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La Semanal

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El mixteco, la lengua de la lluvia

Sakamch’én: a 30 años de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar

Óscar Oliva

TARKOVSKI FILOSOFÍA EN IMÁGENES:

Antonio Valle A ti

Vl l Y LA TRAGEDIA DE OCCIDENTE

Filosofía en imágenes: Tarkovski y la tragedia de Occidente

Acontecimientos mundiales recientes como la invasión y el genocidio israelita contra el pueblo palestino en Gaza, así como la insensata guerra desatada por el propio Israel y Estados Unidos contra Irán –donde se habla incluso de “borrar toda una civilización de la faz de la Tierra”–, no son hechos aislados en la Historia y ponen de manifiesto la decadencia de Occidente. A través de los signos de su agotamiento, el modo hoy prevaleciente de ser y estar en el mundo revela una crisis de alcances incalculables, incluyendo la posible desaparición de nuestra especie. En su cine, plagado de alusiones y referencias filosóficas, que más que respuestas plantean preguntas, Andrei Tarkovski expone los riesgos de esa tragedia y, si bien frágil y precaria, arrojan una luz esperanzada, de todo lo cual versa el ensayo de Antonio Valle que ofrecemos a nuestros lectores.

Tríptico del tiempo

I Teogonía

PORTADA: Rosario Mateo Calderón, con restauración digital de un fotograma de Sacrificio de Andrei Tarkovski.

SEMANAL

EN CADA AVENIDa languidece la sombra del Dios del abismo y del asfalto, ninguna de sus verdades de murmullo sirvió para destruir, con su furia sin océanos, esta ciudad estoica. Muchos afirman que murió atropellado y que su aliento todavía caliente se desvaneció en el parabrisas roto de un tráiler cargado de plátanos y mesas. Otros sostienen que escapó hacia los volcanes la noche del último terremoto y que de su fuga surgieron los vientos que hacen retumbar los puentes peatonales y los anuncios luminosos en los que también agonizan hombres y mujeres en bikinis de colores divulgando el fin de los tiempos. Se dice que de una mañana de tormentas eléctricas y de juramentos refulgentes de lluvia nacieron pequeños dioses que ahora habitan las coladeras y los ríos entubados que cruzan la ciudad. Estos dioses menores, hijos del agua y de la suciedad, emascularon a los pordioseros que se escon-

dían en esos pasillos subterráneos y libaron durante años el vino amargo de esas aguas negras. En el punto más alto de su miseria y de su gloria, se blasfema contra ellos en las plazas y en los mercados y corre el rumor de que en el mar subterráneo de líquidos turbulentos apenas hoy son enaltecidos en secretos rituales con sus pequeños trajes de buzo y su triste parodia de titanes de la mierda. No tenemos esfinges, todas ellas murieron en combates incomprensibles. Los dioses de la justicia se quedan dormidos en algún vagón del Metro y por las tardes también cantan a todo pulmón insignes boleros de artistas muertos. Tampoco tenemos ya ningún destino que cumplir, ninguna gracia ultraterrena que ilumine nuestros momentos más infames o que nos obligue a la maldición secreta de nuestros hijos o a la traición que rige calladamente nuestras desgracias. Nunca más tendremos alas de murciélago que nos transformen en emisarios de algunos castigados por el olvido. Ningún poeta ciego camina ya por nuestras calles. Ningún ojo inmortal nos lleva la cuenta de todos nuestros suplicios.

DIRECTORAGENERAL: CarmenLiraSaade LuisTovar FranciscoTorresCórdova COORDINADORDEARTEYDISEÑO: FranciscoGarcíaNoriega

DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade • DIRECTOR: Luis Tovar•EDICIÓN: Francisco Torres Córdova • COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: • Francisco García Noriega DISEÑO Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón • LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores • PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. • CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx • PÁGINA WEB: http://semanal.jornada. com.mx/ • TELÉFONO: 5591830300

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

Semanal

Gustavo Ogarrio

Margarida

para Luciano Prado da Silva para André Mantelli para Valentina Quaresma Rodríguez

MI NOMBRE ES MARGARIDA, vivo en Cruzeiro do Sul y todos dicen que tengo 116 años, con sus días y sus noches impalpables. Soy un recuento vetusto de sombras gobernadas por el murmullo. Soy la herida misma del tiempo, el descuido de un dios homicida. Nunca tuve un novio, podría decir que le tenía miedo a mi padre y que mis entrañas fueron saqueadas por ese miedo que se impuso en mí como una devoción. Además, mi madrina de bautismo un día me susurró al oído: “Nunca te cases.” Y yo le obedecí para vengarme de ella, para vengarme de todas y todos por anticipado. Para vibrar sin deseo tuve que ser este cuerpo sellado, esta sonrisa sin fulgor de virgen clausurada; el siglo negro que vive en mí es un largo velorio en el que sólo se ríe el diablo. Cuando estoy un poco ebria de silencio le digo a los micrófonos de la radio y de la televisión –que vienen a verme de vez en cuando como si fuera la madre de Dios y me preguntan por mi edad y por los caballos que ardieron secretamente en mis ojos–: he sido muy feliz y no tengo nada que reclamar, porque mi felicidad no está en los hombres. Investida de ese poder que me ha dado el transcurrir del tiempo, les digo lo que quieren escuchar: la vida es una fosa, un ataúd de tiempo, un desierto moribundo, un sol que no arde, las sustancias invisibles del río que se pegan en los techos de las casas de madera; la vida siempre es el paso brutal de los años. Ellos ríen y se van complacidos con mis herejías. Todos han muerto. Mis padres y mis tres hermanos; un zapatero que venía de Río de Janeiro; una prostituta que se internó en el Amazonas y de la cual se dice que en las noches grita al borde del río mientras camina hacia atrás, como una hermosa reina despojada e invertida; veinticinco curas de la iglesia de San Francisco; treinta niños y dieciocho niñas que se ahogaron en el río. Últimamente me duele mi pierna izquierda y esto no me ha dejado salir de casa. Soy devota de San Francisco y guardo cuarenta y tres imágenes suyas. Los domingos en la tarde me refugio en mi cama, apago la luz y en una radio muy vieja me pongo a escuchar las tres misas que se celebran en Cruzeiro do Sul. Tengo miedo de quedarme para siempre aquí en la Tierra.

III

Una carta

evocación de Francesca Gargallo

DE LA BOCA saturnina nació su carta hablada; la tinta labial que fue dibujando aquella tarde una caligrafía diáfana de palabras e imágenes que se rompían con el viento del otoño.

Hermanas: abracen la semilla glaciar de otros deseos donde quepa la ternura secreta de sus historias. Corran a la orilla de este mundo en el que la sangre es la ecuación pública del odio, de esta galaxia de lunares en el desierto; arrojadas e insepultas en medio de la guerra muda. Corran a refugiarse en las manchas de betabel que dejaron las abuelas en sus rostros para cubrirlas de los mismos tormentos, del toro de sesenta años enfurecido porque no le servían la comida. Nunca más el precipicio que murmura crucifijos y obediencia. Nunca más el patrón montado, el torpe títere que babea el horror de la pernada en el hombro sin escapatoria. Nunca más la caricia incomprensible del destino de tiniebla que las reparte en la eternidad como cabras heridas; aves descompuestas ante la certeza del cazador complacido. Nunca más esas boquitas inmóviles, rosadas, como de chupón, cerradas para siempre en la imagen funesta de los diarios. Besen los rostros quemados del amor, la felicidad breve de cenicienta sin príncipe. Evoquen la alegría matinal compartida al menos con aquella o aquel que les sirvió el desayuno o que las cubrió con la sábana después del último sollozo; o que en su desorden de aguas las quiso monstruosas, ciertas, ambiguas, incomprensibles. Acomodadas la una con la otra, frotando su pedazo de olvido en el dorso. Que se mezcle con el olvido su saliva negra de brujas intemporales, que se calcinen sus manos en el rozamiento mutuo, en esos masajes de tierra que guardan algo de la sustancia nocturna de los árboles. Fajen, broten, háganse verdes y violetas sin miramientos, sin las fantasías sicalípticas de los machos frustrados, renuncien al baile de Barbies que el mundo preparó para ustedes. Déjenles a ellos la tristeza de los genitales furiosos, que las aves de rapiña devoren los falos que caerán como moscas en la playa morada de los metales muertos, esos falos con su ojo ciego que mira a ningún lado, o como peces que se estremecen moribundos en la arena para boquear los estertores de la vida submarina ●

Dos poemas

Marco Antonio Campos

El
El

mes de

mes de enero

eneroTrump camina por el Palatino

Mes para morir, enero, en eso, disfrázase en diciembre, y uno a uno caen, caen repetidas veces como hojas glaucas en senderos del parque, hojarasca que ahora veo desde el ventanal de la sala: cae en enero el amigo inolvidable de la juventud, cuya muerte hizo pedazos las puertas de su casa, cae, cae mi madre, sentenciada sin regreso por una enfermedad crónica, caen, caen en el pozo, entre cántaros rotos, Juan Gelman, José Emilio, Bonifaz, Juan Rulfo, que mano amiga y bellos libros dejaron por el mundo, pájaros ciegos picotean 31 veces, marchita la azucena 31 veces, fantasmas se anuncian 31 veces, y alguien que crees reconocer sirve a los comensales la Última Cena.

Por la crueldad del más fuerte, no por lúcido y carismático, crees que deben reverenciarte y compararte a los dioses

Pero falla el personaje

Si no tendrás la ansiada gloria, serás recordado como caso de psiquiátrico o de guía del matadero.

No te impacientes. Ya llegas. Los conspiradores ‒¿no los ves?‒acechan en el Palatino.

Y el pueblo ignorará, si aquel acuchillado eras tú o era Calígula.

Sakamch’en, cueva de piedra blanca

A 30 años de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar

SE SABE QUE LOS ACUERDOS DE SAN ANDRÉS LARRÁINZAR –SAKAMCH’EN, EN MAYA-TSOTSIL. ISTACOSTOC, EN NÁHUALT– FIRMADOS EL 16 DE FEBRERO DE 1996, NO FUERON RESPETADOS. ESTE TEXTO, QUE SEÑALA LAS FASES ESENCIALES DEL PROCESO, FUE LEÍDO EN LA CONMEMORACIÓN DE LOS TREINTA AÑOS DEL ACONTECIMIENTO, EL 16 DE FEBRERO DE 2026, ORGANIZADO POR LA RECTORÍA DE LA UNAM/SERAPAZ.

Ala cueva de piedra blanca llegó Baxakmen, Ocho Águila, guía, instructor, guardador de la memoria, encabezando a los desplazados de sus comunidades, para salvar sus vidas. Llegaron con los aguaceros que giran en espiral a medida que la Tierra gira. Comprendieron que ese espacio no era el final de su búsqueda, sino que era el comienzo para resistir la imposición de la guerra por aquellos que los ataron y colgaron en las vigas de sus casas. Era continuar la vida con una nueva fuerza común. El anciano guardián, en su morral, llevaba las semillas de maíz listas para ser sembradas. Enseñó a medir el tiempo por el crecimiento de los cerros, a escuchar las voces que no son humanas. Sakamch’en nació en acuerdo con los dioses.

Los zapatistas retomaron el nombre Sakamch’en de los Pobres para que fuera sede del diálogo por la paz. Las instalaciones se construyeron en la cancha de basquetbol. Cuando las conocí, pensé en el Juego de Pelota, escenario para el combate entre la luz y la oscuridad; el lugar para resolver conflictos entre pueblos, sin recurrir a la guerra.

En noviembre de 1995, bajo la lluvia, el frío, el hambre, los cordones humanos que garantizaban la seguridad del EZLN, les cundió el temor de que iban a ser atacados por el Ejército Mexicano,para colapsar el diálogo. La plaza se llenó de una niebla espesa. Después de unos cuantos minutos, se disipó. La plaza vacía.

Desde febrero hasta noviembre de 1995, la estrategia de contrainsurgencia fue el asedio y presión militar constante: cerco, retenes, vigilancia, hostigamiento, sobrevuelos, movimientos de tropas, ataque a las bases civiles, apoyo a grupos paramilitares.

El 16 de febrero de 1996 fueron firmados los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena. El gobierno de Ernesto Zedillo no envió la propuesta original de reforma al Congreso de la Unión.

Ante el incumplimiento y rechazo del gobierno federal, el EZLN y sus bases decidieron no volver a dialogar con el Estado. Trabajaron e implementaron el principio de mandar obedeciendo, fundaron los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno. Desde finales de diciembre de 2023 y hasta lo que va de 2026, los zapatistas han avanzado en la consolidación de El Común y la No Propiedad. El Subcomandante Moisés ha enfatizado que el objetivo de esta nueva etapa de lucha es que los pueblos manden obedeciendo, que la tierra sea de nadie y de todos: no para crear una utopía inamovible, sino para construir los cimientos de una nueva realidad donde participen zapatistas y no zapatistas, según el calendario de cada individuo o comunidad, y así sobrevivir juntos a la crisis de la civilización actual, marcada por el terror y la vuelta al fascismo. Un día de 1994 viajé por primera vez de Las Margaritas a La Realidad. Es la ruta que atraviesa la región tojolabal de la Selva Lacandona. Pasé por comunidades que no sabía que existían: Momón, Nuevo Momón, Veracruz, Chayaves, San José, Guadalupe Tepeyac… En La Realidad escuché lenguas originarias, tan lejanas a mi comprensión, y el castilla, cargada con características gramaticales, léxicas, fonéticas, del antiguo español. Recordé al Arcipreste de Hita. Fue uno de mis primeros aprendizajes. Comprendí la grandeza de las culturas indígenas de Chiapas, a pesar de que les han arrebatado tantas cosas por tantos siglos. Y que el EZLN ha aportado al fortalecimiento de esas artes y culturas.

Fui testigo y observador. Escuché la palabra de las comandantes y los comandantes. Sentí muy de cerca el sufrimiento armado, que dijera César Vallejo.

Desde la puerta de la casa de tablas de madera y techo de paja que ocupaba cuando hacía las tareas que me asignaba la CONAI, observé la asamblea que debajo de la ceiba, en el centro de La Realidad, llevaban a cabo tojolabales, tzeltales, tsotsiles, ch’oles; en sus lenguas, mezclando el castilla, dialogaban. Después de varias horas de escuchar el enjambre de voces, sentí que iba disminuyendo de intensidad. Hasta que se hizo el silencio. Cada uno de los asambleístas se fue dando la mano. Comprendí que habían llegado a un acuerdo de lo que estaban valorando y discutiendo: quizá ese otro modo de vida, en acuerdo con los dioses. El 29 de agosto de 1996, y como resultado de la consulta con sus bases de apoyo, el EZLN comunicó al país y al mundo que suspendían su participación en futuros diálogos, por la incapacidad de decisión de sus interlocutores, sin voluntad política de negociación y sin respeto a la delegación zapatista.

El 25 de abril de 2001, el Congreso de la Unión, por orden del presidente Fox, ignoró y mutiló los puntos esenciales sobre autonomía y derechos territoriales acordados. No respetó la propuesta original de la Comisión de Concordia y Pacificación. El EZLN y el Congreso Nacional Indígena rechazaron la reforma aprobada: la consideraron una traición a los acuerdos firmados y a los pueblos indígenas.

Luego llegaron los aguaceros que giran en espiral a medida que la Tierra gira.

Nunca olvidaré que en las madrugadas podía ver en toda su intensidad y extensión la Vía Láctea ●

El subcomandante Marcos en Oaxaca, 2001. La Jornada / José Nunez.

Los misterios de un manicomio

EN LA ZONA DE TLALPAN, AL SUR DE CIUDAD DE MÉXICO, ZONA NO SÓLO DE HOSPITALES GENERALES O ESPECIALIZADOS, SE ENCONTRABA EL SANATORIO PSIQUIÁTRICO FLORESTA, AHORA EL PARQUE JUAN DE ASBAJE, QUE EN ESTE ARTÍCULO ES RECORDADO CON CIERTA MELANCOLÍA, “ACASO DESPRENDIDA DE LOS PACIENTES QUE CIRCULABAN ENTRE SUS ÁRBOLES”.

Acausa de misteriosas razones que no tienen una razón de ser distinta a su existencia, la mayoría de los hospitales psiquiátricos, llamados manicomios por la gente, se hallaban situados al sur de Ciudad de México en Tlalpan, sitio donde floreció la primera urbe prehispánica de la Cuenca de México. Lugar de recreo y esparcimiento desde la época novohispana, sus bosques, lagos, casas e iglesias hacen de Tlalpan una de las zonas más bellas de la capital mexicana. No puedo dejar de recordar, cuando me refiero a esta zona, a un gran amigo y poeta: Ignacio Hernández, por desgracia desaparecido, quien presumía de ser tlalpeño de hueso colorado. Cabe señalar que la palabra “tlalpan” está formada por dos voces en náhuatl: tlalli que significa “tierra” y pan que quiere decir “encima o sobre”. Así, la palabra en conjunto significa “encima de la tierra” o “en la tierra firme”.

Escenario de la primera sociedad estratificada urbana en la Cuenca de México, sus ruinas se conservan en Cuicuilco, pues su desarrollo se vio interrumpido por la erupción del volcán Xitle hacia el año 100 aC. Después de ser ocupado por tribus nahuas, Tlalpan fue parte del marquesado del Valle

La tercera unidad, erigida alrededor de un agradable jardín exclusivo, estaba formada por una serie de cuartos privados donde eran alojadas personas adineradas y más o menos deprimidas, sufrientes de un choque sin consecuencias, enfermos que requerían asistencia médica temporal, pero conservaban toda su lucidez.

de Oaxaca que se otorgó a Hernán Cortés en recompensa por sus conquistas. Desde finales del siglo XVII se convirtió en sitio de recreo donde algunas ricas familias construyeron suntuosas fincas. Después de muchas peripecias entre la Independencia de México, el Segundo Imperio, el porfiriato y la Revolución, Tlalpan se convirtió en una de las doce delegaciones del Distrito Federal. Lo que la Historia no explica es por qué los hospitales psiquiátricos, entre éstos la antigua Castañeda, rebautizada Fray Bernardino, se instalaron en Tlalpan. Otros manicomios se domiciliaron también en esa zona. Tal fue el caso del Floresta, hospital privado cuyo propietario era el doctor Millán, padre de los médicos Alfonso e Ignacio. El Floresta era un terreno donde se levantaban tres unidades habitacionales que gozaban de un vasto parque. Este jardín respiraba una melancolía acaso desprendida de los pacientes que circulaban entre sus árboles. En la primera de las tres unidades estaban alojados, y encerrados, los enfermos que sufrían de accesos violentos y los que acababan de sufrir electrochoques –la cabina donde éstos eran aplicados se ubicaba también ahí. Muchos de ellos eran enfermos de nacimiento y otros no recuperarían nunca la salud mental.

La segunda unidad, constituida por un largo dormitorio donde se alineaban dos hileras de camas, era habitada por enfermos incurables pero sin graves manifestaciones agresivas. Enfermos enviados al hospital por alguna administración sanitaria, los cuales se veían condenados al encierro de por vida. Estas víctimas de alienación mental gozaban del permiso para pasearse en los jardines durante el día. Su pérdida de la lucidez era debida a algún accidente que afectó su cerebro o un choque emocional capaz de conmocionar sus funciones mentales. Estos pacientes, más o menos lúcidos, se distraían trepándose en un escenario de teatro sin telón ni foso de orquesta, puesto a disposición de los locos por algunos de los psiquiatras que creían en la curación mental gracias a una actividad artística.

La tercera unidad, erigida alrededor de un agradable jardín exclusivo, estaba formada por una serie de cuartos privados donde eran alojadas personas adineradas y más o menos deprimidas, sufrientes de un choque sin consecuencias, enfermos que requerían asistencia médica temporal, pero conservaban su lucidez. Algunos de ellos, para ocuparse durante su estancia en el Floresta, crearon una especie de periódico titulado, no sin humor, El Ocote. Por esta unidad pasaron algunas personas bastante famosas que padecían alcoholismo o de alguna otra adicción. Había también una sección secreta a la cual tuve acceso por accidente y a causa de mi curiosidad ante una puerta cerrada. En esta parte escondida a los ojos indiscretos se albergaban seres que no tenían apariencia humana, cuyas familias gozaban de suficiente dinero para mantenerlas en vida, ocultas en este pabellón hermético, con excepción de alguno de los médicos psiquiatras iniciado en el secreto de su existencia.

Los doctores Millán dudaron mucho en conservar la existencia del Hospital Floresta cuando su padre murió. Herederos del establecimiento, les fue difícil encontrar un médico deseoso de encargarse del manicomio. Ni Alfonso ni Ignacio quisieron esclavizarse en el funcionamiento diario del hospital, el cual requería atención, esfuerzo y trabajo las veinticuatro horas del día. Alfonso me contó que terminaron por trasladar a los enfermos a otros establecimientos y vender el sitio como terreno. Con una sonrisa entre divertida y melancólica, me narró también cómo vio volar y perderse en el espacio los archivos del hospital, la vida de sus locos antes del encierro en el nosocomio. Y en el olvido quedaron, esa mañana, sus existencias esfumadas y los recuerdos que el viento se llevó ●

▲ Sanatorio Psiquiátrico Floresta.

“En mi comunidad sólo había hasta segundo de primaria. Entonces, bajamos de la montaña y estudié en Santiago Juxtlahuaca. Entré a la escuela a los nueve años. Al Distrito Federal llegué en 1982, cuando iba a cumplir dieciséis años. Las personas con quienes vine me aconsejaban que no hablara mi lengua y no dijera que era mixteca: me volví callada”, recuerda la poeta Celerina Sánchez (Mesón de Guadalupe, Oaxaca, 1967).

El mixteco, la lengua de la lluvia

cuando migramos hacia la cabecera distrital, creí que encontraría un mundo diferente y bonito. El racismo lo conocí en la primaria: yo no tenía zapatos, iba descalza y me pisaban los pies, me jalaban las trenzas, y no sabía por qué… ¡sólo sentía ese rechazo! El racismo no es algo que entiendas, sino que lo sientes.

Violencias

‒¿En qué parte del cuerpo se siente el racismo? ‒En todo el cuerpo. Primero, sientes mucho enojo… ¿por qué alguien pisa tus pies y te empuja? ¿Por qué te jalan las trenzas y rompen tu cuaderno? Después la tristeza se vuelve contra ti, no sabes qué pasa en tu mundo y aparece la depresión. Te enseñan no a odiar al otro, sino a odiarte. Entendí que los otros eran diferentes, superiores, porque no hablaban mi lengua y yo no hablaba la suya. Cuando alguien me golpeaba o rompía mi cuaderno, no podía acusarlo con el maestro porque no sabía cómo decirle… Eso te va minando. Conmigo misma fui sumamente violenta a causa de mi pensamiento y mi físico.

Ni loca ni sola

“A LOS DIECIOCHO años me casé. A veces, mi compañero me preguntaba por qué era tan ridícula como para escribir poesía”, evoca Celerina. Y agrega: “Me cambió la vida leer Si me permiten hablar, de Domitila Barrios. Después leí Así me nació la conciencia, de Rigoberta Menchú. Esos libros me permitieron conocerme más y verme a mí misma con otros lentes. También, los comunicados del EZLN fueron impactantes y reconfortantes. Pensaba: ‘¡No estoy loca ni estoy sola!’”

Oralidad y escucha

‒Cuando escribe poesía, ¿piensa las palabras en tu’un savi o en español?

último libro está totalmente escrito a partir del tu’un savi y después lo traduzco; antes esto se hacía a la par porque era muy complejo ir escribiendo e ir leyendo la lengua: el tu’un savi no se parece, en absoluto, al español. ¿Cómo representas los tonos, los glotales y las nasalizaciones?

Me urgía ir buscando parte de la lengua… por eso estudié Lingüística en la ENAH.

La traducción

‒Para usted, del tu’un savi al español… ¿qué pierde y qué gana su poesía?

‒La traducción me permite repensar cosas. A veces gano, a veces pierdo… sobre todo en ciertos términos. Hay una palabra que no puedo traducir: cuerpo. En mi lengua queda muy bien porque no tengo problema para designar eso de lo que quiero hablar. Ahí gana la poesía con la traducción; pero, al traducirlo al español, debo escribir cuerpo porque eso se entiende desde esa lengua.

‒En español, la poesía está encapsulada en un libro y en la figura del poeta… ¿En tu’un savi dónde habita la poesía?

‒En la comunidad. Te pierdes si no puedes interactuar con ella. Trabajo desde la oralidad: así creé el proyecto Natsiká/Viaje, el cual hago con música. La gente no lee tu’un savi porque muchos somos analfabetos. Incluso me han cuestionado quién, entonces, lee mis materiales en tu’un savi. En español cualquiera lee mis libros porque hasta los indígenas sabemos leer en esa lengua.

Hija de la lluvia

Entrevista con la poeta mixteca

Celerina Sánchez

Pies descalzos

‒¿Cuándo comenzó a escribir poesía?

‒Tenía catorce años e imitaba la rima de Gabriela Mistral. Escribía en español porque no tenía conciencia de quién era yo: iba descubriendo este mundo y en mí hubo un tremendo choque de cultura. En mi lengua, tu’un savi [lengua de la lluvia], no existe la palabra mixteco, sino que nos autonombrábamos pueblo pobre [ñuu nda’vi]. Después, a mis trece o catorce años, supe que nos llamaban mixtecos. En mi comunidad existe una carretera, pero nunca conviví con niños que hablaran español. Así te creas un imaginario sobre el otro mundo. A mis nueve años,

‒Hoy trato de que surja en tu’un savi. Mi

El racismo lo conocí en la primaria: yo no tenía zapatos, iba descalza y me pisaban los pies, me jalaban las trenzas, y no sabía por qué… ¡sólo sentía ese rechazo! El racismo no es algo que entiendas, sino que lo sientes.

“EN LOS PUEBLOS ñuu savi, nuestros mitos fundacionales nos hacen ver que somos de la naturaleza, y no que la naturaleza es nuestra: somos hijos de la lluvia, hijos del rayo, hijos de la nube, hijos del sol, hijos del venado, hijos de la mar… Eso está metido en la lengua tu’un savi y brota. Soy hija de la lluvia, pues mi mito fundacional es lluvia y agua. El ancestro del ancestro está metido en el lenguaje y sale a la hora en que escribes.”

Flor en el asfalto

‒Usted escribió: “Soy como la flor/ que nace en la montaña/ flor silvestre/ que se aferra a la vida/ en este pueblo de asfalto.”

‒En esta ciudad, a veces, hay una florecita asomándose entre la rendija del concreto.

‒La vida se abre paso… Y la poesía, ¿también lo hace?

‒Más que nunca. La poesía nació con la humanidad. Pienso en un ancestro al mirar el río o la montaña: ahí está la poesía.

‒Hoy en día, a usted, ¿qué le da la poesía?

‒La libertad ●

▲ Celerina Sanchez en El tejedor del Péndulo Ciudad de Mexico, 2019. La Jornada / Cristina Rodríguez.

SI CONVENIMOS, COMO SE APUNTA AQUÍ, EN QUE EL ORIGEN DE LA PALABRA SACRIFICIO “ES EL DE CONVERTIR EN SAGRADAS CIERTAS OPERACIONES EXISTENCIALES, DIFERENCIÁNDOSE DE LA FRIVOLIDAD O DE LA CARGA NEGATIVA QUE ACTUALMENTE POSEE ESTE CONCEPTO”, EL FILME SACRIFICO DEL GRAN CINEASTA SOVIÉTICO ANDRÉI TARKOVSKI (1932-1986), SE NOS REVELA COMO “UNA GALAXIA DE FILOSOFÍAS EXISTENCIALES QUE DIALOGAN CON EL PENSAMIENTO ORIENTAL Y EL PSICOANÁLISIS”, MISMAS QUE ESTE ARTÍCULO BUSCA MOSTRAR Y, COMO UNA ADVERTENCIA OPORTUNA, UBICAR EN EL CONTEXTO DE LOS OMINOSOS TIEMPOS QUE VIVIMOS.

Hace cuatro décadas, en plena Guerra fría, cuando otro desastre nuclear como el de Chernobil estaba a la vuelta de la esquina, Andrei Tarkovski realizó la película Sacrificio. Este filme, que sería el último del cineasta ruso, al abordar la decadencia existencial de Occidente expuso los grandes temas filosóficos desplegados en su cinematografía. Alexander, protagonista de la película, tendrá que descubrir quién es durante la noche del fin del tiempo; preocupación ontológica fundamental que el maestro desarrolló en su libro Esculpir en el tiempo, tema

Tarkovski y la tragedia de Occidente Filosofía en imágenes:

que entrevera la historia de Europa con la poesía, con el arte y la amenazante función que desempeñan la ciencia y la tecnología. Al cuestionar de manera radical los conceptos –y prácticas– de la verdad y la fe, de los límites de la razón y el amor, Sacrifico es una galaxia de filosofías existenciales que dialogan con el pensamiento oriental y el psicoanálisis. Dicho lo anterior, como explica Edmund Husserl en su fenomenología trascendental, es preciso ir “a las cosas mismas”.

Sacrificio: horas antes de la noche del fin del tiempo

LOS ELEMENTOS QUE aparecen en el filme son enigmas dispuestos para ser revelados. Por esa razón, desde que corren los créditos iniciales sobre la pintura, Adoración de los reyes, de Leonardo da Vinci, es evidente el contraste de un niño Dios bienaventurado con el resto de los personajes. En esa atmósfera se intuye la existencia de una “enti-

dad” velada que es necesario “des-ocultar”. Será hacia la mitad del filme cuando “el mensajero” se refiera a esta pintura como “siniestra”; sinónimo del concepto de “ominoso”, desarrollado por Freud y por Heidegger, fenómeno que acontece cuando “algo” que es familiar se convierte en un peligro desconocido. Con un movimiento ascendente de cámara aparecen un laurel –símbolo de triunfo– y una palmera –representando el suplicio. A continuación, encontramos a Alexander sembrando un árbol muerto mientras le cuenta a su pequeño hijo la historia de un monje, personaje que durante años regó un árbol seco hasta que dio brotes. Inesperadamente Alexander dice: ikebana; palabra que expresa una especie de satori –momento de “no mente” y de presencia absoluta–, que describe la composición estética donde transcurre la escena. Al colocar la rama axial del árbol seco dentro del cuadro visual, se forma un ikebana cinematográfico que funciona para generar la correspondencia entre la tierra, el cielo y los hombres, simbolizando una parte sustancial de la filosofía budista que

Antonio Valle
▲ Fotograma de Sacrificio de Andrei Tarkovski.

alude a la contemplación, transformación y caducidad de la existencia.

Hermes, mensajero de los dioses

ACTO SEGUIDO APARECE Otto, el cartero, inaugurando un diálogo con Alexander sobre la existencia o la inexistencia de Dios. Además de esta referencia a Nietzsche, menciona la novela El príncipe idiota de Dostoievski y la obra de teatro Eduardo III, atribuida a Shakespeare. Ambos personajes simbolizan los polos opuestos del bien y el mal, metáfora del yin y yang de la tradición taoísta. Estos diálogos son la clave para entender por qué Alexander señala con énfasis: “En el principio fue la palabra”, mientras que el despliegue de poesía, entre otros valores estéticos, son resueltos a través de la dirección de actores, de una impresionante, a veces insólita fotografía, de los sorprendentes efectos especiales, de la música de J.S. Bach y de Watazumido-Shuso; sobre todo, a través de prolongados planos secuencia, tal y como se presentan seres y cosas en la vida misma, auténticas “esculturas construidas en el tiempo”, como paradoja de la existencia y de la belleza devoradas por la aceleración hacia el vacío, hacia la “nada”, donde todo termina en Occidente.

Madre oscura

ADELAIDE ES UNA mujer “madura” que manifiesta problemas de narcisismo patológico. En el fondo, esta madre-niña vive con una identidad falsa, mirándose en el teatro de espejos que construyó para sobrevivir; teatro mental del que no puede escapar, porque desde esa posición experimenta un placer perverso. Es un personaje trágico que vagamente nos recuerda a la entidad oculta en la pintura de Leonardo. En realidad, Adelaide no ama a su esposo ni a su pequeño hijo, porque vive obsesionada con Víctor, un hombre despersonalizado que desempeña el papel de un cautivo al servicio de la familia, especialmente como sirviente de esta dama que desea ser amada incondicionalmente. Inconsciente e ingenua, como buena parte de los seres humanos, en el fondo, Adelaide no es una mala persona, sólo que al vivir desconectada de sí misma se aísla del mundo.

Caída del hombre en la “nada”

DURANTE EL FILME la referencia a Nietzsche es constante; como en el caso de la puesta en escena sobre un ikebana, después de referirse al enano que aparece en Así hablaba Zaratustra, veremos dentro del filme la reproducción de la escena descrita por Nietzsche, cuando el niño obliga a que se caiga Alexander, caída simbólica del padre que manifiesta la desesperación que le produce el vacío, el eterno retorno de un simulacro en que ha convertido su vida, que es “nada”.

Dispensar una cartografía sagrada

DE OTTO –EL mensajero responsable de elaborar la ontología de la historia– Alexander recibe distintos presentes, es decir, reflexiones y preguntas existenciales. Este personaje, que posee todas las

características de un hermeneuta, mediante una serie de comportamientos extraños y elipsis nos invita a que comprendamos el sentido profundo de la historia. Una de las escenas más reveladoras de este mensajero de los dioses es donde le regala a Alexander un mapa original de Europa del siglo XVI, cartografía que alude al inicio del Renacimiento, al viraje filosófico que experimenta el viejo mundo hacia el pensamiento objetivo racionalista, explicando que todo verdadero regalo en realidad es un sacrificio. Vale la pena recordar que el origen de la palabra “sacrificio” es el de convertir en sagradas ciertas operaciones existenciales, diferenciándose de la frivolidad o de la carga negativa que actualmente posee este concepto.

Fin de la obra de teatro de la existencia

AÑOS ATRÁS, ALEXANDER abandonó sus actuaciones de teatro; sin embargo, ese abandono profesional sólo fue para aceptar el papel de un hombre atrapado en la impotencia. Este hundimiento existencial fue alimentado por la mujer que nunca le perdonó que abandonara al personaje, que, al hacer convincentes sus actuaciones, se veía obligado a asumir los sentimientos de otros; por ejemplo, el papel del idiota de la novela de Dostoievski o el del siniestro Eduardo III. Ahora, independientemente de su confortable posición como intelectual, ensayista y crítico de arte, para Alexander es acuciante obtener la respuesta de una sola pregunta: ¿quién soy yo? Desde la óptica filosófica planteada por Heidegger en Ser y tiempo, esa respuesta debería conducirlo a establecer su poder-ser-propio; sin embargo, ante la inminente catástrofe nuclear, toda vez que se ve obligado a enfrentarse no sólo con su propia muerte, sino con la muerte de todos, un aterrorizado Alexander opta por dar un salto existencial fundando a “su ser” a la manera de Soren Kierkegaard, es decir, despertando una fe, una creencia irrefutable en dios, quien a partir de esa conversión existencial se encargará de dirigir el destino del protagonista y, de alguna manera, el destino de esta historia. Siempre guiado por la acción hermenéutica del mensajero, una vez que ha sido liberado de la pura razón, desde una metafísica cristiana de origen, Alexander logra superar su posición nihilista. Un pensamiento de San Juan de la Cruz puede ilustrar la situación en la que se encuentra Alexander: “es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle.”

A medio camino entre el misticismo y el psicoanálisis, el surrealista André Breton plantearía la situación de esta manera: “existe un determinado punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable dejan de ser percibidos como contradictorios.” Para Lao Tse, el No-Ser y el Ser, que integran la misma unidad, “es el más profundo misterio y es la puerta por donde entran todas las maravillas”.

Ser ese uno: un dios mediocre, o tiempo, angustia o nada

NO ESTÁ POR demás recordar que el nihilismo contemporáneo ha generado pensamientos extraordinariamente certeros. Tomemos, por ejemplo, estos aforismos casi simpáticos de Emil Cioran: “Nuestro rencor procede del hecho de haber sido inferiores a nuestras posibilidades y no haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás.”

▲ Fotograma de Sacrificio de Andrei Tarkovski.
▲ Sello ruso con una fotografía de Andrei Tarkovski.

VIENE DE LA PÁGINA 9/ FILOSOFÍA EN IMÁGENES...

O la siguiente ironía, cuando al abrir una de sus clásicas trampas de la fe, dice: “Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones.” Para Borges el tiempo sería una especie de sustancia donde cíclicamente zozobran los hombres: “El futuro vendría a ser el movimiento del alma hacia el porvenir, el porvenir sería a su vez la vuelta a lo eterno, es decir, que nuestra vida es una continua angustia.” Mientras que para Antonio Porchia, la nada “no es solamente nada. Es también nuestra cárcel”.

María: suspensión, rearticulación y apertura del tiempo

MARÍA ES UNA mujer fascinante, se trata de un personaje con el que Tarkovski pone en cuestionamiento la ley de gravedad (en doble sentido), al tabú del incesto y a los límites de la razón pura e impura. Este es el drama: en una inolvidable escena de amor, Tarkovski hace que floten una mística servidora doméstica con Alexander, quien, a partir de su conversión espiritual, y sólo por la gracia de ella, reconoce el conflicto sexual y afectivo que ha tenido con su madre. En medio de una verdadera borrachera emocional –y la consecuente catarsis– el protagonista logra reconciliar su propia sexualidad con lo femenino y lo sagrado, descubriendo que su enredo psíquico: su ira, culpa e impotencia existencial, ha sido producida por una posición incestuosa que nunca fue capaz de aceptar. Su problema bio-gráfico (la mentira que se contó a sí mismo), le es revelado mediante la articulación de un tiempo perdido –reprimido–que experimentó en momentos clave de su existencia. La intimidad ontológica, producida por la confianza y el acercamiento físico con María –la madre “buena”–, lo conduce a la revelación de la verdad en el contexto real, simbólico e imaginario durante esa noche del fin del mundo y, por lo tanto, a trascender la suspensión del tiempo en el que Alexander se encontraba detenido: la escultora física en que se había convertido él mismo y la realidad objetiva. Al presentarse el estallido nuclear –interno y externo– se rearticula la investidura del ser de Alexander generando una apertura del tiempo. La metáfora de esa guerra planetaria, donde “no habrá vencedores ni vencidos”, es la base sobre la que la filosofía cinematográfica de Tarkovski dialoga con el psicoanálisis y con el pensamiento oriental. Una vez que Alexander ha logrado superar el tiempo lineal –nihilista y enajenado– vuelve al tiempo real del filme pronunciando la palabra: “madre”. Enseguida Alexander se golpea una pierna; al verse obligado por el dolor a cojear, como Edipo, hace evidente su condición incestuosa. A partir de ese momento,

Siempre guiado por la acción hermenéutica del mensajero, una vez que ha sido liberado de la pura razón, desde una metafísica cristiana de origen, Alexander logra superar su posición nihilista. Un pensamiento de San Juan de la Cruz puede ilustrar la situación en la que se encuentra Alexander: “es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle”.

buscando equilibrar su nuevo estado de conciencia, dialoga con el budismo zen y con el taoísmo, representados por la música tradicional de una flauta japonesa y por el símbolo del ying y el yan con el que se cubre Alexander. Acto seguido, incendia la casita burguesa de sus mejores sueños en la que escenificó una prolongada existencia que no era la suya. Al estilo del impredecible filósofo taoísta Zhangzi, se dispone a jugar, ahora con total conciencia de sí, el papel del loco.

Vínculos para acceder a una verdad posible

LAS PELÍCULAS, STALKER (1979), Nostalgia (1983) y Sacrificio (1986), integran una trilogía en la que Tarkovski “des-oculta” el verdadero drama de la humanidad y la inmensa tragedia de Occidente, tragedia que desde el siglo XVI, con el triunfo del racionalismo y el dominio de la ciencia y la tecnología –operando separadas del ser–, provocaron el surgimiento del positivismo y el de los nuevos imperios occidentales. Toda vez que “dios había muerto” proliferaron conflagraciones, armas nucleares y finalmente el desarrollo de la inteligencia artificial; fenómenos que abren hoy, como nunca antes, la posibilidad objetiva de que desaparezca el mundo. Las guerras en el Golfo Pérsico y en Ucrania, el asombroso decaimiento cultural de Europa y Estados Unidos, junto con

las amenazas cernidas sobre pueblos de todos los continentes, han provocado enormes niveles de incertidumbre y angustia. Para Heidegger, esta crisis humanitaria apunta hacia los orígenes de la filosofía clásica griega, cuando la metafísica platónica y aristotélica, al abandonar al ser en una zona “ultramundana” –o al confundir al ser con el ente– enajenó la relación del ser del hombre consigo mismo, con los demás seres y entes y con la tierra. Ante el colapso provocado por “la muerte de dios” –y los simulacros fundamentados en “poquita fe” o en una fe perdida para siempre–, las alternativas encontradas por la filosofía moderna occidental han sido las siguientes: a) El salto del hombre –del ente– hacia Dios dentro de sí, provocando una confianza absoluta en una especie de personal Jesus, propuesto por Soren Kierkegaard. b) La fuga nihilista-pesimista de Schopenhauer, planteando que el mundo está hecho a imagen y representación de la mente y, tratando de evitar la angustia, la ilusión de yugular el deseo sexual desde sus fuentes. c) El advenimiento del “superhombre” de Nietzsche, con toda su vitalidad crítica, absurdos, malentendidos y manipulaciones de corte fascista. d) La analítica existencial de Heidegger que, negando la posibilidad de una vida “ultramundana”, plantea la existencia finita del ser dentro del tiempo y la historia. Sin embargo, independientemente de los métodos naive que han “encontrado” el verdadero “sentido de la vida”; más allá de la lúcida, desesperada inteligencia nihilista, si es que la humanidad todavía fuera capaz de salvarse de sí misma, en una entrevista con la revista alemana Der Spiegel, Heidegger dejó en suspenso esta enigmática frase: “Tendremos que inventar un nuevo dios.”

“En las obras de arte –escribe Andrei Tarkovski en Esculpir el tiempo– lo creado siempre queda referido a los espectadores, aun cuando tengan que esperar por ellos y adquirir o aguardar el regreso de ellos a su verdad.” En el caso de Sacrificio –a la luz de la filosofía de Heidegger–, la alétheia (la verdad), en este caso, la poesía, consiste en un ir al encuentro con la filosofía del gran escultor del tiempo, una vivencia que sólo es capaz de experimentarse desde “un extático abandonarse del hombre a la desocultación del ser”. Durante este tiempo de incertidumbre, si es que alguien así lo padece –tal vez para algún espectador que aguarde la apertura de su verdad, o de otra verdad posible– o simplemente, para quien tenga curiosidad, puede recurrir a estos vínculos: Stalker: https://www.youtube.com/ watch?v=4HRopHsl_Hg Nostalgia: https://www.youtube.com/ watch?v=Uzpoh5PFgFI Sacrificio: https://www.youtube.com/ watch?v=ivTODosMeOQ&t=199s ●

▲ Fotogramas de Sacrificio de Andrei Tarkovski.

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Ensayos de finitud y alteridad

Adolfo Menéndez Samará, La perturbadora presencia. Ensayos sobre finitud y alteridad, José Manuel Cuéllar Moreno (edición, introducción y notas), Bonilla Artigas, Editores, Ciudad de México, 2025.

José Manuel Cuéllar Moreno y Héctor Aparicio han publicado La perturbadora presencia. Ensayos sobre finitud y alteridad, antología de textos de Adolfo Menéndez Samará (1906-1954), que se hace acompañar de una introducción pertinente, además de una cronología y una bibliohemerografía actualizadas. El volumen presenta el trabajo teórico y reflexivo de un destacado filósofo del siglo XX, alumno dilecto de Antonio Caso y primer Rector de la Universidad de Morelos. No obstante, después de su prematura muerte, su pensamiento se olvidó. ¿Cuál es la razón de su olvido? El tratar de encontrar una respuesta a esta cuestión es ya uno de los motivos por los que sobresale esta publicación. Algo fundamental nos muestra este libro y es que la conformación de la historia de la filosofía en este país parece avanzar no en sus sistematizaciones (que resultan apresuradas y sesgadas), sino de manera “fragmentada” en este tipo de textos. Dicha historiografía parece ir en dos grandes direcciones: quienes insisten en sistematizarla y terminan por publicar gruesos volúmenes al respecto, y quienes hurgan los intersticios entre autores o entre criterios del sistematizador. Los segundos son quienes muestran a los personajes “olvidados” o son también quienes precisan sobre la estrechez de los criterios utilizados para la sistematización. De aquí los sobresalientes estudios sobre las mujeres en la filosofía o los estudios que abogan por una descentralización de la historiografía de la filosofía en México. La perturbadora presencia se halla entre estos intentos y nos otorga algunos elementos importantes para comprender (por lo menos en parte) a qué se debió su olvido. Esta forma de historiar la filosofía obliga a quien la realiza a insertarse de manera profunda en la vida cultural del país y, por ende, sus productos terminan por contener elementos críticos hacia el canon que se ha pretendido estructurar (o imponer) desde las sistematizaciones.

José Manuel Cuéllar Moreno precisa en su estudio introductorio una serie de distanciamientos importantes con el grupo Hyperion, con Samuel Ramos y con Leopoldo Zea. Si bien es cierto que mucho de esa distancia tiene que ver con el ejercicio periodístico de Menéndez Samará, parece asomarse un elemento más complejo: el aspecto

político del quehacer filosófico en este país. Sin la intención de realizar una definición o una propuesta conceptual, por “aspecto político” me refiero a la necesidad de adscribirse a cierta corriente filosófica o a cierto grupo académico, con la intención de ejercer cierto poder institucional desde los espacios académicos y asegurar un lugar en la historia de la filosofía. Menéndez Samará es excepcional en esto, dado que nunca pretendió adherirse a esta lógica. Al contrario, la presente antología muestra las búsquedas de Menéndez Samará por desdecirse de las corrientes que lo formaron, principalmente del neokantismo. Sus intentos teóricos terminarán por alejarlo físicamente de los espacios predilectos de la historia. Lamentablemente, aunque las polémicas que originó Menéndez Samará se encuentran en su trabajo periodístico, no aparecen en la presente antología (salvo el texto Nuestro sentido del ridículo que trata de polemizar con Samuel Ramos). Lo cierto es que sí se pueden rastrear en las ediciones que ha realizado el Fondo de Cultura Económica de la revista Letras de México Las polémicas de este filósofo, si bien tienen su origen y se expresan en argumentos teóricos, culminan en el juego político. Las diferencias teóricas con el grupo Hyperion y con Ramos tienen repercusiones, como la queja que lo hace abandonar la cátedra de estética que heredó de Antonio Caso en la FFyL, y su adherencia al grupo que trataría de conformar la Academia Mexicana de Filosofía le genera grandes diferencias con Leopoldo Zea. A todo esto hay que agregar el gran interés que tienen los medios de comunicación impresos por el pensamiento reflexivo de aquel momento; diarios como El Nacional, Hoy o Novedades producen semanarios culturales como México en la Cultura, Revista Mexicana de Cultura, entre otras.

Parte fundamental de esta antología tiene que ver con la presentación de extractos de Fanatismo y misticismo y Menester y precisión del ser, textos centrales en el trabajo reflexivo de Adolfo Menéndez Samará, pues en ellos se puede identificar el desarrollo de su pensamiento y la explicación de una de sus propuestas más granadas: la “alteración”. Los textos que siguen (Autoexposición filosófica y Esquema de un ideario) ayudan a situar sus propuestas y a vislumbrar lo que aún hacía falta trabajar.

Por último, los textos Nuestro sentido del ridículo y el Discurso de fundación de la Universidad de Morelos son testigos, como ya se dijo, el primero, de su trabajo cultural-periodístico comprometido con la discusión como elemento necesario en el quehacer filosófico; el segundo, de su labor institucional. No obstante estas bondades, a esta antología le hace falta no sólo la presentación de su trabajo crítico y polémico, sino la revisión de sus trabajos sobre estética, que, presumiblemente, tendría demasiada relación con sus propuesta de entender a la “persona” como per (excelencia) y sonus (sonido) y con su concepción de la “alter-ación” como resonancia de lo Otro ●

Arte y pensamiento

Anécdotas/

Beatriz Gutiérrez Müller

El enigma de la jacamacha

LE CONTABA, DOÑA Clofis, en una anterior carta, que había localizado una receta del siglo XVII en un diccionario chino, radicado éste en un importante acervo europeo. Como acostumbro hacer con estas misivas que le envío, las comparto de pronto con alguien que esté en casa o de visita, para conocer su opinión, si tiene alguna idea o duda, no sé, este intercambio se fortalece cuando hay más de un lector, ¿no es así? ¿Usted comparte nuestras cartas con alguien de la familia? Me parece que sí; al menos eso me dio a entender su hijo Lucas ahora que vino a Ciudad de México. Es buen muchacho. Quiere ser arquitecto, me estuvo contando sobre sus clases, su felicidad por lo que va aprendiendo… Siéntase orgullosa de él.

(¡Suspiro!) En ésas de compartir me hallaba cuando un querido, qué va, queridísimo compañerito de la vida, botánico por afición y experiencia tropical, me hizo notar que la jamaica no es como refiere aquella receta manuscrita de hace unos cuatrocientos años. No hay árbol en México, repitió insistente, que sea tan alto como un álamo, del cual se obtenga una resina curativa y cuyas flores parezcan peonias. Se armó una buena discusión. Yo argumentaba: “eso dice la receta”. “Sí, de acuerdo ‒replicaba‒ pero insisto en que no hay, que yo sepa, un árbol con esas características.” Híjole, me quedé pensando… A mi vez, reiteré: “Eso dice la receta, ¿qué quieres que haga?” Y lo que sigue ya ni le cuento para no agobiarla… Se armó tremendo debate entre nosotros y hasta salió a relucir el Códice de la Cruz Badiano,Libellus de medicinalibus indorum herbis (1552) –libro escrito en náhuatl por el médico indígena Martín de la Cruz y traducido al latín por Juan Badiano– y el Códice Florentino (siglo XVI), mejor conocido como Historia general de las cosas de la Nueva España, obra a cargo de fray Bernardino de Sahagún. Fue el nuestro un debate ríspido que luego pasó a ser una discusión fuerte, y mire cómo son las cosas, todo por una receta que reportaba que en Nueva España llamaban “jacamacha” a una planta curativa. Para zanjar este problemón, concedí a mi reclamante que averiguaría más, aunque coincidió conmigo en que,

como sea, la jamaica, de la manera curativa que fue descrita en aquella receta escrita en italiano, es seguro que resulte paliativa de inflamaciones y, usada como cataplasmas en zonas afectadas, calientitas, como otras compresas, de seguro aliviará afecciones. México es un país con una milenaria tradición herbolaria.

Pienso que el autor anónimo de aquella receta la escribió de oídas, quizás. Es algo que no podremos saber nunca, como tantas otras cosas. De hecho, y créame que he estado busque y busque, doña Clofis, no hay ningún árbol tan grande como un “álamo” en México que florezca en rojo como las peonias… ¿o usted conoce uno? De lo que hallé, el único es el framboyán, que alcanza los ocho metros de altura. Y sí, en algunas regiones, las florecitas se usan como remedios para dolores reumáticos o tos. Lo malo es que, para nada, de éste se obtiene una resina. Los dos que hallé que crecen tan alto como un álamo y de los cuales nacen pétalos, pero verdes, son el cedro rojo (cedrela odorata) y el palo mulato (bursera simaruba). Esto, en el país. A saber en otras regiones del mundo.

Finalizo con algo que, tal vez, usted ya conocía: con toda seguridad, ahora sé que la jamaica no es originaria de México. Llegó a América a través de las famosas travesías de la nao de China desde el siglo XVI. Lo bueno es que aquel autor de la receta no estaba errado en algunos usos. Hoy, los médicos la recomiendan para estabilizar la presión arterial y provocar diuresis, esto es, que soltemos líquidos retenidos y éstos aceleren la excreción de tóxicos corporales; asimismo, es coadyuvante en la intención de bajar de peso porque contribuye a disminuir el colesterol. Por último, es una aliada del estrés. Ya sabe, doña Clofis, en el mundo actual todo gira alrededor de la nerviosidad, la pandemia de nuestros tiempos. ¡Bebamos jamaica, se ha dicho, mientras sometemos nuestros nervios con tantos sucesos que están ocurriendo en el mundo!¡Bebamos jamaica por el puro gusto de ser amigas! ¡Por Lucas, el futuro arquitecto ●

Marginales/

No pido compasión para mis quejas. Reunión poética 1993-2023, José Landa, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2025.

EL CHIAPANECO JOSÉ LANDA no tenía sino diecisiete años de edad cuando publicó Tronco abierto (1993), su primer poemario, al que siguieron, como proverbial hilo de media, Habitación del cuerpo (1995), La confusión de las avispas (1997), Álbum extraviado en aguacero (2005), Meditación de lejanías (2007), Placeres como ríos (2009), Sonidos como cascos de un galopar (2010), Navegar es un pájaro de bruma, Ciego murmullo de ciudades portuarias, Tribus de polvo nómada –los tres en 2011–, Aunque murmure el frío (2019), El grimorio secreto de la luz (2021) y El telar del infinito, su más reciente de 2023, todos incluidos en este volumen. Prolífico y precoz, Landa no sólo acumula libros sino también reconocimientos y encomios, verbigracia los de la muy querida Lolita Castro, Ernesto Lumbreras, Jorge Ortega y Balam Rodrigo. Dirá el tiempo si, como sostiene Lumbreras, este libro “coloca a su autor en un lugar de excepción dentro de la actual poesía mexicana”. Por lo pronto es bueno que, en aras de aproximar a los lectores nuestra literatura reciente, no sólo autores septuagenarios o más cuenten con una publicación de naturaleza recopilatoria ●

En nuestro próximo número

HARPER LEE EN SU CENTENARIO

Arte y pensamiento

La flor de la palabra/ Irma

La otra escena/ Miguel Ángel Quemain

Pineda Santiago

Niñas y mujeres que inspiran

“UNO DE LOS momentos en que nació mi conciencia, fue cuando, al final del ciclo agrícola, la cosecha se tenía que repartir entre el dueño de la tierra y mi familia. ¿Por qué teníamos que repartir la cosecha cuando fuimos mi padre, mi madre, mis hermanas y yo quienes trabajamos en la milpa? ¿Por qué no teníamos tierra para sembrar?” Este es un fragmento de un texto biográfico de Bety Cariño Trujillo, una mujer ñuuu savi, cuya vida fue arrebatada por un grupo armado el 27 de abril de 2010, y que forma parte del recién publicado libro Niñas y mujeres que inspiran, que recopila la historia de veintisiete mujeres indígenas y afromexicanas que se dedican a pintar, dibujar, cantar, escribir, investigar, sanar, comunicar, luchar por sus hermanas y por sus comunidades.

A excepción de un par de compañeras ya fallecidas, las mujeres invitadas a formar parte de este libro escribieron una parte de su vida, para compartir los momentos más significativos y poder contarle a otras niñas morenas y negras que se vale soñar, que es necesario imaginarse un horizonte más brillante y no dejarse vencer por las adversidades. Cada una de las protagonistas cuenta sobre la niña que fue y las circunstancias que la llevaron a rebelarse contra un destino marcado por la pobreza o las violencias patriarcales y estructurales. Cada texto viene acompañado de un retrato de la autora, realizado por ilustradoras pertenecientes a los pueblos indígenas y afromexicano.

Así conocemos la historia de niñas que nacieron en las montañas, en las ciudades, junto al río o junto al mar. Mujeres que se atrevieron a alzar la voz para exigir sus derechos y la libertad para sus pueblos. Un libro que “busca honrar a las niñas y las mujeres indígenas y afrodescendientes que están aportando maravillas al mundo, y que son fuente de inspiración para muchas otras”. En el libro también se dejan unas páginas en blanco para que cada niña que lo lea tenga espacio para dibujar, pintar, escribir un poema o una historia, contar sobre alguien de su familia o comunidad que admire, compartir acciones de su pueblo en beneficio de la tierra y el medio ambiente, anotar ideas para combatir el racismo y las violencias, plasmar sus sueños y su visión del futuro.

Las mujeres que como hormigas silenciosas y trabajadoras hicieron posible la existencia del libro Niñas y mujeres que inspiran conforman el Centro de Estudios y Fortalecimiento Comunitario Mano Vuelta AC, un equipo multidisciplinario de mujeres indígenas y afromexicanas, originarias del estado de Oaxaca, que promueven los derechos de niñas, jóvenes, mujeres y comunidades, con una perspectiva intercultural, de género y antirracista. Cabe aclarar que “mano vuelta” es un término que se usa en varios pueblos indígenas para referirse a la reciprocidad, a la ayuda mutua que se otorgan las redes comunitarias, para la siembra, para las fiestas, para la vida cotidiana, incluyendo las ceremonias y ritos para la muerte. En el libro, Mano Vuelta también es un personaje que cuenta su historia, sus inquietudes, y comparte las preguntas que le surgieron cuando escuchaba las biografías de personas sobresalientes y descubría que entre ellas no existían personas que hablaran lenguas indígenas, que ningún libro contaba la historias de las abuelas o las tías de las comunidades, nadie escribía acerca de esas mujeres sabias, las que sabían leer el tiempo y los astros para sembrar, para curar con sus plantas y hierbas. También se pregunta por qué no todas las niñas y jóvenes pueden acceder a derechos como la salud, la educación o la vivienda. Con el tiempo se fue encontrando con otras mujeres que compartían las mismas inquietudes y preguntas y se hicieron como un árbol fuerte que ahora extiende sus ramas por muchos lados para abrazar y resguardar los sueños de las niñas y para sembrar curiosidad y esperanza ●

quemain@comunidad.unam.mx

Los casi ochenta años de Eduardo Ruiz Saviñón

ESTE DOMINGO Eduardo Ruiz Saviñón va a recibir un homenaje que organiza la UNAM bajo la consigna de “El encantador de monstruos” y está planteado como un encuentro. Lo organizan la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, a través de Descarga Cultura UNAM y en colaboración con TV UNAM y Radio UNAM, este 26 de abril, a las 17:00 horas, en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario. La entrada es libre. Son casi ochenta años de vida fecunda y casi cincuenta de trabajo. Lo propongo así, porque para mucha gente el planteamiento de cifras redondeadas es lo que más la motiva para conmemorar o celebrar primeras o últimas ocasiones. Esta vez no fue necesario cerrar la pinza con un número “redondeado por un cero” para celebrar su trayectoria.

Aunque se reúnen varias entidades a celebrar su existencia creadora, el espacio de Radio UNAM ha sido muy significativo, porque Ruiz Saviñón representa a uno de los creadores de más largo aliento, con una profundidad y una visión dramatúrgica cruzada por la adaptación, uno de los oficios más nobles e importantes de nuestro teatro, tan significativo y señero como la traducción misma.

Véase la adaptación que hizo de Rebelión en la granja de H.G. Wells en 1980, y su capacidad de transformar un universo verbal en sonoro, que será uno de sus rasgos a lo largo de toda su vida y como un insistente en el teatro clásico y en el universo gótico.

El entusiasmo y compromiso de todos los que acompañan en Radio UNAM la aventura sonora Soniríca, tiene que ver con la presencia de dos creadores comprometidos siempre con el teatro: su director, Benito Taibo, narrador y poeta que, sin ser un dramaturgo, le ha dado un lugar muy significativo a este espacio en la radiodifusora y ha mantenido la tradición que inició Max Aub.

Carmen Limón (Evaluación, Programación y Planeación), quien es una profesional que ha luchado por darle a los productos radiofónicos una perspectiva patrimonial, apoyada por Yolanda Medina en el trabajo de la Fonoteca de la entidad, ha revitalizado un acervo que pone en circulación ideas fundamentales que ha expresado nuestra tradición literaria al no dejar de poner en la escena radial a nuestros Radioteatros, y ha mantenido vivas muchas voces y textos entrañables que de ningún modo deben sepultarse en el olvido (y la ignorancia).

En esta celebración de su trayectoria,

destaco a los radioteatros universitarios, porque han sido uno de los grandes méritos de Ruiz Saviñón en nuestra historia teatral y radiofónica, y eso no se dice a menudo. Si nuestro director fuera alemán, austríaco o de la mitteleuropa, ya tendría una estatua, un busto y una calle llevaría su nombre, y tendría una audiencia manifiestamente agradecida por reiterarle los signos de identidad de nuestro drama occidental.

En nuestra tradición hay un manto que ha tendido Vicente Quirarte, que ha escrito las líneas más poderosas y bellas sobre el mundo de la noche, del vampiro, del deseo y lo siniestro entre nosotros. Digo manto porque la buena mano protectora de Quirarte ha sido proliferante e inspiradora, y ha legitimado la búsqueda espiritual, gótica y subversiva de Ruiz Saviñón, que a su vez ha sido un gran manto para actores fundamentales entre nosotros. El actor Juan Stack, María Eugenia Pulido y Elena de Haro son ejemplos de iluminador iluminado: sus voces y su oficio actoral han vestido muchas producciones inolvidables. Este domingo lo acompañarán Ana Luisa Campos, Elena de Haro, Horacio Merchant, Juan Ignacio Aranda, Juan Stack, Rosina Larrañaga, Sergio Rüed y Vicente Quirarte. La mesa estará moderada por el escritor Roberto Coria y contará con la presentación de Myrna Ortega y Benito Taibo, por parte de Descarga Cultura UNAM y Radio UNAM. Como parte del programa, se proyectará una semblanza en video producida por TV UNAM. Todo esto en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa ●

▲ Eduardo Ruiz Saviñón. Foto de YouTube.

Arte y pensamiento

Galería/ José Rivera Guadarrama

El brutalismo arquitectónico

DURANTE LA DÉCADA de los años cincuenta del siglo pasado, surgió un movimiento arquitectónico que priorizaba una determinada “honestidad estructural”, cuya característica predominante era la de exhibir los materiales de construcción, sin ornamentos; eran edificaciones realizadas con el propósito de ser duraderas y accesibles a la mayoría de la población. A esa corriente se le llamó brutalismo arquitectónico, en el que se priorizaban las formas sencillas y que los materiales empleados fueran crudos, expuestos, sin la intención de embellecer las estructuras. Con estas propuestas emergentes, este movimiento se oponía a todos los estilos que le habían precedido. Pero esa disrupción obedecía además a los grandes cambios por los que estaban pasando las sociedades de aquellos años. Era una época que se estaba recuperando de dos grandes guerras, por lo tanto, los materiales escaseaban y la población en todo el mundo experimentaba un crecimiento constante. En ese sentido, como actividad social, la arquitectura buscaba crear espacios y modelar entornos en donde las personas pudieran vivir e interactuar, por lo que esta tendencia también contendría valores, concepciones y formas de vida en el acontecer humano. Era una actividad que buscaba expresar una cosmovisión subyacente, un todo cultural, un valor vital dominante.

Así, entonces, no se trataba de un simple construir, ya que en determinados momentos la arquitectura ha tenido que debatirse entre forma, funcionalismo u ornamentación, como una manera de zanjar la división entre individuo y comunidad.

La Unitè d´Habitation, construido en Marsella, Francia, es considerado como uno de los primeros edificios brutalistas. Fue realizado por el arquitecto Le Corbusier durante los años 1947 y 1952. Concebido como una “ciudad jardín vertical”, está hecho de hormigón, cuenta con 337 departamentos, con pasillos interiores y servicios comunes, como guardería y gimnasio, y tiene capacidad para mil 600 personas, y busca armonizar la vida individual con la colectiva.

Su apariencia es masiva, cruda, ortogonal y geométrica, sin ornamentos, de acuerdo con las características de ese incipiente estilo que predominaría durante casi tres décadas del siglo XX; es decir, tiene expuesto el material de concreto con el que está construido, tiene formas sencillas y es funcional.

El término “brutalismo” fue empleado por el ingeniero británico Reyner Banham, quien adaptó las palabras francesas béton brut con la que se conoce el hormigón armado, que es el principal material usado por este movimiento. Al adaptar la palabra al inglés, lo llamó brutalism.

En México y en el resto de nuestro continente tuvo mucha resonancia durante los años setenta y ochenta. Por ejemplo, el Auditorio Nacional, tal como lo conocemos ahora, pertenece a ese movimiento. De igual manera, el Centro Cultural Universitario de la UNAM sigue esa misma corriente, ya que contiene tonalidades grises y marrones en concreto expuesto y robusto, con enormes dimensiones, planos inclinados entre líneas verticales y horizontales, y ofrece un peculiar juego de sombras. También podemos incluir la construcción del Heroico Colegio Militar, el Museo Tamayo, el Colegio de México, entre muchas otras. En todos ellos se destaca la masa y materialidad, señales distintivas de este tipo de estilo arquitectónico.

El declive del brutalismo comenzó a finales del siglo XX, a partir de la década de 1970, sobre todo por las críticas a su apariencia austera y su escasa adaptabilidad a las necesidades sociales contemporáneas, pues además daba cierta percepción de frialdad, aunado a los problemas de mantenimiento y al envejecimiento de las estructuras, dando paso a otras corrientes arquitectónicas más contemporáneas ●

La otra versión

Tasos Denegris

Pensé en Casanova

Anciano ya Correr por su guiso

Su viejo

nunca empolvado cabello

Se lo lleva el viento.

Su fama hasta nosotros

Él no la conoce

Y tampoco siente ningún placer

Por su antigua vida.

Y por su vida en los libros ¿Por qué nos apresuramos a sacar conclusiones?

Yo lo veo limpiar con pan la escudilla

Y está sin afeitar

En un paisaje

Zagreb o Trieste

Con nubes.

Y de cuanto se dice

Las historias sobre Casanova

Yo no sé.

Tasos Denegris (1934-2009) nació en Atenas, se graduó en el Athens College en 1953, estudió cinematografía por un año y luego Ciencias Sociales en la Universidad Católica Pro Deo en Roma. Después de muchos empleos, trabajó en la División de Prensa

Extranjera de la oficina del Primer Ministro y, más tarde, becado por el International Writing Program, viajó a Iowa, Estados Unidos. Tradujo poemas de Octavio Paz al griego moderno, está incluido en la antología Writing From The World (University of Iowa), escribió tres libros de poesía y ha sido traducido al francés y al húngaro.

Versión de Francisco Torres Córdova.

Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.

Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista

El internet y la memoria

Arte y pensamiento

NOS HEMOS ACOSTUMBRADO a pensar en la memoria como un territorio frágil, dispuesto al extravío o la manipulación. En contrapeso activo, proyectos como el de Internet Archive almacenan, ordenan, contextualizan y ponen a disposición pública una vasta cantidad de materiales que de otro modo quedarían dispersos o en riesgo de extinción. Se trata de recuerdos vivos, en expansión constante, sostenidos por una lógica altruista que privilegia el acceso irrestricto.

Hablamos de una organización que ha tejido entramados con librerías e instituciones variopintas, pero también con proyectos similares entre los que destaca el International Internet Preservation Consortium (IIPC), cuya fuerza, igualmente, proviene de una comunidad que digitaliza y comparte contenido libremente. Algo parecido a Wikipedia, lectora, lector, pero que va más allá de la síntesis del conocimiento para abocarse al resguardo de huellas materiales: libros, grabaciones, sitios web ligados a fuentes originales.

El uso legal de este gigantesco compendio es claro: dominio público, licencias abiertas, acuerdos con titulares de derechos y el principio internacional de “uso justo”. Bajo esa lógica han desarrollado, incluso, modelos como el “préstamo digital controlado” que replica el funcionamiento de bibliotecas físicas. ¿Por qué hablar de esto hoy?

Hace unos días recibimos noticias de un amigo: el melómano Adam Jacobs donó a Internet Archive más de diez mil grabaciones en casetes y otros formatos en los que registró conciertos ocurridos desde los años ochenta. Por décadas y sin proponérselo, construyó un índice de enorme valor histórico. Según dijo a Associated Press, buscaba “preservar momentos que de otra manera se perderían”. Indicó que su registro contiene “versiones únicas y atmósferas irrepetibles”. Y sí.

En su acervo se traza una cartografía amplia de la música anglosajona en vivo: Nirvana, Björk, Sonic Youth, Phish y la estela de Grateful Dead, entre cientos más, sonando en espacios como CBGB de Nueva York, el 9:30 Club de Washington D.C., el Metro de Chicago o el Great American Music Hall de San Francisco. Recintos donde Jacobs fue presencia habitual y en donde las gerencias aceptaban su labor como parte del ecosistema.

En México, foros como el Tianguis Cultural del Chopo y el Multiforo Alicia han sostenido, asimismo, una cultura de intercambio y registro libre que documenta lo efímero. Nuestra Fonoteca Nacional, como hemos publicado anteriormente, ha institucionalizado parte de ese impulso, aunque la práctica informal sigue siendo decisiva al capturar sonidos en tiempo real. ¿Estamos romantizando la piratería? No. Jacobs no compartió ni usufructuó esas obras.

Gracias al trabajo de voluntarios, su legado se digitaliza y circula en línea. Al escucharlo accedemos a errores, variaciones, decisiones instantáneas. Reconocemos el pulso con el que muchos artistas consolidaron credibilidad ante públicos concretos. Para la crítica musical de nuestros días, además, esos documentos son contraste y referencia pues permiten matizar mitologías y revisitar juicios. En un entorno saturado, estas iniciativas afinan la capacidad de selección en los oyentes. Nos colocan a todos en el nacimiento mismo de la cascada para ampliar la comprensión. Pero también exigen una escucha más atenta. Allí hay decenas de canciones que movieron al mundo, pero recién paridas. Nos corresponde valorar que en los esfuerzos individuales hay una resistencia poderosa frente al olvido colectivo, desenfrenado. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos. ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars
Jim Jarmusch o la sutileza (I de II)

CON ALGO MÁS de siete décadas de vida –el pasado mes de enero cumplió setenta y tres años–, podría decirse que el estadunidense Jim Jarmusch ya alcanzó la edad biológica que, en términos espirituales, parecía tener desde que era apenas un joven de veintitantos. A favor del aserto hablan las piezas “seminarrativas abstractas” escritas en su etapa universitaria, así como sus primeros filmes, Vacaciones permanentes (1980) y Más extraño que el Paraíso (1984), con la que se dio a conocer mundialmente.

La primera, filmada con propósitos de titulación en la Graduate Film School de la Universidad de Nueva York donde Jarmusch estudió durante cuatro años, a la institución no sólo le pareció indigna para graduarlo, sino que fue bastante maltratada por una crítica que se reveló –cuándo no– tan torpe y ciega como suele ser cuando se halla frente a la obra de un cineasta sui generis, apartado con voluntad y argumentos de los caminos fáciles e hipertrillados. Tuvieron que transcurrir años, y sobre todo tuvieron que llegar los reconocimientos a un cine sólido, propositivo, de honda inteligencia y personalísimo, para que esa crítica miope se diera cuenta de que ahí, en esas Vacaciones permanentes y como quiere la frase clásica, ya estaba el germen de lo que vendría después.

Ese “después” no tardó sino cuatro años y llegó con el título Stranger Than Paradise (Más extraño que el Paraíso, 1984), ganadora de la Cámara de Oro en Cannes ese mismo año pero, más que eso, reconocida de inmediato como excelente muestra de lo que, en aquellos mediados de los años ochenta, apenas comenzaba a ser llamado cine independiente, es decir, uno por completo ajeno a las fórmulas hollywoodenses, ayuno de actores y actrices famosos, de producciones despilfarradoras pero, más que nada, de historias convencionales y finales edulcorados, edificantes y tranquilizadores. A cambio, Jarmusch propuso –y seguiría haciéndolo en sus siguientes filmes– una mirada que va del absurdo a una rara ternura sobre personajes y situaciones que, con todo y ser

absolutamente cotidianas y no aparentar ningún interés, reflejan entera la paradoja de existir a la sombra de un desencanto vital sin embargo no exento de humor y, al final y algo tímida, una gota de esperanza o tal vez dos.

Con Down by Law (Bajo el peso de la ley, 1986), Mystery Train (El tren del misterio, 1989) y Night on Earth (Una noche en la Tierra, 1991), Jarmusch accedió a esa categoría que muchos cineastas anhelan y otros, más pragmáticos y preocupados por famas del todo superficiales, prefieren evitar: la de director de culto, es decir, aquel cuyo cine no es ni taquillero ni rimbombante pero en cambio es seguido, buscado, apreciado, pero sobre todo pensado y reflexionado. Así era ya desde esos finales de los ochenta, y en los noventa la tendencia se fortaleció en virtud de Dead Men (Hombre muerto, 1995), protagonizada por el entonces no tan célebre ni tan quemado Johnny Depp, así como por la inaudita combinación de trama policíaca y filosofía Ghost Dog: The Way of The Samurai(Ghost Dog: el camino del samurai, 1999), con un Forest Whitaker deslumbrante en su papel de cultísimo sicario. Lo que sigue de la filmografía jarmuschiana, hasta entonces privilegiadora de un blanco y negro que mucho aporta a la profundidad y la sutileza no sólo formal, consolida una obra a la que ya le quedan lejanas y muy chicas toda suerte de críticas de espíritu pobre, de ésas que se concentran en lo vistoso y lo exitoso. Cada vez más experimental y auténticamente independiente, son de Jarmusch esa delicia fragmentaria de feliz título, Coffee and Cigarettes (Café y cigarrillos, 2004), Broken Flowers (Flores rotas, 2005), The Limits of Control (Los límites del control, 2009), otra combinación atípica de thriller y filosofía, así como la vanguardista y vampiresca Only Lovers Left Alive (Sólo los amantes sobreviven, 2012).

De todo eso proviene la mesura, la sutilidad, la elegancia y la belleza de Father, Mather, Sister, Brother (Padre, madre, hermana, hermano, 2025), de la que se hablará aquí. (Continuará.)

Dramaturgia

Donald, siete días antes

Javier Bustillos Zamorano

ESCENA 1

(Jardín de la finca Mar-a-Lago. Donald y Benjamín están sentados, frente a frente, muy cerca uno del otro; hablan muy bajo, con la evidente intención de no ser escuchados. De rato en rato sus rodillas chocan por los movimientos nerviosos de Donald. He aquí un fragmento de la conversación traducida del inglés.)

DONALD. (Con mano temblorosa le pide a Benjamín que pare de hablar) Bibi, Bibi, calma, calma, entiendo tu preocupación, pero…

BENJAMÍN. ¡No, no lo entiendes! ¡Nuestros intereses vitales están en riesgo!

DONALD. Esperemos un poco más, sólo te pido eso, unas semanas más; sus instalaciones atómicas fueron destruidas; nunca tendrán un arma nuclear.

BEJAMÍN. ¡Pero ellos nunca dejarán de intentar asesinarte, Donald! No olvides que la última vez estuvieron muy cerca de lograrlo.

DONALD. (Se toca la oreja y sonríe) Vamos, Bibi, tú sabes bien que eso fue un…

BENJAMÍN. ¿Montaje?

DONALD. Sí, hombre, y de lo más estúpido, fue una idea estúpida.

BENJAMIN. Entonces, eso de que estaban reclutando gente para atentar en contra tuya…

DONALD. Estábamos en campaña, Bibi. (Benjamín se mueve incómodo en su silla; impaciente, se golpea las piernas con las palmas de las manos)

BENJAMIN. ¡Entonces hazlo por nosotros! ¡Debemos destruir sus misiles balísticos! ¡Aniquilar su armada y su capacidad de armar a sus aliados! ¡Terminemos de una vez con ellos! (Donald trata de decir algo.) Escúchame: el próximo sábado Ali y sus principales colaboradores se reunirán en un sitio que ya tenemos ubicado; con un solo bombardeo de tu ejército y el mío los mataríamos a todos y decapitaríamos al régimen.

DONALD. Pero estamos en negociaciones, Bibi…

BENJAMIN. Descabezado el régimen, sus habitantes harán el resto; habrá una revuelta que pondrá de cabeza al país, Donald y tú tendrás el camino libre para tomar su petróleo; harás lo que quieras y nosotros por fin dormiremos tranquilos. Donald, esta es la oportunidad que estábamos esperando, seríamos unos imbéciles si no lo hacemos.

DONALD. Eso de la revuelta, sabes bien que no es seguro; ellos tienen controlado todo. (Benjamín quiere hablar, pero Donald lo ataja con un ademán.) Bibi, tengo en mi escritorio un informe de inteligencia que asegura que no están fabricando ninguna bomba nuclear; al contrario, que sus intenciones de negociar son auténticas…

BENJAMIN. ¡Te están engañando, Donald! ¡No hay en el mundo un servicio de inteligencia más avanzado que el Mossad! ¡Y el Mossad dice lo contrario! Te están viendo la cara de imbécil.

DONALD. Eh, Bibi, calma, haré como que no oí eso; ven, bebamos algo (trata de incorporarse pero Benjamín lo detiene con un movimiento brusco del brazo).

BENJAMIN. Escúchame, imbécil, el Mossad sabe hasta de qué lado duermes. Sabe de tu enfermedad, sabe lo que te espera, pero sobre todo sabe tu pasado. ¿Nos vamos entendiendo?

DONALD. Epstein.

BENJAMIN. Fue uno de nuestros mejores agentes y tenemos todo para hundirte, Donald.

DONALD. (Se recarga en su sillón; mira desafiante a Benjamín.) Yo también sé lo que hace el Mossad en mi país.

BENJAMIN. ¿Te refieres a Kirk? Sí, nosotros lo mandamos matar. ¿Y?

DONALD. (Se incorpora violentamente.) Esta conversación acabó, señor primer ministro.

BENJAMIN. (También de pie.) No, señor presidente, esto recién comienza. Pasado mañana tendrá en su escritorio una cinta

de video que seguramente le traerá gratos recuerdos. Inmediatamente le llamaré por teléfono para esperar su respuesta final. (Inclina enérgicamente la cabeza y abandona el jardín sin despedirse. Donald vuelve a sentarse, visiblemente agotado.)

ESCENA 2

(Oficina presidencial, siete de la mañana. Donald introduce un pequeño disco en su reproductor y ve su imagen, más joven, con más pelo y más delgado. Está acostado en una cama, en bata, y una persona de aspecto infantil, delgada, pequeña y rubia le hace sexo oral obligada por él que la sujeta del pelo. Se ve y se oye lo siguiente:)

DONALD. Hazlo bien, maldita sea, usa la lengua.

NIÑA. No, por favor, no…

DONALD. ¡Hazlo! (De pronto, hace una mueca de dolor y aparta con violencia a la niña.) ¡Estúpida! ¡Saquen de aquí a esta maldita perra! ¡Me mordió la muy estúpida! ¡Sáquenla! (Entran a la habitación dos personas y se llevan a la niña, mientras Donald se encamina rápido hacia el baño.)

DONALD. (Que ha sacado el disco del reproductor y secado el sudor de su frente. Suena el teléfono, es su secretaria que le dice que Benjamín está en la línea. Tembloroso, toma el auricular.) Buen día, señor primer ministro, quiero decirle que estoy de acuerdo con lo planeado. En este preciso momento llamaré al jefe de mi ejército para que junto al suyo iniciemos el bombardeo… ●

Donald Trump. Foto: AFP.

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