


Roblox: violencia, sexualización y el peligro de los juegos en línea
Justine Monter Cid
Bernardo Ruiz: escritura, memoria y resistencia
Claudia Solís-Ogarrio





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Roblox: violencia, sexualización y el peligro de los juegos en línea
Justine Monter Cid
Bernardo Ruiz: escritura, memoria y resistencia
Claudia Solís-Ogarrio











Asher Milbauer y Donald Watson



22 de febrero de 2026 // Número 1616

Portada: Collage digital de Rosario Mateo Calderón.
PHILIP ROTH: LITERATURA, SUPERABUNDANCIA INFORMATIVA Y TRIVIALIZACIÓN
Contra lo que parecieran pensar sus actuales autoridades, dedicadas a la pulverización sistemática de las instituciones –materiales y simbólicas– que le han dado viabilidad, la sociedad estadunidense no carece de referentes y practicantes de la inteligencia, la dignidad y el humanismo, entre los cuales destacan, por un lado, los defensores de los derechos civiles –como el recientemente fallecido Jesse Jackson– y, por el otro, gran número de pensadores y literatos. Entre estos últimos, uno con luz propia es el neoyorquino Philip Roth, fallecido hace poco más de un lustro y autor, entre muchas otras, de las novelas Cuando ella era buena, Zuckerman encadenado, La lección de anatomía, Pastoral americana, La mancha humana y La conjura contra América. Tanto en sus novelas como en sus ensayos y declaraciones públicas, tempranamente Roth alertó sobre la muy estadunidense y perniciosa tendencia a la “trivialización de todo” –crimen, corrupción, mendacidad pública– y a los riesgos de la hiperabundancia informativa, de lo cual habla en la entrevista que ofrecemos a nuestros lectores.
violencia, sexualización y el peligro de los juegos en línea
DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade
DIRECTOR: Luis Tovar
EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón
LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores
PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300.
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La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008121817375200-107, del 18/XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/ XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
LA GRAN CANTIDAD Y VARIEDAD DE LOS JUEGOS QUE OFRECEN LAS PLATAFORMAS EN LÍNEA SON UN FENÓMENO YA MUY ESTABLECIDO Y CON ENORME PODER DE ENGANCHE, SEDUCCIÓN, RECLUTAMIENTO Y ALECCIONAMIENTO. ESTE TEXTO SE ASOMA CON ACIERTO A APENAS “LA PUNTA DEL ICEBERG” DE LO QUE OFRECE LA PLATAFORMA ROBLOX: VIOLENCIA Y SEXUALIZACIÓN. UN PELIGROSO MONSTRUO DE MÚLTIPLES CABEZAS.

SIN DUDA EL videojuego y el juego online han rebasado el entendimiento de más de uno. Jugar se concibe ahora como un acto globalizante pues, a diestra y siniestra, en cualquier parte del globo, hay alguien conectado a su PC Gamer, a su smartphone o a su consola con acceso a internet y banda ancha. Fue en la primera década de los años dosmiles cuando se popularizaron plataformas y videojuegos en línea, que para ese entonces funcionaban primitivamente y se tenían que jugar en el ciber más cercano, como Minecraft o Roblox, este último creado en 2006. Veinte años después, Roblox alcanza niveles de popularidad sin precedentes para sus oficinas en California, incluso por delante de otros videojuegos como Free Fire, también con millones de descargas y jugadores. Ese éxito se debe a la versatilidad de la plataforma, pues no hay registro claro de cuántos servers o juegos con diversidad temática se han creado durante su existencia virtual. Otro
gancho clave para su masividad es la posibilidad de entablar relaciones sociales a distancia con otros jugadores desde un chat y un micrófono abierto, esto en cualquier idioma y en cualquier huso horario. Sí, Roblox tiene su lado creativo e idóneo, pero la realidad puede ser otra, incluso muy peligrosa.
¿Juegos o espejos?
BIEN DICEN QUE el arte imita la vida. ¿Será, acaso, que los videojuegos la imitan también? Durante prolongadas estadías en la plataforma he encontrado infinidad de juegos, variados, unos más populares que otros. Algunos resultan ser ideas infantiles (porque, claro, la plataforma está pensada para menores de edad, preferentemente) como el icónico juego de las sillas, la lotería, juegos de aventura en el desierto o la montaña; servir en una pizzería, carreras de coches, baloncesto...

hasta conciertos y karaoke. Otros que se han popularizado mundialmente, como Steal a brainrot, con el reconocidísimo tralalero tralala, o la imitación del Juego del Calamar, versión Roblox. La lista es interminable. Sin embargo, hay otros juegos en la plataforma que parecen ser creados siniestramente a partir de la realidad, Ésa que sale en los noticieros 24/7. Es ahí cuando uno se pregunta: ¿a qué jugamos?
Resulta alarmante la cantidad de juegos en la plataforma Roblox que aluden a situaciones violentas, políticas, perversas o realistas, como tiroteos escolares, supervivencia en ciudades peligrosas, peleas callejeras, robo y vandalismo. Hay otros con contenido sexual explícito o con juego de roles, como el popular juego Brookhaven. Los hay para pasar el rato bailando y sexualizando avatares como La Kantina Latina. También hallamos propaganda de todo tipo, desde religiosa, con servidores dentro de iglesias protestantes, católicas, o servers para orar en una mezquita o escuchar misa. También hay juegos de clubes nocturnos para +18 y hay servers para encuentros LGBTQ+. Los hay también sobre conflictos globales como Rise of Nations, donde el Estado sionista israelí tiene chance de conquistar el mundo, sin dejar de lado la existencia de una Academia Militar de Israel en la plataforma. Lo más reciente: un usuario de la plataforma creó un juego que simula la isla del depredador sexual Jeffrey Epstein, con sus yates y cabañas privadas. Habrá que ver a qué juegan quienes interactúan en dicha experiencia. Casos particulares de diversas sectas que figuran en la plataforma son de urgente atención. Por mencionar una, la secta Spawn o iglesia del spawnismo funciona para atraer menores a su “rito”, que no es más que incitación al suicido con la promesa de “regenerarse” (de ahí el término spawn) en otros lugares y como santos. Funcionan de manera más privada a través de los denominados condos (condominios), donde se puede interactuar dentro de la plataforma, pero violando las normas. Estas sectas hacen uso de otras herramientas comunicativas, como Discord o Kik. Con los avatares ni se diga, sucede lo mismo. Encontrarás en Roblox desde el avatar más inofensivo, como Bob Esponja o un gatito miniatura, hasta líderes políticos como Kim Jong-un y el criminal de guerra Netanyahu. Los hay realistas que son la viva imagen del usuario que lo maneja, y es ahí donde entra la creatividad y libertad para ser y vestir. Sin embargo, el año pasado Roblox implementó reglas estrictas sobre cómo vestir los avatares, eliminando a cientos de jugadores que usaban indistintamente avatares sexualizados, sobre todo femeninos, por ser inapropiado y promover con-
Resulta alarmante la cantidad de juegos en la plataforma Roblox que aluden a situaciones violentas, políticas, perversas o realistas, como tiroteos escolares, supervivencia en ciudades peligrosas, peleas callejeras, robo y vandalismo. Hay otros con contenido sexual explícito o con juego de roles, como el popular juego Brookhaven.
ductas sexuales en los menores de edad. Estas circunstancias se prestan también para problemas más profundos y graves, como los recientes casos de pedofilia e intento de secuestro de menores en México y el mundo.
La atmósfera realista de Roblox también ha dado entrada a protestas sociales online donde niños y adolescentes han manifestado su inconformidad contra personajes como Trump, contra el ICE y a favor de Palestina. Las calles virtuales se han llenado de carteles, marchas y bloqueos de cientos de usuarios. También existen juegos de ayuda mutua, que fomentan el acompañamiento
para menores solitarios o con depresión. No todo está perdido.
De igual manera, la reciente actualización de Roblox ha permitido controlar las interacciones entre adultos y menores, limitando la experiencia a personas del mismo rango de edad para evitar casos de online grooming*, racismo, discriminación y misoginia. Pero, como con cualquier bloqueo, habrá quién lo viole falsificando la imagen y los datos para su beneficio. Los monstruos no descansan.
Juego de niños: el narco ataca de nuevo
EN LA PLATAFORMA podrás encontrar decenas de juegos que hacen apología del narcotráfico. Las circunstancias varían, desde combates entre la Guardia Nacional y el crimen organizado (tienes que escoger el bando), hasta juegos que simulan ser haciendas de reconocidos narcotraficantes. Los juegos en su mayoría se nombran a partir de ciertas ciudades y estados que ya conocemos: Ciudad Juárez, Nogales, Torreón, Culiacán, Nuevo Laredo, Zacatecas, Jalisco. Entre combates, levantones, corridos tumbados, armas, coches de lujo, escorts y alucines navega la juventud mexicana en Roblox, sin mencionar los avatares que van del chaleco antibalas, la radio de puntero y las cadenas de oro de varios quilates robloxianos. Y los avatares femeninos simulan ser las populares narcobabys o buchonas.
Más allá de tratarse de un juego virtual, habría que reconocer el peligro que esto implica dentro de la plataforma, pues al mostrar un estilo de vida “envidiable y exquisito” puede servir para reclutar menores de edad. Como siempre, todo al servicio del narcotráfico, ahora hasta los videojuegos. México no es un caso exclusivo, pues en toda Latinoamérica hay servers que simulan al narco; los encontrarás de Colombia, Venezuela, Perú. Todo esto sucede en ese universo virtual que puede parecernos ajeno, raro, inverosímil; sin embargo, está ahí y se alimenta de millones de usuarios al día. Estamos sólo ante la punta del iceberg. ●
*Según Save The Children, el término online grooming se refiere a formas delictivas de acoso que implican a un adulto que se pone en contacto con un niño, niña o adolescente con el fin de ganarse poco a poco su confianza para luego involucrarle en una actividad sexual. https://www.savethechildren.es/actualidad/ grooming-que-es-como-detectarlo-y-prevenirlo

EL CIERRE DEL ÚNICO CAFÉ EN UN PEQUEÑO PUEBLO DE FRANCIA, PUNTO DE REUNIÓN Y CENTRO SOCIAL DE SUS POBLADORES CADA VEZ MÁS ESCASOS, PROVOCA EN ESTE TEXTO EL RECUERDO DE LA MAGISTRAL DESCRIPCIÓN DE LUVINA, EL PUEBLO DEL CUENTO HOMÓNIMO DE JUAN RULFO, GRACIAS A LOS VASOS COMUNICANTES QUE ABRE Y TRANSITA LA GRAN LITERATURA.
ME VIENE ENTRE brumas el recuerdo de la Luvina de Juan Rulfo, ese pueblo abandonado por los hombres que se han ido en busca de trabajo a donde puedan hallarlo, apenas poblado por viejas mujeres que se deslizan arrastrando su cuerpo como fantasmas sin alma. Luvina brota entre mis recuerdos al ver una aldea francesa que la vida ha ido desertando. Un puñado de viejos habitantes, que ya no pueden o se niegan a irse, manifiestan su descontento: el último café-comercio del pueblo ha cerrado. Su propietario tiene demasiados años para poder seguir abriendo la cortina de fierro todas las mañanas, hacer sus compras, atender su clientela cada día más escasa y vegetar por las noches frente a la pantalla de televisión.
El cierre del café es el final del único sitio donde los habitantes se comunicaban entre ellos con el relato de las últimas noticias que podían leer en un diario puesto a su servicio gratuitamente por el patrón del café. Lugar de plática para intercambiar las pocas novedades ocurridas en la aldea, donde los clientes reían de alguna broma o bajaban la voz para decirse algún chisme de otro de los pobladores que no se fueron de ahí. Y que ya no son capaces de desertar la aldea, arraigados como están en ella. O simplemente porque la carga de sus edades, de tantos años como tienen, les pesa en exceso.
Cuando paso por uno de esos pequeños pueblos, no dejo de buscar su café-comercio para tomar alguna bebida y, tal vez, pedir algo de comer. Los menús no son muy variados de una aldea a otra: el sándwich de jamón con mantequilla, el bistec acompañado con papas fritas, el famoso croquemonsieur, ese pan con jamón gratinado. Escucho de lejos las conversaciones animadas entre los clientes. Deben sin duda darse cita a diario en el café sin necesidad de decírselo. Se trata de una costumbre, un hábito que los mantiene vivos y les permite distraerse robándose unas horas de descanso al trabajo cotidiano o a la vida casera, donde muchas veces ya no hay nadie que los espere para decirse cómo pasaron el día.
La clausura del café es un verdadero drama para los habitantes de la aldea. Ya no tendrán un lugar donde encontrarse a cualquier hora, cuando se les antoje platicar a sus anchas, libremente. Un espacio que pertenece a todos y donde tienen la impresión de escapar durante un buen rato de la aridez cotidiana o la rudeza del trabajo. No lo saben o no se atreven a pensarlo, pero intuyen la tragedia que se anuncia con el cierre del café. No es sólo la muerte del lugar de encuentro.
Vilma Fuentes

Se trata de algo mucho más profundo y grave: es la muerte del alma del pueblo lo que significa la desaparición del café.
En un futuro más próximo y temible de lo que pueden imaginar, habitarán un pueblo fantasma, ellos mismos convertidos en almas en pena, arrastrando el paso a lo largo de los muros escarapelados de los viejos edificios.
El café-comercio de una aldea es la encarnación de su alma. En su interior se vive el encuentro que se requiere para sentirse vivo. Al llegar el invierno con su lluvia de neblina, que flota como flota la tristeza metiéndose por los poros, se busca el refugio de un café. Cuando ya no hay café-comercio alguno en el pueblo, la gente yerra como fantasma por las calles desiertas.
“Luvina es un lugar muy triste”, describe la voz hecha de ecos de Juan Rulfo, “yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y si usted quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca.
”Porque en Luvina sólo viven los puros viejos y los que todavía no han nacido, como quien dice… y las mujeres solas o con un marido que anda sólo Dios sabe dónde. Viene de vez en cuando como
las tormentas de que les hablaba; se oye un murmullo en el pueblo cuando regresan y un gruñido cuando se van…
”Mientras tanto, los viejos aguardan por ellos y por el día de la muerte, sentados en sus puertas, con los brazos caídos… Solos, en aquella soledad de Luvina.
”San Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que ahí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades. Y eso acaba con uno. Míreme a mí…”
¿Cómo no voy a recordar la magistral descripción hecha por Juan Rulfo de un pueblo fantasma al cruzar en Francia por esas aldeas moribundas donde sólo quedan los viejos? La grandeza de la escritura no conoce fronteras. Es posible pensar en Luvina mirando la agonía de una aldea francesa. La importancia de un café-comercio, lugar de intercambio, es fundamental, como bien lo saben los habitantes de este pequeño pueblo que ven la fatídica amenaza de su desaparición en la del café. Juan Rulfo logró dar vida a los fantasmas que resucitan con su escritura. A los pueblos fantasmales de cualquier país. ●
LA OBRA DE BERNARDO RUIZ (CDMX, 1953) ALCANZA VARIOS GÉNEROS, A SABER, NOVELA, POESÍA, CUENTO, ENSAYO Y TEATRO, Y SU PRESENCIA EN LAS LETRAS
MEXICANAS ES INDUDABLE. ESTE TEXTO TRAZA LOS RASGOS GENERALES DE SU OBRA Y PONDERA SUS CUALIDADES CON NINGÚN OTRO PROPÓSITO QUE EL DE INVITAR A SU LECTURA, Y AFIRMA: “SU ESCRITURA SE INSCRIBE EN UNA TRADICIÓN QUE ENTIENDE LA LITERATURA COMO UN ESPACIO DE EXPLORACIÓN CRÍTICA MÁS QUE COMO SIMPLE REPRESENTACIÓN.”
BERNARDO RUIZ es una figura relevante para la generación de escritores surgida en la segunda mitad del siglo XX en México, no sólo por la amplitud de su obra, sino también por su trabajo sostenido como formador de lectores y escritores. “Resulta difícil atravesar los muros del silencio”, afirma en una entrevista publicada el año pasado en el Diario de Madrid. Añade que su escritura ha cambiado con el tiempo: ha dejado atrás la verborrea y busca ahora una mayor exactitud, una precisión que no excluye el gozo. En esa declaración se reconoce una poética que concibe la creación literaria como un ejercicio de depuración, pero también como una forma de resistencia.
Publicada en 1982, Olvidar tu nombre se convirtió pronto en una novela de referencia para quienes, en aquellos años, se acercaban a la literatura con vocación crítica. La obra apareció en una década marcada por tensiones sociales y culturales que culminarían para Ciudad de México en el sismo de 1985. A través del personaje de Regina Lagos, Ruiz construye una mirada íntima que interroga los mecanismos de la memoria y el lenguaje. La novela propone una reflexión sobre la manera en que se elaboran los recuerdos, se narran las relaciones y se configura la identidad personal en un contexto social específico. Olvidar tu nombre formó parte de la colección La red de Jonás de Premià Editora, sello fundamental en el panorama literario mexicano de las décadas de los años setenta y ochenta del siglo anterior, caracterizado por su apuesta por autores jóvenes con una propuesta formal sólida. La trayectoria de Ruiz se vinculó también a espacios de formación y discusión como la revista Punto de Partida, fundada por Gastón García Cantú en 1966 y dirigida posteriormente por Margo Glantz, cuyo objetivo fue impulsar nuevas voces y renovar el campo literario.
Su escritura se inscribe en una tradición que entiende la literatura como un espacio de exploración crítica más que como simple representación. En ese sentido, sus textos parten tanto de la memoria personal como de la observación de lo inmediato, y construyen personajes y situaciones
que buscan provocar una lectura activa. La obra de Ruiz se despliega en distintos géneros ‒novela, poesía, cuento, ensayo y teatro‒ y se articula en torno a una preocupación constante por el lenguaje y sus posibilidades expresivas.
Vampiros: la ambigüedad de la mordida
UN ÁMBITO PARTICULARMENTE significativo de su trabajo es el interés por la figura del vampiro y su desarrollo dentro de la tradición cultural. En la antología Vampiros. Antes y después de Drácula, Ruiz reúne textos que examinan las raíces literarias del personaje y su transformación a lo largo del tiempo. El vampiro aparece como una figura simbólica capaz de condensar tensiones históricas, deseos reprimidos y formas de transgresión. La ambigüedad de la mordida ‒gesto de violencia e intimidad‒ explica su persistencia en la literatura y otras manifestaciones artísticas. El autor dialoga con autores como Baudelaire, Gautier, Poe y Rilke, quienes, sin recurrir necesariamente al vampiro de manera explícita, desarrollan una imaginería vinculada a la sangre, la nocturnidad, la pérdida de energía vital y el amor entendido como herida. El escritor analiza también el proceso mediante el cual el vampiro se transforma, con Drácula de Bram Stoker (1897), en la figura moderna del aristócrata decadente, uno de los ejes del gótico anglosajón junto a Polidori, Byron, Mary Shelley y Poe. La investigación de Ruiz se extiende a tradiciones menos visibles en el canon occidental. Recupera figuras como el ghoul de la literatura árabe preislámica del siglo VII, asociado a los cementerios y a la corrupción del cuerpo, así como el Vetala de la India medieval, entidad que habita cadáveres. Asimismo, revisa los primeros poemas europeos del siglo XVII con motivos vampíricos, entre ellos los de Kaspar von Stieler y Gottfried August Bürger, que anticipan rasgos centrales del imaginario que se construiría años más tarde sobre el personaje. En el terreno de la ficción contemporánea destaca el cuento “Montreal”, incluido en Los sueños de

la serpiente (1991), donde Ruiz propone la figura del “vampiro del vaho”. A diferencia del modelo clásico, este ser no extrae sangre, sino el aliento de sus víctimas en medio del frío extremo: una metáfora del despojo de la energía vital y del aislamiento urbano. La ciudad se convierte así en un espacio donde el desgaste del cuerpo y del espíritu resulta inseparable del entorno.
Pueblos fantasmas/Villages fantômes reúne la poesía escrita por nuestro poeta entre 1978 y 1998, en edición bilingüe español-francés, con selección de Mariana Bernárdez y traducción de Émile y Nicole Martel. El volumen nos muestra a un autor de lenguaje directo y reflexivo, atento a la experiencia cotidiana y a la dimensión existencial del sujeto. Sus imágenes, más que buscar el efecto, construyen una tensión sostenida entre pensamiento y emoción. Descubre que la sombra también tiene rostro, que la escritura no es refugio sino una forma de estar, una forma de resistencia. El poema “Nota roja” condensa esa poética: “La soledad,/ perra y puta/ de todas las esquinas.” ●
Philippe Cheron
EL 16 DE ENERO DE 2026 FALLECIÓ, A LOS OCHENTA Y TRES AÑOS, EL ESCRITOR Y DRAMATURGO FRANCOSUIZO VALÈRE NOVARINA. SU OBRA, SINGULAR INSURRECCIÓN DEL LENGUAJE Y DE LA DRAMATURGIA, HA IDO IMPONIÉNDOSE COMO UNA DE LAS MÁS INNOVADORAS Y CÓMICAS EN LENGUA FRANCESA. SUMAMENTE SENSIBLE A LOS MATICES MÁS SUTILES, A LAS DIFERENCIAS ENTRE IDIOMAS, A LOS DIALECTOS, LAS EXPRESIONES LOCALES, LAS JERGAS, LOS NEOLOGISMOS, CENTRÓ SU REFLEXIÓN EN EL LENGUAJE, FUENTE INAGOTABLE DE SU INSPIRACIÓN.
DRAMATURGO, ESCENÓGRAFO, ensayista, pintor, Valère Novarina nació en Saboya en 1942, región fronteriza y montañosa, donde de un valle al otro la lengua varía y se modifica la pronunciación de los vocablos. De tal modo, el lenguaje forma parte de la naturaleza, está como inscrito en el paisaje.



A pesar de la fragmentación y la extravagancia de los diálogos, de la extrañeza permanente de la lengua sometida a las fuerzas de erosión y de recreación, el verbo novariniano aparece siempre cercano a lo real: es una manifestación subterránea de la realidad geológica del lenguaje, de la fuerza eruptiva y deformadora que le es propia; y no es una fantasía ni un capricho del escritor, sino el resultado de un proceso concreto de alteración que proviene en línea recta de la lengua viva. Su interés está en el diálogo cotidiano, en la rítmica de las frases callejeras, en la increíble riqueza de la lengua hablada. Escribió en Lumières du corps (2006): “Todavía no se ha estudiado lo suficiente el lenguaje como teatro de fuerzas, ni la naturaleza como el lugar del drama de la palabra ‒no se ha mostrado suficientemente, en su práctica, cómo opera la palabra en el espacio. Así como lo que tenemos debajo de nuestros pies sólo es la piel de la tierra, lo que oímos en las palabras sólo es la piel del lenguaje. Hay un gran drama subterráneo ‒y puede ser que el lenguaje nos diga algo del inconsciente de la naturaleza.”1 Novarina pugna por llegar a decir lo indecible. Cuando dice “de lo que no se puede hablar, esto es lo que debe decirse”, toma a contrapelo lo afirmado por Wittgenstein y otorga al lenguaje poético-teatral un poder que se quisiera infinito.2 Todo su esfuerzo apunta en ese sentido y su tarea consiste en reanudar con una alegría acrobática del lenguaje, en dar la palabra a las cosas hasta llegar a oír el lenguaje en la materia. El lenguaje está todo el tiempo en fusión, en germinación, no deja nunca de “trabajar”, al igual que nuestro mundo: “El mundo entra en fusión, el mundo entra en confusión”, declara el personaje llamado El Muerto al principio de Le drame de la vie (El drama de la vida). De esa fusión/confusión Novarina crea un teatro al mismo tiempo burlesco y grave, unas piezas que oscilan entre el circo y la opereta, entendida esta última como un drama tan concentrado que se despoja del sentimiento humano, como un teatro de la crueldad cómico.
Al valerse de palabras antiguas, extranjeras, inventadas, dialectos, onomatopeyas, asonancias, juegos de palabras,3 su lenguaje parece provenir de tiempos inmemoriales o de espacios desconocidos para desafiar los lenguajes empobrecidos, anémicos y pre-formateados (discursos políticos o mediáticos, por ejemplo) y para inyectar una

nueva energía, una nueva vitalidad a la lengua. Con el riesgo de no darse a entender y de dificultar enormemente la traducción debido a la desarticulación gramatical, a la excentricidad del vocabulario ‒pero lo cierto es que resulta extrañamente jubilosa la lectura de sus piezas y, con mayor razón, la puesta en escena de las mismas con escenografías realizadas por él mismo. Su mundo se encuentra en las antípodas de la literatura del yo, de aquella que se desahoga y se regodea en el subjetivismo, en el “ombliguismo”. Para él, evidentemente, la literatura no debe limitarse a divertir, a atender problemáticas meramente psicológicas o sociológicas, sino que debe servir para desestabilizar las certidumbres ideológicas. El lenguaje es como una escultura en el espacio construida entre los hablantes, como una suerte de volutas en el aire. Y en su ensayo Voix négative (Voz negativa) no duda en afirmar que “la sustancia más profunda, la vivísima materia de la cual estamos hechos, no es la linfa ni los nervios

de nuestros músculos, ni el plasma de nuestras células, ni las fibras, ni el agua ni la sangre de nuestros órganos, sino el lenguaje”.
Una nueva concepción teatral
NOVARINA CREE EN la acción salvadora del lenguaje que nos separa y nos reúne, que nos hace respirar, que nos endereza. A su modo de ver, contra la opinión habitual, se produce una especie de materialización de la palabra, de corporeización del lenguaje, de tal manera que la voz no está en el cuerpo, sino al revés: el cuerpo está en la voz. Para él, el teatro es el lugar de la verdad y no del disfraz. Es el punto focal de todas las paradojas: “Contra la mecanización mental, contra el dictado, la petrificación, lucho por la restauración gloriosa de la paradoja”, y por la risa, por una risa liberadora. Su teatro pretende sacudir, desarticular los códigos dramatúrgicos y narrativos con el fin de mostrar la inanidad de la representación, mediante una fuerte alteración del significante. La crisis de la representación es consecuencia de la crisis del signo saussuriano, de la arbitrariedad de los signos, y en Novarina se manifiesta mediante un sinnúmero de deformaciones verbales que desvirtúan el diálogo, el monólogo, las indicaciones escénicas y el relato, poetizándolos a su manera. Esa sedición lingüística en el teatro, lugar que por naturaleza es social (a diferencia del contrato autor/lector en el caso de la novela), tiene el propósito de definir una nueva concepción teatral.
Su humor no provoca un desencanto, no se parece a la ironía mordaz y desalentadora del dramaturgo irlandés, sino que el desamparo del hombre moderno, hecho de fragmentos inconexos, sin Dios en un mundo cada vez más deshumanizado, robotizado, resulta ser un trampolín hacia la risa e incluso la alegría.
Asimismo, hay una fuerte cólera en su teatro, y se relaciona con lo político. La lengua de las pasiones, ahí, se vuelve carnavalesca, con un matiz insolente, iracundo, ya sea contra la trascendencia o contra la tiranía: la ira novariniana ambiciona acabar con cualquier dominación retórica.
Le impresiona particularmente la observación de San Agustín: “El lenguaje se oye, pero el pensamiento se ve.” Lo que lleva a nuestro dramaturgo a considerar que en el teatro es preciso decir no solamente “el ojo escucha” sino también “el oído ve”, pues es el lugar del vértigo, el sitio donde venimos a experimentar la confusión de los sentidos, el asombro.
Su obra renueva la interrogación sobre el misterio de la existencia humana. Al vacío y al silencio a los que se confronta el ser humano, él responde con la riqueza inaudita de una palabra en expansión, de un verbo que se excede, en la tradición rabelaisiana. Es un poeta que está creando una lengua y a la vez un espacio, un poeta que coloca al actor en el centro de su palabra. Pone en escena hombres quebrados que rebajan y rematan su propia humanidad, y se abandonan a una verborrea entrópica. Su destino los encamina constantemente hacia el vacío mediante la palabra, en lugar de componer una idea positiva de sí mismos, los empuja a ser ineluctablemente aspirados por el torbellino de la narración.
En el fundamento del teatro novariniano hay una inquietud, al igual que en Samuel Beckett, sólo que está como aceptada, asumida. Por ello su humor no provoca un desencanto, no se parece a la ironía mordaz y desalentadora del dramaturgo irlandés, sino que el desamparo del hombre moderno, hecho de fragmentos inconexos, sin Dios en un mundo cada vez más deshumanizado, robotizado, resulta ser un trampolín hacia la risa e incluso la alegría. En el universo novariniano no hay ningún lugar al cual acogerse, los personajes son seres errantes, no hay tierra prometida. El único espacio que les pertenece es el de la palabra. Así, a pesar de la aspiración entrópica que los caracteriza, el caos en el que se mueven (lugares fragmentados, tiempos dislocados, identidades atomizadas) abre el espacio de un vacío que es portador de un devenir, al mismo tiempo que reinventa y revalora la lengua. Estamos ante un trágico risible, un cómico redentor: a la vez ansiógeno y liberador, esta comicidad paradójica contiene virtudes catárticas, emancipadoras. En una entrevista Valère Novarina contó que una vez lo invitaron a dar una lectura en la clínica psiquiátrica de La Fresnaye. Al final, tres pacientes se acercaron a él y le dijeron: “Eso sí, usted cuando menos no es como los demás, lo que escribe es la realidad.” ¡Le dio un gusto enorme que por fin lo consideraran como un escritor realista! ●
NOTAS:
1. Existe edición en español Luces del cuerpo, Bilbao, Artezblai, 2011; así como de Devant la parole: Ante la palabra, Valencia, Pre-Textos, 2001 (ambos traducidos por Fernando Gómez Grande).
2. Al concluir su Tractatus logico-philosophicus, Wittgenstein escribe: “Todo lo que puede decirse, puede decirse con claridad, y de lo que no se puede hablar, mejor es callar.”
3. Por ejemplo, la lámpara de neón “la lumière nuit” del decorado de la pieza La scène (La escena), que significa a la vez “la luz noche” y “la luz daña”.
EL NOVELISTA ESTADUNIDENSE PHILIP ROTH (NEWARK, NUEVA JERSEY, 19332018) FUE UNO DE LOS AUTORES MÁS RELEVANTES Y PROLÍFICOS EN HABLA INGLESA HACIA MEDIADOS DEL SIGLO XX. OBTUVO GRAN RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL GRACIAS A LA NOVELA EL LAMENTO DE PORTNOY, QUE FUE LLEVADA A LA PANTALLA GRANDE. ENTRE SUS INNUMERABLES OBRAS DESTACAN LA VISITA DEL MAESTRO, ZUCKERMAN ENCADENADO, LA ORGÍA DE PRAGA, LA TRILOGÍA AMERICANA (PASTORAL AMERICANA, ME CASÉ CON UN COMUNISTA Y LA MANCHA HUMANA), LA GRAN NOVELA AMERICANA Y MUCHAS OTRAS. EN ESTA CONVERSACIÓN, HASTA AHORA INÉDITA EN ESPAÑOL, EL AUTOR DEL CUENTARIO ADIÓS, COLUMBUS, HABLA DE SU OBRA Y DE LA CAPACIDAD QUE TIENE LA LITERATURA PARA INFLUIR EN LA VIDA COTIDIANA DE LOS LECTORES –EN PERMANENTE DECLIVE FRENTE AL PODER DE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN–, ASÍ COMO DE LOS EFECTOS NOCIVOS DE LA SUPERABUNDANCIA INFORMATIVA Y LA IRREFRENABLE TENDENCIA A TRIVIALIZARLO TODO QUE, DESDE SU PUNTO DE VISTA, ES UNO DE LOS MALES QUE MÁS AFECTAN A LA SOCIEDAD ESTADUNIDENSE.
‒Muchos críticos y reseñistas siguen escribiendo sobre Roth en lugar de su narrativa. ¿Por qué esta persistencia después de tantos años?
‒Si es así, puede ser que tenga que ver con la intensidad con la que mi narrativa se centra en los dilemas revelados por un único personaje central cuya biografía, en ciertos detalles obvios, se superpone a la mía, y quien se cree “soy” yo. La prensa describió automáticamente La visita del maestro (1979) como “autobiográfica”, es decir, sobre la historia personal de Roth, porque el narrador, Nathan Zuckerman, es un escritor judío estadunidense de mi edad, nacido en Newark, cuyas primeras obras provocaron la protesta de algunos lectores judíos. Pero el hecho es que esa es la única similitud entre mi historia y la de Zuckerman. La inquietante oposición de su padre a la que se enfrenta el joven Zuckerman, y que impulsa la trama moral de La visita del maestro, es algo de lo que yo me liberé; el interés inteligente y paternal que muestra por su trabajo un escritor famoso y mayor, en cuya casa de Nueva Inglaterra tuvo la suerte de alojarse a los veintitrés años, no se parece en nada a mi experiencia cuando comencé a escribir en los años cincuenta; tampoco conocí a una mujer por la que me sintiera atraído románticamente porque se pareciera a Ana Frank, o a la que haya transformado mentalmente en Ana Frank y dotado de su estatus para intentar librarme de las acusaciones judías de autodesprecio y antisemitismo. Aunque algunos lectores puedan tener dificultades para distinguir mi vida de la de Zuckerman, La visita del maestro ‒como a todo lo largo de Zuckerman encadenado (1985) y La contravida (1986)‒ es una biografía imaginaria, una invención inspirada en temas de mi experiencia sobre los que he reflexionado mucho, pero resultado de un proceso de escritura muy alejado de los métodos ‒y mucho más de los propósitos‒ de la autobiografía. Si un autobiógrafo declarado transformara sus temas personales en una narración detallada que encarnara una realidad distinta e independiente de su propia historia cotidiana, poblada de personajes imaginarios que conversaran con palabras que él nunca hubiera escuchado pronunciar y a las que daría sentido mediante una secuencia de acontecimientos que nunca tuvieron lugar, no nos sorprendería que se le acusara de presentar como su vida real lo que era una mentira descarada. ¿Puedo citar a John




Updike? Cuando le preguntaron por mis libros sobre Zuckerman, respondió al entrevistador: “Roth está inventando lo que parece una novela con clave, pero no lo es.”
‒Pero si sus libros son malinterpretados, salvo por John Updike, ¿no es ese más o menos el destino de la mayoría de los buenos escritos? ¿No espera que lo malinterpreten?
‒Que los novelistas doten a los lectores de formas que no puede prever ni considerar mientras escribe, no es ninguna novedad para alguien que pasó ocho años escribiendo Zuckerman encadenado. Esa es la historia que se cuenta en casi cada una de sus ochocientas páginas, desde la escena
La única lectura que se asemeja a la lectura ideal que a veces anhela un escritor es la que él hace de sí mismo. Cualquier otra lectura es una sorpresa, una “lectura errónea”, si uso tus palabras y si con ello no te refieres a una lectura superficial y estúpida, sino a una lectura condicionada por los antecedentes, la ideología, la sensibilidad, etcétera.


inicial, cuando Nathan, el escritor en ciernes, entra en el salón de Lonoff en busca de la absolución de los pecados cometidos por sus obras juveniles contra la autoestima de su familia, hasta su conclusión el día en que, como escritor consagrado de cuarenta años, se ve obligado a entregar a la policía de Praga los totalmente inofensivos relatos en yidish que han decidido confiscar por considerarlos subversivos. La única lectura que se asemeja a la lectura ideal que a veces anhela un escritor es la que él hace de sí mismo. Cualquier otra lectura es una sorpresa, una “lectura errónea”, si uso tus palabras y si con ello no te refieres a una lectura superficial y estúpida, sino a una lectura condicionada por los antecedentes, la ideología, la sensibilidad, etcétera. Sin embargo, para ser malinterpretado de cualquier modo que merezca la pena considerar, un escritor también tiene que ser leído. Pero esas interpretaciones erróneas ‒conferidas por lectores hábiles, cultos, muy imaginativos y muy leídos‒ pueden ser instructivas, incluso cuando son bastante extrañas: véanse las interpretaciones erróneas de [D.H.] Lawrence acerca de la literatura estadunidense; o las de Freud, el lector erróneo más influyente de todos los tiempos de la literatura imaginativa. Así pues, esos malinterpretadores, los censores, son influyentes, aunque por otras razones. ¿Y los censores soviéticos necesariamente malinterpretan, en la narrativa de Solzhenitsyn, sus objetivos políticos? Aunque los censores parecen ser los más estrechos de miras y perversos de todos los malinterpretadores, a veces pueden ser más perspicaces que el público más tolerante y abierto de mente en cuanto a las implicaciones socialmente perjudiciales de un libro. Una interpretación erróneamente grave no tiene nada que ver con la impenetrabilidad de un texto: los genios inter-
pretan erróneamente las canciones infantiles, lo único que requieren es que tengan sus propios problemas.
‒A la luz de esto, ¿qué hay del público? ¿Cree que cuenta con uno, y si es así, qué significa para usted?
‒He tenido dos tipos de lectores: uno general y otro judío. No tengo prácticamente ninguna idea del impacto que tengo sobre el público general, ni tampoco sé realmente quiénes son estas personas. Por público general no me refiero, por cierto, a nada vasto. A pesar de la popularidad de La queja de Portnoy (1972), el número de estadunidenses que han leído con verdadera atención la mitad de mis libros ‒en contraposición a los que pueden haber leído uno o dos‒ no puede superar, si acaso, los cincuenta mil. No pienso en ellos cuando estoy escribiendo más de lo que ellos piensan en mí cuando están trabajando. Son tan distantes como los espectadores lo son para un jugador de ajedrez concentrado en el tablero y en el juego de su oponente: no me siento más desamparado ni más solitario que él porque la gente no hace cola alrededor de la manzana para comentar cada uno de sus movimientos. Sin embargo, un público desconocido de cincuenta mil lectores juiciosos (o de lectores creativos que malinterpretan), cuya atención seria y silenciosa puedo manejar libremente, es una gran satisfacción. El enigmático intercambio entre un libro silencioso y un lector silencioso me ha parecido, desde mi infancia, una transacción única y, en lo que a mí respecta, es en lo que debe consistir la faceta pública de la vocación del novelista. Como contrapeso al público general, tengo un público judío, lo que me ha permitido disfrutar realmente de lo mejor de ambos mundos. Con el público judío siento intensamente sus expectativas, su desdén, su deleite, sus críticas, su amor propio herido, su sana curiosidad… Lo que imagino que posee el escritor es la conciencia de su público en la capital de un pequeño país donde se considera que la cultura tiene tanta importancia como la política, donde la cultura es política, una pequeña nación perpetuamente dedicada a evaluar su propósito, a contemplar su significado, a bromear sobre su vergüenza y a sentirse amenazada de una forma u otra.
‒Pasando a un tema más general, ¿piensa en la narrativa como una forma de conocer el mundo o de cambiarlo?
‒Es una forma de conocer el mundo de otra manera que no se conocía. Está claro que se puede saber mucho sobre el mundo sin la ayuda de la literatura, pero no hay nada que engendre el tipo de conocimiento que ofrece la narrativa, porque no existe algo más que transforme el mundo en ficción. Lo que se aprende de Flaubert, Beckett o Dostoievski no es mucho más de lo que ya se sabía sobre el adulterio, la soledad o el asesinato: lo que se aprende es Madame Bovary, Molloy y

Crimen y castigo. La ficción deriva de un modo único de escrutinio llamado imaginación, y su sabiduría es inseparable de la imaginación misma. La inteligencia incluso del novelista más brillante frecuentemente se degrada ‒y como mínimo se distorsiona‒ cuando se separa de la novela que la encarna; sin pretenderlo, se dirige sólo a la mente en lugar de impregnar una conciencia más amplia, y, por mucho prestigio que se le otorgue como “pensamiento”, deja de ser una forma de conocer el mundo, ya que no se le descubre a través de una nueva forma. Separada de la ficción, la sabiduría de un novelista muchas veces no es más que mera palabrería. Las novelas influyen en el actuar, moldean la opinión, alteran la conducta. Por supuesto, un libro puede cambiar la vida de alguien, pero eso se debe a la decisión del lector de utilizar la ficción para sus propios fines (fines que podrían horrorizar al novelista) y no a que la novela sea incompleta sin la actividad del lector. La conferencia de 1967 cerca de Praga, organizada por intelectuales checos en torno a temas relacionados con Kafka, resultó ser un trampolín político para el gobierno reformista de Dubcek y la Primavera de Praga de 1968. Sin embargo, no fue algo a lo que Kafka incitara, pudiera prever o necesariamente hubiera disfrutado. Las formas de conocer el mundo que él tituló El proceso y El castillo ‒que para la mayoría de las personas siguen pareciendo formas imposibles de conocer nada‒ fueron explotadas por estos intelectuales checos como un medio para organizar una percepción de su mundo lo suficientemente persuasiva como para reforzar un movimiento político ya en marcha para aflojar los lazos del totalitarismo soviético.
‒¿Cree que la relevancia ‒si no la integridad‒ del discurso ficcional se ve amenazada por rivales como el cine, la televisión y los periódicos, que proponen formas completamente diferentes de conocer el mundo? ¿No han usurpado los medios masivos de comunicación la función de escrutinio que usted atribuye a la imaginación literaria? ‒La literatura que tiene una función crítica no sólo está amenazada sino que ha sido borrada en Estados Unidos como una forma seria de conocer el mundo, casi tanto dentro de la pequeña élite cultural del país como entre las decenas de millones de personas para quienes la televisión es la única fuente de conocimiento. Si hubiera
Separada de la ficción, la sabiduría de un novelista muchas veces no es más que mera palabrería. Las novelas influyen en el actuar, moldean la opinión, alteran la conducta. Por supuesto, un libro puede cambiar la vida de alguien, pero eso se debe a la decisión del lector de utilizar la ficción para sus propios fines (fines que podrían horrorizar al novelista) y no a que la novela sea incompleta sin la actividad del lector.
estado veinte años en una isla desierta, quizá el cambio en la sociedad inteligente que más me habría sorprendido a mi regreso sería la animada conversación sobre películas de segunda categoría por parte de personas de primera categoría, que casi ha desplazado cualquier discusión de una gran longitud o intensidad sobre un libro, ya sea de primera, segunda o décima categoría. Hablar de películas que invitan a hacerlo de manera relajada e impresionista no sólo es parte de la vida literaria del hombre analfabeto, sino que también se ha transformado en parte de la vida literaria del hombre culto. Parece que incluso a las personas más cultivadas les resulta más fácil expresar cómo conocen el mundo a partir de una historia ilustrada que exponer con precisión qué opinan de una narración organizada con palabras, lo que explica en cierta medida por qué lo que sabe la narración verbal se ha vuelto menos cognoscible. Requiere un tipo de pensamiento concentrado que se ha vuelto demasiado difícil o demasiado aburrido, o ambas cosas. Los medios masivos de comunicación han usurpado la función crítica de la literatura, la han reemplazado y trivializado. La tendencia de los medios de comunicación estadunidenses es hacia la trivialización de todo, un proceso presidido y generosamente impulsado durante los últimos seis años por el Gran Trivializador en persona. La trivialización de todo es tan importante para los estadunidenses como lo es la represión para los europeos del Este, y si un problema como la represión política no parece haber alcanzado la misma notoriedad en el club PEN [asociación mundial de escritores, fundada en Londres, Inglaterra, en 1921], es porque se derivó de la libertad política. La amenaza para un Estados Unidos civilizado no es la censura de tal o cual libro en algún distrito escolar cualquiera; no es el intento del Gobierno de suprimir o falsificar tal o cual información; es la superabundancia de información, los circuitos cargados de información: es la censura de la nada
‒¿No teme Zuckerman, en La lección de anatomía (1983) no ser lo suficientemente “serio”, que, a pesar de todas sus dolencias físicas, no esté “sufriendo” lo suficiente? ¿No es por eso por lo que quiere titularse en la facultad de medicina y, en La orgía de Praga (1985) viaja a Europa del Este?
‒Sí. Su cómica situación es el resultado de sus constantes intentos por escapar de ella. La comedia es lo que ata a Zuckerman: lo que resulta ridículo en Zuckerman encadenado es su insaciable deseo de ser un hombre serio al que todos los demás hombres de carácter grave ‒como su padre, su hermano y Milton Appel‒ tomen en serio. Una acotación escénica que aparece en La orgía de Praga podría haber sido fácilmente el título de la trilogía: Entra Zuckerman, una persona seria. Aceptar la realidad profana de lo que había asumido como una de las profesiones sagradas más importantes del mundo es para


él una terrible prueba: su seriedad excesiva es el tema central de la comedia. Zuckerman encadenado comienza con una peregrinación al santo patrón de la seriedad, E.I. Lonoff, y termina, como usted señala, en el santuario del sufrimiento, la Praga ocupada de Kafka. Imaginar que está casado con Ana Frank es la primera vía de escape que intenta idear para huir de la frivolidad que desafía sus ilusiones juveniles sobre un papel digno en el mundo. El juez Leopold Wapter, Alvin Pepler, la policía secreta checa, un dolor incapacitante e inexplicable en el cuello... Todos ellos son representantes de una vida impía que invade irreverentemente esa seriedad que él creía inherente a su elevada vocación. Pero lo que más subvierte la estima de esa elevada vocación es la naturaleza irrespetuosa de su enorme talento para describir la vida impía: es a Zuckerman a quien más problemas le causa su dignidad. El desenlace de la trilogía comienza a mitad del tercer volumen, cuando, de camino a Chicago para convertirse en médico ‒la encarnación de la seriedad profesional para aquellos judíos estadunidenses que más lo desaprueban‒, Zuckerman adopta el disfraz de pornógrafo y, abandonando cualquier pretensión que cree que aún le queda de ser tomado en serio, se transforma en un receptáculo de lo profano (en todos los sentidos de la palabra). Bueno, hay un largo camino entre fingir ser el marido de Ana Frank en el sanctasanctórum de E.I. Lonoff y proclamarse a sí mismo virrey ‒en comunión con los impuros‒ como editor de Lickety Split. Como buen escritor modernista, Zuckerman el pornógrafo imagina por fin la forma menos probable de dramatizar la seria lección que le ha enseñado la dura prueba de una existencia impía ●
Traducción de Roberto Bernal.
Los sueños de Patanjali, José Gordon, Grijalbo, México, 2025.
UN CIENTÍFICO ESPAÑOL En Madrid asiste, por accidente, a una conferencia sobre yoga y Mircea Eliade en la Casa de México en España, en medio de un festejo de Día de Muertos. La charla corre a cargo de una especialista mexicana en filosofía de la India a quien el científico español no conoce pero ‒apenas lo advierte él al llegar al recinto‒ la ha estado soñando. Es una premisa que se antoja improbable. Como salida de un sueño febril.
De mente científica, Juan José Marina ‒el protagonista (o uno de varios)‒ se verá seducido por el contenido de la conferencia de Estela Gerson. La curiosidad lo hará trabar amistad, además, con Muket Shastri, un eminente profesor de sánscrito. Estos encuentros harán que la mente de Marina se expanda hasta caminos y horizontes insospechados.
En poco menos de 250 páginas, José Gordon desarrolla una historia que habrá de atravesar el tiempo y el espacio, pues el mundo onírico y el mundo mistérico no están constreñidos por las barreras físicas. Como dice uno de los personajes: “en los sueños el tiempo y el espacio se hacen pedazos”.
Uno de los nodos de la novela se apoya en un continuo baile de máscaras: unos y otros personajes imaginan la vida de otros personajes en el pasado; acaso también en el futuro. Así, de un suspiro a otro, los ojos miran a través del pasado y el presente, mientras contemplan ciudades como Madrid, Ciudad de México, Los Mochis, Bangalore, Varanasi, Bohemia, Dublín, Londres, Bucarest, París, Praga…. Shastri le cuenta a J.J. Molina los misterios del yoga y de uno de sus máximos exponentes. Patáñjali es el autor del célebre Yogasutra, o Aforismos del yoga, una eminente obra de filosofía india del siglo IV o V. La leyenda cuenta que Patáñjali había sido una serpiente divina que logró dominar los secretos más profundos de la lengua sánscrita. Experto en gramática, Patáñjali también dominó la ciencia del yoga. Aquí el yoga es el de la aventura de la trascendencia mental más que el de las proezas acrobáticas de la práctica moderna. Jugando con las ideas filosóficas expuestas en los Aforismos del yoga, la novela de Gordon elabora sobre las capacidades extraordinarias de la mente desarrollada; de los alcances que puede lograr merced a la meditación, el trance y la percepción total e ilimitada, donde todo confluye en un gran mar de conciencias que convergen. Los dos ejes de la novela son la imaginación y el sueño, y se imbrican con la neurociencia, la poesía y el mito. Marina y otros personajes se interesan por estudiar científicamente lo que sucede en el cerebro durante la meditación. A través de la neurociencia, se busca dar cuenta de la experiencia de lo sagrado, quizá de atisbar algo parecido a una “neuroteología”. Para otros personajes, por otro lado, se intuye que el sueño es más que fantasía o desvarío; es premonición si no algo más hondo: una aventura trascendental. Por la imaginación (o la penetración al mundo inmaterial de la consciencia colectiva) es que unos autores influyen en otros.

El sueño de Patanjali encierra ciencia, misterio, esotería e imaginación. Las fronteras entre unos y otros no son siempre tan fáciles de trazar. O al menos eso es lo que descubre Marina. Si bien en el centro del libro yace el misterio del método de Patáñjali, la exploración onírica e imaginativa conecta al yoga, la teosofía y las sociedades secretas; a William B. Yeats, Annie Besant, Mircea Eliade, los propios personajes literarios de Eliade y a Gustav Meyrink; a un grupo de amigos en España y a un grupo de amigos en México…. Incluso el Chach Mool se muestra como un trasunto del gólem de Meyrink; ambas figuras animadas por el poder creador de la palabra. El narrador de la novela emula al propio autor, Eliade, que, a su vez, es emulado por Marina y por Ari, hijo de la indóloga mexicana. Es un juego de espejos. Una paráfrasis o extensión de Zhuang Zhou soñando a una mariposa que lo sueña a él; de Pao Cheng que imagina a un hombre imaginando la historia de Pao Cheng; de Borges platicando con el otro Borges. La multiplicación de las imágenes y la dislocación de las identidades parece revelar un hondo misterio arcano: en el mar de la conciencia universal, las individualidades no son sino gotas que, al redescubrirse en el flujo eterno del cosmos, se confunden en una dicha eterna.
La combinación de elementos factuales con ficticios (pero probables) tiene sus ecos borgeanos, sin duda. Sin duda, la imaginación es un tema que le interesa a Gordon de tiempo atrás; baste recordar aquella fascinante serie de cápsulas televisivas, Imaginantes, donde podía indagar acerca del azar, el efecto mariposa o el sueño de los jaguares. La historia de esta novela bien puede resonar entre quienes ya están familiarizados con la pluma de Pepe Gordon. Se trata de una prosa límpida y ágil, sin manierismos. El tono es el mismo que exhibe en sus empresas de divulgación científica: la voz asombrada e indagadora (la novela está colmada de preguntas). Gordon conserva su capacidad de asombro ante la ciencia, el misterio y el conocimiento; y, en el fondo, ante la vida. Nos transmite esa maravilla en estas páginas ●
Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller
CIERRA ESTE MES que me ha puesto a recordar el ominoso fin del presidente Francisco I. Madero y, querida Clofis, no sé a usted, pero a mí me sigue y seguirá removiendo aquel suceso.
Dando vueltas a tal pesadilla ‒que aquí con mis santos a los que devoción tengo, les ruego que jamás se repita en nuestro México‒, me encontré un lamento escrito. Lo sentí como mío. Lo leí varias veces porque, aunque usted vive cerca pero no en la capital, para los chilangos es mirar con otros ojos muy distintos ese Centro Histórico de Ciudad de México al cual quizá ayer o en este fin de año visitamos, contagiándonos de su viveza, el parloteo, la chorcha, los festejos navideños, los turistas.
Es desconsolador, repito, imaginar a quienes atestiguaron aquellos días de cañoneos, hambruna, toques de queda, cadáveres en las calles; enterarse de la inusual actividad de la Cruz Roja recogiendo a heridos, de los bomberos y hasta sentir que alguna flama nos llega y pareciera que nos rozan las balas y los proyectiles. Fueron los días de febrero de 1913 que cambiaron el curso de la nación para siempre.
del saber más salientes, de las casas comerciales más lujosas; la Ciudad de la Vida, admirada por todos los que venían a visitarla, se halla envuelta hace una decena en el humo denso de la pólvora y se respira en ella un hálito corrompido de blasfemia y de muerte.
ˮLa desesperación y el dolor se pintan en todos los semblantes y el cerebro divaga al rumoreo terrible de los monstruos de acero que sin cesar vomitan fuego en todas direcciones.
ˮLos talleres, las fábricas y los comercios están cerrados, y el hambre llama con sus descarnadas manos a los hogares. Y centenares de hermanos ruedan por las calles con el gesto último de la rabia pintado en el cadavérico semblante. ¿Cuántos brazos a quienes llama la pródiga tierra ofreciéndole sus entrañas fecundas esgrimen en estos momentos el arma fratricida? ¡Oh qué negra pesadilla! ¡La pesadilla de la Decena Trágica!” (El Heraldo Agrícola, México, marzo de 1913).

¿Recuerda que, en otra, le hablaba doña Clofis, de los “ciudadelos” (los militares golpistas que tomaron la armería de Ciudad de México) contra los “leales”, o sea, los jefes castrenses que se mantuvieron incondicionalmente defendiendo las instituciones democráticas de la República? Tome el pañuelo si lo necesita:
Esto fue lo que escribió el periodista Leonardo Rafael Pardo. Había sido redactor de El Hijo del Ahuizote, de Luis Cabrera; en El Hijo de Juan Panadero (1904-1910), dirigido en


Pensamiento marxista crítico y revolucionario, varios autores, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2025.
“PRESENTAR DE manera colectiva las diversas dimensiones que giran en torno a la teoría marxista” es el cometido del presente volumen, una de las materializaciones del primer Coloquio de Pensamiento Marxista Crítico y Revolucionario que el año pasado organizó la comunidad estudiantil de la UACM, con el apoyo y participación de personal docente, administrativo y hasta de limpieza y alimentos de la universidad. Ponencias críticas, humanísticas y científicas, presentadas en 2023, son las que conforman el contenido del libro, que forma parte de la colección Historia de las Ideas; entre muchas otras, “Eleanor Marx: la coautora excluida de El capital”, de Gabriel Petatán y “El socialismo y el hombre en Cuba: entre el arte y la revolución”, de José Arreola.


“[…] Una tremenda pesadilla nos conturba desde hace muchos días.
La ciudad progresista y laboriosa, rodeada de fábricas donde una muchedumbre compacta de hombres y mujeres oficiaban como sacerdotes y sacerdotisas del trabajo cotidianamente; la ciudad que solamente estaba acostumbrada al glorioso tintineo de los talleres en donde al forjar el hierro se amasaba el pan para las familias humildes y el oro para los mimados de la suerte; la ciudad de los grandes monumentos, de los templos
su última etapa por Guadalupe Rojo, por cierto, la primera mujer periodista en ir a prisión por delitos de imprenta. Este Hijo era el “”sucesor” del famoso oposicionista Juan Panadero (1871; 1895); Pardo asimismo fundó El Colmillo Público (1904-1906) que, tras su clausura por el régimen porfirista, más adelante se reagrupó en La Muela del Juicio (1907). De prisiones y delitos de imprenta, de horror y persecución, Leonardo ya sabía de sobra.
¿Se agüitó, doña Clofis? Yo sí, algo. No se debe matar presidentes ni debe haber golpes de Estado nunca más. La gente sufre. Prometo contarle una historia diferente la próxima vez ●
Danza y filosofía, aproximaciones fenomenológicas y culturales,
Edgar Sandoval y Román Alejandro Chávez Báez (compiladores), Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2025.
Ambos miembros del Sistema Nacional de Investigadores, Sandoval y Chávez Báez, los compiladores del libro, eligieron ocho ensayos en los que la fenomenología es el método de aproximación al arte y, en este caso particular, a la danza. En su introducción acuden a Husserl para explicarlo: “El artista que ‘contempla’ el mundo para obtener de él ‘conocimiento’ del ser humano y de la naturaleza para sus propios propósitos se comporta, respecto al mundo, de manera similar a como lo hace el fenomenólogo.” La danza como posibilidad reflexiva, puentes y abismos culturales en la estética y la fenomenología de la danza, el cuerpo habitado y en resistencia, el movimiento y el espacio, así como otras cuestiones similares, conforman el contenido de este volumen colectivo ●
En nuestro próximo número




Marta Palau destacó en los años setenta como pionera del arte textil en México, con una obra asombrosa y de impronta muy personal que no ha dejado de maravillarnos. La exposición que se presenta en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), bajo el título Mis caminos son terrestres, da cuenta de la creación multidisciplinaria de esta artista que abarca desde la exploración del tapiz a partir de muy diversas técnicas experimentales, hasta la escultura en el campo extendido con obras híbridas de una gran ambigüedad, misterio y sensualidad. Marta Palau nació en 1934 en el pequeño poblado de Albesa (Lleida, Cataluña) y emigró con su familia a México a los cinco años de edad a consecuencia de la Guerra Civil en España. La familia se instaló en Tijuana donde Palau vivió en alternancia con Ciudad de México hasta su fallecimiento en 2022. Se formó en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y en los talleres de gráfica de La Ciudadela, y a finales de los años sesenta se trasladó a Barcelona a incursionar en el arte textil en la Escola Catalana del Tapís, con el maestro Josep Grau-Garriga. A su regreso a México, su gran aportación en este campo fue la integración de materiales vegetales locales, como tejido de palma, totomoxtle (hojas secas de la mazorca de maíz), henequén, fibras de coco, ixtle, carrizos, amate, barro, entre otros. Poco a poco, sus tapices se independizan del muro y devienen esculturas que forman parte de instalaciones y ambientaciones a gran escala en las que se ven reflejadas sus tribulaciones existenciales y
su pensamiento mágico-intuitivo de gran fuerza evocadora.
La exposición, articulada a través de tres núcleos ‒migración, memoria y tierra‒, traza un recorrido por los temas fundacionales y fundamentales de su producción artística: su condición de transterrada y su experiencia del exilio y la acogida; su interés por lo antiguo, lo arcaico y lo ancestral, para hablar de temas contemporáneos como la denuncia de los abusos y las injusticias contra los migrantes en la frontera norte y el feminicidio en Ciudad Juárez; su indagación en las historias de los pueblos seminomádicos del norte y su huella en las pinturas rupestres y sus ritos chamánicos. El cuerpo es también una presencia latente que habla de la sexualidad a partir de guiños poéticos que aluden al deseo de la mujer sugerido de manera velada en evocaciones de los órganos femeninos.
Esta exposición, organizada en colaboración con el Museo Tàpies de Barcelona, donde se inauguró en febrero de 2025, es la primera gran muestra a escala internacional tras su fallecimiento en 2022. Es de especial relevancia que se haya presentado en la capital catalana donde, en la década de los setenta, hubo un movimiento muy fuerte de renovación y expansión del tapiz y el arte textil con figuras clave como Josep Grau-Garriga, Josep Royo, Aurelia Muñoz, María Assumpció Raventós y otros artistas que exploraron el medio dentro de su quehacer plástico, como Joan Miró, Antoni Tàpies y Josep Guinovart.

▲ 1. Cascada, 1978. 2. Arrecife y Nahualli-Guardianas, vista de la instalación. 3. Amazonas III, 1987.
muestra pone énfasis en la importancia de la magia y el ritual como caminos de exploración y experimentación. Una sección de la exposición, que me parece fascinante para descifrar los mensajes ocultos en la obra de la catalana, es la dedicada a su pasión por las ciencias ocultas. Nuevas lecturas de su trabajo se están llevando a cabo a partir del estudio de sus libretas de notas y diarios inéditos, en los que recogió sus indagaciones en las mitologías y las tradiciones herméticas, la teosofía, el tarot, los tratados de alquimia, la grafología de la mano, la Cábala, el Talmud, el Popol Vuh… “Soy más maga que los magos ‒expresó Palau‒ porque todo lo que hago está basado en un pensamiento mágico. El arte es para mí un gesto de magia.” ● Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx
La simbología tiene una carga poderosa y está siempre presente en el trabajo de Palau, y esta




A fuerza de palabras
SOY SOÑADORA DE puertas. Infinitos pasillos sembrados de ellas, sin número ni distintivo. Según expertos en interpretación de los sueños, las abiertas significan nuevas oportunidades, mientras que las cerradas, como las que me asaltan, son obstáculos o miedos que hay que afrontar. Para los griegos, las puertas representan la transición de la vida física a la espiritual. La Biblia está sembrada de ellas y, al menos a mí, me crean conexión con las que abría Alice Lidell para traspasar el umbral de las pavorosas maravillas. No me sorprende que exista algo llamado entamafobia, que es terror a las puertas, no se especifica si cerradas, abiertas o giratorias.
Todas estas ideas usaron mi cerebro como alfiletero cuando me topé con la más reciente novela de Ethel Krauze, El terror de las puertas (Alfaguara, México, 2025), narrada por una encantadora niña quien, a diferencia de un personaje de bildungsroman tradicional, rasga apenas el capullo que preserva su inocencia. Para esta niña innominada – “chaparra”, la llaman sus hermanos mayores– las diáfanas puertas de su casa no garantizan la intimidad, a menos que defiendan secretos determinantes para pasmar su candidez que va más allá de las simplezas emanadas de su crianza; la decoración, las palabras prohibidas y actos inocentes que generan una embrollada ira en el padre. En esta casa repleta de secretos, las puertas, o no se ven o no se sienten, o aparecen en el momento justo en que la chaparra experimenta la imperiosa necesidad de saber o entender lo que alcanza a oler en el ambiente. Otra diferencia con la bildungsroman tradicional es que a la chaparra no le importa descifrar los secretos de sus padres, sus hermanos mayores y su maravillosa abuela: prefiere inventárselos o exponerlos con la comprensión propia de una niña algo precoz. Lo fascinante es que a través de lo que podría ser la narrativa plana de una chiquilla garabateando en su primer diario, al que, justamente, equipara con “una puerta”,
brinda al lector los elementos necesarios para hilvanar los pequeños y grandes dramas a espaldas de la chaparra que bastante tiene con las calamidades propias de niña pequeña y de adolescente. Uno de los inconvenientes de adquirir una cuota de independencia es la forzada convivencia con esos seres enigmáticos a los que, a esa edad, se conoce más bien poco: los hombres, que lo mismo pueden hincarte un aguijón irreparable en la memoria, que subyugarte con sus labios y su ingenio. Y la chaparra alcanza a conocer ambas experiencias, particularmente la del enamoramiento por un chico con un defecto del lenguaje que arrebata su mano para convencerla, sin esfuerzo, de traspasar la más alta de las puertas: la que soterra el caos del mundo, ésa que a los jóvenes tanto les gusta patear con una certeza de inmortalidad. Y ya no sabremos si existe un retorno de aquel lado sombrío o, como lo describiría la propia chaparra, “una puerta se me quedó abierta, por donde se me cuelan los vientos de madrugada, uno que otro fantasma, y la sensación de tener que limpiar con jergas mojadas y renegridas suelos que no he pisado”. Uno de los grandes aciertos de El terror de las puertas es que parece atemporal. No hay fechas. No hay calendarios, ni hojas que se arrancan. Si acaso un tic-tac que arrulla el paso de los días. Es casi hasta el final que sabemos exactamente dónde y cuándo estamos ubicados. La atemporalidad es aquella puerta que se abrirá abruptamente al final, empujada por un ventarrón de desgracia y nos paralizará de verdadero terror. Sobre el estilo de narrar, siempre he tenido claro que Krauze posee una de las prosas más pulcras y deleitables de la literatura mexicana. El erotismo célebre de anteriores novelas da paso al hedonismo; al paladeo de las palabras, tan propio de las niñas que llevan diarios; al táctil saboreo de la palabra que conforma, como es el caso. Un tapiz poético que, hilo por hilo, y con infinita ternura, adquiere su forma de nouvelle ●
NO HA DE SER por nomás que su semilla florea en la tierra del generalísimo, del rayo suriano y de mi general Miliano. Y sea por sus disfraces o por sus zangoloteos, el caso es que, si por etimologías no paran, menos han de parar con el soplo de las bandas. Son los chinelos, que cada año retoñan bajo el arcoiris del carnaval. Su danza, raíz y tronco cultural del centro y oriente de Morelos, se distingue por los saltos y por las máscaras barbadas y ojizarcas ‒de vestir soflamero y desplantes mandones‒ de quienes vinieron a “castrar al sol”. Pero, seamos justos, junto al fanatismo de la cruz y la codicia, llegaron Cervantes y el juego donde resisten el cuerpo y el alma, el carnaval.
El 8 de marzo de 2024, a quince días de la manifestación estética popular por excelencia que es el carnaval, el museo Centro Cultural del Chinelo y el Colectivo Cultura 33+3 inauguran la exposición Mujeres de Yautepec; entonces, al lado de la intelectual Nora Brie Gowland, está la figura muy alta y feliz, muy recia y frágil, quijotesca, de un tal Héctor, que va de playera y pants porque, a 40 grados centígrados, sólo si fuera un chinelo o un burócrata que nomás asiste a esos “eventos” para salir en la foto.
Una semana después, el 15 de marzo, Gustavo Yitzaack Garibay publica https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/cultura-333/, suerte de manifiesto de política cultural, que celebra la promulgación de la vanguardista Ley de Cultura y Derechos Culturales de Morelos y define al colectivo Cultura 33+3 como un movimiento horizontal, autogestivo, incluyente y crítico, constituido por gente de todos los municipios, en defensa del derecho de las comunidades a decidir su desarrollo cultural.
El año siguiente, 2025, recién pasado el carnaval, el mismo recinto de Yautepec reabre la exposición permanente Vámonos al brinco, que alude al paso distintivo de la danza de los chinelos.
Y en la imagen del Diario de Morelos vuelven a sobresalir la estatura, la dentadura, la cabellera y las cejas tupidas y los grandes rasgos suaves de Héctor, el director de cultura de su pueblo natal y del museo que con el adjetivo “chinelo” reconoce la tradición cultural más sólida de Yautepec.

La profusa actividad de Héctor ‒exitoso gestor y promotor cultural de trayectoria amplia y lucidora, político promisorio, en suma‒, se caracteriza por un compromiso insobornable con el desarrollo cultural de su comunidad, derivado de una concepción de la cultura como fuente de recreación y conciencia de unidad (como realización de los anhelos de expresión, tanto colectivos como individuales, pues). Así lo prueban los inicios de Héctor en la organización de Los Carnalillos, espacio lúdico y creativo de socialización para juventudes e infancias… Somos banda, “somos héroes ciudadanos que contribuimos al mejoramiento de nuestro entorno social con educación y cultura”, proclama en féisbuc el muro SúperCarnalillosCrew.
En su semblanza de Héctor, el mencionado Gustavo Yitzaack Garibay lo admira, entre otras cosas, por ser un “alfabetizador nato, preocupado por la lectura y las matemáticas, pero sobre todo por el juego y la convivencia”. https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/hector-meza-maldonado-una-despedida/ Del viernes pasado a hoy, domingo 22 de febrero de 2026, vuelve a florecer la fiesta más querida y enraizada de Yautepec. Pero Héctor Meza Maldonado no vuelve. Y tampoco aparecerá en los subsecuentes programas culturales, porque lo asesinaron el 11 de febrero. ¿Por qué a Héctor?, se pregunta en entrevista para Rompeviento TV la citada Nora Brie Gowland, antes de escalofriarnos con el sumario de violencia criminal que sufre hoy el estado de Morelos.
¿Quiénes y por qué asesinan el anhelo de jugar y convivir? ●

▲ Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.
CUÁNTAS VECES NOS hemos topado con ese individuo vestido de mezclilla, de canas engominadas y sonrisa dispuesta? No importa qué tipo de programas, documentales o competencias hayamos estado siguiendo en internet: el algoritmo sabe que todo músico o melómano comprometido terminará cayendo en sus videos. Inevitablemente. Más todavía, lectora, lector: el algoritmo sabe que sus opiniones resonarán entre nuestros colegas y alumnos, impulsando un diálogo público real.
Se llama Rick Beato y no apareció por generación espontánea. Antes de su éxito en YouTube fue músico de sesión, productor, ingeniero y profesor de teoría musical. Tiene formación clásica y de jazz, experiencia real de estudio y una comprensión profunda de armonía y procesamiento sonoro. Ese recorrido explica por qué sus análisis suelen ser rigurosos, incluso cuando las conclusiones resulten algo discutibles. En los últimos años se ha vuelto líder de opinión sobre rock y música popular, además de entrevistador (no especialmente avispado, pero sí humilde y elocuente). Como dejamos ver antes: no siempre coincidimos con sus juicios, algunas veces anclados en la melancolía. Aun así, aplaudimos la atención que presta a temas como el impacto de la inteligencia artificial o la desproporcionada fama que adquieren figuras mediocres del entretenimiento. Ese foco crítico importa. También le reconocemos que dé visibilidad a músicos que suelen permanecer en segundo plano (Dominic Miller, brazo derecho de Sting); que se asome a lo que ocurre fuera del radar estadunidense (como en su descubrimiento del guitarrista francés Antoine Boyer), y que insista en mirar, sin añoranza automática, la manera en que hoy se escriben y acreditan las canciones.
Ha sido de los pocos en señalar que gran parte de los temas nominados o ganadores a premios recientes aparecen firmados por ocho, diez o más autores. No es casual: se suman equipos de composición industrializados, productores que aportan fragmentos mínimos recibiendo porcentajes sospechosos, sampleos e interpolaciones que obligan a incluir nombres por ¿justicia o paranoia legal? Igualmente, ha alentado la discusión sobre las llamadas “interpolaciones” o “refritos elegantes”. Canciones nuevas que se construyen sobre piezas anteriores, que a su vez ya estaban inspiradas en otras más viejas. Verbigracia: Doechii “conversando” con el universo sonoro de Gotye en “Somebody That I Used To Know”, allí donde múltiples capas de referencia tuercen la idea misma de originalidad. En otras palabras, se agradece su interés por el ADN de las canciones (es multi instrumentista). Sobre ello, recientemente comparó los temas nominados a Mejor Canción en los Grammy de 1984 con los entregados este año. Queda claro que hace cuatro décadas había una identidad compositiva sólida: melodía, armonía y carácter provenían de un núcleo creativo reconocible. Hoy, en cambio, muchas piezas premiadas exhiben producción impecable pero una personalidad difusa, producto de consensos en comité. Ello no significa que la música actual sea peor. ¡Hay obras magníficas perdidas en los laberintos digitales! Pero pasa lo mismo que en otras disciplinas: el modelo industrial favorece productos optimizados para plataformas de internet y no para la manifestación del arte. Dicho ello, y aunque Rick Beato no es juez definitivo, le recomendamos buscarlo, ponerle atención, porque su insistencia nos parece útil. Prestándonos a esas provocaciones confirmamos que, detrás del ruido, lo que está en juego es nuestra memoria cultural. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

AUTOS, MOTA Y ROCANROL (José Manuel Cravioto, 2025) narra el antes, el durante y el inmediato después del mítico festival Rock y Ruedas en Avándaro, celebrado los días 11 y 12 de septiembre de 1971. Basado en las memorias de Justino Compeán, uno de los organizadores, el filme se centra en el proceso que hizo pasar al evento de una carrera automovilística con un preámbulo musical que se pretendía pequeño, a una monumental tocada rocanrolera considerada como “el Woodstock mexicano”, con notables consecuencias en nuestra vida social. Como bien se sabe, Avándaro fue satanizado –“orgía de jipis mariguanos” fue lo menos que dijo la pacata prensa de aquellos tiempos– y dio pie a una censura total que prohibió, durante muchos años, la realización de conciertos de rock en México. El filme se apega en alto grado a la información de dominio público –cuáles y cuántas bandas tocaron, qué empresas y por qué fueron patrocinadores, el probable número de asistentes, la reacción de pobladores y autoridades– y, en esencia, lo único que añade es el punto de vista intramuros, por decirlo así, de los organizadores. Debido a ello, el tono va de la conveniencia a la complacencia, en general dejando fuera la percepción y la mencionada trascendencia colectiva en términos sociales y, sobre todo, políticos.
Los apoyos y las leyes
EL PASADO LUNES 16 se publicó en el Diario Oficial de la Federación lo que se anunció un día antes: habrá nuevos estímulos fiscales a la producción cinematográfica en México, que se suman a los apoyos ya establecidos. En palabras del colega Sergio Raúl López, que le ha hincado el diente al tema, “esta es una herramienta para la mediana y gran industria, para que los grandes proyectos no se vayan a otros países”, en virtud de las cantidades y las modalidades
involucradas en el nuevo estímulo que, por cuestiones de dimensión, deja fuera no sólo al cine considerado independiente, sino prácticamente a la totalidad de los cortos y largos filmados por connacionales; para estos últimos sigue habiendo Focine, Eficine, ECAMC y otros programas. Poco antes del anuncio oficial, por su lado una buena cantidad de firmantes, igualmente miembros de la comunidad cinematográfica y audiovisual, demandaron algo que en este espacio se ha dicho desde hace muchos, muchos años: si lo que se quiere es darle al cine mexicano la verdadera posibilidad de competir con el extranjero en general y el estadunidense en particular, lo que se necesita es sacar al cine del TMEC o, más específicamente, consignarlo en ese tratado en calidad de lo que siempre ha sido y en 1994 se obvió: una industria cultural que debe ser protegida, es decir, que no debe ser tratada como una simple mercancía más. Mientras eso no suceda, no habrá estímulo ni modificación legal que baste, y punto.
Adiós a un gigante
TAMBIÉN PRODUJO y dirigió, pero a Robert Duvall, fallecido el domingo pasado a los noventa y cinco años, se le recordará por siempre como el extraordinario actor que fue. Debutó en Matar a un ruiseñor (1962), la clásica con Gregory Peck, participó en un centenar de filmes y ganó montones de premios, incluido el Oscarito, pero es unánime reconocerlo sobre todo por dos personajes: el Tom Hagen de El padrino y El padrino II, así como el coronel Kilgore de Apocalipsis Now, todas en la década de los años setenta del siglo pasado. Ni el gélido e impertérrito consigliere de Don Corleone, cumplidor a rajatabla de órdenes y discreto casi hasta la invisibilidad, ni el militar matarife de sombrero ranger y gafas oscuras, aficionado al surf que busca buenas olas en Vietnam mientras asesina poblaciones enteras, serían los mismos de no haber contado, para existir, con la notable capacidad de Duvall para apropiarse del personaje, darle voz y carácter propios y hacerlos verosímiles en grado máximo. Descanse en paz un gigante de la actuación ●

José A. Castro Urioste
EL FASCISMO BUSCA LA DESTRUCCIÓN DEL ACTO DE PENSAR CON EL PROPÓSITO DE ALCANZAR OBJETIVOS POLÍTICOS. LAS HUMANIDADES, EN CAMBIO, PROMUEVEN Y PRACTICAN EL ACTO DE PENSAR POR RAZONES ÉTICAS QUE PUEDEN LLEGAR A POSEER CONSECUENCIAS POLÍTICAS. LAS HUMANIDADES, POR SU NATURALEZA Y POR SU PRÁCTICA, SON ESENCIALMENTE ANTIFASCISTAS.
Los gobiernos fascistas se tildan de nacionalistas y salvadores de la nación: cierto lado de Alemania lo fue, la Italia de Mussolini, la Hungría de Orban, el discurso de Donald Trump para hacer de Estados Unidos great again. Se enfatiza el nacionalismo para atraer a la audiencia, a sus seguidores enceguecidos. Pero la historia expresa que el fascismo ha quebrado las fronteras de lo nacional (la lista de países enumerados es de por sí una prueba) y ha surgido en Europa, Estados Unidos, Asia... La Operación Cóndor fue una estrategia transnacional homicida con la participación de la mayoría de países de Sudamérica, incluyendo, entre otros, las dictaduras del Cono Sur y la del dictador Francisco Morales Bermúdez, en Perú. En ese contexto, el componente de rechazo a las humanidades no es exclusivo de un gobierno, sino una constante que cruza fronteras, desde los ataques del gobierno de Donald Trump a las universidades y organizaciones de apoyo cultural, a las censuras de las dictaduras militares en América del Sur o las políticas contra la cultura en Myanmar. ¿Por qué ese horror y ataque a las humanidades de cada gobierno fascista?
El psicólogo austríaco Wilhelm Reich, en el prólogo a su libro Psicología de masas del fascismo, sostiene enfáticamente que “el fascismo en su forma pura es la suma total de las reacciones irracionales del ser humano” (cito aquí y más adelante la traducción de Raúl Soto publicada en su libro Textos indisciplinados). A su vez, y siguiendo a Reich, en el fascismo existe la mentalidad de un “hombre pequeño”; un sujeto que prefiere no pensar, ser esclavizado intelectualmente, y que vive deseoso de una autoridad.
Jason Stanley, sin referirse a la investigación de Reich y muchas décadas más tarde, en su libro Cómo funciona el fascismo establece un conjunto de características/estrategias que, en cierto modo, coinciden

con el prólogo de Reich. Entre éstas se cuentan la construcción de la ilusión de un pasado mítico; la alteración de la realidad con grandes dosis de propaganda y antiintelectualismo, con el ataque a las universidades y al sistema educativo; la construcción paralela de una irrealidad a partir de noticias falsas y teorías conspiratorias. En ese orden, el fascismo propone que las diferencias entre grupos se conciban como algo natural y de ese modo pretende crear una jerarquía que no tiene valor científico. Así, el grupo fascista construye un “nosotros” que supuestamente encarna las virtudes y la superioridad y un “ellos” que debe ser incomprendido, desterrado (como el constante asedio y ataque de ICE a los inmigrantes), o como sucedió con los asesinatos en las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, o los genocidios a la población rohinyá en Myanmar y, en estos días, a Palestina. La política fascista, concluye Stanley, “es capaz de deshumanizar a las minorías”.

La negación del pensamiento
TODAS LAS ESTRATEGIAS fascistas buscan la negación del pensamiento. El conocimiento es uno de sus principales enemigos. Negar el conocimiento es un paso para deshumanizar a los otros grupos. Esa negación le permite tener a las masas enceguecidas por una autoridad que se define como absoluta. Y la negación del conocimiento es también la negación del otro; es la negación de la existencia de otras culturas, otras razas y otras formas de vida. Para el fascismo dominar significa que sus seguidores carezcan de saber y de
búsqueda del saber para continuar viviendo en el contexto de la irrealidad creada por su discurso. Las humanidades sostienen en sus diversas disciplinas el pensamiento crítico. Se promueve y se practica la capacidad de pensar críticamente. Se forja a un sujeto que cuestiona a su alrededor, se pregunta, duda de las jerarquías. Un sujeto que por su actitud y su visión quiebra con el totalitarismo. Eso genera las humanidades. Eso aterra al fascismo. La naturaleza de las humanidades obstruye los oscuros propósitos de los líderes fascistas al crear un sujeto que piensa, que cuestiona las falsas propagandas, que no anhela a un líder que se asume como absoluto y todopoderoso. Un sujeto que de por sí que no será seguidor de las estrategias descritas por Jason Stanley.
Las humanidades sostienen en sus diversas disciplinas el pensamiento crítico. Se promueve y se practica la capacidad de pensar críticamente. Se forja a un sujeto que cuestiona a su alrededor, se pregunta, duda de las jerarquías. Un sujeto que por su actitud y su visión quiebra con el totalitarismo. Eso genera las humanidades. Eso aterra al fascismo.
Las humanidades proponen el diálogo como única posibilidad de intercambio de una práctica surgida del pensamiento crítico. El diálogo es la forma de interacción, no la ceguera ante las noticias falsas y la teorías conspiratorias; es el punto de partida, el punto micro para la existencia de una democracia que el fascismo busca destruir. Asimismo, ese diálogo genera la presencia del otro y la aceptación de sus diferencias. Las humanidades quiebran la visión fascista entre “nosotros” vs. “ellos”, los elegidos vs. los desterrados. En las humanidades el otro, a través del respeto del pensamiento crítico, es parte de uno mismo. El otro es parte del mismo grupo y, así, el grupo se enriquece en diversidad, visiones, comprensión, entendimiento, en un ejercicio democrático ●