“El Oso de Oro de la 76 edición del Festival de Cine de Berlín 2026 fue para el filme turco Yellow letters (Gelbe Briefe), de İlker Çatak. En cuanto a las películas hechas por mexicanos, Fernanda Tovar y sus Chicas tristes recibieron el Oso de Cristal a Mejor Película en la Categoría Generation 14plus (adolescentes); y, Fernando Eimbcke, con Moscas, recibe el Premio Ecuménico de la Competencia por Mejor Film. En esta edición hubo una retrospectiva de los ganadores de años pasados, y entre los invitados estuvo Julián Hernández por su película Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, ganadora en el 2003”. Carlos Belmonte Grey
[Más del Festival de Cine de Berlín -La Berlinale- en esta edición]
Editorial
La Gualdra No.
El Festival de Cine de Berlín 2026 finalizó el domingo 22 de febrero y en La Gualdra nuevamente contamos con la colaboración de Carlos Belmonte Grey, corresponsal gualdreño de los festivales de cine europeos más importantes y quien después de varios años de ausencia regresó a La Berlinale para atestiguar, entre otras cosas, cómo la película turca Yellow letters, de İlker Çatak, ganó el Oso de Oro en esta edición; y buenas noticias para los mexicanos, pues Chicas tristes, de Fernanda Tovar, ganó el Oso de Cristal en Generation 14plus, mientras que Fernando Eimbcke, con Moscas, recibió el Premio Ecuménico de la Competencia por Mejor Film. Compartimos aquí la nota sobre la premiación de la Berlinale 2026, autoría de Carlos Belmonte Grey:
“El Oso de Oro de la 76 edición fue para el filme turco Yellow letters (Gelbe Briefe), de İlker Çatak. En cuanto a las películas hechas por mexicanos, Fernanda Tovar y sus Chicas tristes recibieron el Oso de Cristal a Mejor Película en la Categoría Generation 14plus (adolescentes); y, Fernando Eimbcke, con Moscas, recibe el Premio Ecuménico de la Competencia por Mejor Film. Además, el Teddy Award en su edición 40 fue para el filme español Iván & Hadoum de Ian de la Rosa. Hay que recordar que para esta edición hubo una retrospectiva de los ganadores de años pasados, y entre los invitados estuvo Julián Hernández por su película Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, ganadora en el 2003.
Tricia Tuttle, directora de la Berlinale, el discurso de cierre: Antes de la premiación la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle señaló que hubo 287 películas provenientes de 80 países. Además, tras la polémica por el tema de la guerra de Israel a Palestina, insistió en que el festival se ha mantenido como un lugar de polarización y de crítica democrática 'respetamos que la gente hable fuerte, incluso cuando no estamos de acuerdo con cada uno de los reclamos hechos sobre nosotros'.
La selección fue muestra de ello con películas sobre la violencia, la injusticia, la memoria y sobrevivencia, pero también de arte, amor y amistad. Aquí la lista de los premios de la categoría Competencia: Oso de Plata Gran Premio del Jurado:
Kurtuluş (Salvación), de Emin Alper.
Oso de Plata, Premio del Jurado: Queen at sea (Reina del mar), por Lance Hammer.
Oso de Plata, Mejor Director: Grant Gee, por Everybody digs Bill Evans (Todo el mundo adora a Bill Evans).
Oso de Plata Mejor Actuación: Sandra Hüller, en Rose (Rosa), de Markus Schleinzer.
Oso de Plata, Mejor Actuación Secundaria: Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay en Queen at sea (Reina del mar).
Oso de Plata, Mejor Guion: Geneviève Dulude-de Celles, por Nina Roza, de Geneviève Dulude-de Celle”.
En este número, además, hay cuatro notas más sobre La Berlinale: tenemos como columnista invitado a Roberto Fiesco -productor, director, guionista, actor y promotor del cine mexicano-, quien reseña la película Moscas, de Fernando Eimbcke, que resultara premiada en esta edición del festival. Por su parte, Carlos Belmonte nos habla del papel de IMCINE y la embajada mexicana en el festival, así como de dos películas: Land invaders, del director mexicano Juan Mateo Menéndez y la directora canadiense Cassandra Gardiner; y de No salgas, de Victoria Linares Villegas -una cinta dominicana entre el género de horror y queer-. En las próximas semanas estaremos publicando los comentarios sobre más películas que participaron este año en el festival. Muchas gracias, Carlos.
Sobre la película ganadora del Oso de Oro, Yellow letters (Gelbe Briefe), de İlker Çatak, podemos decir por el momento que se trata de una historia sobre dos artistas de teatro turcos y la represión política que sufren cuando rondan los 50 años, y que esta película resultó la ganadora del máximo premio por el que competían 22 películas este 2026. İlker Çatak ha dirigido películas como Sala de profesores (2023), Stambul garden (2021), I was, I am, I will be (2019), Es war einmal Indianerland (2017), y Vieja escuela (2013). Habrá que estar al pendiente de la programación en cines nacionales de esta película ganadora y de las otras que participaron por el premio.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Contenido
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Directorio
Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
La burocracia mexicana en La Berlinale: IMCINE y la embajada mexicana Por Carlos Belmonte Grey
Land invaders: una propuesta audiovisual en el Forum Expanded [Un juego interactivo que nos lleva al Atari de los 1980] Por Carlos Belmonte Grey
No salgas, de Victoria Linares Villegas: Una cinta dominicana entre el género de horror y queer Por Carlos Belmonte Grey
Epílogos desde el balcón occidente: hacia los diez años de la remodelación del Teatro Echeverría de Fresnillo Por Irving R. Maldonado
Sentimental value, de Joachim Trier Por Adolfo Nuñez J.
Pinche Hueman Por Andrea Monserrat Ruiz
Moscas, de Fernando Eimbcke Por Roberto Fiesco
Moscas, de Fernando Eimbcke
6 Por Roberto Fiesco*
Cuando Fernando Eimbcke llegó a La Berlinale por vez primera venía precedido por un puñado de ingeniosos y elegantes cortometrajes realizados durante su estancia en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, así como por algunos de los videoclips más célebres del cambio de siglo, realizados para bandas como Plastilina Mosh, Molotov y para una jovencísima Natalia Lafourcade, que acababa de debutar como solista con su primer álbum homónimo. Era 2003 y no tenía aún un largometraje, sino una invitación para el Talent Campus berlinés, que el festival acababa de instaurar para dar cabida al talento emergente del mundo audiovisual teniendo como marco uno de los certámenes cinematográficos más importantes del mundo.
En aquel festival, la asistencia de Fernando a la proyección de la versión restaurada de Cuentos de Tokio (Tôkyô monogatari, 1953) de Yasujirō Ozu, cuyo
riguroso y despojado estilo visual –planos fijos, frontalidad y, sobre todo, la concentración en una cotidianidad familiar de apariencia inocua, que acaba revelando universos emocionales muy complejos– fue de gran influencia para Temporada de patos (2003), una de las óperas primas más reconocidas –y reconocibles– de su generación mediante el retrato de unas pocas horas de la tarde dominical de Moko y Flama para mostrarnos la angustia existencial adolescente en medio de pizzas, desmadre, televisión y videojuegos. Desde entonces el corpus fílmico de Eimbcke –compuesto por cinco largometrajes y otros tantos cortos a lo largo de poco más de veinte años de carrera profesional– se ha concentrado en construir los coming-of-age más memorables del cine mexicano contemporáneo, ese género que retrata la intrincada transición entre la infancia y la madurez, que intenta comprender, desde la pubertad, ese mundo adulto, insondable y plagado de sueños rotos,
convirtiendo ese estadio en uno pleno de hondura y entraña, gracias a mecanismos formales que, a principios de siglo, llamábamos minimalistas. Moscas (2025), su película más reciente, pareciera romper esa tradición al concentrar su mirada –y su cámara– en Cristian, un niño que acompaña a su padre, mientras su madre está ingresada por un cáncer avanzado en el Centro Médico 20 de Noviembre. Su condición de foráneos en una ciudad apenas intuida los obliga a irrumpir en la vida de Olga, habitante del icónico Centro Urbano Presidente Alemán –el famoso CUPA, joya arquitectónica del alemanismo, diseñado por Mario Pani y descubierto para el cine por Emilio Indio Fernández en La bienamada (1951)–, cuya cercanía con el hospital la lleva a poner a disposición de quien lo necesite una habitación de su departamento, previo pago por adelantado. Es el encuentro entre el niño y una mujer, que ha replegado su vida a los pasillos, escaleras y locales de la unidad habitacional, lo que detonará una metáfora sobre la pérdida, el duelo y una enfermedad no sólo física sino también social, donde la precarización de los afectos corre al parejo de las penurias económicas.
Una película sobre ese “pueblo bueno”, machacado por los discursos políticos, dispuesto a la solidaridad como herencia de ese cine mexicano clásico donde la infancia desvalida será siempre acogida por una buena mujer con el rostro de Sara García, Prudencia Grifell, Marga López o Libertad Lamarque, dispuestas a acompañar al infante –con el que no tiene vínculos familiares–, en el duro tránsito de comprender que la vida que sigue está más jodida que el presente, pero que,
acompañados, puede ser infinitamente más llevadera.
El rostro de esa mujer bondadosa, inicialmente más duro que una roca, es ahora el de Teresita Sánchez, musa del mejor cine indie –Pereda, Avilés, Esquivel– y extraordinaria intérprete del contenido pathos que carga a cuestas desde que intenta deshacerse de esa plaga de moscas que invade su hogar en la secuencia inicial de la cinta: moscas que desesperan hasta el hartazgo, moscas que anuncian la llegada de ese ser aparentemente mínimo con un poder transformador inusitado. El virtuoso casting se completa con Hugo Ramírez –carácter empático donde los haya– y con el chiquillo Bastian Escobar, excepcional como el avezado jugador de “maquinitas” de miscelánea y como catalizador de todas esas amargas realidades que parecen una precuela del universo puberto-eimbckeniano retratado en sus películas anteriores. No sorprende en esta edición del Festival de Cine de Berlín el regreso de aquel “hijo pródigo” con la única película mexicana en la competencia oficial, ni la consistencia de este relato pretendidamente sencillo, tan deudor de aquella cinta de Ozu que vio en el Berlinale Palast donde arrancaron las funciones de Moscas en esta edición. No sólo lo recuerda en la fotografía en blanco y negro (María Secco) –a la que regresa después de Temporada de patos–, sino en la vigencia del “cine de lágrimas”, ese melodrama contenido siempre eficaz y tan enraizado históricamente en la idiosincrasia mexicana, máxime en estos tiempos de zozobra social donde la fraternidad entre seres disímbolos parece una forma de resistencia silenciosa frente al desamparo. *Columnista invitado.
Festival de Cine de Berlín
Fernando Eimbcke, director de Moscas.
Fotograma de Moscas, de Fernando Eimbcke
Festival de Cine de Berlín
La burocracia mexicana en La Berlinale: IMCINE y la embajada mexicana
6 Por Carlos Belmonte Grey
Esta pequeña nota para comentar la presencia de instituciones oficiales mexicanas en la 76 Berlinale. Primero, el Instituto Mexicano de Cinematografía estuvo presente en un stand del mercado del cine. Con tantas cintas en la selección oficial era de esperarse alguna representación de IMCINE; lamentablemente las dos veces que fuimos al Gropius Bau (edificio que acoge parte del mercado) no pudimos encontrar a gente de IMCINE -quizás, ocupados en la presentación del apoyo anunciado por la Claudia Sheinbaum a las grandes produccio-
nes, de mínimo 40 millones de pesos. Segundo, el cocktail ceremonioso ofrecido por la Embajada de México en Berlín. Una pequeña recepción para reunir a los equipos de la selección del festival con periodistas y otros profesionales interesados. Una recepción lograda gracias al patrocinio local que permite ofrecer: churritos de harina veganos, alguna copa de mezcal y de vino, y el folclor del refresco Jarritos “qué buenos son”. Eso sí, las fotos y los discursos oficiales para evidenciar el apoyo -o lo que sea- al cine.
Land invaders: una propuesta audiovisual en el Forum Expanded
[Un juego interactivo que nos lleva al Atari de los 1980]
6 Por Carlos Belmonte Grey
La Berlinale ha incorporado, en la sección Forum, una categoría bajo el título de Expanded, destinada a dar espacios a propuestas audiovisuales de intervención visual centradas en los temas de colonialismo y decolonialismo.
Aquí nos hemos encontrado con un trabajo de intervención realizado por el director mexicano Juan Mateo Menéndez y la directora canadiense Cassandra Gardiner llamado Land invaders.
Quizás los lectores recordarán aquel videojuego, de los años de la década de 1980, que consistía en matar naves de extraterrestres con una navecita que sólo se movía en horizontal desde la parte inferior de la pantalla. Menéndez y Gardiner retrabajaron este mismo juego para llevarlo al tema de la colonialidad con la idea evidenciar el mensaje de invasión.
La instalación imagina entonces una historia alternativa, ahora son las tres carabelas de Cristóbal Colón (La Niña, La Pinta y La Santa María) que tratan de llegar a las costas de la isla Tortuga.
La idea es mostrar de forma interactiva la reflexión sobre las invasiones y los daños causados: “proveyendo a los jugadores un espacio de encuentro con el trauma intergeneracional, y de forma sutil, reprogramar nuevos caminos hacia la com-
prensión…” (extracto de la ficha de presentación).
Ante la pregunta que le hicimos de cómo crear una reflexión de este tipo mientras que la persona está jugando y concentrado para no perder, Mateo respondió que -parafraseo- ciertamente el que está jugando no tiene toda la concentración y está despistado; la reflexión llega después de jugar, cuando la gente empieza a relacionar los mensajes; el juego está programado para que el jugador nunca pueda perder y que a cada acción aparezcan mensajes sutiles ante la amenaza colonial.
Mateo y Cassandra -que son pareja- han encontrado una forma de trabajar juntos este tipo de proyectos de intervención. Ella se ocupa más de la parte de argumentos, concepto y desarrollo de producción, mientras que él de la ejecución y codificación visual. Así, este proyecto tiene su origen en la idea retrospectiva de cómo hubiera sido la formación de nuestra cabeza si hace 40 años los juegos hubieran propuesto historias desde otra perspectiva histórica.
Este tipo de creación se puede clasificar dentro de la línea de la Realidad Aumentada, una propuesta que modifica la forma receptiva del cine. El proyecto, que comenzó a perfilarse en octubre del 2025, se desarrolló muy rápidamente cuando La Berlinale los aceptó.
Éste no tuvo fondos, fue todo creación de ellos, la inversión fue su inventiva y realización. Ahora están buscando fondos para expandir esta idea. El siguiente
proyecto de la pareja es intervenir, ahora, la historia de la Malinche, el estigma del malinchismo y cómo ésta está en la conciencia mexicana.
IMCINE en el stand del mercado del cine en La Berlinale 2026
Juan Mateo Menéndez
No salgas, de Victoria Linares Villegas: Una cinta dominicana
6 Por Carlos Belmonte Grey
entre el género de horror y queer
Durante este Festival de Cine de Berlín, en la categoría de Generation14 plus, cuyo objetivo es presentar películas para un público juvenil, llegó No salgas de Victoria Linares Villegas, de República Dominicana; una película que navega y juega con dos géneros: el horror y el queer, pero de manera suave y ligera.
Esto es, Linares Villegas tomó la decisión de no asustarnos rompiendo ciertas reglas del cine de horror como el suspenso, las persecuciones en primer plano, lo cortes sorpresivos y las imágenes gore; a cambio utilizó las tomas abiertas de persecuciones, cortes predecibles, sangre limitada y artificial, heroínas evidentes. Del segundo género, el queer, evitó las marcas chocantes de los cuerpos y el sexo; a cambio puso a sus actrices a mirarse y besarse, a encontrarse en la escuela y en la familia, y en un fin de semana en casa de campo -muy en la convención del cine de horror y juvenil- para el flirteo amistoso. Todo esto explícitamente buscado, nos comentó la directora en entrevista:
notable en su entorno los comentarios incómodos de sus amistades que se enteraron de la historia y de los eventuales besos. De hecho al momento del casting y las pruebas tuvieron que hacer los ensayos de besos, fueron siempre momentos de comentarios encontrados, aunque claro, ellas lo veían de manera libre: “es una película para que la gente la vea y no le dé asco, es una película para dar visibilidad a la comunidad queer en un entorno aún cerrado”.
Gabriela, quien es la pareja de Linares, confesó que salió del clóset hace muy poco y aún tiene problemas con su familia porque no la acepta:
“precisamente para eso es esta película… para mostrar que necesitamos amor y no ser juzgados”.
En República Dominicana el matrimonio gay aún no está legalizado, incluso aún hay alguna ley que permite la discriminación y señala a las personas. Quizás todo esto fue evidente al momento de buscar apoyo para la producción en el país y toparse con gente que desde el momento que escuchaban el tema se manifestaban no interesados. El proyecto consiguió consolidarse en el 2023, luego rodarse en 2024 y posproducción en el 2025, con un costo de 500 mil dólares.
“Quería que fuera algo muy observacional, que fuera una observación del horror, de lo que sucedía después, verlas correr desde lejos, verlas fragmentadas. Para mí era más importante el tema que la efectividad de asustarte. Sobre el tema del coming of age era más importante en los primeros 40 minutos, aquí hay convenciones del cine de género, con el deseo, la llegada de los chicos y la amenaza que no siempre es visible. La película es la tensión del personaje que intenta conocerse”.
Estelarizada por Cecile van Welie, Gabriela Cortés y Camila Issa, No salgas es la historia una chicas que se descubre lesbiana pero que a cada encuentro o amiga que lo percibe se convierte en zombi asesino de lesbianas.
Las actrices comentaron que en República Dominicana este tipo de películas aún es polémico. Al ser un país tan católico y conservador, fue
Festival de Cine de Berlín
Victoria Linares Villegas, de Nosalgas.
Fotogramas de Nosalgas,de Victoria Linares Villegas
Personajes de la Cultura
Pinche Hueman*
6 Por Andrea Monserrat Ruiz
El día tenía que llegar y mi plazo se cumplió. Postergué estas líneas todo lo que pude para escribir sobre él. Empecé a hacer notas de las cosas que me lo recordaban, las tenía por todos lados; mi cabeza se revolvió mucho, y no me malentiendan, estoy feliz de estar aquí con todos ustedes, me siento honrada de estar en este recinto de la Universidad de Guanajuato, en la ciudad que el periodista Huemanzin Rodríguez caminó tanto, que comió tanto y que bebió más de tanto. Pero es verdad que mi intranquilidad radicaba especialmente en algo, porque mi preocupación no era la de hablar del amigo que tanto amo y del que hoy nos convoca su legado tras su muerte, sino pensar: ¿con qué criterio hablaría yo de él?, ¿con qué autoridad podría aportar del periodista que admiraron miles de personas todos los días por más de dos décadas a través de la señal del Canal 22? ¿Cómo hablar de mi rockstar favorito?
Y entonces, un amigo que mucho sabe me dijo: “Habla desde el corazón”. ¡Gracias, Marcos! Quizá debo dar por hecho que quienes están aquí saben quién fue Huemanzin Iyolocuauhtli Rodríguez Méndez, pero prefiero no obviar nada y aprovecharé para enumerar algunas de sus múltiples cualidades (y creo que muy dentro de él le hubiera gustado): Elocuente; voz hermosa; una memoria envidiable y conexiones neuronales que siempre lograban ligar el inicio de una historia con el final; una presencia que llenaba cualquier lugar, pues no tenía que hacerse presente para saber que estaba ahí; exquisito gusto musical; ácido en su humor. ¡Cómo voy a extrañar eso!
Alguien que quiero me dijo que el orden es para aquéllos que no tienen talento, y sin duda Huemanzin tenía su propia concepción del tiempo; jamás llegaba a la hora acordada; ¡sin duda era un genio! Y por último en mi lista, él fue un excelente periodista; un maestro del periodismo cultural. Huemanzin sabía cómo ver las cosas, lograba reconocer con sus sentidos los elementos que rodeaban a un objeto, un lugar o una situa-
ción. Observaba detenidamente y continuaba. ¡Siempre continuaba!
Ejercía el periodismo a través de su curiosidad, en torno a todas las artes que, en su vida, conoció porque las practicó, como la música que interpretaba y componía, sus dibujos de paisaje a lápiz, sus caricaturas en un mantel de restaurante, que dibujaba sólo para hacernos reír; y sus hermosas fotografías que siempre fueron bellas, pero que en sus últimos años contaban una etapa de reconocimiento y madurez. ¡Y es que Hueman vio tanto! A través de su mirada, nos enseñó de las obras de cineastas mexicanos y de todas partes del mundo, nos mostró las visiones de sus viajes y lecturas ¡Cuánto leyó!, ¡cuánto entendió de todo lo que leyó!, ¡cuántas imágenes construyó por medio de esas letras!, ¡cuánto de ello nos compartió! Todo esto no nos sorprende, porque Huemanzin sabía narrar. Sabía reconocer un personaje, una gran historia en las pequeñas cosas, sabía de los charlatanes y conocía las injusticias gracias a su aproximación con el otro. Su conocimiento de la música le dio tiempo y ritmo a sus crónicas e historias, pero su humanidad lo hizo un periodista inolvidable. A lo largo de su carrera entrevistó a los más grandes: Premios Nobel, escritores y músicos que encontraba tras largas investigaciones, y que a veces, sólo él conocía y cuyos nombres sólo él podía pronunciar (muy a su manera); compartió espacio con los intelectuales y aun así siguió aquí, siempre con nosotros y con “nosotros” no me refiero sólo a sus amigos, sino a todos a quienes les dejó un poquito de sí, con alguna charla, con alguna palabra.
Creo que su generosidad era su más grande cualidad. Alguna vez, en una de aquellas tardes en su apartamento de la calle de Pedro Romero de Terreros, en la CDMX, me dijo que la humildad era lo único que no debías perder ¡nunca!, porque es un viaje sin retorno y si la pierdes, se pierde la esencia, se pierde el rumbo: algo sabía Hueman, porque aunque llenó el cuadro televisivo durante décadas, seguía con nosotros, los “impopu-
lares”. Siempre con nosotros. Él sabía que un periodista también levanta la voz cuando es necesario y en 2015 lo demostró. Tras la censura ocurrida en Canal 22 (por parte de cierto personaje cuyo nombre no merece ser mencionado en este recinto), evidenciada con el despido de Juan Jacinto Silva (con quien hoy comparto mesa), Huemanzin se pronunció y firmó. Habló frente a cámaras y periódicos sobre este acto de injusticia. Dio la cara por un lugar que valoraba pero, sobre todo, por el periodismo y la voz de quienes lo ejercen. En ese momento, sabía que podía perderlo todo, y con todo me refiero a una paga que nunca fue muy alta comparada con su enorme desempeño, pero que le era indispensable para solventar la renta (que no siempre podía cubrir en tiempo) o para comprar sus aceitunas y queso (base de la alimentación en aquel apartamento).
Pero Hueman era más que eso: sabía lo que sabía y sabía para qué debía servir. Sabía que Canal 22, ese medio fundado por artistas e intelectuales era un espacio que debía defenderse y que la ética periodística debía prevalecer. Así, tomó la lucha y le dio cara, le dio voz, aunque después de eso nada se pondría mejor para él. Comenzó el acoso, la marginación y con ello también las inseguridades, los temores; era un grande, pero también las grandes mentes se doblegan ante la injusticia.
Fue entonces que comenzó el viaje del héroe, de ese pequeño gran viajero:1migró con sus sueños, sus esperanzas, su gran amor, Ane, con su calidad moral y su gran espíritu. Así, el periodismo cultural perdió; lo perdió a él con sus grandes reflexiones e historias, pero también perdió la formación de una nueva generación de periodistas culturales y lo digo por experiencia propia. Conocí a Huemanzin cuando yo tenía 19 años. Era mi etapa formativa real, por fin había llegado a un medio público (Canal 22, mi casa),
llegué para aprender, aprender de él, ¿qué?, ni yo sabía: primero fue escucharlo, después charlar con él y al final discutir sobre políticas culturales constantemente y a deshoras. Huemanzin y yo no siempre estábamos de acuerdo, pero siempre terminábamos esas charlas con ideas movidas, o por lo menos eso pasaba conmigo.
Por eso creo que un periodista cultural genera cambios importantes por el impacto de sus investigaciones, sus escritos y palabras, pero también con su ética, con su lealtad y congruencia. Estoy convencida que la formación es compartida entre el aula universitaria y quienes son tus primeros maestros profesionales en el trabajo. Yo no tengo el valor de autonombrarme periodista, oficio que respeto profundamente, pero sí sé que hoy no sería quien soy sin su paso por mi vida. ¡Gracias, maestro! Gracias por haberte detenido con cada persona que te quería conocer, que te quería preguntar algo y compartir algo. ¡Fuiste grande, eres grande! Recientemente me he preguntado mucho por ello: ¿sabía él de lo grandioso que era? Me duele el corazón de pensar que no lo supiera en vida, que no imaginara recibir tantos reconocimientos y hasta una Presea Cervantina.
Y finalizo: hoy hubiera preferido no estar aquí frente a ustedes (no se ofendan). Hubiera preferido estar en algún callejón de Guanajuato con el día soleado, destapando una botella de vino al lado de Perla, de Chava, de Marcos, de Ollin, de la hermosa Ane, de todos los amigos que irremediablemente se convertían en cercanos, y al lado de él. Huemanzin Iyolocuauhtli Rodríguez: fuimos afortunados de leerte, de escucharte y de amarte; sin duda fueron los mejores años de nuestras vidas. Hoy, después del trabajo, probablemente iremos a cenar, reiremos y te recordaremos; estaremos vacíos… pero tomados de las manos. Te amo y gracias por tanto.
Para Ane
El faro, de Huemanzin Rodríguez
1 Pequeños Viajeros fue un programa educativo infantil de Imevisión, una cadena de televisión pública mexicana, durante la década de 1980 y principios de la de 1990. Huemanzin Rodríguez apareció al inicio de su carrera en este programa, donde se forjó una reputación en el periodismo cultural.
*Texto leído durante el Homenaje a Huemanzin Rodríguez, in memoriam, organizado por la Cátedra Cervantina del Festival Internacional Cervantino, el pasado 14 de octubre de 2025 en la Universidad de Guanajuato.
Sombras y escaleras, de Huemanzin Rodriguez
Epílogos desde el balcón occidente: hacia los diez años de la remodelación del Teatro
Echeverría de
6 Por Irving R. Maldonado
Fresnillo
Las novedades culturales han sido notorias en el mineral, con el pasado concierto inaugural de la Orquesta Filarmónica del municipio, y digo inaugural porque gracias al afán de los músicos en escena se entregó a la ciudad esta nueva agrupación musical que en palabras de unos cuantos del público de esa noche del pasado 11 de enero: era lo que le faltaba a Fresnillo, de esta forma consolidando al Teatro Echeverría como un escenario destacado para los eventos musicales más que para las artes escénicas. Desde el 2016 a la fecha, la forma en que se percibe al inmueble recae en la limpieza y remozamiento de los detalles en cantera de su única fachada, marcando de buena forma esa arquitectura civil dispuesta en la transición del neoclásico al nouveau de la época en que se edificó. Frisos y columnas de orden dórico presentes en el ornato de la composición arquitectónica generada por los tres ejes que forman arcos de medio punto en cantera para los dos niveles que se disponen. Destaca por la
inclusión de cenefas florales en el friso alternando con los triglifos, propios del orden dórico. El coronamiento de la fachada es gracias a una caja de reloj enmarcada por columnas jónicas que contrastan con la ornamentación vegetal. Haciendo una breve revisión podríamos hablar de todos los eventos que de manera destacada han dejado sus galas en el neoclásico recinto desde su reapertura al público hace una década; como las presentaciones de la Banda Sinfónica de la Marina Nacional de México, el concierto de la OFILZAC con Elías Manzo como solista invitado, incluso las galas taurinas de la Sinfónica Municipal “Santa Cecilia” que empezaron como una tradición en las épocas feriales desde hace dos años. En este ámbito podríamos decir que el Echeverría destaca más por su uso de salón de conciertos que el de centro de espectáculos de corte teatral, y esto se ha concretado con el evento mencionado al inicio.
El programa del concierto aunque breve destacó por la inclusión de lo
clásico y el nacionalismo de uno de los hijos ilustres del Estado, Manuel M. Ponce. Inició con la obertura de La Flauta Mágica de Mozart que para este recinto no ha sido ajena pues ya había sido interpretada junto a otra obertura famosa como el Califa de Bagdad en repetidas ocasiones por la Banda Sinfónica Municipal. Destacó la participación del fresnillense Diego Cervantes quien fungió como solista en dicha obra. La piéce de rèsistance de la noche fue el Concierto del Sur de Ponce, que en los tres movimientos supo unir la guitarra de Moisés Acosta con los demás acordes de la Orquesta. Los ritmos flamencos presentes en el primer y tercer movimientos dialogaron con las reminiscencias de Huapango en el segundo, mostrando una obra del compositor Fresnillense que brindó apenas el preámbulo a la que pareció ser la más esperada de la tarde que se hizo noche, la Quinta de Beethoven con un segundo y tercer movimiento reminiscentes a la Sinfonía Pastoral del mismo autor.
Destacó la presencia de músicos fresnillenses como Paola Pacheco, Manuel Martínez, el maestro Esteban Reyes Gracia, entre otros. Caras conocidas para el gremio cultural y de la música profesional en la ciudad pero que es grato ver cómo se les da este lugar en esta agrupación, la presencia de Reyes Gracia resulta desde mi punto de vista como una forma de homenajear a los pilares de la escena musical de Fresnillo, desde las figuras académicas como Francisco Vanegas García, hasta los elementos destacados de las agrupaciones vernáculas como Jesús María Soto Ruvalcaba “El Churris”. Con un panorama apuntando a las mejoras de las propuestas culturales a nivel estatal y regional, el Teatro Echeverría en esta primer década de volver a la vida nos muestra las raíces artísticas del municipio en eventos que buscarán las mejoras de la agenda del año, en la espera de seguir encontrando innovaciones artísticas para Fresnillo.
Desde Fresnillo
Sentimental value, de Joachim Trier
6 Por Adolfo Nuñez J.
Nora (Renate Reinsve) es una prestigiosa actriz de teatro con dificultades para conectar de manera significativa con otras personas. Por su parte, su hermana Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) es historiadora y tiene una vida mucho más común, como esposa y madre de un hijo.
Ambas mantienen una relación distante con Gustav (Stellan Skarsgard), su padre, quien decidió alejarse de la familia muchos años atrás. Él es un cineasta venerado y reconocido, pero que lleva quince años sin filmar una nueva película. Lo único a lo que se dedica en la actualidad es a beber demasiado, a coquetear con cuanta mujer se le acerque y a asistir a retrospectivas de sus trabajos pasados.
A pesar de haber estado ausente durante gran parte de su vida, Gustav le cuenta a Nora que ha trabajado en el guion de un nuevo proyecto, con un papel protagónico escrito especialmente para ella, pero la joven no quiere saber
nada al respecto. Será en el marco de la proyección de un clásico suyo restaurado en un festival de cine europeo, donde el realizador conocerá a Rachel Kemp (Elle Fanning), una actriz estadounidense en ascenso, a quien finalmente le ofrecerá el papel destinado para su hija.
La locación para este nuevo filme será la casa de infancia de Gustav, sitio que habitó durante gran parte de su vida y en el que también crecieron sus hijas. Un espacio centenario y con enorme valor sentimental que, como si se tratara de un personaje más, también resguarda todo tipo de recuerdos, secretos y angustias en su interior.
En la actualidad, son pocos los cineastas con el talento para retratar la condición humana con todas sus complejidades y contradicciones tal y como lo hace el noruego Joachim Trier (Oslo, August 31st, 2011; The worst person in the world, 2021). Con claros ecos al cine de Ingmar Bergman, Sentimental value (2025), es otro sutil pero contundente
esfuerzo del realizador para explorar las múltiples facetas de las relaciones humanas, en esta ocasión centradas en los vínculos paterno filiales y las profundas brechas que se pueden generar entre sus diferentes partes.
Brechas que se abren de la misma manera que las grietas de una casa vieja, o bien, como la herida de un dolor que no se ha logrado superar ni sanar, haciéndose cada vez más grandes con el correr de los años.
La película oscila entre los momentos de la vida personal de Nora, quien cada día se siente más arrinconada e incapaz, con los de Agnes, quien, a su vez, trata de balancear su vida personal con sus deseos de comprender a esa persona que es su padre.
Y en el medio se encuentra Gustav, quien trata de llevar adelante su proyecto, con todas las dificultades que presenta hacer cine de autor, al mismo tiempo que busca recuperar algo de la relación que alguna vez tuvo con ambas.
Trier retoma algunos de los temas más recurrentes en su filmografía, tales como la disolución del núcleo familiar, la incapacidad de definir una identidad adulta, así como el anhelo de reconectar vínculos que se asumen como rotos o incompletos. Para lograr esto último, se toma como elemento central la figura del artista, quien busca, por medio de la creación, reconciliar eso que no puede expresar por palabras llanas ni por acciones concretas.
Si dichas intenciones llegan o no a una conclusión satisfactoria es algo que Trier decide no mostrar; se muestra, al parecer, mucho más interesado en explorar la ambigüedad y las diferentes caras que se pueden manifestar dentro del proceso creativo. Un proceso que es, ante todo, de reconocimientos y de confrontaciones internas. Y ahí, donde la ficción y la realidad se encuentran una frente a la otra, es donde también se puede hallar algo parecido al perdón.