tengo, desde que se fue Margarita—; quise ponerme de pie. Satanás, fingiendo una educación y maneras que no posee, hizo el ademán de que no me molestara. ¡Incluso aquí, ahora en 1872, él siente que es la ley ante la Ley misma! De mi boca salió una protesta, en el sentido de que él tenía la orden de estar lejos del país, exiliado en una isla remota, mas mi demostración de fuerza se malogró al llevarme una mano rauda al pecho cuando el corazón —cansado ya, contrariado— me interesó en la carne un dolor agudísimo. De mi boca salió un eructo, enseguida un hilo de
baba con comida, como una serpiente, y yo luché con todas mis fuerzas por no caer bajo su poder. El diablo, hombre perverso, estaba más entero que yo. Al verme así sonrió con una mueca espantosa. Se acomodó despacio en una silla. Ahí pude ver su cara nítida bajo la llama clara del queroseno.
Antonio López de Santa Anna se inclinó y me limpió el hilo de baba con mi propio pechero, meneando la cabeza con ojos de compasión y de burla. Continué buscando reiteradamente con los ojos la asistencia de alguien, sin entender por qué mi secretario privado, don Pedro Santacilia, y el ministro de Guerra, don Ignacio Mejía, me habían dejado solo. Mientras, hacía tiempo y reclamaba a Santa Anna por aquel atrevimiento, tratando de verme impasible. Él tenía prohibido pisar la patria, y le dije que me aseguraría de que esta vez sí lo fusilaran.
Por un momento, me pregunté si estaría soñando, pues no es extraño, en periodos de gran ansiedad, recibir la visita de nuestros enemigos mientras dormimos. Pero en sueños mi cuerpo no es esta masa inútil que esa noche lluviosa de principios de julio me tenía hundido en el sillón. El traidor asintió burlón que fusilar, sí, que eso se había convertido en mi pasatiempo predilecto desde 1867, desde lo del archiduque, desde Maximiliano; es decir, mandar al paredón a todo aquel que no estuviera de acuerdo conmigo o me rindiera pleitesía. Sus palabras me asombraron. Más que yo, ¿acaso no era él quien personificaba la arrogancia, la obstinación y el autoritarismo, cosas que yo había dado mi vida por erradicar del país? Y él insistió con sus ojos grises que tiene ya, vio mis pupilas negras, envuelto en sus mañas y sus seducciones, y me dijo riéndose que yo era un árbol marchito, que el hacha ya estaba preparándose para mí.
Santa Anna. El origen de mil revoluciones en México; el sostenedor de cincuenta y un guerras, embaucador por cuya causa nos quitaron Tejas, por cuya cobardía perdimos batalla tras batalla en 1847 aun teniendo forma
de ganarlas, y nos quitaron la mitad del territorio; el general jalapeño que como aquella primera serpiente seduce, embauca y lleva a la perdición, sin saber uno a qué bando irá a ofrecer su espada. En la terrible guerra contra el coloso del norte, se entregó lo mismo a los americanos que a los que defendían la patria, se puso al servicio de los invasores franceses igual que de los incautos a quienes les dijo en Veracruz en 1867, ya derrotado el llamado emperador, que venía a proclamar otra vez la República. Fue nada más gracias al buque americano Virginia del almirante Roe que pudimos impedir que Santa Anna desembarcara. Lo obligamos a
irse a Yucatán, en donde deseé que los salvajes mayas lo clavaran en una hoguera, como hacen por allá, hasta que, entendiendo que ese hombre es un peligro mientras respire, arreglé que lo arrestaran en Sisal. Él, el ejército y la curia son la causa de nuestros males. Dicen que cuando lo prendieron en Sisal casi no opuso resistencia; dicen que cuando abofeteó a un sargento con el dorso de su diestra, el muchacho puso la otra mejilla porque consideraba un honor ser castigado por un personaje tan legendario, alguien de quien sus abuelos ya habían oído hablar. Yo sí sé castigar. Yo no transijo con el mal, soy Juárez.
El libro Yo, Benemérito. Las últimas confesiones de Juárez, de Gustavo Vázquez-Lozano se presenta el sábado 11 de abril, en la Petroteca del antiguo templo de San Agustín, a las 13 horas, como parte de las actividades académicas del Festival Cultural Zacatecas 2026.