Andrea Hurtado Dávila y Sofía Arellano Chávez son dos gestoras culturales zacatecanas cuya labor está enfocada en abrir nuevos caminos para el arte y la cultura. Sus proyectos e iniciativas, así como su compromiso con el desarrollo cultural, representan el esfuerzo cotidiano de estas nuevas generaciones que creen en el poder del arte para construir comunidad.
[“Sofía Arellano y Andrea Hurtado: Una nueva generación de gestoras culturales”, en esta edición]
Andea Hurtado Dávila y Sofía Arellano Chávez.
Editorial
La Gualdra No.
El 6 de marzo pasado, la poeta mexicana Elsa Cross cumplió 80 años; a propósito de sus 8 décadas de vida, Canal 22 publicó un video en el que ella habla sobre su onomástico y en el que dijo: “Nunca pensé que iba a vivir tanto, la verdad; cuando tenía 20 años yo pensaba, bueno, si llego a los 40 está bien, y pues bueno, ya dupliqué ese número, pero también creo que no es ningún mérito especial -cumplir años-, uno los cumple aunque no quiera”, todo esto en el homenaje realizado en el Claustro de Sor Juana el pasado 5 de marzo, en la CDMX, en donde estuvo acompañada por otra querida poeta, María Baranda.
Sobre Elsa Cross, aquí más datos de su semblanza: “Se formó literariamente en el taller de Juan José Arreola, en 1964, al mismo tiempo que empezó la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde obtuvo la maestría y el doctorado en esa disciplina y donde es profesora titular de Filosofía de la Religión. […] Su poesía ha sido incluida en más de un centenar de antologías en América, Europa y Asia”.ii
Ha publicado poesía, ensayo, traducción de poesía, cuentos, y poemas para niños. Y entre los muchos premios que ha recibido, se encuentran “el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1989), Premio Interamericano de Poesía Jaime Sabines (1992), Premio de Poesía Jaime Sabines/Gatien Lapointe (Quebec, Canadá, 2007), Premio Xavier Villaurrutia (2007), Premio Universidad Nacional, por creación artística y extensión de la cultura (2009), Premio Roger Caillois para autores latinoamericanos (París, 2010), Medalla Bellas Artes (2012), Premio Poestate (Lugano, Suiza, 2015), Premio Nacional de Artes y Literatura, en la rama de Lingüística y Literatura, que es la máxima distinción literaria que se otorga en México, y el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde (2019)”,iii este último en Zacatecas. Y para celebrar sus 80 años, compartimos aquí uno de sus poemas:
De Bacantes I
En la fuente nos hemos sumergido. A su corriente dejamos nuestros cuerpos como bancos errantes,
tierra que se desprende llevándose la orilla de espadañas. Fluimos por sus transparencias y en el fondo de ese lecho nuestras piernas rozaban un musgo suave. Plantas se enredaban a los pies. Sentíamos el paso de esos peces que a un descuido, decían, se pegaban entre los muslos de las mujeres. Y todo el tiempo una frase en los oídos pulsando al límite sus cadencias más altas. Río abajo veíamos las ramas contra el cielo. El sol dibujaba en nuestros cuerpos la sombra de las hojas. La brisa traía tu olor. Pasamos bajo un sauce y sus ramas detenían de los cabellos todo ese impulso río abajo.
IIRodeados de los cerros como murallas los hombres jugaban en las terrazas. Ruido de carreras sobre el pasto. Un azul morado en el aire cuando el sol se metía. Los pájaros iban callando. Los murciélagos alzaban su vuelo errático. Los hombres corrían tras los tantos del juego, sus gritos reverberaban entre los cerros. Ovación.
Te levantaban en hombros, te llevaban cuesta abajo a celebrar.
A cada salida de ese pueblo, un templo. Las siete puertas resguardadas por los arcángeles, decían. Y el nuestro en suerte se embriagaba en los portales, hablando del cielo y del infierno como de sitios separados por dos pulgadas dentro del cuerpo.iv
Este mes de marzo además de celebrar el cumpleaños de la poeta Elsa Cross, conmemoramos la lucha de las mujeres por construir un entorno más justo y equitativo en todos los sentidos. Las mujeres seguimos trabajando todos los días para que así suceda.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
i “Elsa Cross: La poeta mexicana cumple 80 años con varios proyectos en puerta”, en Culturas 22: https://youtu.be/0k3txZtqAoI?si=4jX8Tyr8IPSFVfOw
ii Elsa Cross: https://www.elsacross.com.mx/semblanza.htm
iii Idem.
iv https://www.elsacross.com.mx/pdf/cross_poesia_completa.pdf
Directorio
Contenido
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Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
Sofía Arellano y Andrea Hurtado: Una nueva generación de gestoras culturales Por Jánea Estrada Lazarín
Cuatro poemas de Glori Simmons Por Mauricio Carrera
Train Dreams, de Clint Bentley Por Adolfo Nuñez J.
El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso [en La Berlinale 2026] Por Carlos Belmonte Grey Elsa Cross, 80 años: La raíz de su nombre es poesía Por Miguel Cansino Assens
La primera vez que accedí a un volumen de la poesía reunida de Elsa Cross (6 de marzo de 1946, Ciudad de México) fue revelador su contenido. El volumen de sus poemas deja sentir su esplendor y la infinita aspiración lírica. Como parte de una huella que permanece intacta. Con precisión recuerdo las palabras de presentación a su poesía como invitación ponderada para terminar de conocerla al decir que es un ejemplo del tránsito “por una luz persistente”.
La frase me aguijoneó como si fuera aislada o autónoma de algo fuerte; un ejemplo revelador de la escritura por el ejemplo de sus múltiples títulos. Con esta frase inicial sucede la exploración de su poesía. Por un lado, sabía de sus poemas, la había leído de forma intermitente y frecuentado como parte de una reiteración admirable. Su nombre en la poesía mexicana es una realidad confirmada para todos los lectores de una generación como la suya: los poetas que nacieron en México en la década de los cuarenta del siglo XX.
Por esto, al referir dos autoras de su generación, Gloria Gervitz y Elva Macías, es sabiendo han dejado una estela de pasión inconfundible y sus versos son parte de la huella que permanece. Ya que Migraciones es un poema torrencial, un canto infinito, y Mirador es el título de Macías, pero cuando pasamos revista a Elsa Cross, no se queda atrás, deslumbra con un placer verbal y la determinan los títulos de su entorno lírico: Naxos, Verano, Herencia, Amor al más oscuro, La dama de la torre, Destiempo, Espejo al sol, Las edades perdidas, Paisaje de fuego, Bacantes, Baniano, Canto malabar, Visión del niño Ram, Jaguar, Chapultepec 7:00 a.m., Singladuras, El diván de Ántar, Moira, Casuarinas o de la percepción, Urraca o de los pensamientos, Cantáridas o de las palabras, Los sueños. Elegías, Ultramar. Odas, El vino de las cosas. Ditirambos, Cuaderno de Amargós, Bomarzo, Visible y no y Escaleras; que figuran en la Poesía completa publicada en 2012. Quizás por eso han señalado los editores de sus poemas que “el hilo que enlaza estos libros conduce por paisajes muy distintos del alma y de la geografía, formando un claroscuro que entreteje, en su valor simbólico y sensible”. O repetir que cada título enume-
Elsa Cross, 80 años: La raíz de su nombre es poesía
6 Por Miguel Cansino Assens
rado permite reordenar o recordar pasajes que son a un tiempo la lectura del pasado y su presencia es la permanente búsqueda. Un reflejo de su voz que se vuelve búsqueda, seducción, un encanto o canto o sobresalto de paisajes que ante el oído prolonga la exploración del idioma y el lenguaje. El primer recuento fundamental de su poesía está inaugurado en un título: Espejo al sol (la edición llevaba el subtítulo: Poemas, 19641981 que publicó en 1989). Es el primer resumen de “otros tantos actos de un drama alegórico que relatará las mutaciones del alma en busca de sí misma”. Desde entonces, reafirma sospechas que aspira a quedarse como reflejo de la permanencia y continuar la exploración por obras como Canto malabar y El diván de Ántar que, separados, conjugan el sentir de su condición: los “distintos niveles de la realidad y de conciencia”; en realidad, hay que extenderla la revisión a toda su obra y no existe posibilidad de elegir unos títulos y dejar de lado otros.
Su poesía es parte de ese camino de exploración entre lo verbal y lo visual. El reflejo que en el oído tiene el idioma y el lenguaje. Es, según se puede comprender, su voz, una voz poética que evoluciona y participa de la experiencia de la vida y esa lectura es que perfecciona su canto con esa miste-
riosa unión de opuestos que bebió con sagacidad de un autor como Octavio Paz. Así, con ese rigor, llaman la atención esa condición trémula y misteriosa y firme y nombrar la experiencia de la vida o determinar su recorrido con cantos y alegorías de su lírica. Cada reunión de poemas es parte de una revisión, supresión y definición para consolidar su poética. Por ejemplo, los poemas tempranos en prosa de Naxos, dice ella que poco es el rigor que les acompaña y, para nosotros, encierran un péndulo de momentos exactos que han de confirmar ese hilo de Ariadna y la búsqueda de Teseo: inaugura el desafío de la palabra con sus metáforas que al paso del tiempo perfecciona, deja ver un encuentro definitivo, termina por reconocer su fuerza en aquellos y contemplar esa visión apasiona que continúa explorando como conjunto de esa visión tan particular como suya: la evolución del poema es el ejemplo que la determina.
Es revelador: se publicará su Poesía reunida para el año 2012 y los libros incluidos entonces suman 29 títulos. Cómo confirmar seis libros recibieron importantes premios en México y fuera del país. Ella misma declara: “La poesía ha sido muchas cosas para mí”. Por nuestra parte, hay que pasar a ese encuentro. Los viajes son parte de una
experiencia por el mundo; la forma más precisa de madurar su conocimiento y porque es una búsqueda, un encuentro y contemplación, un juego y un diario de viajes. Esa compilación es esencial para conocer su obra poética. Pero nos aclara: “Algunos poemas que nunca encontraron lugar…, quedaron fuera, así como dos libros en proceso”; para ese momento, han pasado varios años. Pero sigue con fuerza y determinación escribiendo y continúa publicando. Es una revisión por parte de ella en retrospectiva de un trabajo que lleva ya más de medio siglo realizando. Consciente de esto, sentencia: “Me doy cuenta de que es unitario en aspectos formales, así como en su búsqueda subyacente de un sentido profundo de la poesía”. Lo que permite reconocer de su voz es que afirma que la poesía es intemporal y que no hay que ubicar la suya “dentro de alguna corriente” y, si tuvieran que circunscribirla a una tradición precisa, su “escritura se ha nutrido de una larga sucesión de poetas que han ligado el ser a la palabra y la naturaleza, y han exaltado el canto”.
Elsa Cross es capaz de resumir una búsqueda particular; la determina su quehacer y es parte de su exploración: “La composición original de gran parte de los libros incluidos en este volumen (Poesía Completa) ha sufrido a lo largo del tiempo diversas adiciones, supresiones y cambios” y deja constancia de este proceso. Lo señala como punto de encuentro. Siempre se antoja ir a reconocer su voz, aunque complicado con un solo poema, pero una vez seleccionada, hay que definir esa aventura y reconocerla y su equivalente es ir en busca de la huella de esas posibilidades: “el centro vibra / estalla // el centro se desplaza / se vuelve muchos / y sigue siendo uno // el centro es uno en muchos // el centro se aniquila / y deja la conciencia / a la deriva // el centro se revierte / sobre sí // el centro se devora / se consume / se consuma // el centro nace / se crea / se recrea”. Fueron estos versos escritos en París, en 2011; lleva por título: Ce seul objet, y es un manuscrito sobre la pintura de Susana Sierra que formó parte de un tríptico de edición limitada de la colección Suspens vibratoire de Le libre pauvre, dedicado a Mallarmé.
Elsa Cross. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Sofía Arellano y Andrea Hurtado: Una nueva generación de gestoras culturales
6 Por Jánea Estrada Lazarín
Sofía Arellano Chávez (Zacatecas, 1996) es Licenciada en Artes con orientación en Educación Artística por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Actualmente cursa Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara. Desde hace diez años trabaja en el área de Comunicación Social de la UAZ, donde impulsa la difusión del arte y la cultura dentro y fuera de la universidad. En 2021 fundó el Festival Huellas Artísticas un proyecto independiente y autogestivo que busca impulsar, visibilizar y fortalecer la profesionalización de artistas emergentes.
Andrea Hurtado Dávila (Zacatecas, 2000) es Licenciada en Administración y Dirección Empresarial y es integrante del Colectivo 404, que impulsa proyectos de muralismo comunitario; actualmente también coordina proyectos en el centro cultural La Policlínica. Es directora de proyectos en Finestra Gestoría de Proyectos y desde su plataforma AHD Gestoría Cultural y Creativa, apuesta también por la profesionalización de artistas emergentes. Estudia actualmente la Maestría en Humanidades, Línea Formación
Gestión del Patrimonio Cultural.
Jánea Estrada Lazarín: ¿Por qué y cómo fue que decidieron dedicarse a la gestión cultural?
Andrea Hurtado Dávila: Crecí rodeada de talleres y actividades culturales y en la preparatoria participé en misiones comunitarias donde me marcó el encuentro con muchas personas. Estudié Administración y eso me permitió conocer herramientas para organizar, planear y gestionar, pero no fue suficiente. La decisión de dedicarme a la gestión cultural surgió de reconocer que lo que sucede a mi alrededor me mueve, me emociona y me duele; vi que podía canalizar esa pulsión de manera profesional, por eso decidí profesionalizarme y emprender el camino de crear espacios donde las personas puedan expresarse y explorar su creatividad.
Sofía Arellano Chávez: No fue algo planeado ni ha sido una línea recta. Mi camino ha tenido giros inesperados que me llevaron a convertirme en quien soy hoy, el arte y la gestión siempre estuvieron ahí. Mi abuelito era artesano, crecí viendo cómo sus manos tejían historias en cada sarape y cómo su trabajo conectaba a las personas, además de crear, también gestionaba. Este fue mi primer acercamiento, es un referente que me llena de orgullo y me inspira. Más adelante vi la creatividad de quienes me rodeaban y me di cuenta de que lo que más hace falta no es talento, sino espacios y acompañamiento, la gestión cultural me pareció la manera más hermosa de combinar esa pasión con la acción: aprender constantemente, acompañar procesos, innovar y abrir oportunidades junto a artistas y comunidades para que sus proyectos tengan visibilidad y significado.
JEL: En el discurso público se habla cada vez más de igualdad de género en la cultura, ¿creen ustedes que estamos ante un cambio real o es una especie de forma de simulación?
AHD: Hoy existe un discurso más presente sobre igualdad de género en la cultura y eso ha abierto oportunidades que antes no existían, cada vez hay más mujeres participando en espacios de creación, gestión y dirección, lo cual es significativo; sin embargo, un cambio profundo implica visibilidad, transformación en las estructuras, los sistemas de decisión y en las prácticas coti-
dianas dentro del sector cultural; en ese sentido, todavía estamos en un proceso de transición. El riesgo del simulacro aparece cuando la igualdad se queda sólo en el discurso o en los indicadores visibles, sin que las prácticas cotidianas realmente cambien. El desafío es traducir la igualdad en acciones concretas.
SACH: Sí, hoy en día se habla cada vez más de igualdad de género en el ámbito de la cultura, y eso es positivo porque visibiliza problemas históricos. Sin embargo, aunque el discurso es más frecuente, muchas veces los cambios siguen siendo superficiales y no se traducen en transformaciones profundas. Yo creo que estamos en un momento de transición que sí es real porque hay señales de cambio y reconfiguración, pero no podemos ignorar que aún queda mucho camino y que persisten brechas estructurales significativas. Las mujeres siempre hemos estado presentes en los espacios de arte y cultura, por eso debemos resistir y seguir creando, gestionando, promoviendo, proponiendo… Es fundamental que esta conversación no se quede sólo en discursos sino que se traduzca en acciones concretas que generen equidad.
JEL: La gestión cultural suele presentarse como un campo progresista, pero también ahí suelen reproducirse jerarquías, precariedad y exclusiones, ¿han sentido que este sector en ocasiones contradice los valores que dice defender? AHD: Lo siento la mayoría del tiempo, se ve como un espacio abierto, crítico y capaz de transformación, pero la realidad muchas veces es otra. Las oportunidades se concentran en pocos lugares, las estructuras son jerárquicas y cerradas, el trabajo es inestable o incierto, sobre todo cuando se hace de manera independiente o siendo jóvenes; para quienes no contamos con recursos propios, sostener este camino puede ser casi imposible. Basta de pensar que la pasión es suficiente para sostener proyectos; la vocación no paga cuentas, no protege a quienes lo hacemos posible, ni reemplaza condiciones justas de trabajo. Ser gestores o agentes culturales merece dignificación, respeto, condiciones justas para poder sostenernos profesionalmente y crear sin tener que sobrevivir a costa de nuestra
vida personal. Esta contradicción entre lo que se dice y lo que se vive genera incertidumbre, pero también nos obliga a cuestionarnos desde nuestra práctica qué dinámicas estamos replicando y cuáles podemos transformar.
SACH: No en todos los casos, creo que depende mucho de cómo se gestione y de quién esté al frente; pero todavía existen desafíos, desigualdades y exclusiones. Un ejemplo son las personas con discapacidad; a pesar de que existen derechos reconocidos y leyes de inclusión, no tienen las mismas oportunidades de acceso a la cultura y enfrentan barreras que limitan su participación como la falta de infraestructura adecuada; otro es la escasez de oportunidades para artistas emergentes o propuestas nuevas, pues a menudo se priorizan las que ya están consolidadas. Me parece que reconocer estas contradicciones es fundamental para construir un sector coherente con los valores que dice defender y para que la gestión cultural sea realmente inclusiva y justa para todas las personas.
JEL: Actualmente ustedes están produciendo y gestionando nuevos proyectos culturales con recursos limitados. ¿Hasta qué punto consideran que esta energía transformadora podría estar siendo aprovechada por otros?
AHD: Estas iniciativas nacen de la necesidad de crear los espacios que no encontramos; son proyectos que surgen desde la autogestión, la convicción y desde la urgencia por responder a
lo que no siempre es atendido por las instituciones. Puede suceder que parte de esa energía termine siendo aprovechada por otros sin que necesariamente existan condiciones justas para quienes los impulsan; pero también creo que estos proyectos están abriendo nuevas formas de crear, de relacionarse con los públicos y de responder a lo que realmente está pasando en las comunidades, formas que las estructuras rígidas no están logrando. La fuerza transformadora de estas iniciativas se queda en el territorio y no en manos de quien busca aprovecharse. El reto está en encontrar maneras más justas de colaborar, donde exista un beneficio mutuo y donde nuestro trabajo, sobre todo el independiente, pueda ser reconocido y sostenido con mayor dignidad. SACH: Hacer esto requiere mucha paciencia, constancia y compromiso; cada iniciativa implica tocar muchas puertas y, en ocasiones, sacrificar aspectos personales y hasta invertir tus propios recursos… pero la comunidad se vuelve una especie de fuerza que sostiene estos esfuerzos incluso cuando aparece la desesperanza. Considero que en algunas ocasiones esta energía puede ser aprovechada por otros actores replicando ideas o adaptando modelos sin dar reconocimiento a quienes los desarrollaron. Es importante que se reconozca el trabajo de quienes las impulsan y que se generen más oportunidades para apoyar y fortalecer en estos procesos.
JEL: Si pudieran generar o reformar radi-
Docente (MHLFD), eje
Andrea Hurtado Dávila.
calmente una política cultural para hacer el sector más justo para las mujeres, ¿qué cambiarían primero: las estructuras de poder, los criterios de financiamiento o las narrativas que se legitiman desde las instituciones?
AHD: Me parece difícil elegir sólo una. Al cambiar quién decide y cómo se decide, las narrativas y el dinero se alinean por consecuencia, sin embargo, no sirve de nada “legitimar” nuestras historias si el sistema que las cuenta sigue siendo el mismo. Si las mujeres no estamos en los espacios donde se toman las decisiones culturales difícilmente cambiarán las reglas del juego, por eso hay que participar activamente. Muchas mujeres crean, gestionan y sostienen procesos culturales desde
contextos muy distintos a los que tradicionalmente se han legitimado, y las políticas culturales tendrían que ser capaces de reconocer y acompañar esa diversidad de experiencias.
SACH: Cambiaría primero las estructuras de poder. Muchas de las decisiones que determinan qué proyectos se apoyan, qué artistas se programan o qué narrativas se legitiman se definen justamente en esos espacios. Cuando más mujeres participan en ellos empiezan a replantearse los criterios; sin embargo, no basta con que haya mujeres ocupando cargos si al final se sigue operando dentro de pactos históricamente patriarcales, porque los márgenes de transformación siguen siendo limitados.
JEL: La gestión cultural también construye relatos sobre lo que verdaderamente importa, ¿qué historias de mujeres, sobre todo fuera de los grandes espacios culturales, sienten que siguen siendo ignoradas o invisibilizadas?
AHD: Faltan muchas historias de mujeres por visibilizar, especialmente aquellas que sostienen la vida cultural desde lo cotidiano. Pienso en madres, amas de casa, adultas mayores o vecinas que en colonias y municipios organizan actividades, cuidan espacios de encuentro o mantienen vivas tradiciones; muchas veces ellas mismas no nombran lo que hacen como práctica cultural o artística, pero en realidad están generando comunidad. Sus historias pocas veces se documentan o se reconocen, en parte porque la
cultura tanto a nivel estatal como municipal están encabezadas por mujeres, eso genera una sensación de mayor confianza y apertura para ciertos temas; pero eso no significa que el problema esté resuelto, detrás de muchos de los logros que las mujeres hemos conquistado persiste una cotidianidad marcada por la misoginia, por situaciones de acoso que muchas veces se minimizan o se silencian, y por una resistencia frente a estructuras profundamente patriarcales. La lucha no se reduce a abrir un lugar en la agenda cultural, sino a poder crear y trabajar en entornos donde no tengamos que enfrentar comentarios despectivos, insinuaciones incómodas o dinámicas de poder abusivas que todavía se normalizan dentro del propio gremio, porque la contradicción está en que mientras celebramos avances, en lo cotidiano muchas de esas prácticas siguen presentes.
SACH: Una de las contradicciones más incómodas es que muchas veces el feminismo aparece en el discurso, en las mesas de reflexión, pero no siempre se traduce en cambios reales en sus condiciones de trabajo; se organizan actividades sobre perspectiva de género, pero siguen enfrentando precariedad laboral, falta de apoyos y de reconocimiento o poca presencia en los espacios de toma de decisiones.
JEL: Como parte de esta nueva generación de artistas y gestoras culturales, ¿qué cambios creen que son necesarios en las instituciones culturales, los festivales o los espacios independientes para que más mujeres puedan crear, dirigir y decidir en este campo?
mienta de gestión del patrimonio, usando el arte para generar diálogo y recuperar el espacio público. Esta visión territorial se vive también en La Policlínica, un centro cultural comunitario que construimos junto a un equipo y donde la diversidad y el cuidado mutuo permiten que cualquier persona ejerza sus derechos culturales. Mi faceta en el asesoramiento metodológico se materializa en Finestra Gestoría de Proyectos, donde soy la directora de proyectos; esto lo complemento con mi propia plataforma, AHD Gestoría Cultural y Creativa, que es mi apuesta por la profesionalización de artistas emergentes y nuevas propuestas. Sigo profesionalizándome para sistematizar metodologías; mi plan a futuro es seguir operando proyectos culturales y convertirlos en modelos replicables que abran un camino más sencillo y profesional para las próximas generaciones. SACH: Uno de mis principales intereses es darle visibilidad e impulso al arte emergente en Zacatecas y acompañar nuevas propuestas; crear entornos seguros que acompañen a los creadores desde la comunidad, donde puedan acceder a herramientas para seguir profesionalizándose y en los que se fomente el diálogo, la empatía, la inclusión y el aprendizaje compartido; donde se dignifique y valore su trabajo y el arte sea un motivo de encuentro, de reflexión y de conexión.
Actualmente dirijo el Festival Huellas Artísticas, un proyecto independiente y autogestivo que busca abrir espacios para artistas emergentes y en desarrollo en Zacatecas. Paralelamente trabajo en la Coordinación de Comunicación
Gestión Cultural
mirada cultural sigue muy centralizada. Muchas de las transformaciones más profundas no ocurren en los centros culturales ni en las instituciones, sino en lo comunitario, en su resistencia cotidiana y con frecuencia, en el trabajo silencioso de las mujeres. Ampliar la mirada nos permite reconocer que estos espacios de creación y cuidado son esenciales para sostener la práctica cultural y la memoria colectiva.
SACH: Especialmente las de quienes trabajan desde lo comunitario y lo independiente; mujeres que organizan talleres en colonias, con infancias o con grupos vulnerables, quienes mantienen vivas las tradiciones, que coordinan grupos comunitarios o que generan pequeños espacios culturales en sus barrios, o las de mujeres que son mediadoras culturales sin que se les nombre como tal. Es inevitable pensar en las madres, hermanas y abuelas de muchas gestoras culturales, o en artesanas que trabajan en contextos rurales, ellas sostienen procesos a largo plazo y mantienen vivas muchas prácticas artísticas en sus entornos.
JEL: Si tuvieran que señalar una contradicción incómoda del sector cultural respecto al feminismo, algo de lo que casi no se habla públicamente, ¿cuál sería?
AHD: Muchas veces el avance se queda en el discurso; hoy vemos más exposiciones, programas o conversaciones sobre mujeres, e incluso en Zacatecas actualmente las direcciones de
AHD: El más urgente es la creación de espacios realmente seguros. No hablo sólo de protocolos, sino de lugares donde ser mujer no signifique estar en un estado constante de alerta. Implica dejar de vernos como un indicador o una cuota dentro de las programaciones y empezar a reconocernos como un poder transformador dentro del campo cultural. Que cualquier mujer pueda sentir que tiene las condiciones y la libertad de ejercer sus derechos culturales; las instituciones deben dejar de vernos como proyectos aislados y empezar a integrar estas lógicas de cuidado y gestión en su estructura. Nuestra labor independiente no sólo llena vacíos, sino que propone un modelo de gobernanza mucho más humano y seguro.
SACH: Uno de los cambios más importantes tiene que ver con generar condiciones más equitativas dentro del sector; me parece fundamental impulsar procesos de formación, acompañamiento y redes de colaboración que permitan a más mujeres desarrollar proyectos culturales y asumir roles de liderazgo o simplemente hacer notar su voz; faltan apoyos, plataformas o redes de colaboración que las impulsen. Por eso es importante compartir el conocimiento, fortalecer el gremio y construir espacios más horizontales, inclusivos, colaborativos y sensibles a las distintas realidades que existen. Otro punto clave es reconocer la diversidad de formas en las que las mujeres participan en la cultura. No todas trabajan desde los mismos contextos ni con las mismas posibilidades, por lo que es necesario que las políticas culturales y financiamientos sean más abiertas a proyectos comunitarios o autogestivos.
JEL: Hablemos ahora de los proyectos que están realizando actualmente y de sus planes en un futuro inmediato.
AHD: Tengo la fortuna de dedicarme a proyectos que me apasionan. Con el Colectivo 404 impulsamos el muralismo comunitario como herra-
Social de la Universidad Autónoma de Zacatecas, impulsando iniciativas de difusión y generación de contenidos que buscan acercar el arte y la cultura a más personas y visibilizar lo que ocurre en la escena artística y cultural universitaria y local. Al mismo tiempo continúo formándome en Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara. Quiero seguir dejando huella, aprender de cada proyecto y de cada encuentro con artistas y comunidades. Me interesa innovar, proponer y explorar nuevas ideas dentro de la gestión cultural, y crear espacios donde más artistas emergentes puedan confiar en sí mismos y encontrar oportunidades para crecer. Mi mayor motivación es tejer redes de colaboración, confío que el trabajo colectivo puede abrir nuevas oportunidades y enriquecer la escena cultural del Estado.
JEL: Les agradezco mucho esta conversación y les pido un comentario para cerrar.
AHD: La gestión cultural me ha regalado encuentros y aprendizajes que no cambiaría por nada. Cada mujer que he conocido en este camino, con su creatividad y su fuerza, me inspira a seguir construyendo. Y mi mamá… ella es mi raíz y mi guía. Su lucha, su ejemplo y su confianza en mí me han dado la fuerza y libertad de elegir, de crear y de vivir la cultura a mi manera. Gracias a ella siento que puedo atreverme, equivocarme y seguir creciendo con pasión y autenticidad.
SACH: Hay que reconocer que ningún proceso cultural se sostiene en soledad. Detrás de cada proyecto hay redes de mujeres que acompañan, cuidan, guían, aconsejan y sostienen. Agradezco profundamente a las mujeres de mi clan: a mi madre, cuyo amor, contención y sabiduría han sido fundamentales para que los proyectos que emprendo puedan salir a flote; a mi hermana, a mis amigas y a las mujeres que, con generosidad, comparten sus consejos, sus conocimientos, experiencia y su mirada. Con todas ellas sigo aprendiendo que la gestión cultural, como muchas otras luchas, se sostiene en comunidad.
Sofía Arellano Chávez.
Cuatro poemas de Glori Simmons
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Por Mauricio Carrera*
Poesía
Poeta del noroeste, Seattle, Oakland, Oregon y San Francisco son algunas de sus ciudades. Graft (Injerto) es su libro más reciente. La jardinería como metáfora de la herida de la que sale vida, ramas secas o fecundas, la encuadernación para preservar la literatura del deterioro físico, el devenir del tiempo para evidenciar la distinta igualdad de los destinos humanos, son algunos de sus temas.
Glori Simmons es una poeta de la intimidad y de las batallas interiores. No grita ni proclama, sólo muestra con elegancia los raspones, las marcas que ha dejado la existencia con sus vaivenes y cuitas. Escritora del dolor personal y colectivo, su poesía deja huella de
Marcas
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lo bello y terrible sin adjetivos ni sensiblerías. Es ensayar la vida y la muerte, la nuestra y la de los demás, en palabras exactas y justas.
A Glori Simmons le interesa lo profundo, lo que no se dice en voz alta, lo oculto que esconde la pena, el llanto, la herida. No es dramática sino introspectiva, no es el llanto lo que importa sino lo que nos mantiene vivos.
Graft injerta en sus lectores la verdadera poesía, aquella que es refugio y campo de batalla, dolor y alivio, lo inútil y lo grandioso al encontrar significado, la sencilla explicación de que el mundo muere y renace en lágrimas o sonrisas, y hay que contarlo a pesar de lo arduo o lo efímero.
Cada nacimiento mella la pelvis femenina como correa, el esqueleto: un gozne de cuna terrible. Si el hijo nace muerto, o llora, la madre lo lleva consigo como anillos de un cedro.
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La incisión donde los doctores cortan el tumor, brota como lengua irritada de la mejilla del hombre, remendada con una breve costura una boca cerrada, una historia que nadie cuenta.
3
El esqueleto del hombre crece duro como un astado, el de la mujer como un cuerno. Su cuerpo tiempo marcado de prisionero: iámbico el latido, el dolor de la medianía de edad como sentencia de por vida los vasos rotos del trago corren a lo largo de la nariz.
4
Perdió la punta de dos dedos al medir armarios, no cortes evidentes, solo el aire abierto y uñas deformes. Aún así, sus dedos encontraron el gatillo y apuntaron a la cicatriz.
El jardín
Seguido regreso al jardín, el árbol frutal y permanezco detrás de él.
Una mujer ofrenda un fruto del que los botanistas no tienen nombre aún, y que los pintores aún no han pintado.
¿Tiene una dura y manchada piel o es radiante y suave— qué árboles deberían injertarse para crear lo prohibido?
Estoy en busca de un silencioso lugar.
Mi cuerpo será una casa
Mi cuerpo será una casa donde Margaret no pueda entrar.
Me acostaré a su lado como una muñeca que no pueda mover.
Amo su cuerpo junto al mío, no el mío junto al de ella.
Yo misma al vestirme
Yo misma al vestirme.
A veces, cuando me vierto en la tela, me derramo.
Este es mi otro yo:
Una mujer desnuda baila frente a una ventana.
La deseo.
*Traducción y notas.
Glori Simmons.
Train Dreams, de Clint Bentley
6 Por Adolfo Nuñez J.
La acción transcurre a inicios del siglo XX, en el noroeste de los Estados Unidos. Robert Grainier (Joel Edgerton) es un hombre común y corriente, de carácter taciturno, reservado y que la mayoría del tiempo trabaja como leñador, viajando por todo el país en cualquier sitio donde su mano de obra sea requerida. La mayor parte del tiempo es empleado por empresas que se encargan de construir y expandir las vías del ferrocarril.
Durante sus viajes, Robert conoce a todo tipo de personas: desde inmigrantes e indígenas, hasta gente de distintos lugares, edades y costumbres que en ocasiones guardan silencio y en otras no tienen reparo en contar sus historias de vida. También es testigo de todo tipo de actos realizados por sus compañeros de trabajo, algunos amables y empáticos, otros mucho más violentos y crueles.
La vida de Robert cambia por completo cuando, sin esperarlo ni planearlo, conoce a Gladys (Felicity Jones), una mujer de la que se enamora y con la que eventualmente contrae matrimonio. Ambos construyen una cabaña en medio del bosque y a la orilla de un río; tiempo después tienen una hija, a la que llaman Kate. Este sitio se volverá una especie de refugio para el protagonista, un hogar al que podrá regresar por breves periodos de tiempo luego de sus agotadoras jornadas de trabajo. Todo irá bien en la vida de Robert, sin ninguna eventualidad y sin ningún problema; hasta que un día, sin avisar y como un incendio que arrasa con todo a su paso, la tragedia tocará a su puerta.
Ésta es la premisa de la sensible, portentosa y muy poética Train Dreams (2025), cinta que, entre sus múltiples ideas y reflexiones, logra centrarse en los momentos más importantes en las ocho décadas de vida de su protagonista. Dirigida con sumo cuidado y detalle por Clint Bentley (Jockey, 2021), se trata de un filme que resulta estimulante en su habilidad para retratar la cotidianeidad de una persona ordinaria, viviendo eventos tan comunes y mundanos como cualquier otro, pero que al mismo tiempo están llenos de significado.
Una cotidianeidad que remite, por un lado, al cine más naturalista de Kelly Reichardt y, por el otro, al lirismo visual de Terrence Malick. La película de Bentley también encuentra ciertas conexiones con la obra magna de Andrew Dominik: The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (2007), por la naturaleza anecdótica de su relato, su profundo desglose en torno a la condición humana y su ma-
nera tan bella de retratar lo inhóspito de las zonas boscosas, donde toma lugar gran parte de su historia.
En ese sentido, Bentley también medita sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, sobre la forma en la que la industria, en su búsqueda incansable de supuesto progreso, saquea los recursos de un territorio que, en ocasiones la tolera y, en otras, simplemente la expulsa. Y en los márgenes de este capitalismo salvaje se encuentra Robert, de manera silenciosa e invisible, casi como si fuese un fantasma atrapado en el tiempo, buscando una gran revelación que le otorgue paz. No obstante, sin asumirse como alguien más interesante ni relevante, su historia de vida, por muy pequeña que sea, se vuelve parte del todo de una manera mucho más trascendental.
En última instancia, Train Dreams propone que, mientras buscamos comprender el porqué de las cosas, es mejor aceptar esa armonía con el universo como un misterio inherente al ser humano, incluso si sentimos que la vida se nos escapa de las manos. Al final sólo nos quedará un cúmulo de momentos, sensaciones y recuerdos. El dolor como prueba de que en algún momento existió la felicidad y la muerte como parte natural de la vida. Lo único que no podremos obtener en nuestro paso por este mundo, concluye Bentley, son las certezas absolutas.
Fotograma de Train Dreams de Clint Bentley.
El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso [en La
Berlinale 2026]
6 Por Carlos Belmonte Grey
Festival de Cine de Berlín
En La Berlinale 2026 -selección Panorama- regresó el mexicano Joaquín del Paso con una nueva ficción, muy diferente de la que presentó hace diez años (Maquinaria panamericana), El jardín que soñamos. Si hace una década su película era una comedia negra y sarcástica de la modernidad mexicana, ahora cambió el tono al drama de la actualidad mexicana.
En El jardín que soñamos pone en escena las tensiones que se viven en México por la inmigración ilegal, el narcotráfico con las autodefensas y los talamontes ilegales. Hablada en español y criollo haitiano (una derivación del francés), es la historia de una pareja de haitianos que llega a México con las dos hijas de ella y asumidas por él, con la intención de continuar su viaje al norte, pero para eso deben buscarse la vida en México. Son contratados como cuidadores de camino del monte por unos talamontes vinculados al narco y enfrentados a las autodefensas. Así, los haitianos tienen que soportar la violencia que les llega de todos lados. Además, para agregar más tensión, puso a las hijas con una salud frágil y la relación amorosa de la pareja no dentro de la tradición romántica literaria, sino de familia recompuesta.
Del Paso situó su historia en las reservas de la mariposa monarca, en el Estado de México y Michoacán, también amenazadas en extinción, para dar un último toque de optimismo a la historia; justamente, son los momentos en que las mariposas revolotean y que las niñas juegan con ellas, sirven de salida de la realidad.
La historia fue sacada de una situación que empezó a hacerse más de actualidad en México durante la pandemia, cuando USA cerró sus fronteras. Durante ese tiempo salieron muchas noticias de activistas asesinados y la tala descontrolada en México, estos fueron sus motores para conectar esta compleja historia.
En entrevista, Del Paso lo definió: “Es un drama, depende de cómo se lea, pero es un drama ecológico y humano. En México se pueden leer más capas, motivadas por el crimen organizado que juega una gran parte. Pero es sólo un elemento más de este tablero de la película, donde todos están contra todos. Todos en un estado de esclavitud moderna, y el bosque como telón de fondo que sufre este juego humano”. Una historia con historias paralelas previstas desde el inicio, como una especie de metáfora visual al usar a las mariposas y su migración, tanto ellas como los humanos, haciéndolo por una necesidad de sobrevivencia.
El proyecto costó como 30 millones de pesos, un presupuesto que considera muy justo para este tipo de rodajes y comenzó a filmarse en el 2024. La
película será exhibida a fines de año, y Joaquín del Paso tiene la expectativa de una salida en los circuitos culturales, aunque claro que el problema de
la exhibición sigue vigente en México. Incluso, él estaría dispuesto a que pasar por las plataformas, a sabiendas que es una película muy visual.
Fotogramas de El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso