SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 28 DE DICIEMBRE DE 2025 NÚMERO 1608
EL OCASO DE UNA ERA
ADIÓS A MTV Evelina Gil y Gabriel Santander
The Beatles y la vigencia de los clásicos Antonio Soria y Miguel Ángel Adame Cerón
Gabriel Ruiz, el compositor del amor Fernando Eslava Estrada
LA JORNADA SEMANAL
Portada: Collage digital de Rosario Mateo Calderón.
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EL OCASO DE UNA ERA: ADIÓS A MTV El videoclip no nació con MTV –Music Television, creada por Robert W. Pittman en 1981– sino con The Beatles y The Doors, pero el canal televisivo lo convirtió en el fenómeno mediático más poderoso en las dos últimas décadas del siglo XX y principios del XXI. “El video mató a la estrella de radio”, rezaba la letra de la primera videopieza, ilustrando la nueva naturaleza de la música popular. No hay una canción con esa letra, pero en el segundo cuarto del presente siglo bien puede afirmarse que “Tik Tok mató a la estrella del video”: el 31 de diciembre de 2025, MTV se apagará para siempre, cerrando así toda una época en la que generaciones enteras escucharon y vieron nacer –y en algunos casos morir– a bandas y solistas que, diría Carlos Monsiváis, forman parte insustituible de nuestra educación sentimental.
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Tres poemas Amalia Bautista* El pesaje del corazón Que nadie por tu culpa haya pasado hambre, haya sentido miedo o frío. Que nadie haya dejado de vivir por tu culpa, ni temido la muerte, ni deseado morir. Que ninguno haya dicho tu nombre con espanto o mirado tu rostro con desprecio. Que los demás te lloren cuando partas. Así tu corazón no habrá albergado el plomo que lastra las mudanzas. Así tu corazón será más leve que la más leve pluma.
Eco Busco el término en Google, en la RAE y hasta en la Wikipedia. Leo definiciones, citas, artículos científicos, leyendas mitológicas, frases hechas… Nada que dé sentido a esto, nada que me lo explique o que tenga que ver con lo que siento. Nada que se parezca a lo que ocurre en las habitaciones de las hijas cuando se van de casa.
Las zapatillas mágicas Las más pequeñas que fabriquen, para un pie de dos años. Eran rosas, de raso, la punta chata y dura, con cintas que se ataban a mis pequeñas piernas. Me las compró mi abuelo porque yo caminaba de puntillas, por si llegaba a ser una figura de la danza. Aquel futuro tampoco se cumplió.
*Amalia Bautista (Madrid, 1962) ha publicado, entre muchos otros títulos, Cárcel de amor, Cuéntamelo otra vez, Roto Madrid y Azul el agua. Es responsable de la antología Juegos de inteligencia, dedicada a Rosario Castellanos.
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Cantante, compositor, arreglista, libretista y creador de comedias y revistas musicales, Gabriel Ruiz (1908-1999) es un personaje notable en la música popular del siglo pasado en nuestro país. El texto que sigue es un acercamiento a su ajetreada y fecunda vida, y algunos de los nombres famosos con los que trabajó.
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GABRIEL RUIZ,
EL COMPOSITOR DELAMOR
s Gabriel Ruiz. Imagen tomada del video Homenaje a Gabriel Ruíz el Melodista de América, Fonoteca Nacional de México.
El colegio del amor
Fernando Eslava Estrada ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
GABRIEL RUIZ (Guadalajara, 1908-1999) es recordado como uno de los compositores mexicanos más destacados de la música popular del siglo XX. Probablemente su canción más notable es “Amor” (también conocida con el título de “Amor, amor”). Al menos ese tema lo proyectó a nivel internacional, a partir de que se agregó en la banda sonora de Broadway Rhythm, película estadunidense protagonizada por George Murphy y Ginny Simms. Aunque muchas de sus tonadas son inolvidables. No en vano recibió el apelativo de “el Melodista de América. Musicalizó versos extraordinarios, fruto del ingenio de Gabriel Luna de la Fuente, Ricardo López Méndez y José Antonio Zorrilla. Ruiz tuvo una carrera llena de éxitos. Cosechó múltiples reconocimientos y distinciones a lo largo de su trayectoria. En 1978 fue nombrado Hijo Predilecto de Mazatlán por las autoridades del Ayuntamiento del puerto y, poco más de una década después, obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México, por sólo poner un par de ejemplos. Su fama, en gran medida, se debió a la exposición que logró tener en la radio. Llegó a la XEW en 1935, cuando todavía no vivía de componer
canciones. Trabajaba en una escuela pública, acompañando en el piano los ejercicios de calentamiento, resistencia, fuerza y equilibrio que los estudiantes ejecutaban en la clase de educación física. Pero ya era parte del elenco de una de las radiodifusoras más prestigiosas del continente: la emisora de los 250 mil watts de potencia, el lugar perfecto para exhibir su capacidad creativa. Lo supo aprovechar y su aparición en el cuadrante radiofónico le dio renombre. En los años cincuenta fue el anfitrión de una serie de variedades que llevaba un buen número de temporadas al aire y que era entonces una de las favoritas de los seguidores de la estación: El colegio del amor. El programa ‒creado en 1943 por Álvaro Gálvez y Fuentes y José Gabriel Martínez Villegas‒ había tenido la presencia de grandes personalidades de la época, entre ellas Consuelo Velázquez, Rosita Quintana, Carlota Solares y Dalia Íñiguez ‒presentadas como “Las Cuatro Sabias del Amor”‒, Tana Lynn, María Douglas, Sara Guasch, Adriana Lamar ‒la consejera de los escuchas en cuestiones amorosas‒ y el locutor Pelayo Glostorín. Cada emisión de El colegio del amor que Ruiz encabezó fue una verdadera gala musical. El compositor actuaba semana a semana ‒los jueves en la noche‒ en aquel espacio radial, acompañado
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s Gabriel Ruiz. Imagen tomada del video Homenaje a
Gabriel Ruíz el Melodista de América, Fonoteca Nacional de México.
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de su piano o de su orquesta y de un grupo de artistas que había seleccionado con el propósito de darle voz a sus composiciones; eran intérpretes que gozaban de cierta popularidad, como Amalia Mendoza y Avelina Landín, pero también jóvenes valores de la música, pues Gabriel Ruiz era un auténtico impulsor de talentos. Algunos cantantes alcanzaron la fama porque les brindó la oportunidad de participar de manera regular en dicha transmisión; tal fue el caso de Hugo Avendaño. No obstante, su agudeza para detectar nuevas voces había sido previamente capitalizada: muestra de ello es que en 1936 Antonio Badú debutó en La hora azul, gracias a que él lo recomendó con un directivo de la estación. En una sección del programa, el melodista tapatío presentaba canciones que no eran suyas, pero que desearía haber compuesto: “Vereda tropical” de Gonzalo Curiel, “Perfidia” de Alberto Domínguez, “Duerme” de Miguel Prado, entre otras. Eso sí, el momento más esperado por la audiencia era aquel en el que Ruiz interpretaba alguna de sus piezas; las melodías que lo inmortalizaron.
Viva el amor GABRIEL RUIZ TUVO una faceta escasamente conocida: la de colaborar en la creación de revistas y comedias musicales. Participó en Upa y Apa, un espectáculo de corte nacionalista que se estrenó en el Palacio de Bellas Artes en 1939. Se trató de un montaje dividido en dos actos, cuya realización implicó un elenco fuera de serie: Carlos Mérida, Celestino Gorostiza, Xavier Villaurrutia, José Rolón, Silvestre Revueltas, Blas Galindo, Tata Nacho y otros nombres de esa misma talla. Dicha puesta en escena incluyó un cuadro musicalizado por Ruiz, titulado Un patio de vecindad. También incursionó como único compositor de obras revisteriles. Sin embargo, no siempre fue cosa fácil. A inicios de 1955 estaba trabajando en una revista musical que se presentaría en el Teatro de los Insurgentes bajo el título de una de las piezas más populares que había concebido hasta ese entonces: “Viva el amor”. Todo indicaba que aquel show tenía el éxito garantizado. La escenografía sería magnífica y se contrataría un ballet monu-
Gabriel Ruiz llevaba una agenda muy apretada. Tenía que componer; ensayar con la orquesta que dirigía y con los cantantes a los que acompañaba; ofrecer conciertos; estar en la radio y la televisión: un día en la XEW y al siguiente en el Canal 2, dentro del programa de Pedro Vargas. Se encargaba, igualmente, de asuntos relacionados con la Sociedad de Autores y Compositores de México.
mental. Rafael Solana, el eminente ensayista, poeta y dramaturgo, asumió el papel de guionista; Elías Breeskin, el prodigioso filarmónico ucraniano, aportaría su talento como arreglista y, además, Miroslava Stern, la famosa actriz de los ojos color cielo, actuaría en vivo y en directo, cantando por primera vez en público, fuera de la pantalla grande: “Cuando te acercas a mí,/ cuando te siento llegar,/ mi sangre vuelve a gritar:/ ¡Viva el amor!, ¡viva el amor!” Ruiz se mostraba animado. Había decidido encargarse personalmente del entrenamiento vocal de Miroslava: se reunía con ella y le ponía ejercicios de dicción y de entonación. Para el mes de febrero ya había dibujado la mayoría de las líneas melódicas del proyecto. La idea era que la revista se estrenara unas semanas más tarde. Pero no ocurrió. Pasaron los meses; concluyó el año sin que el estreno tuviera lugar. ¿Por qué? Hubo varias razones. Primero, sucedió un hecho desolador: Miroslava se quitó la vida. Una sobredosis de barbitúricos acabó con la depresión que padecía. Un trágico desenlace. Su ausencia puso en duda la continuidad del montaje. Mucho se especuló sobre el tema desde los periódicos; no obstante, finalmente se tomó la determinación de buscar una sustituta. Podría ser Leticia Palma o Silvia Pinal. Además, el libreto aún estaba incompleto. Solana incumplió: simplemente, no terminaba de escribir la obra. Asimismo, Breeskin atravesaba graves problemas financieros. Era patológicamente adicto al juego y debía demasiado dinero, lo que provocó que dejara de lado la revista para tratar de ocuparse en algo que le remunerara económicamente de inmediato. Sin embargo, su situación empeoraría. Viviría un momento lamentable. Expediría dos cheques sin fondos e iría nuevamente a dar a la cárcel (en la década de los cuarenta estuvo preso en las Islas Marías, donde compartió celda con Ramón Mercader, el asesino de León Trotski). Por otro lado, Gabriel Ruiz llevaba una agenda muy apretada. Tenía que componer; ensayar con la orquesta que dirigía y con los cantantes a los que acompañaba; ofrecer conciertos; estar en la radio y la televisión: un día en la XEW y al siguiente en el Canal 2, dentro del programa de Pedro Vargas. Se encargaba, igualmente, de asuntos relacionados con la Sociedad de Autores y Compositores de México. Encima de todo, heredó cincuenta hectáreas de tierra en Guadalajara. Decidió que vendería aquellos terrenos y tendría que ocuparse de los trámites correspondientes. No arrastraba una carga de actividades mayor porque no aceptaba todas las ofertas de trabajo que recibía. Había rechazado, por ejemplo, hacer la música de una obra titulada El reloj de Bucareli. Desde la prensa se hicieron conjeturas sobre el origen de su negativa. Félix Anguiano, redactor del Excélsior, dijo que Ruiz desechó la proposición al considerar que el pago que obtendría no era el apropiado. De igual forma, en una nota publicada en Cinema Reporter, Héctor Alpuche refirió que el melodista no quiso involucrarse, ya que el espectáculo estaría en escena únicamente durante dos semanas. Quizá no accedió a escribir aquella partitura debido a la falta de tiempo. Aunque, por supuesto, es probable que priorizara los varios millones de pesos en que estaba valuado el extenso predio que poseía. Acaso sólo se encontraba agotado y por eso no lograba concretarse Viva el amor. De modo que lo mejor sería tomarse unas vacaciones, como las que tuvo a finales de ese año de 1955 en las playas del bello estado de Veracruz. El amor podía esperar un poco l
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CONCIERTO EN EL SHEA STADIUM:
60 AÑOS DE UNA APOTEOSIS EN VIVO Celebrado en agosto de 1965, el concierto de The Beatles en el Shea Stadium de Nueva York marca un alucinante y glorioso hito en la historia del rock y de toda la música en vivo, no sólo porque fue el primer concierto verdaderamente masivo al aire libre ofrecido por una sola banda de rock ante más de 55 mil asistentes, predominando jóvenes y adolescentes que abarrotaron los lugares de este conocido y hoy desaparecido estadio de beisbol (demolido en 2008, era la casa de los Mets de New York), sino porque mostró y demostró la maestría y la calidad vibrante de la ejecución de los melenudos de Liverpool. El parteaguas del concierto y el video‒documento ACCIÓN‒REACCIÓN colectiva que fue preparada, canalizada, potencializada y captada por el, en ese entonces, aparato ingenieril y logístico (cientos de personas, incluidos los police man) de vanguardia que desde días antes y durante todo el concierto ‒y después‒ logró que esa puesta en escena multitudinaria saliera avante y quedara rescatada y rescatable para su disfrute en tiempo real, analógico y ahora virtual. En efecto, podemos ahora corroborarlo quienes fueron y quienes no fuimos algunas de las 55 mil almas y más que estuvieron y que no estuvimos presencialmente en ese magnum theatrum. Tenemos asequible el magnífico videofilme de la disquera Apple (60th Anniversary Edition 1080p HD), completamente restaurado a colores, que corre por Youtube desde julio de 2025 para conmemorar y rendir tributo y pleitesía a los sesenta años del maravilloso suceso hoy icónico y trascendental. Este histórico documento nos muestra en su inicio (bajo los acordes del sitar de “Tomorrov Never Knows”) tomas espléndidas de la gradas del gigante estadio; los preparativos técnicos de la ins-
Miguel Ángel Adame Cerón ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
s The Beatles, en el aeropuerto JFK de Nueva York, 7 de febrero de 1964.
talación del monumental escenario ante la llegada de las oleadas de fans y la entrada veloz y apoteósica de los fab four con sus sacos caquis con hombreras, cuellos mao con estrellas de sheriff y pantalones negros; presentados a viva voz por ni más ni menos que Ed Sullivan (en cuyos dos famosos shows televisivos ya se habían presentado un año antes, febrero de 1964, rompiendo récord con 70 millones de televidentes en cada uno).
Damas y caballeros: Los Beatles y sus teenagers en acción‒reacción
s The Beatles en el Shea Stadium.
LADIES AND GENTLEMAN… ¡The Beatles!, y ellos saludando: ¡Hello, hello, hello….! Y el griterío que se hace endémico y las cámaras que capturan los gestos corporales y faciales de los fanáticos: miles con binoculares y cámaras con flashes y cientos adheridas a las mallas, decenas de mantas colgadas que claman por sus ídolos “I love John”, “I love George”, “I love Paul”, “I love Ringo”, “I wanna hold your hand”. Y comienzan los coros ahhh, ahhhh, ahhh…ahhh…aghhhhghh… de Twist & Shout y la voz de John Lennon se desgarra, y los coros de George Harrison y Paul McCartney respondiendo; y las guitarras maestras de los tres melenudos de a pie (acompañamiento, requinto y bajo) y los tambores del otro melenudo sentado que impone impresionante ritmo y entusiasmo. Y se suceden en cascada las rolas alternado cada guitarrista con la presentación de las mismas. Emoción a flor de piel y desbordante ante el
shock de la interpretación beatle; literamente hay chicas desmayadas y chicos que no dejan de moverse y luego el clap clap cuando les piden aplaudir el ritmo: más de media hora de algarabía beatlemaníaca. Después de “T&Sh”; “She’s a Woman” (canta Paul), “I Feel Fine” (voz principal John, coros Paul y George), “Dizzy Miss Lizzy” (canta John), “Ticket To Ride” (voz principal de John con empalmes de Paul), “Everybody’s Try’ing To Be My Baby” (canta George), “Can’t Buy Me Love” (canta Paul), “Baby’s In Black” (Paul y John a dúo), “Act Naturally” (voz principal Ringo con acopladas de Paul), “A Hard Day’s Night” (voz principal John con alternancia de Paul), “Help!” (voz principal de John con coros de George y Paul), “I’m Down” (voz principal Paul con coros de George y John). Las lucientes voces en solos y acoplamientos de John, Paul, George y
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sus aún vibrantes instrumentos, Ringo desciende de su pódium, todos bajan y salen corriendo. Todavía allí alcanzan a ver cómo algunos fanáticos burlan las vallas policíacas y corren por el pasto tratando de alcanzarlos, pero son atrapados y regresados por los policías y guardias. Inmediatamente los cuatro escarabajos beat se suben al auto que, atravesando la explanada, los sacará del estadio; el griterío no para y las reverberaciones corporales y guturales siguen… La imagen final es una toma del estadio desde la avioneta que emprendió el vuelo de regreso.
Ringo; covers y geniales composiciones/interpretaciones de Lennon y McCartney ya despuntadas como clásicas; y la belleza del sonido refinado, pulcro y emotivo de la guitarra de Harrison y el acompasado y preciso machaqueo de la batería de Starkey. El manejo de los encuadres y enfoques de las cámaras con tomas a larga distancia intercaladas con acercamientos al apabullante juvenil público. Y justo cuando comienza la balada-rock cantada por George, “Everybody’s Try’ing To Be My Baby”, el videodocumental nos muestra cómo trasladaron en una avioneta especial de doble hélice a los cuatro Beatles y sus asistentes (encabezados por su manager Brian Epstein, que dos años después moriría trágicamente, pero que durante el concierto se le ve feliz a un lado del estrado); de una pista en Nueva York al Shea Stadium, que desde las alturas se mira cómo se están colmando sus asientos. Y luego las cámaras entran al camerino de The Beatles, que relajados y sonrientes se preparan para ese magno show que ya intuyen que será un punto de inflexión. Así, desde el principio a fin e in crescendo: reciprocidad y recursividad entre el juvenil público y los jóvenes músicos consagrándose como genios y vanguardistas del rock. Durante todo el concierto y al final del mismo, cuando Paul anuncia la última rola porque dice que ya es la hora en que hay que irse a dormir, se notan unos Beatles más que satisfechos y rematan con “I’m Down” a todo pulmón y realmente contentos (la sui generis voz de Paul, el agudo requinto blusero de George, que hace los coros sonriendo, junto con John que prácticamente pule rudamente el órgano con el codo y los batacazos exactos de Ringo, que no deja de reír). Terminando esta canción final, con la gente extasiada y deseando más, inmediatamente alzan los brazos y agitan sus manos agradeciendo a la muchedumbre y los guitarristas se descuelgan
El revulsivo de los años sesenta DICHO FILME muestra no sólo el fenómeno beatlemaníaco, no sólo la penetración de la ola inglesa en Estados Unidos, sino la fuerza del rock como música revolucionaria; podríamos decir como el alma de la década rebelde de los sesenta. Este concierto en pleno núcleo del país más capitalistaimperialista, evidencia una juventud ya inflamada de energía fresca y espontánea que se convertirá ‒retroalimentándose‒ en lo inmediato en y con las contraculturas feministas, hippies, comuneras, black power, rockeras y estudiantiles, de tal manera que todo ello anunciará y conformará a la vuelta de unos años las insurrecciones políticas, ideológicas y revolucionarias mundiales de los años 1967-1969, pasando por el señero 1968. Como espectador a posteriori desde el complicado y riesgoso siglo XXI, justo a la mitad de la segunda década, uno se integra al festejo visual-musical y sociocultural de los sesenta años de tan magnánimo evento, dispuesto a rememorar la década de las protestas para nutrirse de optimismo vibrante, sabiendo que esos performances rockeros alimentaron a los hijos del rock y nos siguen alimentando. De esta manera se sigue forjando la memoria colectiva de el rock nunca muere: ¡loas eternas a The Beatles! ¡que sesenta años no son nada! ¡all you need is love! ¡amor y pax! l
THE BEATLES Y LA VIGENCIA DE LOS CLÁSICOS La historia del álbum Rubber Soul de los Beatles, que en rigor fue su primer LP con unidad artística según George Martin, quien fuera su productor musical, ingeniero de sonido y arreglista, sirve aquí de guía para recorrer buena parte de la discografía de los cuatro de Liverpool que, al parecer y por su excelente calidad, siguen vigentes y ejerciendo su influencia ya con la estatuto de clásicos del rock.
Antonio Soria ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Rubber Soul: seis décadas de un parteaguas “REALMENTE CREO QUE Rubber Soul fue el primer álbum de The Beatles que presentaba unos nuevos Beatles al mundo. Hasta entonces, los álbumes eran más bien recopilaciones de sencillos. Ahora estábamos empezando a pensar en los álbumes como unidades artísticas propias, y Rubber Soul fue el primero de esta nueva etapa”: así lo dijo George Martin, y nadie podría rebatirlo por la sencilla razón de que él, en su calidad de productor musical, ingeniero de sonido y arreglista, no sólo fue quien mejor conoció, en términos musicales, a la mítica banda inglesa surgida entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, sino que, de punta a cabo, contribuyó de manera determinante a que los Beatles fueran… los Beatles, tan difíciles de clasificar precisamente a partir del Rubber Soul. Sexto álbum de estudio grabado por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo
Starr –the Fab Four, el cuarteto de Liverpool, Debídols, los Bíceps, los Buitres o como cada quien prefiera nombrarlos–, Rubber Soul es considerado de manera unánime como el punto de inflexión más relevante del grupo musical nacido en 1957 como The Quarrymen, mismo que apenas ocho años más tarde, a principios de diciembre de 1965, prácticamente nada tenía que ver con el sonido skiffle de sus inicios.
Beatleus annus mirabilis MÁS QUE POR lo abundante de su creatividad musical –en la primera mitad de ese mismo año habían lanzado el álbum Help!, para un total de veintiséis piezas propias entre los dos álbumes–, 1965 debe ser marcado como el verdadero año milagroso de The Beatles o, en todo caso, el primero de dos, siempre que se esté de acuerdo –y es en extremo difícil no concordar– con que el segundo es 1967, en virtud del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y, en menor medida, el
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pués. Ni los Beatles, ni el rock, ni la música y la cultura popular, ni los escuchas, volverían a ser los mismos. Eso es ser parteaguas y no pedazos.
Juro que no murieron
Magical Mystery Tour, algo así como el colofón conceptual y estilístico de aquél. ¿Por qué “milagroso” o “maravilloso”? Igualmente más allá, y de mucho mayor importancia que el éxito mundial de la banda, para ese entonces consolidada incontestablemente como la más de todo –famosa, mediática, vendedora, etecé–, porque con Rubber Soul la música pop alcanzó una temprana mayoría de edad a partir de la cual no habría retroceso alguno sino un crecimiento constante, que al mismo tiempo dio un impulso definitivo a la cultura popular para que por fin dejara de ser considerada como mera farándula o simple surtidor de entretenimientos varios, ojo, cuando el propio concepto “cultura popular” apenas tomaba carta de naturalización tanto en ámbitos académicos como en la imaginería colectiva. En otras palabras, el alma plástica emanada del talento, la curiosidad, la asunción del riesgo de abandonar una senda segura, la experimentación, la insatisfacción artística frente la perspectiva de seguir tocando poco más o menos lo mismo desde sus inicios, la diversificación sonora, la complejización compositora y arreglística, la apertura formal y temática en las letras... le cambió el rostro a una generación entera, y a la siguiente y a la siguiente. Cualquier bitlemaniaco lo sabe, y quienes no lo son mínimo tienen cierta noticia: al son de “Drive my car”, “Norwegian wood (This bird has flown)”, “You won’t see me”, “Nowhere man”, “Think for yourself”, “The Word”, “Michelle”, “What goes on”, “Girl”, “I’m looking through you”, “In my life”, “Wait”, “If I needed someone” y “Run for your life”, vieron las primeras luces movimientos socioculturales como la psicodelia y el hippismo, entre otros, y las juventudes occidentales –Lennon tenía veinticinco años entonces– siguieron cantando, tocando y hablando de amor, pero esta vez no sólo sino también, y desde una perspectiva que hacía parecer lejana y pequeña aquella otra de la gritería ensordecedora en un estadio atiborrado, en donde nadie escuchaba a nadie, ni siquiera a sí mismo. En la mitad exacta de esa década definitiva y definitoria que son los años sesenta del siglo XX, Rubber Soul –y escasos meses después, ya en 1966, su secuela Revolver– es el soundtrack que resonó detrás de los movimientos juveniles que transformaron el mundo inmediatamente des-
Con Rubber Soul la música pop alcanzó una temprana mayoría de edad a partir de la cual no habría retroceso alguno sino un crecimiento constante, que al mismo tiempo dio un impulso definitivo a la cultura popular para que por fin dejara de ser considerada como mera farándula o simple surtidor de entretenimientos varios.
COMO ES BIEN sabido, The Beatles grabaron sus últimos elepés en 1969, primero Let It Be y después Abbey Road, pero aquél fue publicado hasta mayo del año siguiente, convirtiéndose en la postrer entrega de la banda, en los hechos extinta al finalizar la grabación de Abbey Road, aunque oficialmente disuelta en 1970. Esa disolución tiene hoy los mismos cincuenta y cinco años que los respectivos primeros álbumes tanto de la mítica dupla compositora LennonMcCartney como del llamado “bitle silencioso”, George Harrison: el disco McCartney fue lanzado a mediados de abril, el álbum triple All Things Must Pass, de Harrison, apareció el último día de noviembre, y el Plastic Ono Band, de Lennon, en diciembre, los tres en 1970. El que sin duda es el más contrastante de los aniversarios bitlescos sucedió hace cuarenta y cinco años: en 1980 aparecería Double Fantasy, el último álbum solista de John Lennon, que como cualquiera sabe fue asesinado el 8 de diciembre de ese mismo año. “Dream is over”, cantó Lennon al final de “God” y, diez años después, su muerte aniquilaba el sueño de millones que deseaban ver juntos una vez más a Debídols. En 1995, cuando Lennon llevaba tres lustros extinto, o lo que es lo mismo, treinta después de Rubber Soul, los tres bitles sobrevivientes sacaron “Free as a Bird” y un año después “Real Love”, a partir de dos demos que el esposo de Yoko Ono grabó hacia 1977-1979, y que McCartney, Harrison y Starr trabajaron con Jeff Lyne como productor. Ahora sí parecía el final-final, pero quedaba una más: igualmente producida por Lyne, así como por McCartney y Giles Martin, hijo del mítico George de Parlophone, la bellamente nostálgica “Now and Then” vio la luz apenas hace dos años, a principios de noviembre de 2023. Finalmente, la inclusión de una nueva mezcla de “Love Me Do”, el primer sencillo de The Beatles en 1962, para acompañar “Now and Then”, forma un arco temporal de sesenta y un años.
El no-final CONSIDERANDO TODO lo anterior, lo menos que puede afirmarse de The Beatles es que son inigualables: con casi setenta años de su aparición; sesenta y cinco de su primera gira en Hamburgo; casi sesenta de haber inventado el videoclip; sesenta de su primer parteaguas artístico; cincuenta y cinco de su disolución; cuarenta y cinco de la muerte de su creador y líder... hasta la fecha siguen siendo mencionados como la principal influencia de cientos, quizá miles de músicos posteriores a ellos –la lista es inmensa: David Gilmour, David Bowie, Ozzy Osbourne, Kurt Cobain, más un larguísimo etcétera–, y sin que obstara la muerte de Lennon, más la de Harrison hace casi un cuarto de siglo, hace dos años llegaron de nuevo al top ten mundial. Pero sobre todo esto otro: dentro de cuatro días estaremos en el segundo cuarto del siglo XXI y Los Bítles seguirán siendo escuchados, lo mismo por quienes ya pronto alcanzarán siete y hasta ocho décadas de vida, que por quienes todavía no suman ni una entera, y eso, ya sea que suceda en el siglo XVII o en la actualidad, significa estar vigente y, al mismo tiempo, ser un clásico l
LA JORNADA SEMANAL
8 28 de diciembre de 2025 // Número 1608
EL OCASO DE UNA ERA: ADIÓS A MTV
s Thriller, Michael Jackson, John Landis, 1983.
El fin del famoso canal de televisión MTV en el primer minuto de 2026 es un acontecimiento que muchos lamentan, sobre todo en lo que se refiere a los primeros años de transmisión de la señal, época que conformó gustos, modos y estilos tanto musicales como culturales y personales, como lo testimonia con mucha solvencia este artículo.
Evelina Gil ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
¿Recuerdan dónde estaban el 1 de agosto de 1981? MUCHOS NI SIQUIERA habían nacido. Yo estaba por cumplir trece años y uno de mis mayores orgullos era una colección de discos (de vinil) y casetes con playlist de música “adulta”, nada que ver con Menudo o Timbiriche. No contaba con servicio de cable, pese a existir en México desde 1972, según resultados arrojados por Google. Lo más próximo eran las antenas aéreas de mi natal Sonora, que captaban señales defectuosas de canales de Arizona y California. Hubiera deseado, con todo mi corazón, estar ante un televisor cableado, en la fecha antes señalada, para presenciar el nacimiento de Music Television, mejor conocido como MTV. Si me dan a elegir entre revivir el primer alunizaje y los minutos inaugurales de este canal, me quedo con lo segundo… y no en vano aludo a ambos eventos: la primera imagen transmitida por MTV recrea aquella hazaña del 16 de julio de 1969, empezando por el despegue del Apolo 11 y el comandante Armstrong hincando una bandera en la superficie lunar… sólo que dicha bandera no es la de Estados Unidos sino el logo de MTV, mudando de colores y texturas al compás de una alocada batería acompañada de un bajo. Un videoclip que parecía realizado ex profeso para ese momento hizo parpadear alegremente las pantallas curvadas y los bulbos purpúreos de los televisores: “Video killed the radio star”, del dúo inglés The Buggles, rodado en 1979. Para quienes no alcanzan a entender lo que esto significó para los boomers más jóvenes y los X pubertos y, más adelante, para los millenials nacidos a partir de aquel mismo año, 1981,
s Primera publicidad de MTV, agosto de 1981.
que asistieron al surgimiento de la versión latina de dicho canal, considero pertinentes un par de aclaraciones: los videoclips, como se les conoce en la actualidad, no llegaban ni a un centenar, y con la radio todavía determinando qué canciones escalaban en las listas mundiales, la iniciativa de Robert W. Pittman, de veintiocho años, de lanzar un canal televisivo de estas características debió sonar arriesgada, cuando no descabellada. Pero el joven ejecutivo debió tener muy bien sondeados a sus potenciales espectadores cautivos, pues al cabo de un año no sólo llevaba 8 mil 760 horas de transmisión continua sino, además, presentaba videos especialmente pensados para este canal, varios de los cuales alcanzarían estatus de obras maestras, dirigidos por experimentados cineastas; por mencionar sólo pioneros en la materia: Dancing With Myself, de Billy Idol (Tobe Hooper, 1981), Hungry Like a Wolf, de Duran Duran (Rusell Mulcahy, 1982), Thriller, de Michael Jackson (John Landis, 1983), o Dancing In The Dark, de Bruce Springsteen (Brian de Palma, 1985). Más adelante vendrían Martin Scorsese (Bad, Michael Jackson), David Lynch (Wicked Game, Chris Isaak), David Fin-
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La nueva educación digital/sentimental
cher (Vogue, Madonna), Jonathan Glazer (Karma Police, Radiohead), Gus Van Sant (Under The Bridge, Red Hot Chili Peppers), Tim Burton (Here With me, The Killers), entre muchos otros. Si bien los videoclips alcanzaron estatura cinematográfica, el cine de la época, a su vez, asumió un formato muy próximo al del videoclip. La serie televisiva más popular de los años ochenta, Miami Vice, no sólo llegó a transmitirse en este canal sino que, además, honraba la cruz de su parroquia con tremendo soundtrack y, más específicamente, una novedosa técnica narrativa que era como un largo videoclip. La película de 2006 de Michael Mann, aunque aceptable, prescinde de estos elementos inherentes al material original.
¿Y a qué viene tanta nostalgia? VIENE A QUE la Paramount Skydance Corporation, actual propietario de la marca MTV, que empezó siendo gestionada por Warner Amex Satellite Entertainment (conjunción de Warner Bros y American Express) ha anunciado que, a partir de los primeros segundos de 2026, definitivamente
desenchufará (unplugged, término empleado en su comunicado, que se siente sarcástico al aludir a uno de sus más amados programas) los canales satélites MTV 80’s, MTV 90’s, MTV 00’s, Club MTV y MTV live, conservando la señal original (MTV HD) que desde hace algunos años se dejó comer por la nefasta modalidad de los telereallyties. Recordemos que si bien inició transmisiones en Nueva York se propagó internacionalmente por Latinoamérica, Europa, Asia y, más recientemente (2005), África, con matrices en Brasil, España, Francia, Reino Unido y Japón, así como una ristra de oficinas centralizadas (México entre ellas), indicativo, supongo, de la inmensa popularidad alcanzada. Todas estas señales se apagarán paulatinamente y, especulemos, podrían rehabilitarse para emitir más programación infame como Teen Mom o Acapulco Shore. Por otra parte, para quien no se ha enterado de que el canal alterno musical VH1 murió junto con la pandemia, sepa que fue adquirido asimismo por PSC para alojar las múltiples señales de MTV que, al momento de esta redacción, están conectadas a un soporte vital que pronto les será retirado.
CULTURAL Y ARTÍSTICO. Son los mayores legados de MTV que apenas quienes lo conocimos de verdad somos capaces de inferir. Para muchos fue el espejo en el que elegimos reflejarnos. Nuestros músicos favoritos adquirieron el plus de volverse visibles; adquirir rostro, cuerpo y voces habladas. Fueron, pues, nuestros influencers y copiamos sus peinados, sus cortes de cabello (extremos, en muchos casos) y su vestuario, porque, más que buenos músicos, que parecía suficiente, impusieron tendencias. En mi subjetiva experiencia MTV llegó cuando más lo necesitaba, en el punto más álgido de mi adolescencia. El gel se volvió producto de primera necesidad, trasladado en mi mochila junto con mis libros, pues de lo contrario no lograría emular el look de Madonna. El retorno de las casacas, inspirado por la nueva ola británica rebautizada como new romantic, postmodernos Byrons y Shelleys. El dramatismo enfocado en el delineado de ojos y el permiso para hurgar entre las prendas olorosas a naftalina de tu madre, tus tías, incluso tu abuela, para brindarles un segundo derrotero. Camisolas, sombreros, zapatillas de ballet o botas con estoperoles. MTV inflamó nuestra creatividad a niveles estratosféricos. No una tribu urbana: fuimos legión. Posiblemente sea inútil explicar esa clase de epifanía que representó el MTV primitivo para muchos de sus padres o adultos más próximos: los sueños surgidos de esta dinámica y su derivación en obras artísticas, tanto musicales como visuales, pictóricas y literarias. Me permito recomendar una hermosa película irlandesa, Sing Street (John Carney, 2016), sobre unos adolescentes que crean un grupo musical y filman un videoclip amateur, cuando era tremendamente complicado hacerlo, más en busca de huir de la mediocridad de una secundaria pública que de la verdadera fama. Es falso, como le escuché decir a un youtuber treintón, que hoy te puedes crear tu propio videoclip con un celular ordinario: No. No uno digno de MTV. Releer, por favor, la lista de directores que pusieron su grano de arena para alimentar este acervo. “Es el signo de los tiempos”, la explicación anodina que hasta la IA te da cuando pretendes indagar por qué se apaga todo, exceptuando la programación que ni siquiera justifica el nombre del canal. Dinero. Sí, en primer lugar. La producción de realities no exige tantos recursos, ni económicos ni intelectuales, como sí la producción de videoclips que, te han convencido, es mucho más accesible en internet. Si las salas de cine son cada vez más reducidas, impersonales y carentes de alma; si el streaming comienza a convencernos de ahorrarnos la ida a esas salitas encarecidas, ¿qué se podía esperar del destino de los canales de música? Ironía: a la estrella de la radio no la apaga nada, ni siquiera su verdadera némesis que es Spotify. Y el día que las salas de cine comiencen a “desenchufarse” te expondrán los mismos argumentos: es el signo de los tiempos. Sale muy caro mantener estos establecimientos, por mucho que mermen el tamaño de los vasos de refresco y los recipientes para palomitas. Culparán al cliente en vez de buscar maneras de innovar una experiencia imposible de replicar en casa. Y junto con el cierre de los cines, supongo, vendrá una crisis de ambición cinematográfica; películas protagonizadas, si bien nos va, por influencers y exparticipantes de esos mismos realities que mataron a MTV, futuro que hace rato empezó a suceder.
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s Here With me, The Killers, Tim Burton.
s Vogue, Madonna, David Fincher.
VIENE DE LA PÁGINA 9/ EL OCASO DE...
Aquí corto mi ficción especulativa/catastrofista, no quiero llevarla demasiado lejos. La tecnologización no necesariamente implica evolución. Para empezar, es totalmente falso que en YouTube encontrarás el acervo de MTV. Cuenta con un canal con 11 mil 500 millones de seguidores; cantidad, digamos, respetable. La mala noticia es que, si bien está consagrado al contenido musical, abarca desde 2016, año en que ya la música había dejado de ser prioritaria para la señal principal. Claro que es posible encontrar los videos más populares de la cadena, pero una buena cantidad de material de los años ochenta y noventa se
evaporará junto con las señales especializadas en estas décadas. Ahora bien: quienes fuimos asiduos a MTV sabíamos que cada 31 de diciembre se programaba un top de los cien mejores videos del año, una verdadera delicia. En YouTube los encontrarán en su versión más resumida: los número uno de cada año, desde 1984 hasta 2024. Y supongo que algo harán con 2025, pero nunca encontraremos las listas completas alojadas en internet.
El suicidio de los zombies Y SÍ, AUNQUE EN YouTube circulen los primeros minutos de MTV, en muy baja resolución, yo
BUENAS NOCHES, EMTIVÍ El canal de televisión MTV marcó una época en la difusión de la música pop. Cuarenta y cuatro años después, al iniciar el años 2026, dejará de transmitir. Este texto es un ágil comentario crítico sobre el famoso canal, celebra algunos de sus aciertos y lamenta su último período.
E
n su presentación como la nueva propuesta visionaria de la entonces encumbrada televisión, en agosto de 1981 MTV (Music Television) transmitió como primer clip el admonitorio “Video Killed the Radio Star” [“el video mató a la estrella de radio”], de The Buggles. Hoy, cuarenta y cuatro años después, para el 31 de diciembre de 2025 el canal MTV apagará sus luces para siempre y bien podríamos retomar su amenaza del ’81 y declarar para el próximo año nuevo: TikTok Killed the Video Star.
Gabriel Santander ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
No sólo es la muerte de una aportación decisiva en la industria musical, sino también el síntoma actual de una narrativa descompuesta, fragmentada, donde nadie, mucho menos los jóvenes, serían capaces de ver de principio a fin un videoclip de tres minutos, del autor o género que fuera. A lo largo de varias décadas MTV fue escenario de momentos icónicos en la historia de la música rock y pop (y todo de lo que ello se deriva). Segundos antes de terminar su presentación en 1984 en los premios MTV, interpretando “Like a Virgin”, Madonna abrió las piernas y ni ella ni el mundo de la música volvieron a ser lo mismo. Otro momento cismático fue la presentación de “Thriller”, no sólo por su éxito legendario sino porque después de muchas horas de transmisión, MTV presentaba por fin un artista negro; Michael Jackson abrió la puerta para otros. Una de las cosas más interesantes de MTV, fue el fulgor que cierta disidencia, independencia y valor inclusivo emanaba de su programación. El ingenio de sus gráficos influyó a toda una generación de artistas, cineastas y pintores. En los noventa, MTV comienza a transformarse para bien y para mal. Por un lado se había creado un estilo MTV, que era un estilo de vida, incluso de disidencia. Con justa razón, durante mucho tiempo se pensó que la película Kids (Larry Clark, 1995)
elegiría presenciarlos en su origen, en aquel colosal televisor que reaparece en mis sueños, expectante por el mundo que estaba por abrirse ante mis ojos… por conocer los rostros de algunos artistas de los que sólo conocía su manera de interpretar. Lo que por nada del mundo quiero presenciar es el instante en que la eutanasien, a la joven edad de cuarenta y cuatro años, muy probablemente al ritmo de “Internet Killed Video Star”, de The Limousines, rola de hace quince años y cuyo divertido video representa un asalto zombie que nos hace pensar, simultáneamente, en Thriller y en George Romero. Al final, spoiler, los zombies se suicidan l
había sido hecha por MTV. No fue así, pero para cierta juventud de los noventa el espíritu nihilista de Kids era el de Music Television. Quizá el momento más importante de esa década fue el Unplugged de Nirvana, con un Kurt Cobain quebrado, tocando como un iluminado, con una voz de ruiseñor dopado, suicidándose algunos meses después, a los veintisiete años, ingresando así al macabro “club de los 27”. De ese unplugged no sólo quedó el concierto sino la prenda más icónica de la historia del grunch o acaso de la historia del rock. Ese cardigan mugroso de Kurt, entre verde y gris, con marcas de cigarro y que no se quitaba ni para bañarse (bueno, es un decir) ya es parte de la cultura underground del siglo veinte. Sin embargo, en los noventa, con sus oráculos del marketing, MTV sabía que era preciso adaptarse a nuevas audiencias y le entró sin miedo a la producción de telebasura, con programas de concursos, de chismes, reality shows desvergonzados, que la verdad, con la debacle actual del medio, no fueron tan malos. El fin de MTV tiene un gran significado, no sólo para la industria de la música sino para entender a las nuevas audiencias. Hoy, mil veces mejor una rápida probada de Peso Pluma con sus joyas, sus mujeres y su improbable música. Reina una forma de percibir todo fragmentariamente. Y no es una sana rebeldía contra la unidad versus fragmento, no, esta es la triste catástrofe de la concentración. ¡A cobrar, TikTok! Y que nadie acuse al fragmento, que no tiene la culpa de la pandemia de mentiras de las redes; sólo recordemos “el fragmentito” de Roland Barthes: “El fragmento es el único modo de decir la verdad, porque no pretende poseerla.” A diferencia de los influencers. En fin, buenas noches MTV l
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SÁNDOR MÁRAI Y EL FUEGO DE LA MEMORIA U
El último encuentro, Sándor Márai, Penguin Random House, México, 2025.
Rodrigo Solano ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
na mañana fría en un bosque verdusco de una vieja Hungría, un hombre duda en abandonar para siempre a su amigo del alma para ir a una tierra extranjera, en la que intenta escapar de esa “tragedia” de querer ser otro. Es el conflicto que mueve esta obra de Sándor Márai, quien vivió en un exilio constante, luchando contra los fantasmas del totalitarismo europeo, y con el que, en El último encuentro (1942) revive el conflicto entre dejar ir un pasado en el que hay orden y sentido para él, y aspirar a uno totalmente desconcertante. A mitad de la segunda guerra mundial, Sándor Márai se encontraba en su etapa más prolífica como escritor. Fue en 1942 cuando escribió El último encuentro, donde narra la historia de la colisión de dos ancianos, amigos de juventud, tras casi medio siglo de no verse, con un propósito particular: sanar viejas heridas y revelar, por fin, unos cuantos secretos. Página a página se revelan detalles valiosos para entender el distanciamiento, los cuales son al final las respuestas que brindarán paz al corazón de Hendrick, un burgués que, al igual que Márai, nació en el ocaso de una época. Cuatro décadas ha esperado Hendrick para hacerle dos preguntas específicas a Konrad, un estudiante militar con afinidad por la música y que vive descontento con la vida que le tocó vivir, quien busca anhelante la libertad. Sin las respuestas, el protagonista no podrá morir en paz. En El último encuentro hay mucho diálogo hasta alcanzar un tono teatral, que permitirá siempre al lector sentir las llamas cálidas de la chimenea frente a la cual hablan Hendrick y Kónrad sobre Krisztina, la mujer en discordia, la razón de la disputa que ahora se da a través de un juego de silencios y de espacios apenas iluminados por el fuego de la memoria. Márai habla de Kónrad y de Hendrick en reiteradas ocasiones como sobrevivientes, aquellos que lograron evadir el crudo paso del tiempo sólo para completar una tarea, porque los mueve un propósito en la vida, sobre todo a Hendrick: la venganza. “Quien sobrevive al otro siempre es el traidor”, dice este último. “Hubo un mundo por el cual valió la pena vivir y morir. Aquel mundo murió”, sentencia el “Erasmo de los Balcanes”, como le puso el asceta Gyorgy Rónay. Ese mismo mundo terminaría empujándolo al suicidio, un día de 1989, en San Diego, Estados Unidos. Finalmente, Hendrick es acorralado: recibe una ráfaga de argumentos que su hospedador ha guardado, encerrándose en la más fría soledad, para un final que recuerda que la amistad verdadera traspasa toda distancia y tiempo, pero que ninguna es inmune a la traición y a los secretos. “¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión?”, implora Hendrick, esperando una mínima respuesta a la segunda y única pregunta y que tiene por formular. Sándor atrapa desde el principio al lector, las palabras destejen el relato y no se entregan a la primera. El relato es todo un estado anímico de la decadencia de los valores occidentales en la post-
guerra. Al englobar en sus personajes la vida personal y el fin de una época en la Europa Central, Márai consolida personajes vivos y humanos cuyo drama se concentra, como un punto de equilibrio, en la nana nonagenaria que se encuentra reviviendo el salón en el que alguna vez tres amigos cenaron por última vez juntos. Márai se erige en El último encuentro como un escritor crepuscular, que teje lentamente la memoria de una generación que, en la conciencia de saberse extinta, decide pausar los últimos minutos y segundos para recordar larga y tendidamente lo que se amó y no volverá pero, sobre todo, que la amistad es algo sagrado y hermoso. “¿Quieres que todo sea como antaño?”, expresa el así llamado “último burgués”, una pregunta que al final tiene una respuesta vaga e igualmente pesimista: “Sabes que es así.” l
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12 28 de diciembre de 2025 // Número 1608
Kiosco
Qué leer/
Los irresponsables, Sarah WynnWilliams, traducción de Gemma Deza Guil y Ana Camallonga, Ariel, México,
13 maneras de ver la IA, el arte y la música,
Jennifer Walshe, traducción de Clara Ministral, Ediciones Alpha Decay, España, 2025. Los editores coligen: Walshe trasciende la descripción técnica para ofrecer una afilada crítica cultural. Su análisis revela las estructuras de poder, los intereses económicos y los sesgos que se esconden tras la promesa tecnológica, de manera que arma al lector con las herramientas intelectuales para navegar este nuevo territorio y cuestionar nuestro papel en él. Versa sobre la inteligencia artificial.
Dublineses,
James Joyce, traducción de Javier Calvo Perales, Austral, México, 2025.
2025. SARAH WYNN WILLIAMS, una joven diplomática neozelandesa, decidió en 2009 dar un giro a su carrera y postularse a un trabajo en Facebook, directamente con “el líder”, Zuckerberg. Pero, al escalar en la jerarquía, se dio cuenta del tremendo error cometido. Este libro, una comedia disparatada con tintes trágicos, da cuenta de la vida en las más altas esferas y de la mentalidad despiadada que ha gobernado las grandes empresas tecnológicas. Escrita en forma de memorias, narra situaciones absurdas vividas por la protagonista mientras Facebook intenta expandirse alrededor del mundo: habla sobre las terribles matanzas en Myanmar provocadas por la obsesión de Meta por crecer sin parar. Este libro es ante todo una mirada privilegiada al mundo de los tecnooligarcas y un retrato despiadado y certero de la hipocresía, insensatez y ligereza con la que se toman las grandes decisiones que condicionan la vida de miles de millones de personas.
Dónde ir/ El jardín de Velasco.
LA PRIMERA GRAN obra de Joyce, escrita con sólo veinticinco años, dio a conocer su ciudad al mundo. Sus quince relatos se basan en la riqueza de detalles de la vida dublinesa, retratando vidas cotidianas, a menudo derrotadas, con un realismo implacable. Escribe sobre la decadencia social, el deseo y la explotación sexual, la corrupción y el fracaso personal, creando una visión brillante, cautivadora y única del mundo y de la experiencia humana.
SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
El gran teatro del mundo.
Dramaturgia de Pedro Calderón de la Barca. Adaptación y dirección de Andrés Carreño.
Con David Barrera Bautista, Tamara G. Cano, Rosa Luna, Paulina Márquez, Marlon Perzabal y René Segreste. Explanada del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, Ciudad de México). Hasta el 15 de febrero de 2026. Sábados y domingos a las 11:00 horas. AFIRMA EL EDITOR Enrique Rull que El gran teatro del mundo demuestra la pericia de Pedro Calderón de la Barca en géneros dramáticos tan diferentes como el auto sacramental, la comedia filosófica y el drama de honor. Representado y traducido innumerables veces, en todo tiempo y lugar, este auto sacramental ha superado los condicionamientos estéticos de la época en que fue escrito, para extender con fuerza un mensaje conocido desde los clásicos latinos: la vida no es más que una representación en la que nuestro papel está determinado y en la que lo importante es “obrar bien.” l
Curaduría de María Elena Altamirano Piolle. Museo Kaluz (Hidalgo 85, Ciudad de México). Hasta el 25 de mayo de 2026. Miércoles a lunes de las 10:00 a las 18:00 horas. DIJO MARÍA ELENA Altamirano Piolle, bisnieta del artista, quien durante años se dedicó a reunir, conservar e investigar el pulcro archivo familiar: el Acervo José María Velasco está integrado
En nuestro próximo número
SEMANAL
por más de 2 mil 500 piezas inéditas –pinturas, libretas, bocetos, cartas, manuscritos, libros y objetos personales– que revelan al creador desde su faceta naturalista, científica y artística hasta su vida íntima. El título de la exposición, El jardín de Velasco, alude al Valle de México como su territorio de estudio y contemplación, un espacio donde arte y conocimiento se entrelazaron en la mirada del pintor. Desde sus apuntes botánicos hasta sus grandes paisajes, la naturaleza fue el centro de gravedad de su producción.
VALERIO MAGRELLI Y LOS OJOS DE LA POESÍA
Arte y pensamiento
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s 1. Fata Morgana, 1941. 2. La jungla, 1942-43.
3. Gran composición, 1949.
Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx
Wifredo Lam, el poeta visual de la negritud
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l Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) presenta la más extensa y relevante exhibición a la fecha en Estados Unidos del artista cubano Wifredo Lam (1902-1982), figura central del modernismo internacional, hoy revisitado a través de una mirada crítica que coloca su arte en el centro del debate de uno de los temas más álgidos de nuestro tiempo: la descolonización y la potencia universal del arte negro. Lam ha sido un artista de difícil clasificación, como afirma su hijo Eskil: “Mi padre era famoso y a la vez desconocido”, refiriéndose precisamente a las muy diversas líneas de interpretación de su vasto cuerpo de obra, pues comúnmente se le ha encasillado en el surrealismo, etiqueta que siempre refutó a pesar de su cercanía con el movimiento, como lo expresó al crítico de arte Gerardo Mosquera: “El surrealismo me facilitó una apertura, pero yo no he pintado de una manera surrealista, sino que le fui dando una solución al surrealismo […] Aquí en Cuba había cosas que eran surrealismo puro. Por ejemplo, las creencias afrocubanas: en ellas podía verse la poesía conservada en un estado mágico, primitivo.” La magna exposición reúne alrededor de 130 obras que ilustran su trayectoria artística, desde sus inicios en la Escuela de San Alejandro, en La Habana, siguiendo su periplo en España, donde
llegó a los veintiún años con una beca para continuar sus estudios académicos. Cuatro años más tarde, a consecuencia de las dificultades económicas en Cuba, pierde su beca pero no el ímpetu de seguir adelante en su descubrimiento del arte europeo que absorbe con gran avidez. A raíz de la pérdida de su mujer e hijo por tuberculosis, y con el estallido de la Guerra Civil en 1936, se une a las fuerzas republicanas al lado de sus amigos artistas e intelectuales, hasta el triunfo de Franco cuando, destrozado moralmente, busca refugio en Francia. Su estancia parisina de dos años es crucial en términos de aprendizajes y experiencias al lado de los artistas más importantes del momento como Picasso, con quien teje una estrecha amistad, y el círculo de surrealistas capitaneados por Breton. Tras la entrada del ejército nazi a París en 1940, huye nuevamente, esta vez a Marsella con el grupo surrealista para embarcarse hacia América. Este corto período al lado de Breton, Víctor Brauner, Óscar Domínguez, Max Ernst, Jacqueline Lamba, entre otros, marca un parteaguas en su creación debido a su incursión en la pintura automática y el dibujo colectivo de cadáveres exquisitos, prácticas que lo llevan a internarse en la exploración del subconsciente. Es así como, a su regreso a Cuba después de dieciocho años, comienzan a aflorar
los recuerdos, vivencias y sueños de la infancia en Sagua la Grande, y experimenta el redescubrimiento y asimilación de sus raíces multiculturales, herencia de su padre de origen chino y su madre de descendencia africana y española. La catarsis existencial sienta las bases para la construcción de su muy personal lenguaje visual, resultado de una hibridación de referencias a sus raíces culturales y de la exploración de los laberintos oníricos de la religión afrocubana, que dan lugar a la exaltación de su cubanidad, en el más profundo sentido del término. En 1942 pinta su obra maestra La jungla, un compendio de imágenes de sensualidad exaltada y profunda ambigüedad poética, que sintetizan a un tiempo el drama y la exuberancia de la comunidad negra en Cuba, lo que lo lleva a sostener en repetidas ocasiones: “Mi pintura es un acto de descolonización, no en sentido físico sino mental.” Cuando no duermo, sueño es el sugerente título de esta muestra que evoca el sueño de reivindicación del poder y reconocimiento de las raíces negras de este artista que supo fusionar la sofisticación de un lenguaje visual plenamente moderno y el culto a lo ancestral, desde sus raíces más hondas, para crear un arte excepcional en el que la realidad y el imaginario se entreveran en un canto poético l
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LA JORNADA SEMANAL
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Arte y pensamiento
Galería José Rivera Guadarrama Matadero Madrid, vanguardia en el fomento del arte Biblioteca fantasma/ Evelina Gil
El paraíso imposible JOSÉ IGNACIO VALENZUELA (Santiago de Chile, 1972) es un prolífico y querido autor de novelas y telenovelas, aunque son muy pocos los que se interesan en indagar quién o quiénes están detrás de sus series favoritas, por exitosas que sean. Pues bien: Valenzuela es el creador de productos como La casa de al lado, Santa diabla y, más reciente, en Netflix, ¿Quién mató a Sara? En su faceta como novelista replica sus virtudes como guionista: imaginativo, intenso, hábil para orillar la intriga y el suspense. Lo poco que recuerdo (Ediciones B, 2025), su más reciente novela, transcurre con rapidez hipnótica gracias a la ágil narrativa y la brevedad de sus capítulos. Es difícil determinar qué apellido brindarle pues, si bien aborda una historia de amor, ésta es harto problemática y forma parte de una torcida maquinación que incorpora experimentos científicos, expedientes médicos, terroríficos secretos familiares, traiciones y otras cosas que la vinculan con el horror y a la ciencia ficción. En vista de que la contratapa ofrece muy escasa información y la narración presenta volteretas constantes, la sensación de acecho y sorpresa prevalece durante la lectura. Todo comienza con Elena Hausser, joven científica y heredera convencida de haber encontrado a su príncipe azul, el restaurantero Daniel Cano, con el que contrae matrimonio al muy poco de conocerse. Líneas más adelante, Elena es inexplicablemente agredida por unos intrusos, en su propia casa, lo que la deja al borde de la muerte. Una vez superado el trance, sigue a regañadientes a Daniel cuando éste insiste en regresar a su pueblo natal, el ficticio Pinomar. Pinomar es un lugar paradisíaco, tanto, que Elena no entiende su propia renuencia a regresar a la casa que le devuelve visiones y aromas de una infancia. Lo entiende hasta que se topa con situaciones más que anómalas: la extraña actitud de Begoña, su antigua niñera, que no manifiesta ninguna emoción hacia ella, por no mencionar el espanto que
reflejan los rostros de los habitantes de la pequeña ciudad cuando se la topan en la calle. Elena no tiene la menor idea de lo que ocurre, y nadie, ni siquiera Begoña, es capaz de despejar sus múltiples dudas. Conforme transcurren sus días en aquel lugar que solía recordar con cariño, Elena empieza a sufrir una serie de “flashazos” protagonizados por su padre, el doctor Josef Hausser, quien languidece en la ciudad donde ella fue atacada, lo que la lleva a dudar de sus propios recuerdos. “¿Puede un lugar ser realmente tan perfecto o es sólo una ilusión construida con infinita premeditación?” Casi al mismo tiempo que regresa Elena, llega un forastero a Pinamar: un músico de nombre Brian que, a diferencia de Elena, quien incansable hurga en el pasado, viene huyendo del suyo. Sólo alguien que llega comenzando de cero podría acercarse sin miedo a la científica y, aunque ello implique meterse en líos, se propone auxiliarla a levantar la losa sobre su memoria. Pero lo más probable es que a Elena no le guste lo que encontrará en esa habitación cancelada que su padre le prohibió transgredir de niña: el recuerdo más claro que conserva de su progenitor. Lo poco que recuerdo es una novela apabullante, que le hace creer múltiples hipótesis al lector sin permitirle ganar sus apuestas. Valenzuela juega de maravilla con las cartas de su truculenta imaginación, disfruta hacer que su lector deambule a ciegas y tropiece cada tanto. Resultado: es imposible soltar la historia, pues cualquier cosa puede suceder, incluso la más perversa y cruel traición; la necesidad de que alguien pague viejas cuentas aunque sea inocente; la posibilidad de una resurrección, una fabricación inducida de recuerdos… Valenzuela se caracteriza asimismo como un espléndido diseñador de personajes que, por insólitas que sean sus circunstancias, siempre convencen, y de tan ingeniosas quedan fijas en la mente. Esta, en particular, es una de sus más arriesgadas y pesadillescas historias l
NO ES NECESARIO construir nuevos espacios para generar y disfrutar del arte, lo importante es rescatar los sitios abandonados o fuera de uso donde puedan desarrollarse nuevos proyectos de creación, difusión y divulgación. La apropiación de espacios en desuso permite establecer fuertes y positivos vínculos sociales, que además generan otros contextos y significados de transformación, dotándolos de mayor riqueza y cohesión. Un claro ejemplo es el recién creado centro cultural Matadero Madrid, España, un recinto surgido en 2006 que tiene el objetivo de fomentar y generar expresiones de arte actual, contemporáneo. Fue establecido en el antiguo matadero y mercado de ganados de esa ciudad, además de que es un lugar de gran valor patrimonial y arquitectónico. Así se demuestra que no es necesario que los recintos culturales estén ubicados o construidos en espacios suntuosos, solemnes o sacros, ya que el verdadero sentido se lo dan los usuarios, los creadores, los hacedores y visitantes, haciéndolo suyo, y esto implica una ocupación mediante la cual se va creando un significado. También forma parte de una importante descentralización artística, pues se encuentra alejado de los más conocidos recintos culturales del centro de Madrid, como el Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Banksy, o el Thyssen-Bornemisza, y esta propuesta también es parte de una intención de llevar el arte a otras configuraciones, a explorar otros formatos contrarios a los ya instaurados. Desde la psicología, el concepto de apropiación se puede rastrear en las concepciones marxistas aportadas por los soviéticos Lev Vigotski y continuada por Aleksei Nicolaevich Leontiev, quienes entendían que la apropiación es un mecanismo básico del desarrollo humano, generando una construcción sociohistórica de su contexto, que derivará en la construcción de los significados de lo real. Así, este lugar no nació concebido para fomentar el arte, bajo ninguna circunstancia fue creado para tal propósito, al contrario, su uso era por parte de sectores de la clase trabajadora, su nombre lo indica: era un matadero municipal ubicado en el barrio de Legazpi, también conocido como Matadero Municipal de Arganzuela, un conjunto de cuarenta y ocho edificios dedicados a realizar funciones de matadero industrial y mercado de ganado en la ciudad de Madrid durante el siglo XX. También funcionó como centro de reclusión y clasificación de mendigos luego de la Guerra Civil. A pesar de su cambio radical, mantiene su arquitectura neomudéjar original, que no ha sido remodelada o adaptada para aparentar un lugar más apto para el arte. Este recinto conserva los enormes espacios al aire libre, dotándolo de mayor dinamismo, con extensos pasillos por donde se pueden recorrer todas las áreas que lo conforman. Es en sus diferentes naves en donde se desarrolla una extensa programación artística compuesta por exposiciones, teatro, festivales, música en vivo, cine, proyectos audiovisuales, conferencias, conversaciones, talleres y residencias para artistas, además de distintos programas educativos y actividades para el público. Esto no quiere decir, bajo ninguna circunstancia, que Matadero Madrid sea un espacio divergente, marginal o disruptivo, más bien se propone como un espacio para la conversación y el debate, en donde se busca promover el pensamiento crítico y contribuir a la renovación de las ideas y lenguajes estéticos. Es concebido como un radar atento para reaccionar con flexibilidad a los retos sociales frente a los que la cultura se activa como herramienta de cambio; en definitiva, reivindica el experimento como instrumento indispensable para la emergencia de una nueva cultura l
Arte y pensamiento
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s Imagen:
Alonso Arreola.
Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista
Adiós, querida Mónica CUESTA TRABAJO escribir estas líneas. La noticia rompió la tarde de ayer, vestida de maremoto (no podía ser de otro modo). “Ha muerto Mónica Maristáin”, nos escribieron. Hace meses que no la veíamos, pero eso nunca hizo falta a nuestro cariño. La amistad que pergeñamos lo resistió todo. Ni las discusiones apasionadas, ni los malos entendidos; ni sus berrinches ni los nuestros acabaron con lo construido hace veinticinco años, cuando la integramos a la revista musical que editábamos para Tower Records. “Che, estoy buscando al editor de Latin Pulse”, dijo mientras asomaba la cabeza por el marco de la puerta. “Represento a una artista que tenés que escuchar”, agregó con acento recién llegado. No imaginábamos que así comenzaría una complicidad compleja y maravillosa en la que ella, sin duda, sería la más activa y generosa. Eso reconocemos hoy, conscientes de que una parte fundamental de nuestra vida se ha ido con la suya. Fue en aquellos días cuando, luego de conocer su experiencia como periodista cultural y deportiva, terminamos por contratarla para infortunio de las disqueras que se incomodaban con su valentía tras bambalinas; con sus preguntas en las conferencias de prensa; con sus giros durante las entrevistas; con sus crónicas y reseñas, tan duras y atinadas. A nosotros, claro, nos gustaba su provocación pues tampoco gozábamos de popularidad entre quienes buscaban imponerse sobre nuestra cofradía alternativa. En Argentina ella había publicado revistas radicales como La Contumancia; aquí nos aliábamos con fanzines del jazz underground o planeábamos portadas con los artistas más improbables. Luego vendrían los años de Mónica en Playboy, adonde nos invitó a colaborar. Vendrían sus libros sobre futbol (para uno escribimos el prólogo). Llegaría su amistad con Roberto Bolaño y la publicación de la última entrevista que diera el escritor chileno, lo que le trajo a Maristáin orgullo y celebridad. Vendrían tomos de poesía como Drinking Thelonious y conversaciones en medios variopintos. De allí su libro Mexicanos ejemplares, en el que nos incluyó por amor más que por justicia. Qué tristeza. Tecleamos estas líneas sin conocer la causa de su partida. Justo ahora le practican la autopsia de ley. Así es. La están desmontando a Mónica Maristáin. Lejos del morbo y de ese cuerpo con el que batalló tanto, lo pensamos por su integridad; porque parece imposible dividir su apasionada curiosidad por las cosas del mundo... Nos hubiera encantado conocerla de vieja. Sabemos que la encontraron sola, en su habitación. A últimas fechas estaba deprimida por el deceso de la hermana más querida. Contrasta, empero, el efecto de su muerte en la comunidad periodística, literaria y musical. Si pudiera verlo regalaría lágrimas como las nuestras. Todos se han volcado con fotografías y recuerdos que elevan su estadía... Cosa del destino: apenas en la última Feria del Libro de Guadalajara Mónica presentó su libro Leeré hasta mi muerte. ¿Quién lo diría? Apelando a su relación con la poesía y los autores que amaba, dijo que podía “morir tranquila” gracias a lo que había leído. Que así haya sido, querida. Finalmente, lectora, lector, búsquela en YouTube poniendo su nombre o sustituyéndolo por Maremoto Maristáin. Mire esa cara redonda y bella. Los ojos almendrados que tantas veces entornó para no recurrir al insulto, o para recordar algo con gozo aniñado mientras apretaba los labios juntando las manos. Escuche esa risa explosiva; esa mente juguetona. Entenderá entonces que aquí nos detengamos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.l
s Foto tomada de: https://
www.gob.mx/cultura/ prensa/claudia-curiel-deicaza-presenta-el-balancecinematografico-2025
Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars
Lo que fue y lo que será A MEDIADOS DE este mes, Claudia Curiel, secretaria de Cultura federal; Daniela Alatorre, directora del Instituto Mexicano de Cinematografía; Marina Stavenhagen, directora de la Cineteca Nacional, Dinorath Ramírez, directora del Centro de Capacitación Cinematográfica, y Christian Calónico, director de Estudios Churubusco, ofrecieron una conferencia de prensa conjunta, ejercicio inédito hasta ahora. El propósito fue hacer el balance cinematográfico de este 2025 que se extingue y presentar los planes para 2026. En cuanto a lo primero se presentaron algunas cifras concretas, verbigracia que el 35 por ciento de la programación de la Cineteca Nacional consistió en cine mexicano, aunque sólo 16 por ciento de la asistencia total, así como que este fue año récord de proyectos apoyados por el Imcine a través del ECAMC o Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes. Por otra parte, Fomento al Cine Mexicano –Focine, el sustituto de los desaparecidos fideicomisos Fidecine y Foprocine– dispuso de más recursos en la mitad de sus modalidades. Se anunció que el Eficine o Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión para la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional, aumentará de 20 a 25 millones de pesos de monto máximo para cada proyecto en producción, y de 2 a 3 millones de pesos en distribución. También se dio cuenta del convenio firmado por el CCC y la Secretaría de Educación Pública para la certificación de toda la oferta académica del Centro. En cuanto a planes para el próximo año, se anunció que en febrero próximo el Congreso de la Unión recibirá el proyecto de una nueva Ley Federal de Cinematografía, a decir de la secretaria de Cultura, como resultado de la consulta y el cabildeo con los diversos sectores que integran la comunidad fílmica nacional. Se invertirá en la modernización de los Estudios Churubusco y continuará la preservación de los acervos. “Jamás todos van a estar contentas ni contentos”, dijo irrebatiblemente la secretaria, “pero estamos aquí para dialogar […] se están
haciendo trabajos de democratización y mejoramiento de las convocatorias”, siguió, a propósito de las sempiternas quejas por los montos y las maneras en que son repartidos los apoyos a la escritura, la producción y la distribución cinematográfica, y volvió a tener la razón cuando dijo que “hace falta trabajar y todo es perfectible”. No se necesita una bola de cristal para saber lo que sucederá: quienes aspiren y suspiren por apoyo seguirán diciendo que los recursos deberían ser mayores, que no están bien repartidos, que siempre se le da a los mismos, etcétera. La nueva Ley, de la que este juntapalabras ignora el contenido y desconoce si alguien, aparte de las autoridades, ha tenido acceso al proyecto, tampoco dejará contentos a todos y casi de inmediato se hablará de la necesidad de una nueva legislación.
“Estoy en el rincón de una taquilla...” NO SE DIRÁ aquí que los incrementos económicos, la apertura de nuevos espacios como la Cineteca Chapultepec, la democratización de los apoyos o el establecimiento de convenios interinstitucionales está mal, pero tampoco dejará de señalarse que en el fondo de todos esos planes está la continuidad y no la transformación: más de esto, más de aquello, con lo cual dentro de un año lo único que cabe esperar es un aumento en el número de espectadores en la Cineteca, proyectos financiados, matrícula escolar, producciones en los Churubusco, y párele de contar. No estará mal si lo que se quiere es ir mejorando, aunque sea a cuentagotas, pero a final de cuentas será otro año de sinonimia entre lo que fue y lo que será, particularmente relativo a la desproporción abismal que separa al cine nacional del extranjero, sobre todo el estadunidense. Una vez más: si la dinámica de distribución y exhibición no se transforma en otra cosa, si no se reduce al menos el verdadero poder a los dueños de casi todas las pantallas, el cine mexicano seguirá en el rincón de una taquilla l
LA JORNADA SEMANAL
16 28 de diciembre de 2025 // Número 1608
Mario Bravo
“Sentir con las palabras”
Un tenor mexicano en Berlín El tenor mexicano Andrés Moreno (Nuevo León, México, 1993) actualmente es solista en la Staatsoper Unter den Linden, una de las principales casas de ópera europeas, ubicada en Berlín. Graduado como licenciado en Música por la University of Hartford y maestro en dicha área por Yale University, desde Alemania este artista neoleonés charla con La Jornada Semanal.
Entrevista con Andrés Moreno
“D
esde mis cinco o seis años de edad, cada domingo, mi papá solía llevarnos al centro de Monterrey. Allí vendían instrumentos musicales de madera, regionales, así que él, de vez en vez, me pedía que eligiera uno, me lo compraba y yo me vinculaba con tal instrumento durante toda la semana: un flautín, una guitarra o un pandero… A partir de esa etapa, la música estuvo presente en mi vida”, evoca Andrés Moreno.
Mariachi y ópera ‒¿Cuál fue el basamento familiar en que se encaminó hacia el arte? ‒Por el lado paterno, resalto la música de mi abuelo Florencio Romero Bravo. Él sufrió pobreza extrema y, a pesar de los obstáculos, ingresó al Conservatorio Nacional de Música en el entonces Distrito Federal. Durante un año, aproximadamente, asistió a clases de canto. Su talento fue tanto que llegó a ser impulsado por Agustín Lara como su coach al piano; lamentablemente, la necesidad económica le obligó a seguir trabajando y así dejó de lado sus sueños. En Navidad nos juntábamos con la familia y mi abuelo sacaba la guitarra para cantar con nosotros. Gracias a él aprendí bastante repertorio mexicano. En esas épocas, yo asistía al Colegio Regiomontano Contry y allí organizaban festivales musicales, en los cuales interpreté temas que él me enseñó. Desde entonces, en mí se encendió la luz de querer ser cantante, aunque aún no imaginaba que me inclinaría hacia la ópera. En mi adolescencia ingresé en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey: mi audición fue con mariachi, mientras los demás postulantes (más preparados y mayores en edad que yo) lo hacían con música clásica. Normalmente, allí aceptan alumnos a partir de los diecisiete años de edad; yo contaba dieciséis, pero sentía muchas ganas de salir adelante y de mejorar mi voz al estudiar. Un hilo ató al otro: desde la infancia escuché las canciones de mi abuelo, canté con mariachi, y así arribé al mundo de la ópera.
La punta del iceberg
s Andrés Moreno en La Bohème. Foto tomada de: https://
www.facebook.com/photo.php?fbid=10160836627556210 &set=pb.576451209.-2207520000&type=3
‒¿Cómo es el entrenamiento de un tenor? ‒El canto operístico exige ser un atleta: necesitas coordinación vocal y corporal, así como ejercicios de respiración y entrenamiento. Tu voz cambia conforme creces y maduras; por tal razón, el repertorio musical también se modifica. Nunca concluye el estudio. Realmente somos atletas: simultáneamente, en un escenario debes actuar, algunas veces bailar, brincar y cantar. Eso requiere de mucha condición física. Normalmente, con doce meses de anticipación, uno sabe cuál será el calendario del próximo año; por lo tanto, debes preparar tus roles y el idioma, además de leer y estudiar el libreto. Hay muchísimo esfuerzo antes de arribar a la punta del iceberg: el escenario.
‒¿En dónde localiza el placer de su actividad artística? ‒En cierta ocasión viví una experiencia muy grata: la primera vez que canté con Plácido Domingo, aquí en Berlín, al hacer Macbeth. Al final de esa ópera muere Macbeth, interpretado en esa oportunidad por Plácido Domingo. Recuerdo que él estaba en el piso, le ayudé a levantarse… y, en ese momento, vi que lloraba. Me abrazó fuertemente y me dijo: “Andrés, el canto es sentir con las palabras.” Quedé impactado y recordé por qué hago lo que hago. A nosotros se nos dio un regalo, el cual debe ser compartido con la gente. Alguna vez, el gran tenor mexicano Javier Camarena dijo: “Cuando estás realmente preparado, entonces, disfrutas completamente la función.”
Hambre de ópera ‒Culturalmente, usted se formó en la sociedad neolonesa. ¿Cómo ha sido conocer otros países y sus modos de comprender no sólo el arte, sino la vida? ‒Fuera de México hay demasiado: el último censo realizado en Estados Unidos arrojó que setenta o setenta y cinco por ciento de la ópera mundial está en Alemania. Vivo en Berlín y miro que aquí existen tres casas de ópera en una sola ciudad (pertenezco a una de ellas), además de contar con una sala de conciertos y la Filarmónica de Berlín. ¡Tanto en una sola urbe! En Europa, la cultura es abarcadora. Eso me impactó de Alemania: todos los días hay actividades culturales. Lo mismo sucede en Estados Unidos; allí poseen el cinco o seis por ciento de la ópera mundial, lo cual es muchísimo. En México se hace lo que se puede. Durante el verano de 2025 estuve en Monterrey y realicé dos conciertos en una Gala de Ópera. ¡La gente tiene hambre de estos eventos! La estirpe, los sueños… ‒Florencio, su abuelo, ¿habrá intuido el destino artístico de su nieto Andrés? ‒Murió cuando yo tenía catorce años de edad; sin embargo, siento que, hoy por hoy, estaría muy contento y orgulloso: ¡realicé aquello que él no pudo conseguir! l
El último censo realizado en Estados Unidos arrojó que setenta o setenta y cinco por ciento de la ópera mundial está en Alemania. Vivo en Berlín y miro que aquí existen tres casas de ópera en una sola ciudad (pertenezco a una de ellas), además de contar con una sala de conciertos y la Filarmónica de Berlín.