Carlos Monsiváis y el hábito de leer Leopoldo Cervantes-Ortiz Epitafio para todas las páginas Hermann Bellinghausen La gentrificación del taco Luis Miguel Quijada
J.M.G. LE CLÉZIO:
LA ESCRITURA Y LA EXPLORACIÓN DEL COLONIALISMO Aysegül Sert
SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE DE 2026 NÚMERO 1647
Editorial
Córdula
J.M.G. Le Clézio: la escritura y la exploración del colonialismo
Francisco Segovia
También el hijo del feroz rey de Inglaterra ‒el dulcísimo príncipe Etéreo‒ vio cómo casi se azolvaba el Rhin
e gusta trabajar sobre un manuscrito, me gusta el tacto del papel, me gusta empuñar el bolígrafo, la fluidez de la tinta…” Así lo expresa, en la entrevista que ofrecemos a nuestros lectores, el novelista, ensayista e investigador histórico JeanMarie Gustave Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008, autor con casi una cincuentena de títulos, como El diluvio, El atestado, Revoluciones, Desierto y La música del hambre, entre muchas otras novelas; Mondo y otras historias, entre sus libros de relatos; Hacia los icebergs y El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido entre sus ensayos, así como libros de viaje y autobiográficos. No exento de polémica, desde sus inicios como escritor Le Clézio fue reconocido como un innovador literario –Michel Foucault se cuenta entre quienes lo elogiaron–, lo mismo que alguien interesado y comprometido con el humanismo en su expresión más amplia. Constantemente entre la ficción, la autobiografía y el dato histórico, la escritura de Le Clézio es fruto de la pausa y la reflexión profunda, como lo indica su preferencia por la escritura a mano, de un modo que hoy pareciera en declive o en franca extinción.
“M
entre tantos barcos atracados en el puerto cómo casi encallaba en los escollos y arrecifes que formaban los cadáveres deshechos por las quillas de los cascos.
Córdula también vio cómo se demoraba el agua ahogada entre los cuerpos semihundidos de Úrsula y su hueste de vírgenes doncellas
¿Que acaso la cobardía era un pecado
asaeteadas degolladas rotas por los hunos
que no exculpaba su condición de moza
de sacrílegas flechas.
adolescente casi niña? ¿Que haber visto aquel horror la señalaba
El príncipe Etéreo de Inglaterra
la culpaba y condenaba?
no huyó no se ocultó. Se unió al martirio de las mozas
Esa madrugada
con otros pocos santos: Ciríaco
en los muelles donde el alba
de reciente renuncia al sitial de Pedro
sacaba de la noche los reflejos rojos
(borrado luego de la lista de los papas)
malvas y violáceos
el cardenal presbítero Vicente
de las húmedas baldosas
un tal Santiago arzobispo de Antioquía
Córdula ofreció el valiente pecho
los obispos de Rávena Luca y Lavicana
de pechos incipientes
‒hombres todos mencionados por su nombre
al bárbaro puñal de los paganos …
entre miles de doncellas sin nombrar … No murió con el rebaño inmaculado Córdula en cambio se escondió
de Úrsula y Gerásima en Colonia.
en algún recóndito rincón de la bodega de algún barco.
Su muerte por eso
¿Qué pensaría esa noche qué sentiría
se conmemora aparte
Córdula apretando los dientes
como si fuera una rareza
y abrazándose las piernas con los brazos?
morir un día después.
PORTADA: Collage: Rosario Mateo Calderón.
SEMANAL
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La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
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La Jornada Semanal | 27 de septiembre de 2026 | Número 1647
EN LA CULTURA MEXICANA DEL SIGLO PASADO, LA OBRA DE JOSÉ ANTONIO ALCARAZ (1938-2001), EN RENGLONES TAN DIVERSOS COMO LA MÚSICA, EL TEATRO, LA NARRATIVA, EL CINE Y LA CRÍTICA, ES SIN DUDA DE GRAN RELEVANCIA, COMO LO FUE SU ACTIVISMO POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS HOMOSEXUALES EN NUESTRO PAÍS: “FUE ALCARAZ QUIEN ABRIÓ BRECHA, INDUDABLEMENTE, PARA QUE LA HOMOSEXUALIDAD DEJARA DE SER MARGINADA, ESCONDIDA, NEGADA, SATANIZADA, PARA CONVERTIRSE EN UNA DIVERSIDAD SEXUAL RECONOCIDA POR TODOS, DE FRENTE AL MUNDO.”
A 25 años de su muerte
José Antonio adalid e Alcaraz, iconoclasta Gonzalo Valdés Medellín
“B
UENAS NOCHES, mi nombre es José Antonio Alcaraz, soy el director de esta obra y soy homosexual”: así se presentaba el creador de …Y sin embargo se mueve(n), vámonos viniendo juntos, título extenuante que en el ya desaparecido Teatro Arcos Caracol de la UNAM se escenificaba como una provocación, una transgresión a las normas heteronormadas. Alcaraz abordaba el ser homosexual en aquellos finales de los años setenta desde el teatro y en primera persona. Se debía tener mucha valentía para hacerlo, plantarse en escena y espetar al respetable: “soy el director y soy homosexual”. José Antonio Alcaraz se convertía así en adalid, protagonista abierto, desenmascarado, de la lucha por los derechos homosexuales ya en ese tiempo azuzándose en México con varios grupos de liberación. Alcaraz inició una lucha que iba de lo personal a lo colectivo, por darle una presencia digna en los medios y frente a la sociedad misma al homosexual. Histórica sería la entrevista que le hizo Cristina Pacheco sobre el tema en ese tiempo. Asumido públicamente como homosexual, marcó la pauta para que otros creadores de su época también salieran del clóset. Pero la asunción pública como hombre homosexual la encarnó Alcaraz. Director de teatro y ópera, cineasta (hizo sólo una película, Pubertinaje), docente, compositor e intérprete de música nueva, musicólogo, periodista cultural, crítico de teatro y música, actor en filmes de Jodorowsky y Gavaldón, músico de películas del propio Gavaldón, Antonio Aguilar, Luis Alcoriza… Alcaraz desde entonces asumió que su figura pública no podía disociarse de su condición homosexual y, tanto en su trabajo periodístico como en la docencia, el teatro y donde fuera, su homosexualidad iba en paquete. En Televisa aparecía cotidianamente en Para gente grande, de Ricardo Rocha, como uno de los colaboradores estrella. Esto significó mucho para la lucha gay de entonces, LGBTTI+ de hoy. Alcaraz era estentóreo. Jamás fue políticamente correcto o poco arriesgado en los espacios heteronormados e insistió con sus propuestas de alto calibre, incomodando a propios y extraños como ya lo había hecho, con ¡Novísimo!, homenaje a Salvador Novo.
▲ José Antonio Alcaraz. Foto: La Jornada / José Antonio López.
En 1982 propone el recital Nocturno fuera del clóset. Estamos en todas partes, con poesía de Novo, Villaurrutia y Pellicer, germen de su obra magna como compositor: Sol de mi antojo, la primera (y quizá única hasta ahora) ópera homosexual mexicana estrenada en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en la que aquellos poemas seleccionados para Estamos en todas partes cobraban nueva vida cantados, con partitura de música nueva, vanguardista, compuesta por Alcaraz y donde puso toda su creatividad y amor por las artes sonoras, vocales y escénicas. El estupendo actor universitario Gustavo Torres Cuesta sería el gran protagonista de Sol de mi antojo (en la que quizá haya sido su más relevante actuación antes de su prematura muerte como una de las primeras víctimas del VIH en nuestro medio). Alcaraz seguía dando la cara, desde una plataforma universitaria, como representante de la comunidad homosexual que combatía desde su trinchera: el escenario, como músico, director y dramaturgo de vanguardia. Pero no sólo ahí: ya había convencido –antes del estreno de Sol de mi antojo– a Luis G. Basurto, dramaturgo, de llevar el tema de la homosexualidad, en vivo y directo a Tribuna pública, un popular programa de Imevisión, entonces televisora del Estado mexicano, conducido y producido por Basurto (homosexual discreto ante la oficialidad, abierto ante el medio teatral y cultural), donde se tocaban temas sociales; el proyecto, audaz, osado,
subversivo, presentaría a dos homosexuales conocidos públicamente, pero disociados diametralmente: Alcaraz y Xóchitl, la Reina de Reinas, enigmático travesti. El programa se dio, se presentaron los invitados, comenzaron a charlar ante las cámaras, de pronto: CORTE. El programa fue sacado del aire sin ton ni son. Homofobia absoluta y, también, atentado del Estado a la libertad de expresión. No hubo represalias contra nadie, Basurto continuó con su programa y Alcaraz con su viva imagen del homosexual abierto que, con su sola presencia recordaba a la sociedad que el homosexual pensante, creador, inteligente, existía lejos de los estereotipos homofóbicos vergonzantes que el cine de ficheras esparcía a diestra y siniestra. La presencia de José Antonio Alcaraz en la década de los ochenta fue más que importante para la cultura mexicana que empezaría a asimilar al homosexual desde formas más dignas y humanas. Fue Alcaraz quien abrió brecha, indudablemente, para que la homosexualidad dejara de ser marginada, escondida, negada, satanizada, para convertirse en una diversidad sexual reconocida por todos, de frente al mundo. Contrario a Juan Gabriel, Alcaraz parecía decir, “lo que se ve sí se contesta, y se respeta”. A veinticinco años de su muerte, acaecida el 1 de octubre de 2001, a los sesenta y tres años, no debemos olvidar al gran José Antonio Alcaraz, el adalid de la causa homosexual, el maestro, el brillante disertador, el iconoclasta propositor estético y social ●
La Jornada Semanal | 27 de septiembre de 2026 | Número 1647
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Carlos Monsiváis y el hábito de leer Leopoldo Cervantes-Ortiz
Si uno al leer no es otro y no es otros, no es nadie. Carlos Monsiváis
El lector en ascenso
UNO DE LOS MUCHOS RASGOS NOTABLES DE CARLOS MONSIVÁIS (1938-2010) ES SIN DUDA SU RELACIÓN CON LOS LIBROS Y LA LECTURA. ESTE ARTÍCULO DA CUENTA DE ALGUNAS REFLEXIONES QUE HIZO SOBRE LOS LIBROS, LA LECTURA Y EN CONSECUENCIA SOBRE LA ESCRITURA. SU BIBLIOTECA PERSONAL, EN LA BIBLIOTECA DE MÉXICO JOSÉ VASCONCELOS, CUENTA CON CERCA DE 27 MIL LIBROS.
“MULTIPLICARSE A LO largo del día”, “comprensión de la historia, la sociedad y los seres humanos”, “pérdida legitima de la identidad”, “frecuentar lo impreso”, “ser mejor que de costumbre mientras lee”, “privilegio óptico”, “estructura personal del conocimiento”, “instrumento del desarrollo personal”… Éstas y varias definiciones más pululan en ese texto que leyó en el 6º Congreso Nacional de Lectura, con el tema “Lectura para construir nación”, en abril de 2004, en Bogotá, Colombia, y cuya resurrección nos reúne hoy en este lugar tan emblemático y monsivaíta. Se dio vuelo, literalmente, en esas más de cinco mil palabras, él, para quien la afición apologética (entiéndase, de corte religioso) había desaparecido varias décadas atrás. Pero helo ahí, elogiando “innecesariamente” a la lectura, quizá porque la palabra “defensa” hubiera sido una muy mala elección. La variedad definitoria se dio muchas veces en Monsiváis al grado de que era imposible imaginarlo sin un texto en la mano. Monsiváis reinventó los verbos leer y escribir (el otro libro que viene a cuento es Escribir, por ejemplo. De los inventores de la tradición) y lo hizo de tal manera que, intuitivamente, se acercó a los analistas de la lectura. Mucho de lo expresado por Monsiváis ha sido analizado académica y muy críticamente por Gregorio Hernández
▲ Carlos Monsiváis, 2006 Foto: La Jornada / Marco Peláez.
Zamora, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien ha rebatido continuamente las políticas oficiales de promoción de la lectura, “incitación”, le llama CM. Quizá el mayor punto en común sean las preguntas de fondo que cuestionan fuertemente esas iniciativas: “¿Quién define lo que es leer?”, “¿Se puede leer sin escribir?”, las cuales, más allá de la elegancia discursiva de Monsiváis, señalan el elitismo persistente de los promotores de la lectura. Sobre la barrera económica para leer asiduamente, el cronista señaló: “El libro ha llegado errática pero significativamente a sectores que antes lo ignoraban, que si se inhiben ante los precios es por la ausencia del hábito social que considere productivo el gasto económico en un objeto de conocimiento.” Y complementa más adelante: “Se lee, pero se han perdido muchos niveles o asideros de comprensión”. Es lo que estudiosos como María Teresa Sánchez han denominado “el sacerdocio de la lectura” (para seguir con las alusiones religiosas), “entendido este término como un lector legitimado por la autoridad simbólica proveniente de la conformación de los espacios sociales. En Las alusiones perdidas observamos una autofiguración del ensayista como lector privilegiado del canon”. El término viene de Pierre Bourdieu (“Lectura, lectores, letrados, literatura”, en Cosas dichas, 1981). Para ella, Monsiváis “propone su experiencia lectora como la del crítico poseedor de esa capacidad de tomar distancia entre ese mundo de conformidad y pertenencia y la conciencia de ver en perspectiva, de poner entre signos de interrogación la heterodoxia del poder. Nos ofrece una mirada desde la autoconstrucción de un agente escéptico que reflexiona y hace pensar en nuevos diagnósticos y nuevos modelos de interpretación”. Y lo cita directamente de Las alusiones perdidas: Y, aquí creo hablar en nombre de los lectores de esa cultura planetaria a la que respondemos y correspondemos, lo primero es también atestiguar la impagable deuda de gratitud con los libros sagrados (de la Biblia al Ramayana y el Popol Vuh), con los clásicos griegos, con –cito algunos para luego arrepentirme por las omisiones– Dante, Shakespeare, Cervantes, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Milton, Sor Juana Inés de la Cruz.
O “catequista”, como lo calificó Sergio Pitol al hacer memoria de su influencia inicial máxima junto con otras y de cómo se transfiguraron en su lectura/escritura: Eso explica de alguna manera la excepcional textura de la escritura del autor, sus múltiples veladuras, sus reticencias y revelaciones, los sabiamente
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gustaron. Decidí ir a las versiones completas que se conseguían por nada en los libros viejos. Entonces empecé por la Ilíada, por la Odisea, La Eneida, La divina comedia, que esa sí debo confesar que leí en versiones abreviadas y que vine a leerla en su versión completa mucho más tarde a los dieciséis años. Desde luego Dickens que me marcó la vida; de Mark Twain, Huckleberry Finn, ahora tan debatido, ha sido uno de mis libros fundamentales e incluso Las aventuras de Tom Sawyer.
Las repeticiones agregaban nuevos atisbos sobre esa lectura demencial: Lo primero que leí fue la Odisea, luego la Ilíada, en esas ediciones preciosas que tenía Billiken, posteriormente seguí con biografías como las de Abraham Lincoln, Benito Juárez, José de San Martín y Simón Bolívar, entre otras. También, todo el tiempo, eso sí como una obligación familiar, leía la Biblia, de manera que llegué a los doce años como un lector ya consumado; habiendo adquirido, además, en el tránsito, la pasión por la novela policíaca, muy específicamente por Agatha Christie (Elena Enríquez Fuentes, “El hábito de la lectura es una adquisición de la infancia”).
▲ Carlos Monsiváis, Palacio de Minería, CDMX, 2009. Foto: La Jornada / José Carlo González.
empleados claroscuros, la variedad de ritmos, su secreto fervor. Monsiváis no leyó únicamente durante su niñez y juventud la traducción reformada de la Biblia, sino también los cómics de la época, las biografías en serie de Emil Ludwig y Stefan Zweig, las traducciones, por lo general farragosas, de la narrativa estadunidense de izquierda: Upton Sinclair, Dreiser, John Dos Passos, Steinbeck, las novelas policiales del género negro, en especial las de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, así como la poesía castellana, desde la medieval hasta la contemporánea. El lenguaje bíblico tuvo que aceptar, me imagino que no sin resistencia, ritmos y palabras que en su mayor parte le eran antagónicos; su superficie se revistió con una tonalidad ajena que progresivamente lo fue permeando. La pasión ya manifestada desde entonces por la cultura popular logró penetrar e incorporarse al majestuoso edificio construido por Casiodoro de Reina.
El lector que escribe LAS FRASES DEL libro que apuntan hacia la urgencia del hábito de leer, pero también hacia su crítica puntual están ahí, esperando una exégesis de altura: “El libro ya no es un signo irrestricto de autoridad, no en Latinoamérica, desde luego, donde si alguien quería leer la Biblia requería hasta hace medio siglo los ‘intérpretes calificados’, que evitaban los ‘extravíos’”: alusión al pasado religioso del país que trataba a los lectores potenciales como menores de edad. “El que no lee se acerca a las ideas con miedo, rechazo previo, encono o veneración parroquial; el que lee puede hacer eso mismo, pero es menor el número de probabilidades.” Y el infaltable testimonio que se reiteró por doquier: “Mis primeras lecturas son inevitablemente de clásicos. Y te digo inevitablemente porque no había ni en mi medio social ni en mi medio educativo, la menor disposición a la lectura. En mi caso sólo la Biblia, pero nada más” (entrevista con Javier Aranda Luna, “Las herencias ocultas de Carlos Monsiváis”). Él mismo insistió en dar cuenta de sus primeras andanzas lectoras y de cómo se fueron sumando caótica y ordenadamente para empezar a producir los textos que se conocen y aquellos que no es posible abarcar por su inveterada dispersión: Tuve que recurrir a las ediciones de clásicos que se encontraban en versiones compendiadas que no me
Propone su experiencia lectora como la del crítico poseedor de esa capacidad de tomar distancia entre ese mundo de conformidad y pertenencia y la conciencia de ver en perspectiva, de poner entre signos de interrogación la heterodoxia del poder. Nos ofrece una mirada desde la autoconstrucción de un agente escéptico que reflexiona y hace pensar en nuevos diagnósticos y nuevos modelos de interpretación.
Una de las grandes recompensas que recibió fueron las dedicatorias que los autores/as escribieron para asegurarse su mirada lectora. Recabarlas ha sido mérito de Mauricio Sánchez Mencheroy del equipo que encabeza en la UNAM, como parte de un proyecto institucional. Es un verdadero deleite leer cosas como éstas: “A Carlos, la inteligencia es benévola y sabe leer y perdonar, con afecto y real amistad” (O. Paz, Primeras letras, 1989). “Al gran e imparable amigo Carlos Monsiváis, en el eterno afecto de quien mucho lo estima, lo aprecia y lo admira”, de Juan Rulfo. O: “Para Carlos, por protestante, por sinvergüenza, por genial, por flojo, por hijo de su mamá y por amigo” (Emmanuel Carballo, el editor de su autobiografía). El que suscribe tuvo la fortuna de recibir decenas de recomendaciones de lectura de su parte, los clásicos liberales mexicanos en primer lugar, ciertos poemas de autores mexicanos (“Adonde yo soy tú somos nosotros”, sobre Paz, es insuperable), algunas zonas de narrativa hispanoamericana (su semblanza cuando murió Juan Carlos Onetti en 1994 originó un éxtasis duradero), pero quizá el que más efecto causó fue El fin de la inocencia, de Arthur C. Clarke, leído con una fruición poco contenida, solamente comparable con la vivida por Las tradiciones de la imagen: notas sobre poesía mexicana (2001). No fue poeta, aunque por allí andan sus escasos versos desperdigados en publicaciones juveniles y los frecuentes efluvios líricos que brotan entre sus crónicas y ensayos. Octavio Paz fue muy preciso, con todo y que tuvieron fuertes desencuentros (y amables reconciliaciones): El caso de Carlos Monsiváis me apasiona: no es ni novelista ni ensayista, sino más bien cronista, pero sus extraordinarios textos en prosa más que la disolución de estos géneros, son su conjunción. Un nuevo lenguaje aparece en Monsiváis ‒el lenguaje de un joven callejero de la Ciudad de México‒, un muchacho inteligentísimo que ha leído todos los libros, todos los cómics, ha visto todas las películas. Monsiváis: un nuevo género literario...
Ahora es capaz de seguir entusiasmando y congregando a sus lectores después de dieciséis años de su partida y los que faltan para que el Monsiváis lector nos siga iluminando con su sapiencia, su ánimo indeclinable y su documentación de optimismos cada vez más escasos ●
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Crónica
Danzón y amor en La Ciudadela Mario Bravo LOS DOMINGOS ALGUNAS DE LAS PLAZAS PRINCIPALES DE CIUDAD DE MÉXICO SON PARA BAILAR Y, PARA BAILAR DANZÓN, LOS ADULTOS MAYORES SE PINTAN SOLOS. ESTA CRÓNICA NOS LLEVA A LA PLAZA DE LA CIUDADELA Y CONVERSA CON UNA PAREJA DE BAILARINES DE PASO PRECISO, CONTENIDO Y A LA VEZ DESTILADO EN SU RELACIÓN DE MUCHAS DÉCADAS DE RITMO.
das de estorninos en el cielo‒. El hombre marca para que la mujer baile los pasos que él pone. Si el danzón es romántico, con tu esposo puedes acercarte más, a diferencia de la distancia con los demás compañeros. Cada quien trae sus pasos.
III EL DANZÓN “CARMELA” se escucha y La Ciudadela se mueve, cadenciosamente, como una embarcación entregada sin reparos al oleaje del mar. Seguramente, en un barquito zarpando desde Cuba, así el danzón migró a México a finales del siglo XIX: Yucatán y Veracruz, primero; finalmente, la capital mexicana, en donde este baile erigió mecas de la cultura popular: el Salón México inaugurado en 1920, el Salón Colonia abriendo dos años más tarde, y el Salón Los Ángeles, creado en 1937. Volvamos a La Ciudadela. Repentinamente, una trompeta rasga la tela de esta dulce calma emanada al comienzo de “Carmela”. Irrumpe un ritmo más intenso, más veloz, y algo es notorio en los rostros de quienes aquí bailan: una dosis alta de concentración y también un peculiar interés en hacer bien las cosas. No pasan el rato únicamente sino que, con esa tenacidad exhibida, parecieran demostrarle a la Muerte que aún no es la hora pues todavía, celosamente, cumplen un rito imprescindible: bailar y amar.
IV “Se miran más jóvenes”, sinceramente les digo tanto a Juan como a Argelia. Ella explica: ‒Creo que por hacer ejercicio. Bailamos. Salimos de viaje. Nos mantenemos ocupados. Incluso hemos concursado, aunque ya actualmente no porque los jóvenes tienen más oportunidades para lucirse que nosotros. Hay que darles espacio. ‒Cuando no vienen a La Ciudadela, ¿cómo se sienten? ‒Al siguiente día lo recuperamos en otro lugar: Iztapalapa o algún sitio donde haya baile en domingo. Y, si no, ¡el martes en el Salón Los Ángeles! ▲ Danzón en la Plaza de la Ciudadela, 2023. Foto: La Jornada/ José Antonio López.
I HAY RITMOS Y amores remotos, eternos. Ritmos y amores que se bailan y se viven a fuego lento, sin prisas. Más que consumirse en un voraz incendio perduran, pues nacieron cuando hombres y mujeres andaban aún con un paso más apacible, más cauto, en comparación con los frenéticos tiempos actuales. Hace algunos sábados, caminando sobre la calle Emilio Dondé en Ciudad de México, una música venida desde las fauces de otra época espabiló mis sentidos: “La trompeta de Matilde”, un viejo danzón compuesto por el oaxaqueño Fermín Zárate. Bajo esa melodía, la Plaza de la Ciudadela transgrede uno de los mandamientos de la sociedad contemporánea: prohibido ejercitar la memoria. En este lugar, decenas de adultos mayores resucitan un México aparentemente archivado pero que aquí, semanalmente, muta en música y en coreografía para bailar cuerpo a cuerpo, nota a nota. A fuego lento.
II ‒¿Qué los motiva a venir cada sábado? ‒pregunto a Argelia, de setenta y siete años de edad, y a su
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compañero de vida: Juan, seis años mayor que ella. ‒Divertirnos, gozar de la música y de mi pareja para no estar encerrados en la casa. No tenemos vicios… ¡Nuestro vicio es el baile! ‒dice él, enfundado en una camisa color rosa, ligera, elegante. ‒¿A qué hora llegan aquí? ‒A las doce. Lo más importante es convivir con los amigos. En casa estamos encerrados y no platicamos más que entre nosotros ‒expresa Argelia‒. Aquí no. Ves gente alegre a quienes conocemos desde hace mucho. Llevamos tres décadas bailando. Juan, bajo la sombra de un árbol, explica que ella fue enfermera en su juventud y él se dedicó a la herrería. Hoy en día Juan bolea calzado. Entre ambos existen tenaces y entrañables hilos comunicantes, invisibles, aunque no por ello menos reales ni genuinos. ‒¿Cómo definen el danzón? ‒La música nos llama para gozar el baile. No todos los danzones se bailan igual: hay melodías tranquilas y cadenciosas. Y uno disfruta ‒Argelia responde con calma mientras otras parejas mueven sus cuerpos con la precisión de varias banda-
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V ‒Él sí llora cuando se siente triste, pero yo no… Me gusta recordar cosas bonitas ‒comparte Argelia acerca de cómo conjuran los estragos de la melancolía. Y agrega: ‒Hoy nos trajo un taxista y hablamos sobre nuestra infancia: ¡del Pan Roll que comíamos con frijoles, arroz, sopa o con un plátano! También nos acordamos de los desayunos escolares. Si estamos tristes, charlamos de lo que fuimos y la tristeza se quita. ‒¿Cuándo se conocieron? ‒Desde adolescentes en Iztacalco. Éramos vecinos, después cada quien agarró su rumbo… Nos reencontramos y nos casamos. Él es del barrio de Santiago y yo de la Agrícola Oriental. ‒Para ustedes, ¿qué es el amor? ‒pregunto y Argelia responde, mientras Juan la mira como si con ese acto garantizara nunca olvidarla. ‒Verlo, estar juntos, convivir todo. Eso es amor. Un cariño que siento por él. La sensación de sentir su piel, estar ahí cuando ríe, llora o grita. El amor es como el baile. Me despido. La música continúa. Y esta pareja, en un rincón de la plaza, renueva el amor de todos los humanos del mundo: Juan sigue mirando a Argelia ●
SON MUCHAS, INFINITAS TAL VEZ, LAS PÁGINAS ESCRITAS QUE SUMAN IGUAL NÚMERO DE LIBROS, LIBRETAS Y CUADERNOS QUE CON EL TIEMPO LLENAN LIBREROS, BAÚLES Y BODEGAS: LO ESCRITO EN ESOS PAPELES, SI ACASO “CON SUERTE ENVOLVERÁ PESCADO O PONDRÁ UN MANTEL EN LA MESA DEL POBRE”. A PESAR DE LAMENTAR EL COMÚN DESTINO DE LA PÁGINA ESCRITA, ESTE TEXTO EN EL FONDO TAMBIÉN LA CELEBRA.
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UÉ SON LAS posesiones sino lastres, piedras en el camino al cementerio. En el caso de la escritura, un altero de archivos muertos. Cree uno, ilusión tras ilusión, que cada página importa y tal vez alguna merezca un lugar en el recuerdo ajeno y sean leídas sin pena ni gloria, pero sobrevivas. Millares de hojas sueltas, cuartillas, recortes amarillentos, frases en una servilleta, copias duras de lo que nació liso, suave, plegable y combustible. Cientos de cuadernos y cuadernillos, blocs, libretas atiborradas de garabatos, manchas y arañazos que se resguardan en cajones, archiveros, anaqueles, sobres y otras plataformas físicas para la tinta y la página en las antesalas del polvo. Algunas páginas llegaron a libro, y alguno de esos volúmenes conoció reimpresión y cierto refrendo temporal. Ninguno figuró en las listas de éxitos más vendidos ni fue uno de los veinte libros del año. No serán descubiertas como clásicos de su tiempo en el futuro. Caben en un anaquel si acaso, y habrá que poner junto al último de la fila un pisapapeles o un ladrillo para que no caiga como castillo de naipes. El peso muerto, acumulado página por página, semeja al sedimento del suelo que asciende en el cantil del tiempo o se disipa al soplar el viento sobre sus partículas. El espacio que ocupan libros y páginas en el estudio, la recámara, la sala, el tapanco, el garaje, el porche, la zotehuela o el sótano algún día será recobrado por el tiempo insaciable. Si corren con suerte alcanzan lugar en libreros, vitrinas o anacrónicos archiveros. Nadie volverá a leer cartas, apuntes, borradores, escaletas, ni siquiera textos terminados que algún día fueron nuevos y su tinta fresca, negra, legible. Para qué conservar los libros, clasificarlos, acumularlos con ingenuidad de adolescente, la credulidad del fanático o la terquedad de la vejez. ¿Prenderles fuego como quiso un melodramático Franz Kafka? ¿Cómo les ocurrió a Hokusai y al sinólogo Peter Kien en Die Blendung de Elías Canetti? ¿Sufrirán el destino de los autos de fe, alcanzarán los 451 grados Fahrenheit que previó Ray Bradbury, el saqueo de los bárbaros, la creciente combustión a que condena a los libros el dragón de la Inteligencia Artificial? Durante los milenios transcurridos hemos lamentado la inexistencia de casi toda la saga homérica. De Troya, la Ilíada sólo conserva las cuentas, los episodios finales, la ira de Aquiles y las consecuencias de que los troyanos ardieran.
▲ Foto: José Manuel Mateo.
Epitafio para todas las páginas Hermann Bellinghausen
Cientos de cuadernos y cuadernillos, blocs, libretas atiborradas de garabatos, manchas y arañazos que se resguardan en cajones, archiveros, anaqueles, sobres y otras plataformas físicas para la tinta y la página en las antesalas del polvo.
Nadie conserva ya tanto archivo ni acumula bibliografía, o lo hace en un minimalista recipiente digital microchipeado, encriptado y subido a nubes intangibles. Nada basta para el caudal del verbo sin fin ni fondo, coyuntural, acaso registrado por la taquigrafía del olvido y la mecanografía del carbón y la ceniza. Kilómetros y kilómetros de líneas y versos, kilos de párrafos, infinidad de golpes, caracteres, signos, jeroglíficos, códigos débiles en lenguas avejentadas y sentidos que se pierden. Hasta lo mejor capturado, lo encapsulado en la fijeza de lo inamovible, lo grabado en roca, bronce, oro o mármol, conocerá el destino del papel, sea de China, de Japón, de Finlandia, de corteza de amate. Con suerte envolverá pescado o pondrá un mantel en la mesa del pobre. Páginas encerradas que un día cualquiera, cuando alguien las destape, esparzan en el aire partículas inanimadas e infértiles como los papiros y las mortajas de los faraones. Una tolvanera dee palabras descoyuntadas que no merecerán resguardo cuando las máquinas sean las que las lean, interpreten, reescriban y enseguida las abandonen en la soledad del silencio cósmico. Todo es nada y nunca dura ●
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EL NARRADOR, PROFESOR Y ENSAYISTA FRANCÉS J.M.G. LE CLÉZIO (NIZA, 1940), PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 2008, ES UNO DE LOS AUTORES MÁS PROLÍFICOS DESDE MEDIADOS DEL SIGLO XX, AUTOR DE MÁS DE CUARENTA TÍTULOS, ENTRE LOS QUE DESTACAN DESIERTO, EL PEZ DORADO, LA CUARENTENA, ONITSHA, EL AFRICANO Y REVOLUCIONES. EN 1983 REDACTÓ UNA TESIS ACERCA DE LOS INICIOS DEL MÉXICO COLONIAL, TITULADA LA CONQUISTA DE MICHOACÁN. VIAJERO DOTADO DE UNA CURIOSIDAD INTERMINABLE –A LOS SETENTA AÑOS EMPEZÓ A ESTUDIAR CHINO– EN ESTA CONVERSACIÓN DEJA VER SU RELACIÓN CON LA LITERATURA, AUTORES Y ÉPOCAS, Y DE SU MANERA DE TRABAJAR: “ME GUSTA TRABAJAR SOBRE UN MANUSCRITO, ME GUSTA EL TACTO DEL PAPEL, ME GUSTA EMPUÑAR EL BOLÍGRAFO, LA FLUIDEZ DE LA TINTA.”
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J.M.G. Le Cl ‒Quisiera iniciar con una afirmación que hizo en 1980. Para entonces usted había publicado quince libros, tenía cuarenta años y, en el programa de televisión Apostrophes, dijo: “Un escritor es otro con cada libro. No se trata de un libro nuevo sino siempre de un nuevo escritor”. ¿Qué escritor tengo delante de mí? ‒Era otra época de mi vida. Tuve la oportunidad de vivir con una comunidad indígena en la selva de Panamá, en el Darién, en la frontera con Colombia. Es gente que vive de acuerdo con sus tradiciones, como lo han hecho desde siempre: dispersos a lo largo del río, con la unidad de su cultura basada en la estructura familiar y no bajo el concepto de nación. No hay un jefe como tal. Es una población completamente anárquica, disfruté mucho de mis estancias allí. Aprendí el idioma, descubrí una era que me vinculaba con un periodo de mi pasado cuando era estudiante y estaba realizando una tesis de investigación universitaria sobre Henri Michaux. ‒Michaux también tuvo una etapa en su vida en la que se interesó por las culturas no occidentales, desde Asia hasta el Ecuador, y escribió ensayos sobre el uso de plantas alucinógenas como medio de investigación. ‒La gente lo criticaba muchísimo, argumentando que se estaba perdiendo a sí mismo. Cuando estuve en esta selva había curanderos que utilizaban plantas naturales, y recuerdo a un “médico” llamado Colombia ‒ese era su apellido porque había estudiado en aquel país‒, un personaje extremadamente sensible e intrigante, y la gente acudía a consultarlo. Su especialidad eran las visiones acerca del futuro inmediato; tomaba la savia de la Datura stramonium, una planta que crece en el lugar, y tenía visiones peculiares. Después hacía su predicción. Tenía el don de predecir inundaciones, lo cual es muy valioso cuando, como ellos, se vive junto al río. Avisaba a la comunidad de una inundación inminente, y la gente tomaba sus objetos de valor, buscaba refugio temporal en las colinas y regresaba sana y salva a sus
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la escritura exploración colonialism Ayşegül Sert
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Cuando se publicó por primera vez Hacia los icebergs, Michaux me envió una carta muy amable, haciéndome saber que le había gustado. En aquel tiempo no vivía en París y cuando iba a la ciudad tenía varias personas a las que visitar, y él siempre era una de ellas. Era un hombre muy interesante. Él siempre tenía, como todos los viajeros, grandes historias que contar.
impresionante que un traductor dedique tiempo a trasladar tus palabras a otro idioma. La traducción es algo muy difícil, particularmente en el caso de estos dos textos, porque son casi abstractos. Cuando se publicó por primera vez Hacia los icebergs, Michaux me envió una carta muy amable, haciéndome saber que le había gustado. En aquel tiempo no vivía en París y cuando iba a la ciudad tenía varias personas a las que visitar, y él siempre era una de ellas. Era un hombre muy interesante. Él siempre tenía, como todos los viajeros, grandes historias que contar.
De Michaux a Salinger a Styron ‒Solía visitarlo en su casa de la Rue Séguier, no muy lejos de donde nos encontramos ahora. ¿Conoció primero al hombre o a la obra? ‒Comencé a leer a Michaux cuando tenía alrededor de quince años y recuerdo que pensaba que su escritura era perfecta. Fue un momento de mi vida en el que no estaba seguro de qué dirección tomar. Un profesor me aconsejó que buscara un tema de investigación literaria. Elegí a Michaux. Para mí tenía sentido trabajar sobre su obra. Le envié una carta que decía algo así como “estimado señor, estoy escribiendo una tesis, ¿podría ir a visitarlo?” Nunca me respondió, pero llamó a Gallimard porque había reconocido mi nombre. En mi carta no dije que era escritor, simplemente firmé con mi nombre. Michaux había dejado su número de teléfono a la operadora para que me lo pasara, y lo primero que dijo cuando llamé, fue: “¿Eres el escritor?” Le dije: “Sí, escribo libros.” Me dijo: “Muy bien, entonces ven a verme, aquí tienes mi dirección!” ¡Fui enseguida!
hogares después de la inundación. Pasé mucho tiempo con él. Un día me dijo: “Sería interesante que vieras lo que yo veo.” Así que me dio Datura durante tres noches consecutivas: la primera noche no ocurrió nada, en la segunda estuve de mal humor y en la tercera vi lo que él veía. Escribí Midriasis (1973), porque él me abrió los ojos.
‒El guardián entre el centeno, de Salinger, lo inspiró enormemente para escribir El proceso verbal (1963), con el que Michaux lo reconoció. ‒Era la época del movimiento literario nouveau roman, que me irritaba. En Francia reinaba un clima literario arrogante. No quería ir en esa dirección, no me interesaba. Deseaba escribir algo distinto, más cercano a lo que yo vivía. Necesitaba una frase inicial y, por supuesto, no me atreví a escribir: “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací.” Sentía una especie de veneración por este autor, el cual, en mi opinión, era muy diferente a los demás, ya que había logrado escribir un libro maravilloso y audaz. Quería escribir un libro que fuera la continuación de El guardián entre el centeno. Se podría decir que estaba obsesionado con él; tenía veintitantos años y recuerdo que incluso había empezado a boxear porque mi compañero de entrenamiento se parecía mucho a J. D. Salinger.
‒En Francia, Midriasis se publicó en 1973 y Hacia los icebergs en 1978. Aquí están ‒más de cuatro décadas después‒, llegando a los lectores de lengua inglesa. ‒No he vuelto a leer estos textos desde que los escribí. Para mí están muy lejanos. Siempre es
‒También conoció al gran escritor estadunidense William Styron. ‒Trabajamos en distintos momentos como lectores de manuscritos en París. Ambos lo hicimos para ganar algo de dinero que nos permitiera seguir escribiendo y viviendo. Recuerdo haberlo
▲ J.M.G. Le Clézio. Foto: La Jornada / José Carlo González. W J.M.G. Le Clézio. Foto: La Jornada / Carlos Ramos Mamahua.
encontrado por primera vez en los pasillos de Gallimard. Hablamos de libros. ‒¿Suyos? ‒No me gusta hablar acerca de mis libros. ‒Hablemos entonces de los libros de Henry Roth, un escritor estadunidense que fue importante para usted. ‒Él vivía en una casa rodante en Albuquerque, Nuevo México. Había escrito un clásico absoluto, Llámalo sueño (1934), una magnífica novela en la que relata su infancia en los barrios marginales de Nueva York. Es un libro poderoso sobre el rito de iniciación. Era comunista en la época del presidente McCarthy y fue encarcelado; estaba destrozado cuando obtuvo la libertad. La esposa de Roth daba clases de piano en la casa rodante y recuerdo que, cuando los visité, tuve que agacharme para pasar por debajo del piano de cola. Eran personas asombrosas. Cuando su esposa falleció, Roth cayó en depresión y un amigo suyo le aconsejó que volviera a escribir, lo cual hizo, a la edad de ochenta años. Me gustó mucho Una estrella brilla sobre Mount Morris Park (1996). ‒¿Qué es lo que más recuerda de los años que vivió en Estados Unidos? ‒Tuve dudas al principio, pero después me sedujo la cultura estadunidense, por su forma de vida, por la amabilidad de la gente, no en todas partes, claro está, pero las primeras interacciones ‒al menos con las personas que conocí‒ fueron cálidas y amigables. Después de trabajar como profesor en Boston me fui a Austin, a Santa Cruz, y un día, mientras atravesábamos Nuevo México en auto, mi mujer me dijo: “Esto me recuerda a Marruecos.” Se refería al desierto, a las montañas, a todos esos colores, al cielo azul. Alguien me dijo que podía dar clases allá, y me contrataron para sustituir a un hombre que había enseñado literatura francesa del siglo XIX y había decidido convertirse en agente inmobiliario. ¡Eso es muy estadunidense! Un día decides convertirte en otra cosa y puedes hacerlo.
Estados Unidos y el miedo al otro ‒Cuando observa a los Estados Unidos actual, ¿qué ve? ‒Las cosas comenzaron a cambiar después del 11-S. Algo se bloqueó en su funcionamiento, no sólo en Estados Unidos sino también en Europa, que se ha construido a sí misma como una fortaleza, recelosa de todo lo que llega del exterior. Cuando vivíamos en México necesitábamos un coche porque estábamos en una zona rural; encontramos uno en Santa Cruz y cada año, cuando nos íbamos de vacaciones en verano y cruzábamos en auto de México a California, lo dejábamos en una especie de terreno baldío; cuando terminaba el verano, lo recogíamos allí y conducíamos de vuelta a México. En cada ocasión cruzábamos la frontera por garitas diferentes. En Piedras Negras, por ejemplo, el paso era relativamente fácil y no había ningún problema. Los mexicanos tenían / PASA A LA PÁGINA 10
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VIENE DE LA PÁGINA 9/ J.M.G. LE CLÉZIO...
en ese momento una tarjeta de cruce fronterizo que les permitía trabajar en Estados Unidos y volver a México para vivir, a veces en el mismo día. Recuerdo un puente en El Paso-Ciudad Juárez que estaba constantemente lleno de peatones que iban a trabajar por la mañana y volvían a casa por la tarde, y no había ningún problema. Cada vez que cruzábamos la frontera en auto, nos encontrábamos con una gran cantidad de personas que transitaban en una u otra dirección. Sin embargo, la situación fue empeorando gradualmente. El actual presidente no es el único responsable de ello. Un presidente tras otro han ido restringiendo el derecho al libre tránsito. En aquel entonces no había muro ni rejas. Si se le hubiera impedido a la gente cruzar el puente, lo habrían hecho por el agua. No sé por qué los políticos se han obsesionado tanto con endurecer y restringir las políticas fronterizas. Ahora se ha vuelto muy difícil e inhumano. ‒¿Cómo explica este cambio, este miedo al otro? ‒Se trata de psicopatía, no se sustenta en nada real; es algo obsesivo. Cerca de donde estábamos, en Albuquerque, vivía un anciano, un trabajador indocumentado, quien desde que cruzó la frontera vivió allí. Era muy apreciado por la comunidad, sabía hacer chimeneas y conductos de humos con terracota; era un buen artesano. A la gente jamás se le habría ocurrido decir “vamos a deportarlo”. ¿Quién continuó su trabajo después de que él se fue? Esto representaba un intercambio real y ocurría sin miedo. Lo que está sucediendo actualmente es espantoso, esta forma sospechosa de mirar a las personas, sobre todo cuando el poder la utiliza en todos lados como argumento electoral. La Tierra pertenece a todos, tiene que existir el derecho al libre tránsito. Los pájaros vuelan sobre las fronteras, ¿por qué no pueden hacerlo los seres humanos?
Escribir es tender puentes ‒¿Se vuelve más fácil escribir con el paso del tiempo? ‒Escribir nunca fue una tortura para mí. Escribir a mano me permite tachar cosas y, si así lo requiero, regresar a la forma original del texto. Escribir en una computadora me resulta más complicado porque se suprime fácilmente y tiene un lado irrevocable que no me agrada. Me gusta trabajar sobre un manuscrito, me gusta el tacto del papel, me gusta empuñar el bolígrafo, la fluidez de la tinta… Utilizo un papel grueso y rugoso, y escribo por ambas caras sin que traspase la tinta. Cada vez que voy a Nuevo México compro varios paquetes, porque me preocupa que este tipo de papel desaparezca, así que necesito tener mis reservas. ‒Usted se muda más o menos cada doce años, abandonando un lugar por otro. Comenzó a aprender chino a los setenta años. ‒No sé cuál podría ser la explicación para ello. Surge un momento en el que uno tiene la impresión de que es hora de marcharse, de que ya no descubre nada nuevo y de que cayó en la monotonía. Escribir coincide con mi forma de vida, que es lento. Los mejores fotógrafos son rápidos, instintivos. No tengo talento para la música. Me apasiona dibujar, pero no tengo talento para ello. Así que lo único que me queda es escribir. ‒¿Es por eso que escribe? ‒Cuando escribes no lo haces necesariamente para que alguien lo lea; escribes con la idea de que
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▲ J.M.G. Le Clézio. Foto: La Jornada / Carlos Ramos Mamahua.
pusiera delante de mí porque, al fin y al cabo, en el mundo en que vivimos la economía siempre va primero que la literatura.
Lo que está sucediendo actualmente es espantoso, esta forma sospechosa de mirar a las personas, sobre todo cuando el poder la utiliza en todos lados como argumento electoral. La Tierra pertenece a todos, tiene que existir el derecho al libre tránsito. Los pájaros vuelan sobre las fronteras, ¿por qué no pueden hacerlo los seres humanos?
verás las cosas tal y como son o como desearías que fueran, de una forma más potente que en la realidad, de una forma más significativa porque perdurará y eso te permitirá comenzar de nuevo. Si te leen, mejor, porque escribir es un puente hacia el otro. Es como escribir una carta, nunca estás seguro de si la leerán, pero la escribes de todos modos. Me gusta la longevidad de los libros, el hecho de que podamos leer la genialidad de Mo Tzu o la poesía de Sylvia Plath incluso después de su muerte. ‒¿Cómo cambió su vida el hecho de obtener el Premio Nobel? ‒¡Pagó mis deudas! Te proporciona tiempo, tiempo para escribir sin las preocupaciones de la vida cotidiana. Es un premio literario, sin duda ayuda a los escritores, pero no debería ser sólo una etiqueta. Yo evito las etiquetas. Lo que me emocionó particularmente fue conocer a los demás galardonados, quienes son personas muy interesantes. El día de la ceremonia nos colocamos por orden cronológico de acuerdo con la fecha en que cada disciplina se incluyó en la Academia, y le dije a Paul Krugman que se
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‒2008 fue simbólico como el año de la crisis financiera. Tuvo algunos desacuerdos con Krugman cuando usted denunció la percepción eurocentrista del mundo. ‒No pretendí hacer un análisis de la economía, porque no es mi campo de especialización, pero me entristece que los economistas se muestren indiferentes frente a las tres cuartas partes del mundo que no viven bajo el mismo sistema económico que ellos. Recuerdo que hubo una especie de sesión de intercambio de ideas con varios galardonados y la pregunta fue: ¿cómo sobrevivir a la crisis? Yo dije que la mayoría en el planeta lleva décadas viviendo en una situación de crisis ‒me referí a estas personas que no saben si podrán alimentarse a sí mismas y a sus familias al día siguiente, que no saben si tendrán acceso al agua, como tampoco saben cómo resolver el problema de la delincuencia y la violencia que afecta a sus comunidades‒ ¿y nos preguntan qué hacer con la crisis financiera? El ganador del Premio Nobel de Medicina compartía mi punto de vista, pero, sinceramente, sólo éramos dos almas indignadas y ambos éramos franceses, así que probablemente los demás pensaron: “¡Ay, estos franceses!” ‒¿Le sorprendió que Bob Dylan ganara el Premio Nobel de Literatura en 2017? ‒No entiendo por qué fue tan polémico. La literatura también se puede cantar. Los textos de Bob Dylan son hermosos. Me alegró ver que la Academia Sueca, que tiende a abstenerse de premiar a estadunidenses, se lo concediera a un artista de esa nacionalidad. Toni Morrison también fue una escritora notable que transmitió un mensaje contundente a Estados Unidos, que realmente necesitaba ese mensaje, pero no estoy totalmente de acuerdo en considerarla únicamente como una escritora afroamericana, aunque hable mucho de ello, aunque ese sea el núcleo de su escritura. Creo que, ante todo, era una escritora. ¿Por qué ponerle una etiqueta de identidad física a un escritor? ● Traducción de Roberto Bernal.
DEL EXILIO AL LIBRO: LA TRAVESÍA DE LA VOZ Sonata en la ceniza (una égloga), Mohesen Emadi, Universidad Autónoma de Aguascalientes/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2025.
Juan Joaquín Péreztejada ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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ONATA EN LA CENIZA, de Mohsen Emadi, posee la suave cadencia de la vulnerabilidad de la voz. Este conjunto de composiciones escritas en poema en prosa, en su mayor parte, es una serie de cantos lánguidos hechos para acompañar el duelo por las ausencias. Mohsen Emadi nació el 29 de octubre de 1976, es un poeta, traductor y cineasta iraní-mexicano. Nació y creció en Irán, partió a Finlandia en 2009 y desde 2012 reside principalmente en México, donde trabaja como profesor e investigador de poesía y literatura comparada en diversos institutos del país, es director de la revista La Otra. El libro está dividido en siete apartados que hacen referencia a una obra musical: “Obertura”, “Aria”, “Cadenza”, “Recitativo”, “Intermezzo”, “Aria” y “Leimotiv”. Las arias están compuestas en tonos menores y en el recitativo el tono de la voz es delicado; las penas de amor son una especie de triada: el dolor por la tierra perdida, el exilio; el dolor por la pareja que aparece en ausencia desde el principio del poemario en el cuarto de hotel en Helsinki; y una añoranza por la infancia, por la abuela y la madre que, por medio de canciones, confortaban al niño. El título es una especie de oxímoron, la música en la ceniza, en aquello que ha ardido; la música en la pérdida de la esperanza, cantar el dolor renueva. El exilio es un inframundo en el cual las canciones acompañan al poeta en su descenso. También la arena de los desiertos se convierte en la nieve del país nórdico, la ceniza es una imagen de esta combinación, de este cambio, la sensación de lo híbrido, no ser ni una cosa ni la otra, no estar en un lugar ni en otro, el exilio es el síndrome de la incompletud. La tensión entre amor y muerte, fuerzas contrarias, es la que permea todo el poemario, esta imposibilidad de nombrar a pesar de la esperanza que otorgan el lenguaje y la música. Es el mito de Orfeo, la música es una conexión con el más allá. Mantenerse en la música es permanecer en el inframundo, en el mundo de los muertos: “La sonata sólo puede ser escuchada por los muertos”, dice Emadi. Por esto, la música es un
constante fracaso, es todo lo que no perdura, es un instante imposible de persistir. La música recuerda que nada dura para siempre. Se lee en “Aria”: “Siempre había baile y canto. Todas las mujeres eran hermosas. Cantabas y ella te miraba a los ojos con sus ojos verdes. Suave y silenciosamente avanzó y tomó tus manos. Siempre tenía las manos frías. A medianoche regresaste a tu habitación. En la aldea, la gente asumió que te volviste loco. Te torturaron para que revelaras su nombre. Te miraba y tú cantabas. Estabas encadenado, en grilletes, siendo torturado para revelar su nombre, y tú cantabas.” El cuarto de hotel en Helsinki sitúa al lector desde el primer poema, es el lugar donde suceden encuentros y desencuentros, aparecen las ausencias, habla la poesía, es una metáfora de la mente del poeta. En “Intermezzo” se lee que es donde a las once y veintitrés se aborda un autobús y se recorren caminos donde el lenguaje se enfrenta a sus incapacidades: “El lenguaje/ salió del automóvil/ para reunirse con su pasado/ Salió con una nana olvidada/ que los labios cantan al oído/ en ambos lados del océano.” Para que en la segunda “Aria” sentencie con un verso aforístico: “El poema siempre es un traidor” porque el lenguaje es una imposibilidad de nombrar, lo inefable. Mohsen Emadi es un poeta iraní, una voz que canta en el desierto y en su exilio busca las palabras que den sentido a la experiencia del recorrido ●
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Arte y pensamiento Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller
La idea de México en una opereta francesa QUIERO ESCRIBIRLE en esta ocasión, doña Clofis, de Au soleil du Mexique, una opereta de André Mouézy-Eon y Albert Willemetz, estrenada en el teatro de Châtelet de París, el 18 de diciembre de 1935. El montaje de Bajo el sol de México, como se traduce, prometería ganancias importantes, explotando música, actuación, danza, pero ▲ Foto: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Paris_-_Le_ también la sensación Chatelet_-_1912_-2.jpg de exotismo que, para aquellos años, no era otra cosa más que ver a los nativos de los países americaComo se representaban en Francia, nos ‒perdone que se lo diga con toda quizá volovanes. La obra estaba salpifranqueza‒, lejanos de la civilización, cada de pasajes que evocarían la Revocon tradiciones y costumbres curiosas lución Mexicana, una conexión con la y un atractivo folclor. De hecho, esta España de los años veinte más última palabra nació en la lengua la existencia de un dictador de inglesa como folklore, en donde folk Sudamérica, a lo que habría que sumar es gente común y corriente, pueblo y, amores imposibles y un actor vestido por tanto, el folklore es lo que elabora de charro. Un ejemplo de estos clichés el pueblerino o lo que realizaban los es la canción principal que, tradupadres, los abuelos con sus ritos locaciendo del francés, escarcea en su les y ancestrales. coro: “Lo olvidamos todo/ bajo el sol Tal obra de la mancuerna Mouézyde Ciudad de México;/ nos volvemos Eon y Willemetz cautivó al público locos/ al sonido de ritmos tropicales./ francés. La componían dos actos y […]/ México, México/ vuestras esposas dieciséis escenas a gran escala, con son apasionadas,/ y siempre serás/ un música orquestal de Maurice Yvain paraíso para corazones y amor.” y R. Granville. ¿Cómo miraban, al El famoso español Luis Mariano menos estos productores musicales, todavía cantaba la canción en francés a México? A decir de la obra, ante en los años cincuenta e, incluso, fue todo, como un territorio “exótico”, actor de El cantor de México, comeya le decía, y ardiente, pero con los dia-musical de 1956. lugares comunes de una obra de esa Aclaremos un par de asuntos, doña época, como tener a un sirviente negro Clofis: cualquiera que viva en Ciudad a través del personaje Kokolani. Para de México sabe que los protectores el clima es templado de animales subhúmedo y si hay resultaría un “ritmos tropicales” no escándalo la provienen más que de exaltación de salones de baile, la tauromaquia porque el trópico, ejecutada por el como le decimos Niño Chicuelo, acá, queda lejos: al un joven novisureste. Eso de que las llero. La trama es esposas mexicanas una mezcolanza son “apasionadas” de estigmas o un parece insinuar que ejemplo de “teatraicionan a sus tro palomero”: maridos sin pudor o sea, en las graalguno, desinhibidas se ríe, se sordas. En lo único que prende, se baila, sí estoy de acuerdo se lagrimea, se es que México es un carcajea y claro, se paraíso para el comen palomitas. corazón y el amor ●
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Marginales/ Gonzalo Valdés Medellín Fernando Muñoz Castillo, creador total LA MUERTE DEL escritor yucateco Fernando Muñoz Castillo fue digna de una peripecia dramatúrgica: justo un día antes de recibir la Medalla Eligio Ancona, máximo galardón que otorga el gobierno de Yucatán, un infarto cortó su vida a los setenta y dos años el 26 de septiembre de 2023. Al día siguiente, post mortem era entregada a Muñoz la medalla que por su importancia coronaba una vida dedicada al arte en diferentes expresiones: fue un notable autor de teatro, género que lo hizo acreedor a innumerables premios; escribió también novela, cuento, ensayo, crítica teatral y cultural; incidió desde muy joven en la investigación de la historia del teatro en Yucatán y en la historiografía de la época de oro del cine mexicano, su libro sobre las rumberas Las reinas del trópico es documento excepcional, al igual que sus biografías cinematográficas: Sara García, Arturo de Córdova, Tin Tan… Publicó más de cincuenta libros. Ente teatral revolucionario, Muñoz Castillo transgredió lenguajes arcaicos y propuso obras de carácter distópico: El bosque, Los vampiros jóvenes, Soy Jasón, tengo 28 años que muestran a un dramaturgo que veía a futuro, vislumbraba los choques apocalípticos del fin del siglo XX y avizoraba a una juventud neomilenaria enfrentada a la barbarie y perversidad de la violencia tecnológica; su impronta dramatúrgica estuvo gestada por un admirable, valiente ahínco profético; tuvo suficiente vida Muñoz para comprobar que sus futuristas preconizaciones eran ciertas. Cuando sintió mi alma tu desdén (Premio Nacional de Novela Justo Sierra 1995) reveló a Fernando Muñoz como agudo observador sociológico de la vida nocturna, abriendo en canal la zona oscura, prohibida, acallada, de una timorata, moralista e hipócrita sociedad yucateca donde prostitutos, prostitutas, drogadictos y proxenetas cubren un amplio mural de tipos y prototipos de los barrios suburbanos en sórdidas interrelaciones humanas y suprahumanas, en las décadas posteriores a los cincuenta. Novela de corte homosexual sin máscaras, publicada por el gobierno yucateco en 2008 dada su relevancia en la experimentación lingüística y osada exploración formal, Cuando sintió mi alma tu desdén es el equivalente yucateco a La región más transparente. A tres años de su partida, la obra de Fernando Muñoz Castillo sigue viva, vigente y publicada en muchas instituciones y editoriales; leerlo será el mejor recordatorio de su brillante paso por este mundo ●
En nuestro próximo número
JOSÉ REVUELTAS SEMANAL Y LA CRÓNICA SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
Arte y pensamiento La flor de la palabra/ Irma Pineda Santiago
La otra escena/ Miguel Ángel Quemain
Mujeres indígenas en la educación
Daniel Giménez Cacho, el atleta de Nocturno
LA POSIBILIDAD DE realizar estudios de nivel superior puede parecer natural para muchos jóvenes, sobre todo en los años más recientes en que se han creado en el país varias universidades, tanto públicas como privadas, que buscan atender las demandas educativas. A esto se suma que desde el Estado se han implementado programas de becas o apoyos educativos para estudiantes en todos los niveles escolares. Sin embargo, para quienes son parte de los pueblos originarios, y especialmente para las mujeres nacidas en el contexto de una familia y una cultura indígenas, la posibilidad de acceder a una universidad o tecnológico no resulta tan sencilla pues, además de luchar contra las desigualdades, tienen que luchar para hacer efectivos sus derechos a decidir sobre su propia vida, estudiar, elegir esposo o cuándo y cuántos hijos tener, y a participar en las actividades públicas y en las tomas de decisiones que les afectan como parte de una colectividad, de donde muchas veces son excluidas, reduciendo sus acciones y valoración al espacio doméstico. En mi experiencia como profesora universitaria en una región donde coexisten al menos cinco culturas indígenas (zapoteca, ikoot, mixe, chontal y zoque), pude observar la inequidad que se refleja en el lenguaje usado dentro y fuera del aula, en los comentarios sexistas al conformar equipos o desarrollar tareas grupales, en la asignación de tareas en las distintas actividades que se llevan a cabo en el ámbito universitario, sean académicos, deportivos o sociales. Desafortunadamente son las mujeres las que tienen mayores complicaciones para mejorar sus calificaciones y continuar hasta concluir sus estudios superiores pues, además de ir a la escuela, deben cumplir con responsabilidades que no se exigen a los varones, tales como la limpieza de los espacios de vivienda, estudio o trabajo, cocinar para toda la familia, cuidar a los hermanos menores, salir a la vendimia de diversos productos, ya que la comercialización es una de las principales actividades económicas para las mujeres indígenas, o conseguir algún empleo de medio tiempo. Por otro lado, las jóvenes no siempre cuentan con el apoyo familiar, porque ir a la escuela implica trasladarse todos los días, lo que aumenta el gasto, además de exponerse a los riesgos de acoso y violencia, por lo que sus familias, con el afán de protegerlas, las desanima a estudiar. Asimismo, algunas, al ser de comunidades lejanas y no poder viajar diariamente, optan por rentar alojamiento en la ciudad de estudio y, ante el hecho de tener que vivir solas, las familias expresan preocupación por su “buen comportamiento” y terminan provocando su retiro de los estudios, sumado a que pueden presentarse situaciones de embarazos no deseados que las obligan a ellas, pero no a ellos, a dejar de lado sus sueños de contar con una carrera universitaria. En el Informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, encontramos que en 2010 las niñas que viven en áreas rurales tienen menos probabilidades de asistir a la escuela que quienes viven en medios urbanos, y que en el sesenta por ciento de las familias más pobres, una de cada tres niñas no asiste a la escuela. Mientras que el informe de 2020 especifica que debido al confinamiento obligado por el Covid-19, la violencia de género aumentó y el trabajo no remunerado en los hogares recayó en las niñas y mujeres, sumado a la brecha digital que excluyó de la educación principalmente a niñas y jóvenes, mismas que al finalizar la pandemia no pudieron volver a las aulas por la carga de trabajo doméstico y las uniones tempranas o matrimonios infantiles. Lo anterior es un panorama desolador para las jóvenes indígenas. Esto no significa que estén inmóviles, desde los pueblos y en los espacios urbanos, han surgido diversos movimientos que cada día luchan por hacer efectivos los derechos que ya están en el papel ●
quemain@comunidad.unam.mx
NOCTURNO, DEL dramaturgo estadunidense Adam Rapp, bajo la dirección de Francisco Franco Alba y la actuación de Daniel Giménez Cacho, es un montaje histórico en nuestro teatro, porque es una muestra de la máxima calidad actoral, enmarcada en un conjunto de exigencias que sólo puede cumplir un actor del peso y la calidad de Giménez Cacho. La universalidad de la historia, su actualidad políticocultural, la exigencia técnica en cuanto al despliegue de recursos actorales, voz, manejo del espacio, un dominio total de la fatiga y su relación expresiva, la cercanía emocional con el personaje y la sabiduría escénica para nunca perder contacto con el público, lo proponen como uno de los montajes más poderosos en nuestra lengua. Giménez Cacho y Franco Alba tejen una forma de conversación y escucha como si el público fuera un terapeuta comprometido, un amigo entrañable, alguien con quien se sostiene un vínculo amoroso, que convence de que su relato se dirige a alguien que le importa y a quien persuadirá de escucharlo, porque es portador de un conjunto de formas de verdad a menudo invisibilizadas por el pudor ante el propio dolor, el miedo, la vergüenza, la culpa y las formas de duelo que en apariencia sólo tendrían que afectar al doliente. Sobre la escena se encuentra un actor en plena forma física y emocional, capaz de administrar su energía y jugar con ella en una escenografía que le permite recursos de cercanía y, al mismo tiempo, una gran capacidad de síntesis que impide distraerse, para poder ver su imagen multiplicada en los reflejos gris plata que la iluminación proyecta como si se tratara de un cuarto de espejos muy sutiles. Se trata de un trabajo sobre el espacio que muestra que el teatro que depende de la taquilla no está marcado por la voracidad de lo comercial, y es capaz de sacrificar cuatro filas de butacas para mantener cerca uno de los desempeños actorales más ricos de nuestro momento. Desconozco el proceso que llevó a Francisco Franco Alba a dirigir a Giménez Cacho y a Giménez Cacho aceptar vivir con Franco este proceso que arrancó en octubre pasado, en el largo aliento de un bordado creativo que sólo puede emprender un actor de esta calidad, a
esta edad, con esta experiencia escénica, y que admite que su vida artística está moldeada por el cine, la televisión y el teatro. Tras admirar los últimos diez años de intervenciones de Giménez Cacho en cine y televisión, pero sobre todo sus exploraciones sobre lo teatral, emprendidas con la gran actriz Laura Almela, abrazados con la poesía escénica de Shakespeare y los múltiples poetas que los habitan, es posible dar cuenta de que la experiencia de Francisco Franco Alba era indispensable para reunir a todos los actores que viven en este actor mexicano nuestro. Fui a ver la función en sábado. Fue un función doble; cuatro horas en escena con apenas unos 20 minutos de descanso, y me llamó la atención el público de ese día: actores, directores, artistas que me atrevo a intuir que saben que se trata de uno de los montajes más memorables que podremos ver en los últimos tiempos, y que la figura de este actor es totalmente inspiradora para quienes pretenden hacer un teatro de valía. Fueron a verlo para contagiarse de esa manera de vivir el teatro, la escena, desde hace más de cuarenta años, con un rigor creciente e ininterrumpido. La obra de Adam Rapp es una expresión de lo Nocturno contemporáneo, demasiado anglosajón para nosotros, emparentada con la gran narrativa británica, sobre todo en su aproximación al dolor: Ishiguro, Amis, Barnes, Swift, Chandra, Kureishi, McEwan. Todos ellos inconsolables, como en la gran novela de Ishiguro Huérfanos; como la premisa de Kureishi. Pero tenemos que aceptarnos como seres poseídos por una arista de desconsuelo y dolor; aceptar que ese dolor puede venir tanto del mundo contingente de lo accidental como del horizonte de la responsabilidad. Extraordinaria ●
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Arte y pensamiento Galería/ José Rivera Guadarrama La importancia de grupos intelectuales y artistas de izquierda EN MÉXICO Y en otros países del mundo está demostrado que los grupos de intelectuales y de artistas son necesarios, porque mediante ellos se definen o preservan los valores culturales de una nación. Funcionan como agentes de cambio social, cultural y político, y su importancia radica en la capacidad que tienen para cuestionar los tiempos presentes, para preservar la memoria y de alguna manera poder vislumbrar alternativas hacia el futuro. Esto es relevante porque destaca la relación orgánica que existe entre intelectuales, educación, cultura y política, y con esa mixtura se pueden dar las condiciones necesarias para la conducción de un proyecto de nación. Al contrario, sin esa guía intelectual, moral, estética y política, resulta difícil enfrentar y superar las crisis de una determinada sociedad. Estas agrupaciones tienen la capacidad de actuar como una conciencia crítica, al exponer y visibilizar las injusticias sociales cometidas en determinada región, mediante la exaltación de los valores culturales predominantes. Así, se generan las ideas teóricas y prácticas para transformar los sistemas políticos injustos que actúan en su detrimento. Mediante esas conjunciones, se recuperan teorías que aporten a la explicación, vinculación y resignificación de conceptos, como cultura, hegemonía, educación, crisis, a través de saber, comprender y sentir, para aventurar entonces la apertura a nuevas formas de cultura. Para fomentar el pensamiento crítico y preservar la memoria cultural colectiva se pueden realizar diversas actividades, como congresos, exposiciones, conciertos, conferencias, funciones de teatro, ciclos de cine, mesas redondas, colaborar con agrupaciones políticas y democráticas de otras partes del mundo, distribuir folletos o manifiestos con las ideas más representativas. En México, uno de los grupos de intelectuales y artistas que comprendieron el valor de la organización fue la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), fundada en la capital del país a finales de 1933 y con fuertes tendencias políticas de izquierda. Parte de sus objetivos era exponer su rechazo al imperialismo y al fascismo, además de apoyar las luchas de los trabajadores y unificar a los intelectuales progresistas. Sus miembros exaltaban la función social del arte y consideraban al intelectual como un militante activo, generador de cambios mediante su compromiso ideal o político, ya que buscaban hacer llegar a las multitudes obras literarias y artísticas que impulsaran cambios sustanciales en sus entornos. Los escritores y artistas que estuvieron en la junta constitutiva de LEAR fueron Juan de la Cabada, Ermilo Abreu Gómez, Luis Cardoza y Aragón. Más adelante ingresaron Rafael F. Muñoz, José Rubén Romero, José Revueltas, Arqueles Vela, Agustín Yáñez, Efraín Huerta, entre otros. Esta agrupación organizó a los artistas e intelectuales con el objetivo de generar influencias considerables en diversos campos del arte y la cultura en México y enfatizaron sus ideales políticos sin ocultar sus intenciones. De ahí que se presentaran ante la sociedad como una red antifascista, posicionándose a nivel internacional por la defensa de la cultura. Su principal órgano de difusión fue la revista Frente a Frente, en la que generaron diálogos con otras agrupaciones que buscaran o tuvieran propuestas artísticas similares. También publicaron distintos libros con tendencias socialistas, sin dejar de lado la producción y promoción de obras de carácter literario. Por desgracia, LEAR se desintegró en 1939, junto con sus órganos de difusión. Sus repercusiones positivas destacan la importancia de integración de grupos de intelectuales y artistas de izquierda. Actualmente, se podrían aprovechar las herramientas digitales con alcances globales y mayor inmediatez, en beneficio de la cultura y del arte, para generar cambios sustantivos en nuestro presente ●
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Te encuentra la poesía Titos Patrikios III Ahí donde piensas que nada más porque quisiste se puede abrir el camino hacia el otro y extender los límites para convergencias fascinantes o al menos volver más humana la soledad si basta que aprendieras muchas cosas que antes no considerabas para que acabe la desconfianza en cualquiera que no se te parezca se detenga la burla sobre quien quiere parecerse a ti se borre la envidia que te da quien te supera se pierda el desprecio a quien quedó más atrás y se venza el miedo ante aquel que castiga se anule el temor y la admiración por quien ejerce poder se diluya la ebriedad por el poder que por poco tiempo tuviste ahí donde luchas por sacudir las nuevas ataduras que llegaron después del estallido de tu rebeldía que luchas por la libertad y luego ves cómo la libertad no compartida para algunos se vuelve esclavitud ahí donde te esfuerzas por reducir tu inseguridad por no entregarte al deseo de reconocimiento y contener en algo tu secreta arrogancia
Ahí mismo te encuentra la poesía
Titos Patrikios (Atenas 1928), abogado, sociólogo y traductor es también miembro de la Primera Generación de Postguerra o de la Derrota. Formó parte de la Resistencia durante la ocupación alemana y estuvo a punto de ser asesinado por los colaboracionistas. Después de la Guerra Civil griega (1946-1949) fue arrestado por sus ideas de izquierda y condenado al exilio durante tres años. Traductor de Lukács, Stendhal, Balzac y Valéry, es autor de veinticinco libros de poesía y seis de prosa. En 1992 recibió el Premio de Poesía Internacional Salerno, y en 1994 el Premio Nacional de Poesía de Grecia por toda su obra.
Versión de Francisco Torres Córdova.
Arte y pensamiento Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars Híbridos inconfesos y otros problemas (III y última)
Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista Por Palestina, Macklemore vs. Ed Sheeran QUÉ SIGNIFICA PALESTINA Libre? Significado positivo número uno: “que termine la ocupación de Israel”. Dos: “que exista un Estado palestino”. Tres: “que los palestinos tengan igualdad de derechos”. Cuatro: “que termine la guerra y la violencia contra los civiles”. Cinco: “que se permita a los refugiados palestinos ejercer derechos fundamentales”. Pues bien, lectora, lector, en esta columna suscribimos todos esos significados. Entendemos, claro, que hay radicales en ambos lados. Antisemitas que insultan con odio validando la queja de sectores extremos ‒con décadas revictimizándose‒, de ésos que mueven los hilos en el lobby de las grandes decisiones internacionales. Sectores variados que proliferan tomando ciudades, barrios en numerosos países que nunca los han visto como invasores o inmigrantes descalificados. ¿Por qué hablar de esto? El 11 de septiembre pasado, en la víspera del año nuevo judío (Rosh Hashaná), ocurrió una manifestación en la calle de Masaryk, Polanco. Fue cerca de la sinagoga Maguen David. Allí se profirieron mensajes inapropiados, alejados del espíritu que profesan las principales organizaciones solidarias con Palestina. Todas se desligaron. El tamaño de la protesta fue limitado a unas pocas decenas de personas. Entre ellas hubo quien gritó o mostró pancartas con “fuera judíos” o “boicot a los negocios judíos”. Consignas repudiables. Dicho ello, empero, repetimos: observar y criticar al Estado de Israel es fundamental, tanto como mirar a los de Estados Unidos, Rusia, China, Irán, El Congo o Sudán. A Cuba, Argentina, El Salvador, Colombia o México. Eso lo entiende bien el gran rapero Ben Haggerty, líder de Macklemore. (Aquí, finalmente, el centro de nuestra motivación dominical.) Sus palabras durante un concierto en el estadio de New Jersey, siendo telonero del exitosísimo cantautor Ed Sheeran, despertaron una polémica valiosa. ¿Qué dijo? Sí: “Free Palestine.” Después agregó un mensaje amoroso y brillante en el que abrazaba a todos, incluyendo a los judíos. Condenó a todo gobierno totalitario. Pidió dignidad e igualdad para cualquier ser humano. Señaló al ICE como una organización terrorista en Estados Unidos. Entonces interpretó su tema “Hind’s Hall” (búsquelo con letra añadida). Aquella tarde hizo todo bien y el público lo ovacionó. ¿Qué obtuvo a cambio? Lo primero: que varios empresarios como Robert Kraft, dueño del equipo de los Patriotas de Nueva Inglaterra y del estadio en el que sería el próximo concierto de Sheeran, prohibieran sus participaciones programadas. Y sí, hablamos de un empresario judío con enorme influencia global. Y aquí lo grave: obedeciendo ante la presión, el joven Sheeran falló al leer la historia de su tiempo y separó al rapero del resto de la gira. Grave error. Allí lo segundo que ocurrió y que nos tiene aplaudiendo: Macklemore respondió con elegancia y, acto seguido, los demás músicos involucrados en la gira, incluidos la banda que acompañaba al propio Sheeran y el influyente productor Phineas (hermano de Billie Eilish), todos abandonaron el proyecto. Eso le está costando al pelirrojo miles de seguidores y el peor de sus miedos: tener que tomar posición política. Son tiempos así. Si llenas estadios la tibieza no alcanza si a tu lado un verdadero artista levanta la voz por los desprotegidos. Escuche entonces a Macklemore y cancele a Ed Sheeran. Atendiendo a lo positivo e innegable, diga con nosotros: Palestina libre. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●
HACIA EL FINAL del libro Gobierno de izquierda, documental de derecha, el acucioso y lúcido ensayo de Carlos Mendoza y Alejandro J. Ponce Díaz, se explica y al mismo tiempo se deplora que “el discurso dominante en torno al documental en el mundo suele presentar a su vertiente social y a la asociada al conocimiento, al periodismo y a la televisión como una expresión caduca, agotada en sus formas y aburrida. Como una antigualla que sucumbió con el siglo XX, refugiada en la televisión”. Las cursivas son de este juntapalabras y quieren señalar enfáticamente la que, desde hace dos décadas y medio aproximadas, es la justificación recurrente que en la actualidad tiene al CDM convertido en un catálogo inabarcable, desde la perspectiva conceptual, de cuitas personales, visiones limitadas, temas que con trabajos alcanzan a serlo y, desde la formal, inconfesas pero flagrantes pretensiones esteticistas, hay que decirlo, cada una de plano más cursi que la anterior. Al son de quitarle al documental lo supuestamente caduco y aburrido, se ha privilegiado el ombliguismo opinionista, por llamarle de algún modo a esos ejercicios fílmicos que, como bien exponen Mendoza y Ponce, son expresión final de una lógica individualista por un lado inevitable y por otro potencialmente saludable, incluso a pesar de sus taras y excesos, siempre que no se les privilegie y, sobre todo, no se les considere como la única forma válida, plausible, exhibible y premiable de documentar en imágenes la realidad, en detrimento del documental de corte social.
Sin “categoría” NO FALTARÁ QUIEN lo considere teoría conspiratoria, pero los datos duros indican con claridad que en el financiamiento de la producción y difusión del CDM creacionista, ombliguista y esteticista están involucrados, en mayor o menor medida, dineros de la siempre turbia CIA, agencia de inteligencia estadunidense que desde su creación tiene entre sus cometidos el intervencionismo cultural. Antes de levantar la ceja y desechar la idea, remítase el lector al primer capítulo de Gobierno de izquierda…, donde a manera de ejemplo los autores reseñan, datos en mano, el modo en que la CIA propició, auspició y aprovechó el éxito de la corriente plástica conocida como la Escuela de Nueva York, tan tem-
prano como la década de los años cincuenta del siglo pasado. A través de brazos institucionales como la USAID, hoy de memoria tan nefasta como la CIA, de la cual proviene, esta última y, por lo tanto, el gobierno estadunidense –el formal y el económico de facto, se entiende–, intervienen y en más de un modo controlan aquello que, en materia documental, conviene que sea visto y celebrado; ¿qué? Simple: cualquier cosa que no altere en absoluto el estatus quo, despierte conciencias ni soliviante a las masas. Una vez más: si lo anterior le suena descabellado por paranoico, déjese de lado el intervencionismo internacional y concéntrese la atención en el ámbito local, donde se encuentra, entre muchos otros y aquí referido sólo como botón de muestra, un documental –y llamarlo de ese modo es un exceso en sí mismo– nefasto y deplorable como ¡De panzazo! (2012), hecho por encargo y a la medida de los particularísimos intereses de quienes, con Claudio X. González a la cabeza, estaban (y cabe suponer que siguen) interesados en la privatizar la educación en México. Para quien lo ignore: los membretes creados por X. González han recibido financiamiento directo de la USAID, como lo ha recibido también el festival de cine documental Ambulante –y no es el único–, donde el CDM de esta naturaleza, así como el ombliguista infectado hasta la médula de solipsismo, dictan la pauta y perpetúan la idea de que si el documental informa, proporciona datos, revela situaciones colectivas y puede ser herramienta de cambio, entonces no tiene “la categoría” necesaria para ser difundido y visto en pantallas grandes, sino con trabajos en las de televisión. No termina aquí la cosa, pero ya será más adelante que se aborde una vez más ●
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La gentrificación del taco Luis Miguel Quijada EL DEMONIO DE LA GENTRIFICACIÓN AMENAZA SERIAMENTE LAS FORMAS Y EL SENTIDO DEL ACTO DE COMERSE UN TACO EN UNA ESQUINA: ES, SE DICE AQUÍ CON JUSTIFICADA VEHEMENCIA, “LA CONVERSIÓN PROGRESIVA DE LO COTIDIANO EN MERCANCÍA, DE LO POPULAR EN PRIVILEGIO Y DE LA CULTURA EN ESCAPARATE”.
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ace tiempo que vengo observando en Ciudad de México un fenómeno al que, por mi cuenta y riesgo, he decidido llamar “la gentrificación del taco”. No sé si en provincia esté ocurriendo lo mismo, aunque sospecho que la pinche lógica del mercado no respeta ni geografías ni santuarios. ¿De qué chingados hablo? De algo aparentemente tan sencillo como esto: el taco, esa maravilla gastronómica que nació de nuestra relación ancestral con el maíz y que durante siglos ha sido comida del pueblo, accesible, cotidiana y democrática, se está convirtiendo poco a poco en mercancía de lujo. Ya no es raro encontrarse con tacos de suadero, pastor o guisado rondando los veinte o veinticinco pesos por pieza. ¡Veinticinco pesos por un taco! Eso ya no es inflación: es una afrenta. Es un sacrilegio cometido directamente contra los dioses del maíz. Porque en México el taco no es simplemente comida; es una práctica cultural, una forma de habitar la ciudad, de encontrarse en la esquina, de comer parado, con el plato en una mano y el refresco en la otra, mientras el taquero grita “¡va el de pastor con mucho de todo!” y alguien atrás pregunta si todavía queda salsa de la que pica. El taco pertenece a esa economía popular donde no necesitabas reservar mesa, consultar una carta con nombres mamadores ni pagar por una “experiencia gastronómica”: bastaba con tener veinte pesos en la bolsa y un resto de hambre. Pero la lógica de la gentrificación funciona precisamente así: primero encarece la vivienda, después las rentas, luego los servicios, desplaza a los habitantes originales y finalmente convierte las prácticas cotidianas del barrio en mercancías para consumidores con mayor poder adquisitivo y extranjeros. Lo que antes era del barrio termina convertido en concepto, franquicia, marca y “propuesta gastronómica”. El puesto de la esquina desaparece y aparece el local “progre” diseñado para foto de Instagram; el taco deja de ser alimento y comienza a funcionar como signo de distinción, como diría Bourdieu, “una mercancía cargada de capital cultural”. Y entonces ocurre la pinche paradoja: toman una comida popular, le quitan su contexto, la empaquetan, le ponen una tipografía mamalona, unas luces cool, una cerveza artesanal y una cuenta de quinientos varos por persona, y después tienen los tanates de decir que están “rescatando la tradición” (nmms). No, señores: están secuestrando la tradición para cobrar el rescate muy caro. Estamos asistiendo a la transformación de una práctica popular en mercancía y, peor todavía, a
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▲ Puesto de tacos en CDMX. Foto: La Jornada / Pablo Ramos.
El taco era democrático porque estaba al alcance de todos, y cualquiera podía comerlo; ahora empieza a convertirse en un marcador de clase, exactamente como ocurre con tantos otros elementos de la vida urbana que el mercado descubre, estetiza y posteriormente encarece.
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la privatización simbólica de aquello que durante generaciones perteneció a todos. El taco era democrático porque estaba al alcance de todos, y cualquiera podía comerlo; ahora empieza a convertirse en un marcador de clase, exactamente como ocurre con tantos otros elementos de la vida urbana que el mercado descubre, estetiza y posteriormente encarece. Y lo más cabrón es que uno termina pagando más no porque el taco tenga más carne o más gordito, sino porque alguien decidió que ahora comerlo debe constituir una experiencia (qué asco de güeyes, neta). Pues yo no quiero experiencias: quiero mi taco; añoro mi taco de suadero servido en un plato de plástico, con la tortilla sudada de grasa, cebolla, cilantro, salsa que pique chingón y un pinche taquero que no necesite explicarme la procedencia epistemológica del chile, sino iniciar la batalla de albures en base a tan fino tema. Quiero comerlo de pie, en la banqueta, sin que nadie me diga que estoy disfrutando una “reinterpretación contemporánea de la cocina mexicana”. Si esta lógica continúa, llegará el día en que comer un taco será un acto de ostentación, habrá tacos de “autor”, maridajes de taco con vino, y algún culero con doctorado en marketing nos explicará que pagar ciento ochenta pesos por tres tacos constituye “una experiencia decolonial”. Ya para entonces habremos llegado al absurdo absoluto: un país cuya identidad está construida alrededor del maíz terminará haciendo inaccesible una de sus formas más elementales de comerlo. Que quede claro: esto no es solamente que el taco esté caro; es la conversión progresiva de lo cotidiano en mercancía, de lo popular en privilegio y de la cultura en escaparate. La gentrificación no solamente expulsa personas de sus barrios: también expulsa las costumbres que alguna vez hicieron de esos barrios lugares habitables. Por eso digo que la gentrificación del taco es una ofensa, una profanación, un acto sin precedentes contra la memoria gastronómica de este país, otra forma de despojo, y aunque uno quisiera creer que todavía podemos defender nuestra tortilla, nuestra salsa y nuestro pinchi taquito de la voracidad del mercado, viendo cómo se encarece todo lo que alguna vez fue cotidiano, me temo que esta tragedia seguirá avanzando. Llegará el día en que hasta los dioses del maíz tendrán que hacer cola, tarjeta en mano, para poder pagar un taco en la terminal, y eso, señores, no tiene perdón ●